Exploraciones

De regreso a lo básico: estrategias de formación para el trabajo en sectores vulnerables

Coming back to the bases: strategies on work training programs for vulnerable sectors

Enrique Pieck Gochicoa
Universidad Iberoamericana, México

De regreso a lo básico: estrategias de formación para el trabajo en sectores vulnerables

Revista Interamericana de Educación de Adultos, vol. 39, núm. 2, pp. 83-98, 2017

Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe

Se autoriza la reproducción total de contenidos e imágenes de la publicación siempre y cuando sea utilizada con fines educativos y de investigación

Recepción: 06 Marzo 2017

Aprobación: 14 Abril 2017

Resumen: Los programas y políticas de formación para el trabajo van y vienen, se discuten sus diferentes enfoques y estrategias, los altos índices de pobreza permanecen, las metas educativas no se cumplen, los países en desarrollo se esfuerzan por conseguir mejores tasas de desarrollo económico, y las acciones de las Organizaciones de la Sociedad Civil alcanzan sólo impactos marginales. Mientras esto ocurre, prevalecen amplios sectores de población que no cuentan con programas de capacitación que les ofrezcan conocimientos y el desarrollo de habilidades para tener acceso al mundo del trabajo y mejorar sus condiciones de vida. Nuestro argumento es que existen programas que han tenido un impacto importante en estos sectores y han dejado muchas lecciones; naturalmente, los criterios de evaluación van más allá de nociones de productividad y eficiencia, propios del paradigma del desarrollo económico. Este ensayo se apoya en estrategias que han favorecido el acceso al mundo del trabajo, que han reforzado las economías locales, trascendido en el nivel comunitario y generado nuevas formas de participación.

Palabras clave: educación de adultos, educación no formal, formación para el trabajo, capacitación y pobreza, enfoque social.

Abstract: Government work training policies and programs come and go, approaches and strategies are subjected to discussion, the index of poverty remains, educational goals are not met, developing countries are trying to get better economical growth rates, and the actions of the organized civil society get marginal impacts. Meanwhile various population sectors do not have an appropriate work training programs that could offer them the knowhow and the abilities to obtain a better job in order to improve their life conditions. Our discussion is based on the existence of training courses that have had an important impact on these sectors due to their learning experience they have: naturally, the assessment criteria goes further from the productivity and efficacy notion stated on the economic paradigm. This essay is based on those strategies that has favored people to have access to the world of work, strengthened local economies and, transcended the communitarian level as well as generated new forms of participation.

Keywords: adult education, non formal education, Training for work, training and poverty, social approach.

Introducción[1]

En 2012 se desarrolló un convenio entre el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y los Institutos Descentralizados de Capacitación para el Trabajo (ICAT),[2] que consistió en el lanzamiento de una convocatoria a nivel nacional para la identificación de experiencias significativas de formación para el trabajo. Uno de los objetivos centrales de este proyecto fue hacer visibles las estrategias utilizadas en este ámbito. Había un interés por responder a las preguntas: ¿Qué hay de nuevo en lo que se está haciendo en los ICAT?

¿A qué nuevas formas se está enfrentando la formación para el trabajo? ¿Qué lecciones se pueden derivar de lo que se está realizando que permitan renovar y enriquecer las prácticas? ¿Cómo romper las inercias? ¿Qué nuevos caminos se van perfilando?

En este artículo se busca reflexionar sobre diferentes dimensiones que están presentes en las experiencias que conformaron este proyecto. La intención es señalar algunas de las estrategias que se han perfilado en los diferentes programas y que delinean senderos en el campo de la formación para el trabajo. Los resultados de este proyecto ayudaron a ubicar nuevos referentes que permiten apreciar el interés porque la formación para el trabajo alcance a sectores vulnerables e incida en el mejoramiento de sus condiciones de vida. Detrás de cada experiencia subyace una intención firme de brindar una capacitación que sea significativa para las personas a las que está destinada. Lo significativo está relacionado con la contribución que hace cada experiencia en el marco de las estrategias que se utilizan en este sector. Así, refiere a las nuevas formas en que se afrontan los retos para hacer que la capacitación impacte en el bienestar de las personas, llegue a lugares aislados, promueva el desarrollo comunitario y abra espacios para incursionar en el mundo del trabajo.

Los puntos de partida

El interés por mostrar algunas dimensiones que son significativas en las estrategias de formación para el trabajo, descansa en la necesidad de hacer llegar capacitación relevante a sectores de la sociedad que se han visto permanentemente marginados de este tipo de ofertas educativas, o que ya cuentan con ofertas que se caracterizan por su marginalidad. La realidad es que programas van y programas vienen,[3] se discuten enfoques y políticas, mientras amplios sectores de la población carecen de ofertas que les permitan insertarse favorablemente en el mundo del trabajo. El objetivo de este apartado es mostrar algunos puntos de partida y premisas en que nos apoyamos para sostener nuestro argumento de que se hace necesario un repensar la formación para el trabajo destinado a los sectores más vulnerables de la sociedad.

En este ensayo pretendemos subrayar algunas dimensiones que ilustran diferentes formas en que se ha ido abordando la formación para el trabajo en el sector social y que ofrecen respuestas a las necesidades planteadas por estos sectores y sus contextos. Señalan la importancia de la vinculación institucional, los nuevos énfasis y apoyos al desarrollo de emprendimientos, modificaciones realizadas al proceso curricular y pedagógico, la importancia de la dimensión social y comunitaria como trasfondo de las actividades de capacitación, la incidencia de un curso en el ámbito local, la medida en que los programas enfrentan el problema del desempleo, la focalización de los/as jóvenes como sujetos prioritarios, la cercanía de los programas con las necesidades y expectativas de la población que vive en situaciones de pobreza extrema. Estas son algunas de las dimensiones que nos interesa dar cuenta en este texto.[4]

La vinculación: dimensionando la formación

Un elemento presente en muchas de las experiencias es la vinculación institucional. Gracias al establecimiento de redes con organismos y programas de apoyo, se ha podido trascender la simple capacitación, impactar en otros ámbitos y lograr que los aprendizajes tengan una mayor incidencia. Las estrategias de vinculación son diversas y están orientadas a diferentes propósitos, tales como: la obtención de becas de capacitación, la gestión de apoyos financieros para la adquisición de equipos y materiales, la contratación de asesoría en gestión de micro-emprendimientos, la gestión de capacitación complementaria para ampliar la incidencia de los proyectos en otras áreas, el acceso al mundo del trabajo en segmentos superiores, la obtención de certificación en áreas específicas, etcétera.

Calzado Ocampo es una experiencia que trascendió por el énfasis depositado en el desarrollo de vínculos institucionales (Ortega, 2012). Es una experiencia de formación de jóvenes en el campo de la elaboración de calzado en una comunidad de Guanajuato, donde no existía esta tradición. Participaron jóvenes que, sin tener conocimientos previos, después de capacitarse, se incorporaron a una empresa que ellos mismos formaron. El proceso de esta experiencia inició a partir de las visitas que se realizan a las diferentes dependencias de gobierno para promover servicios y detectar necesidades de capacitación. Fue de esta manera como se tuvo conocimiento de un proyecto promovido por la Dirección de Desarrollo Económico, para capacitar a personas a fin de que atendieran la demanda de calzado solicitada por la presidencia municipal, para dotar de un par de zapatos a todos los/as estudiantes de preescolar y primaria al inicio del ciclo escolar 2010-2011. Este primer vínculo llevó a contactar programas como el de la Dirección de Empleo de la Secretaría de Desarrollo Económico, que otorgan becas de capacitación para personas desempleadas a través del programa de ‘Bécate’. A esta misma dependencia se solicitó apoyo para que se proporcionara el equipo necesario para comenzar a laborar a través del programa de Fomento al Autoempleo, mediante el cual se otorgan este tipo de apoyos para emprendedores; de esta forma se aprobó un plan de negocios que permitió obtener cinco máquinas de pespunte, mesas de trabajo y una compresora. Este equipo, después de un año de supervisión por parte de la Dirección de Empleo, pasa a ser propiedad del grupo, toda vez que este programa otorga apoyos a fondo perdido. Al culminar el compromiso con la presidencia municipal, se desarrolló un último vínculo con la Empresa Bambino, cuyos directivos se acercaron con las intenciones de instalarse en el municipio; actualmente Calzado Ocampo confecciona zapatos para esta empresa.

Esta red de vinculaciones institucionales es lo que lleva al relator de esta experiencia a comentar que

[…] el éxito del proyecto se debe principalmente a las labores de vinculación que se tuvieron antes, durante y posterior a la capacitación. Dentro de las administraciones, tanto federales, estatales y municipales existimos diferentes instancias que podemos complementar los servicios que cada una ofrecemos a la ciudadanía. Sólo hace falta investigar qué dependencia puede darle valor agregado a los servicios que ofrecemos y gestionar su apoyo.

Lo significativo de esta experiencia radica en la trascendencia que adquirió un curso de capacitación en elaboración de calzado. El alcance más evidente se observa actualmente en la operación de una microempresa, en la generación de empleos, en los contratos contraídos en la formación impartida.

Otra experiencia es la de un grupo de mujeres que elabora mermeladas en Campeche, la cual recuerda a muchas de este tipo que se desarrollan en el marco de diferentes programas.[5] En ésta se hace evidente la importancia que tuvo la vinculación. En este caso se contactó a la Secretaría de Desarrollo Industrial y Comercial para la obtención de beneficios del programa de Apoyo a Emprendedores (SEDICO). Este vínculo se tradujo en una serie de apoyos que ayudaron a la definición del nombre de la empresa, su logotipo, etiquetas para las conservas, etc. Asimismo, el paso de las mujeres por otras instituciones, tales como el taller de “Mujer Emprendedora”, ofrecido por una incubadora social del Tecnológico de Monterrey, lo mismo que el Taller de Reingeniería impartido por la SEDICO, contribuyeron en su formación como microempresarias. Señala Carlos el autor del relato, “[…] al darse la coordinación entre instituciones, la fusión de conocimientos, la conjunción de potencialidades e inquietudes, al crearse una amalgama entre la creatividad, el deseo y la decisión, se obtuvo como conclusión de que la unión fortalece, sostiene y garantiza buenos resultados” (Acosta, 2012).

Una experiencia que destaca en el ámbito del desarrollo comunitario, y que pone mucho cuidado en el desarrollo de vínculos institucionales, es la del plantel de Champotón en Campeche. La autora del relato señala: “No importa qué tan grande o pequeña sea la colaboración, donde haya la oportunidad de tender redes, ahí estaremos” (Castillo, 2012). En un ejemplo muy sencillo, comenta la autora sobre la importancia de estas redes:

El mayor reto fue conseguir instructores que llevaran el servicio de capacitación ‘al cliente’ de las poblaciones más alejadas. Es ahí donde se empezaron a tejer las redes de cooperación. Nos pusimos en contacto con los comisarios ejidales y municipales, líderes religiosos y sociales de las comunidades, directores de escuela, representantes de dependencias, etc., para unir esfuerzos y que con una infraestructura mínima se puedan llevar a cabo los cursos.

Otro ejemplo es el papel de la Presidencia Municipal en el acondicionamiento de los espacios para el desarrollo de los talleres. Comenta el comisario municipal:

[…] y todo eso fue mi responsabilidad como autoridad, como comisario municipal, de que las compañeras tengan ese espacio adecuado donde ellas se puedan sentir cómodas para realizar los trabajos. A raíz de eso pues surgen las necesidades: que necesitan una estufa, que otras herramientas de trabajo y nosotros nos avocamos a las gestiones en aquel entonces ante el Presidente Municipal (Castillo, 2012).

Cabe mencionar que en casi todas estas experiencias resalta la vinculación institucional como un mecanismo que permite potenciar y dimensionar las actividades de capacitación. Las redes institucionales que se establecen hacen viable una oferta de capacitación en la cual se rebasa la simple impartición de conocimientos técnicos. Gracias a estos esfuerzos de articulación es posible brindar apoyos, tales como: créditos, asesorías, acceso a recursos financieros a fondo perdido, capacitación en otras áreas (organizacionales, administrativas, de desarrollo humano), educativos (alfabetización, reincorporación escolar, continuación de estudios), etc. Gracias a la vinculación institucional la capacitación se enriquece y cuenta con mayores oportunidades de trascender en la vida cotidiana de las personas y en el mejoramiento de su nivel de vida. Un curso de corte y confección puede representar una opción de organización productiva para mujeres que habitan en lugares aislados y de pobreza, si es que, a la par del curso, se brindan apoyos crediticios y de organización.

La vinculación institucional en un nivel macro

Un diferente tipo de vinculación es aquella que se da de inicio entre un centro de capacitación y una institución específica, sea una empresa, una fundación, una OSC. En este caso la capacitación se ve permeada y fortalecida por el vínculo, con lo que se mejoran las posibilidades de acceso al mundo del trabajo. Un ejemplo de ello es la vinculación que se ha establecido entre el ICAT de San Luis Potosí (ICATSLP), la empresa Toyota y la Casa Don Bosco.[6] En este ejemplo, cada una de las tres instancias realiza su aporte particular a lo largo del proceso. Lo que destaca es una forma de capacitación que facilita el acceso de los jóvenes a nichos especializados en la industria, a los que no hubieran accedido de no contar con esta capacitación específica. Se logra así una inserción laboral en mejores condiciones. Aquí, la colaboración de Casa Don Bosco contribuye a que los jóvenes desarrollen competencias blandas apoyando el proceso de desarrollo personal y motivacional, el ICATSLP apoya en el proceso de selección de estudiantes y en la formación de los instructores que serán los responsables del programa, por su parte, Toyota proporciona los planes de estudio y ofrece espacios de inserción en su empresa, o en empresas afines.

Un ejemplo similar es el convenio que se desarrolla en Ciudad Juárez entre Centro Nacional de Alta Tecnología (CENALTEC) y la Fundación Comunitaria de la Frontera Norte (FCFN). En este caso la Fundación, con base en el modelo ya desarrollado —Modelo Desafío—, realiza un proceso de selección de jóvenes de sectores vulnerables para después insertarlos en un proceso de formación personal y actitudinal durante tres meses. Posteriormente, los jóvenes se incorporan a una etapa de capacitación en el CENALTEC que dura seis meses y durante los cuales los/as jóvenes adquieren competencias técnicas en alta tecnología. A todo ello sigue una etapa de desarrollo de pasantías y posterior inserción laboral en alguna de las empresas del ramo. Lo que destaca en esta experiencia, al igual que la experiencia de Toyota, son las competencias especializadas que los jóvenes adquieren a lo largo de estos programas de formación y que les brindan acceso a segmentos superiores en el mundo del trabajo. En ambos casos, la vinculación institucional de inicio es la que tiene la virtud de mejorar las posibilidades de inserción.

Vinculación entre bachilleratos y centros de capacitación

Dadas las condiciones marginales (recursos, perfil docente e instalaciones) características de la impartición del componente de formación para el trabajo dentro del plan curricular de los bachilleratos tecnológicos (fundamentalmente en las áreas rurales), resultan relevantes las experiencias de vinculación que se han desarrollado entre los centros de formación para el trabajo y diferentes espacios educativos: son el caso del ICAT Sinaloa con un bachillerato tecnológico, como igualmente las experiencias del CECATI 154 y CECATI 33, que establecieron vínculos con el sistema de Tele-bachilleratos en las entidades de Aguascalientes y Veracruz. Ello ha permitido el acceso a una oferta de mayor calidad que permite a los/as jóvenes hacerse de habilidades y conocimientos para eventualmente desarrollar una actividad económica, o bien insertarse con mejores condiciones en el mundo laboral. Este vínculo resulta de importancia dada la gran cantidad de jóvenes que no acceden a estudios de nivel superior. Al respecto, según informes de la SEP, en 2014 sólo tres de cada 10 mexicanos entre 19 y 23 años cursaban estudios de nivel superior[7] y 650 mil alumnos abandonaban la educación media superior cada año, principalmente por los bajos recursos (Villa, 2014), situación que los orilla a dejar la escuela para buscar empleos que resultan precarios. La formación para el trabajo que reciban en el bachillerato será su mejor herramienta al ir dando los primeros pasos en la conformación de sus itinerarios laborales.

Se ha reflexionado sobre cómo estos talleres inciden en la definición de vocaciones y en el desarrollo de pequeñas iniciativas económicas, que ayudan tanto a sufragar los gastos cotidianos como a emprender posteriormente estudios superiores. Una de las ventajas de este tipo de colaboración es que lo/as estudiantes egresan de sus estudios con dos títulos: el del bachillerato y el de técnico con la certificación del ICAT o del CECATI.

Empleo y micro-emprendimientos[8]

Algunas de las experiencias cuentan con una orientación emprendedora y ofrecen diversas lecciones en esta materia. Se percibe una toma de conciencia de que los cursos deben procurar la incorporación de los estudiantes a diferentes espacios productivos y con ello generar opciones que contribuyan a enfrentar el problema de desempleo. En este interés los programas muestran diferentes estrategias, que van desde privilegiar objetivos de autoempleo en el desarrollo de los talleres, hasta enfatizar el desarrollo de un plan de negocios durante o al término de la capacitación. Otras estrategias están más referidas a la necesidad de articularse con otros sectores para la obtención de apoyos complementarios (financiamiento, comercialización, adquisición de equipo y herramienta a fondo perdido), o ya bien a la gestión de asesorías especializadas para resolver los retos que se presentan en el desarrollo de un emprendimiento. Se trata de ir más allá de la terapia ocupacional, por lo que las acciones se dirigen a generar habilidades y destrezas, y con ello aumentar en las personas las posibilidades de insertarse productivamente: el enfoque general de formar no sólo fuerza de trabajo, sino emprendedores. Señalan los coordinadores: “el que los programas de estudio desde los primeros contenidos generen productos con valor comercial e ingresos hacia las familias de los alumnos ha sido la mejor promoción de los servicios de capacitación del ICAT Champotón y una respuesta viable a la falta de empleos en nuestra comunidad”.

En Campeche, la iniciativa de generar una microempresa a raíz de un curso de capacitación en elaboración de conservas, es un pequeño ejemplo de iniciativas que buscan promover el empleo y el autoempleo. Aquí se desarrollaron vínculos con programas de incubadoras de empresas, se las ha vinculado con programas de emprendimientos, asesorado en el diseño de sus productos y en la conformación de su empresa, etcétera.

Igualmente, se puede hablar de esta orientación en los diferentes grupos promovidos en el plantel de Champotón, en especialidades como repostería, herrería, corte y confección, que han permitido a los habitantes de esta localidad el desarrollo de pequeñas fuentes de empleo de las cuales derivan un ingreso que, aunque poco, les es significativo. Resulta interesante cómo algunas de estas personas han conformado sus propios paquetes de formación al integrar cursos de diferentes contenidos (repostería, comida casera, gelatinas, etc.), lo que les ha permitido diversificar sus posibilidades de venta.

Un elemento central de este plantel, que constituye un aporte a la forma en que se pueden vincular este tipo de cursos con el autoempleo, es su interés en la formación de emprendedores con un enfoque de capital social. Esto ha llevado al desarrollo de una estrategia donde las actividades productivas pueden desarrollarse paralelamente a la impartición del curso. Se concluye que “[…] el que los programas de estudio desde los primeros contenidos generen productos con valor comercial e ingresos hacia las familias de los alumnos, ha sido la mejor promoción de los servicios de capacitación del ICAT Champotón y una respuesta viable a la falta de empleos en nuestra comunidad” (Castillo, 2012). Aquí, las experiencias de algunos alumnos llevaron a comprender que no debían esperar a egresar para empezar a emprender, tampoco tener en mente la creación de grandes empresas, sino lo importante era empezar a producir y vender los productos o servicios que estaban aprendiendo a elaborar; del autoempleo pasarían a las microempresas.

En este plantel, las estudiantes de un curso de cocina o repostería pueden empezar a vender sus productos desde la primera clase, un/a estudiante de estética puede dar sus primeros pasos a las pocas semanas de haber iniciado el curso, igual un/a estudiante de herrería puede comenzar a desarrollar pequeñas chambitas. Al respecto, comenta Marisol, la autora del relato de esta experiencia:

[…] durante el proceso de capacitación cada instructor o grupo han establecido sus mecanismos para que los alumnos vayan equipándose poco a poco, de tal manera que al salir ya tengan una base para el autoempleo o para crear una microempresa. Para ello, cada grupo tiene procesos diferentes, los de repostería empiezan a vender en el plantel sus productos, luego en el trayecto a su casa, después surten encargos, con la ganancia adquieren su equipo básico y al terminar su capacitación ya cuentan con una actividad que les genera recursos, clientes y equipo.

Como comenta una maestra del plantel: “[…] desde que inicia el curso trato de que lo que van haciendo lo vendan” (Castillo, 2012: 217).

Para encauzar a egresados que se dedican al autoempleo, se han implementado cursos de “formación de microempresas” y “comercialización” dirigidos a egresados y público en general. Los cursos concluyen con la elaboración de un “plan de negocios” y con la canalización de los grupos a instituciones que puedan apoyarles en el otorgamiento de créditos, equipamiento a fondo perdido, asesoría especializada, detección de mercados, etc. para iniciar sus microempresas.

Por su parte, la experiencia de Calzado Ocampo (Ortega, 2012) es muy elocuente sobre cómo un curso de elaboración de zapatos terminó en la conformación de una empresa y en la generación de fuentes de empleo para jóvenes de la región. Estas experiencias se ubican en un continuum que va desde la iniciativa aislada y personal de poder emprender alguna actividad económica productiva, hasta la incursión en este ámbito con el apoyo del plantel y de diferentes instituciones y programas que contribuyen en los diferentes procesos de diseño, financiamiento, organización y comercialización de las empresas. La relevancia de que los cursos tengan esta orientación se hace más evidente ante las dificultades que encuentran muchas personas para conseguir un empleo.

En el relato sobre la experiencia de las Aulas Móviles en Chiapas (Camacho, 2012: 87), se menciona el caso de María Magdalena: casada y tiene dos hijos, de 16 y 10 años, es ama de casa y su esposo es chofer. Con una actitud positiva y orgullosa de tener a su familia, contó que era muy difícil conseguir un empleo en su municipio debido a que no hay desarrollo económico, y aunque lo hubiera ella no contaba con estudios y no había aprendido ningún oficio que pudiera beneficiarle. Es en esas condiciones sociales y económicas cuando los cursos que se promueven a través de estos programas pueden marcar un antes y después en la vida de las personas, abriendo oportunidades —aunque pequeñas— donde antes no las había.[9]

El acompañamiento

Un elemento importante de la estrategia de formación de emprendedores es el seguimiento/acompañamiento que se da a los proyectos, conscientes de que es frecuente que los grupos terminen mal asesorados con falsos promotores que cobran por sus servicios. Como parte de este seguimiento se les apoya en mano de obra, gestión y asesorías de producción, contables y fiscales, lo mismo que capacitación en mercadotecnia para darse a conocer en el mercado local y estatal.

Tanto la experiencia de Calzado Ocampo como la de Campeche, muestran la importancia de que haya un proceso de acompañamiento de los grupos y/o personas que se animan a desarrollar una estrategia de autoempleo. Una institución que acompaña es una institución donde la capacitación no se reduce a la simple impartición de conocimientos y habilidades; asume que un curso incidirá si se brindan los apoyos y vinculaciones necesarias en los ámbitos de la organización, comercialización, financiamiento, etc. El comentario de una maestra de estética en Champotón es un buen ejemplo de las formas en que se acompaña a las estudiantes: “En la mayoría de los casos utilizan nuestro taller, nuestras herramientas, las asesoramos en la escuela y fuera de horarios de clases, a veces cuando ya están trabajando con el cliente me llaman por teléfono. No los abandonamos, pero también mantenemos distancia para que ellos vayan teniéndose confianza” (Castillo, 2012).

Adecuaciones en el ámbito curricular y pedagógico

Hay proyectos que se distinguen por haber realizado modificaciones, sea en el currículo, sea en el encuadre pedagógico. Son ejemplo de la flexibilidad que es necesario asumir en el desarrollo de los programas de formación. En estos casos este elemento es el que distingue a las experiencias y las hace significativas; permiten constatar que las modificaciones y adecuaciones en este nivel ayudan a que los programas tengan una mayor incidencia.

Las adaptaciones curriculares tienen implicaciones en la trascendencia que pueda tener un programa de capacitación, buscan ofrecer una mejor respuesta a las necesidades y rasgos de la población, que los conocimientos y habilidades tengan mayor relevancia y pertinencia para promover mejores inserciones en el mundo laboral.

El ejemplo de un taller de Moda y Diseño en el plantel de Apaseo el Grande en Guanajuato (Zanatta, 2012), ilustra cómo detrás del éxito del taller está un “cambio de giro” a la forma en que se venía desarrollando el proceso pedagógico, sobre todo considerando que este tipo de talleres terminan siendo marginales en muchos de los ICAT. Maricarmen, relatora de esta experiencia, lo comenta en los siguientes términos:

[…] una de mis inquietudes fue analizar la forma como se estaba trabajando. Se iniciaba un curso y no se podía ingresar a nadie más hasta la terminación del mismo, entonces no era posible empezar a trabajar con cinco personas y continuar así todo el curso. Dar este cambio generó que nuestra matrícula aumentara considerablemente, también generó que compartir cursos fuera enriquecedor para las personas de nuevo ingreso ya que al ver a sus compañeras desarrollando todo tipo de prendas, su creatividad se empezó a desarrollar.

Otros cambios estuvieron relacionados con: abrir los horarios a las necesidades de la gente (“¿qué día se le facilita y con qué frecuencia puede asistir?”), tratar de que vieran los cursos como una forma de obtener ingresos, organizar salidas a exposiciones y desfiles, realizar convivios sociales en el taller, brindar apoyo con el servicio de transporte, etc. Otra de las estrategias consistió en que la capacitación que se brinda contempla el proceso completo de corte y confección; con ello se enriquece la currícula con nuevos contenidos y se abre la posibilidad de competir con otros centros de formación. Todos ellos fueron cambios sencillos, tanto a nivel curricular como pedagógico, que incidieron en que un curso tradicional se viera enriquecido y tener mayores posibilidades de impacto en la vida de las personas. Las adecuaciones curriculares se aprecian en diferentes estrategias y muestran el deseo de corresponder a las necesidades de formación de las distintas poblaciones: se puede apreciar en el diseño de un curso de música para jóvenes que viven en una comunidad aislada en Oaxaca, sin contar con ofertas educativas ni laborales; igual se aprecia en la inclusión de capacitación en tecnologías especializadas (el CENALTEC), al permitir que los jóvenes accedan a segmentos superiores en el mercado de trabajo. Otro ejemplo es el diseño de un taller sobre emprendedurismo para jóvenes reclusos, como vía para generar opciones de autoempleo, tanto intra como extra muros. El programa IECApacitate en Guanajuato, ilustra a su vez cómo las necesidades del mercado laboral llevan a realizar adecuaciones curriculares con objeto de que los estudiantes cuenten con mejores posibilidades en su incorporación al mundo del trabajo. Esto se logra mediante el enriquecimiento del programa curricular de los bachilleratos tecnológicos en los últimos semestres.[10]

En el caso de la experiencia de Champotón, se han tenido varias precauciones en el interés de ayudar a que los programas tengan mayor impacto en el proceso de aprendizaje de las personas. Un ejemplo de ello es el cuidado que se tiene de no repetir cursos en el mismo lugar, con objeto de no saturar a las comunidades con personas dedicadas a elaborar los mismos productos y tener así una competencia innecesaria. Con esta medida se generan mayores oportunidades para que los estudiantes se dediquen al autoempleo. Otra de las estrategias ha sido la de promover las reinscripciones a cursos cuyos contenidos sean del mismo campo de conocimiento, con lo que se pretende avanzar en la formación de las personas en diferentes áreas de especialización.

Finalmente, como estrategia curricular se cuenta con la propuesta de temas de especialidades de manera modular e independiente unos de otros, de tal manera que, si alguien no pudiera continuar, tuviera posibilidades de acceder a una capacitación específica avalada por un documento con valor curricular. Asimismo, esta estrategia ayuda a quienes no hayan podido inscribirse al principio, ya que tienen la posibilidad de incorporarse a los siguientes módulos, lo mismo que quien desee completarlos todos, tenga la seguridad de que el servicio no se suspende en su comunidad o plantel por no haber la suficiente demanda para seguir impartiendo los cursos.

Currículum integrado

Los cursos poli-funcionales en el ICAT de Querétaro (Suárez, 2012) son ejemplo de una experiencia donde lo significativo reside en las modificaciones que se han realizado al plan curricular de algunas especialidades. Los talleres que se han transformado en poli-funcionales le han apostado a la integridad curricular; es decir, se han preocupado por ofrecer un currículo más completo y rico en contenidos, con objeto de que los/as estudiantes egresen mejor formados y con mayores posibilidades de inserción al mundo laboral.

La experiencia muestra la importancia de adecuar los programas a las necesidades del mundo del trabajo y con ello mejorar las oportunidades de acceso al empleo y en mejores condiciones. Esta experiencia es un ejemplo de toma de conciencia sobre la importancia de que los cursos vayan más allá de la transmisión de competencias técnicas puntuales.

La lección que se deriva de esta experiencia es una de las más importantes y tiene el potencial de incidir en términos de posibles reformas y transformaciones curriculares a implementar en los diferentes centros de formación. Constituye una nueva apuesta que permitiría enriquecer y hacer más pertinente la oferta de formación para el trabajo.

En este sentido, resulta interesante la promoción en los últimos años de un nuevo programa a nivel nacional —CAPACITA-T—. Este programa representa una apuesta curricular ante la situación de estar sin estudio y sin trabajo, característica de muchos de los jóvenes en sectores vulnerables. Consiste en un programa básico poli-funcional de cuatro meses en los que se capacita al joven en una especialidad (en este caso Estilismo y Bienestar Personal, o ya bien Asistencia Familiar y de Salud) y que se complementa con cursos transversales (emprendedurismo, inglés, computación, manejo del tiempo). La propia dinámica grupal, así como el hecho de que los jóvenes hagan un espacio en su vida para entrar en contacto con estos conocimientos, resulta determinante en el impacto que puede tener un programa de tan corta duración. La experiencia que se narra se focaliza en jóvenes madres solteras, atendidas por el Cecati 91 de Durango, que por su propia condición viven circunstancias sociales difíciles en lo que respecta a bajos niveles de escolaridad y ausencia de fuentes de trabajo. En su discurso se percibe cómo el curso les abre horizontes, las anima a encarrilarse en el proceso de capacitación, las saca de la inercia en que estaban, las lleva a retomar sus estudios, las vincula de nuevo con la vida y sus posibilidades. Si bien el curso tiene rasgos muy básicos, cumple la función de atraer a un sector de población que prácticamente está desligado de espacios educativos y laborales.

Significado de los cursos para la población vulnerable

Resulta común minimizar el impacto que pueden tener estos programas en las condiciones de vida de las personas. Se les ha calificado como cursos puntuales, en ocasiones asistenciales, terapia de empleo, cursos básicos que no tienen la posibilidad de trascender en la economía de las personas. Si bien algunas de estas calificaciones pueden resultar ciertas, estimamos muy importante resaltar el gran significado y utilidad que tienen estos cursos debido a la cercanía de los programas con las necesidades y expectativas de la población que habita en sectores vulnerables. Las experiencias relatadas, unas más, otras menos, dan fiel cuenta de: i) cómo estos cursos y talleres constituyen un motor que impulsa el desarrollo de pequeños emprendimientos, muchos en el nivel del autoempleo y, ii) fundamentalmente, el significado y valoración profundos que tienen para las personas que viven en estas pequeñas realidades locales. No se trata, como señala Marisol en relación con la experiencia de Campeche, de tener en la mira el desarrollo de grandes emprendimientos, se trata más bien de la posibilidad de que estos cursos, aunque sea en pequeña escala, dinamicen las economías familiares, que incidan en la participación de las personas.

El siguiente es un relato, como tantos, donde se muestra cómo los cursos conllevan un currículum oculto que termina empoderando a las personas, en este caso a mujeres del medio rural que en muchas ocasiones se ven obligadas a pelear un espacio dentro del ámbito familiar y doméstico, con objeto de lograr inscribirse en un curso de capacitación. Este pequeño relato de una mujer casada es un reflejo de las condiciones que sufren muchas mujeres y de lo que significa un curso de capacitación en estas circunstancias:

Tenía una semana de “no vas”, y yo le dije: pues yo sí voy, aunque tú no quieras porque ahí me gusta y ahí voy a aprender, y me dijo: no te vayas a ir. No, no me voy a ir, le contesté. Así que nada más se fue a trabajar, me alisté, alisté a mi bebé y me vine. Me acuerdo, lo primerito que hicimos cuando yo entré con la maestra Solsy fue un pay de queso. Y llegando a la esquina de mí casa ya había vendido todo, así que saqué los ingredientes, toda la ganancia, y me dice él: ¿dónde fuiste? Pues yo me fui al ICAT, le contesté. ¿Y no te dije que no vayas? Ah no, aunque tú no quieras yo sí voy porque yo quiero ser alguien en la vida y ya que no pude estudiar mi primaria por mi papá, ni nada, pero yo quiero depender de mi sola, le dije. Cuando eso yo tenía problemas con él. El día, le digo, que se te caliente la cabeza y te largues ¿yo que voy a hacer con mis hijos? Yo quiero depender de mi sola, y así empecé. Al principio yo agarraba y hacía mi venta, y él no quería, así que cuando ya vio que ahorita gracias a Dios yo salí bien y creo que me gusta y todo, bueno ya hago hasta pasteles de 15 años, de boda, así que ahora ya no se molesta, hasta él me dice: pues anda. Sí, porque ya vio que le doy provecho y todo…, ya tenemos, o sea vendemos ya. (Citado en Castillo, 2012: 217).

Comenta una señora en la comunidad de Xbacab, Chhampotón: “Ahora, antes de que el ICAT empezara a dar estos cursos, tú no escuchabas eso: en mi caso, que doña Irma sabe hacer pastel o que doña Silvia sabe cortar cabello…, no había nada de eso” (citado en Castillo, 2012: 223).” Como se aprecia, se trata de conocimientos nuevos que, si bien en ocasiones son subvalorados en otros medios, en estos contextos cobran un alto significado para la población y tienen la ventaja de generar oportunidades de trabajo.

Reflexión final: el desarrollo comunitario como trasfondo de las actividades de capacitación

Si bien muchas de las experiencias contribuyen al desarrollo social y comunitario, hay algunas, como la del plantel de Champotón, donde el énfasis en la dimensión social y comunitaria de las acciones de capacitación se constituye en el código de trabajo del plantel: es la intención que subyace a cualquier actividad que se realice. Se parte así de un centro de capacitación abierto a la comunidad y esto se expresa de muy diversas maneras: en permitir que los estudiantes trabajen en las instalaciones del plantel; que los talleres productivos colaboren en la resolución de necesidades comunitarias; en participar en emergencias sociales como fue el caso de las acciones que se desarrollaron con el paso del huracán Gilberto.

Como su autora lo señala, “[…] más allá de satisfacer las demandas del sector productivo, como lo establecen la misión y visión del ICAT Campeche (ICATCAM), el plantel está dirigido a contribuir al desarrollo de nuestra comunidad”. Lo distintivo de esta experiencia y el gran aporte que ofrece a la capacitación que se desarrolla en los ICAT, es el enfoque social de los servicios que se ofrecen al ir más allá de la mera capacitación técnica y la transmisión de habilidades, y tratar más bien de enfatizar la importancia del capital social para la formación de emprendimientos.

Una de las premisas, de las que parte el desarrollo de esta experiencia, es la constatación de que no hay suficientes empresas que puedan satisfacer todas las necesidades del empleo. Se mencionan los diferentes proyectos económicos regionales, sin embargo, se reitera la fragilidad social y económica de los sectores de población que viven en situaciones de vulnerabilidad. De ahí la importancia de haber adoptado un enfoque social de las acciones de capacitación, con objeto de viabilizar la incorporación social y económica de sectores de población que se ven al margen de muchos programas. Como señala Marisol, la relatora de esta experiencia, “[…] la respuesta fue ir aumentando la atención a la demanda, tanto en la ciudad como en comunidades, ofreciendo un servicio de calidad con instructores más capacitados y comprometidos, aprovechando y completando la infraestructura instalada, adecuando los programas de estudio a las necesidades propias de la región, buscando alternativas de solución a la falta de empresas para completar el proceso que exige la normativa para los alumnos que cursan las especialidades de la Dirección General de Centros de Formación para el Trabajo (DGCFT) y, como punto focal, poniendo énfasis en el fomento al autoempleo y generación de microempresas por parte de los alumnos (que se inscriban, que se capaciten, que acrediten, que trabajen y que beneficien a su comunidad)”. Así, uno de los grandes retos que se plantearon en el plantel de Champotón, fue: “¿Cómo lograr que los servicios de capacitación sean accesibles a ellos? ¿Cómo hacer para que ya capacitados los alumnos decidan emprender una actividad más allá del autoempleo?” (Castillo, 2012).

Estas dos grandes interrogantes son las que guían el trabajo de este plantel y reflejan de alguna manera las preocupaciones que hay detrás de los programas de formación para el trabajo en zonas vulnerables: i) que puedan llegar a estos sectores aislados y excluidos; ii) que trasciendan en sus vidas cotidianas al ser vehículos para su incorporación al mundo del trabajo; iii) que abran opciones de vida; iv) que contribuyan al mejoramiento de sus condiciones socioeconómicas.

Referencias

Acosta, C. M. (2012), “Las delicias de Dzitbalché: elaboración de mermeladas de frutas de la región”, en E. Pieck (coord.), En el camino… Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Camacho S, D. K. (2012), “Aulas Móviles. Un programa que acerca la capacitación a los municipios vulnerables”, en E. Pieck (coord.), En el camino... Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Castillo, M. (2012), “Historia de la gran familia del Icat Champotón y sus artífices del desarrollo: la importancia del capital social para la formación de emprendedores”, en E. Pieck (coord.), En el camino… Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Ortega, J. B. (2012), “Calzado Ocampo: un proyecto de emprendedurismo para jóvenes”, en E. Pieck (coord.), En el camino… Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Pieck, E. (2012), “Entre caminos de la formación para el trabajo. Un relato”, en E. Pieck (coord.), En el camino… Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Suárez, R y E. Nelba (2012), “Especialidades multifuncionales: una apuesta de formación ante las demandas del mercado de trabajo”, en E. Pieck (coord.), En el camino…. Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Vielle, J. P. (1995), “El trabajador del sector informal como sujeto de la educación de adultos: un intento por redimensionar la categoría de ‘pobre’ en la perspectiva de una estrategia renovada de educación para el trabajo”, en E. Pieck y E. Aguado (coord.). Educación y pobreza: de la desigualdad social a la equidad, México, UNICEF/El Colegio Mexiquense.

Villa, L. (2014), “Educación media superior, jóvenes y desigualdad de oportunidades”, en Innovación Educativa, núm. 64, vol. 14, enero-abril, pp. 33-46.

Zanatta, M. del C. (2012), “De la inercia en corte y confección a la innovación en moda y diseño”, en E. Pieck (coord.), En el camino…. Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos?, México, UIA-ICAT.

Notas

[1] El análisis realizado en este ensayo se apoya en los resultados de una sistematización de experiencias de formación para el trabajo de los Institutos Descentralizados de Capacitación para el Trabajo (ICAT). Los resultados de esta sistematización fueron publicados en el libro: En el camino…, Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos? (Pieck, 2012). El proyecto de sistematización partió de una convocatoria nacional de los ICAT en 2011. Con base en la noción de “experiencia significativa” se seleccionaron 13 experiencias de formación para el trabajo. Para dar cuenta de éstas se apoyó y acompañó a los responsables en el proceso de sistematización y elaboración de relatos.
[2] Este convenio dio lugar a la publicación: En el camino…, Formación para el trabajo e inclusión. ¿Hacia dónde vamos? (Pieck, 2012).
[3] De acuerdo con el inventario del CONEVAL, se contabilizaron un total de 3,127 programas y acciones de desarrollo social, tanto federales como estatales, en el país en 2012; de éstos, 76 fueron dirigidos al Trabajo y 738 a la Educación (datos obtenidos el 1° de marzo de 2017 en el Blog de CONEVAL, en http://blogconeval.gob.mx/wordpress/index.php/2014/01/28/sabes-cuantosprogramas-sociales-hay-en-mexico/
[4] Algunas de las experiencias que se relevaron en la convocatoria y a las que nos estaremos refiriendo son las siguientes: i) Calzado Ocampo (Querétaro), una experiencia de formación para el trabajo para jóvenes que devino en la conformación de una empresa; 2) Microempresa de conservas (Campeche); 3) la experiencia del plantel del ICAT en Champotón, Campeche, que se distingue por el enfoque social y comunitario que subyace a la experiencia; 4) las modificaciones curriculares y pedagógicas desarrolladas por una maestra de corte y confección en Guanajuato; 5) Cursos poli-funcionales en Querétaro; 6) Oferta de formación para el trabajo en los bachilleratos tecnológicos en Nayarit. Véase Pieck (2012).
[5] Véase Acosta (2012).
[6] Esta estrategia forma parte de un segundo proyecto emprendido en el 2016 entre los ICAT y el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana. El proyecto se titula: “Abriendo horizontes: estrategias de formación para el trabajo para jóvenes de sectores vulnerables”. Se encuentra en proceso de publicación.
[7] Véase www.com/politica/3-10-mexicanos-acceden-educacion-superior
[8] En esta sección hay fragmentos tomados de Pieck (2012).
[9] Fragmento tomado de Pieck (2012).
[10] Las experiencias que se mencionan forman parte de un segundo convenio con los ICAT, en este caso sobre experiencias de formación para el trabajo destinadas a la población joven. Forman parte de una publicación en curso: “Abriendo horizontes: experiencias de formación para el trabajo de jóvenes de sectores vulnerables”.
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