Artículo original
Villa Orduña en El Vedado habanero. Historia oculta tras los muros de una hermosa residencia
Villa Orduña in El Vedado, Havana. History Hidden Behind the Walls of a Beautiful Residence
Villa Orduña en El Vedado habanero. Historia oculta tras los muros de una hermosa residencia
Arquitectura y Urbanismo, vol. XLIV, núm. 1, pp. 69-75, 2023
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría
Recepción: 03 Enero 2023
Aprobación: 20 Abril 2023
RESUMEN: Villa Orduña, una de las más antiguas casas quintas de El Vedado, encierra una historia vinculada a la ciudad y a personalidades que desempeñaron roles importantes en su desarrollo. A pesar de su excepcionalidad, sus valores están en riesgo, como consecuencia de la falta de mantenimiento o de las modificaciones constructivas que puedan o no hacer sus residentes. La investigación pretende reforzar la categoría patrimonial de esta edificación, derivada de su antigüedad y su relevante arquitectura, con vistas a su protección, al dar a conocer aspectos históricos que aportan al inmueble valores intangibles que no han sido considerados, quizás por su desconocimiento. En este artículo se refieren las circunstancias asociadas al origen del inmueble, y se presentan las cualidades espaciales y detalles arquitectónicos de un exponente relevante de las villas de El Vedado habanero, como elementos a considerar en el manejo del bien desde el punto de vista patrimonial.
Palabras clave: Valores intangibles, casas quintas, historia familiar, restauración.
ABSTRACT: Villa Orduña, one of the oldest country houses in El Vedado, has a history linked to the city and personalities who played important roles in its development. Despite its exceptionality, its values are at risk, as a consequence of the lack of maintenance or of the constructive modifications that its residents may or may not make. The research aims to reinforce the patrimonial category of this building, derived from its age and its relevant architecture, with a view to its protection, by revealing historical aspects that contribute to the property intangible values that have not been considered, perhaps due to their ignorance. This article refers to the circumstances associated with the origin of the property, and presents the spatial qualities and architectural details of a relevant exponent of the villas of El Vedado, Havana, as elements to consider in the management of the property from the patrimonial point of view.
Keywords: Intangible values, villas, family history, restoration, Villa Orduña.
Introducción

El Vedado constituye uno de los barrios residenciales más atractivos y demandados por la población habanera. Recorrer sus calles arboladas, apreciar el verdor de los jardines y los portales que enmarcan a sus edificaciones, representa un verdadero disfrute. Durante sus más de ciento cincuenta años de existencia El Vedado ha acumulado una rica y variada arquitectura que, sumada a sus otros valores urbanísticos, paisajísticos y funcionales, le han conferido el reconocimiento patrimonial que ostenta desde hace más de dos décadas. 1 Se presentan los resultados de una investigación que hurgó en la historia de los primeros ocupantes de Villa Orduña, una valiosa edificación de ese reparto, con el propósito de que, además de que se valoren sus atributos materiales, sean reconocidos los valores intangibles asociados a ella, por estar relacionada con personalidades que desempeñaron un rol importante en el desarrollo de La Habana a finales del siglo XIX e inicios del XX, lo que debería favorecer su deseada conservación.
Apuntes históricos sobre Villa Orduña
A mediados del siglo XIX se gestaba en la ciudad de la Habana un nuevo reparto que, bajo el nombre de El Carmelo, sería presentado a las autoridades habaneras en 1859. Se trazó sobre una hacienda muy próxima a la desembocadura del río Almendares, a partir de las márgenes este del rio. Al año siguiente se presentó, respetando sus mismos postulados, el proyecto de parcelación de otra finca colindante conocida como El Vedado, denominación derivada de las restricciones (productivas y constructivas) establecidas para la faja costera por razones defensivas de la ciudad. Finalmente, ambas urbanizaciones, caracterizadas por la modernidad y por otros muchos rasgos novedosos, quedaron unificadas bajo la denominación única de El Vedado. 2 Los nuevos repartos nacieron favorecidos por la reciente creación, en aquel sitio inmediato al río, de la estación del tranvía urbano de El Carmelo, ventaja que posibilitaba el conveniente enlace con los restantes ensanches habaneros, separados entonces por algunos kilómetros.
Uno de los tipos de residencias que surgieron en las primeras etapas del desarrollo de nuevo reparto fueron las llamadas casas quintas, que tenían sus antecedentes en el antiguo asentamiento de extramuros de El Cerro, surgido a inicios del siglo XIX. Eran viviendas suburbanas creadas para el veraneo y el descanso de familias adineradas que tenían sus casas principales en la ciudad de intramuros, lo que hoy se corresponde con La Habana Vieja.
Al realizar un recorrido por la atractiva barriada de El Vedado, sitio marcado por su arquitectura relevante, edificaciones asociadas a personalidades y a hechos significativos, llama la atención la presencia de una casona poco común en el contexto pues, a casi siglo y medio de existencia, ha mantenido su modalidad de ocupación en el tejido urbano y su expresión arquitectónica. En una de las manzanas perfectamente regulares, en la esquina definida por las calles Once y Dos, se encuentra la que fuera una hermosa y amplia casa quinta, milagrosa sobreviviente de aquellas que tempranamente surgieron en los sitios más privilegiados del barrio que ocuparon varias parcelas de sus respectivas manzanas. (Figura 1)

La propiedad, en sus orígenes, ocupaba la mitad de la manzana de cien metros de lado, o sea, la media hectárea del lado oeste. 3 Una alta cancela facilita el acceso a sus vastos jardines. La elaborada reja -realizada en Paris, según se aprecia en la pequeña chapilla que conserva 4- tiene inscrita las iniciales: M L en una de sus hojas, y O P, en la otra. Fue este dato intrigante lo que provocó el comienzo de la insistente búsqueda que dio origen a este artículo, dirigida a descifrar los misterios escondidos tras los muros de la conocida -por los más antiguos residentes de El Vedado- como Villa Orduña. (Figura 2)

Antecedentes de una ilustre familia
Desde las primeras décadas del siglo XIX los criollos habaneros habían estado solicitando a la Metrópolis española la demolición de las antiguas murallas defensivas, verdaderos obstáculos para una ciudad que, ya por entonces, tenía tanta población fuera como dentro de aquellos muros. Los ensanches crecían y, para su control y el mejor desarrollo de las intervenciones que se multiplicaban de modo acelerado, se creó en 1862 un cuerpo de Ordenanzas para la construcción 5, con un sentido práctico y efectivo, que definió la estructura urbana que aún caracteriza a La Habana y su sistema de centralidades. Mientras tanto, las murallas y su extendido glacis se mantenían bajo los argumentos de defensa del recinto habanero, ante los rechazos de la corona a las diversas solicitudes de demolición que se repetían sistemáticamente.
Finalmente, en 1863, una nueva solicitud dirigida al gobierno de Madrid logró la aceptación de las demoliciones de las murallas, en cuyas extensas áreas ocupadas por el glacis se gestaba el desarrollo de una nueva urbanización -ya identificada como el reparto Las Murallas- que pronto se convertiría en el verdadero centro, tanto funcional como geográfico, de la ciudad de La Habana.
Con la misión de seguir de cerca el proceso de demolición, y participar en la preparación de los proyectos de urbanización de las áreas que quedarían así liberadas, la corona española envió en 1850 al Capitán de Ingenieros Juan Bautista de Orduña y Feliu, 6 nacido en 1824 en Villa Benissa, Alicante. [1] El alicantino, como fue conocido en la época, estuvo al frente en 1862 de la Cátedra de Geometría Descriptiva de la Escuela Profesional de La Habana y llegó a ser alcalde de la ciudad de San Cristóbal de La Habana desde julio de 1885 hasta el 1 de junio de 1887. [2] Luego de varias propuestas para la creación del nuevo reparto, en 1865 resultó seleccionado el proyecto de Orduña, más afín a las aspiraciones del Ayuntamiento, y contrarias a los criterios ambiciosos del Gobierno Central.7
Juan Bautista se casó con la habanera Luisa de Narganes y de Osma, nacida en 1834. De este matrimonio nacerían tres hijas, Ana María Carlota (1859), María Luisa Julia (1862) y Julia América de los Dolores (1865). En 1890 falleció Juan Bautista y sus restos reposan en la necrópolis Cristóbal Colón, de La Habana. Pero, ¿cuál sería la relación de estos personajes con la barriada habanera de El Vedado, y en particular, con una de las más atractivas residencias que en el sitio se conserva? (Figura 3) (Figura 4)


Una indagación dirigida a saber más sobre la familia Orduña permitió conocer que María Luisa, una de las hijas de Juan Bautista, había efectuado matrimonio con un ingeniero de origen norteamericano, Alfonso Pesant y Elleau8. Documentos registrados en 1894 dan fe de la existencia de una casa de dos plantas y azotea que, con licencia del Ayuntamiento de la ciudad, había hecho construir el Sr. Don Alfonso Pesant y Elleau. [3] Al fondo fue construida una sencilla edificación de dos plantas destinada a caballeriza, cochera y lavadero, en este caso con techo de tejas, a la que accedían los carruajes desde la calle Dos. De este modo, las iniciales mostradas en las enrejadas puertas de acceso a los jardines de la casa desde la calle Once -M L en una de las puertas, O P en la otra- ratificaban la relación con María Luisa Orduña de Pesant, esposa de Don Alfonso, matrimonio del cual ya se habían encontrado algunas referencias a partir de la búsqueda de información sobre los orígenes de los Orduña.
Alfonso Pesant y Elleau fue un rico industrial y hombre de negocios con oficinas en New York y La Habana. Fue también Cónsul Plenipotenciario del Principado de Mónaco, e introdujo en Cuba maquinarias dedicadas a la producción azucarera. En 1901, periódicos de los Estados Unidos comentaban los encuentros de negocios de Alfonso Pesant con Louis Prancke, Dionisio Velasco, y Juan Pedro Baró, entre otros, que integraban una Society of merchants and business men of Cuba. Asimismo, se relacionó con el polaco Thomas Florian Krajewski, quien, a fines de los ochenta del siglo XIX, desarrolló y patentó una máquina para la extracción del jugo de la caña de azúcar. Juntos integraron la Erie Basin Iron Works, para la producción de maquinaría, con establecimientos comerciales en Manhattan. Como dato curioso, el primer puente metálico que enlazaba El Vedado y Miramar, fue construido en 1920 por Cuban Allied Work Engenering Corp (antes Krajewski-Pesant Co)9.
El Archivo Nacional de Cuba conserva una solicitud, dirigida al Ayuntamiento de la ciudad, encabezada con el membrete de “Pesant Company, Ingenieros, consultores y contratistas”, para la aprobación de un proyecto para la casa de Once y Dos realizado en 1919 por el reconocido arquitecto e historiador cubano Joaquín Weiss.10 (Figura 5)

Sin embargo, ya para esa fecha la casa había sido vendida al señor Juan Arguelles. El documento aparece firmado por el mencionado arquitecto, así como por Juan Arguelles, el nuevo propietario entonces. [4] Alfonso Pesant había muerto en 1910 y, con toda seguridad su hijo mayor, Carlos Alfonso, nacido en 1889 e ingeniero civil, continuó al frente de los negocios del padre y de la compañía constructora, como también había heredado el cargo de Cónsul Plenipotenciario de Mónaco.
Alfonso murió joven, a la temprana edad de 52 años. María Luisa lo sobrevivió 40 años más, pero no viviendo en Villa Orduña. Una numerosa familia se deriva de los Pesant´- Orduña, integrada por seis hijos, dos de ellos nacidos en New York, el resto en La Habana, la hija menor nacida en 1901 en la propia casa del Vedado. Con el paso de los años las familias de alto rango social, como las que vivían en El Vedado, en especial las generaciones más jóvenes, se irían trasladando a Miramar, uno de los repartos exclusivos de La Habana surgidos a partir de la segunda década del siglo XX. Algunos descendientes de la familia residen actualmente en Coral Gable, Miami, La Florida.11
La casa quinta y su expresión en Villa Orduña
Las casas quintas habaneras se caracterizaron por la ocupación de amplias extensiones de terrenos que, con profusa vegetación, rodeaban a las edificaciones. De este modo dicha residencia, en lugar de la obligatoria faja de jardinería de cinco metros mínimos de ancho que estipulaban las condicionales urbanísticas de El Vedado, se separó mucho más de las calles que delimitan la parcela [5].
La estructura espacial de la casa se adaptó a las características del relieve, que presenta una pronunciada pendiente en dirección al litoral habanero. Así, la planta principal se eleva sobre un basamento que ocupa la mitad de la superficie total edificada, para mostrar en su fachada principal, (norte), los dos niveles, uno de ellos correspondiente al basamento. (Figura 6) (Figura 7)


Por la parte posterior de la casa (fachada sur), se aprecia una única planta, la principal del inmueble. El nivel de piso está elevado sobre el terreno aproximadamente un metro. La planta cuadrada, de perfecta simetría, se desarrolla alrededor de un pequeño patio central con galerías perimetrales que se apoyan sobre esbeltas columnas de hierro fundido. (Figura 8)

Residentes de los últimos tiempos de la casa refieren que en dicho basamento existieron una biblioteca, un comedor, la cocina y otras áreas de servicio -funciones que se corresponden con la calidad y el diseño de los revestimientos aun conservados, tales como el empleo de azulejos blancos, muy comunes en las áreas de servicio.12 (Figura 9)

Por su parte, la planta principal agrupa las habitaciones, en su mayoría ubicadas alrededor del patio. Desde el propio basamento, una vistosa escalera de una rama -terminada en mármol y con elaboradas barandas de hierro- desemboca en los amplios salones delanteros que se abren a las terrazas frontales. Tres arcos de medio punto permiten el enlace con las galerías que rodean al patio. La carpintería de cierre de estos arcos se resuelve con persianas francesas y vidriería tratada con elegantes motivos florales pintados a mano. (Figura 10) (Figura 11).


Una segunda escalera, en esta ocasión de servicio, localizada en el lado norte del patio, permite la conexión entre la planta principal y el basamento. Pero a pesar de sus muchos atractivos e interesante historia, la residencia de Once y Dos confronta verdaderos riesgos. La casa se mantiene ocupada por varias familias, aunque una de ellas, recientemente allí llegada, ha iniciado trabajos encaminados a la rehabilitación del área importante que ocupa, incluso con la restauración de componentes valiosos de la carpintería original. Aun así, constituyen acciones limitadas por la actual compartimentación de los espacios en una vivienda merecedora, sin dudas, de un proceso de restauración de carácter integral. Villa Orduña es digna de investigaciones más profundas que permitirían verificar y documentar los cambios sufridos a lo largo de su historia, que se evidencian especialmente en el basamento, como muestran los muros agregados que afectaron la espacialidad en ese nivel; la presencia de restos de una marquesina en el acceso principal por calle 11 y los diversos tipos de sistemas constructivos en los entrepisos. Todo ello permitiría la justa valoración que merece este inmueble, por lo que la divulgación de estos aspectos relacionados con los valores intangibles asociados a su ignorado origen, pudieran propiciar la adecuada gestión de este bien.
Conclusiones
La divulgación de la rica historia escondida detrás de los muros de esta hermosa residencia, el reconocimiento de la presencia de la familia Orduña en La Habana en roles tan importantes como el desempeñado por Juan Bautista, y al mismo tiempo, la posibilidad de apreciar en el inmueble un eslabón fundamental en la evolución de la arquitectura residencial habanera, contribuirían a un mayor enriquecimiento de la historia de El Vedado y de sus valores culturales.
Referencias bibliográficas
Venegas, C. La urbanización de Las Murallas. Dependencia y modernidad. La Habana: Letras Cubanas; 1990.
Prieto, JLL. El alicantino Juan Bautista Orduña y La Habana Vieja [Internet]. El Blog de José Luis Luri. 2016 [citado: 2022 Dic 2022]. Disponible en: Disponible en: http://www.joseluisluri.com/index.php/2016/04/28/el-alicantino-don-juan-bautista-orduna-y-la-habana-vieja
Registro de la Propiedad de La Habana. Documento que legaliza la propiedad del inmueble a favor de Alfonso Pesant y Elleau, 1894. Registro de la Propiedad de La Habana, tomo 298, folio 31, fca. 6707, Registro del Mediodía.
Archivo Nacional de Cuba (ANC). Documento de solicitud de aprobación de obras dirigido al Ayuntamiento de La Habana en 1919. 1919 Disponible en: Archivo Nacional de Cuba (ANC), Fondo de Urbanismo, legajo 90, expediente 9541.
Menéndez, M. El Vedado. Tradición y modernidad en la arquitectura habanera. La Habana: Ediciones Boloña; 2020.
Notas
Notas de autor
* Autor para la correspondencia: madelinedelacaridad@gmail.com
Declaración de intereses