Sección con criterio
Redefiniendo el concepto del anti-espacio Urbano: análisis enfocado en la ciudad de Nuevo Laredo
Redefining the Concept of Urban Anti-Space: Analysis Focused on the City of Nuevo Laredo
Redefiniendo el concepto del anti-espacio Urbano: análisis enfocado en la ciudad de Nuevo Laredo
Arquitectura y Urbanismo, vol. XLII, núm. 1, pp. 84-106, 2021
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría
Recepción: 02 Septiembre 2020
Aprobación: 08 Noviembre 2020
RESUMEN: El presente artículo tiene por objetivo profundizar en el significado teórico del concepto del anti-espacio urbano, así como también cuantificar en términos reales cuánta superficie representa este espacio inutilizado y cuáles son los principales patrones de distribución espacial que presenta. Como parte de los resultados teóricos se presentan tres categorías compuestas por los vacíos urbanos, los espacios abandonados y los remanentes urbanos. A nivel práctico se exponen los resultados de un ejercicio aplicado en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo (México) en donde se obtuvo una base de datos compuesta por 5,002 casos, los cuales metodológicamente fueron registrados y cuantificados mediante el uso de programas computacionales de información geográfica (QGIS) lo cual sirvió como base para la generación de material estadístico y diversos modelos espaciales. La conclusión reflexiona sobre los principales hallazgos y recalca la importancia que puede tener este tema para el trabajo de planeadores urbanos y autoridades municipales.
Palabras clave: Anti-espacio urbano, espacios perdidos, rehabilitación urbana, análisis geo-espacial.
ABSTRACT: This article seeks to delve into the theoretical meaning of the concept of the urban anti-space, and quantify in real terms how much surface this unused urban space represents and what are the main patterns of the spatial distribution. As part of the theoretical results, three categories are presented (empty spaces, abandoned spaces, and urban leftover spaces). At a practical level, the results of a practical exercise applied in the border city of Nuevo Laredo (Mexico) are presented, where a database composed of 5,002 cases was obtained, which methodologically were registered and quantified through the use of geographic information software (QGIS) which served as the basis for the generation of statistical material and various types of spatial models. The conclusion reflects on the main findings and also emphasizes the importance that this topic can have for the work of urban planners and municipal authorities.
Keywords: Urban anti-space, lost spaces, urban renewal, geospatial analysis.

Introducción
La producción urbana que normalmente ha prevalecido en gran parte de las ciudades contemporáneas se percibe como una simplificación de ambiciones y metas que paralelamente han coincidido con la progresiva prevalencia de los proyectos urbanos de gran escala por encima de otro tipo de consideraciones, como podrían ser las antrópicas; coincidentemente también existe una complejidad de las políticas urbanas lo cual puede observarse fácilmente tanto en los procesos de dispersión urbana como en las operaciones de renovación de los espacios sin uso dentro de la ciudad [1]. De tal forma, explorar el anti-espacio urbano supone empezar a prestar atención a esa serie de espacios perdidos e inutilizados dentro de las ciudades, los cuales frecuentemente pasan desapercibidos y que por lo general son temas contrarios a la investigación tradicional. Básicamente se trata de dotar con un nuevo valor a este grupo de espacios que han quedado relegados.
Principalmente a lo largo de las últimas tres décadas han surgido algunos estudios sobre los espacios inutilizados dentro de la ciudad, con enfoques de distinta índole en los que se emplea una muy variada terminología que en mayor o menor medida resulta vinculante con el concepto del anti-espacio. Aunque esto será expuesto con mayor detalle posteriormente, a manera de introducción se puede decir que los términos más empleados son: espacios muertos, intersticios, espacios residuales, vacíos o huecos urbanos, espacios abandonados, espacios indefinidos, espacios indeterminados y espacios perdidos, entre otros. No obstante, dentro de esta variedad de conceptos sigue predominando actualmente la falta de definiciones terminológicas y el conocimiento de las tipologías de los espacios.
En consecuencia, en el presente artículo se pretende exponer esas notables diferencias conceptuales relacionadas con el significado y las tipologías del anti-espacio urbano, para lo cual fueron analizados diversos autores con el objetivo de definirlos, caracterizarlos y compararlos. La exposición teórica se complementó mediante un ejercicio práctico efectuado en la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas. La selección se debe a que ésta se presenta como un conglomerado urbano singularmente interesante de ser analizado desde diversos enfoques por los múltiples matices que le otorga su condición de ciudad fronteriza donde confluyen factores condicionantes únicos que no se presentan en otras urbes.
Nuevo Laredo es una ciudad fronteriza del norte de México con una localización geográfica muy particular debido a su proximidad con dos grandes polos de atracción que actualmente representan una clara influencia a nivel económico y cultural. Hacia el sur de Nuevo Laredo se localiza la ciudad de Monterrey, una de las ciudades mexicanas con mayor crecimiento demográfico desde mediados del siglo XX, que paralelamente también ha venido mostrando una clara tendencia de crecimiento en términos de desarrollo económico y por lo tanto se constituye como uno de los mayores imanes de atracción para la fuerza laboral no solo de esa región, sino incluso a nivel nacional. Por otra parte, al norte destaca la presencia del estado de Texas (en Estados Unidos) que paralelamente cuenta con un grupo de ciudades ampliamente desarrolladas y al mismo tiempo prósperas en términos de ofertas laborales, principalmente Laredo, San Antonio, Austin, Dallas y Houston. (Figura 1).

La frontera norte de México constituye un sector geográfico que representa una mezcla de realidades económicas, sociales y culturales integradas por un conjunto de regiones a lo largo de más de 3,200 kilómetros de línea fronteriza con Estados Unidos [2]. En ese sentido, es común observar que existan personas que duermen en territorio mexicano, pero durante el día se trasladen para laborar en ciudades norteamericanas. Concretamente esto ocurre entre Tijuana y San Diego (California), Ciudad Juárez y El Paso (Texas) y en el caso particular de Nuevo Laredo este fenómeno se da principalmente con Laredo (Texas), lo cual lleva a denominar esta serie de ciudades como espejos o gemelas, las cuales Tambi [3] describe como ciudades fronterizas adyacentes entre sí, en donde sus condiciones de vecindad están expuestas a la integración, con lazos bilaterales estables y, por lo tanto, pueden desarrollar una agenda en común.
En el ámbito político y económico debe señalarse que la región del norte de México se vio parcialmente beneficiada con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual fue puesto en marcha en el año 1994 y que básicamente sirvió para expandir el comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Con ello, diversas ciudades fronterizas del norte de México fueron afianzando su desarrollo, de modo que sus economías, hasta ese momento basadas en la producción de servicios básicos y agrícolas, pasaron a convertirse en nodos estratégicos de industrias manufactureras de mayor complejidad. Esto implicó la aparición de una mano de obra más capacitada y la transformación de gran parte de las ciudades fronterizas en importantes polos de desarrollo económico.
No obstante, la situación actual de Nuevo Laredo muestra a una ciudad que realmente no ha logrado aprovechar su privilegiada localización geográfica, ni salir plenamente beneficiada del crecimiento económico que suponía la implementación del TLCAN. En ese sentido Coubés [4, p.25] señala que “las grandes ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez están del lado de las beneficiadas, en tanto que las localidades medias fronterizas de Nuevo Laredo y Matamoros aparecen, en términos de empleo, como las perdedoras del proceso”. Al mismo tiempo, también existen diversos indicadores que muestran el nivel de marginación socio-económica que experimenta actualmente esta ciudad, como el hecho de que el 22% de su población no cuenta con derecho a los sistemas de salud pública [5] lo cual representa el porcentaje más alto dentro de las principales ciudades fronterizas del norte de México. Sin duda pueden ser múltiples los motivos que estén limitando el potencial de crecimiento socio-económico en Nuevo Laredo, sin embargo, es muy posible que una de las principales causas esté íntimamente relacionada con el nivel de segregación socio-espacial que se está experimentando en dicha ciudad; básicamente existe un “rompimiento” entre el espacio urbano y sus habitantes, el cual está vinculado de manera muy clara a los altos índices de violencia que se experimentan en Nuevo Laredo. En este sentido pueden mencionarse algunas estadísticas basadas en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana [6] que señalan de forma específica que el 75.6% de los habitantes de esta ciudad se sintieron inseguros; el 64.0% tienen miedo de salir a caminar por las noches en los alrededores de su vivienda; el 65.3% han identificado disparos frecuentes con armas en los alrededores de su vivienda, y finalmente con lo que respecta al ámbito espacial, el 99.4% detectó algún tipo de problemática urbana en su ciudad. Por otra parte, al poner en contexto las anteriores estadísticas, se observa que la tasa de crecimiento poblacional en Nuevo Laredo se ha venido desacelerando de forma muy evidente en las últimas dos décadas. (Tabla 1). Lo anterior podría explicarse por el hecho de que después de la implementación del TLCAN, esta ciudad dejó de presentarse como una de las principales opciones potenciales para recibir a la fuerza laboral, debido en gran medida a que las principales oportunidades laborales se presentaron en otras ciudades. A esto se suman las condiciones de inseguridad que han venido imperando en las últimas dos décadas, y probablemente también de una forma secundaria, pudieran influir otro tipo de factores relacionados por ejemplo, a la falta de calidad de su imagen urbana.

En términos generales, como se podrá comprender, los diversos rezagos que prevalecen en la ciudad de Nuevo Laredo no se limitan a una problemática unidimensional, sino que por el contrario involucran diversos temas que en primera instancia podrían vincularse con ámbitos sociales, económicos o incluso políticos. Sin embargo, en el presente artículo se plantea la hipótesis de que en toda esta problemática también intervienen factores espaciales, reflejados específicamente en la degradación del tejido urbano de dicha ciudad. Por consiguiente, de ahí surgió la necesidad de cuantificar en detalle todo aquello que representa el anti-espacio urbano.
Para lograr dicho objetivo se planteó una metodología orientada a la conformación de un área de estudio que abarcara la mayor parte de la zona urbana de Nuevo Laredo, y en base a ello fue posible registrar y cuantificar el total de superficie territorial considerada como inutilizada. Específicamente los resultados quedaron expresados a nivel gráfico mediante una serie de modelos espaciales que muestran los patrones de distribución de este fenómeno, mientras que los resultados cuantitativos mostraron los porcentajes individuales que corresponden a cada una de las tipologías del anti-espacio urbano (vacíos urbanos, espacios abandonados y remanentes urbanos). Cabe señalar que se trata de una investigación longitudinal desarrollada en un periodo de tiempo específico, concretamente la recopilación de los casos prácticos se llevó a cabo entre los meses de diciembre del 2019 y abril del año 2020.
Marco teórico - Definición conceptual del anti-espacio
En la mayor parte de las ciudades contemporáneas existen espacios que también pueden ser considerados como urbanos, pero al no tener ningún uso han evolucionado a espacios sobrantes [8]. De este modo el anti-espacio urbano se presenta como un conjunto de elementos urbanos inutilizados (públicos o privados) que normalmente se aprecian como fragmentos aislados y pueden manifestarse dentro de una ciudad de múltiples formas y escalas.
El concepto del anti-espacio no es nuevo, se podría mencionar a Peterson [9] quien se presenta como el primer autor que introduce el término en los ámbitos de la arquitectura. Basándose en la teoría de la física moderna y los conceptos de “materia” y “anti-materia”, este autor planteó una analogía entre el “espacio” y el “anti-espacio”. Sin embargo, es importante aclarar que sus postulados estuvieron enmarcados dentro de la escala de la obra arquitectónica, dejando a un lado el ámbito urbano. Posteriormente Trancik [10] se encargó de tomar este concepto para enfocarlo por primera vez desde una escala mayor, incorporando la visión de planificadores urbanos y paisajistas.
“Como profesionales que influyen permanentemente en el entorno urbano, los arquitectos, planificadores urbanos y paisajistas tienen la gran responsabilidad de enfrentar el desafío de rediseñar los espacios perdidos que han surgido durante las últimas cinco décadas en la mayoría de las principales ciudades de Estados Unidos y Europa. Comprender el concepto de anti-espacio como una tipología espacial predominante es esencial en la práctica contemporánea del diseño urbano. A través de examinar la naturaleza del espacio urbano tradicional, surge la reflexión sobre la estructuración de varios principios fundamentales. En la mayoría de las ciudades modernas estos se han venido perdiendo por lo que se ha denominado "anti-espacio" o "espacio perdido”. [10, p.1]
De esta manera y tal como lo señala Trancik, el anti-espacio se presenta a nivel urbano con una tipología espacial muy particular, en la cual se aglutinan los diversos tipos de “espacios perdidos” que cotidianamente (y cada vez más frecuentemente) se pueden ver en las ciudades modernas. Continuando con la búsqueda de teorías análogas, el concepto de anti-espacio también ha sido empleado por Kociatkiewicz [11] para referirse a aquella “tierra de nadie” que aún está a la espera de ser incorporada a las estructuras urbanas.
Del mismo modo, Doron [12] reconoce la presencia de cierto tipo de “espacio muerto” que ha venido existiendo en las ciudades desde la antigüedad. Específicamente desde la posición subjetiva de la investigación urbanística, este tipo de lugares pueden parecer vagos e indeterminados, quizá abandonados, o incluso vacíos. Resultan interesantes las aportaciones hechas por este autor debido a que dentro de este universo de espacios inutilizados reconoce la existencia de una diversidad de tipologías.
Paralelamente es posible mencionar a Maciocco [13] quien coincide con esta aproximación teórica, de forma particular dicho autor emplea la idea del anti-espacio como un concepto rector desde el cual también convergen diversos términos, entre los cuales destacan los espacios vagos, perdidos y especialmente hace un énfasis en aquellos lotes baldíos dentro de la ciudad:
“El concepto de anti-espacio también se relaciona con la aparición de las nociones de -ambiente- como un concepto que trasciende el valor aislado de edificios individuales: entorno urbano, nociones provenientes de la tradición paisajística en la que los valores formales no pueden separarse de las evocadoras, significativas e históricas. A partir de estas condiciones surge un interés, una pasión por las situaciones urbanas, como los terrenos, vagos: vagos en el sentido de vacantes, vacíos, libres de actividades improductivas, a menudo tierras baldías; vago en el sentido de confuso, indefinido, vago, sin límites específicos, sin un futuro urgente”.[13, p.139]
Después de realizar una revisión detallada sobre el estado del conocimiento, pareciera que los puntos de vista de distintos autores coinciden en cuanto a voltear la mirada para empezar a prestar atención a aquellos temas contrarios a la investigación tradicional del espacio urbano. Básicamente se trata de dotar con un nuevo valor a esta serie de espacios olvidados, obsoletos, perdidos. En general todos estos términos son adjetivos que resultan acertados para calificar al objeto de estudio de la presente investigación, debido a que básicamente se refiere a todos aquellos fragmentos urbanos que como señaló Trancik [10, p.01], se encuentran “perdidos”, concretamente, que no cumplen con una función específica dentro de la ciudad y que poseen características físicas opuestas a los atributos propios del espacio urbano.
Tipologías del anti-espacio
El anti-espacio debe ser concebido como el concepto rector que permita agrupar toda esta variedad de fragmentos urbanos que no se han logrado integrar a las estructuras urbanas de una ciudad (espacios sin uso, huecos, vacíos, agujeros negros, residuos urbanos, intersticios, tierra de nadie, espacios muertos, etc.). Sin embargo, dentro de este universo de conceptos se requiere en primer lugar, concebir una estructura que brinde un orden lógico para su adecuado estudio y análisis.
En un primer nivel de estudio se observa que dentro del anti-espacio existen dos grandes categorías, por una parte, se encuentran los vacíos urbanos que poseen características físicas muy singulares y perfectamente identificables debido a que su principal característica es que no se encuentran construidos, lo cual lleva a formar una categoría de estudio independiente. Por otra parte, se encuentran los espacios residuales, los cuales han sido menos estudiados, probablemente porque constituyen un objeto de estudio más amplio y complejo, por las diversas características físicas que pueden poseer sus elementos, que indistintamente pueden estar construidos o no estarlo.
Retomando reflexiones teóricas propuestas previamente por Curzio [14] y El Messeidy [15], dentro del ámbito de los espacios residuales surgen dos sub-categorías, las cuales se encuentran fundamentadas en los diversos orígenes que puede tener esta tipología de anti-espacio urbano. En primer término, destacan los remanentes urbanos, que son aquellos espacios que se derivan de un proyecto de mayor escala “resultantes de un sobrante” y por otra parte, se encuentran los espacios abandonados o ruinas, que resultan de un proceso de descomposición.
Sintetizando, es posible afirmar que a nivel práctico la realidad urbana exhibe tres tipologías distintas de anti-espacio; el primer tipo serían los vacíos urbanos, mientras que el segundo tipo corresponde a los espacios abandonados o ruinas y finalmente, una tercera y última tipología corresponde a los remanentes urbanos. A continuación, se muestra un cuadro conceptual (Figura 2) donde es posible observar las clasificaciones descriptivas que se desprenden del anti-espacio.
![Esquema que muestra las tipologías existentes en el anti-espacio urbano Fuente: Elaboración propia a partir de los planteamientos teóricos de Trancik [10], Doron [12], Nefs [16] y Curzio [14]](../1815-5898-au-42-01-84-gf2.jpg)
En resumen, es posible señalar que los tres principales conceptos previamente mencionados (vacíos urbanos, espacios abandonados y remanentes urbanos) son términos que comparten semejanzas, lo cual ha generado ciertas “ambigüedades”, pero sin duda el común denominador es que estos tres conceptos son áreas inutilizadas y constituyen el anti-espacio de lo urbano.
Vacíos urbanos: Enfocando la atención hacia el primer tipo de anti-espacio se encuentran aquellos denominados bajo el término de vacíos urbanos (urban empty spaces). Se trata de lotes baldíos que poseen distintas escalas, y en términos legales su régimen puede variar entre público o privado. Sin embargo el común denominador es que este tipo de espacios se localizan inmersos dentro de la estructura urbana pero que aún están a la espera de ser edificados y por consiguiente se encuentran huecos, baldíos, vacíos en el sentido de no proveer función en términos socio-espaciales. Según explica Doron [12] este tipo de terrenos desocupados probablemente no siempre estuvieron así, quizás actualmente se presentan como baldíos, pero previamente tenían una ocupación sin embargo ocurrió un proceso de demolición y limpieza de sus estructuras. (Figura 3)

Probablemente esta tipología de anti-espacio sea la que se ha estudiado con mayor profundidad, contando con enfoques más diversos y específicos. Por ejemplo, dentro de la literatura destacan las aportaciones realizadas por Urbina [17] quien analiza en detalle la localización espacial de los vacíos urbanos. Concretamente este autor plantea las notables diferencias que pueden encontrarse cuando se compara lo que acontece entre centro y periferia. También destaca el análisis realizado por Smith [18] quien reflexiona sobre cómo integrar este tipo de lotes baldíos en la vida pública de las ciudades. Por otra parte Ceniceros [19] provee un estudio desde el punto de vista de la imagen urbana y la opinión publica de los habitantes, mientras que Fernández & Gifreu [20] abordan el tema desde la perspectiva gubernamental, exponiendo diversas consideraciones normativas y jurídicas. También resultan de particular relevancia los estudios de Newman, Park, Ann, & Jung Lee [21] quienes contextualizan los vacíos urbanos desde el ámbito económico, señalando que la presencia de este tipo de lotes baldíos termina por incidir a largo término en la plusvalía de la zona en que se ubiquen.
Espacios abandonados: Hablar acerca del segundo tipo de anti-espacio, implica referirse a aquellos espacios catalogados desde la óptica urbanística como “abandonados” o también dependiendo de la degradación que tengan, pueden ser conocidos como “ruinas” (abandoned spaces & rubble). Esta categoría se desprende del ámbito de los espacios residuales pues desde el punto de vista etimológico dicho concepto se deriva de la raíz latina «residûum», y en ese sentido, uno de sus significados textualmente señala lo siguiente: “lo que resulta de la descomposición o destrucción de una cosa” [22]. Básicamente los espacios residuales son el resultado del abandono de una actividad; tomando como base dicho significado nominal del término “residual”, es posible definir este tipo de anti-espacio como aquella resultante obtenida de la descomposición o destrucción de un espacio urbano previamente existente y que ahora ya no cumple una función definida. En ese sentido, Gunwoo, Miller, & Nowak [23] señalan que el surgimiento de este tipo espacios abandonados puede obedecer a procesos urbanos de distinta índole, como la descentralización resultante de los cambios demográficos, la expansión urbana, la desindustrialización, las preferencias de los habitantes por nuevos tipos de opciones residenciales, e inclusive también las ejecuciones hipotecarias pueden llegar a constituirse como un factor. (Figura 4)

Respecto a la literatura existente sobre los espacios abandonados, se observa una tendencia de abordar el tema desde el punto de vista de la imagen urbana. En este sentido destacan los trabajos realizados por Clément [24] quien engloba todas sus ideas en lo que denomina como teoría del tercer paisaje. Coincidentemente también se encuentran Peimbert [25] quien realiza un abordaje teórico similar bajo en nombre de paisaje intersticial, y Nefs [16] quien enfatiza en las principales características de los espacios abandonados, señalando como principal singularidad el hecho de que estos cuentan con rasgos de construcciones (o por lo menos permanecen ciertas ruinas), en contraste con los terrenos vacíos que nunca tuvieron ninguna forma de ocupación. Coincidentemente Shane [26] menciona que este tipo de espacios abandonados connota una imagen de una construcción desocupada y en un estado de grave deterioro, tal vez tapiado, cubierto de basura y garabateado con grafitis.
Remanentes urbanos: Finalmente, el tercer tipo de anti-espacio corresponde a los remanentes urbanos (urban leftover spaces) los cuales pueden ser considerados como sobrantes, intersticios o espacios intermedios que han sido arrojados por la misma producción urbana. Básicamente se trata de un fenómeno que, al igual los espacios abandonados, también pertenecen al ámbito de los espacios residuales. Desde el punto de vista etimológico, analizando la raíz latina del término «residûum» destaca que uno de sus significados textualmente señala lo siguiente: “Parte o porción que queda de un todo” [22]. Dicho significado lleva implícito el sentido de que un residuo es el sobrante que resulta de algo más, y en este caso ese algo más se trata de la producción urbana. De este modo, tomando como base el significado nominal del término “residual”, es posible afirmar que los remanentes urbanos pueden ser comprendidos como aquella parte o porción espacial que se derivan de un proyecto urbano de mayor escala; se trata de espacios intermedios que no cumplen con una función definida pese a encontrarse físicamente delimitados e inmersos en un entramado urbano. Coincidentemente El Messeidy [15] señala que este tipo de espacios sobrantes surgen como resultado de la intervención de un lugar previamente existente e incluye morfologías geométricas inusuales, normalmente adyacentes a las intersecciones viales, como lo pueden ser pasos subterráneos, distribuidores viales, avenidas, vías férreas, etc. En palabras de Arroyo [27, p.11] este tipo de sobrantes son “el producto de la sombra espacial entre el puente y el suelo”. (Figura 5)

Cabe mencionar que esta tipología de anti-espacio no ha sido realmente explorada desde una variedad muy amplia de enfoques, por lo general la literatura existente se ha limitado en analizar los remanentes urbanos desde el ámbito del paisajismo y también desde la perspectiva social. En ese sentido Curzio [14] emplea el término de socio-centrífugo para explicar la segregación socio-espacial que comúnmente se experimenta con este tipo de espacios. Es muy común que este tipo de sobrantes urbanos puedan pasar desapercibidos desde la mirada del hombre. Al respecto Doreste [28] emplea el término intersticio para referirse a esta serie de espacios que “acontecen en los lugares de en medio, justo en los márgenes provisionales y anónimos, normalmente no se tiene en cuenta su existencia, a excepción de algún grafitero casual”. Mientras que Maciocco [13] enfatiza el hecho de que ante este tipo de espacios perdidos debiesen imponerse soluciones de tipo interdisciplinario para lograr superar (rehabilitar) dichos sobrantes urbanos.
Materiales y métodos
El diseño de la metodología estuvo orientado a averiguar el total de superficie territorial considerada como anti-espacio urbano dentro de la zona de estudio establecida en la ciudad de Nuevo Laredo y de manera específica también se buscó que los resultados mostraran en detalle los porcentajes individuales que correspondían a cada una de las tipologías previamente definidas en la investigación teórica: vacíos urbanos, espacios abandonados y remanentes urbanos. En consecuencia, el trabajo puede ser considerado de tipo mixto, al vincular los enfoques cualitativo y cuantitativo. Así mismo puede considerase una investigación longitudinal, por tratarse de un estudio desarrollado en un periodo de tiempo específico, ya que la recopilación de los casos prácticos se llevó a cabo entre los meses de diciembre del 2019 y abril del año 2020.
En primer término, se determinó la ciudad que se pretendía analizar, en este caso se seleccionó la zona urbana de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Posteriormente se integraron 110 Áreas Geo-Estadísticas Básicas1 (AGEB) obtenidas a partir de los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). De esa manera se conformó un gran polígono equivalente a 4,597.87 hectáreas. A continuación, se muestra una fotografía aérea que expone en detalle dicha área de estudio. (Figura 6)

El criterio para la selección de las AGEB estuvo en función de integrar un gran polígono que permitiera sumar y conjugar todas aquellas estructuras urbanas caracterizadas por tener continuidad espacial, es decir, que contaran con interconexiones entre ellas. Al mismo tiempo debían ser zonas homogéneas, que estuvieran plenamente consolidadas, excluyéndose las zonas periurbanas que apenas se encuentran en vía de consolidación, lo cual habría representado un sesgo en la investigación.
Posteriormente mediante la interpretación de fotografías áreas ortogonales, se realizó un levantamiento digital identificando los distintos tipos de anti-espacio que fueron ubicados dentro del área de estudio establecida. Es importante aclarar que paralelamente también se realizó un levantamiento físico directamente en la zona de estudio que tuvo una duración de 15 días, para verificar aquellos casos específicos en donde la interpretación de fotografías aéreas no resultaba concluyente2, del mismo modo dichas visitas a campo fueron aprovechadas para fotografiar los casos más representativos.
Finalmente, las variables fueron cuantificadas e integradas empleando un software especializado en sistemas de información geográfica (QGIS 3.4.5), con el objetivo de generar una base de datos global que incluyera la información detallada de todos los casos de estudio y en base a ello fue posible generar los resultados, estadísticas y también los diversos modelos espaciales que fueron objeto de la presente investigación.
Resultados
Después de llevar a cabo el levantamiento digital y realizar diversas visitas a campo para corroborar físicamente los casos más significativos, es posible señalar que en el área de estudio establecida en la ciudad de Nuevo Laredo se localizaron un total de 5,002. A continuación, se muestra un modelo espacial donde se observa en detalle la localización de dichos casos de estudio. (Figura 7)

En términos territoriales la sumatoria de dicho anti-espacio correspondió a una superficie total de 510.98 hectáreas, lo cual representa un porcentaje equivalente a 11.12% del total del área de estudio. Paralelamente en base a esas cifras fue posible determinar la tasa de incidencia, la cual fue 1.09 casos por cada hectárea. A continuación, se muestra un apéndice (Tabla 2) donde se exponen con mayor detalle los resultados clasificados de acuerdo a su tipología.

Fue posible identificar que los vacíos urbanos es la categoría del anti-espacio urbano que tuvo una mayor presencia dentro de la investigación realizada. Se destacan los 3,836 casos localizados, que representan una superficie de 453.25 hectáreas lo cual en términos porcentuales representa 9.86% del total del área de estudio. De forma específica destaca la AGEB identificada con la clave 2802700011468 por ser el área geográfica de estudio donde se detectaron la mayor cantidad de vacíos urbanos (147 casos) lo cual en términos territoriales representa el 23.26% del total de la superficie de dicha AGEB. A continuación, se muestra un modelo espacial en donde se observa en detalle la localización de dichos vacíos urbanos. (Figura 8)

En relación con los espacios abandonados y ruinas, se identificó un total de 1,086 casos, lo cual de manera integrada en términos de superficie representa 41.63 hectáreas, equivalente al 0.91% del total del área de estudio. En ese sentido vale la pena destacar la AGEB identificada con la clave 280270001231A, debido a que dicha área geográfica de estudio posee 87 casos de espacios abandonados, lo cual constituye la mayor cantidad dentro de dicha categoría, y en términos territoriales representa el 4.15% del total de la superficie de dicha AGEB. A continuación, se muestra un modelo espacial donde se observa en detalle la localización de dichos espacios abandonados. (Figura 9)

Finalmente, en lo que respecta a los remanentes urbanos, se registraron un total de 80 casos, los cuales representan una superficie de 16.10 hectáreas, que en términos porcentuales representa 0.35% del total del área de estudio. En este caso destaca la AGEB identificada con la clave 2802700012038 debido a que fue el sector geográfico donde se localizaron el mayor número de remanentes urbanos (11 casos), lo cual en términos territoriales representa el 4.78% del total de la superficie de dicha AGEB. A continuación, se muestra un modelo espacial donde se observa en detalle la localización de dichos remanentes urbanos. (Figura 10)

Discusión
A nivel cuantitativo, resulta interesante resaltar que el 11.11% de la superficie analizada fue catalogada como anti-espacio, destacando que un 9.86% corresponde a la tipología de vacíos urbanos. Es complejo contrastar estos resultados con otros referentes previos, ya que que la mayor parte de los estudios realizados sobre este tema se desenvuelven únicamente en el ámbito teórico, sin precisar la magnitud de este tipo de espacios inutilizados. Dentro de las pocas referencias encontradas pueden mencionarse los trabajos realizados por Bowman & Pagano [29] y Newman, Park, Ann, & Jung Lee [21] quienes llevaron a cabo diversos estudios prácticos enfocados a cuantificar la superficie individual y total de los lotes baldíos en distintas ciudades de Estados Unidos. Sin embargo, ambos estudios fueron unidimensionales debido a que se enfocaron únicamente en la cuantificación de un tipo de anti-espacio (los vacíos urbanos). En ese sentido, los resultados más recientes son aquellos presentados por Newman, Park, Ann, & Jung Lee, quienes después de examinar 79 ciudades concluyeron que el promedio fue de 16.7% de tierra vacante (espacio no construido). Sin embargo, esto no podría tomarse como un comparativo real debido a que dicho estudio involucró la totalidad del área urbana de cada una de las ciudades, a diferencia del presente trabajo que únicamente considera el área urbana consolidada de la ciudad de Nuevo Laredo. Esta diferencia también queda de manifiesto en el sentido de que los aportes de Newman, Park, Ann, & Jung Lee muestran un sesgo y una disparidad significativa entre cada una de las ciudades, ya que sus resultados van desde un 0.1% en la ciudad de Downey hasta un 70.1% en la ciudad de Kansas City.
La interpretación de los resultados lleva a una reflexión sobre el anti-espacio urbano identificado en Nuevo Laredo; al mismo tiempo que son un reflejo de las constantes transformaciones que actualmente tienen lugar en las estructuras urbanas de dicha ciudad, y más específicamente en el espacio construido y el no construido, que se va renovando día a día, lo cual puede entenderse a partir de múltiples factores. Uno de estos tiene que ver con la movilidad y la migración de la población; debido a que cada vez resulta más frecuente la falta de correspondencia entre la ubicación de la fuerza de trabajo y el lugar donde se localizan las fuentes de empleo, fenómeno bien documentado en los estudios de Parr [30]. Esta situación es algo muy característico en la mayor parte de las ciudades fronterizas de México, y puntualmente en el caso de Nuevo Laredo es muy común observar que la población se desplaza hacia otras ciudades en busca de mejores oportunidades laborales, principalmente hacia diversas ciudades de Texas.
Otro factor determinante tiene que ver con el ámbito económico, en ese sentido cabe señalar que los habitantes de Nuevo Laredo únicamente reciben el 11.85% del total de las remesas económicas que se envían desde Estados Unidos hacía el estado de Tamaulipas, ya que la mayor parte de dichas transferencias monetarias tienen como principal destino las ciudades de Reynosa y Matamoros [31]. Es posible que haya una correspondencia directa de lo anterior con las diversas tipologías de anti-espacio, específicamente con los vacíos urbanos y los espacios abandonados de propiedad privada; probablemente el origen de este fenómeno podría estar asociado a la carencia de recursos económicos de la población, los cuales son indispensables para solventar los gastos que implica la construcción en los lotes baldíos, o bien para rehabilitar y reactivar los diversos espacios abandonados.
Por otra parte, la distribución del anti-espacio urbano muestra un claro patrón de aglomeración en el sector noroeste, la cual es una zona periférica de Nuevo Laredo de escasos recursos donde predomina ampliamente el género de la vivienda de interés social con establecimientos comerciales destinados a cubrir necesidades básicas de la población. Estos resultados coinciden con las teorías urbanas que tienden a relacionar los bordes urbanos como áreas con rezagos en materia de desarrollo económico lo cual comúnmente también se refleja en una disminución en la calidad de las infraestructuras básicas, equipamientos y de las propias viviendas. Coincidentemente, Di Pace, Crojethovich, & Barsky [32] señalan estas áreas como los “fondos” o “baldíos” de la ciudad que en su mayoría son zonas deterioradas social y ambientalmente donde se presenta una baja densidad de población, dada la vacancia de espacios.
También como parte del análisis geo-espacial fue posible determinar que en la distribución del anti-espacio existen patrones distintos dependiendo de la tipología que se analice. En el caso de los vacíos urbanos, la distribución geográfica se presenta de un modo más homogéneo, es decir, existen casos de estudio prácticamente en todos los sectores de la ciudad. Sin embargo, en lo que respecta a la distribución de los espacios abandonados, se observa que la distribución se presenta de forma aleatoria, es decir, no existen significantes patrones de aglomeración, con excepción de ciertas tendencias hacia determinados sectores habitacionales localizados en el noroeste de la ciudad. Sin embargo también es posible visualizar que la distribución de este tipo de espacios muestra una clara falta de correspondencia con la localización de la frontera norte entre México y Estados Unidos. La respuesta a este fenómeno puede deberse a que comúnmente existe una mayor plusvalía en los sectores más cercanos a la franja fronteriza, es decir, se vuelven sectores más deseables para habitar y principalmente para establecer comercios. De este modo son consideradas zonas de mayor utilidad que no suelen ser desaprovechadas, y bajo esa lógica es comprensible que existan pocos espacios abandonados. En el caso de los remanentes urbanos, estos se distribuyeron espacialmente con una clara tendencia a formar patrones de aglomeración en puntos específicos de la ciudad; muy concretamente en aquellos nodos relacionados con avenidas primarias y vías férreas.
Conclusiones
Este artículo presenta los resultados de una investigación que tanto en su parte teórica como en la práctica, tuvo el objetivo de revelar los rasgos característicos que distinguen actualmente al anti-espacio en el ámbito urbano.
De forma particular, a nivel teórico, el trabajo aporta una clasificación detallada de las particularidades de cada una de las tipologías de anti-espacio, con lo cual se busca contribuir a la mejor comprensión de este fenómeno urbano, así como asistir el trabajo de diseñadores, planeadores urbanos, y autoridades municipales, con el objetivo de categorizar el potencial de uso que podrían llegar a tener estos diversos tipos de espacios inutilizados.
A nivel práctico, la principal contribución está relacionada con la propuesta de un sistema metodológico que resulta innovador por haber sido particularmente diseñado para cuantificar el espacio urbano inutilizado en las ciudades, logrando con ello estimar la magnitud de esta problemática. Del mismo modo, en el orden práctico se logró definir la distribución geográfica que presenta el anti-espacio, evidenciándose los diversos patrones de aglomeración espacial que existen, dependiendo de las tipologías analizadas.
Algunos de los principales hallazgos que se desprenden del presente trabajo de investigación llevan a concluir que el anti-espacio representa un tema de una complejidad muy singular en cuanto a su propia definición, su cuantificación y también en lo referido a sus múltiples repercusiones, las cuales representan líneas de investigación poco exploradas. Desde el punto de vista cuantitativo resultó significante detectar la presencia de 5,002 casos, que en términos porcentuales representa el 11.12% del total de la superficie analizada.
En síntesis, tanto la metodología, como los resultados del presente artículo pretenden establecer un precedente que sirva como punto de comparación para futuros análisis cuantitativos en otras ciudades. También intenta impulsar el desarrollo de nuevas investigaciones, las cuales pudieran estar relacionadas con análisis correlacionales que estudien con mayor detalle las diversas repercusiones socio-económicas que pudiesen vincularse con el anti-espacio.
De la misma forma, este trabajo de investigación también ofrece una importante fuente de información para la toma de decisiones en cuanto a política pública en la ciudad de Nuevo Laredo, pues provee una serie de mapas que identifican las zonas de la ciudad que requerirían de mayor atención.
A nivel gubernamental este tema resulta de vital importancia porque más allá de estar relacionado con la imagen urbana, también tiene implicaciones significativas a nivel económico y especialmente a nivel social, ya que los espacios inutilizados resultan atractivos para ser tomados por personas sin hogar que buscan un refugio temporal, y esto es particularmente relevante en una ciudad fronteriza como Nuevo Laredo, donde se agrupan migrantes, a la espera de cruzar (legal o ilegalmente) hacia Estados Unidos.
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Notas
Notas de autor
*Autor para la correspondencia: claudio7curzio@icloud.com