Sección temática
Received: 16 February 2023
Accepted: 07 January 2025
Published: 23 April 2025
DOI: https://doi.org/10.22134/trace.87.2025.908
Resumen: El turismo rural comunitario (TRC) plantea la posibilidad, para las comunidades locales, de apropiarse de una actividad económica nueva, abriendo paso al diseño de una visión diferente del desarrollo. Este artículo examina las características del desarrollo que construyen las comunidades rurales, a través del caso del TRC en la península de Yucatán. A partir de informaciones recolectadas desde 2012 con los actores de iniciativas locales, observamos que el turismo se integra en la forma de vida de las comunidades, con particular énfasis en aspectos territoriales, socioculturales, ambientales y organizacionales. El TRC forma parte de un conjunto de estrategias de adaptación a los cambios actuales, dibujando empíricamente su propia visión de la sostenibilidad y construyendo nuevas alternativas de desarrollo que pueden ser entendidas bajo el paradigma del posdesarrollo.
Palabras claves: Desarrollo comunitario, México, organización social, posdesarrollo, turismo rural comunitario.
Abstract: Community-based Rural Tourism (CBT) offers the possibility for local communities to appropriate a new economic activity, opening the way to the design of a differentvision of development. This article examines the characteristics of development built by rural communities through the example of CBT in the Yucatan Peninsula. Based on information collected since 2012 with the actors of local initiatives, we observe that tourism is integrated into the way of life of the communities, with particular emphasis on territorial, sociocultural, environmental and organizational aspects. The CBT is part of a set of strategies for adapting to current changes, empirically drawing its own vision of sustainability, building new development alternatives, which can be understood under the paradigm of post-development.
Keywords: Community-based development, Mexico, social organization, post-development, Community-based Rural Tourism.
Résumé: Le tourisme rural communautaire (TRC) offre aux communautés locales la possibilité de s’approprier d’une nouvelle activité économique, ouvrant la voie à la conception d’une vision différente du développement. Cet article examine les caractéristiques du développement construit par les communautés rurales, à travers l’exemple du TRC dans la péninsule du Yucatan. Sur la base des informations recueillies depuis 2012 auprès des acteurs d’initiatives locales, nous observons que le tourisme est intégré au mode de vie des communautés, avec un accent particulier sur les aspects territoriaux, socioculturels, environnementaux et organisationnels. Le TRC fait partie d’un ensemble de stratégies d’adaptation aux changements actuels, dessinant empiriquement sa propre vision de la durabilité, construisant de nouvelles alternatives de développement, qui peuvent être analysées par le prisme du post-développement.
Mots-clés : Développement communautaire, Mexique, organisation sociale, post-développement, tourisme rural communautaire.
Introducción
El turismo rural surge en la península de Yucatán en un contexto de desarrollo turístico hacia zonas que antes no habían sido tocadas por dicha actividad, territorios de comunidades locales a menudo con población indígena maya marginada (Marín Guardado, García de Fuentes y Daltabuit Godás 2012). En sus inicios, al principio del 2000, el desarrollo del turismo rural, en México en general y en la península de Yucatán en particular, fue el resultado de una combinación de factores impuestos desde el exterior: las políticas internacionales y nacionales de lucha contra la pobreza, vinculadas a la necesidad de encontrar nuevos recursos económicos en una situación de crisis (López Pardo y Palomino Villavicencio 2008); las nuevas estrategias de gestión y protección del medioambiente debido a la degradación de los recursos naturales (García Frapolli, Bonilla Moheno y Ramos Fernández 2013), y la llegada de turistas a zonas tradicionalmente excluidas de los circuitos turísticos, debido a la búsqueda de autenticidad y de nuevas experiencias turísticas fuera de los circuitos habituales. Esta apuesta por la creación de proyectos turísticos pretendía desarrollar las zonas rurales mediante la introducción de una nueva actividad económica capaz de dar solución a una crisis multidimensional del mundo rural. En este contexto, el turismo se ha presentado a menudo como una panacea para el desarrollo, especialmente a través del enfoque del turismo en favor de los pobres -pro poor tourism- (Ashley, Roe y Goodwin 2001; Cañada y Gascón 2007; Cañada Mullor 2023).
Aunque la noción de desarrollo evolucionó con el tiempo y fue cuestionada desde la segunda mitad del siglo XX -especialmente por Arturo Escobar (2007), quien señaló su incapacidad para cumplir sus promesas-, el hecho de que se le haya añadido adjetivos tales como sostenible, local, humano, endógeno, etcétera, contribuyó a hacer más opaco y borroso el término (Boisier 2004). En algunos casos, como el del turismo, la idea de desarrollo sigue basándose en la liberalización de la economía, abriendo las puertas a una forma de neoextractivismo de nuevos recursos (Harvey 2003; De Souza Silva 2009). Se anima a las comunidades rurales a insertar sus recursos (naturales y culturales) en un sistema turístico en el que lo económico prima sobre lo político y en el que la demanda determina la oferta. Las comunidades rurales e indígenas han estado en el centro de un complejo proceso de transformación social durante los últimos cincuenta años, desgarradas entre programas gubernamentales, proyectos de cooperación internacional y tensiones entre las aspiraciones individuales y colectivas de sus habitantes. Sin embargo, los programas de desarrollo han sido criticados por su ineficacia para contribuir al bienestar de las poblaciones locales, ya que las instituciones que los implementan carecen de capacidad para incidir realmente en la economía o en el tejido social de las comunidades rurales, debido a su enfoque excesivamente vertical (Quintana Solórzano 2014). Las teorías del posdesarrollo han permitido cuestionar el enfoque hegemónico del desarrollo y evidenciar otras dimensiones geopolíticas que han dado lugar a nuevos modelos de desarrollo alternativo (Gudynas 2014; Carvajal Burbano 2009; Latouche 2007; Lehoucq 2007; Escobar 1998).
El concepto de turismo rural comunitario (TRC) intenta abordar de una manera diferente la forma de concebir, gestionar e integrar el turismo en la vida de las comunidades rurales (Cañada y Gascón 2007). El énfasis de esta actividad reside en la capacidad de la población local para decidir, controlar y gestionar el turismo, promoviendo un desarrollo ascendente. Dicha estrategia impulsa a las comunidades a construir sus propios modos de funcionamiento, reformulando las condiciones de ejecución del turismo según sus propios criterios y reglas, enmarcados en la gestión colectiva del territorio, los usos y costumbres y las redes de solidaridad. Sin embargo, en la práctica, no queda claro cómo las comunidades rurales abordan el TRC en un contexto de desarrollo comunitario y si realmente logran construir nuevas visiones sobre el desarrollo o simplemente siguen reproduciendo enfoques clásicos de desarrollo convencional (Jouault 2021). Esta situación nos lleva a tratar de entender mejor el vínculo entre turismo y desarrollo, preguntándonos: ¿De qué manera el turismo gestionado por las comunidades rurales participa en la construcción de nuevos enfoques de desarrollo? ¿Qué aspectos del turismo valoran las comunidades para participar en procesos de desarrollo? ¿Cómo los actores locales construyen su propia idea de desarrollo a través del turismo? ¿Qué nos enseñan las particularidades de dicha visión? El campo teórico del posdesarrollo nos proporciona conceptos y criterios para analizar modelos alternativos de desarrollo como el comunitario, que es a lo que apuntan las nuevas prácticas turísticas. Así, el objetivo de este artículo es el de analizar la visión específica del desarrollo que construyen las comunidades rurales al apropiarse de las iniciativas de TRC, identificando los elementos que reflejan una perspectiva diferente del modelo hegemónico y que apuntan a la construcción de nuevos modelos alternativos de desarrollo centrados en la comunidad. Resaltar los principales aspectos que componen la concepción comunitaria del desarrollo y relacionarlos con las teorías alternativas del desarrollo es lo que constituye el aporte de este artículo.
Alternativas al desarrollo, posdesarrollo y desarrollo comunitario
La deconstrucción del concepto de desarrollo ha permitido comprender que no existe un modelo definido, sino trayectorias que ponen de manifiesto un proceso de transformación social en el que intervienen y se entremezclan factores económicos, humanos, culturales, políticos y ecológicos (Furló Blasco 1996).
De una visión alternativa del desarrollo al posdesarollo
Siguiendo a Vachon (2001), es posible entender el desarrollo como «el acceso a un modo de vida en el que el individuo es más importante que la producción de bienes y servicios y en el que la realización personal y colectiva tiene prioridad sobre el papel de consumidor». En esta perspectiva, el desarrollo no sería solo una alternativa económica, sino que se plantearía como un proyecto sociocultural común en el cual las relaciones sociales desempeñan un papel central en la mejora de la calidad de vida. Rodríguez Bautista (2003) señala que esta visión del desarrollo da importancia a los factores extraeconómicos, incluyendo las instituciones locales, la cultura, el sistema de valores y las relaciones sociales existentes, así como el patrimonio histórico y medioambiental del territorio. Se basa en un proceso de cambio de las estructuras sociales y ya no es el resultado de la acción del mercado. Si ampliamos el problema a los sectores social, cultural, político, medioambiental y económico, son las sinergias que se crean entre ellos las que generan un proceso de cambio social desde la base. La base sociocultural interna de las comunidades locales es, por ende, un factor importante en las visiones alternativas del desarrollo.
El posdesarrollo puede entenderse como un conjunto de estrategias colectivas de resistencia al capitalismo a través, entre otras cosas, de la participación y el control local de los modos de producción, la asociación entre diferentes actores, la revalorización de los conocimientos tradicionales y las dinámicas locales de emancipación cultural (Escobar 1998; Gudynas 2017). En este sentido, Sunkel (2007) propone el crecimiento desde abajo y no el crecimiento por abajo. Mantero (2008, 97), abordando el concepto de posdesarrollo, va más allá y habla de «producir y consumir de otra manera, respondiendo a otras aspiraciones, a otros valores, haciendo que las actividades productivas contribuyan a mejorar la calidad de las relaciones sociales en lugar de hacer que la sociedad se ajuste a sus exigencias».
Una de las implicaciones prácticas de este enfoque del desarrollo procede del ámbito de la economía social y solidaria (ESS), un enfoque que reconoce que la solidaridad, a través de una gestión y un funcionamiento más éticos (igualdad de derechos y deberes, toma de decisiones intersectoriales, distribución de beneficios, etcétera), aumenta la eficiencia micro y macroeconómica de una organización, además de generar un conjunto de beneficios sociales y culturales que favorecen a la comunidad en su conjunto (Kieffer 2021; Razeto 1999). Lo importante en este enfoque es precisamente buscar alternativas colectivas a través de la autogestión y el asociativismo.
Características del desarrollo comunitario
Existen muchos puntos de convergencia entre el TRC y el campo conceptual del posdesarrollo, en particular el desarrollo comunitario (Parent, Klein y Jolin 2009). Es la población local la que debe decidir sobre sus acciones e, implícitamente, asumir la responsabilidad de su desarrollo. Esto significa que no se busca la consulta con la población local, sino su participación efectiva en todas las fases de planificación, funcionamiento, supervisión y gestión, con el fin de promover un proceso de cambio social endógeno. Para lograrlo, la autodeterminación y la participación de la comunidad parecen ser la clave (Rodríguez Bautista 2003; Tosun 2000).
Una de las principales aplicaciones de este modelo es la empresa comunitaria, cuyo objetivo es buscar el bienestar de la comunidad a la que pertenece y promover su desarrollo (Garduño Mendoza, Guzmán Hernández y Zizumbo Villareal 2009). Por comunidad se entiende una entidad de contornos fluctuantes y límites borrosos que tiene como fundamento el compartir varios aspectos espacio-temporales, una identidad social construida a partir de relaciones frecuentes, un sentido de pertenencia, un fuerte nivel de integración, una relación emocional compartida y formas de poder producidas dentro de las relaciones compartidas (Montero 2007, 200). Las comunidades están en constante transformación y mutación y tienen, según Carvajal Burbano (2011, 21), «su propio tiempo, ritmo, lenguaje, flujo y reflujo de acciones y pasividad; que las cosas no suceden cuando los agentes externos las planifican, sino cuando la comunidad considera y siente que debe, quiere y puede hacerlas; que este tiempo de latencia, el de la preparación y el de la acción, responde a condiciones intrínsecas a la comunidad y al modo en que ésta asimila los factores externos».
Aunque es importante señalar que una comunidad no es un grupo en el que las relaciones sociales sean necesariamente armónicas, pues también existen relaciones de poder y dominación entre sus miembros y una cierta jerarquía que hay que respetar; a este respecto García Roca (2001, 68) afirma que «existe un modo de producción y de vida comunitaria basado en la solidaridad y la no codicia en la relación de identidad entre el hombre y la naturaleza y no en la competitividad, en la colaboración y no en el desprecio. La ley del beneficio capitalista se opone al interés colectivo, a la reciprocidad y a la solidaridad».
Varias definiciones intentan sintetizar este enfoque de desarrollo comunitario, como la de Rezsohazy en El desarrollo comunitario, de 1988, citada por Zárate (2007, 197-99): «una acción coordinada y sistemática que, en respuesta a las necesidades o a la demanda social, intenta organizar el progreso global de una comunidad territorial bien definida o de una población objetivo, con la participación de los interesados». Nogueiras (1996) especifica los diferentes conceptos relacionados con el desarrollo comunitario (véase la tabla 1).
Para sintetizar, mencionaremos que el desarrollo de la comunidad local se basa en fuerzas endógenas y exógenas, pretende combatir los mecanismos de exclusión e integra las dimensiones sociales (renovación del tejido social, equidad y mejora de la calidad de vida), culturales, medioambientales (protección), políticas (revitalización de la democracia local) y económicas (creación, acumulación y redistribución de la riqueza) e incluye necesariamente una dimensión territorial (Parent, Klein y Jolin 2009).
Marco metodológico
Enfoque de investigación para entender la visión comunitaria del desarrollo
Desde 2012 se inició una colaboración entre la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) -en un principio a través de la licenciatura en Turismo y, más tarde, por medio de la Unidad de Proyectos Sociales- y actores sociales del TRC de la península de Yucatán, enmarcado en la investigación de acción participativa (IAP). La IAP es un enfoque que combina las reflexiones y los esfuerzos de distintas partes interesadas -académicos, agentes locales y expertos externos- para buscar soluciones a problemas concretos y, al mismo tiempo, producir reflexiones que puedan aplicarse en un contexto más amplio (Jouault, Kieffer y Montañez Giustinianovic 2023; Kieffer 2016). Se define como «un método de estudio y acción que busca obtener resultados fiables y útiles para mejorar situaciones colectivas, basando la investigación en la participación de los propios colectivos a investigar, que así pasan de ser «objeto» de estudio a sujeto protagonista de la investigación, controlando e interactuando a lo largo del proceso investigador (diseño, fases, devolución, acciones, propuestas...) y necesitando una implicación y convivencia del investigador externo en la comunidad a estudiar» (Alberich 2007, 6).
La IAP pretende generar un modelo de intervención capaz de participar en la construcción del aprendizaje local para promover un cambio a partir del involucramiento de los sujetos en la propia investigación. La meta es «conocer, actuar y transformar» (Bru Martín y Basagoiti s.f., 3). El resultado de una IAP es un proceso de coconstrucción del conocimiento en el que la retroalimentación del trabajo es constante en todas las etapas del proceso. En nuestro caso, esta investigación se realizó a lo largo de doce años de colaboración con dos principales organizaciones: la Unión de Sociedades Cooperativas de turismo Co’ox Mayab1 y la Alianza Peninsular de Turismo Comunitario (APTC).2
Co’ox Mayab es una unión de sociedades cooperativas de turismo, es decir, una organización de segundo nivel orientada a la promoción, comercialización de destinos turísticos comunitarios y capacitación continua de los socios. Agrupa hoy en día diez cooperativas de TRC en Yucatán y participa en la estructuración del sector del TRC en el estado. Por su parte, la APTC es una organización de tercer nivel dedicada al fortalecimiento del sector, incidencia en políticas públicas y trabajo en redes. Busca fortalecer el turismo en comunidades rurales, a través del trabajo colaborativo de 24 empresas sociales, integradas por un total de 270 socios originarios de comunidades indígenas y campesinas en la península de Yucatán. Esta alianza surgió en octubre de 2016, cuando un grupo de líderes de organizaciones turísticas de base comunitaria empezaron a reunirse en diferentes lugares de la península de Yucatán (Calakmul en 2016, Tzucacab en 2017, Mérida en 2018 y Hampolol en 2019), acompañados por universitarios, con el fin de dialogar y planificar estrategias en común para atender problemáticas compartidas por las empresas sociales del sector turístico.
Varios estudios y tesis han sido producidos en este proceso colaborativo de investigación-acción (Montañez Giustinianovic 2018; Lemas Valencia 2019; Pérez Rodríguez 2019), dando continuidad a la investigación de Jouault (2021), punto de partida de una colaboración más estrecha entre academia y organizaciones de la sociedad civil. La obra de García de Fuentes, Jouault y Romero (2015) se inscribe en esta colaboración tejida con actores del TRC en la península, respondiendo a uno de los principales problemas identificados, que tiene que ver con la promoción y comercialización de la actividad.
Así, nuestra comunidad de aprendizajes constituida con campesinos y pescadores dedicados al turismo ha establecido un diálogo de saberes que nos llevó a replantearnos muchas de las concepciones preestablecidas sobre este tipo de turismo. Es necesario entender que el análisis de la visión del desarrollo construida por las comunidades rurales en iniciativas de TRC difícilmente se puede realizar a través de una investigación social clásica. Este enfoque de IAP, en particular, es el que nos permitió cuestionar la significación clásica del desarrollo fomentada por actores gubernamentales e internacionales, gracias a relaciones de confianza establecidas, inmersión en actividades cotidianas, participación en reuniones de la comunidad, realizando faenas, etcétera. Este cuestionamiento, a partir de las prácticas sociales de los actores del TRC, de sus decisiones, de su visión sobre el turismo, es el que nos llevó a diseñar esta investigación, para así definir el significado otorgado al concepto de desarrollo vinculado con propuestas comunitarias de turismo.
De esta manera, la IAP aparece como un acercamiento fundamental, prácticamente obligatorio, cuando se quiere abordar el concepto de desarrollo comunitario planteado como una estrategia de acción y de participación local, tal como se vio anteriormente. Ambos aspectos, la IAP -de naturaleza epistemológica, teórica y metodológica- y el desarrollo comunitario -de orden teórico y práctico, pero también metodológico- son indisociables entre sí, se fusionan para participar de un mismo proceso que implica reflexión, acción y participación, enfocado en generar cambios a partir de necesidades identificadas.
Metodología
Para este trabajo en específico, hemos aplicado y triangulado diferentes herramientas para analizar dicha visión del desarrollo por parte de actores claves del TRC. Dichas herramientas se aplicaron en 24 de organizaciones ubicadas en los estados de Yucatán,3 Campeche4 y Quintana Roo5 y con un aproximado de 270 socios. La figura 1 muestra la localización de las empresas sociales de TRC pertenecientes a la APTC que participaron en nuestra reflexión sobre la visión del desarrollo construida a nivel comunitario.
Primero, se realizó una observación participante, entre diciembre de 2019 y abril de 2024, durante 17 talleres impartidos a través de dinámicas colaborativas, en los que se realizaron, por ejemplo, líneas de tiempo de cada organización involucrada y mapeos sociales. Estas técnicas permitieron recoger información sobre la participación, las relaciones entre los actores y crear vínculos de confianza en el proceso de colaboración de la investigación-acción. Esta observación participante se vinculó con diferentes salidas a campo a estas empresas sociales y a regiones de influencia: zona maya de Quintana Roo, oriente del estado de Yucatán, Isla Aguada e Isla Arena en la costa de Campeche, entre otros (véase fig. 1).

Segundo, se aplicó un cuestionario a las 24 empresas sociales, entre diciembre de 2019 y febrero de 2020, el cuestionario se llevó a cabo con grupos focales de cada empresa incluyendo directivos, socios y empleados interesados en asistir, cuya concurrencia varió entre 3 y 12 personas por empresa social. El cuestionario incluyó más de veinte temáticas: geohistoria y contexto biocultural de la iniciativa, organización de la actividad turística, perfil de los socios y trabajadores, inserción con el mercado, relación con el medioambiente y proyectos de conservación asociados, subsidios recibidos, ingresos brutos y netos, entre otros. Posteriormente, se elaboró una base de datos con información tanto cualitativa como cuantitativa sobre las diferentes empresas (Jouault y Montañez Giustinianovic 2020), que permitió ilustrar algunos de los resultados presentados y sirvió para nuestro análisis de la visión del desarrollo de los actores locales.
Finalmente, se realizaron 47 entrevistas a actores claves de las cooperativas socias de la APTC6 -socios, directivos y guías- y las preguntas se orientaron hacia tres grandes temas: 1) definición y conceptualización del TRC, 2) descripción de las actividades propuestas y 3) razones de aliarse en redes colaborativas. Cada empresa eligió a los entrevistados, de los cuales 42 % fueron mujeres y 58 % hombres, de los cuales 70 % eran socios fundadores de las cooperativas, 26 % socios y 4 % colaboradores, con un rango de edad de entre 18 y 30 años (9 %), entre 31 y 60 años (70 %) y 21 % con más de 61 años, mientras que 30 % de los entrevistados se ubicaban en Campeche, 38 % en Yucatán y 32% en Quintana Roo.
En cuanto al análisis de los datos, la parte cualitativa de los cuestionarios fue codificada en diferentes categorías sobre desarrollo, como buen vivir, cohesión social, solidaridad y confianza, entre otras, mientras que la parte cuantitativa se sistematizó mediante tablas y gráficos. Las entrevistas se analizaron con el software ATLAS.ti y algunos fragmentos se incluyeron en los resultados para elaborar una nube de palabras. La triangulación de estas tres herramientas (observación participante, entrevistas y cuestionarios) nos permitió analizar la relación entre desarrollo y TRC, y presentar los elementos que ilustran una perspectiva diferente del modelo hegemónico y apuntan a la construcción de nuevos modelos alternativos de desarrollo centrados en la comunidad. Los resultados se clasificaron en cuatro grandes aspectos -socioeconómicos, socioambientales, socioculturales y socio-territoriales- que se describen a continuación.
Resultados
Implicaciones socioeconómicas de la actividad turística en las comunidades rurales
En la península de Yucatán, principal destino turístico del país, muchos pueblos han incorporado el turismo a sus diversas actividades productivas; esta actividad era complementaria a la milpa maya, la apicultura o meliponicultura, la silvicultura y la pesca, o se combinaba con estas tareas; sin embargo, en algunos casos se ha vuelto la actividad primaria, en particular en Quintana Roo.
En términos de ingresos, el TRC se ha convertido en una opción económica alternativa viable, por ejemplo, en la aldea de Yokdzonot, los 16 socios de la cooperativa Zaaz Koolen Haa recibían ingresos aproximados de 10 000 pesos al mes antes de la crisis por la pandemia de COVID-19. Sian Ka’an Comunity Tours, en Muyil, al sur de la ciudad turística de Tulum, ha creado 43 puestos de trabajo remunerados con 280 pesos al día, casi tres veces el salario mínimo mexicano. A la pregunta: ¿Por qué hacen turismo comunitario?, el gerente de Sian Ka’an Comunity Tours respondió:
Porque es una manera también de diversificar nuestras actividades, nosotros no dependemos 100 % de la agricultura o de la apicultura, sino también del turismo, pero también por situaciones ajenas actuales, vemos que tampoco podemos vivir 100 % del turismo y nos damos cuenta de que nosotros dependemos de varias actividades y eso nos ha ayudado a sobresalir en esta situación muy complicada [se refiere a la pandemia por COVID-19] y vemos que el turismo comunitario es una actividad complementaria a nuestra vida cotidiana. (Gerente de Sian Ka’an Comunity Tours, comunicación personal, 2021).
El turismo comunitario se ha vuelto un pilar en el desarrollo económico de la localidad; mediante este han logrado diversificar sus actividades productivas que se complementan con el trabajo tradicional, como la milpa y la apicultura.
Lo que nosotros queremos es contribuir a la conservación de estos paisajes porque aquí vivimos […] Todo es en pro de la conservación y de nuestra cultura, también porque tenemos un arraigo cultural muy grande, muy bonito y pues aquí queremos seguir, ya no queremos migrar, ya no queremos irnos a trabajar a plataformas o a los grandes hoteles, queremos hacer el desarrollo dentro de nuestras comunidades. (JDR, cooperativa Isla Valor, comunicación personal, 2021).
Los vínculos entre las empresas y el resto de las comunidades se expresan a través de la solidaridad y también por medios laborales; si bien en algunos casos la actividad es gestionada por el ejido, en la mayoría es una empresa social impulsada por políticas públicas. Por empresa social entendemos un tipo de organización que se diferencia de la empresa capitalista y permite el enriquecimiento colectivo y horizontal de quienes participan en la actividad bajo un estatus asociativo o cooperativo (Jouault 2021). En Yucatán, el 78 % de estas empresas sociales ha adoptado la forma jurídica de sociedades cooperativas (García de Fuentes, Jouault y Romero 2015). Así, algunas empresas sociales, como Zaaz Koolen Haa y Ukuchil Cuxtal, pagan el 10 % de sus ingresos brutos a los ejidos en los que operan.
De esta forma, la actividad turística beneficia económicamente no solo a los asociados, sino también, indirectamente, a los demás habitantes del pueblo. El creciente número de beneficiarios indirectos del TRC está vinculado a una economía basada en los vínculos de proximidad y el desarrollo de circuitos cortos a través de cadenas de valor añadido. A escala regional, la APTC está integrada por 617 personas entre asociados y trabajadores, con 416 hogares beneficiados directamente por esta actividad turística. En diciembre de 2019, 1664 personas se beneficiaron indirectamente del TRC a través de la actividad de estas empresas sociales en 22 pueblos, teniendo en cuenta, por ejemplo, las actividades de transporte, el comercio de artesanía o las tiendas de comestibles que venden productos de primera necesidad. El 90 % de los socios y trabajadores son de autoadscripción maya. El turismo es una actividad complementaria en 19 de las 24 empresas sociales. Los socios se dedican al comercio, a las artesanías o a las actividades agropecuarias, forestales o pesqueras. En varios casos, existe una diversificación de las actividades productivas. Estas cifras ilustran el impacto económico directo e indirecto de la actividad turística.
La conservación del medioambiente, entre leitmotiv y narrativa del sector
La conservación del medioambiente es central tanto en el quehacer cotidiano como en la narrativa de los actores del TRC, un sector socioeconómico que promueve el bajo impacto ecológico de las infraestructuras y actividades. Así, las cabañas de Síjil Noh Há en Felipe Carrillo Puerto o U Najil Ek Balam están construidas con materiales vernáculos (tierra, pastos de sabana, hojas de palma, piedra caliza y madera local), respetando una arquitectura bioclimática que garantiza la circulación del aire y la protección del sol. Del mismo modo, la oferta de actividades turísticas son respetuosas con el medioambiente: renta de bicicletas, paseos en los manglares o las lagunas en kayak, senderismo por la costa o en el bosque, senderismo interpretativo, entre otras.
La conversión de las actividades de explotación de los recursos primarios en actividades de protección del medioambiente ha dado lugar a la creación de numerosas zonas de conservación voluntaria. Así, 7 de las 24 empresas sociales que conforman la APTC crearon reservas ejidales o unidades de manejo ambiental -conocidas comúnmente como UMA-. Mientras, otras 9 empresas realizan sus actividades turísticas en áreas naturales protegidas gestionadas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). En conjunto, las 24 empresas sociales realizan actividades turísticas de bajo impacto ambiental en una superficie de 7600 ha, a ellas se añaden 25 000 ha, aproximadamente, de áreas destinadas voluntariamente a la conservación, establecidas a partir de las actividades realizadas por las empresas sociales.
El TRC permite, en algunos casos, la gestión ambiental de áreas colectivas y productivas a largo plazo. En este sentido, la consideración de los factores ecológicos se refleja en actividades como la limpieza de senderos forestales o acuáticos, la reforestación, el desazolve de fuentes de agua y canales en el manglar, y el manejo sustentable de la flora y la fauna, por ejemplo, en Isla Arena -puerto del norte de Campeche ubicado entre las reservas de la biosfera Ría Celestún y Petenes-; la cooperativa Wotoch Aayin, por su parte, tiene una granja de cocodrilos moreletti y educa a los visitantes sobre la protección de esta especie.
Esta cooperativa inició ya hace más de 12 años, como un proyecto de conservación del cocodrilo moreletii, que en ese momento se encontraba en peligro de extinción y lo que es el ecosistema de manglares en general. Las actividades de ecoturismo fueron incorporándose con el paso de los años, para ayudar a la sostenibilidad del proyecto, por petición de la gente que venía a visitar nuestra UMA. […] Tenemos una Unidad de Manejo Ambiental Sustentable de la Vida Silvestre y mucha gente empezaba a venir a conocer la UMA, y con el objetivo de satisfacer sus necesidades de alimentación, de descanso, fueron incorporándose poco a poco actividades, tratamos de que sea de forma lo más sostenible posibles y siempre cuidando nuestra biodiversidad que acá es maravillosa porque estamos dentro de un área natural protegida que es la Reserva de la Biósfera Ría Celestún. (RRG, cooperativa Wotoch Aayin, comunicación personal, 2021).
Todas las empresas sociales vinculadas con la APTC realizan talleres de educación ambiental y la mitad de ellas cuentan con un guía certificado entre sus asociados. Existe una alta incidencia de actividades enfocadas en el trabajo comunitario y la limpieza de áreas naturales. En promedio, las empresas sociales realizan al menos dos actividades proambientales: el 75 % realiza tres actividades y el 88 %, cuatro o más actividades relacionadas con la conservación del medio ambiente y el trabajo con la comunidad (véase fig. 2). Sobre estas prácticas, dos lideresas expresan:
Los proyectos de ecoturismo como el nuestro son importantes porque te ayudan a conservar tu tierra, la biodiversidad de plantas, animales... para poder mostrársela a los turistas tienes que mantenerlas en un perfecto estado […] e incluso irlos preservando y ayudando a que se regeneren los ecosistemas, labores de limpieza, educación ambiental (Lideresa de una empresa social de la APTC, 2021).
Tenemos actividades con grupos de niños y jóvenes, nos gusta dar talleres Trabajamos con varias fundaciones y promovemos material didáctico para trabajar con los niños a través de la educación ambiental de nuestra reserva. El impacto que hemos tenido es concientizar a los niños, para que a través de ellos, también lleguen a sus hogares y nos apoyen con toda la práctica ambiental, el manejo de residuos, cuidado de las aves y otras especies de la misma reserva. (Lideresa de una empresa social de la APTC, comunicación personal, 2021).

La conservación y educación ambiental son aspectos fundamentales de un enfoque alternativo al desarrollo promovidos por estos actores del TRC en la península de Yucatán.
Aspectos socioculturales: Cohesión social y formación de redes colaborativas
Algunos estudios de alumnos del grupo de investigación, por ejemplo, los de Lemas (2019), Pérez Rodríguez (2019) y Jouault (2021), han demostrado que los principios del cooperativismo se entrelazan con los valores del parentesco y el trabajo colectivo tradicional, como la faena.7 Estas situaciones reflejan el nexo entre las nuevas prácticas económicas -por ejemplo, el TRC y las formas tradicionales de organización-, permitiendo una evolución, incluso un fortalecimiento de estos vínculos sociales dentro de los pueblos. En la cooperativa de TRC Ek Balam -que administran trece socios y cuenta con doce cabañas rústicas y un restaurante, además de ofrecer actividades para descubrir el pueblo y los alrededores-, las reuniones mensuales presididas por el comité de gestión, integrado por cuatro personas, se realizan en lengua maya yucateca. El tesorero expone los puntos a tratar en cada una, los acuerdos se hacen, uno a uno, después de los intercambios en grupos grandes y a veces en grupos pequeños. Los socios van organizando el quehacer cotidiano de la empresa social y la acogida de turistas en estos contextos comunitarios.
Ciertas acciones, como la promoción o la comercialización, son ajenas a algunos socios de estas iniciativas por diferentes razones, por ejemplo, generacionales o de capacidades técnicas, pero también por la complejidad que representa. Así, la creación de redes organizacionales de origen campesino o mayas dedicadas al TRC ha aumentado desde hace unos años. Las organizaciones de segundo y tercer nivel son redes de colaboración entre empresas sociales de turismo centradas en dos aspectos: el acceso más directo al mercado a través de mecanismos de promoción y venta, y la capacitación de sus miembros. De esta manera, en la península de Yucatán hay un total de seis redes de pueblos turísticos que agrupan a unas cincuenta empresas sociales. Entre ellas Co’ox Mayab, creada en 2014, reúne a diez empresas sociales comunitarias (106 asociados) con el objetivo de comercializar a mayor escala (Montañez Giustianionovic 2018; Jouault 2021); de acuerdo con una de las líderes:
Creo que es importante formar alianzas con otras comunidades, otras cooperativas, para hacer más visible la actividad que hacemos, porque al menos en la región el turismo comunitario no es una actividad muy conocida. Normalmente cuando se habla de turismo, sobre todo en la región, se refieren a Cancún, por lo que lo que ofrecemos es algo más allá del turismo de sol y playa, más allá del turismo convencional, porque este tipo de actividad genera menos impacto, aporta beneficios a las comunidades y para la mayoría de la gente es una actividad complementaria a sus actividades diarias. (Líder de una empresa social, comunicación personal, 2021).
La formación de estas redes y alianzas responde a la necesidad de los socios de visibilizar sus iniciativas tanto con el mercado como con el estado. Por ejemplo, los socios de la APTC mencionaron con recurrencia palabras como cooperativa, alianza, comunidades, comunitario (véase fig. 3), representando esta voluntad de escalar su organización a otro nivel, no solamente para darla a conocer, sino también para incidir en las políticas públicas.

Aspectos socioterritoriales: Entre incidencia en políticas públicas y cuidado del territorio
Un aspecto fundamental que muestra una perspectiva diferente al modelo hegemónico turístico es el cuidado del territorio por los mismos actores del TRC. Frente a la presión privatizadora, existe no solamente una concientización, sino también un principio de organización para detectar, entender e incidir en la resolución de probables conflictos socioterritoriales.
La penetración de los territorios rurales por parte del capital turístico es una tendencia cada vez más evidente en la última década, de ahí que se encuentren haciendas del mundo maya, pueblos mágicos, cenotes cercanos a zonas arqueológicas y lugares turísticos. Pueden distinguirse varias vertientes complementarias en los procesos de privatización turística del medio rural en la península, agrupadas en dos modalidades: la privatización formal y la encubierta. La privatización formal, a su vez, muestra tres variantes: la privatización por compra directa de la tierra para el desarrollo turístico, la expropiación por parte del Estado y su posterior concesión a una empresa privada, y una privatización que se extiende sobre el contexto de tierras beneficiadas por la valoración turística. La privatización encubierta puede darse a través de un proceso oculto de transferencia, por surgimiento o evolución de la propia cooperativa hacia criterios de funcionamiento más corporativos o a través de mecanismos de subordinación de la cooperativa a empresas privadas que utilizan sus servicios.
Frente a este escenario poco alentador para el TRC en la región, los socios de las cooperativas de la APTC formaron comités para incidir en las políticas públicas y cuidar el territorio. Por ejemplo, en diciembre de 2019, después de una reunión con el titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo del Tren Maya (FONATUR-Tren Maya), los líderes de la APTC, en representación del colectivo, solicitaron una moratoria sobre las ventas de tierras ejidales alrededor de las futuras estaciones del tren. El precedente del comité de defensa del territorio había surgido y respondía a la necesidad de incidir desde las comunidades en proyectos impuestos por actores exógenos, así lo expresa una lideresa:
Normalmente cuando estás solo en tu comunidad o como aquí en medio de la selva, quién te voltea a ver, quién escucha lo que necesitas, casi nadie y antiguamente pues nadie. Entonces parte del trabajo también como alianza peninsular, seguramente también va a ser, tener un poco de incidencia en la política, en las decisiones que toman, en las cosas que va a haber de desarrollo donde no pintamos muchas veces. (Lideresa de APTC, comunicación personal, 2021).
Los aspectos socioeconómicos, socioambientales, socioculturales y socioterritoriales evocados aquí ilustran una perspectiva diferente del modelo turístico hegemónico y apuntan a la construcción de nuevos modelos alternativos de desarrollo centrado sobre lógicas comunitarias.
El TRC en la península analizado a través del enfoque del desarrollo comunitario
El TRC en estos contextos rurales se construyó en el marco de un enfoque alternativo del desarrollo que, sin que los actores usen el término de posdesarrollo, se ajusta a los principios de esta concepción crítica del modelo hegemónico, basada principalmente en criterios económico-sociales. Abordaremos aquí tres aspectos fundamentales: la relación con el territorio, el aspecto social y el aspecto político y cultural en la construcción de la autonomía.
El control del territorio por las poblaciones locales
La lucha por la propiedad colectiva y contra la privatización de las tierras rurales es una de las principales preocupaciones de las comunidades rurales. Sin control territorial no puede haber control de la actividad turística. Los efectos beneficiosos tanto para las sociedades locales como para su entorno solo son sostenibles cuando estas se apropian del desarrollo turístico, son dueñas de la tierra y de los medios de producción de los servicios turísticos, es decir, bajo la modalidad de TRC basado en la gestión colectiva de la actividad y en una fuerte relación entre la organización social y económica (Kieffer 2018, 2021).
Además, el control territorial es la única garantía de una protección eficaz del medio ambiente, percibido por las comunidades como su patrimonio biocultural que hay que preservar. Cuando la gestión del territorio está en manos de la iniciativa privada, los riesgos de deterioro aumentan. Sin embargo, el hecho de que una iniciativa esté en territorio comunitario no implica necesariamente la protección del medioambiente (García de Fuentes, Jouault y Romero 2015), como lo demuestra, por ejemplo, la producción de artesanías de madera sin ningún control sobre el manejo de los recursos de las especies cortadas en la región de Chichen Itzá.
Aspectos socioculturales: Cohesión social, gestión colectiva, creación de redes
La particularidad del TRC reside sobre todo en su gestión colectiva y en sus fuertes vínculos sociales con el ejido, lo que permite una transferencia de recursos financieros de la actividad turística (cooperativa) al pueblo (ejido). La gestión de la actividad turística se basa en la organización colectiva tradicional vigente en las comunidades rurales de México. Está vinculada a una fuerte cohesión social entre los integrantes de estos pueblos, que tiene su origen en los fuertes lazos familiares, la pertenencia a grupos religiosos, la tradición de ayuda mutua, el trabajo colectivo voluntario y la participación en eventos culturales, entre otros (Kieffer 2018). Así, los ejemplos de éxito de los proyectos de TRC suelen estar asociados a una buena organización del trabajo cooperativo y colectivo (Kieffer 2021). Esta gestión cooperativa y capacidad de decisión consensuada en asambleas garantiza el funcionamiento del lugar turístico inherente a la ESS. Sin negar la persistencia de las relaciones de poder y los conflictos dentro de las comunidades, el supuesto que subyace en toda la teoría del TRC y del turismo alternativo es que estas relaciones de poder se mitigan mediante procesos de gestión colectiva, intercambio intercultural y solidaridad.
La creación de redes es un fenómeno reciente que demuestra el dinamismo de la creación de vínculos sociales no solo dentro de los pueblos, sino también entre comunidades, participando así en la construcción de la cohesión social fuera de la comunidad, a escala territorial, basada en una identidad cultural maya común.
Aspectos sociorganizativos: Desarrollo endógeno, autoorganización y estrategias de emancipación
Muchas de las comunidades que gestionan iniciativas turísticas colectivamente recuperan dinero, conocimientos y recursos; además, deciden sobre la distribución e inversión de los ingresos del turismo. A diferencia de la lógica del turismo construida por actores externos que externalizan tanto las estrategias como los beneficios, el turismo en estas comunidades rurales está ligado a una construcción endógena. El TRC valora el patrimonio biocultural:
El turismo comunitario es un tipo de turismo que surge de la propia comunidad, somos personas que vivimos en los mismos destinos y, como propietarios de estos, somos en parte vigilantes y cuidamos el entorno donde se ubican nuestros proyectos, [...] es un tipo de turismo muy auténtico, que está arraigado a la cultura, al cuidado de la naturaleza, a la conservación y a mucha sostenibilidad. Es decir, no somos personas que llegan como cualquier otro empresario, tienen todo el dinero, montan sus instalaciones y no les importa si dañan el medio ambiente. Pueden dar trabajo, pero en cierto modo no se preocupan por el medio ambiente. Las comunidades y destinos que encontramos son destinos comunitarios, lo que significa que nosotros mismos somos los guardianes y vigilantes de nuestro propio entorno, y lo que hacemos es evitar que se deteriore. (Un guía de la cooperativa Wotoch Aayin de Isla Arena, comunicación personal, Campeche, 2021).
Sin embargo, el desarrollo endógeno puede representar un riesgo de aislamiento. En su estudio comparativo de las nociones de TRC y desarrollo local, Parent, Klein y Jolin (2009) concluyen que:
El turismo comunitario puede ser una vía privilegiada para el desarrollo local, siempre que esté bien integrado en un proceso que, garantizando el liderazgo local, movilice recursos endógenos y exógenos y se inserte en redes que permitan a las comunidades locales beneficiarse de los flujos de riqueza que posibilita la industria turística en su conjunto y no desvincularse de ella. El TRC se convierte así en una estrategia ascendente para conectar lo local con lo global y para combatir la vulnerabilidad y las desigualdades provocadas por la globalización. (89)
La endogenización de las iniciativas de desarrollo turístico es el corolario de una cierta autorganización. Se trata sobre todo de que las comunidades locales se integren en una red de dinámicas económicas presentes en el territorio y de que elijan el tipo de desarrollo que les corresponde, lo que representa un reto considerable porque la actividad turística trae consigo dinámicas de captación de riqueza, de acceso al territorio y de potencialidad de conflicto.
En lugar de crear dependencias y relaciones de sumisión y dominación, el reto del TRC es lograr un cierto nivel de empoderamiento de sus miembros y de la comunidad, en su conjunto, que permita una gestión libre y consciente de la actividad por parte de ella (Scheyvens 1999; Hernández Cruz et al. 2005). Este fenómeno ya está en marcha y se puede observar en la península de Yucatán, donde los proyectos de TRC han permitido a las comunidades crear una actividad económicamente viable y coherente con la preservación de su patrimonio biocultural y con la gobernanza colectiva y equitativa.
El turismo también puede representar en algunos casos una oportunidad para las mujeres de algunos pueblos (Jouault 2021). Zaaz Koolen Haa, que recibe unos 40 000 turistas al año, se caracteriza por una fuerte implicación femenina, pues de los dieciséis socios, actualmente, diez son mujeres. En este pueblo, las mujeres tienen la responsabilidad económica y organizativa del hogar y con el turismo, han asumido un papel para el que no estaban destinadas, ya que sus maridos siempre trabajan en la Riviera Maya. La posibilidad de trabajar por cuenta propia conduce a su emancipación económica, moral y psicológica.
Muchos socios de las comunidades tienen ahora capacidad económica para financiar los estudios técnicos y profesionales de sus hijos, lo que les permite acceder al conocimiento de la evolución de su entorno y de las políticas públicas, y reinyectar este conocimiento en la comunidad para hacer crecer y mejorar el negocio turístico. Por ejemplo, la hija menor de uno de los líderes de Zaaz Koolen Ha, en Yokdzonot, comenzó sus estudios de turismo en la Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida (Jouault 2021). Por otro lado, los líderes de algunas cooperativas adquirieron conocimientos en lugares turísticos, como Cancún y Playa del Carmen, y luego regresaron a sus pueblos. Sus migraciones profesionales han sido o son la ocasión de adquirir habilidades en cocina y pastelería, y de vuelta al pueblo han podido compartir sus experiencias en la gestión y organización del trabajo.
Conclusión
Esta investigación buscó adoptar la perspectiva particular de las comunidades rurales para poder analizar el turismo y el desarrollo según sus criterios de apreciación (Scheyvens et al. 2017). El TRC en la península de Yucatán presenta una variedad de formas, pero al enfocar el estudio en las metas, discursos y en las decisiones tomadas en los diferentes proyectos, emergen criterios de una visión alternativa del desarrollo.
Las entrevistas y observaciones demostraron la capacidad de los actores para aprovechar elementos del lenguaje de desarrollo y en particular de la conservación, pero también de posdesarrollo. Este es una teoría económica minoritaria muy criticada por los defensores de la teoría económica clásica y, sin embargo, en el contexto del TRC, los conceptos que propone permiten dibujar un desarrollo comunitario que se adapta a las necesidades de las comunidades. Así, el énfasis en el buen vivir y el bienestar es bastante común, además de la apropiación por parte de los actores del papel del TRC como elemento clave en la conservación del medio ambiente. No se refieren explícitamente al posdesarrollo ni a la acción política y a la organización sociopolítica, sino más bien a formas de organización tradicionales y comunitarias. Los conceptos que los actores emplean para definir sus objetivos coinciden con una visión alternativa del desarrollo que contempla la búsqueda de la autonomía como estrategia de emancipación y base del turismo alternativo.
El propósito del TRC es que las comunidades construyan un turismo que abone a su visión del desarrollo, según criterios no solo económicos, como lo demuestra el conjunto de tentativas aquí descritas. Los criterios deseables se definen localmente y van conformando un paisaje social y utópico que trasciende el horizonte de la aldea o el territorio, como sucede en los países andinos, donde el buen vivir resulta ser la suma de definiciones producidas por los diferentes grupos que se refieren a él, siendo el papel del Estado articular estas definiciones entre sí y reflejar los cambios que implican en políticas públicas adecuadas (Alimonda 2012). Destaca la revalorización endógena de tres aspectos principales que representa el desarrollo comunitario para las comunidades: la relación con el territorio, la conservación y el cuidado del patrimonio biocultural, y la consolidación de la gestión colectiva y de los vínculos que esta representa en la comunidad.
También es de mencionar que el sector del TRC en la península de Yucatán, como en otras partes del país y de América Latina, no es homogéneo y uniforme, por lo cual existen tendencias en el mismo sector sobre el desarrollo de la actividad turística. Si algunas iniciativas proponen un turismo rural con tendencia a una cierta autenticidad -es decir, proponer una oferta turística muy cercana a la realidad vivida por los habitantes de estos entornos en una lógica de complementariedad a actividades primarias-, otras iniciativas se apegan a la oferta del turismo masivo y usan canales comerciales parecidos, con el turismo como actividad económica principal. Estas dos últimas tendencias no son las únicas, pero dibujan dos polos opuestos marcados por visiones alimentadas por experiencias radicalmente diferentes. Pero claramente, el contexto altamente impregnado de turismo en la península de Yucatán es un terruño para que se opongan visiones sobre su desarrollo.
Poder monitorear la evolución de las iniciativas de TRC a largo plazo sería importante para poder observar la consolidación o evolución de dichos criterios y así poder analizar precisamente, desde una perspectiva endógena, las adaptaciones locales al cambio global que representan un desafío mayor para las comunidades rurales de México.
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