Las festividades como detonantes de dinamismo económico. El caso de Amecameca al oriente del Valle de México1

Festivities as Catalysts for Economic Growth: The case of Amecameca in the East of the Valley of Mexico

Brisa Lara Durán
Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México, México

Las festividades como detonantes de dinamismo económico. El caso de Amecameca al oriente del Valle de México1

Paradigma económico. Revista de economía regional y sectorial, vol. 17, núm. 3, Esp., pp. 269-297, 2025

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 02 Abril 2025

Aprobación: 03 Septiembre 2025

Resumen: Este trabajo se propone analizar la cultura como detonante de dinamismo económico en territorios metropolitanos periféricos; a través de dos festividades en Amecameca, Estado de México, para el periodo 2023-2024. Se aplica una metodología cualitativa que permite reconocer el contexto territorial a niveles locales y desarrollar un enfoque desde abajo, con el que se muestra el potencial económico y simbólico de las festividades como parte de la cultura local de las periferias metropolitanas y sus alcances regionales.

Palabras clave: economía, cultura, territorio, niveles locales, festividades, dinamismo económico.

Abstract: This research aims to analyze culture as a trigger for economic dynamism in peripheral metropolitan territories, focusing on two festivals in Amecameca, State of México, during the 2023-2024 period. A qualitative methodology is applied to understand the territorial context at local levels and develop a bottom-up approach. That demonstrates the economic and symbolic potential of festivals as part of the local culture in metropolitan peripheries and their regional impact.

Keywords: economy, culture, territory, local levels, festivals, economic dynamism.

Introducción

La cultura y su capacidad económica no son exclusivas de los centros urbanos, se encuentran presentes de manera diversa en todo tipo de territorio. En las periferias metropolitanas su cultura se entreteje en contextos rurales como urbanos. Las festividades, como parte de la cultura local de municipios periféricos metropolitanos, están cargadas de complejos valores simbólicos vinculados a una tradición agrícola y religiosa en constante cambio; a su vez, generan flujos y relaciones económicas conforme a un calendario festivo. En el caso de Ameca- meca, sus festividades están relacionadas con el ciclo agrícola o del temporal, que detonan un dinamismo económico en estos periodos del año y que generan valores tanto económicos como simbólicos en un contexto de creciente urbanización.

Este trabajo tiene como objetivo central analizar la interrelación entre cultura local y economía local, para conocer el proceso de dinamismo económico que detonan las festividades en Amecameca, Estado de México, municipio en la periferia oriente del Valle de México, en el período de 2023-2024. Se parte de la hipótesis de que la cultura es detonante del dinamismo económico en diversos territorios, incluidos los que se encuentran en los márgenes de las zonas metropolitanas. El caso de Amecameca, en el Estado de México, se puede mostrar a través de dos de sus festividades más grandes: el miércoles de ceniza y la feria de la nuez.

El documento se divide en cinco apartados. El primero expone los elementos conceptuales principales: territorio, cultura y economía. El segundo se adentra en las festividades como categoría empírica y de análisis de la cultura local, así como del dinamismo económico de los territorios. El tercer apartado aborda la metodología empleada, la cual es sustancialmente cualitativa. El cuarto apartado muestra el contexto en transición urbana de Amecameca, su cultura local y sus fiestas estudiadas para este trabajo. El quinto y último apartado muestra la dinámica territorial de dichas fiestas a través de sus desplazamientos comerciales. Finalmente, se presentan algunas reflexiones a modo de conclusión y posibles líneas de investigación.

1. Territorio, culturayeconomíacomourdimbreteórico-metodológica

1.1. Territorio

Llanos-Hernández (2010), plantea que el territorio es un puente conceptual y empírico en los estudios sociales. Subraya que el territorio, como categoría de análisis e investigación, ha traspasado a la geografía y ha permeado en distintos estudios que van desde la economía, la sociología, la antropología, entre otras disciplinas. Si bien, menciona que es debido a un contexto de globalización que entrelaza relaciones sociales a diversas escalas espaciales, a más de una década después dicho proceso se encuentra en entredicho, al menos en sentido económico por la retracción del comercio internacional que se vive actualmente. Pero las aportaciones de Llanos-Hernández se mantienen vigentes, incluso reconociendo que el mundo ha entrado en procesos de desglobalización, ya que las regiones y niveles locales cobran cada vez mayor relevancia en el análisis social actual.

Para Haesbaert (2013), lejos de darse de manera neutral, la configuración de los territorios se encuentra históricamente vinculada con relaciones de poder, con el control de procesos sociales y con el control del espacio en que se desenvuelven2. Para Llanos-Hernández (2010), tales relaciones de apropiación, control y dominación se materializan en el espacio con acciones políticas, económicas y culturales que van conformando el territorio. Por tanto, además de ser una categoría teórica, los territorios se viven, pues son expresiones de la habitabilidad activa y en transformación constante de diversos actores. Es por eso que resulta una bisagra conceptual, empírica y metodológica en las ciencias sociales, así como una categoría dúctil con el resto de las áreas científicas.

Ahora bien, implícita o explícitamente hay un interés por reconocer el factor territorial de la cultura en la economía, pues se ha identificado que, como sector productivo, la cultura tiene un fuerte peso en sitios urbanos. Por ejemplo, las llamadas ciudades globales suelen tener cierto atractivo por las actividades relacionadas con el diseño, la innovación tecnológica, centros educativos, el sector creativo y las artes (Scott, 2004; Florida, 2005; Florida, 2012; Partida, 2022). Para Garza- Rodríguez et al. (2020), en los centros urbanos de este tipo se pueden identificar clústeres culturales relacionados con las artes, el esparcimiento y diversas actividades lúdicas que llaman la atención en las grandes ciudades. Esto es, que se ha vinculado el potencial económico y recreativo de la cultura con los procesos de urbanización, una dinámica eminentemente territorial.

Aunque se identifica el factor espacial de la capacidad económica de la cultura, se suele atomizar este alcance que tiene la cultura a un tipo de territorio muy particular. De fondo, evidencia el entendimiento que se tiene de lo cultural como una forma de vida específica, relacionada con un tipo de consumo y con un mercado que suele ser exclusivo para ciertos sectores de la sociedad. Partida (2022) reconoce que los estudios sobre las industrias culturales y creativas se han preocupado por determinar el valor de la cultura con factores asociados, entre otras cosas, con la exclusividad, el prestigio, la educación, el legado, el estatus, además de los elementos estéticos y simbólicos. Sin embargo, es necesario interpelar esta visión de la cultura propensa a reforzar esencialismos hegemónicos y etnocéntricos.

1.2. Cultura local

Desde este trabajo se plantea que lo local es el lugar de resistencia ante esa cultura dominante. Por lo que la escala espacial se vuelve fundamental para reconocer la amplitud, diversidad y complejidad de abordar la cultura. Olazabal et al. (2021), destacan que la cultura local y sus expresiones de identidad en las poblaciones locales son un potencial en la activación del desarrollo de los territorios, por lo que no es un atributo exclusivo de las ciudades. Por su parte, las antropólogas Good y De la Peña (2015) subrayan que la cultura también debe ser entendida como una identidad autoadscrita, lo cual implica recuperar la agencia de los actores para hablar de la cultura, especialmente en su ámbito local.

La cultura local se relaciona con las tradiciones y la cultura popular, incluye la memoria oral, las danzas, los saberes, las expresiones materiales e inmateriales de sus formas de vida. Sin embargo, hace falta precisar, como lo hace Lombardi Satriani (en Ricci, 2023, p.13), que en el estudio de la cultura no se trata de fragmentar y hacer tipologías de los hechos culturales, entendidos también como bienes culturales, como objetos, música, fiestas o creencias; sino de “identificar la compleja red de relaciones simbólicas, rituales, de uso y de valor”. Por tanto, este trabajo entiende la cultura como procesos dinámicos y sistemas de relaciones cambiantes que transmiten significados (tangibles e intangibles) en el desenvolvimiento de una sociedad y en espacios configurados por sus actores a través de dichas relaciones.

Desde la geografía cultural, Rózga-Luter y Hernández-Diego (2010) plantean que los estudios regionales (o en general un enfoque socioespacial), más que describir peculiaridades o diferencias, deben tratar de interpretar las características del ambiente cultural local siempre en relación con los procesos globales actuales. Es por ello que, para estos estudios es fundamental la interdisciplina, pues demanda cuestionamientos epistemológicos profundos y el manejo de diversas herramientas metodológicas para comprender las realidades contemporáneas. Para los autores, cuando se habla de disparidades regionales, más allá de los parámetros cuantitativos o disciplinares puros, el estudio de la cultura posibilita abordar el reconocimiento de la heterogeneidad espacial: “además de ser históricamente reconocida como una categoría económica y social, ahora la región también destaca por las cualidades-culturales que la definen” (Rózga-Luter y Hernández-Diego, 2010, p. 586).

Un ejemplo importante es el de Giménez (2007), quien vincula de manera directa el territorio y la cultura. Aborda a esta como dimensión de la vida social, con diferentes formas de manifestación a través del territorio: la primera es la inscripción del espacio físico, es decir, se crean geosímbolos derivados de las relaciones humanas con el entorno natural. La segunda dimensión se refiere a las prácticas culturales espacialmente localizadas, pautas distintivas de comportamiento propias de la comunidad. La tercera es la apropiación del territorio por medio del apego afectivo, creando pertenencia territorial. Al abordar una visión local de la cultura, la economía se encuentra presente irremediablemente.

1.3. Economía local

Para Vallejo (2007), hacer énfasis en lo local implica profundizar y fortalecer el sentido de lo propio; considera necesario formular objetivos que refuercen la cohesión social como parte de estrategias económicas más allegadas a la realidad. Quispe y Ayaviri (2012) coinciden en que los factores endógenos que provee el territorio son indispensables para teorías del desarrollo que respondan a las necesidades de las comunidades; además, destacan la importancia de la participación activa de los actores locales. Por su parte, Vallejo (2007) identifica a la economía local como parte fundamental para desarrollar proyectos productivos en los que la comunidad y su contexto son insoslayables, pues sus objetivos suelen ir encaminados a mejorar el entorno natural y las relaciones sociales del lugar en el que viven.

Cuando se habla de economías locales, se imbrican elementos políticos, culturales, medioambientales, en dinámicas complejas. Por eso, requieren análisis particulares debido a la heterogeneidad de su funcionamiento, pues a esas escalas socioespaciales la diversidad de factores endógenos es amplia e ineludible. Throsby y Whiters (1979; en Partida, 2022), plantean que la cultura es una unidad transversal que conecta e influye en la integración económica, la inclusión social y la toma de decisiones en los gobiernos locales. De esta manera, la escala local entreteje las relaciones sociales que configuran los territorios, como una urdimbre donde la cultura y la economía tensionan parte del entramado social; sin un solo inicio ni final, sin dirección unívoca, sin jerarquías estratigráficas que cubran una dimensión sobre la otra empírica y teóricamente.

Ahora bien, este funcionamiento de lo local no se encuentra aislado de otros niveles de desagregación espacial. De hecho, hablar de cultura local, economía o gobiernos locales, plantea la importancia de pensar en los embates de los procesos de globalización; es decir, situar su relación con la dinámica mundial. Para Quispe y Ayaviri (2012), el proceso de globalización del mercado ha ido desvaneciendo lo propio, como la historia, la cultura y el ecosistema; mismos que son motores de desarrollo local. Sin embargo, Vallejo (2007) también menciona que la globalización permite ampliar la capacidad de producción local, debido a la disponibilidad de información y al uso de tecnologías.

Actualmente la economía local y regional cobra nuevos reflectores precisamente porque se han venido fortaleciendo en las últimas décadas este tipo de economías. Pronato (2021) reconoce que no hay en realidad un proceso contrario a la globalización (la llamada desglobalización), sino que la economía mundial se ha regionalizado en nuevos polos productivos por factores de desaceleración comercial en el ámbito internacional, profundizados por la pandemia de COVID-19 y lógicas de proteccionismo en la competencia tecnológica. En esta reconfiguración, han cambiado formas de desarrollo local y regional, pero también han prevalecido expresiones locales que fortalecen la cohesión, resiliencia y disputa de lo propio, aun en momentos de cambios, como los procesos de urbanización o la reconfiguración productiva global.

2. Lasfiestascomoculturalocalycomodetonantesdedinamismoeconómico

Para el sociólogo Bericat (2016), todo lo que involucre una relación social se encuentra en la vasta dimensión cultural, por lo que no hay una sola manera de entender y acercarse a la cultura. La UNESCO (2002), desde su primera declaratoria sobre diversidad cultural, reconoce una cultura tradicional y popular considerada como un conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural y sus tradiciones, mismas que propician identidad en la sociedad. Señala también que las normas y valores de la comunidad se transmiten oralmente, por imitación o de maneras distintas a la escritura, por lo que los testimonios del presente y del pasado de esas culturas son fundamentales para conocerlas, valorarlas y preservarlas.

Lo anterior implica que el valor y la preservación de la cultura en sus múltiples ámbitos y expresiones no solo se encuentran en vitrinas de museos, en las denominadas bellas artes o en el patrimonio histórico material. Conocer el impacto de la cultura en la sociedad va más allá de catalogar su originalidad o de buscar su aislamiento para su conservación. La cultura local, con sus tradiciones y formas de vida popular, es en sí misma una fuente de riqueza de la diversidad social que, entre otros impactos, permite hacer frente a la homogeneización de las culturas tras el acelerado avance de la globalización. Dentro de esas expresiones de diversidad, las festividades condensan múltiples formas, relaciones, experiencias, historias de la cultura local; aunque muchas de las comunidades que las llevan a cabo se encuentren en transición o ya inmersas en la dinámica global del capital y su concentración en unas cuantas ciudades del mundo.

Satriani (en Ricci, 2023) considera el evento festivo como contenedor global complejo de la sociabilidad campesina, resultado de componentes religiosos, rituales, simbólicos, económicos y expresivos. También resalta la peculiaridad de la dimensión temporal y espacial de la fiesta, capaz de restablecer cíclicamente lugares en territorios festivos. Para Galicia (2017), las festividades son espacios sacralizados, especialmente las llamadas fiestas patronales, porque se vinculan con un sincretismo religioso y de cosmovisiones precolombinas. Homobono (1990), por su parte, destaca que las festividades tienen un fuerte componente organizacional y material que refuerza el sentido del nosotros, por lo que son, a su vez, un mecanismo de cohesión e identidad local. Todo ello y más hace que las festividades no sean un evento recreativo llamativo por la superficialidad de sus adornos, sino por el desborde de símbolos y significados, de experiencias que activan la memoria de una comunidad, de complejas relaciones que la sostienen y la cohesionan.

Las fiestas, tienen un fuerte componente económico, en sentido monetario y en un sentido de reproducción social. Vázquez (2017) destaca que se hacen gastos importantes para que estas celebraciones ocurran y que entre más derroche haya, es mejor vista, porque representa abundancia y agradecimiento a los patronos por proveer prosperidad a los pueblos. En el ambiente festivo, los regalos hacia sus santos son ofrendas de profundos significados; el acto de compartir garantiza su permanencia, pues la fiesta local implica dar y recibir de forma simbólica y material. Se ofrece el ritual, la comida, la danza y, en cambio, se esperan buenas cosechas, climas propicios para ello, abundancia para sus familias y para el asentamiento donde viven. También es un momento de algarabía, desorden, de jolgorio propio del ambiente festivo.

Siguiendo a Joseph Pieper (1974; en Vázquez, 2017), la fiesta abarca todas las dimensiones de la existencia humana, pues se relaciona de manera dialéctica con el trabajo, la ofrenda, la manifestación de riqueza, la muestra de alegría, la danza, la contemplación, la medida del tiempo, entre otras dimensiones de la vida social. Además, tiene que ver con relaciones de poder tanto religiosas como económicas, pues la fiesta requiere una producción importante para llevarse a cabo y, para incentivarla, debe haber devoción por parte de la comunidad. Derivado de trabajo de campo y de gabinete, Lara (2024) plantea que los componentes principales de una festividad local son su historia, la religión, sus simbolismos, su dimensión política y su dimensión económica.

Para este trabajo es importante destacar el desborde simbólico y material de las festividades, pero se centra principalmente en su componente económico; sin desligarse del entretejido empírico y teórico que se resalta con el territorio. Las fiestas, además de tener una dimensión espacial, tienen una marcada temporalidad, pues tienen un ritmo productivo y comercial que se da año con año. Satriani (en Ricci, 2023) destaca que las fiestas tienen un ciclo de trabajo anual que se distingue por un “tiempo fuerte” y un “tiempo débil”. El primero es el que se vive durante la fiesta, incluida su preparación; el segundo se da en la vida cotidiana con sus propios requerimientos materiales el resto del año. Este trabajo anual es lo que se plantea como el dinamismo económico de las festividades, ya que detonan cierto tipo de trabajo, producción y consumo en momentos específicos del año.

Según RIMISP-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, el dinamismo económico se define como la transformación productiva que permite la integración económica de los habitantes de una comunidad (RIMISP, 2019). En esta definición se halla la importancia del espacio geográfico para la integración económica, por lo que, junto al factor temporal, las festividades tienen la capacidad de generar una transformación productiva en un espacio y tiempo específicos. El dinamismo económico de las festividades es similar al de las eventualidades tanto naturales como de la vida social que pueden generar momentos álgidos de relaciones productivas o viceversa. En esta investigación se identifica que las festividades tienen esa capacidad de estimular ciertas actividades económicas en periodos del año, generando con ello mayor producción e integración de dichas actividades.

Vázquez (2007) señala que, para incidir en una transformación productiva local y propiciar el desarrollo, se deben potenciar factores endógenos que suelen ser ambientales, culturales y políticos. Por ejemplo, los tipos de climas o las características ecosistémicas también propician momentos durante el año en que la economía local se adapta a las ventajas que provee el entorno natural. En el caso de las festividades, se conjuntan varios de estos factores porque, además de ser parte de la cultura local, el calendario festivo está relacionado con los ciclos estacionales y de conocimientos del clima, debido a su sincretismo con la cosmovisión prehispánica. Así, los factores endógenos de dinamismo económico local suelen estar entrelazados con saberes locales; es decir, si la comunidad conoce los atributos naturales de su entorno, podrá aprovecharlos como recursos para su reproducción social.

Este planteamiento de dinamismo económico, desde un enfoque endógeno, reconoce que influyen las potencialidades de los elementos culturales de las poblaciones, como la identidad local que se genera a través de sistemas, estructuras y formas de organización productiva de las economías locales (Olazábal et al., 2021). Además, la iniciativa de los actores locales también es determinante; esto es, que los territorios y sus economías locales no se desarrollan de manera pasiva sino mediante la participación directa y activa de los agentes pertenecientes a la comunidad (Quispe y Ayaviri, 2012). Lo que equivale a decir que los habitantes promueven diversas formas de organización social desde abajo, impactando en alguna medida la producción, distribución y consumo local dinamizante, por ejemplo, con las festividades.

3. Lanecesidaddeunmétodointerdisciplinario

Los intereses de esta investigación vienen desde trabajos previos en los que se estudió el llamado sector de la cultura al interior de la región metropolitana del Valle de México (véase Lara, 2022). Con el uso de datos estadísticos, los principales resultados mostraban que no hay actividad económica relevante referente a la cultura en las áreas periféricas, al menos no a esos niveles de desagregación espacial. Por tanto, en esas primeras exploraciones sobre el tema, fue valioso identificar lugares donde hace falta fortalecer las actividades económicas vinculadas a dicho sector en la zona metropolitana estudiada.

Sin embargo, de todas las reflexiones sobre los hallazgos resultantes, la más latente fue que la cultura no puede ni debe abordarse de una sola manera en ninguna de sus dimensiones, incluyendo la económica; y que, para reconocer su valor, es indispensable romper con el paradigma de categorías convencionales de la economía y con la necesidad de una metodología exclusivamente cuantitativa. Para indagar al respecto, se comenzaron a requerir fuentes interdisciplinarias que han posibilitado comprender lo que pasa con la cultura y su capacidad económica en las áreas periféricas metropolitanas. Lo anterior no solo supone la apertura a nuevos conceptos y enfoques, sino una mirada crítica sobre el determinismo universalista en el que se puede caer desde interpretaciones sin diálogos interdisciplinarios.

Se podría identificar una contradicción epistemológica al buscar una medición exacta del aporte económico de la cultura en la diversidad de territorios; sin embargo, no significa que no se pueda dimensionar o dilucidar sobre su capacidad productiva en las particularidades en que se desenvuelve, en este caso, la cultura local. Franklin y Osborne (1971; p.197) en su discusión sobre los métodos en la ciencia, plantean que “la medición no provee información de todas las cualidades que caracterizan el fenómeno que se mide porque esta es un proceso de abstracción que necesariamente se basa en un conjunto limitado de propiedades”. Sin embargo, tampoco se puede decir que la cultura no tiene una dimensión cuantitativa, pues sería caer en una idea polarizada y simplista. Los métodos de investigación, sean cuantitativos, cualitativos o mixtos, como bien señalan Hernández-Sampieri y Torres (2018), ninguno es mejor que otro, por lo cual la ruta elegida debe ser la más apropiada para llegar al lugar que se quiere.

El dilema no radica en qué metodología por sí misma es mejor, o si medir o no medir, sino en los requerimientos de la investigación para resolver un problema de investigación. De hecho, Bonilla y Rodríguez (1997; p. 77) subrayan que, de ser oportuno para la investigación, es posible “integrar los métodos cuantitativos y cualitativos de forma sistémica y creativa, para enriquecer y hacer posible la comprensión de la realidad social en sus dimensiones objetivas y subjetivas”. Pero la viabilidad de su aplicación también recae en los recursos con los que se cuenta y en considerar el contexto del estudio, así como las características del fenómeno a investigar, ya que estos factores influyen en la decisión sobre cómo combinar o priorizar las metodologías.

Hernández-Sampieri y Torres (2018) señalan que una peculiaridad del proceso investigativo cualitativo consiste en que la muestra, la recolección de información y el análisis correspondiente son fases que se van interrelacionando prácticamente de manera simultánea. Para Guber (2022) lo que se busca en la investigación cualitativa no es dar datos rígidos ni exactos, sino abrir reflexiones heurísticas complejas, con la rigurosidad que se trata la labor científica crítica; lo cual implica una exhaustiva inmersión en su aplicación. Lo que resulta conveniente de esta ruta metodológica con sus múltiples herramientas y técnicas, menciona Hernández-Sampieri y Torres (2018), es que permite comprender fenómenos desde la perspectiva de quienes los viven, también cuando se buscan patrones y diferencias en estas experiencias y su significado.

La metodología cualitativa implica la construcción de datos desde los contextos particulares, tanto de las personas como de los lugares en que se relacionan. Lo cual es oportuno para los objetivos de esa investigación, una metodología que permitiera la construcción de datos desde el propio territorio y, con ello, un enfoque metodológico y epistemológico desde abajo como lo plantean los estudios del desarrollo local o endógeno (ver Vázquez, 2007; Vallejo, 2007; Quispe y Ayaviri, 2012; Olazábal et al., 2021). Particularmente se optó por el método etnográfico pues permite el uso de varias herramientas, además de ser consecuente con un enfoque inter y multidisciplinario.

3.1. Sobre el trabajo etnográfico para esta investigación

Se puede decir que la investigación cualitativa se encarga de la vida de las personas, de historias y de comportamientos; reconoce las subjetividades como parte fundamental de los estudios sociales. Para Mason (1996), es la investigación basada en la generación de datos flexibles, que son sensibles al contexto social en el que se producen, pues abarca la comprensión de la complejidad, el detalle y el contexto. Este trabajo aborda una cultura cuyos símbolos y significados no pueden dejarse de lado, lo que la lleva al campo de la interpretación más que al de la medición y al análisis de una compleja red de significados (Geertz, 2003).

Pues, como ya se mencionaba, la cultura no necesita ser mensurable ni recibir un tratamiento estándar para hacerla asequible a los estudios de la economía.

Si se acude al método etnográfico es porque este, como lo resalta muy bien la antropología y sin ser exclusivo de ella, necesariamente incita a la reflexión (Guber, 2022). Esta herramienta metodológica, entre otras cosas, permite abrir diálogos, tejer vínculos o despertar cuestionamientos entre diversas áreas del conocimiento. Aunado a ello, el método etnográfico permite transmitir complejidades de territorios que pocas veces se conocen o que es difícil de identificar sus dinámicas propias, especialmente a niveles locales. Por eso es también conocido como un método que apela por un enfoque epistémico desde abajo. Es decir, desde el conocimiento in situ, andanzas y vivencias de los territorios hasta la construcción de categorías y teorías que explican las relaciones, procesos, comportamientos sociales que se detonan a través de este.

Para este trabajo se acudió a trabajo de campo durante los años 2023 a 2024; las técnicas que se aplicaron fueron entrevistas semiestructuradas, observación participante y descripción densa. La información recopilada se sistematizó con base en temas eje que tienen que ver con la participación y organización festiva, dinámicas económicas, movimientos territoriales, cambios en las celebraciones, así como la relevancia de cada festividad y del territorio en el que se realizan. En total se realizaron treinta y una entrevistas, dieciocho para el miércoles de ceniza y trece para el festival de la nuez; distribuidas en tres tipos de actores: organizadores, comerciantes y visitantes. A su vez, se abordan tres ejes o tópicos para estos tres tipos de actores: la economía local, la cultura local y el territorio, además de las especificidades que demandaba cada actor en su rol festivo3.

Es importante subrayar que las entrevistas no son muestras representativas en un sentido estadístico. Aunque pareciera una obviedad, se puede confundir estas con una herramienta de medición que, aunque puede ocurrir, vale la pena separarlas cuando sus propósitos son otros que los de la aplicación de encuestas. Como se ha aclarado, el método es sustancialmente cualitativo; esto es, se estudian los casos en sus contextos, se exploran y describen individualidades sin reducirse a un estudio de partes sino al análisis de un todo con una metodología holística. Hernández-Sampieri y Torres (2018) aclaran que el enfoque se basa en métodos de recolección de datos no estandarizados ni predeterminados, se construyen y ocupan con flexibilidad mediante técnicas que permiten analizar, reflexionar e, incluso, proponer nuevas categorías derivadas de dicha experiencia investigativa para explicar una realidad.

Volviendo a las particularidades de este trabajo, es importante destacar el factor temporal de las festividades como sujeto de estudio, ya que solo suceden una vez cada año y tienen una duración variada entre una y otra, por lo que es difícil tener periodos largos de observación de los acontecimientos festivos. Por ello, la aplicación de entrevistas fue de bastante ayuda para recibir información no percibida a simple vista, complementar información y nutrir lo visto durante la observación directa. Como última etapa, se analizaron los datos obtenidos durante el trabajo de campo y se confrontaron con el marco conceptual; es decir, se operacionalizaron y relacionaron las categorías principales. Asimismo, se utilizó la cartografía temática como herramienta que permite dar cuenta de los movimientos, flujos económicos y desplazamientos de comerciantes.

4. Amecameca, alorientedel EstadodeMéxico. Culturalocalyfestividades

Amecameca se ubica al oriente del Estado de México, es una de las 125 municipalidades en que se divide dicha entidad. Colinda con los municipios de Tlalmanalco, Ayapango, Ozumba y Atlautla. Además, hace parte de los límites estatales con Puebla, compartiendo frontera federal con los municipios poblanos de San Nicolás de los Ranchos y Huejotzingo, un área limítrofe marcada por la serranía de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Por su orografía, esta área es llamada Sierra Nevada y de ella derivan factores ecosistémicos vitales para los pobladores, por lo que su historia, cultura y saberes están fuertemente vinculados con sus características geográficas naturales (Glockner, 2012). De hecho, los poblados aledaños a esta área son llamados en su conjunto como región de los volcanes, por su cercanía y estrecho vínculo cultural con el Iztaccíhuatl y Popocatépetl, este último todavía activo.

Particularmente la demografía de Amecameca ha estado en constante crecimiento. Con base en el Censo de población y vivienda del 2020, su población ha crecido un 9.39% en la última década, con una media anual de aumento de 1.01% y una tasa promedio anual de viviendas particulares habitadas del 1.7% en aumento. Esta información expresa el paulatino crecimiento poblacional y de viviendas en el municipio. Además, es uno de los municipios que integran la zona metropolitana del Valle de México4, a los márgenes de esta región conocidos como periferias metropolitanas. Esto quiere decir que presenta dinámicas de urbanización, pero también mantiene características vinculadas con el campo.

El Censo agropecuario del 2023 arroja que Amecameca cuenta con 6,062.38 hectáreas dedicadas a estas actividades, de las cuales el 31.48% está dedicada a la agricultura de manera privada, el 5.21% a la agricultura ejidal, el 4.40% son tierras para actividades forestales ejidales, forestales privadas, agricultura comunal, ganadería y otras actividades privadas. Sin embargo, según los Censos económicos más recientes, para el año 2023 las principales actividades económicas que generan valor agregado en Amecameca son el Comercio al por menor (38%), las Industrias manufactureras (31%) y Servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas (7%).

Con base en esta breve descripción de Amecameca, se puede identificar, en general, un territorio semirrural en pleno proceso de urbanización. Aunque conserva sus mercados tradicionales, también se ha desarrollado su área urbana con áreas residenciales y, en menor medida, industriales. A su vez, siguen manteniendo la importancia de actividades agrícolas y de la apicultura. En este contexto multifacético, se pueden encontrar tradiciones locales con un fuerte sentido de identidad a la comunidad en su cultura local, fortalecen sus formas de organización y generan dinámicas locales propias que, con dicho proceso de urbanización, se encuentran en riesgo de desaparecer.

Y es que, entre estas dinámicas territoriales junto a las del mercado global, Ricci (2023; p.98) rescata de Lombardi Satriani que en la inserción de estas nuevas lógicas y procesos de transformación local “se aplican parámetros de valor comercial a esos lugares: ya no bienes ambientales y evidencia de diversidad cultural, sino lugares y personas para colonizar y vender para el turismo”. En los intereses de estos antropólogos se encuentra visualizar el valor de las culturas rurales y populares rompiendo con una idea de mercado para la acumulación de capital, sino como un bien social que nos ayuda a construir lazos comunitarios y herramientas para fortalecer el sentido de pertenencia con el territorio.

4.1. Cultura local de Amecameca y sus festividades

Amecameca cuenta con monumentos históricos como sus iglesias del siglo XVI, sus arcos del siglo XVII a un costado de la plaza central, así como piezas y santuarios prehispánicos que son reconocidos oficialmente como patrimonio histórico nacional. El santuario del Señor del Sacromonte5 y la capilla “La Guadalupita”, construcciones de inicios de la conquista ubicadas en la cima del legendario cerro del Sacromonte. Este cerro representa un bien cultural material e inmaterial, pues la fiesta más grande de Amecameca se desarrolla en este sitio sagrado desde la época prehispánica, que es el miércoles de ceniza. Con algunas variaciones en las últimas décadas.

Hernández (2012) señala que esta celebración se enmarca al inicio del calendario agrícola, en el proceso de preparación de siembra, porque antiguamente esas eran las razones para ir a ofrendar a este cerro. Loera (2015) menciona que el ciclo de las actividades rituales durante el Virreinato estuvo marcado por cuatro fechas relacionadas con el ciclo agrícola (como se muestra en la figura 1). Esto da cuenta de la profunda relación sincrética entre los conocimientos originarios, sus divinidades relacionadas con la naturaleza y el ciclo agrícola, con la religión católica instaurada por la colonización española. De manera sucinta, se muestra el cambio del temporal entre los periodos secos y de aguas; esto es, de cuando llueve y cuando no llueve, pues esto determina los climas adecuados para los procesos de cultivo de la tierra.

Cultosdelcatolicismovinculadosconelcicloagrícola
Figura 1
Cultosdelcatolicismovinculadosconelcicloagrícola
Fuente: Tomado de Lara, (2024), p. 87.

Ahora bien, otra festividad importante en Amecameca es la feria de la nuez que, a diferencia del miércoles de ceniza, no tiene una historia de cientos de años ni tiene una relación sincrética con la cosmovisión prehispánica. Sin embargo, hay elementos simbólicos respecto a los frutos de temporada que cobran centralidad junto al paisaje local, en este caso, la nuez de castilla. A este tipo de valor y significación del entorno natural, Giménez (2007) le llama geosímbolos y se crean como parte de la identidad del entorno geográfico de una comunidad.

Lo que se destaca es que la cultura local de Amecameca se encuentra estrechamente ligada a su entorno natural. El proceso físico, químico y biológico del ciclo agrícola se encuentra en los saberes de algunos habitantes de Amecameca, que cada vez son menos por los cambios en este tipo de actividad. Pero las celebraciones y festividades en el municipio pueden revelar esta aparente lejanía de conocimientos, cuando se escuchan las letras de sus danzas, cuando se miran los símbolos en los adornos festivos, cuando se indaga sobre los significados alrededor del ambiente festivo. Si bien su paisaje está en proceso de transformación urbana, en el imaginario de los habitantes y de visitantes están presentes sus montañas y su riqueza ecosistémica.

El miércoles de ceniza

El miércoles de ceniza en Amecameca ya lo había registrado Bonfil Batalla en el Ciclo de ferias de cuaresma de la Región de Cuautla, en los años sesenta del siglo pasado. Menciona que durante la temporada de Cuaresma hay un ciclo anual de ferias religiosas y comerciales cuyo orden es invariable: el primer viernes es en Amecameca, el segundo es en Cuautla, el tercero en Tepalcingo, el cuarto en Atlatlahucan, el quinto en Mazatepec y el sexto, que es el último, nuevamente se lleva a cabo en Amecameca (Bonfil, 1971). El autor detalla que el primero y último viernes son celebraciones estrechamente ligadas con el culto al Señor del Sacromonte. Hernández (2012) lo considera como “un santo muy fiestero”, porque desde cuatro domingos antes del miércoles de ceniza comienzan las misas de Carnaval y en cada uno de esos domingos se sube al cerrito.

Durante el trabajo de campo se registraron visitantes de las alcaldías de Milpa Alta, Iztapalapa, Azcapotzalco, Tláhuac, Xochimilco, de municipios del Estado de México como Chalco, Texcoco e Ixtapaluca. Y en los trabajos de Bonfil (1971) y Hernández (2012) también se describe el peregrinaje de estos pueblos que fueron ribereños en su gran mayoría, pues se encuentran asentados a orillas de lagos ya extintos que formaban la gran cuenca de México. Asimismo, acuden peregrinaciones desde municipios de Puebla y Morelos para llevar ofrendas al Sacromonte de Amecameca. Retomando a Lombardi Satriani 2004; en (Ricci, 2023), menciona que las procesiones religiosas son prácticas destinadas a sacralizar los territorios y tienen un carácter popular, pues la función aglutinante social es una forma de estar juntos en comunidad.

La feria de la nuez

En cuanto a la feria de la nuez, comenzó en el año 1983 como iniciativa del ayuntamiento de Amecameca para apoyar la economía local. En la década de los ochenta, antes de la entrada del monocultivo y la venta masiva transnacional de productos del campo mexicano, la Comisión Nacional de Fruticultura reconocía que la mejor nuez de Castilla del país correspondía a Amecameca, en especial la localidad de Zoyatzingo (Amaqueme, 2022). Esto motivó aún más la iniciativa, al saberse con tal calidad de nuez y por ser la primera fiesta local sobre este producto en el país.

En esta festividad se pueden encontrar diferentes expresiones de cultura local en las que destacan los platillos típicos con nuez de castilla, algunos solo en esa temporada se elaboran. Además, esta festividad se destaca por dar espacio al arte local como música, danza, fotografía y pintura; asimismo, hay artesanos locales que producen artesanías con la nuez. Al igual que en el carnaval y miércoles de ceniza, resalta el trabajo etnográfico la importancia del entorno natural en estas expresiones de cultura local, pues los volcanes son transversales en los significados de las obras de artistas y de algunas artesanías que se elaboran para el Festival Cultural de la Nuez.

Cuadro 2
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Fuente: Tomado de Lara, (2024).

Cuadro 3
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Fuente: Tomado de Lara, (2024).

Pizano et al. (2004) señalan que las fiestas son funcionales porque se identifican con la vida material, social y espiritual de la comunidad. Son vigentes porque se manifiestan con vigor en la sociedad, como frutos de la herencia del pasado. Son populares porque se convierten en el patrimonio más querido del pueblo. Porque, como menciona Homobono (1990), cada ámbito de representación de un nosotros va generando una identidad. Para el miércoles de ceniza es claramente una formulación religiosa, sincrética e histórica; sus tradiciones tienen que ver con ello, por lo que muestra una carga simbólica importante. El Festival Cultural de la Nuez tiene un componente directo con el que aprovecha la producción económica local, convirtiéndola en el objeto principal de la fiesta, motiva a los habitantes de la comunidad porque forma parte de su propio trabajo.

5. Lasfestividadesde Amecamecacomodetonantesdedinamismoeconómicoregional

En este artículo no se puede abordar todo lo que los trabajos etnográficos de ambas festividades dan a conocer, pero uno de los ejes fue el de los gastos festivos en el miércoles de ceniza y en la feria de la nuez. Mientras que la primera, para llevarse a cabo, requiere que se hagan eventos durante todo el año para reunir fondos entre grupos vecinales y religiosos, la segunda depende del financiamiento del municipio. Para la primera edición de la feria de la nuez, el ayuntamiento asumió todos los gastos y también se recibió apoyo de grupos de la sociedad civil como el Club de Leones (notas de diario de campo, 2023). En otras ediciones han invertido empresas regionales e incluso transnacionales; en el año 2004 el grupo FEMSA apoyó con spots publicitarios.

Lo anterior marca una sustancial diferencia con el miércoles de ceniza para el cual, en su carácter de festividad religiosa, los medios para cubrir su producción son fundamentalmente comunitarios. Esto es significativo porque este tipo de fiestas implica un gasto importante. El trabajo etnográfico muestra que una actividad económicamente sobre- saliente es la cohetería, pues cada gruesa de cohete cuesta entre $1,400 y $1,500, mientras que el especial y el Granicero (los más importantes para la primera hora de quema de salva) valen $2,000. En ese año fueron 120 gruesas, por lo que, sacando un promedio con ambos precios de los tipos de cohetes, el gasto económico tan solo por una hora de quema es de $330,000 aproximadamente.

Pero su interés es más que un atractivo pirotécnico para las fiestas patronales en México; la castillería y la cohetería son un elemento ceremonial importante, pues la llamada “quema de la salva” tiene un sentido sagrado para la comunidad, pues se creé que “hace cimbrar a los árboles para que caigan sus semillas al suelo y puedan germinar”, indica Francisco, ayudante de la iglesia de la Asunción. Cuestión que hace notar el significado agrícola y sincretismo religioso que se plantea en los apartados anteriores.

En Amecameca o en el municipio vecino de Ozumba hay talleres de artesanos coheteros. Francisco menciona que las localidades de Amecameca que se reconocen por hacer cohetería son Huehuecalco, Chalma y Zoyatzingo. También destaca que hay peregrinos que llevan gruesas de otras entidades, las dejan con protección civil y estos piden a los coheteros que las prendan. Deben llegar desde una noche antes por logística y por motivos religiosos. La cohetería es sin duda una de las actividades festivas que más ha destacado en cuestión de gastos monetarios y por su eslabonamiento productivo; queda para otras investigaciones profundizar únicamente sobre esta actividad económica festiva.

Finalmente, el director de Desarrollo Económico de Amecameca comenta que su equipo estima una derrama aproximada de $15,000,000 de pesos por un día de fiesta, el de más atractivo turístico. Considerando que este miércoles de ceniza se recibió a más de cincuenta mil turistas, según información de protección civil de Amecameca, y considerando un gasto promedio de $300 pesos por persona, se calcula esa derrama económica de la festividad para el día con mayor afluencia de visitantes. Los días siguientes se disminuye la llegada de visitantes, con excepción del sábado y domingo en los que se incrementa el turismo.

Cabe destacar la precisión que el mismo director de desarrollo económico de Amecameca señala: “esa derrama no se queda necesariamente aquí, pues mucha se va para esos comerciantes foráneos, realmente no es para el municipio totalmente, pero sí es una derrama económica que se genera desde aquí”. El director calcula que un 30% de los comerciantes son locales y el resto son foráneos, lo cual muestra el atractivo del municipio en términos de comercio para otras localidades. Algo sobresaliente en el trabajo etnográfico es que lo que se comercia en ambas festividades son productos artesanales, con características distintivas de la región y de otras comunidades que llevan a vender sus productos desde otros estados del sur y centro del país, con técnicas y herramientas propias de sus localidades de origen.

5.1. Desplazamientos festivos de visitantes y comerciantes

Tomando en cuenta los lugares de origen de visitantes y comerciantes en el miércoles de ceniza, se configura una región bastante amplia que supera a la misma región de los volcanes. En el mapa 1 se puede apreciar de manera más clara el alcance geográfico en términos político-administrativos de comerciantes, artesanos y visitantes; es decir, a una escala por entidad federativa. Con lo que se puede configurar una región interestatal en términos de estos desplazamientos festivos, la cual abarca los estados de Oaxaca, Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México, Morelos y Guerrero. Algunos comerciantes decían venir del estado de Morelia, pero como no aceptaron compartir su ruta festiva, no se tomaron en cuenta para la elaboración de las cartografías.

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Mapa 1
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Fuente: elaboración propia con base en información de trabajo de campo, 2023-2024.

Ahora bien, esta región, que se conforma por la atracción festiva de comerciantes, artesanos, feligreses y visitantes es solo una fotografía que captura la dinámica regional del miércoles de ceniza, pero no se queda de manera estática o sincrónica en el espacio. Como se ha señalado, esta festividad es la primera de varias en otros municipios colindantes, por lo que estos desplazamientos continúan moviéndose durante las festividades de Cuaresma. Para algunos artesanos y comerciantes, este circuito festivo dura todo el año, siguiendo una misma ruta de fiestas cada periodo. Esto configura un territorio en constante dinamismo por los flujos de intercambios comerciales y el desplazamiento de artesanos a lo largo del año, como se muestra en el mapa 2.

Es importante destacar que las rutas y calendarios establecidos se transmiten de generación en generación, así como las formas en que adaptan sus puestos de comercio para vivir en ellos durante las fiestas. Acuden a esas fiestas porque son aglutinantes en términos de visitantes, lo cual es favorable para el comercio, pero también porque son históricas y su tradición hace que sus productos se vendan con seguridad año con año. Además, el traslado y la movilidad están organizados de manera colectiva entre familias o entre grupos de artesanos de las comunidades de origen. Esto refleja una tradición y organización colectiva en torno a las rutas festivas.

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Mapa 2
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Fuente: elaboración propia con base en información de trabajo de campo, 2023-2024.

En cuanto a la feria de la nuez, al igual que en el miércoles de ceniza, las nueceras (comerciantes de nuez) se desplazan para vender su producto. Es un alcance mucho más local, pero también configura su propia delimitación regional porque superan las fronteras municipales, configurando lazos interlocales o intermunicipales. Aunque también puede haber turismo de otras entidades como la Ciudad de México y estados colindantes, como Puebla y Morelos. Es claro que la dinámica económica se da entre los municipios de la región de los volcanes. Así, su alcance regional es menor que el del miércoles de ceniza, lo que deja ver una dinámica económica y de integración de actividades productivas más locales.

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Mapa 3
Ubicacióndehuertosyprocedenciadenuecerasenlaferiadelanuez, Amecameca
Fuente: elaboración propia con base en información de trabajo de campo, 2023-2024.

El mapa muestra los municipios de origen de las nueceras, así como en los que se ubican los huertos de nogales. Vale precisar que en las localidades urbanas se encuentran los asentamientos urbanos, y en las rurales es donde se pueden encontrar los huertos. Año con año acuden a los lugares señalados para sacudir el nogal y recolectar la nuez, dando paso a un eslabonamiento territorial complejo6. Este proceso tiene una dimensión espacial, pues cada etapa tiene una ubicación geográfica.

Los huertos son los sitios de cultivo y producción de la nuez, los intermediarios y comerciantes se mueven a los puntos de reventa, los cuales se concentran principalmente en Amecameca, que es el centro de atracción turística y comercial de la región.

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Mapa4
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Fuente: elaboración propia con base en información de trabajo de campo, 2023-2024.

Estos lazos o encadenamientos productivos muestran una división del trabajo en el territorio, ya que hay diferentes participaciones de mano de obra desde la siembra y el cultivo hasta el consumo final de la nuez, sea a granel o en algún platillo típico de la región, alguna artesanía u otro uso de este fruto y su cáscara. Aunado a ello, la feria de la nuez integra a la comunidad productiva y culturalmente, pues es claramente percibida como un evento que articula la economía local, el turismo y la cultura. Como menciona Vallejo (2007), una economía local se identifica también como un proceso colaborativo de producción, distribución y consumo de productos locales, en que sus habitantes son centrales con sus normas, valores y dinámicas socioculturales.

Conclusiones

La cultura local es un factor de dinamismo económico local con alcances regionales que debe explorarse aún más, especialmente en contextos metropolitanos periféricos, como el de Amecameca en el Estado de México. Las festividades tienen una relación espaciotemporal con el ciclo estacional, lo cual da pauta para tejer lazos comerciales regionales y la participación de diversos actores locales, siguiendo el calendario festivo. Se debe destacar que la producción, distribución y consumo en las fiestas no siempre generan beneficios económicos locales; es decir, en el lugar donde se desarrollan, sino en los comercios de otros lugares. Sería interesante enlazar este fenómeno con el sector turismo, que suele tener una mirada hacia el exterior más que el interés de la producción y eslabonamiento local.

En cuanto al dinamismo económico y sus valores, el caso del miércoles de ceniza tuvo mayores ventajas para los comerciantes, siendo una fiesta prioritariamente religiosa; es decir, no tiene como principal fin su envergadura comercial. Mientras que la feria de la nuez fue creada para ese propósito y se encuentra estrechamente ligada a factores endógenos que favorecen la cosecha de nuez, pero que ha perdido efectividad en dicho objetivo. Sin embargo, el valor de estas festividades requiere considerar no solo la medición económica tradicional, sino los aportes sustantivos de la cultura en un sentido profundo y no solo ornamental, mucho menos con fines rentables o del mercado únicamente.

Todo lo anterior en un contexto territorial particular, pues en la última década Amecameca ha experimentado una transición de comunidad vinculada al campo a una población cada vez más urbana. A pesar de estos cambios, las festividades y tradiciones locales relacionadas con el ciclo agrícola mantienen su vigencia. Esta cultura local juega un papel crucial en la configuración y desarrollo de las regiones periféricas. Permite reconocer el papel central de la cultura local y popular, más no hegemónica, como catalizadora de actividades productivas en estas regiones. Quizás, desde este enfoque y abriéndonos a metodologías que permitan un estudio interdisciplinario, se pueda hacer un acercamiento profundo en la relación tan estrecha entre economía, cultura y territorio.

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Notas

1 Este trabajo sintetiza parte de la investigación La cultura como detonante de dinamismo económico local: El caso de las festividades del miércoles de ceniza y la feria de la nuez en Amecameca, Estado de México, 2022-2024 (Lara, 2024), realizada para la tesis de maestría en Estudios Regionales en el Instituto Dr. José María Luis Mora, México
2 Entre otras cosas, el autor cuestiona la idea de pérdida de los territorios como consecuencia de la globalización (proceso de desterritorialización). Aún en momentos en que parecerían difuminarse las fronteras geográficas, económicas, culturales o políticas, los territorios se reconfiguran constantemente por la complejidad de “relaciones de poder referidas al espacio, donde se dibujan nuevas-viejas estrategias de control territorial.” (Haesbaert, 2013, p. 13).
3 Por la naturaleza de este documento no se pueden detallar las guías de entrevistas y observación, pero se pueden encontrar en los anexos de la tesis de maestría referenciada en este trabajo.
4 La orografía de esta región central de México no es propiamente un valle sino una cuenca, pero comúnmente se le conoce con el nombre de Valle de México por estar rodeada de cadenas montañosas, aunque actualmente se reconoce que es más adecuado nombrarla por su sistema hídrico. También es importante aclarar que existen otras delimitaciones de metrópolis de esta área con diferentes alcances y criterios funcionales, como la zona metropolitana de la Ciudad de México (ver Grupo Interinstitucional para la Delimitación de las Metrópolis de México, 2024). Sin embargo, esta investigación se aboca a la primeramente mencionada, pues dicha región metropolitana abarca tanto un ámbito ambiental como urbano, permitiendo análisis territorial más amplio.
5 También es uno de los 9 parques nacionales a cargo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), pues posee un ecosistémica endémico de gran importancia para la región.
6 Ver Lara (2025). Sacudir el nogal y limpiar la nuez: El Festival Cultural de la Nuez en Ameca meca, al oriente del Valle de México. Redes de Gestión Cultural (RGC ediciones), Argentina. Nº14. Pags. 181-196.

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Clasificación JEL: R1, Z10, Z1

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