ARTICULO

La vida después de la lucha: trayectorias laborales e historias emocionales de la izquierda chilena en la postdictadura*

Life After the Fight: Labor Trajectories and Emotional Stories of the Chilean Left in the Post-Dictatorship

Carmen Gemita Oyarzo Vidal
Universidad de Santiago, Chile
Universidad Católica Silva Henríquez, Chile

La vida después de la lucha: trayectorias laborales e historias emocionales de la izquierda chilena en la postdictadura*

Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 39, pp. 7-29, 2020

Universidad Austral de Chile

Recepción: 02 Abril 2019

Aprobación: 23 Junio 2020

Financiamiento

Fuente: Fondecyt

Nº de contrato: 3170298

Beneficiario: Carmen Gemita Oyarzo Vidal

Resumen: Este artículo aborda los procesos de reconversión social y política de la izquierda chilena en la post dictadura desde una perspectiva biográfica. A través del seguimiento de los procesos de profesionalización, las trayectorias laborales y de las historias familiares y emocionales de 30 militantes y ex militantes de los partidos que formaron el Movimiento Democrático Popular (MDP 1983-1987)1, desde 1990 hasta la actualidad, el estudio discute los principales cambios de las formas de participación política en los últimos 30 años.

En base a los aportes de la sociología del individuo y la sociología de las emociones, el trabajo interpreta los dilemas de la recomposición de las vidas después de la lucha anti dictadura: la exposición de las contradicciones de la reconversión laboral y económica, junto con la discusión de los costos emocionales de la participación política, permiten afirmar que los militantes viven procesos dolorosos y conflictivos de transformación identitaria que no terminan de explicarse por el fin de la participación política o por la crisis que viven los partidos de izquierda a partir de 1990. Son procesos más complejos de reconfiguración de identidad que surgen del modo en que los entrevistados elaboran las emociones asociadas al compromiso político y reinterpretan los sentidos colectivos de sus experiencias de lucha.

Palabras clave: militantes de izquierda, reconversión política, trayectorias laborales, historias emocionales, post dictadura.

Abstract: This article analyzes the processes of social and political reconversion of the Chilean Left during the Post-Dictatorship period from a biographical perspective. By tracking professional and labor trajectories as well as emotional and family stories of thirty former militants of the parties that formed the Movimiento Democrático Popular (MDP 1983-1987), from 1990 until today, this study discusses the main changes in the forms of political participation in the last 30 years. Drawing on contributions from sociology of the individual as well as sociology of emotions, this paper interprets the dilemma of recomposing lives after anti dictatorship struggle: the exposure of contradictions in labor and economic reconversions, alongside the emotional costs of political participation. This findings allows to affirm that militants live painful processes and conflicting identity transformations which are not explained entirely by the end of political participation or the crisis of leftist parties during the nineties. This paper claims that these are highly complex processes of identity reconfiguration that arise from the way in which the interviewees elaborate the emotions associated with political commitment and reinterpret the political and collective meanings of their fighting experiences.

Keywords: left-wing militants, political reconversion, work stories, emotional stories, post-dictatorship.

1. Introducción

El estudio del militantismo y la reconstrucción de trayectorias políticas, ha tenido un desarrollo interesante en las ciencias sociales chilenas. En los últimos años, varias investigaciones sobre la izquierda chilena (Hite 2000; Moyano 2011; Espinoza 2010; Álvarez 2011; Delamaza 2013; Palieraki 2014; Cuevas et.al. 2015; Cuevas 2015; Muñoz 2017; Vidaurrázaga y Ruíz 2018) se han esforzado por comprender distintas dimensiones de la subjetividad política, a través del estudio de las culturas partidarias y/o del seguimiento de las carreras de los miembros de la elite de la Concertación de Partidos por la Democracia (1990-2012).

En términos muy generales, la reconstrucción propuesta por una nueva generación de historiadores políticos (Álvarez 2011, Moyano 2011; Muñoz 2017; Palieraki 2014; Vidaurrázaga y Ruiz 2018), explica las transformaciones identitarias de los partidos de izquierda y el ascenso de determinados militantes públicos al poder, como manifestaciones de los cambios en las culturas políticas internas de las organizaciones.

Por su parte, algunos estudios influyentes sobre la elite concertacionista provenientes de la sociología y la ciencia política (Hite 2000; Espinoza 2010; Delamaza 2013; Cuevas 2015; Cuevas et.al. 2015), han explicado los cambios de las carreras de sus militantes como producto de una distribución desigual de capital social y político entre los participantes de la elite que se disputan los cargos de influencia tanto al interior de sus partidos como en el Estado.

Sin duda, todos estos trabajos constituyen una contribución importante a la comprensión del proceso de desideologización de las izquierdas, así como al estudio de las redes partidarias que sustentan la preservación de las elites políticas en dos periodos centrales de nuestra historia reciente (1973-1990; 1990-2012).

Empero, pese al sugerente desarrollo del estudio del militantismo, no hay evidencia empírica suficiente sobre las trayectorias de los militantes que no formaron parte de la elite dirigente o; que se desvincularon de sus organizaciones como producto del cambio en las lógicas de participación política que se inauguraron con la democracia. Especialmente desde la sociología, sabemos poco sobre las militantes que, habiendo participado activamente de la movilización anti dictadura, no consiguieron sumarse al proceso de institucionalización de la política a partir de 1990.

Atendiendo, entonces, la necesidad de hacer un giro hacia las trayectorias biográficas de los militantes que ocuparon cargos intermedios de responsabilidad política o militar en diversas bases sociales durante la dictadura (Oyarzo 2018; 2019), este artículo es parte de un proyecto de investigación que indaga las transformaciones identitarias y los procesos de reconversión de los militantes y ex militantes de izquierda en la post dictadura chilena (1990-2018).

Debido a su extensión, el artículo aborda las estrategias de reconversión social, considerando dos niveles de análisis biográfico: 1) a través del seguimiento de sus trayectorias profesionales y laborales y; 2) de los eventos más significativos de la historia emocional de los entrevistados.

A partir de la constatación de las insuficiencias de la sociología del militantismo derivada de la teoría de la acción colectiva, el apartado teórico discute si el fin de la participación política y la transformación identitaria de los militantes de izquierda puede analizarse como una manifestación específica del desacople entre sociedad, política e individuo o; si se trata de un fenómeno más complejo de reelaboración emocional de las experiencias de compromiso político.

Para los interesados en las decisiones metodológicas y en los pormenores del trabajo de terreno desarrollado en el marco de esta investigación (2017-2019), el tercer apartado presenta los criterios de selección de informantes (30 casos); la síntesis de las pautas de entrevistas biográficas y sus protocolos de aplicación.

Finalmente, la presentación de resultados de investigación discute la utilidad de los conceptos de individuación y trabajo emocional para interpretar los dilemas de la inserción laboral y el modo en que los militantes reconstruyeron sus vidas después de la lucha.

2. Discusiones teóricas: de militantes a individuos

Teniendo en cuenta algunos de los debates más importantes de la teoría de la acción colectiva (Mc Adam, Tarrow y Tilly 2005; Diani 2015), es posible organizar nuestra discusión sobre las transformaciones del compromiso político en tres grupos de investigaciones que pueden concebirse como agendas complementarias: 1) sociología del militantismo; 2) teoría de la individuación; 3) sociología de las emociones.

En primer lugar, algunos estudios de la sociología del militantismo derivados de la teoría de la acción colectiva (Mc Adam 1989; Pudal 2011; Fillieule 2015; Bosi 2016) explican la participación política como un fenómeno asociado a los ciclos de movilización. Así, los autores privilegian el análisis de las redes de organizaciones que hacen posible una movilización social y la forma en que los actores construyen el conflicto que forja sus identidades colectivas y que justifica su participación política.

A partir del cuestionamiento a la falta de atención de los motivos emocionales que llevan a los activistas a involucrarse con organizaciones y/o a desvincularse de ellas en etapas de desmovilización, es necesario revisar un segundo grupo de estudios que vuelcan su atención al individuo como unidad de análisis (Martuccelli 2010; Araujo y Martuccelli 2010; Martuccelli y Singly 2012; Martuccelli 2013). El enfoque de la individuación puede aportar una nueva matriz explicativa para pensar los procesos de distanciamiento político.

Por último y con el afán de profundizar algunas dimensiones específicas de la subjetividad asociada a la acción colectiva, la sociología de las emociones aparece como una perspectiva adecuada para abordar el papel de las emociones compartidas en la movilización como un componente central de la formación de las identidades colectivas (Hochschild 1979; Bericat 2000; 2012; Jasper 2012; 2013; Poma y Gravante 2015; 2017; 2018; Poma 2019).

2.1. Sociología del militantismo

Entre los trabajos del primer grupo de investigaciones, el influyente estudio de Doug Mc Adam (1989), titulado “Las consecuencias biográficas del activismo” indaga las continuidades y discontinuidades del compromiso político entre los miembros de la generación que participaron de las protestas contra la segregación racial del llamado verano de libertad de Mississippi (1964). A través de un estudio cuantitativo de comparación de las trayectorias biográficas de los activistas de derechos civiles con las de otros individuos de la misma generación que no participaron de estas movilizaciones, el autor identifica las consecuencias políticas y personales del activismo, las cuales pueden medirse en el corto y el largo plazo.

La hipótesis central del trabajo de Mc Adam, es que la participación política posterior a ciclos específicos de movilización se explicaría porque los activistas se involucran en redes que sustentan la participación. El acceso a estas mismas redes puede explicar otras dimensiones de la vida, tales como la selección de profesiones, el acceso a ciertos tipos de empleo y también, los matrimonios y modelos de familia entre activistas que comparten los mismos intereses.

Con el mismo afán de indagar en las dimensiones biográficas del activismo y, rescatando la tradición cualitativa de la segunda generación de la Escuela de Chicago, el sociólogo francés Olivier Fillieule (2015) acuña el concepto de carrera militante para estudiar las trayectorias de los comunistas franceses y de los activistas del movimiento homosexual en torno al VIH2. En base a la evidencia empírica acumulada en ambas investigaciones, las transformaciones de las carreras militantes son leídas como expresión de los cambios en las etapas del ciclo vital de los activistas, en medio de los flujos y reflujos de la movilización social.

Sin desconocer la importancia de las redes organizativas, en términos microsociológicos, Fillieule (2015) comprende el fenómeno del militantismo como producto de las interacciones significativas que los participantes establecen en el curso de la movilización. Dentro de estas interacciones, el rol de los grupos de pares adquiere una importancia central para entender las dimensiones subjetivas del compromiso político. Sin embargo, no aborda directamente las emociones que explican la adhesión a un grupo.

Recogiendo gran parte de la tradición de la teoría de la acción colectiva y también, basado en la reconstrucción de trayectorias biográficas, Lorenzo Bosi (2016) revisa los procesos de reconversión de los ex combatientes del Ejército Republicano Irlandés (IRA), indagando su vinculación con las instituciones del Estado británico una vez concluido el conflicto armado. Así, sostiene que, después de la prisión política, la reconversión de los soldados rasos del IRA al trabajo comunitario debe ser entendida, en parte, como expresión del éxito las políticas de reinserción del Gobierno británico, pero también, como fruto de los vínculos anteriores de los nuevos activistas con diversas comunidades cristianas.

¿Es posible, entonces, conceptualizar procesos específicos de reconversión o desvinculación política desde una mirada larga de los ciclos de la acción colectiva? En su revisión del estado del arte de las investigaciones sociológicas sobre militancia, Bernard Pudal (2011) distingue 4 configuraciones conceptuales que sirven para explicar las transformaciones del militantismo en distintos ciclos históricos de acción colectiva. Usa el término heroísmo, para caracterizar las perspectivas que resaltan las virtudes de los militantes obreros y revolucionarios del siglo XX (1945-1975). Luego, habla de retribución, para referirse a los enfoques críticos sobre la militancia heroica y a los casos de quienes se incorporan al poder y a las dinámicas de negociación política (1975-1990). Los nuevos militantes (1990-2005), serían los sujetos predilectos de aquellos estudios sobre movilizaciones sociales más recientes que ya no responden a las lógicas clasistas de movilización social. Por último, Pudal (2011) sugiere una cuarta configuración para describir el estudio de los fenómenos políticos que estarían aconteciendo en la actualidad. Habla de distanciamiento, para referir las investigaciones que se centran en los actores que se desvinculan de la participación política cuando se acaban las grandes causas sociales y políticas.

¿Qué tipo de militantes serían los que se transforman después de la lucha anti dictadura chilena y en el marco de la caída del socialismo como un referente de la acción colectiva? no es una pregunta teórica abstracta ni inocente, en la medida que muestra las limitaciones de estos enfoques para entender las transformaciones de la actividad política y los procesos de reconversión ante la clausura de la movilización social.

El término distanciamiento sugerido por Pudal (2011) no parece suficiente para dar cuenta de las trayectorias de sujetos que vivieron más de un ciclo de movilización social, que claudicaron dolorosamente de los proyectos colectivos que los definieron (la revolución, la lucha anti dictadura, en este caso) y que, en algunos casos, se sintieron forzados a rearmarse como individuos luego de su separación de los partidos y/o de la disolución de las organizaciones.

2.2. Teoría de la individuación

Para justificar este giro teórico de la sociología, Araujo y Martuccelli (2010: 83) sostienen, precisamente, que la centralidad en el individuo es producto de una crisis de la idea misma de sociedad. La individuación es una perspectiva de análisis que, al asumir esta crisis, se interroga por “el tipo de individuo que es estructuralmente fabricado por una sociedad en un período histórico”. Así, los autores señalan que este proceso de fabricación surge del modo en que los actores sortean creativamente las pruebas y dificultades estructurales que los definen (clase, género, etnia, migraciones, guerras, cambios en el capitalismo). Proponen, por tanto, una articulación problemática entre los procesos sociales y las experiencias personales que está mediada por una concepción particular de sujeto, desprovisto de los soportes sociales que lo definieron en la modernidad (la comunidad, la familia, el Estado, el trabajo industrial).

En síntesis, la hipótesis teórica central que ampara el concepto de individuación es que: aun cuando en las sociedades contemporáneas, los individuos son definidos por grandes procesos estructurales, debido a la obsolescencia de los grandes referentes colectivos, estos tienden a interpretar su experiencia como éxitos o fracasos personales e individuales y no como producto de procesos sociales.

A partir de la discusión propuesta y, entendiendo la experiencia con la dictadura como el hito macro político que define la experiencia social de los sujetos que son nuestro objeto de estudio (militantes y ex militantes), es pertinente preguntarse hasta qué punto las transformaciones de la identidad militante pueden definirse como procesos de individuación.

2.3. Sociología de las emociones

En base a esta pregunta teórica, los aportes de la sociología de las emociones aplicadas a la comprensión del compromiso político ayudan, en primer lugar, a sobreponernos del pesimismo político que trasunta el concepto de individuación y a profundizar en las dimensiones propiamente biográficas de la reconversión política e ideológica de la izquierda. Sin desconocer la importancia de los grandes procesos sociales y económicos, creemos que más que pensar en individuos solitarios que luchan incansablemente por lidiar con las grandes pruebas estructurales que los definen, es necesario volver a problematizar las condiciones que les permiten a los actores pensarse colectivamente en aras de la acción política.

A partir de esta misma pregunta y denunciado un imperdonable olvido en las teorías de la acción social y de los movimientos sociales, Eduardo Bericat (2000; 2012) y James Jasper (2012; 2013) intentan regresar el análisis de las emociones a un sitial importante para la comprensión de los motivos que inspiran la participación política de los actores. Pero, más que volcarse a los individuos, destacan el carácter cultural y social de las emociones. Rechazando con claridad la separación arbitraria entre razón y emoción difundidas por los enfoques racionalistas de la acción social, los autores reivindican las emociones como parte muy importante de la cognición humana.

En su exhaustiva crítica a la tradición teórica de los movimientos sociales, Jasper (2012) reclama la falta de atención de los enfoques macrosociales de la acción colectiva hacia las emociones como mecanismos causales de la protesta y como una variable importante para explicar tanto los procesos de conformación de identidades colectivas, como el origen de las relaciones sociales que hacen posible la movilización.

Asumiendo la importancia de construir una tipología de los procesos emocionales empíricamente productiva, Jasper (2013) distingue las emociones asociadas a las necesidades corporales (emociones reflejas o pulsiones) de aquellas que son elaboradas cognitivamente. Entre las más importantes de este segundo grupo, el estudio de las emociones morales cobra importancia teórica para explicar el modo en que los actores definen el conflicto que los lleva a involucrase en una movilización social.

El autor define las emociones morales como: “sentimientos de aprobación o desaprobación basados en instituciones o principios morales, tales como la vergüenza, la culpa, el orgullo y la furia” (Jasper 2013:62). Así, principios morales como la justicia o la injusticia pueden llevar a los actores al rechazo de un sistema político o económico. Habla luego de shock moral, para definir el sentimiento que los actores experimentan cuando ciertos eventos los llevan a constatar que el mundo no es como esperaban, lo que puede provocar un cuestionamiento de sus principios morales anteriores, guiándolos a la movilización o a la desmovilización social.

Especialmente inspirados en las contribuciones de Jasper al estudio de la protesta y la acción colectiva, Poma y Gravante (2015; 2017; 2018; Poma 2019) reiteran el carácter colectivo de las emociones. En su revisión de varios casos de activismo ambiental en México y España, entregan nuevas claves para definir la conformación de identidades colectivas como procesos de construcción permanente que están indisolublemente ligados a las emociones asociadas a la movilización.

A través de la discusión de los conceptos de trabajo emocional y reglas de sentir, inspirados en el trabajo pionero de Arlie Hochschild (1979), los autores abordan los cambios normativos mediante los cuales, los actores le dan sentido a su acción política. El trabajo emocional es, por tanto, la reelaboración y gestión compartida de las emociones relativas a la participación política, las cuales, son concebidas bajos ciertos regímenes de emociones permitidas (Poma y Gravante 2015:22).

Por ejemplo, en una dictadura que impone el terror como forma de relación social, un grupo de actores puede pasar del miedo a la acción política a partir del cuestionamiento de las emociones permitidas en ese orden social, o bien; pasar de la acción heroica a la desmovilización por el impacto de incidentes represivos o; de hitos políticos que desmoralizan a los participantes.

Comentados los principales aportes de este último enfoque, el legado más importante de la sociología de las emociones al estudio del compromiso político, es su insistencia en concebirlo como un fenómeno posible sólo si los actores involucrados establecen vínculos emocionales con la movilización y con otros participantes que identifican como sus aliados o adversarios. Se trata, por tanto, de una perspectiva teórica que le devuelve su humanidad intrínseca al estudio de la participación política.

3. Notas metodológicas

3.1. Criterios de selección de casos

Esta investigación consideró tres criterios básicos de selección de informantes: 1) Año de reclutamiento (décadas 1970-1980; 2) Género; 3) Tipo de militancia: a) Base; b) Cargos de coordinación territorial y zonal en distintas regiones; c) Miembros de grupos armados.

Los entrevistados fueron contactados a través de la articulación de redes informales con miembros de los partidos Socialista (Almeyda y Coordinadora Nacional Regional CNR); Comunista (PC) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La activación de redes de conocidos fue muy importante para tener acceso a los casos y generar relaciones de confianza.

Debido a la complejidad de las organizaciones políticas y para explorar los límites de una misma red de informantes, la recolección de información fue hecha por grupos de entrevistados que pertenecieron a un mismo partido. Esta forma de recolección de información fue muy útil para adaptar las pautas entrevista, para identificar los hitos históricos importantes para cada organización y, sobre todo, para definir el punto de saturación de la información tanto al interior de un mismo grupo informantes, como entre grupos de diferentes partidos.

El artículo analiza la muestra total de 30 casos de militantes y ex militantes (16 varones y 14 mujeres) que fueron entrevistados entre junio de 2017 y agosto del 2019 y cuyos grupos de pertenencia detallamos en la tabla 1.

Tabla 1:
Síntesis de casos
Síntesis de casos
Elaboración propia en base a entrevistas

3.2. Aplicación de entrevista biográfica

La pauta de conversación fue aplicada de manera individual a cada entrevistado en dos sesiones de entrevista de una hora de duración cada una. Excepcionalmente y por disponibilidad de tiempo de algunos informantes (3 casos), la pauta se aplicó en tres sesiones. A continuación, sintetizamos los contenidos de ambas sesiones3.

Tabla 2:
Síntesis de contenidos entrevista biográfica
Síntesis de contenidos entrevista biográfica
Elaboración propia en base a pauta de entrevista

Debido a su extensión y para consultar el material transcrito de manera ordenada y eficiente, el contenido de ambas sesiones fue sistematizado en fichas de registro de casos4. La confección de estas fichas facilitó ostensiblemente el análisis comparado de casos y la construcción de categorías de análisis preliminar (Programa NVIVO 10).

A excepción de dos casos que residen actualmente en la V región, todos los entrevistados de esta muestra viven en la Región Metropolitana. Del total de entrevistados, 13 hicieron trabajo político fuera de la Región Metropolitana en dictadura (Antofagasta; Ovalle; Biobío; Araucanía; Ex Los Lagos y Aysén).

3.3. Ética y consentimiento informado

Al momento de firmar el Consentimiento informado, sólo 6 de los 30 entrevistados solicitaron aparecer con una chapa: 5 prefirieron preservar su anonimato y uno, porque quiso rescatar su nombre político. El resto de los entrevistados decidió usar sus nombres y apellidos como una estrategia de reconocimiento de sus experiencias de lucha, lo cual es muy importante para la interpretación de hallazgos. No obstante, para esta presentación de resultados, la caracterización de los entrevistados usa el nombre de pila o chapa y describe la filiación política. La inicial del primer apellido se usa en casos de alcance de nombre.

4. Discusión de hallazgos de investigación

Antes de comenzar la discusión de resultados, es preciso enfatizar que todos nuestros entrevistados tuvieron una participación activa en la movilización anti dictatorial: en su calidad de encargados de base y/o de coordinaciones zonales y regionales de sus partidos, tuvieron un importante papel en la recomposición de los vínculos entre los diversos partidos de la oposición. Participaron de la organización de las jornadas de protesta, reclutaron y formaron militantes nuevos tanto al interior de las organizaciones político militares como en el seno de diversas bases sociales que funcionaron al alero de las Comunidades Cristianas de base (Oyarzo 2018).

Así, el fin del ciclo político de la recuperación democrática y el proceso de institucionalización de la actividad política en el periodo 1988-1991, tiene un fuerte impacto biográfico, pues los militantes se enfrentan a un cambio vertiginoso de sus formas de participación política y de las categorías de análisis que les habían servido para darle sentido a la militancia. De haberse formado para la insurrección popular en los años más esperanzadores de las Jornadas de Protesta Nacional (1983-1986), deben enfrentar la crisis interna de las organizaciones de izquierda que formaron el Movimiento Democrático Popular (MDP 1983-1987) y “ajustarse” con más o menos éxito, a la llamada democracia de los acuerdos y al cambio de época que se producía luego de la caída de los socialismos reales (1989-1991) (Oyarzo 2019:244).

No obstante, los militantes explican la crisis de los partidos de izquierda chilenos debido a la derrota de sus formas de lucha y al debate sobre los modos de participación en el gobierno democrático. Los cambios que experimentaron las organizaciones políticas y la falta de mecanismos democráticos de deliberación interna, producen la desvinculación de 17 de 30 entrevistados, a quienes el fin de la militancia les coincide con el inicio de la vida laboral.

En el caso de los militantes que se quedan en los partidos (especialmente los socialistas luego de la unificación del PS en 1990), también deben enfrentar un cambio en las lógicas de participación política: la administración del Estado inicia el proceso de profesionalización de la actividad política, la cual ya no requería a militantes conectados con diversas bases sociales. Tal como lo muestran los estudios sobre las elites de la ex Concertación (Espinoza 2010; Delamaza 2013; Cuevas 2015; Cuevas et al. 2015), el nuevo gobierno requería de funcionarios y operadores político electorales que garantizaran la conservación del poder. El ejercicio de altos cargos de gobierno les permitió seguir acumulando capital político para mantener el control del Estado5.

Esta evidencia explica la utilidad de detallar las carreras y trayectorias laborales de los militantes que no formaron parte de la elite dirigente para saber a qué otras redes accedieron y aclarar por qué más de la mitad de ellos se distancia de la política institucional.

4.1. Carreras y trayectorias laborales

Teniendo en consideración la importancia de las redes que sustentan la participación política (Mc Adam 1989) y en base a los aportes de Bosi (2016); Araujo y Martuccelli (2010); Martuccelli y Singly (2012) y Martuccelli (2013), este apartado sostiene que, durante la década de los 90, los entrevistados vivieron procesos conflictivos y dolorosos de individuación que pueden explicarse por la combinación de tres fenómenos:

a) El impacto de los quiebres biográficos propios de la militancia en el contexto dictatorial altamente represivo.

b) Las consecuencias de los cambios en las formas de participación que vinieron con el proceso institucionalización de la vida política. El estudio permite observar que los militantes intermedios y de base tuvieron un acceso desigual a las redes de poder de los partidos.

d) Por la ausencia de mecanismos de retribución y reconocimiento social de la participación política, tanto de parte del Estado como del resto de la sociedad civil. Esta falta de reconocimiento explica las diversas formas de privatización de las experiencias de lucha y el silencio sobre la militancia armada.

Para organizar la presentación de resultados, exponemos separadamente las carreras y las trayectorias laborales en dos sub apartados: 4.1.1 Procesos de profesionalización; 4.1.2 Trayectorias laborales y dilemas de la reconversión social y económica (1990-2019).

4.1.1. Procesos de profesionalización

Al revisar comparativamente las carreras universitarias de los entrevistados, es bastante evidente la relación entre los cambios del compromiso político y los quiebres biográficos que marcaron los procesos de profesionalización. Casi todos los entrevistados de esta muestra se involucraron con sus partidos políticos porque les parecieron eficaces para luchar contra la dictadura. Así, su participación activa en la fase ascendente de la movilización anti dictatorial (1983-1986), explica por qué muchos perdieron o suspendieron sus respectivas carreras: salvo dos casos que declaran continuidad de estudios, el resto de los militantes de esta muestra que tienen título universitario o técnico (27 casos), lo obtuvieron tardíamente. Algunos (4 casos), cuando lograron reincorporarse a las carreras que abandonaron debido a sus obligaciones partidarias y el resto, como una segunda carrera que iniciaron a fines de la década de los 80 y/o a principios de los 90.

Al revisar las casas de estudio y las profesiones escogidas por los entrevistados, también pueden sacarse conclusiones interesantes sobre las continuidades y discontinuidades de la participación política, especialmente en los primeros diez años de democracia.

Casi la mitad de nuestros entrevistados se titularon en universidades del Consejo de Rectores (12 Casos). Otros 6 casos que perdieron sus carreras o fueron expulsados de sus primeras universidades, ingresan en 1990 a la desaparecida Universidad de Arte y Ciencias Sociales (Arcis), a través de programas especiales o, gracias a las becas Valech a partir del año 20066. Antes de esta fecha no hubo apoyos estatales para que los ex presos políticos pudieran concluir sus estudios o acceder a planes de inserción laboral. La gran mayoría de los entrevistados pagó sus carreras con sus propios ingresos.

Otros siete entrevistados que partieron al exilio junto a sus familias o, luego de periodos de prisión política (3 casos), hicieron sus carreras universitarias en los países de acogida (3 en Francia, uno en Inglaterra, 2 en Cuba y otro en Argentina). La tabla 3 muestra el detalle de las casas de estudio.

Tabla 3:
Casas de estudio de los militantes y ex militantes
Casas de estudio de los militantes y ex militantes
Elaboración propia en base a análisis de entrevistas

Luego, la síntesis de las carreras escogidas por los entrevistados (Tabla 4) muestra el vuelco de la gran mayoría de los militantes a carreras de las ciencias sociales (16 casos), lo cual puede interpretarse como un intento de continuar con el trabajo político en el campo profesional, especialmente entre quienes intentaron ejercer en diversos espacios comunitarios.

Tabla 4:
Síntesis de carreras universitarias
Síntesis de carreras universitarias
Elaboración propia en base a análisis de entrevistas

Pero no todos los entrevistados declaran razones políticas a la hora de elegir sus carreras universitarias. Cuando repasan su trayectoria profesional, la gran mayoría de ellos reconoce que sus carreras fueron funcionales para procurarse un ingreso estable en el menor tiempo posible o; para las labores públicas que desempeñaron después en el Estado (especialmente para dos abogadas). Sólo los sociólogos señalan que sus procesos de profesionalización les sirvieron para comprender mejor el fin de su militancia y las limitaciones que tuvieron los partidos de izquierda a la hora de interpretar el cambio cultural que se produjo con la democratización y con la caída del socialismo.

Rodrigo, quien estuvo preso desde 1990 a 1994, reconoce que su vocación por la sociología se debe a su experiencia política en dictadura. El 2006 retomó sus estudios en la Universidad Arcis, gracias a una beca de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura (Valech) En este espacio académico se reencontró con otros ex militantes que había conocido en la cárcel:

Hay varios, muchos que estudiaron, después se fueron a estudiar sociología, muchos compañeros de [el] Lautaro que yo los conocí allá adentro [Se refiere a la prisión política], después nos vimos. Los tres estudiaban en el ARCIS el 2006, cuando yo volví a estudiar, gracias a la beca Valech que pude volver a estudiar (Rodrigo, ex militante del FPMR-Autónomo).

En relación a la educación de post grado, salvo un caso que hizo sus estudios doctorales en Canadá, el resto de los profesionales que declaran estudios de Magíster y Doctorado (12 casos) los hicieron en Chile a mediados de la década del 2000. Los de mayor edad, explican que en el contexto de la lucha anti dictadura, simplemente no consideraron irse del país. Otros, porque en la década de los 90 les era difícil conciliar sus obligaciones laborales con estudios en el extranjero. Así, el ingreso a programas de magíster y doctorado estuvo impulsado por su inserción en la academia. No obstante, sólo cuatro entrevistados de este grupo consiguieron una inserción académica definitiva en la universidad (dos sociólogos, 1 periodista, 1 historiadora). El próximo apartado profundiza cómo vivieron la inserción laboral y económica.

4.1.2. Trayectorias laborales y dilemas de la reconversión social y económica (1990-2019)

Tabla 5:
Síntesis de trayectorias laborales (1990-2018).
Síntesis de trayectorias laborales (1990-2018).

1 Ambos casos son considerados excepcionales en esta muestra. Son los únicos que no declaran ni desempleo ni inestabilidad laboral, pero lo atribuyen a su origen social.

Elaboración propia en base a análisis de entrevistas

Además de un correlato de las consecuencias del proceso de institucionalización de la actividad política, las trayectorias laborales de estos entrevistados pueden considerarse una expresión de la realidad del mercado de trabajo para los profesionales de las ciencias sociales desde 1990 hasta el 2005.

En términos generales y tal como lo muestra el estudio de Delamaza (2013), los cambios laborales reflejan que los militantes que se desvinculan de los partidos viven procesos fallidos de inserción comunitaria debido a la falta de apoyo estatal a las iniciativas de base que habían sobrevivido de la dictadura. Es por eso que, una vez que se agota el modelo de trabajo comunitario en Organismos no Gubernamentales ONG´S y/o en medios de comunicación independientes, algunos profesionales se vuelven consultores que prestan servicios al gobierno o; se van a trabajar al Estado. Por otro lado, en periodos de cambio de administración o de coalición de gobierno, quienes ocupan cargos públicos se mueven a la empresa privada y/o a la academia. Los militantes que no tenían título técnico o universitario o no pudieron ejercerlo, sobrevivieron como trabajadores independientes desempeñando distintos oficios. ¿Cuánto pesaron las redes partidarias en la inserción laboral de militantes y ex militantes?, es una pregunta que es preciso formular, sobre todo, si estudiamos a sujetos que no son miembros de la elite política7.

A este respecto, es necesario señalar que sólo algunos militantes socialistas que trabajaron para el gobierno (5 casos) explican su inserción laboral como una obligación partidaria. No obstante, declaran que no tuvieron posiciones de influencia ni en el partido ni en el Estado. En el ejercicio de la función pública constataron la profunda transformación de los partidos que, en la disputa por el control del Estado, cambiaron sus formas de vinculación con sus antiguas bases sociales. La consolidación del modelo neoliberal en el diseño e implementación de políticas públicas reemplazó el trabajo de base por los fondos concursables.

A pesar de las contradicciones que les generaba el proceso de profesionalización de la política y las disputas partidarias internas, justifican su permanencia en el Estado por un sentido de responsabilidad con el gobierno democrático y con la reconstrucción del Estado. Laura refiere la conformación de grupos de poder, los llamados lotes, al interior del Partido Socialista:

Yo te decía que… el haber perdido el referente común que nos reunía en las calles, que era Pinochet, había desaparecido (…).Empezamos a mirar con mayor nitidez los lotes internos que se daban dentro de los partidos o las diferencias que había entre partidos [de la Concertación ] (Laura, Militante del Partido Socialista)

Para el resto de los entrevistados, los vínculos partidarios en el contexto laboral son indirectos, informales y/o esporádicos. Se trató fundamentalmente de encuentros casuales con ex compañeros de partido o con otros militantes que conocieron en dictadura. Prueba de esta falta de continuidad de las redes políticas, es que la gran mayoría de los entrevistados (26), se desempeñó a honorarios y a contrata en más de un trabajo por un periodo largo de su trayectoria (de 10 a 15 años). Reconocen también algunos episodios más o menos largos de desempleo (entre 3 meses y 2 años). Mientras lograban ubicarse laboralmente y para complementar ingresos, alternaron el trabajo de gobierno con la docencia universitaria o; el trabajo comunitario en consultorías y Organismos no Gubernamentales (ONG´S) con la docencia universitaria8.

En suma, la gran mayoría de los profesionales declaran que su inserción laboral fue lenta y costosa. Por otro lado, enfrentaron también las contradicciones de tener que rearmar su vida fuera de los marcos del militantismo. Joaquín y Alejandro relatan que, para poder conseguir trabajo, tuvieron que ser discretos con su pasado político:

Probablemente el [año] 97, por primera vez yo en mi currículum puse educación de enseñanza media: “Escuela 376 de Moscú” (…). Y me entrevistó el gerente de la empresa y [me preguntó] ¿por qué tiene estudios en Moscú?”. [Evoca la respuesta] “No, porque mi papá era colaborador del gobierno de Allende y tuvo que irse al exilio y yo me fui al exilio con mi familia” (…) Y me contrataron igual (…) [Después] me llegó el comentario de que este gerente (…) había comentado que “el Alejandro tenía un papá terrorista” (Alejandro, ex militante de las Juventudes Comunistas).

(…) Cuando la AFP Habitat me contrataba [como consultor] para hacer un estudio de clima [laboral], no les interesaba contratar a alguien que había salido en la prensa hablando de ¡No sé, po… de la lucha contra la dictadura! Entonces, eso implicó incluso disfrazarse [usar chaqueta y corbata]. (Joaquín, ex militante socialista PS-CNR).

Finalmente, los casos de los trabajadores independientes y de los comerciantes muestran la realidad de quienes no pudieron concluir sus estudios universitarios y la de aquéllos que, por razones de clandestinidad prolongada o prisión política, no pudieron ejercer sus respectivas profesiones.

En los casos de los ex presos políticos y miembros de los aparatos armados, las redes familiares y amigos militantes fueron fundamentales para poder rearmar sus vidas y sortear las dificultades económicas. En los primeros años de inserción, algunos militantes (2 casos) sobrevivieron de la venta de libros usados y otros trabajos temporales. Otros, se dedicaron al comercio, gracias al apoyo de familiares y amigos (3 casos). El resto (3 casos), ofreció servicios profesionales en distintos rubros (Traducción, edición de textos, asesorías políticas). Patricia y César Q. recuerdan las dificultades que enfrentaron:

Entonces, [cuando salí de la cárcel en 1985] empiezo a trabajar mientras vivía con mi hermana, dos meses. Y no ganaba mucho y, después de dos meses, yo busco un lugar donde vivir en [Avenida] Grecia, [era] una casita chiquitita, así bien humilde, pero tenía sus cositas y trabajando en el negocio (…) logro mantener a [mi hija] Javiera (Patricia, ex militante del MIR)

Patricia había empezado su carrera de Sociología en 1978. La abandonó por problemas de seguridad y logró terminarla recién en 1991. Nunca la ejerció. Se dedicó a la cordonería, el rubro que había sido el negocio de su familia de origen libanés.

César, quien se desempeñó como oficial internacionalista del FPMR en Nicaragua y se quedó en el Partido Comunista, recuerda sus dificultades económicas en medio de la crisis de los años 90. Sus grados militares no le servían en Chile, por lo que tuvo emplearse en el oficio de pintor:

Todos los 90’ toda la década del 90’ fue terrible. Nosotros llegábamos a buscar nuestro estipendio [del partido]. A veces, [los compañeros] te ponían 4 botellas de ron en la mesa [y te decían]: “véndalas y haga platita” – [Enfatiza] (…) Entonces, en esos periodos yo alternaba con mi trabajo de militante y hacía pega de pintura [de brocha gorda] (César Q., FPMR, Militante del Partido Comunista)

Tanto Patricia como César, hicieron trabajo político posterior. César se mantuvo en el PC y, actualmente, es funcionario de la Municipalidad de Recoleta. Patricia sigue a cargo de su negocio y ha tenido una participación importante en la recuperación del ex Centro de Detención y Tortura, Cuartel General Borgoño como sitio de memoria.

Revisadas las trayectorias profesionales y laborales, quedan preguntas pendientes respecto a si los procesos de profesionalización sirvieron como instancias de elaboración de las experiencias colectivas de lucha: aunque varios entrevistados reconocen haber elegido sus carreras por una vocación social y política, lo cierto es que en los años 90 se les hizo muy difícil recomponer los vínculos comunitarios que habían forjado en dictadura.

Así, cuando los entrevistados repasan las presiones de la inserción laboral y económica para garantizar la sobrevivencia propia y la de sus familiares, admiten que al inicio de sus vidas laborales estuvieron demasiado ocupados para pensar en su experiencia política.

Por otro lado, las desvinculaciones y la discontinuidad de las redes partidarias obligan a los ex militantes a reconstruir sus vidas de manera individual. A este proceso de repliegue de los partidos y de la movilización social, los militantes le llaman coloquialmente “irse para la casa”. No obstante, hoy día piensan que este distanciamiento de la política oficial no necesariamente significó un cese de su actividad política. A pesar de haber experimentado periodos de profunda soledad política por la pérdida de sus referentes colectivos (Oyarzo 2019:250), la gran mayoría cree hoy que sus experiencias profesionales de trabajo comunitario o en el Estado, fueron formas distintas de participación política9.

4.2. Historias emocionales

La militancia en contextos de violencia política marca temas emocionales ineludibles para los militantes: la prisión política, la tortura, el exilio y el duelo por la muerte de parejas, amigos y familiares parecen ser los más evidentes y, al mismo tiempo, los más difíciles de reconstruir en una situación de entrevista biográfica10. No es sencillo para ellos profundizar en los costos personales que pagaron por su participación política en los años más duros de la dictadura.

De los 30 entrevistados, 13 vivieron periodos largos en el exilio (de 2 a 10 años); dos de ellos, salieron de Chile después de la cárcel. Considerando a este grupo de ex presos políticos y excluyendo los incidentes de detención transitoria, contamos 4 casos de prisión política prolongada (de 1 a 11 años). Respecto al impacto de la muerte de amigos, parejas o familiares directos, registramos siete casos de duelo por razones políticas.

Al hacer el relato de sus trayectorias, tampoco es simple para los entrevistados y entrevistadas abordar y reconocer las consecuencias emocionales que padecieron años después de la lucha: la soledad política, la tristeza de la derrota y las culpas, se expresaron a través de diversos mecanismos de evasión, tales como el uso de alcohol y drogas. En otros casos (7), el duelo o el impacto de haber vivido en permanente amenaza, se manifestó en cuadros clínicos de ansiedad o depresión que aparecieron, incluso, con más de una década de desfase11.

Pese a las dificultades de analizar aspectos tan sensibles de la trayectoria militante, defendemos la importancia de abordar las emociones asociadas al compromiso político desde una perspectiva sociológica (Jasper 2012; 2013; Poma y Gravante 2015, 2017, 2018; Poma 2019). Entender las emociones como constituyentes centrales de la subjetividad y concebidas dentro de ciertos marcos normativos, nos lleva a interpretarlas como un aspecto central para pensar los procesos de transformación identitaria cuando la movilización social termina. A partir de los aportes de la sociología de las emociones, reiteramos que la hipótesis interpretativa central que organiza este apartado es que, en la narrativa de sus experiencias biográficas significativas, lo entrevistados y entrevistadas hacen un trabajo sobre sus emociones y problematizan las reglas de sentir (Hochschild 1979; Poma y Gravante, 2015) impuestas tanto por las narrativas heroicas de la militancia de izquierda como por el paradigma de justicia transicional, caracterizado por la individualización de las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos12.

Sostenemos que estas formas de problematización de la experiencia militante pueden interpretarse como procesos de repolitización que están siendo impulsados por una nueva lectura del pasado reciente. Dicha lectura surge, por una parte, de la crisis general de las elites políticas que legitimaron un orden democrático excluyente y, por otra, debido al impacto de las movilizaciones sociales de los últimos años en Chile (Oyarzo 2019: 258).

Este apartado profundiza sólo 2 dimensiones de la vida emocional: 4.2.1 Relaciones de pareja y parentalidad y; 4.2.2 Formas de elaboración del duelo y la derrota.

4.2.1. Relaciones de pareja y parentalidad

Al revisar las parejas importantes declaradas por los entrevistados, llama la atención que, con la excepción de 3 casos, todos se emparejaron o contrajeron matrimonio por primera y segunda vez con compañeros de la misma organización. Cuando repasan las razones de este cruce entre la vida personal y la política, les parece una consecuencia casi natural de su participación en la lucha anti dictadura. Las exigencias de la militancia y sus modelos de vida política les hacían imposible entablar una relación con una persona que no compartiera los mismos intereses y códigos de conducta. Gloria y Patricia cuentan cómo conocieron a sus primeras y segundas parejas visitando a presos políticos:

Bueno, entonces, en ese escenario [Refiriéndose a la huelga de hambre de los presos del MIR en Puchuncaví, en 1975] como que se produjo el conocimiento, el inicio de la relación con Gastón [Muñoz]. Primero, una relación más, si tu querís como militante o relacionado con lo que estábamos haciendo (…) (Gloria, ex militante del MIR)

Y él se acerca [refiriéndose a su actual marido] y me dice: [Evoca la respuesta] “yo conocí a tu compañero”13. Un gran compañero, qué sé yo. Y empezamos a conocernos (…). Yo le mandaba a [mi hija] la Javiera, porque sus hijos estaban en Francia. Su hijo mayor. Él estaba separado. Y bueno, lo esperé hasta el [año] ’91 que salió [de la cárcel] y armamos pareja [ríe] (Patricia, ex militante del MIR)

Tal como lo han mostrado Vidaurrázaga y Ruiz (2018) en su trabajo sobre el MIR, el compromiso militante constituyó un aspecto central de la vida de los entrevistados. Con distintos matices y dependiendo de las prioridades de las organizaciones, los acontecimientos de la vida emocional se subordinaron a las exigencias del compromiso político: dejar los estudios universitarios, dejar a la pareja y a los hijos por razones de seguridad, cambiarse de ciudad, salir del país, volver a entrar de manera clandestina, entre otras vivencias, articularon parte significativa de la vida afectiva de los y las militantes.

A partir de la revisión de las trayectorias de largo plazo, es posible también establecer paralelos entre los cambios del compromiso político y las rupturas sentimentales. A excepción de 3 casos que siguen comprometidos o casados con la misma persona, todos los entrevistados declaran más de un quiebre afectivo en la década de los 90: las dificultades de la salida de la clandestinidad y de la inserción laboral son las razones más frecuentes de las separaciones. Las parejas no resistieron el cambio de las dinámicas de la vida cotidiana, luego del declive de los años más intensos de la militancia. María Paulina y Manuel cuentan los procesos de ruptura de sus respectivas parejas:

Yo amé al guerrillero, intelectual en pleno proceso de derrota (…) ese sujeto maniático, horroroso que se iba en la mañana y me decía tres veces la misma huevada (…) [Enfatiza] ¡Me hizo vivir con un colon irritable de comienzo a fin! Era enfermo de riguroso, enfermo de maniático, detallista (…). (María Paulina, ex Militante del MIR)

O sea, nunca estuvo presente vivir tranquilos porque (...) lo que sabíamos era que la inserción iba a ser complicada y difícil. (…) Son varios factores, yo creo que tal vez la relación no se adecuó a los nuevos momentos (…). (Manuel, ex militante del MIR)

Además de las tensiones propias de la sobrevivencia y el ajuste de sus relaciones de pareja, los militantes que tuvieron hijos debieron lidiar con las responsabilidades de la crianza de los hijos propios y/o los de sus parejas. Debido a la clandestinidad o al exilio, algunos de ellos (3 casos) perdieron contacto con los hijos de sus primeras relaciones, por lo cual debieron reconstruir sus lazos parentales con los hijos que ya tenían y con los nuevos.

Pese a todos estos quiebres, al iniciar la década de los 90, la gran mayoría procuró hacer una vida normal. No obstante, con el paso del tiempo, algunos debieron enfrentar el dilema si explicarles o no a los hijos sus vidas militantes. Respecto a este tema, los padres y madres tomaron tres opciones: reivindicar la lucha política como parte de la historia familiar; contar su historia política a grandes rasgos, pero sin detalles de operaciones ni incidentes represivos (la gran mayoría de los casos) u; ocultar el pasado para proteger a los hijos e hijas de las cargas de la lucha política y de la clandestinidad.

César B., quien vivió clandestino hasta el 2004 por su participación en la Operación Siglo XX,14 relata el momento en que sus hijos descubrieron accidentalmente su doble identidad:

[Refiriéndose a sus hijos] Estaban los dos, sentados atrás [de auto] con los dos juegos de documentos, así mirando… Me acuerdo que mi hija me dijo: “¡oye, papá… tú tienes mucho que explicarnos!” (…) Me acuerdo que se enojó porque no le había contado antes. Creyó que era una falta de confianza (…) Yo le dije que no era una falta de confianza… ¡Era para qué te voy a poner la carga esa de tener que mantener este secreto, qué sentido tiene! (César B. FPMR, militante del Partido Comunista)

Patricia, en cambio, tuvo que enfrentar a su hija a la verdad del asesinato de su padre, a muy temprana edad:

[Se refiere cómo le cuenta a su hija sobre el asesinato de Nelson]. Eso vino después, porque la abuela le dijo. Y ella llegó y me dijo, tenía cinco años: “Dime la verdad”. Con su mano aquí [Hace el gesto y evoca la respuesta]. “Sí, mi amor” y le expliqué. Le expliqué lo de Pinochet (…) [Entrevistadora]: ¿A los cinco años te pregunto eso? R. ¡Me preguntó eso! “Dime la verdad: ¿al papá lo mataron?” Y yo no le iba a mentir.

Aunque ella no dejó a su hija mayor en Cuba como lo hicieron otros compañeros de partido (Se refiere al Proyecto Hogares), cuando evalúa las políticas del MIR para los compañeros que tenían familia, hace una crítica muy fuerte de las concepciones revolucionarias que anteponían el proyecto colectivo a las vidas personales, restándole importancia a las necesidades afectivas:

Porque, además este concepto de pensar que los niños van a entender que el abandono se justifica por todos los niños del mundo, es una falsedad enorme. Los niños, en su esencia, son egoístas [ríe] ¡Necesitan a sus padres! (Patricia, ex militante del MIR)

En este sentido, es importante destacar que, especialmente las militantes mujeres, critican las reglas de sentir que se les impusieron al interior de sus organizaciones. Se desmarcan de las narrativas heroicas que resaltan la dureza y el valor por sobre los afectos, los cuales eran interpretados en la tradición revolucionaria como signos de debilidad. Creen que la épica de la lucha no compensa los costos emocionales y humanos de la participación política.

4.2.2. Formas de elaboración del duelo y la derrota

Esta última dimensión de la vida emocional de los entrevistados, es la que arroja mayor información respecto al trabajo emocional que hacen los militantes sobre sus experiencias significativas. Así también, permite discutir hasta qué punto los procesos de transformación identitaria pueden interpretarse sólo como procesos de individuación (Araujo y Martuccelli 2010) que surgen de la pérdida de sus referentes colectivos.

Afirmamos que el modo en que los militantes elaboran sus experiencias de ruptura está asociado a las instancias de reconocimiento social y político de sus formas de lucha. Cuando se les pregunta expresamente si en el periodo 1990-2000 tuvieron instancias colectivas de elaboración de sus vivencias políticas, la gran mayoría describe procesos de privatización e individualización: declaran que cuando hablaron de la militancia, lo hicieron sólo con sus parejas y los amigos más cercanos. Otros, pasaron por periodos de evasión donde quisieron recrear la vida y la juventud que habían perdido por su compromiso militante. Con el paso del tiempo, algunos hicieron cuadros psicológicos que los llevaron a terapia. En la entrevista psicológica pudieron narrar a otro lo que habían vivido.

En términos existenciales, los entrevistados reconocen que los años 90 fueron un periodo desconcertante y muy doloroso. Para decirlo con la nomenclatura de Jasper (2013), viven el shock moral de enfrentarse a una realidad social y política que no era la que habían soñado y por la cual, habían hecho tantas renuncias personales. María Paulina recuerda el vuelco de varios ex militantes a la fiesta y a la vida nocturna:

Entonces, yo creo que [en los años 90] entramos todos en una fase liminal. De tomar [beber] mucho así, de emociones a niveles [extremos]. ¡Nos fuimos a la chucha! ¡Nos fuimos todos a la chucha! Ahí ya no había nada que nos contuviera. Era demasiado (…). (María Paulina, ex militante del MIR).

Para quienes estuvieron en los aparatos armados y, por lo tanto, sometidos a la disciplina militar, además de lidiar con las dificultades económicas de la inserción laboral, tuvieron que adaptarse a un país que no entendían. César Q. recuerda su regreso a Chile después de años de estar en diversos países. Fue recibido por su madre y hermanos que, durante la dictadura, lo creyeron muerto. Sin embargo, no conseguía sentirse en casa. Relata cómo una ruptura amorosa con un viejo amor de juventud que había reencontrado en Chile, lo llevó a hundirse en una pena profunda:

Yo nunca había tomado pastillas, nunca había tenido depresión…¡Nada! ¡Me fui al hoyo! (…). Yo vivía con mi hermana en ese tiempo, en La Florida. Me tiraba en la cama y miraba el techo y lloraba, lloraba… [Llevaba] un año que no me encontraba, me entendís. ¡Quería irme a la mierda! Y ahogué mis penas en alcohol [ríe]. Me puse a carretiar15 con un amigo. (…) Ahí fue como que me hubieran soltado (…) como animales encerrados, nos soltaron. (César Q., FPMR, Militante del Partido Comunista)

Rodrigo también recuerda su ímpetu por “vivir la vida a concho” después de salir de la cárcel en 1994. Sin embargo, aclara que más que una depresión, pasó por un periodo que define como de autodestrucción y que lo llevó a romper sus lazos afectivos:

Sí, muy autodestructivo fundamentalmente, más que depresión yo diría, porque yo no soy depresivo, pero muy autodestructivo y claro, eso hacía que uno cometiera muchos errores, errores personales, afectivos (…) (Rodrigo, ex militante del FPMR-autónomo)

Quienes hicieron terapia psicológica declaran que, además del duelo y la derrota, uno de los tópicos que trabajaron fue la sobrevivencia propia. Pablo cuenta cómo la terapia lo ayudó a interpretar de nuevo su sensación de haber vivido años al borde de la muerte:

En un momento, nosotros pensamos que íbamos a morir. Yo creo que esa, a eso me refiero, que como que vivir durante un tiempo convencido que en cualquier momento te iban a matar o dormir dos años con una pistola debajo de la almohada(…). Pero, después de unos 15 o 20 años que viviste eso, vuelve de otra manera (…).

Luego, profundiza por qué la sobrevivencia dejó de tener sentido para muchos militantes, precisamente, en la constatación de la derrota política que vivió la izquierda en Chile y el mundo a fines de la década de los ochenta:

Y yo la primera globalización que supe fue la de la derrota. Nos derrotaron en Chile, con un gobierno de mierda que va a administrar el miedo que la dictadura incubó en este país y que va administrar el consumo (…). Entonces, ser sobreviviente era: bueno, ¡para que quise quedar vivo si no se ve horizonte en este país, ni en el mundo se ve horizonte! [Refiriéndose a la caída del socialismo] (Pablo, ex militante de las Juventudes Comunistas).

Patricia se refiere a su arduo proceso de elaboración del duelo de su compañero, cuyos ritos funerarios no pudo presenciar, porque la Central Nacional de Informaciones (CNI) la detuvo el mismo día que cayó Nelson. Después de su salida de la cárcel en la ciudad de Coronel en 1985, pasaron varios años antes de que se decidiera a ir a terapia. Lo hizo cuando ya no pudo aguantar la presión por todas las exigencias cotidianas con las que debía lidiar. En terapia trabajó su sentimiento de culpa. Creía que no hacía lo suficiente como madre ni en las querellas judiciales por el homicidio de Nelson:

[Se refiere al año 1993] (…) Y ahí comencé una terapia, donde en realidad, la utilidad para mí fue para hablar de todas estas cosas, porque yo no podía hablar de Nelson frente a Higinio [se refiere a su pareja actual], porque pa’ mí también era difícil construir una relación con esta imagen de este hombre muerto. Entonces, yo pude hablar de todas esas cosas que no podía hablar con nadie y estuve como dos años ayudándome. (Patricia, ex militante del MIR)

Al ahondar en las formas en que los entrevistados juzgan estas dimensiones específicas del compromiso político, es posible reconocer con claridad al menos dos procesos globales de evaluación que nos permiten corroborar nuestra interpretación sobre la importancia del trabajo emocional en la construcción de la narrativa militante y discutir la tesis de la individuación de la experiencia.

En varios casos y, especialmente, entre los militantes para quienes los partidos fueron una segunda familia, los marcos de la narrativa partidaria todavía funcionan como justificación del sacrificio individual y de las experiencias de ruptura. Los costos personales se compensan en la satisfacción de haber participado de una lucha épica que marcó toda una época.

Los casos de varios militantes comunistas (5 casos), quienes, a pesar de la crisis interna que vivió el PC en 1990 deciden quedarse en él, muestran el peso de las lealtades políticas y la imposibilidad que tuvieron algunos de reconstruir sus vidas de manera individual: simplemente no pudieron irse del partido que los había formado y al que le habían dedicado años tan importantes de sus vidas.

Por otro lado, hay un segundo grupo que critica tanto las concepciones heroicas establecidas por la militancia de izquierda, como el proceso de individualización de las víctimas de la dictadura, impuesto por los códigos de la justicia transicional. Especialmente las mujeres del MIR, rechazan las reivindicaciones del martirio de los héroes, expresando su frustración por la injusticia del duelo y por la falta de reparación. Aunque también honran la épica de la lucha política, cuando evalúan sus renuncias personales, señalan que las justificaciones heroicas no compensan los costos emocionales ni las ausencias que generó la militancia. Si a ello se suma la falta reconocimiento social y político de las experiencias de lucha, el sacrificio de las vidas para derrocar a la dictadura parece una entrega inútil, mientras que las muertes carecen de sentido social, toda vez que tienen valor sólo en la memoria de las organizaciones políticas.

5. Comentarios finales

Presentadas ambas dimensiones biográficas de la reconversión social y política de los militantes y ex militantes de izquierda, este artículo intenta mostrar los aspectos menos explorados del fin de la lucha antidictatorial y del proceso de institucionalización de la actividad política y partidaria. El interés por los militantes de base y por aquellos que ocuparon cargos intermedios de coordinación territorial en distintas regiones, estriba en la importancia de estos militantes en la articulación de la movilización social: la síntesis de sus trayectorias biográficas puede interpretarse como un reflejo de los cambios en las formas de participación política, en medio de la crisis de los partidos de izquierda.

El recorrido por las carreras universitarias y las trayectorias laborales muestra las dinámicas de inclusión y exclusión que enfrentaron los militantes en los primeros 10 años de democracia frente a un Estado que no apoyaría las iniciativas de base. Sus desplazamientos posteriores a las universidades o al mundo de las consultoras, muestra su salida definitiva de la política institucional, mas no del campo de disputa política.

Así, estos hallazgos de investigación permiten discutir la importancia de las redes y las interacciones significativas para explicar la continuidad de la participación política en la postdictadura (Mc Adam 1989; Fillieule 2015). Aunque el trabajo muestra que la pérdida de redes partidarias es importante para estudiar el repliegue de los militantes, no es suficiente para terminar de explicar las contradicciones de los procesos de reconversión política y de la vida postmovimiento.

Tal como lo señala Jasper (2012, 2013) en su crítica a los teóricos de la acción colectiva, el vínculo emocional que los militantes establecen con los partidos y con la movilización social son dos aspectos muy importantes para entender el modo en que los entrevistados y entrevistadas viven la transformación de las formas de participación política y, sobre todo, la sensación de desengaño que experimentaron al observar que el cambio democrático que Chile vivía no iba en la dirección que esperaban.

Al desvincularse de los partidos y de las bases sociales con las que habían trabajado estrechamente, los militantes pierden los grupos de pares con los que podían compartir el sentido de sus experiencias políticas. El trabajo muestra que, por más que intentaron regresar al trabajo de base en la década del 90, no encontraron las condiciones para continuar en él. Más bien, fueron testigos de la dramática desarticulación del mundo social y comunitario que habían conocido en los años más intensos de la movilización anti dictatorial. Ante la ausencia de instancias comunitarias de reelaboración de las experiencias colectivas y, sobre todo, por la falta de reconocimiento y retribución social de sus experiencias políticas, los militantes experimentan el dolor de la derrota y el sin sentido de la vida después de la lucha.

El recorrido por las historias emocionales muestra, precisamente, que debido a la ausencia de instancias colectivas de reflexión y de mecanismos institucionales de reconocimiento político, algunos entrevistados intentaron reconstruir sentido individualmente con la ayuda de la terapia psicológica. Otros, vivieron subjetivamente la reconversión como un salto al vacío, como un deseo de recuperar la juventud perdida o, simplemente, como un largo silencio que empezó a romperse recién durante la primera década del 2000.

Al contrastar la evidencia empírica de esta investigación con las del trabajo de Lorenzo Bosi (2016), es posible preguntarse si la situación de muchos ex presos políticos habría sido distinta si el Gobierno hubiera creado programas de inserción laboral y de finalización de estudios para esta población. En lugar de ello, las experiencias de los grupos armados fueron estigmatizadas y perseguidas judicialmente por los gobiernos democráticos. El reconocimiento de estas formas de lucha fue leído por las elites gobernantes como una amenaza a la frágil estabilidad política de la transición.

Luego, al contrastar estos resultados con los estudios sobre la elite de la ex Concertación (Hite 2000; Espinoza 2010; Delamaza 2013; Cuevas 2015; Cuevas et al. 2015), quedan interrogantes pendientes sobre las razones más profundas de la crisis político institucional que Chile vive en la actualidad. A la luz de estos hallazgos, resulta inevitable preguntarse si la alternancia en el poder hubiera sido distinta si los partidos políticos hubiesen democratizado sus estructuras internas y si el Estado hubiera promovido espacios de participación comunitaria donde pudieran incorporarse diversas organizaciones sociales, aprovechando la mediación de los militantes que, en dictadura, habían recompuesto los vínculos entre los partidos y la movilización social.

Por todas estas razones, el hallazgo más interesante de esta investigación consiste en el modo en que ellos y ellas reconstruyen las vivencias más significativas de su participación en la lucha anti dictadura y de su repliegue de la movilización. La negación del anonimato de su participación en esta investigación particular y la voluntad de hablar abiertamente de temas que antes trataron sólo con sus círculos más íntimos, refleja que varios militantes y ex militantes están pensando la transferencia de sus experiencias como un acto político de memoria que se deben a sí mismos y a las nuevas generaciones.

Esta fase de repolitización de las experiencias militantes no surge sólo de la distancia que permite el paso de los años. Está siendo impulsada por una nueva interpretación del pasado que nace, precisamente, de la crisis del sistema político y de los consensos conservadores que le dieron legitimidad a la larga transición chilena16.

Para finalizar, sólo queda reiterar que, más que formas de individuación, lo que observamos en este estudio son procesos complejos de reconfiguración de las identidades políticas. A través del trabajo con las emociones asociadas al compromiso político, los y las militantes intentan recomponer el sentido colectivo de luchas que los definieron, luchas cuya interpretación no está todavía cerrada.

Agradecimientos

Los datos presentados en este artículo son parte de una investigación postdoctoral financiada por ANID, Programa Fondecyt, proyecto N° 3170298. IR: Carmen Gemita Oyarzo Vidal. Ejecutado con el patrocinio de la Universidad Diego Portales.

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Notas

1 Nos referimos a los partidos: Comunista (Incluido Frente Patriótico Manuel Rodríguez), Socialista Almeyda y al Movimiento de izquierda Revolucionaria.
2 Virus de inmunodeficiencia Humana
3 Una primera versión de la pauta de entrevista fue validada con 4 casos preliminares que habían participado en nuestra investigación anterior sobre la movilización anti dictadura (Oyarzo 2018)
4 La autora agradece su arduo trabajo de transcripción a las 2 colegas que participaron en las distintas etapas de este proyecto, las sociólogas María Virginia Rojas Quiroga y Marisol Rojas Cerda.
5 Delamaza (2013) llama a este proceso elitismo reforzado.
6 Becas de estudio otorgadas en el marco de las políticas de reparación del gobierno chileno para las Victimas de Prisión Política y Tortura. El primer Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura lleva el nombre del Obispo que la presidió (Comisión Valech I), Monseñor Sergio Valech Aldunate, fallecido el año 2010
7 Cuando de la Delamaza (2013) describe el paso de los miembros de la sociedad civil organizada a los Gobiernos de la Concertación (1990-2010) demuestra que sólo los dirigentes de algunas de Ong´s ligadas a la Democracia Cristiana pasaron a formar parte del gobierno en cargos de alta dirección pública.
8 Cuando los entrevistados hablan de las ONG´S refieren a los programas sociales de ECO (Educación y Comunicaciones), una agrupación de profesionales de las ciencias sociales y de educación que nació en 1980. Otros se dedicaron a la salud comunitaria y al fortalecimiento de organizaciones sociales en distintas municipalidades o a las consultorías de desarrollo organizacional.
9 El trabajo anterior (Oyarzo 2019) explora una interpretación generacional de las identidades militantes, la cual sirvió para explicar los procesos de histéresis que viven los entrevistados en la década de los 90. Para los propósitos de este artículo, no resulta metodológicamente útil mantener el concepto de identidades generacionales, sino explorar en las dimensiones propiamente biográficas de la participación política.
10 Debido a la extensión de este artículo, no es posible profundizar el análisis de las experiencias de prisión política y exilio. Aparecen sólo como datos biográficos de los entrevistados. No obstante, es preciso señalar que la interpretación de estas experiencias también está influida por la evaluación global del compromiso político y de la movilización anti dictadura.
11 Para mayores detalles sobre la salud mental de víctimas de prisión política y tortura, ver el trabajo recopilatorio de Elizabeth Lira (2013) con ocasión de la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado.
12 Término utilizado en la literatura especializada para referir el trabajo de las diversas Comisiones de Verdad y Reconciliación en los países del Cono Sur donde se investigaron crímenes de lesa humanidad en la década de los 90.
13 Se refiere a su compañero Nelson Herrera, asesinado por la Central Nacional de Informaciones (CNI), en la llamada Operación Alfa Carbón, ejecutada contra 7 dirigentes del Mir en Concepción, Los Ángeles y Valdivia, el 23 y 24 de agosto de 1984.
14 Nombre con el que el PC y el FPMR bautizaron la frustrada operación para asesinar a Pinochet cuando venía de su casa de descanso en El Melocotón, el 7 de septiembre de 1986.
15 Término coloquial del español de Chile para expresar la participación en fiestas y reuniones con ingesta de bebidas alcohólicas.
16 El análisis de datos y la redacción de este artículo es anterior al estallido social del 18 de octubre de 2019 y a la realización del Plebiscito del 25 de octubre de 2020. No obstante, es posible afirmar que los resultados principales se refuerzan en la forma en que se manifestó la agudización de la crisis político institucional del país.
* Los datos presentados en este artículo son parte de una investigación postdoctoral financiada por ANID, Programa Fondecyt, proyecto N° 3170298. IR: Carmen Gemita Oyarzo Vidal. Ejecutado con el patrocinio de la Universidad Diego Portales.
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