Temático
Las representaciones electorales y sus (in)determinaciones
Electoral representations and their (in) determinations
Las representaciones electorales y sus (in)determinaciones
Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. 30, núm. 55, Esp., 2020
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Resumen: Es objetivo de este artículo es describir algunos de los factores sociológicos que intervienen en la representación del comportamiento electoral de las personas, anclando el análisis en las representaciones de los candidatos elegidos en las elecciones presidenciales argentinas del 2015. En un primer apartado, se diferencia el comportamiento electoral concreto de sus representaciones, comparando los resultados electorales de 2015 con lo manifestado en la Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina en 2019, lo que nos permite atender a y explicitar las condiciones de producción de los datos. En un segundo apartado, nos detendremos en la reconstrucción de las representaciones electorales a partir de la autopercepción religiosa manifestada por los encuestados, las variables sociodemográficas como el género, el grupo etario, el nivel socioeconómico y de estudios alcanzados, así como la región de residencia y el tamaño de la ciudad; en relación con los principales espacios de actividad y participación ciudadana de los encuestados; y, finalmente, a partir de las opiniones ético-políticas vinculadas concretamente con las posiciones frente al aborto y al consumo de drogas, para realizar un acercamiento a aquellos elementos que podrían generar divisiones dentro del del electorado. Nuestra conclusión es que resulta difícil encontrar regularidades que permitan establecer determinantes sobre la representación electoral, al menos a partir de un abordaje cuantitativo como el que desarrollamos en este artículo. Por ende, instamos a estudiar el fenómeno desde el ángulo artículo. Por ende, instamos a estudiar el fenómeno desde el ángulo cualitativo como alternativa analítica.
Palabras clave: representación electoral, autopercepción religiosa, variables sociodemográficas, opiniones ético-políticas, indeterminación del voto.
Abstract: The objective of this article is to describe some sociological factors that plays the electoral behavior, anchoring the analysis in the representations about the candidates chosen in the Argentine presidential elections of 2015. In this sense we compare electoral 2015´s electoral results with data obtained from Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina in 2019, with the intention to show the data production process. Then, with the proposal to build difference in the population, we try link to cross electoral representations with religious self-perception, sociodemographic variables, region of residence and size of the city, citizen participation, ethical-political opinions linked to abortion or drugs´s consume. Our conclusion is that it is difficult to find regularities that allow us to establish determinants on electoral representation from a quantitative approach like the one we develop in this article. Therefore, we urge to study the phenomenon from the qualitative approach as an analytical alternative.
Keywords: Electoral representation, religious self-perception, sociodemographic variables, ethical-political opinions, vote´s indeterminacy.
Introducción
Los estudios políticos se han interrogado acerca de los factores que llevan a una persona a votar por un candidato y no por otro y, antes, a considerar que vale la pena ir a votar. Entre la gran variedad de claves explicativas, desde los enfoques clasistas (las personas votan según su pertenencia a determinado sector social) hasta los individualistas (las personas votan según el cálculo racional guiado por su interés egoísta), el concepto de clivajes fue particularmente exitoso para elaborar una matriz de análisis compleja de los factores sociológicos que intervienen en el comportamiento electoral de las personas. Según Seymour Lipset & Steinn Rokan (1967), existen cuatro variedades de clivajes que dividen a las sociedades y en torno a los cuales se generan conflictos y ulteriores posicionamientos políticos-electorales: las oposiciones entre centro y periferia, entre campo y ciudad, entre empresarios y trabajadores, y entre iglesia y Estado. Esta última daría lugar a orientaciones político-electorales por la cuestión religiosa, lo que se expresaría en partidos políticos de base confesional. El factor religioso nos permite comprender la emergencia y consolidación en Europa y diversos países de América Latina a lo largo del siglo XX de decenas de partidos posicionados como portavoces de valores e intereses explícitamente religiosos, casi exclusivamente identificados con el catolicismo.
En un trabajo de debate teórico-metodológico, Guillermo Cordero (2014) reconstruye las diferentes etapas y discusiones académicas respecto de los clivajes sociales del voto religioso en Europa. El autor da cuenta del auge, luego muerte y reciente resurrección de las lecturas socio-politológicas que buscan comprender el voto a partir de los clivajes religiosos. Para la diversa bibliografía sobre el tema, la pertenencia religiosa de las y los votantes ha sido alternativamente considerada como un fenómeno estructurante del comportamiento electoral, un predictor más o menos preciso del voto, en ocasiones más fuerte que la pertenencia a una clase social, un factor explicativo en declive y señal de recambio generacional, una variable independiente cuyos efectos no son lineales y concurren con otros, o un componente social movilizado estratégicamente en las campañas electorales de ciertos partidos políticos, entre otras.
En la Argentina la situación parecería ser diferente, pues no existe una división religiosa fundante de partidos políticos que separe el voto confesional del voto laico. Esto no significa que el espacio político esté vacío de sentidos religiosos: por el contrario, la identidad religiosa penetra de manera transversal diferentes niveles de la vida social. Como afirma Fortunato Mallimaci (1992), en su fase de expansión a partir de la década de 1920 el movimiento católico argentino se guio por una matriz integral, que priorizó la formación de cuadros católicos que penetraran y dirigieran los partidos políticos existentes en lugar de crear partidos políticos propios. La misma Iglesia católica desestimó históricamente la conformación de un partido confesional y optó por penetrar las estructuras políticas existentes (Esquivel, 2009).
De hecho, los partidos políticos de base confesional han tenido poco éxito electoral en la Argentina, y tampoco se ha constituido una bancada confesional que funcione de manera regular, tal como demuestra Sol Prieto (2014). Tras analizar históricamente la creación, desempeño electoral y disolución de los partidos católicos argentinos durante el siglo XX, Prieto sostiene que la ausencia de un conflicto virulento entre Iglesia y Estado evitó la conformación de un partido católico-conservador y un partido laicista-liberal, como sí ocurrió en otros países de América Latina. En su lugar, el catolicismo se constituyó como un nacionalismo de sustitución y la mayoría de los partidos políticos, en continuadores de sus enseñanzas (Mallimaci, 2008; 123).
Sin embargo, es importante recalcar que en las últimas décadas, los grupos evangélicos han avanzado en el espacio público como resultado de un importante crecimiento en la cantidad de fieles: como señalan otros artículos de este dossier, quienes se autoperciben como evangélicos crecieron en 6 puntos porcentuales, pasando del 9% de la población en 2008 a más del 15 % en 2018. De allí que a partir de la década de 1990 se produjeron diferentes experiencias políticas entre los grupos y referentes evangélicos, que fueron desde la militancia territorial y candidaturas locales en diferentes zonas del gran Buenos Aires hasta la organización de partidos de base evangélica (como Valores para mi País de Cinthia Hotton). Ahora bien, más allá de estos intentos, “los grupos evangélicos no lograron consolidarse como actores relevantes en el escenario electoral argentino” (Carbonelli, 2019: 40). A diferencia de las experiencias registradas en otros países de la región, Carbonelli (2019: 214) señala que los fieles evangélicos optan por poner en segundo lugar su identidad religiosa, priorizando otras formas de pertenencia. En este sentido, Joaquín Algranti (2010: 316) identifica un límite para el crecimiento político de estos grupos en la dificultad de posicionarse y enunciar “políticamente” más allá de sus demandas históricas de minoría religiosa.
Es objetivo de este artículo, entonces, es analizar algunos de los factores sociológicos que intervienen en la representación acerca del comportamiento electoral de las personas, anclando el análisis en las representaciones de los candidatos elegidos en las elecciones presidenciales argentinas del 2015. En función de ello, en un primer apartado diferenciaremos el comportamiento electoral concreto de aquellas representaciones acerca de él, comparando los resultados electorales de 2015 con lo manifestado en la Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina en 2019, lo que nos permitirá atender a y explicitar las condiciones de producción de los datos. En un segundo apartado, nos detendremos en la reconstrucción de las representaciones electorales a partir de la confesión religiosa manifestada por los encuestados, de las variables sociodemográficas como el género, el grupo etario, el nivel socioeconómico y de estudios alcanzados, y de la región de residencia y el tamaño de la ciudad, en relación con los principales espacios de actividad y participación ciudadana de los encuestados; y, finalmente, a partir de las opiniones ético-políticas vinculadas concretamente a las posiciones frente al aborto y al consumo de drogas, de modo de poder realizar un acercamiento a aquellos elementos que podrían generar divisiones dentro del electorado.
Método
Este artículo trabaja con el dataset Mallimaci, Esquivel, Giménez Béliveau & Irrazábal (2019) Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina. El dataset es producto de una encuesta probabilística realizada en Argentina (total país) durante agosto-septiembre de 2019. El universo en estudio es la población de la República Argentina de 18 años o más, residente en localidades o aglomerados urbanos con al menos 5.000 habitantes según Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Se seleccionaron 2421 casos mediante una muestra polietápica. La primera etapa, con 89 localidades/aglomerados como unidades primarias de muestreo, combinó estratificación (atendiendo a la región y el tamaño de las localidades) y selección de aglomerados urbanos intra-estrato mediante azar sistemático con probabilidades proporcionales al tamaño (PPT). En la segunda etapa, la selección de las unidades de muestreo (radios muestrales) dentro de las localidades seleccionadas se realizó mediante azar sistemático (ordenamiento a partir de indicadores de nivel socioeconómico) con PPT (atendiendo a la cantidad de población) y asignación igual por radio censal. Una vez elegidas las áreas de trabajo, se realizó el relevamiento y selección sistemática de las viviendas particulares (tercera etapa). Para la selección de las unidades últimas de muestreo (cuarta etapa) se recurrió a cuotas de sexo y edad según parámetros poblacionales. El período de relevamiento de datos fue entre agosto y septiembre de 2019. Se trabaja con un margen de error del +/- 2% para un nivel de confiabilidad del 95%. El alcance del estudio es la República Argentina (total país). Al tratarse de una encuesta probabilística polietápica que combina estratificación por región y tamaño de ciudad y selección mediante azar sistemático (con PPT) los datos son extrapolables a la población general, atendiendo al margen de error.
Esta investigación se realizó en cumplimiento de los lineamientos para el comportamiento ético en las ciencias sociales y humanidades del CONICET (resolución 2857/2006), la Declaración de Helsinki (versión Fortaleza 2013), la Declaración de Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO y la legislación y pactos de derechos humanos vigentes en Argentina. La participación en la encuesta fue voluntaria. Se aplicó el consentimiento informado, explicando a las personas que participaron del estudio los objetivos y los beneficios esperados. Los datos relevados se utilizan con fines estadísticos, garantizando la confidencialidad y el anonimato de modo que no pueda identificarse a las y los entrevistados. Los datos fueron procesados y analizados mediante el software SPSS.
Comportamiento electoral y representación electoral
Entre las preguntas incluidas en la Segunda Encuesta Nacional de Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina, una era qué candidato el encuestado habría votado en las elecciones presidenciales de 2015. La respuesta que se buscaba era espontánea, sin dar opciones. Como resultado, se obtuvieron los siguientes datos:

Nos encontramos con cuatro grandes categorías en términos porcentuales: los votantes de Mauricio Macri, quienes representaban casi un tercio de todos los casos (32,1); en segundo lugar, los votantes de Daniel Scioli (27,7). En un tercer lugar agrupamos a los votantes de terceros candidatos en variantes peronistas (Massa, Rodríguez Saá), de izquierda (del Caño) o panradicales (Stolbizer) y a quienes no recuerdan a qué candidato votaron. En algún sentido, podemos denominarlos autónomos con respecto a la polarización que marcó el escenario de las elecciones de 2015, diferenciándose de las dos primeras candidaturas, que compitieron en el ballotage del 22 de noviembre de 2015. En cuarto lugar estaban las personas que decían haber votado en blanco o no haber votado, que suman un 19,8 y que podríamos etiquetar de apáticos o indiferentes.
Aunque la comparabilidad de los datos sea objetable por varias cuestiones, es interesante confrontar la distribución de la encuesta respecto de los resultados de la elección:

Las diferencias entre los valores radican en los contextos de producción de los datos. La encuesta fue aplicada a comienzos de 2019, casi tres años después de realizadas las elecciones presidenciales sobre las cuales se hace la pregunta. En el medio, la coalición Cambiemos había triunfado en las elecciones de medio término de 2017. Esto implica un recaudo metodológico básico: los datos reflejan lo que las personas dicen retrospectivamente sobre una preferencia electoral, lo cual no implica que efectivamente ese haya sido su voto. Lejos de quitarle validez, tener presente esto nos permite abordar el análisis explicitando sus condiciones de producción: las personas que hablan por medio de los datos de la encuesta responden según sus puntos de vista situados. Por ende, nuestra referencia empírica la constituyen las representaciones electorales y no el voto o el comportamiento electoral.
Dicho esto, los datos de la Segunda Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas nos permiten ligar las preferencias partidarias expresadas en el voto declarado en 2019 con una serie de variables, una de las cuales es la auto percepción religiosa de las encuestadas y los encuestados.
La representación electoral y sus (in)determinaciones
Voto y adscripción religiosa
Comencemos con la variable específicamente religiosa, a partir de la reconstrucción de las representaciones electorales según su adscripción religiosa. Para este cuadro, cruzamos las variables de candidato votado en las elecciones presidenciales de 2015 con la respuesta a la pregunta sobre cuál es la religión de la persona.

Tanto entre las personas que se auto perciben católicas como entre las que se consideran evangélicas, el candidato más votado es Mauricio Macri. Sin embargo, entre las primeras hay una clara predominancia hacia éste por sobre el segundo candidato, Daniel Scioli, con una diferencia de 8,7 puntos, mientras que entre las personas evangélicas la diferencia es mucho menor: 2,2 puntos.
En la única categoría de adscripción religiosa en la que el candidato del Frente para la Victoria triunfa es entre los sin filiación religiosa (que representan el 18,9% de la sociedad argentina). Entre estos se da la menor distancia de votos entre las cuatro categorías con las que estamos trabajando: los terceros candidatos sumados obtuvieron el mismo caudal porcentual que Macri, y solo 7,5 puntos menos que Scioli.
Respecto de las personas que se presentaron como adherentes a otros espacios confesionales, la preferencia electoral en el voto a presidente fue el voto en blanco o la abstención, es decir no presentarse el día de los comicios en el lugar de votación. Aunque esto esté prohibido por la ley electoral argentina, en las elecciones generales para presidente de 2015 hubo un 18,9% de abstención y un 2,7% de votos en blanco o nulos. Esto significa que la proporción de personas que no emitieron un voto positivo a presidente fue mucho mayor que el promedio entre quienes se reconocen en religiones no mayoritarias.
Mientras el catolicismo continúa siendo la religión con mayor reconocimiento por parte de las instituciones públicas, esto va de la mano de una mayor polarización del voto de las católicas y los católicos entre los dos principales candidatos: entre Macri y Scioli sumaron el 62,9% de los votos católicos. Al mismo tiempo, las católicas y los católicos son los que en menor proporción votan en blanco o se abstienen, con diferencias marcadas respecto de las otras categorías religiosas. Esto nos permite pensar en una mayor predisposición a interesarse por los asuntos públicos y, por ende, a tomar posición sobre quién debería ocupar un cargo público.
En sentido inverso, quienes se autoperciben pertenecientes a alguna de las confesiones englobadas en la categoría Otras religiones presentan una mayor dispersión de sus inclinaciones electorales, dedicándole solo el 45,3% de los votos a los principales candidatos. De manera consecuente, tienen la mayor proporción de votos apáticos o indiferentes, duplicando la tasa de los votos católicos.
Esto nos hace pensar en una afirmación que puede funcionar como hipótesis para futuras indagaciones: la existencia de una afinidad entre las religiones con vocación institucional mayoritaria y la predisposición de sus fieles a inclinarse por candidatos que sean opciones de poder real. En las elecciones de 2015, Scioli y Macri eran los únicos dos pretendientes con posibilidades reales de llegar a ser presidentes. El resto de los candidatos no llegó a los comicios con chances de terciar con caudales de votos masivos, lo cual se verificó en los votos obtenidos3.
Ahora bien, las observaciones que derivamos de la tabla 3 no habilitan a realizar afirmaciones fuertes. Hay ciertas regularidades entre religión y voto, pero los márgenes de los volúmenes no son significativos en grado tal como para establecer una relación entre cierto tipo de confesión y las representaciones electorales. Al igual que lo que sucede con otras de las dimensiones consideradas, de ningún modo estas diferencias poseen las características propias de núcleos enfrentados.
Voto y rasgos sociodemográficos
Para poder ver el peso de la religión autopercibida en las representaciones electorales, observaremos otros factores que frecuentemente suelen ser considerados en el análisis electoral del voto.

Si tomamos la variable sexo (tabla 4), Macri obtuvo un tercio del voto femenino, mientras que Scioli obtuvo un cuarto. Entre los varones, en cambio, la distribución fue más pareja (31,1% y 29,9% respectivamente). Entre apáticos o indiferentes y aquellos que optaron por terceros candidatos la distribución entre géneros es pareja.

Respecto del voto por edad (tabla 5), vemos que a mayor edad de las y los votantes aumenta la inclinación a favor de Macri. Entre las franjas de 45 a 64 y 65 o más el candidato cambiemista obtuvo mayor diferencia respecto de los otros candidatos, en 12 y 10 puntos porcentuales respectivamente. Esta relación no es inversa, ya que entre las y los más jóvenes los votos se distribuyen parejamente entre apáticos e indiferentes, votantes de Scioli y de Macri, en este orden. En este sentido, entre los más jóvenes y los adultos mayores el porcentaje de voto en blanco o la opción por no votar aumenta significativamente en relación con el total de la población en 9.4 puntos (29,2%) y 5 puntos (24,8%) respectivamente4, percibiéndose una brecha importante de más de 15 puntos entre los más jóvenes y los adultos hasta 64 años (13,3%). Esto podría indicarnos, sobre todo entre los jóvenes, la existencia de cierta desconfianza o menores niveles de credibilidad en el sistema político y sus representantes.

Algo similar, ocurre con la variable nivel socioeconómico (tabla 6). En los sectores de nivel bajo la distribución del voto entre los dos candidatos mayoritarios es pareja y, a medida que aumenta el nivel, disminuye la predisposición a votar a Scioli, incrementándose la proporción de votos a Macri y también a terceros candidatos. Por otra parte, entre las personas de menor nivel socioeconómico el 24,6% aseguró haber votado en blanco u optado por la abstención electoral, cifra que duplica el porcentaje que lo refirió entre quienes pertenecen a sectores de mayor nivel socioeconómico (12,2%) y de nivel medio (13,5%).

Si consideramos el nivel de estudios (tabla 7), los datos nos muestran una nueva relación, esta vez más fuerte que las anteriores. Scioli es el preferido en las categorías de menor nivel de estudios alcanzados (sin estudios o con primario completo), mientras que Macri obtuvo una mayor ventaja entre quienes tienen mayores niveles de estudios. Para quienes cuentan con estudios universitarios, las diferencias respecto de los otros candidatos son entre 9 y 16 puntos, marcando una clara incidencia entre obtención de títulos educativos y la opción electoral. Asimismo, se puede observar que a medida que aumenta el nivel de educación formal disminuye la opción por la abstención electoral o el voto en blanco, produciéndose una diferencia de más de 14 puntos entre quienes no cuentan con estudios (30,3%) y quienes alcanzaron estudios universitarios (16%).
Al analizar las variaciones por región, encontramos que en Centro (39.2%) y Cuyo (41.6%) se registran altos porcentajes de personas votantes de Cambiemos, lo que disminuye significativamente en Patagonia y en el AMBA (área metropolitana de Buenos Aires), donde encontramos solo un 24.7% y un 24.9%, respectivamente. Asimismo, en esas regiones los votantes del Frente para la Victoria (FpV) presentan porcentajes altos en relación al total: 34.2% en AMBA y 33.3% en Patagonia, lo que disminuye notoriamente en la zona de Cuyo, con un 17.8% y en Centro con un 20.8%.
En cuanto a las variaciones según el tamaño de la ciudad, resulta significativo que en las ciudades pequeñas se registran altos porcentajes de votantes macristas (43.5%), lo que parece disminuir a medida que crece el tamaño de la ciudad, llegando al 29.3% en las más grandes. Asimismo, observamos la tendencia inversa para el caso de los votantes del FpV, los cuales disminuyen en las pequeñas ciudades (22%) y aumentan en las más grandes (30%).
Las lecturas de los cuadros previos nos permitirían trazar perfiles en tanto tendencias preponderantes para cada categoría. Macri tendría mayor adhesión entre las mujeres, mayores de 45 años, con estudios terciarios o universitarios de los estratos socioeconómicos altos, en regiones como Cuyo y Centro y, sobre todo, en ciudades pequeñas. Scioli, en cambio, atraería más marcadamente a varones, entre 30 y 40 años, sin estudios y de estratos negativamente privilegiados en términos económicos, pertenecientes a ciudades grandes en regiones como AMBA y Patagonia. Por su parte, los apáticos e indiferentes responderían indistintamente a ambos géneros, y serían más entre quienes tienen 18 a 29 años, no cuentan con estudios y pertenecen a los sectores con menores recursos. Algo similar ocurriría con los terceros candidatos, sin diferenciación por género, los cuales se concentran entre los mayores de 65, entre los universitarios y en los sectores de mayores ingresos.
Ahora bien, ¿esto quiere decir que nos encontremos con cuatro figuras o tipos ideales? El sentido común suele inclinarse por ello, intentando trazar caracterizaciones lineales acerca de los perfiles de los votantes. Aunque tentador (por simplificador), tal tipo de caracterización produce caricaturas: los rasgos que tendencialmente priman como parte de un panorama complejo y heterogéneo pasan a representar el todo. Esta operación de construcción de caricaturas es la que está detrás de afirmaciones del estilo: los evangélicos son conservadores, el peronismo es católico o los ateos votan a partidos de izquierda.
Voto y activismo
Para escapar de tales generalizaciones, debemos recurrir a otro tipo de herramienta a los fines de establecer posibles covariaciones. En ese sentido, vale la pena centrarse en cuáles son los principales espacios de actividad y participación ciudadana de los encuestados y –a partir de allí– ver sí existen nexos con otras variables.

Al respecto, en la encuesta se preguntó a los entrevistados si en el último año habían participado de alguna manera en actividades políticas o sociales. Quienes respondieron que sí son casi un 30% de los encuestados. Sin que las alternativas sean excluyentes entre sí, tal como muestra el gráfico 1, podemos ver que un 4% realizó actividades sindicales, un 7% desarrolló tareas en cooperadoras escolares y un 5,6% en centros de jubilados; también un 5% participó en ONG´s y un 4,3% en partidos políticos; un 8% asistió a la marcha “ni una menos”, un 6,7% a marchas a favor del aborto, un 2,6% a aquellas en contra de tales manifestaciones y un 8,4% participó de otras marchas y movilizaciones. Esto nos habla de minorías que participan en más de un espacio. Sin embargo, no nos habla de núcleos activos que hayan podido haber tenido alguna influencia en el voto. Por ende, pasaremos al análisis de otros vínculos que pueden resultar más significativos.
Temas controvertidos, autoidentificaciones religiosas y voto
Si tenemos en cuenta otro artículo de este dossier (Aparicio, Levita y Donatello, 2020), vemos que en el terreno de los perfiles ideológicos, sucede algo análogo. Es sumamente apresurado establecer asociaciones estadísticas que nos hablen de algún tipo de determinación. Por el contrario, en dicha descripción puede observarse que las diferencias más marcadas se daban en torno al eje coerción y autonomía del sujeto, es decir, en opiniones que operacionalizaban esa problemática ético-política, concretamente, las posiciones frente al aborto y al consumo de drogas. En ese sentido, podemos formularnos interrogantes similares en relación con las representaciones electorales.

Si vamos a la primera dimensión, vemos que el contraste es bastante marcado, sobre todo, entre quienes muestran su preferencia electoral por Macri y quienes evidencian cierta apatía electoral, y los que lo hacen por Scioli o los autónomos.
Así, entre quienes afirman haber votado a Macri, un 48,6% manifiesta estar en contra del aborto, cifra que aumenta al 49,2% entre quienes muestran cierta apatía electoral. Y, por oposición, el 49,5% de los que sostienen haber votado a Scioli y el 48% de los que lo hicieron por otros candidatos, se posicionan a favor. Esto nos habla de una clara división, al menos en el terreno de las representaciones. Sobre todo, si se tiene en cuenta las diferencias internas en relación con este tema para quienes votaron por otros candidatos.
Vale la pena recordar que la encuesta se realizó unos meses después del intenso debate parlamentario sobre la temática, con el que se produjeron importantes movilizaciones en todo el país y se expresaron fuertes divisiones. Al respecto, también vale la pena aclarar que -tal como muestran las cifras- no se excluyen para nada las adhesiones a los candidatos con posiciones opuestas en torno a este tópico. Pero nos hablan de cierta regularidad y podrían autorizar a trazar un tipo ideal a partir del cual existiría en el electorado de Macri un perfil de personas con mayor autopercepción religiosa y que, al mismo tiempo, son más conservadoras en relación con las consideraciones sobre la autonomía de las personas para decidir sobre sus cuerpos. Para que tal afirmación tenga sustento, podemos comparar esta dimensión con la opinión sobre el consumo de drogas, la cual involucra el mismo problema en relación con la autonomía de las personas para decidir en relación con sus cuerpos.

La tabla 9 nos muestra un escenario bastante diferente a la caracterización que esbozamos. No existen prácticamente diferencias en la relación entre la adhesión electoral y la posición con respecto a la legalización del consumo de marihuana. Las opiniones se concentran en torno a la media general de casi un 75% a favor, contra menos de un cuarto de la población en contra, en un marco en el que no hay grandes opiniones desinteresadas. Esto puede resultar significativo si pensamos en un escenario de heterogeneidad extrema, es decir, con opiniones y representaciones ligadas a ellas, que pueden estar divididas por aspectos puntuales sin que se puedan agrupar en las mismas personas un conjunto de afirmaciones con algún tipo de coherencia exterior. Esto parece darle la razón a las hipótesis que hace más de veinte años pronosticaban escenarios sociales caracterizados por la ampliación de la agencia y el individualismo institucionalizado.
Conclusiones: elementos para profundizar por otras vías
De acuerdo con lo expuesto, hemos encontrado que existen diferencias en las representaciones manifestadas en 2019 acerca del comportamiento electoral en las elecciones presidenciales del 2015 en cuanto al género, nivel educativo alcanzado, nivel socioeconómico, grupo etario, tamaño de ciudad y región. Así, vemos que entre las mujeres aumenta el porcentaje de quienes habrían optado por el voto a Cambiemos, lo que disminuye entre los hombres; que entre los sectores de menos recursos económicos se evidencia una distribución del voto pareja entre los dos candidatos mayoritarios (Macri y Scioli), mientras que se observa una tendencia a la disminución del voto a Scioli a medida que aumenta el nivel socioeconómico, incrementándose la proporción de votos a Macri y también a terceros candidatos. Asimismo, Scioli resultó ser el preferido entre las categorías de menor nivel de estudios alcanzados, mientras que Macri obtuvo una mayor ventaja entre quienes tienen mayores niveles de estudios, con diferencias significativas que marcan una clara incidencia entre obtención de títulos educativos y la opción electoral. Asimismo, hemos observado que a medida que aumenta el nivel de educación formal y el nivel socioeconómico disminuye la opción por la abstención electoral o el voto en blanco y que, entre quienes cuentan con menores credenciales escolares, el voto se habría orientado más marcadamente hacia el FpV, mientras que entre quienes cuentan con mayores titulaciones se evidenció un aumento de votos al macrismo.
También, hemos podido observar que entre los más jóvenes hay porcentajes muy altos de voto en blanco y abstenciones, y que a mayor edad de las y los votantes aumenta la inclinación a favor de Macri. Finalmente, cabe destacar que es en las regiones de Cuyo y Centro y especialmente en pequeñas ciudades, donde se concentran altos porcentajes de votantes de Cambiemos, a diferencia de lo que sucede en las grandes ciudades en regiones como AMBA y Patagonia, donde estos porcentajes disminuyen, incrementándose el voto a Scioli.
Si bien existen estas diferencias, desde el punto de vista descriptivo no hemos encontrado regularidades significativas que liguen tajantemente las representaciones electorales con rasgos sociodemográficos de modo de poder diferenciar perfiles de votantes claramente delimitados., ni tampoco a partir de las formas de participación o activismo político y social. Sucede lo mismo con la dimensión religiosa, que constituye el eje de este dossier, y a partir de la que sólo vemos una regularidad que debemos tomar de manera cuidadosa: la existencia de una afinidad entre las religiones con vocación institucional mayoritaria y la predisposición entre sus fieles a inclinarse por candidatos que sean opciones de poder real. Esto se desprende de que es entre los católicos/as y los evangélicos/as que se registran mayores porcentajes de opción por candidatos como Scioli o Macri, los únicos con posibilidades reales de llegar a ser presidentes, mientras que entre quienes profesan otras religiones se registra una mayor dispersión de sus inclinaciones electorales, solo dedicándole el 45,3% de los votos a los principales candidatos y con altas proporciones de apáticos o indiferentes.
Finalmente, desde una estrategia descriptiva, se vuelve difícil establecer una tipología a partir de regularidades definidas. Ello parece también cuando nos acercamos a las opiniones de los votantes sobre ciertos temas controversiales, como la legalización del aborto o el consumo de drogas, que suponen ciertos posicionamientos ético-políticos vinculados a la autonomía del cuerpo. Si bien en cuanto al aborto, podemos apreciar diferencias marcadas entre los votantes de Macri y los indiferentes, en relación a los de Scioli y los terceros candidatos; cuando se atiende a lo que sucede en relación a la legalización del consumo de drogas estas diferencias desaparecen por completo, marcando porcentajes de acuerdo similares para unos y otros. Así, vemos de qué modo opiniones y representaciones se encuentran divididas por aspectos puntuales, resultando muy dificultoso poder asignar a un grupo de personas un conjunto de afirmaciones con algún tipo de coherencia externa.
Estas conclusiones nos conducen al desafío de otras estrategias, sea por el lado inferencial o por el ángulo cualitativo. Ello obedece a que, como hemos visto en otros trabajos enfocados tanto al mundo católico como evangélico, existe una diversidad muy grande en cuanto a la movilización de prácticas y creencias, y la institución es un proceso continuo en que las opiniones de los líderes siempre están sometidas a prueba (Mallimaci, 2008; Flores & Seiguer, 2014; Algranti, Setton & Mosqueira, 2019).
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Notas