Artículos de investigación
Efectos emocionales del confinamiento por la covid-19 en niños y niñas de primera infancia
Emotional effects of COVID-19 confinement in early childhood
Efeitos emocionais do confinamento pela covid-19 em crianças na primeira infancia
Efectos emocionales del confinamiento por la covid-19 en niños y niñas de primera infancia
Hallazgos, vol. 19, núm. 38, pp. 34-47, 2022
Universidad Santo Tomás
Recepção: 10 Novembro 2021
Aprovação: 12 Janeiro 2022
Resumen: Este artículo de reflexión es el resultado parcial de la investigación: “La pedagogía familiar como alternativa educativa en época de distanciamiento social”. Esta tiene por objetivo general: develar las estrategias familiares para asumir el acompañamiento educativo de los hijos en el hogar. La metodología de la que se parte es el paradigma interpretativo y la estrategia fue documental. Con respecto a los resultados, se describen las razones por las cuales aparecen síntomas emocionales en los niños y niñas durante la cuarentena; que preocupan a un niño o niña en época de pandemia, y en los responsables de garantizar la protección de la salud emocional de los niños y las niñas. La investigación arrojó como conclusiones: la capacidad de los niños y niñas para adaptarse a las situaciones; que son la familia y el Estado los responsables de garantizar la salud mental de los niños y niñas; y que la covid-19 trajo consigo la necesidad de atender al ser humano a partir de todas sus múltiples dimensiones.
Palabras clave: Inteligencia emocional, covid-19, primera infancia, confinamiento, emociones.
Abstract: This reflection article is the partial result of the research: “Family pedagogy as an educational alternative in times of social distancing”. Its general objective is to unveil family strategies to assume the educational support of the children at home. The methodology is based on the interpretive paradigm and the strategy was documentary. Regarding the results, the reasons for the appearance of emotional symptoms in children during quarantine are described; which are of concern to a child in times of a pandemic, and in those responsible for ensuring the protection of children’s emotional health. The research concluded that: the children’s capacity to adapt to situations; that the family and the State are responsible for guaranteeing children’s mental health; and that COVID-19 brought with it the need to care for the human being from all its multiple dimensions.
Keywords: Emotional intelligence, COVID-19, early childhood, confinement, emotions.
Resumo: Este artigo de reflexão é resultado preliminar da pesquisa “A pedagogia familiar como alternativa educacional em época de distanciamento social”, a qual tem o objetivo geral de revelar as estratégias familiares para assumir o acompanhamento educacional das crianças em casa. A metodologia da qual faz parte é o paradigma interpretativo, e a estratégia foi documental. Quanto aos resultados, são descritas as razões pelas quais aparecem sintomas emocionais nas crianças durante a quarentena, que preocupam uma criança em época de pandemia, e nos responsáveis por garantir a proteção da saúde emocional das crianças. Esta pesquisa trouxe como conclusões que as crianças são capazes de se adaptarem às situações, que são a família e o Estado os responsáveis por garantir a saúde mental delas e que a covid-19 trouxe consigo a necessidade de atender o ser humano a partir de todas suas múltiplas dimensões.
Palavras-chave: Inteligência emocional, covid-19, primeira infância, confinamento, emoções.
Introducción
Los niños y niñas han sido objeto de atención gubernamental, dado que a medida que el ser humano fue evolucionando, también se empezó a comprender la importancia de los infantes para el futuro del mundo, y a partir de allí se fue creando conciencia frente a la importancia de gestionar espacios, experiencias y aprendizajes significativos para su desarrollo integral.
Por parte de los gobiernos del mundo son muchas las iniciativas que se han emprendido, todas estas encaminadas a controlar el contagio del virus, y Colombia no es la excepción, incluso por su rápida toma de decisiones gubernamentales, hoy la curva del contagio aún no se dispara ni alcanza los niveles que ha alcanzado en otros países, si bien se han emprendido una serie de acciones para garantizar el bienestar de la población, estas parecen estar solo orientadas a la salud física, se quedan cortas y empiezan a presentarse afectaciones en otras áreas como, por ejemplo, la salud mental.
Por tanto, es usual encontrar en el mundo abundancia de estudios y publicaciones que abordan la crisis del Coronavirus desde su componente médico, explican ampliamente la sintomatología, las consecuencias a corto y mediano plazo, así como las posibles formas de minimizar el impacto (van der Hoek, Pyrc, Jebbink, et ál., 2004; Villamil-Gómez, Sánchez, Gelis et ál., 2020; González-Jaramillo, González-Jaramillo, Gómez-Restrepo et ál., 2020). También hay algunos reportes y artículo de reflexión que abordan la atención psicológica todo ello mediado por la aplicación de un sin número de protocolos (Urzúa, Vera-Villarroel, Caqueo- Urízar y Polanco-Carrasco, 2020; Vera-Villarroel, 2020), los países parecen estar compitiendo en términos de quién tiene más y mejores protocolos, construidos a gran velocidad y que en otros tiempos hubieran sido impensables.
En efecto, de alguna manera se olvida la vida cotidiana y la rutina de los niños y niñas, las familias y las personas del común no están dadas ni preparadas para identificar cuando algo a nivel emocional anda mal, las familias no son dadas a hacer uso y ni siquiera a comprender lo que implica, y es un protocolo. Esta situación muestra la necesidad de brindar atención en áreas de lo personal, emocional y psíquica de una manera distinta que más allá de diagnósticos, estereotipar o encuadrar los síntomas de esta población en una explicación patológica, busquen dar respuesta a sus necesidades reales y a mejorar sus condiciones actuales de salud mental durante el confinamiento.
En este caso es evidente que le hace falta al gobierno, las escuelas y familias colombianas, estrategias para cuidar más allá de la salud física, la salud mental (emocional de los niños y niñas), en estos casos apuntarle al fortalecimiento y formación en inteligencia emocional es crucial, porque de allí es que surgen las habilidades emocionales para hacer frente a las situaciones cargadas de altos niveles de estrés como esta. Mayer, Roberts y Barsade (2008) mencionan que es fundamental fortalecer la inteligencia emocional como ese conjunto interrelacionado de habilidades que permitirán al niño identificar, usar comprender y manejar sus propias emociones como las de los demás, y Lazarus (1991) complementa al afirmar que este tipo de situaciones de emergencia ponen en evidencia la importancia que tiene la relación de las personas con su entorno, pues las emociones se activan en relación con lo que acontece entre el individuo y su contexto de interacción inmediato. Lo que sugiere que el bienestar emocional e integral está en manos de los adultos que los rodean.
Algunos estudios sugieren que los niños y niñas son una población psicológicamente más vulnerable ante la alteración significativa de sus entornos de socialización, por tanto, fenómenos repentinos como el confinamiento o el aislamiento social, trae como consecuencias a esta población, altos niveles de estrés emocional y social, problemas psicológicos por cierre de los centros educativos, y todo esto porque su cerebro todavía no se encuentra lo suficientemente preparado para comprender por qué deben permanecer alejados de seres queridos como familia cercana y amigos de la escuela.
Lo anterior supone que para la primera infancia el ambiente se convierte en un estresor mayor, dado que además de que deben lidiar con la comprensión de algo difícil de entender, incluso para un adulto, también se verán enfrentados a las situaciones emergentes en sus hogares a raíz de situaciones presentes en adultos como falta de paciencia, aumento del maltrato físico por carecer de estrategias para afrontar de manera diferente las problemáticas familiares, violencia doméstica y emocional hacia los menores por los pocos recursos de afrontamiento de la crisis con los que actualmente cuentan las familias, y problemas de consumo de drogas y alcohol en los adultos que muchas veces terminan en acciones de agresividad hacia otros miembros de las familias, especialmente a quienes representan más vulnerabilidad o dominio como en el caso de los niños y las niñas.
En efecto, es entonces la infancia una población que requiere mayor atención por parte del gobierno, escuelas y sus propias familias, y no de la manera como se viene haciendo, asistiéndolos académicamente por medios virtuales, aumentando las horas de permisividad frente al uso del televisor, videojuegos y celulares, la atención requerida hace referencia al acompañamiento emocional que requieren por estos tiempos, a la recuperación de los hábitos y rutinas, y a la inclusión de sus necesidades en la misma escala que las de los adultos, es necesario comprender que los niños y las niñas también tienen sus demandas, preocupaciones y presiones psicológicas frente a esta situación de orden mundial que nos aqueja a todos.
Referentes teóricos
Los resultados de la presente investigación tendrán como guía y sustentación en el proceso de análisis los siguientes referentes teóricos, los mismos que facilitarán la triangulación del dato y la comparación desde diferentes perspectivas para brindar mayor y mejor explicación al fenómeno estudiado. Además serán el insumo principal para generar las conclusiones y las posibles propuestas de solución.
Emoción
James (1884), como se cita en Sánchez y Ruetti (2017), define la emoción “como la sensación de los cambios corporales que le siguen directamente a la percepción de un hecho excitatorio” (p. 310). Interpretando a Redorta y Cols (2006), las emociones pueden ser entendidas como los estados y las percepciones que tienen las personas sobre los estímulos, tanto internos como externos. En otras palabras, es la adaptación de los seres humanos frente a cualquier tipo de cambio que se tenga que enfrentar en la vida cotidiana. En este orden de ideas, Bisquerra (2003), como se cita en Muslera (2016), afirma que las emociones son “un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno” (p. 7).
Confinamiento y aislamiento social
En palabras de Sánchez y De la Fuente (2020), durante la aparición de la covid-19, “el aislamiento se refiere a la separación física de las personas contagiadas de aquellas que están sanas” (p. 73-74). Lo anterior lo refuerzan Canto, González, Martínez, Monconill y Swen (2021), al confirmar que “el confinamiento, ya sea domiciliario o perimetral, es una regulación estricta de la distancia física que tiene consecuencias en el libre movimiento de las personas y que impacta fuertemente en sus vidas” (p. 84). Por último, “el concepto de distancia social refiere a los grados de comprensión y simpatía que existen entre las personas, entre personas y grupos sociales, y entre grupos sociales” (Arteaga y Lara, 2004, p. 175).
Covid-19
En relación con la covid 19, para Toro y Díaz (2020), es un “brote de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), causado por el virus del síndrome respiratorio agudo severo tipo-2 (SARS-CoV-2)” (p. 183). Al respecto, la American Thoracic Society (s. f.) señala que “el COVID-19 es una nueva forma de la enfermedad del Coronavirus la cual se debe al nuevo virus SARS-CoV2 que causa una infección aguda con síntomas respiratorios” (par. 1). La covid-19 está asociada al llamado coronavirus. “Los coronavirus son virus envueltos de ARN de sentido positivo no segmentados que pertenecen a la familia Coronaviridae y al orden Nidovirales, y se distribuyen ampliamente en humanos y otros mamíferos, originando múltiples afecciones que van […] hasta la muerte” (Palacios-Cruza et ál., 2020, p. 2).
Nombrados de este modo los referentes teóricos, es preciso aclarar en que se fundamentó la metodología con la cual se realizó la investigación.
Metodología
El presente resultado de investigación utilizó como método el paradigma interpretativo y como enfoque se escogió el cualitativo. Cuyas características, según Galeano (2004), no constituyen solo una técnica para la recolección o validación de los datos recolectados en el trabajo de campo, pues además es una estrategia de investigación para describir las singularidades propias de un diseño metodológico, sino que constituye una de sus estrategias, la cual cuenta con particularidades propias en el diseño, la producción de información; su análisis y su interpretación. Desde este punto de vista, el enfoque cualitativo se convierte en la alternativa de estudio apropiada para recoger, rescatar y valorar resultados de investigaciones que se han hecho sobre el objeto de estudio de interés.
En este sentido, el presente estudio parte de analizar varios “conceptos teóricos” relacionados con los efectos que tienen las situaciones de confinamiento en las emociones de los niños y niñas de 0 a 5 años. En otras palabras, se parte de consultar, una serie de información teórica que permite operatividad y prestar especial atención a la relación entre las categorías para luego generar los esquemas de análisis y sacar las conclusiones sobre el tema, es decir, este enfoque permitió comparar las diferentes categorías encontradas, realizar las diferentes y pertinentes triangulaciones de las cuales surgieron y se llegaron a las conclusiones.
Las etapas del estudio se cifran en tres en tres momentos a saber: 1) indagación y recolección de los datos, esta etapa a su vez se dividió en: la codificación sustantiva del dato para posteriormente pasar a la codificación axial. 2) En este momento de la investigación se seleccionan las categorías verificando la relación que tiene entre ellas. 3) Esta tercera fase se caracterizó por ser la fase de interpretación y análisis. En este último momento de estudio se categorizaron los datos, se compararon, se buscaron patrones y verificaron tendencias; para este proceso se implementó como herramientas las fichas analíticas, descriptivas o de contenido; se utilizó la matriz categorial para el momento de la triangulación como herramienta para comparar: el dato, la interpretación de los investigadores y los referentes teóricos. Por último, es de anotar que se utilizó el fichero para el proceso de análisis e interpretación.
Resultados y discusión
¿Por qué pueden aparecer síntomas emocionales en los niños y las niñas durante la cuarentena?
Es de suponer que las demandas emocionales de esta población, por estas épocas, han aumentado, y esto debido al hecho de estar confinados en sus casas sin tener mucha interacción con el mundo externo, lo que genera que quieran mayor atención de sus padres, algunos acordes a sus estrategias de afrontamiento van a mostrar mayor actividad en casa con ayuda y búsqueda de cercanía de sus padres para hacer y practicar sus actividades favoritas; otros acorde a sus recursos económicos tendrán mayor oportunidad de distracción y otros por el contrario podrían presentar aislamiento, poca motivación por estar activos y más horas de sedentarismo en casa.
Es usual escuchar en la noticias comunicados, e incluso en las historias relatadas por las personas, que los niños y niñas por esta época se han vuelto insoportables, se hace referencia al aumento de rabietas, irritación y demandas altas de atención por parte del niño hacia el adulto, pero pocas veces se hace alusión a los disparadores y la asociación que tienen estos con lo que siente internamente un niño a causa de estar confinado, de allí que las demandas emocionales emergentes de la cuarentena no están siendo atendidas de manera oportuna por los padres y, en muchas ocasiones, están siendo reforzadas por las dinámicas familiares y la respuesta ante estas situaciones que evidentemente no están más que mostrando el alto estrés al que están expuestos por estos tiempos.
Es de anotar que situaciones como una pandemia, y en especial una cuarentena obligatoria, ante su emergencia inesperada, configura para el ser humano nuevas exigencias y demandas sociales (De la Serna, 2020), especialmente cuando se pone en peligro la estabilidad económica de gran parte de la población a causa de perder o tener en riesgo su trabajo, que es lo que garantiza la subsistencia de su familia, asunto que pone en escena que los adultos están preocupados, estresados, angustiados y están experimentando un cúmulo de emociones negativas asociadas a cómo afrontar la pandemia, especialmente la del desempleo y la escasez.
Claro está que si estas situaciones son difíciles de comprender y afrontar para un adulto, es de suponer que para un niño quizá no lo sea, pero lo cierto es que los niños y las niñas reciben todas las cargas de los papás, ya sea con su indiferencia ante las necesidades infantiles, con su reproches y demandas amplias sobre el rendimiento que los adultos les demanda, la exigencia de nuevas tareas en el hogar o incluso con el maltrato físico y psicológico que muchas veces surge de la incomprensión y falta de paciencia por parte del adulto para entender lo que sucede con sus hijos.
Es bien sabido que las experiencias vitales están estrechamente relacionadas con las emocionales, por tanto, una adecuada formación emocional es crucial durante la infancia, permite a las personas tener herramientas necesarias para afrontar la frustración y mostrar resiliencia ante la adversidad (De la Sena, 2020, p. 151). Ahora, pero ¿cómo se hace cuando ni siquiera el adulto cuenta con los recursos emocionales para hacerle frente a la presión y a los cambios que implica la cuarentena?, ¿cómo se prepara y se educa emocionalmente durante una emergencia como una pandemia, cuando ni siquiera las necesidades básicas de las personas están garantizadas?
Sin duda, estas situaciones ponen en evidencia las estrategias de afrontamiento individuales y grupales con las que cuenta la familia, entendidas como los recursos psicológicos que les permite hacer frente a las diferentes situaciones que representan riesgos a nivel emocional; como lo mencionan McCubbin y McCubbin (1993), estas estrategias orientan la búsqueda asertiva para la resolución de conflictos, lo que implica esfuerzos de tipo conductual y cognitivo para manejar dichas situaciones.
Por otro lado, se hace necesario resaltar que, la educación emocional que, según Elia López (2005), significa:
Validar las emociones, empatizar con los demás, ayudar a identificar y a nombrar las emociones que se están sintiendo, poner límites, enseñar formas aceptables de expresión y de relación con los demás, quererse y aceptarse a uno mismo, respetar a los demás y proponer estrategias para resolver problemas. (p. 156)
Lo anterior implica fomentar en la familia un ejercicio de diálogo e interacción que permita no solo sentir las emociones, sino también reconocerlas, nombrarlas y encausarlas acorde a las formas de pensar y actuar de cada integrante.
¿Qué puede preocupar a un niño o a una niña en época de pandemia?
A veces como adultos se cree que la carga más fuerte les pertenece, y es por esto que muchas veces se deja de lado la comprensión de lo que sucede con los niños y niñas, pero es bien sabido que ellos también sufren, se preocupan, se estresan y se enferman psicológicamente cuando están expuestos a altos niveles de estrés y presión.
En el caso de la aparición del coronavirus y como consecuencia del obligatorio confinamiento, dependiendo de la edad, surgen preocupaciones y sufrimientos distintos; en menores de dos años, por ejemplo, es usual que empiecen a extrañar, de manera significativa, a los abuelos, tíos, primos y sus demás agentes de socialización temprana (Barlett et ál., 2020), presentando síntomas emocionales como la tristeza frecuente, el retraimiento y el aumento de irritación y molestia, que se traducen en las conocidas “pataletas”.
Por otro lado, los mayores a los dos años empiezan a tener un poco más de comprensión frente a lo que sucede, por lo que sus preocupaciones se vuelven más reales, como angustia por lo que sucede, miedo por su seguridad y la de sus seres queridos, e incertidumbre frente a lo que pasará en el futuro. Bartlett, Griffin y Thomson (2020) aseguran que estas situaciones pueden desencadenar sintomatología de orden emocional que para padres es difícil comprender y mucho más de manejar en casa, considerando que además estos también están siendo afectados por la situación.
En el mismo sentido, otros aportes sugieren que es importante no solo tener en cuenta lo que sucede con esta población durante el confinamiento, sino que después de que este pase, hay que poner atención y acompañarlos con más cuidado, dado que es probable que presenten síntomas psicológicos asociados a lo que sucedió, como lo son el estrés postraumático y el estrés agudo, entre otros, estas consecuencias ligadas a la calidad del ambiente, el entorno y las experiencias vividas bajo la cuarentena, al igual que de su predisposición y herencia familiar y antecedentes en el área psicológica (Sprang y Silman, 2013).
Lo anterior representa para los padres una preocupación adicional frente al bienestar general de sus hijos, ya que esta situación tiene como consecuencia efectos nocivos sobre la salud mental y emocional de los niños y niñas. De esta manera, es necesario considerar una serie de estrategias para mitigar las consecuencias de este fenómeno:
Lo anterior concuerda con lo que mencionan Berasategi, Idoiaga, Dosil et ál. (2020), que mencionan que, para reducir o mitigar los efectos del confinamiento sobre la salud emocional de los niños, es necesario contar con la disposición de ambientes exteriores que permitan la diversión, acompañar activamente los aspectos académicos, recuperar las rutinas, horarios de sueño y alimentación, atender los aspectos emocionales, nutricionales y las actividades lúdicas en familia.
¿Quiénes son los responsables de garantizar la protección de la salud emocional de los niños y las niñas?
Es de resaltar que son la familia y las escuelas los llamados a generar procesos, estrategias y actividades de prevención y acompañamiento oportuno a los niños y niñas, que más allá de garantizar la trasmisión del contenido académico acorde a los proyectos educativos institucionales, han de velar por la seguridad mental y emocional de la primera infancia, en aras de que los ambientes de aprendizaje que se usan hoy de manera virtual sean amenos, activos, participativos, inclusivos y lo más parecidos con su realidad y su cotidianidad, de esta manera sería posible disminuir los riesgos y secuelas emocionales a largo plazo.
Lo dicho sugiere que la capacidad de afrontamiento y adaptación de los más pequeños, estará mediada por el rol de los padres, docentes y adultos significativos de ofrecer experiencias cercanas que permitan la expresión de emociones abiertamente, la atención y contención en crisis ante la angustia que trae la situación, la apertura al diálogo y el amor expresado ante la atención que hoy requieren del mundo. Es importante además que los cuidadores validen esta externalización emocional, sin minimizar los sentimientos ni causar represión de estos.
En esta vía también observamos que los medios de comunicación están desempeñando un papel fundamental en la educación de las personas frente a qué hacer y cómo abordar el coronavirus desde diferentes áreas, en un principio mantienen informadas a las personas de la situación actual de la pandemia en el mundo, al mismo tiempo que generan estrategias educativas para el cuidado de la salud, como campañas para la promoción del lavado de manos, recomendaciones a padres para el entretenimiento de los menores, socialización de agendas culturales para el esparcimiento y pautas diversas que puedan ayudar a la población en general, pero sigue sin ser suficiente, pues son recursos escasos, de difícil recordación por su corta duración y que les hace falta potencia y presencia de los profesionales de la salud mental para que su impacto sea real.
Existen diferentes variables que se convierten en factores protectores del mundo emocional, como la convivencia familiar, el acompañamiento fortalecedor y el respeto por la expresión de las emociones, como lo son el miedo, la tristeza y la preocupación. De esta manera, se favorece la función adaptativa de las emociones y el aprendizaje de estrategias reguladoras ante estas, teniendo en cuenta que, en esos primeros años de vida, los niños y niñas desarrollan mecanismos cognitivos, sociales y emocionales, los cuales son potenciales para la conducta de autorregulación (Grolnick, Kurowski y McMenamy, 1998).
Conclusiones
Los seres humanos cuentan con una enorme capacidad para adaptarse a las situaciones emergentes en su cotidianidad, aunque estás traigan efectos nocivos sobre el curso de su vida normal. Sin embargo, es necesario crear acciones de formación, acompañamiento y gestión de estas situaciones desde los diferentes ámbitos.
Es corresponsabilidad del Estado, la familia y la sociedad, garantizar el bienestar integral de la primera infancia, de esta manera generar estrategias que favorezcan el acompañamiento de los menores, no solo como se ha hecho recientemente, desde lo académico, sino también desde lo emocional y social, áreas relevantes en este ciclo vital.
Situaciones emergentes, como la covid-19, traen consigo la necesidad de atender al ser humano desde todas sus dimensiones, especialmente el área emocional, que en ocasiones constituye un aspecto secundario a atender dentro de las familias, pero que al final puede ser relevante y fundamental para afrontar, de manera asertiva, las situaciones de estrés derivadas de este fenómeno.
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