Resumen: El trabajo discute avances recientes en la investigación sobre los vínculos mercantiles entre China y la América colonial, exponiendo sus resultados y planteando los puntos principales de atención que el tema aporta para mejorar el conocimiento de la economía y la sociedad de entonces.
Palabras clave:comerciocomercio,ChinaChina,época colonialépoca colonial,Galeón de ManilaGaleón de Manila.
Abstract: This work discusses recent research on mercantile links between China and colonial Spanish America, showing its results, and raising the main focal points of the matter, which will aid to improve our knowledge on the economy and the society of that time.
Keywords: commerce, China, colonial times, Manila Galleon trade.
El rostro oriental de la América colonial: China en una agenda de investigación regional
The oriental face of Colonial Spanish America: China in a regional research agenda

Recepción: 09 Diciembre 2015
Aprobación: 08 Abril 2016
Durante 2014, la editorial Biblos publicó China en la América Colonial, de Mariano Bonialian, prologado de Josep Fontana.[2] Como puede resultar evidente para cualquiera, dentro y fuera del campo historiográfico, la aparición de un libro científico sobre China en la Argentina es infrecuente. La edición se hizo con el concurso del Instituto Mora y el CONACYT –dos prestigiosas instituciones de investigación mexicanas–, cuya presencia en la colaboración, como se verá enseguida, expresa, sino institucional, sí territorialmente, el recorrido de la investigación y del investigador.
El autor es argentino. Realizó su formación de grado en la Universidad de Buenos Aires y completó sus estudios de maestría y doctorado en México –precisamente en El Colegio de México– bajo la dirección de Marcello Carmagnani. En 2013, ya de regreso en la Argentina, ingresó en la Carrera de Investigador Científico del CONICET y se ha vinculado con una Unidad Ejecutora en Córdoba, desde donde desarrolla su línea de trabajo. Su propuesta consiste en un acercamiento a la Historia Económica y Social de la América colonial a través de un tema muy peculiar: el estudio de la cultura material y del consumo de bienes asiáticos en América durante la primera mundialización de la modernidad clásica, esto es entre los siglos XVI y XVIII. Se trata de un colega muy joven (un valor agregado) que, además, no está publicando el primero de sus libros sobre este tema, sino el segundo, por lo cual es necesario colocarlos en perspectiva.
En primer lugar, a diferencia de su primer libro, editado en México,[3] éste apareció en la Argentina, donde el tema que aborda es absolutamente ajeno a las agendas de investigación. Si en México estudiar la circulación de bienes de consumo a través del Pacífico no es uno de los caminos más transitados por la historiografía colonial, en nuestro país el tema podría perfectamente ser percibido como esotérico y el riesgo asumido al investigarlo, caracterizado como enorme. Motivo de celebración.
En segundo lugar, apenas dos años después de la edición de su primer libro, basado en su tesis doctoral, Bonialian publica este otro donde ataca algunos de los temas centrales que venía trabajado, pero desde un siglo más temprano y también incorporando varios problemas nuevos. Por otra parte, el borne superior de la periodización de su primer libro (1784) es perforado en el tercer capítulo del actual, que llega hasta finales del siglo XVIII. Sin embargo, lo que verdaderamente significa un salto sin red y, seguramente la adopción de mayores riesgos a la hora de proponer las nuevas hipótesis es sin dudas la incorporación de ese largo siglo XVII que, a efectos “formales”, podría arrancar en 1573 con la habilitación del Galeón de Manila,[4] que firmó la apertura de una puerta a los desvíos de plata potosina hacia el Pacífico y, en tierras americanas, favorecía el desplazamiento de muchos productos europeos por otros similares de origen chino, de variada calidad y mejor precio. Al indagar la cuestión desde los años 1580, temas centrales de la historiografía americanista colonial tales como el auge de la plata potosina y las crisis políticas novohispanas de los años 1620 entran de lleno en su nueva constelación, lo que supone desafíos difíciles de resolver en poco tiempo –de estudio– y poco espacio –de expresión de resultados.
En tercer lugar, este segundo libro editado en la Argentina tiene un tipo de unidad muy diferente a la del primero: si bien los tres capítulos que lo componen se alimentan mutuamente, queda la impresión de que podrían sostenerse de manera aislada e independiente, como artículos. No cuentan una historia, sino que abordan un problema –el que se enunció como su línea de trabajo– desde tres ángulos que captan zonas comunes pero que no se exigen entre sí como pasos consecutivos de un camino.
Por último, el libro editado por Biblos es francamente mucho más interpretativo, más propositivo y entre otras razones por eso más polémico que el primero: si en El Pacífico… el autor discute hipótesis “clásicas” –en general más prolijamente retratadas– y realiza proposiciones que tienen una proyección como discusión historiográfica, está sobre todo concentrado en organizar y poner sobre la mesa la mayor parte de la pulpa de su investigación doctoral, en China en la América colonial…, al contrario, sus preocupaciones fundamentales, aunque siempre apoyadas en una documentación pacientemente rastreada y analizada, son bien diferentes. Dos parecen sobresalientes: una es la de colocar interpretaciones fuertes y provocativas para discutir en un escenario historiográfico internacional;[5] la otra es la de mostrar aspectos interiores del espacio peruano que constituyen una verdadera novedad y enriquecen el análisis de partida[6] pero que sobre todo ensanchan y renuevan el diseño de una historiografía colonial “peruanista-rioplatense” –si se me permite la conflictiva expresión–[7] que se conecta con el lejano oriente. No puedo juzgar si fueron propósitos del autor, pero incluso a sus expensas estos dos puntos sobresalen claramente.
China en la América colonial instala una serie de interpretaciones, enunciadas como conclusiones que, incluso cuando están presentadas como provisorias, reclaman nuestra atención. Diría que la exigen perentoriamente. Son muchas y todas muy relevantes. Por eso mismo, para resumir el libro, selecciono varias, de diferente alcance, corriendo el riesgo de cometer injusticias al omitir algunas que el autor podría considerar más significativas que las elegidas.
La gran virtud de este libro –proponer hipótesis interpretativas sobre un circuito poco estudiado que articula espacios enormes bajo una periodización ambiciosa– contiene, encapsulados, sus principales problemas. De manera general lo que se echa de menos en casi todas las construcciones son dos procedimientos metodológicos: la falta de referencias de trabajos de fácil acceso que ya habían planteado algunas hipótesis sobre estos problemas[13] y el otro es el de no dedicar una mayor atención a los trabajos que explican las coyunturas de la región productora (China) y del principal punto de paso (Filipinas): en la producción de Romain Bertrand, Jean-Louis Margolin, Jonathan Spence, Gavin Menzies, Alfred Crosby, Gustavo Vargas Martínez y la de los mencionados Hernández Contreras y Zhen Heng, entre otros, hay un gran número de hipótesis e interpretaciones sobre el funcionamiento económico y la conectividad de las economías del sudeste asiático entre los siglos XV y XVIII en las cuales Bonialian podría apoyarse o confrontar, alternativamente. Algo que por supuesto puede subsanarse en lo inmediato sin quitar los méritos que de por sí tiene el volumen. Por otra parte algunos conflictos argumentativos aparecen en diferentes momentos, generalmente provocados por una ecuación inversa entre la magnitud de un aserto y la disponibilidad de evidencia. Ciertas afirmaciones fuertes, que involucran en el argumento grandes volúmenes cifrables, suelen basarse en “escasos testimonios” –con lo cual, lo prudente hubiera sido insinuar posibilidades antes que certezas.[14] Sin embargo, es probable que, como sucedió con otras obras, depuradas las formas argumentativas, algunas interpretaciones, basadas en intuiciones bien orientadas, puedan mantenerse.
Esta posibilidad depende también de la confrontación ya no con lectores interesados sino con especialistas, para lo cual no basta –por encomiable que sea– el trabajo de uno solo. Así, de manera elíptica, pero intencionada, volvemos sobre el sentido que tiene la inclusión del segundo párrafo de esta nota: dijimos que el autor es argentino, estudió en Buenos Aires, luego en México, que reside en Córdoba y trabaja sobre circulación de efectos chinos en circuitos sudamericanos entre 1580 y 1800. Mariano Bonialian es, con toda seguridad, el único especialista en el tema residente en el país. Aunque en estos tiempos no existe mayor dificultad para dialogar a la distancia con un elenco historiográfico internacional, de cualquier modo sería deseable que se fortaleciera el campo y pudiera sumar interlocutores especialistas en circuitos académicos de proximidad, como los que ha tenido en México, porque las condiciones de la discusión son diferentes cuando se convive con quienes se discute.[15] Las dificultades para hacerlo son innegables –el tema mismo es un obstáculo, porque requiere de enormes esfuerzos para ser estudiado– y el plazo no podrá ser otro que el mediano. Pero lo que importa, por encima de las muchas dificultades y exigencias que esto pueda presentar, es que el autor de este libro integra el pequeño lote de historiadores que investigan sobre coordenadas que, desde una perspectiva superficial, parecen ajenas a las de nuestra “historia nacional”. Paradójicamente, para un sistema nacional de investigación, este es un valor que debe cultivarse y potenciarse: cualquier historiografía bien desarrollada tiene un porcentaje variable, pero siempre de dos dígitos, de profesionales que estudian otras latitudes –y no necesariamente en clave de colonización cultural. Esto favorece la renovación de metodologías, alimenta a las Universidades de docentes bien preparados en áreas decisivas para la formación de las nuevas generaciones y fortalece la independencia de criterios en los organismos colegiados que toman decisiones en el sistema de investigación, que no pueden estar dedicados solamente a lo inmediato ni en lo temporal ni en lo espacial. La edición de China en la América colonial en el medio editorial argentino es un hito. Su provocadora irrupción en nuestro ámbito historiográfico no permite la indiferencia. Exige considerarlo en debates generales así como también interpela reacciones puntuales, de las cuales, seguramente, tendremos noticias enseguida.