Misceláneos

La relación entre jóvenes y redes sociales en el habitar espacios virtuales

The Relationship between Young People and Social Networks in Inhabiting Virtual Spaces

José Rolando Alegría-Morán
Universidad Católica de Temuco, Chile, Chile

La relación entre jóvenes y redes sociales en el habitar espacios virtuales

Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, núm. 39, pp. 257-280, 2025

Universidad Politécnica Salesiana

2025. Universidad Politécnica Salesiana

Recepción: 11 Diciembre 2024

Revisado: 20 Febrero 2025

Aprobación: 25 Abril 2025

Publicación: 15 Julio 2025

Resumen: Este trabajo reconoce la importancia que han tenido los fenómenos de internet en el desarrollo de los sujetos, entendiendo que gran parte de las acciones cotidianas se ven mediadas por elementos virtuales. Es desde esta realidad que se establece como objetivo explorar la posibilidad de que los jóvenes actuales enfrenten a sus redes sociales como espacios que pueden ser habitados y no como herramientas tecnológicas, valoradas por la utilidad y la experiencia de usuario. Para esto se realizó el análisis hermenéutico de diversos textos de autores referenciales en temas de juventud, habitar espacios y redes sociales. De esta manera, se puede indicar que habitar es un acto que implica moldear el espacio por medio del afecto y los símbolos, en la medida que los sujetos que habitan moldean y dan forma a su identidad. Una de las características principales de la juventud es el ensayo de manifestaciones identitarias, por lo que habitar es algo de mucha importancia en esta etapa de la vida, volviendo sugerente la idea de que las redes sociales pudieran ser espacios habitables, estableciendo a los jóvenes como sus primeros habitantes. La conclusión de este estudio muestra que es plausible suponer a los jóvenes como habitantes de los espacios virtuales y no solo como usuarios, lo que invita al desarrollo de futuras investigaciones en esta área.

Palabras clave: Juventud, redes sociales, espacio virtual, internet, identidad, adultez.

Abstract: This paper acknowledges the significant role that Internet phenomena have played in the development of individuals, understanding that much of our daily actions are mediated by virtual elements. From this reality, the objective is set to explore the possibility that today’s youth perceive their social media not merely as technological tools, valued for their utility and user experience, but as spaces that can be inhabited. To achieve this, a hermeneutical analysis of various texts by key authors on Youth, Inhabiting Spaces, and Social Networks was conducted. It can thus be argued that inhabiting is an act that involves shaping a space through affection and symbols, as those who inhabit the space also shape and define their identity. One of the main characteristics of youth is the trial and exploration of identity expressions, which makes inhabiting particularly significant during this stage of life. This idea makes the notion of social media as inhabitable spaces especially remarkable, positioning young people as the first inhabitants of these virtual environments. The conclusion of this study suggests that it is plausible to consider young people as inhabitants of virtual spaces rather than just users, which encourages further research and development in this area. Future investigations could explore this concept further, examining how young people shape their identities in these virtual spaces.

Keywords: Youth, Social Network, Virtual Space, Internet, Identity, Adulthood.

Forma sugerida de citar: (APA)

Alegría-Morán, José Rolando. (2025). La relación entre jóvenes y redes sociales en el habitar espacios virtuales. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, (39), pp. 257-280.

Introducción

Uno de los rasgos distintivos de esta época es el impacto creciente de internet y sus plataformas en prácticamente todos los aspectos de la vida. Para los sujetos resulta cada vez más difícil mantenerse al margen de aplicaciones como Facebook, Instagram y Tiktok, lo que hace que parte de la vida cotidiana se desarrolle a través de lo virtual. Esta exposición permanente a internet ha impulsado al mundo académico a explorar los impactos que estas tecnologías han causado en el desarrollo de los sujetos, concluyendo que son los jóvenes quienes han sido influenciados con más fuerza por este fenómeno (Feixa, 2014; Morduchowicz, 2018).

Teniendo en cuenta la premisa anterior, este artículo pretende enfrentar la siguiente pregunta: ¿cómo se relacionan los jóvenes de hoy con sus redes sociales? Una respuesta tentativa puede comenzar por la hipótesis que establece la relación de los jóvenes con sus redes sociales como una radicalmente distinta a la que experimentaron generaciones anteriores. Asumir una relación mediada exclusivamente por el uso, hace que se mantengan ocultas el resto de las aristas del fenómeno juvenil, ya que la relación parece tener profundidades que no se han terminado de presentar. Es aquí donde se puede teorizar sobre la diferencia en la naturaleza de la experiencia, pensándola más como una experiencia espacial, con una naturaleza virtual, y menos una experiencia de uso, como tecnología de comunicación e información (TIC).

Al cambiar el enfoque y conceptualizar las redes sociales no solo como herramientas tecnológicas, sino como espacios virtuales, se abren nuevas posibilidades para la reflexión. De esta forma es que aparece sugerente el concepto de “habitar”, entendido por autores como Marc Augé (2008), Martin Heidegger (2003) y Michelle de Certeau (2000) como la acción mediante la cual los sujetos se construyen a sí mismos, a la vez que construyen y dan forma al espacio, por medio de elementos simbólicos y emotivos, convirtiéndolo en un lugar. El acto de habitar resulta clave para entender cómo la juventud utiliza las redes sociales para ensayar y consolidar manifestaciones de identidad, a la vez que se apropia de estos espacios, dándoles forma y cargándolos con sus propios símbolos y emociones.

El objetivo de este trabajo es presentar una propuesta teórica en la que se pueda fundamentar una investigación científica en torno a la experiencia de habitar espacios virtuales. Su importancia se encuentra en que presenta una perspectiva del mundo juvenil que se ha mantenido oculta durante mucho tiempo. Esto permitiría enfrentar, con un nuevo enfoque, diferentes facetas de lo juvenil, tanto en aspectos de desarrollo formativo como en el ámbito educacional, de crianza o en torno a la creación e implementación de políticas públicas enfocadas en programas de desarrollo social o de acceso a tecnologías. Es posible asumir que redefinir la relación entre juventudes y redes sociales, debiera impactar en el desarrollo de todos los aspectos de los estudios en juventud.

La metodología utilizada para la realización de este artículo fue el análisis hermenéutico de textos académicos, el cual consiste en realizar una lectura atenta de los textos para luego establecer las ideas, reflexiones y afirmaciones más relevantes, y que aporten a lograr los objetivos de la investigación (Quintana & Hermida, 2019). Esta etapa consiste, principalmente en la selección, análisis, interpretación y comprensión de los textos revisados. Posteriormente, y a la luz del trabajo con la bibliografía, se articula un relato que apunta a responder la pregunta de investigación, en el que se expone el resultado de la etapa de análisis y comprensión de los textos trabajados. Para la selección de los textos se realizó una revisión exhaustiva de artículos de revistas en índices de alto impacto y de diversa literatura especializada. Luego, se desarrolló un diálogo entre las teorías expuestas por los autores en el ámbito de la filosofía, la sociología y la antropología, para finalmente presentar a una conclusión.

Este artículo está estructurado en cuatro partes. En la primera, se profundiza en el concepto de habitar; en la segunda, se dan a conocer los diversos elementos que conforman la idea de juventud; en la tercera, se ofrecen diversos elementos para tener un mejor entendimiento de los matices existentes en la idea de espacio virtual; en la parte final hay una exposición en torno a diversas propuestas que hacen referencia a la relación entre juventud y espacio virtual, poniendo foco en estudios que recogen la experiencia chilena del fenómeno. El estudio cierra con conclusiones que abordan las cuestiones planteadas en esta introducción, proponiendo lineamientos y proyecciones para futuras investigaciones.

La acción de habitar

Habitar implica un proceso constante de construcción del espacio íntimo y personal. Así como afirma Heidegger (2003), “habitamos no porque hayamos construido, sino que construimos y hemos construido en cuanto habitamos, esto es, en cuanto somos los habitantes” (p. 203). Habitando es que los sujetos dan forma al espacio circundante, a la vez que se dan forma a sí mismos, por lo que los sujetos necesitan habitar espacios. En contraste, el espacio no necesita ser habitado; simplemente está ahí, sin la necesidad de tener habitantes. Este fenómeno hace que el acto de habitar sea algo particularmente humano.

El mundo es construido por los sujetos que lo habitan, le dan forma, lo nombran y se lo apropian, a la vez que defienden y determinan su intimidad, y, por encima de todo, su identidad. Según Delgadillo (2022), la relación que los sujetos desarrollan con aquello que les rodea, se condiciona por medio de la experiencia cotidiana. Un ejemplo de esto se puede encontrar en la experiencia con el barrio, este sostiene la pertenencia de los sujetos a la vez que es cargado con afectos y símbolos que le dan una identidad particular. En esa misma línea, Giglia (2012) establece que el mundo se deja descubrir y nombrar, proporcionando al sujeto los cimientos necesarios para crear orden y sentido en un espacio que va tomando forma, a la vez que la relación entre los sujetos y el espacio se va haciendo más profunda.

Como se verá más adelante y teniendo en cuenta lo indicado por Delgadillo (2022) y Giglia (2012), para los jóvenes, el acto de habitar es especialmente significativo, ya que la consolidación de sus identidades se va generando en la medida en que van apropiándose de sus entornos, humanizándolos y domesticándolos simbólicamente. A través de este proceso, estos espacios se convierten en lugares íntimos y cargados de emoción. Margulis (2005), al investigar el comportamiento de los jóvenes en la noche bonaerense, afirma que estos, al ocupar el espacio que les rodea, lo impregnan con elementos que poseen un sentido exclusivo para el mundo juvenil, marcando una clara distinción con quienes no pertenecen a esa juventud, exiliándolos hacia los márgenes, expulsando al resto de la sociedad de esos espacios que no les son propios. De esta forma, la acción de habitar permite a los sujetos construir los contextos en los que irán desarrollando sus vidas (Suazo & Cárdenas, 2021). Los sujetos definen los escenarios en los que se defenderá su presente y proyectarán su futuro, siendo estos reflejo y consolidación de una identidad en constante obra.

Para Núñez y Benwell (2019), una de las principales motivaciones para hacer de un espacio un lugar habitado se encuentra en la consolidación de la intimidad emotiva de los sujetos y en aquellos procesos inmateriales e intangibles que hacen de estos espacios algo único e intransferible. El proceso de construcción refleja motivaciones e intenciones propias de la intimidad, evocando gustos e intereses al momento de dar forma, haciendo que cada espacio cargue con el sello específico de su habitante. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el momento que una casa pasa de ser un espacio cualquiera a un espacio habitado. Aquellos que han tenido esa experiencia, podrán indicar que el espacio se vuelve propio en el momento de la decoración y distribución de muebles, para luego dar paso a la construcción de recuerdos y emociones que son inseparables del espacio en cuestión. Augé (2008) plantea que, al habitar un espacio, se consolidan ahí afectos y emociones, lo que funciona, por consiguiente, como fuente y sustento de característica identitarias, como refugio emocional, etc. Margarit et al. (2022) agregan que estos espacios, también pueden funcionar como contexto para el desarrollo de relaciones con otros sujetos, por lo que pueden albergar afecciones compartidas.

Según Soto (2016), la acción de habitar sería dar sentido afectivo a un espacio ocupado y apropiado, donde se suspenden “las variables utilitarias y las razones funcionales para dar paso a la instantaneidad del sentimiento de placer originado en un conjunto de atributos estéticos” (p. 18). Si bien el primer acceso a los espacios siempre estará condicionado por el sentido práctico, el acto de habitar hará que la practicidad del espacio deje de ser relevante, haciendo que la mediación con los sujetos se enmarque en un carácter más emocional que práctico.

De Certeau (2000) plantea que los sujetos llevan la construcción de los espacios más allá de las paredes de sus casas, dando forma al mundo y a sí mismos, recorriendo los caminos, haciéndose de recuerdos y emociones. En la misma línea, Le Breton (2022), poniendo en valor el acto de caminar, establece que el recorrido constante en el corazón de los espacios, literalmente, va dando forma a senderos donde antes no los había, caminos que se entrelazan unos con otros, permitiendo la aparición de sutiles surcos en la tierra, estableciendo una identidad particular y única del espacio, mientras se van dando forma como sujetos, construyéndose a la par en que construyen los caminos. Para de Certeau (2000), a través del acto de caminar, brotan las estructuras durante el recorrido. Puede ser un edificio que antes era desconocido y que ahora se hace familiar, volviéndolo, eventualmente, un punto de referencia, agregando una característica que no le era propia, modificándolo y, a su vez, apropiándolo para la creación emotiva de aquella ciudad. En este ejercicio se desarrolla una voz en torno al espacio que está siendo habitado, permitiendo su estructuración a través de relatos que hacen referencia a este.

Construcción simbólica de los lugares

Marc Augé (2008) sostiene que los lugares son principios de sentido para quienes los habitan, considerando lo identificatorio, relacional e histórico como rasgos distintivos. Se puede afirmar que un espacio se convierte en lugar cuando los sujetos lo cargan y lo condicionan con diversos elementos simbólicos y afectivos, consolidando la identificación del sujeto con el lugar. Este espacio, ahora entendido como lugar, se convierte en el marco para el florecimiento de relaciones interpersonales con diversos grados de importancia, y sirve de sustento para la conformación de una memoria personal e íntima, en la que se da cuenta del proceso de construcción de las múltiples manifestaciones de la identidad.

Para de Certeau (2000), los lugares son “historias fragmentadas y replegadas […] simbolizaciones enquistadas en el dolor o el placer del cuerpo” (p. 121). En esta definición se destaca el carácter íntimo y emotivo de la configuración de un lugar, ya que hace referencia a las historias y experiencias personales y colectivas de los sujetos que habitan y dan forma a ese espacio transformado en lugar. Lo que caracteriza a los lugares no está en la utilidad original, sino en los elementos afectivos que los conforman. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el lugar en el que se vive, aquello que se conoce como hogar siempre reunirá una serie de elementos prácticos, como la protección frente al entorno o las inclemencias del clima. Sin embargo, será lo emotivo, aquellas historias fragmentadas y replegadas, lo que lo convierte en un hogar, haciendo que la utilidad deje de ser lo primordial y dando paso a los afectos y símbolos. Lo primero a lo que hace referencia un sujeto cuando habla de su hogar no es necesariamente al hecho de que allí se protege del clima, sino a que es un lugar que alberga recuerdos y en el que se siente bien.

No hay que olvidar que un lugar nunca deja de ser un espacio, siempre hace referencia a un estar ahí, pues siempre se comportará como contexto. No obstante, un espacio no siempre será un lugar, ya que existen espacios cuyo sentido se funda exclusivamente en la utilidad que proveen (Augé, 2008). A estos espacios, Augé (2008) los denomina no lugares, entendiéndolos como espacios determinados por su utilidad. Ejemplos de no lugares pueden ser una estación de trenes, un terminal de buses, etc. Aunque para Giglia (2012) estos podrían volverse lugares en caso de ser habitados por personas, o sea, moldeados en afectos, emociones y símbolos.

Según Giglia (2012) los lugares se vuelven inherentes e inseparable de los sujetos, ya que quien habita siempre dará forma al lugar, llevándolo consigo mismo a todas partes. Un ejemplo de esto se da cuando un sujeto se cambia de casa, este lleva consigo muebles, electrodomésticos y artículos personales, como objetos de ornamentación o fotografías. El sujeto carga en esos objetos una serie de elementos identitarios y de personalidad, distribuye y ordena según su voluntad, moldeando ese nuevo espacio, siguiendo sus motivaciones e intereses. Habitar un lugar, implica llevarlo a todas partes, hacia una nueva casa, hacia una nueva oficina, etc.

Este aspecto resulta particularmente relevante al hablar de los jóvenes, pues su consolidación como sujetos autónomos va de la mano con el establecimiento, apropiación y construcción de lugares. Según Feixa (2018), esto se observa, por ejemplo, en la construcción de sus lugares íntimos, como sus habitaciones, donde los sujetos expresan sus múltiples manifestaciones de identidad. Para Margulis (2005), esto se establece en la creación de lugares de esparcimiento, como los barrios destinados a la fiesta y la celebración con un carácter exclusivamente juvenil. En la misma línea, Navarro (2019) observa esta característica en la ocupación de espacios comerciales, como centros comerciales o tiendas por departamento, que son resignificados y cargados de simbolismos por los jóvenes que los habitan, volviéndolos lugares con una marcada significación juvenil. En la construcción de lugares se manifiesta con fuerza el “yo soy” de los sujetos, por lo que para aquellos que están disputando su identidad, construir y defender un lugar puede ser determinante.

Una idea de juventud

Como se dijo, por medio del acto de habitar, los sujetos transforman y construyen los espacios en lugares, cargándolos con afectos y símbolos. Esto permite que el espacio intervenido se convierta en un reflejo del yo soy, íntimo y profundo, haciéndolo fundamental en el desarrollo de las identidades personales. Esta idea cobra una gran relevancia cuando el enfoque se coloca en la juventud, ya que en el acto de habitar se juegan, defienden, manifiestan y establecen todos esos elementos identitarios y de pertenencia, que convierten a los jóvenes en sujetos dueños de un futuro, pero sobre todo, pertenecientes a un presente con derechos y dignidad.

Según Margulis y Urresti (2008), la juventud se caracteriza como una categoría que se articula en función de la edad, constituida en una latencia de responsabilidades y asociada a clases sociales que permiten el privilegio de suspender las acciones propias de la adultez. Por lo tanto, se asume como un grupo de estudio, perteneciente a un rango etario determinado, caracterizado por la idea de “moratoria social”, en la que los sujetos aún no asumen los roles y responsabilidades del mundo adulto, lo que hace, y teniendo en cuenta lo que indica Reguillo (2013), que su perspectiva del “ahora” esté condicionada por lo que “será” y no por lo que “realmente es”. Para Benavides (2021), esta idea de moratoria implica pausar las responsabilidades productivas y sociales de los sujetos, con la intención de aprovechar ese tiempo para adquirir las herramientas que les permitirán afrontar de mejor manera la vida adulta.

Autores como Piaget (2018) y Reguillo (2013) plantean que otra característica de la juventud es el estado de construcción y ensayo de la identidad, ya que, como se profundizará más adelante, en esta etapa se desarrollan y consolidan diversas manifestaciones identitarias, que tendrán repercusiones tanto en su presente como en el futuro de los sujetos. Canales et al. (2015) afirman que, por consiguiente, es necesario entender a los jóvenes como dueños de una autonomía frágil, recientemente adquirida, que se encuentra constantemente puesta en disputa y tensionada por la regencia de un mundo adulto y hegemónico (Oliveira, 2025).

Puede parecer que la juventud conlleva una serie de ventajas para enfrentar las condiciones de la vida adulta, debido a que esa moratoria se presenta como una oportunidad para que las habilidades de los sujetos maduren y se vuelvan más efectivas. Sin embargo, la realidad contemporánea plantea algo diferente. Según Feixa (2020), ese tiempo en que los sujetos no terminan de ser considerados adultos por la comunidad, los coloca en una situación de exposición y vulnerabilidad. La suspensión de responsabilidades, sumada a una identidad aún no consolidada y una autonomía frágil, los vuelve invisibles en un mundo que puede presentarse complejo y hostil.

Construcción de la identidad juvenil

Para Quiroga et al. (2021), la juventud sirve como una etapa en el desarrollo de los sujetos en la que se van consolidando y explorando diversas manifestaciones identitarias, siendo la base de aquellos elementos que serán determinantes durante la vida adulta. Esa proyección hacia el futuro es fundamental para entender el fenómeno, sin embargo, no hay que caer en la tentación de reducirlos a una promesa de futuros adultos, dando reconocimiento y valor a su presente. Para Reguillo (2013), ser joven implica el ejercicio de diversas prácticas identitarias correspondientes a una realidad actual cargada de características culturales, estéticas y afectivas que les son exclusivas.

Las características de lo juvenil, según Muñoz et al. (2020), se van consolidando en la interacción con otros sujetos, especialmente con otros jóvenes. Reguillo (2013) indica que en esa relación se construyen diversas formas de ser joven, y no una sola juventud, ya que, en la tensión y disputa generadas en las interacciones, los sujetos pueden tomar diversos enfoques para enfrentar la realidad de ser joven. Esta realidad hace que las identidades juveniles se construyan en relación con otros sujetos, una relación que se condiciona principalmente en la oposición. Para algunos investigadores, la oposición más relevante es la que se genera con el mundo adulto (Oliveira, 2025; Serrano, 2022; Krauskopf, 2004; Reguillo, 2013), lo que hace que las diferentes juventudes compartan ese factor común, haciéndolos participes de una experiencia generacional (Feixa, 2014).

La relación con los pares, para Le Breton (2012), es fundamental en la construcción de la identidad, pero también expone a los sujetos a la posibilidad de ser juzgados por el resto de la comunidad. Esta experiencia a los juicios de los otros se ve acrecentada en la época de la hiperconectividad, donde predomina una suerte de panóptico omnipresente representado por las redes sociales (González, 2017). Esto significa que el sujeto desarrolla sus prácticas identitarias teniendo en cuenta la exposición permanente de información que le ofrece la red y los constantes juicios de los sujetos que conforman las comunidades virtuales, lo que, según Han (2019) genera una “avalancha descontrolada de pasiones que no configura ninguna esfera pública” (p. 119). Una opinión o comentario sobre un comportamiento puede ser abordado o asimilado, y eventualmente discutido, pero cuando son miles, estos se vuelven un enjambre difícil de soportar y mucho menos de contener. Para Han (2018), la multitud de opiniones se comporta como una experiencia ruidosa, lo que hace casi imposible rescatar algún grado de información, dificultando el establecimiento de prácticas identitarias.

Desarrollo de identidad en la construcción de lugares

Los sujetos, al apropiarse de espacios, ocupándolos y dándoles forma mediante símbolos y afectos, los transforman en lugares habitados (Augé, 2008; Giglia, 2012). Para varios autores, la fuente de ese impulso se encuentra en la necesidad de los sujetos juveniles de dar forma y ensayar diversas manifestaciones de identidad (Morduchowicz, 2018; Feixa, 2018; Reguillo, 2013). La juventud se vuelve ese momento en la vida de los sujetos en el que experimentan todas esas características que los definirán en el futuro, pero con un impacto y relevancia en el presente.

Según Soto (2016), los espacios reflejan esas circunstancias de carácter identitario, lo que los transforma en lugares de pertenencia para los jóvenes, volviéndose exclusivos (Bayón & Saraví, 2022). Esta exclusividad es el punto de partida de la tensión con el entorno (Bayón & Saraví, 2022; Margulis, 2005; Feixa, 2018). Aunque los espacios son inicialmente neutros, también están en disputa, ya que según Días y De Almeida (2017), los sujetos establecen su poder y autonomía en ellos. Cuando un joven se apropia de un espacio, está ocupando un lugar que ya estaba previamente ocupado, lo que para Bayón y Saraví (2022) puede desembocar en alcanzar en común acuerdo para la ocupación del espacio o, por el contrario, a través del conflicto y la tensión. Esa segunda opción tiende a ser la más común y la principal ruptura con el mundo adulto (Oliveira, 2025; Serrano, 2022).

Teniendo en cuenta lo planteado por Feixa (2018) y Reguillo (2017), los jóvenes necesitan estos espacios para ejercitar sus diversas manifestaciones identitarias. La identidad carece de valor si no puede convertirse en una expresión estética o de dominio; no tiene sentido si no se comparte con otros, por lo que ocupar espacios no es una opción, sino un imperativo. Para Serrano (2022), los sujetos necesitan un lugar en el cual hallarse, “encontrar referentes que los lleven a tomar conciencia de su existencia” (p. 10). El lugar que habitan y que construyen les ofrece un punto de partida en el que pueden contextualizarse, teniendo en cuenta que los significados y simbolismos fueron colocados por ellos mismos en ese entorno. Es por esto que los jóvenes están permanentemente buscando espacios, personales o públicos, para hacer realidad la identidad que han ido desarrollando. Estarán dispuestos a luchar por esta oportunidad de habitar y ocuparán gran parte de su tiempo en encontrar y construir un lugar que les permita reconocerse como parte de algo, que les permita hallarse como sujetos identitarios y con pertenencia (Serrano, 2022).

Existen muchos ejemplos de esto, algunos muy generales, pero son particularmente interesantes las distintas experiencias de manifestación social que tuvieron a las juventudes como protagonistas. Tres casos bien documentados sobre la construcción de sentido, mediante una estética que transformó el espacio, volviéndolo lugares de resistencia, pero al final, lugares juveniles. Según Reguillo (2017), esto se pudo observar en el contexto de las movilizaciones en Nueva York y España durante 2011, y en el marco de la movilización de plazas ocupadas. Aguilera (2016) hace la misma observación en Chile, durante las movilizaciones estudiantiles de 2006, fenómeno llamado popularmente “revolución pingüina” (en Chile se les llama “pingüinos” a los estudiantes escolares debido a los uniformes que ocupan). En los dos primeros, la ocupación fue de espacios públicos, en el tercero fueron ocupaciones forzosas de colegios. En todos los casos estaban en juego no solo la discusión política y social, sino las identidades de los sujetos que participaron de estas movilizaciones. Es común escuchar comentarios del tipo yo estuve ahí, para luego reconocerse en un mismo hito que dio forma a una identidad.

En estos casos es posible indicar que el acto de ocupar y pertenecer se vuelve casi más importante que el motivo original de la movilización. Darren Webb (2022) lo indica de la siguiente manera:

¡No!, ellos ocuparon un espacio, ellos se quedaron y se negaron a emitir demandas o dar cuenta de sí mismos. Muchos dentro del movimiento creían que las relaciones sociales transformadas de una nueva comunidad, de una manera diferente de hacer las cosas, surgirían en y a través del proceso de rechazo y la pura reclamación de un espacio (p. 298) (traducción propia).

La ocupación espacial en el fenómeno Occupy Wall Street se volvió más relevante que la motivación inicial. Los sujetos se fueron identificando con el espacio en la medida que lo fueron construyendo como un lugar, dando sentido a las interacciones que se iban generando al interior de este. La determinación de ese espacio en Wall Street fue desarrollando un sentido de identidad personal para quienes se volvieron habitantes del lugar, lo que fue haciendo que la motivación original se empezara a desdibujar. Una situación similar presenta Aguilera (2016) al levantar relatos de jóvenes estudiantes chilenos que participan de una toma de un colegio, en el marco de las movilizaciones de 2006. La ocupación del espacio se vuelve más relevante para los sujetos que la motivación original. En esta instancia se configuran roles, afectos y simbologías acorde a la relación que está teniendo el grupo en el espacio ocupado. Incluso los jóvenes declaran que la experiencia los hace reconfigurar la relación con el entorno, ya que aparecen espacios que no estaban categorizados por ellos, como la cocina del recinto o un túnel que sirvió durante la dictadura como refugio y ese momento fue para ocultar materiales para las protestas (Aguilera, 2016, p. 214). Esta experiencia se va volviendo más significativa para las y los jóvenes que la motivación inicial, haciendo que con el tiempo la movilización vaya perdiendo fuerza.

Esta relación entre jóvenes y espacio será particularmente relevante en una época en que lo virtual arremete con fuerza, ya que los sujetos se vuelcan hacia esos espacios virtuales, en búsqueda de oportunidades para visibilizar sus manifestaciones de identidad y libertad para desarrollarlas y experimentarlas, haciendo que estos espacios se vuelvan significativos.

Redes sociales y la naturalización de la experiencia virtual

Según Navarrete et al. (2017), las redes sociales son un concepto utilizado para “describir plataformas basadas en internet para interactuar con personas que comparten con los usuarios intereses, metas comunes o contextos similares, o que simplemente son conocidos” (p. 256). Para Fernández et al. (2014), estas plataformas permiten a los individuos “construir un perfil público o semi-público dentro de un sistema limitado, articular una lista de otros usuarios con quien comparten conexión y ver y explotar su lista de conexiones y aquellas hechas por otros usuarios dentro del propio sistema” (p. 12). En estas definiciones y tomando en cuenta lo que plantean Lupano y Castro (2019), las redes sociales son caracterizadas como plataformas virtuales, que permiten la interacción entre sujetos, por medio de perfiles construidos con la idea de exhibir solo lo que se desea presentar al resto de los sujetos con los que interactúa.

Van Dijck (2016) indica que las redes sociales son propias de la web 2.0 y, si bien se ofrecen como entornos donde los sujetos tienen una experiencia de control sobre la aplicación, para Morduchowicz (2018) y Pariser (2018) responden a intereses particulares, lo que hace que no tengan la neutralidad que aparentan. Pariser (2018) afirma que las redes sociales son un negocio con dueños y accionistas, y se sustenta en el uso y procesamiento de la información que comparten los usuarios, de esta manera son capaces de crear publicidad a la medida de cada sujeto, con esto, la red social genera ganancias, creando campañas de marketing eficientes y personales. Por ejemplo, Meta (2025), en sus términos y condiciones, explica su modelo de negocio, en este reconoce que toda la información ofrecida por el usuario servirá para entregarle al usuario todo aquello que pueda ser de su interés. Probablemente el atractivo principal de las redes sociales se encuentra en esa capacidad de generar pertenencia personalizada, ya que los sujetos cuentan con esta libertad de acción para dar forma a los perfiles y los espacios que la plataforma ofrece, y a su vez la aplicación retribuye con datos que asume podrían ser de interés del sujeto, haciendo que el atractivo de la experiencia sea la inmersión que se alcanza en la interacción con lo virtual.

Redes sociales y juventudes contemporáneas

Instrumentos como la Encuesta Nacional de Juventud que realiza el INJUV (2022), el Informe Radiografía Digital realizado por CRITERIA (2023) o el estudio realizado por Tarullo (2020) sobre las motivaciones de los jóvenes para estar en redes sociales, han establecido que la gran mayoría de las acciones que realizan los jóvenes en internet implican el acceso a una red social, lo que para Morduchowicz (2018), hace que estos las consideren como una equivalencia de internet.

El mundo juvenil enfrenta a las redes sociales como espacios que permiten interacciones sin los mismos compromisos comunitarios que exigen las relaciones en el mundo análogo. Para Bauman y Leoncini (2018), las redes sociales permiten que los sujetos se presenten con muy pocas limitaciones, construyendo perfiles en los que, según Navarro (2019), muestran todas aquellas características destacables y que quieren que el resto de los sujetos pueda conocer.

Morduchowicz (2018) considera que las redes sociales se comportan, en un principio, como un espacio propio, sin adultos, donde pueden ejercer de manera plena su autonomía y su libertad, experimentando un poder que les permite moldear aquello que les rodea, sin la oposición de otros sujetos. Esto también comparten Bauman y Leoncini (2018), para quienes los jóvenes pueden explorar distintas aplicaciones y plataformas, buscando las que más se acomoden a sus necesidades, instalando y desinstalando, sin ningún compromiso. También pueden experimentar con distintas identidades, asumiendo prácticamente cualquier característica como propia. Muñoz et al. (2020) plantean que, en las interacciones realizadas en el marco de las redes sociales, los jóvenes pueden probar distintos estándares de intimidad, algo poco probable en las interacciones del mundo análogo. Estos se pueden permitir acciones resguardadas por el anonimato, sin tener que vivir la tensión que significa enfrentar cara a cara a los otros.

Sobre la experiencia con el espacio virtual, Morduchowicz (2018) y Pariser (2018) expresan la misma inquietud. Lo virtual se aparece como un espacio libre y autónomo, características atractivas para jóvenes que buscan espacios de desenvolvimiento en los que puedan despojarse de las ataduras propias del mundo adulto, pero la realidad es muy diferente, ya que se enfrentaran a una experiencia virtual saturada de publicidad y de información parcializada o falsa. No es posible dejar de lado que las redes sociales son entidades privadas que viven de la venta de publicidad, no hay inocencia en internet, todo está mediado según intereses particulares (Van Dijck, 2016; Pariser, 2018; Johnson, 2013). Pariser (2018) y la propia Meta (2025) afirman que estas funcionan por medio de algoritmos que se alimentan del comportamiento que tienen los sujetos en la web, procesando la información y proponiendo temáticas, noticias y productos que podría ser atractivos para el usuario.

Los jóvenes son sujetos que están permanentemente buscando su autonomía. Para Bauman y Leoncini (2018), esa búsqueda se traslada al mundo virtual para dar forma a un mundo más acorde con sus ideas y gustos. En este contexto, Morduchowicz (2018) considera que es posible que los sujetos encuentren toda la información necesaria para sustentar sus posturas, sin importar el origen y veracidad de esta, haciendo que su punto de vista sea el único válido, sin la necesidad de cuestionar o defender aquello en que cree. Una red social informando permanentemente según los criterios determinados por los algoritmos, para Ponce (2016) y Vallejos et al. (2020), genera que las interacciones en redes sociales se conviertan en un gueto político y cultural, dejando de lado uno de los objetivos originales de internet: la transversalización de la democracia y la discusión intelectual.

La experiencia permanente e inmersiva de las redes sociales hace que al final no exista un afuera, que no haya nada para buscar, pues no hay ninguna contradicción en las afirmaciones sustentadas en internet. Por el contrario, según Han (2019), es en la contradicción donde encontramos la construcción de lo novedoso, y según Johnson (2013), en la diversidad se genera el crecimiento de los sujetos. Así, Morduchowicz (2018) considera que para el joven que se está formando como sujeto social, que pertenece a una comunidad y que está definiendo su autonomía y su identidad, esto puede ser sumamente complejo.

Redes sociales y juventudes en Chile

Lo primero que aparece en la búsqueda de investigaciones en torno a la relación entre jóvenes y redes sociales en Chile son trabajos que se han preguntado directamente sobre la relación entre juventud, internet, redes sociales y las TIC, entendiendo que los jóvenes tienen más naturalizada esta relación que generaciones anteriores, incluso experimentando un continuo tránsito entre lo análogo y lo virtual. Por ejemplo, Zarzuri (2014) desarrolla el tema asumiendo el uso de las redes sociales como medios de comunicación, Palenzuela (2018) enfrenta la relación como un medio tecnológico para la organización, Cabello et al. (2017) se preguntan en torno al uso práctico de la tecnología y Llorens et al. (2021) estudian en torno al uso de la tecnología en el ámbito escolar. En todos estos trabajos se interpretan a las redes sociales, desde su concepción original como TIC, algo que en principio no es un problema, pero que no se hace cargo de la manera en que las juventudes actuales desarrollan su relación con las redes sociales.

Un ejemplo puntual sobre esto aparece en la investigación de Salazar et al. (2021) y que tiene por objetivo trabajar en torno a la idea de adicción a las redes sociales en estudiantes chilenos de educación media, teniendo en cuenta distintos niveles socioeconómicos. Los investigadores utilizaron un instrumento diseñado en 2014, que entiende a la adicción como una situación que acontece durante el uso práctico de lo virtual. El resultado del ejercicio indicó que los jóvenes no presentan niveles preocupantes de adicción, aunque los tiempos de conexión son altos, siendo este uno de los factores principales para indicar la presencia de una adicción. Los investigadores indican que no tienen claridad del motivo de esa situación.

Otra contradicción se puede observar en una investigación realizada por la Universidad de Colima (Cuevas, 2020). En este estudio se abordó la construcción de relaciones en torno al uso de tecnologías sobre lo virtual y aparecieron contradicciones como que los jóvenes consideraban que las redes sociales los mantenían lejos de otros sujetos, pero al mismo tiempo afirmaban que las ocupaban para interactuar.

En la aplicación de los instrumentos en los dos estudios, el enfoque de las preguntas estaba puesto en el sentido utilitario que dan los sujetos a su relación con las redes sociales, dejando de lado preguntas que hicieran referencia a vivencias, emociones o afectos que explicaran el comportamiento. También esto aparece en la investigación de Martínez et al. (2022), donde las redes sociales solo se entienden como medios para intercambiar información entre seguidores de un artista. O en la investigación encabezada por De los Reyes et al. (2021), donde las redes sociales se entienden como herramienta por medio la cual se puede ejercer violencia y control sobre la pareja. En estos casos se realizan mediciones sin preguntarse por la manera en que los sujetos vivencian la experiencia virtual.

Una segunda corriente en investigaciones sobre juventud y redes sociales, son las que profundizan en la manera que las juventudes atienden la manifestación política y las movilizaciones estudiantiles, presentando a las redes sociales como los principales medios de organización usados por los jóvenes durante las movilizaciones estudiantiles acontecidas en Chile, durante los años 2006, 2011 y 2015. En esta línea se encuentran los trabajos de Cabalin (2014), Ponce (2016), Pleyers (2018) y Aguilera (2016). En todas estas investigaciones las redes sociales son reconocidas como factores relevantes en el auge de las movilizaciones estudiantiles, alcanzando un consenso en el que las redes sociales son tecnologías usadas principalmente por jóvenes y que cumplieron un rol principalmente organizador y de difusión. En estos trabajos, son entendidas como herramientas fundamentales y fundacionales para la organización juvenil, ya que permiten una interacción e intercambio de información, con menos mediaciones que las instancias tradicionales, además de ser un medio que, en ese momento, tenía un uso casi exclusivo de estudiantes.

En los últimos años, incluso antes de la pandemia, aparecen diversas investigaciones que reconocen que las redes sociales pueden ser algo más que las TIC. Por ejemplo, trabajos como los de Gómez y Jiménez (2022) y Armijo (2024) entienden lo virtual como un contexto que puede tener repercusiones en la manera en que se construyen las identidades juveniles, ya que pueden influir y condicionar las interacciones entre sujetos. Las redes sociales empiezan a dejar de ser vistas solo como un medio tecnológico, y se les empiezan a atribuir categorías espaciales, lo que hace que la manera en que empiecen a ser entendidas se complejice. Otro ejemplo de esto son las investigaciones desarrolladas por Del Prete y Rendon (2020) y Vallejos et al. (2020), donde las redes sociales son entendidas como un contexto espacial en que es posible la construcción de interacciones, dejando atrás la idea tradicional de que las redes sociales tienen la utilidad de facilitar la comunicación y la organización, para empezar a cumplir el rol de un espacio en el que se puede ejercer la ciudadanía. La diferencia que aparece con investigaciones anteriores es que estas entendían a las redes sociales solo como medio de comunicación o como tecnología que facilita la interacción, restando la posibilidad de influir también, en la construcción de los discursos y los relatos de identidad ciudadana.

La otra manera novedosa en que las investigaciones actuales han entendido a las redes sociales se centra en caracterizarlas con la capacidad de servir como contexto espacial en el que se pueden desarrollar habilidades y conocimientos. Sobre esto aparece la investigación de Valdivia (2021), quien plantea que Instagram se comporta como un espacio donde los jóvenes son incentivados, a través de la interacción con otros sujetos, a instruirse en la creación de contenido, para ser exhibido en ese espacio virtual. En este caso la red social se presenta como un contexto para compartir por medio de la creación de contenido audiovisual.

Este nuevo enfoque para entender lo virtual también se encuentra en investigaciones que se preguntan en torno a la discriminación y un ejemplo está en Del Prete y Rendon (2022), donde se exponen a las redes sociales ya no como aquellas herramientas en las que se podían enviar mensajes ofensivos, sino como un contexto en que este tipo de acciones pueden acontecer comportándose de manera similar al del espacio público. De esta manera, la red social pasa a ser uno de los factores condicionantes en el acto de violencia, como un espacio, que carece de la inocencia del instrumento. Esta situación está siendo medida año a año por organizaciones gubernamentales y privadas, donde se homologa a la violencia que sucede en contextos virtuales, con la violencia que se desarrolla en el mundo análogo, igualándolas en la importancia e impactos en el desarrollo de la sociedad (Criteria, 2023).

Es relevante el hecho de que estas investigaciones consideren a las redes sociales como espacio y contexto, dejando de lado la idea tradicional de tecnología de información y comunicación. Esto permite empezar a tener un acceso más integral de los fenómenos sociales, poniendo el acento en las juventudes, ya que estos pueden ser considerados como los primeros habitantes originales de los espacios virtuales. A pesar de lo expuesto, la idea de que las redes sociales son herramientas sigue estando presente en muchas investigaciones, y aún se desarrollan trabajos con esta premisa, donde la pregunta de investigación sigue estando centrada en la manera en que se usa la tecnología. Esto es posible verlo en investigaciones como las de Bello y López (2022) y Coluccio y Muñoz (2021), donde las redes sociales son entendidas como herramientas que permiten el desarrollo de liderazgos, o investigaciones como las de Rodríguez et al. (2021) e Ibáñez (2024), donde se busca conocer las actividades que realizan los sujetos cuando usan las redes sociales, reduciendo la experiencia a compartir contenido propio o de terceros.

Es entendible que las primeras investigaciones que abordaron la relación entre juventudes y redes sociales entiendan que se está en frente de las TIC, ya que ese era el objetivo original de las redes sociales y todo lo relacionado con internet. Esto no es un problema en sí mismo, sobre todo en investigaciones más antiguas, lo problemático surge cuando se presenta como el único enfoque permitido para preguntarse sobre este fenómeno. En la actualidad debe tomarse en cuenta la manera en que las juventudes experimentan sus redes sociales, sin reducir la pregunta a lo funcional y utilitario, ya que estas nuevas generaciones están desarrollando parte de sus vivencias personales y sociales en los espacios virtuales. Es posible que en la academia puedan convivir los distintos enfoques de investigación en torno a este tema y la manera en que la academia chilena ha abordado el fenómeno es un buen ejemplo de ello.

Conclusiones

Teniendo en cuenta la pregunta inicial de este estudio (¿cómo se relacionan los jóvenes de hoy con sus redes sociales?). Es posible plantear que la relación entre los jóvenes y sus redes sociales se caracteriza por la distinción entre una TIC y un espacio virtual. Mientras una TIC es una herramienta con un sentido práctico, medible y cuyo valor se considera en virtud de su utilidad, un espacio no se reduce al uso. Aunque los espacios pueden tener una función determinada, también pueden ser habitados, lo que suspende su carácter puramente práctico.

Habitar un espacio implica que los sujetos no solo se relacionan con él, moldeándolo, sino que se construyen a sí mismos mientras transforman ese espacio. De esta manera, esta distinción es fundamental para entender el mundo juvenil, ya que ofrece una perspectiva que se ha mantenido oculta en el último tiempo. Los jóvenes, al dar forma a los espacios que ocupan, también moldean sus manifestaciones de identidad, configurando sus virtudes, creencias y sentidos.

Teniendo en cuenta el objetivo de este estudio, presentar una propuesta teórica en la que se pueda fundamentar una investigación científica en torno a la experiencia de habitar espacios virtuales y su importancia para el entendimiento del mundo juvenil, se propone una visión diferente a la manera en que la academia ha enfrentado la relación que tienen los jóvenes con internet y sus plataformas. Se puede sostener que esta relación no se reduce a una mera experiencia de usuario, sino que se configura a través de afectos y símbolos. Por tanto, el siguiente paso consiste en abrirse a la posibilidad de emplear otras metodologías de investigación que permitan comprobar empíricamente las ideas que aquí se plantean. Explorar esta relación como una relación espacial, abriéndose a la posibilidad de entenderla desde el concepto de “habitar”.

Este cambio de paradigma puede tener repercusiones significativas en diversas áreas de las humanidades y en las iniciativas dirigidas a la juventud. Considerar las redes sociales como espacios virtuales, y todas sus implicancias, debiera impulsar una reconfiguración de las estrategias en el ámbito educacional y en la alfabetización digital. Algo que va en la línea de lo propuesto por Gozálvez y Cortijo (2023) y lo que plantean Simbaña et al. (2025): desarrollar instancias formativas donde se tenga en cuenta que el uso de una herramienta no es igual al acompañamiento de jóvenes en una experiencia que, aunque mediada por una TIC, no deja de estar cargada de elementos emocionales y simbólicos.

Bibliografía

Aguilera, Óscar. 2016. Movidas, movilizaciones y movimientos. Santiago: Ril.

Armijo, Muriel. 2024. ¿Qué es aprender para ti?: los espacios virtuales en las experiencias infantiles. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 22(2), 1-24. https://doi.org/10.11600/rlcsnj.22.2.5946

Augé, Marc. 2008. Los no lugares: espacios del anonimato. México: Gedisa.

Bauman, Zygmunt, & Leoncini, Thomas. 2018. Generación Líquida. Barcelona: Paidós.

Bayón, María Cristina, & Saraví, Gonzalo. 2022. Espacios de pertenencia juvenil en contextos de desventaja: tensiones y disputas. Última Década (59), 43-74. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362022000200043

Bello, Juan, & López, Julián. 2022. Distribución del Liderazgo y Éxito Escolar: Análisis de Redes Sociales en Escuelas Chilenas. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 20(4), 5-29. https://doi.org/10.15366/reice2022.20.4.001

Benavides, Jacqueline. 2021. Moratoria social y embarazo adolescente. El Ágora USB, 21(1), 225-236. https://doi.org/10.21500/16578031.4551

Cabalin, Cristián. 2014. Estudiantes conectados y movilizados: El uso de Facebook en las protestas estudiantiles en Chile. Comunicar, 22(43), 25-33. https://doi.org/10.3916/C43-2014-02

Cabello, Patricio, Claro, Magdalena, Lazcano, Daniela, Antezana, Lorena, & Maldonado, Luis. 2017. Implementación de estudio de usos, oportunidades y riesgos en el uso de TIC por parte de niños, niñas y adolescentes en Chile. Encargado por MINEDUC y UNESCO-OREALC. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile. https://hdl.handle.net/20.500.12365/18812

Canales, Manuel, Ghiardo, Felipe, & Opazo, Antonino. 2015. Para un concepto de Juventud. En P. Cottet, Juventudes: metáforas del Chile contemporáneo (pp. 47-68). Santiago: Ril.

Coluccio, Giuliani, & Muñoz, Maritza. 2021. Estudio del desempeño y liderazgo de estudiantes de ingeniería industrial usando análisis de redes sociales. Ingeniare. Revista chilena de ingeniería, 29(4), 735-742. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-33052021000400735

Criteria. 2023. Informe Radiografía Digital 2022.

Cuevas, Julio. 2020. Imaginarios sociales sobre uso de tecnología y relaciones interpersonales en jóvenes universitarios a través del cine de ficción como recurso didáctico. Sophia, colección de Filosofía de la Educación, 28(1), pp. 165-183. https://doi.org/10.17163/soph.n28.2020.06

De Certeau, Michelle. 2000. La invención de lo cotidiano. 1 artes de hacer. México D.F.: Universidad Iberoamericana.

De Los Reyes, Verónica, Jaureguizar, Joana, Bernaras, Elena, & Redondo, Iratxe. 2021. Violencia de control en las redes sociales y en el móvil en jóvenes universitarios. Aloma, 39(1), 27-35. http://dx.doi.org/10.51698/aloma.2021.39.1.27-35

Del Prete, Annachiara, & Redon, Silvia. 2020. Las redes sociales on-line: espacios de socialización y definición de identidad. Psicoperspectivas, 19(1). http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol19-issue1-fulltext-1834

Del Prete, Annachiara, & Redon, Silvia. 2022. The Invisibility of Gender-Based Violence in the Social Network. Géneros, 11(2), 124-143.

Delgadillo, Víctor. 2022. (Comprender las formas de) Habitar las ciudades: Ángela Giglia 1961-2021. Quid, 16(17), 214-224. https://doi.org/10.4000/cal.13055

Días, Beatriz, & De Almeida, Eneida. 2017. Procesos de significación en los modos de resistencia urbana. En P. Montealegre, & V. Rozas-Krause, Disputar la ciudad (págs. 87-103). Talca: Bifurcaciones.

Feixa, Carles. 2014. De la Generación@ a la #Generación. Barcelona: Ned.

Feixa, Carles. 2018. La imaginación autobiográfica. Las historias de vida como herramienta de investigación. Barcelona: Gedisa.

Feixa, Carles. 2020. Juventud y Crisis: el concepto de crisis en las teorías sobre la juventud. Revista Española de Sociología, 29(3), 11-26.

Fernández, Cristóbal, García, María Del Carmen, & Del Hoyo, Mercedes. 2014. Las redes sociales en la cultura digital: percepción, participación, movilización. Revista de la asociación española de investigación de la comunicación, 1(1), 12-18. https://doi.org/10.24137/raeic.1.1.3

Giglia, Ángela. 2012. El habitar y la cultura. Madrid: Anthropos.

Gómez, Verónica, & Jiménez, Andrés. 2022. Identidad en la era digital: construcción de perfiles en redes sociales en adolescentes chilenos/as. Convergencia, 29. https://doi.org/10.29101/crcs.v29i0.17430

González, Jorge. 2017. El ocaso de la privacidad en las redes sociales. En A. Constante, & R. Chaverry, Redes sociales, virtualidad y subjetividades (págs. 139-155). Ciudad de México: Ediciones Monosílabo.

Gozálvez, Vicent, & Cortijo, Gemma. 2023. Desarrollo humano y redes sociales en sociedades digitales. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, (34), 41-64. https://doi.org/10.17163/soph.n34.2023.01

Han, Byung-Chul. 2018. En el enjambre. Barcelona: Herder.

Han, Byung-Chul. 2019. La expulsión de lo distinto. Barcelona: Herder.

Heidegger, Martin. 2003. Filosofía, ciencia y técnica. Santiago: Universitaria.

Ibáñez, Rosa. 2024. Mediación de aprendizajes en espacios virtuales de primera infancia. Autoctonía. Revista de Ciencias Sociales e Historia, 7(1), pp. 565-594. http://dx.doi.org/10.23854/autoc.v8i1.357

Injuv. 2022. 10ª encuesta nacional de juventud. Chile: Ministerio de desarrollo social.

Johnson, Steven. 2013. Futuro Perfecto. Madrid: Turner.

Krauskopf, Dina. 2004. Comprensión de la juventud. El ocaso del concepto de moratoria psicosocial. Revista de Estudios sobre Juventud, 8(21), 26-39.

Le Breton, David. 2012. La edad solitaria. Santiago: Lom.

Le Breton, David. 2022. Caminar la vida. Madrid: Siruela.

Llorens, Andrea, Alarcón, Jimena, & Brañes, Javiera. 2021. Alfabetización digital y Tic en la educación secundaria en Chile: Diagnóstico en tiempos de pandemia. Interciencia, 46(4), 148-155.

Lupano, María Laura, & Castro, Alejandro. 2019. Características psicológicas diferenciales entre usuarios de redes sociales de alta exposición vs no usuarios. Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, 1(65), 5-16.

Margarit, Daisy, Moraga, Jorge, Roessler, Pablo, & Álvarez, Imara. 2022. Habitar migrante en el Gran Santiago: vivienda, redes y hacinamiento. INVI, 37(104), 253-275.

Margulis, Mario. 2005. La cultura de la noche: la vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires. Buenos Aires: Biblos.

Margulis, Mario, & Urresti, Marcelo. 2008. La Juventud es más que una palabra. En M. Margulis, La Juventud es más que una palabra (págs. 13-30). Buenos Aires: Biblos.

Martínez, María, Martín, Lara, & Nicolás, Rubén. 2022. Censura y Redes Sociales. El caso de Zahara. Revista Internacional de Cultura Visual. http://dx.doi.org/10.37467/revvisual.v9.3554

Meta. 2025. Centro de privacidad Meta. 23 de abril. Obtenido de Política de privacidad: https://privacycenter.instagram.com/policy/?entry_point=ig_help_center_data_policy_redirect

Morduchowicz, Roxana. 2018. Ruidos en la web. Buenos Aires: Ediciones B.

Muñoz, José, Torrijos, Patricia, Serrate, Sara, & Murciano, Alicia. 2020. Entornos digitales, conectividad y educación. Percepción y gestión del tiempo en la construcción de la identidad digital de la juventud. Revista española de pedagogía, 78(277), 457-475. https://doi.org/10.22550/REP78-3-2020-07

Navarrete, David, Castel, Sara, Romanos, Beatriz, & Bruna, Ignacio. 2017. Influencia negativa de las redes sociales en la salud de adolescentes y adultos jóvenes. Psicología y Salud, 27(2), 255-267.

Navarro, Fernando. 2019. ATR. Adolescentes a todo ritmo. Drogas y alcohol en las clases medias altas. Buenos Aires: Marea.

Núñez, Andrés, & Benwell, Matthew. 2019. Comprendiendo el espacio desde otras escalas: la geografía del habitar como geo-grafía y geo-política cotidiana. Revista Austral de Ciencias Sociales (37), 161-166. https://doi.org/10.4206/rev.austral.cienc.soc.2019.n37-09

Oliveira, Assis da Costa. 2025. Colonialidad del poder centrado en los adultos y/o los derechos de los niños y los jóvenes. Andamios, 22(57), 241-274. https://doi.org/10.29092/uacm.v22i57.1151

Palenzuela, Yadira. 2018. Imaginarios sociales de jóvenes universitarios sobre su participación ciudadana en redes sociales virtuales. En C. Duarte, & C. Álvarez, Juventudes en Chile (págs. 178-195). Santiago: Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Pariser, Eli. 2018. El filtro burbuja. Santiago: Taurus.

Piaget, Jean. 2018. Seis estudios de psicología. Buenos Aires: Siglo XXI.

Pleyers, Geoffrey. 2018. Movimientos sociales en el siglo XXI. Buenos Aires: CLACSO.

Ponce, Camila. 2016. Twitter como plaza pública en el debate sobre educación. Inclusiones, 3(4), 43-58.

Quintana, Laura, & Hermida, Julia. 2019. La hermenéutica como método de interpretación de textos en la investigación psicoanalítica. Perspectivas en Psicología: Revista de Psicología y Ciencias Afines, 16(2) 73-80. http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3593031

Quiroga, Flor, Capella, Claudia, Sepúlveda, Gabriela, Conca, Barbara, & Miranda, Jenniffer. 2021. Identidad personal en niños y adolescentes: estudio cualitativo. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 19(2), 320-344. https://doi.org/10.11600/rlcsnj.19.2.4448

Reguillo, Rossana. 2013. Culturas Juveniles. Buenos Aires: Siglo XXI.

Reguillo, Rossana. 2017. Paisajes Insurrectos. Barcelona: NED.

Rodríguez, José, Martínez, Francesc, Rubio, María José, & Galván, Cristina. 2021. The content posting practices of young people on social networks. Pixel-Bit. Revista de Medios y Educación (60), 135-151. https://doi.org/10.12795/pixelbit.74205

Salazar, Cristian, Barros, Darío, & Quinn, Joseph. 2021. Comportamiento en el uso de Redes Sociales en estudiantes de enseñanza media: Los casos de un colegio particular y uno público en Chile. Revista Ibérica de Sistemas e Tecnologías de Información, 42(2), 506-519.

Serrano, María Laura. 2022. Vivir enclavados. Implicaciones del espacio habitado en la experiencia de juventud. Regions & Cohesion, 12(3), 1-20. https://doi.org/10.3167/reco.2022.120302

Simbaña, Verónica, Jaramillo, Lilian, & Vinueza, Santiago. 2025. El desafío de la escritura académica utilizando herramientas virtuales. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, (38), pp. 323-344. https://doi.org/10.17163/soph.n38.2025.10

Soto, Marita. 2016. Conversaciones sobre el habitar. En M. Soto, Habitar y narrar (págs. 13-30). Buenos Aires: Eudeba.

Suazo, Víctor, & Cárdenas, Andrea. 2021. Modos de habitar periurbano en Santiago de Chile: megaproyectos residenciales cerrados y transformaciones en la vida cotidiana. Revista de Urbanismo (45), 87-107. https://doi.org/10.5354/0717-5051.2021.61157

Tarullo, Raquel. 2020. ¿Por qué los jóvenes están en las redes sociales? Un análisis de sus motivaciones a partir de la teoría de usos y gratificaciones. Prisma Social (29), 222-239. https://revistaprismasocial.es/article/view/3558

Valdivia, Andrea. 2021. Aprendizaje en las redes sociales: literacidades vernaculares y académicas en la producción digital de jóvenes escolares. Pensamiento Educativo, 58(2), 1-17. https://doi.org/10.7764/PEL.58.2.2021.8

Vallejos, Natalia, Rendon, Silvia, & Angulo, Félix. 2020. ¿Son las redes sociales virtuales un espacio de ciudadanía? Psychology, Society & Education, 12(1), 31-42. https://doi.org/10.25115/psye.v0i0.2466

Van Dijck, José. 2016. La cultura de la conectividad. Buenos Aires: Siglo XXI.

Webb, Darren. 2022. Ah Bartleby! Study, learning, and pedagogy in Occupy Wall Street. Review of Education, Pedagogy, and Cultural Studies, 45(3), 285–309. https://doi.org/10.1080/10714413.2022.2079967

Zarzuri, Raúl. 2014. Medios, comunicación y Jóvenes. Una aproximación de la relación de los y las jóvenes con los medios y la comunicación en Chile. Centro de Estudios Socioculturales.

Información adicional

redalyc-journal-id: 4418

Enlace alternativo

HTML generado a partir de XML-JATS por