dossiê: mobilidade espacial
Movilidad residencial de sectores medios y populares: la ciudad de Buenos Aires como punto de llegada*
Residential mobility of middle-class and popular sectors: the city of Buenos Aires as an arrival destination
Movilidad residencial de sectores medios y populares: la ciudad de Buenos Aires como punto de llegada*
Cadernos Metrópole, vol. 20, núm. 41, pp. 99-121, 2018
Pontifícia Universidade Católica de São Paulo
Recepción: 17 Septiembre 2017
Aprobación: 17 Diciembre 2017
Resumen: El artículo reflexiona acerca de los patrones de movilidad residencial de individuos y hogares de sectores populares y medios que residen en dos zonas de la Ciudad de Buenos Aires configuradas en torno a patrones disimiles de segregación. La movilidad residencial es un lente privilegiado para evidenciar de qué modo la experiencia de la clase es producida y reproducida en los modos de habitar. Mediante un abordaje cualitativo y biográfico hemos analizado las especificidades que presentan las movilidades residenciales de los diferentes sectores sociales. Se identifican patrones en tres dimensiones de la movilidad residencial: su espacialidad, los arreglos residenciales que los hogares despliegan y las motivaciones que guían sus desplazamientos. Los hallazgos presentados dan cuenta de los efectos que produce la posición en la estructura social sobre la movilidad residencial, así como su interacción con la propia estructuración del espacio.
Palabras clave: movilidad, movilidad intraurbana, movilidad residencial, arreglos residenciales, estructura socio-espacial.
Abstract: The article reconstructs residential mobility patterns of individuals and households from popular and middle-class sectors residing in two areas of the city of Buenos Aires, configured around dissimilar segregation patterns. Residential mobility is a powerful lens to show how the social class experience is produced and reproduced in modes of dwelling. Through a qualitative and biographical approach, we analyzed the specificities presented by residential mobilities of different social sectors. We identified patterns in the three dimensions of residential mobility: spatiality, the residential arrangements that households employ, and the motivations that guide their movements. The findings show the effects that the position in the social structure has on residential mobility, as well as its interaction with the spatial structure itself.
Keywords: mobility, intraurban mobility, residential mobility, residential arrangements, socio-spatial structure.
Introducción
Los hogares y sus miembros construyen colectivamente la ciudad a partir de la elección de sus lugares de residencia, de sus prácticas residenciales (movilidad residencial) y de las prácticas urbanas cotidianas de sus miembros (movilidad cotidiana) (Abramo, 2008; Boyer y Delaunay, 2014; Cosacov, 2014; Di Virgilio, 2008; Buzar, Ogden y Hall, 2005). Decisiones y prácticas residenciales y espaciales cotidianas son sumamente dinámicas, cambiando y adaptándose a lo largo del ciclo de vida familiar, en relación con la demografía de los hogares, posición que los hogares ocupan en la estructura social y de las características de la estructura urbana.
La movilidad residencial de los hogares y sus miembros, entendida como prácticas espaciales que involucran cambios en el lugar de residencia (Di Virgilio, 2007, p. 20), introduce cambios en las condiciones de vida de los hogares. Al mismo tiempo, afecta la estructura socio-urbana, introduciendo alteraciones en las características de determinadas localizaciones de la ciudad. De esta forma, así como los procesos de movilidad residencial se ven fuertemente condicionados por la estructura socio-urbana, al mismo tiempo la modifican (Dureau et al., 2006).
En este marco, nuestro trabajo busca aportar a la comprensión de la configuración de las grandes ciudades desde el estudio de la movilidad espacial. En particular, hace foco en las trayectorias de movilidad residencial de sectores medios y populares que residen actualmente en la Ciudad de Buenos Aires. El universo de análisis está conformado por habitantes del barrio de Caballito, ubicado en el centro geográfico de la ciudad y de un nuevo Complejo Urbano1 en el barrio de Villa Lugano, ubicado en el sur de la ciudad. De modo que se trata de trayectorias residenciales de hogares que tienen como punto de llegada, localizaciones expuestas a condiciones de segregación disímiles.
El artículo se estructura de la siguiente manera. Como punto de partida, realizamos unas breves consideraciones teórico-metodológicas necesarias para orientar al lector en el enfoque, dispositivo y nociones que permitieron el abordaje empírico de estas cuestiones y los apartados que siguen presentan los hallazgos. En primer lugar, se aborda la dimensión espacial de la movilidad, evidenciando que sectores populares y medios usan de modo diferencial la ciudad y desarrollan recorridos residenciales con patrones particulares. Si bien, como señalan diversos autores (Bonvalent y Dureau, 2002; Delaunay y Dureau, 2004; Del Río, 2011; Di Virgilio, 2008; Contreras, 2012). En general, los trabajos que analizan la movilidad residencial prestan poca atención al lugar que ocupa la localización en las decisiones residenciales, priorizando otras cuestiones, tales como el ciclo de vida, la carrera profesional, etc. Intentaremos mostrar que la localización – a través de "la posición relativa de la vivienda dentro del espacio metropolitano” (Delaunay y Dureau, 2004, p. 83)- se torna un elemento central para comprender la movilidad residencial (Abramo, 2003 y 2010; Di Virgilio, 2008; Suárez-Lastra y Delgado-Campos, 2007 y 2010). En un segundo apartado, se analizan los factores de movilidad, es decir, los motivos que impulsan los movimientos. La movilidad residencial ha sido fuertemente asociada a motivos laborales, a transformaciones demográficas y al momento del ciclo de vida de los hogares, (Authier, 2010 y Contreras, 2012; Dureau, 1994; Dansereau, 2002; Di Virgilio, 2007). Nos preguntamos si la inscripción social de los hogares configura motivaciones diferenciales para la movilidad residencial. Finalmente, se analizan cuáles son los arreglos residenciales presentes en sus recorridos residenciales. Es decir, se reconstruyen los arreglos – jurídicos o no, formales e informales – en virtud de los cuales los hogares de sectores medios y populares han ocupado las sucesivas viviendas que conforman su trayectoria residencial. Se parte del hecho de que la vivienda es un bien de consumo cuyo uso implica necesariamente algún tipo de apropiación, pero no un único tipo (Azuela, 1989, p, pp. 190-192). Precisamente, como señala el autor, es la posibilidad de tener distintas formas de acceso a la vivienda lo que torna importante el problema los arreglos residenciales y su relación con la posición socio-espacial de los hogares.
Breves consideraciones teórico-metodológicas
Nuestro trabajo se inscribe en un corpus de investigaciones que en el abordaje de movilidad espacial y estrategias residenciales, despliega un enfoque biográfico e integral de la movilidad (Dureau et al., 2007; Dureau, 2004; Dureau et al., 2002; Authier et al., 2010; Delaunay y Dureau, 2004; Dureau et al., 2011). Hace foco en el conjunto de las formas de movilidad, cualquiera sea su definición temporal y espacial, su articulación en el transcurso de las etapas del ciclo de vida de las personas y en el seno del grupo familiar. Desde dicha perspectiva, las prácticas espaciales se desarrollan en territorios en movimiento que, a su vez y concomitantemente, contribuyen a transformar. Esta línea de investigación, aboga por una aproximación integral de la movilidad espacial, colocando en el centro de la indagación la pregunta por la articulación entre las distintas escalas espaciales y temporales en la producción de relaciones de los individuos y de los grupos con los diferentes lugares que practican. Propone analizar las prácticas espaciales considerando tanto “las distintas escalas de tiempo del individuo (de lo cotidiano a lo biográfico), las diferentes escalas espaciales de la movilidad (del barrio a los movimientos internacionales) y las múltiples escalas sociales (del individuo a la familia y otras redes)” (Dureau, 2004, p. 43).
En la investigación que nutre este artículo, asumir este enfoque implicó colocar a la relación entre la dinámica de los territorios y de sus habitantes en el centro de la estrategia teórico-metodológica, proponiéndose comparar patrones de movilidad residencial de individuos y hogares pertenecientes a sectores populares y medios que residen en diferentes barrios y/o zonas de la Ciudad de Buenos Aires.
La noción de movilidad residencial refiere a los cambios de residencia en función de tres componentes: en la localización, en el tipo de vivienda o en el tipo de arreglo residencial desplegado. Levy y Brun (2002), señalan que el tamaño de la ciudad, su estructura urbana, la distribución del parque de vivienda y su relación con la oferta de empleo, la suficiencia de equipamientos y la infraestructura de transporte, condicionan los movimientos residenciales de los hogares. En ese sentido, Di Virgilio (2007) señala que “las pautas de movilidad son pautas relacionales que se definen en diálogo con las oportunidades y limitaciones que se configuran en torno a la existencia de vivienda y/o tierra nueva o vacante, a la dinámica del mercado de suelo y vivienda, a la del mercado de trabajo, a la disposición de servicios de infraestructura y de equipamiento social, etc.”. En la medida en que el mercado del suelo es sensible a los efectos que tienen aquellos emplazamientos, influyen sobre el valor de la tierra o suelo urbano (Harvey, 1977 y Abramo, 2006). El efecto de esto es una división social del espacio caracterizada por “las diferencias existentes en la localización […] de diferentes grupos, estratos o clases sociales, relacionadas fundamentalmente con el mercado inmobiliario, es decir, el costo de la vivienda y los costos derivados de habitar en áreas específicas” (Duhau, 2003, p. 177). Desde la perspectiva de los hogares y familias, es la capacidad diferencial de apropiación del espacio urbano, de los servicios y los equipamientos públicos y el aprovechamiento de las externalidades urbanas – materiales y simbólicas – lo que permite explicar que distintos grupos sociales, a partir de sus capitales, traten de localizarse en áreas de valoración social positiva, mientras que los grupos que cuentan con menos recursos se localicen en áreas del mercado con menor valor o se apropien de la tierra a partir de estrategias habitacionales que operan por fuera de la lógica del mercado inmobiliario formal (Di Virgilio, 2007). De este modo, la movilidad residencial es un lente privilegiado para evidenciar de qué modo la experiencia de la clase es producida y reproducida en los modos de habitar. En la búsqueda de un lugar para vivir, emerge un campo de negociación entre posibilidades socialmente delimitadas y expectativas cultural e históricamente elaboradas. También operan los condicionamientos espaciales y las propias dinámicas familiares. Es en esa intersección donde se produce la inscripción en la ciudad y con ello también en el espacio social. La importancia del territorio en la inscripción social opera de manera crucial, en tanto vivir en ciertas zonas, en determinados tipos de hábitats, ser inquilino, propietario u ocupante, modifica las condiciones de existencia de esos hogares y constriñe o habilita a practicar ciertos estilos de vida (consumos y sociabilidades).
En este marco, la historia residencial de un hogar, es decir, los movimientos residenciales sucesivos conforman su trayectoria residencial. Esta se constituye como herramienta analítica que permite reconstruir los movimientos residenciales que los hogares realizaron a lo largo de su biografía. Estas trayectorias, lejos de configurarse como un recorrido aleatorio o desclasado, responden a prácticas llevadas a cabo bajo un determinado habitus2 de clase que opera como principio de estructuración de tales recorridos (Di Virgilio, 2010).
Los estudios de la movilidad residencial en América Latina3
Los estudios sobre movilidad residencial intraurbana en América Latina son relativamente recientes. Cuando se han interesado por la movilidad espacial, los estudios urbanos en la región han privilegiado el análisis de la cuestión de la migración rural-urbano y de los desplazamientos campo-ciudad (centrándose casi exclusivamente en las experiencias de familias de sectores populares). La importancia que cobró la cuestión de los desplazamientos campo-ciudad – que adquirieron marcada envergadura entre 1950 y 1970 – se asoció a los impactos que generaron. Por un lado, los movimientos urbano-rurales, paralelamente al desarrollo de procesos de industrialización por sustitución de importaciones, abonaron fuertemente al crecimiento, a la densificación y al desarrollo de la economía urbana, provocando un cambio en la estructura socio-espacial de las ciudades y en la forma en la que los sectores sociales se insertan en el hábitat. Por el otro, impactaron en las áreas rurales y en sus dinámicas de desarrollo socio-productivo, que se vieron seriamente afectadas por el despoblamiento. En ese contexto, los estudios urbanos dirigieron su mirada hacia las ciudades receptoras y hacia los migrantes rurales impulsados por la búsqueda de trabajo. Así, la mirada puesta en los movimientos urbano-rurales y en sus consecuencias desvió la atención de los movimientos residenciales intra-urbanos, a pesar de que estos también constituyen un aspecto crítico de la movilidad espacial.
Tal como señala Ramírez (2016), Alan Gilbert y Peter Ward fueron pioneros en analizar los movimientos intra-urbanos en la región. Sus indagaciones se centraron en las movilidades de los hogares de sectores populares residentes en Bogotá y México D. F (véanse Ward, 1976; Gilbert y Ward, 1982).
Sus reflexiones giran en torno a las restricciones impuestas a través del mercado inmobiliario, las políticas públicas y la propia estructura urbana. Además, la cuestión de los asentamientos informales y las formas de tenencia son puntos importantes en sus análisis. Así, plantean que las migraciones intra-urbanas están lejos de ser el producto de elecciones libres de las familias, sino que en el caso de este tipo de hogares, el acceso a una vivienda en un determinado lugar de la ciudad es producto de una serie de restricciones impuestas […] Sus trabajos [intentaron] poner en tensión ciertas teorías construidas desde los países centrales, a las cuales nos referimos en el apartado anterior. Así, pretendieron ir más allá de analizar los cambios de residencia como parte de decisiones dentro de los hogares. Además, contrastan los clásicos abordajes que sólo observaban movimientos en dirección centro-periferia, ya que al examinar las ciudades de Colombia y México se encontraron que las mudanzas dentro de la misma periferia pobre eran una parte importante de los desplazamientos. Por último, notan que la tasa de movilidad en esas ciudades está lejos de alcanzar los niveles de ciudades del `primer mundo. (Ramírez, 2016, p. 23)
Sin embargo, no es sino hasta la década de 1990 que los estudios sobre la movilidad residencial intraurbana empiezan a desarrollarse en la región. Sin dudas, uno de los estudios pioneros es el desarrollado bajo la dirección de Françoise Dureau en la ciudad de Bogotá (Delaunay y Dureau, 2004). El mismo se orientó al análisis de las movilidades residenciales en Bogotá, Colombia. En particular, indagó cuatro componentes de la movilidad residencial intraurbana entre los residentes de la ciudad: la elección de la vivienda, de su localización, del tipo de tenencia, y la decisión de lograr una autonomía residencial. El estudio se apoyó en datos recabados, en 1993, a partir de la aplicación de una encuesta biográfica4 realizada en el marco del convenio interinstitucional entre el Cede (Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de Los Andes) y Orstom (Instituto Francés de Investigación Científica para el Desarrollo en Cooperación) sobre las formas de movilidad de la población de Bogotá y su impacto sobre la dinámica del área metropolitana.5
Paralelamente, en México, Olivera Lozano (1992, p. 115) indaga el proceso de metropolización del Distrito Federal. En ese marco, se focaliza en “el papel de la movilidad residencial como un factor de primera magnitud en la expansión urbana reciente; y en segundo término, en el análisis de algunos aspectos destacables de los individuos que como migrantes le dan forma y estructura al crecimiento urbano”. Entre sus hallazgos, al igual que Gilbert y Ward (1982), observa la importancia de los desplazamientos que tienen lugar en la periferia y el rol que juegan en las experiencias de movilidad, las políticas públicas sectoriales de suelo y vivienda.
En Brasil, por su parte, Smolka (1992) indaga los flujos residenciales intraurbanos entre las regiones que conforman la ciudad de Río de Janeiro. El trabajo de Smolka pone en evidencia la importancia de la movilidad intraurbana como elemento que permite entender los procesos de estratificación social y segregación residencial. “A través de datos provenientes de las compras y ventas de inmuebles, realiza un detallado análisis de la movilidad residencial, intentando observar las localizaciones de las viviendas de origen y de destino de las personas involucradas en las mudanzas” (Ramírez, 2016, p. 24). Esta línea de indagación sobre la ciudad de Río de Janeiro es retomada más recientemente en los trabajos de Abramo y Faria (1998) y Abramo (2008).
Años después (entre 2001 y 2007), en el marco del proyecto “Metrópolis de América Latina en la globalización: reconfiguraciones territoriales, movilidad espacial, acción pública” (Metal)”, algunos de los investigadores que llevaron adelante el estudio en la ciudad de Bogotá en 1993 – a los que se suma un grupo de colegas latinoamericanos –, encararon un nuevo estudio cuyo objetivo fue relevar el conjunto de las formas de movilidad que afectan la dinámica de las ciudades de Bogotá (Colombia), Santiago (Chile) y São Paulo (Brasil).6 Para tal efecto, diseñaron y aplicaron un sistema de encuestas que tuvieron como objetivo relevar las diferentes formas de movilidad de la población y de las transformaciones que ellas ejercen en las tres metrópolis. Con la metodología desarrollada, fue posible captar el conjunto de las formas de movilidad y su articulación en el transcurso de las etapas del ciclo de vida de las personas y en el seno del grupo familiar (Dureau et al, 2011).7 En ese marco, vale destacar la tesis de doctorado de Yasna Contreras (2014), quien indaga las experiencias de movilidad de las familias residentes en el centro de Santiago y sus relaciones con los cambios que experimenta esa zona de la ciudad.
Finalmente, y en ocasiones influidos por estas líneas de trabajo, se desarrollan investigaciones sobre el Área Metropolitana de Buenos Aires. Nos referimos a los trabajos de Di Virgilio (2007), Cravino (2008), del Río (2011), Cosacov (2014) y Najman (2017).8
Metodología adoptada
Los resultados presentados se sustentan en una investigación de carácter cualitativo y se apoya principalmente en la realización de entrevistas y encuestas biográficas.9 Las mismas se aplicaron entre familias residentes en Caballito y en el complejo Barrio Padre Mugica, Villa Lugano. La elección de estos barrios y de sus localizaciones se funda en criterios teóricos (muestreo teórico), a saber:
Finalmente, la selección de familias de sectores populares y medios responde al interés por analizar los efectos que tiene la posición en la estructura de clases10 en la movilidad residencial y su interacción con la propia estructuración del espacio.11
En este marco, se han realizado encuestas12 y entrevistas biográficas a 34 hogares dentro del Centro Urbano Barrio Padre Mugica y a 40 hogares en el barrio de Caballito durante el año 2013, 2014, 2015, 2016 y 2017. Las encuestas abordan diversos ejes para identificar las características socio-demográficas de los hogares y de todos sus miembros, así como sobre las características de las viviendas. Las movilidades espaciales residenciales de los hogares se abordan desde una perspectiva longitudinal retrospectiva, mediante entrevistas biográficas y la utilización de una grilla calendario de vida que facilita la reconstrucción de la trayectoria residencial, ocupacional y educativa de uno de los miembros del hogar (ego).13 La reconstrucción de las trayectorias residenciales procuró identificar retrospectivamente los movimientos residenciales protagonizados por estos hogares, centrándose principalmente en la localización y los arreglos residenciales que han adoptado.
La dimensión espacial de la movilidad residencial en la Ciudad de Buenos Aires
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) es la ciudad capital de Argentina y constituye la sede central político-administrativa de la actividad económica y de los servicios del país. El último Censo de Población del año 2010 relevó que en esta ciudad, que ocupa 200 km2, habitan 2.890.151 personas, el 7,2 % de la población del país. A lo largo de su historia, se ha conurbado una gran cantidad de población por fuera de sus límites político-administrativos, por lo que en la actualidad la Caba constituye el núcleo del aglomerado urbano más grande del país, denominado Gran Buenos Aires, que con sus 13.588.171 habitantes se despliega sobre el territorio abarcando total o parcialmente otras numerosas áreas de gobierno local. La estructura socio-espacial y socio-habitacional de la Ciudad de Buenos Aires es producto de un largo desarrollo histórico, en el cual factores socioeconómicos, políticos y territoriales, tanto a nivel metropolitano como nacional, fueron modificando las condiciones de acceso al suelo y a la vivienda en este ámbito. La Caba en la actualidad condensa así, como capas superpuestas de procesos, sentidos e imaginarios urbanos, su compleja trayectoria socioespacial (Di Virgilio, Marcos y Mera, 2015).
En la ciudad de Buenos Aires existe un temprano patrón de diferenciación socio-espacial, observable hasta la actualidad: por un lado, el eje norte y oeste con buenos servicios, equipamientos e infraestructura, que recibe población de mayores recursos; por el otro, el eje sur, vinculado a los sectores obreros y populares (Bertoncello, 2010; Torres, 1999; 2001). Las comunas que muestran mayor crecimiento poblacional son aquellas que integran el eje sur, donde el precio del suelo ha sido históricamente más barato y donde se concentran casi la totalidad de las urbanizaciones populares de origen informal (villas,14 NHT15 y asentamientos16), así como gran parte de los Conjuntos Habitacionales.17 De hecho, entre el 2001 y el 2010, aumentó en un 52,3% la población en villas y asentamientos. Inversamente, las zonas de mayor valor del suelo son las que menos han crecido: presentan un aumento menor al 5% de su población.
El barrio de Lugano está ubicado en la zona sur, forma parte de la Comuna 8.18 Esta comuna concentra la mayor cantidad de población residente en villas de emergencia de la ciudad (32,9%) y de complejos habitacionales de vivienda social que, debido a la ausencia estatal, presentan fuertes déficit de estructura y mantenimiento. La Comuna 8 muestra – a nivel ciudad – los más altos niveles de hogares bajo situaciones críticas de hacinamiento, así como fuertes niveles de precariedad en las instalaciones de servicios públicos (Cfr. Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires, 2013). En cuanto a los modos de inserción en el mercado de trabajo de los habitantes de la Comuna 8, se delinea otra característica de fuerte vulnerabilidad social: más del 20% de la población económicamente activa no se encuentra ocupada. Por su parte, el barrio de Caballito, único barrio que conforma la Comuna 6, está ubicado en el centro geográfico de la ciudad. En este barrio tradicionalmente se han asentado hogares de clases medias y medias altas.19 Allí convergen una línea ferroviaria, dos líneas de subterráneos y una gran cantidad de líneas de colectivos que lo comunican con diversos puntos de la ciudad y el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba). El barrio tiene un tejido urbano continuo, dotado con la infraestructura y el equipamiento propios de un espacio urbano central y consolidado, con calles pavimentadas y redes de servicios que alcanzan prácticamente a la totalidad de sus residentes, expresando una clara presencia del Estado y las empresas prestatarias de servicios.20 Tiene manzanas en las que predominan edificios y otras que presentan un marcado carácter residencial de baja densidad, es uno de los barrios más densos de la ciudad (27.000 habitantes por km2). En Caballito, el parque habitacional responde casi en su totalidad a la dinámica del mercado inmobiliario formal y es el título de propiedad el modo predominante de tenencia de la vivienda.21 En clara diferenciación con la Comuna 8, esta zona de la ciudad no hay urbanizaciones populares de origen informal ni Conjuntos Habitacionales.22
Para realizar el análisis de la movilidad residencial en su dimensión espacial, se reconstruyeron en primer lugar, los recorridos residenciales teniendo en cuenta la sucesión de localizaciones desde el momento en que los entrevistados se emanciparon de su hogar paterno. Luego, se elaboró una clasificación en función de la escala espacial de los tramos seguidos.23 Los resultados obtenidos muestran que la mitad de los casos que integran la muestra de los sectores populares, presentan trayectorias con componentes migratorios (internos y externos). Es decir, llegan a la ciudad como migrantes, inaugurando trayectorias residenciales que combinan movimientos migratorios e intraurbanos. Luego del ingreso a Caba continúan moviéndose, registrando trayectos con movilidades intra e interbarriales dentro de la Ciudad de Buenos Aires y en algunos casos, extendiéndose hacia el conurbano de Buenos Aires. Además, se registran trayectorias de migración de tipo pendular, es decir, donde aparecen trayectos de “ida y vuelta” entre el país de origen y la Ciudad de Buenos Aires. Por otra parte, los casos que no poseen componentes migratorios, presentan igualmente una alta movilidad residencial intraurbana. Sus desplazamientos incluyen movimientos dentro Caba de tipo interbarrial e intrabarrial. Asimismo, el Amba se presenta como un espacio de residencia posible y frecuente para estos sectores. En definitiva, se trata de una movilidad residencial que habitualmente está marcada por experiencias migratorias y que muestra una combinación de tramos cortos (interbarrial e intrabarrial) y tramos medios a nivel metropolitano.
A contrapelo, la movilidad residencial de los entrevistados pertenecientes a los sectores medios, muestra un patrón de movilidad residencial predominante de tipo interbarrial e intrabarrial, en los que la migración está ausente. La gran mayoría realiza movimientos dentro del mismo barrio o entre barrios de la misma ciudad, son pocos los casos de recorridos de escala metropolitana (tramo medio) y no hay ningún recorrido que evidencie el componente migratorio en la movilidad residencial de este grupo analizado.
A pesar de ser una muestra cualitativa pequeña – sin pretensión alguna de representatividad-, estos patrones están en sintonía con los perfiles poblacionales de estos barrios. En Caballito, un 70% de su población nació en la Caba, mientras que Villa Lugano, pertenece a la Comuna que concentra en mayor medida población migrante (23,4%).24 En sintonía con lo que señala la bibliografía sobre movilidad residencial (Di Virgilio, 2007 y 2011; Authier, 2010 y Contreras, 2012) resulta evidente que la localización incide en el tipo de trayectorias de la población que recibe.
Para profundizar el análisis de la movilidad residencial en su dimensión espacial se reconstruyeron longitudinalmente los anclajes residenciales de los hogares. Se realizó un mapeo que registra las localizaciones sucesivas en las que los entrevistados han residido desde su salida del hogar paterno. Del análisis se desprende que estos habitantes pertenecientes a distintos sectores sociales dibujan una geografía de los movimientos residenciales desigual: existe una suerte de frontera espacial entre hogares populares y medios, dado que circulan por corredores distintos.

Los sectores populares residentes actualmente en Villa Lugano han fijado sus anclajes residenciales en el corredor sur de la ciudad y del Gran Buenos Aires asociado, de modo predominante, a hábitats informales y viviendas colectivas. El sector norte de la ciudad aparece de manera excepcional entre sus recorridos residenciales. Por otro lado, como ya mencionamos, sus trayectos residenciales integran movimientos migratorios internos y externos. De hecho, la mayoría de los puntos de partida – la ubicación de los hogares paternos al momento de iniciar sus propias trayectorias residenciales – se ubican en otros países de Latinoamérica o bien, en el Gran Buenos Aires. Mientras tanto, los entrevistados de sectores medios han fijado sus anclajes residenciales en el corredor este-oeste de la ciudad. Además, llegan al barrio de manera predominante desde otros barrios de la ciudad, más que desde otras jurisdicciones, principalmente desde las zonas oeste y suroeste, ya sea de barrios de la Ciudad de Buenos Aires o de localidades cercanas a la ciudad. La ubicación de los hogares paternos al momento de iniciar sus propias trayectorias residenciales muestra que sus movimientos se han desplegado hacia el centro de la Caba.
Sin lugar a dudas, estas lógicas de localización que dibujan geografías diferenciadas, están condicionadas por las dinámicas del mercado de tierra y vivienda, por el propio accionar del Estado y por la existencia de oportunidades residenciales asequibles en donde habitar. Las prácticas residenciales están afectadas por las etapas y las propias dinámicas de desarrollo de una ciudad, en relación a las necesidades y recursos de los que disponen los hogares.
Los factores de movilidad ¿Por qué se mueven?
Los factores de movilidad ampliamente reconocidos por la bibliografía (Dureau, 1994; Dansereau, 2002; Di Virgilio, 2007; Authier, 2010 y Contreras, 2012) están presentes en las trayectorias analizadas y explican, en gran medida, los movimientos residenciales. En el universo analizado, los distintos momentos del ciclo de vida y los cambios en la composición del hogar, constituyen motivos para desplazarse de un lugar a otro. Esto se vincula al hecho de que las trayectorias residenciales se estructuran por un tiempo social que establece secuencias típicas según los ciclos de vida (Godard, 1996; citado en Longo, 2012, p. 6) y que suponen, en muchos casos, modificaciones en la relación con el espacio. Con todo, es preciso no perder de vista que existe una demografía de clase. Torrado (1995) explica la pertenencia a una clase social como condicionante de las trayectorias de vida, y en este caso, residenciales, de los hogares. Introducir esta noción ayuda a relativizar cierta mirada homogeneizante sobre el ciclo de vida, reconociendo que el clivaje de clase introduce particularidades significativas a la hora de entender cómo influye sobre la movilidad residencial.
En el conjunto de las movilidades residenciales analizadas, son las de los sectores medios las que muestran una mayor capacidad de maniobra para realizar “ajustes” habitacionales duraderos vinculados a modificaciones en el ciclo de vida y acorde a ciertos patrones culturales hegemónicos, modelos domésticos y concepciones del individuo y la intimidad. Cabe destacar que entre los hogares de sectores medios, quienes son propietarios y están mejor posicionados pueden mudarse más veces que aquellos cuya situación es menos favorable. En ese sentido, el acceso a la propiedad de la vivienda, no parece ser un factor de estabilización. Algunos continúan moviéndose, dada una disponibilidad de capitales y recursos capaces de otorgar mayores márgenes de maniobra para adecuar la situación residencial a las necesidades, gustos y preferencias del hogar.25
En los sectores populares los eventos relacionados al ciclo de vida, también se muestran como factores que demandan “ajustes” sobre las condiciones residenciales de los hogares. Sin embargo, se observa una configuración particular de la nupcialidad y la fecundidad que Torrado (1995) denomina ciclo de vida apremiante y caracteriza a una cierta demografía de clase. La frecuencia de estos episodios en las vidas de los sectores populares es mucho mayor y trae aparejado impactos relevantes sobre las posibilidades de reproducción de los hogares. Los factores de movilidad que podríamos llamar tradicionales, se articulan con la presencia de situaciones trágicas, imposiciones externas (tales como desalojos o relocalizaciones ordenadas por el Estado) o a crisis económicas. Agrupamos a estas motivaciones bajo la denominación “causas ajenas a la voluntad” (Di Virgilio, 2007; Dureau y Bonvalent, 2002). El hecho de que estas motivaciones ajenas a la propia voluntad ocupen un lugar tan importante entre las motivaciones que han impulsado los movimientos residenciales de estos hogares, nos da señales acerca de los niveles de condicionalidad estructural que enmarcan las prácticas de los sectores populares y hacen que las soluciones habitacionales no alcancen un alto nivel de estabilidad. La intervención del Estado y la demografía de clase aparecen como un incentivo a la mudanza ya sea por la generación de problemas que impulsan, o fuerzan, a salir de un lugar, como a la aparición de nuevas posibilidades de mudanza interpretadas por los hogares como positivas. La presencia de este factor y su repetición lo largo de las trayectorias evidencia una situación de vulnerabilidad.
Arreglos residenciales
Los diferentes arreglos residenciales desplegados por los hogares a lo largo de sus recorridos residenciales, pueden comprenderse en la intersección entre los valores socio-culturales que permean la estructuración del mercado inmobiliario, los procesos de producción de la ciudad (urbanización), el régimen jurídico vigente y la capacidad diferencial de los hogares para acceder a la vivienda en propiedad, algo estrechamente vinculado con su posición en la estructura de clases. Los distintos arreglos residenciales suponen distintos grados de reconocimiento legal, niveles de precariedad jurídica y legitimidad social (Azuela, 1989; Arqueros y Canestraro, 2010). Los modos de acceso caracterizados y problematizados como informales, irregulares o ilegales, existen en tensión con la institución de la propiedad privada, soporte fundamental del sistema jurídico de cualquier sociedad capitalista (Azuela, 1989), y en general son modos socialmente estigmatizados26 de acceder a la vivienda y el hábitat. Para satisfacer sus necesidades habitacionales, los hogares y sus miembros desarrollan un importante repertorio de arreglos residenciales que abarcan un profuso abanico de alternativas. Los gráficos de la Ilustración 2 permiten visualizar los arreglos residenciales en virtud de los cuales los hogares de cada población analizada, a lo largo de sus recorridos residenciales, ocuparon una vivienda. Hay tantas filas como entrevistados y cada columna representa un trayecto residencial (movimiento). A su vez, ordena los entrevistados en función de sus edades, de mayor a menor.

Estos gráficos permiten identificar algunos aspectos significativos que caracterizan a los arreglos residenciales entre los diferentes grupos sociales. En primer lugar, muestra que el alquiler formal o la propiedad son los arreglos residenciales más frecuentes que despliegan o desplegaron los hogares de clase media que residen en Caballito, para acceder a la vivienda, siendo más excepcional el allegamiento. En la base de las prácticas residenciales de este grupo social, operan la nuclearidad y la neolocalidad27 como modelos de convivencia asociados al deber ser de los hogares “decentes” y “respetables” (Liernur, 1999; Cosse, 2010 y Pérez, 2012). En el universo analizado, el allegamiento parece ser un arreglo residencial desplegado en momentos excepcionales ante la imposibilidad de continuar afrontando un alquiler o también en situaciones vinculadas a “crisis” económicas y/o familiares como separaciones conyugales. Es también, una estrategia que funciona mientras se reúne el dinero para comprar o alquilar una vivienda.
En el caso de los sectores populares, se observa una batería de opciones que complejizan los arreglos residenciales desarrollados por los sectores medios. Las trayectorias de los sectores populares están compuestas por formas de acceso a la vivienda tales como: viviendas prestadas por familiares, cedidas por razones laborales, ocupadas de hecho y modos informales de propiedad y alquiler. Si bien la propiedad y el alquiler formal están presentes entre las estrategias de estos hogares – y configuran sus expectativas habitacionales – tienen un lugar secundario en sus trayectorias. Entre los sectores populares, la noción de alquiler se ensancha, incorporando los alquileres informales y en inquilinatos, hoteles y pensiones. También se ramifica la noción de propiedad del inmueble al incorporar arreglos habitacionales que sólo son posibles en el contexto de un mercado informal, tal como el que se da en las villas, asentamientos y barrios de viviendas sociales. A su vez, el allegamiento que se muestra excepcional para los casos de clase media, es un arreglo residencial provisorio pero recurrente en los sectores populares. Ocurre con mayor frecuencia – ocupa el segundo lugar entre los arreglos residenciales – y es desplegado en diferentes momentos del ciclo de vida. Si bien se vincula, al igual que en el caso de los sectores medios, a momentos de dificultades económicas y familiares, la diferencia es la recurrencia de episodios críticos en la vida de las familias populares. El allegamiento es, también, entre estos sectores, una estrategia desplegada al momento de conformar el propio núcleo familiar,28 algo que emerge como diferencia fundamental con los hogares de sectores medios cuyos recursos económicos les permite concretar esa pauta cultural que señala que un nuevo hogar necesariamente debe realizarse en una vivienda independiente de los padres.
Aunque excede a este artículo, es preciso señalar que los datos sobre los arreglos residenciales desplegados, evidencian distintas configuraciones familiares de proximidad residencial (Araos, 2016). Fenómeno que comprende una variedad de prácticas que asumen morfologías espaciales, de acuerdo con las oportunidades y restricciones socioeconómicas de las familias y en diálogo con la propia estructura de la ciudad. Mientras que entre los sectores populares se registra una fuerte presencia del allegamiento, en el caso de los sectores medios, las co-residencia con otros familiares es poco frecuente, pero no así la proximidad residencial, tal como se evidencia en el análisis de la dimensión espacial de la movilidad.29
Entre los entrevistados de clase media se delinea una secuencia típica y ascendente que supone que la propiedad se pondera más que el allegamiento y que el alquiler, siendo éste preferible al anterior. Podemos hablar de la existencia de una noción de escalera residencial ascendente conformada por una secuencia jerarquizada de arreglos que orienta las prácticas residenciales. El acceso a la propiedad de la vivienda resulta para ambos sectores un arreglo residencial que conforma el polo positivo en el rango de arreglos residenciales. Sin embargo, los sectores populares no parecen valorar el alquiler por sobre el allegamiento. En base a sus apreciaciones, parece regir una jerarquización más sutil que sitúa en primer lugar el acceso a la propiedad formal, luego a la propiedad informal y posteriormente en un mismo estrato se ubican las diferentes modalidades de alquiler formal e informal, allegamiento, ocupación de un inmueble, préstamo de vivienda y vivienda cedida por trabajo. Los diferentes arreglos que coexisten en este tercer escalón de la jerarquización, presentan características específicas e implican para los entrevistados “pros y contras” que se vinculan a las necesidades de los hogares en un determinado momento y a los recursos con que cuentan para satisfacerlas.
Cabe decir que investigaciones sobre Latinoamérica señalan una relación entre los diferentes arreglos residenciales de los hogares y el curso que adoptan sus movilidades residenciales. Sostienen que las forma de tenencia y la posición social producen diferencias en las trayectorias, siendo los hogares inquilinos más móviles que los hogares propietarios, y los hogares de sectores populares más móviles que los pertenecientes a estratos medios (Dureau, 2002; Delaunay y Dureau, 2004; Di Virgilio, 2007 y Contreras, 2012). En efecto, el análisis de las trayectorias consideradas en este estudio, evidencia que los hogares de sectores de populares tienen en promedio 7,77 trayectos residenciales desde que abandonan el hogar paterno, mientras que los sectores medios muestran un promedio de 2,57 por trayectoria. Para comprender la intensidad que asume la movilidad residencial en los sectores populares, es preciso enmarcarla en la inestabilidad omnipresente en sus vidas cotidianas. Esta claro que la movilidad residencial guarda estrecha relación con la condición de vulnerabilidad que enmarca los cursos de vida de estos hogares populares, muy propensos a caídas o retrocesos, así como a recuperaciones menos definitivas.
Conclusiones
Las movilidades espaciales y, en particular, la movilidad residencial constituyen una lente privilegiada para analizar las dinámicas metropolitanas. No sólo permiten articular prácticas residenciales con estructura urbana, sino que también ayudan a evidenciar esa particular imbricación entre experiencias de clase y modos desiguales de habitar. Esta relación se expresa en las posibilidades concretas que tienen las familias de describir las trayectorias promocionales y de acceder en su recorrido a la propiedad y/o mejorar sus condiciones de localización. Del análisis ofrecido emerge que para satisfacer sus necesidades habitacionales, los hogares y sus miembros desarrollan un importante repertorio de arreglos residenciales que abarcan un profuso abanico de alternativas. Estos repertorios claramente varían según la inserción de las familias en la estructura de clases y explican la localización actual de esas familias.
Las desigualdades sociales se estructuran en interacciones sociales, en arenas públicas y privadas, en discursos sociales y en distintos ámbitos de la vida social (Bourdieu 1998; Giddens, 1979 y 1998; Devine, 2004; Devine, Savage, Scott y Crompton, 2005; Lawler, 2005). Y uno de esos ámbitos es el uso y la apropiación del espacio urbano. Las experiencias de movilidad son diferenciales según las características de hogares e individuos, poniendo de manifiesto que la movilidad espacial es un proceso selectivo en el que intervienen variables a nivel del hogar – el tipo de hogar, la posición socio-económica, la etapa del ciclo de vida, etc. El análisis también muestra la importancia de considerar el propio territorio como otro factor que hace de la movilidad un proceso selectivo, en tanto localizaciones particulares configuran patrones diferentes y desiguales de movilidad espacial. Tal como revelan los datos aquí analizados, hogares populares y medios localizados en distintos barrios de la ciudad, dibujan geografías residenciales que pueden pensarse como circuitos inconexos. No es posible soslayar cómo se relacionan esos recorridos residenciales con el acceso a los recursos urbanos desigualmente distribuidos en el territorio (Dureau e Imbert, 2014). Sin embargo, para ello, habría que incorporar en la comprensión de los procesos el papel de la movilidad cotidiana ya que la apropiación y uso de las externalidades urbanas, no puede pensarse sólo desde la dimensión residencial.
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Notas
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