Artículo
Recepción: 28 Septiembre 2016
Recibido del documento revisado: 17 Mayo Mayo 2017
Aprobación: 31 Agosto 2018
RESUMEN: El objetivo del presente estudio es identificar la reconfiguración del espacio agrícola hidalguense y su vínculo con la producción alimentaria entre 1917 y 1940. Se contempló, para ello, el plusvalor absoluto, la ley de la fertilidad decreciente del suelo y la teoría de la renta diferencial con el fin de establecer cómo ayudan a explicar los apartados del texto. Como resultado, se identificó la especificidad del espacio agrícola, caracterizado por la selecta propiedad ejidal, vinculada de forma cuasiproductiva con las viejas condiciones agrícolas. En otro sentido, se mencionan las limitaciones de las fuentes estadísticas y geográficas, las cuales fueron subsanadas de forma indirecta; de ahí que este esfuerzo constituye una aproximación al asunto de estudio. El valor del trabajo reside en que ayuda a incentivar el debate acerca de la problemática actual de la inseguridad alimentaria en Hidalgo (México): dotación y producción. Finalmente, se concluye que, durante el periodo de análisis, el diferencial en el espacio y la limitada autosuficiencia alimentaria fueron inevitables y específicos.
PALABRAS CLAVE: REPARTO AGRARIO, ESPACIO AGRÍCOLA, PROPIEDAD EJIDAL Y PRODUCCIÓN ALIMENTARIA.
ABSTRACT: The objective of this study is to identify the reconfiguration of Hidalgo’s agricultural space and its link to food production between 1917 and 1940. For this, we considered the absolute surplus value, the law of decreasing soil fertility and, the theory of differential rent in order to establish how they help explain the sections of the text. As a result, the specificity of the agricultural space was identified, characterized by the select ejido property, linked in a quasi-productive way to the old agricultural conditions. In another sense, the limitations of the statistical and geographical sources are mentioned, which were corrected indirectly; hence, this effort constitutes an approximation to the matter of study. The value of the work is that it helps stimulate the debate regarding the current problem of food insecurity in Hidalgo (Mexico): supply and production. Lastly, it is concluded that, during the period of analysis, the difference in the space and the limited food self-sufficiency were inevitable and specific.
KEYWORDS: AGRARIAN DISTRIBUTION, AGRICULTURAL SPACE, EJIDO PROPERTY AND FOOD PRODUCTION.
INTRODUCCIÓN
Se ha señalado reiteradamente en diferentes foros que las funciones imperantes de la agricultura deben adicionarse a la contribución directa del crecimiento, a la generación del empleo, a la solución de la pobreza y a la satisfacción de las necesidades básicas de la población. En los últimos años, el debate se ha profundizado por aminorar los problemas de inseguridad alimentaria que vive la población urbana y rural del país.
En Hidalgo (México), actuales mediciones oficiales señalan la prevalencia de cerca de 73 por ciento de los hogares bajo el criterio de inseguridad alimentaria; explicado por 45 por ciento en seguridad leve, 17.8 por ciento en inseguridad moderada y 9.1 por ciento en inseguridad severa. Se afirma mayor prevalencia de inseguridad alimentaria en núcleos rurales respecto de las dinámicas urbanas; la diferencia entre ambos es cercana a 15 por ciento (INSP, 2013). Es decir, en paradoja, los hidalguenses que viven sobre la frontera agrícola (donde, en su mayoría, se producen alimentos y habita bastante población hidalguense) tienen, en comparación con las dinámicas urbano-comerciales, menos acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan las necesidades energéticas diarias y las preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana (FAO, 1996).
Frente a esta realidad, el objetivo que persigue este artículo es identificar la reconfiguración que experimentó el espacio agrícola hidalguense y su vínculo con la producción alimentaria, en el contexto de los sucesos de la década de 1910-1920, cuando el movimiento social de reivindicación contenido en los programas de la Revolución Mexicana (RM) y, más tarde, la depresión económica de 1929-1932 propiciaron las primeras dotaciones ejidales sobre los grandes latifundios porfiristas: el reparto agrario.1La justificación de estudiar este periodo (1917-1940) y ligarlo a la actual problemática de la inseguridad alimentaria en la entidad obedece a dos causas. Primera, el reparto agrario en Hidalgo representó hasta 1940 cerca de 55 por ciento de los ejidos existentes al día de hoy en la frontera agrícola. Estos, en el discurso, tenían la finalidad de cimentarse gradualmente sobre la estructura latifundista implementada en el porfiriato, los cuales, en agregado, cubrían cerca de 16 por ciento de la superficie territorial de la entidad. Producir alimentos para el país era la responsabilidad pensada para el ejido. Se benefició a cerca de 50 por ciento del territorio hidalguense, que equivale a 54 mil 764 campesinos/ejidales.2
Segunda, últimas mediciones oficiales indican que el régimen de tenencia de tierra en Hidalgo, pese a los preceptos legales que posibilitan el cambio de dominio de la propiedad de la tierra, se compone, en orden de importancia, por 53.05 por ciento de hectáreas de propiedad privada, 41.04 por ciento ejidal, 5.65 por ciento comunal y menos de la unidad porcentual de colonia y pública, respectivamente (INEGI, 2007). Estimaciones censales indican que la propiedad privada, seguida pero muy alejada de la ejidal, registra una incidencia cuasidirecta en la producción alimentaria, la cual cuantifica limitados productos en el inventario agrícola, es decir, existe tendencia definida al monocultivo (INEGI, 2007).3
Estas situaciones predefinen las condiciones de acceso a alimentos y la lógica que persiguen. Así pues, la finalidad de este artículo es identificar la posible vinculación entre dotación ejidal y producción alimentaria que permita determinar condiciones iniciales (físicas, espacio y producción) que ayuden a incentivar el debate alrededor de la actual problemática de la inseguridad alimentaria en la entidad.
El trabajo se divide en tres apartados. En primera instancia, se identifica la reestructuración que sufrió el espacio agrícola hidalguense a partir de la dotación y ejecución de tierra ejidal desde 1917, año en que se da el primer ejercicio en el nivel estatal, hasta 1940, cuando finalizó la lógica agraria exportadora en México. Posteriormente, se intenta vincular esta reestructuración ejidal con el inventario alimentario en el interior del espacio agrícola: cereales, forrajes, industriales, plantaciones y explotados sin cultivo. Al final, se enumeran los agentes naturales, climáticos, hídricos y de suelo que operan sobre el espacio agrícola y su vinculación con los resultados obtenidos en los dos anteriores apartados.
Todos los apartados se nutren de ciertos preceptos que caracterizan el modo de producción agrícola capitalista, tales como plusvalor absoluto, ley de la fertilidad decreciente del suelo y teoría de la renta diferencial, plasmados por Marx enEl capital, en su mayoría. El análisis se apoya en la construcción de índices simples (IS).4La información utilizada proviene de dos fuentes secundarias: 1) Padrón e historial de núcleos agrarios (PHINA), consultado en el transcurso de 2015, del Registro Agrario Nacional (RAN), y 2) Censos Generales Agrícolas y Censos de Población y Vivienda de varios años, publicados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI). La representación visual del territorio tiene un papel importante en el análisis; esta se apoya en los sistemas de información geográfica (SIG), que se entienden como un modelo de realidad de todo el territorio.5
REPARTO AGRARIO Y REESTRUCTURACIÓN DEL ESPACIO
En el marco del movimiento social iniciado en 1910 se viviría, cinco años después, el reparto de la tierra, aunque, fundamentalmente, con la ley de 1917 que promulgó la nueva Constitución de México que, adelantándose a todas, consagró, en sus artículos 3, 27, 28, 123 y 130, las garantías sociales (Mansilla, 2004, p. 421), y con la toma del poder en manos del Ejército Constitucionalista, en el país comenzó a desarrollarse cierta reactivación de la tendencia económica y política orientada a centralizar el poder, idea que en la práctica prosiguió tiempo después.

En este contexto, el inicio de la dotación de ejidos (1917-1920) en la entidad se distinguía por localizarse de forma cuasiperiférica a los grandes latifundios hidalguense cimentados en el porfiriato. En su mayoría, además de granos, producían hortalizas y forrajes, ganado vacuno, lanar, caballar y mular (Roldán, 2015, p. 71). El latifundio Tlahuelilpa-Uluapa y Anexas registró el mayor impacto, seguido por San Javier y San Ignacio; en menor medida, San Antonio y Anexas y El Márquez. Salvo contados casos, no se registra algún alcance de dotación sobre las llamadas haciendas pulqueras (véase el mapa 1).6
Información disponible en el Padrón e Historial de Núcleos Agrarios (PHINA) indica que de 1917 a 1920 se dotaron de forma definitiva (no se restituyeron) 30 mil 170 hectáreas, distribuidas en 26 ejidos, con presencia en 22 por ciento de los municipios hidalguenses.7Fueron beneficiados 5 412 campesinos/ejidales. A pesar de su variación, la ejecución de la dotación tardó en promedio cerca de diez años. Se favorecieron 1.44 ejidos por cada municipio, que representan 3.34 por ciento de las hectáreas repartidas del total cultivable estatal al día de hoy (véase el cuadro 1).

Hasta el año 2015 existían 1 150 ejidos en la entidad hidalguense, 130 769 beneficiados y una superficie de 903 502.5 hectáreas dedicadas a la agricultura y uso pecuario (SAGARPA, 2016).
Como consecuencia de ciertas lagunas jurídicas, a partir de ese momento fue robusteciéndose la política agraria en el país, así como en la entidad, y las dotaciones fueron acordadas por los gobiernos, aunque atendiendo con lentitud las ejecuciones y limitando el criterio de las características geográficas, climáticas e hidrológicas del territorio hidalguense. La realidad estadística de la entidad se explica por las siguientes apreciaciones:
Sobre dichas dotaciones existieron tres ampliaciones ejidales. Salvo la segunda, todas seguían la misma lógica de la pequeña propiedad, el llamado minifundio8(véase el cuadro 1). Para aplicarse tardaron en promedio 5.48, 5.80 y 13.75 años, respectivamente. Las tres ampliaciones representaron cinco mil hectáreas menos que la primera dotación. En suma, los primeros frutos cuantificables de la llamada Revolución Mexicana (1917-1920) indicaban que sobre el territorio hidalguense se repartían en promedio seis hectáreas por cada beneficiario, máxime los localizados de forma periférica al gran latifundio9(véanse el cuadro 1 y el mapa 1).
En la siguiente década (1921-1930), el agrarismo periférico, lento y burocrático, siguió una tendencia relativamente a la baja. Lejos de incidir sobre los latifundios, se perfilaba cierta expansión hacia el centro y el sur de la entidad, con presencia en la mitad de los municipios hidalguenses (43).10En este periodo se trastocó el poder territorial de las haciendas pulqueras localizadas en la franja sureste de la entidad (véase el mapa 2). Apegado al artículo 1º de la Ley de Ejidos, el cual capacitaba colectivamente para recibir tierras por restitución o dotación, y a las tres realidades agrarias que permitieron la nueva tendencia de la repartición de la tierra en México, se dotaron 176 ejidos, con lo cual se beneficiaron 27 mil 553 campesinos/ejidales.11En cuantía, se cedieron en promedio 4.09 ejidos por cada municipio. Tardaron en aplicarse, si la media fuera constante, cerca de nueve años (véase el cuadro 1). Las siguientes acciones, entre otras, impulsaron de modo indirecto dicha tendencia:
En este periodo hubo más ampliación en comparación con el anterior periodo (1917-1920). Todas las dotaciones fueron superiores a las primeras. En razón de hectárea sobre beneficiario, representa una parte mínima en valores absolutos de hectáreas. Su aplicación fue exponencial en tiempo. Existió continuidad en la misma lógica de la pequeña propiedad: se repartieron en promedio 8.47 hectáreas sobre beneficiario, con lo que se auxilió a 33 mil 9 campesinos/ejidales (véase el cuadro 1).
A pesar de las consecuencias del agrarismo radical que se vivió en el país durante el periodo cardenista (1931-1940), la dotación ejidal en Hidalgo no se incrementó de forma relevante en comparación con los periodos antes descritos. Entonces destacaba el peso de la repartición de tierra en el sureste, oeste y centro de la entidad. En el primero se localizaban las definidas haciendas pulqueras, mientras que en el segundo y el tercero se situaban, en su mayoría de forma periférica, en el gran latifundio (véase el mapa 3). Por primera vez hubo dotación de ejidos en la Huasteca hidalguense (véase el cuadro 1).12


La ejecución de la tierra se dio sobre 70 por ciento de los municipios hidalguenses beneficiando, con 255 mil 215 hectáreas, a 21 799 campesinos/ejidales. Tardó en ejecutarse en promedio 5.72 años, el menor tiempo registrado hasta este momento (véase el mapa 3). Se repartieron 6.15 ejidos por municipio. Ambos son números superiores a la tendencia registrada en los dos periodos antes analizados (véase el cuadro 1). Hubo cuatro ampliaciones, todas inferiores en hectáreas y población auxiliada con respecto de la primera ejecución (1917-1920), aunque relativamente seguía la misma lógica iniciada en el periodo posrevolucionario: se privilegió la pequeña propiedad. Se repartieron, en suma, 11.70 hectáreas sobre beneficiario (véase el cuadro 1). Este registro debe entenderse por una serie de causas, algunas veces contrapuestas, en la realidad hidalguense:
En suma, antes de la instauración en México del modelo de industrialización por sustitución de importaciones (1940-1980), el capital variable agrícola se había incrementado notablemente, en Hidalgo se había repartido cerca de 55 por ciento de los ejidos existentes al día de hoy, con lo cual se benefició a cerca de 42 por ciento de la población registrada hasta entonces en 46 por ciento de los municipios; se dotaron cerca de nueve hectáreas por beneficiario. En su mayoría, la ampliación ejidal mostraba una tendencia temporal descendente, pero aún considerable en cuantía. Se observa un escenario más radical en cada uno de los periodos analizados.
La dotación se logró a pesar de la influencia del terrateniente o de los intereses económicos que produjeron cierto estancamiento en la ampliación de la ejecución y la respectiva dotación de la tierra, o a pesar de que el agrarismo hidalguense consideró imprudente legislar y aplicar la reforma agraria.14Otros factores más que intentaron oponerse al avance en el acceso a la tierra por parte del campesinado hidalguense fueron el tortuguismo burocrático, la falta de personal y de presupuesto para las instrucciones ejes, los obstáculos gubernamentales, los juicios de amparo, el apoyo a la pequeña propiedad y a las haciendas, las amenazas de terratenientes y autoridades locales.
Máxime, las haciendas pulqueras fueron fraccionadas sobre el gran latifundio. En muchos casos, se fragmentaron propiedades para evitar el reparto generalizado, vinculado al grado relativo de movilización política en ciertas regiones desarrollada gracias a su funcionalidad productiva.15En la zona pulquera existían las mejores condiciones salariales respecto del resto del campesinado hidalguense, lo cual posibilitaba la movilidad política. En los años treinta, la producción pulquera del estado ocupaba el primer lugar nacional, 25 por ciento más grande que la de su más cercano competidor, Tlaxcala, y 1.5 superior a la del Estado de México, que ocupaba el tercer lugar nacional (Olvera et al., 2010, pp. 114-115). El antiguo peón de las haciendas pulqueras recobró su libertad y su facultad de autodeterminación, con lo cual se produjo un nuevo tipo de campesinado anclado a una movilidad territorial (Mansilla, 2004, p. 485).
En contraste, la inmovilidad agraria que ocurría en la gran extensión de los territorios donde se asentaba el gran latifundio dificultó la conjunción de sus habitantes para presionar los cambios (Hernández, 2000, p. 87). A esto se le agregó los malos caminos en la zona donde se encontraban algunos latifundios y el aislamiento geográfico con respecto de la capital hidalguense, así como el deficiente control que ejercía el gobierno local sobre las acciones de los terratenientes y las autoridades municipales. Es decir, alrededor del gran latifundio seguían casi la misma tendencia de concentrar la tierra; sus dueños combinaron las actividades políticas en los niveles local y federal; la propiedad pasó de dueño con un alto componente familiar y político (Mansilla, 2004, p. 485).
Un peculiar y atípico comportamiento de dotación de tierras se observa en la Huasteca hidalguense, que obedeció a la pasividad de importantes núcleos campesinos/ejidales con carácter indígena, a pesar de la continuidad de las condiciones sociales que prevalecían en el porfiriato. La pasividad se explica por la represión vivida en aquellos tiempos, lo cual generó distanciamientos con el gobierno central y, en algunos casos, poca identificación con la nación que en ese momento se estaba conformando, por lo que, ante la imposibilidad del separatismo, ciertas comunidades también abrazaron el proyecto de algunos grupos criollos: la aspiración de conformar un Estado Huasteco (Dolores, 2015, p. 188).16
Por tales consideraciones, es posible afirmar que la dotación de la tierra desde 1917 hasta agotado el periodo revolucionario replicó y refusionó las viejas condiciones agrarias del porfiriato; pervivieron los principios de la pequeña propiedad privada, pero entonces anclada a la movilidad política, la funcionalidad productiva y la reorganización del espacio: zona de las haciendas pulqueras, el viejo latifundio y la Huasteca.17Para Marx, la agricultura capitalista se propicia en un entorno donde hay usurpación de predios, acumulación de propiedad, se incorpora el capital a la tierra y surge el trabajo asalariado (Marx, 1981). La materia agrícola y la tecnología se vuelven elementos de capital constante.
DOTACIÓN EJIDAL Y PRODUCCIÓN ALIMENTARIA
De 1913 a 1940, el producto interno bruto (PIB) del país creció 1.43 por ciento anual. El mayor crecimiento se registró en la década de la posrevolución (1930-1940). Significativo porcentaje de mexicanos se dedicaba a actividades primarias (véase el cuadro 2). Para inicios de 1930, la minería -incluyendo la extracción de petróleo- y la agricultura de subsistencia eran los dos grandes pilares de la economía mexicana.18En Hidalgo el escenario era el mismo, pero radicalizado; la cuantía primaria ocupada registraba valores cercanos a 80 por ciento (véase cuadro 3).


Información disponible en los Censos Agrícolas señala que, en promedio, de 1930 a 1940, 52.34 por ciento del valor de la producción agrícola se determinó por la obtención de cereales, seguido por el cultivo de plantaciones, con 21.75 por ciento, y forrajes, en tercer lugar, con cerca de 20 por ciento. Antes de la implementación de la lógica sustitutiva en el país (1940), los dos primeros tipos de cultivos concentraban cerca de 75 por ciento de la generación de riqueza agrícola hidalguense. Sobresale la producción relacionada directamente con actividades industriales y alimentos, pues la primera registró una proporción media de 1.36 por ciento, mientras que la segunda 4.31 (véase el cuadro 4).

Se registraron cuatro cereales en el inventario del espacio agrícola hidalguense; en orden de importancia: maíz, trigo, cebada y arroz. El primero y el segundo concentraban cerca de 98 por ciento del valor de la producción agregada estatal (véase el cuadro 5). A pesar de que hasta 1940 cerca de 55 por ciento de los actuales ejidos efectivos en Hidalgo se distribuyeron en 62 municipios, en la cuenta agrícola agregada estos registraron una presencia desigual, aunque en ciertos casos se infiere un importante aporte en el valor de la producción (véase el cuadro 5).
En el mismo periodo se identifican 34 cultivos en plantaciones del espacio agrícola hidalguense. Cerca de 87 por ciento del valor de su producción se define por la aportación porcentual del maguey de pulque (60.57) y del café (25.99). En promedio, de 1 a 46 es la presencia municipal de la dotación ejidal en la producción de plantaciones (véase el cuadro 6). Como sucede en el inventario de cereales, para las plantaciones hay una desigualdad en cuanto a los espacios locales beneficiados por la dotación ejidal en el agregado agrícola estatal. El promedio de ejidos y su variación son bastantes parecidos en las 34 plantaciones. Se confirma que la disimilitud en el impacto no se entiende por las relaciones entre la dotación ejidal y su valor de producción; el registro estadístico es relativamente parecido (véase el cuadro 6). Quizá el diferencial ejidal en la producción de cereales y plantaciones se defina, entre otros factores, por las siguientes apreciaciones.








CONDICIONES NATURALES SOBRE EL ESPACIO AGRÍCOLA
Hoy en día, la directriz histórica (1900-2010) señala que a pesar de que, en promedio, 60 por ciento de la población económicamente activa (PEA) se ocupa en actividades primarias, es poco redituable sometida, según expertos, al árbitro de los agentes naturales: clima, suelo y potencial hidráulico. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que la gran proporción de la fuerza de trabajo ubicada en este sector no corresponde en magnitud semejante a la participación en la generación de riqueza de la entidad (CEPAL, 1991, p. 50). Interpretando esta dicotomía, en palabras de Palerm (1980, p. 183), los campesinos reproducen la fuerza de trabajo sin cargar costos al sector capitalista y lo mantienen también sin costos, como en un depósito demográfico, cuando no existe suficiente ocupación productiva.

En específico el clima, derivado de la presencia de la Sierra Madrea Oriental, que genera efectos sobre la topografía estatal porque constituye una barrera para los vientos húmedos del Golfo de México, se define por cinco zonas; en orden de importancia: 1) 39 y 33 por ciento clima seco y semiseco, y templado subhúmedo, respectivamente; ambos abrazan el noroeste y sureste de la entidad; 2) seis por ciento cálido húmedo y seis por ciento templado húmedo en la zona norte de la entidad (véase el mapa 8) (INEGI, 2011).19
La disparidad provocada por el régimen de climas y, en consecuencia, por la generación de lluvias se ve atenuada por la disponibilidad de aguas superficiales y subterráneas. Cerca de 43 por ciento del territorio hidalguense cuenta con suelos someros y poco desarrollados -leptosoles, 32.39 por ciento, y regosoles, 10.23-, lo que dificulta el aprovechamiento agrícola y provoca cierta vulnerabilidad a la erosión. Los suelos con mayor proporción de fertilidad -phaeozems, luvisoles y vertisoles- cubren en conjunto cerca de 51 por ciento de la entidad. En el resto están presentes los demás grupos edáficos, distribuidos en relieves, microclimas y tipos de vegetación (véase el mapa 8) (SEMARNAT, 2011).
El potencial hidráulico es limitado. Este comprende corrientes superficiales compuestas por escurrimientos, aguas residuales y aguas subterráneas, que en total se estiman en alrededor de 8 mil 835 millones de metros cúbicos. Se consideran dos grandes vertientes: norte-este y sur-occidente:
Hoy en día no es posible entender el comportamiento de la agricultura hidalguense sin el resultado del establecimiento y ampliación de los distritos de riego (DdR), sus respectivas presas almacenadoras, derivadoras y canales de riego (SAGARPA, 2011, p. 35). Hay cinco distritos de riego en la entidad; por orden de importancia: Tula (027), Alfajayucan (100), Ajacuba (112), Tulancingo (028) y Metztitlán (08). Los tres primeros forman parte del Distrito de Desarrollo Rural (063) del Valle del Mezquital, el más grande de la entidad, que agrupa alrededor de 27 por ciento de los municipios pertenecientes a dicha zona natural.21Estos tres distritos concentran cerca de 95 y 98 por ciento de la superficie regada y de la producción agrícola existente en los DdR, respectivamente. Acerca de la dinámica del primer distrito, 53 por ciento se compone de propiedad ejidal y la proporción restante es privada.22En cuantía menor, se localiza el DdR 028 y el 08, ambos aportan, respectivamente, cerca de dos y cuatro por ciento en promedio en la producción total y en la superficie regada en los existentes DdR. En Metztitlán, la mayoría del riego es de carácter privado, contrario al escenario en Tulancingo (SEMARNAT y CNA, 2014, pp. 65-351).
En suma, por la ponderación de los agentes naturales (clima, suelo y agua) que operan sobre el territorio hidalguense, se estima que la superficie territorial apta para la agricultura apenas representa algo más de nueve por ciento de la que en la actualidad se explota, lo cual limita el desarrollo extensivo de la actividad agrícola (SAGARPA, 2011, p. 34). Se confirma lo selecto y privilegiado de ciertos ejidos por sus condiciones naturales iniciales, mayor peso-agua, seguido de suelos y clima, máxime en la franja sur y suroeste del espacio agrícola hidalguense.
CONCLUSIONES Y ALCANCES
Como consecuencia del reparto agrario (1917-1940), en Hidalgo se determinó, anclada a la movilización política y a la funcionalidad productiva, cierta especificidad del espacio agrícola. Esta se caracterizó por la selecta propiedad ejidal, cuatro a seis hectáreas en promedio, vinculada de forma cuasiproductiva, en orden de importancia, por las haciendas pulqueras y el viejo latifundio. Esta dinámica espacial se definía, pese a tener un vasto inventario agrícola, máxime en plantacionesversuscereales, por su carácter altamente concentrador. El maíz y, en menor medida, la cebada, definían la dinámica de los cereales. El maguey de pulque, bastante distante del café, hacía lo propio en cuanto a plantaciones. Sin embargo, la mayoría de las hectáreas y de los beneficiarios ejidales registraban un impacto cuasilimitado en dicho comportamiento. Se visualiza la primera renta diferencial en el interior de la estructura agrícola hidalguense. Pese a la existencia de la dotación ejidal sobre las vastas extensiones territoriales, existía aún cierta funcionalidad entre el monopolio de la posesión de la tierra basado en el derecho de la propiedad y el monopolio de la extracción de la tierra. Es decir, el peso ejidal en la producción alimentaria, dada la continuidad espacial con dichas estructuras agrarias, fue mínimo en algunos puntos, pero complementario por diferentes estructuras privadas.
Sobre el territorio hidalguense operó cierta relación entre la propiedad privada y la producción alimentaria; es decir, un monopolio de la explotación de la tierra con vinculación funcional al monopolio de la propiedad privada (máxime en maíz y café). El problema de la existencia de la propiedad privada de la tierra nada tiene que ver con el problema de la formación de la renta diferencial, inevitable en la agricultura capitalista. La propiedad privada no crea la renta diferencial, solo la traslada de las manos del arrendatario a las del propietario. Se diferencia, en ambos casos (cerealesversusplantaciones), el uso direccional de arados sobre tractores como factor de productividad. Estas acciones permitieron la supervivencia de los campesinos, pero en el fondo significaban mano de obra barata, dada las condiciones tecnológicas del ejido. Parafraseando a Palerm (1980), el campesinado, como modo de producción, tiende a desaparecer en la medida que crece el modo capitalista en la esfera de la producción y se apodera del control de los recursos (tierra y agua). Pero, al mismo tiempo, este modo de producción capitalista lo mantiene para obtener de él la fuerza de trabajo no permanente.
Por tales situaciones, y teniendo como antesala la tendencia a regular los precios de los productos agrícolas de forma institucional, sobre la lógica sustitutiva que vivió el país a inicios de la década de 1940, la pujante pero tardía ampliación de la industria hidráulica (1926, 1947 y 1951) del sistema de riego del Valle del Mezquital, bagaje jurídico agrario orientado desde 1942 a favor del propietario particular, dada su tendencia a establecer medios de protección, por la modernización agrícola a partir de las haciendas fraccionadas y convertidas en empresas agrícolas en la década de los cincuenta, la producción de granos milagrosos de la revolución verde para el mercado, se apunta que la localización de la dotación, asociada con la captación de agua, seguida del tipo de suelo y clima, permiten explicar la problemática actual de la inseguridad alimentaria en Hidalgo.
BIBLIOGRAFÍA
BARTRA, R. (1985).Caciquismo y poder político en el México Rural.Distrito Federal, México: Editorial Siglo XXI.
CABRERA ADAME, C. J.; Gutiérrez Lara, A. A., y Antonio Miguel, R. (2005).Introducción a los indicadores económicos y sociales de México.Distrito Federal, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Economía.
CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) (1982).Economía campesina y agricultura empresarial: Tipología de productores del agro mexicano. Distrito Federal, México: Siglo XXI.
______ (1991).México: Diagnóstico económico del estado de Hidalgo. Distrito Federal, México, Comisión Económica para América Latina y el Caribe Sede México.
CHAYANOV, A. V. (1966).The Theory of Peasant Economy. Nashville, Tennessee, Estados Unidos: The American Economic Association.
DDR (Distrito de Desarrollo Rural 063) (1996).Características generales de los Distritos de Riego 003-Tula y 100-Alfajayucan. Distrito Federal, México: Distrito de Riego 03 de Mixquiahuala.
DOLORES BAUTISTA, J. (2015). Transformación de la geografía social de la Huasteca hidalguense. En J. L. Plata Vázquez, F. Medina Martínez y A. Ávila Méndez (coords.).Territorios, seguridad y soberanía alimentaria(pp. 173-204). San Luis Potosí, México: El Colegio de San Luis.
ESCOBAR OHMSTEDE, A. (2001). La estructura agraria en las Huastecas, 1880-1910.En A. Escobar Ohmstede y T. Rojas Rabiela (coords.).Estructuras y formas agrarias en México, del pasado y del presente(pp. 177-196). Distrito Federal, México: Registro Agrario Nacional, Archivo General Agrario, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
FAO (Food and Agricultural Organization) (1996). World Food Summit 1996. Rome Declaration on World Food Security. Recuperado de http://www.fao.org/wfs/index_en.htm
GEH (Gobierno del Estado de Hidalgo) (1984).Las haciendas de Hidalgo.Hidalgo. México: Gobierno del Estado de Hidalgo, Coordinación de Turismo, Cultura y Recreación.
______ (2005).Plan Estatal de Desarrollo 2005-2011. Hidalgo, México: Gobierno del Estado de Hidalgo.
______ (s/f).Distrito de Desarrollo Rural Mixquiahuala. Hidalgo, México: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
GONZÁLEZ JÁCOME, A. (2009) Mexico: Traditional Agriculture as a Foundation for Sustainability. En S. R. Gliessman (ed.).From Traditional to Sustainable Agriculture. Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos: The MIT Press.
GUTIÉRREZ MÁRQUEZ, H. (2011).El régimen de la Revolución mexicana y las revueltas populares en la Huasteca hidalguense, 1966-1981: El estudio sobre el funcionamiento y las particularidades del régimen autoritario mexicano en la segunda mitad del siglo XX(tesis doctoral). El Colegio de México. Distrito Federal, México.
HABER, S., y Razo A. (1998). Political Instability and Economic Performance: Evidence from Revolutionary Mexico.World Politics,51(1): 99-143. Recuperado de http://www.jstor.org/stable/25054067
HERNÁNDEZ MOGICA, J. (2000).Organización campesina y lucha agraria en el estado de Hidalgo 1917-1940.Pachuca de Soto, Hidalgo: Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) (1997).Destino de la producción agropecuaria en el estado de Hidalgo.Distrito Federal, México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
______ (2004).Estadísticas, a propósito del día mundial del medio ambiente.Distrito Federal, México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
______ (2009).Censo Agropecuario 2007. VIII Censo Agrícola, Ganadero y Forestal.Aguascalientes, México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
______ (2011). Carta de uso actual del suelo y vegetación. Serie IV. Escala 1: 250 000 (conjunto nacional), México, 2007. Distrito Federal, México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Dirección General de Estadística e Información Ambiental.
INSP (Instituto Nacional de Salud Pública) (2013). Encuesta nacional de salud y nutrición. Resultados por entidad federativa. Hidalgo. Cuernavaca, Morelos, México: Instituto Nacional de Salud Pública. Recuperado de http://ensanut.insp.mx/informes/Hidalgo-OCT.pdf
LEMUS GARCÍA, R. (1991).Derecho agrario mexicano.Distrito Federal, México: Porrúa.
LERMAN ALPESTEIN, A. (1989).Comercio exterior e industria de la transformación en México, 1910-1920.Distrito Federal, México: Plaza y Valdez, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
MANSILLA SHAFFER, V. (2004).El drama de la tierra en México. Del siglo XVI al siglo XXI.Distrito Federal, México: H. Cámara de Diputados LIX Legislatura, Secretaría de la Reforma Agraria, Universidad Nacional Autónoma de México, Miguel Ángel Porrúa Editor.
MARTÍNEZ GARCÍA, J. L. (2013). Lucha campesina en la Huasteca hidalguense. Un estudio regional. Revista Estudios Agrarios(53-54): 17-89. Recuperado de http://www.pa.gob.mx/publica/rev_53-54/analisis/lucha_campesina.pdf
MARTÍNEZ SALDAÑA, T. (1983)Historia de la agricultura en México.Ponencia presentada en el III Taller Latinoamericano Prevención de Riesgos en el Uso de Plaguicidas. Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos, Xalapa Veracruz.
MARX, C. (1981). La nacionalización de la tierra. EnObras escogidas. Moscú, Rusia: Editorial Progreso.
______ (2014). El capital II. Crítica de la economía política.Distrito Federal, México: Fondo de Cultura Económica.
______ (2014a).El capital I. Crítica de la economía política.Distrito Federal, México: Fondo de Cultura Económica.
MORENO JIMÉNEZ, A. (2006).Sistemas y análisis de información geográfica.Distrito Federal, México: Alfaomega, Ra-Ma Editores.
OLVERA GARCÍA, L. J.; Romero Melgarejo, O., y Jiménez Guillén, R. (2010).El ocaso de un cacicazgo. Transformaciones agrarias e industriales en los Llanos de Apan, Hidalgo.Tlaxcala, México: Universidad Autónoma de Tlaxcala, El Colegio de Tlaxcala.
ORTEGA MOREL, J. (2002).Minería y ferrocarriles. El caso de Pachuca-Real del Monte, 1870-1906(tesis de maestría). Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Distrito Federal, México.
______ (2010).Minería y tecnología: La compañía norteamericana de Real del Monte y Pachuca, 1906 a 1947(tesis doctoral). Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Distrito Federal, México.
PALERM, A. (1980)Antropología y marxismo. Distrito Federal, México: Editorial Nueva Imagen.
ROLDÁN CRUZ, E. I. (2015a). Latifundio y su lógica productiva en la economía hidalguense.Revista Estudios Agrarios,60(septiembre-diciembre): 63-84. Recuperado de http://www.pa.gob.mx/publica/rev_60/analisis/latifundio_y_su_logica.pdf
______ (2015b).Organización económica y desarrollo regional del estado de Hidalgo. Pasado y presente.Pachuca de Soto, Hidalgo: El Colegio del Estado de Hidalgo.
SAF (Secretaría de Agricultura y Fomento) (1926).El problema agrario en el estado de Hidalgo. Inauguración de la escuela central agrícola de Hidalgo. Distrito Federal, México: Secretaría de Agricultura y Fomento, Dirección de Agricultura y Ganadería.
SAGARPA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) (2011).Resultados del estudio de diagnóstico sectorial en el estado de Hidalgo 2010.Pachuca, Hidalgo, México: Gobierno del Estado de Hidalgo , Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Kaab Cosultores.
SAN PEDRO LÓPEZ, P. (2009.)Élites regionales, política local y reparto agrario en Huejutla, Hidalgo, 1920-1940. En N. Cárdenas y E. Guerra (coords.).Integrados y marginados en el México posrevolucionario. Los juegos de poder local. Distrito Federal, México: Miguel Ángel Porrúa.
SEMARNAT (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) (2011).Conjunto de datos vectorial edafológico, 2002-2006. Escala 1:250,000. Serie II (continuo nacional). INEGI, México, 2007. Distrito Federal, México: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Dirección General de Estadística e Información Ambiental.
SEMARNAT y CNA (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y Comisión Nacional del Agua) (2014).Estadísticas agrícolas de los Distritos de Riego. Año agrícola 2012-2013. Distrito Federal, México: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Comisión Nacional del Agua.
VARGAS GONZÁLEZ, P. (1995). Tendencias de la urbanización en Hidalgo, 1895-1994. En P. Vargas González (ed.).Hidalgo. Población y sociedad al siglo XXI. Pachuca de Soto, Hidalgo: Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo .
______ (2010). Nuevo megaproyecto en México: La refinería de PEMEX en Tula, 1972-2009. Los viejos paradigmas de desarrollo.Concurrencias y Controversias Latinoamericanas,3(octubre): 161-179.
VERNON, R. (1990).The dilemma of Mexico’s development.Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos: Harvard University Press.
WARMAN, A. (1975). El neolatifundio mexicano. Expansión y crisis de una forma de dominio. Comercio Exterior,25(12): 1368-1374.
WIONCZEK, M. (1986). Industrialización, capital extranjero y transferencia de tecnología. La experiencia mexicana, 1930-1985.Foro Internacional,26(4): 550-566.
WOLF, E. R. (1975).Los campesinos.Barcelona, España: Editorial Labor.
Notas