Secciones
Referencias
Resumen
Servicios
Descargas
HTML
ePub
PDF
Buscar
Fuente


Creencias, pertenencias, cambios
Beliefs, belongings, changes
Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. 30, núm. 55, Esp., 2020
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Temático

Los autores conservan sus derechos

Resumen: Durante años, los sociólogos de la religión han venido indagando en los temas de las creencias, pertenencias y cambios. La pluralidad religiosa, la crisis de las autoridades instituidas y el desarrollo de un mercado religioso han conllevado transformaciones en el ámbito de la subjetividad religiosa. La centralidad que viene teniendo el concepto de espiritualidad refleja transformaciones no solo en el campo religioso sino en las categorías que forman la disciplina. Este artículo ofrece datos cuantitativos sobre las creencias religiosas de los habitantes de la Argentina, indagando en las relaciones entre religión y espiritualidad, en las entidades sagradas en las que creen los individuos, en el significado de la creencia en Dios, en la clase de vínculo que existe entre los individuos y Dios, en las mediaciones entre los individuos y Dios, en las formas de adhesión a las religiones y en los cambios de religión.

Palabras clave: creencias religiosas, espiritualidad, pertenencia religiosa, Argentina.

Abstract: For years, sociologists of religion have been inquiring about beliefs, belongings, and change. Religious pluralism, the crisis of institutionalized authorities and the development of a religious market, have led to several changes in religious subjectivity. The concept of spirituality and its growing centrality reflects not only changes in the religious field but in the sociologists’ analytical toolkit. This paper offers quantitative data on the religious beliefs of the population of Argentina, inquiring about the relationship between religion and spirituality, the sacred entities individuals believe on, the meaning of believing in God, the kind of tie that exists between individuals and God, mediations between individuals and God, the ways individuals adhere to their religion and, finally, religious changes.

Keywords: religious beliefs, spirituality, religious belonging, Argentina.

CREENCIAS, PERTENENCIAS, CAMBIOS

El presente trabajo expone algunos de los datos obtenidos en la Segunda encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en la Argentina1. Los resultados se presentan en siete secciones. En la primera, se analiza el vínculo entre religión y espiritualidad, entendidas como modos de experimentar y definir la conexión del individuo con lo sagrado. La segunda sección apunta a la pregunta más específica acerca de en qué creen los habitantes de la Argentina. Se presenta un listado de objetos de creencia y se exponen los valores porcentuales que recibieron en la encuesta. Luego se analiza cuál es el contenido que asume la creencia específica en Dios, qué tipo de vínculo establecen los individuos con Dios, de qué modo acuden a esta entidad sagrada. Finalmente, se analizarán las formas de adhesión a la religión y los cambios de religiosidad.

Las respuestas de los encuestados manifiestan adhesiones, preferencias, tipos de identificaciones, lo que abre un espectro de posibilidades dentro del cual los sujetos se posicionan. De esta manera, observamos una diversidad de creencias que traduce tanto la gravitación de matrices culturales como la presencia de un imaginario en el que viejas y nuevas modalidades del creer se explicitan y coexisten en la complejidad del imaginario social. Creencias tras las cuales es posible comenzar a recorrer un camino tendiente a desbrozar significados y construir hipótesis interpretativas que posibiliten una aproximación a la comprensión de la densidad significativa presente en cada elección realizada por el sujeto (Mallimaci, 2009; Ameigeiras, 2019; Semán 2010). El listado de esas creencias ya nos permite tener una primera visión de una heterogeneidad que traduce la fecundidad del universo simbólico de los habitantes de la Argentina.

Método

Este artículo trabaja con el dataset Mallimaci, Esquivel, Giménez Béliveau & Irrazábal (2019) Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina. El dataset es producto de una encuesta probabilística realizada en la Argentina (total país) durante agosto-septiembre de 2019. El universo en estudio es la población de la República Argentina de 18 años o más, residente en localidades o aglomerados urbanos con al menos 5.000 habitantes según Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Se seleccionaron 2.421 casos mediante una muestra polietápica. La primera etapa, con 89 localidades/aglomerados como unidades primarias de muestreo, combinó estratificación (atendiendo a la región y el tamaño de las localidades) y selección de aglomerados urbanos intra-estrato mediante azar sistemático con probabilidades proporcionales al tamaño (PPT). En la segunda etapa, la selección de las unidades de muestreo (radios muestrales) dentro de las localidades seleccionadas se realizó mediante azar sistemático (ordenamiento a partir de indicadores de nivel socioeconómico) con PPT (atendiendo a la cantidad de población) y asignación igual por radio censal. Una vez elegidas las áreas de trabajo, se realizó el relevamiento y selección sistemática de las viviendas particulares (tercera etapa). Para la selección de las unidades últimas de muestreo (cuarta etapa) se recurrió a cuotas de sexo y edad según parámetros poblacionales. El período de relevamiento de datos fue entre agosto y septiembre de 2019. Se trabaja con un margen de error del +/- 2% para un nivel de confiabilidad del 95%. El alcance del estudio es la República Argentina (total país). Al tratarse de una encuesta probabilística polietápica que combina estratificación por región y tamaño de ciudad y selección mediante azar sistemático (con PPT) los datos son extrapolables a la población general atendiendo al margen de error.

Esta investigación se realizó en cumplimiento de los lineamientos para el comportamiento ético en las ciencias sociales y humanidades del CONICET (Res. 2857/2006), la Declaración de Helsinki (versión Fortaleza 2013), la Declaración de Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO y la legislación y pactos de derechos humanos vigentes en la Argentina. La participación de la encuesta fue voluntaria. Se aplicó el consentimiento informado explicando a las personas que participaron del estudio sobre los objetivos y los beneficios esperados. Los datos relevados se utilizan con fines estadísticos garantizando la confidencialidad y el anonimato de modo que no pueden identificarse a las y los entrevistados.

Los datos se procesan y analizan mediante el software SPSS. A partir de un enfoque estadístico descriptivo, en este artículo analizaremos cómo se comportan las variables nivel de religiosidad, nivel de espiritualidad, creencia en determinados objetos, apreciaciones sobre Dios, situaciones en las que se acude a Dios, modos de vincularse con Dios, motivos de adhesión a la religión y cambio de religión en relación con las siguientes variables independientes: género, edad, nivel de instrucción, nivel socioeconómico, región de residencia y tamaño de ciudad2.

Resultados

Religión y espiritualidad

Como señalan diversos estudios, la categoría de espiritualidad ha cobrado importancia en los modos en que las personas definen su vínculo con lo sagrado (Ellingson, 2001; Viotti, 2010; Bender & McRoberts, 2012; Ceriani Cernadas, 2013; Ammerman, 2013; Frigerio, 2016). A los entrevistados se les preguntó cuán religiosos y espirituales se consideraban en una escala de 1 a 10. La media en el total de población respecto a nivel de religiosidad da un valor de 6 puntos, mientras que el valor de la media del nivel de espiritualidad es 6,7. En principio no se encuentra una diferencia significativa, al menos al nivel del total de población.

Las mujeres se consideran más religiosas y espirituales que los varones. La media del nivel de religiosidad en las mujeres 6,5 puntos, y entre hombres es 5,4. La media de nivel de espiritualidad en las mujeres es 7,1 puntos y en los hombres es 6,23. Respecto al grupo etario, las medias del nivel de religiosidad y de espiritualidad aumentan a medida que aumenta la edad. En este sentido, se observa una diferencia de casi dos puntos en la media de nivel de religiosidad tomando los extremos de la variable edad y de 1,5 puntos en la media de nivel de espiritualidad.

Tabla 1
Media aritmética de religiosidad y de espiritualidad según edad

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Respecto del nivel de instrucción, la media de nivel de religiosidad es mayor en la categoría de sin estudios (6,9) y menor entre los universitarios (5,2). Lo mismo ocurre con la media de nivel de espiritualidad (7,0 en sin estudios y 6,8 en universitarios), pero aquí la diferencia no es significativa. En este sentido, es posible observar que la referencia a lo religioso se comporta de manera diferente a la referencia a lo espiritual. Aquellos que se encuentran en la categoría más baja del nivel de instrucción no parecen marcar diferencias entre lo religioso y lo espiritual, contrariamente a quienes se encuentran en la categoría más alta.

La media de nivel de religiosidad asume los valores más altos en las regiones de Noroeste argentino (NOA) (6,9), Noreste argentino (NEA) (6,7) y Cuyo (6,6) y el menor valor en la Patagonia (5,3), Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) (5,6) y Centro (5,8). La media de nivel de espiritualidad asume valores mayores en las mismas regiones (7,5 en Cuyo, 7,4 en NOA y 7,1 en NEA). Las regiones de menor valor en la media de nivel de religiosidad son las mismas que muestran los valores más bajos en la media de nivel de espiritualidad (6,3 en AMBA, 6,5 en Patagonia y 6,6 en Centro).

Respecto del tamaño de la ciudad, la media de nivel de religiosidad desciende a medida que el tamaño aumenta (6,3 en ciudades pequeñas, 6,1 en medianas y 5,8 en grandes). No se observan diferencias en la media de nivel de espiritualidad, en la que las ciudades pequeñas y medianas muestran un valor de 6,8 y las grandes un valor de 6,6 puntos.

Finalmente, a medida que se avanza en la escala de nivel socioeconómico, la categoría de espiritualidad comienza a diferenciarse de la categoría de religión, es decir, es más probable que una persona asigne un valor más alto a su nivel de espiritualidad que de religiosidad. La media de nivel de religiosidad es de 6,5 en los sectores bajos, 5,4 en los medios y 5,1 en los altos. La media de nivel de espiritualidad en los sectores bajos es de 6,9 y en los sectores medios y altos es de 6,4.

En los sectores de nivel socioeconómico bajo, la distinción entre espiritualidad y religión no parece configurar un marco mediante el cual se habitan los mundos religiosos. Esto no significa que unos sean más espirituales que otros. Más que pensar a la espiritualidad desde su ontología, como una realidad o atributo que se posee o no, indagamos aquí en cómo la dicotomía religión- espiritualidad funciona como un marco cognitivo que orienta las formas de relacionarse con lo sagrado.

Ranking de creencias. Diversidad y matriz cristiana

La tabla 2 da cuenta de los valores de creencia e increencia en cada objeto sobre el cual fueron consultados los encuestados. Tanto en los objetos de creencia más ponderados como en varios de los cuadros que serán explicitados más adelante, es posible señalar la gravitación de una matriz religiosa fuertemente marcada por el cristianismo -que hemos denominado “matriz cristiana”- que convive con valores altos de creencia en la Energía (76%). Referirse a la matriz cristiana hace alusión al conjunto formado en general por la creencia en Dios, Jesucristo, la Virgen, los santos, el Espíritu Santo, el infierno, el diablo y la vida después de la muerte. Una apreciación que no excluye la consideración de creencias relacionadas con otras tradiciones religiosas, distintas a las cristianas, que se encuentran presentes entre los habitantes de la Argentina, vinculadas con distintas formas de relación con lo sagrado como con cosmovisiones indígenas o matrices de religiosidad afroamericana. Es claro que la creencia en Dios, por ejemplo, no es exclusiva del cristianismo, como tampoco pertenecen a dicho universo simbólico otros objetos de creencia. Sin embargo, resulta interesante observar cómo en esta presencia de la diversidad de creencias encontramos en algunas la gravitación de tradiciones y/o andamiajes simbólicos que también pueden vincularse con una matriz cristiana, si bien con otra estructura significativa (Ameigeiras, 2010; Mallimaci, Giménez Béliveau y Esquivel, 2008). Se trata de creencias que operan como periferias sagradas dentro de un campo religioso históricamente hegemonizado por el catolicismo (Wright, 2018).

Tabla 2
Ranking de creencias e increencias (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Los menores valores en la creencia en los objetos que conforman la matriz cristiana se registran en el extremo más joven del rango etario mientras que los valores más altos se concentran en el extremo de mayor edad. Los jóvenes tienden a creer más en curanderos y en la astrología. La creencia en la energía se encuentra más distribuida entre las categorías de rango etario que las creencias de matriz cristiana antes mencionada, como puede observarse en la tabla 3 en la que los objetos de creencia han sido ordenados en función del rango (de mayor a menor) a los fines de dar cuenta de su distribución entre la población. Esto nos permite observar que en ambos extremos del rango etario es más probable encontrar divergencias en las creencias de matriz cristiana (salvo las creencias en el infierno y la vida después de la muerte) que en las que no son parte del catolicismo institucionalizado.

Tabla 3
Ranking de creencias según grupo etario (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Los datos muestran que las respuestas afirmativas a la pregunta por la creencia asumen valores más altos entre las mujeres, con la excepción de los casos del Gauchito Gil, los ovnis, la suerte y los curanderos4. Donde mayor es la diferencia (rangos, es decir, diferencias porcentuales entre el valor más alto y el más bajo, que superan los diez puntos) es en el caso de los ángeles (73,4 % de creencia entre las mujeres contra 58,2% entre los varones), la vida después de la muerte (65,8% entre mujeres y 51,3% entre varones) y el Espíritu Santo (81,6% entre mujeres y 69,7% entre varones). Asimismo, donde menor es la diferencia entre mujeres y varones y, por lo tanto, hay mayor coincidencia de creencia, es en el caso de los curanderos (27,1% y 27,9%), la suerte (62,7% y 63,7%), el infierno (43,8% y 41,9%) y el diablo (47,1% y 44,7%). Esto nos permite dar cuenta de que no se trata de que las mujeres sean más creyentes que los hombres, sino que creen más en algunos objetos de la matriz cristiana, mientras que los hombres tienden a creer más que las mujeres en objetos propios a las periferias sagradas.

Respecto de la variable nivel socioeconómico, en líneas generales, los porcentajes más altos de creencia se ubican en la categoría de nivel socioeconómico bajo, con excepción de la creencia en la energía, los ovnis y la astrología. Los menores porcentajes de creencia se encuentran en los sectores altos, a excepción de la creencia en la energía.

Con el fin de establecer el grado de dispersión de la creencia en cada objeto respecto a las variables sociodemográficas, se calculó la diferencia entre el valor porcentual más alto y el más bajo registrado en cada uno de ellos. Por ejemplo, la creencia en el Espíritu Santo es la que se encuentra distribuida de manera menos homogénea entre las categorías de nivel socioeconómico, concentrándose en los sectores bajos. La creencia en la vida después de la muerte es la que se encuentra distribuida de manera más homogénea, con un rango de 2,9 puntos porcentuales. A la vez, el cuadro da cuenta de cómo la diferencia entre los valores que indican el nivel de creencia en cada objeto es menor si se comparan estos valores entre los sectores bajos y medios que entre los medios y altos. Esto muestra que los sectores medios tienden a aproximarse más, en sus creencias, a los sectores bajos que a los altos.

Tabla 4
Ranking de creencias según nivel socioeconómico (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Una lectura sobre las creencias acorde con el nivel de instrucción permite constatar que los sectores con menor nivel de instrucción presentan una mayor apertura a la consideración de una variedad de creencias, generando un mayor nivel de creencia en general. El porcentaje, dentro de los sectores con bajo nivel de instrucción, de quienes respondieron creer en los objetos que conforman la matriz cristiana, así como en los curanderos, es mayor al valor adjudicado a cada una de estas creencias en la población total.

Respecto de las creencias de matriz cristiana, quienes no tienen estudios o tienen estudios primarios coinciden, con muy pequeñas diferencias, en las creencias en Dios (92,6% en sin estudios y 89,1% en nivel primario), Jesucristo (90% en sin estudios y 90,2% en nivel primario) y el Espíritu Santo (87,7% en sin estudios y 86,1% en nivel primario). En los niveles secundario y terciario, las creencias en Jesucristo (79,1% - 80,4% respectivamente), Espíritu Santo (71,3% - 76,2%) y Dios (78,4% - 79,2%) asumen valores considerablemente más bajos que entre “sin estudios” y “estudios primarios”, observándose una diferencia de más de 10 puntos. Respecto del porcentaje de estas creencias entre los universitarios, se constata un nuevo salto cercano a los 10 puntos porcentuales. Un 70% de los universitarios cree en Jesucristo, 55,7% cree en el Espíritu Santo y 70,3% cree en Dios. Estas creencias disminuyen a medida que el nivel de instrucción aumenta. La creencia en la energía muestra una tendencia opuesta, con el porcentaje más alto entre los terciarios.

La tabla 5 refleja el valor que adquiere cada objeto de creencia en la población total y el que adquiere de acuerdo a cada categoría de la variable nivel de instrucción. En negrita se indican los valores inferiores al promedio del total de la población. En itálica, los valores que son iguales o superiores al promedio.

Tabla 5
Ranking de creencias según nivel de instrucción (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Con respecto a las regiones, se observa que el NOA y el NEA concentran los mayores valores en torno a las creencias cristianas y en el Gauchito Gil. En Cuyo se observa mayor presencia del resto de las creencias con excepción de la creencia en los ovnis, más fuerte en el Centro. El AMBA y la Patagonia son aquellas en las que las variables asumen los menores valores, con algunas excepciones (en el NEA la astrología, curanderos y ovnis obtienen valores más bajos, mientras que en el Centro la categoría “infierno” recibe el valor más bajo).

La Patagonia es la región en donde menores valores registran la creencia en los santos y en la Virgen, pero donde la creencia en el infierno y el Espíritu Santo siguen siendo relevantes, lo que da cuenta de menores porcentajes de creencias vinculadas con el catolicismo. De hecho, es la única región donde la creencia en el infierno asume valores más altos que la creencia en los santos. Se debe tener en cuenta que, del total de encuestados en esa región, un 24% respondió ser de religión evangélica, siendo los evangélicos un 15% de la población total. La creencia en la energía, la astrología y la suerte registran los valores más altos en la región de Cuyo, pero coincidiendo con valores altos en creencias de matriz cristiana.

Tabla 6
Ranking de creencias según región (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Con relación al tamaño de la ciudad, no tiende a haber marcadas diferencias en lo que concierne a la distribución de las creencias. No obstante, puede observarse que las ciudades chicas concentran mayor valor en las creencias de la matriz cristiana y en el Gauchito Gil (33% cree en el Gauchito Gil, 13 puntos más que el que en las ciudades grandes y 8 puntos más que en las medianas). Por el contrario, en las ciudades grandes, la creencia en los objetos de matriz cristiana tiende a disminuir en comparación con las ciudades chicas y medianas (no obstante, la creencia en el diablo registra valores levemente mayores en las ciudades grandes). La astrología y la energía registran valores más altos en las ciudades grandes.

Tabla 7
Ranking de creencias según tamaño de ciudad (en %)

Base: 2421 casos. Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

La creencia en Dios

El contenido de la creencia en Dios

A quienes afirmaron creer en Dios se les preguntó qué significaba para ellos esa creencia. Resulta importante tener en cuenta cómo las apreciaciones de Dios como “padre”, “ser superior“, “amor” y “energía”, explicitan una apreciación de lo considerado como “sobrenatural” que, a la vez que alude a una instancia de cercanía y relación (padre-amor), traduce el reconocimiento de su “poder” (ser superior-energía), aspectos muy presentes en la religiosidad popular (Parker, 1993; Ameigeiras, 2010).

Tabla 8
Significado de Dios (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Con una diferencia aproximada de 19 puntos porcentuales, los mayores niveles de consideración de Dios como “ser superior” se presentan entre las personas de mayor edad (56%), mientras que los niveles más bajos se encuentran entre los de menor edad (36.6%). Tanto los sectores de menor edad como los de mayor edad son coincidentes en cuanto a ponderar a Dios como “una energía universal” (19,9% y 19,2% respectivamente). Esta apreciación se encuentra distribuida de manera relativamente homogénea en todos los grupos etarios. Por otro lado, es entre los sectores de mayor edad donde se observa el guarismo más alto (15.7%) respecto a la consideración de Dios como “un juez de los seres humanos“, mientras que en el resto de los grupos encontramos valores que van del 8% al 10%. Asimismo, la mayor diferencia entre los grupos más jóvenes y los de mayor edad se da respecto a la consideración de Dios como “ser superior” (19.4) y la menor diferencia entre ambos grupos (0,7) se da respecto a la consideración de Dios como “una energía universal”.

Tabla 9
Significado de Dios según grupo etario (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Respecto del nivel socioeconómico, en líneas generales, los valores más altos en cada una de las opciones de respuesta se concentran en el nivel bajo, a excepción de la creencia en Dios como “una energía universal” y “un ser superior”, que es más significativa en el nivel alto. No obstante, la consideración de Dios como “ser superior” se presenta distribuida de manera relativamente homogénea en los tres niveles.

En el primer lugar del orden de rango encontramos la creencia en Dios como “un padre”. Esta es más frecuente en el nivel bajo (37,5%) que entre el nivel medio (22,4%) y alto (18,2%). En segundo lugar, la consideración de Dios como “una energía universal” se concentra en el nivel alto, con una diferencia de 13,7 puntos con respecto al nivel bajo. En relación a la consideración de Dios como “el amor”, no se presentan diferencias entre los niveles bajo y medio. Sin embargo, sí se produce una diferencia significativa, de 13,7 puntos porcentuales, entre niveles bajo y medio (22,8% en ambos) y el alto (9,7%).

Tabla 10
Significado de Dios según nivel socioeconómico (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con el nivel de instrucción, la creencia en Dios como “ser superior” se encuentra distribuida de forma relativamente homogénea entre los distintos niveles de instrucción (rango que va de 38% -43%). Lo mismo sucede con la consideración de Dios como “el amor” (rango que va del 20%-29%). La consideración de Dios como “padre” predomina entre las personas que declararon no tener estudios (49.2%) y tener estudios primarios (37.6%), mientras que es menos frecuente entre las que cuentan con estudios universitarios (18%). La categoría “padre” se ubica en el primer lugar del orden de rango, alcanzando una diferencia de 31 puntos porcentuales entre el nivel de estudio más bajo y más alto.

Algo similar ocurre con la creencia en Dios como “un juez de los seres humanos”, que encuentra sus valores más altos entre las personas que no tienen estudios (19%), mientras que presenta porcentajes significativamente bajos entre las personas con estudios universitarios (2.4%). Entre aquellos que se encuentran entre los sectores más bajos de la variable nivel de instrucción, la relación con Dios tiende a ser más personalizada, siendo expresada a través de roles sociales como padre y juez, mientras que entre quienes se ubican en las categorías más altas de la variable, esta relación se expresa con términos que remiten a mayores grados de abstracción. Aparece menos como padre y juez y más como amor y energía.

Tabla 11
Significado de Dios según nivel de instrucción (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con la región, la consideración de Dios como “el amor” se distribuye de manera más heterogénea, alcanzando sus valores máximos entre los habitantes de la región de Cuyo (38,9%) y los más bajos en el AMBA (17%) y Centro (19,8%). Por otro lado, el NOA presenta los guarismos más altos en la consideración de Dios como “un padre” (42,0%) conjuntamente con el NEA (38,6%), mientras que los más bajos se observan entre los habitantes de la Patagonia (24.4%). Al respecto, es interesante tener en cuenta que dicha consideración de Dios como padre en el NOA y NEA es coincidente con el alto porcentaje de creencia en Dios en ambas regiones (95% y 93,9%, respectivamente) y la fuerte incidencia de la matriz cristiana.

Tabla 12
Significado de Dios según región (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

El vínculo de los individuos con Dios

A los encuestados se les preguntó por las situaciones en las que acuden a Dios. Los datos muestran en las personas el predominio de la tendencia a vincularse con Dios en “momentos de sufrimiento”. Sin embargo es interesante observar la relevancia de la tendencia a vincularse en momentos especiales relacionados con situaciones límite o de marcada emocionalidad. Los menores niveles de respuesta se observan en las opciones que hacen referencia a las relaciones sociales (“cuando ayudo al prójimo”) y a la dimensión institucionalizada que se desprende del calendario religioso.

Tabla 13
Situaciones en las que se acude a Dios (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con la variable edad, a excepción de la categoría “en todo momento”, se observa una distribución homogénea de las categorías de la variable. No obstante, es entre los más jóvenes donde se tiende a acudir a Dios al reflexionar sobre el sentido de la vida, mientras que la relación con Dios mediada por la ayuda al prójimo es más frecuente entre los dos grupos de mayor edad. La dimensión institucionalizada expresada en la mediación del calendario es, también, más relevante en estos dos grupos, aunque con diferencias leves respecto a las personas más jóvenes.

Tabla 14
Situaciones en las que se acude a Dios según grupo etario (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Por otra parte, las respuestas “en momentos de sufrimiento”, “en momentos de felicidad” y “cuando necesito una ayuda” presentan valores significativamente más altos entre los encuestados de nivel socioeconómico bajo y medio que alto. Asimismo, los encuestados de nivel socioeconómico alto declararon que acuden a Dios “al reflexionar sobre el sentido de la vida” en un mayor porcentaje (37%) que los de nivel socioeconómico bajo (26,7%). Esto no significa que las personas de nivel socioeconómico bajo no reflexionen sobre el sentido de la vida, o reflexionen menos. Lo que se observa es una menor intensidad en la explicitación discursiva de este tipo de vínculo con lo sagrado.

Tabla 15
Situaciones en las que se acude a Dios según nivel socioeconómico (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con el nivel de instrucción, los valores más bajos en cada una de las posibles respuestas se concentran entre aquellos que tienen estudios de nivel universitario, a excepción de la categoría “al reflexionar sobre el sentido de la vida”, en la que se presentan los valores más altos (36,1%). Respecto de esta categoría, la diferencia entre los niveles secundario, terciario y universitario, por un lado, y primario y sin estudios, por el otro, resulta significativa. En relación con la respuesta “cuando necesito una ayuda”, los valores más altos se concentran entre aquellos que no tienen estudios. Asimismo, se observa que la respuesta “en todo momento/todos los días, siempre” es mayor entre los que no tienen estudios (25,6%) que entre los que tienen estudios de nivel secundario (15,6%) y universitario (12%). Finalmente, es interesante observar que la respuesta “en momentos de sufrimiento” fue la que recibió mayores respuestas afirmativas en todos los niveles de instrucción.

Tabla 16
Situaciones en las que se acude a Dios según nivel de instrucción (en %)

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con las regiones, en NOA se registran los valores más altos de la respuesta “en momentos de felicidad” (50,4%), “en momentos de sufrimiento” (57,9%), “cuando ayudo al prójimo” (24%) y “cuando necesito una ayuda” (43,8%). Por el contrario, en NEA estas categorías obtienen los valores más bajos (22,9%, 38,2%, 9,4% y 28,1%), siendo aquí donde se observan las diferencias más amplias entre las regiones. En AMBA se registra el mayor porcentaje de personas que manifestaron acudir a Dios “durante los días de festividad religiosa” (20.2%), mientras que en NEA, Centro y Cuyo se concentran los valores más bajos en torno a esta respuesta (6,7%, 10,3%, 12,2%, respectivamente). A su vez, AMBA presenta un mayor porcentaje de encuestados que respondieron “al reflexionar sobre el sentido de la vida” (34,9%), mientras que en Centro (21,6%) se registran los menores porcentajes. Por su parte, las regiones de NEA y Centro presentan un mayor porcentaje de personas que afirmaron “en todo momento/siempre” (24,8%, 21,6%, respectivamente), en relación con AMBA (14,8%) y NOA (12,9%).

Respecto al tamaño de las ciudades, no se observan diferencias significativas, excepto en la respuesta “al reflexionar sobre el sentido de la vida”, que presenta mayores porcentajes entre los habitantes de ciudades grandes (32,1%) y medianas (28,3%), que chicas (16,8%).

Las mediaciones en el vínculo con Dios

A los encuestados se les preguntó por la manera en la que se relacionan con Dios. El 59,9% afirma vincularse con Dios por cuenta propia, el 30,3% por medio de una iglesia o templo, el 3,3% mediante un grupo o comunidad, mientras que el 6,2% manifiesta que no se relaciona. En este sentido, los datos dan cuenta de la relevancia de los procesos de cuentapropismo en el modo de vincularse con lo sagrado señalados por estudios de la sociología de la religión (Mallimaci, 2009).

Tabla 17
Modo de relacionarse con Dios

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

Respecto a la variable edad, los datos muestran que la relación con Dios por cuenta propia es más frecuente entre las personas de 30-44 años (64,5%), que entre las de 18-29 años (55,4%). A su vez, entre quienes afirman que no se relacionan con Dios, las personas de 18-29 años presentan valores más altos (10,8%) que el resto de los grupos etarios (4,5%, 5% y 4%). Por otro lado, entre quienes declaran relacionarse con Dios principalmente por medio de Iglesia/templo se registra un mayor porcentaje de mujeres (33,5%) que de varones (26,4%). Asimismo, se observa que la respuesta “no me relaciono” es más frecuente entre varones (9,1%) que entre mujeres (3,8%).

Respecto al nivel de instrucción, la relación con Dios por cuenta propia se presenta con mayor frecuencia entre los encuestados con estudios de nivel universitario (64%), secundario (62,6%) y primario (58,3%) que entre los que declaran no tener estudios (46,9%). En cambio, entre éstos se registran los mayores porcentajes de relación con Dios por medio de iglesia/templo (40%), mientras que entre las personas con estudios de nivel secundario (28%), terciario (28,4%) y, sobre todo, universitario (23,6%), se observan los porcentajes más bajos.

Por otro lado, la relación con Dios por cuenta propia es más frecuente entre las personas de nivel socioeconómico alto (70,2%) y medio (64,6%), que entre las personas de nivel socioeconómico bajo (56,6%). Entre estas últimas se registran los porcentajes más altos de relación con Dios por medio de iglesia/templo (34,1%), mientras que entre las personas de nivel socioeconómico medio y alto se observan los valores más bajos (24,8% y 22,9%, respectivamente).

Asimismo, en las regiones de NEA y NOA se observan los mayores porcentajes de encuestados que respondieron que se relacionan con Dios principalmente mediante iglesias o templos (41,8% y 37%, respectivamente), mientras que en AMBA (29,6%), Patagonia (29,5%) y Centro (24.8%) se registran los porcentajes más bajos. En AMBA y Centro es más frecuente la relación con Dios por cuenta propia (60,5%, 64,5%, respectivamente) que en la región del NEA (49,9%). En Patagonia se concentran los valores más altos de encuestados que, si bien afirman creer en Dios, manifiestan que no se relacionan (11,5%), mientras que en NEA y NOA se concentran los valores más bajos de creencia sin relación (3,6% y 2,1%, respectivamente)

La adhesión de los individuos a la religión

Al indagar en los motivos por los cuales las personas adhieren a su religión, observamos que la adhesión religiosa se encuentra más vinculada con la socialización primaria que con una búsqueda de sentido. El 57,2% respondió que el principal motivo por el cual adhiere a su religión es “porque me la transmitieron desde que era chico/a” (transmisión). Quienes respondieron “porque le da sentido a mi vida” (sentido) constituyen el 16,4%. Un 12% afirmó “porque comparto las ideas y valores” (valores). La opción de respuesta que muestra un punto de vista más conservador y excluyente, reflejado en la frase “porque es la única y verdadera” (excluyente), fue elegida por el 8% de los encuestados. Finalmente, el 4,3% seleccionó la opción más vinculada a una perspectiva comunitarista, reflejada en la frase “porque encontré un grupo y me siento contenido” (comunidad). A continuación, presentaremos una recategorización de las respuestas en función de estos criterios.

Tabla 18
Motivos de adhesión a la religión

Base: 2109 casos (total creyentes). Fuente: Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas. Programa Sociedad, Cultura y Religión, CEIL-CONICET, 2019.

En relación con la respuesta “porque me lo transmitieron desde que era chico/a”, los valores más altos se presentan entre quienes tienen estudios universitarios (66,7%, con una diferencia de 9,5 puntos porcentuales respecto al valor de la categoría en el total de la población), mientras que los más bajos se encuentran entre aquellos que declararon no tener estudios (47,5%, con una diferencia hacia abajo de 9,7 puntos porcentuales respecto al total), alcanzando una diferencia porcentual de 18 puntos entre sí. Por otro lado, la respuesta “porque es la única y verdadera religión” es más frecuente entre los que no tienen estudios (11,8%) y estudios de nivel primario (11,2%), que entre los que tienen estudios universitarios (1,9%). Si bien la opción por la exclusividad es mayor en los niveles más bajos de instrucción, no alcanzan a superar los 5 puntos en relación al valor que obtiene la categoría en el total de la población. Finalmente, los valores de las respuestas “porque encontré un grupo y me siento contenido”, “porque le da sentido a mi vida” y “porque comparto las ideas y valores” se distribuyen de manera más homogénea entre todos los encuestados, alcanzando entre 5 y 6 puntos de diferencia entre los porcentajes más bajos y más altos y sin que en ningún caso alcancen los 5 puntos respecto al total.

Los encuestados de nivel socioeconómico alto presentan los valores más bajos para cada una de estas respuestas, a excepción de “porque me lo transmitieron desde que era chico/a”, en donde concentran los valores más altos (79% que constituyen 21,9 puntos por encima del valor de la media nacional). Si bien esta es la respuesta más frecuente para el total de la población, es interesante que los encuestados de nivel socioeconómico alto que declaran adherir a su religión porque se la transmitieron desde que eran chicos/as, superan en 25 puntos porcentuales al 53% de encuestados de nivel socioeconómico bajo que afirman adherir por tal motivo. Por otra parte, la respuesta “porque comparto las ideas y valores” es más frecuente entre las personas de nivel socioeconómico medio (12,3%) y bajo (12,1%), que entre las de nivel socioeconómico alto (0,5%), con casi 12 puntos de diferencia. Finalmente, la opción excluyente se presenta con más frecuencia entre las personas de nivel socioeconómico bajo (9,7%), lo mismo que la comunitaria (6%), que entre los de nivel socioeconómico alto.

En relación con la región, la respuesta “porque me la transmitieron desde que era chico/a” se encuentra primera en el orden de rango, con una diferencia porcentual de 19 puntos. Esta es más frecuente entre los habitantes de Centro (63,7%) y Patagonia (60,4%) que entre los de Cuyo (44,3%) y NEA (47,6%). Por otra parte, con alrededor de 15 puntos de diferencia, la respuesta “porque le da sentido a mi vida” encuentra sus valores más altos entre los habitantes de Cuyo (28,5%) y los más bajos en Patagonia (13%) y Centro (13,6%). A su vez, NEA presenta un mayor porcentaje de encuestados que declararon adherir a su religión “porque es la única y verdadera” (15,5%) que Cuyo (5,8%) y NOA (5,2%), alcanzando una diferencia de 10 puntos, aproximadamente. Asimismo, se observa que, a excepción de NEA, los valores de esta respuesta se encuentran distribuidos de manera más homogénea entre las distintas regiones. Finalmente, en Cuyo y NEA la respuesta vinculada a la transmisión obtiene valores menores en más de 5 puntos al del total, mientras que Centro obtiene valores que superan los 5 puntos. En Cuyo es donde la opción por el sentido se despega en más de 5 puntos respecto al total. La perspectiva excluyente es significativa en el NEA.

Cambios de religión

Se preguntó a los encuestados si en algún momento de su vida habían cambiado de religión. El 21,4% respondió afirmativamente contra un 78,5% que respondió negativamente. Entre los que afirman haber cambiaron de religión hay un mayor porcentaje de varones (23,4%) que de mujeres (19,6%). Respecto al grupo etario, el mayor porcentaje se concentra en la categoría 30-44 años (25,4%) y el menor porcentaje en la categoría 65 años y más (13,5%).

En relación con el nivel de instrucción, quienes más han interpretado su trayectoria religiosa en términos de cambio son aquellos que se ubican en la categoría de nivel terciario (27,6%) mientras que entre quienes carecen de estudios el porcentaje de quienes expresaron haber cambiado de religión es de 13,2%. Esto no necesariamente nos habla de mayores o menores tránsitos religiosos, sino del modo de conceptualizar estos tránsitos en términos de cambio de religión.

Con respecto a la región, AMBA y Patagonia muestran los mayores valores en la respuesta afirmativa, con 23,3% y 23,8% respectivamente. La región del NOA muestra el menor valor (17%) y el resto de las regiones no muestra diferencias, encontrándose todas en torno al 20%. Tampoco se observan diferencias en relación al tamaño de la ciudad.

Finalmente, con respecto al sector socioeconómico, el sector alto muestra un porcentaje de 25,5% de respuestas afirmativas mientras que los sectores bajo y medio se ubican en el 21%. No podemos establecer que el cambio religioso sea una tendencia mayor entre los sectores altos, ya que la diferencia no resulta demasiado significativa como para establecer una tendencia.

Conclusiones

Teniendo en cuenta tanto el potencial como las limitaciones inherentes al instrumento de recolección, los datos de esta encuesta muestran algunas tendencias generales que nos permiten producir aportes a un conjunto de temas que se debaten en la disciplina.

En primer lugar, observamos que la creencia en Dios es relevante en la mayoría de los encuestados, lo cual da cuenta de la apertura a lo denominado como “sobrenatural”, “trascendente” o sagrado, en nuestra sociedad. Sin embargo, este guarismo ha disminuido 9,2 puntos porcentuales en relación con la Primera Encuesta de Creencias, Prácticas y Actitudes religiosas, realizada en 2008 (Mallimaci 2008). Al mismo tiempo, registramos el incremento en 11,5 puntos porcentuales de la creencia en la “energía”. Si bien la “energía” suele estar asociada al avance de las denominadas “nuevas espiritualidades”, se trata de una noción que adquiere múltiples significaciones (Bordes, 2015), por lo que sería importante continuar indagando en los sentidos que le son atribuidos mediante abordajes cualitativos.

Otro de los temas abordados remite al concepto de espiritualidad y a la dicotomía que establece con el de religión, en tanto marco cognitivo que orienta la relación con lo sagrado. En principio, observamos que, en términos mayoritarios, ambas categorías no presentan una distancia considerable.

Por otra parte, la encuesta abre un abanico de preguntas acerca de las relaciones entre las creencias y la estructura social. Los mayores niveles de identificación con las creencias aquí analizadas se producen entre las personas de menor nivel socioeconómico e instrucción formal. En dichos sectores se observa una fuerte gravitación de la matriz cristiana, así como de elementos presentes en múltiples modalidades de la religiosidad popular. Por el contrario, este tipo de creencias son menos frecuentes entre las personas de mayor nivel socioeconómico y nivel de instrucción, en donde, sin embargo, se registran los valores más altos de creencia en la “energía”. En este sentido, los menores valores de creencia observados no indican necesariamente que estos sectores crean menos que otros, sino que también podrían estar dando cuenta de un desplazamiento de las creencias hacia espectros no tradicionales (Giddens, 1994).

A su vez, el rango etario se presenta como una variable que da cuenta de la distribución de las creencias. No obstante, la concentración de mayores valores de creencia entre personas de mayor edad no implica necesariamente un proceso de secularización o de recomposición de las creencias. Así como en personas de mayor edad se manifiesta una mayor persistencia de creencias y tradiciones religiosas, también podemos considerar que los más jóvenes vayan modificando sus creencias a medida que avancen en su edad.

Por otro lado, apreciar las mediaciones en el vínculo con Dios nos posibilitó considerar la persistencia de las modalidades de relación por cuenta propia y por medio de templos e iglesias, lo cual varía principalmente según los niveles de instrucción y socioeconómico.

De esta manera, la aproximación realizada al conocimiento de las creencias mediante un conjunto de variables sociodemográficas, nos aporta elementos interesantes para seguir profundizando en el conocimiento de la complejidad del fenómeno religioso en nuestra sociedad.

Referencias bibliográficas

Ameigeiras, A. (2010) Creencias populares en la sociedad argentina: algunas reflexiones acerca de la significación de la creencia en Dios, la diversidad de creencias y las identidades religiosas”. Sociedad y Religión (20): 31- 42

Ameigeiras, A. (2018) “Religiosidad popular. De la diversidad de planteos a un planteo desde la diversidad”. En Espina Barrio, N. Correa y Montes Miranda (comp.) Antropología en Iberoamérica. Diálogo intercultural, religiosidad popular, música y migraciones (132-161) Univ. de Salamanca- Univ. de La Serena – Univ. C Católica del Norte.

Ammerman, N. (2013) Spiritual But Not Religious? Beyond Binary Choices in the Study of Religion. Journal for the Scientific Study of Religion, 52(2):258–278

Bender, C. y McRoberts, O. (2012) Mapping the field: When and how to study spirituality. Social Science Research Council, Working paper.

Bordes, M. (2018) ¿De qué hablamos cuando hablamos de energía? Una aproximación a las nuevas culturas terapéuticas desde la sociología del conocimiento. Cultura y representaciones sociales, (13)25 DOI: https://doi.org/10.28965/2018-25-04

Ceriani Cernadas, C. (2013) Diversidad religiosa y pluralismo espiritual. Notas para repensar las categorías y sus dinámicas de producción. Corpus, 3(2): 1-9

Ceriani Cernadas, C. (2003). La religión como categoría social: Encrucijadas semánticas y pragmáticas. Cultura y religión, 7(1), 10-29.

Di Stefano, R. (2010) Ovejas negras: Historia de los anticlericales argentinos. Buenos Aires: Sudamericana.

Ellingson, S. (2001) The new spirituality from a social science perspective. Dialog: A journal of theology, 40(4), 257-263.

Frigerio, A. (2016) La ¿“nueva”? espiritualidad: ontología, epistemología y sociología de un concepto controvertido. Ciencias sociales y religión, 24: 209-231.

Giddens, A. (1997). “Vivir en una sociedad postradicional”. En Beck, U., Giddens, A. y Lash, S. Modernización Reflexiva, Alianza: Madrid.

Mallimaci, F, Giménez Beliveau, V & Esquivel, J. (2008) “Creencias, prácticas y actitudes religiosas”. En Mallimaci, F. (dir) Atlas de las creencias religiosas en la Argentina (31-51), Buenos Aires: Biblos.

Mallimaci, F. (2009) “Cuentapropismo religioso; creer sin ataduras. El nuevo mapa religioso en la Argentina urbana”. En Ameigeiras, A. y Martin J.P (eds), Religión, política y sociedad (15-45), Buenos Aires: Prometeo.

Parker. C. (1993) Otra lógica en América Latina. México: FCE.

Semán, P. (2010) Diferencia y transversalidad en la religiosidad de los sectores populares: mirando con telescopio luego de haber usado el microscopio. Apuntes de investigación del CECYP, 18:71-101

Steil, C. (2001). Pluralismo, Modernidade e Tradição. Transformações do Campo Religioso. Ciencias Sociales y Religión, 3, 115-129

Viotti, N. (2010) El lugar de la creencia y la transformación religiosa en las clases medias de Buenos Aires. Apuntes del Cecyp, 18, 39-68.

Notas

1 Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina. Directores: Mallimaci, F., Esquivel, J.C. y Giménez Béliveau, V. Proyecto financiado por Mincyt (EX-2018-25178903- APNDDYGD#MCT - Resolución Nº 825/18. Segunda encuesta sobre creencias y actitudes religiosas de la Argentina) en el marco del Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL CONICET.
2 Las ciudades fueron clasificadas en grandes (aquellas que poseen más de 800.000 habitantes), medianas (las que poseen entre 100.000 y 799.999 habitantes) y pequeñas (menos de 100.000 habitantes).
3 Estos datos abren la puerta para un análisis más profundo sobre los procesos históricos de feminización de lo religioso, tema sobre el cual ha indagado Di Stéfano (2010) en su investigación histórica sobre las herejías.
4 Si en los casos de la suerte y los curanderos el rango es prácticamente insignificante (0,9), lo que da cuenta de que estas creencias no se encuentran marcadamente distribuidas en torno al género, la diferencia asume un rango más elevado en el caso del Gauchito Gil (6,9) y los ovnis (8,5). Resulta interesante pensar la diferencia en la creencia en los ovnis, teniendo en cuenta que remite a un dominio de ciencia y tecnología social e históricamente masculinizado.


Buscar:
Ir a la Página
IR
Visor de artículos científicos generados a partir de XML-JATS4R por