Artículos originales

SIN CONFLICTO Y SIN DESEO: LAS TENSIONES DE LA INDIVIDUALIZACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE PAREJA DE JÓVENES CHILENOS*

Conflict and desire into question: The tension of individualization in couple relationship experience in Chilean young adults

Carolina Besoain A
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Dariela Sharim K
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Mariela Carmona S
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Diego Bravo V
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile
Jaime Barrientos D
Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile

SIN CONFLICTO Y SIN DESEO: LAS TENSIONES DE LA INDIVIDUALIZACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE PAREJA DE JÓVENES CHILENOS*

CES Psicología, vol. 10, núm. 1, pp. 109-128, 2017

Universidad CES

Recepción: 15 Marzo 2016

Aprobación: 29 Marzo 2017

Resumen: Este artículo busca conocer y comprender las tensiones en las dimensiones de amor, sexualidad e intimidad en la experiencia de pareja en jóvenes hombres y mujeres de nivel socioeconómico medio y bajo, residentes en la ciudad de Santiago de Chile. La sociedad chilena ha vivido importantes transformaciones sociales y culturales que han impactado las formas de parentesco, en particular, las relaciones de pareja. Desde una perspectiva fenomenológico-hermenéutica, se analizaron e interpretaron los relatos de vida y el material recogido mediante grupos focales de hombres y mujeres entre 18 y 25 años. Los resultados evidencian tensiones y ambivalencias en el lugar dado al otro de la pareja en jóvenes chilenos. Los quiebres de los mandatos sobre la pareja, vinculados a la experiencia del conflicto, dependencia y deseo sexual, implican el despliegue de estrategias de regulación que tienden a minimizar las diferencias ya sea a través de la comunicación que intenta hacer transparente el mundo interno al otro, la evitación del conflicto o la suspensión de la relación.

Palabras Clave: Relaciones de Pareja, Jóvenes, Evitación de Conflictos, Deseo Sexual, Individualización.

Abstract: This paper intends to learn and understand tensions in love, sexuality, and intimacy dimensions according to the experience of couples ranked in middle and low socioeconomic status, which inhabit in Santiago de Chile. Chilean society has gone through significant social and cultural changes that have had an impact on kinship forms, especially in couple relationships. From a phenomenological and hermeneutic perspective, life narratives and material collected from focus groups of men and women between 18 and 25 years old were analyzed. Results evidenced pressure and ambivalence in regards to the Chilean young´s conception about the role of the other. Breakdowns in couple agreements, associated with conflict, dependence, and sexual desire involve in motion of regulatory strategies tending to minimize differences, either through communication, that might see through the other’s inner world, or conflict avoidance, or the end of the relationship.

Key words: Couple Relationships, Young Adults, Conflict Avoidance, Sexual Desire, Psychosexual Behavior, Individualization, Individuality.

Introducción

La segunda modernidad o modernidad tardía ha traído consigo una serie de transformaciones sociales y culturales, descritas como procesos de individualización social (Bauman, 2003; Beck, 1998; Giddens, 2000). Estos se refieren a una exacerbación de lo individual en el marco del declive del peso de las instituciones. Actualmente, las instituciones han dejado de tener la preponderancia que tuvieron en la modernidad en el dibujo de las identidades sociales y trayectorias personales para dar paso a un centramiento en las potencialidades de cada individuo para su definición. Dada la crisis de los referentes normativos que esto implica y la flexibilización de los procesos productivos que ha caracterizado a las sociedades industriales a partir de los años setenta, sumado al debilitamiento de los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos o acciones colectivos, las personas están hoy expuestas a una mayor cantidad de referentes en la construcción de su proyecto identitario, experimentando el imperativo de desarrollar más autónomamente sus vidas, (Bauman, 2003; Beck 1998; Beck & Beck-Gernsheim, 2001; Castells 1999; Giddens 2000, 2008; Lipovestky, 2004, 2005).

Latinoamérica no ha estado al margen de estos procesos, aunque los rasgos particulares que la individualización social ha tomado en estos territorios sigue siendo debatida (Sisto, 2009; Yopo, 2013). El caso chileno es paradigmático en este sentido al haber experimentado en los años de la dictadura militar (1973-1990), transformaciones estructurales profundas, tanto en su modelo económico como en sus parámetros institucionales. Tras el retorno a la democracia, el modelo económico y social impuesto durante la dictadura tuvo continuidad, lo cual se ha traducido en una profunda liberalización económica que ha provocado una diversificación y privatización de los modos de vida (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 1998, 2002). Al respecto, Sisto (2009) señala que en Chile los discursos individualizantes, que apelan a la libertad y a la satisfacción individual de los deseos, se han articulado con políticas que transfieren al individuo antiguas responsabilidades del Estado, trasladando el eje de lo social a la acción individual.

Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD (1998, 2002, 2009, 2015) han dado cuenta de estos procesos y de las tensiones implicadas en las transformaciones de la sociedad chilena en estas últimas décadas. Señalan que la excesiva centralidad del mercado en la organización social ha afectado las maneras en las que los chilenos1 conviven, dando lugar a nuevas modalidades de sociabilidad vinculadas a la cultura de consumo y a las nuevas tecnologías de la comunicación. Estos cambios, a pesar de la diversificación que suponen, también están asociados a vivencias de agobio y retracción social entre las personas. Los chilenos están viviendo en tiempos de altísimos niveles de desconfianza y temor, lo que redunda en una experiencia de inseguridad y repliegue hacia el mundo privado (PNUD, 1998, 2002).

En este escenario de exacerbación de lo privado, los mecanismos de apoyo e integración se están concentrando en la familia y los espacios íntimos, a diferencia de la manera en que se perciben las relaciones en el espacio público, asociadas a la exigencia y competitividad (Araujo, 2005, Araujo & Martuccelli, 2012). La familia aparece como espacio privilegiado, como el referente más importante en la definición de identidades personales y proyectos vitales para la mayoría de los chilenos (PNUD, 2002). Sin embargo, esta predominancia otorgada a las familias se enfrenta con el hecho de que éstas no cuentan necesaria ni igualitariamente con los apoyos materiales y simbólicos para el cumplimiento de estas funciones de apoyo.

Aparece entonces el lugar de la familia cargado de tensiones a propósito de la complejidad y diversidad que presenta como unidad, así como de las transformaciones económicas, culturales, sociales, demográficas y tecnológicas que vive Chile en la actualidad (Gonzálvez, 2013). En este marco, también se han producido cambios respecto al modo de conformar familias, como monoparentalidad por elección, reproducción asistida, homoparentalidad, formación tardía, entre otras. Asimismo, se puede reconocer la permanencia de ciertas prácticas propias de modelos tradicionales de género (Gonzálvez, 2013; Sanz, Pont, Álvarez, Gonzálvez, Jociles, Konvalinka, & Romero, 2013).

Investigar las experiencias de pareja es una manera de acceder al impacto que los procesos de modernización han tenido en el lugar que los sujetos están otorgando al otro, situándose en una escena caracterizada por el predominio de discursos individualizantes (Sisto, 2009). Investigar las particularidades que han tomado dichos cambios en la realidad chilena, poniendo el foco en el grupo de los jóvenes tiene además una relevancia especial, dado que se trata de una generación de hijos de la democracia post-dictadura, que se ha socializado expuesta directamente a los procesos de modernización y sus tensiones. Por otro lado, tal como señalan Gómez y Royo (2015), se trata de una generación que, habiendo nacido en la década de los noventa, creció en un medio social que instaló el discurso de género y una problematización de la tradicional constitución de la familia, expresada en el aumento de la participación laboral femenina y de las jefaturas de hogar femeninas, entre otros. Por su parte, el Instituto Nacional de Juventud [INJUV] (2010) señala el segmento juvenil como una ventana privilegiada para observar las tendencias normativas y las tensiones de una sociedad en cambio, como la chilena.

Dado lo anterior, pensamos que investigar sobre los modos que adopta el vínculo con otro en las relaciones de pareja actuales de los jóvenes chilenos y las maneras particulares como experimentan dichos vínculos, permitirá conocer y comprender algunas dimensiones relativas a la cualidad del lazo social en nuestro país, en particular aquellas que refieren al campo de la intimidad de pareja, y con esto contribuir a la comprensión de los efectos subjetivos y relacionales de las transformaciones sociales contemporáneas.

El objetivo de este artículo es conocer y comprender las tensiones en las dimensiones de amor, sexualidad e intimidad en la experiencia de pareja de hombres y mujeres chilenos, específicamente de jóvenes entre 18 y 25 años de edad, pertenecientes a niveles socioeconómicos medios y bajos de Santiago de Chile.

Antecedentes

Intimidad y pareja en las sociedades industriales

Los procesos de individualización a los que han estado expuestas las sociedades industriales traen como consecuencia que hoy las personas estén experimentando fuertes tensiones por la necesidad de generar vínculos estrechos con otros y, al mismo tiempo, por el deber de ser lo suficientemente flexibles como para poder deshacerlos en cualquier momento de una relación. En este mismo sentido, Bauman (2003, 2005) señala una tendencia a la fragilidad de los vínculos asociada a su flexibilización.

Los vínculos de pareja pueden pensarse como emblemáticos de la intimidad en tanto constituyen “una experiencia en la que convergen el mundo personal-subjetivo y el mundo interpersonal-social” (Cruz Sierra, 2011, p.186). En este marco, es relevante preguntarse entonces por las transformaciones en los vínculos en tiempos de individualización; más específicamente, por la cualidad del lugar subjetivo otorgado al otro en los vínculos de intimidad, especialmente los de pareja.

Desde hace ya más de dos décadas, autores como Giddens (2000, 2008), Lipovetsky (2004, 2005) e Ilouz (2007, 2012) vienen describiendo un cambio en los modelos de pareja en las sociedades industrializadas. Éstos implican dejar atrás las nociones románticas ligadas a la idea de complementariedad y de un proyecto conjunto, y sustituirlas por nociones más abiertas de dos proyectos independientes que se encuentran y convergen. Sin embargo, al mismo tiempo, esta apertura parece también haber contribuido a cargar las relaciones de pareja de mayor peso y exigencia. Ante la disminución de la relevancia de los discursos colectivos como fuente de sentido, las personas han empezado a buscar en la vida privada y las relaciones de pareja la seguridad ontológica que ya no pueden encontrar afuera (Guevara, 2007). De esta manera, en una escena social en la que las orientaciones normativas se difuminan, la expectativa de reconocimiento2 se concentra en las relaciones íntimas.

Así, es posible entender que nos encontramos en medio de una tensión, entre el deseo de vinculación en el espacio privado y el debilitamiento de los vínculos por las exigencias de flexibilidad propias de las sociedades líquidas (Bauman, 2003). No obstante, tal como plantea Luepnitz (2002) el carácter social de esta tensión se invisibiliza y conduce a que las personas se cuestionen qué están haciendo mal y por qué no logran establecer relaciones de pareja “como debieran”. De este modo, se asume como un fracaso individual una experiencia que, en realidad, estaría hablando de los desafíos que implica para todos establecer relaciones de intimidad en el contexto social actual.

Latinoamérica: continuidades y cambios en los modelos de pareja

Diversos autores han advertido que en América Latina estos cambios en las experiencias de pareja se dan a distintos ritmos, dependiendo de factores como la clase, la etnia, el género y el nivel de arraigo de prácticas tradicionales de género en los distintos grupos sociales (Benavente & Vergara, 2006; Gómez & Royo, 2015; Gonzálvez, 2013; Sanz et al., 2013; Valdés & Araujo, 1999; Valdés & Valdés, 2005). Hay también cierto consenso sobre las contradicciones de los procesos de modernización latinoamericanos, en tanto convivencia de transformaciones económicas y una raigambre cultural tradicional, que parecen trasladarse al espacio de la intimidad y la pareja (Núñez & Zazueta, 2012). Los cambios en los vínculos de pareja son evidentes, sobre todo en lo que se refiere a los roles de género, aunque se mantienen aún ciertos elementos tradicionales (Tobón, Vega, & Cuervo, 2012). Estos cambios se están desplegando en un marco de concepciones tradicionales de género, amor y parentalidad, dando lugar a modelos híbridos, en los que, además, la distribución de las transformaciones está repartida de modo desigual según sexo, etnia y clase social (Rodríguez, 2013). Considerando este carácter múltiple y diverso, autores como Gonzálvez (2014) proponen pensar las relaciones de pareja y sexualidad desde una metodología no intencionada y multisituada, que posibilite abordar la complejidad de los cambios y permanencias en la experiencia subjetiva de cada individuo.

En Chile, en los años noventa, Sharim, Silva, Rodó y Rivera (1996) ya anunciaban transformaciones en la matriz tradicional de género en las relaciones de pareja, en lo que describieron como la “sentimentalización” de la sexualidad masculina y la “erotización” de la sexualidad femenina; lo cual no significa una sustitución de modelos, sino la coexistencia de antiguos y nuevos discursos que los sujetos tendrían la tarea de articular de manera individual.

Estudios más recientes, como el de Araujo y Martuccelli (2012) abordan la existencia simultánea de discursos contradictorios respecto de la conyugalidad chilena, distanciándose de la tesis de que las relaciones de pareja se encuentran totalmente impactadas por las transformaciones en las identidades de género asociadas a los cambios estructurales. Sin negar los cambios, dichos autores proponen comprender la conyugalidad chilena contemporánea desde la existencia de tres ideales en conflicto: protección, fusión e independencia, en torno a los cuales coexisten los modelos tradicionales y modernos. Ahora bien, estos autores señalan el ideal de la protección tiende a primar sobre los otros, en tanto se constituye en una respuesta al conjunto de inseguridades sociales que los individuos deben enfrentar.

Respecto a este predominio del ideal de protección, Sharim, Araya, Carmona y Riquelme (2011) coinciden al señalar que la intimidad de pareja en la escena chilena contemporánea se constituye como un espacio idealizado de refugio afectivo; al mismo tiempo, frente a los mandatos de autodefinición, propios de la modernización, la diferencia con el otro es percibida como una amenaza a la propia individualidad. La respuesta ante dicha tensión es la constitución de una pseudointimidad que toma la forma de un “monólogo colectivo”3, en el cual se comparte la cotidianeidad, pero en un marco de evitación de la diferencia y de la dependencia, actitudes que propician la emergencia de conflictos y, por tanto, potencian la dimensión amenazante de la intimidad.

Ambivalencias y contradicciones en la experiencia de pareja juvenil Respecto de los jóvenes en particular, Gysling, Benavente y Olavarría (1997) señalan, por ejemplo, que los jóvenes chilenos se encuentran en una interfaz entre un modelo jerárquico y otro igualitario de relación entre los géneros, en el contexto de un proceso de modernización no acabado, que plantea numerosas tensiones y contradicciones en muchos ámbitos de la vida, y en particular en el terreno de la vida íntima y la sexualidad. Coinciden con lo propuesto por Sharim et al. (1996), al proponer que estas contradicciones se despliegan en la experiencia individual y que cada persona tiene como tarea la de resolverlas aisladamente.

En una investigación más reciente, Gómez y Royo (2015) concluyen que está en curso un proceso de cambio en los imaginarios y expectativas de los jóvenes en Chile. Por una parte, un marcado acento en la autonomía de las mujeres en relación a la pareja, y por otra, una alta expectativa futura de los varones de involucrarse más en el aspecto emocional de las relaciones con sus hijos e hijas. Para estos autores, algunos factores estructurales como el nivel socioeconómico, la edad o el tipo de profesión posibilitan diversos márgenes de negociación que definirán la resolución práctica de las tensiones que se presenten.

Estas tensiones coinciden con los resultados de la investigación de Tobón et al. (2012) realizada con jóvenes colombianos, según los cuales es evidente que los comportamientos de esta población han cambiado, sobre todo en lo que se refiere al carácter transitorio que ha tomado el vínculo afectivo, del cual tienen una alta conciencia de su fragilidad. Sin embargo, las creencias sobre lo que hombres y mujeres jóvenes deben realizar en la relación de pareja aún mantiene características tradicionales. Lo anterior se traduce en la persistencia de señalamientos críticos hacia las mujeres, relacionados con el libertinaje, la falta de compromiso y el desenfreno; mientras para los hombres, las transformaciones han sido más lentas y están asociadas a demandas sociales contradictorias, siendo difícil para ellos construir vínculo con mujeres cuyas características son diferentes a las tradicionales (dependencia, sumisión, pasividad, recato). Por otro lado, Tobón et al. (2012) señalan que la apertura frente a la sexualidad de las generaciones jóvenes muestra una faceta contradictoria: La visibilización del cuerpo y la sexualidad en el ámbito público no se estaría traduciendo en la visibilización del cuerpo y la sexualidad en el discurso privado de los jóvenes colombianos.

Método

Se realizó un estudio de carácter cualitativo, situado desde una lógica comprensiva-interpretativa y principalmente inductiva (Cornejo 2006a; Krause, Cornejo, & Radovcic 1998). Se buscó comprender el significado de una experiencia determinada a partir del propio marco de referencia de los/as participantes. Se usó una perspectiva "desde dentro", enfatizando en la subjetividad individual, especialmente de los participantes, pero también de los investigadores, involucrados en el fenómeno estudiado (Mejía 2004, Cornejo, Besoain, & Mendoza, 2011). Se llevó a cabo una aproximación progresiva al fenómeno a través de la implementación simultánea de procedimientos de producción de los datos y del análisis de los resultados. Lo anterior dio cuenta de la circularidad y flexibilidad del proceso de investigación, propia de este tipo de metodología (Cornejo, 2008; Cornejo & Salas, 2011).

Participantes

Se realizó un muestreo intencionado (Patton, 1990; Teddlie & Yu, 2007), considerando un total de 64 personas, cuya distribución por sexo fue de 32 hombres y 32 mujeres. Los participantes del estudio tenían entre 18 y 25 años de edad y pertenecían a niveles socioeconómicos bajo y medio. Este criterio fue especificado según el modelo propuesto por ICCOM Investiga de Mercados Chile (2005) para la sociedad chilena en conjunto, el cual establece un indicador socioterritorial (IDS) que clasifica comunas de residencia asociadas a un nivel de desarrollo socioeconómico medio y bajo de la ciudad de Santiago (Hidalgo, Zunino & Álvarez, 2007).

Todos los participantes eran solteros (es decir, no estaban casados), no necesariamente todos tenían pareja al momento de la investigación y ninguno tenía hijos. Cabe señalar que no se entrevistó a las parejas, sino a las personas individualmente con respecto a sus propias experiencias de pareja. No se excluyó a personas que no hubieran tenido experiencias de pareja estable, ya que se consideró que sus creencias, significados y expectativas también constituían material de interés para este estudio. No se diferenció a los participantes según su orientación sexual, por lo que ésta no fue considerada como criterio de inclusión/exclusión.

Técnicas de producción de información

Como primera técnica se utilizó el relato de vida temático tal como es propuesto por el Enfoque Biográfico (Bertaux, 2005; Cornejo, 2006b; Cornejo, et. al., 2011; Corradi, 1991; Lindón, 2000; Sharim, 2005; Sharim, Kovalskys, Morales, & Cornejo, 2011).

Una segunda técnica implementada fueron los grupos focales, con el objetivo de facilitar el acceso a las racionalidades colectivas que organizan la experiencia individual y sus tensiones (Canales, 2006). Se realizaron y analizaron 16 relatos de vida y 8 grupos focales separados por sexo y mixtos, con un promedio de seis personas cada uno (ver Tabla 1).

Tabla 1
Número de Relatos de Vida y Grupos Focales
Número de Relatos de Vida y Grupos Focales

Procedimiento y consideraciones éticas

Las personas fueron invitadas a través de un correo electrónico y luego contactadas telefónicamente. Se expusieron los objetivos de la investigación y el carácter voluntario de su participación, y quienes decidieron participar, firmaron los respectivos consentimientos informados. A lo largo de todo el proceso se mantuvo la confidencialidad de los participantes a través de la utilización de seudónimos y la modificación de datos que pudieran hacerlos identificables. Esta investigación y sus procesos fueron aprobados por el Comité de Ética de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Cada relato de vida se realizó en dos encuentros, de una hora aproximadamente, cada uno, con el objetivo de construir la narración de las historias en relación a la experiencia de pareja de los participantes. En el primer encuentro se partió de la consigna general: Cuéntame tu historia de pareja”, la cual otorgó un nodo articulador de tipo temático, pero con la suficiente amplitud para estructurar el relato libremente. El segundo encuentro estuvo orientado a profundizar en algunas dimensiones del primer encuentro, por tanto, el investigador tomó un rol más directivo al introducir algunas preguntas, aclarar dudas, comentar la experiencia de participación y cerrar el proceso. No se utilizó un guión predefinido de preguntas, éstas fueron emergiendo durante cada entrevista particular, siguiendo la pista a la trama y temas propuestos por el narrador.

Los relatos de vida fueron producidos, en su mayoría, durante el primer año de ejecución del proyecto, en 2013, y sólo algunos de ellos se realizaron durante el año 2015. Todos los participantes fueron identificados a través de informantes claves, y en ninguno de los casos existía un conocimiento previo entre ellos y con los integrantes del equipo de investigación. Los relatos fueron orientados por los investigadores, todos ellos psicólogos.

Los grupos focales se llevaron a cabo durante el año 2014, contaron con entre siete y diez participantes, y fueron realizados con el objetivo de producir un relato colectivo en torno al tema, con el fin de acceder con mayor claridad a las tensiones, contradicciones y fisuras del discurso dominante (Canales, 2006). Se inició la conversación grupal con una consigna abierta que fomentara la asociación libre de los participantes, a saber: “A continuación, te diremos una palabra y la idea es que asocies dicha palabra a un color determinado”. Las palabras usadas fueron: amor, sexualidad e intimidad. Luego, durante una hora y media, aproximadamente, se habló sobre diversos temas emergentes.

Para contactar a los participantes de los grupos focales se contrató una firma consultora externa, especializada en la convocatoria y organización de este tipo de grupos. Cada uno de ellos fue moderado por dos miembros del equipo de investigación y contó con un observador no participante, también miembro del equipo. Al igual que para los relatos, ninguno de los participantes de los grupos tenía conocimiento previo de los investigadores, ni entre ellos. Todo el equipo de investigación analizó toda la información producida.

Los relatos y los grupos focales fueron audio-registrados y transcritos íntegramente, de la forma más fiel posible a la grabación, por estudiantes de último año de psicología, miembros del equipo de investigación, quienes participaron también de reuniones de inter-análisis.

Análisis de datos

Los relatos de vida fueron analizados progresivamente según dos lógicas de análisis (Cornejo, 2008; Legrand, 1993; Sharim, 2005). Primero, desde una lógica singular -de caso- se analizó en profundidad cada relato. A partir de un paradigma interpretativo, se realizó un análisis fenomenológico-hermenéutico (Finlay, 2014) de cada relato, que dio origen a un cuaderno reflexivo, creado por el equipo para esta investigación en particular. En este cuaderno, el investigador entrevistador consignó una re-lectura interpretativa del relato en la que se incluyeron tres dimensiones:

  1. 1. La experiencia de escucha del investigador: siguiendo las propuestas de Legrand (1999) y Cornejo, Faúndez y Besoain (2017), en este apartado se registraron aspectos contra-transferenciales del investigador en el transcurso de la narración referidos al tipo de relación establecida entre narrador e investigador, aspectos emocionales y del clima del relato, y momentos de incomodidad o impasse, entre otros.
  2. 2. Principales hitos del relato: en este apartado el investigador realizó una re-escritura de la historia escuchada sintetizando sus principales hitos. Estos podían estar organizados temática o cronológicamente, de acuerdo al modo como el narrador hubiese estructurado su relato.
  3. 3. Pistas para el análisis transversal: en este apartado el investigador registró reflexiones orientadas a dar respuesta al objetivo de la investigación.

Los grupos focales fueron sometidos a un análisis similar, siguiendo primero una lógica singular −de grupo−. Los investigadores que moderaron cada grupo focal elaboraron un cuaderno reflexivo para cada grupo, en el cual se realizó una re-lectura interpretativa en la que se incluían tres dimensiones:

  1. 1. La experiencia de escucha de la dupla realizadora del grupo: siguiendo las propuestas de Legrand (1999) y Cornejo, Faúndez & Besoain (2017) en este apartado se registraron aspectos contra-transferenciales de los investigadores en el desarrollo del grupo focal referidos al tipo de relación establecida entre investigadores y participantes, aspectos emocionales y del clima del relato común, momentos de incomodidad o impasse, entre otros.
  2. 2. Descripción de la conversación grupal y sus movimientos: en este apartado se sintetizaron los principales temas tratados en el grupo, organizándolos en torno a momentos o hitos de la dinámica grupal. Así, las temáticas quedaron asociadas a dinámicas relacionales de diferente tipo, a saber, convergencia o acuerdo, conflicto o diferencias, tono emocional, ritmo de la interacción.
  3. 3. Pistas para el análisis transversal: en este apartado se registraron reflexiones orientadas a dar respuesta al objetivo de la investigación.

Luego, en una segunda etapa se realizó un análisis transversal, en el cual se construyeron categorías que permitieron articular el conjunto de la información producida a través de los relatos de vida y de los grupos focales. Se dio preponderancia a la búsqueda de marcas o sellos de representaciones socialmente difundidas que atravesaran la experiencia singular (Molitor, 1990, 2001; Starks & Brown 2007). Siguiendo a Bertaux (1990), este análisis buscó acceder al punto de articulación del individuo con las jerarquías sociales, las relaciones socioculturales y la dinámica histórica.

Resultados

La información producida a través de los relatos de vida y los grupos focales de los jóvenes participantes de la investigación fueron organizadas en tres aspectos, emergentes del proceso de análisis; que se constituyen en categorías transversales articuladoras: El primer aspecto refiere a los ideales con fuerza prescriptora, es decir, mandatos orientados a normar las relaciones de pareja. El segundo aspecto presenta los puntos de fisura o tensión de dichos mandatos, aquellas dimensiones de la experiencia de pareja que se ponen en contradicción con el mandato, tanto por la tensión entre ideales como por la irrupción de realidades que cuestionan el ideal. Por último, el tercer aspecto muestra las estrategias de regulación implementadas frente a los puntos de tensión de los mandatos, como una manera de restablecer cierta continuidad o coherencia con los ideales.

Tabla 2
Categorías transversales de la información producida
Categorías transversales de la información producida

Primer Aspecto: Los mandatos sobre la pareja

Este grupo de sub-categorías reúne los ideales sobre la pareja que articularon la experiencia de los jóvenes chilenos. Estos son sostenidos explícita e implícitamente a lo largo de sus relatos y tienen fuerza prescriptora, es decir, cumplen una función normativa que instala cierta ética relacional compartida.

La pareja como refugio de seguridad en tanto reconocimiento mutuo

“En el fondo de tener eso, eso de sentir, esa seguridad familiar, tal vez no sea, muy importante lo económico, pero esa seguridad familiar, ese apoyo, tener esa persona con quien hablar de todo” (Relato de vida de mujer).

“En cambio en una vida en pareja, así por lo menos yo lo veo, tengo que dar y recibir. Y eso ya sale del contexto de objeto y pasa a ser un sujeto. El hecho de que, yo esté dando y recibiendo al mismo tiempo, es algo que deja de ser objeto” (Grupo focal de hombres).

Al analizar los relatos individuales de los hombres y mujeres participantes, así como los discursos producidos en los grupos focales, un primer mandato orientador que emerge es el de la pareja como lugar de seguridad en tanto reconocimiento mutuo4, esto es, las historias de pareja se inscriben en tramas cuyo horizonte final es el logro de la tranquilidad. Así, la pareja toma la forma de un espacio en el que -idealmente- se desplegarán relaciones equitativas entre sujetos iguales, que garanticen el reconocimiento en un espacio de seguridad y protección.

Respecto a este ideal, la pareja promete convertirse en un lugar de afectos tranquilos, refugio ante las inquietudes, conflictos o tribulaciones de la vida. La pareja aparece como un lugar de protección ante las incertidumbres de la vida social. El espacio del afuera, para el cual la pareja constituye un refugio seguro, aparece poblado por imágenes peligrosas: el malestar en el trabajo, la competencia, la delincuencia, las drogas, la desconfianza. La relación de pareja aparece especialmente vinculada al cuidado mutuo.

Autonomía como tiempos y espacios equitativos

Es que yo creo que igual es importante mantener los espacios. O sea, yo creo que es bueno tener el espacio con tu pareja y compartir espacios con tu pareja, pero también es mantener tus espacios solo, o sola, ‘¿cachai?’, tener tus amigos” (Grupo focal mixto).

“Acordar bien los horarios, que ella no impida mis horarios y yo no impedir los de ella y eso que haya como un poco más de confianza también” (Relato de vida hombre).

Un segundo mandato, que convive con el anterior, es el respeto por los espacios y tiempos propios y del otro, así como la coordinación de los espacios y tiempos de pareja. De esta forma un ideal que articula las historias de pareja es el de la autonomía como respeto, en términos de tiempos y espacios equitativos.

Para los jóvenes ser pareja implica hacer esfuerzos permanentes para conseguir una relación de justicia entre lo mío, lo tuyo y lo de nosotros. El desequilibrio en esta coordinación implica una pérdida dolorosa que se intenta evitar. La pérdida de los tiempos y espacios equitativos aparece en la experiencia de los jóvenes como una amenaza a la autonomía y la individualidad.

La pareja como fluir y la normatividad de los acuerdos

“Yo creo que, en esta generación, entre comillas, (o no sé si en las otras ha pasado, no tengo idea, porque estoy en ésta) uno no le toma el peso a lo que puede llevar una relación, lo que es una relación. Como que nadie tiene definido lo que quiere y lo que le gusta, entonces es como que no hay ninguna definición de nada y como que te entregas a lo que hay y así sucesivamente. Te lleva, y lo que lleva el ritmo, síguele el pulso a la vida no más” (Grupo focal de mujeres).

“Para mí es el tema de la comunicación con la pareja y el tema de los acuerdos. O sea creo que la infidelidad no va por el ‘ponerle el gorro’ a alguien sino que por el romper con el acuerdo, con él, cualquiera sea ése acuerdo que estaba establecido” (Grupo focal de hombres).

Un tercer mandato que articula las experiencias de la relación de pareja es la ausencia de una forma predefinida de la misma. Entre los jóvenes es generalizado un cierto pragmatismo relacional, es decir, la norma es la indeterminación y la versatilidad, lo que obliga a una flexibilización de las formas más tradicionales. No se espera hallar una persona y pasar toda la vida juntos, más bien, la trayectoria de pareja se experimenta como un fluir que no tiene forma ni expectativa anticipable. Hay conciencia respecto de las dificultades y se anticipa una trayectoria de varias y diversas parejas consecutivas como parte del paisaje de la vida de pareja.

Sin embargo, esto no significa que no exista normatividad alguna en la experiencia de pareja. Más bien se trata de una normatividad flexible, basada en los acuerdos que cada pareja pueda definir y redefinir. Los acuerdos son la norma y el regulador de las formas y los caminos que una relación de pareja pueda tomar. Los acuerdos regulan las prácticas, pero también buscan regular los afectos. Se aspira a que los acuerdos puedan incluso modelar los sentimientos, y regular las tensiones y ambivalencias.

Segundo aspecto: Las tensiones de los mandatos

Este grupo de sub-categorías presenta los puntos de contradicción y tensión entre los ideales expuestos anteriormente y la experiencia de los jóvenes.

La dependencia

“Igual, o sea paso harto tiempo con ella, sí, casi toda la semana en verdad. Igual uno, por ejemplo cuando empecé, me daba lo mismo dejar otras cosas de lado. Sí es verdad, como que uno no se da cuenta. Y después, como decía, uno empieza a extrañar esas cosas, salir con los amigos” (Grupo focal mixto).

En los jóvenes se observa una valoración importante de la autonomía, los espacios y los proyectos personales, y como la experiencia de vivir en pareja amenaza este ideal, al situar a los jóvenes ante la experiencia de su propia dependencia y de la dependencia del otro. El mandato de la autonomía en tanto tiempos y espacios equitativos se halla en tensión con la experiencia de una dependencia que es sentida como un “perderse en el otro”. La experiencia de pareja conecta a los jóvenes con su propia necesidad del otro y eso es percibido como una amenaza a la autonomía. Se observa así entre los jóvenes una difícil articulación entre los esfuerzos por respetar el ideal de justicia espacio-temporal, y la experiencia de pareja, en tanto amenaza de perder los espacios y tiempos personales.

Esta tensión queda expuesta, sin resolverse la mayoría de las veces, y vuelve a repetirse recurrentemente en la trayectoria de pareja. No obstante, este conflicto entre el mandato y la experiencia se asoma sin poner el ideal en entredicho, sin alguna resolución. Más bien, la dependencia, en tanto perderse en el otro, aparece como un fantasma que amenaza y se instala sin mayor control ni anticipación.

El miedo a dañar y ser dañada

En realidad creo que mi relación no se parece a ninguna de ellos, porque como que yo he visto ya tanto, como mi hermana llorar, mi mamá triste, mi hermano en problemas entonces como que las cosas que a ellos le han pasado yo las he tratado como de evitar o manejar de otras formas como para que no me pase lo que a ellos les pasó” (Relato de vida de mujer).

Los mandatos de la pareja como refugio de seguridad en tanto reconocimiento, así como el fluir y la ética de los acuerdos, se ven desafiados por la irrupción del miedo. Muchas veces lo que se esperaba fuese un refugio seguro, sostenido desde la ética de los acuerdos, se convierte en hostilidad y la experiencia de pareja se tiñe de un profundo miedo.

En el caso de las mujeres particpantes, el miedo toma principalmente la forma de temor a ser dañadas. Este temor aparece muy enlazado con las historias de daño y sufrimiento que han vivido sus madres y otras mujeres mayores. Además, el abandono y la falta de reconocimiento del otro como sujeto son los principales fantasmas que se desprenden de las historias de las mujeres.

Para los hombres, en cambio, el miedo se expresa principalmente como un temor a dañar al otro. Un miedo en el que aparecen fantasmas de antiguas masculinidades frente a las cuales intentan hacer una diferencia. Los jóvenes no dudan en ubicarse como miembros de una generación nueva, que problematiza los parámetros tradicionales del género; sin embargo, el miedo a convertirse en el hombre patriarcal aparece permanentemente.

En el registro ideal de pareja el reconocimiento del otro en tanto sujeto aparece como algo fundamental; pero la experiencia tensiona permanentemente este mandato, y la posibilidad de ser convertido en objeto o de convertir al otro en un objeto se hace realidad de un modo amenazante, poniendo en entredicho la condición de refugio seguro de la pareja y desafiando los alcances de la ética de los acuerdos.

El deseo sexual en entredicho

Cuando se habla de deseo, casi pienso en el ‘otro’ como objeto, haciéndolo casi una forma de satisfacerme. Siento que el tema de la sexualidad, es un es un tema compartido, es un tema de estar con un ‘otro’. De ser con otro, de llegar a algún tipo de interacción” (Grupo focal de hombres).

“No me interesaba verme como objeto para el otro, ¡me era desagradable! Era desagradable que el otro me pensara como ¡como dentro de la misma idea! De una forma de satisfacer una necesidad, casi como si fuera, así como, me sentía como un vaso de agua por así decirlo. Entonces pensando en que a mí me es muy desagradable, no podría pensar al otro en ese mismo sentido” (Grupo focal de hombres).

El miedo a transformar al otro en un objeto parece en los jóvenes aún más evidente en el campo de la sexualidad, en consecuencia, el deseo sexual aparece sometido constantemente a la regulación del reconocimiento del otro como sujeto de derecho, y en el mismo sentido, aparece revestido del peligro de someter al otro, en un movimiento que pareciera confundir el ser objeto de deseo con el ser objeto de abuso.

Frente a esta situación, opera una tendencia en los varones participantes de la presente investigación a minimizar su relevancia en la pareja, en beneficio de la construcción de una intimidad simétrica y respetuosa. En el caso de las mujeres, el deseo propio se experimenta de modo coherente en relación al mandato de la pareja como fluir y la ética de los acuerdos; y la fisura se despliega en torno a la posibilidad de ser objeto de abuso.

Tercer Aspecto: Las estrategias de regulación ante las tensiones de los mandatos

Este tercer grupo de sub-categorías señala las estrategias que los jóvenes utilizan y desarrollan para enfrentar las situaciones que generan tensión y amenazan el cumplimiento de los ideales. Estas estrategias operan como reguladores que permiten seguir suscribiendo al mandato a pesar del conflicto entre éste y la propia experiencia de pareja.

La comunicación honesta y transparente

Yo creo que yo ni siquiera pido mucha fidelidad, como en el ámbito sexual, yo pido más fidelidad emocional, más de honestidad. Si te fuiste a una fiesta y le diste un beso a alguien, o si en verdad estás confundida con otra persona, prefiero saberlo (…) La honestidad es lo más importante para mí, porque como que de ahí se forman las bases ‘¿cachai?’” (Relato de vida de mujer).

Una primera estrategia de regulación ante la tensión que producen los mandatos con respecto a las relaciones de pareja de los jóvenes participantes, es la comunicación honesta que permite restablecer el ideal de la pareja como refugio de seguridad en tanto reconocimiento mutuo, así como la autonomía como tiempos y espacios equitativos. La comunicación introduce la posibilidad de regular el miedo al otro (al daño, a la dependencia, etc.), minimizando la sorpresa y haciéndolo predecible. También, es garante de una adecuada distribución de los tiempos y los espacios; necesaria para la protección de la autonomía y la evitación de la dependencia.

La comunicación promete así una suerte de transparencia relacional. Es primordial tanto conocer las vicisitudes de los pensamientos y sentimientos del otro, como que el otro tenga acceso a los propios. Este modo de comunicación, que hace transparente el mundo interno, garantiza el sentimiento de seguridad y autonomía en diversos tipos de relación. La comunicación transparente es una estrategia necesaria para hacer viable el fluir y la ética de los acuerdos, y cierta predictibilidad y confianza en medio de la ausencia de una normatividad estable.

Evitación del conflicto desde la lógica del respeto mutuo

Terminamos el año pasado, nunca volvimos. Pero yo igual me voy a quedar a su casa todos los fines de semana y estamos juntos. Entonces es como, no sé si estoy en pareja o no estoy en pareja. Es como raro, pero así nos llevamos bien” (Relato de vida de mujer).

Una segunda estrategia de regulación ante la fisura de los mandatos es la evitación del conflicto, que supone, no enfrentar la fisura, esto es, una evasión indefinida de la misma. Las diferencias no son discutidas, se trata de un "dejar ser" sin cuestionar la contradicción, dando mucha centralidad al respeto mutuo, en tanto derecho propio y ajeno de pensar, opinar y hacer como prefiera.

No se intenta solucionar las tensiones, como si esto fuese una empresa demasiado grande o muy difícil de llevar a cabo. De esta forma, los conflictos provocados por las fisuras son dejados de lado, en una especie de lugar “no-consciente” de la relación.

Suspender la relación

De repente como que le llega un mensaje del celular y él estaba en el baño y yo la tonta, sé que estaba mal. Lo leí y era esta tipa. Y después me picó el bichito y leí todo el resto de los mensajes y eran mensajes feos. O sea según él, él nunca fue infiel pero como que los mensajes daban para pensar que sí” (...) Con el tema de esta niña […] yo ya colapsé […] me dolió mucho” (Relato de vida mujer).

La tercera estrategia de regulación ante la fisura es suspender la relación. Ante el temor al daño o a dañar una salida recurrente es anticiparse y terminar la relación. El sufrimiento de terminar la relación es preferible a tomar el riesgo de continuar.

Esta estrategia de regulación ante el miedo al daño significa en ocasiones no instalarse en la relación con otro, prefiriendo mantener relaciones casuales donde los afectos, regulados desde la ética de los acuerdos, se pongan menos en riesgo. Otras veces significa terminar las relaciones antes que los conflictos se desplieguen, en una anticipación fantaseada de un sufrimiento que se busca no llegar a experimentar.

Discusión

Los resultados expuestos muestran que la experiencia de pareja en los jóvenes chilenos participantes de la investigación no es unitaria ni uniforme, más bien, está atravesada por múltiples mandatos, tensiones y estrategias de regulación; y coinciden con los encontrados en otros estudios que señalan contradicciones y ambivalencias en la experiencia de pareja en jóvenes latinoamericanos y chilenos (Gómez & Royo, 2015; Gysling et al., 1997; Tobón et al., 2012).

Existe una convivencia de ideales que expresan diversas expectativas implicadas en la experiencia de pareja, lo que, asimismo, implica diversas tensiones. La coexistencia de los mandatos de la pareja como refugio de seguridad en tanto reconocimiento mutuo, de la autonomía como tiempos y espacio equitativos, y de la pareja como fluir y normatividad de los acuerdos implica una gran tensión en la experiencia de los jóvenes chilenos. A la vez que la pareja es el lugar donde aspiran encontrar un vínculo seguro que garantice el reconocimiento, es también, un territorio riesgoso, bajo constante amenaza por el ejercicio de la autonomía y la normatividad flexible de los acuerdos. Así, en medio de esa tensión irrumpe el temor al daño −propio y del otro− estrechamente vinculado a la ruptura del reconocimiento. El reconocimiento como una característica fundamental en el ser humano, experimentado como una instancia de validación mutua, bidireccional; se trata de “una relación en la que cada persona experimenta al otro como un ‘sujeto semejante’, otra mente que puede ser ‘con-sentida’” (Benjamin 2012, p. 169).

De otra parte, las fisuras en el mandato del reconocimiento mutuo, vinculadas a la experiencia de ruptura de los acuerdos y en particular a la vivencia del deseo sexual, implica el despliegue de estrategias de regulación que apuntan a la minimización de las diferencias y la anulación del otro en tanto alteridad, sea a través de la comunicación transparente, la evitación del conflicto o la suspensión de la relación. Estas estrategias aparecen como una manera de evitar las contradicciones y tensiones entre los diversos mandatos.

La comunicación transparente y honesta se presenta como una estrategia que permite asegurar la continuidad de la seguridad y el reconocimiento ante las fisuras de los ideales. Se despliega así una modalidad de transparencia relacional en el que busca hacer al otro totalmente predecible y, por tanto, confiable. No hay mucho lugar en esta ecuación para la incertidumbre, la duda o la exploración. Incluso esta última, por ejemplo, en la figura de las relaciones abiertas, parece estar regulada a partir de la negociación de reglas que minimicen el riesgo y el conflicto.

Para los jóvenes el conflicto es tremendamente amenazante. La descoordinación, el desencuentro, las diferencias, la irrupción de afectos por fuera de los acuerdos son experiencias difíciles de articular y sostener. Al respecto, Benjamin (2004) propone la noción de “terceridad” como la posibilidad de crear sistemas relacionales capaces de superar la dinámica de dominación y sumisión propia de las relaciones binarias complementarias. Se trata de un espacio mental intersubjetivo que permite tolerar la paradoja de la autonomía y la dependencia propia de toda relación. Para Benjamin (2004), sin ese espacio, el conflicto no puede ser procesado, observado, ni sostenido. En su lugar, aparece una oposición irresoluble entre los miembros de la relación cuyo destino es la dominación. En los jóvenes de esta investigación el conflicto parece no tener lugar para ser tramitado, siendo experimentado como una interrupción existente pero indeseada y tremendamente desorganizadora que se busca minimizar y hacer desaparecer rápidamente. Lo anterior permite instalar la pregunta respecto de las posibilidades que los jóvenes chilenos están teniendo de crear sistemas relacionales que permitan el reconocimiento mutuo.

Estas estrategias pueden implicar, siguiendo las ideas de Han (2013), un abandono de la negatividad en relación al otro, característica que sería distintiva de las sociedades capitalistas contemporáneas. Se trata de un proceso que busca hacer operacional y controlable la relación, transformando lo otro y lo extraño en una parte de la cadena de lo igual. Así, las estrategias de regulación ante las fisuras de los ideales que recaen sobre las relaciones de pareja participan de un proceso de anulación de la alteridad y de su constitutiva opacidad.

El deseo sexual toma en esta investigación el lugar de una fisura al ideal de reconocimiento. Desear a otro y ser deseado es experimentado por los jóvenes participantes, pero especialmente por los varones, como un riesgo que convertirla en una relación de dominación; y de ahí, su dificultad para dar espacio de legitimidad al deseo sexual y su tendencia a minimizar la importancia de la sexualidad al interior de una relación de pareja, tendencia que también había sido detectada por Carmona (2013) y Tobón et al. (2012).

La presente investigación da cuenta de una situación novedosa respecto del deseo sexual en los jóvenes chilenos. En particular revela la posición de jóvenes varones incómodos con su propio deseo. La crisis de los años noventa del modelo clásico binario de deseo, a saber, hombre-sujeto deseante, mujer-objeto deseado5 (Sharim, et al., 1996) habría provocado un conflicto en los jóvenes respecto de la vivencia del deseo sexual. Tal como señala Carmona (2013), el deseo sexual sería experimentado como algo peligroso por los jóvenes varones, en tanto potencial amenaza para el ideal de reconocimiento, mandato y aspiración fundamental para las relaciones de pareja contemporáneas. El deseo contiene el riesgo de transformar al otro deseado en un objeto y este riesgo no es bien tolerado en tanto se produciría cierta equivalencia entre ser objeto de deseo y ser objeto de abuso. Frente a la erotización de la mujer (Sharim, et al., 1996), los jóvenes varones están haciendo esfuerzos para plegarse al ideal de reconocimiento mutuo, y quizás, este sea uno de los derroteros que ha ido tomando la sentimentalización de la sexualidad masculina descrita por estos autores y por Gysling et. al. (1997) en los jóvenes chilenos contemporáneos.

Otro aspecto que no encuentra mucho lugar para ser tramitado es la experiencia de la dependencia, percibida como una amenaza que se está permanentemente regulando a través de la autonomía, entendida como la distribución equitativa de tiempos y espacios. Ante esta situación los jóvenes tienden a restablecer la autonomía sin permitirle a la dependencia un lugar de legitimidad en la relación. La estrategia de la comunicación transparente y honesta tiene un lugar central operando como una especie de blindaje que promete asegurar, o en su defecto minimizar, que no se está corriendo demasiados riesgos.

Así, la experiencia de pareja en jóvenes chilenos está caracterizada por el despliegue de dinámicas que apuntan a la seguridad individual. El encuentro con la propia dependencia, implica correr el riesgo de suspender los mecanismos reguladores individuales orientados a asegurar el reconocimiento mutuo. La experiencia de la dependencia pareciera ser hoy una hazaña demasiado exigente (Araujo & Martucelli, 2012; Sharim et. al., 1996).

Todo esto ocurre en un escenario global en el que, tal como señala Giddens (2008), los proyectos individuales tienen un lugar fundamental y la temporalidad del amor se transforma hacia trayectorias de amores seriales. Esta investigación señala que en el caso chileno se han ido instalando mandatos afines con el modelo de amor confluente (Giddens, 2008) propio de las sociedades industriales, pero que su despliegue se encuentra matizado por la tremenda relevancia que cobra la búsqueda de seguridad y reconocimiento en un escenario que no ha dejado lugar para la tramitación del conflicto. Así, la experiencia de pareja se encuentra amenazada por el temor de quedar fragilizado ante el otro, y por tanto, expuesto al daño producto del no reconocimiento. El conflicto, en tanto señal de la diferencia con el otro, es experimentado como amenaza para el sí mismo. La alteridad del otro es temida y ese miedo es administrado desde la transparencia o, en su defecto, la evitación. Son, así, relaciones que resisten poco la presencia de la diferencia, siendo muy difícil sostener la tensión entre el yo y el otro que se hace evidente en el conflicto interpersonal. Pareciera que en las relaciones de pareja de estos jóvenes está siendo difícil la convivencia de la auto afirmación y el reconocimiento del otro como sujeto legítimo, proceso que, tal como señala Benjamin (1997), es fundamental para salir de la lógica de dominio-sumisión y hacer posible el reconocimiento mutuo entre sujetos.

El miedo a la falta de reconocimiento parece atravesar, así, la experiencia de pareja de los jóvenes chilenos de nivel socioeconómico medio y bajo. Son los hijos del retorno a la democracia chilena que buscan intensamente la diferenciación de las generaciones anteriores y que parecen buscar en la pareja la seguridad relacional que permita el reconocimiento. Pero a la vez este deseo convive con el miedo a que ese mismo otro se torne una amenaza que fracture la más importante de las fuentes que otorgan reconocimiento en un escenario social caracterizado por la fragilidad del tejido social y la desconfianza en lo público (PNUD 1998, 2002, 2009). Así, el otro toma un lugar ambivalente en el territorio de la intimidad de pareja entre los jóvenes chilenos.

Es posible introducir una nueva arista a la comprensión de lo planteado por Gómez y Royo (2015), cuando señalan que la pareja permanente no es un elemento esencial para la realización personal de los jóvenes chilenos. La reconocida tendencia a la diferenciación de los modelos tradicionales en la constitución familiar en este grupo se insertaría en una trama más amplia, en donde el otro, en tanto alteridad frente a la que me defino y espacio de soporte relacional, a la vez que deseado, es experimentado como potencial amenaza para la autorrealización. Los jóvenes chilenos aparecen así en medio de esta negociación, arrojados a la tarea de resolverla individualmente desde la ética de los acuerdos. En esta escena, la dependencia y el deseo sexual implican un conflicto que no encuentra un lugar, ni psíquico ni relacional, para su tramitación.

Conclusiones

En síntesis, los resultados de esta investigación hacen evidente las tensiones y contradicciones de los procesos de individualización social de los jóvenes chilenos, en particular, lo difícil que está siendo para ellos tramitar la conflictividad vinculada a la experiencia del deseo sexual y de la dependencia. Esto instala una inquietud respecto de la cualidad del lazo y la convivencia social en un escenario donde el otro de la intimidad es experimentada en esta ambivalencia. Vale la pena preguntarse cuáles son las particularidades de la modernización chilena que han facilitado que el conflicto no tenga un lugar claro para su tramitación. Las hipótesis de la traumatización psicosocial (Faúndez, 2013; Martín-Baró, 1988), con relación a la herida provocada por procesos históricos, en este caso la dictadura, así como la ferocidad de las políticas neoliberales de los últimos 35 años, se asoman como una línea, que pudiera seguir siendo explorada en futuras investigaciones, poniendo el énfasis en el carácter dialéctico entre el individuo y su relación con lo social.

Futuras investigaciones podrían profundizar también en las diferencias vinculadas al género y la clase social. Si bien fue posible pesquisar algunas diferencias entre hombres y mujeres respecto al miedo -en los varones a dañar y en las mujeres a ser dañadas- es importante dar mayor complejidad a esta distinción desde una perspectiva de género, no dicotómica, que reflexione incorporando matices y recurrencias, dadas las nuevas expresiones del género entre los jóvenes.

Igualmente, Chile recientemente ha aprobado una legislación que permite la unión entre personas del mismo sexo, a la vez que en el país aumenta la aprobación social hacia las uniones de pareja homosexuales (UDP, 2015). Por ello, también, en futuros trabajos será importante precisar las particularidades de la experiencia de pareja de jóvenes LGTBI (lesbianas, gays, transexuales/transgénero, bisexuales e intersex). Finalmente, futuros estudios podrían también abordar la variable generacional, incluyendo la experiencia de adultos medios y adultos mayores.

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Notas

* Este proyecto de investigación recibió financiamiento y apoyo de: La Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile (CONICYT) a través del Proyecto Fondecyt N° 1130860: “Los vínculos de pareja en el Chile de hoy: amor, sexualidad e intimidad”, del cual forman parte los datos y el análisis del presente artículo; de CONICYT/FONDAP/15130009 Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social en Chile (COES).

Notas

Forma de citar Besoain A., C., Sharim K., D., Carmona S., M., Bravo V., D., & Barrientos D., J. (2017). Sin conflicto y sin deseo: las tensiones de la individualización en la experiencia de pareja de jóvenes chilenos. Rev.CES Psicol., 10(1), 109-128.

Notas

1 Estamos aludiendo tanto a hombres como a mujeres chilenas, pero para facilitar la lectura usaremos el genérico a lo largo de todo el artículo. Lo mismo cuando nos referimos a los jóvenes, los participantes, los investigadores, etc.

Notas

2 Resulta de especial interés el protagonismo que ha tomado la noción de reconocimiento en la teoría social contemporánea, sobre todo desde el feminismo y el psicoanálisis relacional. En particular nos parece relevante la propuesta de Benjamin (1997) que sitúa el reconocimiento como una necesidad fundamental de la experiencia humana. Esta necesidad tomaría la forma de una paradoja en tanto la autoafirmación de la propia existencia precisa de otro (reconocido y legítimo) que me reconozca como sujeto independiente y legítimo. La posibilidad de sostener la paradoja entre autoafirmación y reconocimiento sería para Benjamin (1997) el desafío más importante en la lucha contra las relaciones de dominación, especialmente la de género.

Notas

3 Para Sharim, Araya, Carmona y Riquelme (2011) la idea de “monólogo colectivo” señala una intimidad en la que el encuentro de dos proyectos no está́ generando un tercero compartido. Se coexiste pero no se genera un espacio común. Los ideales de pareja estarían siendo construidos, paradojalmente, de manera individual. Los autores señalan que esta dinámica podría homologarse a la etapa de juego infantil, descrita por Jean Piaget (1962), en la cual se requiere de un otro cerca, pero sin realmente considerarlo para el juego.

Notas

4 En este punto la definición de reconocimiento de Benjamin (1997), anteriormente mencionada, resulta del todo pertinente para la comprensión de esta sub-categoría. En particular en su arista vinculada al logro de un espacio de legitimidad y respeto para las propias experiencias por parte del otro de la pareja.

Notas

5 Al modo de la mascarada, tal como señalara la psicoanalista Joan Rivière (1999/1929) a principios del siglo pasado, quien realiza una propuesta teórica frente lo femenino y lo masculino, en cuanto a la identificación con el género opuesto (que en ese entonces entendía la ‘inversión de género’ denominándola homosexualidad) y su mascarada evitación de represalias sociales que conllevaría dicha inversión.
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