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Una propuesta de estudio del Sistema Pesquero- Artesanal en el mar interior de Chiloé a través del paisaje*
Zamir Bugueño-Fuentes
Zamir Bugueño-Fuentes
Una propuesta de estudio del Sistema Pesquero- Artesanal en el mar interior de Chiloé a través del paisaje*
Proposal to study the small-scale fishing system in the inland sea of Chiloé through landscape
Revista Austral de Ciencias Sociales, vol. 40, pp. 29-48, 2021
Universidad Austral de Chile
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Resumen: La complejidad de las sociedades litorales y la dependencia de nuestro país de los recursos pesqueros hace que sea necesaria la búsqueda de formas investigativas que den cuenta de aspectos tanto espaciales como temporales.

Se plantea una propuesta teórica-metodológica de análisis de carácter histórico-geográfico para el estudio del sistema pesquero-artesanal en el mar interior de Chiloé, a través de la construcción de una definición amplia de paisaje. Se analiza la evolución del concepto de paisaje en la Geografía Humana, se caracteriza territorialmente el mar interior y se propone una definición de paisaje sustentada en nociones pertinentes y aplicables al contexto antes mencionado. Los resultados dan cuenta de una definición capaz de reconstruir la historia espacial del sistema pesquero artesanal en el mar interior, lo que permitiría sustentar una base de análisis interpretativa de diversas problemáticas ligadas a la pesca artesanal y la apropiación, uso y manejo de recursos pesquero-artesanales.

Palabras clave:paisajepaisaje,geografía humanageografía humana,mar interiormar interior,ChiloéChiloé.

Abstract: The complexity of coastal societies and our country dependence on fishery resources makes it necessary to look for research approaches that account for both spatial and temporal aspects. A theoretical-methodological proposal of historical-geographical analysis is proposed for the study of the artisanal-fishing system in the inland sea of ​​Chiloé, through the construction of a broad definition of landscape. The evolution of the landscape concept in Human Geography is analysed, the inland sea is territorially characterized, and a landscape definition based on notions relevant and applicable to the context mentioned above is proposed. Results show a definition capable of reconstructing the spatial history of the small-scale fishing system in the inland sea, which would support a base of interpretative analysis to various issues linked to artisanal fishing and the appropriation, use, and management of fishing-artisanal resources.

Keywords: landscape, human geography, inland sea, Chiloé.

Carátula del artículo

ARTÍCULO

Una propuesta de estudio del Sistema Pesquero- Artesanal en el mar interior de Chiloé a través del paisaje*

Proposal to study the small-scale fishing system in the inland sea of Chiloé through landscape

Zamir Bugueño-Fuentes
Universidad de Los Lagos, Chile
Revista Austral de Ciencias Sociales, vol. 40, pp. 29-48, 2021
Universidad Austral de Chile

Recepción: 01 Marzo 2020

Aprobación: 10 Febrero 2021

1. Introducción

Las características territoriales y económicas de nuestro país han contribuido a que éste presente una alta dependencia en relación con sus áreas litorales y sus recursos (Barragán-Muñoz 2005), provocando una gran presión en éstas, recibiendo la influencia tanto directa como indirecta de diversas actividades que requieren recursos marino-costeros de manera diferenciada (Andrade, Arenas, y Guijón 2008).

El patrón de dependencia en torno a los recursos naturales ha marcado el devenir del modelo económico chileno (Salazar 2003); dependencia que no solo ha llevado a la depredación extensiva e intensiva de los recursos naturales (Peña-Torres 2002) sino también a una creciente y constate neoliberalización de la economía (Fazio 1997, 1998).

Lo anterior ha hecho que las dinámicas de crecimiento, tanto poblacional como de ocupación del suelo en las áreas litorales se manifiesten en la aparición de actividades económicas como la acuicultura extensiva, de amplio desarrollo en Chile a partir de la década de los 80 (Iizuka, Roje, y Vera 2016), debido principalmente a la adopción de estrategias económicas estatales ligadas a dinámicas empresariales y de mercado e iniciativas modernizantes que han incidido negativamente en la sustentabilidad ambiental, hidrobiológica y económico-cultural del territorio (Saavedra 2015).

Estas actividades, extensivas y modernizantes, han debido cohabitar con prácticas locales arraigadas en sociedades litorales, como lo es la práctica pesquera artesanal, de gran desarrollo en el sur de Chile, lo que ha llevado a que la zona litoral sur-austral se constituya como un espacio socio-cultural de gran dinamismo económico-productivo (Saavedra 2013).

Lo anterior se expresa fuertemente en las zonas litorales de la Región de Los Lagos, en especial el Archipiélago de Chiloé y más específicamente su mar interior en donde el aprovechamiento de recursos marinos tiene una larga data, con vestigios de poblamiento de entre 5.000 y 6.500 años (Álvarez Abel 2004) con familias de canoeros que en embarcaciones simples recorrían desde el Seno de Reloncaví hasta el Cabo de Hornos, a fin de asegurar su alimento y de paso, su reproducción y continuidad (Skewes, Álvarez Abel, y Navarro 2012). Lo anterior permite colegir una data similar para el comienzo de la explotación, para fines de subsistencia, de recursos marino-costeros, lo que se suma a la evidencia arqueológica presente en las costas del mar interior de Chiloé conformada por conchales y corrales de pesca (Álvarez Abel et al. 2008).

La intensificación del aprovechamiento de recursos pesqueros en el mar interior de Chiloé comienza hacia mediados del siglo XX, con una progresiva modernización de las prácticas productivas, conformando un archipiélago marcado por prácticas y modos de vida tradicionales entremezclados con modos de vida en transición a la modernidad (Ther-Ríos 2008) y una constante relación entre prácticas de mar y tierra (Bravo 2004), lo que desembocaría en el desarrollo de características territoriales particulares.

La predominancia de la pesca artesanal es patente en el mar interior de Chiloé, constituyendo no solo un espacio económico-productivo, sino también un escenario de trayectorias, itinerarios, espacios de connotación cultural, que dan cuenta de un espacio complejo e interconectado, que manifiesta la constante apropiación de sus espacios por parte de sus habitantes (Ther-Ríos 2017). En la actualidad, en él, existen cerca de 90 caletas pesquero-artesanales lo que da luces de la alta concentración de pescadores y embarcaciones en la zona y permite colegir la existencia de una zona influenciada espacialmente por las prácticas de una gran cantidad de pescadores artesanales y una gran productividad pesquera.

Por otro lado, pero simultáneamente, el marcado sesgo neoliberal de la legislación en torno a los recursos pesqueros en Chile ha llevado a que su normativa muestre una clara tendencia hacia la modernización y mercantilización de las prácticas pesquero-artesanales, siendo un claro ejemplo de esto, la Ley General de Pesca y Acuicultura (LGPA) (SUBPESCA 1991) la cual regula el sector pesquero-acuícola y pesquero-artesanal y que aparece en un contexto de búsqueda de gobernabilidad democrática y modernización de la gestión pública (en el contexto del retorno de la democracia), que marca el paso desde un régimen pesquero de libre acceso (tradicional) a uno con regulaciones (moderno) que buscaba resguardar el capital natural del país, en el contexto de un predominio de la lógica económica como sustento de tal regulación (Marín, 2007). Cabe destacar que el concepto de “libre acceso” hace mención de la inexistencia de políticas de privatización de acceso a los recursos por parte de la institucionalidad, no así a normas y acuerdos locales que han sido y son acordadas entre los mismos pescadores.

En uno de sus primeros efectos espaciales, la LGPA extendió el criterio de Regiones Administrativas, como modelo de administración del territorio nacional de nuestro país, al espacio marino, por lo que las actividades pesqueras artesanales se regionalizaron, fragmentando administrativamente los desplazamientos (históricos) de los pescadores y sus flotas (Saavedra 2013).

El enfoque marcadamente bioeconómico de la LGPA se ha materializado espacialmente en el mar interior de Chiloé, en divisiones artificiales de la superficie marina, como, por ejemplo, las Áreas Aptas para la Acuicultura (AAA), las Áreas de manejo y explotación de recursos bentónicos (AMERB) y las Concesiones de Acuicultura, entre otras.

Dentro de estas iniciativas de gestión pesquera, el caso más estudiado ha sido el de las AMERB (Gelcich et al. 2010; González et al. 2006), de las cuales se ha estudiado su situación socio-económica (Zúñiga, Ramírez, y Valdebenito 2009), su rentabilidad (Sobenes y Chavez 2009), los procesos de generación de redes entre actores (Marín y Berkes 2010), los cambios en la percepción del paisaje por parte de los pescadores artesanales (Bugueño-Fuentes 2018a), los procesos de aprendizaje y cambio de actitudes como consecuencia de su implementación (Schumann 2007) y el papel de los consultores en la hibridación de saberes tradicionales y académicos (Schumann 2010), entre otros.

Como puede apreciarse, existe una gran presión exógena en torno a la normatividad pesquera, la cual ha traído una serie de transformaciones socioespaciales en la actividad. Por esto, se estima que para aprehender el estudio del mar interior de Chiloé se deben considerar dos procesos interrelacionados entre sí: (1) un patrón de ocupación del espacio marcado por distintas comunidades de pescadores artesanales que, a través de la explotación de recursos naturales, ocupan territorios periféricos alejados de los lugares en donde se concentra la actividad económica y la población (Aburto, Thiel, y Stotz 2009; Cochrane 2000) y (2) una intervención estatal tendiente principalmente a normar los espacios de uso de la práctica pesquera, determinando áreas de pesca y extracción y uso exclusivo (Begossi 2001), considerando a la pesca artesanal como un sistema exclusivamente económico cuyos elementos son susceptibles de privatización y mercantilización (De Vivero, Rodríguez Mateos, y Florido del Corral 2008). Este proceso establece la base desde donde los recursos pesqueros están siendo gradual pero inevitablemente privatizados, comodificados y mercantilizados, para ser llevados al dominio del capital, donde los derechos privados aseguren su disponibilidad para el empresariado capitalista (St. Martin 2005).

Lo anterior se vuelve espacialmente problemático cuando se considera que las actividades humanas, y sus prácticas espaciales, nunca han estado conformadas ni confinadas enteramente dentro de los espacios definidos por los Estados (Agnew 2008), por lo cual, la latencia y aparición de conflictos socio-espaciales es un fenómeno recurrente.

La espacialidad de los pescadores artesanales se relaciona estrechamente con sus prácticas cotidiano-productivas, las cuales serían la manifestación de su despliegue en el espacio y la apropiación de este. Estas prácticas son inseparables de los modos de vivir y habitar territorios específicos y en su quehacer cotidiano los pescadores artesanales, a través de sus prácticas, impregnan sus costumbres, sus memorias y afectividades, generando diversos territorios vividos (Ther-Ríos 2008). De esta forma, el territorio de la pesca artesanal en el mar interior sería producido, organizado y negociado a través de una continua interacción entre discursos “top-down” y prácticas y experiencias vividas “bottom-up”, esto en concordancia con lo planteado por Antonsich (2011) en torno a la producción social del territorio.

Lo anterior implica que, a nivel local, las comunidades pesqueras son moldeadas por una variedad de formas de producción de espacio y lugar, prácticas pesqueras, identidad(es) y diferentes procesos sociales, culturales y político-económicos (Clay y Olson 2007), siendo entendidas también como “dependientes-de-pesca” (fishing-dependant communities), en cuanto la explotación de recursos pesqueros es inherente a su subsistencia y existencia, creando, desde la cotidianidad, diferentes tipos de medios para satisfacer sus necesidades básicas, formando grupos sociales, economías locales e instituciones para concretar sus metas; de esta forma, los lugares (centrales dentro la localidad) son un elemento clave para alcanzar sus objetivos (Jacob et al. 2016).

Si bien, la Geografía Humana se ha interesado mayormente en actitudes espaciales colectivas, también ha fijado sus esfuerzos investigativos en grupos humanos de menor escala e incluso en los individuos para comprender de mejor forma las prácticas espaciales, reconstruyendo, por un lado las “macrogeografías” y por otro los diversos espacios vividos (Bailly y Béguin 1996); en esta línea, la elucidación de las formas y patrones que constituyen los diversos espacios vividos dentro del mar interior parecen ser un elemento a considerar en el estudio del sistema pesquero-artesanal. De la misma forma, se hace relevante considerar la historicidad de las relaciones, dinámicas e itinerarios propios de los pescadores artesanales, pues la relación entre los pescadores y su espacio también es diversa en relación con la historicidad de sus prácticas y el devenir de la institucionalidad y normatividad en torno a los recursos pesqueros estatalmente promovida.

En un contexto marcado por dinámicas, tanto pasadas como presentes, de aprovechamiento de recursos pesqueros, cabe preguntarse por formas investigativas de abordar la complejidad del sistema pesquero-artesanal en relación a sus prácticas espaciales en el mar interior, las cuales, sería correcto discernir, han tenido decursos variados, marcados por contextos económicos, sociales y culturales que han dotado su presente de formas particulares no pudiendo ser asequibles de forma sincrónica, congeladas en un tiempo (o marco temporal) determinado.

Al ser las prácticas pesquero-artesanales la manifestación en el espacio del despliegue de los pescadores artesanales es que se propone el uso del paisaje como elemento geográfico e histórico para la elucidación de las formas espaciales del sistema pesquero artesanal en el mar interior de Chiloé y como forma de estudio unificado del espacio y tiempo, de la espacialidad y la temporalidad, de las prácticas pesqueras artesanales. Esto, en concordancia con la noción que el paisaje se manifiesta como el despliegue de la geograficidad1 humana, en donde este sería la expresión del trabajo humano y que, más allá, traduce la organización de la vida social, contando, además, la historia de los que vivieron en él (Ingold, 2000. Cit. en Besse, 2010).

Se desarrolla una propuesta teórico-metodológica de análisis histórico-geográfico para el estudio del sistema pesquero-artesanal en el mar interior de Chiloé; para esto, se considerará el concepto de paisaje, como una herramienta teórico-metodológica capaz de dar cuenta, a un tiempo, tanto de variables espaciales como temporales (históricas).

Partiendo de la noción que los paisajes no son solo el reflejo de la agencia y la acción humana en el espacio, sino más bien son creadores (moldeadores) de la acción humana; provocan memorias y facilitan o impiden la acción, presentándose, además, como la materialización del tiempo percibido a través de experiencias incorporadas (Bender 2002).

El presente trabajo, de aquí en más, girará en torno a tres momentos: el primero de ellos, basado en la revisión del devenir del concepto de paisaje en la Geografía Humana, desde la visión clásica de paisaje, el concepto de paisaje cultural, la noción de paisaje como construcción, como representación y una aproximación a la noción de paisaje dentro de la perspectiva de las geografías posthumanistas también conocidas como more-than-human geographies.

El segundo momento corresponde a una descripción de elementos principales en torno a la pesca artesanal en el mar interior de Chiloé; primero en sus características físico-geográficas, datos estadísticos relativos a la temática, la importancia de las caletas de pescadores artesanales, su vínculo con el modelo económico y los procesos socio-territoriales devenidos de esto, junto con un análisis de la convergencia de la pesca artesanal con diversas actividades económicas presentes en el mar interior de Chiloé.

Un tercer apartado integrará las diversas nociones de paisaje exploradas en el artículo, para exponer una definición amplia de paisaje que permita abordar el estudio del sistema pesquero-artesanal en el mar interior Chiloé. Tal definición será seccionada y fundamentada con perspectivas teóricas y metodológicas que sustentan su pertinencia.

2. Derrotero (resumido) del concepto de paisaje en la Geografía Humana

Desde una perspectiva ligada a la definición de lo que se entiende por paisaje, este puede ser entendido como un fenómeno históricamente en evolución, el cual comprende la totalidad de las relaciones entre el hombre y la tierra (Olwig y García-Godos 2015), lo cual se vincula de buena manera con lo planteado por Di Giminiani y Fonck (2015), quienes plantean que una definición fija y estable de lo que se conocerá como paisaje parece estar condenada a fracasar, debido a la multiplicidad de usos y conceptualizaciones a los cuales ha sido asociado como concepto; eso daría cuenta de una evolución permanente de la definición de paisaje.

El devenir del concepto en la disciplina geográfica ha tenido diversas intersecciones y desvíos, siendo relacionado en primera instancia a sus atributos como matriz física ligadas a la tradición geográfica de Humboldt y Ratzel (Nogué y De San Eugenio Vela 2011; Nogué y Vicente 2004) y luego, influenciado por la escuela de Berkeley como expresión viva de los procesos de adaptación del hombre al medio natural (Sauer 1925), acuñándose el concepto de paisaje cultural. Desde este enfoque, el paisaje sería tanto el producto de fuerzas culturales, como también un poderoso agente de producción cultural (Harris 1999). Una creciente atención hacia la dimensión cultural de los fenómenos estudiados por las ciencias sociales, asociado esto al denominado “Giro cultural” de fines del siglo XX (Cosgrove y Jackson 1987), hizo que el paisaje apareciera como una dimensión capaz de aunar el estudio de dos dimensiones largamente estudiadas de forma separada, esto es “lo cultural” y “lo material” (del paisaje) (Harris 1999).

Así también, se le ha entendido no solo como el escenario en donde la apropiación del espacio se lleva a cabo, sino también como una construcción en sí misma, en donde cada individuo construye paisajes (interiores no siempre transmisibles) según sus intereses y deseos (Santos 1996). Tal construcción de paisajes tendría un anclaje tanto espacial como temporal, pues uno de los rasgos definitorios del paisaje sería el manifestarse como proceso (Bender 2002).

Tal vertiente, con foco en el ser humano como constructor de paisajes, se vincula fuertemente a lo planteado por Santos (2000) quien establece al paisaje como una esfera particular de la territorialidad humana, siendo su dimensión perceptual; de esta forma también, el aparato cognitivo sería central en la aprehensión de los paisajes, pues la educación, tanto formal como informal, tiene un carácter evidentemente selectivo por lo que diferentes personas presentan diversas visiones sobre un mismo hecho, por ejemplo ante el fenómeno del paisaje. De esta forma, pareciera interesante la caracterización de estas distintas visiones en torno al paisaje de actores que cohabitan un territorio.

Se destaca además, que los paisajes mismos que se construyen y que dan lugar a los territorios, están indisolublemente ligados a sentimientos de identidad, conteniendo signos de que el hombre ha aprendido a valorar (Claval 2002); este aprendizaje giraría en torno a las prácticas cotidiano-productivas, lo cual da luces de lo central que es el paisaje para la geografía humana, centrada en el estudio de la interacción ser-humano/espacio.

Las perspectivas planteadas precedentemente, centradas en el sujeto (cognoscente), dieron lugar a la primacía de perspectivas representacionales en torno al estudio del paisaje. De esta forma, la noción de paisaje como representación se tornó central, implicando muchas veces una excesiva consideración de los aspectos visuales del paisaje muy ligadas a la denominada Nueva Geografía Cultural y su aparente obsesión con las representaciones del paisaje por parte de la elite (económica), el paisaje como espectáculo y la concepción de paisaje como precodificado de significados (Neumann 2011). Bajo esta perspectiva, la noción de paisaje se presenta como una imagen congelada en un tiempo determinado, dependiente de las representaciones sociales, culturales y económicas de una temporalidad en particular, pero invisibilizando el proceso de construcción de tales representaciones; una visión no procesual que no incluye la temporalidad del fenómeno del paisaje.

La perspectiva representacional del paisaje no solo fue tomada por la Nueva Geografía Cultural, sino también por quienes, interesados en la planificación territorial, vieron en el paisaje una herramienta metodológica para incluir las percepciones e interpretaciones sociales en, por ejemplo, iniciativas ligadas a los cambios de uso en la ruralidad (Anderson, Ford, y Williams 2017); también, al incluir categorías de paisaje en la planificación ecológica, midiendo diversas funciones de los elementos del paisaje en donde este representaría las aptitudes territoriales de una determinada área (Botequilha Leitão y Ahern 2002). De forma similar, el paisaje ha sido utilizado como marco metodológico para la gestión ambiental, involucrando el estudio de la fragilidad de los paisajes (Muñoz-Pedreros 2004), además de ser considerado como un elemento de valor patrimonial y bien público (Ibáñez 2012; Navarro-Bello 2004) y siendo utilizado como elemento de ordenamiento territorial a través de modelización prospectiva (Paegelow, Camacho, y Menor 2003)

Estos ejemplos son una muestra de la conceptualización del paisaje como representación centrada en las formas visibles del paisaje, enfocadas en la visualización y modelación (representación) de los elementos del paisaje, que marcaron gran parte de los estudios del paisaje desde la década de 1920 (Nogué 2007).

Nuevas corrientes en geografía han modificado la conceptualización de paisaje, oponiéndose en la mayoría de los casos a las nociones tradicionales y perspectivas ligadas a la cuantificación de elementos del paisaje, tal como lo plantea Zusman (2014), quien establece que la noción de paisaje fue resignificada en la década de 1980, superando la propuesta morfológica, avanzando hacia planteamientos que incorporaron lo representacional, lo performativo y una multiplicidad de actores (a veces no-humanos) que lo constituyen. En este sentido, la perspectiva representacional que menciona la autora no solo busca representar los elementos físicos del paisaje, sino también elementos abstractos como los sentidos otorgados por los sujetos hacia los paisajes y la experiencia espacial de los sujetos ante estos.

Desde esta perspectiva, el paisaje también ha sido considerado como un agenciamiento integrador de las dinámicas de territorialización-desterritorialización, la interioridad y la exterioridad, lo real y lo imaginario, lo tangible y lo intangible, lo natural, lo social y lo cultural, en el marco de una fusión composicional holística y pluridimensional, toda vez que las dinámicas socioculturales se configurarían bajo la forma de agencias (Carbonell Higuera 2016); de la misma forma, el paisaje sería evidencia de la agencia humana a través de su relación con elementos no humanos como la tecnología y su uso para el aprovechamiento de recursos naturales, construyendo multiplicidad de paisajes tecno-naturales (Caprotti y Kaïka 2008). Estas perspectivas han hecho surgir neologismos tales como Cyborg landscapes, noción que involucra dimensiones en torno al cambio, la adaptación y retroalimentación en la construcción (conceptual) de infraestructuras híbridas de sistemas humanos y no-humanos, de entidades vivas y no-vivas a través de un amplio espectro de escalas espaciales y temporales (Lokman 2017).

Existe un traslado en la Geografía, tanto implícito como explícito, desde perspectivas más ligadas al humanismo, fuertemente centrada en el sujeto (ser humano), hacia concepciones teóricas que sacan al ser humano del centro y lo colocan en interacción con otros agentes no-humanos, lo cual también modificaría la noción de paisaje. Una clara muestra de esto, es la Geografía Posthumanista, que hace eco de la perspectiva posthumana que, desde hace unas dos décadas, ha planteado la relevancia, y casi necesidad, de “mover” al ser humano como sujeto dominante en la investigación social, al tiempo que rechaza las ontologías y epistemologías que encuadran lo humano como categoría separada del mundo en el que cohabita con una gama extensa de formas de vida (Margulies y Bersaglio 2018).

Conocidas también como more-than-human geographies (Whatmore 2015), estas se basan en perspectivas externas a la geografía ligadas al pensamiento posthumanista, en donde los trabajos de Deleuze, Guattarí y Latour son fundamentales (Castree y Nash 2004); lo que ha hecho que uno de los rasgos definitorios de la perspectiva posthumanista sea la noción de una imbricación entre personas, animales, tecnología y cosas como una alternativa a la antigua imagen de un sujeto (ser humano) soberano, separado, y en control de, la naturaleza (Castree y Nash 2006). Además de lo anterior, se comprende a los seres humanos como parte de un complejo rompecabezas de entidades vivas y no-vivas (Casellas y Corrado 2012). De esta forma, las nociones de paisaje como matriz física, como representación, como representación desde nociones humanistas y como construcción subjetiva e intersubjetiva estarían en una posición periférica en la construcción de conocimiento amparada bajo esta perspectiva.

La adopción de una perspectiva geográfica posthumanista debiera enfocar su atención, en cuanto al paisaje, en su condición ontológica como objeto geográfico, en donde el paisaje pudiera ser el escenario de desarrollo de las relaciones humanos - no-humanos, el resultado de éstas o el moldeador de tales relaciones. De la misma forma, se considera relevante el cómo diferentes grupos de sujetos (colectivos o individuales) pudiesen tener relaciones complejas y diferenciadas con el paisaje, al tiempo que su concepción acerca de este también sería disímil; esto en relación con lo planteado por Panelli (2009) en torno a una perspectiva geográfica social posthumana, que considera como estas relaciones disímiles con la naturaleza entre grupos humanos refuerza las diferencias sociales y relaciones de poder más amplias.

De particular interés para el presente trabajo, y su foco en la relación pescadores artesanales y su espacio, es la noción que las dinámicas relacionales entre el ser humano y no-humanos inspiran concepciones diversas como resiliencia, subversión y rupturas, entre otras respuestas socio-espaciales que tendrían un resultado divergente dependiendo del tipo de relaciones establecidas (Panelli 2009); la tecnología y su utilización es un punto nodal dentro de la perspectiva posthumanista ya que esta ha moldeado la racionalidad humana, dando forma, además, a las condiciones mismas de la naturaleza humana, considerando que la tecnología no es un objeto pasivo y se mueve (en una concepción Latouriana) entre redes de actantes2 humanos y no-humanos modificando la capacidad de agencia de éstos (Ginn 2017).

Lo anterior, se torna relevante al momento de pensar en el sistema pesquero artesanal en el mar interior de Chiloé, debido a que las prácticas pesqueras-artesanales están en una permanente relación con técnicas y tecnologías tanto de captura como de navegación.

3. El sistema pesquero-artesanal en el mar interior de Chiloé

El mar Interior de Chiloé, en la figura N° 1) se ubica en la Región de Los Lagos, (42º43’35’’S; 73º10’46’’O) y posee una superficie aproximada de 58.969,1 km2.


Figura 1.
Localización mar interior de Chiloé
Fuente: elaboración propia

Teniendo en su vertiente occidente a la Isla Grande de Chiloé y al oriente a Chiloé Continental, el mar interior de Chiloé presenta costas desmembradas por valles de ríos y glaciares que conforman canales, islas y cuencas protegidas, con un alto aporte de aguas de lluvia de origen continental (Nelson, Sievers, y Prado 1995). La zona se caracteriza por profundidades desde los 50 a los 400 mt., recibiendo aportes de agua con baja concentración salina a través de precipitaciones de agua y nieve desde los 2.000 a 5.000 mm/año, además de descargas de ríos con régimen nival (Fiordos de Comau y Reloncaví), por lo cual el aporte de aguas poco salinas aumenta durante los meses de invierno y primavera (Lara et al. 2010).

De acuerdo con el Censo Pesquero y Acuicultor de 2008 (INE 2009), existían en la Región de Los Lagos, 216 caletas y asentamientos pesquero-artesanales. Esta cifra representa el 44,7% del total chileno siendo algo superior a la participación en el número de pescadores artesanales (34,5%) pero encontrándose muy alejada de la participación de la región en el PIB (3%), el territorio (6,4% del Chile continental) o el total de toneladas desembarcadas por embarcaciones pesquero-artesanales (9,4%). En la actualidad, específicamente en el mar interior de Chiloé, existen cerca de 90 caletas pesquero-artesanales, lo cual es muestra de la amplia biodisponibilidad de recursos tanto demersales, pelágicos como bentónicos.

Las caletas pesquero-artesanales juegan un papel preponderante el mar interior, entendido este como un sistema socio-ecológico, pues serían construcciones bio-sociales, resultado de procesos co-evolutivos, entre lo ecológico y lo social-institucional (Berkes 2009; Gual y Norgaard 2010) que marcan el devenir socio-espacial del área. Las caletas son parte fundamental de la ocupación efectiva de la costa y de la apropiación, uso y manejo de recursos pesquero-artesanales, siendo la unidad básica de asentamientos pesqueros; su distribución desigual a lo largo de las costas, sería manifestación y vestigio de la tradición trashumante que caracterizó a la pesca artesanal en sus formas más tradicionales y ancestrales (Aburto, Thiel, y Stotz 2009).

Estas no siempre se asocian a un asentamiento de pescadores artesanales, siendo muchas veces espontáneamente constituidas, dando cuenta de innovaciones continuas en las prácticas, itinerarios y trayectorias de los pescadores en su afán de búsqueda de las mejores condiciones de biodisponibilidad de los recursos. Así mismo, evidencian en sus configuraciones espaciales y sociales una fuerte tensión entre la tecnologización/modernización de las prácticas pesquero-artesanales y las formas tradicionales de caza y recolección característicos de la pesca artesanal (Ther-Ríos y Valderrama 2012). En un sentido de escala, las caletas son complejas entidades territoriales, pues varían desde pequeños asentamientos esporádicos a caletas-puerto como es el caso de Ancud, Dalcahue, Castro y Quellón en la Isla de Chiloé.

Por otro lado, en el contexto nacional de un modelo de crecimiento económico basado en la explotación y exportación de recursos naturales, la Región de Los Lagos en general, y el mar interior de Chiloé, en particular, son una clara manifestación de tal modelo (Rehner, Baeza, y Barton 2014), mostrando una predominancia del conjunto pesca y acuicultura, el cual es el elemento básico que explica la especialización productiva de las áreas costeras (Coq-Huelva 2005).

La acuicultura intensiva y extensiva en Chile se ha caracterizado por la predominancia de cultivos de mitílidos y salmónidos (Fuentes Olmos 2014); siendo el mar interior de Chiloé el escenario principal de la instalación, en su primera etapa en la Región de Los Lagos, de la industria del salmón (Saavedra y Macías 2012). Lo anterior marcó las dinámicas de crecimiento demográfico en la isla, tanto en lo urbano como en lo rural (Barton et al. 2013), siendo los centros urbanos los atractores principales de migraciones tanto nacionales como regionales (Arenas, Andrade, y Qüense 2001), lo cual trajo consigo procesos de asalariamiento, sobre todo en mujeres, y la aparición de estrategias productivas ligadas a la entrega de servicios a la industria del salmón por parte de los pescadores artesanales (Saavedra y Macías 2012). Las prácticas pesqueras tradicionales fueron mutando hacia la entrega de servicios a empresas salmoneras.

Pese a que el mar interior evidencia la existencia y cohabitación de apropiaciones espaciales diferenciadas entre actores de diversa índole, un vector común es el protagonismo del mar, la costa y sus recursos en las dinámicas sociales, culturales y económicas, territoriales, que desarrollan, a través de variadas estrategias, los actores presentes en esta área. Además, da cuenta de formas y estrategias de apropiación con lógicas contrapuestas entre actores locales y actores exógenos ligados a políticas y prácticas económicas. Esto cobra mayor relevancia cuando se tiene presente que la producción del espacio está fuertemente condicionada por un conjunto complejo de escalas (el estado, la región, las zonas estratégicas, los sindicatos de Pescadores, las caletas, embarcaciones y zonas de fondeo) siendo amplia además la diversidad en cada una de ellas, a pesar de que difieran en su antigüedad constitutiva (Brenner 1997, 1998; Marston 2000). Esto supone muchas veces, la imposición de dinámicas locales pero planificadas desde la exo-habitación, implicando una planificación desde actores exógenos al territorio, el cual estaría conformado por las relaciones sociales de los in-habitantes de los espacios locales, quienes no tienen eco en la elaboración y construcción de política pública (Ingold 2012).

Así, en el mar interior se aprecia la cohabitación de actividades tradicionales como lo es la pesca artesanal, la recolección de orilla y la pequeña producción acuícola con actividades modernizantes y tecnificadas como la acuicultura extensiva e intensiva, materializada fuertemente en centros de cultivo salmonícolas y grandes extensiones de cultivo de mitílidos. Esto, junto con figuras de administración pesquera, como las Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos AMERB, ha tenido efectos negativos en las formas de habitar el mar interior de Chiloé (Bugueño-Fuentes 2018a). Sumado a lo anterior, la expansión de la salmonicultura se desarrolló en espacios tradicionalmente ocupados por pescadores artesanales provocando efectos adversos en esta última y que la normativa ha intentado solucionar no con el éxito esperado e incluso agudizando algunos conflictos (Saavedra 2013). La tensión entre estas distintas formas de habitar el (y construir) territorio es patente.

La ubicación de los centros de cultivo salmonícolas en los alrededores de los asentamientos isleños en Chiloé se transformó en parte del paisaje, al tiempo que manifiesta el contraste entre formas de vida comunitaria tradicional y una modernidad tardía, reflejada en plantas de proceso y los ya mencionados centros de cultivo (Barton y Román 2016). La transformación que supuso la expansión salmonícola en el mar interior no solo modifica la superficie marina (la fuerte carga estética de los centros de cultivo es evidente), sino también destruye y deteriora uno de los núcleos más productivos del área como lo es el fondo marino, espacio constitutivo y estructurante de las economías bentónicas (Saavedra 2011). Las prácticas submarinas, no expuestas a simple vista, también han sufrido mutaciones debido a las nuevas formas de producción en el mar interior.

En la dimensión social, la expansión de la salmonicultura trajo consigo una vulnerabilidad económica mayor, al volatilizar la composición de las economías tradicionales, llevándolas a un asalariamiento (Saavedra 2001) que complicó las estrategias de subsistencia ante la crisis que provocó la caída de la industria del salmón en 2008 ante el brote de virus ISA. Sumado a esto, y con una clara tendencia top-down (Bugueño-Fuentes 2011, 2018a), la legislación y las normativas en cuanto al acceso a los recursos pesqueros ha implicado la invisibilización de los usuarios directos, pescadores artesanales, en la elaboración de políticas pesqueras (Alcalá 2003), lo cual da cuenta de una infravaloración del conocimiento ecológico local y tradicional por parte de estos, aun cuando la experiencia internacional da cuenta de la importancia de estos saberes en torno a la conservación y la gestión de recursos (Gajardo y Ther-Ríos 2011; García-Allut 1999).

Considerando lo mencionado hasta aquí, se plantea la relevancia del análisis de la espacialidad de la pesca artesanal, pues esta sería uno de los aspectos centrales a considerar en el estudio de la producción social del mar interior de Chiloé, en donde la producción del espacio estaría fuertemente condicionado por un conjunto complejo de escalas, dando cuenta de una espacialidad particular de los territorios pesquero-artesanales y manifestando, al mismo tiempo, la coexistencia de diversas temporalidades en las prácticas de las cuales es escenario.

4. Una definición operacional del paisaje para estudiar el mar interior de Chiloé

Considerando lo planteado en el apartado anterior, el mar interior de Chiloé se constituiría como un territorio pesquero-artesanal, marcado por el devenir de la relación histórica entre sus comunidades y los recursos pesquero-artesanales, siendo posible identificar en él, diversos paisajes, construidos tanto a partir de la relación cotidiana entre sus habitantes (actantes, recursos, elementos geográfi-co - naturales) y el medioambiente, como a través de la institucionalidad en torno a la gestión de recursos marcados por una planificación exógena a lo local.

En cuanto a una definición de paisaje que sirva para los fines del presente artículo, el derrotero del concepto y categoría de paisaje es extenso, no pudiendo ser sintetizado en la amplitud del presente trabajo; de la misma forma, la utilización de una sola definición ya sea clásica o (pos) moderna, para el estudio del sistema pesquero artesanal en el mar interior también se presenta como una tarea compleja. Por esto se propone una definición amplia de paisaje que considera algunas nociones ya mencionadas en el presente trabajo y que busca integrar la dimensión tanto espacial como temporal a la conceptualización de paisaje para el estudio del sistema pesquero-artesanal en el mar interior de Chiloé. En síntesis, el paisaje se entenderá como una matriz estética y cognitiva, subjetiva e intersubjetiva. De carácter multitemporal; pasado-presente-futuro unidos a un tiempo. Memorias, huellas, proyecciones, reveladas de forma diferenciada; constituyendo un epifenómeno de procesos de interacción espacial entre humanos y no-humanos que el sujeto percibe y aprende a decodificar en el habitar cotidiano, en la lenta sedimentación de la experiencia.

Esta noción implicaría el estudio de las variables espaciales y temporales (más asociadas a la memoria que a la historia) de las prácticas pesquero-artesanales, al tiempo que plantea la consideración de dimensiones diferenciadas de la relación humanos-no-humanos en torno al paisaje.

En primera instancia, el paisaje como “Una matriz estética y cognitiva, subjetiva e intersubjetiva” implica que este sea develado en forma de percepción visual, pero también involucrando un proceso cognitivo ligado al aprendizaje de los elementos naturales en torno a la práctica pesquera-artesanal. Tal aprendizaje, sobre los elementos naturales para el desarrollo de su práctica es patente (e imprescindible) en los pescadores artesanales (García-Allut 1999), aprendizaje que se daría en relación a las prácticas cotidianas, con lo cual más allá de un paisaje físico configuraría un paisaje de la cotidianidad, de la experiencia.

En cuanto a la experiencia, ésta no solo se refiere a estímulos visuales sino también implica una total activación de los sentidos, lo que abre la necesidad de pensar en estos más allá del sentido visual involucrando, por ejemplo, el oído y el olfato, como formas de aprehensión de las características del ambiente, configurando un conjunto de cualidades perceptivas que configurando al cuerpo como un verdadero aparato tecnológico-fisiológico (Florido del Corral 2002). Así, puede ser necesaria la utilización de aproximaciones ligadas a una fenomenología corporizada para el tiempo y el paisaje (Bender 2002).

Por otra parte, la codificación de los elementos naturales, mediados por el aprendizaje, es decir, un proceso cognitivo más que perceptivo, llevaría a configurar diversos mindscapes los cuales involucran todas las relaciones ecosistémicas que permiten al sujeto cognoscente percibir (como proceso pre-cognitivo) el paisaje (Forte 2002).

Estos mindscapes, estarían ligados a diferentes paisajes cotidianos, siendo la cotidianidad la “realidad” fundamental que le da al sujeto la conciencia de sí mismo y sus actos, por lo tanto:

(es)“el mundo de la experiencia (el) que, mediante nuestra autoconciencia, vemos como bajo nuestro control y a la vez como conformado, e incluso determinado, por fuerzas y acontecimientos fuera de ese control” (Eyles 1898: 102)

Esto último se relaciona con la tensión latente entre los espacios normados y los espacios vividos presentes en las sociedades litorales pesquero-artesanales (Ther Ríos 2012). Lo mencionado se vuelve aún más patente al considerar a la pesca artesanal como un sistema de producción ligado a un modo de vida (Bugueño-Fuentes, 2018a) y un fenómeno humano (McGoodwin 2002).

De esta forma, una manera de aprehensión de tales dinámicas y procesos implicaría el análisis de las formas de objetivación, subjetivación y la transmisión de aprendizajes e innovaciones entre los pescadores-artesanales.

Así, para analizar el paso de la dimensión perceptual hacia la dimensión cognitiva del paisaje en los pescadores artesanales, se considera imprescindible la determinación de elementos del ambiente, socialmente constituidos e individualmente constitutivos de la racionalidad pesquera artesanal.

La definición, en su segunda parte, al plantear al paisaje como una entidad de carácter multitemporal; (en donde) pasado-presente-futuro (están) unidos a un tiempo (y) memorias, huellas, proyecciones (son) reveladas de forma diferenciada, implica la coexistencia de diversas temporalidades en permanente relación en el sistema pesquero-artesanal.

La pesca artesanal está influenciada por la distribución y el comportamiento de las poblaciones de recursos marinos, las cuales tienen ciclos de reproducción, tasas de crecimiento y tiempos de vida diferenciados que los pescadores artesanales deben asimilar en sus prácticas cotidianas (Verones et al. 2017; Villanueva-Rey et al. 2018); y además, convive con actividades como la acuicultura de gran escala que pretenden, pudiendo hacerlo, modificar los ciclos naturales de los recursos hidrobiológicos.

Así también, el sistema pesquero artesanal debe cohabitar en el mar interior de Chiloé con patrones específicos de producción territorial, a través de redes de asentamientos, itinerarios, trayectorias y áreas de pesca y zonas de fondeo que resultan en formas de ocupación del espacio y cohabitación de actantes diversos y, en muchos casos, la generación de conflictos territoriales, los cuales, además, se ven condicionados con episodios físico-naturales nocivos como florecimientos de algas nocivas, como el caso de la marea roja cuyo mayor episodio reciente tuvo lugar el año 2016 en el archipiélago de Chiloé, en específico en su mar interior (Cabello y Godfrey 2016; Madeira 2016).

El sistema pesquero artesanal existiría en relación con elementos territoriales que han marcado el devenir del mar interior de Chiloé y las prácticas que en él tienen y han tenido lugar. Así también, los asentamientos en el mar interior dan cuenta de una marcada evolución en torno a su ocupación muy conectada con la expansión de sistemas productivos explotadores de recursos marino-pesqueros, tal como se puede apreciar en el trabajo de Bugueño-Fuentes (2018b).

El territorio es contenedor de huellas (territoriales) que representan diversos imaginarios del desarrollo (Aliste 2011) con paisajes particulares, a la vez que imbricados; de la misma forma, el paisaje, como condensación de lugares, puede ser un reservorio de memoria colectiva, aglutinando capas materiales experienciales (Skewes et al. 2011), al tiempo que se presentaría como la materialización del tiempo percibido (Bender 2002). Esta concepción de paisaje, como la materialización del tiempo percibido, alude por ejemplo al fenómeno del paisaje como un conjunto de lugares unidos por trayectorias y narrativas, ambas categorías que llevan implícita la noción de temporalidad (Tilley 1994).

La memoria jugaría un rol relevante, y más aún, la transmisión de las historias que dan cuenta del pasado de las sociedades; tal como un cuento se va desarrollando de acuerdo con el avance del lector por sus páginas, el paisaje se desenvuelve a ojos del ser humano a través de los procesos de movimiento, los cuales se basan en la conexión entre lugares. En este sentido, uno de los primeros pasos para la construcción de un lugar es el nombrarlo; la toponimia sería una apropiación primitiva del espacio a partir de “lugarizaciones”, iniciando el proceso de construcción simbólica de espacios, toda vez que luego estos lugares son conectados, generando, y siendo generados a partir de trayectorias que, además, se enlazan a la memoria y al tiempo. Así, los lugares son constructores “de sentido” y de arraigo en las localidades, éstos serían los que permiten la “lectura” y decodificación del paisaje a los seres humanos para saber la manera correcta de moverse entre ellos y así también para actuar dependiendo de las características intrínsecas de los espacios locales en los que se encuentran, tal como es el caso de las sociedades cazadoras-recolectoras (Tilley 1994).

El abordaje investigativo de esta dimensión del paisaje se debería basar fuertemente en la determinación de puntos nodales, centrífugos y centrípetos, que “concentran” y “expulsan” la espacialidad de las prácticas pesquero-artesanales, dando forma a procesos de lugarización; de la misma forma, la construcción de mapas de continuidad y cambio, reveladores de configuraciones territoriales del pasado y presente se torna relevante toda vez que son capaces de dar cuenta de las dinámicas históricas de la relación entre pescadores artesanales y su ambiente y otras actividades presentes en el mar interior. La construcción de escenarios y narrativas de pasado, presente y futuro permitirían avanzar hacia la dimensión interpretativa del paisaje, a través de su vínculo con la historia y la memoria de los lugares analizados y sus impulsos territoriales vinculados al futuro del sistema pesquero-artesanal.

Por último, al considerar, para el caso del sistema pesquero-artesanal, al paisaje como epifenómeno de procesos de interacción espacial entre humanos y no-humanos que el sujeto percibe y aprende a decodificar en el habitar cotidiano, se debe considerar los efectos que la tecnologización de las prácticas pesquero-artesanales, promovida estatalmente a través de sus diversas instituciones (Pinedo y Soria 2008), ha tenido sobre la relación de los pescadores con su ambiente. Se constata una tendencia clara desde el Estado y el mercado hacia la modernización/tecnologización de la pesca artesanal, lo cual se contrapone a sus formas tradicionales, basadas en la trashumancia con lógicas de caza y recolección, basadas en el uso de la técnica por sobre la tecnología. La tecnología establece las condiciones epistemológicas para el control de la naturaleza, maximizando la distancia entre naturaleza y sociedad; por contraste, a través de sus herramientas y técnicas, los cazadores-recolectores buscan minimizar esa distancia llevando la naturaleza al mundo de las relaciones sociales (Ingold 2000).

La tecnología se basa en el control de la naturaleza, lo cual, por ejemplo, se contrapone a la idea de técnica en las sociedades cazadoras-recolectoras, las cuales “en vez de intentar controlar la naturaleza... se concentran en controlar su relación con ésta” (Ridington, 1982: 471 Cit. en Ingold, 1990). La noción de técnica relacionada con habilidades, capacidades de sujetos humanos particulares y la tecnología, como un cuerpo de conocimiento objetivo generalizado, en tanto es susceptible de aplicación práctica, nos hace dar cuenta del contraste inherente a éstas, siendo conceptos y formas de acción en el mundo que, aunque no incompatibles, ciertamente generan tensiones y tienen manifestaciones espaciales diferentes e incluso divergentes (Ingold 1990).

Tanto la técnica como la tecnología imprimen características particulares al paisaje, a través de las formas de apropiación del espacio que éstas implican en las sociedades humanas. La técnica se asociaría a ideas de paisaje en donde el ser humano está imbricado en él, en sus pliegues, y desarrolla formas de experiencia humana espacial, en una relación dinámica entre sujetos humanos y no-humanos; mientras que la tecnología se manifestaría en formas de dominación humana sobre la naturaleza, dando lugar a paisajes artificializados. Al estar la técnica incrustada en, y ser inseparable de, la experiencia de los sujetos particulares, esta juega un rol central en la construcción de espacios, lugares y paisajes.

En otra arista de la relación humanos-no humanos, se estima relevante para el caso de estudio, el considerar que:

“la experiencia geográfica del espacio se da primero en un impulso, más exactamente en un movimiento lanzado desde un lugar. Ese movimiento dibuja literalmente el espacio y es sobre dicho movimiento que se edifica la existencia humana” (Besse 2010:10).

Esto, tiene una profundidad ontológica en relación con el paisaje ya que este sería producto y productor de movilidad que en el caso de la pesca artesanal daría lugar a itinerarios, trayectorias y lugares de connotación cotidiano-productivas que deben ser aprehendidos investigativamente al momento de reconstruir el sistema pesquero-artesanal en el mar interior. El paisaje no es un cuadro, una representación, como era entendido en su nacimiento post-renacentista; la idea de establecer una distancia con el espacio para poder apreciar el paisaje implica una separación sujeto-objeto ampliamente controvertida en las ciencias sociales; la noción de paisaje como un despliegue de distancias y orientaciones que invitan al movimiento implica adoptar una imbricación entre sujeto y objeto en una relación recursiva, lo cual trae consigo implicancias teóricas y metodológicas al momento de estudiar la espacialidad de las prácticas humanas o los fenómenos geográfico-humanos que dan forma a, y actúan sobre, paisajes diferenciados, diversos y particulares.

La aprehensión de esta última dimensión del paisaje implicaría la modelación de estructuras de interacciones entre actantes y análisis de redes sociotécnicas y sociotecnológicas, que conformarían la estructura relacional del sistema pesquero-artesanal; y la determinación de procesos de interpretación y decodificación de elementos naturales asociadas a conocimiento ecológico local (LEK) y tradicional (TEK).

5. Conclusiones

Bajo la noción de paisaje desarrollada en el presente trabajo, toda Geografía Humana que considere el paisaje no tan solo como un inventario abstracto de elementos representativo de determinada cualidad del territorio debiese ser una Geografía Histórica; pues el paisaje es proceso, es tiempo materializado y deviene de la lenta sedimentación de la experiencia, de la relación ser humanos-no humanos.

La definición amplia planteada en el presente trabajo fue realizada pensando en el contexto del sistema pesquero-artesanal del mar interior de Chiloé, sin embargo, al ser un constructo, pudiese ser modificada o ampliada y ser trasladada para el estudio de sistemas pesqueros en otros contextos geográficos. De la misma forma, se cree que la amplitud de la definición puede dar lugar a que su utilización exceda las fronteras de los estudios relacionados con la pesca artesanal. Se considera, además, la necesidad de incluir la noción de escala, tanto para el afinamiento de la definición como para su aprehensión metodológica, la cual además debiese tener las características de un cuerpo metodológico basado en técnicas diversas pero complementarias.

El estudio del Sistema pesquero-artesanal en el mar interior de Chiloé, a través del paisaje como herramienta histórico-geográfica, aparece como una herramienta capaz de dar cuenta de la historia espacial del sistema pesquero-artesanal, lo cual permitiría sustentar una base de análisis interpretativo para diversas problemáticas ligadas a la pesca artesanal y a la apropiación, uso y manejo de recursos pesquero-artesanales.

El marco teórico-metodológico presente, permitiría avanzar hacia la reconstrucción de una historia espacial para analizar el presente y, desde ahí, pensar un futuro para la pesca artesanal, sus prácticas y la sustentabilidad de los recursos pesquero-artesanales en el mar interior de Chiloé.

Material suplementario
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Notas
Notas
1 Según Dardel (1952), la geograficidad sería la relación existencial que se establece entre el ser humano y su hábitat.
2 Dentro de la “Teoría del Actor Red” de Bruno Latour, los actantes pueden ser seres humanos, organismos o cosas.
* Realizado en el marco de Tesis Doctoral Programa de Doctorado en Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago.

Figura 1.
Localización mar interior de Chiloé
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