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Alberdi. Baratta, María Victoria (2024). Buenos Aires: Crítica, 248 páginas.
Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, núm. 64, pp. 127-128, 2026
Universidad de Buenos Aires

Reseñas

Este trabajo está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional
Baratta María Victoria. Alberdi. 2024. Buenos Aires. Crítica. 248pp.

DOI: https://doi.org/10.34096/bol.rav.n64.17735

Aparecido meses antes de las recientes polémicas sobre la manera de interpretar el pasado argentino que enfrentaron a dirigentes políticos, periodistas e historiadores, esta amena biografía de Alberdi presentada por María Victoria Baratta no deja de lado, sin embargo, la reflexión sobre las tensiones que surgen entre las diversas interpretaciones de nuestro pasado. En uno de los últimos capítulos la autora reflexiona sobre “la nueva actualidad de Alberdi”, señalando acertadamente que la extensión de su obra y las cambiantes perspectivas que en ciertos temas mantuvo el tucumano lo han hecho pasible de “ser utilizado o reivindicado desde diferentes posiciones partidarias” (pp. 213-215).

Podría sugerirse también, como apuntó hace tiempo Tulio Halperin Donghi, que “la sobrevida” de Alberdi y sus escritos para las generaciones siguientes se explicaba no solo por esa pluralidad de vistas que una obra tan extensa puede ofrecer, sino por el espíritu general que sostiene toda su obra: el de una promesa de desarrollo y transformación posible que las penurias de la Argentina contemporánea vuelven aún más relevante. El capítulo de esta biografía que lleva por título “Un prócer sin feriado”, sin embargo, señala ese ambiguo estatus de la figura de Alberdi: reconocido como ‘padre fundador’ de nuestra organización constitucional por muchos, relativamente ignorado por muchos más, y más bien dejado de lado al momento de pensar en el canon de nuestras figuras históricas más perdurables. Por otra parte, la autora deja sentadas también las necesarias precauciones metodológicas requeridas para “evitar la deformación presentista” (p. 37) en un capítulo dedicado a “cómo pensar las ideas”.

De todos modos, sería injusto enmarcar a este trabajo como una intervención en esos debates recientes. Sus objetivos y su tono son otros, más apropiados para el propósito de divulgación que la autora le imprime. Se trata de un texto compacto, breve, bien informado y presentado de una manera amigable al lector interesado, que no necesita de una formación historiográfica rigurosa para poder comprender los lineamientos generales sobre la vida y la obra de Alberdi, analizados con agudeza por la autora. El libro está estructurado en una serie de capítulos que van alternando la narración cronológica con capítulos más analíticos sobre las distintas caras que ofrecen tanto los escritos de Alberdi como las dificultades de la empresa biográfica misma. El texto se abre con un recordatorio de la centralidad del análisis de la cultura material para acercarse al estudio de la circulación de ideas y doctrinas: el trabajoso camino recorrido por seis ejemplares de las Bases desde Valparaíso a Santiago, a través de los Andes en una caravana de mulas, hasta Uspallata y que, finalmente, “catorce noches y quince días después de haber salido”, llegaron a Mendoza. Una de esas copias llegaría, casi dos meses después de haber salido de Valparaíso, a manos de Justo José de Urquiza, que todavía estaba en Buenos Aires tras su triunfo en Caseros, abriendo así una de las fases de mayor influencia del pensamiento de Alberdi en la organización institucional del país.

En otros capítulos, el libro recorre las distintas etapas de la vida de Alberdi, su infancia y juventud, la participación en el Salón Literario y sus amistades en el grupo de la Joven Generación, sus cambiantes perspectivas respecto a la figura de Rosas, el exilio, la elaboración de sus obras más importante, las polémicas con Sarmiento, etc. De particular interés, dada la producción anterior de la autora sobre la Guerra del Paraguay, resultan las páginas en las que se analiza la supuesta “traición” de Alberdi durante la misma, y finalmente sus últimos años, y el regreso a la Argentina.

No debería demandarse de un libro de estas características contribuciones completamente originales sobre la vida y obra de Alberdi. En parte, porque la enorme cantidad y calidad de trabajos anteriores (Botana, Mayer, Terán y tantos otros) dejan pocos resquicios por donde incorporar nuevas vistas; y en parte también porque, como la misma autora va descubriendo en el proceso de escribir su biografía, Alberdi fue siempre reacio a mostrar demasiado sobre su vida personal o sus emociones. Si, como sugirió Leon Edel al intentar definir los rasgos básicos del género biográfico, “el biógrafo debe analizar sus materiales para descubrir las verdades profundas del sujeto estudiado… la mitología privada del individuo”, lo que se esconde detrás de la fachada que la vida pública construye,1 esta tarea se volvió particularmente dificultosa para quienes intentaron descifrar los dibujos escondidos en la trama de la vida de Alberdi. Para Silvia Molloy y Adolfo Prieto, recuerda la autora, “los Escritos póstumos tenían una promesa de intimidad que no cumplieron. Son plena ausencia de la menor efusión emotiva”. Escribiendo sobre los escritos autobiográficos de Alberdi, Tulio Halperin señaló las dificultades de Alberdi en el proyecto de narrar su propia biografía: “le costaba traspasar la falta de recato y parecía que esa autobiografía estaba destinada solo al ámbito familiar”.2 Y Pablo Rojas Paz resumió otro tipo de dificultades para la escritura de una novela sobre Alberdi, definiendo pasajes de la vida de Alberdi como una vida que carece de episodios, “es puro pensamiento y dramática soledad” (pp. 194 y 197).

Esta idea de la vida de Alberdi como “puro pensamiento” y, por lo tanto, como una vida particularmente difícil de reconstruir desde la biografía como género ha sido también explorada recientemente por Patricio Fontana al estudiar los escritos biográficos llevados adelante por el mismo Alberdi. Los ensayos del tucumano sobre el General Bulnes, el empresario William Wheelwright, o su amigo y camarada Juan María Gutiérrez, presentan las mismas características que los biógrafos de Alberdi encuentran al intentar su retrato: “los biografiados se presentan menos como personajes que como símbolos”. En Alberdi, señala Fontana, lo biográfico ha sido “escamoteado”. Sus personajes tienden a ser “dematerializados”, convertidos en símbolos y en personificaciones de ideas, más que en personas. El rechazo a toda forma de escritura biográfica que, al destacar atributos personales pudiera estar teñida por algún rasgo de “hero-worship” es para Alberdi algo más que una preferencia de estilo: un país cuya historia se escribe en términos personales es para Alberdi, concluye Fontana, no solo un país primitivo, sino también uno condenado a no salir de esa condición; “un país moderno no engendra ni héroes ni biografías”. Y Alberdi no dudó en acusar a Sarmiento en sus Cartas quillotanas del pecado de anteponer el yo al estudio de lo colectivo: “permítame agregar que el yo es culpable, cuando la agonía de la patria impone a sus hijos el deber de olvidarse de sí, para pensar en ella”.3

Alberdi combinó esa reticencia a hablar de sí mismo con una firme convicción en que la tarea intelectual misma, en las particulares circunstancias de tiempo y lugar que le habían tocado, debía alejarse de las especulaciones “psicologistas”. La filosofía, escribió tempranamente, se hacía de día en día “estadista, positiva, financiera, histórica, industrial, literaria en vez de ideológica y psicológica”, y a lo largo de toda su producción encontramos una y otra vez su decidida crítica a la tendencia de los hombres de letras americanos a entregarse a “las pedantescas reminiscencias de Grecia o de Roma”.4 La autora concluye, de todos modos, que esa paradójica posición por la cual la condena a esos rasgos de la vida intelectual del período provenía de alguien que había dedicado su vida entera a pensar y escribir sobre su país, mayormente desde la perspectiva de “un ausente”, no hace menos valioso su proyecto: “Alberdi reivindicó la tarea intelectual con su vida y con sus obras. Y este libro también quiso poner en primer plano el valor de ese trabajo. Leer, estudiar, investigar, pensar, escribir son acciones fundamentales, que pueden mejorar y modificar la realidad y no valen menos que otras acciones” (p. 221). Ese recordatorio es también un mérito de esta biografía que, destinada a la divulgación general, conforma también un oportuno llamado a renovar la reflexión colectiva sobre las contribuciones de una figura central de la historia argentina.

Notas

1 Edel, L. (1984). Writing Lives. Principia Biographica. New York: W. Norton, 29-30.
2 Halperin Donghi, T. (2013). Alberdi por Alberdi: la dimensión autobiográfica en los Escritos póstumos. En Letrados y pensadores. El perfilamiento del intelectual hispanoamericano en el siglo XIX. Buenos Aires: Emecé.
3 Fontana, P. (2024). Vidas americanas. Los usos de la biografía en Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, 191-192.
4 Alberdi, J. B. (1840). Ideas para presidir la confección del curso de filosofía contemporánea en el Colegio de Humanidades, Montevideo. En Escritos Póstumos, vol. XV; Escritos económicos, en Escritos póstumos, vol. I.

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