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El Movimiento Nueva Era y la Bandera de la Paz en Bariloche (Norpatagonia, Argentina)
The New Age Movement and the Banner of Peace in Bariloche (North Patagonia, Argentina)
Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. XXXI, núm. 58, 2021
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Temático


Resumen: En el presente artículo analizaremos el significado que tiene la Bandera de la Paz, creada por el pintor Nicholas Roerich en la década de 1930, en el marco del pensamiento del esoterismo occidental y para los creyentes del movimiento Nueva Era en San Carlos de Bariloche. Luego de tratar aspectos teóricos del movimiento y su manifestación en la ciudad, abordaremos el origen del estandarte y el significado otorgado por su creador para, finalmente, focalizarnos en la irrupción del símbolo, su significado y el proceso de visibilización del movimiento Nueva Era en el espacio local. Las fuentes analizadas fueron tratadas metodológicamente considerando la hermenéutica histórica, la historia oral y el análisis discursivo, hermenéutica histórica, la historia oral y el análisis discursivo, incorporando fuentes digitales.

Palabras clave: Nueva Era, Bariloche, símbolo religioso, Bandera de la Paz.

Abstract: In this article we will analyze the meaning of the Banner of Peace, created by the painter Nicholas Roerich in the 1930s, within the framework of western esotericism and for the believers of the New Age movement in San Carlos de Bariloche. After dealing with theoretical aspects of the movement and its manifestation in the city, we will address the origin of the banner and the meaning given by its creator, to finally focus on the emergence of the symbol, its meaning and the process of making the New Age movement visible in the local space. The analyzed sources were treated methodologically considering historical hermeneutics, oral history and discursive analysis, incorporating digital sources.

Keywords: New Age, Bariloche, religious symbol, Flag of Peace.

Introducción

El movimiento conocido como Nueva Era o New Age en tanto fenómeno social tiene su origen en Estados Unidos y desde allí se fue expandiendo por distintas regiones y continentes del mundo (Carozzi,1999). Su expresión y manifestación tiene diferentes aristas, pero en términos religiosos las décadas de 1960 y 1970 han sido sumamente significativas. A la Nueva Era se la identifica como heredera de la contracultura y, en general, se la vincula con ciertos ideales sociales de la época, que cristalizaron en la emergencia de muchos otros movimientos más relacionados con un imaginario social, como el caso del movimiento feminista o el ecologista (Mancilla, 2004).

Es un fenómeno sumamente complejo de abordar, ya que está compuesto por infinidad de agrupaciones e individuos que le dan sustento y que surgen en diferentes momentos históricos. Entre la diversidad de posturas académicas al respecto, algunas investigaciones en nuestro país han reflexionado sobre el marco interpretativo que caracteriza a la Nueva Era (Carozzi, 2000; Frigerio, 2013), es decir sobre el esquema de interpretación o cosmovisión de sus seguidores, que desarrollaremos más adelante.

Si bien muchas creencias y prácticas que se pueden incluir dentro de la Nueva Era se vienen desarrollando en el país desde hace décadas, es recién a partir de la restauración de la democracia en 1983 que su presencia en el espacio público se fue haciendo progresivamente más evidente (Frigerio, 2018).

Por otro lado, durante el siglo XXI muchas de las ideas que caracterizaríamos como "Nueva Era" (Frigerio, 2013) han adquirido una gran popularidad, debido a su difusión por las industrias culturales y los diferentes medios de comunicación, en particular por Internet, por fuera de los circuitos alternativos que comúnmente vehiculizaban al discurso New Age (Frigerio, 2016).

La ciudad norpatagónica de San Carlos de Bariloche no ha sido ajena a estas formas de pensar características del movimiento Nueva Era. Se encuentra en la ribera sur del lago Nahuel Huapi, dentro del Parque Nacional homónimo y al suroeste de la provincia de Río Negro. Se ha conformado a partir de las sucesivas migraciones que se fueron dando desde fines del siglo XIX y principios del XX hasta la actualidad (Matossian, 2012). Es conocida por ser uno de los centros turísticos más importantes del país; a ella arriban miles de turistas al año para disfrutar de sus centros de esquí y de sus paisajes que incluyen lagos, bosques y montañas.

A lo largo del tiempo, la ciudad y sus alrededores fueron y son identificados por ciertos sectores como una zona especial y energética, en la que es posible la conexión con el plano espiritual y el contacto con seres espirituales y extraterrestres. En este mismo sentido, desde la década de 2000 ha empezado a proliferar una importante oferta de terapias y espiritualidades alternativas de sanación física y espiritual, visualizándose también un número significativo de agrupaciones espirituales y esotéricas, las cuales entendemos dentro del movimiento de la Nueva Era. Sin embargo, es posible rastrear los orígenes del movimiento en Bariloche a comienzos de la década del sesenta, vinculado a las trayectorias de ciertos maestros espirituales que han influido en las diferentes proyecciones de la Nueva Era en el espacio local (Fernandez, 2013)1.

En este marco, el 20 de octubre de 2018 Bariloche fue distinguida como “Ciudad de la Paz” por el Comité Internacional de la Bandera de la Paz. El acto se oficializó con su entrega al municipio de la localidad y desde entonces se encuentra instalada en la plaza de la Iglesia catedral, a la altura de las calles Frey y 12 de Octubre, en el centro de la ciudad. La presencia de una bandera de estas características en principio no parece llamar demasiado la atención al común de las personas que, de acuerdo a la publicidad dada al evento, vería en ella un emblema que simboliza la paz. Sin embargo, este ícono es portador de una historia compleja y no tan visible, que aflora a partir de una lectura más profunda y cobra sentido en el marco de pensamiento de asociaciones esotéricas que se remontan muy atrás en el tiempo y en el espacio y que son retomadas por los seguidores locales de la Nueva Era, para quienes este emblema es sagrado. Es un vehículo de una concepción, de un significado que se traduce en símbolos religiosos que se representan en ritos y en mitos (Geertz, 1973); es una representación concreta de las creencias2 que forman parte de su marco interpretativo. En función de ello, el presente artículo se propone profundizar en el significado y arribo de la Bandera de la Paz a San Carlos de Bariloche, así como también indagar sobre la visibilidad que adquirió el movimiento de la Nueva Era en el espacio local.

Para abordar nuestro objetivo utilizamos fuentes escritas, orales y digitales: documentos gubernamentales, prensa digi­tal, entrevistas, literatura especializada, páginas web y redes sociales. Para el tratamiento metodológico de las fuentes aplicamos la hermenéutica histórica (Guerrero Mills, 2013) sobre los discursos producidos por los creyentes, con el fin de entender el sentido y la intencionalidad de las narraciones. Esto además posibilitó el acercamiento a la recepción, elemento esencial de la configuración del relato narrativo, donde intervienen los procesos de significación del texto producto de la interrelación entre el lector, el texto y el autor. Por otra parte, aplicamos la historia oral (Delgado, 2006) en los testimonios de los referentes seleccionados y utilizamos la entrevista semi-estructurada (Mariezkurrena Iturmendi, 2008) por ser flexible, dinámica y no directiva. En el caso de las fuentes nacidas digitalmente (Eiroa, 2018) como blogs y páginas web, consideramos el análisis de los discursos (Iñiguez, 2003); analizando al emisor, su intencionalidad, contexto de producción discursivo, los códigos y el lenguaje específico que manejan en el marco de la creencia. Por otra parte, para el rastreo de los creyentes y sus discursos, utilizamos como metodología la búsqueda de palabras claves en Google para acceder a sus sitios web y a los relacionados a sus redes. Facebook también nos aportó información acerca de cómo se relacionan y sobre la procedencia de los creyentes, páginas que visitan, mensajes que replican, etc.

Para recabar y analizar la información de los blogs3 elaboramos una ficha técnica que incluyó: nombre del blog, dirección URL, autores, cantidad de seguidores; perfiles de los seguidores (para ver páginas que visitan y de donde provienen, etc.), número de archivos, fecha de publicación de los posteos, temas tratados, número de visitantes, otras páginas del autor relacionadas al blog y links a otros sitios web. Esta información se sistematizó en base de datos para su posterior análisis.

El artículo se organizará en tres apartados: el primero dedicado a la Nueva Era y su manifestación en San Carlos de Bariloche desde un breve recorrido bibliográfico, luego analizaremos el origen de la Bandera de la Paz y el significado otorgado por su creador, Nicholas Roerich, para, finalmente, adentrarnos en la irrupción del símbolo en la ciudad y el proceso de visibilización que genera para el movimiento de la Nueva Era en el espacio local.

Aproximaciones teóricas a la Nueva Era y su manifestación en San Carlos de Bariloche

El movimiento Nueva Era es un fenómeno sumamente complejo de abordar y conceptualizar en el sentido de la multiplicidad de agrupaciones religiosas o terapéuticas que lo integran y que tienen sus particularidades, dependiendo del contexto histórico y social en el que van surgiendo (Carozzi, 2007; De la Torre, 2011; Frigerio, 2013). Por otra parte, los medios de comunicación y las industrias culturales propagaron enormemente estas ideas por fuera de los circuitos religiosos/terapéuticos que vehiculizaban tradicionalmente al discurso New Age (Frigerio, 2016), haciendo aún más difícil establecer sus alcances. El tratamiento de este fenómeno en nuestra localidad de estudio no está exento de estas dificultades. Como hemos mencionado anteriormente, existe una amplia variedad de agrupaciones espirituales y terapéuticas, maestros espirituales y una importante cantidad de prácticas que eventualmente pueden ser consumidas por los seguidores de la Nueva Era. Sin embargo, no todas estas manifestaciones pueden incluirse dentro del movimiento.

Coincidiendo con lo planteado por otros autores (Carozzi, 2000; Frigerio, 2013), el movimiento Nueva Era tiene una lógica interna, un marco interpretativo que sustenta y da sentido a las prácticas y creencias. Para Frigerio (2013) las investigaciones que han abordado a la Nueva Era coinciden en una serie de características que pueden ser sistematizadas para identificar a las agrupaciones o individuos asociados a este movimiento. Una de ellas es que los seguidores reconocen la idea de un Self sagrado, que tiene que manifestarse y desarrollarse dentro de una cosmovisión holista, que combina la transformación personal con la social y que relacionan con la llegada de una nueva era astrológica. También están presentes la valoración de la naturaleza y la conexión especial que el individuo cree tener con ella, la idea de la autonomía personal, y la importancia de la circulación de los seguidores entre diversas ofertas espirituales o terapéuticas en busca del desarrollo o transformación espiritual, tanto individual como colectivo (Carozzi, 2000).

Estas características anteriormente mencionadas como marco interpretativo, las encontramos presentes entre los discursos de los seguidores locales a quienes hemos entrevistado, o a través de lo que escriben en sus blogs, páginas web, literatura, etc4... En este sentido, notamos que el accionar de estas agrupaciones e individuos, es decir el movimiento local en Bariloche, se sustenta y origina en la creencia en una nueva y superadora era astrológica de paz y prosperidad para la humanidad, cuyo sentido radica en la preparación para el tránsito entre el fin de una era astrológica que se conoce con el nombre de Piscis y el inicio de otra, la Era de Acuario (Fernandez, 2013).

Según los entrevistados y los discursos que mantienen en sus páginas web, para posibilitar ese cambio tendrán que trabajar en su desarrollo individual, en vistas de poder transformar a toda la sociedad; plantean que existen diferentes formas de lograrlo o, como manifiestan, diferentes formas de “acercarse a lo divino”5 (Fernandez, 2013). Notamos la forma de pensar de los seguidores locales con respecto a la circulación entre diversas ofertas espirituales o terapéuticas, uno de los aspectos señalados por los autores (Carozzi, 2000; Frigerio, 2013), que es vista por ellos como una forma de conectarse con su self, desarrollarse espiritualmente y posibilitar ese cambio. La maestra espiritual An mencionaba: “cada persona se conecta con su yo interior, con su divinidad, a través de distintas formas, para mí fue el Pilates, a través de él manejo las energías y me conecto, es un medio” (An, comunicación personal, abril 2013).

Pero en los discursos de los seguidores locales, también vemos un fuerte nexo con las enseñanzas de distintos maestros provenientes de agrupaciones esotéricas como Helena Blavatsky, Alice Bailey o Nicholas Roerich (Fernandez, 2013), como el caso que presentamos en el presente artículo. En este sentido, según Vicente Merlo (2008) la Nueva Era está constituida por tres dimensiones: la oriental, conformada por creencias que provienen de las tradiciones religiosas orientales (budismo, hinduismo, taoísmo); la psico-terapéutica, que incluye a los movimientos y terapias de sanación física, psíquica y espiritual, y finalmente, la esotérica, que abarca los discursos y enseñanzas de las escuelas esotéricas modernas. Todas estas dimensiones se entrecruzan, pero, agrega Merlo, la esotérica constituye el hilo conductor, su núcleo originador y su fuente de sentido.

En relación a lo planteado anteriormente coincidimos con el autor, ya que en el caso local, si bien los creyentes son individuos o agrupaciones que identificamos dentro de la Nueva Era, según los autores anteriormente mencionados (Carozzi, 2000; Frigerio, 2013), toman discursos y conceptos del esoterismo6, que también están en la base de sus creencias, y dan sentido a su forma de ver el mundo y relacionarse con él (Fernandez, 2013). Siguiendo lo planteado por Antoine Faivre (1994), entendemos el esoterismo como una forma de pensamiento o una espiritualidad identificable, que presenta características que lo definen basadas en la creencia en la existencia de analogías entre el mundo real y el espiritual y la concepción de la naturaleza como “viva”; también que se producen mediaciones entre el ser humano y seres del plano espiritual y la creencia en la transmutación o transformación del individuo. En algunos casos se suma la práctica de la concordancia, mediante la que se trata de establecer denominadores comunes entre dos o más tradiciones o religiones distintas y la transmisión de la enseñanza esotérica de maestro a discípulo.

Sobre estas formulaciones discursivas que provienen del esoterismo van realizando modificaciones, agregados, en los que se incluyen en nuestro caso los elementos locales (mitos, tradiciones, creencias de los pueblos originarios) que entrecruzan con otros foráneos (Fernandez, 2013)7.

En el caso concreto de Bariloche, podemos decir que el movimiento Nueva Era se desarrolla desde la década de 1960, momento en que se instalan en la ciudad dos maestros espirituales provenientes de Buenos Aires, Jorge y Aida, que traerían consigo las enseñanzas y los ideales de la Sociedad Teosófica, la Escuela Arcana y la Hermandad Blanca Universal. En 1970 conformaron una agrupación de características esotéricas llamada Finca Alba, que tuvo como proyecto de vida dedicarse a divulgar las enseñanzas y creencias en una Nueva Era. Mantuvieron fuertes lazos con la Escuela Arcana y en 1985 Vicente Beltrán Anglada, representante de esta asociación en España, llegó a Bariloche para reunirse con ellos. Su viaje a la Argentina tuvo por objetivo afianzar y consolidar el movimiento y difundir estas creencias (Fernandez, 2013)7.

En los años noventa también visitó la ciudad y mantuvo contacto con creyentes locales Pedro Romaniuk, un investigador del fenómeno ovni, seguidor y promotor de las enseñanzas del pintor y maestro espiritual Benjamín Solari Parravicini. Estas continúan hoy fuertemente arraigadas entre los maestros espirituales locales entrevistados, como Cris y Alex8.

Posteriormente, en la década de 2000 llegan a nuestra región los postulados de José Argüelles9, ideario de una interpretación esotérica del calendario maya, de la mano de uno de sus seguidores que introdujo estas creencias en la zona. El calendario comenzó a circular entre individuos y las distintas agrupaciones; los creyentes colocaban sobre éste los días de la semana del calendario convencional para acostumbrarse e ir incorporando de a poco la nueva terminología propuesta por Argüelles (Fernandez, 2013).

A su vez, esta década también resulta relevante debido a que a partir de allí y en el marco de crisis del 2001, se evidencia con más claridad la expansión de estas creencias en el espacio patagónico, relacionada con los desplazamientos poblacionales conocidos como “migración por amenidad” (Otero y González, 2012) o migración por “estilo de vida” (Merlos, 2018). Desde la década de 2000 se instalaron en la ciudad otros maestros espirituales provenientes de distintas provincias del país, de Chile y de España. Algunos de ellos, como An y Alex, arribaron a Bariloche siguiendo las supuestas directivas de sus maestros espirituales no terrenales (maestros ascendidos, seres de otras galaxias, etc.) recibidas por medio de las llamadas canalizaciones10. Estos maestros y otros, visibilizaron los discursos espirituales y esotéricos locales por medio de sus blogs y páginas web, contribuyendo a los discursos globales del movimiento Nueva Era y posicionando a la localidad como un “espacio sagrado” (Fernandez, 2013).

Debemos destacar que en esta década se da una nueva coyuntura debido, con el impacto de la revolución tecnológica en el funcionamiento de este campo religioso y la aparición de los primeros cybers en la ciudad, y luego con la introducción de la web 2.0, el auge de blogs y las páginas web. Dichos instrumentos influyeron en la difusión y expansión de estas creencias. A partir de la década de 2000 notamos una mayor visibilización de Bariloche a nivel global a través de estos nuevos medios de comunicación (Fernandez, 2013).

Por otra parte, hacia el presente, algunos de estos creyentes, sin dejar de lado la virtualidad, intervinieron en el espacio público local visibilizando materialmente su accionar en el año 2018 con el izamiento en el centro de la ciudad de la Bandera de la Paz, emblema de significativa connotación dentro del movimiento.

La Bandera de la Paz, símbolo de una Nueva Era

El pintor ruso Nicholas Roerich (1874-1947) fue el ideario y creador de la Bandera de la Paz. El artista y su esposa Helena Roerich (1879–1955) eran seguidores de las enseñanzas espirituales de la esoterista rusa Helena Blavatsky (1831-1891), fundadora de la Sociedad Teosófica. En 1920 crean en Nueva York una agrupación esotérica, la Sociedad Agni Yoga, en la que fusionan algunas ideas teosóficas y sus propias ideas espirituales (Znamenski, 2014). Sus creencias y enseñanzas fueron plasmadas en numerosos libros que siguen vigentes entre sus seguidores en diversos lugares, incluida la ciudad de Bariloche.

En el contexto de entreguerras y con el temor latente de que estallara otro conflicto bélico que tantos estragos había producido, los Roerich creían que el arte en todas sus ramas y la cultura en general, serían un medio para el crecimiento espiritual que permitiría al mundo conseguir la paz, la armonía y unificaría a toda la humanidad (Roerich, 2019), posibilitando el camino hacia una superadora Nueva Era espiritual para el mundo. La Bandera de la Paz fue creada por Roerich en ese contexto, conformándose como un estandarte, un símbolo que representaba estas ideas, como refieren las cartas de Helena:

28 de agosto, 1931. Así verás dónde están las chispas de la Nueva Era, la era del conocimiento espiritual y de gran cooperación entre la gente bajo los signos de la cultura. La comprensión de la venida de esta gran era debería multiplicar la fortaleza de cada persona y esta fortaleza debería ser dirigida directamente hacia el trabajo constructivo y jubiloso por el Bien Común bajo el Estandarte que nosotros llamaremos la Bandera de la Paz y la Cultura. (Roerich, 2004: 107).

Para los Roerich el estandarte representaba el plan de acción que debían llevar adelante para lograr el bien común. Este plan se sustentaba en seguir las enseñanzas y directivas de su maestro (no terrenal) Maitreya (el Cristo), “la Enseñanza del Señor Maitreya se esparcirá por todo el mundo y se proclamará la Nueva Era - la era del despertar del Espíritu” (Roerich, 2016). En este contexto, el estandarte se presenta como un símbolo espiritual, en la “Bandera de la Nueva Era”:

Agosto 17, 1930. Con todo mi corazón estoy de acuerdo con el Edicto del Maestro acerca de la urgente necesidad de comenzar un nuevo paso. ¿Qué significa este nuevo paso? […] acción de acuerdo a la nueva comprensión de la Enseñanza. […] Llevemos a cabo la labor encargada atenta y cuidadosamente; esforcémonos para entender toda la majestuosidad de nuestra responsabilidad y del plan para el Bien Común. […] La más amplia cooperación está inscripta sobre la Bandera de la Nueva Era. (Roerich, 2004: 27)

De esta manera, siguiendo los planteos de Geertz (1997) sobre el concepto de símbolo, la Bandera de la Paz se puede encuadrar como una formulación tangible de ideas, abstracción de la experiencia fijada en formas perceptibles, representaciones concretas de ideas, de actitudes, anhelos y creencias.

La pareja, a través de una de las instituciones que fundaron, el Museum Roerich, impulsó el Pacto Roerich. Este tratado internacional tenía por objetivo “la adopción universal de una bandera, […] para preservar con ella, en cualquier época de peligro, todos los monumentos inmuebles de propiedad nacional y particular que forman el tesoro cultural de los pueblos” (Treaty Series, N° 899, 1935: 5), de manera que el patrimonio cultural fuera respetado y protegido tanto en tiempos de guerra como de paz. Fue firmado por veintiún países de América, entre ellos Argentina, en la Casa Blanca durante el mandato de Franklin Roosevelt el 15 de abril de 1935.

La bandera tuvo en el momento de su creación diferentes construcciones de sentido; por un lado, el relacionado con la preservación del patrimonio cultural y, por otro, la representación desde lo espiritual, del deseo de paz y unión de la humanidad para lograr un mundo mejor, un emblema de una Nueva Era superadora.

El símbolo plasmado en el estandarte está conformado por un círculo con tres esferas de color magenta o rojo, sobre un fondo blanco (figura 1). El significado que se expone en las instituciones que la avalan remite a que representa la “unión del pasado, el presente y el futuro dentro de la eternidad”, o la “síntesis de la filosofía renovada, la ciencia y el arte en la esfera de la cultura” (Comité Internacional de la Bandera de la Paz, s.f. a). Según sus seguidores, Roerich tomó este símbolo porque estaba representado en el marco de diferentes religiones y sociedades, es decir, por su universalidad y antigüedad en el planeta. Por este motivo, el artista lo consideró apropiado para la Bandera de la Paz, ya que uniría a todas las culturas y pueblos del mundo (Comité Internacional de la Bandera de la Paz, s.f. a).


Figura 1
Símbolo de la Bandera de la Paz (Comité Internacional de la Bandera de la Paz, s.f b)

Ese es el significado que se muestra actualmente en las páginas web y se presenta al hablar de la bandera, aunque también tiene otras connotaciones para los creyentes. Como sostiene Guzmán Rocha (2009), el símbolo contiene múltiples sentidos e interpretaciones, por ello es necesario analizar la obra en su contexto histórico-cultural y considerar su constante resignificación para comprenderlo.

Dentro del esoterismo, y para los Roerich y los creyentes locales enmarcados en la Nueva Era, esta imagen representa al Chintâmani (en sánscrito) o la “Gema del deseo” que hace referencia a una piedra que proporciona a su poseedor todo cuanto desea: la mítica piedra filosofal. También representa el principio de sabiduría, “el Cristo” que está en cada persona, así como la transmutación de la naturaleza animal e inferior del hombre en la naturaleza divina y más elevada (Blavatsky, 2006). Para Roerich (2017), esta piedra era milagrosa y salvaría al mundo, manifestándose en la Nueva Era y ante los mayores acontecimientos del mundo. Un destacado seguidor de sus enseñanzas, Ricardo González, quien visita Bariloche asiduamente, sostiene que el “Chintamani es un gran cristal que en su arribo a la Tierra desprendió tres pequeños fragmentos. Esas piezas recorren el mundo de los humanos en épocas clave” (González 2016: 71).

En gran parte de la obra artística y literaria de Roerich11 encontramos indicios de su cosmovisión, de sus creencias fundadas en el esoterismo y relacionadas con el motivo representado en la bandera. Utilizó el arte como medio de expresión de su pensamiento y representó el mito en torno a este símbolo, haciendo referencia a su origen esotérico y a su portador, que según la leyenda de origen asiático, proviene de la constelación de Orión trayendo la prosperidad y la paz (Roerich 2016). Como plantea Geertz (1973), los símbolos sagrados refieren a una ontología y una cosmología. Helena Roerich, en su carta del 18 de noviembre de 1935, le explica a un discípulo el significado de esta imagen en el marco del pensamiento esotérico:

Este Tesoro […] ha significado, desde tiempos inmemorables, una era predestinada de unificación que se avecina y de poder en el país donde aparece. Todos los grandes unificadores y fundadores de las naciones lo han poseído. El Oriente está especialmente lleno de leyendas acerca de este regalo de Orión y los pueblos de Asia lo buscan por todas partes. […] el caballo blanco, Erdeni Mori, del Tíbet y Mongolia, quien porta Chintamani (El Tesoro del Mundo), también está conectado […] este Tesoro trae consigo una Alianza que debe ser llevada a cabo. (Roerich, 2011: 44)

Este ícono que aparentemente sólo protege el patrimonio cultural y aspira a la paz mundial (significado práctico, utilitario), también es portador de un significado particular que tiene sentido en el marco del pensamiento esotérico. El círculo con las tres esferas dentro que conforma la Bandera de la Paz alude a toda una serie de mitos y creencias, tanto en el esoterismo oriental como en el occidental. Se asocia al comienzo de una “Nueva Era” de paz y prosperidad para quien lo porte, léase una nación o naciones, un grupo, etc. Como plantea Brech (2008), el símbolo será el que posibilita la formación de imágenes mentales y es la expresión del imaginario.

Estas creencias esotéricas provenientes de los Roerich acerca del significado de la bandera y del símbolo representado, considerado como emblema sagrado, son retomadas por los creyentes locales e incorporadas al discurso Nueva Era. Por otra parte, resignifican narrativas locales sobre antiguos mitos españoles y relatos de los pueblos originarios, que entrecruzan o amalgaman con otras leyendas foráneas acerca de la existencia de ciudades mágicas y sagradas. Estos discursos reelaborados en base a estos diferentes elementos contribuyen a otorgar, por parte de los seguidores locales, la cualidad de sagrada a la zona de Bariloche. Como señala Mouga Poças Santos (2009), los vínculos con el territorio sagrado como un espacio cargado de significados y representaciones, tienen un carácter emblemático.

El desembarco de la Bandera de la Paz en Bariloche

Este recorrido de deconstrucción de significados en torno a la Bandera de la Paz, devenida estandarte, nos permite comprender el fenómeno en sus manifestaciones actuales, tanto desde su lado laico como religioso.

La bandera es la segunda izada en Argentina, llega a la ciudad de Bariloche a través de relaciones y un acuerdo entre una agrupación Nueva Era local y Ricardo González, un maestro espiritual y canalizador12, todos ellos seguidores de Sixto Pax Wells fundador de la agrupación esotérica peruana Misión Rahma y también de Nicholas Roerich.

González, de origen peruano, actualmente reside en Córdoba, Argentina. Es un investigador del fenómeno ovni y escritor de libros que contribuyen a fomentar mitos y creencias en la existencia de ciudades sagradas y seres extraterrestres. En el año 2001 viajó a Bariloche y estrechó lazos con los creyentes locales, a los que ya conocía de otros encuentros espirituales. En ese año guió a la agrupación local para la realización de una exploración con el objetivo de encontrar la mítica Ciudad de los Césares13 (Alegría, Marzullo, Verlengia, Yrigoyen y Zapata, 2001). Una integrante de esa agrupación, M.14, fue una de las personas que posibilitó la instalación de la Bandera de la Paz en Bariloche (Andara, comunicación personal, 7 de diciembre, 2018).

Ricardo González se proclamó embajador de la Bandera de la Paz y en el año 2014 inició el proyecto de establecer un “Centro Roerich” en la Argentina, donando para tal fin un predio en la localidad de Capilla del Monte, en la provincia de Córdoba, donde reside actualmente. Debemos destacar que la zona del cerro Uritorco es un espacio sagrado para los creyentes, como el mismo González (Fernández, 2013). Esta región, ubicada en el valle de Punilla, desde mediados de la década de 1980 experimentó un proceso de “esoterización”. Allí convergen discursos que conjugan la espiritualidad New Age con las creencias y mitos de los indígenas comechingones y diversos relatos esotéricos (Otamendi, 2008; Flores, 2020), similar a lo que ocurre en Bariloche, a la que también le asignan el calificativo de “energética y mágica” (Fernandez, 2013).

Posteriormente, en el año 2015, Ricardo González será invitado a formar parte del Comité Internacional de la Bandera de la Paz, para coordinar centros en Perú y Argentina (González, s.f.). Cuando se iza por primera vez la Bandera de la Paz, en Capilla del Monte, en el 2015, se reencuentra con la barilochense M., quien junto a otros creyentes locales, decidieron traerla a nuestra ciudad.

En una entrevista realizada a González en el diario El Cordillerano (28 de octubre de 2018), explica que una reconocida dirigente social de la ciudad, fundadora de la escuela Kailén y la asociación Aldea Infantil, y otros amigos de la ciudad, se sumaron para llevar adelante este proyecto. Fue presentado por González en México a Alicia Rodríguez, actual presidenta del Comité Internacional por la Bandera de la Paz, quien aceptó volver a la Argentina. El objetivo de todos ellos era traer oficialmente el mensaje de la Bandera de la Paz a Bariloche.

El Comité Internacional por la Bandera de la Paz, otrora creado por Roerich, hoy es dirigido por la ex actriz de México Alicia Rodríguez, quien recorre diferentes partes del mundo llevando el estandarte y el mensaje de paz como lo hizo en Bariloche. Ha entregado este símbolo a diferentes instituciones, gubernamentales, educativas y religiosas y, a su vez, difunde estos ideales a través de charlas en radio y televisión, conferencias y seminarios (Comité Internacional por la Bandera de la Paz, s.f. c).

El proyecto de izar la bandera en la ciudad fue presentado por los seguidores locales ante el municipio de Bariloche y después de reiterados pedidos, fue tratado por el consejo municipal. Una entrevistada menciona, haciendo alusión a M.: “esta señora iba todos los días con su proyecto debajo del brazo, pero no conseguía que la atendieran hasta que de tanto insistir lo hicieron” (Andara, comunicación personal, 7 de diciembre, 2018). Con el proyecto 871/18 aprobado en la sesión del día 7 de junio de 2018, se declaró de interés municipal la entrega de la Bandera de la Paz y el nombramiento de Bariloche como “Ciudad de Paz”15.

La manera en que fue declarada de interés municipal nos remite al sentido laico, funcional y utilitario, que atiende a la intención de la paz en la localidad, en el país y en el mundo, aspecto reflejado en lo legislativo16. Sin embargo, para quienes buscaron instalarla en nuestra ciudad el significado es también espiritual, relacionado con sus creencias.

Para los seguidores de la Nueva Era locales y para González, la bandera es un “activador espiritual” (González, 2019) y se implanta en Bariloche porque piensan que la ciudad y la región conforman una zona o un espacio sagrado y energético, en el cual existen formas de contactar y acceder a otros planos espirituales (Alegría, et al., 2001). Estos pensamientos se sustentan en las narrativas de esoteristas y también de seguidores del movimiento Nueva Era, tanto a nivel local como internacional, acerca de la existencia de ciudades o enclaves mágicos o energéticos. Estos enclaves estarían ubicados en distintos puntos del planeta que se encuentran conectados y forman parte de una civilización intraterrena, dirigida por seres espirituales llamados la Hermandad Blanca, que guían el destino de la humanidad y posibilitan el crecimiento evolutivo espiritual de la Tierra. Bariloche sería uno de esos espacios, pues es donde existiría un portal hacia ese mundo que sería la Ciudad de los Césares, emplazada en algún lugar del cerro Tronador (Fernández, 2013)17.

Los creyentes retoman los elementos globales del movimiento, que se combinan con los locales preexistentes en el imaginario colectivo del lugar. Como señala Carla Graef (2006), el discurso de la Nueva Era se enriquece con las culturas locales (De la Torre y Mora, 2001), como también puede observarse en nuestro estudio de caso. Es decir, se amalgaman antiguas leyendas orientales, narrativas esotéricas, creencias en seres extraterrestres e intraterrestres que están ayudando a la evolución planetaria, así como el mito local de la Ciudad de Los Césares, para dar sentido o fundamento a determinadas creencias. Estos discursos son difundidos a través de diferentes portales web de maestros espirituales locales como Alex, An, Nora, entre otros, y contribuyen a alimentar el imaginario de Bariloche como ciudad mágica y energética, ligada según piensan a los planes divinos para dar comienzo a una Nueva Era, a una nueva humanidad (Fernandez, 2013). Citaremos como ejemplo lo afirmado por la maestra espiritual barilochense Anthena Arcturus, que se replica en distintos portales web, y que resume lo que significa para los creyentes este espacio, al que relacionan con el mito tibetano del Shambala18:

Es allí, en una zona a la que ustedes hacen llamar San Carlos de Bariloche, […] estamos creando las bases de una nueva Ciudad de Luz Planetaria…podríamos decirles que la nueva Shambala está comenzando a tomar forma en este lugar sagrado. […] Este lugar en el planeta Tierra en un futuro no muy lejano será el Portal de entrada no solo a diversas dimensiones si no también a diversos puntos de la Galaxia, el Universo y los Multiuniversos. (Anthena Arcturus, 10/10/10 en http://hermandadblanca.org/2010/10/30/mensaje-anthena-arcturus-misiom-cumplida-10-10-10/#.UqnGkdLuLN4).

El emblema se enarbola en Bariloche porque la ciudad y sus alrededores son considerados por los creyentes de la Nueva Era como un espacio sagrado. Siguiendo a Zeny Rosendahl (2009) lo entendemos como un campo de fuerzas y de valores que eleva a las personas religiosas más allá de sí mismas, transportándolas a un medio distinto de aquel en el que transcurre su existencia. El lugar sagrado es vivido y percibido con sentimiento y emoción por el creyente, que es quien lo diferencia de los lugares comunes por medio de los símbolos, los mitos y los ritos; lo sagrado ejerce su función de mediación entre el ser humano y la divinidad.

En este sentido, González menciona, haciendo suya una frase de Roerich, “que ondee la Bandera de la Paz sobre los centros de luz, sobre los altares y baluartes de la espiritualidad” (González, 2020)19. Plantea que la implantación de la bandera permitirá comenzar una nueva etapa: “empezará entonces una nueva etapa para nosotros bajo el eterno auspicio del Símbolo Sagrado” (González, 2018)20.

Bariloche, al igual que el cerro Uritorco en Capilla del Monte21, Córdoba, donde fue izada por primera vez la bandera en la Argentina, son lugares sacralizados y que estarían conectados entre sí, porque forman parte de este entramado de ciudades y localidades consideradas energéticas según los creyentes locales (Fernandez, 2013). En este contexto de creencias se instala el emblema en Bariloche. Para los creyentes, la bandera y la imagen plasmada en ella les permitirá contactar con esos seres espirituales de la Hermandad Blanca, siendo considerada “el símbolo de la armonía entre el cielo y la tierra, […] el espíritu divino que abrace a la Humanidad para darle Paz, Armonía y Felicidad” (Rodríguez, s.f.)22.

El 20 de octubre de 2018 se llevó a cabo el acto de entrega de la Bandera de la Paz al intendente de Bariloche y también su declaración como "Ciudad de Paz". La ceremonia se realizó en el hotel Edelweiss23 donde, entre otros, siempre se realizan eventos relacionados al mundo esotérico. El acto fue presidido por el intendente Gustavo Gennuso, la Dra. Alicia Rodríguez, presidenta del Comité y Ricardo González como coordinador en Argentina del Comité de la Bandera de la Paz. Una entrevistada que estuvo presente, nos mencionó que fue una ceremonia particular cargada de simbolismo:

Los organizadores iban todos vestidos de blanco y alzaban sus manos reverenciando la bandera que fue entregada al Intendente. Estaban organizados como si fuera una coreografía, un rito. Primero entraron los de su comitiva, gente joven, todos vestidos de blanco, y como reverenciando dieron paso a la presidenta del comité, que parecía como vestida de fiesta, radiante. (Andara, comunicación personal, 7 de diciembre, 2018)

Posteriormente al acto, el estandarte fue izado en la denominada Plaza de la Catedral, que se encuentra en las calles Frey y 12 de Octubre, junto a la catedral de Bariloche, Nuestra Señora del Nahuel Huapi. Según Andara, la agrupación local y González eligieron ese lugar exacto porque allí hay una “energía particular”: “el espacio lo eligieron ellos, porque decían que era energético” (Andara, comunicación personal, 7 de diciembre, 2018). También nos comentó que la bandera izada es acompañada de un rito en el que se utiliza la bandera original (figura 2), que se traslada a cada ceremonia realizada en distintas partes del mundo. Es una gran bandera de casi tres metros que ondea durante un corto tiempo y luego es reemplazada por otra más pequeña que será la que quedará de forma definitiva.


Figura 2
Presentes durante el izado de la bandera
Centro Roerich, 2018.

El símbolo sagrado del “Chintamani” que se mece con el viento en Bariloche, como señala Geertz (1973), construye una visión de la realidad diferente, una serie de significaciones religiosas que se traducen en el ícono. Marcas como éstas pueden ser interpretadas como formas desiguales de apropiación del territorio y de cristalización de procesos de diversidad religiosa (Flores y Giop, 2017).

Por medio del Facebook del Centro Roerich, al año siguiente de izada la bandera, el 21 de octubre del 2019, Ricardo González envía unas palabras a sus discípulos barilochenses para agradecerles todo el apoyo brindado para posibilitar “sembrar la semilla de la paz” en Bariloche. En este mensaje hace referencia al significado espiritual de la bandera, a la que consideran un símbolo sagrado:

[…] la bandera fue izada y "anclada" en el parque de la catedral, […] la colocación de este símbolo sagrado va más allá del protocolo y la foto en los diarios. […] esto es mucho más profundo que entregar una bandera, colocar placas y firmar documentos. La Bandera es un "activador" espiritual. […] Gracias por ser y estar. Por demostrar de que no hay limitaciones cuando existe entrega y compromiso por una misión. (González, 2019).

En estas palabras podemos distinguir el otro significado, el espiritual. Para los creyentes en la Nueva Era, la bandera es un símbolo sagrado, que está relacionado con la misión de acompañar a la humanidad para que ingrese en esta, una nueva época de paz y prosperidad, una utopía que cobra relevancia en este nuevo siglo. El emblema así simboliza el cambio hacia esa “nueva” forma de pensar relacionada con lo espiritual, y transforma un espacio público en espacio sacralizado, por medio de rituales, artefactos comunicativos que consagran y sacralizan un territorio como tal (Segato, 2009).

El símbolo se convierte en un agente portador (Burke, 2005), en este caso, de una esperanza en un cambio hacia un mundo mejor; en un objeto de culto que tiene la capacidad de llevar un mensaje, de transmitir una enseñanza. Por lo tanto conlleva una construcción de sentido particular, que dota al lugar en el que se emplaza de una sacralidad. Estos territorios sagrados, “son un ancla geográfica, pues en él están implantadas las diferentes formas en que se materializa tal creencia” (Mouga Poças Santos, 2009: 209). Los vínculos a un territorio sagrado vivido o imaginado, como un espacio cargado de significados y de representaciones, tienen un carácter emblemático, que se traduce en una apropiación multiforme en la que sobresalen los aspectos simbólicos. Es un lugar que se presenta como aglutinador de creencias, a la vez que congrega a los creyentes convirtiéndose en un punto de reunión para encuentros, celebraciones de rituales y/o veneraciones. Es decir, cumple un importante papel en la formación de la identidad del grupo, ya que tiene la virtud de promover y favorecer sentimientos, relaciones de pertenencia y el soporte geográfico para los actos religiosos (Mouga Poças Santos, 2009).

Para finalizar, podemos decir que la Bandera de la Paz, con su carga simbólica y la ritualidad que la rodea, señala, demarca y reafirma este espacio de Bariloche, transformándolo manifiestamente en sagrado, pasando así a formar parte del imaginario religioso global del movimiento Nueva Era.

Palabras finales

En el presente artículo realizamos un recorrido en el que abordamos el movimiento Nueva Era y su manifestación en Bariloche. Analizamos las condiciones de surgimiento y el significado de la Bandera de la Paz para su creador y para los seguidores locales de la Nueva Era. Finalmente, nos adentramos en la instalación del emblema en la ciudad y el proceso de visibilización que genera para el movimiento en el espacio local.

La Bandera de la Paz como símbolo sagrado para los creyentes, delimita, demarca y construye una territorialidad, reafirmando a Bariloche como espacio sagrado dentro de la lógica de funcionamiento del movimiento Nueva Era. Es una construcción simbólica que aporta a su corpus de creencias un mito más acoplado a los existentes, contribuyendo a fortalecer y a ampliar el imaginario religioso global del movimiento. Su lado laico, funcional, utilitario, representa la protección del patrimonio y la paz, pero para los seguidores es un símbolo con otra connotación, sagrado, que implica dar comienzo a una Nueva Era, la de Acuario. Estas creencias, que tienen su origen a comienzos del siglo XX, en el siglo XXI recobran ímpetu ante un mundo cada vez más caótico y amenazante, lleno de incertidumbres, pero más abierto a este tipo de creencias, antes perseguidas y por lo tanto ocultadas. El 20 de octubre del 2018 comenzó a flamear la Bandera de la Paz en el cielo de Bariloche, un símbolo religioso gestado a principios de siglo XX y traído hoy, en el siglo XXI, a este confín del mundo.

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Notas

1 El presente trabajo forma parte de una investigación sobre el movimiento Nueva Era en Bariloche, provincia de Río Negro, que desembocó en una tesis de licenciatura en Historia, defendida en 2013. Actualmente se continúa desarrollando el tema en el marco del doctorado en Historia de la UNCo.
2 Seguimos lo planteado por Villoro (1996), para quien la creencia es un estado disposicional adquirido, que causa un conjunto coherente de respuestas debido a que el individuo actúa determinado por un objeto o situación objetiva aprehendidos.
3 Se analizaron 40 blogs y 14 páginas web de maestros espirituales a partir de los cuales se rastrearon sus discursos y sus redes de seguidores en la web y en la red social Facebook.
4 Como ejemplo podemos mencionar algunos de los blogs de Alex (http://alexiis-vozdelaluz.blogspot.com/; http://escritores-canalizadores.blogspot.com.ar/; http://alexiis-metafisica.blogspot.com/); de Igneon y Rowina (http://voz-del-amor-5.blogspot.com/). La página web o el facebook de Anthena (https://www.anthenaarcturus.com/; https://www.facebook.com/cartasanthenaarcturus)
5 Esta expresión discursiva se encuentra presente en todos los sujetos entrevistados: Sai, entrevistada por la autora, Bariloche, 5 de enero de 2012; Alex, entrevistada por la autora, Bariloche, 15 de febrero de 2012; Cris, entrevistado por la autora, Bariloche, 20 julio 2013; An, entrevistada por la autora, Bariloche, abril 2013.
6 Por ejemplo An, Alex, Cris y todos aquellos creyentes que han sido entrevistados durante el proceso de realización de la tesis de licenciatura, entre 2012 y 2014, plantean una terminología o ciertos conceptos, o creencias específicas que claramente tienen su origen en el esoterismo, es decir se nutren, leen y siguen la literatura producida por esoteristas. Por ejemplo, la idea de “registros akáshicos” (una suerte de “biblioteca” donde creen están registrados todos los acontecimientos de la vida de cada persona en el planeta), la creencia en que existe una “hermandad blanca” (seres espirituales que guían al mundo) o que existió un continente que se llamaba Lemuria, etc.
7 Graeff (2006) hace referencia a la combinación de elementos locales y globales en el movimiento Nueva Era.
8 Alex, entrevistada por la autora, Bariloche, 15 de febrero de 2012; Cris, entrevistado por la autora, Bariloche, 20 julio 2013.
9 Arguelles creó la Fundación para la Ley del Tiempo y el Movimiento de Paz por el Nuevo Tiempo. Tenía por objetivo promover e instalar un calendario diferente al gregoriano, el Calendario de 13 Lunas, que se regía por el ciclo lunar. Para ello crea el “Movimiento de Paz por el Nuevo Tiempo”, con el objetivo de lograr la aceptación de este calendario a nivel mundial. Fue seguidor de Nicholas Roerich.
10 Canalización es un término utilizado para referirse al contacto con seres espirituales (Melton, 1992 en Carozzi,1995)
11 La obra del pintor puede encontrarse en el Roerich Museum Nueva York.
12 Los canalizadores dicen comunicarse con una o varias entidades del plano espiritual que le transmiten mensajes para la evolución de la humanidad.
13 El mito de la Ciudad de los Césares tiene su origen en historias de náufragos y exploradores perdidos. Los registros más antiguos se hallan en los viajes de Sebastián Caboto en el año 1527, quien fundó el fuerte Sancti Spiritus, cercano a la confluencia de los ríos Paraná y Carcarañá. En 1528 envió distintos exploradores a recorrer la región; una exploración estuvo a cargo del capitán Francisco César, quien a su regreso testimonió haber encontrado una ciudad con grandes cantidades de oro, plata y piedras preciosas. A partir de este relato surgieron diversas versiones sobre el paradero de la ciudad, ubicándola en sectores de Patagonia incluida la zona del Nahuel Huapi en Río Negro. (Pérez, 2005 en De Angelis, 2005).
14 Se utilizará la inicial M. para preservar la identidad de la persona mencionada.
15 La presentación fue avalada por los concejales Julia Fernández, Gerardo Ávila, Diego Benítez, Claudia Contreras, Viviana Gelain, Carlos Sánchez y Cristina Painefil. (Proyecto de Declaración Municipal 871/18).
16 La ley nacional 26.819 sancionada el 28 de noviembre del 2012 por el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina declaró el 21 de septiembre de cada año como Día Internacional de la Paz en adhesión a las resoluciones 36/67 (1981) y 55/282 (2001) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta ley en sus artículos autoriza a izar la Bandera de la Paz en los edificios públicos del Estado nacional, de las provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, así como en los establecimientos escolares públicos y privados de todo el territorio nacional. En el anexo del documento se muestra el diseño que compone la bandera, que consiste en el círculo magenta con las tres esferas. Debemos mencionar que en estas resoluciones de la ONU, no se hace referencia a banderas o emblemas de la paz. Puede consultarse la ley en: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/205000-209999/206865/norma.htm y las resoluciones de la ONU en: https://www.un.org/es/events/peaceday/2015/
17 En nuestra localidad de estudio, los maestros espirituales, Alex, An, Cris, Nora, González y sus seguidores, entre otros creyentes, afirman la existencia de estos espacios sagrados, siguiendo lo planteado por esoteristas nacionales como Benjamín Solari Parravicini, Pedro Romaniuk e internacionales como Vicente Anglada, Sixto Pax Wells y Rubén Trigueirinho, entre otros (Fernandez, 2013). Fabián Flores (2020) también menciona al maestro espiritual Ángel Cristo Acoglanis, quien también afirmaba junto a otro esoterista brasileño Trigueirinho que en la zona del Uritorco estaba enclavada otra ciudad “etérica” llamada Erks.
18 Los creyentes barilochenses entrevistados afirman que la ciudad de Shambala surgirá en la Patagonia. La leyenda budista de Shambala consiste en la creencia de una tierra legendaria, una especie de paraíso budista tibetano, al que los creyentes llegarían después de una batalla mundial entre las fuerzas de la luz (fe budista) y las fuerzas de la oscuridad (otras creencias). Se origina a comienzos de la Edad Media cuando los budistas trataban de frenar el avance de los musulmanes en el norte de la India (Znamenski, 2011).
19 Relato disponible en: https://www.facebook.com/centroroerich/posts/2372099422936077
20 Disponible en: https://www.facebook.com/centroroerich/posts/1578991122246915
21 Como menciona Flores (2020), los creyentes afirman que se encuentra la “ciudad etérica” de “ERKS”
22 Disponible en: http://www.banderadelapaz.org/bandera/simbologia.shtml
23 Es un hotel de cuatro estrellas, ubicado en el centro de la ciudad

Información adicional

ARK: http://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537081/agfs39rh7



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