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Migración y religiosidad en Tijuana (México): el caso de Juan Soldado

Migration and religiosity in Tijuana (Mexico): the case of Juan Soldado

Julián David Rengifo López
https://orcid.org/0000-0002-6193-593X, Colombia

Migración y religiosidad en Tijuana (México): el caso de Juan Soldado

Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. 31, núm. 57, 2021

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Recepción: 23 Febrero 2021

Aprobación: 10 Agosto 2021

Resumen: Este artículo analiza la devoción a Juan Soldado en relación con las experiencias migratorias de sus creyentes. El objetivo de este texto es precisar por qué este santo popular ha adquirido el rol de protector de migrantes. El proceso de recolección de información utilizó el método etnográfico: observación y entrevistas no direccionadas realizadas a los fieles que visitan el altar de este santo popular. También se aplicó el análisis crítico del discurso a los exvotos colgados en la capilla del soldado. Este trabajo llegó a la conclusión de que las personas que emigraron a Estados Unidos acudieron a Juan Soldado porque lo consideraron una alternativa real para solucionar los problemas propios de la ruta. Dichos problemas no fueron atendidos ni por el Estado ni por la Iglesia.

Palabras clave: migración, Juan Soldado, santos populares, Tijuana, México.

Abstract: This article analyzes the devotion to Juan Soldado in relation to the migratory experiences of his believers. The objective of this text is to define why this popular saint has acquired the role of protector of migrants. The information gathering process was carried out using the ethnographic method: observation and non-directed interviews carried out with the faithful who visit the altar of this popular saint. Likewise, the Critical Discourse Analysis was applied to the offerings hung in the soldier's chapel. This work concluded that the people who emigrated to the United States came to Juan Soldado because they considered him a real alternative to solve the problems of the route. These problems were not solved neither by the State nor by the Church.

Keywords: Migration, Juan Soldado, popular saints, Tijuana, Mexico.

Apertura

Capilla de Juan Soldado en Tijuana
Figura 1
Capilla de Juan Soldado en Tijuana

El presente documento analiza las razones por las cuales los migrantes acogieron a Juan Soldado como su protector. El texto detalla como los creyentes de este santo popular encontraron en su figura un intercesor ante Dios que entiende –y atiende– las urgencias de los más necesitados. Por más de 80 años la devoción a Juan Soldado ha estado presente en la ciudad fronteriza de Tijuana (Baja California, México). A este santo popular, sus fieles le han confiado la labor de proteger y socorrer a los migrantes, ya sea salvándolos de los peligros o ayudándolos a agilizar documentos y trámites de residencia en Estados Unidos, entre otras cosas. Los creyentes que día a día visitan el altar del militar canonizado, llegan con la esperanza de obtener ayuda divina o agradecer un favor recibido.

En 1938, Juan Castillo Morales, soldado raso del ejército mexicano, fue juzgado y fusilado por el homicidio de la niña Olga Camacho. Pocos días después de la ejecución, los pobladores de Tijuana empezaron a atribuir propiedades milagrosas al anima del soldado. Por el poblado se corrió el rumor que en realidad fue un oficial el verdadero homicida de la menor, y que incriminó al ajusticiado. Además, extraños sucesos alrededor de la tumba afirmaron la supuesta inocencia de Castillo, lo que condujo a su santificación popular (Vanderwood, 2008).

El contexto histórico también fue el indicado para que en la ciudad se desarrollara una devoción a un santo popular. Tijuana fue fundada en 1889 como un pequeño poblado a un costado del límite fronterizo con Estados Unidos. El rápido desarrollo de la ciudad, así como la cercanía con el país vecino, atrajeron a sus tierras a grandes cantidades de personas del sur de México. Al día de hoy, todavía es común encontrar familias enteras que han venido desde otros estados en busca de mejores oportunidades en Baja California. Según Alberto Hernández (2013): “en esta ciudad están representadas personas de todas las entidades federativas. Los grupos más numerosos provienen de Jalisco, Guanajuato, Sinaloa y Distrito Federal”. A lo que añade: “En las últimas dos décadas también han inmigrado personas de Veracruz, Oaxaca, Chiapas y Tabasco” [2013: 173]. Además, el municipio se ha desarrollado junto con su par estadounidense, San Diego. Ambas ciudades guardan estrechas relaciones: históricas, sociales y económicas. Por ejemplo, la ciudad recibe cientos de visitantes provenientes de San Diego que aprovechan la estadía en la ciudad californiana para conocer un pedazo de México. Asimismo, en las calles de Tijuana es frecuente encontrar personas en espera de cruzar y establecerse en Estados Unidos.

Las migraciones internas mexicanas hacia Tijuana y el tránsito internacional de personas también impactaron en el ámbito religioso. En la ciudad, al igual que en toda Baja California, el catolicismo oficial ha tenido un desarrollo diferente al del resto de México. Muchos de los primeros pobladores al llegar a Tijuana encontraron que en la ciudad era insuficiente la oferta de iglesias y había poca presencia de sacerdotes. Esta característica llevó a muchos de los recién llegados a mantener vivas las tradiciones religiosas de sus lugares de origen. A la vez, la religiosidad de los nuevos habitantes se hizo más flexible y poco dependiente de la institución (Hernández Hernández, 2013).

El artículo describirá además ­-a manera de contexto- cómo es Tijuana y cuál es su relación con el fenómeno migratorio, que va más allá de una frontera geográfica. La descripción busca que el lector entienda las particularidades que vinculan a la ciudad con la migración interna mexicana y el tránsito internacional, y cómo estas características marcan la sociedad, la historia, la economía y la identidad tijuanense. El texto detallará también los hechos que desembocaron en la santificación popular de Juan soldado y explica cómo se da el cambio hacia una devoción de migrantes. Por último, este ensayo ahonda en la religiosidad de las personas y cómo aflora durante la migración, a través del culto a Juan Soldado.

El objetivo central del documento es precisar las razones que encontraron los fieles para otorgar a Juan Soldado el rol de protector de migrantes. Para la recolección de la información se utilizó la etnografía: se aplicaron herramientas como la entrevista y la observación. Este ensayo parte de las preguntas ¿cuál es la razón por la que las personas le otorgaron a este santo popular la especialidad de migración? y ¿qué tan efectiva es, para los devotos, la intermediación del soldado a la hora de resolver esos problemas?

Metodología aplicada

El presente documento se desprende de una investigación más amplia realizada entre los años 2015 y 2016, que tenía como fin definir las razones por las que nacen, se mantiene o mueren las devociones populares en Baja California, con base en el caso de Juan Soldado. Para este trabajo el método empleado fue la etnografía: durante un año de trabajo de campo se aplicaron entrevistas no direccionadas. De igual forma, se realizó una fase de observación con y sin participación.

La dinámica del trabajo de campo consistió en visitas seguidas al Panteón Número Uno de Tijuana, lugar en el que se encuentran las dos capillas de Juan Soldado. En los primeros dos meses en campo se aplicó la observación, con el fin relacionarse con el entorno y entender las dinámicas alrededor de las visitas al altar. Después, se emplearon las entrevistas, que indagaron sobre cómo los fieles conocieron y se hicieron devotos de Juan Soldado. Otro de los tópicos rastreados fueron los milagros concedidos por el santo, entre de los cuales se hicieron notar los relacionados con procesos migratorios.

Asimismo, el trabajo de campo se acompañó de una revisión en archivos con el fin de reconstruir los hechos que desembocaron en la santificación de Juan Castillo Morales. También se aplicó el análisis crítico del discurso a los exvotos colgados en la capilla de Juan Soldado. Este ejercicio permitió clasificar los milagros concedidos por el santo, entre los cuales los relacionados con procesos migratorios son de los más destacados. A la vez, los mensajes de agradecimiento expuestos en la capilla denotan las condiciones de vida (momentáneas) de sus creyentes, por lo que fue posible concluir que los milagros a la vez denuncian carencias de la vida real.

El presente documento reúne parte de los hallazgos de la mencionada investigación y retoma elementos de algunas de las entrevistas realizadas a los fieles. Los fragmentos utilizados exponen que, en parte, esta canonización popular surge debido al martirio que padeció Juan Castillo Morales antes de morir. María Julia Carozzi (2005) menciona que la forma de morir es un elemento común en la biografía de muchos santos populares. Además, las entrevistas denotan la relación entre la santificación de Castillo Morales y la idea de revancha social, concepto ampliamente trabajado con anterioridad por autores como Michel de Certeau (2000) y Eric Hobsbawm (Hobsbawm, 2001).

Una de las personas entrevistadas fue Estolia Orozco, una mujer mayor que, junto a su nieto, visita constantemente la capilla. Ella conoció a Juan Soldado a través de su suegra y se ha encargado de trasmitir la creencia a los miembros más jóvenes de su familia. También está el testimonio de David Guzmán, mexicano residente en Estados Unidos, que cada tanto regresa a Tijuana a agradecer al santo por ayudarle a obtener sus documentos de residencia. Por último, Gloria Ávila, quien llegó hace pocos años a Tijuana y acudió al santo en busca de una solución urgente ante una necesidad.

Estos testimonios evidencian tres diferentes tipos de creyentes. Los primeros son residentes “tradicionales” de Tijuana que, a través de dinámicas familiares, retoman y trasmiten la devoción a Juan Soldado. Los segundos son los emigrados: personas que en el momento viven al otro lado de la frontera, y que regresan cada tanto a la ciudad para agradecer al santo por ayudarlos a llegar a Estados Unidos. Los terceros son aquellas personas que, por la migración interna mexicana, llegaron relativamente hace poco a la ciudad, y que acuden a Juan Soldado para solucionar problemas inmediatos y urgentes.

Sólo se retomaron testimonios que daban cuenta de favores ya recibidos. Los creyentes que por primera vez piden un milagro son más renuentes a hablar; la experiencia sobre el favor concedido es mucho más fácil de compartir. Una de las personas que se negó a contar su solicitud a Juan Soldado manifestó: “tú sabes que eso a veces no se platica, lo que se pide es confidencial” (creyente, comunicación personal, 14 de septiembre de 2015). Al contrario, los testimonios de los milagros recibidos se hacen públicos, se comparten con los demás como compensación a la intervención positiva de los santos (Rodríguez-Becerra, 2008). Uno de los medios más utilizados para exponer el favor recibido de Juan Soldado son los exvotos1, que en la capilla de Juan Soldado son 185 escritos en retablos de madera o yeso.

Particularidades

La frontera entre Baja California y Estados Unidos es extensa, se compone de aproximadamente 265 kilómetros, de los cuales 233 limitan con el estado de California y 32 con Arizona (INAFED, 2021). Además, este límite territorial constantemente es atravesado por procesos trasnacionales que van desde el flujo de personas (con documentos o sin ellos), bienes y –en ocasiones– drogas y armas. Las ciudades bajacalifornianas se han desarrollado en conjunto con el crecimiento demográfico de sus pares estadounidenses. Salvo Ensenada y Rosarito, los municipios crecieron desde las inmediaciones de la frontera hacia el sur.

Tijuana cuenta con una población de alrededor de 1.922.523 habitantes, siendo el municipio más poblado del estado (INEGI, 2020). La ciudad ha crecido al costado de la frontera con Estados Unidos, característica que ha marcado su desarrollo en muchos aspectos. Por ejemplo, la economía del municipio siempre ha estado ligada al flujo migratorio con el país vecino. Según Paul Vanderwood (2008), durante los años veinte gran parte del dinero que llegaba a la ciudad provenía de los bolsillos de los turistas estadounidenses. En aquellos años, “la prohibición” consolidó a Tijuana como lugar de diversión. Allí proliferaban el alcohol, los casinos y las prostitutas. Pero, al comenzar la Gran Depresión y levantarse la Ley Seca en Estados Unidos en 1933, los “americanos” ya no cruzaban la frontera, por lo que la economía de la ciudad mexicana se vio afectada.

La Gran Depresión provocó que el estado de California deportara a cientos de mexicanos. Muchos de los retornados regresaron a sus lugares de origen, pero una gran cantidad decidió quedarse en Tijuana. Por ejemplo, la colonia Libertad albergó a una gran mayoría de los recién llegados. Sumado a ello, en 1934 el presidente Lázaro Cárdenas prohibió los casinos en el territorio mexicano (Vanderwood, 2008). La ciudad se vio fuertemente sacudida por la medida, ya que gran de parte sus ingresos provenían de las actividades del juego. El cierre de los casinos obligó a basar la economía en otras actividades, por ejemplo, en el turismo no relacionado con el juego, en el comercio y en una incipiente industria que se fortalecería durante los siguientes años (Zenteno, 1995):

En 1935, los casinos que aún sobrevivían en Tijuana (entre ellos el famoso Agua Caliente) tuvieron que cerrar sus puertas al prohibirse las casas de juego en todo el territorio nacional. La adopción de esta medida por parte del gobierno cardenista, aunada a los efectos de la finalización de la Ley Seca, hizo que los servicios turísticos de la ciudad tuvieran que tomar otra orientación. El periodo presidencial del general Lázaro Cárdenas fue una etapa de múltiples transformaciones sociales y económicas para toda la frontera norte. Las polítcas establecidas durante su mandato estuvieron orientadas a lograr una mayor integración de la región con el desarrollo nacional (Zenteno, 1995: 112).

Durante la década de 1940 Estados Unidos participó en la segunda guerra mundial, enviando a cientos de miles de sus ciudadanos a combate. Buscando suplir a las personas que estaban en el frente nació el programa Bracero, que consistió en un acuerdo binacional para contratar mexicanos como mano de obra. El programa funcionó de 1942 a 1964. Se estima que alrededor de cinco millones de personas fueron contratadas durante estos años. Tijuana se benefició y muchos de sus habitantes pudieron mejorar sus ingresos trabajando al otro lado de la frontera (González & Reynoso, 2011: 220).

Además, durante la década de 1940, Tijuana –y en general todo el estado de Baja California– vivió un periodo de notorio crecimiento poblacional. Las reformas en las políticas agrarias y poblacionales impulsadas desde el gobierno de Lázaro Cárdenas motivaron a cientos de personas del sur de México a asentarse al norte de la península.

Por todo lo anterior afirmamos que después de 1940 se empezaron a cosechar los logros de una política de población integradora cuya estrategia fue lograr el impulso económico de la entidad –reparto de tierras, financiamiento ejidal, apoyo al sistema educativo, escenario de preguerra, desarrollo del comercio en zona libre– y colonizar el territorio (Cruz González, 2007: 118).

Con el fin del programa Bracero en 1964 se intensificó la migración ilegal hacía Estados Unidos. Años más tarde, después del 11 de septiembre de 1998, los controles migratorios aumentaron. La intensificación de controles y vigilancia sobre el límite territorial provocó que los migrantes idearan nuevas formas y rutas para llegar al norte. Sumado a ello, Estados Unidos aumentó la presencia de la policía fronteriza (borderpatrol) y también de militares cuidando las áreas aledañas al muro. El enfoque de seguridad aplicado al resguardo de la frontera convirtió la migración clandestina en una práctica riesgosa. En la actualidad, los migrantes “ilegales” se enfrentan a un sinnúmero de situaciones que los convierten en personas vulnerables enfrentando todo tipo de riesgo (González & Reynoso, 2011).

Al día de hoy, Tijuana ha dejado de ser el cruce predilecto de los migrantes indocumentados. Según las cifras del departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2018) el mayor número de detenciones por cruces “ilegales” se presenta en el Valle del Río Grande, Texas, frontera con el estado mexicano de Tamaulipas. En 2016 fueron 186.830 personas capturadas intentando pasar a Estados Unidos por este sitio, mientras la frontera entre San Diego y Tijuana reportó 31.891 personas detenidas (Departament of Homeland Security, 2018). Estas cifras sirven de indicador para plantear que la mayor parte de los cruces clandestinos por la frontera ya no se producen desde las zonas urbanas de Baja California.

Una causa que podría explicar el cambio en las rutas migratorias es el ahorro de kilómetros. Tijuana es el extremo más norte de México, con una distancia de más de 2.100 kilómetros con la capital del país. Para los migrantes, llegar a los cruces en los estados de Nuevo León o Tamaulipas representa menos días de viaje, ya que se ahorran más de 1.000 kilómetros de camino. La hostilidad del clima desértico de Baja California y el aumento en la vigilancia también son factores que han conducido al grueso de la migración indocumentada a otras zonas de la frontera. No obstante, y a pesar de la reducción en las cifras, Tijuana sigue recibiendo un número considerable de personas que planean a travesar el borde territorial.

Muchas de las personas en tránsito que han llegado a la ciudad con la intención de pasar a Estado Unidos refugiaron sus esperanzas en imágenes religiosas. Algunos intentaron regresar a los santos de sus lugares de origen, pero encontraron que en Tijuana la Iglesia católica obedece a parámetros diferentes. La historia y la situación actual del catolicismo en Baja California también constituyen un elemento clave a la hora de hablar de la religiosidad popular en un lugar como Tijuana.

En Tijuana, al igual que en toda la península de Baja California, la religión católica ha tenido un desarrollo histórico particular. La poca presencia de la Iglesia oficial fue una constante durante el nacimiento y posterior crecimiento de la ciudad. No obstante, al igual que el resto del país, la mayoría de los habitantes se declaran católicos. Paul Vanderwood (2008), al analizar la presencia de la Iglesia católica en Tijuana, menciona que la región, desde sus comienzos, fue poblada por migrantes provenientes de otras zonas del país. Muchas de estas personas continuaban con la tradición religiosa de su lugar de origen, pero su religiosidad se transformó en el contexto fronterizo: se volvió más flexible y menos dependiente de la Institución.

Dora Elvia Enríquez Licón (2008), refiriéndose a las particularidades de la Iglesia católica en Baja California, menciona que:

Las etapas de desarrollo histórico de la Iglesia bajacaliforniana no coinciden con las de la Iglesia en México ni con las de otras diócesis norteñas; tiene su propio ritmo. En la península, la institución eclesiástica no llegó a una etapa de consolidación hasta que el tiempo álgido del enfrentamiento entre la jerarquía eclesiástica y los gobiernos posrevolucionarios hubo pasado (después de la primera y segunda cristiada), y la Iglesia en México entró en una etapa de modus vivendi en sus relaciones con el Estado (pág. 31).

Por otro lado, Tijuana también fue afectada por la violencia producto del narcotráfico y del enfrentamiento entre organizaciones criminales. En este escenario, el migrante (en este caso clandestino) estuvo más expuesto a condiciones de vulnerabilidad, convirtiéndose muchas veces en “carne de cañón”. La migración irregular implica ser un perseguido, una persona que se esconde. Si el tránsito hacia Estados Unidos es exitoso, allí estas personas deben huir de “la migra.para evitar la deportación. Pero, mientras los migrantes permanecen en Tijuana, enfrentan diversas situaciones de riesgo: persecución policial o de grupos delincuenciales; zozobra ante personas que se aprovechan de su situación, además del desarraigo por estar fuera de su lugar de origen. Tal estado de vulnerabilidad propicia que el migrante sienta profunda desconfianza de la institucionalidad y refugie todas sus esperanzas en la protección de Dios y los santos (González & Reynoso, 2011: 227).

La idea generalizada que percibe a Estados Unidos como un lugar de bienestar impulsa a muchas personas a internarse en la frontera de manera ilegal. Por su parte, el país del norte mantiene una política de “guerra contra el terror” (Appadurai, 2007: 31), que implica confrontación directa con cualquier “amenaza” a la estabilidad de la “unión americana” y el resguardo desmedido de las fronteras. Bajo la premisa de lucha contra el terrorismo, el migrante irregular se convirtió en amenaza y su tránsito es cada vez más difícil y riesgoso. Para los migrantes que se han aventurado a cruzar clandestinamente la frontera, la religiosidad cobró relevancia. Sus creencias les ofrecieron esperanza y protección: esperanza de cumplir con el objetivo trazado, protección ante las vicisitudes de la ruta. Al igual, muchas de las personas que buscan cruzar legalmente, y las ya emigradas, se encomiendan a figuras religiosas con el fin de agilizar trámites o conseguir resultados positivos.

En cuanto a esto, Miguel Hernández Madrid (2009), menciona que “en situaciones límites, la invocación [a un santo] deja al descubierto esa parte íntima y de afectividad intensa hacia algo o alguien sagrado que constituye uno de los aspectos medulares de la devoción popular”. A lo que el mismo autor añade: “la imagen de la espalda mojada o quemada [haciendo referencia a los migrantes], se presta a asociar el sufrimiento corporal con la metáfora del cristiano que lleva a cuestas su propia cruz para redimir sus pecados (pág. 40).

La devoción a Juan Soldado se consolidó en Tijuana como protector de migrantes. Muchos mexicanos ya establecidos en Estados Unidos, periódicamente regresan a la ciudad para a agradecer al santo por permitirles llegar al país del norte. Al Panteón Número Uno de la ciudad todavía llegan a diario gran cantidad de personas a visitar la tumba de quien en vida fuera llamado Juan Castillo Morales. No es gratuito que en una ciudad fronteriza se alce una devoción de este tipo. Tijuana ha estado marcada desde sus inicios por el tránsito internacional. Además, circunstancias y características de la Iglesia católica en Baja California fueron las propicias para que las personas más vulnerables buscaran un intermediario con Dios fuera de la institucionlidad.

Muro fronterizo en Playas de Tijuana
Figura 2
Muro fronterizo en Playas de Tijuana

Juan Soldado: Los Hechos

Entre los días 13 y 17 de febrero de 1938 la ciudad de Tijuana fue testigo de un hecho trágico que, con el pasar de los años, se convirtió en parte de su historia. En ese periodo la niña Olga Camacho (de 8 años de edad) fue encontrada muerta, con evidentes señales de tortura y violación. La noticia del horrible crimen rápidamente se propagó por las calles del naciente poblado. Los habitantes enfurecidos pedían encontrar al culpable y que se hiciera pronta justicia. Pasaron pocas horas para que las autoridades hallaran los primeros sospechosos y unas horas más para dar con el asesino, quien confesó el crimen tras un improvisado interrogatorio (El Siglo de Torreón, 1938: 1-8).

El domingo 13 de febrero la niña Olga Camacho se encontraba comprando carne en el almacén en frente de su casa: esa fue la última vez que la vieron con vida. Al no regresar a su hogar, la madre, Feliza Martínez de Camacho, entró en pánico y desesperada arrancó a buscarla por las casas de sus vecinos (Alcántara, 2005). Horas más tarde, a la búsqueda se habían sumado los pocos policías de la ciudad y unidades de las fuerzas militares. Entrada la mañana del 14 de febrero una vecina notificó a las autoridades sobre un bulto extraño abandonado en un garaje militar. Los hombres que fueron a comprobar la información, se encontraron con la macabra escena: a la menor la hallaron bajo cartones, degollada y con aparentes señales de violación (Vanderwood, 2006).

Rápidamente la fatal noticia se propagó por las calles de la pequeña Tijuana que, para entonces, contaba con una población menor a los 10 mil habitantes (García Searcy, 2010). Se iniciaron las investigaciones, que estuvieron a cargo del general Manuel Contreras, jefe de operaciones del Distrito Norte. A las pocas horas, las autoridades capturaron a cinco sospechosos: tres personas que al parecer habían pasado la noche en el garaje guardándose del mal tiempo y dos soldados que, según testigos, habían sido vistos en las inmediaciones a la escena del crimen. Las primeras indagaciones no se hicieron esperar: se comprobó que la versión de los tres civiles concordaba, por lo que fueron puestos en libertad. Uno de los soldados acusados también fue exonerado de los cargos, ya que su madre demostró que estaban juntos en las horas en que fue vista por última vez Olga Camacho.

El último sospechoso era Juan Castillo Morales de 24 años de edad, originario de Oaxaca. Él fue llevado a interrogatorio. El procedimiento judicial estuvo liderado por el agente del Ministerio Público Moisés Oliva, en conjunto con oficiales de la policía y del ejército. También, estuvo presente José Camareña, secretario del delegado del gobernador en Tijuana, quien tomó nota y redactó el acta. El proceso se realizó en las instalaciones del cuartel de la policía. Al lugar llegaron los pobladores, ansiosos de ver el desenlace del nefasto crimen. De a poco, más de 800 personas se concentraron a las afueras del lugar en el que se llevaba el juicio; los ánimos se fueron caldeando y se escuchaban las voces que exigían la cabeza de asesino (El Siglo de Torreón, 193: 1).

Todo lo que acontecía durante el interrogatorio era comunicado por telegrama a Mexicali (sede de la gobernación) y a la Ciudad de México. El general Contreras y el gobernador, general Rodolfo Sánchez Taboada, mantuvieron continua comunicación para encontrar posibles soluciones ante el inminente descontrol de la turba. Según Vanderwood, Taboada mantuvo contacto con el presidente Lázaro Cárdenas, y al parecer fue el mandatario quien decidió la suerte de Castillo M0rales (Vanderwood, 2008: 49-194).

El interrogatorio proseguía y tomó un giro inesperado cuando la mujer de Castillo Morales testificó en su contra. Después de esto, el acusado no pudo mantener su posición de inocente y terminó por confesar el crimen. Acto seguido el general Contreras, que también participaba en el interrogatorio, en un intento de apaciguar a la turba que estaba afuera, dijo a la multitud que ya tenían una confesión y el culpable que esperaban. Pero el anuncio no tuvo el efecto deseado, solo consiguió aumentar el enojo de la muchedumbre. Finalmente, la gente, buscando hacer justicia por su cuenta, y en un acto desesperado, prendió fuego al lugar y esto dio paso al descontrol.

Todo se quemó. Los funcionarios tuvieron que huir y Castillo Morales fue escoltado hasta la cárcel. El general Contreras no tuvo otra opción que enfilar las tropas y salir a la calle a “apaciguar” a la gente. Pero los ánimos continuaron encendidos. Los incidentes finalizaron cuando el ejército disparó a los manifestantes. Esto sucedió en la madrugada del 15 de febrero. A la mañana del 16, ya los principales periódicos del país publicaban los sucesos de la terrible noche. Paul Vanderwood (2008) menciona que más de 20 diarios de México y Estados Unidos informaron sobre lo sucedido. Se escribieron titulares como: “Tijuana está en estado de sitio” (El Siglo de Torreón, 1938) y “Sangriento tumulto hubo en Tijuana” (El Siglo de Torreón, 1938). Según una noticia de la época, un muerto, cinco heridos y 35 capturados fue el saldo que dejaron los disturbios (El Siglo de Torreón, 1938).

En la mañana del 15 de febrero se decidió que, por tratarse de un soldado, el caso quedaría en manos de una corte marcial. El juicio se realizó a puerta cerrada, e inició el día 16 de febrero, duró 12 horas, terminando la madrugada del 17 (Vanderwood, 2008). Finalmente se dictaminó que el soldado debía ser ejecutado en acto público; con esto se calmaría a la multitud y se daría ejemplo. Aunque algunos periódicos no coinciden con la forma de la muerte, todo indica que a Castillo Morales se le aplicó la “ley fuga”. Dicha norma consistía en un permiso legal para disparar si un prisionero intentaba escapar.

La mañana del 18 de febrero el periódico El Siglo de Torreón relató:

Tijuana 17 de febrero- Un pelotón de treinta soldados dio fin al soldado Juan Castillo Morales de veinticuatro años de edad estuprador y asesino de Olga Consuelo Camacho, de ocho años de edad, hija de un carnicero. La corte marcial en deliberación toda la noche, decretó la muerte de Castillo, presentándose los soldados a la cárcel para recoger al victimario. Han circulado dos versiones de Morales, siendo una que este se desmayó y le tiraron cuando estaba caído y la otra que escapó corriendo, aplicándose la ley fuga. Las autoridades han dicho que la ejecución ha aplacado la tensión que existía desde el martes por la noche, cuando una multitud de ochocientos hombres y mujeres incendiaron la cárcel, la estación de policía y el edificio federal en vano intento de apoderarse del asesino, motivando que los soldados con ametralladoras fueran situados en las azoteas (1938: 1).

La mañana del 17 febrero Juan Castillo Morales fue conducido hasta el cementerio municipal. Allí lo esperaba un hueco en la tierra, el pelotón de fusilamiento y una multitud de curiosos ansiosa por su muerte. En una pequeña cuesta al costado del panteón fue programada la ejecución. Al parecer, los soldados ordenaron al prisionero correr, este hizo caso, pero a los pocos metros lo derribó una ráfaga de tiros. El cuerpo sin vida del joven militar fue conducido hasta su tumba, ubicada unos metros antes del lugar en donde cayó muerto. Todo lo que sucedió después es todavía causa de interpretación. Sin explicarlo, corrieron rumores sobre la inocencia de Juan. Ahora, más de 80 años después, en el sitio donde se desplomó y en el lugar que fue sepultado se levantan capillas para venerar a Juan Soldado.

Capilla de Juan Soldado
Figura 3
Capilla de Juan Soldado

Circunstancias de la santificación: de asesino a mártir

Lo popular es entendido como la apropiación, resignificación y uso de un discurso hegemónico por parte de sectores subordinados. En este sentido, la religión popular responde a este mismo patrón, es la forma como grupos subalternos ordenan, reacomodan e interpretan las directrices de la Iglesia oficial, pero sin que esto comprometa la filiación doctrinal del creyente. Es “un conjunto de actos rituales que tienen su soporte en las normas institucionales del catolicismo, pero que exceden el control de la Iglesia y siguen su propia lógica” (Colatarci & Vidal, 2008). Por ejemplo, bajo estos parámetros una persona puede rezarle a una imagen no aceptada por la Iglesia, sin dejar de considerarse católica.

Asimismo, las canonizaciones siempre han estado bajo el control de la Iglesia oficial. La institución determina las directrices y características que debió tener una persona para poder aspirar a la santidad. Es por ello que los santos oficiales tienen historias de vida impolutas, pero muchas veces es la misma institución la que se encarga de blanquear dichas biografías (Vanderwood, 2008). Al contrario, los santos populares son canonizados sin importar la opinión de la Iglesia. Dentro del cuerpo social, algunos sectores eligen sus propios representantes ante Dios, alzan a la categoría de santo a sujetos que no propiamente son ejemplos a seguir, y que más bien comparten las mismas características de las personas de a pie, con errores y tachas. Juan Soldado responde a este tipo de santo.

En el caso de Juan Castillo Morales, la presunción de inocencia y la cruda muerte son los factores claves para su santificación popular. Poco después de los hechos, corrieron por Tijuana los rumores de la falsa acusación que condujo a la ejecución del soldado. Algunas de las historias atribuían el crimen a un superior.

Hasta el día de hoy en la capilla se encuentran ofrendas que manifiestan la inocencia del ejecutado. Una de ellas, con la que me topé en una de las visitas a la tumba, consistía en una cantidad considerable de hojas impresas, a manera de volante, ordenadas en una de las ventanas de la capilla. La impresión se encontraba a la mano de cualquier visitante que las quisiera tomar.

El volante hablaba sobre las razones injustas por las cuales fue ajusticiado Castillo Morales. A la vez, exponía tres argumentos sobre su inocencia: 1) en las publicaciones de los diarios de la fecha ninguna menciona que el acusado se hubiera declarado culpable; 2) según palabras de una familiar de la víctima, en la escena del crimen se encontraron huellas de dos personas diferentes; 3) el volante manifestaba que la esposa de Castillo Morales afirmó que era un “esposo normal y buen padre”. Al parecer, el documento fue una ofrenda al santo en compensación de un favor recibido.

Ofrenda a Juan Soldado
Figura 4
Ofrenda a Juan Soldado

Lo anterior demuestra que los creyentes creen en la inocencia de Castillo Morales, lo que enfatiza la imagen de víctima. La escena de sufrimiento durante la ejecución y la supuesta falsa razón por la que murió, son causas que lo convierten en mártir. Tal como plantea Kristín Gudrún Jonsdottir (2014) cuando analiza las historias de Juan Soldado y Jesús Malverde, en ambos casos la forma en que murieron es fundamental en el nacimiento de sus devociones:

Los dos […] caen en la categoría de bandolero-asesino o víctima, según se interprete la leyenda de cada uno. Las leyendas de ambos cuentan que fueron víctimas o mártires y que sufrieron una muerte injusta por las autoridades. A ese respecto, reflejan la muerte del santo mártir primitivo, siendo la muerte violenta o el “martirio” la razón principal de su elevación a la categoría de santo, a pesar de no haber llevado una vida ejemplar cristiana (Jonsdottir, 2014: 35-36).

En las biografías de muchos santos populares hay elementos comunes, por ejemplo, las muertes trágicas y violentas. Según Carozzi (2005), en algunos casos se relaciona a las escenas de sufrimiento con actos de purificación. También es frecuente que las personas canonizadas popularmente hayan muerto producto de una traición y ejecutados por la policía o el ejército. Por ejemplo, el mito tradicional de Jesús Malverde dice que fue delatado por un amigo, y emboscado y acribillado por el ejército (Rocha, 2019). En el caso de Juan Soldado, en la historia que narran sus fieles se perciben ambas situaciones. Castillo Morales fue acribillado siendo un inocente, su cruda muerte lo inscribe en la categoría de mártir, purificado por el sufrimiento. Además, también comparte el ser engañado por una persona cercana, en este caso su esposa y un oficial de rango superior.

En los testimonios que reuní durante el trabajo de campo, los devotos creían en la inocencia de Castillo Morales. Algunos estaban convencidos que Juan fue engañado por su esposa y un superior suyo, quienes sostenían una relación amorosa. Según esta versión de la historia, el oficial fue quien mató a Olga Camacho, y con ayuda de la mujer de Castillo, sembraron las pistas para incriminarlo, lo que condujo a su posterior captura y ejecución.

Por ejemplo, David Guzmán, originario de Nayarit, fiel creyente en Juan Soldado, manifestó:

Le he preguntado a varias personas aquí, dice la leyenda que él era un soldado y que a él lo mataron por algo que no hizo. La historia dice que él violó a una persona y resulta que era mentira, la había violado otro soldado y a causa de eso a él lo fusilaron. Según dicen que fue algo injusto y por eso la gente empezó a notar que hace milagros. Ya después de eso investigaron, el gobierno investigó sobre aquellos años, y descubrió que era inocente cien por ciento (D. Guzmán, comunicación personal, 12 de septiembre de 2015).

Por su parte, Eustolia Orozco llegó a Tijuana en 1959, de 22 años de edad (21 años después de ocurridos los hechos). Ella conoció la historia de Juan Soldado a través de la familia de su esposo: su suegro trabajaba en el palacio de gobierno de la ciudad y estuvo presente durante el interrogatorio y la ejecución de Castillo Morales:

La gente estaba a favor de Juan Soldado, porque él era inocente. Se dijo que él hizo el mal, pero el que violó a la criatura fue un superior a él y como estaba enamorado de la esposa de Juan Soldado por eso le echó la culpa a él. Y se puso de acuerdo con la muchacha para que la ropa de la muchacha esa [Olga], apareciera en la casa de Juan Soldado. Por eso lo detuvieron y le dieron la pena de muerte. De ahí, lo detuvieron en el palacio de gobierno, la cárcel estaba a un lado de la iglesia de Guadalupe, pero a él lo tenían en el palacio de gobierno, más custodiado por militares. Fue una cosa muy grande. Entonces, para venir a traérselo tuvieron que resguardar todo, porque estaba todo el gentío. Todo el camino, porque estaban desde el palacio de gobierno hasta aquí (E. Orozco, comunicación personal, 13 de septiembre de 2015).

Al igual que estos dos testimonios, son muchas las personas que, desde el día de la ejecución de Castillo Morales hasta hoy, creen ciegamente en su inocencia. Juan Soldado se convirtió en santo popular respaldado por una muerte trágica e injusta. En conversaciones con los fieles ellos opinan que Juan Soldado fue engañado, perciben al santo como a un ser humilde e ingenuo, incriminado por una persona perteneciente a la élite de la ciudad. Se repite la historia de los mártires adaptada a las circunstancias y características de Tijuana. Según Mircea Elíade (1981) los símbolos religiosos son históricos, se modifican con el pasar del tiempo, sus significaciones se amplían, se enriquecen, pero nunca se logra abolir la significación original del símbolo primario.

La fe cristiana depende de una revelación histórica: es la encarnación de Dios en el tiempo histórico lo que asegura, a los ojos del cristiano, la validez de los símbolos. […]. Dicho de otro modo: la Historia no logra modificar radicalmente la estructura de un simbolismo arcaico. La Historia añade continuamente significaciones nuevas, pero éstas no destruyen la estructura del símbolo (Elíade, 1981: 84).

La pasión cristiana, que santifica el cuerpo por medio del sufrimiento, se manifiesta en el culto a Juan Soldado. La devoción al soldado se crea al resignificar un símbolo original, en este caso la idea del martirio. El símbolo fundador se acomoda al contexto de la ciudad. Juan Castillo Morales se transforma en mártir, condenado por capricho de los hombres y muerto por el bien de la gente. El calvario de Cristo y los santos muertos en su nombre, se convierte en el calvario de Juan Soldado, sólo que en un nuevo escenario y con otros actores. Como lo planteó Mircea Elíade (1981), se añaden nuevas significaciones, pero la estructura del símbolo permanece.

Además, Paul Vanderwood (2006) menciona que días después de la muerte de Castillo Morales, los pobladores de Tijuana percibieron extraños sucesos alrededor del sepulcro. Rumores corrían por el pueblo sobre la aparición de sangre que brotaba de la tierra. No faltó mucho para que las propiedades divinas aparecieran alrededor de la tumba. Justo después de la ejecución, ya la gente rezaba por el alma de Castillo Morales. Algunos de los que se acercaron a orar decían que escucharon al alma del soldado pidiendo justicia. Esto llevó a reafirmar la inocencia y la victimización del presunto homicida, a quien, finalmente, la gente canonizó.

Otro factor a tomar en cuenta en el inicio de la devoción a Juan Soldado son las particularidades históricas de la región. Por ejemplo, al tiempo de la muerte de Juan Castillo Morales, el país vivía una fuerte separación entre las instituciones del Estado y la Iglesia católica. El gobierno había limitado el accionar de los párrocos, determinando que sólo habría uno por Estado. Además, la carencia de santos patrones en las ciudades del noreste del país, llevó a los pobladores a crear devociones encarnadas en personas que los representaban como comunidad (Arias & Durand, 2009).

Muchos de los recién llegados a Tijuana también traían y mantenían las prácticas religiosas de sus lugares de origen, pero la falta de templos imposibilitaba seguir sus prácticas dentro de parámetros oficiales (Hernández Hernández, 2013). Este factor incidió para que la religiosidad de los creyentes se hiciera más flexible y menos dependiente de la institución eclesiástica. Por lo tanto, para los años en que aconteció la muerte de Castillo Morales, las circunstancias eran propicias para alzar una persona del común a la categoría de santo.

Juan Soldado, protector de migrantes

Juan Soldado no es el único santo en México que cumple el rol de protector de migrantes. Santo Toribio Romo –sacerdote muerto en la guerra cristera y canonizado por Juan Pablo II– también cumple dicha función. Este santo sí es oficial, por lo que cuenta con el apoyo de la Iglesia católica mexicana. Su capilla principal se encuentra en los altos de Jalisco (Santa Ana de Guadalupe) y su culto se ha popularizado por todo México y Estados Unidos. Según autores como Renée de la Torre Castellanos, Peggy Levitt (2017) y Alberto Hernández (2013), en la actualidad Juan Soldado ha perdido popularidad frente el ascenso de Toribio Romo a la categoría de santo católico. A esto también se le suma que, al día de hoy, el grueso del flujo migratorio opta por otras rutas, lo que impide a muchos de los nuevos migrantes entrar en contacto con la historia de Juan Soldado.

Por lo que se identificó en campo, los fieles conocieron la historia de Juan Soldado estando en Tijuana. Muchos de ellos estuvieron en la ciudad de manera transitoria, y ahora regresan cada tanto para agradecer al santo. Todas las personas que entrevisté eran mexicanas. El único indicio de que la devoción haya permeado a migrantes de otras nacionalidades es un retablo colgado en la capilla en el que se lee nombre de la persona, su nacionalidad (guatemalteca) y un año (1968). Asimismo, al ser una devoción de sujetos en tránsito, Juan Soldado transcendió el plano local. Por ejemplo, en la página de ventas online Amazon, se oferta por 11 dólares la novena al santo. Además, tiendas de velas religiosas ubicadas en Miami (Estados Unidos), ofrecen veladoras con la imagen y la oración de Juan Soldado. También, hay que mencionar que no todas las personas que buscan la intercesión del soldado lo hacen pidiendo soluciones de migración. Los pedidos que se le hacen al santo también contemplan soluciones a afecciones de salud, ayudas económicas, protección ante peligros, reunificación familiar y hasta ayudas para recuperar el amor perdido.

Gloria Ávila Valencia, en entrevista, mencionó los milagros que, según ella, le ha concedido Juan Soldado:

Empecé a venir al cementerio hace como unos siete años. Yo lo conocí [a Juan Soldado] porque tuve un problema. Me habían desalojado de mi casa y me habían comentado de Juan Soldado. Entonces yo vine a verlo, a pedirle. También no podía salir embarazada y vine a verlo y le pedí de mi casa, que me la devolvieran y de que saliera embarazada. Y sí, a los dos meses me devolvieron mi casa y me di cuenta que estaba embarazada. Y así empecé a creer en él (G. Ávila, comunicación personal, 13 de septiembre de 2015).

Las visitas de los fieles a la tumba de Castillo Morales son constantes. La afluencia de personas es aprovechada por vendedores locales. En la entrada del panteón se forma un pequeño comercio que gira alrededor de la imagen de Juan Soldado. En estos puestos se ofertan veladoras con la imagen y la oración del santo, laminitas, medallas y cuadros, entre otros artículos religiosos. Todos los días gran cantidad de personas llegan hasta el Panteón Número Uno a orar y agradecer al santo. Según una de las comerciantes, al día vende un promedio de 30 veladoras (vendedora, comunicación personal, 30 de septiembre de 2015). En las visitas comprobé que los sábados y domingos eran los días más concurridos, con un promedio de 20 visitantes. El 24 de junio (fecha en que los creyentes festejan a Juan Soldado) y en la Semana Santa, las visitas se incrementan exponencialmente. En esas dos fechas son cientos de personas las que se reúnen a orar a Juan Soldado.

Muchas de las personas que visitan la tumba de Castillo Morales son mexicanos residentes en Estados Unidos y que en algún momento fueron migrantes. Son muchos los exvotos colgados en capilla, que agradecen al santo por solucionar problemas migratorios. En los retablos colgados en la capilla es frecuente leer que varios creyentes atribuyen a Juan Soldado el haber llegado a su destino o el conseguir sus documentos migratorios.

Alfonso Reynoso Rábago y Cándido González Pérez manifiestan que inicialmente los que acogieron a Juan Soldado como protector fueron los presos de la ciudad. Los reclusos se identificaron con Castillo Morales ya que estuvo encarcelado por unos días y fue ajusticiado por la autoridad. Pero al terminar el programa bracero en 1964, “Tijuana se convirtió, durante cinco décadas, en el principal puerto de ingreso, legal e ilegal, a Estados Unidos” (Reynoso Rábago y González Pérez, 2011: 220). Por lo que las personas que llegaban con la intención de cruzar acogieron a este santo popular como un defensor. Presos y migrantes retomaron a este santo ya que sintieron que entendía la urgencia de los pedidos.

Un ejemplo de la devoción que expresan los migrantes por Juan Soldado es el caso de David Guzmán. En entrevista manifestó como el santo lo ayudó a solucionar problemas legales con su residencia:

Cuando quise ser residente, le pedí y le pedí mucho –como todo el mundo acá en la frontera- y no sabía ni cómo. Andaba con problemas y no sabía yo que hacer. Entonces le pedí a Juan Soldado con mucha fe. Luego luego, un año y medio después ya tenía la respuesta. Por eso digo que es cien por ciento garantizado. Hay muchas cosas que de repente uno no puede decir, pero están acá dentro (D. Guzmán, comunicación personal, 12 de septiembre de 2015).

Los migrantes que van hacia Estados Unidos no ven en su intención de arribar a un nuevo país algo malo. La mayoría consideran injustos los tratos recibidos por las autoridades norteamericanas. También ven como innecesarios y exagerados los trámites burocráticos para poder ingresar al país del norte. Al igual, las personas que se internan de forma clandestina por la frontera no entienden porque se les considera criminales, no se ven ellos mismo como infractores. El “ilegal” se siente inocente de cualquier crimen, y si debe ser juzgado por algo, es por buscar una mejor vida. Por lo tanto, prevalece entre los migrantes la sensación de recibir tratos injustos.

Juan Soldado fue acogido como protector de migrantes al ser percibido como una víctima de la injusticia. Los devotos consideran que Castillo Morales fue ejecutado por las calumnias de un superior suyo. El santo fue en vida un inocente, que al igual que los migrantes, recibió un trato indebido por parte de la autoridad. Los individuos que intentan llegar a Estados Unidos interpretan como ilegítimos los tratos recibidos. Al Igual que Juan Soldado, los migrantes se ven a ellos mismo como personas agraviadas y maltratadas sin razón alguna.

Luis Roberto Morán Quiroz, al interpretar la figura de Juan Soldado, manifiesta que:

No obstante, el carácter del que goza el personaje de la historia, soldado acusado y fusilado injustamente para cubrir el delito de un superior en el rango militar, lo acerca a la devoción popular que asocia el cruce ilegal con un afán legítimo de cruzar la frontera, hacia un lugar “que era nuestro” y que nos robaron injustamente a los mexicanos inocentes de ese delito. Esa inocencia de los mexicanos y ese carácter malvado con el que se asocia a los gobiernos yanquis hacen de Juan Soldado una imagen digna de proteger milagrosamente a los migrantes de nuestro pueblo (Morán Quiroz, 2009: 90).

Juan Soldado comparte con los migrantes el ser víctima de tratos injustos. La mencionada relación es el elemento central para que el santo sea acogido como el protector de migrantes. La mayoría de sus fieles son personas que en algún momento han enfrentado condiciones de vulnerabilidad y se sienten reflejados en Juan Soldado. Los devotos sienten propia la historia de vida de Castillo Morales, por esa razón consideran que los entiende y les concederá el milagro pedido.

Por ejemplo, en los tres exvotos de la tabla 1 se perciben los pedidos relacionados con el tema migratorio. Estas ofrendas son escritas en retablos y están colgadas en la capilla del soldado (la transcripción es tal cual como está en las paredes de la tumba).

Tabla 1
Exvotos sobre migración colgados en la capilla de Juan Soldado
Exvoto 1Exvoto 2Exvoto 3
GRACIAS JUANITO POR EL MILAGRO CONCEDIDO DE RECIVIR MI RESIDENCIAGRATITUD AL HERMANO JUAN SOLDADO POR HABERME EMIGRADO DORA JOSEFA RAMIREZ GUATEMALA 7 DE AGOSTO DE 1968GRACIAS JUAN SOLDADO POR AYUDARME A LLEGAR SANO Y SALVO A MI DESTINO AM. MARTINEZ MAYO DE 2012

El primer exvoto exhibe a una persona que con la ayuda de Juan Soldado pudo obtener sus documentos para permanecer en Estados Unidos. Para este creyente es tan importante obtener su residencia que lo considera un acto de Dios. El segundo retablo habla de una mujer que agradece al santo su emigración, al parecer, la persona nació en Guatemala en 1968. El mensaje expresa agradecimiento, y posiblemente la creyente regresó a Tijuana para manifestar su gratitud. La palabra hermano muestra que esta persona siente a Juan Soldado como uno de los suyos: un santo igual a sus fieles. El tercer retablo enseña a una persona que adjudica a Juan Soldado el llegar al lugar donde quería, además, protegiéndola de los peligros y manteniéndola con salud.

Según los exvotos colgados en la capilla, muchas personas han pedido a Juan Soldado ayuda para obtener los documentos legales de residencia. Otros, los que cruzaron de forma clandestina, agradecen al santo por la protección ante los males que los acecharon en la ruta. Las personas que llegan ante Juan Soldado no ven en la migración un asunto ilegal, no consideran un delito pasar al otro país. Por eso aspiran a que el santo les tienda la mano sin importar la forma de la migración. En otras palabras, ya sea a través de trámites o métodos irregulares, los fieles esperan que su santo les ayude a llegar al país del norte.

Por ejemplo, en entrevista, Eustolia Orozco mencionaba que:

Otra de las nietas de mi suegra, ella vivía allá [en Estados Unidos] desde muy niña, pero no tenía papeles. Pues ella iba a la escuela y todo, pero en ese tiempo no era tan difícil. Pero cuando la quiso emigrar el esposo, o sea se casó y ahí se dieron cuenta que ella no tenía papeles, y entonces la deportaron, la echaron para acá. Entonces otra petición igual, y entonces cuando su esposo se vino con los papeles, le hacía falta un papel muy importante. Y ya le dije, pues pídele a Juan Soldado, y no pues mire, gracias a Dios en el consulado le dijeron del papel, y ella dijo “no, pues ahí está” y empezaron, el cónsul le dijo, oh si todo está bien. Y antes de irse, porque el muchacho le dijo “nos tenemos que ir ya”, y ella le dijo “no, yo primero voy con Juan Soldado” (E. Orozco, comunicación personal, 13 de septiembre de 2015).

En los más 185 retablos que adornan el altar de Juan Soldado (no todos relacionados con migración) percibí que los mensajes denotan carencias y condiciones de vulnerabilidad experimentadas por las personas que los escribieron. Por ejemplo, los exvotos de migración reflejan la violencia que afecta directamente a los creyentes. Los fieles que escribieron los mensajes, pasaron por situaciones extremas, tal como plantean Arias y Durand (2009) cuando afirman que muchos de los devotos de Juan Soldado son persona excluidas de la estructura social.

En el norte de México el culto a los diferentes santos populares se ha arraigado en la población más vulnerable. Tanto los creyentes como los santos a venerar son considerados trasgresores del orden establecido, razón por la cual son excluidos. Por ello es común encontrar entre los fieles migrantes, presos, prostitutas, habitantes de calle y narcotraficantes (Arias & Durand, 2009). Aunque no todos los fieles de Juan Soldado provienen de estos sectores2, si es posible afirmar que gran parte los creyentes del santo acudieron a él para solucionar condiciones de vulnerabilidad momentáneas.

Dichas situaciones de desprotección impulsaron a las personas a buscar soluciones alternas. Juan Soldado se alzó como el redentor de los desprotegidos. Él encarna un mecanismo eficaz para revertir los problemas y para otorgar auxilio ante cualquier amenaza. El santo representa una solución real para remediar los males. Por ejemplo, en los exvotos hay mensajes que agradecen al santo por la protección ante peligros y el alivio por problemas de salud. También, los mensajes reconocen la ayuda del santo para retornar a la persona amada o familiares alejados.

Es posible manifestar que los exvotos exhiben condiciones de vida precaria, personas que, ante realidades extremas, no encentraron más salida que recurrir a lo divino o, debido a la desconfianza en las Instituciones, decidieron ir con el santo para garantizar el éxito de un procedimiento o el cumplimiento de una meta. En el caso de Juan Soldado los pedidos y agradecimientos por milagros son muestras de momentos adversos y reales que afectaron a los creyentes. Los exvotos deben ser entendidos no sólo como una manifestación de fe; los mensajes también son denuncias que enseñan carencias que la institucionalidad no remedia.

Para Michel de Certeau (2000) los milagros son entendidos como actos de resistencia. Son denuncias sociales en contra de la represión. A través de los favores divinos, los oprimidos encuentran una forma de manifestar sus carencias. Los pedidos hechos a Dios son metáforas simbólicas de las necesidades terrenales, que buscan ser solucionadas mediante la ayuda divina. Los milagros constituyen la esperanza de conseguir lo necesario para vivir por medio de una ilusión.

Al estilo de las Leas del vudú, "espíritus" y voces de una referencia diferente, los relatos de milagros son asimismo cantos, pero graves, relativos no a levantamientos, sino a la denuncia de su represión permanente. Pese a todo, ofrecen la posibilidad de un lugar inexpugnable, pues se trata de un no lugar, de una utopía. Crean un espacio diferente, que coexiste con el de una experiencia sin ilusión. Expresan una verdad (lo milagroso), irreductible a las creencias particulares que le sirven de metáforas o símbolo (De Certeau, 2000: 21- 22).

Los mensajes de los retablos construyen una imagen general de Juan Soldado como un representante de Dios, un protector del bienestar de las personas más necesitadas: excluidos y vulnerados, entre ellos los migrantes. El santo intercede ante Dios por sus creyentes y obtiene el favor divino para ayudar y proteger a las personas. Se establece, entonces, una conexión con lo divino que entiende y atiende a las necesidades reales. Por medio de Juan Soldado los fieles ven la posibilidad de conseguir metas, alejarse de los males, reunirse con seres queridos, obtener protección ante un peligro y mantenerse a salvo de problemas de salud. Y en el caso concreto de los migrantes, Juan Soldado representa una posibilidad real de llegar a Estado Unidos.

La devoción a Juan Soldado se ha mantenido viva entre migrantes, en parte, por la efectividad del santo para cumplir con los pedidos. La posibilidad real de dejar atrás situaciones adversas se convierte en el factor que valida y mantiene activa la creencia. Los cientos de mensajes de agradecimiento muestran que Juan Soldado representa una salida real a los problemas. Además, el santo entiende las condiciones que enfrentan sus fieles, ya que él fue en vida (según la opinión de sus creyentes) una víctima: preso por un crimen que no cometió y fusilado siendo un inocente. Juan constituye una esperanza forjada en la idea de que comprende la urgencia de lo que se le demanda. Los migrantes confían en su santo por haber sido una persona en condiciones de vulnerabilidad, se identifican con su historia.

Los milagros realizados por Juan Soldado son expresiones del culto, y a la vez, expresan las carencias que afectan a sus devotos. Los pedidos al santo y los milagros concebidos manifiestan una especie de resistencia pasiva, ya que contienen denuncias a un sistema que excluye. En el caso de los migrantes, la institucionalidad les impide entrar libremente a un territorio que ellos sienten como propio. También se les juzga por una actividad que no conciben ilícita. Asimismo, los exvotos evidencian las esperanzas de una vida mejor. Además, según los mensajes en la tumba del santo y los testimonios obtenidos, para sus fieles las soluciones son reales. Todas las placas en la capilla de Juan Soldado agradecen un favor. No hay un solo mensaje que cuestione o reclame por un incumplimiento. Por ello, es posible decir que los creyentes encontraron una posibilidad palpable y divina para solucionar problemas terrenales.

Alejandro Frigerio, al analizar los pedidos religiosos, plantea el concepto de “compensadores” (Frigerio, 1999: 54) para referirse a las recompensas obtenidas por los ruegos realizados. El autor diferencia entre compensadores generales y específicos. Los primeros son típicos de las grandes tradiciones religiosas y promueven recompensas que van más allá de la realidad inmediata, por ejemplo: vida eterna o trascendencia después de la muerte. Los segundos son más comunes en tradiciones mágicas y cultos religiosos recientes; estos tienen respuestas precisas a los requerimientos de los creyentes: curación a enfermedades y soluciones económicas, entre otras cosas.

En el caso de Juan Soldado se percibe, por los mensajes de gratitud en su tumba, que sus fieles acuden a él en busca de soluciones a problemas inmediatos. Los retablos en la capilla le agradecen por remediar condiciones migratorias, problemas de salud y hasta situaciones amorosas. Por lo tanto, los creyentes a Juan Soldado piden soluciones oportunas a problemáticas que no se remedian a través de vías institucionales. El santo no juzga, no pregunta, y por los mensajes se nota que muchos lo consideran efectivo.

Interior capilla de Juan Soldado
Figura 5
Interior capilla de Juan Soldado

Consideración final

En la historia de Juan Soldado se encuentran elementos que son comunes en las biografías de otros santos populares. Por ejemplo: 1) haber afrontado una muerte violenta, 2) ser traicionados por alguien de confianza, 3) ser enjuiciados y ejecutados por representantes de la autoridad. Además, en este caso, la posibilidad de haber ajusticiado a un inocente aumentó su imagen de víctima. Todos estos factores condujeron a la santificación popular de Castillo Morales. Las personas de Tijuana convirtieron en santo a una persona del común, que no necesariamente tuvo una vida ejemplar. De ahí que muchos de los fieles se sienten identificados con un santo que, según ellos, los entiende.

Además, el contexto jugó a favor del surgimiento de la devoción popular, ya que para los años de la muerte de Castillo Morales, la Iglesia católica oficial tenía muy poca presencia en la región. Esto provocó que la religiosidad de los habitantes de Tijuana se hiciera más flexible y menos dependiente a la institución eclesiástica. Asimismo, la falta de santos patrones o advocaciones religiosas en la ciudad podría ser otro factor que permitió generar el surgimiento de esta devoción popular.

Después de la muerte del soldado la devoción fue asumida por los presos de la ciudad quienes fueron los primeros en retomar al santo como su protector. Pero, después de finalizado el programa Bracero, la migración irregular se intensificó y Tijuana se convirtió, por muchos años, en el principal puerto de ingreso –legal e ilegal– a Estados Unidos. Durante este periodo, Juan Soldado adquiere su especialidad en resolver asuntos de migración (González & Reynoso, 2011). La razón que le otorga al santo su actual función se debe a las condiciones injustas que enfrentan las personas que quieren llegar al norte. Los trámites ante el consulado implican tiempo, dinero y ninguna seguridad de un resultado positivo. Y las personas que se internan en la frontera clandestinamente afrontan todo tipo de riesgos.

Los creyentes que han acudido al santo en búsqueda de soluciones a problemas de migración no se ven a ellos mismos como infractores. Estos fieles asumen como indebido el trato y las condiciones que deben enfrentar para llegar a Estados Unidos. El trato injusto por parte de la autoridad es un puente con la devoción a Juan Soldado. Castillo Morales muere por una causa injusta, esto lleva a los migrantes a interpretar que él entiende las difíciles situaciones que afrontan. Las personas se identifican con Juan: el sufrimiento y la injusticia son denominadores comunes entre el santo y los migrantes.

Para todos sus creyentes, Juan Soldado representa una alternativa real y eficaz para solucionar carencias. Las personas con plan de emigrar consideran que el santo garantiza el éxito de la travesía, ya sea protegiéndolos de los males o asegurándoles un resultado favorable en los trámites. Más allá de esto, los pedidos a Juan trascienden el plano espiritual, pues son reflejo de problemas reales que afectan a las personas y que la institución no soluciona. Por eso Juan Soldado se consolida como el santo de los desprotegidos, incluyendo a los migrantes. La eficacia del santo para conceder lo que se le demanda queda reflejada en los innumerables mensajes de agradecimiento. En síntesis, todos los creyentes del santo consideran a Juan Soldado una alternativa real para solucionar condiciones de desprotección o vulnerabilidad. Los migrantes han encontrado en Juan Soldado la ayuda que las autoridades, Iglesia oficial y el Estado les niegan.

Si bien Juan Soldado ha perdido espació en comparación con los cultos a la Santa Muerte, Jesús Malverde o el mismo Toribio Romo, esto no implica que dicha devoción vaya a desaparecer. Las capillas a Juan Soldado siguen siendo visitadas a diario, son muchas la personas que todavía se acercan a agradecer un favor recibido. Además, (aún con cambios en las rutas hacia Estados Unidos) Tijuana recibe una cantidad constante de personas que desean ingresar al país del norte. Por lo que es probable que este santo popular siga manteniendo su función como protector de migrantes por muchos años más.

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Notas

1 El exvoto se define regularmente como una ofrenda que los fieles realizan a Dios o a sus representantes, en compensación por un favor recibido. Para Salvador Rodríguez-Becerra los exvotos también son prueba de las relaciones entre los hombres y los seres sobrenaturales, y dan testimonio público de las intervenciones positivas de dichos seres. El exvoto debe cumplir con tres acciones características: prometer-recibir-dar.
2 Muchos de los creyentes a Juan Soldado son migrantes ya acomodados en Estados Unidos, con buenos ingresos de dinero. Otros provienen de familias “tradiciones” de Tijuana en las que el culto se ha trasmitido a los miembros más jóvenes.

Información adicional

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