Aguijón
De peces, barajas, azar y doble sentido: la evolución semántica de la palabra ‘albur’
On fish, cards, chance and double entendre: the semantic evolution of the word ‘albur’
De peces, barajas, azar y doble sentido: la evolución semántica de la palabra ‘albur’
La Colmena, núm. 101, pp. 13-26, 2019
Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 24 Octubre 2018
Aprobación: 07 Febrero 2019
Resumen: La palabra ‘albur’ deriva del árabe hispánico ‘albúri’, usado para designar al pez mújol. Sin embargo, este significado parece no tener relación con el que actualmente se le da en México. Para identificar la razón de esta aparente disociación, este artículo reconstruye la evolución semántica del término con base en un análisis del Corpus del Español del Siglo XXI, el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español y el Mapa de diccionarios académicos de la Real Academia Española. Asimismo, se explican las transformaciones del significado de acuerdo con los postulados de Guiraud y Campbell. El estudio de este fenómeno del lenguaje demuestra que en México, debido a su importancia en la cultura popular, el uso de la palabra ‘albur’ para denominar un juego de palabras con doble sentido va ganando preferencia y ha desplazado a los otros.
Palabras clave: lengua, lingüística, semántica, español, cambio lingüístico.
Abstract: The word ‘albur’ comes from the Hispanic Arabic ‘albúri’, used to designate the mullet (fish). Albeit, this meaning does not seem to be related to the one currently in use in Mexico. In order to identify the reason for this apparent dissociation, this paper reconstructs the systematic evolution of the term on the basis of an analysis of the XXI-century Spanish Corpus, the Corpus of the New Historical Dictionary of the Spanish Language and the Map of academic dictionaries of the Royal Spanish Academy. Likewise, the transformations of the meaning are explained according to Guiraud and Campbell’s postulates. The study of this language phenomenon evinces that in Mexico, owing to its popular importance, the use of the word ‘albur’ to refer to a double entendre pun grows in popularity and has displaced others.
Keywords: languages, linguistics, semantics, spanish, language change.
Introducción
El albur, entendido como un duelo de palabras de doble sentido con alusiones sexuales, es una expresión cultural del español mexicano tan importante que ha permeado diferentes estratos sociales e, incluso, se ha registrado en expresiones literarias, como la canción popular, el teatro de parodia política y la novela (Beristáin, 2000).
Mucho se ha estudiado respecto a este fenómeno lingüístico, sin embargo, sus orígenes aún siguen sin aclararse. Helena Beristáin rastrea el uso de las figuras retóricas con alusiones sexuales desde la literatura amorosa de la Edad Media y el Renacimiento hasta la narrativa contemporánea. No obstante, estas expresiones no corresponden al albur mexicano, el cual se define como:
el juego de esgrima intelectual, verbal, regido por normas situacionales, que funciona en grupos masculinos, configurados por antagonistas y jueces (es decir, dotado de jugadores), que se realiza a base de expresiones de doble sentido que aparentan manifestar una idea anodina, inocua y al alcance de todos, cuando en realidad operan como detonadores al desatar el inicio de la construcción interactiva de un mensaje secreto, cifrado, que alude a las funciones del cuerpo y al acto sexual, que está dirigido a quienes sean capaces de descifrarlo y que tiene la estructura del diálogo (Beristáin, 2000: 39).
Hay varias teorías sobre el origen del albur. Se cree que nació en las minas y pulquerías de Pachuca, Hidalgo, durante la Colonia, pero también que era común entre los obreros[1] mexicas (Rodríguez-Placencia, 2015). No obstante, aún no se llega a una conclusión definitiva. En este artículo se reconstruirá la evolución del sentido contextual de esta palabra en México, desde sus orígenes hasta la actualidad.
Cambio semántico y lexicológico
Las palabras, como la lengua, no permanecen estáticas a lo largo del tiempo (Campbell, 1999), sino que se modifican. Al igual que el contexto de los hablantes, evolucionan en todos sus niveles: fonético, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático. El presente estudio se ubica en el nivel semántico.
Guiraud explica que “hay una creación consciente y una evolución espontánea de la lengua” (1976: 43). Así se generan o modifican las palabras, ya sea porque las cosas carezcan de nombre o “porque el que tienen ya no cumple eficazmente su función. Esta función es […] doble: cognitiva o semántica, expresiva o estilística” (Guiraud, 1976: 43), lo cual otorga a la palabra significado (sentido de base) y sentido (contextual), así como efectos del sentido (valor sociocontextual y valor expresivo, pertenecientes al campo de la estilística). Basta que se modifique alguno de estos elementos para que se altere o, incluso, se sustituya el significado de la palabra.
Por su parte, los cambios de significado “son ‘figuras de palabras’ y constituyen con las otras figuras —de dicción, de construcción, de pensamiento— procedimientos de estilo, es decir, ‘modos más pintorescos, más vívidos, más enérgicos de hablar’. Esto corresponde […] a los valores expresivos” (Guiraud, 1976: 49).
En este sentido, el cambio semántico tiene su origen en la creatividad del hablante:
Individual speakers innovate when they use language creatively, and hearers innovate when they interpret what a speaker has said in a different way from the speaker or others in their group. Most of these innovations are unintentional (Rudi Keller, en Traugott, 2017: s/n) and ephemeral; some are resisted. The position taken here is that for a change to have occurred, there must be evidence of transmission of innovations to others, in other words, of conventionalization (James Milroy, Elizabeth Traugott y Graeme Trousdale, en Traugott, 2017: s/n).[2]
Según Stern, los orígenes de estos cambios pueden ser externos o lingüísticos. Los primeros se refieren a una transformación del referente que se nombra; en cambio, los propios de la lengua “constituyen un desplazamiento del nombre o del sentido en el interior del sistema” (Guiraud, 1976: 52-53). De estos últimos, existen tres tipos:
El desplazamiento de la relación verbal o del nombre.
Analogía (combinativa, correlativa, fonética).
Restricción (truncamiento, elipsis).
El desplazamiento de la relación referencial o del sentido.
Nominación (composición y derivación, transferencia intencional, figuras).
Transferencia (no intencional).
El desplazamiento de la relación subjetiva entre la palabra y los sujetos hablantes.
Permutación.
Adecuación.
Ullmann (Guiraud, 1976) se basa en Stern para formular una clasificación más abstracta y relacionada con la lingüística saussuriana, como se observa en el siguiente esquema:
Cambios debidos al conservadurismo lingüístico.
Cambios debidos a la innovación lingüística.
B.1. Transferencia del nombre:
Por similitud entre los sentidos.
Por contigüidad entre los sentidos.
B.2. Transferencia del sentido:
Por similitud entre los nombres.
Por contigüidad entre los nombres.
Cambios compuestos
Uno de los lingüistas que ha actualizado esta clasificación es Lyle Campbell (1999), quien con base en Ullmann y Stern, entre otros, propone las siguientes categorías:
La evolución semántica no ocurre de forma abrupta. Cuando surge un nuevo significado se mantiene el anterior, causando que la palabra se convierta en polisémica; tiempo después, el significado antiguo puede, o no, desaparecer (Urban, 2014: 377).
Para dar cuenta de lo anterior, tradicionalmente se han estudiado los registros escritos de los distintos usos dados a las palabras (Urban, 2014: 378). En ellos, se analiza de forma sincrónica el contexto en el que se emitió el discurso y la polisemia. Urban (2011) propone la siguiente metodología: examinando muestras sincrónicas y la formación de palabras se pueden distinguir los caminos del cambio semántico; en un segundo momento se trazan los mapas posibles de esa evolución, además de reconstruir semánticamente los cambios; finalmente, se puede llegar a los proto-significados.
En este artículo se reconstruye la evolución semántica de la palabra ‘albur’, para lo cual se analizan las entradas correspondientes a este término en el Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES), el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español (CDH) y el Mapa de diccionarios académicos, todos de la Real Academia Española (RAE).[3] El procedimiento es el sugerido por Urban; es decir, a partir de muestras sincrónicas se buscan los momentos en que surge un significado nuevo con el fin de crear un diagrama (o mapa, como lo nombra la RAE) que represente la evolución de los cambios semánticos que sufrió la palabra, pero sin llegar al proto-significado, pues éste ya ha sido explicado por la RAE y la etimología.
El significado de la palabra se deduce del contexto en el que aparece y de los términos que la rodean, tomando como base los significados que han sido recogidos en el Mapa de diccionarios académicos de la RAE. A pesar de que se analizaron todas las entradas de los corpus, sólo se incluyen algunos ejemplos relevantes que permiten mostrar los cambios ocurridos.
Evolución histórica y semántica
Mapa de diccionarios académicos
El Mapa de diccionarios académicos es una herramienta gráfica que permite acceder a seis ediciones representativas del diccionario académico, correspondientes a 1780, 1817, 1884, 1925, 1992 y 2001. Su objetivo principal consiste en:
ofrecer una visión evolutiva del léxico moderno, matizada por la idea que se hacían de él los académicos a lo largo de los casi trescientos años en que se suceden las ediciones de estos diccionarios […] Se podrá estudiar, de este modo, la aparición y desaparición de palabras, o de acepciones, y el paso de una acepción antes secundaria a principal, o viceversa (Real Academia Española, 2017d).
A continuación se presentan los significados que se han registrado para la palabra ‘albur’ en los principales diccionarios de la RAE, de acuerdo con el año de publicación de cada uno de los textos referidos.[4]

Como se aprecia en el mapa, la RAE ha identificado seis significados del término ‘albur’: ‘pez plateado’, ‘juego de naipes, parar’, ‘dos primeras cartas del juego de naipes’, ‘situación que se deja al azar’, ‘juego de palabras de doble sentido’, ‘aventura amorosa’, ‘mentira’. Con base en lo anterior, se analizará el sentido con el que se usa el término en los diferentes casos.
De 1275 a 1599
Para este periodo, los resultados[5] presentes en los corpus son escasos y pertenecen a textos españoles. El primer registro del CDH donde se encuentra el término data de alrededor de 1275:
Ayuda de /2/ los Delphines. & cuenta desta guisa. En aquel llago a muchos mugles & non tenemos nos que son mugles: si non que son aquellos pesces a que en el andaluzia llaman aluures & el latin les llama mugles. Et los mugles an por natura de legar se en uno. & andar a grandes conpannas quando uan a pascer (1275. Alfonso X, General Estoria. Segunda parte, en Real Academia Española, 2017b).
Como se observa, el término aparece aquí con la ortografía ‘aluures’[6] y es sinónimo de ‘mugles’, puesto que, según la RAE (2017a), proviene del latín ‘mūgil, -ĭlis’, por lo que es posible afirmar que es una forma alterna de ‘mugil’ (‘mújol’). Por lo tanto, el sentido del término utilizado sería el de ‘pez plateado’. Esto confirma el origen etimológico mencionado.
Del siglo XIV aparecen cinco resultados para España, en los cuales no varía el significado de la palabra, pero ya ocurre el cambio ortográfico a ‘albur’. En la Sevillana medicina de Juan de Aviñón, por ejemplo, leemos:
Y esta misma razonse deue entender enel contrario:
y los pescados del agua dulce de Seuilla
los mas nombrados son estos
diez: Albures & Robalos: Saualos: & Sollos Truchas & Sabogas & Camarones & Lampreas & Anguillas: & bogas: & baruos. Y destos ay dellos sin escama (c 1381-1418. Anónimo, Sevillana medicina de Juan de Aviñón; Sevilla: Juan de Burgos, 1545, citado en Real Academia Española, 2017b).
Del siglo XV aparecen seis registros para España, en los cuales se conserva la ortografía ‘albur’ con el sentido de ‘pez plateado’. Ponemos como ejemplo el siguiente fragmento de Istoria de las bienandanzas e fortunas:
los pescados de los ríos dio aventaxa a las truchas e después a las lanpreas e después a las anguillas e después a los varvos e después a los peçes; e de los pescados de mar, a los albures e langostas e canbares e otros muchos pescados menudos para frescos; e dio a los congrios e pescadas e mielgas e sibias e pulpus e besugos e otros algunos para frescos e para salados (1471-1476. García de Salazar, Lope, Istoria de las bienandanzas e fortunas, citado en Real Academia Española, 2017b).
Del siglo XVI se encuentran en el CDH diez registros, en los cuales la palabra se usa con el mismo sentido y ortografía. Sin embargo, en Diálogos de John Minsheu (1599) por primera vez el albur adquiere el sentido de ‘juego de baraja’:
MENDOZA. He aquí están los naipes. Juguemos treinta por fuerza, o los albures; que todos estos son buenos juegos (1599. Anónimo, Diálogos de John Minsheu, citado en Real Academia Española, 2017b).
Aquí parece que hay un vacío en el seguimiento, pues según Soca (2017), antes de expresar el sentido de ‘juego de baraja’, la palabra ‘albur’ era usada por los pescadores para nombrar “las dos primeras cartas que saca el banquero del monte, que no deben ser vistas por los jugadores”, debido al “hábito de este pez de saltar inesperadamente fuera del agua”. De hecho, este uso todavía aparece en la definición del diccionario de la RAE.
De 1600 a 1799
A esta época pertenecen las primeras entradas referentes a México, correspondientes a obras que describían la naturaleza del entorno:
Los peces que se crian en el rio ya están dichos arriba, y son; róbalos, albures, ciças, jureles, corvinas, y otros que son muy sabrosos y provechosos, por ser algunos de la mar (1606- 1610. Anónimo, Descripción de la villa de Tampico, sacada de las relaciones hechas por Pedro Martínez, capitán y qqalcalde mayor en aquella provincia, citado en Real Academia Española, 2017b).
Un ejemplo similar es el siguiente:
Los peces que hay en el rio de Panuco, demás de los que se digeron que habia en la laguna, son; bagres, albures, catanes, agujas, tiburones, caimanes y tortugas, que todos son de comer, sino es el caiman, que no es de ningun provecho. No hay otra pesquería más de que los vecinos… (1606-1610. Anónimo, Descripción de la villa de Panuco, sacada de las relaciones hechas por Pedro Martínez, capitán y alcalde mayor de aquella provincia, citado en Real Academia Española, 2017b).
Como se observa, aquí continúa la ortografía ‘albur’, que en los siguientes registros no variará, y predomina el sentido de ‘pez plateado’. Mientras tanto, en España convivía este significado con el de ‘juego de baraja’:
Me. He aqui estan los naypes, juguemos treynta por fuerça, o los Albures, que todos son buenos juegos (1619. Luna, Juan de, Diálogos familiares en lengua española, citado en Real Academia Española, 2017b).
En otra obra del mismo periodo leemos:
Darásle un delfín, un tollo,
una ballena, un cangrejo,
un camarón, un atún,
un salmón, un congrio entero;
una sardina, un lenguado,
un albur, un abadejo,
un galápago, una ostra y un besugo de Laredo (1662. Anónimo, Comedia de disparates del rey don Alfonso, el de la mano horadada, citado en Real Academia Española, 2017b).
Del siglo XVIII, encontramos sólo una entrada española, donde ‘albur’ se usa con el sentido de ‘pez plateado’:
estaban ellos esperando a ver qué texto tomaría el taumaturgo Antonio para su sermón! Vierais allí un enjambre de pulpos, aquí un ejército armado de langostas y langostinos, allá una piara de delfines y una infinidad de albures, y una caterva sin cuenta de lenguados, de sollos, de pámpanos, de acedías, de sábalos, de hostiones, de tromperos, de róbalos, de blanquillas, de pegerreyes, de truchas (1786. Montengón, Pedro, Eusebio, citado en Real Academia Española, 2017b).
Los demás resultados provienen de La portentosa vida de la muerte, de Fray Joaquín de Bolaños. Aquí, ‘albur’ se utiliza con el sentido de ‘juego de baraja’, como lo define el mismo autor:
No es otra cosa el juego de los albures, que un contrato que celebran los hombres, en que exponen sus intereses a un evidente peligro y contingencia, con la esperanza, aunque incierta, de hacer suyo lo que es ageno (1792 Bolaños, Fray Joaquín, La portentosa vida de la muerte, citado en Real Academia Española, 2017b).
Este uso se combina con el de ‘situación que se deja al azar’, como se ve en la siguiente cita:
donde él y sus compañeros fraguan y disponen muchas cosas de gusto para atraer a los pecadores a su juego, pero los pobres pecadores no tienen más de una alma y si esta alma se pierde, si este albur se yerra, no queda ya otra alma con que desquitar la primera, ni queda ya otro resto, ni otro arbitrio, con que restaurar la pérdida (1792. Bolaños, Fray Joaquín, La portentosa vida de la muerte, citado en Real Academia Española, 2017b).
De 1800 a 1899
Para este siglo, las entradas inician con referencias a la primera novela de México: El Periquillo Sarniento. En esta obra, la palabra aparece 39 veces con distintos sentidos. En primer lugar, hace referencia a ‘juego de baraja’:
aunque sea de una misa mal dicha en una carrera. Conque así, estudia para clérigo y no seas bobo. Mira tú, el otro día en cierta casa de juego se me antojó no perder un albur, a pesar de que vino el as contrario delante de mi carta, y me afiancé con la apuesta, esto es, con el dinero mío y con el ajeno (1816-1827. Fernández de Lizardi, José Joaquín, El Periquillo Sarniento, citado en Real Academia Española, 2017b).
Luego, parece que se usa con el sentido de ‘juego de azar’:
caballería de la moda, me enseñó a jugar al billar, tresillo, tuti y juegos carteados; no se olvidó de instruirme en las cábulas * del bisbís, * ni en los ardides para jugar albures según arte, y no así así, a la buena de Dios, ni a lo que la suerte diera, pues me decía que el que limpio jugaba, limpio se iba a su casa
[…]
mi acto o que si estaba en disposición de tenerlo. Ciertamente que si como me preguntó eso, me hubiera preguntado que si estaba apto para bailar una contradanza, para pervertir una joven, o para amarrar un alburito, no me tardo mucho en responder a su merced afirmativamente; pero me hizo una pregunta difícil, porque yo con mis quehaceres no pude dedicarme a otro estudio, de suerte que mi Biluart estaba limpio y casi intacto (1816-1827. Fernández de Lizardi, José Joaquín, El Periquillo Sarniento, citado en Real Academia Española, 2017b).
También aparece con el sentido de ‘cuestión dejada al azar’:
Malo, dije a Andrés; ésta es enfermedad ejecutiva. Aquí no hay medio, o quedamos bien o quedamos mal. Vamos a ver cómo nos sale este albur (1816-1827. Fernández de Lizardi, José Joaquín, El Periquillo Sarniento, citado en Real Academia Española, 2017b).
En Suprema ley, de Federico Gamboa, otro texto mexicano del siglo XIX, el término ‘albur’ se utiliza únicamente con el sentido de ‘juego de cartas’ o ‘las dos primeras cartas del monte’. Para este siglo aparecen entradas de Cuba (de 1839 y 1840), Argentina (1853-1887), Perú (1877-1883), República Dominicana (1883- 1954), Nicaragua (1887), Colombia (1896) y Guatemala (1898), en las cuales parece ser más popular el uso del término con el sentido de ‘juego de azar’ o ‘cuestión dejada al azar’. Sólo en España se mantiene el sentido original de ‘pez plateado’, pero fortuitamente.
Siglo XX
En esta época se mantiene la tendencia anterior, es decir, sigue siendo preponderante el uso de ‘albur’ con el sentido de ‘juego de azar’ o ‘cuestión dejada al azar’, mientras que ‘pez plateado’ aparece con menos frecuencia. En 1950 surge la primera documentación en México donde se utiliza como ‘juego de palabras de doble sentido’. En El laberinto de la soledad podemos leer:
El juego de los 'albures' —esto es, el combate verbal hecho de alusiones obscenas y de doble sentido, que tanto se practica en la ciudad de México— transparenta esta ambigua concepción. Cada uno de los interlocutores, a través de trampas verbales y de ingeniosas combinaciones lingüísticas, procura anonadar a su adversario; el vencido es el que no puede contestar, el que se traga las palabras de su enemigo. Y esas palabras están teñidas de alusiones sexualmente agresivas: el perdidoso (sic) es poseído, violado, por el otro. Sobre él caen las burlas y escarnios de los espectadores. Así pues, el homosexualismo masculino es tolerado, a condición de que se trate de una violación del agente pasivo. Como en el caso de las relaciones heterosexuales, lo importante es “no abrirse” y, simultáneamente, rajar, herir al contrario (1950-1959. Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, citado en Real Academia Española, 2017b).
A partir de entonces, este uso es el registrado en la mayoría de las entradas del corpus y llega a sobrepasar a los demás en nuestro país. De esta forma, en el CDH de la segunda mitad del siglo XX abundan en México ejemplos de albur como ‘juego de doble sentido’, y se mantienen de forma restringida el de ‘juego de azar’ y el de ‘cuestión dejada al azar’. Así, encontramos resultados de Carlos Fuentes, Gustavo Sainz, José Agustín, Parménides García Saldaña, Arturo Azuela, así como de otros autores que han publicado en diversos periódicos y revistas. Por ejemplo, en La región más transparente leemos:
en la riña de cantina, a la hora de la verdad: la única hora puntual. Poeta sin conmiseración, artista del tormento, lépero cortés, ladino ingenuo, mi plegaria desarticulada se pierde, albur, relajo. Dañarme, a mí siempre más que a los otros: ¡oh derrota mía, mi derrota, que a nadie sabría comunicar, que me coloca de cara frente a los dioses (1958. Fuentes, Carlos, La región más transparente, citado en Real Academia Española, 2017b).
También en El tamaño del infierno se menciona el término estudiado:
estás bautizado, serás el Fiera Mosca. Caray, caray, y éste muy mal hablado, siempre con majaderías y con albures del peor atascadero, le vamos a poner el Académico de la Lengua... Miren ustedes la nariz afilada, bien puntiaguda de esta otra sobrina; ¿qué les parece si la llamamos la Nariz Divina? (1973. Azuela, Arturo, El tamaño del infierno, citado en Real Academia Española, 2017b).
Un ejemplo más lo encontramos en La princesa del Palacio de Hierro:
salir hasta que no prendan las luces. Cuando nos dijeron eso me quise morir. Me acuerdo tan perfecto... Estaba un esquech. Ya ves que les ponen una luz fuertísima. Estaba un número de esos de albures, de esos que les ponen la luz muy fuertota. Y a esas horas tuvimos que salirnos. El niño gritándonos y ya nos tuvimos que levantar. Ya me salí, ya nos salimos a la hora (1974, Sainz, Gustavo, La princesa del Palacio de Hierro, citado en Real Academia Española, 2017b).
Actualidad
Para identificar el uso de la palabra ‘albur’ en la actualidad, se consultó el CORPES. En esta base de datos, la mayoría de entradas provienen de México, seguido de España y Venezuela. El término es usado principalmente en documentos académicos, de ficción, de divulgación, novelas, así como textos sobre actualidad, ocio, artes y ciencias sociales.
El corpus incluye entradas de 2005 a 2012, con un total de 200 casos identificados en 155 documentos. En estos años, mientras que en España y el resto de Hispanoamérica la mayoría de entradas corresponden al uso de la palabra ‘albur’ con el sentido de ‘cuestión que se deja al azar’ (con 16 % —32 entradas— y 32 % —64 resultados— del total, respectivamente), en México se utiliza con mayor frecuencia con el sentido de ‘juego de palabras de doble sentido’. Así, de los 63 resultados de textos mexicanos en los que aparece la palabra ‘albur’, 56 corresponden a ‘juego de doble sentido’ (89 %), 5 a ‘cuestión dejada al azar’ (8 %), uno a ‘juego de baraja’, y uno más a ‘juego de azar’ (1.5 % cada uno).
El uso de ‘albur’ para expresar un juego de palabras de doble sentido ha pasado de la ficción y la literatura a textos críticos y de divulgación:
Su éxito podría explicarse sólo desde su naturaleza ambigua: era una historia simplona y aspiracional, pero con un pie bien plantado en el mundo del albur. Tremendamente atractiva para un público infantil (que no se limita a los niños, sino a la edad psicológica), lo fue también para el adulto que llevaba a su niño al cine, más en un sentido metafórico que literal. Caricaturas con resabio a carpa, Una película de huevos encarnó todas las definiciones del entretenimiento popular (2007. Solórzano, Fernanda, “El lugar del espectador. ¿Para quién es el cine mexicano reciente?”, Letras Libres, citado en Real Academia Española, 2017c)).
Lo mismo sucede en medios informativos:
En tanto, la agrupación mexicana Molotov, creada en 1995, se caracteriza en las letras de sus canciones por el manejo del albur (un estilo de hablar popular mexicano de doble sentido). Las letras combinan sátira y crítica, lo mismo que política y aspectos sociales (2012. “Illya Kuryaki compartirá escenario con Molotov. Esta sería su tercera visita al país latinoamericano”, Informador.com.mx, citado en Real Academia Española, 2017c).
Como se puede observar, éste es el uso más difundido de la palabra en nuestro país, incluso ha desplazado a los sentidos anteriores, que parecen ya ser utilizados muy poco por los hablantes mexicanos.
Análisis del cambio semántico
El desplazamiento del significado de la palabra ‘albur’ ocurrió de forma escalonada, por etapas. El término surgió, como ya se mencionó, entre los árabes hispanos, quienes convirtieron ‘būrī’, del árabe clásico —derivado del egipcio ‘br’ y del copto ‘bōre’— en ‘albúri’, que nombraba al pez blanco o plateado llamado en latín ‘mugil, -ilis’, vocablo que a su vez dio origen a ‘mújol’, “pez teleósteo, del suborden de los acantopterigios, comestible, de unos 70 cm de largo, de cuerpo alargado, gris azulado por el dorso y plateado por el vientre, y cuyas huevas son muy estimadas” (Real Academia Española, 2017). Esto se debió a que el mújol tenía gran parecido con el pez buri del Nilo. Así, los árabes en España comenzaron a llamar a este animal ‘alburi’, que llegó a convertirse en ‘aluur’ y ‘albur’ (Soca, 2017). Es a partir de este momento donde comenzamos nuestro análisis.
Según Soca (2017), tiempo después la palabra adquirió otro significado, pues era usada por los pescadores para nombrar “las dos primeras cartas que saca el banquero del monte, que no deben ser vistas por los jugadores”. Tal cambio ocurrió debido al “hábito de este pez de saltar inesperadamente fuera del agua” (s/n). El sentido de ‘primeras cartas del monte’ es restringido, y sigue siendo predominante el de ‘pez plateado’, a tal grado que casi no se encuentran registros en el CDH correspondientes a los primeros siglos.
Esta primera transformación puede verse como nominación por figura estilística (clasificación de Stern), o como transferencia del nombre por similitud de los sentidos (clasificación de Ullmann) por medio de una metáfora (Campbell). Esta última comúnmente consiste en:
[a] figure of speech in which the enhancement is the result of a fusion of two disparate notions, there is no essential identity between the two referents involved; and the relation between the two referents is not expressed (Stern, 1931: 300). [7]
O según Campbell: “Metaphor in semantic change involves extensions in the meaning of a word that suggest a semantic similarity or connection between the new sense and the original one” (1999: 258).[8]
En otras palabras, el primer cambio de sentido se debió a una similitud sustancial (Guiraud, 1976), pues como explica Soca, los hablantes encontraron un parecido entre la forma de saltar del pez y la extracción de las dos primeras cartas del monte. Así, probablemente para ampliar al valor expresivo del término, le dieron el nombre de ‘albur’ a esta actividad lúdica.
Después, el significado se amplió y ‘albur’ comenzó a denominar un ‘juego de baraja’ (1599), según registra el CDH. Dicho cambio se puede clasificar como una permutación (Stern) o una transferencia del nombre por contigüidad (Ullmann), es decir, una sinécdoque:
often considered a kind of metonymy, involves a part-to-whole relationship, where a term with more comprehensive meaning is used to refer to a less comprehensive meaning or vice versa; that is, a part (or quality) is used to refer to the whole, or the whole is used to refer to the part (Campbell, 1999: 260).[9]
De esta forma, el nombre de la parte (sacar las primeras dos cartas de la baraja) pasa a denominar el todo (juego de baraja). Luego, nos encontramos con otra transferencia del nombre por contigüidad con una ampliación (en términos de Campbell), pues en ella: “the range of meanings of a word increases so that the word can be used in more contexts than were appropriate for it before the change” (Campbell, 1999: 256).[10] Así, el significado de ‘juego de baraja’ se amplía para incluir otros juegos de azar. Esto se aprecia por primera vez en México en 1792, como puede verse en La portentosa vida de la muerte, de fray Joaquín Bolaños, según los registros del CDH.
En orden temporal, el siguiente sentido que aparece es el de ‘cuestión dejada al azar’, mismo que también parece tratarse de una ampliación, pues el significado se expande y se vuelve más general.
Por último, surge el significado que nos ocupa: ‘juego de palabras de doble sentido’. Desde mi punto de vista, parece más probable que este cambio se haya dado a partir de ‘juego de azar’ o quizás de ‘juego de baraja’, pues guarda más relación semántica con éstos que con ‘cuestión dejada al azar’. En consecuencia, propongo que este cambio se interprete como un cambio por contigüidad de los sentidos en forma de restricción, es decir: “the range of meanings is decreased so that a word can be used appropriately only in fewer contexts than it could before the change” (Campbell, 1999: 257),[11] ya que en vez de aplicarse a todos los juegos de azar, ‘albur’ pasa a designar un tipo de diversión específica.
El siguiente esquema resume este cambio escalonado:

Conclusiones
Podemos afirmar que la palabra ‘albur’ ha evolucionado de forma importante a lo largo del tiempo; los cambios semánticos de los que ha sido objeto son resultado de la transformación natural de la lengua y del contexto histórico-social.
Con base en el análisis de las entradas del CDH, el CORPES y el Mapa de diccionarios académicos, fue posible hacer un seguimiento de la evolución semántica del término ‘albur’ y se han podido describir algunos de los contextos en los que era utilizado en distintas épocas de la historia del español.
Se observó que el cambio semántico ocurrió de forma escalonada —‘pez plateado’ > ‘primeras cartas de la baraja’ > ‘juego de baraja’ > ‘juego de azar’ > ‘juego de palabras de doble sentido’ / ‘cuestión dejada al azar’—, por medio de metáforas, sinécdoques, ampliaciones y restricciones.
Finalmente, se comprobó que el sentido de ‘juego de palabras de doble sentido’ es el más difundido en nuestro país, probablemente debido a la importancia de este fenómeno lingüístico para los hablantes:
Los albures forman parte del folklore verbal mexicano y contienen elementos esenciales para el conocimiento del comportamiento cultural y de la idiosincrasia de los mexicanos […] Ni qué decir tiene que el conocimiento de este fenómeno nos permitirá comprender mejor ciertos aspectos de la cultura mexicana y facilitar la adaptación a la misma (Lavertue, 1998: 12).
Como afirma Solé Zapatero (2012), el albur es el resultado de la mezcla entre la literatura erótica europea y los desafíos verbales propios de las fiestas de las culturas originarias latinoamericanas. Lo anterior, unido a la presencia del macho exacerbado —que tanto caracteriza al mexicano—, originó la figura retórica del albur, una expresión misógina y homofóbica, pues, como afirma Carlos Monsiváis, “el chiste del albur consiste en la humillación femenina y en la feminización de la tontería sexual” (2016), pero a la vez constituye una confrontación a la moral dominante de una sociedad “anegada por la sobreabundancia de moralejas y sermones” (Monsiváis, 2016).
El albur forma parte de la idiosincrasia de nuestro país. Luego de que la palabra se utilizó para nombrar este juego del lenguaje, cobró gran popularidad y los otros significados fueron desplazados y se han ido diluyendo.
Este artículo constituye un aporte al estudio de la etimología de la palabra ‘albur’,[12] pero también al análisis de este fenómeno del lenguaje tan característico de nuestra cultura.
Referencias
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Notas
Notas de autor