ASPECTOS PSICOSOCIALES DEL MUNDO LABORAL
Emprendedoras de la Economía Popular en Moreno: Un análisis de los riesgos psicosociales en el trabajo
Popular Economy entrepreneurs from Moreno: An analysis of psychosocial risks in the workplace
Empreendedoras da Economia Popular em Moreno: Uma análise dos riscos psicossociais no trabalho
Emprendedoras de la Economía Popular en Moreno: Un análisis de los riesgos psicosociales en el trabajo
Trabajo y sociedad, vol. 25, núm. 43, pp. 129-150, 2024
Universidad Nacional de Santiago del Estero. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Instituto de Estudios para el desarrollo Social (INDES)
Recepción: 26 Febrero 2024
Recibido del documento revisado: 05 Abril 2024
Aprobación: 12 Abril 2024
RESUMEN: Los cambios en el mundo del trabajo llevan a los trabajadores a desarrollar estrategias de autogestión para la generación del trabajo. Estas experiencias productivas se encuentran expuestas a un mayor nivel de precariedad, a la desregulación de los vínculos laborales y a un proceso de intensificación de la jornada de trabajo que lleva a los trabajadores a enfrentar procesos de desgaste y a una mayor desprotección sobre su salud y las condiciones de trabajo. En el siguiente trabajo nos proponemos como objetivo analizar las condiciones de trabajo y la salud laboral en un grupo de emprendedoras textiles de la Economía Popular de Moreno. Para ello, procuraremos identificar las principales características del proceso de trabajo de las emprendedoras textiles morenenses, así como sus condiciones de trabajo y su salud laboral. Siguiendo este objetivo, tomamos el enfoque de los Riesgos Psicosociales y partiremos de una metodología cualitativa de trabajo basada en la observación participante y una serie de entrevistas en profundidad realizadas a emprendedoras textiles de Moreno e informantes claves de la localidad y del sector.
Keywords: Entrepreneurs, work process, Psychosocial Risks at work.
ABSTRACT: The changes in the work lead workers to develop self-management strategies to ensurance a job. These productive experiences are exposed to a higher level of precariousness, deregulation, and to an intensification of the work, leading workers to face processes of vulnerability regarding their health and working conditions. The following study aims to analyse the working conditions and occupational health in a group of textile entrepreneurs from the Popular Economy of Moreno. To achieve this, we will seek to identify the main characteristics of the work process of the Moreno's associative textile entrepreneurs, as well as their working conditions and occupational health. Pursuing this objective, we adopt the approach of Psychosocial Risks and will use a qualitative methodology based on participant observation and a series of in-depth interviews conducted with associative textile entrepreneurs from Moreno and key informants from the local area and the sector.
Palabras clave: Emprendimientos, proceso de trabajo, Riesgos Psicosociales en el trabajo.
RESUMO: As mudanças no mundo do trabalho levam os trabalhadores a desenvolver estratégias de autogestão para a geração de trabalho. Essas experiências produtivas estão sujeitas a um maior nível de precariedade, à desregulamentação dos laços trabalhistas e a um processo de intensificação da jornada de trabalho, levando os trabalhadores a enfrentar processos de desgaste e maior desproteção em relação à sua saúde e condições de trabalho. Este trabalho tem como objetivo analisar as condições de trabalho e a saúde ocupacional de um grupo de empreendedoras associativas têxteis da Economia Popular de Moreno. Para isso, buscaremos identificar as principais características do processo de trabalho das empreendedoras têxteis de Moreno, bem como suas condições de trabalho e saúde ocupacional. Seguindo este objetivo, adotamos a abordagem dos Riscos Psicossociais e utilizaremos uma metodologia qualitativa baseada em observação participante e uma série de entrevistas em profundidade realizadas com empreendedoras associativas têxteis de Moreno, bem como informantes-chave da localidade e do setor.
Palavras-chave: Empreendimentos, processo de trabalho, Riscos Psicossociais no trabalho.
SUMARIO
Introducción 2. Economía Popular en Moreno y proceso de trabajo en las emprendedoras textiles 2.1. La Economía Popular en Moreno 2.2. Proceso de trabajo en las emprendedoras textiles de Moreno 3. Los riesgos psicosociales en emprendedoras textiles de Moreno 3.1. Condiciones y medioambiente de trabajo y tiempo de trabajo 3.2. Autonomía y margen de maniobra 3.3. Exigencias emocionales 3.4. Percepciones acerca del valor y el sentido del trabajo 3.5. Vínculos sociales 3.6. Estabilidad y seguridad laboral 4. Reflexiones finales 5. Referencias bibliográficas
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Introducción
El presente artículo1 se fundamenta en una investigación realizada en el marco de una tesis de maestría (Guglialmelli, 2022) y una tesis de doctorado en desarrollo. A partir de un abordaje cualitativo buscamos describir el proceso de trabajo de las emprendedoras textiles de la Economía Popular de Moreno e identificar los riesgos psicosociales en el trabajo.
Partimos de la premisa, que tomamos de la sociología del trabajo, de que los factores de riesgos psicosociales se derivan principalmente de cómo se organiza el proceso de trabajo, esto es, cómo la fuerza de trabajo, a través de la utilización de herramientas, maquinaria y tecnología, es capaz de modificar y transformar la realidad, procesar información, producir conocimiento para producir bienes y servicios (Neffa, 2019). Asimismo, retomamos las contribuciones de la Medicina Social Latinoamericana (Laurell, 1978, 1986; Laurell y Noriega, 1987), quienes sostienen que el proceso salud-enfermedad posee un carácter histórico-social y debe analizarse teniendo en cuenta una perspectiva económica, política y social (que abarca el proceso de trabajo).
Siguiendo lo anterior tomamos los aportes del enfoque de los Riesgos Psicosociales en el Trabajo (Gollac, 2011; Henry, 2017; Neffa, 2015), definiéndolos como los riesgos para la salud física, mental y social de los trabajadores que se producen como consecuencia de las condiciones de trabajo y de los aspectos organizacionales y relacionales del proceso de trabajo. Estos factores de riesgo psicosocial pueden operacionalizarse siguiendo algunos ejes de análisis: 1. las condiciones, exigencias, intensidad y el tiempo de trabajo; 2. el trabajo emocional; 3. la autonomía en el trabajo y el margen de maniobra; 4. las relaciones sociales y el trabajo; 5. los conflictos éticos o de valores; 6.la estabilidad y la seguridad de la situación laboral.
Dado que nuestro referente empírico son los emprendimientos de la Economía Popular, resulta relevante señalar que en América Latina y en Argentina en los últimos años el trabajo clásico fue perdiendo cada vez más su centralidad debido a la emergencia de nuevas modalidades de trabajo ampliadas (De la Garza Toledo, 2009). La Economía Popular se caracteriza por procesos de trabajos familiares, individuales o asociativos en pequeños grupos y redes, con herramientas y maquinarias simples, con producción artesanal, con dificultades de acceso a organizaciones sindicales y con trabajo doméstico, en el espacio público y/o callejero (Bertellotti, 2019; Chena, 2017; Coraggio, 2016; De la Garza Toledo, 2009; Fernández Mouján, Maldovan Bonelli y Ynoub, 2018). En los últimos años ha surgido en la Economía Popular una demanda por el reconocimiento (Maldovan Bonelli y Melgarejo, 2019) de la figura de trabajador de la Economía Popular. Esta demanda suele articularse en torno a movimientos sociales para quienes la figura del trabajador constituye un locus identitario. Dentro de ese universo de trabajadores de la Economía Popular, incorporamos la figura del emprendedor popular.
Se suele definir al emprendedurismo desde la lógica meritocrática empresarial, no obstante, esta acepción se aleja de la realidad de los sectores populares que encuentran en el emprendimiento una solución a la expulsión del mercado laboral o a situaciones de explotación. Por ello, trabajamos con el concepto de emprendedoras desde su acepción popular teniendo en cuenta una serie de cuestiones. En primer lugar, desde una perspectiva teórica, la literatura de la Economía Social y Solidaria latinoamericana se ha referido al emprendedurismo como una actividad económica autogestionada y alternativa (Coraggio, Laville y Cattani, 2013; Coraggio, 2013; Coraggio, 2016; Gaiger, 2003, 2008). En segundo lugar, desde una perspectiva explicativa, es una categoría flexible que nos permite enmarcar las diversas y heterogéneas actividades que llevan adelante las emprendedoras textiles y su especificidad. En tercer lugar, desde una perspectiva sociológica, el emprendimiento no es sólo una categoría teórica, sino que en el caso de las trabajadoras entrevistadas ellas mismas se identifican como emprendedoras. Por último, la decisión de utilizar la categoría de emprendimiento es también política y busca disputar el sentido que le ha otorgado el paradigma meritocrático de la igualdad de oportunidades (Dubet, 2014). La categoría de emprendedor nos permite entonces pensar en un trabajador ampliado cuyo proceso productivo es simple, de baja escala, atípico y autogestionado.
Por su parte, en lo que refiere al sector textil, históricamente ha sido caracterizado como una actividad “típicamente feminizada”. Dentro de las modalidades de la Economía Popular en Argentina2, el sector textil tiene un gran peso (Bertellotti, Fara y Fainstein, 2019). Es un sector vulnerable (Campana y Rossi Lashayas, 2020; Lusardi, 2020) con altos niveles de informalidad y precariedad. La producción textil suele caracterizarse por tercerizar la producción en pequeños talleres, muchos de ellos domésticos, clandestinos (Goldberg, 2013) y/o familiares con una alta feminización (Gago, 2014). En condiciones precarias, vulnerables e incluso en situaciones de explotación donde se producen situaciones de riesgos para su salud (Goldberg, 2013). Aun cuando hay grados de formalidad en la industria textil, persisten las condiciones de trabajo precarias (Guglialmelli, 2022; Delmonte Allasia, 2018).
Particularmente en nuestra investigación, tomamos el caso de 22 emprendedoras que se dedicaban, al momento de realizar el trabajo de campo, a la actividad textil. Estas mujeres llevaban adelante la comercialización de sus productos de manera asociativa y gran parte del proceso de trabajo lo realizaban en el hogar. En el ámbito doméstico se improvisaban espacios precarios que funcionaban como talleres (originariamente destinados a lavaderos, cobertizos, etc). Para comercializar sus productos recurrían a ferias municipales y espacios de comercialización locales.
Tomando la experiencia productiva de estas emprendedoras textiles, nos preguntamos: ¿Cómo es su proceso de trabajo? ¿A qué riesgos psicosociales se encuentran expuestas?
Para responder a estas preguntas, estructuramos el trabajo en tres apartados: 1- una descripción de la Economía Popular en Moreno y del proceso de trabajo de las emprendedoras textiles de Moreno 3- un análisis de los riesgos psicosociales operacionalizando sus ejes de análisis y, por último, 4- unas reflexiones finales que retoman las preguntas iniciales.
Metodológicamente nuestra investigación se asienta en un abordaje cualitativo, en donde se llevaron adelante entrevistas en profundidad con 11 informantes claves que se seleccionaron de manera no representativa de acuerdo con su rol o función y 22 entrevistas semi- estructuradas a emprendedoras textiles de la localidad de Moreno. Estas entrevistas se realizaron entre noviembre de 2020 y julio de 2021. Asimismo, se realizaron observaciones participantes en ferias donde comercializan las emprendedoras y se sistematizó un corpus de 141 documentos que seleccionamos por su relevancia para nuestro análisis tales como documentos, artículos, informes, resoluciones y normativas.
2. Economía Popular en Moreno y proceso de trabajo en las emprendedoras textiles
En este apartado abordamos el proceso de trabajo en emprendedoras textiles de Moreno. En primer lugar, presentamos las características del partido de Moreno y de la Economía Popular en la localidad. En segundo lugar, describimos la organización del proceso de trabajo de las emprendedoras textiles de Moreno.
2.1. La Economía Popular en Moreno
Moreno es uno de los 24 municipios que forman la región del Gran Buenos Aires y pertenece al segundo cordón o corona del conurbano bonaerense. Este cordón es el más dinámico ya que ha experimentado un crecimiento acelerado desde la segunda mitad del S.XX hasta el último censo en 2010. Cuenta con una fuerte presencia de emprendimientos asociativos, familiares o individuales con características heterogéneas. Las redes, federaciones, movimientos de la Economía Popular, cooperativas y cooperativas sociales, ferias y espacios de comercialización asociativos coexisten y se vinculan estrechamente con los emprendimientos asociativos.
El partido se distingue, a su vez, por haber sido el escenario de surgimiento de experiencias colectivas y territoriales que generaron a nuevas prácticas asociativas, como la creación del primer Banco Social municipal, la primera marca colectiva y un transporte público comunitario. Los actores de la Economía Popular se encuentran fuertemente vinculados al Estado local a través del Instituto Municipal de Desarrollo Local (IMDEL)3.
En cuanto a los emprendimientos asociativos, estos trabajan en articulación con espacios y redes que facilitan la comercialización y la vinculación con otros emprendedores. Entre ellos, se destaca el Hecho en Moreno (HEM), espacios de comercialización colectivos, federaciones y ferias municipales.
El HEM fue la primera marca asociativa registrada en el Ministerio de Desarrollo Social. Fue creado por el IMDEL en el año 2004, con un fuerte crecimiento entre los años 2005- 2009. El municipio es el responsable de la organización del HEM y su vínculo con los emprendedores ha ido transformándose con los diferentes gobiernos municipales. Para las emprendedoras, el HEM es parte de su cotidianeidad y casi todas las entrevistadas han establecido vínculos con la marca. No obstante, no es el único espacio de asociación de las emprendedoras textiles morenenses.
Además del HEM, muchas emprendedoras textiles forman parte de espacios de comercialización asociativos que surgen de las experiencias y vinculaciones de las emprendedoras. A su vez, comercializan en ferias organizadas por organizaciones sociales o federaciones y en ferias organizadas por el municipio de Moreno, entre las que se destacan el Mercado Popular realizado en la plaza central de Moreno, la feria de Artesanos y Productores de la Plaza Buján, programas de ferias itinerantes o Mercado en tu Barrio y ferias temáticas (navideñas, pascuas, feria de mujeres, etc).
2.2. Proceso de trabajo en las emprendedoras textiles de Moreno
Como hemos mencionado previamente los emprendimientos asociativos son mayoría dentro de la Economía Popular en Moreno, entre los que se distinguen los emprendimientos gastronómicos y textiles (Repetto, 2010). En lo que respecta al emprendedurismo textil, se trata de un sector altamente feminizado que emerge para garantizar la supervivencia económica de las unidades domésticas. Los emprendimientos aparecen como compatibles con las tareas reproductivas y de cuidado o con otros trabajos que garantizan ingresos extras. Muchas veces emergen en el marco de procesos de expulsión de sus lugares de trabajos o de situaciones previas de explotación (Gago, 2014; Goldberg, 2013). Una característica en común de las emprendedoras entrevistadas es que muchas de sus experiencias autogestionadas surgieron como resultado de la crisis del 2001 o bien comenzaron a vincularse y comercializar en espacios como el HEM, ferias municipales, espacios de comercialización, federaciones y organizaciones que emergieron en el período 2001-2006 como respuesta a la crisis. A partir de estas experiencias, se entretejieron redes y vínculos de producción y comercialización, fundamentalmente primando la asociación para la comercialización.
Otro aspecto de relevancia es que, a diferencia de modalidades clásicas, la producción no se reduce a la confección de prendas y productos, sino que el proceso de trabajo incluye una serie de actividades que van desde la selección y adquisición de materiales y maquinaria hasta la comercialización y la contaduría.
Para analizar el proceso de trabajo de las emprendedoras textiles, lo dividimos en etapas: selección y adquisición de materiales y maquinarias (y su mantenimiento/renovación), diseño y confección de la prenda/producto, empaquetado y presentación del producto, publicidad y manejo de redes sociales, comercialización, administración.

La selección y adquisición de materiales y maquinarias requiere el desarrollo de diversas estrategias como el traslado de largas distancias, la adquisición de retazos, la toma de préstamos por parte del IMDEL, entre otras:
“Hay una feria a media cuadra de casa donde consigo elásticos baratos, pedacitos de tela para hacer cosas chiquitas, pero para hacer una prenda ya no, ya voy a otro lado. Por suerte dentro de todo es barato, le compro a una señora que vive cerca de casa que trae telas por retazos y una tela por metro la vende a mitad de precio” (Atalía, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
En lo que respecta a las maquinarias, muchas emprendedoras las reciben a través de microcréditos de programas nacionales de Desarrollo Social, de la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI) o de programas municipales:
“Recibí buenas noticias desde el IMDEL, me inscribí para las máquinas porque nos van a dar herramientas así q pronto voy a tener mi máquina” (Carolina, emprendedora asociativa textil del HEM, entrevista personal, 2021).
Para la confección de prendas, las emprendedoras utilizan al menos tres tipos de máquinas industriales: recta, overlock y collareta. Existen a su vez otras máquinas que pueden ser utilizadas en el proceso de confección de prendas: la máquina de corte, la cerradora, la botonadora, la ojaladora, entre otras maquinarias que realizan diferentes tipos de costura, acabado o detalles de la prenda.
En general, las emprendedoras poseen en su mayoría máquinas de tipo industrial, pero algunas trabajan con maquinarias domésticas o bien comenzaron con máquinas de tipo domésticas y posteriormente adquirieron industriales. Si se utilizan máquinas industriales, que se caracterizan por su rapidez y su capacidad de producción, se debe contar con un espacio destinado específicamente para su utilización por su gran tamaño y peso.
No todas las emprendedoras poseen las maquinarias necesarias para realizar la totalidad del proceso de trabajo, por lo que muchas veces deben pedir prestadas máquinas o tercerizar la producción:
“Tengo que ir a otra persona a que me haga los ojales porque no tengo máquina de hacer ojales. Llamar y si ella tiene tiempo tengo que viajar. No es muy lejos pero es contramano: tengo que tomar dos colectivos, voy con las bolsas… Me molesta un poco eso, pero también sé que queda prolijo, a mano no te quedan bien y te cansa” (Atalía, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Se utiliza un tipo de tecnología básico en el proceso de trabajo, con máquinas pequeñas donde resalta un estilo artesanal de baja escala. La producción se realiza mayoritariamente en sus hogares, muchas veces con faltas de espacios o con superposición de los espacios reproductivos:
“Trabajo en casa, tizo, corto a mano (no tengo máquina de corte) y coso a máquina, tengo tres máquinas. Tengo un espacio en casa pero hay retazos y moldes por todos lados, mi marido y mis chicos se quejan” (Ingrid, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
La confección es un proceso en etapas: primero está la moldería, que requiere un saber específico y es también el momento de diseño de la prenda. Luego está el tizado y corte de la tela, que puede realizarse manualmente o con mesa y maquinaria específica. A continuación, se cose la prenda y por último se pasa a la terminación y los detalles finales.
Además de la confección, las emprendedoras empaquetan y presentan el producto. Algunas le agregan valor al empaquetado con la elaboración de bolsas de tela y objetos decorativos, lo que requiere un paso extra en el proceso de trabajo. Asimismo, también se ocupan de alguna forma artesanal de publicidad y manejo de redes sociales, cuya utilización se intensificó a partir de la pandemia por COVID-19.
Ahora bien, si bien el trabajo de confección se realiza de manera familiar o individual en el ámbito doméstico, el carácter asociativo y colectivo de estas emprendedoras se despliega a la hora de comercializar, donde establecen estrategias conjuntas como las marcas colectivas, ferias, tiendas y espacios de comercialización.
En las ferias poseen días y horarios de trabajo ya asignados, con jornadas de trabajo extenuantes al aire libre. Para las emprendedoras la confección de la prenda aparece un proceso aparte de la comercialización:
“Ahora estoy tratando de delegar un poquito lo que es comercialización, porque son como dos trabajos en uno, lo que es fabricación y comercialización y los dos demandan mucho tiempo” (Rosa, emprendedora asociativa textil y de un espacio de comercialización, entrevista personal, 2021).
Uno de los canales de comercialización que creció en el último tiempo fueron las redes sociales como consecuencia de la pandemia COVID-19 y del crecimiento de este medio. En relación con los aspectos administrativos del emprendimiento, estos también quedan a cargo de las emprendedoras, aunque cuentan con un área del IMDEL destinada a asistirlas en caso de que así lo requieran.
En resumen, el proceso de trabajo es heterogéneo y las emprendedoras despliegan diferentes estrategias para la adquisición de maquinarias, materiales y la comercialización: desde las estrategias de abaratamientos de costos, trabajos conjuntos, la adquisición de maquinarias y el espacio de comercialización. En general, en el espacio doméstico el trabajo es de tipo individual o familiar, pero en las ferias o espacios de comercialización se despliegan estrategias.
3. Los riesgos psicosociales en emprendedoras textiles de Moreno
Para abordar los riesgos psicosociales a los que se ven expuestas las emprendedoras textiles de Moreno, trabajamos operacionalizando y analizando en base a seis ejes: las condiciones y medio ambiente de trabajo y tiempo de trabajo, la autonomía y el margen de maniobra, las exigencias emocionales, las percepciones acerca del valor y el sentido del trabajo, los vínculos sociales, la estabilidad y la seguridad laboral.
3.1. Condiciones y medioambiente de trabajo y tiempo de trabajo
En su proceso de trabajo, las emprendedoras textiles de Moreno se enfrentan a diversas exigencias, limitaciones e intensidades. Aspectos como las Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CyMAT) (Neffa, 2002), la intensidad, la duración, el ritmo, la flexibilidad o rigidez afectan el proceso de trabajo y el bienestar físico y psicosocial de los trabajadores.
Nos interesa entonces abordar las demandas y exigencias que se desprenden de las configuraciones y duraciones del tiempo de trabajo, sus esfuerzos, los riesgos a los que se ven expuestas y el ritmo en el cual realizan sus actividades y tareas.
Para ello, tomamos dos dimensiones: CyMAT y el tiempo y la intensidad del trabajo. Las CyMAT son aquellos factores socio- técnicos y organizacionales del proceso de producción y de los factores de riesgo del medioambiente de trabajo (Neffa, 2002). Por su parte, el tiempo de trabajo remite a aquellos factores de la organización del proceso de trabajo que se relacionan con el tiempo -ya sea de trabajo o de descanso-: el aumento o aminoramiento de la intensidad del trabajo, las restricciones temporales, las metas y objetivos, las interrupciones.
Las condiciones de trabajo de las emprendedoras textiles dependen de las características domésticas y asociativo- familiares del proceso de trabajo. Los espacios de trabajo son los hogares y los lugares de comercialización entre los que se destacan las ferias, en donde trabajan al menos entre una y tres veces por semana desde la mañana hasta la tarde.
En el hogar, algunas emprendedoras pudieron armar o construir un taller en alguna habitación o terreno, mientras que otras poseen las máquinas en los espacios de uso común de la familia, exponiéndose a una superposición con los espacios domésticos y de cuidado:
“Trabajamos desde casa, tenemos dos máquinas. Están en el comedor, no tenemos taller. Aparte estamos alquilando nosotras y no nos queda mucho espacio” (Morena, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Tener un espacio destinado al taller puede reducir la fatiga y las cargas domésticas al evitar esta superposición y separar los espacios de trabajo de los espacios de las tareas reproductivas y de cuidado. No obstante, no siempre estos talleres domésticos cuentan con las condiciones adecuadas para favorecer un buen ambiente de trabajo. Muchas veces los talleres se arman en habitaciones que originariamente no estaban planificadas para ese fin (como lavaderos o cocheras) y suelen tener malas condiciones ambientales como ser lugares calurosos, poco espaciosos o con ventilación deficiente:
“Ahora en la parte del fondo de mi casa tengo como un lavaderito que lo reacomodé y me hice un cuarto de costura, pero este año, hará un mes. Sino tenía que trabajar un poco en la cocina, un poco en el dormitorio, un lío bárbaro” (Amalia, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
La confección de prendas conlleva algunas exigencias corporales. El proceso de corte se realiza parado, es necesario cargar paquetes de ropa o rollos de tela que exigen el cuerpo. El corte de la tela produce un polvillo que puede ocasionar problemas respiratorios o dermatológicos en el largo plazo. En la industria textil se utilizan barbijos para evitar estos problemas, pero en el ámbito doméstico no se utilizan, aun cuando muchas veces no hay una ventilación adecuada:
“No uso elementos de protección para trabajar, se debería usar barbijo cuando se hace mucho corte, por el polvillo de la tela, eso en cantidad y por muchos años puede hacer mal, pero no uso” (Rosa, emprendedora asociativa textil de un espacio asociativo, entrevista personal, 2021).
La moldería y la costura demanda que las emprendedoras textiles estén mucho tiempo sentadas, con un movimiento del tren superior hacia adelante que puede producir “estrés por contacto”:
“Es cansador, vos te sentás en la máquina y te sentaste a las ocho de la mañana y te podés levantar a las diez de la noche. Es cansador todo el tiempo en una postura” (Roxana, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Estas tareas exigen prestar atención permanente y con un alto nivel de detalle, afectando particularmente la vista. Estas exigencias corporales llevan a padecimientos y dolencias comunes en la industria textil (Alvear, Ríos y Villegas., 2007; Goldberg, 2013, Delmonte Allarsia, 2018): dolores de espalda, problemas con la vista, sedentarismo y sobrepeso.
En la feria uno de los primeros factores vinculados a las condiciones de trabajo refiere a la exposición a largas horas al aire libre, con altas o bajas temperaturas, tormentas y corrientes de aire.
“En la feria sí hay que soportar días fríos o de mucho calor por estar al aire libre. Cuando llueve se desbordan las alcantarillas” (Amalia, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
Además, en la feria las emprendedoras se encuentran expuestas a ruidos intensos, hacinamiento y agolpe de las personas que circulan por las plazas y por la feria, falta de acceso a sanitarios, suciedad, humedad, malos olores, estar mucho tiempo parado, falta de agua corriente, falta de un espacio de descanso o bien para dejar sus pertenencias y alimentos, presencia de roedores, exposición a alergenos, entre otros factores. La fatiga se hace más profunda dado que se encuentran expuestas largas horas en una jornada de trabajo.
“En la feria hay ratas, en la plaza hay ratas, no se ven pero en las alcantarillas donde todo el mundo circula, si caen dos gotas aparecen (…) Cuando los plátanos están en floración esos árboles a mí me dan alergia y a varios compañeros también” (Camila, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
“La (feria) Buján es muy bonita, pero en términos de la postura del trabajador o del feriante para vender y todo, son tablas altas, tenés que estar parado, si te sentás tenés que estar atrás” (funcionaria del IMDEL, entrevista personal, 2020).
Si bien no se mencionan accidentes en la feria, encontramos en nuestra observación participante algunos riesgos como cableados sueltos, cercanía con la vía de circulación de automóviles, gazebos sin anclaje, etc.
Sobre el tiempo de trabajo, la jornada doméstica es muy flexible, en cambio que en las ferias los tiempos de trabajo poseen un horario y días fijos.
En la jornada de trabajo doméstica, hay una organización individual flexible que se estructura compatibilizando las actividades del hogar, otras actividades laborales y también el cuidado de los y las hijos e hijas. Las emprendedoras que tienen hijos pequeños mayormente supeditan sus tiempos de trabajo a las tareas de cuidado:
“Las horas de trabajo fluctúan durante la semana, el día laboral: hay días que me organizo y puedo combinar que mi hijo vaya a la casa de algún familiar (suegra, mamá, hermana) y me quedo acá cosiendo y ahí voy dividiendo. Si no laburo a la mañana que mi hijo está en el jardín, o bien trabajo las mañanas que está el papá, él arranca a trabajar a las 12, a la mañana trabajo. Hay semanas en las que hay pedidos y ando corriendo, viendo quién se puede ocupar del nene, mi suegra, mi cuñada pasean con el nene, toda una logística alrededor de él” (Camila, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
La cantidad de horas trabajadas depende de cada emprendedora, que se organiza de acuerdo con la demanda y con su carga de trabajo doméstico y de cuidado. Semanalmente la organización de la jornada de trabajo depende también de la feria o bien de los días que toque asistir a los espacios de comercialización. En lo que respecta a los tiempos de trabajo en las ferias, cada emprendedora tiene un día asignado.
Es una actividad con una intensidad generalmente baja, esto es, no cuenta con altas demandas, metas o limitaciones externas. El trabajo sólo se intensifica por períodos, como los cambios de temporadas o las fiestas, donde aumenta la demanda de sus productos.
En lo que respecta a los tiempos de descanso, suelen depender de cada emprendedora. En las entrevistas muchas emprendedoras coincidieron en la necesidad de “obligarse a descansar” o “hacerse tiempo para descansar”, indicando una auto- imposición en lo que refiere a la presión o los tiempos de trabajo. Algo similar ocurre con las vacaciones, son las mismas emprendedoras quienes definen tomárselas o no, por cuánto tiempo y en qué período del año.
En resumen, las condiciones de trabajo, la intensidad y el tiempo de trabajo son ejes que analizamos en dos espacios de trabajo: el doméstico y las ferias/espacios de comercialización. En lo doméstico predomina cierta precariedad de las condiciones de trabajo y prima una lógica de autogestión del tiempo, en tanto que en la feria las condiciones de exposición a riesgos se profundizan como consecuencia de las largas horas al aire libre y hay una organización institucional de horarios, días y espacios.
3.2. Autonomía y margen de maniobra
Al hablar de autonomía, nos referimos al margen de maniobra que los trabajadores poseen sobre los procesos y tareas a realizar tales como el manejo de los tiempos, las metas y las decisiones a tomar en el proceso de trabajo.
En el caso de las emprendedoras textiles la autonomía y el margen de maniobra es muy alto. Las emprendedoras manejan gran parte de las decisiones sobre sus productos, sus tareas, procedimientos y la organización del proceso de trabajo, como suele suceder en los procesos productivos de la Economía Popular por su carácter autogestionario y horizontal.
Por una parte, esta autonomía y margen de maniobra alto se relaciona, como vimos en el primer eje, con el alto nivel de flexibilidad de los tiempos de trabajo. Pero además las emprendedoras no cuentan con superiores, son emprendimientos que se organizan horizontalmente -o bien familiar e individualmente- por lo que no hay, en la organización del proceso de trabajo, jerarquías ni escalafones. En el caso del HEM existe una coordinación que se encuentra en el IMDEL, que pueden realizar indicaciones o sugerir mejoras en la calidad del producto pero que no posee carácter coercitivo y es percibido por parte de las emprendedoras como un acompañamiento.
En términos de margen de maniobra, la autogestión facilita muchos aspectos, entre ellos que la intensidad y el ritmo de trabajo pueda manejarse de acuerdo con las necesidades de las emprendedoras. Este aspecto es valorado positivamente:
“Nadie me manda, voy consigo yo todo mi material, el insumo lo pido por internet, me lo mandan: puntillas, elásticos, lo que sea lo manejo yo. Es mi tiempo y es mi espacio, mi taller” (Roxana, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
La presión en el trabajo en general es baja. Aquellas emprendedoras que tienen hijos pequeños trabajan menos horas o producen menos. Por ejemplo, en el caso de Atalía, que no tiene hijos pequeños, señala trabajar de corrido, en tanto que Inés, que tiene una hija pequeña, manifiesta tener más interrupciones:
“Me levanto, tomo dos mates y me siento en la máquina, hasta las 6, 6 y media” (Atalía, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
“Con mi nena más chiquita se me complica un poco, pero me organizo, si tengo que ir a la salita o algo no trabajo y la llevo. Si duerme la siesta o se duerme temprano, aprovecho y me pongo a trabajar para tener para la feria. Me voy adaptando, pero sí, ella interrumpe” (Inés, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Notamos que la presión en el trabajo se auto- regula en cuanto al ritmo, la cantidad y las horas dedicadas y esto conlleva el riesgo de la auto- explotación. Este es un riesgo que se intensifica dado que se trata de una actividad que se realiza para garantizar la supervivencia económica pero cuyo margen de ganancia no es alto. Algo de esto señaló en nuestras entrevistas una funcionaria municipal:
“Poco hincapié se hace sobre las jornadas de trabajo y sabemos, es como una verdad revelada, que todos o la gran mayoría trabajan muchas horas para generar algo de ingreso que sea respetable” (funcionaria municipal, entrevista personal, 2020).
La mayoría de las emprendedoras entrevistadas valoran positivamente su trabajo, sienten que en él aprenden cosas nuevas, que les permite crecer y les da autonomía:
“Me siento preparada para hacer lo que hago, conscientemente formada. Me falta mucho más pero cuando no sé hacer algo busco asesoramiento y constantemente uno siempre trata de superarse a través de cursos, de buscar productos nuevos, voy mirando videos y actualizándome” (Amalia, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
En este sentido, la autonomía que les brindan los emprendimientos es altamente valorada, tanto en términos de independencia económica, de manejo de los tiempos, como de procesos creativos.
“Ahora trabajando de forma independiente manejo mis tiempos. No quiero saber nada de trabajar para otro, prefiero trabajar para mí. Me mato trabajando, pero es para mí, si me sale algo mal es mío nadie me va a romper los quinotos” (Aurora, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Además, suelen sentirse orgullosas de su trabajo y de las prendas, tema que abordaremos a continuación.
3.3. Exigencias emocionales
Entendemos por exigencias emocionales a los afectos y emociones que se movilizan cuando se realiza trabajo -muchas veces escondiendo, controlando o dominando emociones- (Gollac, 2011 en Henry y Neffa, 2019). Los trabajadores poseen la necesidad de dar forma a sus emociones y controlarlas, principalmente en la interacción con otras personas en el proceso de trabajo.
Como cuentan con altos niveles de autonomía, las emprendedoras poseen cierto margen de maniobra a la hora de manejar sus vínculos con clientes, proveedores y colegas. Además, señalan sentirse valoradas por sus clientes y colegas.
Sobre las exigencias emocionales derivadas del proceso de trabajo, no encontramos necesidad de ocultar o controlar sus sentimientos por algún padecimiento emocional. Por el contrario, la totalidad de las emprendedoras entrevistadas manifestaron disfrutar su trabajo: les gusta y les produce placer. Muchas emprendedoras señalaron confeccionar las prendas como si las eligieran para ellas mismas y también expresaron vivenciar su actividad como algo más que un trabajo.
“Amo mi trabajo, estoy muy agradecida a la vida de poder hacer lo que amo” (Mariana, emprendedora asociativa textil y referente de un espacio de comercialización, entrevista personal, 2021).
Más allá de la reivindicación de sus trabajos como algo positivo que disfrutan, encontramos situaciones de temor e incertidumbre entre las emprendedoras textiles vinculados a la sustentabilidad y a la supervivencia económica. Las emprendedoras entrevistadas pertenecen mayormente a sectores populares y muchas veces comienzan sus emprendimientos para garantizar su sostenibilidad económica en un partido con una alta tasa de desempleo y subocupación. A esto se suma la inestabilidad económica producto de la crisis y la pandemia, por lo que los temores e incertidumbres de las emprendedoras textiles se asocian a la dificultad de sostener el emprendimiento:
“Hay temor de no poder seguir con esto, por la economía” (Paula, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Cabe señalar que estos temores no aparecen como algo a ocultar, sino que se manifiestan abiertamente y como parte de una situación colectiva de las emprendedoras.
Otro factor de relevancia que produce exigencias emocionales es la superposición entre esfera reproductiva y esfera productiva en la actividad de las emprendedoras4. Además de la confección y los aspectos comerciales/contables/publicitarios, las emprendedoras se encargan de las tareas domésticas, de las tareas de cuidado de los hijos e hijas, produciendo una doble jornada laboral. Como agregado, en algunos casos las emprendedoras también poseen otras actividades laborales, continúan su formación (secundaria, técnica, profesorado, universitaria), forman parte de Programas de Transferencias Condicionadas de Ingresos que requieren contraprestaciones y/o participan en espacios políticos y de militancia.
Como resultado de esta doble y hasta triple jornada laboral, y de las características domésticas del proceso de trabajo, encontramos entre las emprendedoras textiles de Moreno una superposición entre lo productivo y lo reproductivo.
“Mi vida es así: trabajando, lavando, cocinando, voy haciendo todo junto” (Atalía, emprendedora asociativa textil, entrevista personal, 2021).
Entre quienes poseen hijos pequeños o en edad escolar hay aún una mayor superposición, que produce altos niveles de estrés y burnout entre las emprendedoras, tal como describe Araceli:
“Yo también digo que es una contra tener el taller en mi casa, porque puedo estar trabajando siempre. Pero como tengo una hija chiquita siempre es una hora indeterminada, que esta interrumpida por ella. Estudio para la universidad, cocino, trabajo unas horas, hasta que ella quiere jugar. Trabajo 6 o 7 horas, inclusive a la noche. Yo digo si yo pudiera irme fuera de casa y cuando llega mi compañero que se quede con mi nena, podría trabajar 4 o 6 horas seguidas bien y sin ser interrumpidas” (Araceli, emprendedora asociativa textil, entrevista personal, 2021).
En este punto, la dimensión de género adquiere una relevancia particular, las mujeres sufren con mayor intensidad la sobrecarga laboral producto de la superposición de las tareas productivas y reproductivas y esto implica mayores riesgos para su salud (Goldberg, 2013). Sus actividades productivas aparecen como una extensión de sus tareas de cuidado, domésticas y/o reproductivas, reforzando la precariedad de sus condiciones de trabajo (Frega, 2020). El género impregna la salud laboral de estas trabajadoras (Delmonte Allasia, 2018).
3.4. Percepciones acerca del valor y el sentido del trabajo
En este eje abordamos las creencias, normas, convicciones y/o valores que se ponen en juego en el proceso de trabajo. Aquí analizamos algunas dimensiones tales como: el tiempo y medios disponible para realizar un trabajo de calidad; el respeto a los principios y creencias propias en el proceso de trabajo; cómo es percibido el valor y el sentido del trabajo; situaciones de violencia que puedan emerger en el trabajo.
Los tiempos y medios disponibles para realizar un trabajo de calidad pueden pensarse en continuidad con la dimensión de intensidad y tiempos de trabajo presentado anteriormente. Pero, a su vez, esto se relaciona con los conflictos éticos, morales y de valores que pueden surgir en el proceso de trabajo. El trabajo implica considerar los tiempos y los medios necesarios para realizar un producto de calidad, si esto no es posible se da el fenómeno de “calidad impedida” por no contar con el tiempo o los medios necesarios o trabajar bajo presión (Neffa y Henry, 2017).
En el caso de las emprendedoras, no poseen un ritmo de trabajo muy intenso o exigente por lo que en general manifestaron tener tiempo suficiente para llevar adelante un trabajo de calidad, aunque el tiempo dedicado a la actividad y la organización del tiempo de trabajo depende de cada una y muchas veces, como ya hemos visto, se ve interrumpido por la organización doméstica y de cuidado. En algunas ocasiones no cuentan con los recursos y los medios necesarios para realizar el trabajo con la calidad deseada, ya que pueden encontrarse limitados en infraestructura, maquinarias, materiales. Aun así, las emprendedoras manifiestan estar orgullosas de la calidad de los productos:
“El trabajo que hacemos es muy fino. Muchos clientes de CABA nos vienen a comprar acá” (Nuria, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
“Nos fijamos en todos los detalles. Por ejemplo, en caso del fular, incluimos un manualcito para indicar cuál es la mejor posición para el bebé, el tema de los nudos, nos fijamos la calidad de la tela, la resistencia, el roce con el bebé, la seguridad” (Camila, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
El valor y el sentido del trabajo refiere a la propia percepción de las emprendedoras acerca de cómo valorizan su trabajo y la utilidad que perciben en él, es decir, qué y para qué hacen lo que hacen, el sentido y el valor que le otorgan a sus trabajos (Neffa y Henry, 2017). En las emprendedoras esto aparece mayoritariamente como un aspecto positivo. La producción de las prendas está ligada a un sentido artesanal, asociativo, solidario. Observamos también que valoran fuertemente el trabajo propio y de sus pares.
Al contar con un alto nivel de autonomía, no aparecen situaciones tales como estar obligadas a realizar algún trabajo con el que no estuvieran de acuerdo, desaprobaran o tuvieran conflictos éticos o situaciones de violencia de cualquier tipo. Por el contrario, los valores relacionados con el proceso de trabajo son positivos. La capacidad de decidir sobre el proceso de trabajo, la autonomía en el mismo parece acentuar los sentimientos positivos hacia sus trabajos:
“Me gusta ver el resultado final, en el momento que saco un producto lo defiendo, cada producto es mi orgullo. Siento que hago algo útil” (Amalia, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
No sólo pesa la valoración propia y de sus colegas sobre el producto, sino que observamos también que se busca agradar al cliente, mantener y acrecentar una clientela. Al mismo tiempo, sienten que muchas veces su trabajo no es valorado socialmente y que en ocasiones hay una carga negativa de sentido hacia el trabajo de la Economía Popular. Por ejemplo, una emprendedora manifestó haber sentido discriminación particularmente por parte de los comerciantes del centro de la ciudad, donde una de las ferias tiene lugar:
“Los comerciantes decían que nosotros no pagábamos nada y teníamos un lugar más barato que ellos, que pagan impuestos y todo” (Roxana, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
En síntesis, si bien es un trabajo que en general es valorado como positivo en relación con la calidad y al valor agregado, muchas veces las emprendedoras se sienten discriminadas por otros comerciantes locales o sienten que su trabajo es considerado de baja calidad por tratarse de producciones de baja intensidad o populares.
3.5. Vínculos sociales
En este eje abarcamos las relaciones sociales establecidas en el proceso de trabajo, sus características y cómo son percibidos por las emprendedoras. Un aspecto relevante del trabajo de las emprendedoras en este eje, es que, al tratarse de unidades productivas de la Economía Popular, no hay superiores ni puestos jerárquicos. Por ello, los vínculos sociales que se establecen son entre colegas y compañeras de ferias o espacios asociativos5. Estas relaciones configuran gran parte del clima laboral de las emprendedoras, contribuyendo a su bienestar y calidad laboral.
Si el vínculo entre las emprendedoras es positivo, se contribuye a un ambiente de trabajo agradable que se manifiesta en el apoyo mutuo, la transmisión de conocimientos, experiencias y saberes (Neffa y Henry, 2017). El espacio de socialización en la actividad de las emprendedoras se da habitualmente en la feria o en los espacios de comercialización:
“En la feria son todas compañeras que están en la misma que yo” (Ingrid, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Las emprendedoras señalan que los vínculos en general son positivos, y manifestaron sentimientos de respeto y amistad hacia sus colegas y compañeras:
“Tengo la mejor relación con mis compañeros, de hecho, el otro día renunció una compañera y fue raro, la voy a extrañar” (Camila, emprendedora asociativa textil del HEM, entrevista personal, 2021).
Hay una fuerte valoración del apoyo y la ayuda mutua entre colegas que permiten sostener aspectos del proceso de trabajo y de las extenuantes jornadas en las ferias: ayuda para ir al baño, trasladar mercancía, ayuda en la confección de prendas, frente a imprevistos, etc.
“Los compañeros que vienen acá (a la feria) te sostienen “señora deje que yo levanto, deje que yo le llevo, vengo con las mesas y le llevo las mesas” y esas cosas. Me siento acompañada” (Laura, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Se produce también transferencias de conocimientos y saberes entre las emprendedoras textiles, tal como describe Araceli respecto de una de las redes de las que participa:
“Yo ayude a capacitar, enseñar a coser a otras, es como digamos compartiendo conocimientos” (Araceli, emprendedora asociativa textil, entrevista personal, 2021).
Estos aspectos se replican en los espacios de comercialización, el HEM, redes, donde los aspectos colectivos del proceso de trabajo adquieren mayor relevancia.
“Con algunos hacés conexión al toque, te das cuenta de que tiramos para el mismo lado y otros que todavía no se largaron del todo. Las relaciones sociales también se militan” (Nuria, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
Como señala Nuria, en aquellas instancias colectivas construir un buen clima depende de las mismas emprendedoras, al tratarse de un proceso autogestionado, horizontal y colectivo. El buen clima de trabajo en la producción contribuye a la salud de las emprendedoras, pero también a mejorar la producción, su organización y la calidad del producto final.
Si bien los aspectos positivos predominan en las relaciones entre emprendedoras, también observamos tensiones, principalmente vinculadas a la competencia y a la elaboración de productos similares:
“Como todo hay competencia, lo que gustó y se vende si se puede te lo copian, qué le vas a decir. Pero eso pasa siempre, la competencia está, si algo se vende te lo copian, eso me ha pasado” (Roxana, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
A veces aparecen malestares entre las emprendedoras como resultado del tratamiento diferencial por parte de trabajadores del IMDEL al momento de otorgarles puestos en la feria o un lugar en el HEM:
“Con los organizadores es depende quién está de turno. Hay grupos que organizan muy bien, otros que tienen privilegios por algunos emprendedores, gente que estaba todos los viernes cuando estábamos nosotros cada 15 días, pero bueno eso es acomodo” (Atalía, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
En los espacios colectivos también pueden emerger situaciones de tensión en las relaciones entre las participantes, las entrevistadas nos relataron disputas principalmente relacionadas a la ganancia en aquellas que trabajan de manera cooperativa:
“E- En qué cosas tienen desacuerdos? R- Y a veces con el tema de la plata, porque a veces no queda para las telas y hay que cobrar un poquito menos para reponer y ellas se ponen y dicen que no. Que ellas quieren llevarse su plata” (Elena, emprendedora asociativa textil y miembro de una cooperativa, entrevista personal, 2021).
A pesar de que los vínculos son buenos y fortalecen generalmente el trabajo de las emprendedoras, existen factores de estrés ligados a la competitividad que puede generarse en espacios como las ferias o disputas vinculadas a privilegios o bien al retiro en espacios donde la ganancia es compartida, aunque esta ganancia suela ser escasa.
3.6. Estabilidad y seguridad laboral
La inseguridad en la vida laboral puede volverse una fuente de inestabilidad y sufrimiento para los trabajadores. En este eje trabajamos en dos dimensiones: las condiciones de empleo y la previsibilidad en el trabajo; y la inseguridad económica.
La primera dimensión abarca la percepción de estabilidad, protección y posibilidad de crecimiento laboral por parte del trabajador. Esta percepción se debilita si el trabajo es precario, no se encuentra cubierto por la seguridad social o no existen posibilidades de crecer y/o jubilarse.
La segunda dimensión refiere a la posibilidad de anticipar, prever y controlar sucesos importantes de la propia tarea y de la organización del trabajo; que aparece como un factor de riesgo cuando dicha información no se encuentra disponible, reduciendo el margen de acción y la autonomía en el espacio laboral. La imprevisibilidad puede ocasionar sufrimiento, ansiedad, pérdida del sentido del trabajo, problemas de adaptación a los cambios y temores por su situación futura.
Aquí retomamos el concepto de Gollac (2011) de “inseguridad económica” que remite a las incertidumbres económicas por amenaza de desempleo, precariedad en la relación laboral, no poder mantener un nivel de ingresos en el mediano y largo plazo o pocas posibilidades de crecimiento.
La primera dimensión, la seguridad en el empleo, es un aspecto nodal en la vida de los trabajadores de la Economía Popular y se vincula con la posibilidad de registrar y formalizar la actividad. En el caso de las emprendedoras textiles, en general se vislumbra una fuerte desprotección y vulnerabilidad en esta dimensión.
La formalización y registración de estas emprendedoras es un aspecto complejo de su actividad laboral, ya que no todas se encuentran formalizadas y quienes sí lo están poseen generalmente el monotributo social. Aun cuando logran un mínimo piso de formalidad a través de la registración de su actividad laboral en el monotributo social, persiste una situación de precariedad ya que perdura una gran inestabilidad e imprevisibilidad tanto en términos de su continuidad en la actividad como de sus ingresos.
La registración de las actividades productivas a través del monotributo social no mejora la situación de alta inseguridad laboral que se manifiesta en la naturaleza inestable de sus actividades productivas y la incertidumbre acerca de su futuro.
Específicamente, aquellas emprendedoras que poseen el monotributo social señalan haberlo tramitado porque es un requisito para ingresar a algún espacio de comercialización o bien porque les permite acceder a una obra social6 y aportes jubilatorios. Muchas de las que no lo poseen intentaron en algún momento obtenerlo, pero no pudieron realizarlo por dificultades de tipo burocráticas o bien por dificultades económicas:
“No tengo monotributo social en este momento, porque hubo un problema entre AFIP y ANSES que se entrecruzaban los datos” (Roxana, emprendedora textil y feriante, entrevista personal, 2021).
“E- ¿monotributo sacaste? E- Todavía no, quiero hacerlo pero todavía no. Porque por ejemplo hay semanas que vendo, por ejemplo, hoy he vendido un solo pijama y por ahí hay fines de semana que vendo cinco. Es como que no he llegado a hacerlo todavía por ese motivo, es un muy… no me da todavía como para pagar el monotributo” (Ramona, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Algo llamativo es que el monotributo social fue creado específicamente para trabajadores de muy baja escala e informales que no podían acceder a un grado mínimo de formalización, y aun así esta herramienta aparece como algo inalcanzable o insostenible para algunas emprendedoras. Incluso algunas emprendedoras manifiestan que no pudieron sostenerlo y tuvieron que darlo de baja.
Si bien es una herramienta que busca dar un mínimo grado de formalidad a un sector históricamente relegado, muchas veces el monotributo social aparece como un limitante para el crecimiento del emprendimiento, ya que hay un límite anual de facturación que las emprendedoras no pueden exceder. Esta limitación ha sido señalada como problemática por varios informantes claves, entre los que destacamos las palabras de un funcionario:
“Se consigue que una PYME le compre la indumentaria de trabajo a estas señoras, ellas no se la pueden facturar a la PYME porque ahí viene el techo normativo después. Y como no se lo pueden facturar, ahí el tipo de la PYMES con la mejor voluntad te dice: y yo no te lo puedo comprar porque no puedo gastar setenta lucas en negro… y si las tengo las voy a gastar en otra cosa, no en comprar ropa de trabajo. Entonces bueno, conseguime quien me las facture y ahí ya no se puede porque se sale del monotributo social y se cae el plan. Entonces hay condiciones materiales que no permiten el desarrollo y hay un techo normativo que aun cuando esas condiciones materiales excepcionalmente y en pocos casos se logran revertir, ese techo normativo les impide incorporarse como actores económicos a la vida productiva” (funcionario del Ministerio de Desarrollo Productivo, entrevista personal, 2020).
Una alternativa a este límite pueden ser las instancias como la cooperativa o la mutual, en las que estas emprendedoras pueden alcanzar un mayor nivel de formalización de la actividad. Pero la conformación de una cooperativa o una mutual requiere requisitos administrativos y contables a los que muchas de estas emprendedoras a veces no logran acceder. Incluso quienes se han organizado en cooperativas posteriormente tuvieron dificultades impositivas o administrativas:
“Nosotras estamos trabadas por algo que no te sé explicar bien. Tenemos la matricula, tenemos todo, nos saltó una deuda de ingresos brutos, juntamos la plata y todo pero nos dijeron que esperemos que no paguemos, así que no podemos facturar” (Raquel, emprendedora de una cooperativa textil, entrevista personal, 2021).
Entre los informantes claves esto es un tema de gran preocupación: hay una opinión compartida de que el sistema impositivo y de seguridad social de Argentina excluye a los trabajadores de la Economía Popular. En estas entrevistas surge con fuerza la percepción de que las emprendedoras se encuentran en una situación de informalidad casi total, donde si no es con un acompañamiento del Estado o de organizaciones del tercer sector, quedan libradas a una situación de altísima vulnerabilidad y precariedad. Un ex funcionario del INAES describía la situación del siguiente modo:
“Entonces también hay una Economía Popular que tiene cuello de botella, si no pagan el monotributo social genera deudas. Siempre alguna declaración tenés que hacer si no te la comiste y seguro cuando tengas que hacer algún certificado te van a decir que la AFIP dice que debes esto y nadie te avisó” (Ex funcionario del INAES, entrevista personal, 2020).
Otro referente de una organización de la Economía Popular señaló que el núcleo del problema se encuentra en que el sistema impositivo y legal considera a los emprendedores como contribuyentes, no como trabajadores:
“Porque esto está pensado desde lo impositivo y no desde lo laboral y ahí creo que hay un error… tenés que pensarlo desde el mundo del trabajo. El monotributo es una figura fiscal y no una categoría laboral” (Referente de un movimiento de la Economía Popular, entrevista personal, 2020).
En la segunda dimensión de análisis, identificamos otro factor de inestabilidad que es la variabilidad de los ingresos de las emprendedoras. La ganancia suele ser baja y el monto nunca es fijo porque depende por una parte de las ventas y por otra de la situación socio- económica del país (inflación, recesión, caída de las ventas, etc):
“Lástima que muchos aumentos ahora, está todo más caro, tampoco le podés trasladar tanto al público porque la gente tampoco tiene plata, esa es la dificultad mayor” (Ingrid, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
Esta variabilidad de los ingresos es un factor de estrés y de desgaste emocional, porque resulta imposible prever cuánto van a ganar en un mediano plazo e incluso dificulta el crecimiento del emprendimiento:
“Lo negativo de este emprendimiento es que no hay un sueldo fijo, varía de acuerdo a la economía de la gente” (Fernanda, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
“Nosotros no compramos por cantidad, como un comercio que compra 20 rollos. Nosotros compramos por metro, hay una diferencia, no podemos competir con un negocio más grande” (Tamara, emprendedora asociativa textil del HEM y feriante, entrevista personal, 2021).
Esta baja remuneración e inestabilidad económica lleva a que muchas veces las emprendedoras deban complementar sus ingresos con los de otros miembros de sus familias o bien tengan otros empleos para compensar los bajos ingresos produciendo una mayor carga en sus tareas.
Al tratarse de trabajos autogestionados no hay un ingreso fijo, no es posible trazar un marco de previsibilidad sobre las ganancias y tampoco existen garantías sobre el futuro. La alta inflación y la crisis económica es un factor que agudiza este malestar, ya que las emprendedoras no pueden prever el costo de los materiales o incluso si podrán mantener un nivel de ventas, que en los últimos años ha ido a la baja:
“Mantener todo te cuesta un montón, renovar cosas te cuesta un montón: hoy comprás el metro a 700 y mañana aumenta, eso es un bajón. (…) La gente va comprando menos” (Inés, emprendedora asociativa textil y feriante, entrevista personal, 2021).
En resumen, la formalización de su actividad es baja en un doble sentido: por una parte, sólo se accede a una formalización de su actividad productiva a través del monotributo social pero no todas logran acceder a esta herramienta y quienes sí lo hacen encuentran dificultades para sostenerlo o bien para el crecimiento de su actividad productiva. Asimismo, el monotributo social no garantiza el acceso al sistema de riesgos de trabajo y muchas veces tampoco a una obra social. Como agregado, las emprendedoras sufren una fuerte inestabilidad económica producto de una actividad precaria con bajas ganancias y de la crisis económica que dificulta prever los costos y los ingresos.
4. Reflexiones finales
En este artículo hemos analizado los riesgos psicosociales a los que se ven expuestas las emprendedoras textiles de Moreno. Para realizar el análisis, describimos el proceso de trabajo de las emprendedoras y operacionalizamos nuestros hallazgos a partir de seis ejes de los Riesgos Psicosociales en el Trabajo: condiciones y medioambiente de trabajo y tiempo de trabajo, autonomía y margen de maniobra, exigencias emocionales, percepciones acerca del valor y el sentido del trabajo, vínculos sociales y la estabilidad y seguridad laboral.
Como resultado de este análisis destacamos algunos aspectos que llamaron nuestra atención: la presencia de una mayor carga mental, psíquica y física como consecuencia de una superposición entre esfera reproductiva y productiva, la vulnerabilidad a la que se encuentran expuestas las emprendedoras en términos de seguridad social, la incertidumbre acerca del sostenimiento de sus emprendimientos a futuro y las dificultades para acceder a la formalización.
Un aspecto para destacar de nuestro análisis se vincula con que la organización del proceso de trabajo de manera asociativa y autogestiva permite el desarrollo de aspectos positivos tales como una mayor autonomía, mayor flexibilidad de los tiempos y exigencias en el trabajo, una compatibilidad con otros aspectos de su vida y una valoración positiva del sentido de sus trabajos.
Como señala (Dejours, 2014) el trabajo no siempre es patógeno y puede ser, simultáneamente, fuente de sufrimiento y de bienestar. Aquí hemos abordado aquellos aspectos que producen bienestar en las emprendedoras, así como aquellos aspectos que producen fatiga, incertidumbre, cargas físicas, afectivas y emocionales.
Por último, la dimensión de género aparece como un aspecto de relevancia a lo largo de la investigación. Esto nos abre interrogantes para futuras investigaciones acerca de cómo el género repercute en el valor del trabajo, la exposición a riesgos en el trabajo, en la carga laboral, en las enfermedades y en el acceso a la salud en general.
Nos interesa entonces, en primer lugar, profundizar en la salud de las trabajadoras, en sus cuerpos, los riesgos y padecimientos, que no se limitan a los accidentes y las enfermedades, sino que requiere observar cómo ese cuerpo se despliega en el espacio, el tiempo, los vínculos, sus exigencias (Delmonte Allasia, 2018) y también las superposiciones entre lo productivo y lo reproductivo. En las trabajadoras de la Economía Popular se intersecan cuestiones de género, pobreza y raza, con una difusa delimitación entre producción y reproducción (Frega, 2020). En este sentido, la perspectiva de género puede permitirnos arrojar luz sobre las desigualdades que atraviesan a las emprendedoras de la Economía Popular. En segundo lugar, nos interesa profundizar cómo la inestabilidad laboral y la precariedad afectan la salud de las trabajadoras. De este modo, esta investigación nos lleva hacia interrogarnos acerca de cómo el proceso de trabajo, precariedad e inestabilidad laboral y desigualdad de género atraviesan los cuerpos de las trabajadoras y los sentidos que ellas le otorgan a sus trabajos.
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Notas