PERSPECTIVAS ANALÍTICAS: TIEMPOS, IDENTIDADES, HISTORIA
Una aproximación a las carreras de grado de ciencias sociales en el sistema universitario argentino *
An approach to social science undergraduate degree courses in the Argentine university system
Uma abordagem aos cursos de graduação em ciências sociais no sistema universitário Argentino
Una aproximación a las carreras de grado de ciencias sociales en el sistema universitario argentino *
Trabajo y sociedad, vol. 26, núm. 44, pp. 135-149, 2025
Universidad Nacional de Santiago del Estero. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Instituto de Estudios para el desarrollo Social (INDES)
Recepção: 09 Agosto 2024
Revised document received: 12 Outubro 2024
Aprovação: 23 Outubro 2024
Resumen: En este artículo se presenta un análisis de las carreras universitarias de ciencias sociales del nivel de grado en Argentina. Desde el punto de vista metodológico se optó por una estrategia de métodos mixtos, combinando el análisis estadístico de datos secundarios con el análisis de contenido de documentos institucionales. Entre los principales resultados se destaca que, actualmente, todas las regiones y provincias del país cuentan, al menos, con una carrera universitaria de ciencias sociales. No obstante, persisten diferencias interregionales e interinstitucionales significativas. El análisis de los perfiles formativos permitió identificar la definición de un fundamento científico para el desarrollo de capacidades profesionales, así como distintos ámbitos preferenciales para la actuación profesional, sea en el sistema académico, el Estado, el mercado y las organizaciones comunitarias.
Palabras clave: Educación superior, carreras de grado, ciencias sociales, Argentina.
Abstract: This article presents an analysis of undergraduate university courses in social sciences in Argentina. From a methodological point of view, a mixed methods strategy was chosen, combining statistical analysis of secondary data with content analysis of institutional documents. Among the main results, it is highlighted that, currently, all regions and provinces of the country have at least one university course in social sciences. However, significant interregional and interinstitutional differences persist. The analysis of the training profiles allowed to identify the definition of a scientific basis for the development of professional skills, as well as different preferential areas for professional involvement, whether in the academic system, in the State, in the market and in community organizations.
Keywords: Higher education, undergraduate courses, social sciences, Argentina.
Resumo: Este artigo apresenta uma análise dos cursos universitários de graduação em ciências sociais na Argentina. Do ponto de vista metodológico, optou-se por uma estratégia de métodos mistos, combinando a análise estatística de dados secundários com a análise de conteúdo de documentos institucionais. Entre os principais resultados destaca-se que, atualmente, todas as regiões e províncias do país possuem pelo menos um diploma universitário em ciências sociais. No entanto, persistem diferenças inter-regionais e interinstitucionais significativas. A análise dos perfis de formação permitiu identificar a definição de uma base científica para o desenvolvimento das capacidades profissionais, bem como diferentes áreas preferenciais para o desempenho profissional, seja no sistema académico, no Estado, no mercado e nas organizações comunitárias.
Palavras chave: Ensino superior, cursos de graduação, ciências sociais, Argentina.
Sumario 1.Introducción 2.Métodos 3.Resultados 3.1. La oferta formativa y la matrícula de estudiantes 3.2. Los perfiles formativos 4.Discusión y conclusiones 5.Referencias bibliográficas
1. Introducción
En este artículo se presenta un análisis de las carreras universitarias de ciencias sociales del nivel de grado1 en Argentina. En primer lugar, se describe la actual oferta de carreras de universidades públicas y privadas, su distribución institucional y territorial, así como la evolución y características de su matrícula estudiantil. Por otra parte, se examinan sus orientaciones formativas a partir de la definición del perfil del egresado/a y de las incumbencias profesionales.
El artículo se enmarca en una de las líneas del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC)2 , del Consejo de Decanas y Decanos de Facultades de Ciencias Sociales y Humanas (CODESOC)3. Por esta razón, se analizan las cuatro que carreras que nuclea dicho Consejo -sociología, ciencia política, comunicación social y trabajo social-. Las preguntas que orientaron esta investigación se relacionan con dos campos académicos diferentes. Por un lado, el de los estudios sobre universidad y educación superior y, por el otro, el de las propias disciplinas analizadas, en particular en relación con los estudios sobre su institucionalización y su enseñanza universitaria.
A partir de la década de 1990 comenzó a desarrollarse en Argentina un campo académico conocido localmente como “la universidad como objeto de investigación.” En efecto, esta década marcó el inicio de una “explosión de publicaciones e informes” sobre la universidad, así como la creación de numerosos posgrados especializados en educación superior (Pérez Lindo, 2007: 587). En este contexto, también se fue conformando una comunidad de expertos en la materia, se crearon publicaciones periódicas especializadas, como la revista Pensamiento Universitario (activa desde 1994), y espacios reconocidos para la presentación y discusión de los avances de investigación, entre los que se destaca el Encuentro Nacional La Universidad como Objeto de Investigación, cuya primera edición se remonta a 1995 y que ya cuenta con ocho ediciones. La organización de estos congresos4, desde un punto de vista académico, permite identificar los núcleos temáticos principales en torno de los cuales se ha organizado este campo: política universitaria y gobierno universitario; economía y financiamiento de las universidades; curriculum y enseñanza; producción y transferencia de conocimiento; campo ocupacional, universidad y trabajo; historia de la universidad; evaluación y acreditación universitaria; tecnología en la enseñanza universitaria; internacionalización de la educación superior; extensión universitaria.
Dentro de este amplio espectro, son especialmente relevantes para nuestro trabajo algunos antecedentes relacionados con la política universitaria, en particular las investigaciones que han abordado las políticas de expansión del sistema universitario público, así como las de inclusión y democratización de la educación superior (Pérez Rasetti,.2014; Marquina y Chiroleu, 2015; Mollis, 2016; Chiroleu, 2017; Strah, 2017; Chiroleu, 2018). Si bien estos estudios no se refieren puntualmente a las cuatro carreras de ciencias sociales aquí abordadas, sino al sistema universitario en general, ofrecen un marco para entender la evolución de la oferta de carreras de ciencias sociales y de su matrícula estudiantil. En esta misma línea, también son importantes los estudios que han analizado la expansión del subsistema privado de educación superior a partir de la década de 1990 (Arias, 2005; Del Bello et al, 2007; Zelaya, 2012; Barsky y Corengia, 2017).
En relación con las disciplinas objeto de análisis, cabe señalar que, en general, ellas no han definido a la formación universitaria disciplinar como uno de sus principales objetos de indagación. Se insiste en la noción de “principales objetos de indagación” porque, como se verá más adelante, lo dicho no implica que no existan estudios relevantes sobre las ciencias sociales en el sistema universitario argentino. De todos modos, más allá de los informes estadísticos sobre las carreras universitarias, producidos por la Secretaría de Políticas Universitarias y, especialmente en el caso de los posgrados, por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU, 2022), la revisión de bases de datos de la producción científica y de perfiles de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y del Programa de Incentivos a los Docentes-Investigadores Universitarios, muestra que no abundan las investigaciones empíricas focalizadas específicamente en la expansión reciente de estas cuatro carreras en el sistema universitario argentino, la federalización de sus propuestas formativas, su desarrollo diferencial en el ámbito público y privado, o las especificidades de la formación de grado en este campo. No obstante, algunos estudios han abordado el problema de la enseñanza de las ciencias sociales o de disciplinas particulares de las ciencias sociales en el ámbito universitario, aunque la cuestión de los contenidos “a enseñar” y de la didáctica de las ciencias sociales ha tenido mayor desarrollo en estudios focalizados en los niveles educativos no universitarios (Siede, 2010; Massone, Romero y Finocchio, 2014; Parra, 2015; Funes, Jara y Cerdá, 2019; Jara, 2020). En cambio, se registra una profusa literatura de ciencias sociales dedicada al análisis del desarrollo histórico de las disciplinas sociales y de su institucionalización universitaria.
En este sentido, se pueden mencionar, en el caso de la sociología, investigaciones focalizadas en los orígenes de la carrera en la Universidad de Buenos Aires, bajo el liderazgo intelectual de Gino Germani (Blanco, 2006; Noe, 2007), o sobre el proceso de reinstitucionalización de la carrera a partir de la recuperación de la democracia (Blois, 2009). Pero también hay trabajos que analizan la situación de la disciplina durante la última dictadura militar, tanto en el ámbito educativo público como privado, un período que Blois (2019) define como de degradación material y simbólica de efectos duraderos. Evidentemente, la UBA ha ocupado un lugar central en las narrativas sobre la historia y la institucionalización de las carreras de sociología en la universidad argentina. Sin embargo, también hay estudios que abordan su desarrollo en otros ámbitos. Por ejemplo, Ghilini (2017) analiza la etapa fundacional de la carrera en la Universidad Católica Argentina, mientras que Díaz (2016), recorre su historia en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Tortti y Chama (2003), en una entrevista con Alfredo Pucciarelli, rememoran los derroteros de la carrera en la Universidad Nacional de La Plata. Por su parte Mancuso (2011), a partir de una investigación en algún sentido más afín a las preguntas planteadas en este artículo, analiza los planes de estudio de la carrera de sociología de la UBA de 1958, 1973, 1976, 1985 y 1988. Entre otras cosas, la autora pone en evidencia el sesgo cientificista de la propuesta curricular fundacional, el escaso pluralismo teórico y el cerramiento ideológico del plan de estudios durante la dictadura, y la definición de un perfil del egresado capaz de insertarse en el Estado o en la sociedad civil para elaborar políticas públicas o para resolver demandas sociales, a partir de la recuperación democrática.
En lo que concierne a la ciencia política, varios estudios han dado cuenta de su desarrollo histórico y de sus procesos de institucionalización (Bulcourf y D’Alessandro, 2013), de la expansión de las carreras de ciencia política en la universidad argentina y de sus principales intereses investigativos (Bulcourf et. al. (2013) o, más específicamente, de la enseñanza de la ciencia política (Bulcourf, 2008). Leiras, Abal Medina y D’Alessandro (2005), analizan la evolución de disciplina y, al respecto, afirman que se fue produciendo una diferenciación de la ciencia política dentro del campo de las ciencias sociales, con las universidades como centro institucional clave, y que el crecimiento de los programas de grado y posgrado en tiempos recientes ha contribuido a una mayor autonomía del campo. Lesgart (2008: 228) también realiza un análisis de la disciplina en clave histórica, y destaca una etapa reciente caracterizada por la “creación y diversificación institucional, multiplicación de ofertas formativas, y un trabajo cada vez más apegado a patrones pautados de producción de curriculum.” D’Alessandro y Gantus (2019), por su parte, coordinan un libro sobre la enseñanza de la ciencia política en Argentina, guiado por las preguntas de para qué y cómo se forma en la universidad en el siglo XXI. Este texto incluye una variedad de capítulos sobre la cuestión de la enseñanza en el marco del desarrollo histórico de la disciplina, sobre formación y cambio curricular, o sobre las especificidades de la carrera en diferentes regiones del país (Norte, Patagonia, Córdoba y Conurbano bonaerense), mientras que Guardamagna (2011) analiza el desarrollo de la carrera en las universidades de Rosario y de Cuyo.
En el caso de la comunicación social, los análisis del desarrollo y del proceso de institucionalización de la carrera destacan sus orígenes en el ámbito no universitario, más específicamente en la Escuela de Periodismo fundada en la década de 1930 en La Plata, luego incorporada a la Universidad Nacional de La Plata en la década de 1950 y finalmente transformada en 1994 en la actual Facultad de Periodismo y Comunicación Social (Zangara, 2022; Ciappina, 2015). Pero más allá de este recorrido histórico relacionado con el origen de la primera facultad especializada del país, cabe señalar que, en otros contextos institucionales, tanto públicos como privados, a partir de fines de la década de 1980 hubo una fuerte expansión de carreras de comunicación social adscritas habitualmente a facultades de ciencias sociales y/o humanas. De todos modos, es interesante remarcar que este origen profesional de la carrera, relacionado con el periodismo, ha marcado una tensión entre la formación científica y la de tipo técnico profesional en la enseñanza de la comunicación en Argentina, que ha sido objeto de análisis (Deharbe, 2019). Otros trabajos, como el de Giordano et al (2016) abordan la enseñanza de la investigación en comunicación, tomando como base los programas de 17 carreras de todo el país. En una tesis de Maestría reciente, Castillo (2020), estudia los cambios curriculares en la carrera de comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza, y Juárez (2017) aborda las tendencias de regulación académica que configuran el campo disciplinar de la comunicación social en las universidades públicas de Argentina.
Finalmente, en el caso de trabajo social, la bibliografía que reconstruye su historia formativa da cuenta de antecedentes universitarios y no universitarios de larga data (Alayón, 1980), así como de su desarrollo en el ámbito público y privado, especialmente de carácter confesional, y su temprana expansión en diversas regiones del país (Oliva, 2005). Pero también se registran trabajos que analizan la institucionalización universitaria y la enseñanza del trabajo social en regiones o instituciones específicas. Por ejemplo, Romero (2016), en su tesis de Maestría, estudia los orígenes de la carrera de trabajo social en la Universidad Nacional del Centro en las décadas de 1960 y 1970; mientras que Riveros y Martínez (2018) abordan las tensiones experimentadas en la carrera de trabajo social en la Universidad Nacional de San Luis durante la dictadura, en diálogo con el desarrollo histórico de la disciplina en Argentina. En un libro reciente, Pieruzzini (2023) analiza la formación en trabajo social en la provincia de Entre Ríos, con foco en su surgimiento y en las estrategias de intervención, que han sido un componente central de las propuestas formativas en esta disciplina a lo largo de los años
2.Métodos
Desde el punto de vista metodológico se optó por una estrategia de métodos mixtos (Bryman, 1988; Verd y López, 2008; Piovani, 2018), a partir de la combinación del análisis estadístico y el análisis de contenido. En este caso, se trató de un diseño paralelo (Creswell, 2003) y de fase única (Santos, Pi Puig y Rausky, 2018), que implica que los diferentes métodos se usan de forma independiente y sin secuencialidad, para abordar distintos aspectos del objeto de estudio: la evolución del número carreras por disciplina, tipo de institución (pública o privada) y región, y de la matrícula estudiantil, por un lado, y el análisis de los perfiles formativos, por el otro.
El muestreo no fue necesario para el estudio de la oferta formativa, dado que se tomó el total de carreras actualmente vigentes. En cambio, para el análisis de los perfiles formativos se diseñó una muestra intencional compuesta por los perfiles de 82 carreras. Se tuvo en cuenta la diversidad disciplinaria y regional y, a la vez, se respetó la representatividad en ambas dimensiones a partir del peso relativo de cada categoría en el total de la oferta académica nacional.
Para la construcción de los datos se elaboró una base de la oferta académica y de la matrícula estudiantil a partir de estadísticas oficiales publicadas por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del Ministerio de Educación de la Nación. En relación con los perfiles de egreso se trabajó con datos primarios, construidos mediante relevamientos de información provista por las propias universidades. Se tomó como fuente las páginas web institucionales, pero, cuando estaban accesibles, también se recurrió a las resoluciones de los Consejos Superiores o Directivos, formuladas en el momento de la creación o modificación de los programas y planes de estudio.
Finalmente, se realizó un análisis estadístico de los datos secundarios mencionados, empleando principalmente técnicas univariadas (distribuciones de frecuencias absolutas y relativas) y tablas de contingencia, y un análisis de contenido de la muestra de documentos curriculares de las carreras seleccionadas. Estos documentos incluyen la definición institucional del perfil del egresado, con lineamientos sobre las competencias que se espera desarrollar a lo largo del cursado de la carrera y sobre las incumbencias para el ejercicio profesional. Para el procesamiento de estos documentos se utilizó el software Atlas.ti, versión 8.4.24.0
3. Resultados
3.1. La oferta formativa y la matrícula de estudiantes
Hacia el año 2021, la oferta formativa de grado en las disciplinas seleccionadas suma un total de 182 carreras, dictadas en su mayoría en universidades públicas (63%): 166 licenciaturas y 16 profesorados. La distribución regional de esta oferta es la siguiente: 72 carreras en la región Metropolitana (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 24 partidos del Gran Buenos Aires y ciudad de La Plata), que representa el 39,6% del total de carreras del país; 44 en la Región Pampeana (Interior de la Provincia de Buenos Aires - excluyendo La Plata -, Córdoba, La Pampa y Santa Fe), que suma el 24,2% de la oferta nacional; 20 en el Noroeste -NOA - (Salta,
Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Jujuy y Tucumán); 16 en el Nordeste / Mesopotamia -NEA - (Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa); 16 en Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) y 14 en la Patagonia (Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego). Las carreras de comunicación social son las de mayor peso relativo en el conjunto de la oferta de grado, con un total de 67 programas, y con fuerte prevalencia de las licenciaturas (61, frente a 6 profesorados). Siguen en importancia cuantitativa las 47 carreras de ciencia política, de las cuales 45 son licenciaturas y 2 son profesorados, y las 46 de trabajo social, con 43 licenciaturas y 3 profesorados. En el último lugar se ubica la oferta de carreras de sociología, que suman 22, con 17 licenciaturas y 5 profesorados.
La Tabla 1 muestra la distribución regional de esta oferta formativa. La región Metropolitana concentra la mayor cantidad de carreras en todas las disciplinas (46,8% de las de ciencia política; 39,1% de las de trabajo social; 37,3% de la de comunicación y 31,8% de las de sociología), aunque todas las regiones tienen al menos una carrera de cada una de las disciplinas analizadas. La región Pampeana y Cuyo se destacan por el peso relativo de su oferta en el área de sociología: si bien en ninguna de las dos regiones esta disciplina es la que cuenta con más carreras, sus ofertas representan, respectivamente, el 31,8% y el 18,2% del total nacional. En el NOA la carrera con más propuestas es comunicación, y es también la que tiene una cuota mayor dentro de la oferta nacional por disciplina (13,4%). En el NEA y en Patagonia, las carreras que alcanzan una participación relativa mayor dentro de la oferta nacional por disciplina son las de ciencia política, en el primer caso, y las de trabajo social, en el segundo, ambas con algo más del 10% del total a nivel país.

Comunicación social es la disciplina con mayor oferta de carreras en todas las regiones. Trabajo social ocupa el segundo lugar en la región Pampeana y en la Patagonia, y comparte este segundo lugar con las carreras de ciencia política en el NOA y con las de sociología en Cuyo. En el NEA, la disciplina con menos carreras es sociología, al igual que en el NOA y la Patagonia. En Cuyo, la disciplina con menor cantidad de programas es ciencia política. La oferta formativa está más concentrada disciplinariamente en el NOA (con 45% de carreras de comunicación social sobre el total), seguida por el NEA y Cuyo (con 43,7% y 37,5%, respectivamente, de carreras de comunicación social), la región Pampeana (con 36,4% de carreras de esta misma disciplina), la Patagonia (con 35,7% de carreras de trabajo social) y finalmente la región Metropolitana, con 34,7% de carreras de comunicación social. Estos porcentajes se refieren, obviamente, a la cantidad de carreras. No obstante, la situación es diferente cuando se tiene en cuenta la población estudiantil.
Con respecto a la matrícula de estudiantes, cabe aclarar, en primer lugar, que los datos oficiales disponibles hasta el año 2017, por un lado, y a partir de 2018, por el otro, no son comparables, porque en el primer caso se compilaban por disciplina, y desde 2018 lo hacen por agregados de disciplinas. En 2017, último año con datos disponibles por disciplina, comunicación social tenía el 46,7% del total de la matrícula de las cuatro carreras analizadas. Seguían en importancia trabajo social, con el 30%, y ciencia política, con el 13,4%. Las carreras de sociología (7,2% del total) eran las que tenían menor peso en la población estudiantil de ciencias sociales. La carrera de comunicación era la que contaba con más alumnos en las regiones NOA (54,2% del total), Metropolitana (51,3%), NEA (46,4%) y Cuyo (44,8%), mientras que en la región Pampeana y la Patagonia el primer lugar lo ocupaba la carrera de trabajo social, con un 44,9% y un 48,9% del total de estudiantes, respectivamente. Otra cuestión destacable era la fuerte feminización de la matrícula: en 2017, el 63% del estudiantado eran mujeres, con un peso relativo mayor en las carreras de trabajo social (85,7%) y menor en las de ciencia política (50,4%).
En 2021, las estadísticas agrupaban las carreras de comunicación con las ciencias de la información, las de ciencia política con las de relaciones internacionales y diplomacia, y las de sociología con las de trabajo social y las de antropología. En conjunto, estas carreras tenían un total 165.908 estudiantes, de los cuales el 40,5% cursaba carreras de comunicación y ciencias de la información, lo que sugiere una pérdida de peso relativo de esta disciplina en la población estudiantil con respecto a 2017. Las carreras agrupadas de sociología, antropología y trabajo social sumaban el 39,9% de los alumnos y el restante 19,6% correspondía a las de ciencia política y relaciones internacionales.
En el período 2001-2017 las carreras de ciencia política (+60,9%) y trabajo social (+56,4) fueron las que experimentaron un mayor incremento de su matrícula estudiantil. Las de comunicación social y sociología, en cambio, tuvieron un aumento muy moderado (+6,1% y +4,6%, respectivamente). Este leve incremento implica, en realidad, una disminución de su participación relativa en el total de estudiantes de ciencias sociales: comunicación social pasó en ese período del 53,4% al 46,7% de los alumnos y sociología del 8,3% al 7,2%.
Como se ha mencionado, las regiones Metropolitana y Pampeana concentran la mayor cantidad de carreras en todas las disciplinas. Sin embargo, cuando se analiza la oferta de carreras con relación a la población de cada región, se puede observar que la Patagonia presenta la mejor ecuación, con 1 carrera cada 186.000 habitantes. En el otro extremo se encuentran las regiones Pampeana y NEA, con 1 carrera cada 314.000 habitantes. Las otras regiones registran los siguientes datos: Metropolitana 1 carrera cada 194.000 habitantes, Cuyo 1 cada 211.000 y NOA 1 cada 290.000. Sin embargo, más que en la cantidad de habitantes por carrera, la concentración se observa en la matrícula estudiantil. En este sentido, puede señalarse que, con el 32% de la población del país, la región Metropolitana (tal como la hemos definido en este artículo) nucleaba en 2017 más del 50% de los estudiantes de ciencias sociales. Todas las otras regiones contaban con una participación relativa en el estudiantado de estas carreras menor a su peso poblacional, destacándose la región Pampeana que, a pesar de tener algo más del 30% de los habitantes argentinos, solo aglutinaba el 20,7% de los estudiantes de las carreras analizadas. En términos relativos, la región Metropolitana contaba con 1 estudiante cada 248 habitantes, frente a 1 de cada 461 en Cuyo, 1 de cada 535 en el NOA, 1 de cada 586 en la región Pampeana, 1 de cada 546 en la Patagonia y 1 de cada 701 en el NEA.
En lo que concierne al tipo de gestión, de las 182 carreras vigentes 115 se dictan en universidades públicas y 67 en universidades privadas. Las carreras de las universidades públicas están presentes en todas las regiones y provincias del país, en más de 50 localidades. Si bien la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con un total de 8 carreras, concentra casi el 7% de la oferta pública, ésta está mucho mejor distribuida territorialmente que la oferta privada. En este último caso, a pesar de contar con presencia en todas las regiones, salvo en la Patagonia, más del 34% de las carreras tienen sede en la Ciudad de Buenos Aires, más del 54% en la región Metropolitana y cerca del 20% en la región Pampeana. Otro contrapunto entre la oferta pública y la privada se relaciona con la duración de las carreras: en las universidades privadas más del 90% tiene una duración de 4 años, mientras que, en las universidades públicas, casi el 70% tiene una duración de 5 años.
3.2. Los perfiles formativos
Sobre los perfiles formativos, aun con énfasis diferentes, el conjunto de carreras analizadas destaca como fundamento el desarrollo de capacidades profesionales acordes a diversos ámbitos de actuación, basadas en la formación científica en su campo disciplinar específico. En general, esta formación daría elementos para la elaboración de diagnósticos, la identificación de problemas y la intervención crítica y creativa en la realidad social. Por ejemplo:
El perfil profesional del Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública será el resultado y la expresión de una rigurosa formación científico-política y comprensiva de las dimensiones normativa, teórico-metodológica e instrumental de la disciplina que habilite al graduado para: analizar de un modo crítico, integral y particularizado, los fenómenos político y administrativo público; accionar en forma creativa sobre dichos fenómenos. (Lic. en Ciencia Política y Administración Pública, Universidad Nacional de Cuyo).
La/el egresada/o de la Carrera de Ciencias de la Comunicación posee una sólida formación teórica y conceptual para el análisis comunicacional de los fenómenos sociales, y posee herramientas para intervenir de manera crítica y profesional en distintos ámbitos del campo de la comunicación.” (Lic. en Comunicación Social, Universidad de Buenos Aires).
Más allá de este fundamento común, la propia definición de los perfiles permite inferir cuál es el campo de estudio que cada disciplina reconoce como propio. Las carreras de ciencia política y de sociología son las que definen los campos más amplios, con frecuentes alusiones a las “ciencias sociales” en su conjunto. Los siguientes fragmentos sustentan esta afirmación:
El graduado podrá desarrollar la actividad profesional en lo concerniente a la formulación e implementación de estudios y análisis sobre los diferentes aspectos que presenta la realidad social desde una perspectiva global, integral y crítica (Lic. en Sociología, Universidad Nacional de Villa María).
El egresado podrá dominar cuestiones ligadas con la comprensión y análisis de procesos y dinámicas sociopolíticos. (…) Realizar un empleo adecuado y crítico de la terminología propia de las ciencias sociales. Participar en el desarrollo de proyectos de investigación en ciencias sociales” (Lic. en Ciencia Política, Universidad Nacional de San Martín).
Por su parte, tanto las carreras de la comunicación como las de trabajo social apuntan a legitimar la especificidad de su campo de estudio mediante un quehacer profesional. En esta línea, la principal preocupación académica es reflexionar, sobre la base de fundamentos teóricos, acerca de los conocimientos específicos que aportan a la intervención profesional:
La Licenciatura en Comunicación Social tiene por finalidad formar graduadas y graduados para intervenir con solvencia teórica y práctica, y con discernimiento crítico, en el análisis, planificación y gestión de los diversos procesos de comunicación social (Lic. en Comunicación Social, Universidad Nacional de Rosario).
Las/los trabajadoras/es sociales son profesionales capacitados para: Reconstruir la trayectoria histórico-social de los procesos de desarrollo, rupturas y avances de la disciplina en el contexto de las ciencias sociales como posibilidad de prospectiva y de fortalecimiento de espacios y asociaciones profesionales (Lic. en Trabajo Social, Universidad Nacional de Catamarca).
Los perfiles formativos también se pueden analizar en función de las orientaciones profesionales y laborales. A partir de los ámbitos de inserción laboral que define cada carrera, se puede establecer un continuo que va desde las más “académicas” a las más orientadas el “ejercicio profesional” extra académico. En el primer polo se ubican, aunque con matices, las carreras de sociología y, en el polo más profesionalizante, las de comunicación social y trabajo social, mientras que las de ciencia política ocupan posiciones intermedias. Considerados analíticamente, los perfiles dan cuenta de cuatro orientaciones laborales relacionadas con ámbitos relativamente diferenciados, pero no mutuamente excluyentes: el académico/educativo; el del Estado y los entes públicos; el del mercado y las entidades privadas; el comunitario. La Tabla 2 reporta, sobre la base de esta clasificación, el porcentaje de carreras de la muestra que fue asignado a una u otra orientación laboral.

La orientación hacia el Estado es la más habitual y está generalmente asociada con competencias para la elaboración de políticas, o para desempeñarse en organismos públicos. Desde el punto de vista de su peso relativo, sigue en importancia la orientación hacia el campo académico, que nuclea tanto las actividades de investigación como las de docencia y, en este último caso, engloba también la docencia en el ámbito no universitario, clave en las carreras de profesorado. Las orientaciones laborales hacia el ámbito privado y comunitario tienen menor prevalencia y son más frecuentes en las carreras de comunicación, probablemente aquellas variantes que ponen el énfasis en el ejercicio profesional en los medios y/o en la comunicación institucional/corporativa. La orientación hacia el ámbito comunitario, por su parte, se destaca en las carreras de trabajo social.
Aun con visos diferentes, trabajo social y ciencia política son las disciplinas que más orientan sus perfiles formativos hacia el Estado y los entes públicos. Estas últimas tienen un perfil relacionado con la gestión pública en general, incluidos los organismos internacionales:
“(el politólogo) conoce los diferentes temas inherentes al gobierno, la administración y las políticas públicas” (Lic. en Ciencias Políticas, Universidad Católica Argentina). “El egresado/a contará con los conocimientos y habilidades necesarios para (…) intervenir reflexivamente en las actividades de las instituciones y organizaciones estatales y privadas, así como de los
organismos internacionales” (Lic. en Ciencia Política, Universidad Nacional de Córdoba). En cuanto a las carreras de trabajo social, ellas apuntan a la formación de un agente estatal capacitado para diagnosticar e intervenir en situaciones sociales de “necesidad”, o relacionadas con la “cuestión social”, que requieren el concurso del Estado mediante una política social. En cuanto a la orientación hacia el ámbito comunitario, se pretende que las trabajadoras sociales se desempeñan como agentes capacitadas para articular demandas sociales:
(se espera que las trabajadoras sociales puedan) generar, potenciar y/o fortalecer procesos de organización comunitaria y/o institucional construyendo espacios concretos y flexibles en la articulación entre las necesidades e intereses de los sectores que participan del mismo y los objetivos e intereses de la institución, tendiendo a la satisfacción y legitimación de los derechos sociales (Lic. en Trabajo Social, Universidad Nacional de Villa María).
Por otra parte, aunque todas las disciplinas están orientadas hacia el campo académico, hay diferencias significativas entre ellas. Las carreras de sociología son las que más habitualmente definen perfiles de este tipo, pero también suelen hacer referencia a lo que podría definirse como investigación aplicada, que se puede llevar a cabo incluso en el espacio extra académico, por ejemplo, a través de la consultoría.
Las carreras de comunicación social tienden a anclar el ejercicio profesional principalmente en capacidades técnicas y tecnológicas, con dos especializaciones profesionales diferentes: el periodismo y la comunicación institucional. Ninguna de estas actividades está circunscrita estrictamente al ámbito estatal o privado, hecho que podría explicar la presencia de ambas orientaciones en los perfiles:
El Licenciado en Comunicación Social será capaz de (…) concretar investigaciones aplicadas a la solución de problemas comunicacionales, informativos y/o a la implementación de programas y proyectos específicos en medios masivos, grupos o instituciones. … Asumir tareas de diseño, gestión y producción de la comunicación y la información en áreas y departamentos de Medios de Comunicación, así como en ámbitos específicos del campo profesional, en organizaciones y empresas públicas y/o privadas (Lic. en Comunicación Social, Universidad Nacional de Misiones).
Por otra parte, resulta pertinente señalar que en un alto porcentaje de los documentos institucionales analizados se menciona el compromiso ético-profesional como aspecto importante del proceso formativo. Esto es más frecuente en las carreras de trabajo social (44% de perfiles), comunicación social (24%) y sociología (18%). De acuerdo con los documentos, la dimensión ética del ejercicio profesional y académico se enmarca en principios generales a los que adhieren las universidades.
En las universidades católicas, este compromiso ético implica la integración de valores cristianos al ejercicio de la profesión. El perfil de la licenciatura en Sociología de la Universidad del Salvador, por ejemplo, señala que se pretende formar: “sociólogos (…) con capacidad para integrar los valores cristianos en el cumplimiento responsable de dicha tarea profesional”, mientras que en el de la licenciatura en comunicación social de Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino se afirma que se busca formar comunicadores sociales con una formación humanística que les: “permite asumir un compromiso irrestricto con la verdad, promover la evangelización de la cultura y fortalecer la ética de los mensajes” (Lic. en Comunicación Social, Universidad Nacional del Norte Santo Tomás de Aquino).
En cambio, en las universidades públicas el compromiso ético-profesional está más relacionado con debates político-académicos que se dieron al momento de la creación de las carreras o de reforma de sus programas. En algunos perfiles de sociología, por ejemplo, este compromiso está vinculado al desarrollo de una actitud crítica frente a la realidad social y, en los de comunicación social, se suelen encontrar referencias a la democratización de la comunicación, la libertad de expresión, la independencia en el ejercicio de la profesión y la importancia de la disciplina en los procesos de transformación social. En esta línea, el perfil de la licenciatura en comunicación social de la Universidad de Buenos Aires plantea que la carrera “brinda herramientas para intervenir y producir en el campo comunicacional desde una perspectiva crítica que favorece la democratización de la comunicación.” Y el de la Universidad Nacional de La Plata expresa que el egresado está “preparado para contribuir, desde su especificidad, a la independencia en el campo de las comunicaciones y a la transformación social.” La Universidad Nacional de Río Negro sigue la misma línea cuando indica que aspira a formar profesionales “críticos, autónomos y democráticos, conscientes de la función político/ideológica de la comunicación y de su implícita posibilidad de afectar procesos de transformación social” y “capacitados para diseñar políticas de comunicación e información que garanticen la libertad de expresión.”
Finalmente, en los perfiles de las carreras de trabajo social el compromiso ético-profesional está ligado a la intervención en situaciones de desigualdad o pobreza, y en la garantía de los derechos sociales. En esta línea, en el perfil de la carrera en la Universidad Nacional de Catamarca se afirma que el egresado puede:
efectuar una lectura crítica de la problemática social y motivar procesos de acción transformadora a través de su intervención profesional” (y debe”) “comprometerse en su intervención profesional, en la recuperación y defensa de los valores éticos, culturales y democráticos (y) exhibir una conducta acorde a las pautas éticas y morales propias de nuestra sociedad (Lic. en Trabajo Social, Universidad Nacional de Catamarca).
4.Discusión y Conclusiones
La oferta de carreras de grado en ciencias sociales, y la matrícula estudiantil de estas carreras, han tenido una notable expansión en el sistema universitario argentino en las últimas décadas. Varios factores concurrentes contribuyen a explicar estas tendencias: la refundación de carreras que habían sido cerradas o restringidas durante última la dictadura cívico militar, como la de sociología en la Universidad de Buenos Aires (Blois, 2009) o las de sociología (Díaz, 2016; Tavano y Lorenc Valcarce, 2017) y ciencia política en la Universidad Nacional de Mar del Plata; la expansión del sistema universitario público con la creación de nuevas universidades que han captado, en muchos casos, alumnado de primera generación (Pérez Rasetti,.2014; Mollis, 2016; Chiroleu, 2017; 2018; Strah, 2017; Chiroleu, 2018; Marquina y Chiroleu, 2015); y el crecimiento de las universidades privadas, especialmente durante la década de 1990 (Chiroleu, Iazzetta y Voras, 2001, Arias, 2005), en el marco de reformas de corte neoliberal. Actualmente todas las regiones y provincias del país cuentan, al menos, con una carrera universitaria de ciencias sociales. No obstante, persisten diferencias interregionales significativas, especialmente en la oferta formativa de universidades privadas, fuertemente concentrada en la Región Metropolitana, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, y en otras pocas ciudades grandes. En el caso de las universidades públicas, aunque también es evidente la concentración metropolitana, ésta aparece mucho más atenuada. Además, son estas universidades las que garantizan al menos una carrera en cada provincia, dada su mayor cobertura territorial. Por otra parte, la cobertura disciplinaria, la cantidad de carreras y la relación entre la oferta formativa y la cantidad de habitantes también presenta variaciones. En general, se observa una oferta más diversificada en las grandes ciudades, especialmente en Buenos Aires, cuya población tiene, además, una estructura de oportunidades educativas universitarias mucho más consolidada que la de otras regiones.
En regiones menos pobladas, como la Patagonia, o de menor desarrollo relativo, como el NEA y el NOA, la oferta está dominada por carreras de corte más profesionalista, como trabajo social y comunicación social, que posiblemente presentan mejores oportunidades de inserción laboral en mercados de trabajo con fuerte impronta del sector público (Salvia, Fachal y Robles., 2018), o por carreras de mayor antigüedad y tradición en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, como historia (no analizada en este artículo), especialmente en la forma de profesorados, cuyos egresados suelen insertarse en el sistema educativo local. Las carreras más orientadas a la investigación y el trabajo académico son más frecuentes en las grandes áreas metropolitanas, en particular en la ciudad de Buenos Aires, que concentra las capacidades de investigación (Bekerman, 2023) y más del 50% de las/os investigadores de ciencias sociales y humanas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de todo el país.5
Tanto en lo que respecta a la oferta cuantitativa de carreras como a la matrícula estudiantil, se destaca la preeminencia de las carreras de comunicación social en todas las regiones. No obstante, en los últimos años se ha registrado una atenuación del incremento de la población de estudiantes de esta carrera, lo que ha redundado en una disminución de su peso relativo dentro del conjunto de estudiantes de ciencias sociales. En cambio, se ha constatado un fuerte aumento de la matrícula de estudiantes de las carreras de ciencia política y trabajo social. Otro aspecto a destacar, con respecto a la matrícula, es la marcada feminización de la población estudiantil de estas carreras, especialmente en el caso de las de trabajo social, tal como ya había advertido Nebra (2018).
El análisis de los perfiles formativos permitió identificar la definición de un fundamento científico para el desarrollo de capacidades profesionales y la adscripción a un campo de estudio más o menos específico según las disciplinas. En cuanto a las incumbencias profesionales y a los ámbitos de actuación laboral, se observa un continuo entre dos polos: el “académico” (más prevalente en las carreras de sociología) y el “profesional” (principalmente en las carreras de comunicación social y trabajo social). Se destacan también los perfiles que apuntan a formar expertos para el desempeño profesional en el Estado, o en organismos públicos, en particular en el caso de las carreras de ciencia política y de trabajo social, o en el ámbito comunitario, específicamente en estas últimas. Otra característica de los perfiles formativos se relaciona con las referencias explicitas a compromisos éticos-políticos vinculados al ejercicio profesional y académico. Esto se deriva de la adscripción a principios éticos y compromisos con los derechos humanos de las universidades donde se imparten estas carreras.
Finalmente, resta señalar algunas limitaciones del presente estudio. En primer lugar, cabe recordar que en este artículo se analizan solo las cuatro carreras nucleadas en CODESOC; pero las ciencias sociales tienen, en general, un alcance más amplio. Si bien no existe una definición operativa única, y en distintos contextos nacionales e institucionales la definición de ciencias sociales varía6, es habitual considerar como parte de las ciencias sociales a disciplinas como la Antropología Social, el Derecho o la Economía, entre otras. Y, al respecto, corresponde reconocer que sus tendencias recientes, tanto en relación con la oferta formativa o la evolución de la matrícula estudiantil, así como en cuanto a sus perfiles formativos, podrían diferir de las señaladas en este estudio.
Por otra parte, en relación con los perfiles formativos, es importante reconocer que nuestro análisis no incluye a los planes de estudio y a los programas de las asignaturas, ambos elementos importantes a través de los cuales se operacionalizan los objetivos formativos generales y los perfiles de egreso en los que hemos concentrado nuestra atención. Además, el hecho de que el estudio esté basado en documentación institucional no permite dar cuenta de las brechas que muchas veces se generan entre las propuestas curriculares formales y las prácticas curriculares que se despliegan en las aulas. Y otra limitación relacionada con este último punto, se deriva del hecho de no haber explorado, a través de entrevistas, las perspectivas sobre los perfiles formativos de directivos, docentes y estudiantes universitarios de las carreras analizadas.
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Notas