Editorial
El cambio climático
Entre las consecuencias del cambio climático que ya afectan a los asentamientos humanos se encuentran el incremento de las temperaturas, la elevación del nivel medio del mar, el aumento de las inundaciones por lluvias fuertes, así como el desencadenamiento de intensas sequías y la reducción de las fuentes de abasto de agua. Estos y otros fenómenos tendrán un impacto global, cuya intensidad no será homogénea, sino que dependerá de las condiciones específicas de cada región geográfica.
Por diversas razones, los países más pobres del planeta se sitúan en la franja tropical, y de manera general, el nivel de desarrollo y prosperidad económica tiende a aumentar con la distancia al Ecuador, tanto hacia el norte como hacia el sur. Eso quiere decir, que, aunque también los habitantes de las altas latitudes sentirán los efectos del calentamiento global, sobre todo porque sus edificaciones están preparadas para protegerse del frío y no del calor, los que más sufrirán su impacto serán los que viven en el trópico.
Por otro lado, también existe una cierta relación entre el desarrollo económico y la altitud con respecto al nivel medio del mar, lo cual se evidencia en América del Sur, donde para una misma latitud, como por ejemplo, en el Ecuador, el nivel de pobreza es mayor en la costa que en la sierra, coincidiendo, nuevamente, con las regiones que estarán más afectadas, no solo por el aumento de las temperaturas, sino por la elevación del nivel medio del mar, que hará desaparecer una parte de los territorios costeros.
Según el modelo Climático Regional aplicado en El Caribe, en concordancia con el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) [1], para Cuba se espera un incremento de las temperaturas medias anuales entre 1.50 C y 4,50C, una reducción de las precipitaciones anuales desde 15% a 63%, y un ascenso del nivel medio del mar entre 29.3 cm y 95 cm al 2050 y al 2100, respectivamente.
¿Cómo pasar de las estructuras ligeras predominantes en las costas tropicales húmedas a soluciones menos calurosas? Obviamente, la vegetación es el primer y más económico recurso, que, entre otros beneficios, contribuye con su sombra a reducir la radiación solar incidente y el efecto de la isla de calor urbana. Habría que recuperar el empleo de las fibras vegetales como material de construcción, solo que consumiéndolas a menor velocidad que la de su renovación natural, a la vez que se busquen soluciones tecnológicas que mejoren su resistencia a las cargas y al fuego.
¿Cómo adaptarse a las inundaciones? La abundancia de vegetación también contribuye a contrarrestar las inundaciones que puedan ocasionarse por el incremento de las lluvias, pero, además, es posible retomar la tradicional tipología de vivienda sobre pilotes propia de estas regiones, generando plantas bajas libres que puedan tener usos temporales en época de seca.
¿Qué hacer frente a la elevación del nivel medio del mar? La solución más socorrida en estos casos, al menos en Cuba, ha sido la estrategia de traslado de la población en zonas de riesgo hacia lugares más seguros, altos y alejados de la costa, lo cual afecta su identidad, cultura y medios de subsistencia. Sin embargo, tal vez sería posible pensar en casas flotantes, retomando la experiencia previa en diversas regiones del mundo, sin grandes complicaciones tecnológicas, como sí podrían requerir los proyectos de ciudades flotantes que ya también hoy se elaboran. Otra opción para permanecer en el lugar que actualmente ocupan, adaptándose a los impactos temporales de la elevación de las aguas, sería la ejecución de una nueva ciudad sobre la existente, con una estructura suficientemente resistente.
¿Cómo financiar todas esas opciones en regiones empobrecidas? La solución radica en el aprovechamiento de los recursos naturales mediante una estrategia que fomente su desarrollo para garantizar los niveles de consumo requeridos. Tal es el caso de la vegetación como elemento de sombra, absorción de agua y sumidero de CO2, y las fibras vegetales como materiales y elementos de construcción. Todo esto se complementa con el saber ancestral de la tradición vernácula a rescatar, enriquecida por el intercambio posible de las mejores prácticas en el actual mundo global, y el aprovechamiento de las fuentes renovables de energía como el sol, el viento y la biomasa, abundantes en estas regiones.
Las soluciones son posibles si se prevén de inmediato estrategias a mediano y largo plazo. La resiliencia de estas regiones ante el cambio climático no se logra de manera espontánea, sino tiene que ser un proceso bien planeado, de forma participativa a partir de la toma de conciencia y capacitación de todos los actores.
Referencias
1. Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). 2021/17/PR. Comunicado de Prensa del IPCC, OMM. PNUMA. 9 de agosto de 2021 [Internet]. (Consultado: 1 octubre, 2021) Disponible en: Disponible en: https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2021/08/IPCC_WGI-AR6-Press-Release-Final_es.pdf