Artículo original
¿Déficit de producción de alimentos en Cuba o la diatriba entre desarrollo agrícola y desarrollo rural?
Food Production Deficit in Cuba or the Diatribe between Agricultural Development and Rural Development?
¿Déficit de producción de alimentos en Cuba o la diatriba entre desarrollo agrícola y desarrollo rural?
Economía y Desarrollo, vol. 166, núm. 1, e3, 2022
Dirección de Publicaciones Académicas de la Universidad de La Habana (Editorial UH)
Recepción: 06 Enero 2021
Aprobación: 03 Mayo 2021
RESUMEN: El tema agrícola cobra relevancia en Cuba nuevamente debido al déficit sostenido por años en la producción de alimentos. Este fenómeno de alcance mundial constituye un reto para el desarrollo en países con tradiciones agrícolas y altos niveles de pobreza, como los de América Latina. En nuestra nación existen márgenes de pobreza relativa, especialmente en zonas rurales. La brecha de desigualdades entre el campo y la ciudad continúa incrementándose. Los destinatarios de las producciones agrícolas no ven resueltas sus necesidades de consumo y se agrava la problemática social. El estudio del desarrollo agrícola, en estrecha relación con el desarrollo rural, es una tarea de primer orden desde el punto de vista académico, pero también político. En este artículo se reflexiona sobre algunas contradicciones socioeconómicas que deben ser tratadas desde una perspectiva crítica para su solución.
Palabras clave: Agricultura, contradicciones, desarrollo, política.
ABSTRACT: The agricultural issue is once again relevant in Cuba due to the deficit in food production that has been sustained for years. This worldwide phenomenon constitutes a challenge for development in countries with agricultural traditions and high levels of poverty, such as those in Latin America. Our nation has margins of relative poverty, especially in rural areas. The inequality gap between rural and urban areas has increased. At the same time, the recipients of agricultural production do not see their consumption needs met and social problems are worsening. The study of agricultural development in close relation to rural development is a major academic and political task. This article reflects on some socioeconomic contradictions that must be addressed from a critical perspective in order to solve them.
Keywords: Agriculture, contradictions, development, politic.
INTRODUCCIÓN
En Cuba la insuficiencia alimentaria es un problema estructural, resultado del desarrollo típico del capitalismo en la Isla, en una economía de plantación. Doscientos años de pensamiento económico no fueron suficientes para que se resolviera dicha problemática, profundizada posteriormente por el neocolonialismo. La orientación exportadora de la agricultura cubana, durante el período revolucionario, se basó en un modelo de ventajas comparativas que limitó, en larga duración, la soberanía alimentaria. A causa de la gran cantidad de materias primas requeridas y de la necesidad de alimentar a la población y a la masa ganadera, persistió la dependencia económica y financiera del exterior.
Escuchamos a menudo referencias a las dificultades que limitan el desarrollo de las fuerzas productivas en la agricultura e inciden en la producción de alimentos. Una de las preguntas que se desprende de la afirmación anterior es: ¿Realmente se están estudiando las principales contradicciones para el desarrollo de las fuerzas productivas, o las investigaciones versan sobre una serie de problemas que están incluidos en ellas, pero que son apenas una ínfima parte de su contenido?
Esta problemática en su perspectiva histórica nos induce a considerar que no basta con valorar el desarrollo agrícola, como elemento central del desarrollo, sino también que existen otros componentes a tener en cuenta, aristas que brindan una visión mucho más totalizadora de la cuestión del campo. Para tales efectos, en este artículo se propone avanzar en una visión que considere la relación dialéctica entre los problemas económicos, productivos y sociales en el marco del desarrollo rural.
DESARROLLO
El modelo agroexportador en la Cuba de la Revolución fue un componente fundamental para encauzar el desarrollo económico y social del país. Su implementación posibilitó la creación de una amplia infraestructura de todo tipo. Además, requirió de formación de recursos humanos para su impulso e incidió positivamente en el campo. Nuevas empresas agrícolas e industriales, cooperativas y carreteras fueron el resultado más importante de esta transformación y el discreto grado de diversificación de las producciones tuvo un impacto positivo en el desarrollo social.
Los procesos de dislocación producidos por las nuevas empresas dieron lugar a fenómenos de movilidad social, construcción de nuevas comunidades y mejoramiento de las condiciones de vida. Además, contribuyeron a la electrificación, mayor acceso a servicios de transporte, educación y salud. A ello se une la construcción de nuevas viviendas y el consumo de una gama de productos industriales, como radio, televisión, refrigeradores, batidoras, planchas eléctricas, lavadoras, etc. Estos fueron ingresando lenta, pero sostenidamente, en el campo cubano (Castro, 1990). Lo que fue una quimera de la clase media en Cuba durante la década del cincuenta comenzó a llegar a la mayoría de la población rural a partir de los años setenta. Aunque tal transformación atenuó la diferenciación social resultante del neocolonialismo, no la disminuyó ostensiblemente. Una parte considerable de la población rural emigró a la ciudad, sus hijos estudiaron en las nuevas escuelas y las universidades desarrollaron un proceso que transformó el entorno rural. El auge del turismo en los años noventa también marcó este hecho. Además, el proceso de universalización de la enseñanza de nivel superior en el marco de la Batalla de Ideas homogenizó un modelo de formación profesional que pasó por alto los requerimientos específicos de las zonas rurales.
Ese proceso de descampesinización se acentuó desde la crisis de los años noventa influido también por una transformación en el patrón de acumulación del capitalismo y los resultados nefastos para Cuba del derrumbe del socialismo histórico. Los procesos migratorios no fueron solo a la ciudad, sino también al exterior. Como respuesta a la crisis, se desarrolló una estrategia para salvar la Revolución y las conquistas del socialismo: el denominado Período Especial (Castro, 1990). En ese escenario se empezaron a tomar medidas novedosas, entre las que destacan la entrega de tierras en usufructo y la liberación del mercado.
Sin embargo, sobre la política agraria siguieron gravitando hasta hoy estigmas no superados por la dirigencia política, como considerar justo únicamente lo que proviene del Estado. A ello habría que añadir que los indicadores sociales de salud y educación y acceso a servicios básicos en general se deterioraron especialmente en el sector agrícola y la población rural (Hidalgo, 2020). Un ejemplo de ello es que, en términos de construcción de vivienda, salvo las realizadas como efecto de acciones para enfrentar los resultados de catástrofes naturales, no se ha diseñado un plan específico para el área rural.
La gravedad del problema y su solución pasa por desentrañar, correctamente, la gravitación existente entre desarrollo agrícola y desarrollo rural. Urge una estrategia de desarrollo equilibrada que atienda los requerimientos de la economía agrícola y, a su vez, los problemas sociales, la sostenibilidad de la producción, la reproducción digna de la vida y el progreso en el medio rural.
Durante varias décadas el mero hecho de mencionar la palabra rural o vincularla a un entorno que de alguna forma diera a entender una relación con ella creaba un espectro que se movía bajo los preceptos de que las actividades que se desarrollaban en este sector eran atrasadas, poco eficientes y realizadas por personas con un bajo nivel cultural. En función de ello comenzó a surgir una serie de modelos que perseguía otorgarle el toque de modernización al atrasado sector rural y garantizar la transferencia de tecnología o la llamada Revolución Verde.
Históricamente un porcentaje bastante alto de las personas que se involucraban con lo rural en cualquiera de sus aspectos trabajaron, y aún lo siguen haciendo, bajo estos preceptos con enfoque productivista. Sin embargo, las expectativas que se crearon de solución de los problemas del campo, con la implementación de diferentes programas y políticas, no cumplieron con los objetivos para los que inicialmente fueron implementadas. A ello se podría añadir su sostenibilidad, siempre cuestionada.
En este sentido, habría que prestar atención a las ideas que se debaten en nuestra región. La visión de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) sobre el desarrollo agrícola y rural reconoce la interrelación existente entre los elementos tecnoproductivos y sociales (Medina, 2014). Esto se contrapone a la postura neoliberal del Banco Mundial, asociada casi exclusivamente a la pobreza rural (Food and Agroculture Organization of The United Natios [FAO], 2002). En Cuba algunos trabajos recientes abordan la incidencia de la producción de alimentos en la reproducción de la sociedad y se centran en la influencia que tiene esta sobre el desarrollo socioeconómico. Esas investigaciones contribuyen a una mejor comprensión del desarrollo rural (García, 2020).
Aunque los estudios rurales tengan larga data, solo en la contemporaneidad es donde aparece un concepto más integral del desarrollo rural con una dimensión socioeconómica. Autores como Pachón (2007), coinciden en que, si se analiza este fenómeno en América Latina, hay que tener en cuenta elementos como el analfabetismo y el no incremento de los niveles de ingresos de los productores rurales, puesto que, en la medida en que aumentan los niveles de producción, se incrementan los costos de insumos y factores productivos. Además, la educación para los niños del sector rural es cada vez de menor calidad, la violencia y los movimientos migratorios forzados siguen en aumento, la concentración de la tierra avanza y cada vez crece más el latifundio.
Por otra parte, en esta región la importancia en términos de participación electoral del campesinado año tras año es menor, lo cual genera que el reconocimiento que anteriormente se le otorgaba ya no exista. En el ámbito económico destaca la incapacidad de los campesinos para insertarse en los mercados de la forma adecuada y seguir las actuales tendencias comerciales internacionales que van en desmedro del cada vez más golpeado sector rural. Algunos de estos problemas para el caso cubano se tipifican y se interseccionan con los problemas de clase, género, racialidad, territorio, entre otros, que le brindan una fisionomía particular.
Lo anterior evidencia la urgente necesidad de revalorar la vida en el campo y todas las actividades que allí se realizan, en pos de establecer una estrategia de desarrollo rural. Sin embargo, no es una tarea que pueda concretarse en el corto plazo y amerita un profundo estudio para desentrañar correctamente los fundamentos de la política. Solo así se podrá avanzar en una agenda para el desarrollo integral de los territorios rurales, no prevista hoy en los programas ramales de ciencia y técnica del Ministerio de la Agricultura (Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente de Cuba [CITMA] y Ministerio de la Agricultura [MINAG], 2021), y vagamente enunciadas en el programa de esta índole para el desarrollo local (CITMA y Ministerio de Economía y Planificación [MEP], 2020).
Relaciones de propiedad y relaciones de producción
A continuación ordenaremos una serie de ideas en forma tweets para no desentonar con los tiempos que corren y hacer más simple el proceso de comprensión de una problemática caracterizada por su extrema complejidad.
Relaciones de distribución, cambio y consumo
En tanto el consumo es la forma más concreta de realización de la producción, se deben tomar en cuenta en esta problemática ciertas consideraciones históricas:
Interacciones entre el desarrollo económico y el social
Las contradicciones analizadas en los epígrafes anteriores se sintetizan en una contradicción de carácter más general; la existente entre el desarrollo económico y el social. Llama la atención que una parte importante de ellas no es visibilizada en los planes sectoriales de desarrollo, sino que solo hay algunas referencias a su estudio en el programa referido al desarrollo local, donde se clarifica, modestamente, la necesidad de los estudios políticos y sociales en este campo de investigación. Las referencias al desarrollo rural tanto en el Plan Nacional de Desarrollo como en otros planes sectoriales (los pocos existentes, o mejor, a los que hemos tenido acceso( son prácticamente nulas.
Más de tres décadas de enfrentamiento a la crisis de un Período Especial no superado no han podido trascender una visión marcada por el sesgo productivista y exportador, pero muy dependiente de importaciones. Estudios recientes publicados por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) informan sobre el deterioro de indicadores de desarrollo rural (Hidalgo, 2020), como el acceso a servicios básicos de salud, educación, agua potable, electricidad y transporte. A ello hay que incluir los problemas de seguridad, que influyen negativamente en la producción y productividad social.
Para mejorar esta situación se necesita un Programa Nacional para el Desarrollo Rural. En el entorno campestre se engendra parte de la vida y se decide, en gran medida, la reproducción ampliada de nuestra nación, y con ello el logro de la seguridad y soberanía nacional.
El campesino cubano es un elemento esencial en la conformación de la nacionalidad cubana. Campesinos fueron la mayoría de nuestras huestes del Ejército Libertador, los que lucharon en el Ejército Rebelde y los que participaron en Girón y en la Lucha contra Bandidos. Estos constituyen una parte importante de nuestros organismos armados y de su seguridad nacional.
Si a ello añadimos la necesidad de estabilizar la población en el campo, se requiere de una estrategia que tome en consideración las problemáticas socioeconómicas del entorno rural. Unas son herencias del pasado no erradicadas y otras, por su parte, hijas de políticas públicas sectorializadas sin una integración efectiva, algunas a veces concebidas en nombre de un mayor desarrollo social.
Es imprescindible, en las condiciones actuales donde se efectúan con periodicidad los Congresos del Partido Comunista de Cuba, espacio en el que se actualizan conceptos y se aprueban lineamientos de políticas, usar las herramientas desarrolladas por las ciencias políticas y otras, con el fin de evaluar las políticas públicas y dotarlas de rigor científico (Díaz y Díaz, 2020). Por ello, abogamos no solo por la crítica de la economía política o la interseccionalidad de la sociología, sino también por un proceso de interacción científica de saberes cada vez más complejo. En ese sentido, los análisis integradores deben considerar, además, los siguientes aspectos, que dan continuidad a las ideas enumeradas a lo largo del trabajo:
CONCLUSIONES
Hasta aquí hemos expuesto algunas consideraciones que superan el déficit en la producción de alimentos en el contexto agrario. Además, hemos propuesto un estudio más profundo de estas y su estrecho vínculo con el desarrollo rural. Ello implica multiplicidad de saberes e integralidad como base científica para el diseño e implementación de la política económica y social.
La persistencia en el tiempo de los problemas rurales obedece, en gran medida, a que han sido tratados desde una perspectiva economicista y tecnicista, que no se ha logrado articular satisfactoriamente con una perspectiva social. Esta visión, a veces romántica en tiempos de crisis, no responde a la realidad objetiva del campo. Como resultado, por un lado, quedan irresueltos los problemas de aquellos que necesitan vivir y producir en mejores condiciones. Por otro lado, persiste un déficit de oferta alimenticia que afecta considerablemente a una parte importante de la población nacional, que son los destinatarios de esas producciones. Se necesita de una producción sostenida y suficiente de alimentos para sustentar la vida de millones de cubanos. Esta no se ha podido lograr bajo el influjo de las políticas públicas aplicadas hasta hoy.
La situación no se resuelve únicamente con políticas sectoriales. Urgen programas con intersecciones a otros problemas que afectan la producción del agregado social. Se requiere, además, considerar la multidimensionalidad del progreso y pensar el desarrollo rural como parte indiscutible del avance nacional. Sin embargo, no se puede pasar por alto que este tiene una agenda propia, que no puede estar disociada del resto de las existentes, pero que tiene su propia sintonía.
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Notas
Notas de autor
* Autor para la correspondencia: lazarodf@fec.uh.cu
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