Reseñas
Al otro lado de la ventana
Al otro lado de la ventana
Revista Interamericana de Educación de Adultos, vol. 39, núm. 1, pp. 154-162, 2017
Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe

![]() | Ardito Victoria. Al otro lado de la ventana. 2007. Caracas. Casa Nacional de las Letras Andrés Bello |
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Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida
Emile Griffith
La escritura de la ausencia y la lectura de la liberación son estadios permanentemente transitados por la palabra transfigurada en viento, en poesía, en rendija… La cárcel humana que encierra tras sus barrotes efectos, ideas, miedos, búsquedas, extravíos y atajos ha sido terreno fértil para la creación literaria. Visto así, la literatura, como instancia liberadora, permite la huida del espíritu, el escape de los sentidos y la elevación de la palabra a través de la recreación de mundos posibles desplegados hacia el ascenso incansable o inalcanzable, quizá, de la libertad.
Si bien la obra es un espacio para el fluir espiritual de una aspiración ancestral: alcanzar la libertad de la mente y del corazón, ese fluir se torna tormentoso cuando a la cárcel del alma, subsiste y se le impone la cárcel física, la reclusión, el barrote que subsume el aliento humano a territorios de angustia, soledad, resentimiento, culpa y mediocridad existencial.
El encierro, en todas sus manifestaciones, ha suscitado la liberación de una conciencia creadora que trasciende la circunstancia carcelaria para alcanzar la utopía de un ideal anhelado: la libertad, atrapado solo en las redes de las palabras. En esta búsqueda, el sujeto se reconstruye a sí mismo y reconstruye, una y otra vez, la aspiración de escribir en el viento el vuelo libre de su espíritu, siendo la palabra la única rendija por la cual puede escapar de una agobiante realidad, transfigurarse en aspiración, consumar ideales, romper cadenas, ahogar el silencio, luchar contra el aniquilamiento, saldar la soledad y dibujar, en fin, la libertad en un lienzo dialéctico de frustración y esperanza como un ciclo vital que permite a todos continuar en pie.
En palabras de Foucault (1996), el encierro es un concepto propio de las sociedades punitivas que lo conciben como prisión, instancia propia de la punición, penalidad y cura del hombre a través de la privativa física. Desde sus orígenes, la institucionalización de la cárcel fue cuestionada, nos plantea el autor, por cuanto la ley no la penetraba, en sus entrañas se fortalecía una comunidad homogénea de criminales favoreciendo la constitución de un “ejército de enemigos”; y, porque de ella saldrían individuos “marcados por la criminalidad”. Aunque surgieron ideales reformistas que apuntaban a una visión positiva del sistema carcelario en términos de corrección y modelización a través de un tratamiento “adecuado” social y psicológico del criminal, nos dice Foucault, siempre estuvo presente el efecto de generar una población marginal de delincuentes “enemigos de la sociedad”.
Ante estos nudos críticos, la sociedad punitiva entendió la cárcel no como instancia apropiada para la transformación psicológica y moral del delincuente, sino como encierro para desplazar, castigar y moralizar a nivel infrapenal. Parafraseando a Foucault, la transformación de la penalidad hacia la coacción de los cuerpos (privativa de libertad) comprendería una dimensión física expresada por una instancia óptica de vigilancia para controlar/ desplazar, una física de encarcelación para corregir/castigar y otra fisiológica para establecer normas/ moralizar. A partir de esta trama conceptual, nos dice Foucault (1996), lo siguiente:
[…] es preciso delimitar qué se entiende por delincuencia […] hay que entender por delincuencia el sistema ensamblado formado por penalidad-delincuente. La institución penal, con la prisión en su centro, fabrica una categoría de individuos que constituyen con ella un círculo: la prisión no corrige, atrae incesantemente a los mismos, produce poco a poco una población marginalizada… la prisión presenta la ventaja de producir la delincuencia. (pp. 31-32).
Desde una perspectiva social y cultural el entorno relacional de la cárcel fortalecería el efecto de crear seres sometidos a la infamia. De esta forma, el carácter punitivo se asumiría como una cuestión más física que moral. Este planteamiento de Foucault devela todo un tejido de asociaciones inmersas en el tema del encierro carcelario, la penalización y transformación moral del sujeto. No resulta entonces extraño que seres confinados a la culpa y desplazados hacia las cárceles, ante una ausencia escandalosa de visiones realmente generadoras de nuevas perspectivas para configurar la condición humana, aspiren desesperadamente alcanzar de nuevo la libertad, legitimen el valor de ser libre y fortalezcan un sentimiento de identidad, consustanciado, a veces, con inclinaciones de reflexión, rectificación y reinserción social. Aunque esta visión represente una reacción excepcional frente a la maquinaria delictiva que se fortalece en las cárceles, no podemos dejar de advertir que en cautiverio, la literatura, por ejemplo, ha encontrado un abundante caudal de creación. Pensemos en autores como Fray Luis de León, Miguel de Cervantes, Oscar Wilde, Miguel Hernández, entre otros; cuya escritura “encarcelada” recobró un aliento contundente de fuerza, libertad y pasión para romper las cadenas y permitir el vuelo del espíritu. Sin buscar razones, sin justificar presencias, sin ser jueces ni repartir culpas, éstos y otros notables de la palabra han aprovechado las trampas insospechadas del destino que los confinaron al encierro, para dibujar con palabras la pulsión recurrente de libertad.
Si nos correspondiese analizar, por ejemplo, la obra de Miguel Hernández, además de definir su aspiración creadora en los marcos de la poesía, no dudaríamos en afirmar que, su escritura es una búsqueda permanente hacia la libertad… un ideal de vida que se reinventa constantemente en su obra a través de imágenes que le permiten diseñar un mosaico de palabras, con las cuales su espíritu emprende el vuelo lírico, se desprende de las cadenas y corretea libremente como el viento:
No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas me es pequeño
y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor.
Ahora bien, si nos enfrentamos a la ardua tarea de desentrañar los complejos temáticos de un texto hecho a diversas manos en el contexto carcelario y bajo el pretexto de talleres literarios para la escritura creativa, no sólo tropezaríamos con la extrañeza de un intento escritural inclasificable, que exige no solo una lectura distinta, sino un saber también diferente para precisar las fronteras conceptuales que lo caracterizan; sino que, además, nos encontraríamos en el cuestionamiento de todas las certezas epistémicas, en la duda de todo principio artístico y en el desconcierto no como desencanto, sino como pulsión fructífera para la creación.
Lo anterior está retratado en el libro Al otro lado de la ventana, publicado en 2007. Este libro nos muestra el resultado de lo que ha sido el sistema nacional de talleres literarios en Venezuela, a través de unas estrategias de promoción de la literatura que se sustentan en programas educativos para jóvenes y adultos en contextos no convencionales. A su vez, y desde una escritura experimental, recoge un conjunto de muestras de creación literaria provenientes de múltiples voces recreadas en diversas expresiones de un mismo contexto: la cárcel, teniendo como hilo transverzalizador el grito o el silencio, tal vez, de voces desplazadas y castigadas; y como aliento, el deseo de la libertad. Lo interesante del libro no solo radica en la valiosa iniciativa educativa y artística dirigida a personas jóvenes y adultas recluidas en centros penitenciarios, iniciativa, insisto, de significatividad y trascendencia; sin embargo, hay un valor agregado, y es que, se compendian textos que más bien actúan como pequeños intentos intermitentes de luz, en un largo camino de oscuridad tejido con los hilos del azar tormentoso. Sin juicios innecesarios, vagas comparaciones o justificaciones estériles, estamos en presencia de un mosaico construido con las pocas palabras que pueden intentar fijar el recuerdo de un heroísmo perdido, de una vida apagada, de un vacío construido con el arrebato del sinsentido y la carencia existencial.
Valga citar, a modo ilustrativo, las palabras que usara el mismo Foucault (1996) al referirse a una selección caprichosa de textos más o menos análogos al escenario escritural descrito en el compendio recogido en el precitado libro. Al respecto, afirma:
Estamos más bien ante una antología de vidas. Existencias contadas en pocas líneas o en pocas páginas, desgracias y aventuras infinitas recogidas en un puñado de palabras…, es que es tal la concentración de cosas dichas contenidas en estos textos que no se sabe si la intensidad que los atraviesa se debe más al carácter centelleante de las palabras o a la violencia de los hechos que bullen en ellos. Vidas singulares convertidas, por oscuros azares, en extraños poemas […] (p.79)
El asunto de “extraño” aplicado específicamente para el caso que nos ocupa, no solo apunta a la multiplicidad de voces creadoras, de temas nucleares o periféricos y de diversos formatos genéricos de creación; sino que además es un libro inclasificable porque incita a cuestionar la posible legitimidad literaria, trastoca algunos principios fundacionales que caen al vacío con esta puesta en escena; en fin, una excepción artística recreada en la fragmentariedad, la imposibilidad y el efecto caótico de la experiencia.
Lo único viable en este entramado problematizador es la posibilidad de lecturas y escrituras a través de transiciones permanentemente trasgresoras, de ruptura y desviación genérica, de negatividad y resistencia crítica; en fin, de un vínculo distinto entre la teoría y la ficción que apueste por mostrar el caótico cuestionamiento de los temas y la crisis de todos los marcos contextuales de recepción y producción. Se trataría entonces de hacer un quiebre en la noción de literatura y concebirla, a partir de visiones escriturales caracterizadas por: alteración de la linealidad, necesidad de nuevas relaciones a partir de las exigencias de un discurso multiforme (si es que tiene alguna o todas las formas posibles), la crisis del sujeto que dialoga con la crisis de la cultura, reacción contra la institucionalidad positiva del conocimiento, experiencia caótica de pulsiones recogidas en tramas textuales híbridas y fragmentarias; y, por las formas atípicas, irregulares, múltiples y fronterizas que suscitan el ejercicio escritural descrito. De lo inclasificable e irregular, de la ruptura y quiebre, de lo arbitrario y desarticulado… de todas estas negatividades, lo que nos queda son los vasos comunicantes que estrechan a un mismo impulso la literatura con la vida a través de textos que apuestan por la crónica vivencial o el retrato autobiográfico.
Volviendo a la obra que nos ocupa, la única certeza que nos ofrece se encuentra, no en la cárcel como ámbito contextualizador, sino en la búsqueda de la libertad como aliento creador. Nos dice Luis Alberto Crespo al prologar dicha obra:
El espíritu es una llave que abre todas las puertas […] La Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, con la realización del Sistema Nacional de Talleres Literarios, ha emprendido una labor colectiva en nuestros centros de reclusión penal a fin de suscitar en los reclusos la fuerza liberadora del espíritu mediante la escritura creativa, sea ésta producto de la fantasía o de la propia confesión. (p. 6)
Nos encontramos frente a una diversidad de formatos y a una multiplicidad de temas intimistas que se convierten en testimonio de voces solitarias, desesperadas, desencantadas y tristes; pero también, de aliento esperanzador, rectificación, autorreflexión y complicidad confesional de ese yo interior. Aunque el hilo cohesionador que circula en todo el aliento creador es, sin duda, el ideal de libertad; sin embargo, lo genuino de cada composición inclasificable en su conjunto, indefinible en la particularidad, nos ratifica que estamos en presencia de un libro “extraño” que, precisamente por ese estatus, resulta interesante en la recopilación de muestras que dialogan con el interés literario que lo cohesiona; y, significativo en los nobles ideales que lo constituyen a partir de objetivos vinculados con la atención educativa de personas jóvenes y adultas en espacios no convencionales de formación. Desde todo punto de vista, es un texto que amerita una lectura distinta para: a) advertir las múltiples voces que se hacen eco en sus páginas, b) reconstruir la experiencia del contacto literario como pretexto para la creación, propiciando así un refugio en la escritura que es también una instancia de mediación educativa; y, c) asumir la creación estética como un lugar repleto permanentemente de rupturas y vacíos teóricos, que solo es estelar en la medida en que se avecina a la condición humana haciéndose cuerpo y nervio de la necesidad expresiva de las personas.
Es también materia de creación en este libro del sistema nacional de talleres literarios, la vivencia reconstruida en el sentido conversacional, en el diálogo, el humor, la coloquialidad del lenguaje y la pura referencialidad anecdótica (interpelada en su estructura, lacerada por la escasez, fragmentada en ausencias y distancias). Lo interesante y más rescatable de este libro es la posibilidad no solo de reconstruir una experiencia educativa con jóvenes y adultos en ambientes no convencionales sino, además, el hecho de promover la escritura literaria como posibilidad de expresión y de encuentro con el yo interior, como vehículo para transitar la propia vivencia y puerta para acceder al fluir de la confesión intimista.
La libertad como vida y esperanza en contraste a la tristeza, resentimiento y muerte, constituyen el hilo temático que permite recrear una escritura, a veces, cargada de dolor, frustración y desconcierto; otras, repleta de esperanzas, fe, ironía, alegría y amor. En esta suerte de atajos temáticos, el humor, lo absurdo, la rabia y melancolía son emociones recurrentes por las que se desplaza un espíritu atormentado, cargado de pasado, carente de futuro y ahogado en un presente que lo aniquila. Es un escenario interior que nos permite observar cómo lo humano se reduce a los más primitivos impulsos y a una degradación extrema de la persona en un marco de sobrevivencia, violencia, traición, miseria y soledad. Precisamente son estos estados de la conciencia y del espíritu, terreno fértil para la creación artística literaria, no como materia de composición sino como impulso y necesidad expresiva que encuentra en la literatura un camino para la anhelada liberación, más que de la cárcel física, de la cárcel del alma.
Este abanico de mosaicos escriturales “distintos”, complejos y transgresores, exigen una experiencia lectora también distinta, atenta a la extrañeza, consustanciada con lo genuino y excepcional de una obra que se desnuda en la palabra, se devela en una mueca de alegría, se muestra en un suspiro de alivio o de dolor que transfigura a los seres en intermitentes ráfagas de resignación, frustración, rabia o resentimiento, dentro de un mundo desalentador que supera todo intento de ficción, en el cual la libertad resulta ser, definitivamente, una búsqueda desquiciante.
Ciertamente, el hilo conductor transversal del libro es el tema de la libertad expresado en múltiples formas y desplegado a partir de las diversas perspectivas implicadas en los asuntos carcelarios y criminales. La temática recurrente en las creaciones reunidas en esta obra, apuntan, básicamente, a un complejo horizonte de contenidos agrupados, entre otros, en las siguientes líneas semánticas: maltrato previo del ser humano y su impacto en la conformación de una fisonomía conductual delictiva, desdoblamiento a partir de las posibilidades expresivas del arte, ficcionalización de la cotidianidad para trascender la realidad, refugio o culpa de Dios por lo vivido, traslado de la responsabilidad o aprovechamiento de la experiencia, la cárcel como infierno, el resentimiento social y la escritura como refugio. En este último complejo temático, observamos que los autores encuentran en la experiencia escritural un escape no solo para la liberación del espíritu, sino, incluso, un espacio para dejar fluir su creatividad en un vuelo de aliento poético.
Referencias
Foucault, M. (1996), La vida de los hombres infames, Buenos Aires-Argentina, Editorial Altamira.
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