Debates
Stuart Hall sobre “hacer estudios culturales”
Stuart Hall about "Doing Cultural Studies"
Stuart Hall sobre "fazer estudos culturais"
Stuart Hall sobre “hacer estudios culturales”
Cuadernos de Literatura, vol. XX, núm. 40, pp. 39-43, 2016
Pontificia Universidad Javeriana

Cómo citar este ensayo
Mato, Daniel. “Stuart Hall sobre ‘hacer estudios culturales’”. Cuadernos de Literatura 20.40 (2016): 39-43. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.cl20-40.shhe
Más allá de un intelectual consumado y admirado, Stuart Hall fue un ser humano extraordinario. Esto lo digo por su humildad y generosidad de espíritu; pero, sobre todo, por el respeto y la buena disposición con que escuchaba y valoraba las palabras, las preocupaciones y los intereses de otros. Si bien nos vimos en unas pocas ocasiones y nuestra comunicación por correo electrónico era esporádica, debido a dichas cualidades humanas —y pese a su renombre mundial— llegué a apreciarlo como a un querido amigo, aún más allá de ser una importante referencia intelectual o un gran maestro, lo cual le comenté en una oportunidad. De hecho, siempre recordaré la ocasión en que se lo dije. Fue mientras conversábamos, copas en mano, durante una reunión social en una conferencia. Se nos acercó un estudiante de posgrado, al que ninguno de los dos conocíamos, se le presentó a Stuart y, acto seguido, comenzó a hablarle sobre el trabajo de investigación que realizaba para su tesis doctoral. Me maravilló la cortesía y la atención con la que Stuart lo escuchó y luego comentó y preguntó sobre el tema con sencillez y claridad, ofreciendo opiniones y perspectivas, cual colega o mentor del joven. El estudiante se despidió al rato y nos dejó, de nuevo, a solas. En ese momento se lo comenté, de manera espontánea e inesperada para ambos: “Stuart, eres un verdadero maestro”. Me miró sorprendido, y aunque con una leve sonrisa de comprensión, me tomó por el codo con un “¡vamos, Daniel!” buscó esquivar el foco de atención. Fue, sin duda, un hombre brillante y llano, libre de pretensiones.
Una de las maneras en que Stuart llegó a ser un referente significativo para mí personal y profesionalmente se remonta a una conversación que sostuvimos en Birmingham (Reino Unido) en junio de 2000, durante la conferencia “Crossroads in Cultural Studies”. Yo había sido invitado a ofrecer una charla en un momento en que me hallaba profundamente preocupado por lo que percibía como una rápida despolitización e institucionalización de los estudios culturales en Estados Unidos y su creciente influencia entre ciertos círculos académicos en América Latina. De hecho, ese era precisamente el tema de mi charla, junto con una reflexión sobre la amnesia de esos colegas en América Latina acerca de la importancia de tradiciones preexistentes en la región respecto de prácticas intelectuales en cultura y poder. En aquella época coordinaba un grupo de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), que preparaba una publicación sobre estudios y otras prácticas intelectuales en cultura y poder en América Latina.
A pesar de que para aquel momento había leído solo algunos artículos de Stuart, unos años antes había tenido la oportunidad de aprender de primera mano sobre su tradición política intelectual por los recuentos de experiencias personales de algunos nodos cruciales en su vida que hiciera durante la semana en que ambos participábamos en el Simposio de la Fundación Wenner-Gren en Mijas, España, en junio de 1994. Noche tras noche durante la cena lo escuchaba con entusiasmo hablar acerca de la importancia que los movimientos feministas y antinucleares habían tenido en su vida, de su experiencia en la revista New Left Review y sobre sus reflexiones en torno a Gramsci y el concepto del intelectual orgánico, entre muchos otros temas. La próxima ocasión en que cruzamos caminos fue en la conferencia en Birmingham. Yo preparaba un libro con el grupo de trabajo de Clacso y se me había ocurrido que sería valioso incluir un artículo de Stuart. Aproveché la oportunidad para proponerle que participara en la publicación con un ensayo sobre los estudios culturales y la importancia de la práctica. Su respuesta fue sorprendente y se me ha quedado indeleblemente grabada, ya que la encontré personalmente iluminadora e inspiradora: “Mira, Daniel, ya no escribo sobre los estudios culturales. Me dedico a hacer estudios culturales”. Desde luego, en seguida le pregunté qué era lo que estaba haciendo en ese respecto y me contó que se hallaba involucrado en un debate público sobre raza y racismo en Gran Bretaña. Hace unos años tuve la buena fortuna de poder decirle a Stuart lo significativo que su comentario había sido para mí personal y profesionalmente. En esa ocasión, compartí con él un artículo sobre el trabajo que venía realizando con intelectuales indígenas y afrodescendientes en varios países de América Latina, quienes buscaban crear o fortalecer sus propias universidades, así como otros programas de educación superior.
Cuento esta anécdota por dos razones. La primera es para reconocer la importancia del ejemplo de Stuart Hall en mi propia práctica intelectual. Si bien su trabajo no ha sido para mí la única fuente de inspiración y aprendizaje —como evidencia la mención sobre la importancia de ciertas tradiciones de prácticas intelectuales politizadas en América Latina—, ha sido una entre pocas y ha sido sumamente valiosa. Utilizo el término ejemplo para subrayar el hecho de que valoro no solo las elaboraciones teóricas de Stuart, sino también su cualidad de ser un maestro en el sentido más profundo de la palabra, más allá de un educador, un gran maestro. Lo considero así por sus contribuciones teóricas pero, sobre todo, por el coraje de ser un disidente permanente y un pensador independiente; por ese firme compromiso de lucha contra la injusticia, especialmente el racismo, no solo en su trabajo escrito, sino también en su quehacer al implicarse él personalmente en el proceso.
La otra razón por la cual cuento la anécdota es para profundizar en el concepto de hacer estudios culturales, según lo entendía Stuart. Primeramente, es significativo que su comentario sobre la participación en el debate público sobre raza y racismo en Gran Bretaña, para junio de 2000, se hallaba relacionado con su participación en la Comisión sobre el Futuro de una Gran Bretaña Multiétnica del Fondo Runnymede (Runnymede Trust Commission on the Future of MultiEthnic Britain). En esa época, Runnymede era “el think tank líder de reflexión independiente sobre raza e igualdad en el Reino Unido”, dedicado a “generar inteligencia para una Gran Bretaña multiétnica a través de la investigación, la construcción de redes, la promoción del debate y el compromiso con la elaboración de políticas públicas”. En enero de 1988, Runnymede estableció una comisión de 23 miembros con el objetivo de analizar “la actual situación de la Gran Bretaña multiétnica y proponer modos de combatir la discriminación racial y las situaciones sociales de desventaja para así lograr dar forma en Gran Bretaña a una sociedad vibrante, segura de sí misma y a gusto con la riqueza de su diversidad”. La comisión publicó sus hallazgos y recomendaciones en octubre de 2000, en el Informe Parekh (titulado así por el apellido del presidente de la comisión). Dicho informe fue leído y considerado por el Foro de Relaciones Raciales del Ministerio del Interior, así como por una reunión del Grupo Parlamentario sobre Raza y Comunidad. Adicionalmente, fue tomado en cuenta por un sinnúmero de autoridades locales, varias organizaciones locales y muchos consejos sobre raza y equidad. Las recomendaciones del informe fueron incorporadas, además, en programas de capacitación en las escuelas y fueron tema de una variedad de charlas, seminarios y simposios de educación superior.[1] El informe suscitó reacciones mayormente positivas, aunque también fue objeto de algunas críticas negativas en los medios de comunicación. Stuart respondió a dichas críticas en una columna publicada en el periódico The Guardian, el 15 de octubre de 2000,[2] lo cual es ejemplo claro de su compromiso personal y activo en el debate público.
Al recordar las palabras de Stuart aquella noche durante la cena en Birmingham, veo cómo su participación y compromiso en la Comisión Runnymede demostraba claramente lo que quería decir con “hacer estudios culturales”. Ello es coherente con la práctica a lo largo de su vida de intervención activa en un sinnúmero de temas sociales sumamente significativos. Lo hizo en papel y tinta en algunos casos y, en otros, con su presencia y acción, tal y como, por ejemplo, con su oposición pública al thatcherismo —como ya lo había hecho anteriormente con el estalinismo y otras formas del marxismo dogmático— y como lo hizo a través de su participación activa en la Universidad Abierta (Open University), enfocándose en representaciones, raza, migraciones y colonialismo, y el movimiento artístico negro.
Esta articulación en contexto entre escribir y hacer de otras formas (ya que la escritura es una forma de hacer) es, en mi opinión, un aspecto destacado de su manera de entender la práctica intelectual. De hecho, en varios de sus textos reflexiona sobre esta idea, pero muy en particular en el párrafo final de “Los estudios culturales y sus legados teóricos” al señalar que:
Regreso a la distinción crítica entre el trabajo intelectual y el académico; se traslapan, son contiguos, se alimenta el uno del otro, uno nos suministra los medios para realizar el otro. Pero no son la misma cosa. [...] Regreso a la teoría y a la política, a la política de la teoría. No la teoría como voluntad de verdad, sino la teoría como un conjunto de conocimientos disputados, localizados, coyunturales, que han de debatirse de forma dialógica. Pero también como una práctica que siempre reflexiona sobre sus intervenciones en un mundo donde marcaría la diferencia, donde habría de tener algún efecto. En fin, una práctica que entiende la necesidad de la modestia intelectual. Pienso que hay una gran diferencia entre entender la política del trabajo intelectual y sustituir el trabajo intelectual por la política. (Hall 274 y 275)
Cabe señalar que unas páginas antes en el mismo artículo, Stuart Hall subrayaba que no sostenía una posición antiteórica. Puntualizó en ello al especificar lo siguiente:
Me causa gran ansiedad que interpreten lo que estoy diciendo como un discurso antiteórico. No es antiteórico, pero sí tiene algo que ver con las condiciones y problemas del desarrollo del trabajo intelectual y teórico como práctica política. Es un camino extremadamente difícil el no resolver las tensiones entre esos dos requisitos, sino vivir con ellas. (Hall 268)
Leo estas reflexiones como testimonio de una vida consagrada a labrar una consonancia dinámica entre teoría y práctica en busca de mayor justicia social. El impacto de la dedicación de Stuart Hall, profunda, personal y de por vida, hacia las prácticas intelectuales comprometidas perdurará en las prácticas de todos quienes trabajamos en este campo, a quienes nos inspiró tanto en lo profesional como en lo personal.
Referencias
Hall, Stuart. “Cultural Studies and Its Theoretical Legacies”. Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies. Ed. David Morley y Kuan- Hsing Chen. Londres: Routledge, 1996. 262-275. Impreso.
Notas
Notas de autor
Información adicional
A propósito del artículo: Artículo publicado
originalmente en inglés: “Stuart Hall on ‘‘doing cultural studies’”, en Inter-Asia
Cultural Studies 15.2 (2014): 202-204.