Reseñas

| Bragoni Beatriz. Las Mujeres de la Revolución. 2025. Buenos Aires. Edhasa. 279pp. |
|---|
Las historias que relata Las Mujeres de la Revolución transcurren en una época signada por la movilización política que acompañó a la descomposición del imperio español, y por el desgarrador conflicto entre quienes se plegaban a la contrarrevolución y quienes pujaban por fundar nuevas patrias sujetas al principio de soberanía popular. Se trata de una trama bien conocida, porque la historiografía ha dado cuenta del dramatismo con el que la ola revolucionaria penetró no solo en las arenas del poder sino también entre los pliegues de la vida cotidiana, surcándola de rivalidades facciosas y convirtiendo a las familias en campos de disputa. Sin embargo, cuando los estudios históricos sobre esta época llena de desgarros posaron su mirada sobre las mujeres, las damas patricias, ubicadas en un lugar de obediente subordinación a los hombres, monopolizaron los roles protagónicos. En cambio, este libro se despliega hacia un horizonte más amplio y está motivado por el desafío de desentrañar la experiencia femenina en un arco que, sin soslayar a las patricias, las ubica en un escenario donde convergen mujeres muy diferentes entre sí, por su color, por su posición social y por su relación con los hombres y con la revolución. Morenas, pardas y blancas; porteñas y provincianas; campesinas pobres y esposas y hermanas de políticos célebres; cacicas pehuenches y princesas borbónicas; féminas alfabetizadas que eran poseedoras de un capital cultural, escribían cartas, leían los diarios y asistían a tertulias y mujeres analfabetas del bajo pueblo cuyas vidas también fueron alcanzadas por las profundas transformaciones que trajo consigo la ruptura del orden colonial. El terremoto revolucionario y sus réplicas sucesivas en forma de guerra trastornaron sus existencias, pero cada una de ellas vivió y sufrió a su modo aquella época de violencia, incertidumbre y creatividad. De esta diversidad de experiencias está hecho este libro, escrito por un elenco de trece autoras que, con una pesquisa que combina rigor y sensibilidad, recuperaron del pasado a un entramado femenino que parecía relegado al olvido.
Si es cierto que este estudio muestra que el protagonismo que las mujeres cobraron a lo largo y ancho de la geografía revolucionaria estuvo lejos de conmover las bases jurídicas del orden patriarcal, también lo es que sus páginas están pobladas por “mujeres en acción”, porque las historias que narra, más que del patriarcado, hablan de su agencia, de cómo ellas reaccionaron ante una situación límite que trastocó sus mundos íntimos y su lugar social. En esa encrucijada vital, algunas se descubrieron portadoras de un potencial político que habría permanecido dormido si la revolución no hubiera desarticulado sus vidas. Eso fue lo que le ocurrió a María Guadalupe Cuenca, la esposa de Mariano Moreno, cuyas cartas –escritas sin saber que él ya había fallecido en altamar– expresan no solo los costos emocionales de la partida de su marido en misión diplomática a la Corte de Londres, sino también su toma de posición en defensa de la causa política del “partido de Moreno”. En el repertorio de mujeres notables, el libro se detiene también en la laboriosa reconstrucción de las vicisitudes de la salteña Magdalena Güemes, tensionada entre su condición de esposa de un realista y hermana de un revolucionario y patriota apasionado que comandó a la milicia gaucha durante las guerras de la Independencia en la frontera norte.
En el otro extremo están las mujeres anónimas, como las campesinas tejedoras de ponchos de las llanos riojanos y santiagueños y las serranías cordobesas y puntanas, habituadas a vivir en sociedades donde escaseaban los hombres y a ocupar la jefatura de hogar y gestionar la economía doméstica en soledad. El desequilibrio demográfico y económico, un rasgo que en esas sociedades se remontaba a los tiempos de la colonia y que obedecía a las dinámicas laborales de una región pobre de la que estacionalmente migraban densos flujos de hombres jóvenes hacia otros destinos del territorio virreinal, fue exacerbado por la estela de la guerra con su sed insaciable de levas y de recursos con los que alimentar y equipar los ejércitos. Entre los dos extremos del arco social que va de la elite a las clases pobres, Las Mujeres de la Revolución abre un universo variopinto de féminas –anónimas unas, con nombres que transcendieron al olvido, otras. Todas compartieron la conmoción del terremoto revolucionario, buscaron equilibrios –que seguramente sospechaban inestables–, se movieron con soltura entre los intersticios de un sistema normativo que se desintegraba y otro que pujaba por nacer, y desplegaron su capacidad de agencia haciendo un uso estratégico y creativo de las reglas para gestionar la “política de la vida cotidiana”. Mientras unas se resistían a la exacción de sus recursos o reclamaban ante las autoridades por los servicios a la patria que habían prestado sus maridos e hijos caídos en combate, otras sostenían con aportes y donaciones los costos de la guerra revolucionaria. Algunas delataban conspiraciones, otras transmitían noticias y rumores. Unas no dudaban en dejarlo todo atrás para acompañar a sus esposos desterrados, otras no se amilanaban a hora de defender por la vía diplomática a sus parcialidades indígenas de los comandantes de la frontera, o para ponerse al servicio de los negocios familiares y sostener el patrimonio en ausencia de los varones.
Las Mujeres de la Revolución es un libro hecho de retazos, de información escasa y de una estrategia de reconstrucción fina y laboriosa, que sigue rastros difusos en archivos y colecciones documentales y propone una lectura a contrapelo buscando deconstruir narrativas en las que a menudo no aparecen las voces de las mujeres sino solo las interpretaciones y traducciones que de sus experiencias hicieron los hombres. Sin dudas, las autoras han hecho un trabajo colectivo y artesanal. Cada una se ha valido de un fragmento del pasado de muy diferente textura, tamaño y color y, como si fuesen las integrantes de un quilting bee (aquella tradición en la que las mujeres del mundo rural de Estados Unidos y Canadá se reunían para coser y fabricar colchas hechas de retazos y, mientras cosían, compartían historias), han dado forma un patchwork de exquisito diseño, que sintetiza una imagen novedosa, fresca y sensible de una época convulsionada y dramática. En esta historia hecha de muchas historias ha gravitado el reconocimiento que en el oficio de reponer el pasado ocupa esa agudeza que, aunque se deja guiar por el método y las reglas de la profesión, no elude a la intuición, el componente crucial de la imaginación histórica que, como sostuvo la célebre Natalie Zemon Davis, salva a las personas de la oscuridad, de lo oculto, y les da un sentido a sus vidas.1
Notas
Información adicional
redalyc-journal-id: 3794