Notas breves
Investigación cuantitativa del fenómeno religioso en Chile: ¿cómo y quienes?
Quantitative research of the religious phenomenon in Chile: how and who?
Investigación cuantitativa del fenómeno religioso en Chile: ¿cómo y quienes?
Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. 30, núm. 53, pp. 146-155, 2020
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

En esta nota breve, buscamos describir los principales esfuerzos históricos realizados para medir la religión en Chile, aportando también, con algunas recomendaciones para abordar de mejor forma este desafío.
Medir para administrar: Estado e Iglesia
Históricamente, para la Iglesia Católica y para el estado ha sido relevante catastrar a la población para una mejor gestión institucional.
Durante la época de la colonia, las fuentes de información demográfica eran fundamentalmente, “las Matriculas de Encomiendas, de Confesión, Visitas de Indios, Padrones Milicianos y Archivos parroquiales” (INE 2009: 31). Es la Iglesia quien lleva el “registro de la vida civil y sacramental de las personas, el nacimiento con el bautismo, el matrimonio y la muerte” (ibíd: 58). Sin embargo, durante esta época, la contabilidad y las estadísticas eran más bien precarias. Así, “antes del censo, prácticamente ningún cura sabía la población de su curato, apenas tenían archivos, y en general, no parecía haber interés ni necesidad de la estadística” (Serrano, 2008: 58). En efecto, “gran parte de la información de corte estadístico se hallaba en los registros eclesiásticos y carecía del rigor necesario para establecerla como fidedigna” (INE, 2009: 63). De esta forma, los archivos parroquiales, que son una fuente fundamental de información demográfica de la época, presentan limitaciones, debido a la categorización utilizada por una Iglesia condicionada por su tiempo y visión, limitada además por una técnica de recolección rudimentaria, restringida por falta de capital humano que corrobore la información de sus registros (ibíd.).
Sin embargo, según Serrano (2008), hacia mediados del siglo XIX, la Iglesia comienza a levantar un catastro “se evaluaba la vida sacramental, la regularidad de los servicios parroquiales y el estado moral de fieles y sacerdotes” (p. 50). En esta línea, según Paulsen (2014), los primeros catastros de la población especialmente católica surgen a fin de dar cuenta de los requerimientos territoriales y de expansión local de la fe.
Con el tiempo, las estadísticas de la iglesia se fueron perfeccionando, publicándose desde 1932 el Catalogo de los Eclesiásticos de Ambos Cleros, que entregará detalles sobre la oferta clerical, parroquias y otros datos relacionados con el Arzobispado de Santiago. Así,graciasaesta instancia, es posible conocer en detalle información con respecto a número de jurisdicciones eclesiásticas nacionales, centros pastorales (parroquias, lugares de misión, entre otros), indicadores demográficos y de la estructura eclesiástica, personas dedicadas al apostolado de la Iglesia (sacerdotes diocesanos y religiosos, seminaristas, catequistas, etc.), sacramentalización (bautismos, matrimonios, confirmaciones, primeras comuniones), congregaciones religiosas femeninas y masculinas, instituciones de asistencia y promoción social de la Iglesia, además de datos sobre la obra educacional de la iglesia, entreotros..
Por su parte, el estado, en paralelo a la Iglesia, y bajo las mismas exigencias contextuales de un serio proceso de modernización, se ve en la necesidad de levantar información que permita el desarrollo de políticas públicas y de inversión (Jaramillo, 2004).
Desde el nacimiento de la república se realizaron censos de población en Chile. En efecto, desde 1813 comienza un avanzado y evolutivo proceso de levantamientos censales sucesivos. Sin embargo, recién hacia 1843 existe una institucionalidad, cuyo hito clave fue la creación de la Oficina de Estadística y la Ley de Censos, durante el gobierno de Manuel Bulnes Prieto (1841- 1851) (ibíd. p. 59). Aunque desde sus orígenes los censos de población contabilizan aspectos de la ‘oferta religiosa’, como número de sacerdotes y parroquias, será hacia 1895, se incluye por primera vez una pregunta de identificación religiosa, abierta a personas de diferentes cultos. (Jaramillo, 2004). En efecto, antes de ello, se daba por hecho que la sociedad chilena era católica, cosa que empezó a cambiar con la llegada de inmigración europea y del protestantismo, y las llamadas ‘leyes laicas’ a mediados del siglo XIX, que dieron reconocimiento de hecho a otras confesiones a profesar su fe en el espacio privado y educar a sus hijos de acuerdo con sus creencias. De este modo, para el censo de 1895, la “libertad de culto se consideraba implantada de hecho” (Pardo2007: 33).
En adelante, los censos de 1907, 1920, 1930, 1940, 1952, 1960, 1970, 1990, 2002 y 20122 preguntarán por diferentes categorías de religión. Por ejemplo, se incluirán categorías como protestantes o evangélicos, musulmanes, budistas, ortodoxos, y más adelante Testigos de Jehová, Mormones, entre otros. Estas categorías han cambiado de una versión a otra del censo, pero al menos, las que han estado presentes de forma permanente desde 1895 son las categorías de católicos y protestantes. Por su parte, también se ha preguntado en los diferentes censos sobre ateos, agnósticos, sin religión, ninguna religión, etc., que son categorías que permiten aproximarnos al fenómeno de la no identificación religiosa.
Medir para lo confesional
En la medida en que empieza a estar disponible más información cuantitativa, surge la curiosidad por interrogar esos datos desde lo confesional y social. En este contexto, Alberto Hurtado será uno de los principales referentes del estudio sociológico de la religión, dado que sus preguntas sobrepasan por lejos la simple preocupación confesional (Parker 1994). Hurtado analiza los datos generados por las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país, con foco en el Arzobispado de Santiago, además de levantar información primaria a través de encuestas en diferentes parroquias. Con ello, no solamente realizará agudas observaciones con respecto a la débil mediación eclesial (N° de católicos/n° sacerdotes), sino también estimará algunas cifras relacionadas con asistencia a misa dominical, sacramentalidad, entre otros1.
Más adelante en el tiempo, la apertura de la escuela de sociología de la Universidad Católica en 1957 inicia por primera vez la enseñanza e investigación en sociología de la religión en el contexto académico. En dicho marco, aparecen figuras preclaras de esta naciente arista de indagación, a modo de ejemplo, Renato Poblete junto a Roger Vekemans, quien fuera uno de los primeros exponentes de la sociología en Chile, formaron el Centro de Investigaciones Socioculturales (CISOC). Este se crea para ser un centro de sociología aplicada a la religión e investigar fenómenos socio-religiosos y culturales. Durante el régimen militar (1973-1990), el CISOC se sumó́ a las acciones de la Iglesia, tendientes a resguardar los derechos humanos y sociales vulnerados. En paralelo, se fue impulsando una línea de estudios socio-religiosos de corte más intra-eclesial, orientadas a asesorar principalmente a la jerarquía de la Iglesia chilena en su misión pastoral. Con el regreso a la democracia en la década de los noventa, el CISOC confirmó su orientación vocacional, por medio del desarrollo de temáticas pastorales y religiosas. Hacia el año 2010, este centro se integró́ a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado.
Por otro lado, y en el marco de los estudios sobre el movimiento evangélico, es interesante destacar que los primeros aportes en la materia fueron impulsados inicialmente por sacerdotes católicos. Entre éstos destacan, nuevamente, Alberto Hurtado y Renato Poblete, pero además Humberto Muñoz, e Ignacio Vergara, que indagaron en los orígenes y el desarrollo del protestantismo chileno durante los años sesenta. Vergara, en especial,escribirá ‘Protestantismo en Chile’ obra capital para la caracterización de las primeras iglesias evangélicas.(Vergara,1962).
El protestantismo chileno, específicamente el pentecostalismo, ha sido estudiado por la sociología desde fines de los sesenta, defendiendo diferentes tesis con respecto a la emergencia del pentecostalismo (modernización y cambio cultural, anomia social, religiosidad popular, etc.) (Allende, 1997: 392-397) desde ahí en adelante son varios los autores que se han interesado por el tema. Sin embargo, con Christian Lalive d'Epinay y su libro Refugio de las masas: estudio sociológico del protestantismo chileno (1968), se dará́ un salto importante en la dimensión sociológica del estudio del mundo evangélico, especialmente con respecto al “pentecostalismo” (Parker, 1994: 104-105).
Más adelante, hacia la década de los ochenta, se multiplican los centros privados de investigación en ciencias sociales, en gran medida a consecuencia de las acciones del régimen militar, que conllevan al desmembramiento de las universidades estatales. En esta nueva realidad, cobra importancia el apoyo del financiamiento internacional, el apoyo de las iglesias, entre otros. Así, hacia este periodo, Lladser identifica aproximadamente cuarenta centros de investigación, de los cuales al menos cinco abordan temas relacionados con religión. Entre ellos el Centro de Investigación de la Realidad del Norte (CIREN), el Centro Educación y Comunicaciones (ECO), el Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES), el Programa Evangélico de Estudios Socio- religiosos (PRESOR), y el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), los tres últimos de origen confesional. Si bien las investigaciones realizadas en estos centros incorporan elementos de medición del fenómeno religioso, en ninguno de ellos lo cuantitativo es el foco principal, aunque el CERC y PRESOR se aproximan a esta línea de indagación. Este último gracias al trabajo de Arturo Chacón y Humberto Lagos (1987), quienes a mediados de los ochenta realizan un estudio cuantitativo sobre protestantes y evangélicos, en el que se incorporan preguntas sobre asistencia a servicios religiosos, conductas políticas y temas valóricos.
Medir la opinión pública
Las primeras encuestas de opinión surgen en Chile hacia fines de los años cincuenta. En este periodo, será de gran centralidad el trabajo de Eduardo Hamuy, académico de la Universidad de Chile, quien forma el Centro de Estudios Socio Económicos. Así, entre 1958 y 1973, el centro levanta valiosa información, centrándose tanto en aspectos contingentes de la época como intención de voto, opinión con respecto a sucesos de alta connotación pública, hasta información relacionada con caracterización socio-económica, afiliación política, valores y orientaciones normativas, entre otros.
Para Navia (2015) aun cuando el desarrollo de los estudios de opinión en Chile es previo a Hamuy, es en 1957 el inicio formal de esta tradición en nuestro país. Desde la óptica del fenómeno religioso, esta encuesta no solamente preguntará en diferentes ediciones sobre afiliación religiosa, sino además profundizará en aspectos relacionados con pertenencia institucional, observancia y creencias. Así, por ejemplo, se construirán índices de religiosidad, frecuencia de asistencia a servicios religiosos, entre otros.
Con el retorno a la democracia en la década de los 90, se retoman los esfuerzos por conocer la opinión pública del país, tanto para fines electorales, y de orientación de políticas públicas. En esta línea, el Centro de Estudios Públicos cumple un importante rol. Fundado en 1980, este centro que tiene fuertes vínculos con la elite del poder en Chile, abordará diferentes temáticas contingentes del país. En lo relacionado con el fenómeno religioso, desde 1987, marcan un precedente con la aplicación de la primera Encuesta CEP al ahondar en este fenómeno de forma sistemática. Así, por ejemplo, en la primera encuesta CEP se incluyeron preguntas relativas a identificación religiosa, asistencia a servicios religiosos, motivaciones hacia lo religioso, temas valóricos, etc. Un hito relevante de este centro de estudios será el trabajo de Arturo Fontaine y Harald Beyer (1991) quienes publican el “Retrato del movimiento evangélico a la luz de las encuestas de opinión pública”. Los autores profundizan en aspectos relacionados con la creencia, observancia, y pertenencia religiosa, incluyendo temas valóricos, políticos ysociales.
En este periodo, además, en Chile se comenzarán a aplicar encuestas internacionales, que buscan establecer comparaciones regionales sobre diferentes temáticas, entre ellas las relacionadas con el fenómeno religioso. Ejemplo de ello, la Encuesta Mundial de Valores desde 1990, la encuesta Latinobarómetro desde 1995, entre otras. Estas encuestas además de preguntar con respecto a identificación religiosa, realizan escalas de religiosidad y de práctica religiosa, además de indicadores relacionados con observancias, creencias, temas morales, etc.
En el contexto nacional, la Encuesta Nacional de la Juventud que se aplica desde 1994, ha incorporado, de manera intermitente, preguntas sobre religión en jóvenes, en las que se ha profundizado en aspectos relacionados con creencias, observancias y pertenencias, además de temas valóricos, tolerancia religiosa, etc. Por su parte, la Encuesta Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica de Chile y ADIMARK, desde 2006 ha realizado un completo levantamiento sobre el fenómeno religioso, siendo hasta la fecha la fuente de información cuantitativa más completa disponible.
Medir para la academia
Al atender a investigaciones cuyo norte está orientado principalmente a lo académico, podemos mencionar al Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile (IDEA), quienes han desarrollado una línea de investigación sobre el fenómeno religioso con una fuerte presencia cuantitativa, principalmente gracias al trabajo encabezado por Vicente Espinoza. A este centro se han asociado académicos de gran prestigio como Cristián Parker y Eugenia Fediakova, el primero un intelectual reconocido en Chile y Latinoamérica como uno de los referentes clásicos del campo y la segunda, conocida por su trabajo sobre pentecostalismo (Mansilla, 2012: 546).
En línea con lo anterior, es importante destacar las investigaciones realizadas al alero del Instituto de Sociología de la Universidad Católica; aquí destacan los trabajos de Eduardo Valenzuela, Matias Bargsted y Nicolás Somma, quienes han elaborado variados estudios cuantitativos, fundamentalmente relacionados con la Iglesia Católica, la religiosidad popular, entre otros tópicos, en los que se consideran datos provenientes de la encuesta Bicentenario, como de otras fuentes cuantitativas, aportando así con una mirada más global con respecto al fenómeno religioso durante las últimas décadas.
Por último, si bien la mayoría de las investigaciones académicas realizadas en Chile utilizan como soporte fundamental la encuesta, no es menos cierto que han existido algunos intentos por cuantificar la ‘oferta religiosa’, aunque sean esfuerzos acotados, en general, a la región metropolitana, y a las grandes iglesias. Así, autores desde Ignacio Vergara en los años sesenta, hasta Juan Guillermo Prado en los noventa, han realizado catastro de nombres de diferentes iglesias, denominaciones, etc., buscando caracterizarlas, y diferenciarlas. Con algo más de rigor metodológico, Carmen Galilea (1988) realiza un análisis de las agrupaciones religiosas entre 1922 y 1981, en base a los registros del Ministerio de Justicia de Chile, mientras que Stern (1992) realiza una de las primeras georreferenciaciones de los centros de culto católicos.
Especial mención requiere el trabajo desarrollado por Juan Van Kessel a fines de la década de los sesenta, quien realiza un primer estudio censal de los bailes religiosos del norte de Chilen, Tarapacá y Antofagasta. Su libro publicado en 1980 Lucero del Desierto, aporta una visión antropológica de las festividades, tratando de entender la lógica de este movimiento.
Más adelante, Carla Lehmann realizará un interesante trabajo de contabilidad y georreferenciación de parroquias y capillas católicas, generando conclusiones sociológicas derivadas de su respectiva ubicación. En esa misma línea, Hidalgo y colaboradores (2012) realizan un detallado trabajo de localización de la infraestructura católica, delimitando las dinámicas socio territoriales que resultan de gran valor en esta líneametodológica.
Conclusiones
En línea con lo revisado, se puede afirmar que la medición del fenómeno religioso en Chile hunde sus raíces en los orígenes mismos de la república. Sin duda, las mediciones fueron evolucionando en paralelo con la sociedad chilena, la que a su vez su fue diversificando desde un punto de vista religioso desde mediados del siglo XIX. Así, el estado experimenta evoluciones en la manera de medir el fenómeno religioso, pasando de un catastro en que ser católico era una ‘obviedad’, a uno en que se pregunta abiertamente la adscripción religiosa, a partir del censo de 1895. Por su parte, desde mediados del siglo XIX la iglesia católica irá mejorando su sistema de recolección de información, poniendo el acento también hacia inicios del siguiente siglo en el ascenso del mundo protestante. En este contexto, surgen investigadores y centros de estudio que abordarán el fenómeno religioso con mayor rigurosidad, buscando asesorar a la Iglesia. Por su parte, el mundo no católico, movido principalmente por iglesias protestantes, realizará un esfuerzo de cuantificar el fenómeno religioso a través de la Convención Mundial de Iglesias, lo que hacia mediados del siglo XX permitió hacer uno de los primeros acercamientos sociológicos al fenómeno del pentecostalismo en Chile.
Desde esos primeros esfuerzos en adelante, se fue perfeccionando la manera de recolectar y procesar información cuantitativa. Ahora bien, es posible afirmar que a medida que fue perfeccionándose el campo de la encuestología, se fue dejando de lado la recolección y procesamiento de datos referentes a los aspectos más objetivos de la religión, en particular, aquellos centrados en la oferta, como el número de organizaciones, centros de culto, clero, membresías, etc. Este ámbito, que fue fundamental durante los primeros intentos de cuantificación de la Iglesia -que con el pasar de los años adquirió un nuevo estatus de la mano de sus centros de estudios y de las oficinas de estadísticas- no fue recogido con el mismo ímpetu por el mundo de la investigación académica. De este modo, por ejemplo, son muy pocas las investigaciones que utilizan la enorme data disponible sobre la Iglesia católica, o los datos disponibles en los registros de la Convención Mundial de Iglesias, además de la gran cantidad de información que proveen otras asociaciones religiosas e iglesias a través de sus anuarios corporativos o sitios web. En general, son escasos los esfuerzos por llevar una contabilidad de la ‘oferta religiosa’ en su conjunto, y los intentos realizados son más bien aproximaciones etnológicas puntuales, que no buscan establecer comparaciones entre diferentes iglesias. De este modo, en el campo de la investigación del fenómeno religioso, la mayoría de los ensayos por comprender la magnitud del fenómeno en su globalidad, se ha realizado fundamentalmente a través del análisis de los aspectos subjetivos de la religión, derivada de la aplicación de encuestas.
Debido a este foco en los aspectos de la demanda religiosa, en desmedro de los aspectos objetivos relacionados con la magnitud y evolución de la oferta(número de iglesias, clérigos, membresías, obras educacionales, sociales, etc.), existe el impedimento de conocer en mayor detalle la diversidad religiosa en el país.
Probablemente el escaso arsenal conceptual y metodológico especializado en la cuantificación de los aspectos objetivos de lo religioso en Chile, esté impidiendo dar un paso en esta dirección. Esto contrasta, por ejemplo, con el desarrollo alcanzado en los Estados Unidos donde este tipo de estudios son regulares, y tienen una enorme sofisticación desde un punto de vista teórico-conceptual, como metodológico-estadístico. Distinto a lo que ocurre en Chile y en el resto de Latinoamérica, donde los enfoques centrados en la oferta religiosa tienen una penetración prácticamente nula.
Así planteada, la investigación cuantitativa tiene desafíos difíciles de sortear, aun cuando una buena estrategia metodológica en perspectiva crítica, y una institucionalidad que apunte al registro de la oferta religiosa, como registros estatales, u otros, ayudan bastante.
Dicho lo anterior, una trayectoria investigativa orientada a la medición de lo religioso tiene todavía muchos desafíos en Chile. Estos desafíos implican barreas culturales, ideológicas, institucionales, entre otras. Sin embargo, hay bastante camino avanzado. Así, -y tal como se ha intentado demostrar en este artículo-es innegable el enorme aporte de las investigaciones cuantitativas realizada desde varias décadas en Chile, aunque el foco mayoritario sean los aspectos subjetivos de lo religioso.
Referencias bibliográficas
Allende, J; Castillo, H; Sandoval, J.M (1997). Los evangélicos en Chile hacia el año 2000. Entrevista: “Chile 97. Análisis y Opiniones. Nueva Serie FLACSO”. Santiago: FLACSO.
Jaramillo, A. (2004) "Un alto en el camino para saber cuántos somos…": Los censos de población y la construcción de lealtades nacionales. Chile, siglo XIX. Historia37 (1).
INE (2009). Retratos de nuestra identidad: los censos de población en Chile y su evolución histórica hacia el bicentenario. Santiago: Bicentenario Chile.
Mansilla, M. (2012). Sociología y pentecostalismo: Intereses, énfasis y limitaciones de las investigaciones. Civitas, 12, 538-555.
Navia, P., & Osorio, R. (2015). Las encuestas de opinión pública en Chile antes de 1973. Latin American Research Review, 50(1), 117-139.
Parker, C. (1994). Trayectoria de la sociología de la religión en Chile. Quinto Congreso chileno de sociología. Colegio de sociólogos.
Paulsen, A. (2014). Las iglesias y la configuración del espacio social en Santiago de Chile (1541-2012).
Pardo, J. (2007). La estampida de los fieles: los censos y la evolución religiosa en Chile. Valparaíso: Editorial Alba S.A.
Parker, C. (1994). Trayectoria de la sociología de la religión en Chile. 5 Congreso chileno de sociología. Colegio de sociólogos.
Serrano, S. (2008). ¿Qué hacer con Dios en la República? Política y secularización en Chile (1845-1885). Santiago: Fondo de Cultura Económica.
Vergara, I. (1962). El protestantismo en Chile. Santiago: Editorial del Pacífico.
Notas