Artículo de investigación
Ruinas arqueológicas de San Agustín: legado de la esclavitud en Matanzas
San Augustine Archaeological Ruins: The Slavery Legacy in Matanzas
Ruinas arqueológicas de San Agustín: legado de la esclavitud en Matanzas
Arquitectura y Urbanismo, vol. XLV, no. 2, pp. 13-25, 2024
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría
Received: 14 June 2024
Accepted: 21 August 2024
RESUMEN: Problema: El estudio del legado material de la esclavitud en Cuba constituye una temática poco abordada desde la arqueología. Objetivo: Documentar la primera plantación cafetalera conocida en Matanzas donde se implementó el método húmedo de producción de café y proveer herramientas para monitorear la conservación de las estructuras arquitectónicas. Métodos: Se emplea una perspectiva multidisciplinaria, característica de la arqueología histórica, que incluye el análisis de diferentes materialidades, desde documentos históricos hasta artefactos y estructuras arqueológicas, en conjunto con fuentes orales. Resultados: Se documenta la configuración del sitio arqueológico con posibles funcionalidades de las estructuras y su cronología para determinar el método de producción de la plantación objeto de estudio. Conclusiones: El sitio constituye un ejemplo temprano de la implementación cafetalera en Cuba y uno de los pocos de su tipo en la región Habana-Matanzas. Se plantean soluciones y desafíos de conservación, en especial el saqueo ilegal de sitios arqueológicos.
PALABRAS CLAVE: Cafetales, plantaciones, ruinas arqueológicas, Matanzas, Cuba.
ABSTRACT: Problem: The study of the slavery’s material legacy in Cuba is a topic poorly researched from archaeology. Objective: To document the first known coffee plantation that implemented the humid method for coffee production in Matanzas, and to provide tools to monitor architectonical structures’ preservation. Methods: A multidisciplinary approach is implemented as it is characterized by Historical Archaeology, which includes the analysis of diverse materialities, from documentary sources to archaeological artifacts and structures, together with oral sources. Results: The archaeological site’s configuration is documented with possible functionality and chronology for each structure, wich helps define the production method used in the plantation. Conclusions: This site constitute an early example of a coffee plantation in Cuba and one of the few of its kind in the Habana-Matanzas region. Preservation solutions and challenges are discussed, especially the illegal looting of archaeological sites, an increasing practice that has not received yet official attention.
KEYWORDS: Coffee plantations, archaeological ruins, Matanzas, Cuba.

Introducción
El estudio del legado material de la esclavitud en Cuba es una temática que se ha abordado desde diferentes perspectivas, especialmente desde la historiografía, el arte y la antropología sociocultural. Sin embargo, su abordaje desde la arqueología es limitado, aunque se han realizado loables esfuerzos que incluyen excavaciones y prospecciones arqueológicas en plantaciones azucareras y cafetaleras desde al menos la década de 1960 [1], con resultados significativos para conocer la vida de los esclavizados [2].
La región occidental fue históricamente donde más plantaciones se desarrollaron, acompañadas de un incremento exponencial de la población esclavizada [3]. En ese contexto, la jurisdicción de Matanzas se convirtió en un emporio esclavista de plantaciones, especialmente durante el siglo XIX. No obstante, el conocimiento de la configuración arquitectónica de estos enclaves o sus adaptaciones a los entornos donde se construyeron es parcial o nulo en muchos casos. A ello puede aportar la investigación arqueológica.
En el caso de Matanzas, se han realizado excavaciones arqueológicas en el cafetal La Dionisia [4] y en el ingenio Triunvirato1[5], así como prospecciones en contextos de cimarronaje en cuevas [6, 7, 8] y espacios abiertos [9], así como en plantaciones [10], entre otras labores aisladas2. La expansión y magnitud de la plantación esclavista en la provincia, con la diversidad y complejidad de sus estructuras históricas, implica que su identificación y documentación sea una prioridad para poder conocer y, en consecuencia, proteger su legado patrimonial. Ello toma especial relevancia en un contexto social en el que el patrimonio histórico-arqueológico está siendo objeto de expolio y venta ilegal en las redes sociales sin que exista una solución efectiva al problema.
El trabajo de identificación y documentación del patrimonio arqueológico en Matanzas tiene su antecedente más significativo en la evaluación y actualización del censo de sitios arqueológicos aborígenes de la provincia [11]. Sin embargo, ello no incluyó el patrimonio arqueológico histórico que abarca desde 1492 hasta la actualidad. Es ese patrimonio no documentado y extensamente afectado por el expolio el centro de atención de este trabajo, reportando las ruinas de una plantación de la que se tiene escaso conocimiento histórico-documental y a la que la arqueología puede aportar significativamente.
Materiales y métodos
En este trabajo se integra investigación documental, datos arqueológicos y arquitectónicos, así como historial oral, en una perspectiva multidisciplinaria [12] que busca contribuir al conocimiento del legado material de la esclavitud en la provincia de Matanzas, a partir del estudio de un sitio particular que presenta características distintivas en cuanto a conservación de estructuras y método de producción agrícola. Para ello se consultaron documentos en el Archivo Histórico Provincial de Matanzas, así como en el Archivo Histórico de la Armada J. S. de Elcano y el Archivo General Militar de Madrid, ambos en España.
Los trabajos arqueológicos incluyeron la documentación fotográfica y topográfica de las estructuras arquitectónicas, así como de los artefactos encontrados en superficie, sin que ello implique su colecta. Relacionado con este último aspecto, es importante mencionar las labores de limpieza del sitio que ha mantenido el Grupo Guamacaro del Comité Espeleológico de Matanzas, Sociedad Espeleológica de Cuba, ayudando a la conservación de los paramentos. Esto, al mismo tiempo, contribuye a aumentar la visibilidad en superficie en los alrededores de las estructuras, lo que implica que las observaciones están sesgadas por las áreas limpias de vegetación. No obstante, no se pretende una documentación exhaustiva y/o sistemática de los artefactos arqueológicos en superficie, sino identificar artefactos diagnósticos que permitan un acercamiento a la cronología del sitio desde la cultura material.
Luego de una primera cartografía del sitio realizada por la Oficina del Historiador de Matanzas, que se limitó a las estructuras principales, en esta ocasión se volvió a cartografiar la totalidad de las estructuras conocidas, con detalles que no habían sido relevados con anterioridad. Esto implicó no solamente un mapa en planta, sino también un modelo tridimensional que refleja el estado de conservación de los muros en pie, así como los desniveles que caracterizan el lugar.
Por otra parte, el sitio ha sufrido actividades ilícitas de expolio con detectores de metales, lo que implica que muchos muros han sido demolidos y otros presentan agujeros que afectan su integridad y conservación. Además, se han identificado huecos de saqueo al interior de algunas de las estructuras, lo que implica un impacto negativo en los contextos arqueológicos, incluyendo la remoción de pisos originales.
Es importante mencionar que el sitio objeto de este reporte fue detectado mientras se realizaban exploraciones espeleológicas por parte del Grupo Guamacaro en un área geográfica que abarca la zona central y oriental de las alturas de San Miguel, al oeste de la ciudad de Matanzas (Figura 1). El lugar fue identificado gracias a la guía de “El Rubio”, un campesino local dueño de las tierras donde se localizan las ruinas. La magnitud de las estructuras conllevó la consulta con la Oficina del Historiador de la Ciudad de Matanzas y el Centro Provincial de Patrimonio Cultural.

Si bien la aceptación del valor patrimonial del sitio ha sido el denominador común, hasta la fecha la única iniciativa para su conservación se ha impulsado por parte del Grupo Guamacaro en coordinación con el dueño de la tierra y la comunidad local. Ello se ha enfocado en la limpieza del lugar, controlando el desarrollo de la vegetación y su efecto destructivo en los remanentes arquitectónicos y en la comunicación con los vecinos del área del valor patrimonial del sitio y la importancia de su conservación. Esta medida ha ayudado a controlar el asedio de buscadores de tesoros con detectores de metales que en el pasado frecuentaban las ruinas y que han ocasionado el derrumbe de muros, la destrucción de pisos y la descontextualización de artefactos arqueológicos.
Resultados
Documentando el legado material de la esclavitud
La documentación del lugar comenzó por la propia comunidad. Entrevistas con el propietario de la tierra, El Rubio, así como otros vecinos de la localidad, indican que el lugar se conocía como las ruinas del cafetal San Agustín. La evaluación arqueológica de campo sustenta la correspondencia de las estructuras con un cafetal (Figura 2).

En el área se han identificado hasta el momento ocho estructuras, muchas de ellas sin función definida todavía. Las estructuras fueron numeradas con carácter analítico, con números consecutivos del uno al ocho. La Estructura 1 (Figura 3) está compuesta por un edificio de 10,4 metros de largo por 5,7 metros de ancho que contiene dos habitaciones que se comunican por un vano interior y presentan aberturas en todos sus lados. Se observan dos contrafuertes en el muro oeste. Una plataforma se extiende 5 metros hacia el sur de la estructura y continúa por al menos 8 metros hacia el oeste. Si bien el muro que delimita esta plataforma no está visible luego de los 8 metros, el relleno parece extenderse hacia el encuentro con la Estructura 2.

En la habitación más amplia de las dos que componen esta estructura se conservan secciones de piso de baldosas de barro (Figura 4). Al menos un hueco al centro de esta habitación parece corresponder con buscadores de tesoros que han impactado negativamente muchos elementos arquitectónicos del lugar. La segunda habitación presenta gran parte de la esquina noreste derrumbada y se observa la pendiente del techo hacia el norte (Figura 3). Esta estructura parece haber sido casa de vivienda o administración, considerando su posición estratégica y visibilidad desde la elevación donde se ubica hacia lo que debió corresponder con la entrada principal al cafetal desde el camino real que pasa a unos 250 metros en línea recta al sur.

La segunda estructura inicia en paralelo a la primera y se extiende por más de 45 metros de largo y 5,6 metros de ancho (Figura 5). El extremo sur, donde parece unirse a la plataforma que se extiende al sur de la Estructura 1, está derrumbado, sin que se pueda precisar su extensión original sin limpiar la acumulación de escombros. Esta estructura es la más afectada por el derrumbe de muros. Se han podido definir, al menos, nueve dependencias, algunas de las cuales tienen vanos de comunicación interna, mientras otras solo tienen acceso desde el lado este, y otras presentan vanos hacia el este y el oeste. La ubicación de esta estructura, en un lugar central, pero que justo detrás de ella además se encuentra una amplia alberca, podría indicar un uso diverso, posiblemente asociado a la producción y barracón. No obstante, es preciso profundizar en investigaciones arqueológicas e históricas para una identificación certera.

La tercera estructura corresponde a una alberca contra el terreno que se encuentra al oeste de la Estructura 2 (Figura 6). Con 17 metros de largo por 3,2 metros de ancho, y 3,76 metros de profundidad, con capacidad para unos 195 metros cúbicos de agua, constituye una obra significativa en el proceso productivo del método húmedo del café y, en consecuencia, es una de las estructuras diagnósticas para identificar el lugar como cafetal. El método húmedo para la cosecha del cafeto necesitaba abundante agua, que en la zona oriental del país suele representarse con albercas, acueductos y represas, que generalmente están ausentes en la región occidental [13]. La alberca debe haber sido alimentada por canales de drenaje desde el techo de la Estructura 2, con más de 45 metros de largo.

La alberca se encuentra en buen estado de conservación, aunque en su lado este presenta afectaciones producidas por el crecimiento de las raíces de un jagüey. El piso está conformado por tres hiladas de ladrillos, observables en el extremo norte de la estructura, donde un agujero fue abierto, quizás para drenar las aguas que debe acumular. En la esquina NO también se observa la instalación de una cañería de hierro para drenar el agua, que coincide con una trinchera excavada en el lado oeste exterior. Ambas soluciones de drenaje parecen corresponder al siglo XX.
La Estructura 4 se encuentra al norte de la alberca y al oeste de la Estructura 2. Constituye una estructura rectangular, de 5 metros de largo y 3,8 metros de ancho. Presenta muros escalonados en el lado oeste que van de 80 cm de ancho en la base, a 40 cm de ancho en la superficie. En se mismo lado presenta cuatro drenajes de sección cuadrada. En el lado norte se encuentra una escalera de 90 cm de ancho y 2,25 metros de largo en el área visible en superficie, con seis escalones de aproximadamente 40 cm de superficie cada uno. En el interior la profundidad es de casi 60 cm, pero se observa abundante relleno. Es posible que esta estructura corresponda con un tanque de fermentación, teniendo en cuenta su configuración.
En el lado norte de la Estructura 2 se adosa el muro oeste de la quinta estructura. Esta presenta 15,3 metros de largo por casi 10 metros de ancho (Figura 7). Se conservan tres vanos en el lado sur, uno en el norte en el ala central, y uno en cada lado este y oeste, con tres dependencias bien definidas que se conectan entre sí por vanos. En la pared sur, los dos muros perimetrales, tanto al este como al oeste, se extienden 2,75 metros, y en el caso del muro este, parece doblar hacia el oeste. Esto indicaría posibles dependencias adicionales en el lado sur de la estructura que podrían estar delimitadas por fragmentos de muros que se observan en la pared sur, aunque estos también podrían constituir contrafuertes. No obstante, para definir esta área de la estructura es necesario practicar excavaciones arqueológicas que permitan identificar la configuración de la estructura en su totalidad. La ubicación de esta estructura cierra un área bien delimitada al oeste por la Estructura 2 y al sur por la Estructura 1. Esto parece estar definiendo un área productiva del café, donde podrían estar ubicados algunos de los secaderos del grano y, en consecuencia, la Estructura 5 podría corresponder a un almacén. El grado de deterioro de esta estructura es significativo, especialmente por el accionar de los buscadores de oro con detectores, que han abierto agujeros en las paredes, y derrumbado muros.

La Estructura 6 está ubicada a unos 17 metros al norte de la anterior, con una ubicación estratégica y visibilidad a una pendiente que luego se empina con elevaciones circundantes. Esta presenta dimensiones y configuración similares a la Estructura 5, pero con mejor estado de conservación. En el lado sur presenta una entrada con una dependencia a cada lado, con vano de acceso a ambas. Estas dos dependencias, que conservan la inclinación del techo, con al menos un agua hacia el sur, presentan un vano de puerta en el muro sur, sin otra conexión al resto de la estructura principal. Luego se distinguen tres habitaciones: una al centro, con acceso desde la entrada principal y con una ventana que cubre casi la altura de la pared en el muro norte, y una a cada lado, conectadas a través de vanos. Cada una de estas dos habitaciones presenta una ventana similar a la anterior en el muro norte y un vano de puerta hacia los laterales. La ubicación de esta estructura y el ventanal hacia el norte parecen indicar que corresponde a una casa de vivienda. No obstante, investigaciones adicionales podrían aportar más información al respecto.
Al oeste de esta estructura se encuentra la número 8. Constituye una estructura de seis metros de ancho y casi ocho de largo, con tres ventanas pequeñas (~80 cm de lado) en altura (1,90 m desde el piso) (Figura 8). Las ventanas se encuentran en los lados norte, oeste y sur. El lado este se encuentra mayormente derrumbado, con un fragmento de muro que dobla hacia el sur desde el lado norte. La ventana del lado oeste se encuentra tapiada. Y se observa un muro divisorio (este-oeste), derrumbado, que en la actualidad mide 45 cm de altura. Este muro parece haber dividido el espacio en dos dependencias, por sobre la ventana tapiada. La ubicación de esta estructura, cercana a la posible casa de vivienda, podría estar indicando un área de cocina/baños, aunque queda pendiente precisar estas posibles funciones a través de excavaciones arqueológicas.
A 29 metros de la esquina NE de la Estructura 6, y orientado a 75 grados NE, se encuentra un pozo de 2 metros de diámetro (Estructura 7). El pozo conserva un pequeño brocal que ha sido modificado por su uso continuo como parte de una empresa estatal para la cría de ganado porcino y aves. La tradición oral en la comunidad refiere que en el fondo de este pozo se encuentran las herramientas con las que los esclavizados trabajaban para excavarlo. Al decir de El Rubio, experto en la construcción de pozos, este coincidió con un manto de agua que parece haber desprendido una de las paredes del pozo e inundado su interior cuando los esclavizados habrían parado para almorzar.

Desde el pozo se abre un área de llanura donde la tradición oral ubica un supuesto cementerio de personas esclavizadas. Uno de los vecinos, incluso, menciona la aparición de restos humanos cuando se construían las naves para el ganado porcino. Si bien el carso parece aflorar a poca profundidad, estas tradiciones orales deben explorarse arqueológicamente. El área llana, sin embargo, parece apropiada para la ubicación de secaderos de café, aunque en la actualidad no se aprecian indicios de la existencia de ese tipo de estructuras. Además, el uso intensivo por décadas de este espacio puede haber afectado negativamente su conservación.
A unos 160 metros al norte de la Estructura 7, en un área llana que se encuentra a media colina, se observó una acumulación de ladrillos y rocas que parecen corresponder a una estructura demolida. En consulta con los vecinos del lugar, se comprobó que no tienen referencia de algún tipo de estructura en ese espacio. El lugar es visible desde la Estructura 7 y se encuentra aproximadamente a la misma altitud. Como otras incógnitas del sitio, es preciso realizar trabajos arqueológicos adicionales para explorar respuestas posibles.
Integrando materialidades
La búsqueda bibliográfica y documental en el Archivo Provincial de Matanzas no ha aportado información relevante. Sin embargo, las ausencias también proveen información. Una ausencia significativa es en la cartografía histórica confeccionada por Esteban Pichardo, quien documentó extensivamente la existencia de plantaciones a lo largo de todo el país en diferentes ediciones de sus cartas topográficas. No obstante, sus mapas que datan de las décadas de 1840 y 1870 no incluyen plantaciones ni haciendas en el área donde se encuentran las ruinas arqueológicas. Su Carta Geo-Topográfica de la Isla de Cuba muestra la delimitación de esas tierras como correspondientes a Hernández Benítez (Figura 9), pero no incluye ninguna simbología que indique la presencia de ingenio, cafetal, potrero, estancia o sitio de labor. En su carta Matanzas y su jurisdicción real ordinaria, fechada en 1840, las localidades más cercanas constituyen dos estancias o sitios de labor ubicados entre el sur del camino real y el río San Agustín, y el ingenio San Francisco al oeste de las ruinas. Este último se mantiene en la edición de la carta de 1876, pero las demás localidades desaparecen. Si se considera la cartografía de Pichardo como fidedigna, esta información permite establecer un terminus ante quem (TAQ) a 1840, fecha para la cual la plantación debió estar abandonada y en consecuencia, no registrada en la planimetría de la época.

El mapa de Francisco Dionisio Vives, publicado en 1835, pero cuyos datos fueron relevados entre 1824 y 1831, es menos preciso que los confeccionados por Pichardo. Sin embargo, muestra algunos datos de interés, incluyendo la existencia de un potrero que podría referirse al área en cuestión. Esto implicaría que para esta fecha (1824-1831), la plantación ya no estaba en funciones y se habría convertido en potrero. Esta misma situación ocurrió con gran parte de las plantaciones cafetaleras de la llanura matancera como consecuencia de la caída de los precios del café [4]. Lo mismo ha sido planteado para la región occidental de la jurisdicción de La Habana y en la jurisdicción de Pinar de Río [3].
La cartografía histórica de finales del siglo XVIII y principios del XIX es imprecisa y hasta ahora ha aportado pocos datos. Un Plano de la ciudad, puerto y jurisdicción de Matanzas, con signatura MN-A-10023-7 del Archivo Histórico de la Armada J. S. de Elcano de España, fechado entre 1796 y 1802, detalla las haciendas e ingenios de la zona (Figura 10). Los terrenos aparecen demarcados, similar a la ilustrada en la carta de Pichardo antes mencionada. Algunas construcciones aparecen en el área noreste del terreno, pero no se encuentra referido en la leyenda del plano. Esto, no obstante, podría estar definiendo un terminus post quem (TPQ), lo que, al menos, estaría aportando una cronología estimada entre 1802 y 1840.

Hacia 1774, en Matanzas no existía ningún cafetal registrado. Sin embargo, en 1827 se contabilizaban 203, mostrando el despunte de un área económica a punto de rivalizar con La Habana [3]. No obstante, a partir de ese mismo año comienza a notarse la decadencia del café y la conversión de cafetales en potreros. Una referencia interesante fue localizada en el periódico matancero La Aurora, con fecha del 17 de abril de 1832:
“Se vende una FINCA con principios de cafetal y potrero, compuesta de trece caballerías y media de tierra, en los terrenos de Río-Seco, cuatro leguas distante de esta ciudad, y lindando con la Vija de Calvo. Tiene una casa de vivienda regular, con cocina también regular, gallinero, chiquero, pozo fértil, ocho mil matas de café paridoras, dos semilleros de ídem con porción de posturas propias de siembra, dos mil cepas de plátanos, porción de árboles frutales, entre ellos diez y ocho matas de coco. Sus montes son muy frondosos y abundan en maderas de construcción: habrá como tres caballerías limpias. -Se vende esta porción en 6,500 pesos, reconociendo además 4,030 a favor del señor conde de O’Reilly, los que pagan un rédito de 5 por 100 anual. -Se tomará la tercera parte al contado, y el resto se admite a plazos. -Don J. Francisco Steegers impondrá”. [14, p. 4]
Si bien esta referencia no parece corresponder al cafetal San Agustín, considerando la distancia de cuatro leguas y media que dista de la ciudad, sí parece estar en la misma zona, ya que Río Seco es una denominación antigua del río San Agustín que va paralelo al camino real que pasa por el límite sur de los terrenos. Su venta en 1832 muestra la decadencia de la industria cafetalera, que ya era un hecho hacia esta fecha, convertido en potrero, como parece haber sido el caso del San Agustín y muchas otras plantaciones en la región occidental.
El mismo Le Riverend, en su Historia económica de Cuba, refiere que:
“Después de un periodo de iniciación que corre entre 1790 y 1810, el cultivo del cafeto se expandió al compás de los altos precios que alcanzaba el producto en los mercados europeos. […] Pero hacia 1830, al iniciarse la competencia de otros productores internacionales apareció la conciencia de la crisis” [3, p. 168].
Por otra parte, en el sitio se han observado en superficie gran número de artefactos, incluyendo fragmentos de lozas, mayólicas, vidrio y algunos metales. Una de las áreas principales corresponde a las cercanías del pozo. Esta área se encuentra descubierta de vegetación por su uso intensivo en la granja porcina, lo que aumenta la visibilidad y, en consecuencia, las probabilidades de detección de artefactos en superficie.
Entre los artefactos observados, pero no colectados, se encuentra un fragmento de mayólica Triana polícromo en el área cercana al pozo. Esta tipología cerámica está usualmente asociada a lebrillos y bacines, con un fechado que se extiende desde 1750 hasta 1850 [15]. Además, en la misma área del pozo se encontró un fragmento de loza perla con decoración pintada a mano en azul con fechas que abarcan desde 1780 hasta 1820 [15].
Entre los muchos fragmentos de loza blanca (whiteware) que se observan alrededor de las estructuras, uno con borde decorado en plumilla azul y otro impreso por transferencia se localizaron cerca del pozo. Algunos fragmentos de gres que parecen corresponder a botellas de cerveza también se observan en diferentes áreas, aunque no se encontró ningún elemento diagnóstico. Aquí también se observó la base de una botella cilíndrica de vidrio negro con marca de pontil, así como un clavo de hierro de sección cuadrada, ambos ubicados cronológicamente en el siglo XIX.
En el área de la Estructura 1 existe una gran cantidad de baldosas de cerámica fragmentada y en posición original. En una parte del piso se observan baldosas escalonadas de 24 por 24 cm (Figura 4). Aquí también aparecen grandes cantidades de tejas francesas que parecen estar indicando la continuidad del uso del espacio hasta la segunda mitad del siglo XIX. Entre estas se encuentran marcas como Pierre Sacoman, Roux Freres, Guichard Carvin et Ci (Figura 11). Según Brunet y Gontier [16], la fábrica de Pierre Sacoman funcionó entre 1865 y 1947. Las de Roux Frere y Guichard Carvin, ambas localizadas en el barrio de Saint Henry, en la ciudad francesa de Marsella, debieron comenzar su producción en algún momento posterior a 1851, cuando este tipo de tejas hechas a máquina fueron inventadas por los hermanos Gilardoni [17]. La evidencia material confirma el uso del espacio con posterioridad a su función como cafetal. La tradición oral en la comunidad refiere que allí vivieron personas hasta el siglo XX, aunque se desconoce si fue de forma continuada desde el XIX. Muchas ruinas históricas decimonónicas han sido reutilizadas como vivienda o, incluso, escuelas rurales, de forma esporádica, siendo luego abandonadas, o no.

Discusión
El caso que nos ocupa parece haber tenido una existencia de pocas décadas como cafetal, enmarcadas entre 1802 y 1840, aunque la magnitud arquitectónica parece indicar una opulencia significativa. El área escogida, de elevaciones ligeras que alcanzan los 150 metros sobre el nivel del mar, parece haber sido utilizada para implementar el método húmedo para la producción del cafeto. Este implicaba el uso de albercas y tanques de fermentación, que no eran comunes en los cafetales de las llanuras. De ahí también la singularidad de este lugar en Matanzas, donde se conocen más las plantaciones que utilizaron el método seco de cultivo.
La materialidad arqueológica hace referencia al uso continuado del espacio hasta el siglo XX, aunque su uso como vivienda parece estar limitado a la Estructura 1, cercana al antiguo camino real, actual Carretera Central. Los tipos cerámicos identificados también confirman el contexto temprano del siglo XIX, con prácticas de consumo similares a las de regiones urbanas de la época, donde las lozas finas fueron tendencia que vinieron a reemplazar las mayólicas hispanas. No obstante, este es un tema que debe abordarse con más datos y muestras sistemáticos, que no constituyeron el objetivo de este trabajo.
Un aspecto de interés es el estado de conservación de las estructuras arqueológicas. Si bien se observan afectaciones antrópicas y naturales significativas, en el sitio se conservan gran parte de las estructuras y sus contextos. Sin embargo, se observa un patrón de destrucción de los sitios producto del saqueo. Estos se manifiestan como agujeros en las paredes (Figura 12) o en los pisos (Figura 4) y están relacionados con el uso de detectores de metales para buscar oro. Esta es una práctica común en las zonas rurales cubanas, que ha afectado un sinnúmero de sitios arqueológicos.

Paradójicamente, el inventario de sitios arqueológicos en Cuba, primer paso para conocer el patrimonio que debe ser protegido, se ha enfocado tradicionalmente en los contextos aborígenes, dejando de lado los sitios históricos como son las ruinas de plantaciones, fortificaciones y campos de batalla. No obstante, son estos últimos sitios los más expoliados por buscadores de tesoros o de otros artefactos susceptibles de ser vendidos como antigüedades en las redes sociales, una práctica que está en ascenso en el país. En el caso del cafetal San Agustín, el impacto negativo del saqueo ha provocado el derrumbe de muros y afectado contextos arqueológicos sub-superficiales. Las medidas tomadas por el Grupo Guamacaro en este sentido, como es la limpieza del sitio y el trabajo con la comunidad para incentivar la protección del patrimonio local y su valor, han ido dando resultados alentadores. Esta documentación servirá no solo para conocer mejor el patrimonio a proteger, sino también para monitorear los daños en el sitio y evaluar su progresión.
Conclusiones
El presente estudio contribuye a la documentación del legado material de la esclavitud en Cuba, con especial referencia al sistema esclavista de plantaciones, que tuvo un desarrollo significativo en la región Habana-Matanzas. Este se posiciona desde una perspectiva arqueológica enfocada al paisaje arquitectónico, donde las estructuras se entienden como parte del legado material de la esclavitud. Las ruinas arqueológicas ilustran en su materialidad, el trabajo esclavizado, que es naturalizado en los estilos arquitectónicos europeos que se implementaron en las arquitecturas de plantaciones, invisibilizando la mano de obra de origen africana.
En esta ocasión, se documenta un caso atípico, especialmente en las elevaciones someras que caracterizan el oeste de la ciudad de Matanzas, donde se encuentra un conjunto de ruinas arqueológicas que, por su configuración, parecen corresponder con una plantación cafetalera. Su atipicidad, sin embargo, radica en el uso del método húmedo de producción del cafeto, lo cual se documenta por la incorporación de una alberca de grandes proporciones y un posible tanque de fermentación al sistema productivo. La cronología temprana del sitio, con un TPQ de 1802, lo ubican entre las primeras experiencias cafetaleras cubanas, aunque no parece haber sobrevivido mucho tiempo. Hacia 1840, el sitio no habría fungido como plantación.
Los limitados artefactos arqueológicos observados en superficie, que en todos los casos proceden de importaciones de origen europeo, caracterizan la vida cotidiana del comer y del beber en las zonas rurales y urbanas del siglo XIX cubano. Esta materialidad, sin embargo, suele asociarse a la clase esclavista, aunque también formó parte del menaje de los esclavizados. En este caso, su contexto de aparición en superficie en un área intensamente utilizada desde el siglo XIX hasta la actualidad, no permite interpretaciones asociativas significativas.
La documentación de estructuras contribuye también al necesario monitoreo arqueológico del sitio donde se ha detectado el impacto de buscadores de tesoro que atentan contra su conservación, sin contar la destrucción de contextos arqueológicos sub-superficiales. Esta experiencia, que se repite en muchas otras estructuras históricas de la provincia y el país, ayuda a conocer el patrimonio arqueológico histórico cubano, primer paso para su protección efectiva.
Agradecimientos
Nuestra gratitud con los miembros del Grupo Guamacaro, en especial a Karla Paredes y David Castillo Morales, por su ayuda para localizar algunas fuentes documentales. A Britney Reynaldo Suárez, que también participó significativamente en la búsqueda bibliográfica. Nuestro agradecimiento a El Rubio y a Nardi, por su constante atención y colaboración. A la Oficina del Historiador de Matanzas y el Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Matanzas por su atención oportuna.
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Notes
Author notes
*Autor para la correspondencia: odhernan@syr.edu
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