Artículo de investigación

Apuntes históricos sobre la vivienda social en asentamientos rurales de montaña en Cuba

Historical Notes on Social Housing in Rural Mountain Settlements in Cuba

Pedro Tex Martínez Cuevas *
Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba
Andrés Olivera Ranero
Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba

Apuntes históricos sobre la vivienda social en asentamientos rurales de montaña en Cuba

Arquitectura y Urbanismo, vol. XLIV, núm. 1, pp. 39-50, 2023

Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría

Recepción: 15 Diciembre 2022

Aprobación: 20 Febrero 2023

RESUMEN: Las soluciones arquitectónicas de vivienda social ejecutadas en los asentamientos rurales de montaña en Cuba no siempre han cumplido con las necesidades y características de su entorno natural y social. La investigación se planteó el objetivo de definir sus referentes históricos desde el triunfo de la Revolución hasta la actualidad, sus etapas de desarrollo, principales exponentes, y las condiciones sociales que influyeron en su evolución. Se realizó un estudio documental que incluyó publicaciones sobre el tema, materiales de archivo y otras fuentes. Se emplearon métodos histórico-lógicos, y procesos de análisis- síntesis y de inducción deducción para el estudio y la interpretación de los resultados. La investigación permitió definir los criterios de diseño empleados en la vivienda social en dichos asentamientos, y sus características comunes. Se concluye que la vivienda objeto de estudio ha transitado por diferentes etapas prevaleciendo en su diseño, enfoques tecnológicos que se alejan de las características de su contexto.

Palabras clave: Cuba, Vivienda social, Asentamiento rural de montaña.

ABSTRACT: The architectural solutions for social housing executed in rural mountain settlements in Cuba have not always met the needs and characteristics of their natural and social environment. The objective of the research was to define its historical references from the triumph of the Revolution to the present, its stages of development, main exponents, and the social conditions that influenced its evolution. A documentary study was carried out that included publications on the subject, archival materials and other sources. Historical-logical methods, and analysis-synthesis and induction-deduction processes were used for the study and interpretation of the results. The investigation allowed to define the design criteria used in social housing in these settlements, and their common characteristics. It is concluded that the house under study has gone through different stages, prevailing in its design, technological approaches that move away from the characteristics of its context.

Keywords: Cuba, social housing, rural mountain settlement.

Introducción

Viviendas en asentamiento rural de montaña, Gavilanes, Fomento, Sancti Spiritus
Viviendas en asentamiento rural de montaña, Gavilanes, Fomento, Sancti Spiritus
Fuente: P. T. Martínez Cuevas, 2017

La vivienda en Cuba resulta un tema pendiente a resolver, aún con el esfuerzo y emprendimiento realizado por el Gobierno Revolucionario desde los primeros días de 1959. La constante demanda de viviendas requiere de continuos y crecientes planes habitacionales que la enfrenten. En el país, estos planes se han desarrollado en diferentes etapas, contextos y con calidad muy variable.

Por otra parte, los esfuerzos a nivel internacional sobre el tema de la vivienda se han enfocado en el contexto urbano, por la concentración de fenómenos que en él se despliegan, mientras que las zonas rurales no han tenido tal relevancia. Sin embargo, en el caso cubano, el desarrollo urbano ha sido priorizado, pero sin olvidar las zonas rurales, por la progresiva necesidad de producción agroalimentaria. En tal sentido, el gobierno ha apostado por el desarrollo cooperativo y conjunto en las zonas rurales, concentrando la fuerza de trabajo en asentamientos, y no de forma dispersa. La vivienda rural constituye entonces un pilar fundamental para tales emprendimientos.

Existen incontables estudios sobre la vivienda y sus definiciones. La gran mayoría de los autores coincide en que es la célula básica de los asentamientos humanos, donde se agrupan personas (familias) y realizan disímiles actividades relacionadas con su entorno. La vivienda adquiere, además, múltiples dimensiones: cultural, política, económica y otras. Por otra parte, se plantea también que constituye una representación del individuo [1].

Las Normas Cubanas (NC) relacionadas con la vivienda establecen varias definiciones. La NC 440 del 2006 plantea la vivienda social urbana como aquella gestionada y financiada por el Estado para la mayoría de la población [2], mientras que la NC 1055-1: 2014, se refiere a la vivienda rural como una clasificación dentro de las viviendas gestionadas y financiadas por el estado cubano, además la ubica en el ámbito rural y agrega el desarrollo de actividades vitales de las familias que la habitan de forma aislada o en asentamientos no clasificados como urbanos, concentrados o dispersos [3]. De lo anterior se puede inferir entonces que la vivienda social en Cuba es planificada y ejecutada por mecanismos estatales para grandes masas populares y puede ser urbana o rural de acuerdo a su emplazamiento.

Por otro lado, dentro del entorno rural nacional, las zonas montañosas constituyen un hábitat de vital importancia por varias razones. Por una parte, constituyen los principales bastiones previstos para la defensa nacional, y por otra, en ellas se producen renglones agropecuarios de alto valor económico, como el café, el cacao y la madera. En estas zonas se encuentran las principales reservas forestales e hídricas del archipiélago, y constituyen áreas de alto valor ecológico, con reservas naturales de excepcional biodiversidad en flora y fauna [4]. En estos asentamientos el país necesita mantener población laboral activa y fomentar su crecimiento, para lograr un desarrollo sostenible.

Una mirada hacia la vivienda de montaña puede aportar indicios de cómo enfrentar en la actualidad su diseño desde otra perspectiva, aunque la vivienda de estos asentamientos constituye solo una fracción de toda una problemática compleja, cuyo estudio necesita un enfoque multidimensional. No obstante, empezar el análisis desde la vivienda, como núcleo básico de estos asentamientos, puede influir en la comprensión de otras dimensiones actuantes en este hábitat.

Las soluciones arquitectónicas dadas a la vivienda social en los asentamientos rurales de montaña no siempre han cumplido con las necesidades y características de su entorno natural y social. En múltiples ocasiones se han importado soluciones urbanas que no son adecuadas para la serranía. Por otra parte, los estudios realizados sobre el tema son escasos, dispersos e insuficientes, fundamentalmente en aspectos sociales sobre las necesidades y expectativas poblacionales en cuestiones de vivienda. De ahí la relevancia de entender los antecedentes históricos en el ámbito de vivienda social en asentamientos rurales de montaña. Tomando lo anterior como base se podrán establecer patrones y regularidades en el diseño que permitirán aportar soluciones habitacionales más adecuadas al contexto actual.

Materiales y métodos

La investigación se planteó el objetivo de definir los referentes históricos de la vivienda social en asentamientos rurales de montaña en Cuba desde el triunfo de la Revolución hasta la actualidad, sus etapas de desarrollo, principales exponentes, y las condiciones sociales que influyeron en su evolución.

El trabajo se llevó a cabo mediante procesos analítico sintéticos, para el análisis, la selección y la síntesis de la información obtenida de fuentes bibliográficas provenientes de investigaciones previas afines con la vivienda social en asentamientos de montaña.

Se partió de una exhaustiva revisión de la información bibliográfica sobre la vivienda social en asentamientos rurales de montaña en Cuba, y la consulta de planos y fotografías de archivo, que permitieron perfilar los objetivos y alcance de la indagación.

La revisión documental abarcó referentes desde 1953 hasta el 2022, obtenidas en las siguientes fuentes: reportes de investigación, memorias de congresos, revistas especializadas, normas, decretos, libros, y tesis, entre otros.

Como resultado, se determinaron las diferentes etapas generales del objeto de estudio, las temáticas, y las etapas específicas, siguiendo una estructura que va de lo general a lo particular.

Con vistas a ubicar las soluciones habitacionales en sus contextos particulares, se empleó el método histórico- lógico, mientras que la revisión de soluciones puntuales y específicas que permitieron establecer las características y los criterios de diseño empleados en cada etapa, se realizó mediante la aplicación del método teórico de análisis y síntesis.

La información obtenida se procesó a través de estudios comparativos, lo que permitió arribar a conclusiones.

Resultados y discusión

Preámbulo (antes de 1959)

Antes del triunfo de la Revolución, la vivienda rural no era diseñada por profesionales, sino creadas y ejecutadas por la población, de acuerdo con las tradiciones transmitidas de generación en generación, que aún persisten (Figura 1). Solo se conoce un caso de vivienda para campesinos diseñada por arquitectos en la década del cuarenta. [5]

Vivienda rural tradicional (bohío) construida por los propios habitantes, ubicada en el macizo de Nipe-Sagua-Baracoa.
Figura 1
Vivienda rural tradicional (bohío) construida por los propios habitantes, ubicada en el macizo de Nipe-Sagua-Baracoa.
Fuente: P. T. Martínez Cuevas, 2015.

Asimismo, la situación general del campesinado cubano en los años anteriores al triunfo de la Revolución era deplorable. En 1953 así lo plasmaba Fidel Castro en el documento histórico, La Historia me Absolverá:

“…a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto, compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar… a los cien mil agricultores pequeños, que viven trabajando una tierra que no es suya… para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo, porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse… [6, p 33].

De esta manera, quedaba expuesta la precariedad del hábitat rural, donde la vivienda protagonizaba un eslabón fundamental para solucionarla.

De acuerdo con Rabinovich [7] en las zonas rurales en 1958, el 63% de las viviendas poseía suelos de tierra, el 91% necesitaba de alumbrado eléctrico, y el 97% estaba considerado como viviendas en mal estado. En ese mismo año se sucederían varios acontecimientos por parte del Ejército Rebelde relacionados con la situación del campesinado cubano, radicado fundamentalmente en las montañas orientales y centrales del país. En septiembre de ese año se efectuó el Congreso Campesino en Armas con delegados de varios poblados pertenecientes al macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa. Posteriormente, en octubre, en la Sierra Maestra, fue decretada por Fidel la Ley No. 3 del Ejército Rebelde, relacionada con el derecho de los campesinos a la tierra, conocida como Ley Agraria del Ejército Rebelde. Finalmente se conforma el Buró Campesino en zonas del macizo Guamuhaya, Villa Clara, por el Che [8]. Dichos sucesos sirvieron como asidero para futuros emprendimientos al triunfo revolucionario, sobre todo, referidos al tema agrario, y sentaron las bases para medidas futuras a implementar en cuanto a vivienda.

Por otra parte, la concentración de acciones combativas del Ejército Rebelde en la primera etapa del conflicto, se enmarcó fundamentalmente en el contexto montañoso, primero oriental, y luego central. Como consecuencia, se establecieron fuertes nexos entre ambas partes -campesinado y guerrilleros- y el conocimiento de la situación de estos entornos era muy cercana para los líderes revolucionarios. Tal es así, que las primeras medidas establecidas por el incipiente gobierno serían precisamente en estos contextos.

Transformando un país (1959-1969)

Sobre los inicios del Gobierno Revolucionario en temas de vivienda, Rabinovich [7] plantea tres líneas vitales de trabajo iniciadas en los tres primeros años: la transformación básica del régimen de propiedad y del valor del suelo; el rescate de la planificación territorial para reestructurar integralmente el territorio; y la implementación de planes y proyectos de vivienda como bien social accesible a todos los sectores de la población.

Lo anterior se evidencia en fecha tan temprana como abril de 1959. El joven gobierno otorga un total de 2 millones de pesos para la ejecución de viviendas campesinas, y como resultado además se crea el Departamento del Ejército Rebelde para la Construcción de Viviendas Campesinas. En mayo de ese mismo año se realiza la primera ley de Reforma Agraria, y se funda el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), y en 1960, la Dirección de Viviendas Campesinas (DVC) contribuyó a ejecutar en un año 12 500 viviendas en zonas rurales [8], la mayoría de las cuales se asentaron en las montañas de la Sierra Maestra y Nipe-Sagua-Baracoa.

Por otro lado, a mediados de 1960 en El Rosario, Valle de Viñales, en Pinar del Río, se entregaron 120 viviendas rurales [8]. En 1963, luego de la creación del Ministerio de Obras Públicas (MOP) un año antes, se inicia la construcción de la comunidad de la Campana en Manicaragua, Villa Clara. Este proyecto, del arquitecto Fernando Salinas, constituye un ejemplo de buenas prácticas en contextos semi- montañosos, entre otras razones, por la funcionalidad de la propuesta arquitectónica [9].

En 1961 se constituye la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), institución que impulsó la dinámica revolucionaria, organizando a los campesinos y mejorando sus condiciones de vida. Mientras, hacia 1963, se realiza la Segunda Ley de Reforma Agraria, que constituyó otra nueva promoción para el desarrollo de las zonas rurales del país [8].

En 1968 se inicia el proyecto de las Terrazas, en la actual provincia de Artemisa [9] (Figura 2). La solución urbana-arquitectónica de dicha comunidad constituye un exponente de revisión obligatoria en las propuestas de vivienda social de montaña en Cuba. Su relevancia destaca por muchas razones, Osmany Cienfuegos el arquitecto principal del conjunto, comentaba algunas de ellas:

…Era necesario agrupar a la población dispersa que vivía en condiciones de extrema pobreza, y construir un pueblo donde aquellos campesinos pudieran disfrutar de lo que se les debía [...]. La urbanización debía dar continuidad a la imagen del trazado de las montañas terraceadas siguiendo las curvas de nivel. En la cima de aquella elevación estaría la Plaza del pueblo donde se concentrarían los servicios de la comunidad. Desde allí se contemplarían las viviendas a lo largo de las zigzagueantes callejuelas, una hacia las zonas de corte y otras en voladizo […]. El pueblo sería a la medida de los que allí irían a vivir. Los campesinos, en continuas consultas para el diseño, reclamaban -muchas puertas y ventanas- … [10, p 57].

Conjunto de viviendas en la comunidad Las Terrazas, Pinar del Río.
Figura 2
Conjunto de viviendas en la comunidad Las Terrazas, Pinar del Río.
Fuente: P. T. Martínez Cuevas, 2015.

De manera general, en los primeros años del período se prioriza la construcción de viviendas en el campo. La vorágine constructiva imposibilitaba la experimentación o investigación, por lo que se aplicaron de manera extensiva, modelos anteriores que habían sido efectivos para la pequeña burguesía suburbana. Más adelante se enfoca el problema hacia la producción agropecuaria, y se desarrolla la infraestructura técnica de apoyo (redes viales, eléctricas, embalses), con una visión territorial y no sectorial de estos asentamientos. Además, se desarrollan experiencias orientadas a rescatar la variedad de los conjuntos, con soluciones adecuadas en lo funcional y expresivo. A partir de 1968 se introducen paulatinamente los sistemas prefabricados de tecnología soviética, facilitando la construcción de nuevos asentamientos rurales con edificios multifamiliares de cuatro y cinco plantas [5].

En esta etapa se construyeron también varios asentamientos rurales en la montaña, fundamentalmente en los macizos Nipe-Sagua-Baracoa y Guamuhaya. Destacan comunidades como Boquerones y Jibacoa, en Manicaragua, Villa Clara. Mientras, en el oriente son relevantes Los Arados y El Veril, en Maisí, actual provincia de Guantánamo [11]. Muchos de ellos estaban asociados a diversos planes agrícolas para el cultivo de café, cacao, forestales, e incluso, de hortalizas, o a programas lecheros, como es el caso del Plan Tomate en la Sierra Maestra (1965), y las vaquerías Pinares de Mayarí (1966) [8].

Cárdenas [12] considera que la implementación de los programas masivos de vivienda durante esta etapa se alejaba de los resultados propuestos, pues se había abusado de los proyectos típicos, perdiéndose el enfoque de flexibilidad en la industrialización, que quedó relegada a la prefabricación. Igualmente, menciona que se desentiende la dimensión cultural de la vivienda. Todos estos factores disminuyeron considerablemente la calidad arquitectónica.

Por su parte, Rabinovich [7] divide la etapa en dos. La primera fase, en la que colaboraron el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV) y el Colegio de Arquitectos, en una búsqueda conjunta de soluciones de viviendas adecuadas, existió un equilibrio en el diseño entre aspectos estéticos, espaciales y funcionales, reforzados con el dominio de cuestiones económicas y técnicas. Mientras que, la segunda fase (hacia 1965) se relaciona directamente con el protagonismo de la pre fabricación, con soluciones que priorizaron factores productivos y de montaje ante otras dimensiones de la nueva vivienda.

En cuanto a la vivienda rural, durante estos años fue asumida por el INRA, destacándose el enfoque agro -productivo de las soluciones. El concepto de vivienda campesina estaba arraigado a la producción de alimentos a pequeña escala o de subsistencia, de ahí que la vivienda social en asentamientos de montaña también adquiriera estas características.

Industrialización de la vivienda rural (1970-1979)

Sobre la vivienda rural cubana de esta etapa, la mayoría de los autores coinciden en señalar el empleo de tecnologías de prefabricado de gran formato y la negación de la experimentación realizada hasta ese momento. Se prioriza el costo económico ante la funcionalidad o la volumetría de las propuestas [5].

La tipificación constructiva de estas soluciones empleadas para mejorar las condiciones de vida de los campesinos bajo el paradigma de “modernidad y bienestar”, alteró las formas de habitar de la población local, debido a la rigidez de las soluciones. En consecuencia, surgieron comunidades aisladas en el paisaje, apenas poseedoras de cualificación contextual y particularidad formal, aunque es cierto que garantizaron una vivienda a miles de familias, con apartamentos de más de 60 m2[9].

Por otra parte, durante esta década se constituyó el Grupo de Comunidades, un espacio que garantizó por primera vez en el país, la simbiosis entre arquitectos, urbanistas, sociólogos y trabajadores sociales. Uno de los grandes aportes de este grupo fueron las investigaciones sobre modos, formas de vida y necesidades de los habitantes. Otro de los temas recurrentes fue la discusión sobre el carácter, tamaño y ubicación de las comunidades rurales [12].

Mientras, en las zonas montañosas, durante esta década, se construyeron más de 15 asentamientos en el macizo de Nipe-Sagua-Baracoa, específicamente en Guantánamo y Holguín, posiblemente relacionados con varios planes agropecuarios en el cultivo de café y cacao [11]. En 1970 se crea el Centro de Beneficio de Cacao en Jamal, Baracoa. Luego, en 1975, se funda la Estación Central de Café y Cacao en el municipio II Frente, de la provincia de Santiago de Cuba. Posteriormente, en 1978, se inicia el Plan de Recuperación Cafetalera y Cacao en todo el país [8]. De igual manera en Manicaragua, Villa Clara se construyen asentamientos en el macizo montañoso, destacando las comunidades de Can Can y Cordovanales [8].

Específicamente en la región de Topes de Collantes, Trinidad, Sancti Spíritus, de acuerdo a indagaciones realizadas por Gil (2020), se pudo constatar la existencia de viviendas con tecnología Sandino, sistema empleado en otros proyectos típicos de esa zona. El análisis de esta solución refleja su escasa adecuación al entorno, y la negación de la relación interior- exterior, entre otros. Se pudo inferir además, que posiblemente dicha propuesta proviene de una adaptación de un modelo típico urbano [13]. La relevancia de esta solución radica en la metodología de trabajo empleada durante esta etapa, pues se “reciclaban” diseños arquitectónicos urbanos en las empresas para “importarlos” en espacios rurales de todo tipo, incluidos los de montaña, con los inconvenientes y problemas que suponía a corto plazo. (Figura 3)

Esquema planimétrico de proyecto típico empleado en Topes de Collantes, Trinidad, Sancti Spíritus, utilizando Tecnología Sandino (Imagen de archivo recuperada), perteneciente a Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería, EMPROY Villa Clara.
Figura 3
Esquema planimétrico de proyecto típico empleado en Topes de Collantes, Trinidad, Sancti Spíritus, utilizando Tecnología Sandino (Imagen de archivo recuperada), perteneciente a Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería, EMPROY Villa Clara.
Fuente: Gil, L. 2020.

Algunos cambios organizativos en esta etapa contribuyeron a la calidad arquitectónica de los planes de vivienda que se extendieron por todo el país. Bajo la dirección del Ministerio de la Construcción, que absorbió instituciones como el INAV y la DVC, se definieron únicamente dos líneas básicas de desarrollo para la vivienda. La primera estaba relacionada con la construcción artesanal, pero aplicada a edificios multifamiliares, ubicados incluso, en zonas rurales. La segunda línea desarrollada se determinó por la prefabricación pesada y la industrialización, relacionada con criterios de desarrollo constructivo [7].

Otra de las peculiaridades de esta etapa radica en la formación de microbrigadas como forma organizativa para la ejecución de las viviendas. En el caso de la vivienda de montaña quizás no se pudo emplear de manera efectiva, pues requería la incorporación de los habitantes a estas labores, interrumpiendo las suyas propias. No obstante, se emplearon otras alternativas, como la autoconstrucción.

Recolonizando la montaña (1980-1989)

Durante esta etapa, las zonas montañosas adquieren importancia a nivel nacional, no solo en temas habitacionales o de repoblamiento, sino desde lo institucional y académico. Es en estos años donde más asentamientos se realizan en los diferentes lomeríos cubanos, quizás propulsados por un florecimiento económico que repercutió en el impulso constructivo. La región oriental fue la más beneficiada, con aproximadamente 35 asentamientos, donde casi el 98 % de estos radicaban en Nipe-Sagua-Baracoa. En Guamuhaya, de igual forma, se ejecutaron nueve comunidades, reforzando las áreas adyacentes de Manicaragua, provincia de Villa Clara [8].

Muchas de las soluciones de vivienda empleadas en los asentamientos anteriores se relacionan con las llamadas "viviendas económicas” desarrolladas por el Ministerio de la Agricultura (MINAG) y las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA). Se trata de soluciones de una planta, con muros de bloques, ladrillos, o tecnología Sandino, y cubiertas de tejas o canalón de asbesto cemento. Contaban con pobres materiales de terminación, y fueron construidas con mano de obra no calificada. Estas soluciones se descartaron, entre otras razones, porque no se incorporaron costos de microlocalización e infraestructura, ni se incluía una parcela para la ganadería y agricultura de auto sustento [5].

En este período, además, se reforzaron los planes forestales, y en 1983 se implementaron las Empresas Agropecuarias Mixtas de Montaña (EMA) creándose 25 entidades de este tipo [8]. En ese mismo año se funda la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC). A pesar de la ausencia de autonomía necesaria por parte del gremio de arquitectos, se realizan intercambios de ideas y convocatorias a concursos que repercutieron posteriormente en las soluciones de vivienda rural [12].

En el medio rural, señala Cárdenas [12], era necesario revitalizar los planes de desarrollo en áreas montañosas. Como resultado, en 1987, con el surgimiento del Plan Turquino, se retoma el enfoque integral hacia la montaña. A pesar de que no se concibieron criterios unificadores para el diseño arquitectónico de estas viviendas, se buscaba una vinculación directa con la parcela circundante, evitando las propuestas de edificios altos. Las circunstancias contextuales y la situación económica del país, exigieron el rescate de soluciones locales con el empleo de recursos materiales disponibles [5]. El Plan Turquino constituye un punto de partida para la comprensión de la complejidad de este hábitat y la necesidad de gestionarlo integralmente.

La academia por su lado, representada por varias universidades del país, recibió el encargo de asistir en el diseño de las viviendas ante la creciente demanda generada por los planes propuestos. En este quehacer aparecieron soluciones a casos particulares, y otras típicas. Así lo explicitaba Díaz en 1984, cuando expuso varias de estas propuestas. De ellas son significativas las viviendas de dos y tres habitaciones para una CPA en el Valle de Viñales, de estructura de madera y cubierta de cerámica roja (tejas criollas), así como las viviendas de igual número de habitaciones, con estructura de ladrillos y cubierta de hormigón armado o asbesto cemento, pensadas para CPA, tanto en el llano como en la montaña [14]. Lo cuestionable de esta última, radicaba en la desconexión de la solución con las especificidades del entorno montañoso.

Sin embargo, uno de los ejemplos de vivienda más logrados y adecuados a los entornos de montaña del país se realizó en 1989, mediante el concurso “Tres diseños para mejorar las condiciones de vida en la montaña”, auspiciado por: UNAICC, Instituto de Planificación Física (IPF), Instituto Nacional de Vivienda (INV) y Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR). Las soluciones allí presentadas combinan la interacción del medio natural con las necesidades de los habitantes, y el empleo de tecnologías apropiadas, todo lo anterior en cohesión con una expresión atractiva y variada.

Estos proyectos representan un precedente en el estudio del diseño arquitectónico de la vivienda de montaña, no solo por los elementos ya mencionados, sino por su aproximación multidimensional en el análisis, y el novedoso enfoque de las soluciones. Adicionalmente este estudio constituyó un detonante para posteriores investigaciones académicas concernientes a la vivienda rural, la vivienda de montaña, o el entorno montañoso en sí, con una influencia evidente del emergente Plan Turquino como Programa del País.

Tiempos de Crisis (1990-1999)

La caída del socialismo en el este de Europa propició fuertes impactos en la economía cubana, tales como la paralización de algunos programas sociales y económicos. Para no interrumpir completamente la construcción de viviendas se redujo el consumo de varios recursos: cemento, acero, madera, cables eléctricos e instalaciones hidrosanitarias. Así comienza en 1992 el llamado “Movimiento de viviendas de bajo consumo material y energético” o “bajo costo”. Asimismo, se buscaron tecnologías “alternativas” de construcción para hacer posible este objetivo [9].

Cárdenas analiza el tema anterior partiendo de la contradicción existente entre el ahorro de materiales en el proceso constructivo y la eficiencia energética de las viviendas, reflejada en la inadecuación climática. Paralelamente a las carencias en la calidad estética, reaparece la preocupación por la identidad social en la vivienda, como respuesta apropiada a los modos de vida, expectativas sociales y culturales [12].

A consecuencia de la extraordinaria depresión económica que afrontaba la Isla, la construcción de viviendas rurales se vio altamente afectada. Las regiones montañosas, al igual que todo el país, recibieron el impacto de la escasez, pero asumió diferentes grados de complejidad en los distintos macizos montañosos, de acuerdo con su desarrollo [15]. Durante estos años no se construyeron nuevos asentamientos en ninguna de las cuatro regiones montañosas, y en algunos casos más críticos, hacia 1995, varias comunidades ya establecidas fueron abandonadas por completo. Algunos ejemplos son: Minas y Centro Cubano, en Cumanayagua, provincia de Cienfuegos, y Caney y Sitio Yeras, en Manicaragua, provincia de Villa Clara [11]. De esta manera, comenzaba un éxodo poblacional que desestabilizó los planes productivos en las serranías.

Sin embargo, se diseñaron soluciones de vivienda muy puntuales relacionados a intereses no agrícolas, como es el caso de "El Peñique”, en Topes de Collantes, Trinidad, provincia Sancti Spíritus. Esta propuesta, desarrollada en 1990, recupera la tecnología tradicional, e intenta respetar la topografía del lugar [13]. No obstante, pierde en gran medida la relación directa con el entorno por ser edificios de cuatro niveles. Otro aspecto notable, es su carácter urbano, para una zona de nuevo desarrollo en ese lugar, y no vinculado a actividades productivas agropecuarias (Figura 4).

Perspectiva general del proyecto “El Peñique” (Imagen de archivo), perteneciente a Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería, EMPROY Villa Clara.
Figura 4
Perspectiva general del proyecto “El Peñique” (Imagen de archivo), perteneciente a Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería, EMPROY Villa Clara.
Fuente: Gil, L. 2020.

En estas zonas, además, se redujo al mínimo la autoconstrucción o el empleo de las micro brigadas, no solo por la escasez de materiales de construcción, sino también por la desconectividad y el aislamiento de muchos asentamientos, donde el acceso y la transportación de productos resultaba difícil. Como resultado, se reforzaron materiales y técnicas endógenas del lugar, hasta el momento relegadas por falsos criterios de modernidad. Además, varios programas empleados en el país para asesorar en temas de vivienda, como el Arquitecto de la Comunidad, o la Organización no Gubernamental Hábitat-Cuba, se enfocaron casi exclusivamente en las zonas urbanas. Sin embargo, estas experiencias dejaron un saldo positivo en materia de participación y gestión de la vivienda, que luego se aplicarían en entornos rurales.

Se puede decir que en esta década existió una paralización casi total de la vivienda en asentamientos rurales de montaña, y su proceso de recuperación fue más lento que en otras zonas. Como resultado, en 1995 se crea la Comisión Nacional Plan Turquino-Manatí, por el Decreto No. 197, con un enfoque hacia el desarrollo integral de las regiones montañosas, la conservación de sus ecosistemas y los programas de reforestación del país, así como transformar las condiciones del hábitat de las montañas y zonas aisladas [8].

Nuevos escenarios (2000-Actualidad)

El nuevo siglo irrumpió en Cuba con un ligero y sosegado incremento macroeconómico. En las zonas rurales del país la situación habitacional fue tornándose más favorable. Hacia el año 2003 existían en el Plan Turquino un total de 195 725 viviendas de 114 625 en el año 1988. No obstante, al finalizar el 2003 el 34,8 % de las viviendas se encontraban en mal estado [15].

En el caso de las regiones montañosas, aparecieron varias medidas que propiciaron el desarrollo de la vivienda. En el 2008 se implementa la Norma Cubana (NC) 652:2008, que actualiza aspectos de la NC 53-76 de 1983. En ella se fundamentan criterios sobre el diseño de la vivienda rural de manera genérica, con un enfoque técnico, que hace énfasis en cuestiones funcionales, espaciales y de materiales.

También hay que mencionar que por estos años el gobierno toma la decisión de reestructurar a nivel centralizado los servicios educacionales y de salud en las regiones de montaña, lo cual conspiró en contra de la sostenibilidad de estas comunidades. Muchas de ellas quedaron sin los servicios básicos y comenzaron a depender de la movilidad hacia otros territorios para garantizar la atención de salud y educacional.

Por otra parte, en el año 2014 se pone en vigor el Decreto Ley (DL) 329 referente al funcionamiento del Plan Turquino, y se establece una Comisión Nacional de trabajo donde se articulan todos los ministerios e instituciones actuantes en este contexto [16]. Con esta ley se garantizó el enfoque nacional e integral que ya se venía articulando desde 1987, además relacionó un grupo de decisores y estrategias pensadas únicamente para estas regiones.

A finales de 2016 y principios de 2017 se emprenden los lineamientos del Partido Comunista de Cuba (PCC), como resultado de su VI Congreso. En ellos se esbozan varios ejes de trabajo de interés, como el lineamiento 172 que plantea, entre otras cuestiones, el desarrollo de un programa integral para las montañas, y el incremento de las plantaciones en la pre-montaña, destacando además los recursos forestales y del bosque. Igualmente, el lineamiento 234 se enfoca por la priorización de la construcción, conservación y rehabilitación de viviendas en el campo, por la calidad del hábitat rural y por lograr paulatinamente reincorporar fuerza de trabajo en el sector agroalimentario [17].

Otro de los avances logrados en esta etapa surge en el 2017, con la Conceptualización del Modelo Social Cubano de Desarrollo Socialista. En este documento se encuentran los principios para el desarrollo del país. Uno de ellos (35) describe la importancia concedida al equilibrio de las fuerzas productivas, conjugando zonas rurales y montañosas. Más adelante (128) reconoce el desarrollo sostenible de las zonas de montaña, asegurando infraestructura técnica y en correspondencia con el ordenamiento territorial. Por último, el párrafo 162 se refiere al fortalecimiento estatal de programas integrales de protección ambiental en varios sitios de interés donde se reconocen los macizos montañosos [18].

Por otro lado, en 2019, se establece la Política de Vivienda [19] para el país, donde nuevamente se reafirma la importancia de la vivienda rural dentro del panorama nacional, ahora con intenciones de mejorar la calidad habitacional de estos territorios y garantizar la fuerza laboral activa que permita el desarrollo agroalimentario. Sobre esto último, en el 2021-2022 aparecen un conjunto de medidas para dinamizar la producción agropecuaria, luego de dos años de pandemia, y ante la imperante necesidad y el desabastecimiento generalizado en este sentido. Las medidas pretenden, entre otras cosas, fortalecer las comunidades agropecuarias, jerarquizando la construcción y el mantenimiento de viviendas y priorizando las zonas montañosas del Plan Turquino [20].

Como consecuencia, en el año 2022 se creó el Grupo Nacional de Desarrollo Rural en el país, a solicitud de su máxima dirección. Este proyecto multidisciplinario tiene la tarea de garantizar la sostenibilidad de las regiones rurales. Se destacan dos prioridades para esta labor: comprender la importancia de las regiones montañosas dentro de la ruralidad cubana, y asumir la vivienda rural como elemento base del desarrollo en estas zonas.

A pesar de esta apertura, la vivienda rural de montaña en estos años ha tenido altibajos. Por un lado, continúa la autoconstrucción como método fundamental empleado, ante la ausencia de inversiones estatales, y por otro, se produjo una tendencia de convertir antiguos edificios educacionales de etapas anteriores, en viviendas de cooperativas agrícolas. La precariedad del diseño, brindadas en estos “cambios de uso” en muchas ocasiones han limitado la calidad del ambiente térmico y visual, no apropiados para habitar [9]. Más preocupante aún resulta la desvinculación de los modos de vida de los habitantes con las propuestas habitacionales. En varios casos, todavía en estudio, los residentes de estos apartamentos lo transforman inmediatamente, sin lograr adecuarlos a sus requerimientos básicos.

Un aspecto esencial en el período lo constituye el papel de la academia, de nuevo representada por sus universidades. Estas instituciones han contribuido en gran medida al tema en cuestión, mediante la asesoría, capacitación, producción científica, y en ocasiones, aportando soluciones. Otro de los factores esenciales fue la realización de proyectos de colaboración internacional, no solo por el financiamiento externo que repercutió positivamente en la economía, sino por la transferencia e intercambio de conocimiento. Esto permitió desarrollar investigaciones novedosas, que luego se pusieron en práctica y tuvieron resultados positivos. Entre estos proyectos se destaca: PIAL (Proyecto de Innovación Agroalimentaria Local) con varios años de experiencia y un enfoque nacional. También resalta PRODEL (Proyecto de Desarrollo Local) guiado por el Centro de Estudios de Desarrollo Local (CEDEL), con alcance nacional. Por último, sobresale Hábitat 2, ejecutado por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), con varios años de experticia y enfocado en el centro del país. Este último ha desarrollado experiencias conjuntas en la región de Guamuhaya, analizando no solo la vivienda, sino el hábitat en todas sus dimensiones (Figura 5a) (Figura 5b). Es destacable también que todos los proyectos mencionados anteriormente fueron financiados por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

Trabajo participativo realizado en Comunidad Gavilanes en 2017, Fomento, Sancti Spíritus. 5a) Sesiones de trabajo. 5b) Collage de los croquis realizados por los propios pobladores.
Figura 5
Trabajo participativo realizado en Comunidad Gavilanes en 2017, Fomento, Sancti Spíritus. 5a) Sesiones de trabajo. 5b) Collage de los croquis realizados por los propios pobladores.
Fuente: Rodríguez M. 2017.

No obstante, hay que mencionar que en los últimos tiempos ha existido un estancamiento en cuanto a las perspectivas y planes establecidos para la vivienda social de montaña. La inestabilidad económica y social ha menguado algunos esfuerzos (aislados) en este ámbito. Quedan pendientes varias cuestiones no resueltas, entre ellas, la participación social en el proceso de diseño arquitectónico, así como la articulación vivienda- contexto, donde el equilibrio entre la tipificación de las soluciones y la adecuación de las necesidades de los habitantes es más que un reto, y se convierte en un principio de diseño.

Algunas ideas sobre la vivienda de montaña ya eran expuestas por González [21] hace más de 30 años, al plantear la necesidad de la adecuación al medio, el aprovechamiento de los recursos disponibles en el lugar, la adecuación climática, los valores estéticos y la comprensión de las nuevas formas de vida. Esto último resulta de gran relevancia si se quiere aportar una solución adecuada a las necesidades y expectativas de los pobladores.

Otro de los pilares que habrá de implementarse es el diseño participativo de la vivienda como herramienta imprescindible para comprender los modos de vida de la población y lograr la apropiación de las futuras soluciones.

Igualmente, la vivienda social de montaña requiere de la experimentación en varias dimensiones: en la tecnológica- constructiva mediante la combinación de sistemas industrialización de pequeño formato con técnicas y materiales endógenos y tradicionales; en la tipología de la vivienda y su organización espacial y, por último, en la gestión del proceso.

Conclusiones

Durante las primeras décadas de la Revolución ocurrieron un sinnúmero de acciones que permitieron transformar radical y paulatinamente la situación de la vivienda de montaña en el país. Al inicio, las soluciones habitacionales fueron regidas por el INRA, con el carácter agroalimentario que suponía para esta etapa, para luego adquirir cierta autonomía institucional.

Se puede decir que la “época dorada” de la vivienda de montaña en el país se remonta a los años ´80, donde no solo se construyeron un heterogéneo grupo de comunidades en toda la geografía nacional, sino que se estableció el Plan Turquino, como un hito para la gestión y el desarrollo de estos macizos. Además, se reforzó el protagonismo de las universidades en este quehacer, no solo en la investigación, sino en la acción concreta, lográndose una vinculación directa entre la academia, las necesidades reales de la población, y los demás actores involucrados.

La crisis de los ´90 marcó un estancamiento en todos los sectores económicos del país, lo que afectó también a la vivienda en estas regiones, ya de por sí aisladas y desfavorecidas, que se vieron replegadas a la mínima expresión, con varios asentamientos que se despoblaron en su totalidad.

Hacia los 2000, múltiples medidas gubernamentales e institucionales favorecieron la recuperación de los asentamientos rurales de montaña y con ellos de la vivienda. La autoconstrucción vuelve a adquirir relevancia, no obstante, el diseño arquitectónico se limita a cuestiones técnicas y funcionales, sin profundizar en otras dimensiones más relevantes. El Estado por su parte, retoma el enfoque integral hacia la montaña, plasmado en nuevas estrategias y programas, incluido el de la vivienda.

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3Oficina Nacional de Normalización. Norma Cubana NC 1055-1: 2014. Edificaciones. Viviendas. Parte 1: Generalidades. La Habana: Oficina Nacional de Normalización ; 2014.

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Notas de autor

Pedro Tex Martínez Cuevas: Formulación, recolección de datos y su posterior análisis, síntesis y sistematización. Redacción y edición del manuscrito.
Andrés Olivera Ranero: Metodología, supervisión. Redacción y edición del manuscrito.
Pedro Tex Martínez Cuevas: Arquitecto. Docente de la Facultad de Construcciones. Departamento de Arquitectura, Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Santa Clara, Villa Clara. Cuba. E-mail: mcuevas@uclv.cu
Andrés Olivera Ranero: Arquitecto. Doctor en Ciencias Técnicas. Profesor Titular de la Facultad de Construcciones. Departamento de Arquitectura, Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Santa Clara, Villa Clara. Cuba. E-mail: aolivera@uclv.edu.cu

* Autor para la correspondencia: mcuevas@uclv.cu

Declaración de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses que pudieran representar un riesgo para la publicación del artículo
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