Liberia y Rivas. La construcción de un espacio regional de relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. 1769-1860

Gina Rivera Hernández
Universidad de Costa Rica, Costa Rica

Liberia y Rivas. La construcción de un espacio regional de relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. 1769-1860

Diálogos Revista Electrónica de Historia, vol. 24, no. 2, 2023

Universidad de Costa Rica

Received: 10 January 2023

Accepted: 15 March 2023

Resumen: En este artículo se analizan desde la reflexión teórica de los estudios regionales las bases de las relaciones entre los poblados de Liberia y Rivas (siglos XVIII y XIX), con la consideración de aspectos socioeconómicos, políticos, geográficos y culturales. El objetivo es plantear un análisis complementario a los trabajos que tradicionalmente se han hecho para esa región, los cuales se basan en características de la fundación de Liberia desde la óptica de las haciendas ganaderas de campo y los intereses estrictamente económicos.Los estudios regionales cobran importancia debido a que permiten comprender las zonas periféricas desde su conformación interna hasta su vinculación con los centros de poder; además, permiten reconocer esos espacios no solo como resultado de la migración y la colonización económica, sino también de la construcción de elementos de identidad comunes en lo político, lo cultural y lo familiar entre poblados ubicados en jurisdicciones administrativas disímiles, las cuales dan vida dan vida a una región transfronteriza, como fue el caso de Rivas y Liberia.Entre las preguntas que orientan este trabajo, se encuentran: ¿Qué elementos dan origen a las relaciones entre los poblados?, ¿Cómo se vinculan la economía, las familias y la cultura de Liberia y Rivas y qué características pueden destacarse de esos ligámenes?, ¿Cómo se construyen y deconstruyen las relaciones entre Rivas y Liberia? Dichas preguntas llevan al objetivo de este artículo, el cual es plantear un análisis de la construcción del espacio regional entre las comunidades de Rivas y Liberia que permita comprender sus características económicas, políticas, sociales, culturales y familiares entre los siglos XVIII y XIX; asimismo, que amplíe el panorama sobre su historia y permita generar más preguntas que sirvan de base para nuevos estudios

Palabras clave: región, frontera, límite, hacienda, familia, cultura.

Abstract: In this article, from the theoretical reflection of regional studies, the bases of the relations between the towns of Liberia and Rivas (18th and 19th centuries) are analyzed, considering socioeconomic, political, geographical, and cultural aspects. The objective is to propose a complementary analysis to the works that have traditionally been done for that region, which are based on characteristics of the founding of Liberia from the perspective of cattle farms and strictly economic interests.Regional studies are important because they allow us to understand the peripheral zones from their internal conformation to their relationship with the centers of power; In addition, they allow us to recognize these spaces not only as a result of migration and economic colonization, but also of the construction of common identity elements in the political, cultural, and family spheres between towns located in dissimilar administrative jurisdictions, which give life and give life. life to a cross-border region, as was the case of Rivas and Liberia.Among the questions that guide this work are: What elements give rise to relationships between towns? How are the economy, families and culture of Liberia and Rivas linked and what characteristics can be highlighted from those ties? How are relations between Rivas and Liberia built and deconstructed? These questions lead to the objective of this article, which is to propose an analysis of the construction of the regional space between the communities of Rivas and Liberia that allows understanding their economic, political, social, cultural, and family characteristics between the 18th and 19th centuries; likewise, that it broadens the panorama of its history and allows the generation of more questions that serve as the basis for new studies.

Keywords: region, border, limit, estate, family, culture.

Introducción

Para poder realizar un estudio de este tipo, el investigador debe rebuscar en los documentos de los Archivos Nacionales, pocos en el caso de Nicaragua dada las condiciones de guerra que los destruyeron, y con sesgos en el caso de Costa Rica, debido a que las municipalidades no siempre aplican las leyes y mecanismos de conservación. Para tratar de mitigar los vacíos, se hace uso de los testimonios de viajeros, se suman relatos familiares de los que han habitado el espacio como pioneros, se adjunta elementos de arquitectura compartida, fotografías y relaciones familiares destacadas en testamentos y mortuales, para ampliar el panorama. En términos generales, para comprender el espacio de las relaciones entre estos dos poblados se debe de hacer uso de una gran variedad de fuentes que permitan, al menos, vislumbrar un poco de esa realidad, y hacer una radiografía que debe ser ampliada en un esfuerzo, ojalá compartido, por historiadores a ambos lados de la actual frontera, que puedan ampliar lo ya realizado por Rivera en la tesis para obtener el grado de Máster en Historia por la Universidad de Costa Rica, denominada: Liberia y Rivas: desarrollo de las relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas de dos pueblos de frontera. 1769-1860. De Rivera (2014). Este artículo se entrelaza con la tesis, pero amplía el abordaje del concepto de región, ya que lo analiza desde la perspectiva del cambio en la construcción y desarrollo de las relaciones entre las comunidades.

Analizar las relaciones entre las comunidades transfronterizas de Liberia y Rivas en el lapso 1769-1860, desde la óptica de los estudios regionales, es introducirse en una categoría de indagación que está polarizada en dos corrientes teóricas básicas.

La primera de ellas se representada por los que rechazan este tipo de estudios regionales, ya que consideran que los enfoques estructurales de esos espacios transfronterizos, muchas veces, se enfrentan a tiempos disímiles en su desarrollo material, definiciones limítrofes no concretas y a ordenanzas administrativas de jurisdicciones opuestas, que no permiten generar un diálogo abierto entre los espacios. Esto da como resultado trabajos inacabados, puesto que la definición de un área como región depende de la identificación de vínculos espaciales y temporales entre territorios que no se vean socavados por imposiciones administrativas opuestas (Oszlack, 1978, pp. 3-11).

En la segunda corriente hay autores como Santos (1985, pp1-5. 1997, pp.16,28), Van Young (1987, pp.16-28) y De Jong (2005, pp.11-36), que han rescatado la validez de esta categoría de análisis y la aceptan con una mirada abierta, dejando de lado los tradicionales encuadres geográfico-naturales y los político-institucionales, con la idea de recuperar la noción de espacio que enmarca a las relaciones humanas con las de la naturaleza, las cuales atienden a un sistema de correlaciones internas y externas que se modifican en cada período histórico y las hacen ricas en análisis (Vang Young, 1991, p.29).

En el caso de los poblados de Liberia y Rivas, durante el periodo de estudio, se encuentran separados por elementos administrativos, ya que Liberia (Villa de Guanacaste) pertenece en momentos diferentes a Nicoya (1769-1824) y a Costa Rica (a partir de1824), mientras que Rivas es parte de Nicaragua. Sin embargo, hay continuidad de sus relaciones producto de los vínculos familiares y culturales que se gestan, ya que es Rivas la que funda a las haciendas de campo y a la comunidad de Liberia, lo que permite que la conexión se mantenga, aunque en los años veinte del siglo XIX las élites liberianas hayan decidido aceptar unirse a Costa Rica como lo habían hecho Santa Cruz y Nicoya, en aras de proteger vida e inversión.

El concepto de “región”, como variable de análisis histórica, está en construcción, igual que lo está la compresión de los espacios latinoamericanos; sin embargo, es uno de los criterios más usados en estudios actuales para referirse a “una identidad socio histórica que en mucho no coincide con las versiones nacionales y oficiales de región, y en donde incluso su periodización puede no responder a los cánones de la historia provincial o local” (Serrano, 2007, pp.113-125). Estas premisas permiten entender el uso de esa categoría para analizar los nexos de Liberia y Rivas como una región histórica transfronteriza, con un conjunto de relaciones e intereses humanos comunes, en este caso sociales, económicos, políticos y culturales que van más allá de las limitaciones jurídicas que imponían las unidades administrativas a las que pertenecían entre 1769 y 1860.

La Pluralidad de intereses que confluyen en el espacio Liberia – Rivas, no representan dentro de los estudios regionales latinoamericanos una limitante, sino todo lo contrario, pues en el análisis de la historia regional no se puede olvidar que las interpretaciones que se realicen son, también, el resultado de la integración del conocimiento de la historia nacional y la historia local que rodea al “objeto” de estudio y que es altamente cambiante, pues se trata de una relación centro – periferia (Serrano, 2007, p.120).

Este tipo de análisis podría permitir, a futuro, trazar líneas más profundas que permitan comparar particularidades de los movimientos sociales (élites y grupos subalternos); las relaciones centro-región (Rivas, Nicaragua – Liberia, Nicoya/Costa Rica); la construcción del Estado (tanto en Nicaragua como Costa Rica); el conflicto limítrofe; los actores sociales y políticos (sus vínculos y motivos de separación); así como la estructura económica (hacienda ganadera y comercio en general), sumado a los rasgos culturales comunes entre las localidades.

Los estudios regionales, al analizar los espacios socioeconómico, político, cultural y geográfico, plantean el desafío de crear una estructura reflexiva que sume aspectos teórico-metodológicos de los estudios que se han hecho sobre regiones históricas y de fronteras en Latinoamérica, y que han concluido que la región histórica no es simplemente:

una abstracción del historiador, ni de un mero instrumento metodológico creado por éste para definir un fenómeno en particular; sino que constituye en sí misma una realidad concreta, que existe independientemente de la voluntad del investigador y precisamente éste debe desentrañar y explicar, para lo cual utiliza el concepto que refleja a una comunidad o grupo humano asentado en un espacio concreto, que ha establecido vínculos económicos, políticos, socioculturales y mentales entre sus miembros, que la caracterizan y definen como una unidad histórica (Vizcaino, 1998, pp.31,32).

El nexo entre Liberia y Rivas es concreto y se percibe en el acto fundacional del poblado de Guanacaste (Liberia), la inversión en haciendas de campo por parte de las élites rivense/granadinas, los vínculos familiares, económicos, la cultura religiosa, la migración y la designación de los funcionarios y curas. La relación entre los poblados en el periodo 1769-1860 es complementaria y, aunque separada por la incorporación de Nicoya a Costa Rica y la jura posterior de este acto por parte de la Municipalidad de Liberia, fue importante para ambas unidades.

Lo anterior es posible comprenderlo pues la historia regional no solo es una forma de conceptualizar, sino también es una unidad metodológica que permite comprende la dinámica de espacios que se consideran separados, pero que en la realidad comparten más de lo que se puede sospechar a simple vista. La historia regional, como propone Pierre Vilar (1976, pp.36-37), es susceptible a cambios tanto en sus periodos temporales como en la metodología, la técnica y la finalidad del estudio, ya que como expresa Viales (2013, p. 295), “la región es una unidad cambiante y, además, producto de la dinámica socioeconómica y a la vez integra espacios sociales y lugares vívidos con una especificidad que le otorga una estructura propia”. En el espacio de lo regional confluyen en vorágine fuerzas locales, nacionales, fronterizos y transnacionales (Viales, 2013, p.11), en este caso, se habla de un área entre Rivas y Liberia que mezclan todos esos elementos al ser las familias de la jurisdicción de Rivas las que dan forma a la comunidad de Liberia (Villa de Guanacaste) en un espacio que además representa la frontera entre Nicoya, Nicaragua y Costa Rica.

Para poder realizar un estudio de este tipo, el investigador debe rebuscar en los documentos de los Archivos Nacionales, pocos en el caso de Nicaragua dada las condiciones de guerra que los destruyeron, y con sesgos en el caso de Costa Rica, debido a que las municipalidades no siempre aplican las leyes y mecanismos de conservación. Para tratar de mitigar los vacíos, se hace uso de los testimonios de viajeros, se suman relatos familiares de los que han habitado el espacio como pioneros, se adjunta elementos de arquitectura compartida, fotografías y relaciones familiares destacadas en testamentos y mortuales, para ampliar el panorama. En términos generales, para comprender el espacio de las relaciones entre estos dos poblados se debe de hacer uso de una gran variedad de fuentes que permitan, al menos, vislumbrar un poco de esa realidad, y hacer una radiografía que debe ser ampliada en un esfuerzo, ojalá compartido, por historiadores a ambos lados de la actual frontera, que puedan ampliar lo ya realizado por Rivera en la tesis para obtener el grado de Máster en Historia por la Universidad de Costa Rica, denominada: Liberia y Rivas: desarrollo de las relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas de dos pueblos de frontera. 1769-1860. De Rivera (2014). Este artículo se entrelaza con la tesis, pero amplía el abordaje del concepto de región, ya que lo analiza desde la perspectiva del cambio en la construcción y desarrollo de las relaciones entre las comunidades.

Características del espacio de Liberia y Rivas en el marco de los estudios regionales

Pensar en las relaciones entre Liberia y Rivas como una unidad regional transfronteriza, implica desestructurar una serie de elementos entre los que destacan: límites políticos y/o naturales, dinámicas económico sociales y, constructos culturales, pues a la complejidad de los contactos e intereses humanos que confluyen en esos territorios, se deben sumar las interpretaciones de los habitantes y las directrices de los administradores locales y estatales que vivieron en el tiempo se que aborda, dando como resultado diferentes percepciones sobre el tiempo y el espacio que muchas veces no coinciden. Tal como lo plantea Santos (1997): “estudiar una región significa penetrar en un mar de relaciones, formas, funciones, organizaciones, estructuras, con sus más diversos niveles de interacción y contradicción” (p.46). Esto nos lleva a otros elementos más complejos, pues “… la región es también un lugar y la propia expresión región sirve para designar extensiones diferentes” (Santos, 1997, p.117).

Historiadores de distintas escuelas como CarloGinzburg (1994), Giovanni Levi (1999, 2003), Eric Hobsbawm (2013), Edward P. Thompson (2019), para mencionar solo algunos, basaron sus estudios de amplias regiones tratando de explicar los procesos generales a partir de la localización de personas, familias y tipos humanos. Recurriendo a ejemplos de la microhistoria italiana, Levi, quien ha sido crítico con el concepto de historia regional, ha demostrado desde la microhistoria como se pude reconstruir partes de la historia de una región basándose en restos documentales que explican las vicisitudes biográficas de pobladores del pueblo de Santena, en el Piamonte del siglo XVII, hecho que permite demostrar que un trazo puede dar pie a la comprensión de redes que permiten descubrir los entrelazados regionales (Levi, 2003, citado por Rivera, 2022, p.4).

Comprender una región como la que dibujan Liberia y Rivas se basa en describir con todas las herramientas posibles la forma de sus fronteras a través de indicadores físicos y simbólicos; en todo caso, la extensión de la región depende de su dilatación en el espacio y de la duración en el tiempo; mientras que su carácter (modelos políticos, sociales, económicos y culturales), entre algunos, está dado por los modos en que las comunidades se ordenan en el sistema. En términos generales se debe comprender que los estudios regionales no se basan en un culto al localismo, sino en el pensamiento reflexivo que integra al territorio, al paisaje, el individuo y sus interrelaciones, así como a los flujos económicos y humanos que toman un espacio y ponen en él no solo unidades de supervivencia como lo son poblados, unidades productivas, vida comunal y empleo, sino que además suman afectos y tradiciones, que dan paso a la pertenencia.

El investigador no puede quedarse en la narración lineal de hechos o actividades, en donde solo reflexione de manera teórica sobre el término “región”, Se debe siempre tomar en cuenta lo cambiante de la unidad de estudio, debido a los procesos que abarca y a que muchas veces engloba, simultáneamente, diversas unidades entre sí (Cardoso y Brignoli, 1982, p.83).

Los estudios sobre regiones como las de Liberia y Rivas se basan en hipótesis dinámicas pues su cotidianeidad se desarrolla dentro de unidades mayores que las administran, por lo que pueden ser fragmentadas como resultado de los intereses de los administradores (Marín, 2008, p.43); este es el caso, de dos localidades situadas en márgenes administrativos disímiles que, sin embargo, compartieron el modelo económico de la hacienda de campo y los flujos migratorios para dar vida a los lazos comunales, familiares y culturales, que cambian constantemente debido a ciclos económicos y políticos.

Se puede proponer a Liberia y a Rivas como sujetos de estudio dentro de la historia regional, pero a la vez el tema de la conformación de los Estados Nacionales en el siglo XIX crea nuevas unidades de análisis regionales al insertarse el Estado costarricense en Liberia a través de instituciones y directrices. Incluso, hay una región que se puede denominar Pacífico Centroamericano, en la cual se insertan Liberia y Rivas y que debe de ser revisada con mayor detenimiento para comprender el espacio, la economía, la sociedad, la política y la cultura entre otros temas (Viales, 2008).

En un periodo de estudio tan amplio como lo es 1769-1860, hay cambios significativos que varían las percepciones sobre las relaciones entre Liberia y Rivas, que incluyen la imagen del territorio y sus límites. Entre ellos están el cambio de nombre Villa de Guanacaste por el de Liberia con el objetivo de borrar su ligamen con Nicaragua. Está también, las segregaciones de territorios de Siete Cueros y La Cruz de la organización administrativa política y religiosa liberiana lo cual cambia la fisonomía geográfica del territorio, pues sus límites pasan a ser el río Tempisque al oeste y el río Tempisquito al norte, alejando en este último caso a Liberia del límite con Rivas. Además, la designación de las autoridades de Liberia desde San José implicó la presencia del Estado costarricense en la zona y con ello las familias rivenses pierden poder en el cabildo.

Sin embargo, a pesar de estos cambios las relaciones entre las localidades se mantienen durante más tiempo debido a los lazos de familias y los flujos migratorios (Rivera, 2014).

El origen de los poblados y sus relaciones entre los siglos XVIII y XIX

Las características del espacio regional que conforman las comunidades de Rivas y Liberia son un tema que es posible de abordar, incluso, en sus bases geológicas, pues el surgimiento del istmo de Rivas está unido al del espacio que hoy llamamos Guanacaste (Bergoeing, 1987, p. 70; Denyer, 2019), lo que explica que tanto Rivas como Liberia compartan elementos de clima y paisaje, y a su vez constituyan un puente natural entre las Américas.

Los estudios del periodo precolombino mencionan que los territorios de Nicoya y el istmo de Rivas se interconectaron, pues, aunque el espacio que hoy se conoce como Liberia no se fundó sobre la base de población autóctona, si era conocido por las comunidades aborígenes que habitaban Rivas, ya que 800 años después de Cristo los Chorotegas (oto-mangues), se ubicaron en el suroeste de Nicaragua, y un siglo después en Nicoya.

Esto significa que los granadinos y rivenses conocían del paraje en donde se estableció el poblado de Liberia, no solo por los viajes de los arrieros a partir del siglo XVIII, sino por los relatos de los grupos aborígenes del istmo de Rivas (Lara, 2020, p.27), que a su vez estaban relacionados con los de la Península de Nicoya. En ese sentido, la región ya estaba constituida en el imaginario de la apropiación del espacio, pues no es casual la escogencia del lugar para ubicar la ayuda de parroquia en 1769.

En el periodo colonial sobre la base de poblados indígenas rivenses, los hacendados granadinos fundan la Villa de la Purísima Concepción de Rivas, alrededor de la cual instalan sus haciendas cacaoteras (Meléndez, 1977, p.149). Desde allí, entre 1700 y 1769, logran los permisos para la creación del poblado de Guanacaste, hoy Liberia, antecediendo a ese hecho la existencia de haciendas a nombre de la élite granadina en el área que demuestran una presencia anterior de Nicaragua en la zona (Solano, 2022, pp. 8-16).

Según las investigaciones de Carlos Meléndez (1954; 1977) y Claudia Quirós (1999, pp.49-71), la descripción que se hace del espacio escogido para construir la ayuda de parroquia de San José, puntualizado como el paraje de los Centenos, en la bifurcación de caminos hacia el Valle de Bagaces y los pueblos de la península, infiere en la existencia de fundos y un reconocimiento del paisaje en su valor económico y estratégico que usó Rivas no solo para consolidar su frontera agrícola hacia el sur, sino, la de su población. Este sector social, aunque al principio se muestra huraño en hacer vida social en esa zona, termina arraigado en la vida comunal de Guanacaste, hoy Liberia, al comprometerse a mantener en 1769 una ayuda de parroquia.

El espacio colonizado por los rivenses fue, desde el primer momento, una zona de frontera, primero con Nicoya y después con Costa Rica, lo que dio a inicia a contradicciones entre estas unidades jurisdiccionales que durarían hasta la actualidad debido a lo complejo de la negociación de límites que caracterizan a América Latina (Sibaja,2006, pp.1-29).

Desde que en 1720 se funda la Villa de la Purísima Concepción de Rivas, conocida actualmente como Ciudad de Rivas, (Guerrero y Soriano, 1996, p.15) las principales familias de esa comunidad entre las que destacan: De la Cerda, Rivas, Briones y de la Peña (Quirós, 1999, pp.49-72), generaron una movilidad hacia el sur para prevenir el agotamiento de las tierras dedicadas a la ganadería y al cacao como les había pasado en Chontales, Nicaragua, (Quirós, 1999, p.52). Por lo que una vez asentados en la Villa de Rivas, sus iniciativas económicas se extienden poniendo en marcha esfuerzos dirigidos a convencer a las autoridades de la Capitanía General de Guatemala para que les venda títulos de tierra en el noreste del Corregimiento de Nicoya, con el logro de que Guatemala, en el año de 1769, les permita a rivenses y granadinos establecer cerca de sus haciendas de campo ya inscritas una ayuda de parroquia a la que le dan el nombre de poblado de Guanacaste (Quirós, 1999, p.60).

Rivas se constituye oficialmente desde el siglo XVIII hasta la segunda década del siglo XIX, en el espacio referente para la construcción histórico-política, cultural y social de lo que se conoce como Liberia, segmentando al Partido de Nicoya en dos zonas de influencia política, económica y social: una dirigida por Nicoya, que atrae al caserío de Santa Cruz y a las comunidades costeras y que mantiene un comercio abierto con Nicaragua y Costa Rica, a través de sus puertos (El Realejo en Nicaragua y Puntarenas en Costa Rica) y caminos del litoral; y otra hacia el noreste constituida por el poblado de Guanacaste y las haciendas de campo que le rodean, que hacen uso del Camino de la Costa y del Camino de Verano para comunicarse con Nicaragua y Costa Rica, manteniendo a Rivas como su foco político y social (Sibaja y Zelaya, 2015, p.36).

La vida en común entre ambas comunidades se mantiene, al parecer, sin alteración, hasta que se da la incorporación de los territorios de Nicoya y Santa Cruz a Costa Rica (1824) y se manifiesta la voluntad de Liberia en positivo respecto a ese acto (1826), (Rivera, 2014, p.105). Con ello, los elementos políticos e históricos de todas esas comunidades se redireccionan y, paulatinamente, Liberia se inserta en la vida jurídica costarricense, pues comienzan a votar en conjunto diputados, a unificar el modelo municipal y a pagar los impuestos de acuerdo con cánones costarricenses, entre otros elementos. Poco a poco las instituciones estatales de Costa Rica se hacen presente en la zona a través de la designación del cabildo y las milicias (Solano, 2022, p.12), concretándose la incorporación de todas las comunidades nicoyanas al proyecto de Estado costarricense.

Ese tipo de acciones políticas y administrativas se realizan para concretar la unidad estatal, sin embargo, en el caso de Liberia, mientras se definen los puestos políticos que durante mucho tiempo recaerán en Rodesindo de la Guardia como gobernador, las relaciones familiares, culturales y sociales mantienen a Liberia vinculada con Rivas, lo que generó dos tiempos en el espacio de la comunidad: uno, el de las instituciones políticas y administrativas que son impuestas por Costa Rica, y, otro, el de las humanas, culturales y económicas, de lazos familiares y de la mentalidad que hacen considerar a Rivas como la zona en donde se pagan promesas religiosas (Popoyoapa al Jesús del rescate y el Cristo Negro de la Misión como referencias), se visita a la parentela, se crean lazos matrimoniales, se origina mucha de la población migrante de Liberia y se avitualla el caserío, (Rivera, 2014)

Un aspecto que se deriva de los datos mencionados en el párrafo anterior, es que estos elementos demuestran la creación y desestructuración paulatinas de un espacio regional de relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas creadas por la expansión de los intereses de las élites granadinas y rivenses que indican, a la vez, el carácter poroso de las fronteras y el desarrollo de relaciones entre las personas de los municipios que permiten conjeturar con la idea de una larga duración de vínculos, aspecto que no sería exclusivo de esa zona pues estudios como los de Van Young (1991, pp.99-102) y Santos (1997, p.46), han demostrado se replica en toda América Latina.

Según las investigaciones de Carlos Meléndez (1954; 1977) y Claudia Quirós (1999, pp.49-71), la descripción que se hace del espacio escogido para construir la ayuda de parroquia de San José, puntualizado como el paraje de los Centenos, en la bifurcación de caminos hacia el Valle de Bagaces y los pueblos de la península infiere en la existencia de fundos y un reconocimiento del paisaje por el valor económico y estratégico que usó Rivas no solo para consolidar su frontera agrícola hacia el sur, sino, la de su población. Este sector social, aunque al principio se muestra huraño en hacer vida social en esa zona, termina arraigando en la vida comunal de Guanacaste, hoy Liberia, al comprometerse a mantener en 1769 una ayuda de parroquia.

La hacienda de campo y la política comunal

La vida en las haciendas ganaderas de campo se supedita a ciclos de producción que buscan extraer el máximo de ganancia a los hatos, especialmente en productos como cueros, cebos y en menor medida en utilidades agrícolas. La estructuración de las haciendas de campo en el espacio Liberia-Rivas ha sido abordada ampliamente en estudios como los de Lowell Gudmundson (1983), Wilder Sequeira (1985), Claudia Quirós (1999) y Marc Edelman (2019), en los cuales se demuestran Liberia y Rivas: desarrollo de las relaciones socioeconómicas, políticas culturales y geográficas de dos pueblos de frontera. 1769-1860 las relaciones existentes entre ambas comunidades a través de las haciendas, la política, la vida en común, el comercio, la cultura, entre otros. Las características de estas relaciones se traslapan con las de la fundación del poblado, pues la existencia de los fundos determina la creación de la comunidad de Liberia, tal y como lo demuestra el Obispo don Pedro Morel Santa Cruz y Lora, 1749-1753 (Velázquez, 2008, pp. 165-172) al comunicar en 1752 durante una de sus visitas que:

Hallándose dispersos los ladinos es conocido el riego de perdición en que sus almas se versan. La distancia que hay de sus haciendas a la parroquia es considerable. Desde de mayo hasta noviembre que por estas partes es invierno, las lluvias son tan gruesas y continuas que ni los caminos pueden traficarse ni vadearse los ríos. Llega el caso de que ni los feligreses aun en el mayor aprieto, pueden acudir a su cura, ni este a socorrerlos… Para remediar tanto daño, propuse al presidente, lo preciso que se hacía levantar una iglesia en el paraje más cómodo que por el alcalde mayor y el vicario se eligiese en el que se congregase a todos los ladinos a formar sus casas y a ser administrados por el cura que les nombrase… he prometido volver a la provincia, puesto el lugar, hacer tirar las primeras líneas de su fundación (Fernández, 1975, p.443).

El Obispo Morel de Santa Cruz se constituye una fuente de consulta importante para los investigadores, pues desde la óptica del administrador eclesiástico se puede recorrer las condiciones que imperaban en el momento de sus visitas, ya que sus documentos describen a profundidad la geografía, la historia, y la estadística, de las zonas que recorría.

La visión de Morel sobre la forma en que se da el desarrollo de la vida en el poblado, al momento de su visita, y la situación de los habitantes del espacio que hoy se conoce como Liberia, es un tema que ha cobrado importancia en los últimos años. Ejemplo de esto es el trabajo de Édgar Solano (2022) “Liberia en los siglos XVIII y XIX. Historia de la Ciudad Blanca”, en donde como hipótesis central propone que la constitución de Liberia es el resultado natural de los contactos que se daban entre los pueblos y caseríos de Cañas, Bagaces, Rivas y Granada, dado que el espacio entre esas comunidades nunca estuvo vacío, sino que la vida en las haciendas fue más activa de lo que permiten ver las fuentes documentales, y que la fundación de la parroquia es el resultado natural de contacto que generaban las élites ganaderas, demostrado a través del Padrón de las Haciendas Cacaotera y de los Hatos Existentes en la Jurisdicción de Rivas: 1751 y el de Propietarios de Haciendas de Campo de Nicoya pero vecinos de Rivas: 1751, elaborados por Claudia Quirós con base en AGI, Guatemala N.º 593, f.2v, 1751, una de las rutas de análisis que podría demostrar ese hecho (Quirós, 1999, pp.59-63).

El interés de la comunidad de Rivas al fundar el poblado fue llevar su influencia socioeconómica y política hacia la región de Nicoya, en un empuje regionalista de sus élites, la cuales construyen, en el caso de Liberia, una estructura socioeconómica y administrativa que, al sumarse a lazos familiares, perduran y son invocados por Liberia para no firmar el acta de incorporación del Partido de Nicoya a Costa Rica (Rivera, 2014, p.168), hasta que la inestabilidad que imperaba en Nicaragua hizo imposible mantener esa posición. Esto termina por convencer a los habitantes de Liberia de jurar la incorporación las veces que fuera necesaria con la finalidad de mantener la protección que brindaba Costa Rica a todos los que escapaban de la persecución de los diferentes bandos que se disputaban el poder político en Nicaragua (Rivera, 2014, p.171) y de unificar el pago de impuestos en una sola jurisdicción.

Entre los años 1830 y 1858, a pesar de los conflictos que se generan entre Costa Rica y Nicaragua debido a la incorporación de Nicoya a Costa Rica (1854), a la presencia filibustera (1855-1857) y a la definición de límites (1858 Tratado Cañas-Jerez), la relación entre las comunidades de Liberia y Rivas se mantienen activas en lo económico y familiar.

Para Liberia sigue siendo más factible avituallarse en los mercados de Rivas que en los del Valle Central de Costa Rica debido a la lejanía de éstos y, a que los caminos no estaban siempre en las mejores condiciones. Así mismo, las rutas comerciales entre Nicaragua y Costa Rica continúan colocando a Liberia en su recorrido, lo que permite que el flujo de personas y bienes continúen más allá de las delimitaciones administrativas de los Estados y Rivas siga siendo el lugar de más fácil acceso a proveedores para los liberianos.

Costa Rica entre 1824 y 1860 logra alianzas con las élites de Liberia y encuentra en Rudesindo de la Guardia la figura que necesitaba para mantener el orden y la paz en la comunidad, en un periodo de desestabilización en Nicaragua que generó el flujo constante de desplazados de guerra. Con ello la población de Liberia aumenta en detrimento de la de Rivas, pero implica que entre los migrantes llegan personas de los bandos Liberales y Conservadores que debían ser convencidos de no entrar en conflicto en Liberia e insertados en la vida cotidiana de la comunidad. Esto lo logra de la Guardia al obligarlos a entregar las armas y, de ser necesario, seguir camino hacia el centro de Costa Rica, pero también al comprometer a familiares y amigos a firmar garantías de buen comportamiento por los recién llegados. La administración de Rudesindo de la Guardia como gobernador designado por el Estado costarricense fue exitosa, y en alianza con la comunidad logró la pacificación del poblado y una gerencia administrativa notable (Rivera, 2014, p.171), que atacó a la violencia, pero no así a los lazos familiares y culturales de las personas, sino que los usó para mantener en orden al poblado.

Junto con las relaciones familiares, las afectivas y los flujos migratorios, el proceso económico complementa la visión de la región que se crea entre las comunidades de Rivas y Liberia, y hace factible su análisis a través del tema de la ganadería, ya que son las adquisiciones de tierras en la jurisdicción de Nicoya, por parte de las élites granadinas y rivenses, las que permiten refrendar el compromiso de construcción del poblado, allí en donde las haciendas ganaderas de campo se establecen con antelación al mismo cuadrante municipal. Aun así, faltan más investigaciones, sobre todo desde Nicaragua, que permitan completar el esquema que historiadores costarricenses han producido a partir de las fuentes primarias entre las que destacan los esfuerzos de Meléndez (1977), Sequeira (1985), Edelman (2019) y Quirós (1999), entre otros.

Las conexiones económicas y políticas se establecen entre Liberia y Rivas desde el momento en que las familias Lacayo de Briones, De la Vega, Chamorro y Argüello, primeras en establecerse en Granada, Chontales y Rivas, compran tierras en el noroeste de Nicoya. A este grupo se le unen las familias De la Cerda, que emparentan con los Lacayo y Arguello constituyendo así el primer nodo poderoso que influencia a la zona del Guanacaste, hoy Liberia y de la que desciende gran parte de los actuales habitantes (Quirós, 1999, p. 53, 60).

Claudia Quirós (1999, p.60), demuestra como los dueños de los principales fundos en Rivas, Lic. Melchor de la Cerda, Cap. Juan Antonio Santos de San Pedro- de la Cerda, Lorenzo de la Pena, Tomás de Granja, Clemente Guevara de la Cerda, José de Rivas, Bernardino Gómez, Mauricio Orozco, Juan Francisco Aguilar, para 1751, ya tenían presencia económica en la zona donde poco tiempo después se fundaría Liberia; y que en estas haciendas la vida social era escaza o nula pues los dueños eran ausentistas, lo cual hace que la comunidad de Rivas siguiera siendo el centro en donde se desarrollaban actividades como enlaces matrimoniales, la vida religiosa y, por supuesto, la económica, que implicaba el mercado y el pago de impuestos, mientras que en las haciendas se realizaba la vida laboral y la cotidiana (A.N.C.R.1800. Sección Histórica- Complementaria Colonial N.1396).

Ejemplo de esta aseveración es que desde 1731 esas mismas familias en las figuras de Juan y Álvaro de la Cerda, Juan Guevara de la Cerda, Sebastián de Ortega y la Iglesia de Rivas, realizaron denuncias en el sector medio del curso del Tempisque, Rincón de la Vieja, El Salto, cerca de los linderos del río Sapoá y en el volcán Orosí (Quirós, 1999, p.61), dejando sus posesiones en manos de administradores que poco o nada visitaban la ayuda de parroquia de San José de Guanacaste. Además, entre 1824 y 1826 los hacendados de la zona de Liberia debaten acerca del pago de impuestos en Costa Rica, siendo ellos habitantes de Rivas, Nicaragua, finiquitándose el debate cuando en1826 los liberianos juran la incorporación a Costa Rica.

Pero no solo personas con capital consolidado se mudaron hacia la zona de Liberia, sino que algunos lograron ascender en la escala social, en el rol de pioneros en redituar la inversión hasta colocarse en el grupo de poder que la administraba, como es el caso del rivense Feliciano Padilla, el cual logró, hacia finales del siglo XVIII, aumentar sus tierras gracias al comercio de ganado y la producción de algodón y maíz, que lo ayudaron a posicionarse como capitán de milicias (AGI, Guatemala N.º 593, f.2v, 1751). Otros apellidos como De la Oliva, Rodríguez, Ponce y Bonilla se instalan en el constructo que representaron las haciendas de campo del noroeste y noreste del Valle del Tempisque, conformando así un espacio regional de desarrollo sociopolítico que crece conforme aumenta el desarrollo de los poblados y la importancia de los hatos en la zona de Liberia y su área de influencia hacia el oeste y el sur de Nicoya.

Con las haciendas llegaron también los pobladores, descendientes de los hacendados y de los trabajadores de esas unidades productivas los cuales se trasladaron al noreste del Valle del Tempisque en búsqueda de mejorar sus posibilidades económicas y con ello la subsistencia. El flujo de población que perdió Nicaragua con la fundación de las haciendas de campo, del poblado y como resultado de la inestabilidad del país a partir de 1821, dejaba sin trabajadores al latifundio de esa jurisdicción y sin población a muchos lugares de Granada y Rivas. Incluso León denuncia sobre el perjuicio de que los naturales salgan a residir en las haciendas y pide se devuelvan a sus respectivos poblados (A.N.C.R., 1801, Sección Histórica, Serie Cartago, N.1091), lo cual no sucede, y más bien se establecen como residentes permanentes de Liberia, (Rivera, 2014).

Entre 1773 y 1821, otras familias se encuentran afincadas en los alrededores de la Ayuda de Parroquia de Guanacaste y los apellidos rivenses: Martínez, Rodríguez, Rivera, Ramos, López, Cascante, Ruiz, Pastrana, Chavarría, Santos, Gómez, Ollanarte, Bellido, De la Cruz Mairena, y Romero, se asientan en la zona como administradores de haciendas conformando un grupo subalterno, sirviendo a las familias Vargas, Cepeda, Evan, Argueta, Sánchez, Morales, Cuendes, Muñoz, De la Cerda, Santos, Hurtado, Sandoval, Salvatierra, Rivera y Orozco, estos últimos apellidos se repiten en los archivos del Cabildo como presidentes, escribanos o militares, así como los: Albenda, Leiva, Coronado, Gamero, Villar, Delgado, Hidalgo, Carrillo, Ladrero, Delgado, Pérez, Álvarez, Gutiérrez, Briceño, todos ellos originarios de Rivas y Granada. (A.N.C.R., 1810, Complementario Colonial, N.2152. A.N.C.R. 1773-1821, Protocolos de Guanacaste).

Hasta 1824, algunos miembros de familias rivenses con posesiones en la jurisdicción de Liberia tuvieron puesto de representación en el cabildo, entre los designados estaban: Manuel y Lucas Rivas (sic), Manuel Días Ladrero, Jacinto Alvarado, Roberto Hurtado, Pedro Martín Rivas, Sebastián Abarca, Roberto Belmonte, Félix y Eustaquio Arburola, Benito Lardiabal, Agustín Gutiérrez, Pedro y José Antonio Muñoz, Francisco Bolaños y Sebastián Días (A.N.C.R., 1816, Sección Histórica Guatemala, N.1076). Asimismo, estas personas junto con algunos de sus trabajadores más cercanos se encargaban de las milicias, arreglos de caminos y cuanta manda fuera expedida por las autoridades de Rivas o Granada, aunque su vida estuviera ligada a las haciendas, más que al cuadrante del poblado.

Aun con el proceso de incorporación jurada por los liberianos, los funcionarios del cabildo debieron convencer a las autoridades costarricenses, en 1827, de enviar a la comunidad los machotes municipales que se usarían en los actos del cabildo, pues los de Rivas se mantuvieron en uso hasta que Costa Rica respondió al pedido, aspecto que volvió más lenta la homologación de la documentación y, con ello, la legalidad de los acuerdos tomados, aunque pareciera que a Costa Rica no le preocupaba mucho esa situación (Rivera, 2014).

En síntesis, la fundación del poblado de Liberia en el siglo XVIII, en el territorio de Nicoya, implicó relaciones entre vecindarios de frontera debido a la proyección de la influencia de las élites ganaderas y cacaoteras de Granada y Rivas, así como los flujos migratorios que sustentaron esa iniciativa, pero también da como resultado tensiones entre unidades administrativas disímiles (Murillo, 1986, pp.45-58), como lo fueron las de Nicoya y Nicaragua, para pasar después a ser entre Costa Rica y Nicaragua, por la definición de límites terrestres, fluviales y marítimos, reclamos sobre las tierras y los impuestos y demás demandas que se dieron a pesar de la firma del tratado Cañas- Jerez en 1858, el Laudo Cleveland en 1888 y otras negociaciones

Las pugnas entre los entes gubernativos en el siglo XIX se dan en defensa de los recursos que representan la población, la posición geoestratégica y las unidades productivas del Partido de Nicoya, pero sobre todo por elementos de soberanía en los territorios en disputa. Tanto Costa Rica como Nicaragua, discuten, entre otros temas, acerca de la Alcaldía de Nicoya, de la legalidad del acto de anexión, de la localidad de Liberia y las haciendas que la circundan en particular (Rivera, 2014, p.150), con la claridad de que estos últimos son territorios valiosos económicamente, pero también una zona compleja y aun desconocida, separada de los centros de poder por ríos, bosques y periodos de lluvias que hacían imposible la comunicación directa, pues las redes de caminos desaparecían con las llenas.

Sin embargo, aunque las relaciones que se dan entre Rivas y Liberia en el marco de una zona transfronteriza sean posibles de ubicar y convertir en unidades de análisis para los historiadores que se interesan por lo regional, es importante mencionar que hay limitantes reales que crean sesgos y silencios. Muchas de las fuentes que podrían ayudar a aclarar el tema han desaparecido debido a guerras y desastres naturales como es el caso de Nicaragua, o bien a fallos en su manejo, como sucede con los pliegos de la municipalidad de Liberia, por lo que aun falta mucho trabajo de reconstrucción por hacer.

La vida religiosa y la relación entre poblados

Para 1810, se define a Liberia como un Curato de más de cien feligreses, y con ello se logra que en 1817 Rivas nombre dos alcaldes, uno para causas civiles y otro para causas criminales (A.N.C.R., 1817, Sección Histórica, Serie Guatemala, N.1076). Este hecho demuestra que hay relaciones comunes que entrelazan a ambas comunidades en lo administrativo y lo eclesiástico. La designación como autoridad recaerá en personas que, siendo originarias de Rivas o Granada, mantendrán a los territorios unidos en la toma de decisiones trascendentes, mientras que el curato dependerá de la disposición inicial del obispado de León.

La vida doctrinal de Liberia, en un principio, solo se manifiesta por medio de un oratorio que no tenía santo tutelar ni presencia de cura, así hasta el compromiso por escrito de 1769, el cual obligaba a los poseedores de tierras a sustentar al sacerdote, de lo que se pasó a llamar Ayuda de Parroquia de San José de Guanacaste (A.N.C.R. 1778. Complementario Colonial. N.3741). En el año de 1790 se cambia el patronazgo y pasa a ser la advocación de la Inmaculada Concepción de María la que ampara a la iglesia del poblado de Guanacaste hasta hoy, compartiéndose la devoción con Granada y Nicaragua en general (Fernández, 1975, p.50, 222). Este hecho unifica las fiestas religiosas con las nicaragüenses, en la fecha del 8 de diciembre, así como el sistema de diezmos, primicias y ofrendas que es controlado por el obispado nicaragüense que desde León nombra a los sacerdotes de Liberia hasta que en la década de 1850 es designado un Obispo para Costa Rica que trata implementar en la zona. Rudensindo Guardia informa en una nota al gobierno de Costa Rica que:

a una legua de distancia del centro [Liberia], existe una ermita privada sin licencia eclesiástica, ni ninguna otra formalidad dedicada al Señor de la Agonía de la ciudad de Rivas, bajo cuya devoción colectan limosnas de toda especie… las cuales son conducidas a aquella ciudad. (A.N.C.R., Culto, 1851, N.47. Mayo12)

Junto a la ermita de la Agonía, la festividad religiosa de la Inmaculada Concepción de María también demuestra el ligamen entre Rivas y Liberia, pues se mantiene hasta el día de hoy a pesar de la independencia eclesiástica de Costa Rica. La expresión de la religiosidad como vehículo de reconocimiento de elementos comunes entre pueblos es válido como objeto de estudio pues permite conocer cómo se rigen la vida social y familiar de las comunidades que participan en esos eventos, pues quien dice religiosidad popular hace referencia a una cultura popular (Salles, 1995, p.27) Los discursos religiosos no están aislados de la vida comunitaria y suman características a la estructura del orden social, pues delimitan desde los púlpitos de los siglos XVIII y XIX las actividades de los segmentos comunitarios, determinando los nombres de los mayordomos de fiesta y el aporte de cada familia al desarrollo del evento, por lo que la religión asume el rol de estructurar el orden y sentido social comunitario.

La región, los límites y la frontera

Para el desarrollo de temas sobre la anexión y problemas limítrofes en el periodo colonial, el federal y el republicano, los trabajos de Sibaja y Zelaya (2015) para Costa Rica, así como los de Esgueva (2007) en Nicaragua, permiten apreciar la historia de los límites propuestos, y la amplitud de la frontera que circunda los amojonamientos, siendo esta zona más vasta que el espacio jurisdiccional acordado por los Estados.

Gracias a los documentos de estos autores es factible comprender la facilidad del viaje entre ambas jurisdicciones para los habitantes del periodo, dado lo amplio del espacio y la poca vigilancia que destacan las garitas de control. En ese sentido, es la obligatoriedad del uso de los caminos carreteros lo que permite el control del territorio, pero para pequeños grupos a caballo o a pie era fácil burlar a los inspectores y quizás con ayuda de éstos mantener un flujo de comunicación y comercio no declarado constante entre Liberia y Rivas. Esto queda demostrado en la invasión de Quijano de 1836, cuando el líder de la conjura que intentaba la reintegración del territorio a Nicaragua fue repelido en una zona muy cercana al poblado de Liberia (Fernández, 2007 y Rivera, 2014).

Quizás el punto de mayor control de los caminos conocidos y oficiales se dio durante el periodo de la guerra centroamericana contra los filibusteros, (1855-1857), pues el gobierno de Costa Rica desde 1850 fortalecía la vigilancia de las vías entre Liberia y Rivas, dada la tensión con el gobierno conservador nicaragüense de Frutos Chamorro que reclama un pago por los territorios de Guanacaste (Rivera, 2014). En medio de la tirantez de los hechos descritos anteriormente, las familias de Liberia y Rivas mantuvieron sus relaciones y comunicaciones permitiendo que la información, el comercio y los flujos humanos estuvieran activos y la frontera abierta (Rivera, 2014). El análisis a profundidad del territorio en el que discurren las relaciones entre Liberia y Rivas permite observar una región histórica que se manifiesta no marginal a los sucesos que discurren en sus Estados y en la región centroamericana, dejando abiertas muchas aristas que aún deben de ser abordadas.

Los recursos con que cuenta la región Rivas-Liberia y que durante el periodo de 1769 a 1826 fueron administrados abiertamente por Rivas, muestra como el espacio es transformado en unidades productivas, que, dirigidas a actividades de mercado, dinamizan no solo a la economía de ambas comunidades, sino que generan grupos de poder, elementos demográficos y con ello procesos identitarios que se manifiestan por medio de la cultura basada en los trabajos de la hacienda ganadera, la familia y los vínculos de amistad. A partir de 1826, las comunidades separadas por la jura a la integración de Costa Rica que hace Liberia, producto de la inestabilidad política de Nicaragua, se incluyen en los esfuerzos que hacen sus Estados en encontrar un modelo de desarrollo económico asociado a una directriz política interna exitosa que les permitiera insertarse en el mercado mundial, lo cual se logra en Costa Rica, mientras que Nicaragua se ve atrapada por una vorágine de violencia. Aun así, los flujos migratorios y comerciales entre ambas localidades se mantienen activos, y con ello un contacto que permite percibir los elementos de la región aun latentes, pues los lazos familiares y económicos siguen dándose al margen de lo que está pasando dentro o fuera de los Estados.

Rivas, al fundar a Liberia, desdibuja el límite entre Nicoya y Nicaragua, y así deja a la vista una frontera con un trasiego cultural y familiar dinámico alimentado por la economía que las origina, pues la hacienda, más que el poblado, fue la razón de ser de las relaciones entre espacios. La hacienda ganadera de campo interconecta a las personas y a la geografía a través de la compra y venta de fundos y ganado, al nombramiento de autoridades municipales y religiosas entre los hacendados, e incluso es el motivo de lazos matrimoniales.

Esto lleva a plantear dos visiones de análisis acerca del grado de contacto y alejamiento que pudo darse entre Rivas y Liberia, en una región que se ha definido como de tipo transfronterizo:

La perspectiva de las relaciones de ambas localidades, como una respuesta a necesidades específicas, de carácter socioeconómico en un tiempo y espacio determinado que lleva a la fundación de Liberia y a la consolidación del modelo de haciendas de campo en manos de las élites rivenses y granadinas (1769-1826).

La visión del distanciamiento político gradual entre ambas comunidades (1826-1860) como respuesta a las condiciones disímiles en el proceso de formación de los Estados de Nicaragua y Costa Rica, sobre todo después de 1830, cuando se va consolidando la presencia del Estado costarricense en Guanacaste y el modelo socioeconómico cafetalero se establece exitosamente en el Valle Central. Mientras Nicaragua no logra terminar con los enfrentamientos internos dando como resultado que no se gestara un proyecto de Estado Nacional que le permitiera estabilidad y por ende se consolida la pérdida jurídica de Nicoya y con ello de Liberia, sin que eso signifique que las personas no siguieran reconociéndose como familia.

Lo anterior permite inferir que la región que crearon Liberia y Rivas por medio de sus relaciones familiares, económicas, políticas y culturales nunca fue pasiva a los designios de las jurisdicciones a las que pertenecían, por lo que no se enmarca en las definiciones de algunos estudios clásicos que consideran a las fronteras regiones por civilizar, con el objetivo de ser insertadas y unificar al Estado-Nación (Cayton y Teute, 1998, p.327, 358 y García, 2003, pp.71-73, 79).

Gracias a los estudios regionales se han revalorizado los flujos de contacto en esas zonas (Boza, 2004, p.36-44), por lo que se ha descubierto una vida cotidiana, política, económica, cultural y familiar compleja. En el caso de Liberia y Rivas, el estudio de las fuentes demuestra movimientos constantes entre ambas localidades, expandiendo las relaciones más allá de sus jurisdicciones y el tiempo que delimitó la incorporación del Cabildo de Nicoya a Costa Rica.

En ese contexto, la frontera deja de ser considerada como una línea que separa realidades disímiles y da paso a analizarla como un espacio – región, en donde interactúan no solo múltiples grupos sociales y modelos económicos, sino las visiones de mundo de los Estados. La frontera dejó de ser periferia y pasó a ser parte del engranaje sociohistórico unas veces unidas al centro por intereses comunes y otras en total enfrentamiento con sus pares del interior (Ratto, 2011, 105-120), debido a la presencia de grupos fuera de ley, como pueden ser disidentes contrabandistas o ladrones de ganado.

Los “estudios de fronteras” a partir de los años noventa del siglo pasado, han logrado definir a los poblados situados en espacios fronterizos como áreas altamente dinámicas en sus características culturales, sociales, económicas y políticas (Barraza, 2004, p.3), debido a la creación de nexos sociales, la percepción sobre la autoridad y su legitimidad, funciones y poderes, entre muchos otros temas.

Para realizar un trabajo profundo sobre la región de frontera que conforman el espacios creado por Liberia y Rivas se debe de reflexionar ampliamente en sus características cambiantes con el objetivo de evitar caer como dice Cairo (2008, p.164) en,“ una de las fuentes de error más frecuentes en los estudios, [que intentan] comparar hechos que suceden en diferentes Estados”, sin tomar en cuenta de que esas organizaciones tienen formas e intensidades diferentes de manejar procesos económicos, sociales, políticos, militares, religiosos y culturales.

No tener presente esta advertencia, puede provocar visiones reduccionistas que no toman en cuenta la diversidad de enfoques que puede existir a la hora de enfrentar los procesos de interconexión, que implican la apropiación del espacio tanto en lo público (administración jurisdiccional) como en lo privado (fundos y poblados) (Cairo, 2008, p.169).

Según Renard (1992, pp.167-184), se debe tener siempre presente que el investigador se encuentra ante dos tipos de fronteras:

Las fronteras lineales formadas por los límites de los territorios nacionales o las discontinuidades internas de los Estados, y los espacios fronterizos, que se forman en el proceso de conquista y de integración del territorio, donde el crecimiento, las estructuras y los comportamientos de la población pueden ser particulares, pues representan dos o más concepciones diferentes de organización, la de los Estados y las de las poblaciones cercanas o parte de ellas.

En el caso del espacio transfronterizo que abarca este documento, los habitantes de los poblados de Liberia y Rivas, entre 1769 y 1860, mantuvieron un uso discrecional del territorio, más allá de la demarcación oficial dada por la Corona o por las organizaciones políticas postcoloniales, lo cual se manifiesta en los lazos familiares y el comercio.

El papel de las élites locales para darle sustento a la formación de esa región, es importante, pues sin su participación y las de las gubernamentales no habría control interno (Oszlak, 1978), es decir, la unidad administrativa, aunque separada por la distancia, se reconoce debido a que las personas que manejan los puestos de poder en Liberia generalmente tienen familias en Rivas, al menos hasta el nombramiento de Rudesindo Guardia por parte de Costa Rica, el cual se encarga de promover e imponer el acercamiento de Liberia con Costa Rica después de1824.

Mientras para Nicaragua el espacio que representa Liberia no es desconocido, pues la administración de ese poblado fue cercana a los intereses de Granada entre los siglos XVIII y XIX, a Costa Rica le hacía falta trazar un proyecto en común con esa comunidad, lo cual fue logrado poco a poco conforme los conflictos en Nicaragua aumentaban y se daba el fallo de la Federación, (Pérez, 2005, p224), lo que dio como resultado el debate entre ambas Repúblicas por esa zona, mientras que los flujos migratorios se mantenían abiertos aun en un periodo de inestabilidad, como lo es el de 1821 a 1860.

En el caso de Nicaragua, Rivas no pudo plantear una estrategia para mantener el acercamiento con Liberia, una vez jurada la anexión por esa dependencia, ya que debió hacer frente a luchas internas que consumieron presupuestos y fuerzas, mientras Nicaragua usaba esfuerzos diplomáticos y a la amenaza militar no concretada contra Costa Rica.

Sin importar a quien correspondiera el territorio y mientras ese tema se discutía a través de misivas y legaciones entre Costa Rica y Nicaragua, las comunidades en la figura de sus grupos subalternos continuaban en comunicación, se generaron redes de cooperación que buscaban proteger familias y fundos de los embates de la guerra.

Costa Rica, en ese periodo, hizo uso de criterios de prosperidad y seguridad para mantener convencidas a las clases políticas y populares de todo Nicoya de la pertinencia de su proyecto, apoyándose en una red de familias afines socioeconómicamente liderados por Rudesindo de la Guardia. Nicaragua, mientras tanto, invocaba derechos coloniales, lazos de familia, comercio e inversión económica para sostener su influencia, sobre todo, en el noreste, territorio que correspondía a Liberia.

Costa Rica desde 1826, como parte de sus discursos presidenciales, proponía a sus habitantes el que, a pesar de los levantamientos,” la seguridad pública ha sido resuelta (Mora, 1826), y los subalternos obedecen la ley y le dan ejecución” (Mora, 1827) aunque no hubiese un reglamento unificado para el “interior” que rigiera la vida municipal. La seguridad pública e individual se mantiene como norte del discurso costarricense, lo cual queda claro en el hecho de que el “Partido de Nicoya desde su incorporación al Estado se conserva quieto y pacífico” (1828), pues, “es verdad que en el estado presente de tranquilidad y buen orden no demanda fuerza física del gobierno, para su apoyo pues lo sostiene la opinión y la voluntad de los Pueblos”. (Mora, 1828)

Desde el punto de vista del Poder Ejecutivo costarricense (Carrillo, 1837), la incapacidad de vigilar todo el espacio de frontera que representa la zona de influencia de Liberia da cabida a que algunos quisieran acabar con la “estabilidad” que se ostentaba en el discurso político, como lo fue el caso de Quijano, que se mencionó en páginas anteriores, pero la idea de prosperidad económica y respeto a la propiedad privada y la vida en Costa Rica fueron eficaces para convencer a los liberianos de mantener la unión, mientras los contactos familiares y económicos con Rivas se mantenían.

Los lazos con Costa Rica, por parte de las élites liberianas, se muestran estables cuando en 1850 la situación se invierte, pues desde Liberia hay un grupo de personas que se organizan para ir a luchar en contra del gobierno de Rivas, con el objetivo de proteger los intereses de los familiares que habitan esa localidad, siendo las autoridades responsables de Liberia, las que acuden prontas a evitar que el hecho comprometa la estabilidad costarricense, dando visos de que la integración del territorio había madurado (Mora, 1850).

La lectura que perciben los miembros de la comunidad de Liberia, acerca del gobierno de Costa Rica, es la de un ente que busca:

delimitar el territorio bajo su control, es decir, definir sus fronteras en relación con sus vecinos y frente a poderes extra regionales; construir un “aparato” de Estado capaz de recaudar impuestos, sostener un ejército y proveer servicios a la economía y a la sociedad; darle un fundamento legítimo a su autoridad por medio de la creación de mecanismos de inserción y subordinación política del conjunto de la población (Acuña, 2014, p.9).

Todo lo anterior sustentado en un proyecto económico que dependía de la producción y exportación de café, pero que además abría posibilidades de mercado para la industria ganadera de los hacendados que habitaban la frontera.

Aunque Costa Rica padecía también de luchas internas, la alteración del orden político no limitó los avances de centralización política, pues los grupos de poder mantenían como interés común la supervivencia del estatus quo económico y social.

Definir correctamente el espacio de frontera y apropiárselo por medio de la presencia institucional, a cambio de paz, estabilidad, inversión y apertura económica fue la campaña exitosa a la que apostó la élite económica costarricense, con ello se logró que, al delimitar oficialmente el espacio de frontera en la zona de Liberia, se creara un sentido de pertenencia y seguridad.

En el caso e intereses de Nicaragua, la situación es diferente, pues vivir en un periodo de anarquía entre 1831 y 1857, alimentado por las luchas de poder entre Granada y León, la presencia de intereses de las potencias sobre el territorio marítimo y lacustre, disputas con otros Estados y falta de un proyecto económico estable, hizo que todo intento de centralización y de ordenamiento económico y político finalizara en conjuras y levantamientos (Kinloch, 1999), los cuales impidieron que su presencia en territorios de Liberia se estableciera con fuerza.

Granada y León funcionaban como dos economías separadas y en competencia mientras que en Costa Rica se centralizaba sobre San José [...] Existe un amplio acuerdo entre los especialistas en el sentido de reconocer que fue solamente tras el fin de la guerra contra los filibusteros cuando ocurrió el primer proceso de centralización política en Nicaragua, es decir, cuando se inició la formación del Estado (Acuña, 2014, p. 14).

Nicaragua se insertaba en un círculo vicioso de anarquía, que comprometió cualquier intento por demostrar su fuerza en las comunidades de Nicoya, no pudiendo aprovechar el apoyo inicial de la Villa de Guanacaste a su proyecto.

Centralización política, tabaco, aguardiente, café, un engranaje militar y la emancipación eclesiástica favorecen el proyecto gubernativo costarricense, no solo en el centro sino en la periferia representada, en este caso, por Liberia, todo lo contrario de lo que sucedía en Nicaragua, quien terminado el trance de la presencia filibustera y a pesar de declarar un estado de tranquilidad a partir de 1860, se involucra en el conflicto de recuperar su presencia en el territorio caribe, en una lucha abierta en contra de los zambos mosquitos e Inglaterra (Álvarez, Vega y Alemán, 1944, p.22).

Conclusión

En la región transfronteriza que conformaron Liberia y Rivas las relaciones se mantuvieron a pesar de la incorporación de Nicoya a Costa Rica, y de un límite que separa a unidades administrativas diferentes. El espacio fue de encuentro e intercambio y, poco a poco, se va separando conforme la demarcación política se instaura y madura en Costa Rica mientras que Nicaragua cae en problemas militares constantes.

Sin embargo, la rigidez que implica una delimitación oficial de fronteras no se percibió como una restricción a la movilidad y frecuencia de los contactos familiares y comerciales, manteniendo una porosidad marginal a los lineamientos oficiales.

Se concluye, entonces, que el espacio entre las poblaciones de Liberia y Rivas conformó una región de contacto dinámica y no pasiva, entre 1769 y 1860, en donde sus habitantes debieron de enfrentar una separación provocada por la Anexión y la oposición por parte de la comunidad de Liberia en dejarse arrastrar a la lucha interna de Nicaragua, mientras Costa Rica logra concretar un proyecto socioeconómico y político con mayor estabilidad.

La región transfronteriza que conformaron Rivas y Liberia no puede ser abordada como un elemento marginal supeditado a temas de frontera o de haciendas, se debe tomar en cuenta lo cotidiano, los lazos de familia y la cultura que se manifiesta en un área que en lo geológico y en lo histórico ha estado ligada desde sus inicios por lo que se está ante una región que merece estudios a profundidad.

Rivas funda a Liberia en el noreste de Nicoya, y complementa en ese espacio las necesidades económicas que habían sido disminuidas al agotarse las fronteras agrícolas cercanas a su jurisdicción, pero además inserta en el territorio adquirido a familias que crean lazos entre ellas y pueblan y constituyen la base de las relaciones políticas, sociales, matrimoniales y culturales de una región que es funcional hasta que los proyectos de conformación de Estados, tanto de Costa Rica como de Nicaragua, los separan. Liberia debe decidir entre caer en la guerra civil desatada en Nicaragua por la pugna entre León y Rivas o aceptar la opción de protección que brinda Costa Rica, tanto en lo económico como en lo humano, pues consentir la integración implica dibujar un límite que la separa de Rivas, pero que protege a los que huían de las guerras en ese Estado y a las posesiones de los que habitaban su jurisdicción.

La frontera que representan Rivas y Liberia en el periodo de estudio es porosa, pero eso no implica una limitante, y más bien, es parte de la riqueza de un tema que se enmarca en la metodología de los estudios regionales, pues esa relación entre poblados construyó identidad a través del contacto económico, familiar, político y cultural, lo que permite identificar los tiempos e incluso los espacios en los que se desarrollaron esos contactos y contrastarlos entre sí y sus respectivos Estados.

Aun faltan muchos elementos más por analizar, pero se ha empezado a dibujar aristas que pueden alimentar estudios a profundidad y permitir a otros investigadores trabajar análisis regionales desde las fronteras políticas actuales, con el objetivo de aprender cuáles son sus características evolutivas, al redireccionar el enfoque hacia los cambios y continuidades de las comunidades, recordando que “a través de la historia regional descubrimos también que todos tenemos historia, que podemos reconstruir la historia de aquellas villas, personas, comunidades o sociedades que nunca la han tenido” (Molina, 2006, 155).

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