Artículo

La escritura de la historia de Jorge Gelman

Jorge Gelman’s writing of History

Raúl O. Fradkin
Instituto Ravignani, Argentina

La escritura de la historia de Jorge Gelman

Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, vol. Homenaje, Esp., pp. 2-10, 2022

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 10 Noviembre 2019

Aprobación: 10 Diciembre 2019

Resumen: Se presentan algunas de las características fundamentales de las formas de trabajo de Jorge Gelman en el campo de la historia y sus aportes a la disciplina.

Palabras clave: historia, formas de escritura, biografía, Jorge Gelman.

Abstract: Some characteristics of Jorge Gelman’s work in the field of History as a discipline are presented, and also his contributions to the area.

Keywords: History, ways of writing, biography, Jorge Gelman.

Introducción

A pocos días de la inaceptable noticia de la muerte de Jorge, los colegas de América Latina en la Historia Económica me pidieron que escribiera unas líneas. La tarea fue dolorosa y difícil pero no dudé ni un instante cómo debía titularlas: “Historiador ejemplar y maestro entrañable”. Era, para mí, el mejor modo de recuperar dos de los atributos de su prolífica trayectoria y de su perfil, dos atributos que en Jorge eran tan distintivos como inseparables. Podría citar innumerables pruebas al respecto pero alcanzarían con revisar los testimonios de quienes fueron sus alumnos o recordar las múltiples iniciativas que propició e impulsó como profesor en la cátedra de Historia Argentina I en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, como director del Instituto Ravignani o como presidente de la Asociación de Historia Económica. Puedo dar fe pues fueron tareas que tuve la suerte de compartir con Jorge.

El tiempo ha pasado y la sensación de vacío imposible de llenar solo se ha hecho cada vez más intensa. Y cada tanto, cuando siento que no soporto extrañarlo tanto, vuelvo a releer alguno de sus magníficos textos, una lectura que sigue siendo imprescindible, sugestiva e inspiradora. Es de su escritura de la historia que quiero ocuparme en esta oportunidad recuperando mi experiencia personal de leer a Jorge y escribir con Jorge.

Comenzaré, entonces, con un recuerdo. ¿Cómo se escribe un artículo?, es una pregunta que me han hecho muchas veces y casi nunca encontré un modo satisfactorio de responder hasta que un día, después de darle muchas vueltas al asunto, terminé por recomendarles a quienes me ponían en ese aprieto que leyeran un artículo de Jorge. Fijate cómo está pensado, prestale atención a la manera en que define y plantea su problema, mirá cómo expone sus argumentos y cómo presenta y examina sus pruebas… Estoy seguro de que si siguieron mi consejo, la incursión resultó particularmente fructífera.

¿Qué tenía de especial su modo de escribir historia? Puedo decir algo al respecto dado que como lector he hecho uso y abuso de sus textos; como autor tuve la gratificante experiencia de escribir juntos y, además, tuve también el privilegio de ser lector de sus borradores que luego se convirtieron en textos famosos y, más aún, que fuera lector amable, incisivo y estimulante de mis toscos borradores. Y, sobre todo, pude constatar como docente lo fértil que resultaban para los estudiantes la lectura de sus libros y artículos, pese a que Jorge se resistiera siempre a incluirlos como obligatorios en los programas de materias y seminarios y había que luchar con él para incorporarlos. Intentaré, por tanto, esbozar un posible guión de un tratamiento que merecería ser mucho más amplio y que mejor que yo lo podrían hacer esos jóvenes lectores. A ellos, que eran su desvelo primordial, están dirigidas estas notas.

1. Ante todo, los títulos

Elegir el título adecuado y oportuno para un artículo o un libro es siempre una elección dilemática. ¿Cómo encontrar uno que, a la vez, pueda dar cuenta cabal de su contenido y plantear claramente el problema principal que se pretende abordar? ¿Cómo hacer para llamar la atención del posible lector e incitarlo a emprender esa lectura? Jorge sabía hacerlo y siempre envidié su capacidad para resolver ese dilema y algunos de los títulos que eligió fueron sencillamente memorables. Especialmente, aquellos que encabezaban textos que cuestionaban supuestos convencionalmente aceptados y que venían a proponer una mirada radicalmente renovadora del asunto que lo ocupaba. Esa capacidad ya se puede advertir en sus primeros artículos que tuve ocasión de leer y que desde entonces no he dejado de revisitar, como “¿Gauchos o campesinos?” (Gelman, 1987) o “El gaucho que supimos construir” (Gelman, 1995), están entre mis preferidos. Pero luego mantuvo y perfeccionó esa singular destreza… A veces, reponiendo ante sus lectores las mismas incertidumbres que abría el proceso de investigación en curso, como hizo en “Unos números sorprendentes. Cambio y continuidad en el mundo agrario bonaerense durante la primera mitad del siglo XIX” (Gelman, 1996). En otras, apuntando decididamente a cuestionar y replantear los modos de pensar problemas clásicos y decisivos, como lo hizo magistralmente en “Un gigante con pies de barro. Rosas y los pobladores de la campaña” (Gelman, 1998). Pero, también, en algunos de los textos eruditos y metodológicamente refinados y sofisticados que ofreció junto a Daniel Santilli, como por ejemplo aquellos que ayudaron a develar “Cuando Dios empezó a atender en Buenos Aires” (Gelman y Santilli, 2007) o a preguntarse si lo que estaban examinado era “¿El paraíso de los asalariados?” (Gelman y Santilli, 2016)

2. Una lógica argumentativa impecable

Claro que la posibilidad de hallar un buen título no podía devenir solo de la creatividad y la imaginación aunque ambas sean imprescindibles. En el caso de Jorge, sus títulos precisos y sugestivos eran el fruto evidente de la claridad con que había pensado y delineando lo que quería escribir. Por eso, si algo distingue a sus textos es que presentan una lógica implacable en el despliegue de su argumentación. De ahí que se convierten también en un recurso pedagógico de inestimable valor para la formación de futuros historiadores. En ellos Jorge muestra y demuestra, problematiza y sugiere y, sobre todo, incita y enseña a pensar. Porque esos textos tienen una sorprendente claridad para plantear los problemas y también para ponerlos en un contexto historiográfico mucho más amplio en los cuales su lectura adquiere verdadera significación.

En este sentido, si Jorge hizo mucho por la renovación de la historiografía argentina, una contribución no puede eludirse: su esfuerzo decidido, paciente y persistente para que la historiografía argentina pudiera superar las tendencias al encierro y ensimismamiento que a menudo caracterizan a una actividad cada vez más especializada e individual. Y Jorge lo hizo apelando a una obsesiva pasión por la demostración y con la convicción de que ninguna terminaba por ser completa y suficiente. Se trata de un rasgo que se puede registrar ya en sus primeros trabajos, pero que se tornó central en los últimos años, cuando sus esfuerzos por impulsar una historia económica comparada de América Latina pasaron a tener un lugar privilegiado en sus preocupaciones en la medida que podía hacer posible pensar efectivamente a la historia argentina como historia latinoamericana sin renunciar a distinguir y explicar sus especificidades.

Sabido es que junto a Juan Carlos Garavaglia transformaron nuestra historia agraria y la situaron al nivel de las mejores de Latinoamérica. También lo es que juntos demolieron imágenes históricas anacrónicas, superaron las fronteras nacionales que atenazaban nuestra historiografía y cuestionaron incisivamente estereotipos arraigados tanto en el imaginario nacional como, se admita o no, también entre los historiadores.

Había en los célebres estudios que Jorge dedicó a la historia agraria rioplatense mucho más que un abordaje sistemático de esa historia que, por cierto, no era poco: si se siguen los hilos que enhebraron los problemas que concitaron su atención se podrá advertir no sólo la originalidad de sus enfoques y la solidez de sus demostraciones; también se podrán identificar las sendas que dejó abiertas. Son demasiadas para que pueda tratarlas aquí y mejor las mostrarán las lecturas que de ellas hagan las nuevas camadas de historiadores. Pero no puedo eludir la tentación de citar al menos un ejemplo que, en mi opinión, es particularmente significativo y prometedor: en sus análisis de la configuración de las relaciones agrarias de producción coloniales y sus transformaciones post-revolucionarias en ambas márgenes del Río de la Plata, en su examen de las formas de trabajo y de remuneración así como en su escrutinio de las condiciones y las restricciones que tuvieron los grandes estancieros, se pueden encontrar toda una gama de firmes evidencias para emprender una empresa historiográfica de mucho mayor alcance y todavía pendiente: reconstruir la historia de largo plazo –es decir, una auténtica historia– de los trabajadores rioplatenses. Se trata de encontrar mejores explicaciones y una comprensión más satisfactoria de la persistente y perseverante capacidad de resistencia a la subordinación (Gelman, 1999a y 1999b) de esos “peones escasos, caros y combativos” con que debieron lidiar sus empleadores, tal como los describió sucinta y precisamente en ese hermoso texto en el que nos regaló tanto una sugestiva reflexión personal como las líneas de un programa historiográfico (Gelman, 2017: 49).

Por eso, la indagación y la reflexión de Jorge sobre esta historia agraria no puede en modo alguno ser inscripta dentro de una versión limitada o sesgada de la historia económica. Por lo pronto, porque Jorge no abjuraba de las potencialidades de la historia económica para la comprensión del conjunto del proceso histórico, aunque ella hubiera perdido el prestigio de otrora como campo de innovación. Por el contrario, estaba enfrascado en una abierta disputa y discusión de los modos de entender la historia económica y, a través de ese esfuerzo paciente, rescatarla de los paradigmas interpretativos que la aprisionan y reponerla en un lugar central de la historiografía. Alcanza, para advertirlo, con atender a la serie de artículos que produjo casi simultáneamente a los que recién cité y que lo llevaron a examinar con cuidado y precisión las dimensiones políticas e institucionales del entramado de poder en el mundo rural durante el rosismo.

Llegado a este punto no puedo eludir otra referencia personal. Cuando la editorial Edhasa me propuso escribir una biografía de Rosas, dudé por lo ímprobo de la tarea pero sin dudarlo respondí que solo podría hacerlo si Jorge aceptaba que la escribiéramos juntos. Era demasiado lo que le debía a sus textos en mi modo de entender a Rosas y al rosismo y, sobre todo, era demasiado lo que habíamos hablado, pensado y discutido al respecto. Por suerte, Jorge aceptó de inmediato, y no solo aceptó, sino que además afrontó esa escritura compartida y las idas y las vueltas de los sucesivos de los borradores a los que siempre les faltaba algo que corregir, que sacar o agregar con esa infinita generosidad, humildad y sabiduría que lo distinguía.

3. Una honestidad intelectual inauditamente auténtica

Jorge, lo advertirá quien lo lea, eludía las explicaciones simplistas. En el rigor y la sofisticación metodológica que fue desplegando su escritura de la historia puso en evidencia una capacidad de argumentación tan implacable como contundente, una precisión que me atrevería a calificar como quirúrgica para identificar y examinar problemas y una amplísima cultura histórica para pensarlos de un modo que pudiera eludir tanto el esquematismo interpretativo como las convenciones aceptadas.

En este sentido, sus textos pueden ser leídos como una verdadera pedagogía del oficio de historiador así como una materialización del deseo por saber y comprender. Por eso, cada uno contiene un examen preciso y exhaustivo de los alcances, pero también de los límites de las fuentes que analizaba y de los métodos que estaba experimentando. No engañaba a su lector; por el contrario, exponía argumento tras argumento y buscaba someterlos a prueba tras prueba, precisando los alcances de los hallazgos y, a la vez, sus límites. Por eso, también, sus conclusiones eran siempre una convocatoria a seguir indagando y una puntualización de los caminos posibles para seguir. Jorge escribía historia como era: trabajador incansable, íntegro, honesto y generoso.

4. Su modo de entender la historia económica

Perdón, por reiterarme: Jorge fue un apasionado de la historia económica, aunque circunscribir su contribución a este campo será una mutilación inaceptable. Es claro que bajo su influjo cambiaron los modos de hacer historia económica en nuestro país, se transitaron nuevas sendas y se abrieron novedosos horizontes. Conocedor exhaustivo de los debates internacionales –tanto de los clásicos como de los más recientes– no se rindió frente a las modas que suelen atravesar el campo historiográfico pero tampoco quedó en modo alguno anclado en el conservadurismo ideológico que, revestido con ropaje de saber experto, suele impregnar muchos productos de la historiografía económica. Por el contrario, seguía pensando que toda historia es historia social y trató de poner su saber y su destreza al servicio de un conocimiento histórico innovador de problemas tan centrales como acuciantes y vigentes.

En este sentido, la densa saga de estudios que realizó y que impulsó sobre el crecimiento económico, los derechos de propiedad y la historia de las desigualdades económicas, sociales y regionales todavía no han sido asimilados y metabolizados por nuestra historiografía. Se trata de una saga notablemente prolífica pero también extremadamente coherente, tanto con sus investigaciones previas como con sus convicciones ideológicas y éticas. Son también, prueba contundente de su persistente rebeldía frente a las injusticias que sufre y sufrió nuestro pueblo. Esas injusticias lo enardecían y los ejemplos que podría citar como pruebas son innumerables pero alcanza con uno: la durísima crítica que en 2005 publicó contra las prácticas de nuestra Universidad que dejaban en desventaja evidente a las postulantes a becas que aparentemente habían cometido el error de ser madres y trabajadoras y se demoraron más de lo previsto por la burocracia en su carrera.1

Para Jorge, era perentorio volver a ocuparse de los grandes temas estructurales, ya fuera que preocupan a la sociedad, o que hubieran sabido interesar a los historiadores económicos más importantes. Tenía claro que sólo así la historia económica podía volver a ocupar un lugar destacado en las explicaciones históricas. Y él lo hizo apelando a un rigor y a una sofisticación teórica y metodológica que adquirió creciente consistencia y solidez. Lo hizo buscando poner a la historiografía argentina en el centro de los debates internacionales e inscribirla decididamente en su contexto latinoamericano. Lo hizo imaginando que era posible y absolutamente necesario rescatar a la historia económica de los paradigmas interpretativos que la convirtieron en insumo intelectual y legitimador de las políticas que producen, profundizan y reproducen las desigualdades.

5. Aprender a conjugar el oficio de historiador: conocer, enseñar, divulgar

No puedo aquí aportar las pruebas de cada argumento que intento esbozar y, además, carezco de la destreza que Jorge tenía para seleccionar –en cada momento y en cada oportunidad– la prueba más pertinente, como hacía en cada texto y como hacía en cada clase.

También podría citar múltiples evidencias de su persistente preocupación porque los conocimientos que generábamos salieron de nuestros nichos y pudieran diseminarse por la trama social y cultural.2 Y lo que hizo en este sentido, también tuvo un signo particular: se trataba, asimismo, en esa tarea de trabajar con rigor, profesionalidad y gran amplitud. Quien quiera corroborarlo no tiene más que repasar los tomos de la historia argentina que dirigió para Mapfre y, sobre todo, esa maravillosa colección que fue Nudos de la historia, demasiado pronto olvida por su editorial. Pero, ¿por qué?, ¿para qué? Lo dijo con toda claridad en una entrevista periodística: “La crisis de 2001 generó esta voluntad de entender.”3 Jorge tenía muy claro que la historiografía estaba desafiada por el presente y que ese desafío exigía tanto la producción de un conocimiento histórico cada vez más refinado y preciso como de una escritura que adquiriera la mayor claridad posible sin renunciar a dar cuenta de la complejidad o bastardear los requisitos del oficio. ¿Podía hacerse? Jorge lo demostró, por ejemplo, en esa verdadera joya que fue su Rosas, estanciero. Gobierno y expansión ganadera, un ejemplo paradigmático de cómo se podía escribir una historia que fuera erudita y sólidamente fundada y que a la vez pudiera estar al alcance de cualquier lector interesado (Gelman, 2005).

La tarea era enorme y como siempre tenía claro que requería del esfuerzo colectivo. Al respecto no puedo dejar de mencionar un recuerdo entrañable: el trabajo que hicimos conjuntamente todos los docentes y los alumnos adscriptos de la cátedra de Historia Argentina. Fue, a la vez, un espacio de investigación colectiva, una experiencia de trabajo inter-generacional y un ámbito de formación de jóvenes historiadores transformado en un libro que pensado originalmente para los alumnos logró tener divulgación masiva (Fradkin y Gelman, 2010). Fue, así, una suerte de síntesis de cómo Jorge entendía este asunto de ser historiador, un oficio que impone tanto una alta exigencia y responsabilidad individual como compromiso y tarea colectiva.

6. La sensibilidad del historiador

Jorge se nos fue cuando, otra vez, estábamos tratando de escribir algo juntos. Esta vez, lo junto a Daniel Santilli afrontábamos una escritura tan necesaria como dolorosa: una ponencia en homenaje a Juan Carlos Garavaglia que debía examinar los desarrollos de la historia agraria rioplatense a partir de su influencia. Estábamos inmersos en esa dolorosa tarea4 cuando el 23 de octubre nos envió un mail, remitiéndonos el esquema que había elaborado. Nos impulsaba, además, mostrando con claridad cómo encaraba Jorge las dificultades de escribir con otros, a agregar o quitar lo que quisiéramos, ya que “todos trabajaremos sobre todo.”

El año venía siendo muy difícil para nosotros, para nuestra profesión y para nuestra gente. Por eso rescato esas palabras porque así era Jorge y porque así de fácil y de estimulante era escribir con él. Eso, que se repitió en infinitas ocasiones, incluso cuando la realidad del día a día lo preocupaba y angustiaba, volvió a suceder nuevamente pues mientras tratábamos de escribir esta ponencia mientras el país ardía en aquel diciembre de 2017. Por entonces, el gobierno hacía aprobar en el Congreso una infame reforma previsional y desataba una encarnizada represión contra los manifestantes que se oponían atestiguando la vocación represiva que durante todo el año había demostrado en plenitud –pese a lo cual Jorge no dejó de producir durante ese año textos notables (Gelman, 2017a y 2017b). Así, en la tarde del 14 de diciembre de 2017 nos escribió un mail, el último texto suyo que leí, y en el que, con su acostumbrada autocrítica, nos decía:

No me convence lo que está quedando, porque todo lo nuevo está medio deshilvanado. No es fácil escribir a seis manos! En todo caso traté de mejorar un poco la escritura de algunas partes, intenté insertar lo que estaba descolgado al final y sobre todo traté de responder un poco la inquietud de Raúl. Para eso cambié radicalmente toda la parrafada sobre desigualdad y traté de escribir algo más corto sobre lo mismo, pero tratando de insertarlo en una discusión más explícita sobre el desarrollo y las características del capitalismo argentino. Así que paso la posta y sigo mirando la tele sobre la represión. Me cago en dios!

Esto es sólo una mínima muestra del proceso de escritura de Jorge, y algunos indicios de su inmenso trabajo en lograr prolijidad y contundencia en sus textos, que no por casualidad transmiten siempre su inmensa sensibilidad histórica y social. Escribir historia con otros y para otros, escuchar y atender a las dudas y las inquietudes de los otros. Escribir lo más claro y lo más corto que sea posible y reescribir las veces que hiciera falta. Y siempre pensando en problemas significativos para nuestra profesión, para nuestra historia y, sobre todo, para nuestra gente.

El programa historiográfico que nos propuso tiene perentoria vigencia y nos desafía. Para homenajearlo no alcanzarán las palabras, las ceremonias, los eventos o las publicaciones. Nuestro homenaje será auténtico si las prácticas que despleguemos y las actitudes que adoptemos llegan a estar a la altura de su ejemplo. Homenajearlo nos impone convertir ese programa historiográfico en una orientación no solo de lo que nos falta saber sino también de las actitudes que adoptemos como historiadores. Los tiempos que vivimos son muy duros y ojalá que como colectivo estemos a la altura de las exigencias, como Jorge hubiera querido, como Jorge hubiera hecho.

Bibliografía

Fradkin, R. y Gelman, J. (Coords.) (2010). Doscientos años pensando la Revolución de Mayo. Buenos Aires: Sudamericana.

Gelman, J. (1987). ¿Gauchos o campesinos? Anuario del IEHS, 2, pp. 53-59.

Gelman, J. (1989). New Perspectives on an Old Problem and the Same Source: the Gaucho and the Rural History of the Colonial Río de la Plata, Publicado primero en H.A.H.R., 69(4), 1989 y traducido como “Nuevas perspectivas sobre un viejo problema y una misma fuente: el gaucho y la historia rural del Río de la Plata colonial”, en R. Fradkin (Comp.), La historia agraria del Río de la Plata colonial. Los establecimientos producitvos (pp. 121-142), I. Buenos Aires: CEAL.

Gelman, J. (1995). El gaucho que supimos construir. Determinismo y conflictos en la historia argentina. Entrepasados. Revista de Historia, V(9), pp. 27-37.

Gelman, J. (1996). Unos números sorprendentes. Cambio y continuidad en el mundo agrario bonaerense durante la primera mitad del siglo XIX. Anuario I.E.H.S., 11, pp. 147-178.

Gelman, J. (1998). Un gigante con pies de barro. Rosas y los pobladores de la campaña. En N. Goldman y R. Salvatore (Comps.), Caudillismos rioplatenses. Nuevas miradas a un viejo problema (pp. 223-240). Buenos Aires: EUDEBA.

Gelman, J. (1999a). El fracaso de los sistemas coactivos de trabajo rural en Buenos Aires bajo el rosismo. Algunas explicaciones preliminares. Revista de Indias, LIX(215), pp. 123-141.

Gelman, J. (1999b). Las condiciones del crecimiento estanciero en el Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX. Trabajo, salarios y conflictos en las estancias de Rosas. En J. Gelman, J. C. Garavaglia y B. Zeberio (Comps.), Expansión capitalista y transformaciones regionales. Relaciones sociales y empresas agrarias en la Argentina del siglo XIX (pp. 75-120). Buenos Aires: La Colmena-UNICEN.

Gelman, J. (2005). Rosas, estanciero. Gobierno y expansión ganadera. Buenos Aires: Claves para todos. Capital Intelectual.

Gelman, J. (2017a). De la historia agraria a la historia de las desigualdades. Un recorrido y varios homenajes. Anuario IEHS, 32, pp. 47-58.

Gelman, J. (2017b). La construcción del estado en Buenos Aires y los derechos de propiedad. Una aproximación cuantitativa desde los juicios de desalojo, 1810-1863. Desarrollo Económico, 57(221), pp. 33-61.

Gelman, J. y Santilli, D. (2007). “Cuando Dios empezó a atender en Buenos Aires. Crecimiento económico, divergencia regional y desigualdad social: Córdoba y Buenos Aires en la primera mitad del siglo XIX”, ponencia presentada al Primer Congreso Latinoamericano de Historia Económica/ 4as. Jornadas Uruguayas de Historia Económica, Montevideo, 5 al 7 de diciembre.

Gelman, J. y Santilli, D. (2016). “¿El paraíso de los asalariados? La canasta de consumo y el nivel de vida de la plebe de Buenos Aires, siglos XVIII y XIX”, ponencia presentada a Old and New Worlds: the Global Challenges of Rural History | International Conference, Lisbon, ISCTE-IUL, 27-30 January.

Notas

1 Gelman, Jorge, “La Universidad no promueve la igualdad”, en Clarín, 28 de marzo de 2005. Disponible en: http://www.unidiversidad.com.ar/clarin-lunes-28-la-universidad-no-promueve-la-igualdad
2 Por eso tampoco eludió intervenir en la escena pública al respecto. Véase, por ejemplo, las entrevistas aparecieron en Clarín el 5 de abril de 1998: “El gaucho argentino es un mito”: https://www.clarin.com/opinion/gaucho-argentino-mito_0_HJqfzJy8he.html o en Página 12 el 26 de enero de 2009: “Nuestros famosos gauchos son personajes construidos”: https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-118913-2009-01-26.html
3 Entrevista publicada en Página 12 el 30 de octubre de 2007: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-8121-2007-10-30.html. Véase también “La historia académica, al contraataque”, entrevista en La Nación, 11 de octubre de 2007: https://www.lanacion.com.ar/cultura/la-historia-academica-al-contraataque-nid951991
4 Como pudimos terminamos la tarea tratando de respetar lo que Jorge había escrito y sin ánimo ni ganas, presentamos la ponencia (“Juan Carlos Garavaglia y la historia agraria del área rioplatense. Un balance de 40 años”) en la mesa que él estaba organizando en el II Congreso Internacional Transiciones en la agricultura y la sociedad rural. Los desafíos globales de la historia rural, Santiago de Compostela, SEHA, 20 al 23 de junio de 2018.
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