Artículo
Incomprendidos, solitarios, aislados…: un acercamiento a los narradores masculinos en la narrativa de Federico Jeanmaire
Lonely, Misunderstood, Isolated…: An Approach to Male Narrators in Federico Jeanmaire’s Narrative
Incomprendidos, solitarios, aislados…: un acercamiento a los narradores masculinos en la narrativa de Federico Jeanmaire
Káñina, vol. 48, no. 1, pp. 1-20, 2024
Universidad de Costa Rica
Received: 09 February 2023
Accepted: 24 August 2023
Resumen: Este artículo se centra en analizar al narrador de las novelas Papá (2003), La patria (2006), Wërra (2020), Darwin o el origen de la vejez (2022) e Historia íntima del amor masculino (2022), del escritor argentino Federico Jeanmaire, desde un enfoque de género a partir de las nuevas masculinidades. De carácter autobiográfico, estas novelas se caracterizan por estar narradas en primera persona por un personaje que funciona como transposición del propio autor, quien cuenta sus vivencias. En particular, se investiga la relación del narrador con las masculinidades hegemónicas y sus instituciones y las actitudes que presenta ante sus propias emociones o el amor romántico.
Palabras clave: Nuevas masculinidades, nueva narrativa argentina, literatura y género, Federico Jeanmaire, masculinidades hegemónicas.
Abstract: The main goal in this paper is to analyze the narrator of the novels Papá (2003), La patria (2006), Wërra (2020), Darwin o el origen de la vejez (2022) e Historia íntima del amor masculino (2022), by the Argentinian writer Federico Jeanmaire, from a gender perspective focused on the study of new masculinities. These autobiographic novels are characterized by being narrated in first person by a narrator that functions as a transposition of the author himself, who recalls his life experiences. Particularly, the paper focuses on investigating the relation between the narrator and hegemonic masculinities and its institutions, as well as on attitudes he unfolds in his own emotions or in the romantic love.
Keywords: New masculinities, new Argentinian narratives, literature and gender, Federico Jeanmaire, hegemonic masculinities.
1.Introducción
Federico Jeanmaire (Baradero, 1957) es un escritor argentino con más de una veintena de novelas publicadas. Ha sido galardonado con el Premio Especial Ricardo Rojas (1999) por Mitre (1998), el Premio Emecé por Vida interior (2008), el Premio Clarín por Más liviano que el aire (2009) y el Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones por Darwin o el origen de la vejez (2022), además de haber resultado finalista del Premio Herralde de novela en 1990 con Miguel y en 2016 con Amores enanos. Su obra se caracteriza por estar dividida entre una corriente ficcional y otra con tintes autobiográficos, donde el autor reflexiona sobre sus propias experiencias vitales a través de un narrador que funciona como transposición de sí mismo. En este artículo nos centraremos en analizar a este último desde el enfoque de las nuevas masculinidades.
En primer lugar, contextualizaremos el estudio de las masculinidades en Argentina, abordando las investigaciones más relevantes para nuestro trabajo. A continuación, comenzaremos el análisis de nuestro corpus, consistente en las novelas Papá (2003), La patria (2006), Wërra (2020), Darwin o el origen de la vejez (2022) e Historia íntima del amor masculino (2022b y 2022c). La elección de estas novelas en concreto responde a que todas ellas pertenezcan a la vertiente autorreferencial de su obra y, además, comparten un narrador con características comunes. En este sentido, proponemos la clasificación de estas obras dentro del paraguas de las novelas autobiográficas, pues se trata de escritos que «aparte de algún guiño o sugerencia del narrador en su relato para orientar al lector o para despistarle, exige(n) el conocimiento de la biografía del novelista a fin de determinar el autobiografismo o no del relato» (Alberca, 2007, p. 99). En este tipo de escritos, el novelista trata de ocultarse detrás de algún personaje -en este caso, el narrador en primera persona que cuenta su propia historia- y hace sospechar al lector que existe una identificación entre este y el autor, pero sin llegar a confirmarla (Alberca, 2012). En el caso de Federico Jeanmaire, el narrador protagonista de las novelas mencionadas no revela nunca su nombre, pero comparte una serie de características comunes fácilmente identificables con el propio autor: se trata de un escritor argentino, cuyo padre fue militar, que ha vivido exiliado en Europa, tiene un hijo y vive en Buenos Aires en la actualidad. Sin embargo, es en las entrevistas donde el autor expresa de forma más clara la coincidencia entre su biografía y su obra. Ante la pregunta de si la novela La patria es completamente autobiográfica afirma:
Sí y no. Sí porque todas las anécdotas son verdaderas. No porque he mentido sobre los momentos en que estas suceden... Por un lado, porque no tengo clara la cronología exacta de los acontecimientos y porque quería usar un esquema temporal de novela (de hecho, el libro transcurre en una sola noche y yo tardé tres años en escribirlo). Por el otro, porque también quería trabajar con la idea de que todo recuerdo supone una construcción. Además, en los recuerdos importa menos cuándo suceden éstos que la significación del hecho. O al menos mi memoria funciona así. (Arribas, 2016, párr. 19).
Debido a la relación de su padre con el ejército, Teresa Basile (2019) incluye Papá como un ejemplo de las narrativas de «los otros HIJOS», es decir, las historias, autobiográficas o no, contadas por los descendientes de los perpetradores. Para esta investigadora, las autoficciones -entre las que incluye Papá- forman parte de este corpus porque ponen «(…) en escena la propia construcción de la memoria focalizando en sus procesos, exhibiendo sus mecanismos, iluminando sus lagunas y desconfiando de sus certezas y transparencias» (p. 232). Además, constituyen un testimonio capaz de ampliar los puntos de vista e incorporan vínculos con otros textos y tradiciones. Aunque la perspectiva de Basile es interesante, debemos resaltar nuestro desacuerdo en incluir la citada novela de Jeanmaire dentro de la categoría de autoficción, ya que, siguiendo a Manuel Alberca (2012), en este tipo de obras «su transparencia autobiográfica proviene de la identidad nominal, explícita o implícita, del narrador y/o protagonista con el autor de la obra, cuya firma preside la portada» (p.145), a diferencia de las novelas autobiográficas, donde se englobarían las del escritor argentino, pues en estas no existe coincidencia nominal entre personaje y autor, sino que pareciera que este último buscara ocultarse detrás del narrador para contar desde esa posición velada los hechos autobiográficos de su vida.
Por tanto, el análisis se dividirá en dos partes: una primera, donde se estudiará la relación del narrador con otros hombres y con ciertos conceptos o actitudes prototípicos de las masculinidades hegemónicas y una segunda, centrada en la relación del narrador con sus propias emociones; ahí, se analizará su conducta respecto a las mujeres y las relaciones románticas. Finalmente, se concluye con una recopilación de los resultados obtenidos a fin de ofrecer una visión general que se adecue al corpus analizado.
2. Sobre el estudio de las masculinidades en Argentina
Los estudios sobre masculinidades en América Latina fueron iniciados en la década de los setenta por mujeres feministas como una rama más de los estudios de género, en contraste con las investigaciones desarrolladas en la esfera anglosajona, donde estos fueron llevados a cabo por otros hombres (Gutmann y Viveros Vigoya, 2004). En el caso concreto de Argentina, Insausti y Ben (2017) proponen los años 80 como momento clave, pues fue en este periodo cuando se produjeron los cambios más revolucionarios en las parcelas en las que centran su análisis: las relaciones de pareja, la estructura familiar y la forma de vivir la homosexualidad. En este sentido, los investigadores observan que, si bien la homosexualidad había estado ligada al afeminamiento y las relaciones esporádicas, a partir de los años 80 «los homosexuales empezarán a reivindicarse masculinos y a construir relaciones monogámicas y estables, reguladas por los ideales de amor romántico y de moral tradicional» (p. 31). De igual forma, en los varones heterosexuales se produce un desplazamiento hacia una masculinidad más flexible que les permite expresar sus sentimientos u ocuparse del trabajo doméstico. Además, Insausti y Ben (2017) recurren al trabajo de Carolina Rocha (2012) para explicar que la caída del Estado del Bienestar en 1989 no solo termina con el rol paternalista simbólico que el Estado había ejercido hasta el momento y que legitimaba la identidad masculina como proveedor económico familiar, sino que también favorece la entrada de la mujer en el mercado de trabajo y, por lo tanto, el acercamiento del hombre al mundo doméstico.
Esta investigadora traza un recorrido por el desarrollo y la construcción de las masculinidades a lo largo del siglo XX que muestra cómo la masculinidad hegemónica retorna a lo militar con los distintos periodos de gobierno militar y peronismo, y concluye que «The Falklands/Malvinas defeat in 1982 also ended the heroic and sacrificial version of masculinity that was deployed by the authorities to build consensus and national unity» (Rocha, 2013, p. 8). La Guerra de las Malvinas, en la que Argentina y Gran Bretaña combatieron por la posesión de las islas, se extendió desde abril a junio de 1982 y, a pesar de su corta duración, dio lugar a una extensa producción cultural y científica que todavía continúa creciendo al día de hoy y donde se pueden incluir las novelas Papá y La patria de Federico Jeanmaire, en las cuales se ejemplifican el heroísmo y el sacrificio ligado a las masculinidades militarizadas.
A la hora de estudiar las masculinidades en la producción literaria sobre Malvinas se vuelve fundamental acudir a los estudios de Paola Ehrmantraut y, en particular, a su tesis doctoral Masculinidades en transición: la Guerra de las Malvinas en la literatura y el cine, donde dedica un último apartado a las novelas Papá y La Patria de Federico Jeanmaire. En él, desglosa las apreciaciones sobre los conceptos de nación, nacionalismo y patria que aparecen en la novela y argumenta que en ambas obras se produce una identificación entre el concepto de patria y la figura del padre que sirve como punto de partida de la búsqueda de identidad del protagonista. Para Ehrmantraut (2009), el protagonista de las novelas se construye en contraposición con las ideas y la masculinidad hegemónica que el padre representa, idea que retomaremos más adelante y que extenderemos también a la novela Wërra.
También Elsa Drucaroff (2011) ha puesto de relieve la importancia de considerar la aparición de nuevas masculinidades en la literatura argentina post dictatorial y ha destacado la presencia de una «mirada femenina» en la narrativa de muchos escritores contemporáneos, entendiendo esta como «(…) la que de algún modo observa el mundo desde el interés implícito o explícito del género oprimido» (p. 267). De este modo, la autora destaca brevemente a los escritores Sebastián Basualdo, Pablo Ramos, Gustavo Nielsen, Gonzalo Garcés, Enrique Solinas, Eduardo Muslip, Pedro Mairal, Ariel Bermani, Oliverio Coelho o Gustavo Ferreyra como ejemplos de novelistas en cuyas obras aparecen varones que representan las masculinidades no hegemónicas. En el capítulo que dedica a la cuestión, la investigadora se centra en la construcción de los personajes femeninos que realizan estos narradores de posdictadura, ya que, según argumenta, por primera vez se convierten en «personas en vez de solo mujeres» (p. 269).
3. Masculinidades en combate: Papá, La patria y Wërra
La masculinidad hegemónica, por ser aquella que ostenta la posición privilegiada o dominante legitimada a través del sistema patriarcal actual (Connell, 2020), encuentra sus representantes en los altos mandos militares, gubernamentales o empresariales, esferas prácticamente ajenas a la mujer hasta hace relativamente poco y donde es posible encontrar una exhibición corporativa de la masculinidad que mezcla el ideal masculino cultural y el poder institucional. Es por esta razón que la conexión entre el ejército y las masculinidades hegemónicas ha sido subrayada y estudiada en innumerables ocasiones, demostrando que es posible observar una relación recíproca en los valores que ambos comparten y perpetúan, como son el coraje, el estoicismo, la agresividad o la superioridad física. De este modo, el concepto de masculinidad hegemónica nos provee del marco ideal para que la guerra suceda o sea considerada como una posibilidad aceptable, por lo que, según explica Hutchings (2008), un cambio en estos patrones genéricos significaría dar un paso más allá en el objetivo de evitar muchas guerras futuras.
Tanto el ejército como las distintas contiendas bélicas son temas muy presentes en la narrativa de Jeanmaire, ya sea por la profesión de su padre -militar en reserva1- o por el recuerdo de la dictadura de la Junta Militar y la Guerra de las Malvinas que el autor vivió siendo un adulto joven. De entre sus novelas, Wërra (2020), Papá (2003) y La patria (2006) se caracterizan por indagar en estos temas desde una misma perspectiva y un narrador en primera persona que, como ocurre en las novelas autobiográficas, personifica al autor a la vez que lo enmascara.
Wërra, publicada en 2020, narra la historia de la Operación Chariot, llevada a cabo por el ejército británico en 1942 e investiga sobre los soldados que la integraron. Escrita desde un presente cercano a la actualidad, la novela contrapone tres tiempos y tres guerras: la investigación sobre la ofensiva de la Segunda Guerra Mundial que el narrador realiza desde Saint-Nazaire, los recuerdos que alberga de la Guerra de las Malvinas en los años ochenta y el propio presente, en le cual el ejército francés acaba de bombardear Siria. En la novela, el narrador relata el desarrollo y la planificación de la operación como resultado de una extensa investigación sobre la contienda y sobre cada uno de los soldados que participaron en ella. Con este objetivo, recoge testimonios reales, descripciones de fotografías, así como las narraciones de los propios hechos que los supervivientes compartieron.
La cercanía entre los conceptos de masculinidad y ejército ha sido explotada también por los distintos gobiernos, que según Higate y Hopton (2004)
have utilized ideologies of idealized masculinity that valorize the notion of strong active males collectively risking their personal safety for the greater good of the wider community (…) to gain support for the use of the violence by the state. (p. 434)
Concretamente, Jablonka (2020) especifica que este tipo de masculinidad hegemónica estaría caracterizada por el sacrificio, la voluntad de entregar la vida por una causa, ya sea la patria, Dios, la familia, entre otros, y funcionaría como uno de los tipos de masculinidades de dominación2. El narrador de Wërra se opone a este pensamiento y en sus reflexiones sobre la batalla concluye que «la guerra solo quiere mostrarse, a los ojos de los que no han participado activamente en ella, como una franca contienda entre héroes. (…) Una fantasía que se encargan de alimentar todos los gobiernos y todos los ejércitos del mundo» (Jeanmaire, 2020, p. 260).
Sin embargo, la reflexión que el narrador realiza sobre la guerra a lo largo de la novela no es solo un cuestionamiento de la propia contienda bélica, de la violencia y los juegos de poder que se ocultan tras ella, sino que indaga y reflexiona también sobre las conductas de los soldados que en ella participan. En este sentido, el protagonista destaca la forma en la que narran la batalla, pues, según cuenta:
Parecen monólogos festivos, de esos que los hombres estilan hacer en los bares después de unas cuantas copas. Monólogos que cuentan el encanto de haber estado allí y todavía estar acá. Monólogos que juegan al encanto y que jamás hablan de la mierda de la guerra. (p. 343)
Se encuentra, por lo tanto, una versión oficial de lo ocurrido que roza la mitificación, con soldados que afirman que no tenían miedo o con historias tan inverosímiles que, como el propio narrador señala, parecerían sacadas de la serie de televisión Combate. Las declaraciones de los soldados se adhieren al paradigma que se desprende del concepto de masculinidades hegemónicas y sirven de base para lo que Jablonka (2020) denomina como masculinidades de ostentación: aquellas actitudes que se esfuerzan por demostrar el vigor, el coraje, el deseo, que se sustentan en el exceso. No solo los supervivientes están «encantados» de haber vivido todo aquello, sino que, incluso, en una entrevista uno de los participantes «repite hasta el hartazgo que no tenía miedo, que nunca tuvo miedo y que ninguno de sus camaradas de armas lo tenía» (Jablonka, 2020, p. 350), en una clara ostentación de la supuesta valentía y vigor compartida por todos ellos.
La visión de la contienda como algo positivo contribuye a ensalzar el carácter atrayente de la guerra, su carácter heroico o incluso lúdico, aquel que anima a los niños a jugar con pistolas y armas de juguete y a los adultos a consumir películas o libros que ahondan en la ficción bélica. Esta idea de la guerra como juego se ve reforzada en la novela, en primer lugar, por los soldaditos de juguete que, según el narrador, fabricaba su abuelo Rómulo y, en segundo lugar, por la fotografía que le muestra su amigo Laurence y en la que aparecen su padre y su tío jugando a las pistolas con ramas de árboles. Sobre esto, Higate y Hopton (2004) explican que una de las maneras en las que tradicionalmente se han promulgado los valores militares ha sido a través de los juguetes de los más pequeños, pues, en el caso de los niños, eran incentivados a jugar con tanques o pistolas de juguete, así como aviones o soldaditos.
La mitificación de la guerra aparece también representada a través de la figura del padre, de quien el narrador cuenta que, cuando Argentina invadió las Malvinas, «creyó entonces que, por fin, había llegado su oportunidad de defender a la patria» (Jablonka, 2020, p. 50). De este modo, ante los modelos hegemónicos que tanto los soldados de la Operación Chariot como su padre representan, el narrador/autor aparece como una voz disidente. En Wërra, deja clara su posición antibélica al explicar que no entiende cómo, pudiendo haber evitado muchas muertes, los soldados británicos no avisaron, cuando la batalla ya estaba ganada, de que había una bomba en la esclusa a punto de explotar. Si ser valiente significa apostar la vida en el juego de la guerra, el narrador se declara un cobarde. Esta idea se repite tanto en esta novela como en Papá (2003) y refuerza su caracterización como personaje: si la masculinidad hegemónica va ligada a nociones tales como la valentía, el sacrificio por la patria, en contraste, la noción de cobardía lleva al protagonista a participar de una masculinidad otra, cercana a lo que Connell (2000, p.86) denomina «masculinidad de subordinación» la cual se caracteriza a través de las relaciones de dominancia o subordinación que se establecen entre grupos de hombres, dentro de las cuales quedan en una posición de inferioridad aquellos que no cumplen con el ideal cultural de masculinidad hegemónica.
A lo largo de la novela, el narrador se reafirma en sus creencias y subraya su «cobardía» en numerosas ocasiones, ya sea al compararse con los soldados británicos, seguros y dispuestos a dar su vida, al imaginarse a los soldados alemanes enfrentándolo por las calles de Saint Nazaire o, incluso, cuando tras la noticia de un ataque terrorista en Francia, se figura siendo víctima de una situación similar en una feria en Nantes. Esta preocupación por la valentía viene desde su infancia, pues, como explica en Papá:
El mundo no es de los cobardes, repetía mi viejo cuando yo era chico, y, ante cada nueva repetición, yo estaba todavía más convencido, incluso más convencido que la vez anterior que lo había escuchado, de que el mundo nunca sería mío. Jamás. Estaba convencido de que el mundo sería siempre de los valientes, de los otros, de las personas como mi padre, en definitiva. (Jeanmaire, 2003, p. 102)
De esta forma, contrapone la actitud de los militares, como los soldados de la Operación Chariot o su padre, y la suya, asumiendo que nunca podrá demostrar una valentía que no tiene ni le interesa tener. Desde esta perspectiva, el narrador ofrece una visión realista del heroísmo que la masculinidad hegemónica exige a través de la anécdota que narra sobre el alemán al que en el desembarco de Normandía se le escapa un tiro en el pie y tiene que retirarse. En su intento por deconstruir o desmitificar la visión ensalzada de la guerra y la masculinidad hegemónica en ambas novelas, el narrador responde que «No podría asegurar que el tiro no se le haya escapado, pero tengo mis dudas. La valentía se exagera y la cobardía se esconde» (Jeanmaire, 2020, p. 392).
Más allá de la tradicional dicotomía entre cobardía y valentía donde la segunda significa sacrificar la propia vida, en la novela se narran modelos distintos de valentía, como el que representa la historia de los soldados Paul y Swayne (alemán e inglés, respectivamente), quienes, cuando el segundo es capturado, se convierten en entrañables amigos movidos por el respeto mutuo. Junto a esta consideración de valentía, el narrador pone su esperanza en las nuevas generaciones pues, según cuenta, a diferencia de lo que ocurría anteriormente, ya no se atribuye un género a los juguetes y a los niños se les incentiva para jugar con más cosas además de soldaditos. Una educación bien distinta a la que el propio narrador recibió, si tenemos en cuenta que el padre también es partícipe de la masculinidad hegemónica militarizada que se atribuye a los soldados de la Operación Chariot. Sin embargo, es más interesante abordar esta cuestión desde la novela Papá, que, publicada en 2003, es el relato ficcional de la relación entre ambos.
La historia se desarrolla a partir de la noticia de que el cáncer que su padre padece es irreversible y le queda apenas un año de vida. Desde ese momento, el narrador comienza a trazar un retrato íntimo de su padre, que, a su vez, se convierte en un retrato de sí mismo y de su juventud. Militar de vocación, el padre representa los valores tradicionales y es partícipe de una masculinidad estancada en el pasado que el narrador no entiende ni comparte. Así, Jeanmaire explora su infancia y adolescencia al analizar cómo la relación con su padre se ha ido deteriorando a lo largo de los años hasta romperse por completo. Las discusiones por temas políticos o las decepciones mutuas, como el momento en el que el narrador falla a propósito la prueba de entrada en el Liceo Militar, llevarán el resquebrajamiento final del entendimiento entre padre e hijo.
La paternidad que se inscribe dentro de la masculinidad hegemónica militarizada refleja las necesidades de la cultura patriarcal y establece una diferencia entre las ocupaciones de hombres y mujeres: ellas, en el ámbito privado, dedicadas al espacio doméstico y los afectos, y ellos, encargados de lo racional y económico, ejerciendo una paternidad a distancia. Esta falta de cercanía física y emocional entre padres e hijos se observa en la novela cuando, ya en el hospital, el narrador declara que «Después le hago masajes en las piernas y le gustan, me dice que le hacen bien, mucho bien, y yo no puedo creer que estemos compartiendo tanta relación corporal, no lo puedo creer» (Jeanmaire, 2003, p. 85). O, más adelante, cuando este comenta que «Tampoco nunca, antes de este día, había podido conversar tan profundamente con mi padre» (Jeanmaire, 2003, p. 24). En este sentido, podríamos argumentar que es el cáncer el que acaba produciendo el acercamiento entre padre e hijo: solo la enfermedad consigue que, finalmente, caigan las barreras físicas y emocionales que la masculinidad hegemónica del padre ha construido3.
La dicotomía entre el universo público del hombre y el privado de la mujer ha sido también comentada por Pierre Bordieu (2012), quien destaca como lugares destinados especialmente a los hombres «los bares y los clubes del universo anglosajón que, con sus butacones de cuero, sus recios muebles, angulosos y de color oscuro, despiden una imagen de dureza y rudeza viril» (p. 76). De esta manera, no es de extrañar que el protagonista de Wërra describa Les Dauphins, el bar desde el que escribe, como un lugar cuya clientela habitual son hombres que van a beber cerveza, a conversar y bromear, o que incluya, en Papá, el club al que va el padre a tomar café como lugar de culto y transición a la edad adulta.
En este tipo de paternidad, la importancia del ejército y los valores nacionales llegan a ponerse por encima de todo lo demás. Esto se aprecia en afirmaciones como «(...) primero está la patria, después la familia» (Jeanmaire, 2003, p. 26), donde se coloca el deber para con el país, propio de la vocación militar, por delante de la responsabilidad familiar. Es interesante recalcar la relación entre nacionalismo y masculinidad, pues, como explica Joane Nagel (1998), el nacionalismo se apoya en instituciones que históricamente han sido y continúan siendo dominadas por hombres. Esta concepción del deber a la patria como prioridad principal se refleja también en los soldados de la Operación Chariot, de los que el narrador afirma que ninguno rechazó la oportunidad de participar en la contienda4 y se trata, además, de uno de los temas principales de la novela La patria (2006).
En esta novela, Jeanmaire relata su paso por Europa desde su llegada a Madrid poco después del golpe del 76 hasta su vuelta a Argentina, a finales de 1983, con la reinstauración de la democracia. Es por esta razón que Nallim (2010) la califica como una novela de exilio con tintes de viaje iniciático, pues el «héroe» pasa de ser un «dios joven» a convertirse en simplemente un «hombre perfectamente incapaz de formar una nueva patria» (Jeanmaire, 2006, p. 205). El narrador, que relata la historia desde un departamento en el barrio de Balvanera, en Buenos Aires, veinticinco años después, alterna distintos recuerdos de su paso por Europa, de entre los que destacan tres periodos temporales: su residencia en Francia, en un campamento gitano donde trabajaba como recolector, su paso por España, afincado en Madrid, desde donde visita otros países y localidades -Italia, Yugoslavia, París, Ibiza, Galicia…- y su etapa final en Holanda, con su pareja Jolanda, con quien comienza a construir un proyecto de vida. En todos estos episodios, la lengua se configura como una «lengua-casa» que permite al sujeto «cobijarse en nidos identitarios o sitios de arraigo imaginarios» (Nallim, 2010, p. 180) y que se revela, en última instancia, como el motivo principal de su vuelta a Argentina: para convertirse en un escritor, un escritor argentino, necesita escuchar hablar a la gente.
La configuración geográfica en la que se desarrolla la historia se describe a lo largo del libro como una dicotomía constante entre el cielo y el infierno: Argentina o la muerte, el terror de los militares, el infierno del que escapa nuestro joven dios en contraposición con Europa o el cielo, la posibilidad de la libertad. A pesar de esto, el narrador cuenta que también se cruzó, estando ya en el viejo continente, con policías y militares en diversas ocasiones y que estos encuentros hacían surgir en él un sentimiento de culpabilidad, a pesar de no haber hecho nada. La aversión del protagonista por una institución patriarcal como es el ejército hace pensar en los denominados «hombres en desorden» (Russo Bellaro, 2006, en Rocha, 2013, p. 248), término que acuña Grace Russo Bellaro para ilustrar a aquellos que, por circunstancias individuales o limitaciones culturales se niegan a participar en instituciones patriarcales como, además del ejército, pueden ser la iglesia o el gobierno. Esta definición concuerda con el narrador de las tres novelas, que repite sus anécdotas antimilitares también en Wërra, donde narra un encuentro que tuvieron en Holanda con unos policías y en el que, a pesar de que su pareja y la otra chica con la que viajaban estaban relajadas y reían, él no podía evitar estar en tensión.
El rechazo a estas instituciones patriarcales se extiende también a la relación con su hijo, a quien el narrador nombra en varias ocasiones a lo largo de La patria. Ahí, se establece un contraste con la paternidad hegemónica y militarizada ejercida por su propio padre. El protagonista de la novela, ya situado en Buenos Aires en algún momento de la primera década de los dos mil, utiliza el sueño de su hijo como hilo conductor de los intercisos en los que vuelve al tiempo cero de la narración, a la noche en la que «con su hijo durmiendo desde hace un buen rato en su habitación» (Jeanmaire, 2006, p. 25) escribe de una sentada la novela. Frente a la distancia corporal y emocional que el narrador describía en Papá, en La Patria nos encontramos con un protagonista que se inquita porque le queda poco tiempo para terminar sus escritos ya que «Ya tengo que despertar a mi hijo con un beso o dos, prepararle el desayuno y acompañarlo unas pocas cuadras hasta la escuela» (Jeanmaire, 2006, p. 207). La preocupación por los cuidados que muestra nos hace pensar en un padre comprometido, cuya implicación paternal es mayor y es capaz de realizar adaptaciones laborales para cuidar de su hijo (Jurado-Guerrero et al., 2019). Además, el hecho de que no se mencione a la madre del niño en ningún momento hace pensar que se trata de una familia monoparental masculina, término que, aunque ya no constituye casos aislados, se encuentra históricamente en desventaja frente a las encabezadas por mujeres, que han sido y siguen siendo comúnmente la mayoría (Vera Vergara, 2017).
4. Las nuevas masculinidades, el amor y las emociones
Si en el apartado anterior hemos analizado la manera en la que el narrador de las novelas Wërra, La patria y Papá se relacionaba con instituciones y nociones patriarcales como el ejército, la valentía o el sacrificio por la patria y cuál era su posición respecto a otros hombres que entrarían dentro de la categoría de masculinidades hegemónicas, en este apartado interesa observar de qué manera se relacionan estos conceptos con las emociones que el narrador experimenta y cuál es su respuesta ante ellas, pues, como vimos anteriormente, las masculinidades hegemónicas se relacionan con conceptos como el estoicismo, el control o la frialdad, que dificultan la apertura emocional. En este sentido, se vuelve pertinente analizar las relaciones románticas que se cuentan en las novelas Darwin o el origen de la vejez (2022a), Historia íntima del amor masculino (2022b y 2022c) y La patria.
En primer lugar, y retomando el análisis de su novela de exilio, es interesante abordar la relación con Lola, a quien el narrador conoce durante su estadía en Madrid. La joven es descrita como una mujer soñadora y que «Era fuerte. Muy fuerte. Robusta. Poderosa» (Jeanmaire, 2006, p. 43). En este sentido, se puede afirmar que Lola escaparía de lo prototípicamente femenino en cuanto a que ostentaría cualidades tradicionalmente atribuidas al espectro masculino, como su mencionada corpulencia. Algo similar ocurriría con Jolanda, la mujer con la que acaba manteniendo una relación estable. En su primer encuentro, esta se muestra avergonzada por las cicatrices en sus pechos, fruto de una cirugía. El pecho, culturalmente asociado a la feminidad y la sexualidad, se erige como una de las fuentes a través de las que se construye identidad femenina, por lo que muchas mujeres que sufren deformaciones en él temen el abandono por parte de sus parejas masculinas o la falta de interés (Sebastián et al., 2007). Sin embargo, el narrador reafirma de nuevo su posición contraria a la masculinidad hegemónica y afirma que «A mí me parecieron hermosas. Las tetas más hermosas que he visto jamás» (Jeanmaire, 2006, p. 75).
Esta superación de lo corpóreamente canónico remite también a Historia íntima del amor masculino, un borrador de novela inconcluso publicado en la revista Cuarenta Naipes. En esta ocasión, el autor/narrador decide contar su primera y su última experiencia amorosa, con el fin de esbozar un retrato de su forma de sentir y experimentar el romance. En las pocas páginas publicadas hasta el momento, el narrador afirma:
Me cuesta creer que alguien pueda enamorarse de un cuerpo. Supongo que debe haber casos, quizás hasta miles o millones. Pero me cuesta. Jamás me pasó. Lo que nunca me costó, por el contrario, fue enamorarme de una sonrisa o un tono de voz o de una manera de mirar. Sobre todo de ciertos reflejos en los ojos de una mujer (Jeanmaire, 2022c, p. 139).
La superación del cuerpo, de las cualidades eróticas, en favor de otras formas de belleza más sutiles, como pueden ser la sonrisa o la mirada, nos muestran un personaje en contraste con la ya mencionada masculinidad de ostentación, donde prima el deseo y el vigor sexual. El cuerpo aparece también en un segundo plano en la novela Darwin o el origen de la vejez, donde, de nuevo, el narrador afirma que «Nunca me he enamorado de un culo o unas tetas» (Jeanmaire, 2022a, p. 24), e incluso llega a confesar que la complicidad de pareja que había alcanzado con Rut, a pesar de estar exenta de lo sexual, le bastaba. En este sentido, el narrador se alinea con lo que Jablonka (2020, p.313) considera masculinidades de «no dominación» 5 o positivas, pues su relación con las mujeres va más allá de lo puramente sexual, centrándose en el respeto y la igualdad.
Galardonada con el Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones, en Darwin Jeanmaire narra el viaje a las islas Galápagos por el sesenteavo cumpleaños del narrador, quien decide buscar un lugar desconocido para aceptar lo que, más que una celebración, se convierte en la prueba definitiva de algo que ya sabía: es demasiado mayor para que la mujer que ama se enamore de él. Aunque en este caso existe una diferencia entre la biografía de narrador y autor (el personaje que cuenta la historia es músico y no escritor), tanto en esta novela como en Historia se narran experiencias amorosas en las que el narrador no es correspondido o no lo es de la forma en la que a él le gustaría: en Darwin es Rut, una mujer barcelonesa más joven que él, la que, a pesar de su visible conexión, le deja claro que es demasiado mayor para ella y en su borrador de novela se trata de Marcela, una joven que conoce tras una charla sobre el Quijote, la que terminará por confesarle que se encuentra en una relación complicada con el padre de su hija, al que quiere dejar pero es incapaz, por lo que terminan alejándose el uno del otro. En ambos casos resulta interesante analizar las respuestas del narrador ante el dolor emocional que la ruptura o el rechazo le producen.
Como ya se ha mencionado, la vulnerabilidad que conlleva la apertura emocional, reconocer los propios sentimientos y comunicarlos, contrasta con los valores de control, dominación, potencia y agresividad que caracterizan a las masculinidades hegemónicas o a varias de las masculinidades de dominación propuestas por Jablonka y que se encuentran «(…) condicionadas y limitadas por la necesidad de demostrar constantemente la seguridad y el poder, asociados con el control y el manejo de las emociones» (Artaza Valera, 2018, p. 41). En este sentido, el narrador de Darwin destaca porque no solo expresa sus emociones a lo largo de todo el libro, la tristeza y la soledad que siente por estar lejos de Rut y ante la idea de que su amor es imposible, sino que concibe el libro como una carta que «(…) estaría destinada a mí mismo y se parecería mucho a un serio intento por afrontar un montón de asuntos» (Jeanmaire, 2022a, p. 201). Por lo tanto, se puede afirmar que su propia escritura se manifiesta como una manera de enfrentarse a sus emociones, asumir las partes positivas de su amistad con Rut, y entender su vejez como una cualidad inevitable.
Bell Hooks (2004) explica la infelicidad que la imposición del sistema patriarcal en el padecimiento emocional produce en los hombres. Si las mujeres sufren, si sus emociones les producen dolor, son capaces de comunicarlas y expresar cómo se sienten. Sin embargo, según la autora, para los hombres, la única emoción aceptada por el sistema patriarcal es la rabia, que responde a la agresividad demandada por las masculinidades hegemónicas y se convierte en una forma eficaz de esconder otros padecimientos como la tristeza o la angustia. En este sentido, Hooks (2004) añade:
Patriarchal mores teach a form of emotional stoicism to men that says they are more manly if they do not feel, but if by chance they should feel and the feelings hurt, the manly response is to stuff them down, to forget about them, to hope they go away. (p. 28)
Esta reacción ante los sentimientos se revela similar a lo que Jablonka (2020) entiende por «masculinidades de control» (p. 94), que representaría al hombre civilizado, glacial, que gracias a su capacidad y fuerza de control atempera sus pasiones. El epítome de la masculinidad: solo la potencia masculina es capaz de refrenar la potencia masculina, la dominación del hombre incluso hacia sí mismo, el poder ejercido, no solo sobre los demás, sino también sobre uno.
En Historia, el narrador vuelve a posicionarse de manera opuesta a estas consideraciones. No solo expresa cómo se siente o se sentía con cada experiencia amorosa vivida, ya fuera con Claudia, de niño, o con Marcela, su última relación, sino que se muestra capaz de comunicar sus sentimientos y las novedades de sus encuentros amorosos a su amigo Anselmo, «Uno de esos pocos varones de mi edad capaz (…) de comprender mi amor sin llegar a preguntarme, en algún momento del devenir de la charla, si Marcela estaba o no estaba buena» (Jeanmaire, 2022c, pp. 142-143). Además de ser capaz de reconocer y confesar sus emociones, su postura también se diferencia de las masculinidades más patriarcales en que no abusa de la rabia como única respuesta ante el dolor emocional. Esto se aprecia cuando le cuenta a su amigo las mentiras que había descubierto que Marcela le había estado contando y admite que «No estaba enojado, solo triste» (p. 147). Por lo tanto, en ambos libros el narrador muestra su aceptación ante el rechazo femenino, el dolor que esto le produce y las distintas emociones experimenta a raíz de ello. En este sentido, podríamos considerar que la escritura de Federico Jeanmaire es, siguiendo la terminología propuesta por Schoene-Harwood (2000) en una modificación del término acuñado por Hélène Cixous, un ejemplo de «écriture masculine»», categoría que «characterises (pro)-feminist men’s writing, while at the same time clearly indexing this new disposition’s indebtedness to feminist thought» (p. 102). En sus escritos, esto se aprecia, sobre todo, al final de la segunda entrega de Historia, donde el narrador habla sobre lo que para él significa ser un hombre que escribe sobre sus historias amorosas en el siglo XXI y concluye que incluso detrás de las decisiones narrativas que le parecen más azarosas puede haber escondidos motivos machistas que de manera inconsciente le hayan influenciado.
5.Conclusiones
En este artículo hemos analizado la construcción del personaje del narrador en las novelas autobiográficas de Federico Jeanmaire desde el marco de las masculinidades hegemónicas (Connell, 2000) o de dominación (Jablonka, 2020). Para ello, en primer lugar, hemos abordado la cuestión en las obras Wërra, Papá y La Patria, que tienen en común la exploración de temas relacionados con el ejército, la guerra o el concepto de patria. Como conclusión, se puede afirmar que en todas ellas el narrador muestra un rechazo ante las instituciones y valores que promulgan las masculinidades hegemónicas, tanto en las guerras que se describen y las nociones de coraje o valentía como en las instituciones que las sustentan. De este modo, podríamos afirmar que la identidad del narrador se va construyendo en contraposición a todos los ejemplos de masculinidades militares que aparecen en las novelas.
En segundo lugar, se ha analizado en las novelas La Patria, Darwin o el origen de la vejez e Historia íntima del amor masculino la relación del narrador con sus sentimientos y emociones, así como su forma de actuar dentro de una relación romántica con mujeres. De esta forma, los ejemplos y resultados comentados en nuestro análisis nos permiten clasificar al personaje como ejemplo de hombre perteneciente a las masculinidades de igualdad, que según Iván Jablonka (2020) se tratarían de aquellas en las que «una seducción adecuada a la justicia de género reconoce tanto la libertad del otro (libertad a decir sí, libertad a rechazar la relación) como la igualdad de sexos ([…] la seducción no brinda “acceso a las mujeres”) » (p. 345).
En conclusión, la escritura de Jeanmaire encajaría dentro del término «écriture masculine» no porque construya una defensa de los principios del feminismo, sino porque se declara en deuda con estos mismos a la hora de construir su visión del mundo y experiencia vital. Las novelas analizadas en este trabajo del escritor Federico Jeanmaire comparten un narrador en primera persona que enmascara al propio autor para narrar sus diversas experiencias vitales, desde su exilio de juventud hasta sus relaciones amorosas más recientes. A lo largo de los distintos relatos, el narrador se construye en contraposición a las masculinidades hegemónicas y de dominación que hemos ido analizando, se muestra en contacto con sus emociones y se rige por los principios de respeto e igualdad a la hora de relacionarse con el género femenino. En este sentido, podríamos considerar que su escritura se enmarca en la lista de narradores que según Drucaroff (2011) representan modos nuevos de ser varón en la literatura argentina posdictadura.
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Notes