Artículos

Recepción: 20 Mayo 2025
Revisado: 19 Agosto 2025
Aprobación: 24 Agosto 2025
DOI: https://doi.org/10.37177/UNICEN/EB36-463
Resumen:
El artículo se inscribe en un proyecto de investigación1 que buscó indagar en las expectativas de jóvenes de escuelas secundarias de la ciudad de Paraná (Entre Ríos), sobre la educación y el trabajo, perteneciente a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
A nivel metodológico, se trató de un abordaje multimetódico. En una primera etapa durante los meses finales de 2023, aplicamos un cuestionario estandarizado a una muestra total de 559 estudiantes pertenecientes a 22 escuelas secundarias (estatales y privadas, orientadas y técnicas), mientras que durante el 2024 llevamos a cabo entrevistas semiestructuradas a una muestra menor correspondiente a las escuelas seleccionadas inicialmente.
En el presente trabajo nos centramos exclusivamente en el análisis de los datos arrojados por el cuestionario aplicado a 429 estudiantes de escuelas orientadas, estatales y privadas. Buscamos conocer las percepciones subjetivas (preocupaciones, sentimientos, anhelos) que expresan los estudiantes de 6to. año acerca del futuro laboral y la continuidad de los estudios.
Concebimos a la percepción como un producto y parte de un proceso de convergencia y de relación dialéctica entre las expectativas (subjetivas) y aquellas condiciones estructurales (objetivas).
A lo largo del análisis pudimos observar la presencia de algunos sentimientos dominantes vinculados principalmente con la incertidumbre y la confianza, además de percepciones positivas y negativas sobre el futuro. También, pudimos conocer de primera mano algunas de las principales preocupaciones sobre el contexto actual, el desarrollo de la economía en general, así como algunas situaciones que podrían interponerse en el despliegue de los márgenes de acción y apertura de horizontes.
Consideramos que en un contexto político y social, caracterizado por la impronta de la globalización neoliberal, la crisis de autoridad de las principales instituciones, la creciente informalidad, precarización y flexibilización laboral, es de suma importancia indagar acerca de las percepciones juveniles en relación con los desafíos del presente como del porvenir.
Palabras clave: percepciones, estudiantes, transición, mundo laboral, continuidad de estudios.
Abstract:
The article is part of a research project2 that aimed to explore the expectations of young people from secondary schools in the city of Paraná (Entre Ríos) regarding education and work, carried out within the Faculty of Education Sciences at the National University of Entre Ríos.
At a methodological level, the project was inscribed in a multi-method approach. In a first stage, during the final months of 2023, we applied a standardized questionnaire to a total sample of 559 students belonging to 22 secondary schools (public and private, oriented and technical), while in 2024 we conducted semi-structured interviews with a smaller sample corresponding to the schools initially selected.
This paper focuses solely on the analysis of the results from the questionnaire given to 429 students from public and private academic-oriented schools.
The researchers want to show the different students' perceptions (concerns, feelings, desires) expressed by students at their last year at secondary schools in Paraná city. In regard to students' future employment and future studies at universities.
We understand perception as a product and part of a process among personal viewpoints, experiences or perspectives (subjective) and factual data that is not influenced by personal belief or biases (objective).
Throughout the analysis, we were able to observe the presence of some dominant feelings mainly linked to uncertainty and confidence, as well as certain positive and negative perceptions about the future. We also gained firsthand knowledge of some of the main concerns about the current context, the development of the economy in general, as well as some situations that could stand in the way of expanding the margins of action and opening up horizons.
We believe that, in a political and social context marked by the impact of neoliberal globalization, the crisis of authority in key institutions, and the increasing prevalence of informal, precariousness, and flexible labor, it is crucial to examine young people's perceptions of both present and the future challenges.
Keywords: perceptions, students, transition, world of work, continuing education.
1. Las percepciones sobre el futuro: entre la experiencia y los condicionantes del contexto
La culminación de la escuela es un momento especial. Es una etapa de transición significativa en el que las y los jóvenes comienzan a evaluar, con mayor o menor rigurosidad, acerca de cuáles serán los caminos a seguir y las decisiones a tomar.
Estudiar en la universidad, especializarse en algún oficio, tomarse un año sabático, buscar un trabajo transitorio para “salir del paso” de las urgencias económicas, irse al exterior, crear un emprendimiento, encontrar un trabajo estable, pueden ser algunas de las opciones más recurrentes que están dentro del complejo abanico de posibilidades.
La pregunta por el futuro dispara diferentes percepciones subjetivas entre las y los jóvenes. Conjeturamos que el posicionamiento en la estructura social, incide en las diferentes posibilidades de sentidos. Para un sector juvenil, la terminalidad del secundario puede significar un acontecimiento trascendente que refiere a nuevas oportunidades para el desarrollo personal, aunque para otros y otras, puede ser una verdadera encrucijada demarcada por las escasas posibilidades de inserción laboral, además de ciertos riesgos de vulnerabilidad social. Sostenemos, entonces, que la noción de percepción está atravesada por las diferentes condiciones que establece (a los agentes) la estructura social vigente.
En esta tarea, partimos de una concepción epistemológica crítica de la noción de percepción, la cual busca superar aquella dicotomía moderna establecida entre un sujeto y un objeto, entre una subjetividad (interna) y una objetividad (externa), es decir, entre dos elementos susceptibles de desvinculación (Taylor, 1980). Por el contrario, la noción aquí es entendida como un punto de convergencia y de relación dialéctica entre el agente y el mundo, a partir de la circularidad propia de toda experiencia hermenéutica (Gadamer, 1959).
La percepción, entonces, es un producto y un proceso de una elaboración psicológica y social de lo real (Aisenson, 2011). Una especie de saber práctico porque se produce en la experiencia cotidiana de las y los jóvenes, permitiéndoles evaluar, decidir y actuar de forma activa en y sobre la realidad social.
Este saber práctico nos ayuda a “comprender las relaciones de simbolización y significación que tienen los sujetos o los grupos con los objetos de la realidad que les resultan significativos, así como los procesos de producción de estas construcciones” (Aisenson, 2011, p. 163).
Es en esta practicidad de la experiencia donde se inscribe toda percepción, donde se producen las diversas expresiones y opiniones referidas a un conjunto de creencias y expectativas que tienen las y los jóvenes, en tanto que agentes de una estructura más amplia, frente a fenómenos socioculturales tan significativos como es, en este caso, el futuro.
En esta línea de trabajo, consideramos necesario mencionar la ineludible condicionalidad que establece en toda percepción el actual contexto de producción postindustrial, caracterizado entre otros aspectos por la globalización (Giddens, 2000); la desregulación y los distintos procesos de liquidez de las instituciones modernas (Bauman, 2003); la creciente informalidad, precarización y flexibilización de los modos y relaciones de producción (Beck, 2006; Castillo Berthier, 2008); los cuales establecen nuevos marcos (estructurales) de referencia y de acción para los agentes sociales, dando origen a nuevos modos de valoración del trabajo (Pérez Islas, 2010), distintos de las épocas anteriores.
Entendemos que hay una diferencia sustantiva entre los marcos institucionales sociales y laborales pertenecientes a las sociedades industriales, en contraposición a los que identificamos en la sociedad postindustrial. Hasta finales de los años 70 del Siglo XX, existían claramente marcadores de transición juvenil (Bendit, Han y Miranda, 2008), inscriptos en contextos institucionales socialmente aceptados. Había, además, una cierta linealidad-continuidad en la relación estudiar- trabajar- salir del hogar de origen- conformar una familia- jubilarse. Sin embargo, a finales de los años 70 y principios de los 80, y en Argentina con más fuerza durante la década de los 90, estas referencias se fueron desdibujando, emergiendo nuevos marcos de institucionalización establecidos por las “leyes invisibles” del modelo neoliberal en los países de la región. Al respecto, Jacinto (2010) señala que “en las últimas décadas del siglo pasado se rompió el modelo de la integración de las generaciones jóvenes a la sociedad a través de una secuencia de pasos institucionalizados que iban de la educación al trabajo” (p.16).
En estos nuevos escenarios los procesos de transición se han visto trastocados, volviéndose no-lineales y discontinuos. He aquí, entonces, otro de los supuestos importantes que orientan nuestro trabajo sobre las percepciones juveniles, el cual se encuentra estrechamente relacionado con los nuevos modos y relaciones de producción que establece la globalización y el modelo neoliberal.
Corica y Otero (2018) conciben esta época caracterizada por fuertes procesos de individuación en el que se destaca “un debilitamiento de las instituciones sociales y una mayor responsabilidad de los individuos sobre sí mismos para interpretar su realidad, darle sentido y construir un relato que unifique su experiencia” (p. 137).
Así pues, los itinerarios y transiciones juveniles están circunscriptos ahora a decisiones y recorridos personales donde las distintas acciones individuales (Bendit, et al., 2008) se hallan ancladas en un marco de condiciones socio-económicas con ciertos constreñimientos.
Esta condicionalidad estructural produce consecuencias directas en la configuración de las trayectorias y transiciones, ahora segmentadas, diversas y sobre todo, desiguales (Kantor, 2008). Como veremos en el análisis de las distintas respuestas, este fenómeno se observa mayormente en relación con los anhelos, expectativas y proyectos.
En este sentido, consideramos importante recuperar una reflexión de Machado País (2000) quien sostiene que en la transición hacia la vida adulta por parte de las y los jóvenes “el tiempo presente no está determinado solamente por las experiencias acumuladas del pasado del sujeto, sino que también forman parte de él, las aspiraciones y los planes para el futuro: el presente aparece condicionado por los proyectos o la anticipación del futuro” (p. 13).
2. En la búsqueda de las percepciones sobre el futuro
Hacia finales del 2023, asistimos a un total de 22 escuelas ubicadas en distintos puntos geográficos (céntricas y periféricas) de Paraná. La muestra se conformó mediante un criterio probabilístico estratificado (Hernández Sampieri et al., 2014), proporcional al número total de escuelas según la modalidad (orientada y técnica) y tipo de gestión (estatal y privada) existente en la ciudad.
En este sentido fueron seleccionadas 7 escuelas orientadas de gestión estatal y 7 de gestión privada, bajo la órbita del Consejo General de Educación de Entre Ríos (CGE) y 1 escuela secundaria preuniversitaria de gestión estatal, dependiente de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER).
En cuanto a la muestra de escuelas de la modalidad técnico-profesional, fueron seleccionadas 5 instituciones de gestión estatal y 1 de gestión privada también dependientes del CGE y 1 escuela secundaria agrotécnica preuniversitaria de gestión estatal dependiente de la UADER.
En lo que respecta a la muestra de estudiantes, la misma quedó conformada por un total de 559 participantes, divididos en 429 (77%) pertenecientes a escuelas orientadas y 130 (23%) vinculados a escuelas de educación técnico profesional, quedando representado un 20% de la matrícula total del nivel en Paraná.
En el trabajo de campo fuimos tomando algunas decisiones en relación con diversas particularidades de cada contexto escolar: se tuvo en cuenta la cantidad de estudiantes por curso, aulas y/o salones, conectividad, acceso de las y los estudiantes a los dispositivos electrónicos, autorización de las familias y tutores, aplicación del instrumento en materias afines a la temática del proyecto, etc.
Al tratarse de un cuestionario en soporte digital, a través de la herramienta Google Form, generó que cada uno de las y los jóvenes trabajara de forma individual a través de sus respectivos dispositivos electrónicos. El cuestionario estuvo compuesto por 46 preguntas las cuales fueron divididas y organizadas en relación con tres grandes secciones: la primera apuntó a caracterizar a la población estudiantil según distintas variables que buscaron explorar aspectos relacionados con las escuelas a las que asisten, el tipo de orientación que cursan, la conformación del grupo familiar, el nivel de educación y el tipo de trabajo de sus respectivas familias, entre otras. La segunda se planteó recolectar información sobre las trayectorias educativas, buscando conocer posibles migraciones de una escuela a otra, repitencia escolar, interés por la orientación, los itinerarios laborales durante el paso por la escuela y determinadas actividades extraescolares en torno la recreación, el deporte, y la cultura. La tercera, sobre la cual se orienta el presente escrito, buscó indagar sobre las expectativas y proyectos a futuro en relación con el mundo laboral y la continuidad de los estudios. La misma estuvo compuesta por preguntas categorizadas y abiertas que indagaron sobre el lugar simbólico que las y los jóvenes otorgan al trabajo y al estudio, la importancia del título, valoraciones sobre el aporte de la escuela, planes de permanecer o de emigrar, con quiénes hablan del futuro, qué dificultades identifican, cuáles son los principales sentimientos, etc.
En esta línea de indagación que propone la tercera sección, Longo (2008) refiere a la relevancia que tiene este interés por comprender las expectativas y proyectos de futuro en las investigaciones sobre trayectorias y transiciones juveniles, no solamente considerando los tipos de empleos “objetivos” y sus condiciones que describen las y los jóvenes, sino también el posicionamiento simbólico, subjetivo, las preferencias y las imágenes asociadas al mundo del trabajo. Para dicha investigadora “los anhelos, los proyectos, las expectativas, en tanto que anticipaciones del futuro, muestran su gran peso en los momentos en que los jóvenes toman decisiones o actuán en la esfera profesional” (Longo, 2008, p. 82).
El presente trabajo se centra exclusivamente en las 15 escuelas secundarias de educación orientadas (8 públicas de gestión estatal y 7 de gestión privada) de la ciudad de Paraná, participando del cuestionario un total de 429 estudiantes.
3. Expectativa de futuro en clave juvenil
A partir de nuestro interés por conocer las diversas percepciones subjetivas nos centramos particularmente en el análisis de los resultados arrojados por tres preguntas claves, pertenecientes a la tercera sección del cuestionario:
¿Cuáles son tus sentimientos frente al futuro laboral o de estudio?
¿Cómo imaginás tu futuro laboral a largo plazo (a 10 años)?
¿Cuáles de estos problemas te preocupan a futuro?
3.1- ¿Cuáles son tus sentimientos frente al futuro laboral o de estudio?
Se trata de una pregunta categorizada en la que los y las estudiantes podían elegir distintas alternativas y limitada en tanto debían marcar hasta dos opciones. Entre las posibilidades de elección propusimos los siguientes términos referidos a los sentimientos de futuro: incertidumbre, esperanza, preocupación, confianza, seguridad y otros.
De este modo, al focalizar el análisis en los datos obtenidos observamos que 90 estudiantes eligieron 1 sola opción, en tanto que 336 se inclinaron por marcar 2 opciones de respuesta acerca de cuál es su respectivo sentimiento de futuro.

Tal como observamos en la Figura 1, para 90 estudiantes el sentimiento de confianza aparece en primer lugar con 33 frecuencias, le sigue el sentimiento de incertidumbre con 21, luego el sentimiento de preocupación con 14, seguido del sentimiento de inseguridad con 13, y por último, el sentimiento de esperanza con 9 respuestas.

Por otra parte, en relación con las y los jóvenes que eligieron combinar 2 opciones de sentimientos (Figura 2), los resultados arrojados fueron:
Incertidumbre y Preocupación (56 respuestas).
Incertidumbre y Confianza (43 respuestas)
Incertidumbre y Esperanza (35 respuestas)
Incertidumbre e Inseguridad (24 respuestas)
También se observaron en menor medida, otras combinaciones posibles como confianza y preocupación; confianza e inseguridad; esperanza y preocupación; preocupación e inseguridad, etc.
En la sumatoria de las frecuencias deducimos que uno de los resultados más recurrentes elegido por las y los encuestados se vincula particularmente con el sentimiento de incertidumbre frente al futuro, mencionado en un total de 179 respuestas.
Así pues, para una parte importante de las y los jóvenes, el futuro se presenta como incierto planteando panoramas difusos respecto de la elaboración de acciones, planes y proyectos personales a mediano y largo plazo.
Esta percepción caracterizada por la incerteza podemos comprenderla también desde un enfoque más amplio, como un producto y parte de un proceso histórico y cultural, propio del contexto de crisis de autoridad por el que atraviesan las principales instituciones como la familia, la escuela y el trabajo, las cuales en otras épocas establecieron importantes marcos de referencia en los procesos de regulación y orientación. Al no existir instituciones sólidas, los itinerarios se fragmentan e individualizan. La inexistencia de un mapa de orientación colectiva que opere como reflejo para el desarrollo personal, provoca que cada joven sea ahora responsable de trazar su propio recorrido.
Debemos señalar que, si bien el sentimiento de incertidumbre es mencionado de forma recurrente entre las y los encuestados, el mismo está acompañado por otras valoraciones tanto negativas (preocupaciones, inseguridades) como positivas (confianza, esperanza).
En estas diversas combinatorias, nos llama poderosamente la atención la relación de complementariedad que las y los encuestados establecen entre la incertidumbre, la confianza y la esperanza. Si bien las y los jóvenes reconocen que el futuro aparece como incierto, no obstante, expresan que el componente de confianza y esperanza es un elemento necesario para la concreción de sus anhelos y proyectos.
De este modo, la incertidumbre lejos de ser reducida a un fenómeno simbólico negativo (relacionado con preocupaciones e inseguridades), puede ser pensada desde otro enfoque como un elemento vivido positivamente en la propia condición juvenil.
Según señalan algunos investigadores sobre transiciones juveniles (Pérez Islas, 2010; Corica, 2011) las y los jóvenes actuales, en contraposición a las y los adultos que vivieron sus juventudes en otros contextos históricos, son los que mejores se adaptan y afrontan los nuevos escenarios laborales dominados por la incertidumbre. Siguiendo los aportes de Pérez Islas (2010) se puede afirmar que, en estos nuevos modelos y relaciones de producción, la incertidumbre pasa a ser el modo básico de experimentar la vida y la acción. A las y los jóvenes les importa poco construir hacia horizontes de largo plazo, si antes que nada, logran resolver los problemas de la coyuntura inmediata.
En palabras de Pérez Islas (2010), las nuevas generaciones han crecido en lo que Beck (2006) ha llamado la “sociedad del riesgo”, donde la misma ha abandonado la economía de la seguridad que poseía fronteras demarcadas (trabajador o desocupado), instituciones sólidas (la escuela como motor de movilidad social ascendente) y certezas en las relaciones (se pertenecía a un partido político, a un sindicato). Ahora, se vive en un contexto de incertidumbre e inseguridad, con fronteras difusas y con instituciones poco eficaces.
En este sentido, se puede conjeturar que las y los jóvenes no viven la incertidumbre solamente como un problema o dificultad, como un obstáculo externo e indeseado que se les interpone en el camino, sino más bien como un fenómeno simbólico que reconocen como parte de los nuevos escenarios de la sociedad actual. En otras palabras, se puede pensar que la incertidumbre y la confianza caracteriza la toma de decisiones como forma de interpretación de los diferentes desafíos que les plantea la sociedad.
3.2- ¿Cómo imaginás tu futuro laboral a largo plazo (por ejemplo a 10 años)?
Se trata de una pregunta en la que las y los encuestados debieron imaginarse a sí mismos a 10 años. Al tratarse de una pregunta de respuesta abierta, debemos decir que la consigna arrojó una multiplicidad de resultados, los cuales fueron agrupados en dos grandes bloques para su interpretación. Las respuestas se organizaron, por un lado, en “Percepciones positivas” y por otro, en “Percepciones negativas”.
3.2.1- Percepciones “positivas” frente al futuro laboral
Dentro de este bloque se encuentran la mayor parte de las respuestas, las cuales hacen referencia a un panorama subjetivo que se puede definir como “positivo”, donde impera un optimismo generalizado respecto de los dilemas del futuro laboral y la continuidad de los estudios.

Entre las respuestas que observamos como recurrentes destacamos aquellas donde el futuro laboral es imaginado como un estar “bien”, “con un buen salario”, “trabajando en lo que me gusta”, “con un trabajo estable”, “ejerciendo mi profesión”, “trabajando fuera del país” y “trabajando para una empresa del exterior”, “trabajando de docente”, “a cargo de mi propio local” o “emprendimiento”, etc. En términos generales, las respuestas positivas acerca de cómo se imaginan el futuro laboral aparecen de forma mayoritaria (85%) entre los 429 estudiantes encuestados.
Visualizamos, además, una cierta confianza respecto del futuro laboral en el cual las y los jóvenes se imaginan trabajando, estudiando, viajando, siendo independientes, felices. Asimismo, en un importante número de respuestas pudimos conocer algunos anhelos de alcanzar una situación de “estabilidad laboral” y “económica” (este término aparece de forma recurrente entre los datos obtenidos).
Pese a que sus respectivos itinerarios de vida se desarrollan en contextos caracterizados por fuertes procesos de desregulación, precarización y flexibilización de las relaciones sociales y laborales, todavía se identifican determinadas expectativas de estabilidad futura, propios de los modelos del Estado Protector o de Bienestar del siglo pasado. Esto nos lleva a pensar que algunas promesas de estabilidad económica y movilidad social que supieron orientar la idea de progreso durante la modernidad, aunque debilitadas y desdibujadas, todavía sobreviven en estos tiempos de globalización económica y cultural.
Una respuesta textual manifestada por un/a estudiante puede resultarnos significativa: “espero conseguir cierta estabilidad que me permita vivir con tranquilidad y poder disfrutar de mi vida social…” [hay aquí un sentimiento de confianza y esperanza]; “...aparte de lo laboral, espero que esta última no sea denigrante, que no se vulneren mis derechos y que no resulte una molestia para mí”, [observamos un reconocimiento de los posibles riesgos, preocupaciones e inseguridades frente al futuro laboral].
3.2.2- Percepciones subjetivas “negativas” frente al futuro laboral
Aunque si bien las “percepciones positivas", como dijimos, se registraron de manera mayoritaria, no obstante, debemos decir que encontramos en menor medida (15%) una diversidad de respuestas referidas a “percepciones negativas” respecto del futuro, imaginadas en un plazo de 10 años.

Entre las respuestas más recurrentes expresadas por los y las jóvenes destacamos las siguientes: “no lo sé”, “no imagino nada”, “no he pensado tanto a futuro”, “ni idea”. También visualizamos algunas respuestas individuales con más desarrollo en relación con la pregunta formulada, las cuales pueden resultar significativas para el análisis:
“Espero que sea satisfactorio, pero tal vez soy un poco ingenuo. Tal vez sea peor o mejor. Nunca se sabe qué pasará en el futuro, pero habrá que seguir adelante”.
“Imagino que va a ser medianamente estable o completa bancarrota. Ningún intermedio”.
“Me imagino dando clases con mala paga y malas condiciones”.
“Mi futuro laboral es incierto, no tengo idea de cómo podría ser, me siento algo inseguro en este país, pero me gustaría estar estable”.
“Sinceramente es tanta la incertidumbre que no sabría qué contestar, debido a la gran posibilidad de cosas que puedan llegar a pasar”.
En este bloque, las y los jóvenes expresan con más contundencia sus preocupaciones, miedos e inseguridades en relación con el futuro laboral o profesional. No hay aquí un grado de optimismo generalizado, tampoco elementos de confianza y esperanza. Sino más bien impera un cierto escepticismo respecto de las promesas y posibilidades que pueda ofrecerles el futuro laboral.
Podemos conjeturar que opera de fondo en esta percepción negativa, una situación socioeconómica crítica y compleja a nivel individual y familiar. Además de un conocimiento experiencial ajustado de las condiciones que establece el mercado laboral.
3.3- ¿Cuáles de estos problemas te preocupan a futuro?
En esta pregunta categorizada, de respuesta abierta e ilimitada, las y los encuestados debieron elegir distintas palabras que se les presentaban como más cercanas respecto de sus preocupaciones a futuro. Entre las posibilidades de opción, individual o combinadas, les propusimos las siguientes: la economía en general, la inseguridad, el acceso a una vivienda, oportunidades de crecimiento, el desempleo, la educación, la salud, otros.

Tal como muestra la Figura 5, entre quienes eligieron 1 sola opción los resultados fueron contundentes: de 429 jóvenes encuestados, las preocupaciones relacionadas con la economía en general aparecen como las más recurrentes con un total de 30 respuestas. Le siguen en segundo término las oportunidades de crecimiento (7) y la salud (7). En tercer lugar, se ubica la inseguridad (5), seguido del acceso a una vivienda (3) y el desempleo (3) y por último la educación (2).
Por su parte, entre quienes optaron por marcar 2 combinaciones, la respuesta entre la economía en general y las demás opciones, es la que más se destaca alcanzando un total de 82 frecuencias. Más alejadas aparecen preocupaciones combinadas relacionadas con la salud, la inseguridad, la vivienda y la educación.
Si sumamos las respuestas de una sola opción con todos los resultados arrojados por las diversas respuestas ilimitadas combinadas, la economía en general vuelve a aparecer como la mayor preocupación a futuro entre las y los jóvenes consultados.
Que la economía sea un tema de preocupación para muchos jóvenes, no es un dato menor. Más bien, nos lleva a pensar sobre el grado de conocimiento y de proximidad que manifiestan con respecto a los diversos problemas y dificultades que les plantea la misma en el entramado histórico-social.
Conjeturamos que en esta genuina preocupación por la economía están comprendidos también una diversidad de cuestiones vitales para el desarrollo de las y los jóvenes, relacionados con la posibilidad de encontrar un trabajo, de tener un ingreso económico, de poder acceder al consumo de productos y servicios básicos, así como la oportunidad de estudiar, de viajar, de disfrutar del tiempo libre, en fin, de ser más autónomos e independientes.
La preocupación por la economía muestra que las y los jóvenes de ninguna manera se hallan desinteresados, o como afirma la mirada adultocéntrica de que “están en otra”. Por el contrario, al identificar mayoritariamente la economía en general expresan de modo vivencial un conocimiento real de la situación socio-económica y laboral, la cual podría interferir en la realización de las futuras posibilidades de inserción.
4. Algunas consideraciones finales
A lo largo del presente escrito hemos abordado determinadas condiciones estructurales, principalmente socioeconómicas y laborales, que atraviesan y configuran los itinerarios juveniles, consideradas en este trabajo como diversas, desiguales, discontinuas y no lineales. Se trata de marcos que producen efectos prácticos sobre la vida y las percepciones de las y los jóvenes.
Las nuevas condiciones del mercado laboral operan como un trasfondo, moldeando de este modo los sentimientos, los anhelos y las preocupaciones. Estas formas de ver y enfrentar la realidad que se crean en la vida cotidiana, con lo que a cada uno de las y los jóvenes le toca vivir, condiciona las ideas de futuro posibles de ser pensadas y les abre o cierra, como un diafragma biológico, los márgenes de acción para llevarlos a cabo.
Estas condiciones que inciden en las percepciones de futuro, se producen en el marco de un contexto socio-histórico más amplio, caracterizado por el avance y consolidación de un proceso de globalización neoliberal.
El lugar de preeminencia de las leyes “invisibles” del mercado por sobre los derechos y responsabilidades del Estado, ha devenido en un deterioro y fragilidad de las instituciones, en otros tiempos consideradas claves. Esta crisis generalizada ha producido, consecuentemente, un trastocamiento y ruptura de los tejidos de orientación y contención social, reemplazándolos ahora por relaciones más individuales, atómicas.
En épocas de neoliberalismo explícito en el país, los itinerarios y transiciones juveniles se desarrollan aún más sobre bases de arenas movedizas, de proyecciones inciertas y encrucijadas abiertas; contexto actual en el cual cada individuo se ha convertido en navegante de su propio destino.
Buena parte de las investigaciones sobre juventudes hacen foco en el análisis de las características propias que asume este nuevo fenómeno de la desinstitucionalización y los correspondientes procesos de individuación que se producen en las sociedades actuales, en las cuales ya no hay a priori (metafóricamente hablando), una especie de GPS institucional confiable que opere como guía acerca de las posibles rutas a seguir. Por el contrario, transitar por los desafíos que plantea este nuevo contexto de globalización neoliberal, implica pensar los itinerarios juveniles en un “océano” de aguas abiertas y profundas, donde todo análisis y decisión está particularmente restringido a la propia responsabilidad de cada individuo.
Sostenemos que es en este contexto sociopolítico y económico donde debe jugar un papel más relevante el Estado, sea en la elaboración, promoción e implementación de políticas públicas, destinadas a las y los jóvenes, sus necesidades y proyectos de vida.
Consideramos que la implementación de políticas públicas brindará un marco de condiciones sociales de contención, orientación y acompañamiento para que las y los jóvenes puedan desplegar así sus alas y salir en busca de sus anhelos y proyectos en horizontes de futuro más seguros y con mejores oportunidades.
Podemos concluir diciendo que los datos obtenidos, lejos de refutar o de corroborar de forma “concluyente” esta mirada (que orienta este escrito), han contribuido a enriquecerla en términos de un análisis empírico y conceptual más exhaustivo, amplio. Nos ha posibilitado traer sobre la mesa de debate múltiples percepciones traducidas en anhelos y proyectos en relación con el futuro laboral y los estudios.
A lo largo del análisis, hemos visualizado la presencia de algunos sentimientos dominantes entre las y los jóvenes, pero también, de otros más secundarios, así como determinadas percepciones positivas y negativas, anhelos subjetivos y proyectos objetivos. También, pudimos conocer de primera mano algunas de las principales preocupaciones sobre el contexto actual, el desarrollo de la economía en general, así como algunas situaciones que podrían incidir en el despliegue de los márgenes de acción y apertura de horizontes.
A través de sus expresiones, las y los jóvenes pudieron hacer un ejercicio reflexivo en el que intuimos, pusieron en relación dialéctica sus percepciones subjetivas con las condiciones objetivas del contexto, mostrándonos un horizonte de comprensión real, no solo de los problemas y encrucijadas que les interpone la sociedad en el presente, sino también de aquellos dilemas subjetivos que les plantea el propio porvenir.
Como pudimos analizar, todo indica que la incertidumbre pertenece al contexto objetivo y sus condiciones, mientras que la confianza se desarrolla en un terreno individual, más bien de corte subjetivo. Todo esto, inscrito en un momento histórico donde el individualismo propio de esta sociedad dominada por la “ley de la selva” y el “sálvese quien pueda”, aparece de la mano del neoliberalismo en el país con más crudeza que nunca.
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Notas
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