Dossier: Lectores y Lecturas del siglo XIX Latinoamericano
El “pensamiento viril”: diálogos entre la ciencia y el género en El Álbum de la Mujer
"Virile Thought": Dialogues Between Science and Gender in El Álbum de la Mujer
O "pensamento viril": diálogos entre ciência e género em El Álbum de la Mujer
El “pensamiento viril”: diálogos entre la ciencia y el género en El Álbum de la Mujer
Cuadernos de Literatura, vol. XX, núm. 39, pp. 131-147, 2016
Pontificia Universidad Javeriana

Recepción: 01 Abril 2015
Aprobación: 14 Mayo 2015
Resumen: El Álbum de la Mujer (1883-1890), una de las revistas literarias destinadas al público- lector femenino en México durante el siglo XIX tardío, ofrece una visión particular en cuanto al rol de la mujer de clase media en la sociedad. Entre las varias características que distinguen esta publicación de otras de la época —la dueña y directora extranjera, la inclusión de las perspectivas hispana e hispanoamericana y de grandes obras y autores literarios—, la que sirve como enfoque de la presente investigación es el mercadeo del discurso científico a las mujeres decimonónicas. Una investigación detenida de la revista revela que la ciencia, lejos de sostener una única visión coherente en cuanto al lugar de la mujer en la sociedad, funcionaba como un espacio de negociación en el que coincidieron varias perspectivas inesperadas, tanto tradicionales como más resistentes y nuevas.
Palabras clave: mujer, discurso científico, mercadeo, moralidad.
Abstract: El Álbum de la Mujer (18831890), is one of the literary magazines aimed at the female reading public in Mexico during the late 19th Century. It offers a particular vision regarding the role of middle- class women in society. Among the characteristics that make this publication stand out from others of its time -the foreign owner and director, the inclusion of Hispanic and Hispanic American perspectives, and great works and literary authors- the one that guides this research is the marketing of scientific discourse to 19th- Century women. A detailed investigation of the magazine reveals that science, far from having a unique, coherent vision regarding the place of women in society, worked as a space of negotiation where several unexpected perspectives met, traditional as well as more newer and more resistant.
Keywords: woman, scientific discourse, marketing, morality.
Resumo: El Álbum de la Mujer (O álbum da Mulher, 1883-1890), uma das revistas literárias destinadas ao público-leitor feminino no México durante o século XIX serôdio, oferece uma visão particular em quanto ao papel da mulher de classe média na sociedade. Entre as várias caraterísticas que diferenciam essa publicação de outras da época —a dona e diretora estrangeira, a inclusão das perspectivas hispana e hispano-americana e de grandes obras e autores literários—, a que serve como enfoque da presente pesquisa é o mercadejo do discurso científico para as mulheres decimonônicas. Uma pesquisa detida da revista desvela que a ciência, longe de suster uma única visão coerente em quanto ao lugar da mulher na sociedade, funcionava como espaço de negociação no que coincidiram várias perspectivas inesperadas, tanto tradicionais quanto mais resistentes e novas.
Palavras-chave: mulher, discurso científico, mercadejo, moralidade.
Cómo citar este artículo
Garrigan, Shelley. “El ‘pensamiento viril’: diálogos entre la ciencia y el género en El Álbum de la Mujer”. Cuadernos de Literatura 20.39 (2016): 131-147. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.cl20-39.epvd
El Álbum de la Mujer (1883-1890) se sitúa dentro de una serie de revistas y periódicos literarios semanales o bimensuales destinados al público lector femenino mexicano durante la segunda mitad del siglo XIX[1]. El Album, salía los domingos y contenía artículos dedicados a la instrucción y el entretenimiento de la mujer a través de lecturas científicas, morales, literarias, políticas y sociales (Pech Can 1). Lo que tenía de particular esta publicación, afirma Carmen Ramos Escandón, era, en primer lugar, la coincidencia de los cargos de dueña y directora, ambos asumidos por Concepción Gimeno de Flaquer —española, esposa de un empresario catalán y residente de México— quien supo aprovechar su estatus social privilegiado y de inmigrante para fundar y dirigir una de las primeras revistas mexicanas en reflejar “una perspectiva claramente feminista” (196-197)[2]. Dirigida a las lectoras de clase media y alta y con contribuciones de autores y autoras de ambos lados del Atlántico, la revista creó un espacio en el que se conjugaba el discurso nacionalista con el deber-ser femenino y, a la misma vez, la mexicanidad con lo transnacional hispano (201, 204). Ramos Escandón observa que, a pesar de los varios niveles de innovación que proponía la revista, no rechazó los límites impuestos por las expectativas tradicionales de la mujer durante la época. La frecuente publicación de artículos que celebraban los logros de las mujeres históricas, mitológicas y contemporáneas[3] se contrapesaba con la consistente promoción de modelos de comportamiento y discreción tradicionales:
Por otra parte, el tono y contenido de los artículos de Gimeno siempre se refieren a algún aspecto de las mujeres en donde se afirman sus capacidades, sus talentos, su derecho a la educación, al arte. Paralelamente, sin embargo, Gimeno promueve una conducta femenina de sumisión, de abnegación, que muy a tono con la época convierte a la mujer en un verdadero “ángel del hogar”, etéreo y virtuosa. (206)
Pensando, pues, en la contradicción intrínseca que se encuentra en la mayor agencia emergente pero limitada de la mujer, lo cual aparece con frecuencia en el discurso decimonónico[4] y que también identifica Ramos Escandón en la escritura de Gimeno, surgen dos puntos a considerar. Primero, la investigación detenida de esta publicación entre los años de 1884 y 1888[5] revela que la ambivalencia con respecto al lugar propio de la mujer no solamente surge dentro de las contribuciones de la dueña-directora, sino que constituye un principio temático fundamental de la revista —una especie de diálogo implícito del cual se nutren los hilos temáticos centrales—. Segundo, mirar esa ambivalencia desde el contexto del desarrollo político y social mexicano de aquel momento descubre una sociedad en vías de grandes transiciones. Los cambios radicales de propiedad, educación y los dominios de la religión y del Estado que se habían irrumpido a mediados del siglo XIX habían quitado el control absoluto de la moralidad femenina de las manos de la Iglesia y lo habían colocado en las del Estado. Con la famosa y muy investigada introducción del positivismo como principio organizador tanto para la educación como para la administración del gobierno, las reformas liberales establecieron la ciencia como la regla determinadora del nuevo orden, una promoción que continuaría a lo largo del Porfiriato.
Dentro del contexto del uso de la ciencia como principio organizador, y en parte por las defensas propuestas por figuras como Ignacio Ramírez y Francisco Zarco durante las sesiones de la Constitución Constituyente de 1856 y 1857, la mujer surge dentro de los foros de discusión como víctima del antiguo régimen conservador (Ramírez 236). La creación de la Escuela Secundaria de Niñas[6] (1867) “representó el primer intento oficial, al nivel nacional, de otorgar a las mexicanas una cultura ‘superior’, cuyo plan de estudios llegó a incluir materias científicas inexistentes en algún otro establecimiento para mujeres” (Alvarado y Becerril Guzmán). Con el acercamiento de la mujer a las ciencias y el discurso científico, se abrieron nuevas posibilidades de diálogo acerca de sus capacidades intelectuales. Si, por un lado, la ciencia sirve como fuente de educación para la mujer de manera que combate la insidiosa “frivolidad” femenina que ciertos escritores de la época perciben como síntoma de perdición de la sociedad entera[7], también le proporciona una nueva estrategia de negociación y punto de acceso a la esfera pública[8].
En las páginas de El Álbum no predominan los artículos dedicados a la ciencia, pero sí aparecen con una frecuencia que ha llamado la atención a la crítica actual. Ana Yvonne Díaz, por ejemplo, observa que una de las características que distingue El Álbum de las otras publicaciones coetáneas destinadas al público lector femenino fue la inclusión de “literatura ‘verdadera’ y estudios científicos con claras intenciones nacionalistas” (s. p.). A pesar del protagonismo de la ciencia en aquella época y las resonancias sociales que conllevaba, son pocos, sin embargo, los estudios que se han concentrado específicamente en los puntos de intersección entre el discurso científico y el de género en el contexto de las revistas femeninas[9].
Esta investigación se propone abordar las negociaciones de la posición social de la mujer dentro de las páginas de El Álbum a través del mercadeo del discurso científico al público lector femenino[10]. Si, por un lado, la insistencia por parte de Gimeno en la sumisión tradicional de la mujer asegura la recepción positiva de la revista dentro de una circulación bastante amplia[11], por otro, los varios acercamientos al discurso científico construyen un espacio —y por la tanto una justificación— para la presencia y la voz femenina dentro de la esfera pública. Bajo esa luz, se revela una posible dimensión “performativa” en el refuerzo por la abnegación y la sumisión como conductas propias de ese sexo. Es decir, El Album, simultáneamente obedece y rompe con las expectativas tradicionales de la mujer de manera que facilita la exposición de ideas que podrían resultar desfavorables, si no amenazadoras, para la sociedad de la época.
Entretener divirtiendo
En una importante aportación al tema de la divulgación científica a la mujer a través de cinco revistas femeninas entre 1840 y 1850, Rodrigo Vega vincula la formación educativa del público femenino de clase media y alta con el proyecto élite de la nación (“Difundir la instrucción de una manera agradable” 114). Según Vega, dichas revistas tenían múltiples funciones: 1) exponer al público lector femenino a los conceptos básicos de las ciencias pero sin profundizar demasiado, puesto que antes de 1867 las mujeres mexicanas todavía se encontraban excluidas del alcance de la educación superior; 2) diseminar una “representación de las riquezas naturales y del territorio mexicano, necesaria para encaminar los proyectos económicos y políticos que demandaba la sociedad mexicana” y, 3) instruir de manera “agradable”; es decir, enseñar y entretener (109-110). Fiel a esos fines, las breves exposiciones a la historia natural o a la geografía aparecían frecuentemente en apartados con títulos como “Miscelánea” y “Variedades”. Se trataba de educar a la mujer de manera suficiente como para que se encargara de los asuntos domésticos y también de la formación infantil temprana con más conocimiento y eficacia (108). De ese modo, su educación científica fue puesta al servicio de la moralidad de la época, la cual se vinculaba con el espacio doméstico como base de la integridad familiar y la coherencia social nacional (“La divulgación del conocimiento geográfico en cinco revistas mexicanas para mujeres, 1840-1855”).
En principio, es innegable que El Álbum sigue la tradición de la “enseñanza entretenida”, tanto en los artículos de las primeras páginas sobre la naturaleza de la mujer como en la inserción de referencias científicas dentro de las secciones secundarias de la revista. En varios casos, como ya se ha indicado, la instrucción de ellas en las artes y las ciencias sirve de antídoto para combatir el incipiente decaimiento moral de la sociedad. Así, aunque el ensayo “La Mujer” (1884) de Alejandro Manly se publica en El Álbum, este parece más dirigido a un publico lector masculino[12] al que trata de convencer de los beneficios de la educación femenina: “Eduquémosla, instruyámosla en las ciencias y en las artes. Eduquémosla sólidamente, repito, y no será frívola. Ilustremos á la mujer para que no ejerza fatal influencia en la sociedad” (172).
Para apoyar esta necesidad y proporcionar oportunidades para instruirla de acuerdo con esos consejos, El Álbum ofrece ilustraciones en forma de grabados, algunos de los cuales consisten en representaciones de la naturaleza que van acompañadas por breves explicaciones textuales al final, todas escritas por Gimeno. Así, por ejemplo, las lectoras mexicanas podían contemplar una representación de “Los Andes de Chile” y entender que “se extiende á lo largo de la costa occidental de la América del Sur, desde los 53 grados de latitud austral hasta los 9 de latitud boreal, forma la cuarta parte la llamada Andes de Chile, cuya cima más alta llega á cerca de 4,000 varas sobre el nivel del mar” (182). Otra ilustración ofrece una representación del Instituto de Ciencias en Washington, D. C., cuya historia se describe como “hasta cierto punto romántica” y en la que se subsume la descripción de los objetivos y las actividades del establecimiento (“aumentar los conocimientos, estimular á los hombres científicos, hacer descubrimientos...”) dentro de la narrativa personal del fundador: “Lo raro del caso es que la donación la hizo un inglés, que se ignoraba si había visitado ese país y que no tenía amigos residentes allí”. Otros ejemplos de ilustraciones científicas y biográficas (a veces relacionadas con las ciencias) destinadas a la mujer incluyen “La catarata de Niágara en invierno” (1884), “Retrato de Miss Nightingale” (1884) y “Una visita a San Juan de Teotihuacán” (1887). Si los artículos tienden a dar explicaciones “científicas” de fenómenos naturales asociados con la belleza, las “Explicaciones de las ilustraciones” ofrecen descripciones geográficas, arqueológicas y biográficas en la forma de trozos —breves resúmenes enciclopédicos que facilitan la identificación y el conocimiento general de, por ejemplo, los grandes puntos de referencia mexicanos e hispanoamericanos:
Paisaje en el Colorado. —Con este nombre se conocen dos importantes ríos: uno en Buenos Aires que baja de la vertiente oriental de los Andes, siguiendo un curso de 210 leguas; y el otro en México, que nace de la vertiente occidental de la sierra de las Grullas y desagua en el golfo de California, después de 208 leguas de curso. En ambos puntos la vegetación es prodigiosa, pero supera la de México de la cual damos hoy un paisaje en la página 210. (Gimeno “Paisaje en Colorado” 209)
Este tipo de descripción superficial geográfica es representativa del discurso científico dirigido a las mujeres de la época y cabe bien dentro del marco conceptual descriptivo que sirve como explicación de la revista. El “Prospecto: El Álbum de la Mujer”, publicado en la sección de “Anuncios” a partir de 1885, reporta unos cambios iniciados por la “buena acogida” de la que la publicación se había beneficiado, y entre ellos se clarifica que la revista carece de cualquier pretexto político y pone la “reproducción de paisajes” claramente al servicio de la moralidad y la belleza[13].
La poesía de la ciencia y la ciencia amable
Como se ha visto hasta hora, la belleza, la moralidad y la pura exposición, libre de pretensiones políticas, albergan el contenido científico de manera que neutralice su impacto social. Dentro de esta categoría cabrían, por ejemplo, artículos con títulos como “Sobre la hoja de un árbol” (Acuña 1885), “La aurora boreal y el arco iris” (Escudé 1886) y “Las flores” (Pascual y Cuellar 1887). A la misma vez, a través de la incorporación de la exposición científica a artículos cuyos temas y títulos se consideran apropiados para el publico lector femenino, Gimeno empuja los límites conceptuales de los campos de las disciplinas. En la siguiente selección, por ejemplo, sacada de un artículo titulado “La poesía y el naturalismo”, desdibuja las distinciones categóricas entre la poesía y la ciencia de una manera sugerente:
Diréis que nuestro siglo es eminentemente científico; mas no podréis separar la ciencia de la poesía. ¿Hay nada más poético que el telescopio, remontándose audaz hasta la luna para besarla con sus miradas? ¿Acaso no es poético el cable submarino horadando las rocas y extendiendo su lengua políglota por los mares para poner en comunicación á las antípodas? Y los nuevos globos creados, que unos nos permiten escalar el cielo, y otros bajar á los abismos del Océano, ¿no son inventos científicamente poéticos? (72).
Es “blasfemia”, sigue la directora, acusar de “antípoético á un siglo que está arrancando sus secretos á la luz, á la electricidad, al magnetismo y al movimiento”. Más adelante, caracteriza la lírica del momento no como “la afeminada y almibarada poesía de otros tiempos”, sino como “completamente viril” —pero cuya existencia depende de la mujer: “La poesía existirá [...] mientras palpite el corazón de una mujer”. Al primer nivel de análisis y en sentido literal, esta apología por parte de Gimeno sirve para ampliar el horizonte de lo que se ha considerado poesía para combatir los perniciosos efectos psicológicos de la literatura naturalista, la cual la escritora percibe como producto del “grosero materialismo” del siglo. Al mismo tiempo, al conjugar la poesía (“didáctica y subjetiva”) con la ciencia (“la descomposición del pensamiento en sensaciones, en nociones y en ideas”), se complican las fórmulas heredadas en cuanto a los lugares propios de lo práctico y lo bello: “Mas ¿no os parece poético haber sabido encontrar entre las circunvoluciones cerebrales el lugar donde reside la memoria? ¿Me diréis que no es poética la localización del pensamiento?” (72). Al ampliar lo poético al terreno de lo científico, Gimeno deconstruye y hasta califica de anacrónica una oposición conceptual que conlleva fuertes implicaciones de género[14]. De hecho, la deconstrucción de las oposiciones conceptuales que sostienen las fórmulas heredadas con respecto a la inferioridad de la mujer parece constituir una estrategia de argumentación recurrente en las contribuciones de Gimeno a la revista, como se ve, por ejemplo, en “La mujer en nuestros días” (1884) y “Aptitudes de la mujer para las artes” (1884).
Un año más tarde, el diálogo entre poesía y ciencia y su correspondiente analogía entre lo femenino y lo masculino reaparece de manera más explícita en un artículo titulado “La poesía y la ciencia” (1885), esta vez firmado por el ya mencionado Manuel Escudé Bartoli, un publicista y estadístico español contemporáneo. Con el tono patriarcal característico de la época, el autor inicia su texto en la tercera persona, lamentando la preferencia que las mujeres tienen por la “imaginación” sobre el “estudio de la ciencia”, lo cual “es la causa de su atraso intelectual”. Nombrando a los grandes pensadores científicos de la época —“Humboldt, Flammarion, Michelet y Echegaray”—, Escudé asegura a sus lectoras que, al contrario del pensamiento popular de que la ciencia es “áspera”, la capacidad de esta disciplina de llevarlas a un entendimiento más profundo de la naturaleza que las rodea no solo “estimula en nosotros[15] el ejercicio de la razón”, sino que también engrandece la poesía. A modo de ilustración, cambia a la segunda persona del plural a mediados del artículo. Ya dirigiéndose directamente a sus lectoras, incluye una serie de mandatos y preguntas, todos ligados a la visión (“Dirigid el telescopio a los cielos, y descubriréis su poesía”; “Mirad”, “Veis”, “Ya veis”), que le permiten asumir el rol de guía para la mirada de la mujer. La idea es enseñarle a descubrir, empíricamente, las fuerzas, los movimientos y las interacciones químicas que constituyen los orígenes de las mil fuentes de belleza que la rodean en la naturaleza. Hasta aquel momento, implica el autor, todos —pero especialmente la mujer— se habían limitado innecesariamente a apreciar la naturaleza a un nivel demasiado superficial, impidiendo su propio desarrollo intelectual.
Parecido en estilo y contenido al artículo de Escudé hay otro firmado por el ingeniero y dramaturgo español José Echegaray, escrito en Madrid y publicado en i886 con el título “La luz, el sonido y el calor”. Al comparar a la mujer con la naturaleza —ambas caracterizadas por su belleza, su vanidad inherente y su mutuo gusto por contemplarse (la mujer en el espejo y la naturaleza en el reflejo de los cristales, las fuentes, los lagos y el mar—, Echegaray también asume el rol de profesor que guía la mirada femenina para llevarle a entender mejor sus alrededores. La lección científica y empírica está ligada a los objetos que construyen el ambiente típico de una mujer de clase media o aristocrática:
Imaginad, en efecto, que pulsáis la cuerda de un arpa; alrededor nacerá y crecerá una onda de aire, una esfera de aire, una esfera vibrante; la vibración de la cuerda de esparcirá por el espacio, y así como por choque de la piedrecilla que se arroja en el lago, las aguas se conmueven, y poco á poco se va extendiendo y engrandeciendo el círculo del movimiento, ó sea la vibración acuosa [...]
¿Qué es, pues, el sonido? No es más que la vibración que se extiende, que crece, que toma forma geométrica, que es esfera de vibración, y de esta suerte viene a conmover nuestro ser. (162)
Al final, en vez de la poesía, el autor propone descubrir la religión como hermana de la ciencia: “Todos esos soles [...] son como liras gigantescas que con vibraciones de luz cantan la gloria de su Dios” (163). Tanto en este como en el ejemplo anterior, la ciencia no contradice sino que profundiza la asociación mujer-belleza-moralidad como verdad universal, y la insistencia sobre esta nueva trinidad sirve para alentar a la mujer de clase privilegiada a buscar esas mismas calidades en la ciencia escondida y olvidada del ambiente doméstico (el cual incluye, como afirma Vega en su estudio, los paseos y las excursiones al campo) para mejorar su administración (117). En ambos casos, se nota el gesto transatlántico o panhispánico que Ramos Escandón identifica en El Album: en los dos continentes, se incita a la mujer a cultivar una mirada “científica”, que no solamente no la aleja de su designado espacio doméstico, sino que terminará profundizando su conexión con él.
A pesar de sus límites ideológicos, el lado “dulce” de la ciencia comienza a penetrar la esfera publica mexicana en un artículo titulado “La educación de la mujer”, con el que José M. Barajas liga la educación “intelectual y moral de la mujer” con el nuevo desarrollo nacional mexicano, y celebra el reemplazo del antiguo sistema de educación castigador con un nuevo modelo de transmisión “suave” (163-164). Los avances que caracterizan la “civilización moderna”, escribe, se deben en parte al reemplazo de la enseñanza “severa” con la “amabilidad y dulzura” que describe la instrucción publica de la nueva era: “Y luego, ¿quién no acude á iniciarse por los purpurinos labios de tan bellas cuanto amables directoras, en los principios instructores de la ciencia?” (163). La defensa retórica del lado suave, dulce, poético o religioso de la ciencia en los artículos mencionados hasta ahora construye nuevos puntos de acceso para la mujer y los niños mexicanos/hispanos —no tanto por su aptitud para el estudio riguroso, sino por la capacidad de la ciencia misma de adaptarse a la psicología y los hábitos de la mujer.
El "vigor del pensamiento femenino": la mujer científica
Hay otros artículos en El Album, sin embargo, que introducen un cambio sorprendente de tono. Publicado durante el mismo año de 1887 en dos entregas y escrito por Adela Riquelme de Trechuelo[16], directora de varias Escuelas Normales para Mujeres[17] en España, “Las mujeres astrônomas” tiene por objetivo el dar a conocer otro artículo escrito por el “ilustre hombre” M. Lagrange en la revista Ciel et Terre de Bélgica, en el que describe “las aptitudes de la mujer para el estudio de los grandes problemas astronómicos” (2). La autora continúa respondiendo a unos debates publicados en una revista parisiense sobre las “pretensiones de las mujeres destinadas á los hospitales con el fin de obtener el título y empleo de internas como los practicantes de medicina”, y después elabora una extensa lista de mujeres históricas y contemporáneas, desde Safo hasta Catalina Scarpellini de Roma, a quien en 1872 le fue concedida una “medalla de oro” por sus trabajos científicos relacionados con las estrellas fugaces y “la influencia probable de la luna en los temblores de la tierra” (2). Lo que llama la atención en este artículo no es solo la equivalencia intelectual de la mujer con respecto al hombre, lo cual defiende la autora citando a un “notable enciclopedista” del siglo anterior[18]. sino también el reconocimiento de las mujeres-esposas que acompañan al hombre en sus investigaciones científicas[19] y sin cuyo apoyo el éxito de dichos hombres sería comprometido, si no anulado. Sean “directas” o “indirectas” las contribuciones de la mujer, escribe Riquelme, si “ha de ponerse en condiciones de prestar servicios á las ciencias y á las letras”, es necesario fortalecer su educación (2). Aquí, la reivindicación de la mujer supera las fronteras nacionales[20], y será Gimeno misma la que poco después publique una propuesta similar que esta vez se sitúa claramente en el contexto mexicano[21].
Ocho meses más tarde, Gimeno elabora un contexto decididamente mexicano para la discusión propuesta por Riquelme con la publicación de “La primera doctora mexicana”, en el que celebra la inauguración de Matilde Montoya, cuya imagen también cubre la portada de la revista. Escrito dos años después de “La mujer médico”[22], en el que defiende la aptitud de la mujer para la “ciencia médica” con una lista de casos europeos históricos y contemporáneos, este artículo le permite acercar la discusión al publico lector mexicano —tanto masculino[23] como femenino. Ejemplo vivo del “vigor del pensamiento en el cerebro femenino”, Montoya, tal como la describe Gimeno:
[...] ha trocado la perfumada atmósfera del boudoir por los fétidos miasmas de un hospital; ha desgarrado el pajizo guante para teñir su nivea mano con la sangre del herido, ha trocado el bouquet por el escalpelo, el espejo por la repugnante plancha del anfiteatro, las guirnaldas de Flora por los aforismos de Galeno. (74)
En un enfrentamiento directo con el típico repertorio femenino, Gimeno implícitamente rechaza las recomendaciones propuestas por los escritores “progresistas” masculinos y, por extensión, alienta a las mexicanas a buscar la erudición más allá de los límites del ambiente doméstico. Paralelamente, son las mismas idiosincrasias de la mujer las que le dan una calificación superior que las del hombre como médico para estas y los niños:
La irritabilidad nerviosa femenina tiene misterios que solo puede penetrar una mujer. Esas tristezas injustificadas, esos caprichos raros, esas displicencias, irregularidades del carácter y vagas melancolías frecuentes en nuestro sexo, llegan á formar un estado morboso que no escapa al espíritu observador de la mujer, porque encuentra el germen de la enfermedad en sí misma. (74)
Sin abandonar ni el discurso estereotípico sobre el carácter de la mujer ni la asociación mujer-educación-moralidad, entonces, Gimeno afirma que el progreso de la sociedad depende del acceso que esta tenga a la “vida intelectual del hombre”, e interpreta la presencia del Presidente Porfirio Díaz en el examen de la nueva doctora como señal del voto de confianza del estado. Sin embargo, afirma, el apoyo gubernamental no es suficiente. Nombrando ejemplos de varios institutos de educación superior para la mujer que se encuentran en Europa y que fueron fundados por individuos—reflejando así el apoyo popular para la educación superior femenina—, lamenta que México “todavía no ha creado la iniciativa individual en los establecimientos de enseñanza superior, que indudablemente se fundarán más tarde” (74, énfasis mío). Siguiendo y, a la misma vez, invirtiendo la interpretación tradicional del estereotipo femenino de manera que resalta su superioridad como doctora para mujeres y niños, Gimeno termina el artículo con una lista de ilustradas mexicanas de siglos anteriores. Asumiendo una postura que imita la del hombre-guía que “enseña” a la mujer a mirar sus alrededores, manda a las lectoras mexicanas a seguir el ejemplo de Montoya: “Ved cuán fácil es adquirir instrucción á la inteligente mujer mexicana: ved cómo Matilde Montoya ha vencido los escollos de la ciencia” (75, énfasis mío). Esta vez, ya no es la ciencia la que se adapta al carácter femenino, sino la mujer quien ejerce un “vigor” de pensamiento, que “vence” los obstáculos de la ciencia, y no la versión suave que surge en la contemplación profunda de las vibraciones del arpa, sino la que le pone el escalpelo en la mano y la lleva a encargarse de la “sangre del herido”.
Mientras la fuerza de la convicción en la promoción de la mujer como candidata para las ciencias es innegable, resulta imposible calificar su postura ideológica precisa frente al discurso decimonónico. Cuando publica el retrato de Belva Lockwood (1830-1917) en la portada de El Álbum en 1884, por ejemplo, el acompañante “Explicación de las ilustraciones”, que aparece hacia el final, llama la atención por su descripción particular. Gimeno explica cómo La Asociación de Mujeres de Estados Unidos ha declarado “la igualdad de derechos en los dos sexos” y ha propuesto poner a Miss Lockwood como candidata a la presidencia de la República. Aunque “[l]a idea no puede ser más disparatada”, afirma, decide incluir su retrato allí porque no puede “renunciar al deseo de ofrecer á nuestras lectoras tan gran novedad” (236, énfasis suyo). Al final, afirma: “Miss Belva al ser presentada como candidata á la presidencia, ha dado su programa que en algunos puntos no carece de moralidad. Miss Belva, aunque se halla extraviada por las ideas de emancipación, es una mujer de gran talento y una oradora de fácil palabra” (237). Si a través de la crítica y la admiración simultáneas, resulta difícil determinar qué fue lo que se proponía concretamente con respecto a los derechos políticos y sociales de la mujer, lo que sí queda claro es que la cuestión de la capacidad intelectual y social de la mujer —como tema desarrollado por una mujer y diseminado a un público lector femenino— requería una gran flexibilidad retórica: un “sí, pero...” que seguía a la misma vez que resistía las herencias sociales tradicionales.
Conclusión
La situación política y social de la mujer fue uno de los temas que marcaron los debates políticos de la segunda mitad del siglo XIX mexicano. Hasta cierto punto, el desarrollo limitado que se le ofrecía a la mujer a través de la educación y la circulación de materiales de lectura se presentaba de manera bastante coherente y uniforme, y su educación era consistente con su rol doméstico. Sin embargo, un análisis detenido de la revista literaria El Álbum de la Mujer revela una variedad de perspectivas sobre el lugar de esta en la sociedad, las cuales abren nuevos espacios para la atención crítica (Pech Can 2). En esta publicación, las varias presentaciones de la ciencia no ofrecen una visión ni singular ni coherente: si en varias ocasiones se usa para profundizar la conexión entre la mujer y su rol doméstico, en otras —por ejemplo en el caso de Matilde Montoya— se usa para cuestionarlo. En ambos casos, la ciencia constituye un tipo de puente entre el espacio interior doméstico y la esfera exterior pública. Por un lado, como ya se ha estudiado, el mercadeo de la ciencia al público lector femenino privilegiado sirve para fortalecer la visión liberal de la nación al educarla sin apartarla de sus responsabilidades domésticas. También es el caso, empero, que en la intersección de ellas con las ciencias, este tema funciona como un espacio de negociación en el que se mueven discusiones nuevas y en el que se proponen condiciones intelectuales y sociales más igualitarias.
Referencias
Acuña de Laiglesia, Rosario. “Sobre la hoja de un árbol”. El Album de la Mujer (19 de julio de 1885): 23. Web. 31 marzo 2015.
Alvarado, Lourdes. La educación “superior” femenina en el México del siglo XIX: demanda social y reto gubernamental. México: UNAM, 2004. Impreso.
__ y Elizabeth Becerril Guzmán. “Mujeres y educación superior en el México del siglo XIX”. Web. 31 marzo 2015.
Ayala, María de los Ángeles. “Una Eva moderna, última novela de Concepción Gimeno de Flaquer”. ALEUA (20): 61-73. Web. 31 marzo 2015.
Barajas, José M. “La educación de la mujer”. El Álbum de la Mujer (25 de abril de 1886): 163-164. Web. 31 marzo 2015.
Bellido de Luna, Juan. “Doctoras americanas”. El Álbum de la Mujer (26 de junio de 1887): 202. Web. 31 marzo 2015.
Blanco, Alda, Cristina Enríquez de Salamanca, y Catherine Jagoe. La mujer en los discursos de género: textos y contextos en el siglo XIX. Barcelona: Icaria, 1998. Impreso.
Cuéllar, José Tomás de. Las Jamonas. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998. Impreso.
__ y Rosa Beltrán. Baile y cochino. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1999. Impreso.
__. Historia de Chucho, El Ninfo y La Noche Buena. México: Porrúa, 1975. Impreso.
Díaz, Ana Yvonne. “El Álbum de la Mujer. Periodismo femenino: el primer paso hacia la modernidad y la ciudadanía”. Desacatos (3) 2000: s. p. Web. 31 marzo 2015.
Echegaray, José. “La luz, el sonido y el calor”. El Álbum de la Mujer (25 de abril de 1886): 162-163. Web. 31 marzo 2015.
Escudé Bartoli, Manuel. “La aurora boreal y el arco iris”. El Álbum de la Mujer (3 de enero de 1886): 93. Web. 31 marzo 2015.
__. “La poesía y la ciencia”. El Álbum de la Mujer (24 de mayo de 1885): 202. Web. 31 marzo 2015.
Gimeno de Flaquer, Concepción. “Paisaje en el Colorado”. El Álbum de la Mujer (12 de octubre de 1884). Web. 31 marzo 2015.
__. “Los Andes de Chile”. El Álbum de la Mujer (28 de septiembre de 1884): 177, 182. Web. 31 marzo 2015.
__. “La catarata de Niágara en invierno”. El Álbum de la Mujer (7 de diciembre de 1884). Web. 31 marzo 2015.
__. “El Instituto de Ciencias en Washington, D. C.” El Álbum de la Mujer (13 de diciembre de 1885). Web. 31 marzo 2015.
__. “Prospecto: El Álbum de la Mujer.” El Álbum de la Mujer (15 de febrero de 1885): 11. Web. 31 marzo 2015.
__. “Retrato de Miss Nightingale”. El Álbum de la Mujer (21 de diciembre de 1884). Web. 31 marzo 2015.
__. “La poesía y el naturalismo”. El Álbum de la Mujer (10 de agosto de 1884): 72. Web. 31 marzo 2015.
__. “La mujer en nuestros días”. El Álbum de la Mujer (9 de noviembre de 1884): 254-255. Web. 31 marzo 2015.
__. “Aptitudes de la mujer para las artes”. El Álbum de la Mujer (27 de julio de 1884): 44-45. Web. 31 marzo 2015.
__. “La primera doctora mexicana”. El Álbum de la Mujer (4 de septiembre de 1887): 74-75. Web. 31 marzo 2015.
__. “La mujer médico”. El Álbum de la Mujer (19 de julio de 1885): 2. Web. 31 marzo 2015.
__. “Explicación de las ilustraciones: Belva Lockwood”. El Álbum de la Mujer (26 de octubre de 1884): 236-237. Web. 31 marzo 2015.
__. “Una visita a San Juan de Teotihuacán”. El Álbum de la Mujer (9 de octubre de 1887) : 120. Web. 31 marzo 2015.
Hernández Carballido, Elvira. “La historia de la prensa en México desde la perspectiva de género”. Informagao & Comunicagao 14.2 (2011): 66-95. Web. 31 marzo 2015.
Infante Vargas, Lucrecia. “De lectoras a redactoras: las publicaciones femeninas en México durante el siglo XIX”. República de las letras II: publicaciones periódicas y otros impresos. Eds. Belem Clark de Lara y Elisa Speckman. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2008. 183-194. Impreso.
Manly, Alejandro. “La Mujer”. El Album de la Mujer (28 de septiembre de 1884): 172. Web. 31 marzo 2015.
Navas, Dolores. “El estudio”. El Album de la Mujer 33 (25 de julio de 1886): Web. 31 marzo 2015. 22.
Pascual y Cuéllar, Eduardo. “Las flores”. El Album de la Mujer (6 de noviembre de 1887): 146-147. Web. 31 marzo 2015.
Pech Can, Nidia Yzabel. “Emancipación femenina, madres y esposas en El Album de la Mujer. 1883-1890”. Tesina. Universidad Autónoma Metropolitana. México: 2000. Web. 31 marzo 2015.
Ramírez, Ignacio e Ignacio Altamirano. Obras De Ignacio Ramírez. México: Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento, 1889. 181. Web. 31 marzo 2015.
Ramos Escandón, Carmen. “Género e identidad femenina y nacional en El Album de la Mujer de Concepción Gimeno de Flaquer”. República de las letras II: publicaciones periódicas y otros impresos. Eds. Belem Clark de Lara y Elisa Speckman. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2008. 195-208. Impreso.
Riquelme de Trejuelo, Adela. “Las mujeres astrónomas”. El Album de la Mujer (2 y 9 de enero de 1887): 2. Web. 31 marzo 2015.
Ruiz Castañeda, María del Carmen. “Mujer y literatura en la hemerografía: revistas literarias femeninas del siglo XIX”. Revistas Fuentes Humanísticas 8 (1994): 81-89. Impreso.
__. “Contenido científico en las revistas literarias mexicanas del siglo XIX”. Revista de la Universidad de México 548 (1996): 41-46. Web. 31 marzo 2015.
Vega y Ortega Báez, Rodrigo. “Difundir la instrucción de una manera agradable: historia natural y geografía en revistas femeninas de México, 1840-1855”. Revista Mexicana de Investigación Educativa 16.48 (2011): 107-129. Web. 31 marzo 2015.
__. “La divulgación del conocimiento geográfico en cinco revistas mexicanas para mujeres, 1840-1855”. Biblio 3 W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales XV.855 (2010): Web. 31 marzo 2015.
Zarco, Francisco. Crónica de la Constitución Constituyente. México: Secretaría de Gobernación, 1979. Impreso
Notas