Reseñas

| Hamre Torleif R., Larsen Avelin André, Frydenlund Bård. Iconic National Monuments and the Stories We Make Them Tell. 2024. Oslo. Scandinavian Academic Press. 300pp. |
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9 de julio de 2016. Desde la mesa de un café en Tucumán, un historiador noruego contempla con curiosidad cómo los discursos políticos del Bicentenario de la Independencia que se transmiten por televisión pasan desapercibidos entre los presentes. Por el contrario, cuando en las pantallas suena el himno nacional, el historiador extranjero repara en que todos se ponen de pie a su alrededor y lo cantan con emoción. Esta improbable conexión noruega-argentina se conjuga en Iconic National Monuments and the Stories We Make Them Tell con la visita a Tucumán que relata uno de sus editores Torleif R. Hamre. Bård Frydenlund y André Larsen Avelin completan junto a Hamre la dirección de este aporte vigoroso a los estudios sobre memoria colectiva, patrimonio y construcción de mitos fundacionales a ambos lados del Atlántico. Publicado en 2024 por Scandinavian Academic Press, este libro representa la culminación de la trilogía del proyecto Founding Fathers across the Atlantic –History and Legacy in Norway and the USA, auspiciado por el Norwegian Constitution Museum. La obra reúne las contribuciones de diez especialistas –historiadores, museólogos y teóricos culturales– que analizan el desarrollo de monumentos nacionales emblemáticos en Noruega, Estados Unidos, Polonia, Gran Bretaña y Argentina. Las distintas propuestas examinan el contexto de construcción, la evolución simbólica y la función pública de estos sitios de memoria, ofreciendo una perspectiva comparada, interdisciplinaria y contextualizada.
La convergencia de enfoques –desde la museología hasta la historia política, la historia del arte y los estudios culturales– enriquece la comprensión de cómo los monumentos se inscriben en discursos nacionales. El diálogo interdisciplinario aporta profundidad y vigor analítico. Los capítulos están escritos de forma clara y amena, lo que amplía su impacto potencial más allá del ámbito estrictamente académico. Aunque se enfoca principalmente en monumentos decimonónicos, la obra dialoga implícitamente con debates contemporáneos sobre la deconstrucción y relectura de símbolos nacionales. Al cruzar los casos noruegos, polacos, británicos, estadounidenses y argentinos, es posible identificar continuidades, como la función de mito fundador, y también diferencias, como las variaciones en el grado de institucionalización dentro de la memoria nacional o el peso de las cuestiones raciales. Se abre así un espacio para reflexiones transnacionales sobre las prácticas conmemorativas.
El capítulo de Keith Lowe establece una relación entre la remoción de monumentos comunistas en Europa del Este en 1989 y el vandalismo sufrido por monumentos británicos asociados al racismo durante el movimiento Black Lives Matter en 2020. Lowe precisa algunas similitudes y distinciones entre ambos procesos y destaca la persistencia del conflicto en torno a la memoria del comunismo. En el capítulo siguiente, Anne Eriksen parte también de una referencia al Black Lives Matter para introducir su análisis sobre la “doble historicidad” de los monumentos en Noruega. Más que mensajes sobre el pasado de los personajes conmemorados, los monumentos, sostiene Eriksen, nos hablan del período histórico en que fueron erigidos, una capa de significado que suele ser ignorada.
El debate en torno al museo-casa donde se firmó la Constitución noruega en Eidsvoll constituye el centro del capítulo a cargo de Bård Frydenlund, uno de los editores del volumen. La relación entre el sitio patrimonial y el relato histórico dominante vinculado a él, así como sus variaciones, es el eje articulador de este análisis. Frydenlund recorre la transformación de la casa de Eidsvoll desde símbolo nacional hasta lugar de encuentro para discusiones democráticas contemporáneas, con tensiones en torno a su rol como hito de la identidad noruega, símbolo de independencia o espacio de defensa de derechos de minorías. Enseguida, el capítulo de Solveig T. Dahl aborda en detalle el proyecto de crear una galería de retratos nacionales en la misma casa de Eidsvoll durante el largo siglo XIX.
Por su parte, el trabajo de Anne Lindsay examina los monumentos y espacios conmemorativos de la generación fundadora de Estados Unidos, como Mount Vernon, el Parque Nacional de la Independencia en Filadelfia, el Parque Histórico Nacional Adams en Quincy y Monticello en Virginia. Para Lindsay, solo el parque Adams presenta una narrativa más inclusiva, el resto tiende a reproducir la historia como una epopeya protagonizada por hombres blancos privilegiados.
Los capítulos dedicados a las efemérides del 25 de Mayo y el 9 de Julio merecen un espacio destacado en esta reseña para una revista académica argentina. El trabajo de Mariana Katz y Gabriel Di Meglio analiza la cultura visual en torno al Cabildo. La representación del Cabildo se vuelve dominante por su carácter impersonal: permite la construcción de consensos amplios y no requiere habilidades sofisticadas para su decodificación. Hacia fines del siglo XIX, la imagen de la fachada del antiguo Cabildo se convierte en símbolo masivo de la Revolución mediante la difusión en la prensa y en las escuelas y más tarde debe ser reconstruida para ajustarse al imaginario colectivo.
Por su parte, el capítulo de Juan Carlos Marinsalda analiza el proceso de patrimonialización de la Casa Histórica de Tucumán. En el marco de la construcción del Estado nacional, la evolución del mito de la identidad argentina condujo, según el autor, a la destrucción de su testimonio material más valioso. El texto examina las intervenciones del Estado en la Casa, mostrando cómo responden a estrategias de integración territorial en planos materiales, ideológicos y simbólicos. Se destaca cómo la historia familiar se incorpora a la narrativa oficial como forma de control simbólico, y cómo distintos actores utilizan el sitio como espacio de legitimación política. La patrimonialización de la Casa es un proceso dinámico que aún hoy expresa tensiones entre la memoria mítica de la “casita de Tucumán” y la institución del Congreso soberano de 1816.
Finalmente, e integrando los trabajos anteriores, el capítulo de Facundo Nanni plantea que Argentina vive bajo “dos cumpleaños”: el 25 de Mayo de 1810, que simboliza el inicio del ciclo revolucionario, y el 9 de Julio de 1816, que consagra legalmente la independencia. Esta distinción estructura la tensión entre “acto fundacional” y “consagración jurídica”. Lejos de ser redundante, esta duplicidad constituye el motor de una identidad nacional plural y compleja. Nanni examina cómo monumentos como la Casa de Tucumán han sido objeto de reinterpretaciones políticas y narrativas cambiantes. Subraya la interacción entre memoria material y construcción discursiva, mostrando cómo el vaivén entre mayo y julio expresa una polisemia nacional útil para distintos proyectos identitarios. La Casa de Tucumán se convierte en lieu de mémoire nacional gracias a decisiones políticas, estrategias simbólicas y rituales populares que la transforman en objeto de peregrinación cívica. Nanni enfatiza que la construcción del “culto cívico” a los cumpleaños patrios no fue lineal ni espontánea: involucró a élites provinciales, al Estado y a la sociedad desde abajo: estudiantes, trabajadores e inmigrantes que convirtieron el ritual en logro colectivo.
En suma, Iconic National Monuments and the Stories We Make Them Tell es una obra significativa dentro de los estudios sobre patrimonio, memoria y museología comparada. Ofrece no solo un recorrido por monumentos históricos, sino también una reflexión aguda sobre cómo las naciones construyen, negocian y reescriben sus propias historias. Se trata de un libro bien concebido, riguroso y estimulante.
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