Artículo
Jorge Gelman: Argentina, América Latina y más allá
Jorge Gelman: Argentina, Latin America and beyond
Jorge Gelman: Argentina, América Latina y más allá
Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, vol. Homenaje, Esp., pp. 176-184, 2022
Universidad de Buenos Aires

Recepción: 10 Noviembre 2019
Aprobación: 10 Diciembre 2019
Resumen: El presente trabajo examina, en perspectiva latinoamericana, los aportes a la historia económica hechos por Jorge Gelman.
Palabras clave: historia económica, Latinoamérica, Biografías, Jorge Gelman.
Abstract: The present work examines, in a Latin American perspective, the contributions to the economic history made by Jorge Gelman.
Keywords: economic history, Latin America, Biography, Jorge Gelman.
Quisiera comenzar agradeciendo a los organizadores de estas jornadas por brindarnos esta oportunidad de recordar a ese muy querido colega que fue Jorge Gelman y, además, por permitirme hacerlo en compañía de historiadores que fueron también sus amigos. Jorge hizo una valiosa contribución a los estudios históricos. Al pasear la mirada por los títulos de los trabajos que nos dejó –la lista, muy extensa, puede verse en la página web creada en su homenaje por el Instituto Ravignani– uno no puede sino asombrarse de su enorme productividad. Diecisiete libros, entre compilaciones y libros de autor, y cerca de un centenar de artículos, también varios de ellos en colaboración, constituyen el prolífico legado de un historiador que, además, destinó parte importante de su tiempo a la enseñanza y a tareas de gobierno de instituciones universitarias, entre las cuales se destaca la dirección del que es, quizás, el instituto de investigaciones históricas de mayor envergadura y relevancia del país, el que en estas Jornadas evoca su contribución y su memoria. Todo esto lo hizo cuando, al fallecer repentinamente el 16 de diciembre de 2017, aún no había cumplido los 62 años.
Pese a su relativa juventud, pertenecemos a dos épocas distintas. La década que nos separaba es, en términos de experiencia vivida, y en un país como la Argentina, un abismo. Las generaciones suelen ingresar a la vida pública bajo el influjo de algún sol: en mi caso, ese astro –entonces intenso, hoy devaluado– fue la promesa democrática de 1983. Nacido en 1956, Jorge fue testigo y participante de otra era histórica, animada por un sueño aún más fulgurante: el de la revolución. Sabemos que pagó un precio muy alto por su identificación con esa idea que, muy joven, demasiado joven, lo llevó primero a la cárcel y luego al exilio. Sin embargo, nunca lo oí lamentarse del costo personal que supuso el compromiso con esa creencia entonces luminosa. Jamás lo escuché invocar la dramática experiencia de la prisión y el desarraigo para reclamar para sí una suerte de superioridad moral sobre los que tenemos trayectorias públicas más grises y pedigríes políticos más pedestres. Por cierto, no hacía alarde de ella en las siluetas biográficas que escribió sobre sí mismo. No cayó en la tentación de narrar su biografía personal o académica en clave heroica.
Jorge tenía un talento natural para nuclear colegas de distintas generaciones en torno suyo. El hecho de que a lo largo de los años haya encabezado varios proyectos y grupos de investigación, y de que muchas de sus publicaciones llevaran varias firmas, nos dice mucho sobre su capacidad de iniciativa y de sus dones para el trabajo colaborativo. En su caso, además, ese liderazgo se combinaba con un trato siempre cálido y respetuoso, evocado recién por Carlos Marichal al recordar su estilo “inimitable y amable”. En mi experiencia, el de Jorge era algo más que un talante cordial y generoso, toda vez que suponía también el interés e incluso el gusto por escuchar el repiqueteo de distintas campanas. Pese a que tenía ideas muy firmes, en la conversación de Jorge Gelman había lugar para una voz discordante o una postura disidente.
Es en homenaje a esa sensibilidad dialoguista, amiga del principio de que la diversidad es siempre mejor que la uniformidad, que quisiera presentar algunos comentarios –que al final de este breve texto sintetizaré en un par de preguntas–, sobre el modo en que Jorge pensó dos problemas que conectan a la historia argentina con la historia latinoamericana o, para decirlo de manera más precisa, que vinculan el pasado de nuestro país con la historia de lo que sucede más allá de nuestras fronteras nacionales. El primero de estos problemas refiere a las consecuencias de la crisis de independencia y, en particular, a los argumentos invocados por Gelman para explicarlas trayectorias divergentes de las economías latinoamericanas del período posindependiente. El segundo, a la narrativa en la que encuadró su visión de la transición al capitalismo en la sociedad rural bonaerense de la primera mitad del siglo XIX.
En relación con el primer punto, ya es casi un lugar común afirmar que la inclusión de la Argentina en el marco latinoamericano fue decisiva para mirar a nuestro país –quizás el más europeo y muy probablemente el más eurófilo de la América hispana– con ojos renovados. Esta latinoamericanización fue producto tanto del progreso y la maduración de la agenda historiográfica como de los desengaños y fracasos que la Argentina fue acumulando en el último medio siglo, que abrió el camino para consagrar nuevas maneras de entender la relación con las demás sociedades del continente. La historiografía contribuyó a poner de relieve nuestro “destino sudamericano” (Borges, 1964). Y Jorge fue uno de los promotores de este cambio de perspectiva que dejó de ver a la Argentina a la luz de la idea de excepcionalidad para concebirla como una experiencia más dentro del caleidoscopio latinoamericano. Desde el mirador que le ofrecía la porción del pasado a la que le dedicó sus mayores afanes, el ocaso del orden colonial y la formación de la república en el paso del siglo XVIII al XIX, fue uno de sus historiadores más dedicados y más prolíficos.
En el sendero abierto por las contribuciones pioneras de Juan Carlos Garavaglia y Carlos Mayo, Gelman fue un gran animador de las investigaciones sobre la sociedad rural pampeana en la era tardocolonial y republicana temprana que recogía esa inspiración latinoamericanista. Fue uno de los descubridores del gaucho como un actor que pertenece, de pleno derecho, a la gran saga de las clases populares del continente. Sus estudios ayudaron a latinoamericanizar al gaucho, esto es, a transformarlo en campesino. Basta pensar en el arco que va de sus estudios sobre la sociedad y la economía de la región de Colonia, en la Banda Oriental, al formidable cuadro de fondo sobre el cual se despliega su biografía sobre Juan Manuel de Rosas, el último de sus libros, escrito en compañía de Raúl Fradkin, para advertir cuánto influyó esa literatura en su mirada sobre la sociedad rural rioplatense.
Los años de conmemoración de los bicentenarios de la independencia le ofrecieron la oportunidad de realizar incursiones más sistemáticas, de impronta comparativa, sobre la suerte de las economías latinoamericanas en la primera mitad del siglo XIX. En su presentación, Carlos Marichal nos ofrece una lectura incisiva a la vez que generosa –aunque nada complaciente– sobre el modo en que el autor de Campesinos y estancieros colocó a la economía rioplatense de las décadas posteriores a la ruptura con España en un cuadro más amplio. Para explicar la suerte dispar corrida por las distintas regiones de América Latina en la era independiente temprana, nos recuerda Marichal, Gelman privilegió dos elementos: localización y dotación de factores de producción. “La suerte dispar de las regiones americanas” luego de 1810, sugería Gelman en un ensayo aparecido en 2011, puede explicarse “en alta medida” a partir de estas dimensiones (Gelman, 2011: 41). En su visión, aquellas regiones productoras de bienes que contaban con una demanda fuerte y sostenida en los mercados del Atlántico norte, y que gozaban de fácil acceso a las principales rutas comerciales, pudieron avanzar por el camino del crecimiento.
Esta propuesta no termina de satisfacer a Marichal, más proclive a asignarle mayor gravitación a otros factores y, en primer lugar, a los factores institucionales. Para el historiador mexicano, esta dimensión analítica importa más de lo que Gelman estaba dispuesto a admitir. Los logros de la Cuba española, sugiere Marichal, no pueden entenderse sin hacer referencia a la continuidad de la esclavitud, esa institución tan central a la vida económica de la mayor y más dinámica economía exportadora de la región Caribe y de toda América Latina. Para complementar este razonamiento conviene sumar el caso de Chile, pionero en la construcción de un estado capaz de asegurar cierta estabilidad institucional y cuyo crecimiento fue, según confirman trabajos recientes, el más veloz de toda América Latina en el medio siglo posterior a la independencia (Bértola y Ocampo, 2013). No todo parece reducirse, pues, al mercado y la “lotería de los commodites”.
En su presentación, Marichal insinúa una pregunta que puede formularse de este modo: ¿por qué Jorge fue poco sensible a reconocer el peso de los factores institucionales que fueron tan importantes para explicar la divergencia de destinos entre distintas regiones latinoamericanas tras la independencia? Las respuestas posibles a interrogantes animados por una inspiración contrafáctica siempre son tentativas. Me arriesgo a sugerir que, en el caso que estamos analizando, un principio de respuesta se obtiene al recordar que el punto de observación de Jorge fue el Río de la Plata y, en particular, la provincia de Buenos Aires de la era de la guerra civil. ¿Por qué digo esto? Porque en las tierras ubicadas al oeste del Paraná y el Plata el estado de conflicto casi permanente, que se prolongó hasta más allá de la caída de Rosas en Caseros, no supuso grandes obstáculos para la expansión productiva y, en particular, para la expansión exportadora. Gelman no fue el primero ni el único que tomó distancia de los que hicieron de las instituciones o el cambio institucional –a la Douglass North o en versiones más tradicionales– la clave de bóveda de su aproximación al período (Brown, 2001). Al fin y al cabo, pese a Artigas y Rivadavia, y a Lavalle y Rosas, pese a la omnipresencia del conflicto armado, a la intensidad del reclutamiento militar, la alta inflación y a las largas temporadas de bloqueo del puerto, el Río de la Plata fue uno de los casos más exitosos de crecimiento en la era que siguió a la apertura comercial.
Gelman era sensible al argumento de que, en circunstancias más normales, el crecimiento podría haber sido menos espasmódico y también algo más acelerado. Con todo, pese al ruido y la furia que imperaban en la vida pública, el ritmo de expansión de la economía rioplatense fue significativo. En los distritos litorales de lo que más tarde sería la Argentina el desarrollo productivo se impuso a los obstáculos institucionales que lo trabaron. De hecho, con este argumento concluyó uno de sus trabajos (Gelman, 2005: 483). Sugiero, en síntesis, que el énfasis de Jorge en que para explicar la suerte de América Latina el marco institucional pesó menos que factores tales como la dotación de factores, la localización y la lotería de los bienes exportables fue, ante todo, la consecuencia de mirar al continente en la era posindependiente desde el mirador argentino. Adoptar este punto de observación, me parece, lo llevó a proponer este argumento general para explicar incluso aquellos casos para los cuales, como propone Marichal, este enfoque no resulta tan claramente productivo.
Llegados a este punto podemos concluir que ese Jorge Gelman latinoamericanista reveló que seguía animado por una sensibilidad argentinista. Su corazón era el de un argentinista ya no tanto por el recorte con el que construyó su objeto de estudio como por la manera en que forjó su mirada sobre esa etapa inicial de la historia de América Latina. Proyectó sobre el continente una clave de lectura que entendía apropiada para estas tierras. Vio a la América Latina que cobraba forma tras la independencia a través del prisma singular del caso argentino.
Pero en la visión de Gelman la pregunta por la divergencia económica entre “países” y entre regiones dentro de cada “país” (pues también le interesó este viejo tema de nuestra historiografía, en particular la revisionista, tradicionalmente articulado en torno a la pregunta por las consecuencias del crecimiento exportador sobre las economías del interior mediterráneo) se fue corriendo, en la última década y media, hacia un segundo plano. Su lugar fue ocupado por un conjunto de interrogantes que giran en torno a la relación entre crecimiento y desigualdad. Quiso conocer más sobre cómo se distribuyeron los frutos de la expansión exportadora que sucedió a la apertura comercial y, en particular, se propuso analizar qué tipo de disputas y conflictos acompañaron ese proceso.
Por sobre todas las cosas, en su última estación intelectual lo que más le interesó fue describir y comprender cuáles fueron las consecuencias sociales, en particular en lo referido a evolución de la desigualdad, del ciclo de expansión agraria que la campaña bonaerense experimentó luego de la Revolución. Su atención se centró en la etapa que corre entre Rivadavia y Rosas. Cuando lo sorprendió la muerte, aspiraba a extender su exploración hasta más allá de los años de Mitre.
Al abordar estos problemas su universo conceptual experimentó un desplazamiento. Se tornó menos latinoamericanista. En alguna medida, esta mutación fue resultado de que debió lidiar con el tipo de problemas y preguntas propios de la historia cuantitativa que creía fundamental para abordar el estudio del impacto del crecimiento sobre la desigualdad. Como sabemos, esta no es una agenda latinoamericana: sus principales nombres –Peter Lindert, Anthony Atkinson, Jeffrey Williamson, Thomas Piketty– evocan otros estímulos intelectuales y otras geografías.
Pero el último giro de la deriva historiográfica de Jorge Gelman invita a subrayar algo más, referido a la gran narrativa histórica en la que nuestro querido colega situó el caso argentino, y a los modelos de cambio social que le sirvieron para pensarlo. Sabemos que no se puede pensar sin conceptos y sin colocar la porción del pasado que estudiamos en una narrativa mayor y más comprensiva. Y el gran relato que inspiró la historia de la relación entre crecimiento y desigualdad propuesta por el autor de Rosas bajo fuego ya no tenían a América Latina como punto de referencia privilegiado. Dialogaba con las contribuciones de los autores citados en el párrafo anterior pero, a la vez, orbitaba en torno a preguntas clásicas sobre cómo concebir el cambio en el sistema de derechos de propiedad y la formación del capitalismo agrario.
En polémica con perspectivas abiertas por la obra de Douglass North y sus seguidores, encaró esta investigación como un estudio del modo en que una comunidad rural –con su régimen de derechos tradicionales y sus nociones de propiedad arraigadas en la costumbre– se transforma bajo el impacto y por la presión de la expansión de las relaciones de mercado y de un orden político que promueve la consagración de un sistema de derechos asociado a la idea de propiedad absoluta. Es decir, le interesó examinar de qué modo la sociedad de pequeños productores surgida en la llanura bonaerense, a la que como varios de sus colegas de aventura intelectual retrataba como una sociedad campesina, con su cultura de regulación de los recursos y los conflictos por medio de acuerdos locales fundados en la tradición y la costumbre, se vio sometida a la presión de una clase propietaria externa al medio local y de un nuevo orden estatal articulado en torno a la legalidad liberal, y lo que esto significó como pérdida para las clases populares de la campaña. Lo pensó, en definitiva, como un conflicto entre dos sistemas de derechos rivales, uno forjado en el seno de ese mundo campesino y otro ajeno a él, expresivo de los intereses de las elites. Visto desde este ángulo, el régimen de propiedad se le presentaba “como una arena de combate por la apropiación o usufructo de recursos entre grupos sociales” (Gelman, 2017: 38).
Los estudios de Gelman sobre la sociedad rural pampeana en la primera mitad del siglo XIX combatieron tanto la vieja y desacreditada idea de que el mercado se conforma de manera espontánea como la más reciente que sugiere que las instituciones constituyen el deus ex machina del crecimiento económico y el desarrollo capitalista. En su mirada, las instituciones económicas (y en particular su institución núcleo, el sistema de derechos de propiedad) aparecen como ámbitos de condensación de relaciones de poder y, sobre todo, como un escenario de la disputa de clase. En este punto, pues, la narrativa de Gelman se acercó, desde el punto de vista analítico, al gran relato sobre el desarrollo del capitalismo agrario en Europa que, del Marx de la acumulación originaria a contribuciones recientes como las de Rosa Congost (con quien Jorge incluso firmó algunos trabajos), informa algunos de los mejores estudios sobre el tema. Fue en esta clave que las instituciones, a las que había dejado de lado al momento de abordar la suerte diversa de las economías latinoamericanas tras la independencia (un abordaje, como ya dijimos, dominado por conceptos como “factores de producción”, “commodities” y “localización”), reingresaron al cuadro histórico. No las invocó para explicar el crecimiento; las recuperó para pensar la desigualdad y la disputa social.
A la luz de este razonamiento, me gustaría presentar una segunda hipótesis. Así como sugerí que al abordar la divergencia económica latinoamericana Jorge quedó prisionero de su mirador argentino, su análisis de la formación de un nuevo entramado institucional y social en la pampa bonaerense en la primera mitad del siglo XIX nos revela un corrimiento de su punto de observación, también problemático, aunque en este caso inspirado por lo que sucedió en Europa. Pues al hacer suya una perspectiva que enfatiza el conflicto entre una comunidad rural con una fuerte tendencia a la autorregulación y un nuevo orden político y productivo que la impacta desde afuera, su visión de las décadas de transición al capitalismo agrario tomó la forma de un relato de matriz clásica que lo hizo poco sensible a ciertos rasgos singulares de esta sociedad rural.
¿Qué es lo que su mirada no alcanzó a captar? Su narrativa tendió a sobre-enfatizar la resistencia de las clases subalternas a la emergencia del nuevo orden capitalista y a subestimar el influjo de las fuerzas que, desde el seno mismo de esa sociedad de pequeños y medianos productores de mercancías, promovían su incorporación a la economía del intercambio. En los estudios de Gelman no faltan menciones al consenso social forjado al calor del crecimiento de las ventas externas (en ocasiones bajo la fórmula poco feliz de “modelo exportador”). Aunque algo menos “campesinista” que algunos de sus compañeros de aventura intelectual, en su visión prima la idea de que la integración de las clases populares en la economía de mercado se produjo al ritmo y bajo el impulso de la presión propietaria. Al igual que sucede con las contribuciones de otros historiadores que han trabajado en esta misma línea, la evidencia empírica sobre la que se apoya este argumento no siempre resulta convincente. De hecho, los estudios de Gelman son más sólidos al momento de constatar la independencia productiva de las clases subalternas rurales que cuando enfatiza la envergadura y extensión de la resistencia de la comunidad local al avance del mercado y sus agentes (Hora, 2020).
Los estudios de Ricardo Salvatore sobre el mundo de los paisanos bonaerenses no están desprovistos de costados polémicos. Pero ello no debe hacernos olvidar que Paisanos itinerantes presenta un argumento que es preciso tomar muy en serio y discutir más abiertamente. La reconstrucción más comprensiva de la experiencia política popular de la era rosista descansa sobre el argumento de que, para las clases subalternas rurales, las mayores amenazas y presiones no provenían del mercado o la clase propietaria sino del Estado. Antes que enemigos de la mercantilización de los factores de producción y la difusión del intercambio, nos sugiere Salvatore, los paisanos participaron desde muy temprano en la constitución de un orden productivo dominado por la lógica del intercambio mercantil (Salvatore, 2018). Este argumento se justifica por cuanto, en una sociedad en la que los productores familiares conformaban el grupo social más relevante de la campaña y las empresas familiares eran responsables de una parte muy significativa del excedente agrario que se volcaba sobre el mercado y en la que, además, estos actores poseían un peso considerable en la vida política de esa república agraria, el lento proceso de constitución del capitalismo agrario no puede escribirse sin reconocerles cierto grado de protagonismo. Por largo tiempo desatendidos por la historiografía, no sólo debemos recuperarlos como víctimas de un nuevo sistema de derechos de propiedad, o del poder disciplinador del Estado y la elite propietaria. Más que como campesinos que le dieron la espalda al mundo del intercambio, debemos pensarlos, también a ellos, como artífices de las transformaciones del siglo XIX (Hora, 2020).
Enfatizar este punto es importante porque nos obliga a reflexionar sobre aspectos de la historia rural pampeana para los que perspectiva con la que nuestro querido Jorge Gelman se identificó puede resultar insuficiente, e incluso discutible, y que giran en torno a preguntas como las que siguen: ¿cómo explicar que las clases subalternas de la campaña se hayan integrado, de manera mayormente silenciosa y aparentemente sin protesta, a la sociedad de mercado? En una sociedad tan politizada y en la que las clases populares poseían tanta voz, ¿cómo entender la ausencia de resistencias populares de cierta amplitud –de las abiertas tanto como de las cotidianas– a la profundización de las relaciones de mercado (y esto no sólo en tiempos de Rosas sino también en la era liberal que se abrió tras Caseros)? ¿Cómo explicar que los discursos antilatifundistas fuesen, hasta bien entrado el siglo XX, simples ejercicios retóricos para consumo de las elites, sin mayor eco entre la población de la campaña? ¿Por qué el tema de la tierra no ingresó sino de manera lateral y marginal a la agenda pública de esa sociedad sometida a la presión de hondas corrientes democráticas? En definitiva: ¿en qué medida el desarrollo del capitalismo agrario y del sistema de derechos de propiedad absoluta a él asociado fueron percibidos por las clases subalternas como parte de una transformación que debía lamentarse y en lo posible también rechazarse y hasta combatirse y en qué medida esos actores vieron estos fenómenos como parte de un cuadro que, a la vez que imponía nuevas restricciones y formas originales de disciplina laboral y social, también se les aparecía como la forma normal de organizar la vida económica y que incluso los sedujo con sus promesas de progreso y mejora del bienestar?
Para concluir este breve comentario: a la luz de este recorrido, dos son las preguntas que me suscita la contribución de ese gran historiador que fue Jorge Gelman. La primera: ¿Por qué, Jorge, imaginaste a la América Latina posindependiente con ojos argentinos? La segunda: ¿Por qué miraste la transición al capitalismo agrario pampeano a través de un prisma europeo? Desgraciadamente, Jorge ya no está entre nosotros para dialogar sobre estos interrogantes con su estilo amable, su tono calmo y su argumentación siempre bien razonada. Pero la historiografía que ayudó a construir, y la cultura de debate académico con la que se identificó y que ya es parte de su legado, nos dirán si estas preguntas, formuladas con respeto e inspiradas por el vasto reconocimiento que suscita su contribución, pueden animar un intercambio de ideas que sirva como homenaje a su memoria.
Bibliografía
Bértola, L. y Ocampo, J. A. (2013). El Desarrollo Económico de América Latina desde la Independencia. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica.
Brown, J. (2001). North meets South. Argentina y la “Nueva Economía Institucional”. Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani", 24, pp. 127-140.
Gelman, J. (2017). La construcción del Estado en Buenos Aires y los derechos de propiedad. Una aproximación cuantitativa desde los juicios de desalojo, 1810-1863. Desarrollo Económico, 57(221), pp. 33-61.
Gelman, J. (2011). Senderos que se bifurcan: las economías de América Latina luego de las Independencias. En L. Bértola y P. Gerchunoff (Coords.). Institucionalidad y desarrollo económico en América Latina (pp. 19-46). CEPAL, Naciones Unidas: Santiago de Chile.
Gelman, J. (2005). Derechos de propiedad, crecimiento económico y desigualdad en la región pampeana, s. XVIII y XIX. Historia Agraria, 37, pp. 467-488.
Hora, R. (2020). Clase, política y mercado en el siglo XIX. Un comentario a Paisanos itinerantes. Orden estatal y experiencia subalterna en Buenos Aires durante la era de Rosas”. Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, 52, pp. 128-48.
Salvatore, R. (2018). Paisanos itinerantes. Orden estatal y experiencia subalterna en Buenos Aires durante la era de Rosas. Buenos Aires: Prometeo.