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El último discurso del presidente mora (Puntarenas, 17 de setiembre de 1860)
President Mora’s Last Address (Puntarenas, September 17, 1860)
El último discurso del presidente mora (Puntarenas, 17 de setiembre de 1860)
Káñina, vol. 41, núm. 1, pp. 13-27, 2017
Universidad de Costa Rica
Recepción: 26 Abril 2016
Aprobación: 07 Agosto 2016
Resumen: Se presenta el hallazgo de un discurso, publicado en 1860 por The New York Times y el Panama Star & Herald, que estos atribuyen a Juan Rafael Mora Porras. Afirman tales periódicos que este lo pronunció el 17 de setiembre de 1860, al arribar a la ciudad de Puntarenas. Se examinan algunos argumentos respecto a la plausibilidad de la hipótesis de la autenticidad del discurso de marras y se ofrece una reconstrucción, en castellano, a partir de las dos versiones en inglés.
Palabras clave: Juan Rafael Mora Porras, discurso, proclama, Puntarenas, 1860.
Abstract: I examine the authenticity of a speech, published in 1860 by The New York Times and the Panama Star and Herald. These newspapers attribute it to Juan Rafael Mora Porras. They claim that Mora issued that proclamation on September 17, 1860, on his arrival in the city of Puntarenas. I feature some arguments about the hypothesis of the authenticity of that speech and propose a reconstruction of its Spanish original version.
Key Words: Juan Rafael Mora Porras, speech, proclamation, Puntarenas, 1860.
1. Introducción
Juan Rafael Mora Porras fue electo presidente de Costa Rica en 1849 y en 1853. Su más grande logro político fue haber declarado la guerra a William Walker y haberlo derrotado (1856-1857), poniendo así coto a las aventuras filibusteras del expansionismo estadounidense en Hispanoamérica.
Fue elegido para un tercer periodo en 1859, pero el 14 de agosto de ese mismo año fue depuesto mediante un golpe de Estado. El 17 de setiembre de 1860 desembarcó en el puerto de Puntarenas, en el Pacífico costarricense, con la intención de retomar el poder por las armas. Según los periódicos Panama Star and Herald (“President Mora’s Address”, 1860, 27 de setiembre) y The New York Times (1860, 8 de octubre) al desembarcar pronunció un discurso, que publicaron traducido al inglés. El original en castellano al parecer no se conserva. El movimiento morista fue derrotado en pocos días y Mora Porras fue fusilado el 30 de setiembre de 1860.
El cuerpo del artículo consta de tres partes. La primera expone las dos versiones del discurso. La segunda examina algunos argumentos que abonan la hipótesis de que el discurso es auténtico. La última sección presenta una propuesta de cómo pudo haber sido el texto original en castellano, a partir de las dos versiones, publicadas en inglés en 1860 por The New York Times y el Panama Star & Herald; para ello se ha considerado el léxico y el estilo discursivo de Mora Porras.
2. Las dos versiones publicadas en inglés
Existen al menos dos versiones del discurso, publicadas en inglés, por periódicos diferentes. La primera apareció en la edición del 27 setiembre de 1860 del Panama Star and Herald. El Sacramento Daily Union, en su edición del 26 de octubre de 1860, también publicó una versión del discurso, pero aclaró que lo había tomado de otra fuente: “el Panama Star de 29 setiembre” de 1860 (claramente cometió una errata respecto a la fecha). La versión del Sacramento Daily Union difiere en unos pocos detalles respecto de su fuente. La segunda versión se publicó en The New York Times, en su edición del 8 de octubre de 1860.
Los textos publicados por el Panama Star and Herald y The New York Times son los siguientes:
3. Respecto a la autenticidad del discurso
El discurso tiene sin duda muchas similitudes con otros documentos cuya autoría se atribuye a Mora Porras, tales como mensajes presidenciales, proclamas y discursos, pero la proclama que este suscribe en enero de 1860 en San Salvador (Mora Porras, El Presidente de la República a los pueblos de Costa Rica, 1860), y la proclama de 29 de marzo de 1860, también suscrita en esa ciudad (Mora Porras, Juan Rafael Mora a los pueblos de Costa Rica, 1860) son los documentos a los que más se asemeja. Sin pretensión de ser exhaustivo, en la Tabla 2 presento una comparación entre el texto que he fijado en castellano a partir de las dos versiones publicadas en inglés, arriba reproducidas, y otros documentos de Mora Porras.

Si el discurso publicado por The New York Times y Panama Star and Herald es apócrifo, su autor debió de conocer profundamente las ideas y el estilo discursivo de Mora Porras. De otra manera no se podrían explicar las similitudes con los mensajes presidenciales, las proclamas y otros discursos del ex presidente.
EN CUANTO A POR QUÉ NO CIRCULÓ EL DISCURSO EN EL MEDIO COSTARRICENSE, PODRÍA SUGERIRSE QUE LA COYUNTURA MISMA DE GUERRA CIVIL DA BASE PARA UNA HIPÓTESIS PLAUSIBLE. PUBLICAR EL DISCURSO PUDO SER INTERPRETADO POR MONTEALEGRE Y SUS SEGUIDORES COMO TRAICIÓN O SEDICIÓN. DE HECHO, SOLO PODÍA SER DEL INTERÉS DE LOS MORISTAS PUBLICARLO, PERO SU MOVIMIENTO FUE DERROTADO EN POCOS DÍAS. SE SABE QUE LA ADMINISTRACIÓN DE MONTEALEGRE
CONOCIÓ EL DISCURSO EN LA VERSIÓN PUBLICADA POR El Panama Star and Herald, pero no lo tradujo ni lo publicó; tampoco hizo alusión a él, a pesar de que dedicó espacio en la Gaceta Oficial de Costa Rica (13 de octubre de 1860: 3-4) a refutar las manifestaciones de aquel periódico que acompañaron la publicación del discurso de marras (Díaz Arias, 2014: 10).
No existe duda de que Mora Porras pronunció un discurso o proclama al desembarcar en Puntarenas el 17 de setiembre de 1860, pues incluso los gobernantes a los que quería derrocar así lo reconocieron:
El 14 en la noche dio Arancibia el grito de rebelión en Esparza, y después de reducir a prisión a las Autoridades del lugar, marchó como con cincuenta rebeldes hacia Puntarenas, que en la misma noche ocupó en nombre de D. Juan Rafael Mora… Dos días después del atentado de Esparza, desembarcó en Puntarenas el pretendido Presidente de la República, en compañía de los ex generales Cañas y Mora, de su sobrino Argüello, y de unas pocas personas más. La proclama que expidió a su llegada, es un documento de refinada hipocresía, audaz, calumnioso y contradictorio en sentido y en ideas. (Gaceta Oficial de Costa Rica, 1860, 14 de diciembre: 4)
Otro punto que abona la hipótesis de que no se trata de un discurso apócrifo, es el hecho de que TheNew York Times declaró, en su edición del 8 de octubre de 1860, que fue su propio corresponsal, identificado como F. W. R., quien el 25 de setiembre de 1860, desde Panamá, remitió la información respecto al desembarco de Mora Porras, su recibimiento por parte de la población de Puntarenas y el discurso que pronunció. Esto sugiere que la fuente de TheNew York Times no es la misma que la del Panama Star and Herald, pues este tenía su propio corresponsal en la ciudad de Puntarenas (así lo afirmó el Daily Alta California, en The Tragedy - Execution of Ex-President Mora and General Canas, 1860).
CABE CONSIDERAR, TAMBIÉN, EL GRADO DE DCON QUE EL CORRESPONSAL DE The New York Times describió la llegada y la presencia de Mora Porras en la ciudad de Puntarenas. De modo que la fuente parece ser de primera mano. Según nuestra traducción de ese relato:
el día 14 de los corrientes [setiembre de 1860], el legítimo presidente de Costa Rica, Gen. J. R. MORA; su hermano, el Gen. JOAQUÍN MORA; su cuñado, el Gen. CAÑAS, quien fue su Secretario de Estado; el señor Aguilar2, y nueve seguidores y sirvientes, se embarcaron en La Libertad, El Salvador, en el vapor Columbus, de la Panama Railroad Company, habiendo tomado y pagado sus boletos para Panamá3. Un grupo tan grande de viajeros lleva, naturalmente, una cantidad considerable de equipaje y algunas cosas para hacer negocios; de modo que el Capitán LUDWIG no se sorprendió de encontrar las cubiertas cargadas de baúles y cajas; los primeros estaban todos etiquetados “para Panamá” y las segundas enviadas, de acuerdo con el plan, al mismo destino. El ex presidente, cuyos modales son, en general, extremadamente corteses y afables, parecía haber adquirido una cantidad adicional de cortesía y buen humor, de su saludable y placentera última ocupación como plantador de cafetos en El Salvador, y fue, los tres días que transcurrieron entre La Libertad y Puntarenas, el alma del pequeño grupo de pasajeros que iba en la cabina. La mañana del 17 de setiembre, el Capitán LUDWIG divisó Puntarenas desde la amura de babor y, tomando su catalejo, distinguió un asta en la orilla que hacía la señal usual que indica “vapor a la vista”; sobre el asta, una gran bandera ondeaba con la brisa de la mañana. Cuando se percató de aquel hecho, el presidente Mora exclamó: “¡Muy bien! ¡Esa es mi señal!” El buque ancló y fue rodeado, inmediatamente, por botes. En uno que estaba bajo el mando del Capitán de Puerto [el coronel Salvador Mora]4, el Gen. [Juan Rafael] Mora y su comitiva fueron invitados a dirigirse a tierra. Al llegar a la playa, el grupo entero fue rodeado por la población de Puntarenas; tal escena de abrazos y estrechamiento de manos rara vez se ha visto, aun en estos vivaces americanos tropicales. Al ingresar a la ciudad, vieron banderas ondeando en cada ventana y carteles de “¡Viva el presidente Mora!” en cada puerta. La población había tomado, dos días antes, las armas del gobierno y había depuesto a todos los oficiales del usurpador MONTEALEGRE, y desde entonces, vigilaba ansiosamente, a la espera del vapor que sabía traería a sus líderes preferidos, los MORA y CAÑAS. MÁS DE 200 HOMBRES, REUNIDOS POR EL GRUPO QUE SE PRONUNCIABA, FUERON INMEDIATAMENTE DOTADOS DE ARMAS, Y SU NÚMERO FUE CRECIENDO RÁPIDAMENTE. LA GARGANTA DE ARENA DE SOLO UNAS POCAS VARAS DE ANCHO -QUE UNE LA CIUDAD CON EL ÚNICO CAMINO A SAN JOSÉ, LA CAPITAL-, AL TENER EL MAR A UN LADO Y UN ESTERO AL OTRO, FUE PUESTA EN ESTADO DE DEFENSA CON UNA BATERÍA DE SEIS CAÑONES, LOS CUALES SE UBICARON EN LA PARTE MÁS ESTRECHA, LA ANGOSTURA. MORA SE OCUPABA DE REALIZAR FUERTES PREPARATIVOS, YA FUESE PARA LA DEFENSA O PARA MARCHAR A SAN JOSÉ, A 75 MILLAS DE DISTANCIA, SEGÚN LAS CIRCUNSTANCIAS LO REQUIRIESEN. SIN DUDA, PREVIAMENTE SE HABÍA ACORDADO QUE SE REALIZARÍAN LEVANTAMIENTOS DE LA POBLACIÓN EN SAN JOSÉ, CARTAGO, ALAJUELA Y HEREDIA, LAS CIUDADES MÁS POBLADAS DEL INTERIOR. NO OBSTANTE, CUANDO EL COLUMBUS ZARPÓ DE PUNTARENAS LA MAÑANA DEL 18 [DE SETIEMBRE DE 1860], SE IGNORABA EL ÉXITO QUE TALES LEVANTAMIENTOS PODRÍAN TENER, PUES DURANTE CUATRO DÍAS NO SE HABÍA TENIDO NINGUNA COMUNICACIÓN CON SAN JOSÉ. PERO EL PRESIDENTE MORA Y LA GENTE DE PUNTARENAS ESPERABAN LOGRAR EL ÉXITO, LO QUE INDICA QUE CONFIABAN EN SUS AMIGOS DEL INTERIOR, PORQUE SIN UNA EFICIENTE AYUDA DE PARTE DE ESA REGIÓN, MORA NO PODRÍA PASAR LOS DEFENDIBLES PUNTOS FUERTES DE LOS MONTES DEL AGUACATE Y LA GARITA. MONTEALEGRE PODRÍA FÁCILMENTE MANTENER ESAS POSICIONES, AUN CONTRA UN NÚMERO VEINTE VECES MAYOR, SI SUS SOLDADOS SE MANTIENEN LEALES Y LOS PUEBLOS EN SU RETAGUARDIA, APÁTICOS. TAN PRONTO COMO LLEGÓ A TIERRA, EL PRESIDENTE MORA PRONUNCIÓ LA SIGUIENTE PROCLAMA: … [SIGUE EL DISCURSO QUE SE REPRODUJO EN LA TABLA 1, COLUMNA IZQUIERDA] (The New York Times, 1860, 8 de octubre: 8)

Si nos atenemos a la narración del corresponsal de TheNew York Times, el desembarco de Mora Porras tuvo lugar en horas de la mañana y fue entonces cuando pronunció el discurso que nos ocupa.
ALGUNOS DETALLES DE LA NARRACIÓN SE CONFIRMAN CON OTRAS FUENTES. POR EJEMPLO, OTIS EN 1861 REPORTÓ DETALLES SOBRE EL VAPOR Columbus como una de las dos naves de la línea de vapores de Centroamérica de la Panama Railroad Company. Según Otis (1861: 149), el vapor Columbus tenía una capacidad de 460 toneladas y su capitán era J. W. Ludwig. Junto con el vapor Guatemala (con capacidad de 1.021 toneladas y cuyo capitán era J. M. Dow), formaba una línea quincenal, de acuerdo con la siguiente tabla de fechas aproximadas de partida y arribo a diferentes puertos de América Central:
Como se expone en la Tabla 3, el Columbus arribaba a Puntarenas el día 17 de cada mes y partía de ese puerto el día siguiente (18 de cada mes), lo que concuerda con los datos aportados por la narración de The New York Times.
El Sacramento Daily Union narró el desembarco de Mora Porras de la siguiente forma:
El día 15 de setiembre -o cerca de ese día- un grupo armado, dirigido por un tal Santander5 -revolucionario peruano, pero quien más recientemente ha figurado como actor de teatro-, previendo la llegada de Mora desde San Salvador en el vapor que se esperaba para el siguiente día, ingresó al cuartel, desarmó al centinela y tomó posesión sin oposición alguna. Mora, acompañado por su hermano y varios otros partidarios, llegó puntualmente en el Columbus y, al bajar a tierra, fue inmediatamente proclamado presidente de la República por el pueblo de Puntarenas. Mora y su comitiva salieron del vapor, subieron al bote de la Capitanía y se dirigieron a la orilla; pero en ese momento la marea estaba bajando con gran fuerza y el nivel del agua era muy bajo; en realidad, tanto que parecía imposible que el bote navegara. En vano los hombres remaban; en vano el patrón indio agotaba su vocabulario de elegantes exclamaciones; en vano el Capitán de Puerto suplicaba a los muchachos6 que se rompieran las espaldas por amor a Mora; finalmente se les obligó, a pesar de la ominosa apariencia del asunto, a levantar a su Excelencia y a subirlo a las espaldas de negros para llevarlo inmediatamente a tierra. Y así él [Mora Porras] hizo su entrada a Costa Rica. (End of the Revolution in Costa Rica, 1860: 1)7
Esta versión puede corroborarse parcial e indirectamente por medio de un relato de Thomas Francis Meagher, quien desembarcó en Puntarenas el 11 de marzo de 1858. Al igual que Mora Porras, Meagher llegó en el Columbus, el cual describió como un “barco viejo a todas luces, al que han puesto una hélice”. Pero lo más interesante es su relato acerca de la forma cómo, al estar la marea baja, hubo de alcanzar tierra firme:
Mirado desde el ardiente golfo de Nicoya, Puntarenas resulta hermoso, pero está bastante atrasado. No tiene malecón, ni muelle, ni embarcadero nuevo ni viejo, ni nada que se le parezca. Se baja a tierra en un bote, un bongo o un lanchón, como le venga a uno en gana o lo permita el bolsillo. Un bote cuesta un peso. A marea baja, las últimas cincuenta yardas del viaje hasta el pueblo, que son del cieno más pegajoso, tienen que hacerse a espaldas de un natural del país cuyas rodillas, según puedo atestiguarlo, no son de lo más firme cuando se les pone a prueba de 200 libras de carne irlandesa, una escopeta de dos cañones y unas botas de montar por añadidura. (Meagher, 1923: 5-6)
El relato de The New York Times concuerda con la descripción del Sacramento Daily Union en el sentido de que Mora Porras intentó llegar a tierra en el bote de la Capitanía de Puerto. A su vez el relato de este segundo periódico coincide con la narración de Meagher sobre la utilización de nativos para que llevaran sobre sus espaldas a los visitantes cuando la marea estaba baja. La detallada descripción que hace The New York Times parece entonces admisible, lo que sugiere que puede atribuirse a un testigo real, a alguien que presenció los hechos que narra.
TAMBIÉN ABONA LA HIPÓTESIS DE QUE EL DISCURSO DEL 17 DE SETIEMBRE DE 1860 ES AUTÉNTICO, EL HECHO DE QUE EXISTEN DOS VERSIONES EN INGLÉS, LAS CUALES SE SUPONE SON TRADUCCIONES DE UN MISMO ORIGINAL EN ESPAÑOL. AMBAS VERSIONES USAN DIFERENTES PALABRAS Y EXPRESIONES, PERO SUS CONTENIDOS COINCIDEN. EXISTE UNA deep structure (Chomsky, 1957) común a ellos.
4. Algunos criterios sobre el discurso
He consultado a algunos estudiosos de Mora Porras y han expresado sus criterios respecto al discurso en cuestión. Según Luko Hilje la hipótesis de que el discurso es auténtico tiene un alto grado de plausibilidad:
¿Quién y por qué habría intentado escribir un discurso así, sino don Juanito? Me parece que la versión original de él llegó a dos corresponsales diferentes, y cada uno la tradujo a su manera. SE PUEDE HIPOTETIZAR QUE DON JUANITO REDACTÓ EL DISCURSO DURANTE LA TRAVESÍA, DE MODO QUE AL LLEGAR A PUNTARENAS YA ESTABA LISTA. ASTUTO COMO ERA, Y PENSANDO EN EL ECO INTERNACIONAL DE SU LUCHA, PIENSO QUE HIZO OTRA COPIA (A MANO, PUES NO HABÍA MÁQUINAS DE ESCRIBIR) Y SE LA ENTREGÓ AL CAPITÁN J. W. LUDWIG, PARA QUE LA CIRCULARA EN PANAMÁ. POR CIERTO, EN SU DIARIO PERSONAL, EL CÓNSUL INGLÉS RICHARD FARRER HABLA DE CIERTA COMPLICIDAD DE PARTE DEL CAPITÁN DEL COLUMBUS, QUE ERA LUDWIG EN ESE MOMENTO, Y NO JOHN M. DOW, QUIEN DESDE AGOSTO DE 1860 COMANDABA EL VAPOR GUATEMALA. EN MI OPINIÓN, EL TEXTO DEL CORRESPONSAL F. W. R. TIENE UN GRAN VALOR HISTÓRICO, PUES APORTA ELEMENTOS QUE NI SIQUIERA DON CARLOS MELÉNDEZ CONSIGNÓ EN SU DETALLADO LIBRO SOBRE MONTEALEGRE. PUESTO QUE F. W. R. NO PRESENCIÓ LOS HECHOS, ES LÓGICO SUPONER QUE QUIEN SE LOS RELATÓ FUE LUDWIG, Y ESTO PODRÍA A SU VEZ EXPLICAR ERRORES U OMISIONES, COMO LA MENCIÓN DEL SEÑOR AGUILAR, QUIZÁS CONFUNDIDO CON MANUEL ARGÜELLO MORA, QUE ACOMPAÑABA A SU TÍO DON JUANITO EN EL COLUMBUS. Finalmente, más allá del valor del discurso, vendría a respaldar los hallazgos de Juan Durán Luzio acerca de la habilidad retórica de don Juanito. Es decir, ese discurso no podía haberlo redactado nadie más que él -otrora pudo haber contado con las plumas de Adolphe Marie y Emilio Segura, sus secretarios o amanuenses, que escribían muy bien, a menos que lo hubiera hecho Manuel Argüello Mora, notable escritor. Eso sí, tengo reservas acerca de esa habilidad de don Juanito, basado en tres cartas escritas por él cuando estaba preso y aislado, pocas horas antes de ser fusilado. Una de ellas, la de despedida de doña Inés Aguilar, su esposa, es la única que he tenido en mis manos y, obviamente, en ella se percibe que su caligrafía coincide por completo con la de la rúbrica de don Juanito. (Hilje, 2016)
Por su parte, la historiadora Carmen María Fallas Santana coincide “en la hipótesis de que el discurso no se publicó en el país por la derrota de los moristas y por el interés de la administración Montealegre de que no se conociera” (2014). Además, según Fallas Santana, existe coincidencia entre el contenido del párrafo del discurso que inicia con la expresión “no es el deseo de venganza lo que guía mis pasos” y
las declaraciones que hizo Mora, después de ser depuesto, [en el sentido] de que los que dieron el golpe de Estado fueron unos pocos traidores (entre los que siempre señaló a Lorenzo Salazar) y que pagarían por sus actos. Afirmaba que el resto de los involucrados habían actuado engañados por los traidores y que ante su eventual regreso, ellos podían estar tranquillos porque no iban a ser castigados. Lo anterior apunta a que el discurso efectivamente fue pronunciado por Mora. (Fallas Santana, 2014)
El historiador David Díaz Arias sostiene una posición similar a la de Fallas Santana, pues afirma que “este discurso tiene algunas ideas ya expuestas por Mora en su conocida proclama de enero de 18608 y en un mensaje dirigido a los ‘pueblos de Costa Rica’ escrito en San Salvador en marzo de ese año9. Sin embargo, aunque parecido, no es ninguno de esos dos escritos” (Díaz Arias, 2014: 10). Y respecto a la pregunta de si realmente ese texto fue pronunciado por Mora Porras al llegar a Puntarenas, responde -en lo cual estoy de acuerdo- que “la pregunta queda abierta para los especialistas en Mora” (Díaz Arias, 2014: 10).
5. Texto propuesto como traducción al castellano
A partir de las dos versiones, publicadas en inglés en 1860 por The New York Times y el Panama Star and Herald, y tomando en consideración el léxico y el estilo discursivo presentes en los discursos, proclamas y mensajes presidenciales de Mora Porras, propongo el siguiente texto, como reconstrucción en castellano de lo que pudo ser la versión original de 1860:
Juan RafaEl MoRa a sus conciudadanos. Costarricenses: Cuando en abril próximo pasado os hice saber las razones que me impidieron ayudaros a sacudir el yugo de vuestros opresores, no pude prever la magnitud que hoy alcanzan vuestros sufrimientos. Nunca intenté abandonaros; solo os pedí esperar y trabajar por el bien del país, porque pensé que el tiempo restablecería la paz interna, sin que mi presencia fuera necesaria en esta República. Desafortunadamente, estaba equivocado. Más de un año ha transcurrido desde los hechos del 14 de agosto. Entonces, vuestros gobernantes han tenido tiempo suficiente para hacer algo en beneficio del país, si hubieran sido capaces o lo hubieran querido. Pero lejos de ello, el pasado año solo ha sido para Costa Rica una página de lágrimas y dolor. El pueblo castigado y oprimido, los sacerdotes de Cristo ultrajados y maltratados, los puertos cerrados al comercio, el Tesoro Nacional casi en bancarrota; en fin, vuestro país vendido, ofrecido indirectamente a los filibusteros. Y todo esto sin considerar la miseria general, el desaliento y la desesperanza que hacen más pesado vuestro trabajo y perturban vuestro reposo. Ha llegado ya el día de que esto se acabe. Vuestros frecuentes llamamientos y el regreso a América Central del filibustero Walker, nos han movido, a los generales Cañas y Mora y a mí, a sacrificar nuestra tranquilidad por la independencia y el bienestar de Costa Rica. ¡Soldados, a las armas! Que la sangre que derramasteis en Nicaragua, Santa Rosa y el río San Juan no sea estéril. Y así venid a uniros con nosotros y no tendréis nada qué temer del porvenir. No es el deseo de venganza lo que guía mis pasos; la clemencia se conforma mejor a mis sentimientos; así es que olvidaré los errores de aquellos que, engañados, prestaron sus servicios a los traidores; pero tened presente que seré inexorable con aquellos que, de hoy en adelante, no respondan al llamamiento de su agónico país, y haré que todo el rigor de la ley caiga sobre aquellos que presten cualquier tipo de ayuda al enemigo común. ¡A las armas, costarricenses! Apresuraos a uniros con nosotros y a romper vuestras cadenas al grito de ‘¡ViVa Costa RiCa’! Juan R. MoRa. Puntarenas, 17 de setiembre 1860.
6. Conclusiones
La autenticidad del discurso, que los periódicos The New York Times y Panama Star & Herald en 1860 publicaron y atribuyeron a Juan Rafael Mora Porras, solo puede ser planteada como una hipótesis. No obstante, a esta se le puede reconocer cierto grado de plausibilidad si se consideran los siguientes argumentos:
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Notas