Temático

Resumen: El trabajo se centra en el estudio de dos experiencias educativas salesianas orientadas a la niñez y juventud de Comodoro Rivadavia en la década de 1960. Se propone un análisis situado que busca indagar las conexiones entre la matriz social y económica petrolera y la formación salesiana. El eje de la indagación se centra en comprender los perfiles educativos, estrategias, prácticas de evangelización y asistencia que desplegaron los salesianos para la formación moral de niños y jóvenes de distintos sectores sociales. De modo relacional se recuperan las experiencias de niños y jóvenes vinculados a estos proyectos, para comprender las formas en que participaban reconociendo su capacidad de agencia. La investigación se sostiene en una metodología cualitativa basada en entrevistas, registros de prensa y fuentes documentales. Se analizan las experiencias y prácticas religiosas para evidenciar las distintas orientaciones sobre las infancias y las juventudes comodorenses. Las conclusiones del trabajo dan cuenta de que, con adaptaciones, pervive el discurso salesiano respecto a su accionar civilizador, nacionalizador y que trae progreso para el territorio patagónico. La niñez y la juventud son vistas de forma diferencial: mientras que para los sectores medios pesa la formación profesional, para los sectores populares la clave es la instrucción y moralización.
Palabras clave: Salesians, childhood, youth, education.
Abstract: The work focuses on the study of two Salesian educational experiences oriented to the childhood and youth of Comodoro Rivadavia in the 1960s. A situated analysis is proposed that seeks to investigate the connections between the social and economic oil matrix and Salesian formation. The axis of the inquiry focuses on understanding the educational profiles, strategies, practices of evangelization and assistance that the Salesians deployed for the moral formation of children and young people from different social sectors. In a relational way, the experiences of children and young people linked to these projects are recovered to understand the ways in which they participated, recognizing their agency capacity. The research is based on a qualitative methodology based on interviews, press records and documentary sources. Religious experiences and practices are analyzed to show the different orientations on childhoods and the youth of Comodoro. The conclusions of the work show that, with adaptations, the Salesian discourse survives regarding its civilizing, nationalizing actions and that it brings progress to the Patagonian territory. Children and youth are seen in a differential way, while for the middle sectors their professional training weighs for the popular sectors the key is their instruction and moralization.
Keywords: Salesians, childhood, youth, education.
Introducción
Este trabajo se centra en el estudio de dos experiencias salesianas orientadas a la niñez y juventud de Comodoro Rivadavia en la década de 1960. Nos proponemos como objetivos indagar las características de los proyectos religiosos orientados a los niños y jóvenes de distintos sectores sociales de la ciudad en los años sesenta y recuperar las experiencias históricas de niños/as y jóvenes, indagando sobre su participación en estos proyectos religiosos y reconociendo su capacidad de agencia para producir sentidos, vinculaciones y relaciones en las tramas sociales de las que son parte. Las preguntas de indagación que guiaron la investigación se refieren a los perfiles que aspiraban a formar los salesianos y de qué modos adaptaban su praxis religiosa a los sectores medios y populares. Se buscó problematizar y reflexionar sobre la histórica relación entre Iglesia católica y asistencialismo, que vinculada con la niñez y la juventud abre todo un conjunto de interrogantes respecto a cómo se configuran imaginarios y representaciones sobre niños y jóvenes según su sector social en el marco de tensiones propias del contexto de los años sesenta.
La extendida presencia de los salesianos en Patagonia ha sido objeto de distintos estudios históricos, entre los cuales son de referencia los trabajos de Nicoletti (2009, 2012) sobre su participación en la llamada “conquista del desierto”, las tensiones con el Estado y su accionar evangelizador. También se ha estudiado la atención de los salesianos a la niñez de los sectores populares y su disciplinamiento moral (Landaburu, 2012; Moretti, 2018) en las primeras décadas del siglo XX. Más referidos al impacto de los salesianos en el campo educativo patagónico se encuentran los trabajos de Nicoletti (2016) sobre Neuquén y Pierini (2013, 2015) en Santa Cruz. Para el caso de Comodoro Rivadavia, se destaca la producción de Gabriel Carrizo (2014, 2019) sobre la formación técnica salesiana en el marco del Colegio Deán Funes, enfocada en formación técnica y masculinidad, y más recientemente sus estudios sobre el programa universitario salesiano. Estos trabajos demuestran el lugar de predominancia de los salesianos en el campo y las tensiones que se establecían con la educación laica.
En este trabajo se busca avanzar particularmente en la década de 1960, en un contexto que tiene particularidades que lo distinguen en términos socioculturales. En clave histórica se reconocen marcas, signos de la época que distinguen a esta década por los procesos sociales clave con relación a los vínculos entre juventudes y religión. Entre ellos destacamos:
1) La emergencia del sujeto juvenil a partir de cambios sociales y culturales acaecidos a partir de los años cincuenta, cuando la juventud comenzó a configurarse como categoría y etapa vital sobre la que se proyectaron expectativas y preocupaciones sociales en torno a los cambios en las relaciones familiares, la moral sexual y la política (Manzano 2010).
2) Los inicios del Concilio Vaticano II (1962- 1965) y el planteo de una enseñanza católica acorde a los problemas sociales presentes, junto al llamado a los jóvenes, como fuerza de esperanza y renovación en un proceso de resignificación de la fe desde el compromiso cristiano (Ponzo, 2008, Dominella, 2015)
3) En el nivel local, se evidencia un crecimiento poblacional1 a partir de la llegada de grupos migrantes-en particular chilenos- sumado a una expansión urbana y una diferenciación entre la zona norte y la zona sur de la ciudad, a partir de las tomas de tierras y los asentamientos informales (Baeza, 2016; Vázquez, 2019).
En términos metodológicos, la investigación se ancla en una perspectiva cualitativa, centrada en la interpretación y el análisis crítico de distintas fuentes históricas (Aróstegui, 2001, Pozzi, 2020). Investigar en pandemia dificultó el acceso a archivos y a la realización de entrevistas, por lo que el trabajo de búsqueda de datos se realizó siguiendo redes de contactos y recuperando información de diversas fuentes disponibles2. El punto de partida fue la realización de entrevistas abiertas a ex-alumnos, centradas en sus vivencias como estudiantes de los colegios Déan Funes, Domingo Savio y como participantes en los oratorios3. Complementamos las entrevistas con algunos documentos institucionales, notas de la revista escolar Oro Negro4 y de la prensa local. El análisis buscó interpretar los registros desde diversos ángulos, establecer relaciones y poner en tensión distintas miradas y experiencias considerando además las particularidades epocales de la década de 1960 en Comodoro Rivadavia.
El trabajo se organiza en tres partes: primero, se conceptualiza la relación entre juventudes y salesianos y se caracteriza el período para comprender las condiciones sociales del campo. Luego, se continúa con la caracterización y el análisis de dos proyectos educativos y religiosos salesianos: el colegio Deán Funes, con su énfasis en la formación de trabajadores calificados para el mercado laboral petrolero y el oratorio -y luego colegio- Domingo Savio, orientado a la asistencia y educación de los niños y niñas de sectores populares. El contraste entre ambas experiencias permite comprender las distintas prácticas y discursos de los salesianos sobre la niñez y la juventud comodorense desde su posición hegemónica en el campo.
A continuación, se presentan algunas coordenadas sobre la relación histórica entre los salesianos y su orientación hacia lo juvenil, junto a las propias particularidades del campo relativas a los años sesenta en Comodoro Rivadavia.
Juventud y Salesianos en los años sesenta
A los fines de este trabajo es importante recuperar algunas marcas de la historia salesiana que configuraron sus proyectos religiosos y educativos en Patagonia. De modo resumido, la presencia de la congregación salesiana en Patagonia data de finales del siglo XIX y se produce a partir de la campaña militar de Julio Roca sobre las poblaciones indígenas, campaña llamada “conquista del desierto”. Para los salesianos el territorio patagónico se concibe como un objeto de asistencia con especificidad propia, para el que Juan Bosco, fundador de la orden, tenía un proyecto de evangelización concreto, sostenido en información y conocimientos previos sobre las características de esta región, que luego el discurso salesiano resumió en la idea de los “sueños” de Don Bosco (Nicoletti, 2012).
Las limitaciones del Estado para impartir educación en estos territorios favorecieron a la congregación salesiana, que se orientó a la formación educativa de niños y jóvenes y, por su intermedio, a la moralización de la población en una tríada que incluía argentinizar, civilizar y evangelizar. Esta tradición fue revirtiéndose, sobre todo en los colegios de los centros urbanos, en los que la educación confesional se concentró en la formación de niños y jóvenes de los sectores medios (Pierini, 2013). Igualmente, ciertos aspectos fundacionales, como el objetivo de llevar civilización y moralizar a la población, se reactualizó décadas después con la evangelización de los migrantes chilenos.
Para comprender la orientación de los salesianos es necesario caracterizar su pedagogía con su orientación hacia los jóvenes pobres como una marca distintiva de la congregación, en particular el énfasis en la aplicación del sistema preventivo diseñado por Don Bosco para el desarrollo de acciones educativas. En modo resumido, el sistema preventivo de Don Bosco sostenía que había que prevenir el error con la instrucción, el vicio con la inducción de buenos hábitos y las faltas con la vigilancia amorosa. En relación con los objetivos de este trabajo es interesante comprender cómo se llevan adelante las experiencias religiosas en la aplicación del sistema preventivo en distintos contextos históricos, lo que da cuenta de la capacidad de adaptación de los salesianos para desplegar su acción evangelizadora en diferentes zonas y hacia distintos grupos sociales.
En línea con una historia social atenta a las experiencias de niños y jóvenes, se recupera el enfoque sociológico según el cual niñez y juventud son construcciones históricas, culturales y relacionales, para las que cada época definirá su significado en disputa entre sentidos hegemónicos y alternativos sobre cómo experimentarlas (Reguillo, 2000). Son categorías que requieren ser pensadas de modo relacional para comprender cómo son interpeladas y concebidas desde otros grupos de edad, considerando las imágenes culturales, valores, atributos y ritos asociados específicamente a estas etapas del ciclo vital (Kropff, 2009; Sczul, 2018). Así mismo es clave que estas experiencias se piensen de modo articulado con variables como clase, género, cultura, contexto socioeconómico, es decir, como categorías situadas en el mundo social.
Desde la mirada histórica consideramos clave entender a las edades como una construcción cultural y como una dimensión significativa y estructurante de las relaciones sociales. En torno a la edad de las personas se constituyen subjetividades y distinciones, se naturalizan prácticas, formas de disciplina y asimetrías. En las visiones salesianas sobre la niñez y la juventud vemos claramente el procesamiento social de las edades (Criado, 2009), es decir, las formas mediante las cuales socialmente se construyen imaginarios, prescripciones, expectativas, valores y atributos para cada grupo de edad. Una de las principales características de la construcción social de las edades es su carácter adultocéntrico (Duarte, 2012). En este proceso se evidencian relaciones de dominio y de conflicto entre las distintas clases de edad; en particular, porque los adultos se legitiman como autoridad y asignan a niños/as y jóvenes posiciones de subordinación, los consideran sujetos menores, factibles de ser modelados y encauzados. En clave salesiana se proyecta el encauzamiento moral de la niñez y juventud patagónicas en cruce con visiones de civilización y desarrollo regional. También, como en toda interacción, en estas relaciones se producen espacios para las interpelaciones, los desplazamientos de lo normado -o su aceptación- todos ejemplos de la capacidad de agencia de niños y jóvenes como sujetos activos que despliegan estrategias e interpretaciones diversas en torno a los espacios sociales que habitan.
Al respecto, resulta valioso incorporar la noción de generación. Según Leccardi y Feixa (2011) el término generación se vincula con el hecho de haber vivido durante los años cruciales del desarrollo un ambiente cultural particular, marcado por sucesos históricos, singulares, que dejan una huella permanente sobre las formas en que los individuos sienten, piensan y actúan. Es clave en la configuración de generaciones que los grupos compartan condiciones sociales de existencia en tiempo y espacio. En este punto, el trabajo busca avanzar en conocer el despliegue de prácticas, discursos e imputaciones morales que se producen sobre los niños y jóvenes en cruce con las características contextuales de los años sesenta en Patagonia, tomando el caso de los salesianos y sus proyectos religiosos para distintos grupos sociales de niños/as y jóvenes.
En una apuesta por el conocimiento situado es importante reponer las tramas materiales y sociales del campo de estudios. Comodoro Rivadavia se distingue porque la industria petrolera extractivista configuró un tipo de matriz social que le imprime modos particulares de vinculación social, ocupación del territorio, usos del tiempo, relaciones entre géneros, entre otros aspectos (Barrionuevo y Peters, 2016). A su vez, un rasgo clave de esta actividad es que se comporta cíclicamente alternando momentos de booms y de crisis, ligados a las variaciones internacionales y a las políticas económicas que regulan la actividad. En las etapas de boom la ciudad se expande y se visibiliza la heterogeneidad poblacional; en las crisis se profundizan las desigualdades sociales: esto también tiene efectos en términos de diversidad religiosa (Lago, 2020).
El contexto de este trabajo aborda el primer boom de 1958 y 1963, producido por el cambio en la política petrolera llevado adelante por Frondizi, que permitió la ampliación de la explotación y la llegada de capitales privados. Durante esta etapa se expandió la oferta de trabajo, lo que atrajo a miles de migrantes, sobre todo del sur de Chile, pobladores que no correspondían con el proyecto poblacional original de la ciudad (Mármora, 1968). La dificultad en el acceso a las viviendas para estos migrantes produjo un proceso de urbanización espontánea, que dio lugar a asentamientos informales llamados localmente “barrios chilenos”.La existencia de estos barrios da cuenta de un proceso de construcción de “espacios diferenciados y diferenciantes, formas de segregación social y fronteras simbólicas en el espacio comodorense” (Baeza y Lago, 2016: 225).
Nos detenemos a pensar estos espacios para comprender las características y enfoques de los proyectos salesianos de modo situado, considerando fronteras sociales y espaciales. Al respecto, en la ciudad es posible reconocer dos zonas bien definidas: la zona norte, que surge con barrios planificados por las empresas petroleras para sus trabajadores con todo un conjunto de instituciones sociales como modo de generar lazos sociales e identificaciones laborales fuertes, y la zona sur de la ciudad, con barrios surgidos mediante las dinámicas de tomas de tierras y autopromoción de la vivienda (Vázquez, 2019). Desde una mirada histórica observamos que frente al fuerte sentido de pertenencia de los barrios de la zona norte de la ciudad, construida bajo las ideas de orden, familia, educación y religión, sobre la zona sur ha predominado una mirada que señala la supuesta desintegración, la anomia social y el atraso moral del área (Mármora, 1968).
Las dos experiencias salesianas que nos interesa desarrollar en este trabajo se sitúan en estas dos zonas: el colegio técnico Deán Funes en el campamento central de YPF, corazón de la zona norte, y el oratorio y colegio Domingo Savio - parte de lo que se conoce localmente como la obra de Corti- en los barrios populares de zona sur. Se busca comparar estas experiencias y caracterizar las propuestas de evangelización salesiana para la niñez y la juventud comodorense y su intervención en la configuración de sectores medios y populares. También desde una mirada relacional se recuperan distintas experiencias de niños y jóvenes en estos espacios.
Forjar juventudes laboriosas: salesianos en el Colegio Deán Funes
En Comodoro Rivadavia la presencia salesiana data de 1915, aunque es recién en su asociación con YPF y la decisiva ayuda de Mosconi que fundan el colegio Deán Funes en el año 1929, emplazado en el campamento central de YPF. Por medio del colegio, la congregación le garantizaba a YPF la formación de trabajadores con un sólido conocimiento técnico y cristiano. De esta forma se condensó de manera específica la doctrina católica, la disciplina y la moralización de los trabajadores, el discurso militar, la educación corporal y un determinado modelo de masculinidad (Carrizo, 2014).
En relación a los objetivos de este trabajo nos interesa resaltar la centralidad de lo juvenil en los proyectos salesianos y su programa educativo, centrado en inculcar principios religiosos y cívicos para lograr un estilo de juventud cristiana basado en valores morales, espirituales y patrióticos. Observamos que la construcción de juventudes entre los salesianos se sostenía en lemas de la congregación comunes en su discurso público: “forjar juventudes laboriosas”, “formar honrados ciudadanos y buenos cristianos” (Carrizo, 2014). Sobre estas bases los jóvenes son vistos como una fuerza apta, que requiere ser formada con valores morales y pautas disciplinarias dirigidas a obtener trabajadores tal como los requería la industria petrolera: virtuosos, con excelencia técnica, virtudes cristianas y disciplinados en sus cuerpos e ideas5. De esta forma, se observa una relación dual con YPF, en la que la congregación garantiza un perfil específico de varones trabajadores y, a su vez, por su intermedio, lleva la doctrina cristiana y sus principios morales al mundo del trabajo petrolero (Carrizo, 2014).
La legitimidad y el prestigio de los salesianos se reconocían públicamente, en especial, por sus aportes a la ciudad, tal como se expresa en este fragmento de una publicación aniversario de la ciudad: “la congregación salesiana contribuye a la verdadera grandeza de la patria, dándole elemento sólidamente preparado que sepa defender su independencia económica” (Cincuentenario de Comodoro Rivadavia 1901-1951: 100). En este punto, observamos que la referencia a los estudiantes como elemento sólido y la mención de la independencia económica se enmarcan en las políticas en clave nacional del peronismo en la etapa de los territorios nacionales (1945-1955), en especial por la importancia geopolítica del recurso sostenida desde el nacionalismo petrolero (Carrizo, 2014). Esto va a variar por un conjunto de procesos que acontecen a finales de la década de 1950 e inicios de la de 1960.
Como se mencionó previamente, los años sesenta representan un punto de inflexión en la explotación del recurso petrolero, a partir de los cambios en las políticas de explotación. En primer lugar, la llegada de compañías extranjeras norteamericanas contrasta claramente con el perfil de la empresa estatal YPF, que configuró una matriz en la que el petróleo era una “gran familia”, “la comunidad ypefiana”, articulada bajo el ideal “Dios, patria y familia”. El boom petrolero significó una expansión urbana y demográfica que trajo una mayor heterogeneidad a la ciudad y generó preocupación entre los grupos católicos por la relajación de costumbres6. En términos religiosos, es posible observar que en esta etapa se introducen paulatinamente cambios y variaciones en el enfoque salesiano, en particular, se evidencian los primeros ecos del Concilio Vaticano II respecto a la urgencia de atender a los niños y jóvenes pobres y de renovar las estructuras.
El colegio Deán Funes en los años sesenta se presentaba como un espacio educativo dotado de aulas y salones que responden a las modernas exigencias pedagógicas” (Reglamento general del colegio 1960. Documento personal de un ex alumno, Alfredo A. pág. 7). También se plantea que el fin del establecimiento es proporcionar a los niños y jóvenes de la región “una sólida educación e instrucción científica, una competente formación profesional y una esmerada educación religiosa y moral para formar ciudadanos honrados y laboriosos útiles a sí mismos, a la familia y a la sociedad”. En términos disciplinarios se consideran como faltas graves la conducta ordinaria de estudiantes “que sea perjudicial para otros, la irreligión, la insubordinación y la indisciplina” (idem).En esta cita observamos algunos cambios y continuidades: por un lado, sigue presente el sistema preventivo y su código disciplinario como base, pero en relación a la formación de ciudadanos ya no está tan presente la referencia a la patria, ni los estudiantes como futuros trabajadores de acuerdo a los requerimientos de la industria bajo el signo del nacionalismo petrolero.
César y José son dos ex estudiantes que realizaron su educación primaria y secundaria en el Colegio Deán Funes, entre 1955- 1965. En sus entrevistas ambos concuerdan en resaltar las huellas que dejó la formación técnica del colegio y cómo fue clave en su inserción laboral en la actividad petrolera como trabajadores calificados (Cesar S. y José C., entrevista en conjunto, marzo de 2021). Respecto a las conexiones con el mundo del trabajo y los cambios que se evidenciaban en la formación, señalaban que “la impronta del colegio seguía siendo formar técnicos de excelencia”, aunque ya estaba más atenuado el discurso nacionalista del petróleo: “estaba YPF como el lugar al que aspirábamos, pero también había otras empresas a las que le interesaba nuestro perfil, a fin de año las empresas iban a reclutar técnicos, sabíamos qué trabajo íbamos a tener saliendo del Dean Funes”. Junto con la formación técnica se les inculcaban valores que podían ser trasladados al mundo laboral, por ejemplo, el aprendizaje de las jerarquías y los roles bajo el principio de respeto a la autoridad, “no se discutía, no había dudas sobre los roles de cada uno, no solo era enseñar el respeto sino la honra a los superiores”.Respecto a las relaciones con los maestros sacerdotes en el marco del sistema preventivo, reconocen ciertas variaciones producto del clima de época del Concilio, sobre todo con nuevos sacerdotes con una impronta más humanista y cercana con los estudiantes. Estos docentes también traen ciertas novedades, por ejemplo, el desarrollo del teatro y el uso de la música como recurso para los encuentros religiosos.
Recuerdan que durante los años de su educación primaria tenían una activa participación en el ceremonial católico, con distintas prácticas y rutinas que atravesaban el calendario escolar. Ya en la secundaria se producen cambios en su formación, la exigencia es mayor, sobre todo por el peso de la formación técnica y el trabajo en los talleres. En paralelo, este contexto también habilitó otras discusiones y cuestionamientos respecto a la orientación del colegio, enfocada en las familias ypefianas y los sectores medios de la ciudad, desplazándose del mandato fundacional de la congregación respecto a la atención de los sectores más favorecidos. Esto se observa en la reflexión de César, quien comentó que desde su perspectiva notaba que “el lema de formar buenos cristianos y honrados ciudadanos era para el mantenimiento del status quo de la ciudad”. Coinciden en señalar que no era fácil presentar estas discusiones, sobre todo porque cualquier cuestionamiento era visto como una amenaza y un paso previo a la apostasía. Con picardía recuerdan que para los sacerdotes “sembrar sus verdades cristianas en nosotros que éramos jóvenes no era fácil”. Sus intereses como jóvenes en este contexto se desplazaban hacia la oferta cultural del momento, en especial el consumo de música y recorrer los distintos espacios de sociabilidad juvenil ligados al ocio y la vida nocturna. Ante esto comentan el seguimiento cercano por parte de los sacerdotes de sus conductas y el peligro de “desperdiciar la juventud” como etapa privilegiada y preparatoria de la vida adulta.
Como parte de esa apuesta por la formación de la juventud patagónica, la década de 1960 inaugura una etapa en la que la congregación salesiana del Dean Funes busca avanzar en la educación superior universitaria a través de la creación de la Universidad San Juan Bosco. En su propuesta se encuentran una mayoría de carreras de base técnica al servicio de la explotación petrolera bajo el espíritu de una “formación cristiana y humanista”. La universidad salesiana presenta como su principal finalidad ofrecer una formación de calidad técnica superior y lograr así el arraigo de los jóvenes, para que no deban migrar a los grandes centros urbanos. Con relación a la configuración social, contar con la única institución universitaria de la Patagonia les posibilitó a los salesianos formar una clase dirigente con afinidad ideológica y ratificar su histórica influencia en la región (Carrizo, 2019). Así, este proyecto reactualiza las pretensiones de catolizar a los sectores medios desde el campo educativo como principal ámbito de injerencia y siempre en conexión con las necesidades del mundo del trabajo de la cuenca petrolera.
La creación de la universidad es vista como la época dorada de la educación salesiana en la región, aunque tiene una breve duración por la crisis que se produce en los años setenta. De modo resumido, el conflicto se inicia en diciembre de 1973, cuando los estudiantes exigen un cambio y un mejoramiento de las condiciones educativas, reclaman la actualización de contenidos y una mayor participación en la institución. Las demandas iniciales más ligadas a lo académico se profundizaron, llegando a cuestionar la existencia misma de la universidad privada, desconociendo sus autoridades religiosas y exigiendo el cogobierno. De esta forma, los estudiantes se enfrentaron y cuestionaron directamente a los salesianos en tanto responsables de las condiciones en que se encontraban estudiando.
El conflicto duró varios meses; el punto más crítico se generó cuando los estudiantes recurrieron a la toma del edificio, hecho por el cual fueron duramente reprimidos por las fuerzas de seguridad. Los estudiantes contaban con el apoyo de la comunidad y de movimientos políticos -partidos y sindicatos- en lo que se había configurado como una causa: “educación de calidad”. En la prensa de la época es posible seguir el conflicto y la deslegitimación de las figuras de los sacerdotes, por ejemplo, a través del humor político (Villafañe, 2016). Los sacerdotes son presentados como injustos y autoritarios; en particular, los diarios remarcan la feroz represión como un “espectáculo bochornoso que tardará mucho tiempo en borrarse de la mente de los comodorenses” (Diario Crónica. 23 de diciembre de 1973). Vemos que el reclamo de los estudiantes dislocó el poder religioso: es parte del fin de la hegemonía del proyecto educativo salesiano y fue clave en la activación de identidades políticas (Muriete y Barros, 2018).
El fin de la universidad salesiana se produce en 1979 cuando se unifica con la universidad nacional de la Patagonia creada en 1974. Esta “entrega” es constantemente evocada por los salesianos como una prueba y un agravio “de quienes nunca pudieron soportar que se ofreciera a nuestra juventud una cultura iluminada por el Evangelio” (Revista Oro Negro Número especial a 50 años de la fundación del Colegio Deán Funes, 1979). En contraste, observamos que la juventud destinataria de la congregación es la que se vuelve contra el orden salesiano e introduce la politización de la educación universitaria, inaugurando las disputas por lo laico en la región.
En este apartado se caracterizó la asociación de los salesianos con YPF, y la impronta de formar a los jóvenes como trabajadores calificados virtuosos y con valores cristianos. En sus proyectos educativos se asocia a la juventud con la fuerza, la vitalidad, el vigor. Como plantea Scharagrodsky (2009), la construcción de la masculinidad cristiana, con foco en el control y disciplinamiento de los cuerpos, fue uno de los ejes de la formación juvenil entre los salesianos. Para ello, el ejercicio físico y las prácticas deportivas fueron clave para modelar una masculinidad cristiana virtuosa. En nuestro caso de estudios, a estos imaginarios de los jóvenes como seres factibles de ser modelados según los intereses y proyecciones adultas, se suman las propias particularidades económicas de la ciudad, el peso de la matriz social petrolera y su necesidad de contar con trabajadores de un determinado perfil. En este punto es notable que en este proyecto salesiano se promueve la formación de los jóvenes para el ejercicio de las responsabilidades que les caben como sector social establecido y comprometido con el desarrollo de la región.
Pudimos dar cuenta de cómo el contexto de los sesenta permite reconocer algunos desplazamientos y cuestionamientos sobre el enfoque de los salesianos, y su legitimidad va perdiendo fuerza. De esta forma, observamos que el mandato de “formar buenos cristianos y ciudadanos honestos” tenía sentidos distintos en los sectores medios, como es el caso del Deán Funes o los sectores populares, que es el caso de Corti que desarrollaremos a continuación.
Don Bosco a la calle. Oratorios y acción social en los barrios chilenos.
En este apartado y el siguiente nos vamos a detener en el caso de la “obra” del padre Corti, un sacerdote salesiano que llevó adelante un proyecto educativo y religioso centrado en misionar y evangelizar a los sectores populares en los “barrios chilenos” de Comodoro Rivadavia en la década de 1960. Esta experiencia contrasta con lo visto hasta aquí sobre los salesianos del Colegio Deán Funes y resulta interesante para comprender las distintas prácticas religiosas llevadas adelante en la educación y formación de niños y jóvenes según su sector social de pertenencia. También es posible identificar los imaginarios, clasificaciones y discursos sobre estos grupos, lo que permite acercarnos a historizar y problematizar el accionar salesiano en la configuración social de las ciudades patagónicas.
Juan Corti era italiano de origen y llegó a la Argentina en 1950 para formarse en teología en Córdoba; allí establece contacto con los salesianos de Comodoro Rivadavia y cuando se ordena sacerdote se instala definitivamente en la ciudad. Trabajó un período como docente en Deán Funes y en torno al año 1952 se dedicó por completo al oratorio Domingo Savio que se encontraba en los límites de la ciudad, donde se iniciaba la zona sur con los asentamientos informales conocidos localmente como “Chile chico”. En su libro biográfico repasa su niñez y juventud en la Italia de la posguerra, su formación como seminarista y el llamado a misionar en la Patagonia. Es notorio que busca asemejarse con Don Bosco coincidiendo sobre todo en los sueños reveladores para viajar a la Patagonia. Señala que sabía de los éxitos de los salesianos en su accionar evangelizador y misionero, que se trataba de una tierra pacificada donde “ya no quedan indios”; ejemplo de esto era Ceferino Namuncurá. Se observa aquí cómo en la década de 1950 seguían presentes los ecos sobre la participación de los salesianos en la campaña militar de Roca y cómo se configura Ceferino como un modelo de santidad, en su doble condición de joven e indígena, que legitima el trabajo misionero con los indígenas (Nicoletti, 2009, Sczul, 2011). En una crónica del oratorio se hace referencia a que “al Indiecito Santo le había de estar a pecho la situación de tantos negritos de su misma tez araucana desprovistos de todo, pero reunidos en la fe” (Revista Oro Negro XIII (72), 1957). Esta descripción de los niños oratorianos claramente muestra cómo se los señala como una otredad, junto a la interseccionalidad de los prejuicios desde los que se clasifica a esta niñez migrante, indígena y pobre.
Como se mencionó previamente, la instrucción y formación moral de niños y jóvenes es central en el sistema preventivo salesiano. A este rasgo distintivo, en el proyecto educativo de Corti se suma el afán de asimilar y argentinizar a los niños y jóvenes hijos de chilenos en los barrios populares de zona sur, donde se levanta el oratorio Domingo Savio. Los objetivos se centraban en el esquema de Don Bosco y en la orientación a los pobres:
La labor específica del oratorio Domingo Savio por vocación se destina a una de las partes más necesitadas del prójimo: los desgraciados en cuerpo y alma, los pobres física y espiritualmente, los que arrastran su materia y su espíritu enfermos. Se parte de la contemplación de sus necesidades materiales, se cubre su cuerpo con el vestido fruto de la caridad junto al alimento que satisfará su hambre, con la palabra que irá labrando su conversión y le hará comprender su vocación de amar a Dios (…) y así la palabra del asesor lleva consejos de moral, de profilaxis, de higiene y el consuelo maravilloso de la religión (Revista del Oratorio y Colegio Domingo Savio. 1959- 1960).
En esta cita se refleja la mirada sobre los oratorianos y sus condiciones de pobreza, salud y moralidad, lo que motiva el accionar caritativo y evangelizador. Aquí cobran relevancia el grupo de jóvenes integrantes de Acción Católica Argentina7, activos colaboradores de la obra de Corti, en especial en la asistencia y evangelización de los pobladores de los barrios chilenos. Conocemos sobre sus prácticas religiosas por medio de los registros que dejaron plasmados en sus boletines y revistas, en los que quedaban consignadas sus actividades, los recorridos por los barrios, junto a cartas y poesías, entre otras notas. Allí se destaca el modo en que interpretaban sus acciones como un apostolado social, una forma de vivir su fe católica de modo comprometido y orientado a la ayuda de los grupos más desfavorecidos.
Quizá no alcancemos a comprender en toda su magnitud las terribles consecuencias de la espantosa miseria moral y física en que se hallan sumidas tantas familias en los llamados barrio La Rural, Chile chico, barrio Paya Huala, porque este deprimente panorama no se halla ubicado en nuestro inmediato alrededor; pero ¿es nuestro prójimo sólo aquel que se desempeña en la misma esfera social que nosotros? si miramos más lejos de nuestro estrecho círculo, si pensamos en las mordeduras del hambre que desgarran las familias, clases y aún barrios enteros ya no podemos permanecer insensibles.(...) Así en cada uno de esos pobres de bienes materiales y espirituales está Cristo mismo desnudo y hambriento doliente y angustiado, es a Cristo mismo a quien tenemos ocasión de ayudar y consolar (Revista del Oratorio y Colegio Domingo Savio. 1959- 1960).
Observamos en esta cita el llamado a salirse de los círculos sociales establecidos, ir más allá de los espacios de sociabilidad y bienestar de los sectores medios para conectar y desarrollar otra sensibilidad hacia esos “otros” condensada en el lema “ver a Cristo en el pobre”. Este enfoque coincide con una nueva concepción de la Iglesia y de su relación con el mundo que acontece en los años del desarrollismo, en la que el combate contra la miseria se torna urgente y emergen los jóvenes como sujetos claves que despliegan una sensibilidad antiburguesa (Lida, 2012). Son también los grupos juveniles quienes llevan adelante el desarrollo del trabajo social en las villas miseria y profundizan su accionar, lo que da lugar luego a las líneas especializadas de Acción Católica que se radicalizan en los años setenta (Dominella, 2015). Como ejemplo de la combinación del ejercicio de la caridad con la evangelización, el grupo de jóvenes de Acción Católica que colaboraba con Corti llevó adelante la iniciativa del buzón de la caridad, un sitio donde las personas podían depositar el listado de sus necesidades y luego ellos acercaban lo solicitado. Este buzón estaba instalado afuera del bar referencia en esta zona. Los jóvenes recogían y buscaban cumplir con todas las asistencias solicitadas, que se registraban y para las que se calculaba el costo económico de los bienes entregados. Luego siguieron con relevamientos por los barrios, en los que fichaban a las familias, sus integrantes, talles, necesidades, estado de salud y si estaban bautizados.
En este punto, la evangelización se torna una causa urgente para el proyecto salesiano de Corti y sus colaboradores. Es interesante para el análisis porque permite indagar los imaginarios sobre la niñez pobre a la que se torna necesario “encauzar” tal como expresa esta columna de la revista del Oratorio:
Buscamos llegar a la niñez de hoy para dejar un mensaje en la juventud de mañana. Las almas infantiles son el terreno más apto para sembrar y arraigar ideas: éstas perduran para siempre y si son buenas, rendirán en el futuro ubérrimo frutos de nobleza, de honradez y de virtud, pero si no lo son, sólo el vicio será su derrotero y la infelicidad su meta. ¡Argentino! y más aún cristiano ¿comprendes ahora el porqué de la urgente necesidad que nos obliga a procurar a nuestra niñez y a nuestra juventud una sólida formación espiritual? (Revista del Oratorio y Colegio Domingo Savio. 1959- 1960).
La cita es clara en la urgencia de salvar esas almas infantiles y su condición de riesgo si no se los asiste. Además, la evangelización de los niños implicaba una forma de ordenamiento moral de las familias migrantes: de allí la convocatoria a los lectores, desde su argentinidad, para aportar a la acción religiosa que se postula como un aporte a la nación y a la región patagónica. En este ordenamiento y disciplinamiento de las familias migrantes se reitera la importancia de los bautismos y casamientos. Al respecto, y como ejemplo de la forma pragmática de lograr la conversión religiosa al catolicismo, en la congregación de Corti podían saltarse las liturgias y pasos establecidos, tal como comenta una entrevistada parte del grupo de colaboradores: “la iglesia católica es dogmática y Corti no era nada de eso, se salía por completo de la estructura del grupo de curas de Comodoro,se cortaba solo, y ahí también está su impronta personalísima y eso le generó mucha adhesión” (entrevista Graciela, octubre de 2017).Vemos en este relato cómo se pondera el estilo del sacerdote en su autonomía, lo cual también fue base de las críticas a su persona y la tensión que tuvo con las autoridades del colegio Deán Funes.
Desde la perspectiva de los niños, la participación en el oratorio se encuadraba desde sus intereses, haciendo “el juego” necesario de lo que se esperaba de ellos.
Nosotros éramos los llamados chilotes del barrio Chile Chico, […]. Solo el [Corti] sabía por qué se llamaba Oratorio, porque nosotros no íbamos a orar ahí, íbamos a jugar. Íbamos a misa para que nos pongan el sello en la mano para poder ir al Cine gratis, con el sellito la entrada era segura. Me acuerdo también que cuando íbamos a rezar decíamos solamente la primera y última frase del Padrenuestro, éramos picaros (testimonio Gilberto B., Sánchez, 2012: 191).
Me acuerdo cuando en el oratorio pusieron hamacas y juegos, para nosotros era una fiesta, ¿quién tenía una hamaca en su casa? ¿Cuándo nos iban a llevar a una plaza?, en nuestro barrio no había nada de eso. Había que rezar y hacer caso, pero nosotros íbamos a jugar (entrevista Eliana, marzo de 2021).
En sus relatos se reflejan las distinciones y fronteras sociales que existían entre quienes habitaban en zona norte y zona sur. Mientras que en los barrios petroleros se contaba con toda una serie de recursos para el ocio y el tiempo libre de los niños y sus familias, en la zona sur se vivía en otras condiciones. En especial estas experiencias de los niños/as nos llevan a repensar la posición del débil, las micro resistencias y estrategias según las cuales a través de una acción se saca partido de las cartas ajenas (De Certau, 1979). Junto a estos recuerdos sobre su participación en el oratorio, se reconoce en el proyecto de Corti la presencia cercana y cotidiana en sus vidas. Se reconoce el llamado al juego, a la práctica deportiva, a recorrer la ciudad con los paseos al centro y el impulso a la práctica deportiva, sobre todo el fútbol. Distintos testimonios y fotografías dan cuenta de la presencia de Corti “con la sotana arremangada y mezclándose con el piberío” como ejemplo de una presencia en el territorio, cercana y afectuosa. En relación a esto también se menciona la autoridad de Corti en el barrio para intervenir en casos de violencia familiar.
Como cierre de este apartado nos interesa destacar el grupo de jóvenes de Acción Católica actuando como agentes religiosos y participantes activos en las distintas tareas de acción social, caridad y evangelización. En su trabajo con la atención de niños se manifiesta una posición de asistencia y tutela sobre esta niñez, interesante para entender cómo practicaban su fe a partir de la evangelización. El llamado a “misionar en el otro Comodoro”, muestra una sensibilidad a la pobreza con una mirada más crítica, como se observa en la cita a los “círculos sociales” y la indiferencia ante la pobreza.Si bien no se problematiza la pobreza, es decir, no se consideran las causas de estas desigualdades sociales, sí se proyecta que es necesaria la intervención en esa población de niños y jóvenes carentes para asistirlos, encauzarlos e impedir que avance lo que ellos consideraban parte de la degradación moral que estaba aconteciendo. En este sentido, Corti y sus colaboradores proyectan ampliar su accionar para constituir un colegio salesiano, punto que se desarrolla a continuación.
Del Oratorio al Colegio Domingo Savio
En el libro biográfico “Obras son amores” (Sánchez, 2012) el sacerdote Juan Corti relata:
Los chicos que iban al oratorio provenían de hogares endebles o mal constituidos, familias a las que se llamaba “flojitas de papeles”. En el oratorio los podíamos entretener y enseñarles algo, pero luego volvían a sus ranchitos, a su ambiente. Esos chicos necesitaban más tiempo fuera de su hábitat, más horas que le posibilitaran un contacto más extenso con el sistema preventivo salesiano. Mi visión era hagan escuelas y veréis como el país va a cambiar, cambia la fisonomía de la barriada, el aspecto social de la gente (…) En las escuelas pude ver que los alumnos eran ciertamente permeables a una transformación cívica, cultural, cristiana, católica, de chileno a argentino (Sánchez, 2012:124).
Esta cita condensa los principios del proyecto de Corti y cómo busca acompañar el accionar evangelizador con un proyecto educativo que apunta a la argentinización de los niños y jóvenes migrantes chilenos. En cierta forma se actualiza el mandato de los salesianos respecto a civilizar y moralizar a la población de Patagonia, en particular, a la niñez y juventud pobre y migrante. Así, luego de varios años de intensa actividad oratoriana en función de la cual el sacerdote consigue ampliar su red de benefactores, se propone la fundación de un colegio primario para la enseñanza a los niños del barrio. Los inicios del colegio Domingo Savio son muy modestos: se dan en las instalaciones de la confitería de un club y las clases están a cargo de maestras católicas procedentes del Instituto María Auxiliadora8. El dictado de clase se organizaba por años, integrando niños y niñas en su gran mayoría chilenos y procedentes de los barrios aledaños. Son comunes las anécdotas respecto a la novedad de “ir a la escuela en un bar”, las improvisadas aulas separadas por biombos y la escasez de recursos para enseñar. Aquí ya radica una de las novedades de la obra de Corti, levantar un colegio salesiano mixto, en instalaciones prestadas y sin contar con aval institucional. Uno de estos alumnos narraba: “en aquella época ni soñar con ir a los colegios del centro. Uno mismo se excluía, no había ley que lo prohibiera, lo que pasaba es que veníamos de Chile, no teníamos documentos, teníamos otras necesidades, otras maneras de vivir” (testimonio de Gilberto B, en Sánchez, 2012: 193).. También hace referencia a que existía cierto trato despectivo y un mayor control sobre su comportamiento. Señala que muchos de ellos trabajaban como albañiles o vendedores de diarios y por tener contacto con mayores tenían “otra calle”. Igualmente, destaca que el sacerdote “los ayudaba, se ocupaba de ellos y los seguía de cerca para que no dejen la escuela”.
Respecto a las rutinas escolares, en las entrevistas y fuentes consultadas los ex alumnos recuerdan el peso de los contenidos religiosos, con misas al ingreso, oraciones a la salida y lecciones que debían memorizar sobre las historias de Don Bosco, Ceferino y Laurita Vicuña como principales referentes de las virtudes salesianas. Una de nuestras entrevistadas recordaba en particular la práctica de la lectura en voz alta y las correcciones constantes de la maestra a su modo de hablar por el acento chileno “querían que habláramos más el castellano a lo español, nos corregían no era uste’, es usted” (entrevista a Eliana, marzo de 2021). Vemos que, aunque se tratase de niños/as que hablaban castellano, se insistía en corregirlos y enseñarles la forma que consideraban adecuada para hablar y dirigirse con obediencia y sumisión a los adultos. Además, que fuera un colegio mixto incidía en un mayor control y vigilancia sobre las conductas, por ejemplo, debían evitar el contacto físico, el cruce de miradas y cualquier gesto de afectividad entre mujeres y varones. Sobre todo, se insistía en el autocontrol, la observancia de las prácticas ajenas y el aviso a los superiores ante cualquier transgresión.
En el marco del oratorio, y luego por medio de la fundación del colegio Domingo Savio, parte del trabajo social junto a los niños chilenos se centraba en propiciar la “transformación” proyectada por Corti “de chileno a argentino”. Para ello se intentó avanzar en dos sentidos, por un lado, buscando que los niños incorporaran un conjunto de elementos simbólicos referidos a la “patria”, y a la vez negando pautas culturales de sus familias vinculadas a la identificación con lo chileno. Esto se da, por ejemplo, con la tradicional celebración de “la ramada” para festejar la independencia de Chile, evento que congregaba a la comunidad de migrantes durante días combinando bailes, concursos, músicas y comidas consideradas típicas de la identidad nacional chilena. En estas fechas se buscaba evitar la participación de los niños y niñas oratorianos:
Previo a la ramada, mucho control, no nos dejaban hablar de la ramada, esos días nos llenaban de tarea, no querían saber nada con la fiesta, pero para nosotros era todo, el barrio entero iba, me acuerdo esa semana de llevar la escarapela chilena escondida en la ropa abajo del guardapolvo. En la escuela delante de la maestra no se te ocurra sacar prenda, todo eso se mantenía afuera. “Esto es un colegio acá no es para participar su chilenismo” así nos decían. Nos pasaba que siempre los hijos de chilenos sabían cuentos, historias de campo, cosas pícaras, algunos tocaban acordeón, cuecas, pero andácon eso a la escuela (entrevista a Eliana, marzo de 2021).
Este relato es claro respecto a cómo se procuraba la argentinización, y lo que implicaba en términos de negación de las propias pautas culturales como parte de esa transformación que promovía Corti. Desde esa perspectiva, en el espacio escolar se impartían las enseñanzas de la vida “correcta”, siguiendo las pautas y virtudes de la vida bajo los principios salesianos. La búsqueda de nacionalizar a los alumnos atravesaba la cotidianeidad del funcionamiento escolar, diariamente se recitaba el himno nacional, las fiestas patrias se presentaban con gran despliegue e incluían distintos números musicales y artísticos referidos a pasajes de la historia argentina y se instaba a los alumnos a participar, como una forma de inculcar a los niños chilenos la conexión con la cultura argentina. La celebración de lo patrio recuperaba sobre todo el folklore y elementos del criollismo, visibles en la preparación de cuadros artísticos. Como parte de las festividades se sumaba el desfile por las calles céntricas y el acompañamiento de la banda de la Fuerza Aérea de la cual Corti era capellán.
En este proyecto salesiano se observa una concepción de la escuela como institución directriz, socializadora, central para la instrucción y nacionalización de los niños y jóvenes. La condición de pobreza en que vivían las familias de los barrios de zona sur era determinante en la consideración de los estudiantes desde su carencia, lo que volvía más urgente el objetivo de sanear y moralizar a niños y jóvenes y por su intermedio, a sus familias. Al respecto, es significativa esta reflexión de una de sus colaboradoras:
El mandato fundacional de Corti siguiendo a Don Bosco es que estén en la escuela a cualquier costo, e implícitamente lo que está dando vueltas -y a un gran riesgo- es que porque son pobres, que tengan una escuela pobre, sea como sea. Él tenía la imagen de que la escuela tenía que ser un bien obligatorio para los pobres, pero quizá sin querer, los pobres estudiaban en condiciones para pobres, en escuelas en muy mal estado, y él era muy categórico en esto de pensar que los chicos tienen que estar en la escuela cueste lo que cueste (entrevista a Graciela, octubre de 2017).
La figura de Corti es emblemática en la ciudad de Comodoro Rivadavia. Los medios de comunicación locales contribuyeron a la construcción de su identidad como un “cura gaucho”, visitando los caseríos en su moto, jugando al fútbol con la sotana arremangada, un “cura manguero” que gestionaba recursos para sus proyectos sociales. En 2013, cuando falleció, se acrecentó su figura, se realizó un conjunto de homenajes con el foco puesto en sus obras y la instalación del lema “mi iglesia es la calle, mi sermón son las obras” (registros de campo, noviembre de 2013). El cortejo fúnebre recorrió toda su obra en la ciudad, escuela por escuela y se constituyó luego una fecha de conmemoración y recuerdo de su figura bajo el lema “día de la gratitud”. En los medios de comunicación se refirieron a la muerte “del último guerrero salesiano”, “el espejo de Don Bosco” (registros de campo, consulta de notas de prensa, programas radiales y televisivos locales, 2013). Estas imágenes contribuyeron a la construcción de su figura como un icono religioso.
Se lo reconoce a Corti por su seguimiento sobre el crecimiento de la ciudad, por su presencia activa en las zonas más desfavorecidas con un estilo propio, colaborando en la formación de varias generaciones de comodorenses y también “plantándose con autoridad, con un cachetazo pedagógico oportuno y casi siempre, aferrado a la picardía que le dio la misma calle” (El padre Juan Corti, el cura gaucho que capacitó a muchas generaciones, 2018). El “cachetazo pedagógico” nos lleva a pensar los matices en la aplicación del sistema preventivo y, sobre todo, en el disciplinamiento de niños y jóvenes. En las entrevistas se hizo referencia al ejercicio de una disciplina escolar severa, con un sistema de premios, castigos y penitencias en el que se penaban las malas calificaciones, lo que se consideraba faltas de respeto y todo gesto que desafiara la autoridad y los principios de moralidad del colegio. Igualmente, y en el balance de la experiencia y la formación recibida, se reconoce la preocupación por un sector social al que no se consideraba relevante. Vemos así en el proyecto salesiano de Corti la adopción en cierta forma del sistema preventivo como modelo pedagógico, combinando la evangelización con la nacionalización de niños y jóvenes migrantes chilenos pobres.
Conclusiones
A lo largo de este trabajo se expusieron las características y el contraste entre dos proyectos educativos salesianos en Comodoro Rivadavia. Se propuso una mirada desde la historia social para considerar la relación de los salesianos con la configuración social de Comodoro y con la producción de niñez y juventud en clave religiosa. Nos interesó indagar en esta relación de modo situado, en un tiempo histórico específico y particular. En la década de 1960 se generan ciertas dislocaciones en la estructura social de la ciudad y algunas variaciones en el enfoque de los salesianos respecto a la educación y asistencia de los niños y jóvenes. Se trata de una etapa que suele ser pensada en términos de modernización y actualización del catolicismo, aunque el análisis permite reconocer que, con adaptaciones, pervive el discurso salesiano respecto a su accionar civilizador y nacionalizador para el territorio patagónico.
Encontramos que en los años sesenta entre los salesianos las configuraciones de niñez y juventud asumieron diversas significaciones. En los proyectos analizados se pudo dar cuenta de estrategias y prácticas diversas, desplegadas de forma contrastante según los sectores sociales a los que se orientaran. En el caso del colegio Deán Funes, es clara la orientación a los sectores medios de la ciudad y la búsqueda de producir un perfil de jóvenes trabajadores con una moral cristiana, siguiendo los requerimientos del mercado de trabajo petrolero. Sobre las bases del sistema preventivo se considera a los jóvenes pasibles de ser corregidos y regulados, y por su intermedio, a la comunidad comodorense. Esta posición de predominio comienza a erosionarse en el marco de la universidad salesiana: los jóvenes destinatarios de este proyecto son quienes disputan el orden salesiano y afectan su legitimidad pública. En contraste, la experiencia de Corti remite a otra perspectiva, se recuperan marcas del accionar salesiano en Patagonia respecto a civilizar y argentinizar a la población migrante y pobre. En especial, la atención a la niñez: primero con el oratorio y luego con el colegio, se buscaba educar, evangelizar e imprimir nacionalidad a los niños y, por su intermedio, moralizar y ordenar a sus familias.
Otro objetivo del trabajo fue recuperar las voces y testimonios de niños/as y jóvenes, estudiantes y colaboradores de las obras salesianas, buscando conocer diversas experiencias. Respecto a los jóvenes de Acción Católica como colaboradores de Corti, pudimos recuperar el trabajo evangelizador que desplegaban como parte de un compromiso activo y sensible ante la pobreza de las familias de los barrios populares de la zona sur, idea resumida en el lema “ver a Cristo en el pobre”. En especial, destacamos la agencia religiosa desplegada en estos compromisos para evangelizar, asistir, bautizar y moralizar a las familias e intervenir en el “resguardo” de la niñez. También en las experiencias de niños/as y jóvenes estudiantes pudimos registrar picardías, pequeñas subversiones y disputas de sentido respecto a las prácticas salesianas.
Por último, este trabajo busca aportar a la historia del campo religioso en Patagonia, avanzando hacia períodos que aún no fueron estudiados en detalle y desde una perspectiva crítica, para indagar las conexiones entre proyectos religiosos y la configuración de los sectores medios y populares en la región. También es una propuesta para reconocer las experiencias de niños y jóvenes que, aún condicionados por la configuración adultocéntrica de nuestras sociedades, son parte activa de las tramas sociales.
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Notas
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