Artículo

La desigualdad en perspectiva histórica

Inequality in historical perspective

José Miguel Martínez Carrión
Universidad de Murcia, España

La desigualdad en perspectiva histórica

Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, vol. Homenaje, Esp., pp. 185-205, 2022

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 21 Agosto 2020

Aprobación: 30 Septiembre 2020

Resumen: Se destacan las principales contribuciones de Jorge Gelman sobre la desigualdad desde la perspectiva histórica argentina y latinoamericana, una de sus más fecundas líneas investigadoras. Fueron varias las rutas de investigación que abrigó desde hace cuatro décadas, pero en los últimos tiempos destinó una gran parte de su energía a la reflexión e investigación sobre la desigualdad en el ingreso y la riqueza. Los problemas distributivos relacionados con el crecimiento económico y los niveles de vida habían formado parte de sus preocupaciones hacía tiempo, pero fueron en la última década cuando salieron a la luz los hallazgos más consistentes. Con su inestimable equipo de investigadores del Ravignani pudo formular hipótesis originales en torno a nuevos proyectos sobre la desigualdad en el contexto de la historiografía internacional.

Palabras clave: Desigualdad, Argentina, América Latina, Jorge Gelman, Instituto Ravignani.

Abstract: Jorge Gelman's main contributions on inequality are highlighted from the Argentine and Latin American historical perspective, one of his most fruitful research lines. Gelman harbored several lines of research for four decades, but in recent times he has reflected mostly on inequality in income and wealth. Distributional problems related to economic growth and living standards were part of their concerns, but the most consistent findings have been disseminated in the last decade. With his invaluable team of researchers from Ravignani Institute, Gelman formulated original hypotheses around new projects on inequality in the context of international historiography.

Keywords: Inequality, Argentina, Latin America, Jorge Gelman, Ravignani Institute.

Mi intervención en este homenaje a Jorge Gelman destaca una de sus líneas investigadoras más fecundas en fechas recientes. Fueron varias las rutas de trabajo que recorrió y abrigó desde la década de 1980, pero desde 2005 destinó una gran parte de su energía a la reflexión e investigación sobre la desigualdad en el ingreso y la riqueza. Los problemas distributivos relacionados con el crecimiento económico y los niveles de vida habían formado parte de sus preocupaciones hacía tiempo, pero fueron en la última década cuando salieron a la luz los hallazgos más consistentes. Con su inestimable equipo de investigadores del Instituto Ravignani, pudo formular hipótesis originales en torno a nuevos proyectos sobre la dinámica de la desigualdad en Argentina en el contexto de la historiografía internacional.

Los historiadores económicos españoles le recordamos con especial cariño por muchos motivos, no sólo personales, entre amigos y compañeros. Mantuvo una fluida relación con grupos de investigación en diversas universidades y participó activamente en los debates de historia agraria, particularmente en los encuentros y congresos de la Sociedad Española de Historia Agraria (SEHA). Fue uno de los historiadores argentinos que más colaboró en las principales revistas españolas, Historia Agraria (1998, 2003, 2005), Revista de Historia Económica (2002, 2006, 2015) e Investigaciones de Historia Económica (2018), con algunos trabajos, además, en colaboración con dos de sus más cercanos colaboradores: Juan Carlos Garavaglia y Daniel Santilli.1 Su valiosa contribución fue reconocida en la comunidad académica hispana, formó parte de los consejos editoriales de Historia Agraria y Revista de Historia Económica-Journal of Iberian and Latin American Economic History, y también fue miembro cooptado de la Junta Directiva de la SEHA para impulsar la colaboración en proyectos y debates conjuntos con la comunidad de historiadores de América Latina, como pudimos comprobar en los congresos internacionales de Historia Agraria desde 2011.

Este breve texto se centra en destacar la contribución de Jorge sobre la desigualdad, que en los últimos tiempos era una de sus mayores preocupaciones historiográficas, al reconocerla como una amenaza para el crecimiento económico y el bienestar. Su interés se justificaba por una mayor comprensión de los problemas actuales, nacionales y globales. Consta de tres partes: 1) el contexto; 2) los aportes; y 3)su legado frente a otras rutas y los nuevos desafíos.

El contexto del último Gelman. La desigualdad en la historiografía económica de América latina

Durante la Gran Recesión, destacados economistas y académicos pusieron la desigualdad como tema prioritario en la agenda de las instituciones internacionales del desarrollo. Desde entonces, numerosas investigaciones y estudios publicados ilustran el deterioro de los niveles de vida ocasionados por la profundización de la brecha entre ricos y pobres y el aumento de la inequidad dentro y entre las naciones. La creciente desigualdad como fenómeno multidimensional, que afecta a individuos y territorios, encuentra además mucho más eco y audiencia ahora en las noticias, mass media y redes sociales.

Inmerso en la investigación histórica sobre la distribución desigual de las rentas y los niveles de vida de los asalariados en la Argentina del siglo XIX, al menos desde 2006, Jorge Gelman percibía con preocupación los efectos del creciente aumento de la desigualdad. En los albores de 2012, escribía en Clarín las siguientes palabras premonitorias:2

En las últimas cuatro décadas, el mundo se ha vuelto más desigual. El deterioro de la equidad económica en la era global afecta a países de características y trayectoria muy disímiles (Noruega y EE.UU., Chile y Australia, China y Argentina, por ejemplo). La desigualdad ha crecido en los estados que han abrazado las políticas promercado, pero también en aquellos que las resistieron, y entre los que poseen sólidas credenciales inclusivas y democráticas.

Convertida en uno de los grandes males de nuestro tiempo, la desigualdad constituye un tema de creciente importancia en la agenda de investigación académica. Con frecuencia, los trabajos sobre el tema se preguntan cómo evolucionó la distribución de la riqueza y los ingresos desde los años dorados de la segunda posguerra, los de “la gran compresión”. Es probable, sin embargo, que un análisis más acabado de lo sucedido en estas últimas décadas gane en profundidad si se lo coloca en una perspectiva histórica. Aún no sabemos lo suficiente sobre la evolución de la desigualdad en el largo plazo.

Hoy la desigualdad está a la vanguardia del debate académico y del interés público. Pero la novedad es que el enfoque histórico ha cobrado, como infería Jorge, una mayor dimensión no sólo en las investigaciones académicas, también en los informes de las instituciones y organismos internacionales. Es importante que la dinámica de la desigualdad sea vista en el largo plazo, al menos en la perspectiva del mundo contemporáneo, y que esta visión encuentre el interés de los economistas y los científicos sociales en general. Algunos libros sobre la evolución de la desigualdad han sido auténticos best sellers y han influido decisivamente en los debates de la academia, la política y la legislación, como ha sido el caso del monumental libro de Piketty (2014). Un ligero repaso a la literatura reciente muestra la amplia cobertura que han recibido algunos libros en los medios más influyentes (entre otros, véase Deaton, 2013; Atkinson, 2015; Bourguignon, 2015; Lindert y Williamson, 2016; Milanovic, 2016; Boushey, Delong y Steinbaum, 2017; Scheidel, 2017; Wolff, 2017, entre otros). Angus Deaton recibió, además, el Nobel de Economía en 2015.

Los estudios sobre la desigualdad en la larga duración han tenido resonancia desde los trabajos de Kuznets (1966) pero han cobrado fuerza interactuando desde la economía y la historia económica en las últimas décadas. El tema ha estado presente de algún modo en la historiografía económica desde 1980, con la reapertura del debate de los niveles de vida durante la revolución industrial y la discusión sobrela hipótesis de la curva de Kuznets: la idea de que la desigualdad es baja a niveles de ingreso muy bajos, que aumenta conforme se desarrolla la economía y finalmente vuelve a bajar a niveles de ingresos altos. Con el impulso de la globalización, la desigualdad ha dejado de ser sólo un fenómeno nacional para convertirse en un problema de alcance mundial.

Hay consenso en que el libro de Piketty (2014) impulsó el debate sobre la desigualdad en diferentes esferas y tuvo un enorme impacto académico y político. Jorge estuvo muy atento a las nuevas publicaciones y debates en perspectiva. Un ejemplo es la reseña que hizo del libro de Peter Lindert y Jeffrey Williamson, Unequal Gains (2016). Recuerdo visitarle en su despacho del Ravignani durante una estancia que hice en marzo de 2017 y comentar dicho libro. Andaba con fruición puliendo la versión que publicó ese mismo año en el Boletín.3

En el debate sobre la evolución de la desigualdad global, América Latina ocupa un lugar preferente al ser una de las regiones más castigadas, con una tendencia creciente hasta la primera década del siglo XXI en que hubo un punto de inflexión (Bulmer-Thomas, Coatsworth y Cortés-Conde, 2006-2008; Ocampo y Vallejo, 2012; Prados de la Escosura, 2007, 2015a; Frankema, 2009; Klasen y Novak, 2009; Bértola y Ocampo, 2012; Bulmer-Thomas, 2013; Székely y Mendoza, 2015; Bértola y Williamson, 2017). Probablemente, el trabajo que impulsó el debate sobre la dinámica de la desigualdad en la región, o que hizo al menos visible el tema en la historiografía anglosajona, fue el de Williamson (1999). Con nuevos datos de diferentes fuentes entre 1870 y 2000, Bértola (2005) exploró la curva de Kuznets mediante las tendencias de la distribución en las economías de nuevo asentamiento.

Las raíces y los vaivenes de la desigualdad en el desarrollo económico de América Latina ocupan una gran atención reciente desde enfoques muy diversos. Los orígenes se remontan para algunos a la etapa colonial y, entre las novedades, hay un cuerpo de literatura creciente que dialoga con indicadores económicos (crematísticos) y biológicos del nivel de vida (antropométricos), como destacan algunos estudios en la última década (ver contribuciones para América Latina de Martínez Carrión, 2009; Dobado y García, 2010, 2014; Baten y Carson, 2010; López-Alonso, 2016 y Martínez Carrión y Salvatore, 2019). Pero la era contemporánea tras la creación de las repúblicas independientes sigue siendo el eje de las principales discusiones. Entre los temas relevantes, sobresalen el impacto de las guerras y los efectos de la Independencia, el papel de las instituciones y de la educación en el desarrollo humano (López, Nustig y Ortiz, 2015; Prados de la Escosura, 2015b; Williamson, 2015); la dotación de factores y el comercio (Arroyo, 2008, 2013); la integración en los mercados internacionales y especialmente el papel de la especialización primaria y de las exportaciones de productos básicos (Pinilla y Aparicio, 2015; Willebald y Pinilla, 2018; Martín-Retortillo et al., 2019); los efectos de las distintas olas de la Globalización (Bértola, Prados y Williamson, 2010); las disparidades regionales (Badia, Nicolini y Willebald, 2018; Tirado, Badia y Willebald, 2020); las primas de habilidad y las brechas salariales reales (Fitzgerald, 2008; Salvatore, Coatsworth y Challú, 2010; Frankema, 2012), las relaciones de intercambio y las políticas distributivas implementadas en el curso del siglo XX, como la mayor intervención estatal (Astorga et. al., 2005; Sánchez-Ancochea, 2019); el impulso de la industrialización por sustitución de importaciones (Astorga, 2017; Arroyo y Astorga, 2017) y la desigualdad de la salud nutricional (Martínez Carrión y Salvatore, 2019), constituyen algunas de las claves en la comprensión de los problemas históricos de la inequidad latinoamericana.

Desde la historia económica, Argentina se incorpora al debate de la desigualdad con un referente en el Ravignani: Jorge Gelman y su equipo. Los estudios realizados sobre el siglo XIX son claves para la comprensión del fenómeno y destacan algunos libros en los que Gelman tuvo un papel protagonista. Aunque el trabajo de Gerchunoff y Llach (2004) abordó aspectos del crecimiento desigual en los ciclos de la economía argentina desde finales del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX, fue la escuela de Jorge la que imprimió impulso a la investigación centrada principalmente en el siglo XIX (Gelman y Santilli, 2006; Gelman, 2011; Santilli, 2019a). En las últimas décadas, Argentina cuenta con decenas de artículos sobre la desigualdad en perspectiva histórica, de los que una buena parte de los mismos son autoría de Jorge Gelman y su equipo, principalmente Daniel Santilli y Julio Djenderedjian. Veamos sus principales aportes.

El impulso de Gelman y su equipo en la historiografía sobre la desigualdad y los niveles de vida en Argentina

Desde una geografía lejana, se percibía una historiografía argentina algo atomizada que quizá tuviera que ver con un territorio inmenso no tan cohesionado y apurado para intercambios fluidos como otras historiografías internacionales. Pero en los últimos tiempos goza de ventajas relativas y comparativas frente a buena parte de las historiografías de América Latina. Argentina alberga multitud de centros académicos con activa investigación principalmente focalizada sobre ámbitos locales y regionales que arrojan evidencia sobre la historia económica y social en relación con la historia política y cultural. A diferencia de otras historiografías anglosajonas o europeas, como la española, la historia económica argentina está más incardinada en instituciones y centros de humanidades y ciencias sociales, lo que facilita al menos un permanente diálogo o mayores intercambios entre las ciencias históricas. Prueba de ello son los variados encuentros académicos y las jornadas interdisciplinares casi periódicas en las que también participan demógrafos, antropólogos y sociólogos.

La historiografía argentina destila una imagen impresionista más cercana a la historia “total”, frente a la de compartimentos estancos que se ha desarrollado en academias europeas y norteamericanas desde los años 70. Encuentro menos fractura para el diálogo entre la historia económica y otras disciplinas históricas. Esa es mi impresión. Que diversas escuelas de historiadores convivan en departamentos o centros de humanidades y ciencias sociales es algo exótico para cualquier académico de universidad española (y también envidiable). En España es conocido que la historia económica desapareció de los planes de estudio en las carreras de ciencias históricas y permanece ajena a estas disciplinas recluida en los centros de ciencias económicas y empresariales desde mediados de la década de 1990. En perspectiva comparada, la historiografía económica argentina goza de ventajas y uno los mayores desafíos ha sido el uso herramientas cuantitativas, incluyendo las econométricas, necesarias para el abordaje de cuestiones como la medición de los niveles de vida y la desigualdad. En esta dirección, la historia económica argentina ha dado muestras de integración en los nuevos planteamientos de la cliometría desde hace décadas como prueban importantes trabajos desde El progreso argentino de Roberto Cortes Conde (1979; Della Paolera y Taylor, 2003; Cortes y Della Paolera, 2018). Gelman impulsó algunas obras colectivas que revisaron la historiografía económica (Gelman, 2006) y puso también de manifiesto sus principales avances (Gelman, 2007).

Desde el Instituto Ravignani, Jorge Gelman y su equipo han sido uno de los grupos más activos en el impulso de la cliometría –no en vano Gelman lideró la Asociación Argentina de Historia Económica (AAHE), siendo su presidente electo entre 2001-2005–. En las dos últimas décadas el Ravignani ha sido un centro muy prolífico en estudios sobre los niveles de vida y la desigualdad. Gelman fue un firme impulsor de estos enfoques y uno de los principales artífices de la renovación historiográfica argentina. Aunque sus primeras contribuciones fueron sobre la historia agraria rioplatense, los derechos de propiedad y los conflictos sociales en los siglos XVIII y XIX, Gelman mostró una preocupación por la historia de la desigualdad económica en la Argentina del siglo XIX y particularmente sobre la provincia de Buenos Aires. Tempranamente abordó la desigualdad social al estudiar el mundo agrario durante la etapa colonial y tras la independencia, donde revelaba un cuadro social menos polarizado entre terratenientes y gauchos y mucho más complejo, en el que intervinieron familias campesinas de diversa índole socioeconómica y una variopinta mano de obra rural, como puedo verse en el debate sobre el gaucho (Mayo, Amaral, Garavaglia y Gelman, 1987).4 En colaboración con Garavaglia y otros autores, desmontó las principales visiones tradicionales del agro y la sociedad rural argentinas, particularmente del Río de la Plata entre 1600 y 1850, y abrieron nuevas rutas de investigación en historia agraria (Garavaglia y Gelman, 1995). A finales de los años 90, se había redefinido radicalmente la visión que existía sobre la sociedad argentina que nació al calor de la expansión exportadora tras la independencia.5

El primer trabajo relevante sobre desigualdad fue publicado conjuntamente con Daniel Santilli: Desigualdad y crecimiento económico, en 2006. Con datos de los censos fiscales (Contribución Directa) de 1825 y 1839, en las etapas de Rivadavia a Rosas, y empleando técnicas propias del análisis de la distribución funcional del ingreso (curvas de Lorenz, índice de Gini, distribución por deciles), exploraba la distribución de la riqueza en la provincia de Buenos Aires. Los autores analizaron una amplia muestra de algo más de 12.000 contribuyentes bonaerenses, que representaba una quinceava parte de los habitantes y el 42 por 100 de las unidades censales de la campaña. Los hallazgos confirmaron la importancia de las economías familiares independientes, mostrando la coexistencia de las pequeñas y medianas explotaciones agrarias con las grandes estancias ganaderas. Además, destacaron la relevancia que ocuparon desde entonces las nuevas tierras de frontera al sur de Río Salado, consecuencia del avance ganadero y en detrimento de los territorios de frontera de los antiguos poblamientos del norte y del oeste. La principal novedad fue que la aceleración del crecimiento económico basado en las exportaciones favoreció el desarrollo de las grandes estancias en paralelo al fortalecimiento de las pequeñas y medianas explotaciones agrarias. El índice de Gini no resultaba muy distinto del de otras sociedades agrarias relativamente igualitarias de la misma época. El estudio se mostraba relevante por el análisis comparativo con sociedades rurales americanas más allá del ámbito latinoamericano. Hubo algunos artículos previos a este trabajo (Gelman y Santilli, 2003; Gelman, 2005).6 Obvio la problemática de las fuentes fiscales que los propios autores destacan (Gelman y Santilli, 2006) y que fue objeto de revisión crítica por Hora (2007).

Un segundo libro impulsado por Gelman fue El Mapa de la Desigualdad en la Argentina del siglo XIX, coordinado por el autor y publicado en 2011, en el que participaron miembros de su equipo que abordaron diversos casos provinciales: C. Frid, J. Djenderedjian, R. Schmit, T. Guzmán, B. Bragoni, M. P. Parolo, C. Fandos y S. Mata. Comentando los aportes de su libro en Clarín,7 sostenía que, frente al misterio del período colonial, se abrían nuevas hipótesis para el primer siglo de la república independiente en torno a dos etapas decisivas: a) las décadas posrevolucionarias y b) el crecimiento agroexportador de la segunda mitad del siglo XIX.

a) Frente a los relatos tradicionales que describían las décadas entre Mayo y Rosas como “un período de gran desigualdad” y un “paraíso terrateniente”, señaló que la sociedad era más igualitaria que la tardocolonial:

Tres grandes fuerzas, de mayor incidencia en la región litoral que en el interior, propiciaron este resultado. Las guerras de independencia y luego las civiles destruyeron parte considerable de la riqueza de las elites coloniales. La movilización popular surgida de la guerra otorgó mayores prerrogativas y derechos a las clases subalternas, y ello tuvo relevancia política y económica. Finalmente, el patrón de crecimiento agrario consagrado tras la apertura comercial de 1810, lejos de dar lugar a un proceso de subordinación o proletarización de la población rural, fue compatible con la supervivencia, e incluso con la expansión, del radio de acción de muchos pequeños y medianos productores. Cuando Rosas llegó al poder en 1829, encontró un país menos desigual que el que conoció en su infancia, en tiempos de los virreyes.

b) Pero esta situación, de “un equilibrio inestable” cambió con el período del fuerte crecimiento agroexportador de la segunda mitad del siglo XIX. A partir de la década de 1840 aumentó la desigualdad, destaca Gelman:

Política, demografía y economía contribuyeron a este resultado. En el otoño del rosismo, y con mayor fuerza en la era liberal inaugurada en 1852, las clases subalternas vieron recortada su autonomía política y productiva, al mismo tiempo que el estado aseguraba mejores condiciones para la acumulación de capital. En paralelo, la llegada masiva de inmigrantes europeos atenuó la escasez de fuerza de trabajo, y contribuyó a reforzar la posición negociadora de los empresarios. Y todo ello sucedía cuando una revolución tecnológica en el sistema de transportes hacía posible una formidable expansión de la producción exportable y la frontera agraria, y disparaba el precio del suelo, convertido desde entonces en la base de las mayores fortunas argentinas. Todo ello impulsó el crecimiento, y junto con él la desigualdad.

En 1910, cuando se celebraba el primer centenario, el bienestar material de las mayorías se había incrementado, y ganaban importancia y visibilidad los sectores medios. Pero también había crecido la brecha entre los poderosos y los hombres del común. La formación de una sociedad más próspera y dinámica, y a la vez más desigual, fue uno de los principales legados del siglo XIX.8

El libro tuvo impacto en la historiografía latinoamericana y española, como puede verse en varias reseñas de revistas especializadas.9 Las contribuciones supusieron un avance sobre la desigualdad en el contexto de las transformaciones que experimentaron la economía y la sociedad argentinas a lo largo del siglo XIX. Versiones más o menos preliminares fueron publicadas en revistas indexadas (Gelman y Santilli, 2010; Gelman, 2010a) y situaron la problemática en la desigualdad de América Latina (Gelman, 2010b, 2010c).

Desde 2011 a 2018 llegó a publicar trece artículos más sobre evolución de la desigualdad y los niveles de vida en Argentina durante el siglo XIX, la mayoría en colaboración con Daniel Santilli y alguno con Luis Bértola. En sus últimos quince años, las contribuciones fueron realizadas en colaboración, básicamente con Daniel Santilli. Sus hallazgos se resumen en Gelman (2017): la desigualdad en la distribución de la riqueza no parece haber empeorado entre la etapa virreinal y las primeras décadas postcoloniales (Gelman y Santilli, 2018). Sin embargo, aumentó desde la década de 1840 en un contexto de crecimiento económico impulsado por las exportaciones y la expansión de la frontera.

En los últimos tiempos la desigualdad de los ingresos fue explorada por el skill premium entre los propios asalariados y asimismo la distribución funcional con nuevos aportes metodológicos (Gelman y Santilli, 2014). Se adentraron en el análisis de la parte de los ingresos totales que reciben las distintas clases sociales o los dueños de los medios de producción (tierra y ganado en la economía porteña, principalmente) frente a la parte que reciben los asalariados (Gelman y Santilli, 2015). Comprobaron que los asalariados no empeoraron tanto sus ingresos relativos a los precios del ganado y la tierra durante el período virreinal, pero desde la revolución, y sobre todo desde la década de 1820, los salarios perdieron la carrera con los precios de los otros factores de producción. Pese a ciertas fluctuaciones, tales tendencias se mantuvieron a lo largo del resto del siglo. La metodología encuentra problemas y se muestra complicada dada la diversa composición socioeconómica de los pequeños y medianos propietarios y de las familias campesinas, que tanto Gelman como otros autores destacaron en previas investigaciones. Mediante la construcción de tablas sociales, los resultados mejoraron los anteriormente obtenidos, proponiendo una discusión metodológica relevante sobre la medición de la desigualdad en sociedades pre-estadísticas. Los hallazgos confirmaron, por un lado, la existencia de un deterioro en la distribución del ingreso en términos de precios relativos de los factores y una concentración de la riqueza y, por otro lado, que la desigualdad total tendió a caer y aumentó el peso relativo de la masa salarial debido a la fuerte expansión del empleo rural (Bértola, Gelman y Santilli, 2015).

Los autores señalaron que los resultados sobre la desigualdad social eran complicados de discernir ante una sociedad cada vez más compleja y diversa, y a medida que se adentraba en la era de las migraciones en masa. Por ello, reclamaron prudencia con sus datos y la necesidad de profundizar con otras formas de medir los niveles de vida y la desigualdad. Del deterioro que advierten sus hallazgos para los asalariados en la distribución del ingreso no puede inferirse que los niveles de vida de los trabajadores se deterioraran. Una nueva manera de analizarlos es ver cómo evolucionan sus ingresos en relación con las canastas de consumo. Esta metodología fue iniciada por Robert Allen (2001) y pese a que encontró excelente acogida mantiene una interesante controversia en la literatura relativa a la métrica de estos indicadores (Allen, Murphy y Schneider, 2012, 2015; Geloso y Lindert, 2020).

Es conocido que los salarios reales en Argentina estuvieron muy por encima de los niveles de subsistencia en el periodo colonial como consecuencia de la escasez de mano de obra, siendo comparables a los del noroeste de Europa (Arroyo Abad, Davies y van Zanden, 2012). A finales del siglo XIX, los argentinos gozaban en promedio de salarios más elevados y los trabajadores se especializaban en ocupaciones particulares por nacionalidad que facilitaban las redes étnicas y familiares, las cuales desempeñaron un papel en la selección de la ocupación de los inmigrantes (Arroyo Abad y Sánchez-Alonso, 2018). Puede verse una comparativa internacional de los salarios reales en Buenos Aires hacia 1875 en el reciente trabajo de Djenderedjian (2020).

Gelman y Santilli llevaron a cabo el primer estudio de canastas de consumo para el Buenos Aires del siglo XIX y construyeron dos tipos de cestas: una correspondiente a la subsistencia mínima de la familia de un trabajador (la llamada Bare Bone Basket) y otra “respetable”, basadas en fuentes primarias de los archivos de Buenos Aires. Comparan dichas cestas de consumo con los salarios de los trabajadores urbanos y rurales para acercarse a los ingresos reales de la población bonaerense durante el período 1825-1849 o la “razón de bienestar” (welfare ratio) de acuerdo con las propuestas de Allen. Los datos permiten hacer comparaciones internacionales y los hallazgos del estudio sugieren que los ingresos de los trabajadores eran elevados en comparación a otras ciudades del globo Gelman y Santilli (2018). Así en 1825 alcanzaban una ratio de bienestar por encima de Amsterdam y en 1849 por encima de Londres y casi equiparable a la de Massachusetts. Los resultados de la aplicación metodológica de Allen, basada en la relación entre el salario y la canasta básica a partir de las necesidades, muestran una situación muy provechosa para el Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX (Santilli, 2019b). Un reciente estudio reconstruye las canastas de consumo de Buenos Aires para el final del periodo colonial, 1780-1820, con la misma técnica y los datos correspondientes a 1835. Concluye que la composición del consumo no varió sustancialmente en el período y, acorde con el salario de los trabajadores tanto urbanos como rurales, el nivel de vida de estos era sustancialmente alto y aumentó en la década de 1840. Este hecho colocó a Buenos Aires entre las ciudades de más alto welfare ratio del mundo occidental (Santilli, 2020).

Finalmente, unas líneas sobre la desigualdad regional. Los resultados de sus investigaciones permiten las siguientes conclusiones:

a) Durante el periodo colonial no había una desigualdad significativa entre las regiones, incluso tras la creación del Virreinato del Río de la Plata y estrenando capital porteña algunas regiones interiores competían con Buenos Aires en el tamaño de su población y riqueza. La evidencia sobre los niveles de vida sugiere que mejoraron gracias a la expansión de la frontera rioplatense a finales del siglo XVIII (Djenderedjian y Martirén, 2015).

b) Las distancias entre las regiones interiores y Buenos Aires y otras zonas del litoral aumentan entre 1800 y 1860 en favor de las segundas. Las dificultades de las regiones interiores para adaptarse a la nueva situación se incrementan tras la independencia, por la menor aptitud de sus recursos para producir bienes y sobre todo para acceder al mercado mundial dados los altos costes de transacción por las distancias a los puertos.

c) El desarrollo del ferrocarril en la segunda mitad del siglo XX corrige una parte de estas desigualdades al incorporar a varias regiones interiores al mercado mundial o permitirles competir con sus productos en los grandes mercados del litoral, ahora más cercanos para ellas. En el primer sentido se benefician las zonas pampeanas de Santa Fe y Córdoba, en el segundo irrumpe el azúcar de Tucumán y los vinos cuyanos. Aun así, el ferrocarril deja de lado a muchas otras regiones que terminan por convertirse en marginales, siendo la migración su principal válvula de escape.

En suma, en la etapa agroexportadora se generó un proceso de creciente desigualdad regional que se percibe claramente para las décadas centrales del siglo XIX. Ello beneficia al nivel de vida de Buenos Aires y, en menor medida, a algunas zonas del litoral, en detrimento de gran parte de las regiones interiores. Buenos Aires y el Litoral mostraron claros signos de dinamismo económico frente a la mayor parte del interior y de Cuyo, que experimentaron grandes dificultades y cuyos niveles de vida crecieron más moderadamente, caso de Mendoza (Olguín y Bragoni, 2020). Al final del período, buena parte de la riqueza total y la renta per cápita se concentra en la capital federal a pesar de su crecimiento demográfico más rápido (Gelman, 2013). La importancia primordial de la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires en la economía nacional proviene desde fines del siglo XIX (Araoz, Nicolini y Talassino, 2020).

Como ocurre en los grandes países de América Latina, la desigualdad regional en Argentina es probablemente uno de los temas más prometedores de las futuras investigaciones. Desde el Ravignani, el tema es fuente de atención en la reciente agenda de investigación (Sánchez, 2015, 2016). Gelman exploró esta vertiente en varias ocasiones (Gelman, 2010d, 2011).10 De acuerdo con Kuznets, la historia económica muestra que los comienzos del desarrollo suelen ir acompañados de un incremento de la desigualdad territorial que disminuye posteriormente, acorde con la teoría del crecimiento económico y difusión de la industrialización que explica esta pauta de U-invertida. También en Argentina el crecimiento económico se concentró inicialmente en aquellas regiones con mejor dotación de factores o instituciones, lo que conllevó un aumento de la desigualdad regional (provincial). Falta por explorar si la transferencia de nuevas tecnologías desde la región líder (Capital Federal) a las periféricas condujo a un proceso de convergencia regional impulsado por los shocks tecnológicos y los flujos de factores (trabajo y capital). Algunos estudios sugieren que las desigualdades territoriales pueden ser mayores en un entorno económico de mayor globalización, infiriendo una relación positiva entre apertura comercial y desigualdad territorial (Rodríguez-Pose, 2012). Recientemente, gran parte de la desigualdad regional en Argentina se relaciona con la alta productividad generada por la abundancia de recursos naturales en algunas áreas de Pampa Húmeda y Patagonia y por el aumento de los retornos en la manufactura y los servicios en Capital Federal (Araoz, Nicolini yTalassino, 2020).

El legado de Gelman frente a otros espejos y los nuevos desafíos

Las investigaciones de Gelman y su equipo se han centrado en los niveles de vida y la desigualdad desde la distribución de la renta y los ingresos en el siglo XIX e identifican tendencias de las mismas con fuentes primarias de censos fiscales (Contribución Directa), censos electorales, fuentes diezmales, inventarios post-mortem además de precios y salarios nominales, entre otras, de distintas instituciones públicas y privadas. Como ellos reconocen, las fuentes son problemáticas y, en ocasiones, fragmentarias, sin descuidar el grado de ocultación o fraude fiscal (Santilli, 2020). Por ello, Gelman (2013) reclamó “no creer demasiado en ninguna de esas fuentes y contrastarlas con las otras de manera de comprobar sus niveles de confiabilidad y cobertura; utilizar todos los métodos disponibles y adecuados a cada serie, tanto los más ‘históricos’ como los más ‘neutros’, de manera que se puedan obtener resultados significativos para el caso en estudio, pero también poder compararlos en el tiempo y con otros casos; y ser conscientes de que ninguna fuente ni ningún método nos brindará resultados seguros, por lo que es fundamental siempre hacer explícitos para el lector los problemas de las fuentes y los procedimientos utilizados para abordarlas”.

Comparar la evolución de la desigualdad económica con la desigualdad del estado nutricional o de la salud constituye uno de los retos fascinantes. Hoy los avances sobre las investigaciones en la segunda dirección son importantes, aunque se requiere muchos más aportes para un país tan enorme y con fuertes contrastes regionales, territoriales y socioeconómicos. Reconocemos que el tema encuentra serias dificultades en el periodo colonial y durante buena parte del siglo XIX por la falta de fuentes seriadas y confiables para medir las principales variables de ese desempeño económico y el nivel de vida, producto de la inestabilidad política y la debilidad de los estados durante esta etapa, lo cual dificulta hasta por ahora las comparaciones regionales e internacionales. Más problemático resulta el estudio de estos tópicos en sociedades con amplia población subalterna y campesina, donde la explotación del trabajo familiar está muy difundida y donde el salario y los ingresos monetarios son bastantes restringidos, poblaciones o grupos poblacionales que se hallan fuera de las actividades de la economía formal, normal en la era colonial y en sociedades rurales poco monetizadas o integradas en los circuitos mercantiles (Moraes y Thul, 2018).

No hace falta justificar la necesidad de averiguar la desigualdad no sólo económica a estas alturas. Los historiadores económicos estamos acostumbrados a ello desde hace décadas, sobre todo desde que la demografía histórica y la historia antropométrica (Komlos, 1994) pusieron en alza el valor de los indicadores de la salud, como la mortalidad –particularmente, la mortalidad infantil– y la estatura de la población y de la relación entre ambas (Bozzoli, Deaton y Quintana Domeque, 2009). La relación de la renta y la distribución de la riqueza con la salud ha sido suficientemente analizada sin dejar de ser controvertida. Las investigaciones apuntan que la equidad impulsa la mejora de la productividad que favorece el aumento de la renta y los ingresos (bienestar económico) y también los “derechos de acceso” a bienes públicos que garantizan “las necesidades básicas” (salud y educación) y favorecen el aumento de la estatura (salud nutricional, bienestar biológico). El aumento de la altura expresa ganancias de salud que repercuten en la productividad y las habilidades cognitivas (bienestar, nivel de vida, calidad de vida) y ello, a su vez, mejora la riqueza y la renta, incluso la felicidad (Arora y Deaton, 2009; Komlos y Kelly, 2016). En ambos casos, el papel de las instituciones es decisivo: a) para mejorar la redistribución de la renta vía fiscalidad, impuestos; b) para el acceso a la educación y la salud vía inversión en infraestructuras y provisión de bienes públicos. Para los historiadores dicha temática es fascinante.

El principal espejo donde podemos mirarnos para contrastar los datos de la desigualdad económica es el antropométrico. La evolución y la desigualdad de las alturas adultas o de poblaciones que han finalizado su crecimiento (tallas masculinas, dada la naturaleza de las fuentes históricas) se han estudiado en Argentina gracias a los trabajos de Ricardo Salvatore. De entrada, reconocemos que la talla humana está considerada como un buen indicador del bienestar humano que correlaciona con la salud, la longevidad, la nutrición y el desempeño económico. La talla viene siendo usada por los historiadores económicos como un buen proxy del nivel de vida y la desigualdad (Martínez Carrión y Salvatore, 2019).

El período colonial y temprano del siglo XIX permanece sin explorar. Con pocas excepciones, las estimaciones tienden a indicar que hubo poco o ningún progreso en el bienestar biológico durante este período. Sin embargo, estas estimaciones se basan en muestras reducidas, registros militares con datos truncados o regimientos que cubren solo una pequeña parte del territorio de una nación (Salvatore, 1998). Se deben hacer más esfuerzos para descubrir registros y datos de archivos con el objetivo de formar un conjunto de datos más confiable de la talla en el largo siglo XIX.

Con diversas bases de datos de archivos penitenciarios, militares y empadronamientos electorales, Salvatore (2004a, 2004b, 2007) reconstruyó amplias muestras que permitieron medir las tendencias desde 1850 a 1943. Sostiene que la era del progreso liberal derramó menos bienestar que el esperado. Algo similar ocurrió con la Edad de Oro, caracterizada por el crecimiento agroexportador de 1901-1913. En cambio, los resultados mostraron mejores niveles de vida cuando la economía argentina se encontraba en recesión, particularmente en la década de 1930. Frente al estrés nutricional del periodo dorado, los años del Gran Retraso –periodo de entreguerras– fueron testigo de aumentos de bienestar biológico. Otros ensayos presentan datos sobre la distribución regional de las alturas, que reflejan un alto grado de desigualdad regional hacia la década de 1920 y destacan el bajo estado nutricional del Norte argentino sumido en la alta prevalencia de la pobreza (Salvatore, 2009, 2019a).

Recientemente, se analiza la desigualdad individual a partir de las tallas. Salvatore (2019a) utiliza dos indicadores para evaluar la evolución a largo plazo de la desigualdad. a) El coeficiente de variación de alturas en diferentes muestras; y b) la diferencia de estatura entre los 20 primeros y los 20 inferiores de la distribución de altura. Ambos indicadores apuntan en dirección similar. Durante el período de crecimiento liderado por las exportaciones, la desigualdad se mantuvo estable o disminuyó;11 mientras que la combinación de la industrialización por sustitución de importaciones con un proceso de rápida urbanización, motorizada por migraciones interiores al litoral, produjo un aumento de la desigualdad (particularmente durante el período 1916-1951). Salvatore atribuye este segundo resultado al efecto combinado de las migraciones interiores, la industrialización y la concentración de la población en unas pocas ciudades metropolitanas. Argentina se volvió más desigual en términos de bienestar biológico después de 1930 debido a la mayor dispersión de las ganancias producidas por la industrialización. En otro orden, la desigualdad por grupos sociales y poblacionales también ocupa su atención recientemente. Un ensayo con datos de prisioneros muestra un pobre incremento entre 1885 y 1939 y señala diferencias significativas entre inmigrantes y nativos, eran más altos los primeros. También figuraban con tallas más altas los presos con más años de escolaridad y los de ocupaciones cualificadas frente a los no calificados (Salvatore, 2019b).

Desafiando nuevas líneas de investigación, cabe esperar profundizar en las ya abiertas por la desigualdad de la riqueza y la distribución funcional del ingreso, con nuevos datos para diferentes periodos. Y, sobre todo, se requiere información de las regiones del interior y de los grupos sociales hasta ahora poco tratados, desde los indígenas hasta las élites, sin descuidar la amplia gama de clases trabajadoras y la emergente clase media que se fortalece en Buenos Aires y principales ciudades. Como para los historiadores económicos es tan importante averiguar las tendencias de la renta y los ingresos, como las de la salud y el bienestar biológico, una nueva vía de investigación sería explorar la transmisión intergeneracional de la riqueza y la pobreza, cuyos canales son normalmente la educación, la renta o la clase social. La relación de logros económicos, sociales y educativos entre generaciones de la misma familia es una cuestión de gran interés para el análisis de la igualdad de oportunidades en la sociedad. Estoy convencido que Jorge ya alentaba estas y otras ideas con su valioso equipo de investigadores desde el Ravignani y el apoyo de colaboradores internacionales.

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Notas

1 Entre las contribuciones sobre la obra conjunta de Garavaglia y Gelman, ver Fradkin y Santilli (2020).
2 Clarín (Buenos Aires, 6 de enero de 2012).
3 Gelman, J. (2017). La historia de la desigualdad en el largo plazo, entre la política y el mercado. A propósito de Peter Lindert and Jeffrey Williamson (2016). Unequal gains. American growth and inequality since 1700, Princeton University Press: New Jersey. Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, 48. Disponible en: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/boletin/article/view/6547.
4 El artículo de Gelman: “Gauchos o campesinos”, pp. 53-59.
5 Hora (2007) destaca la influencia que pudieron tener algunos trabajos en cierto modo de bisagra hacia esa otra nueva interpretación del agro argentino, en concreto, el de Hilda Sábato (1989). Menor fue la influencia del estudio pionero de Jonathan Brown (2002, ed. inglesa de 1979).
6 Sobre la destacada presencia de explotaciones familiares y de sistemas de trabajo donde el salario sólo formaba una pare menor, ver Garavaglia y Gelman (2003).
7 Gelman, J. D., “Mapa y territorio de la desigualdad colonial”, Clarín (06/01/2012).
8 Artículo mencionado de Clarín (Buenos Aires, 06/01/2012).
9 Enric Saguer, Investigaciones de Historia Económica-Economic History Research (2013), vol. 9 (1). Su reseña recibe 1212 visitas (15 de febrero 2019). Osvaldo Otero, Comptes rendus et essais historiographiques (2012); Gerardo Sánchez, Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (2012), nº 35/36.
10 Otras muestras con perspectiva más social en Richard-Jorba y Bonaudo (2016).
11 El hecho contrasta con los datos de aumento de la desigualdad económica, medida por la riqueza y la distribución funcional de los ingresos en los trabajos de Gelman y Santilli, y de la desigualdad de la propiedad de la tierra. Ver Santilli (2016).
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