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Entre Individualismo y Contigencias: adolescencia OnLife y Participación Ciudadana*
Annachiara Del Prete; Natalia Francisca Vallejos Silva
Annachiara Del Prete; Natalia Francisca Vallejos Silva
Entre Individualismo y Contigencias: adolescencia OnLife y Participación Ciudadana*
Between Individualism and Contingencies: adolescence On Life and Citizen Participation
Revista Austral de Ciencias Sociales, vol. 40, pp. 145-159, 2021
Universidad Austral de Chile
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Resumen: El trabajo presenta los resultados de una investigación sobre qué tipo de ciudadanía y de participación ciudadana se configuran a partir de las relaciones que las y los adolescentes mantienen en las redes sociales virtuales. Para la construcción e interpretación de los datos se ha empleado una metodología mixta y una epistemología hermenéutica y feminista. Junto con comprobar la dimensión ‘OnLife’ en la que habitan las y los adolescentes, entre los hallazgos de este estudio se destaca una tensión entre lo que caracteriza la construcción de un sentido de lo común y subjetivo-relacional, y lo que caracteriza su participación política y construcción de comunidad.

Palabras clave:ciudadaníaciudadanía,democraciademocracia,neoliberalismoneoliberalismo,adolescentesadolescentes,politización subjetivapolitización subjetiva.

Abstract: This article presents the results of an investigation on what type of citizenship and citizen participation are configured by the relationships that adolescents maintain in virtual social networks. For the construction and interpretation of the data, a mixed methodology and a hermeneutic and feminist epistemology have been used. In addition to verifying the “online” dimension in which adolescents live, this study’s findings include a tension between what characterizes the construction of a sense of the common and subjective-relational and what characterizes their political participation and community building.

Keywords: citizenship, democracy, neoliberalism, adolescents, subjective politicization.

Carátula del artículo

ARTÍCULO

Entre Individualismo y Contigencias: adolescencia OnLife y Participación Ciudadana*

Between Individualism and Contingencies: adolescence On Life and Citizen Participation

Annachiara Del Prete
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Natalia Francisca Vallejos Silva
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Revista Austral de Ciencias Sociales, vol. 40, pp. 145-159, 2021
Universidad Austral de Chile

Recepción: 15 Marzo 2020

Aprobación: 26 Abril 2021

Financiamiento
Fuente: Proyecto Fondecyt
Nº de contrato: 1160391
Financiamiento
Fuente: Proyecto PIA CIE
Nº de contrato: 160009
1. Introducción

Existen distintas posturas (netópica y distópica) respecto a la influencia de las tecnologías en la vida de las personas, así como en su vida social y, en particular, se carece de consenso entre las y los autores sobre el valor que aportarían a la política el uso y las relaciones que las y los adolescentes establecen a través de los medios digitales (Patten 2013; Segerberg y Bennett 2011). Sin embargo, no se puede refutar el hecho de que estos medios forman parte importante del paradigma cultural vigente y, por lo tanto, hay que tenerlos en cuenta en los estudios académico-científicos, así como en los programas políticos y educativos, sin subvalorar el impacto que los mismos presentan a nivel de la significación de lo político y las subjetividades.

La investigación, cuyos resultados aquí presentamos y discutimos, ha querido centrarse en comprender qué tipo de sujeto, qué tipo de ciudadanía y de participación ciudadana -entendida como implicación cívica- se configuran a partir de las relaciones que adolescentes, entre los 12 y los 18 años, mantienen en las redes sociales virtuales. Al mismo tiempo se ha querido reflexionar sobre la construcción de los sujetos ‘conectados’ y su ser ciudadanía, en una realidad ya no binaria (on-line off-line) y paralela, sino completamente integrada, en la cual las distinciones entre vida en línea y fuera de línea, se vuelven supuestas, fluctuantes e inciertas. Esta realidad, que a partir de este momento nombraremos ‘OnLife’, siguiendo la definición del filósofo italiano Luciano Floridi (2015), inevitablemente transforma los paradigmas de significados, tanto del sujeto, como de las relaciones y de la construcción de lo común.

2. Reflexiones previas

Antes de adentrarnos en el análisis de qué tipo de sujetos, qué tipo de ciudadanía y de participación ciudadana se configura a partir de las relaciones que las y los adolescentes mantienen Onlife, consideramos necesario reflexionar respecto a la discusión político-teórica que identifica distintas definiciones de comunidad. La primera es una concepción clásica, heredada de la modernidad esencialista como una identidad cerrada (Esposito 2007, 2012) que interpreta los sujetos desde la homogeneidad y que se refuerza, en los Sistemas Neoliberales, a través de la propuesta de un individualismo destinado a autosatisfacer sus necesidades, sobre las bases de los deseos individuales creados por el mercado.

Otra concepción, que compartimos, comprende la comunidad como proceso que se forja a partir de las diferencias, la carencia y el conflicto propio de la diversidad; una comunidad que forma parte del ejercicio democrático, entendido como la práctica de diálogo y no como modelo de gobierno (Castoriadis 2007). Este segundo enfoque posibilita comprender las ciudadanías en una forma compleja y multidimensional, arraigadas en diferentes contexto históricos e inmersa en diversas posiciones del sujetos, así como en diferentes relaciones sociales (Eckstein y Wickham-Crowley 2012; Kabeer 2005), de género, culturales, laborales, religiosas, etc.; y al mismo tiempo, permite la interpretación de las necesidades (Fraser 1989) que, desde abajo, “critican la apelación al mercado como único regulador de las políticas” (Di Marco 2011:186).

Profundizando en el concepto de ciudadanía y práctica democrática, pronto se revela la paradoja de la situación política actual que, según muchos y muchas analistas, se estaría viviendo en los gobiernos democráticos (Astelarra 2003; Bokser Liwerant 2019; Di Marco y Tabbush 2011; Quiroz Gómez 2018). A continuación, nos referiremos, en particular, a dos aspectos que demostrarían esta paradoja. El primero es el creciente desinterés de la ciudadanía hacia la política gobernativa -importante abstención electoral, deslegitimación de los actores políticos e institucionales. Lo segundo es la creciente participación e incidencia de esta misma ciudadanía en la construcción, reconfiguración y gestión de lo ‘común’, a través de la ‘ocupación’ de lo político1 -asociacionismo, movilizaciones, crisis de gobierno, paros, propuestas de políticas económicas y medioambientales alternativas etc.-.

En otras palabras, si por un lado la democracia parece consolidarse, por lo menos en nuestro entorno cultural, como la mejor forma de organizar nuestras vidas político-institucionales, esta consolidación aparece acompañada, según Astelarra (2003), en primera instancia, por una crisis de la política en su dimensión de creadora de proyectos colectivos, que motiven y movilicen la población; por un alejamiento de la ciudadanía de las organizaciones políticas; por una extrema burocratización de las instituciones del Estado, que aparecen como lejanas y poco vinculadas a los problemas cotidianos; y, no por último, por la corrupción en el manejo de los organismos estatales.

No cabe duda que, si se acepta la distinción realizada por Sartori (1987), entre democracias reales y democracia ideal, el déficit democrático -distancia entre el nivel de democracia deseado y el nivel de democracia percibido (Norris 2011)- es simplemente inevitable. Siempre existirá una distancia entre la democracia como es y como quisiéramos que fuese. A nuestro entender, sería necesario, para una comprensión más profunda del déficit democrático y de su reflejo en la participación ciudadana, redefinir las categorías interpretativas del concepto de ciudadanía en cuanto este, en sí mismo, es controvertido.

Lo que está siempre en juego en el experimento democrático y en la definición de ciudadanía es la cuestión de:

en qué medida y de qué forma el deseo privado, puede ser soportado como necesidades colectivas; y qué se puede considerar deseable a nivel colectivo, dada la pluralidad de necesidades individuales y los recursos siempre limitados (Biesta 2016:29).

Al mismo tiempo, lo que está en juego es la capacidad de orientar el experimento democrático hacia las cuestiones de lo público –la res publica- y, de este modo, desdibujar las fronteras entre público y privado (Astelarra 2003; Di Marco y Tabbush 2011; Mora et al. 2018), para alcanzar la democracia radical, es decir, una democracia donde la economía esté al servicio del bienestar social, donde los medios digitales sean pensados para hacer frente y reparar el desastre ambiental que hemos provocado y un amplio etcétera.

En este contexto, los debates teóricos, sobre todo durante los años noventa, se centraron en observar y analizar la ‘ocupación’ que hacían las políticas neoliberales, de la democracia y de la ciudadanía; esto, considerando que, a lo largo de los 80, los Sistemas Neoliberales conquistaron el planeta en calidad de regímenes de acumulación flexible y de nueva fase del capitalismo globalizado.

Esta nueva fase del capitalismo, según Harvey (2013), puede ser básicamente entendida como el ‘camino’ de una ofensiva generalizada de las clases dominantes sobre el trabajo, para recomponer la tasa de ganancia tanto a niveles globales como locales.

De esta forma, las políticas neoliberales desplegaron una concepción minimalista del Estado y de la democracia, cuya noción de ciudadanía respondía a la idea de la “inserción individual en el mercado y al cumplimento de los deberes políticos, con un mínimo asegurado de derechos civiles” (Di Marco y Tabbush 2011: 63).

En el nuevo régimen de acumulación, la integración social es sacrificada en favor de la integración sistémica; es decir, se priorizaron los requerimientos funcionales de la acumulación capitalista en detrimento de la cohesión social. La ciudadanía se restringe y se hace patente solamente a través de un mejoramiento en la posición de los individuos al interior del sistema económico, al interior del sistema de mercado. Esto quiere decir que la ciudadanía ha perdido su relación con la producción de bienes colectivos y, por lo tanto, con los derechos también colectivos, entrando en un estado de ciudadanía mínima (Quiroz Gómez 2018: 171).

Vemos así como el Sistema Neoliberal se fundamenta en la “tesis de la incompatibilidad, entre el interés individual y el interés social, que asume, en sus versiones más extremas, la forma de un verdadero antagonismo” (Gentili 1998 en Domenech 2007: 67). De este modo, atendiendo a la función y no al agente que la desempeña:

La “res publica” y la política no viene entendida “como la dimensión en que, reclamamos la posibilidad de someter a discusión y decisión, las cuestiones que nos afectan, sino como una especie de empresa de producción de bienes públicos, o de banco que financia (Atria 2019: 59).

En esta lógica, el acceso a cierto número de bienes y servicios ya no se considera vinculado a los derechos derivados de la condición de ciudadano o ciudadana, sino como resultado de una transacción entre una prestación y un comportamiento esperado o con costo directo para la/el usuaria/o. En este contexto, la participación ciudadana, la ciudadanía-consumidora, ya no es llamada a juzgar las instituciones y las políticas de acuerdo con el interés de la comunidad, sino en función tan sólo de su interés personal, trasformando radicalmente tanto la definición de sujeto político (Díez Gutiérrez 2015), cuanto la de sociedad que, a su vez, se vuelve “hedonista y de carácter utilitarista, al mejor estilo clásico, donde cabe, como deseable, que los individuos actúen por inclinaciones individuales” (Valverde 2014: 33).

3. El gobierno de las conductas y las conductas en las contingencias

Los mecanismos culturales neoliberales han podido impregnar las mentalidades con sus valores en un proceso que se acerca mucho a la governmentality, analizada por Foucault (1991):

al gobierno de las conductas que lleva a la aprobación del individualismo, de las normas del mercado, del culto a la eficiencia, para terciarizar servicios recubiertos en un discurso de empoderamiento y autogobierno de los actores (Di Marco y Tabbush 2011: 12).

Ya no se trata de ejercer el poder mediante la coacción sobre los cuerpos, los pensamientos y los comportamientos, sino que debe acompañarse del deseo individual. La finalidad del ser humano se convierte en la voluntad de realizarse uno mismo frente a los demás (Díez Gutiérrez 2015). Estamos, según Valverde:

Ante una sociedad donde se pide el enaltecimiento de opiniones y gustos individuales, tenidos como supremos, en un modelo mercantil que no depende de uno mismo y de sus capacidades creativas, sino a partir de lo que hagan de él la sociedad de consumo, el mercado y el sistema económico (Valverde 2014: 36)

Sin embargo “más que cualquier otro régimen político, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos” (Sartori 1991 en Cox et al. 2014: 2). El constante desarrollo histórico del sistema democrático, y de la acepción de ciudadanía, alternan a las fases de consenso, momentos de rupturas. Esta ruptura se da, en primera instancia, en la (re)construcción de las y los sujetos, de los Sistemas que, bajo el lema democrático, intentan redefinirlo en función y a resguardo de su hegemonía.

Como hemos visto anteriormente, existe una tensión entre ciudadanía entendida desde identidades cerradas y homogéneas, y ciudadanía entendida desde diversidades en dialogo. Esta tensión marca la construcción de las identidades sociales -individuales y colectivas-, así como influye en la producción de su ‘sentido de lo común’. Las y los actores sociales participan en conflictos de sentido, negociaciones y disputas, que son parte del mismo proceso constitutivo. En el mundo contemporáneo esto ocurre siempre más a escala mundial o, cuanto menos, a escalas transnacionales; es decir que los procesos sociales y su creación de lo común, atraviesan las fronteras internacionales, lo cual difícilmente permite calificarlos y desterritorializarlos (Eckstein y Wickham-Crowley 2012). En estos procesos la participación ciudadana se caracteriza por sus numerosas variedades de acciones, muchas de estas realizadas, más que en las urnas, en un contexto informal (fuera de las instituciones y/o vinculadas a estas, mediante prestación de servicios) y, por su carácter de incidencia y visibilidad, en las agendas políticas.

Esta última característica, en particular, se mueve entre estados latentes, donde el activismo en asambleas, asociaciones -de vecinos, estudiantes, mujeres, inmigrante-, fundaciones, ONGs, etc., se (auto)invisibiliza y no presenta fuerte incidencia en las políticas públicas; y estados de ‘contingencias’ -socio-político-cultural-, en los cuales se observa y expresa una clara, (híper)visible y no convencional, politización de la ciudadanía (PNUD 2015), con una fuerte incidencia en el sistema de gobierno. Es en este contexto, que Young (1990) desarrolla el concepto de ‘ciudadanía diferenciada’ o ‘política de grupos diferenciados’, en el cual enmarca la integración ciudadana de diversos colectivos, generalmente silenciados en el experimento democrático, como lo son las mujeres, las y los inmigrantes, las y los desempleados y las y los jóvenes y adolescentes, etc.

Para nuestro estudio es importante señalar cómo esta ciudadanía diferenciada, en particular en ‘las contingencias’ y en alianza con las redes sociales, se vuelve la punta de lanza en la promoción de debate, de reflexión y de cambios socio-político-culturales. Parece que a través de ‘las contingencias’ la ciudadanía diferenciada logra abrirse espacios de praxis en la arena política hegemónica, debatiendo, entre otros, los cimientos del mismo concepto de ciudadanía, a través de la reivindicación de otro concepto que se ha vuelto urgente: el de dignidad. De esta manera se asiste a la trascendencia de lo político (PNUD 2015), entendido como la capacidad de los y las ciudadanas para deliberar socialmente, sobre la política como expresión institucional.

4. Enmarcando la participación ciudadana adolescente

Es entre estas tensiones constantes y renovadas de los procesos democráticos y de construcción del sujeto que hay que enmarcar la comprensión sobre el tipo de ciudadanía y de participación ciudadana que se configura a partir de las relaciones que las y los adolescentes mantienen OnLife. Otra premisa ha de ser su identidad genérica, en cuanto numerosos estudios (Ayala 2014; Astelarra 2003; Bokser 2019, Fraser 1989; Di Marco y Tabbush 2011) nos advierten de los errores de interpretación que pueden surgir si comparamos, globalmente, hombres, mujeres y ‘otras’, como colectivos homogéneos.

En el caso de las tasas de participación política de hombres y mujeres, en particular, los resultados suelen indicar una amplia diferencia en favor de los hombres; sin embargo, los mismos cambian sustancialmente si se comparan subgrupos de dichos colectivos, encontrando que muchas diferencias desaparecen.

Otro aspecto que, inevitablemente, hay que tener en cuenta, es el contexto interplanetario y su intersección con el contexto nacional, en el cual los y las adolescente se educan, crecen y relacionan.

El caso específico de Chile, contexto nacional de este estudio, representa, según Manuel Gárate (2012), una variante extrema del liberalismo económico que ha llevado a la sociedad a sufrir un importante déficit democrático. Heiss intenta explicar, al menos en parte, este déficit democrático:

por la permanencia de instituciones diseñadas para dar la espalda a las preferencias políticas de la mayoría y consagrar el poder de veto de los herederos ideológicos de la dictadura militar (2017:12).

Las experiencias de movilización social que se están dando en Chile, de manera siempre más intensificada, en particular en los últimos diez años (Gaudichaud 2015) y que han protagonizado el Estadillo social, ya conocido como la Primavera Chilena del 2019, se han caracterizado por la masividad de las movilizaciones callejeras y el amplio descontento expresado por estudiantes, organizaciones sociales y ciudadanas/os de a pie, quienes exigen soluciones a múltiples demandas, entre las que destaca el endeudamiento insostenible de millones de personas. Esta crisis del Sistema interpela no solamente a las estructuras de la institucionalidad, sino a las conciencias, reclamando consenso y coherencia sobre determinados valores, considerados ‘básicos’, y a las prácticas políticas. Es así que, como voces de la ciudadanía diferenciada, los y las adolescentes de Chile han tenido y se han ganado a pulso el espacio en el proceso de democratización nacional, enfrentándose al adultocentrismo (Vásquez 2013) y androcentrismo de un sistema democrático y Neoliberal.

La adolescencia es considerada como un periodo vital complejo, constituido por la adquisición de una maduración emocional y cognitiva y por las variaciones físicas y biológicas (Bjorklund y Hernández-Blasi 2015). Este es un proceso en el trascurso del cual se adquieren e interiorizan nuevas creencias, así como “patrones relacionales y culturales propios de la sociedad a la que perteneces o con la que te identificas” (Peterson y Bush 2014 en Carbonell y Mestre 2019: 61). Se hace así necesario intentar conocer y caracterizar sus prácticas relacionales y políticas desde perspectivas alternativas. Esto último sobre todo a la luz del proceso de conformación y reconformación de identidades individuales y colectivas que, de manera siempre más masiva, se realiza en un espacio OnLife, en el cual las distinciones supuestas entre vida en línea y fuera de línea se vuelven fluctuantes e inciertas.

Las alianzas que llegan a formar entre los medios y nuestro sistema de vida y de gobernanza, son infinitas y sus propósitos pueden ser igualmente variados. Por ejemplo, si consideramos las alianzas que se pueden establecer tan solo entre las redes sociales, la tecnología y el poder (Arcos et. al 2006), nos daremos cuenta de que sus propósitos puedan podrían apuntar tanto a ser sofisticadas herramientas de control y abuso para ejercer el poder y la violencia contra los y las adolescentes, contra mujeres, contra homosexuales y transexuales, o contra cada persona que se aparte de una normatividad androcéntrica y neoliberal (Del Prete y Redón Pantoja 2020); como también podrían apuntar a hacer posible un nuevo marco de definición identitaria, de reivindicaciones sociales, individuales y colectivas amplificando las voces y las experiencias, de nuevos tipos de sujetos globalizados y de actores políticos hasta ahora posiblemente sumergidos e invisibilizados. Es probablemente por este último aspecto que las redes sociales, entre las y los jóvenes y adolescentes, están adquiriendo siempre más legitimización como plataforma política (INJUV 2017), en cuanto les permite conocer y dar a conocer sus demandas e incidir de forma directa en las decisiones del Estado.

Respecto a la participación ciudadana en Chile, se observa cómo las y los adolescentes, en particular, se han alejado cada vez más de los espacios electorales y no confían en que los partidos políticos y el sistema representativo sean capaces de responder a sus inquietudes y necesidades. La desconfianza con la política gobernativa promueve, parafraseando a Quiroz Gómez (2018), la desafección hacia la participación ciudadana mínima. Sin embargo, en los últimos años se puede observar el alza en la participación social y comunitaria en distintos tipos de organizaciones, así como en la creación de nuevos espacios OnLife de participación ciudadana que impulsan los cambios que ellos y ellas creen que la sociedad necesita (INJUV 2013).

Generalmente las reivindicaciones y las estrategias de concentración y protestas siguen las movilizaciones globales, con aspiraciones más bien genéricas y universalmente compartidas, tales como los derechos humanos o la defensa del medio ambiente (CEPAL y OIJ 2004), y se desarrollan al margen de los espacios tradicionales de participación, hecho que ha contribuido a la generación de una profunda crisis de representatividad y legitimidad del sistema democrático (Heiss 2017; PNUD 2015).

Hemos de reconocer el cambio generacional profundo en los estilos de ciudadanía que parecen ocurrir en diverso grado en las democracias postindustriales. El núcleo de este cambio es que los jóvenes están mucho menos dispuestos a suscribir la idea de que ciudadanía supone una cuestión de deberes y obligaciones, tal como han mantenido las generaciones anteriores (Bennett, Maton y Kervin 2008:14).

En los argumentos presentados se hace visible la tensión que se advierte en el contexto chileno, en particular, entre el concepto de democracia neoliberal y las reivindicaciones de democratización social, las cuales consideran susceptibles de ser democratizadas, no solo las relaciones sociales que median entre el Estado y la sociedad Civil, sino también aquellas que se establecen al interior de todo tipo de instituciones (Hopenhayn 1993): familia, escuela, instituciones públicas, lugares de trabajo; y en todos los planos: el político, social, cultural y tecnológico.

Las relaciones sociales democratizadas son expresión de las necesidades del pueblo, el cual, en palabras de Laclau (2005) “no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales” (en Flórez 2006: 160); esta relación es la que habita y constituye ‘lo común’ que así entendido es el único modo en el que nos es dado el ser (Esposito 1998).

Según Esposito, cuando se trata de lo común se estaría inevitablemente frente a un “espasmo en la continuidad del sujeto. No podemos decir ‘yo’, sin decir ya ‘nosotros’ (Esposito 1998: 32). Es así, por el efecto del ‘espasmo en la continuidad del sujeto’ que, a nuestro aviso, es posible entender las tensiones entre construcción neoliberal de un sujeto consumidor e individualista y la construcción de una colectividad militantes y antisistema, radicalmente democrática.

5. Metodología

La indagación de campo que ha acompañado la revisión bibliográfica de este estudio ha empleado una metodología mixta. La exploración cualitativa, realizada a través dos grupos focales y 32 entrevistas etnográficas semiestructuradas (Coffey y Atkinson 2003) -12 Mujeres, 20 Hombres; entre 12-18 años; sectores sociales bajo: 15; medio:13; alto:8; Región de Valparaíso Chile-, ha tenido como propósito recoger opiniones, identificar significados y acontecimientos ocurridos en las Redes Sociales Virtuales (RSV), preguntándonos sobre las formas de relación y configuración de lo común.

Los resultados y las categorías emergentes han servido de base para la construcción de indicadores en la elaboración y validación2 de un cuestionario3 , que fue aplicado a 223 estudiantes, con el propósito de lograr mayor alcance en la capacidad generalizadora de los datos producidos, así como cruzar los hallazgos obtenidos de la exploración cualitativa.

5.1. Análisis de datos

La gran cantidad de entrevistas producto del trabajo de campo, se organizaron mediante el software NVIVO.11. La primera instancia analítica se correspondió con un proceso descriptivo de creación de nudos libres sobre el propio discurso de las y los hablantes. En una segunda fase, se organizaron categorías semánticas con mayor énfasis hermenéutico de ramificación deductiva, desde los nudos libres a cinco grandes matrices categoriales: la red como vitrina; gestión del vínculo; plataformas; artefactos; usos.

Para el análisis de los datos cuantitativos se utilizó el SPSS Statistics.25; se realizó inicialmente un análisis exploratorio de los datos, con el objetivo de determinar tendencias respecto a las variables de estudio y caracterizar a las/os participantes. Posteriormente, se realizó un análisis de las puntuaciones, medidas respecto a las dimensiones establecidas en el cuestionario, mediante los estadísticos descriptivos de frecuencias, tendencia central, de dispersión y representaciones gráficas en barras. Al mismo tiempo se realizó un análisis comparativo, a través de la prueba no paramétrica de Kruskal Wallis, de los rangos promedios para varias muestras, sea respectos a las dimensiones medidas por escala, sea respecto a variables de interés, con el propósito de establecer cuáles podrían ser los ítems o dimensiones que marquen una mayor diferencia.

La interpretación y discusión de los datos, así como de los productos discursivos, ha sido enmarcada en una epistemología hermenéutica y feminista, a través de la cual se intenta reflexionar sobre el concepto de ciudadanía, comprendido como un espacio social de convivencia y político de pertenencia, en constante transformación y (re)significación y que, en nuestro caso, se enmarca en un Sistema Neoliberal y Globalizado. Se abordará el análisis de lo público macro social, mediante la categoría de la Democracia Radical (Díez Gutiérrez 2015; Di Marco y Tabbush 2011) la cual implica la democratización tanto de la esfera pública como de la privada.

6. El sentido de lo común, la ciudadanía y la democracia en entornos onlife

Las tecnologías digitales permiten recrear lo privado y lo público en las vidas de las/os adolescentes y, en particular, las RSV se presentan como comunidades establecidas y libres. Éstas se configuran como espacios basados en nodos horizontales, potencialmente distribuidos, de expresión y creación (Baran 1964), por lo que podrían convertirse en espacios de acción política y dinamismo social, bajo los principios de compromiso y de participación (Putnam 2009).

Respecto a la comprensión de las interacciones de las y los adolescentes en RSV, en torno al sentido de lo común, la ciudadanía y la democracia, desde el análisis de los discursos, se observa que lo común virtual no responde necesariamente al concepto filosófico político de lo común como valoración de la diferencia y la alteridad. Ello puesto que se ha constatado, que en las RSV es el sujeto quien gobierna, controla y decide quien pertenece a su comunidad y quién no, aceptando o eliminando a sus contactos y/o seguidores. Bajo esa lógica emergen comunidades dotadas de mismidad, es decir, espacios en los que la “homogeneidad es escogida a mano mediante la selección, separación y exclusión, del otro que es distinto y extraño” (Bauman 2012: 20).

P: O sea que la Plataforma permitiría discutir y no excluir

R: No para discutir, pero excluir sí, porque como dijo usted, al comienzo uno decide quien entra y quién no entra en lo que uno publica; porque si yo no quiero a alguien que esté en oposición a mi ideología, simplemente no dejo que comente (Grupo focal 2.)

Desde esta visión, se observa como principal limitación para la construcción de lo común en las RSV la voluntad real de comprenderse; la conciencia de que el otro y la otra es distinta de mí y que yo debo respetar su alteridad (Redon 2019).

P: Yo tenía unos amigos que hacían eso, nos poníamos un perfil falso y había tres compañeros del curso que eran súper flaites4, nos caían mal a todos […] y los empezamos a molestar, todo el día.

P: Todo el día por la Web

R: Si, hacíamos como ocho mil perfiles para puro insultarlos y molestarlos, porque nos caían tan mal. No sé si es más por miedo o por diversión simplemente nos moríamos de la risa molestándolos, se enojaban y todo el tema, y eso lo seguíamos haciendo […] (Grupo focal 1)

Sin embargo, analizando los datos cuantitativos sobre el nivel y el tipo de participación política y político-comunitaria que se da en las RSV, emergen líneas que demarcan un sentido de lo común y comunidad en construcción y compartido. Esta aparente contradicción entre lo identificado en los discursos y las respuestas obtenidas por el cuestionario se explicaría por la contingencia política que se estaba viviendo en el país durante el trabajo de campo5 y que representa una de las ‘contingencias’ más sentidas en el contexto nacional chileno, en los últimos 40 años.

Los datos nos hablan de diferentes acciones6 participativas OnLife (fuera y dentro de la RSV) y de determinadas temáticas tratadas7 en las discusiones que se siguen en red, que permitirían indagar en un sentido de lo común que estaría en constante (re)generación –mediática-.

En particular, encontramos que el 48% de las y los entrevistados afirman participar en demostraciones públicas, marchas o protestas, lo cual considerando el rango de edad analizado (12-18), si bien no representa la mayoría de la muestra, sí representa un número significativo. Respecto a la participación en alguna acción local por motivos políticos, el porcentaje ha sido del 39% y de un 30% en la participación en alguna organización política o social; mientras que en las asambleas en que se discuten temas políticos un 28%. Se registra una menor participación en el haber estado comprometido/a con algún partido político -11%- y haber escrito una carta a algún medio de comunicación con contenido político -9%.

Interesante es destacar como, del total del universo de muestra femenino, las mujeres que declaran tener compromiso con la ‘política’ representan solo un 33%, frente a un 48% de hombres. Para la lectura de este resultado hay que considerar que el activismo de las mujeres, a lo largo de la historia, se ha caracterizado por su carácter de voluntariado y asociacionismo local, sectores éstos últimos, informales no siempre contemplados en los análisis de prácticas políticas (Astelarra 2003). Este hecho podría causar una (auto) invisibilización de las mujeres como activistas políticas e implicadas en lo político y constitución de lo común. Esto nos hace reflexionar, además, en que la utilización de los estándares masculinos como medida del comportamiento político propone interpretaciones no necesariamente correctas sobre el desinterés de las mujeres por la política y las motivaciones y formas específicas de participación.

De hecho, si comparamos los rangos promedios, los porcentajes de participación política, entre hombres y mujeres, reciben un vuelco interesante. Los datos muestran una equivalencia en las tipologías y características de las acciones cívicas realizadas por las mujeres respecto a los hombres. Así, vemos que en el actuar en protestas contra prácticas del gobierno, las mujeres representan un 53% y los hombres 51%; en realizar acciones para campaña, asociación u organización, se registra un 37% de mujeres y un 32% de hombres. La misma tendencia se observa en las acciones que menos se realizan, entre las cuales, ponerse en contacto con algún partido político o representantes locales (mujeres: 17%; hombres: 14%).

7. Construcción de identidades y mecanismos de socialización en las RSV

Otro aspecto a tomar en consideración en la conformación de participación ciudadana y ciudadanía en el contexto OnLife es, sin duda, la construcción y reconstrucción de las identidades y de las y los sujetos, que allí se realiza. La interacción entre lo individual y lo colectivo en la concepción y representación de la identidad, cobran especial relevancia en el desarrollo madurativo de las y los adolescentes. Para ellos y ellas las RSV se han convertido en un espacio central de socialización (Gértrudix, Borges y García 2017; Castaño 2012), influyendo en la manera de mostrarse al mundo, así como en el desarrollo de sus subjetividades, en constante búsqueda de validación, consenso y aceptación por parte de las otras y los otros (Hawk et al. 2019).

En los discursos analizados se observa cómo el espacio hibrido de socialización de la RSV, abierto y expuesto a la multitud de miradas y comentarios, se convierte en un teatro performativo en el cual el sujeto, lejos de inventarse y experimentar formas de libertad desligada de los mandatos socioculturales, se expone delante una audiencia siempre más exigente, que puede demarcar y limitar sus gestos y opiniones.

Soy bien profunda para mis cosas, pero en Facebook evito serlo porque como es a través de un texto la gente puede interpretar las cosas de distinta manera o sea si yo me pusiera a argumentar o discutir con alguien esta persona se puede pasar veinte rollos8 (Julia 16 años).

Allí puedo ver los comentarios de los otros, ahí puedo ver si le gusto a la gente lo que pensaba, lo que no, si es que no le gustó a la gente lo que yo opino (Jesús 14 años).

Esto condicionaría fuertemente la creación de contenido entre las y los usuarios adolescentes, contenido que estaría prevalentemente vinculado con la mantención de sus cuentas y el compartir y subir fotos (73%) y actualizar estados (66%). Esta preocupación de auto-mejora y auto-afirmación puede provocar un cierto nivel de ansiedad ligada a la auto-presentación para adquirir la validación de otras/os; al mismo tiempo, como efecto de la presión de las/os iguales por sobre la representación del yo, se presentan casos de autocensura forzados por las expectativas de la audiencia y por el temor al otro (Del Prete y Redón Pantoja 2020).

El pertenecer y ser aceptado/a condicionaría además la conformación y selección de quien forma parte de la red relacional -grupos, amigas/os, familiares, comunidad, personajes públicos-. A tal propósito, en nuestro estudio, se destaca que las mujeres se conectan prevalentemente con amigas/os y gente conocida -91% y 85%, respectivamente-, en cambio los hombres, a esta primera selección -amigos/as 82%, gente conocida 74%-, añaden compañeros de juego -69%- y declaran interactuar un poco más con personajes políticos -17%-.

Los datos nos sugieren también una tendencia menor de las adolescentes a ‘confiar’ en la o en lo desconocido y, por ende, a ampliar sus redes de contactos incluyendo la/el anónima/o; esto probablemente se debe a su educación de género y al instinto de autoprotección, necesario en una sociedad que, en no pocas ocasiones, se trasforma en espacio de riesgo, de acoso y de discriminación, especialmente por las identidades que no se reflejan en las normatividades heteropatriarcales.

Uno no sabe qué clase de pervertido sale en las redes sociales que se exponen… (Silvia-15 años-).

Para finalizar, en nuestra investigación se ha podido observar cómo la construcción de las identidades OnLife se relaciona de manera particular con los roles tradicionales de género, lo que parece incidir en el aumento de casos del cyber gender harassment -acoso cibernético de género- (Aguayo 2015; Cifuentes 2018; Esparza, Conde y Campos 2016). Esto ocurre en cuanto estos roles responden a determinados valores y normas socializadas y expandidas desde los espacios off-line a los espacios on-line. Estos últimos se convierten así en lugares donde se lleva a cabo una forma de ‘justicia vigilante’ sobre las conductas que, en ocasiones, vienen sometidas a diferentes formas de ciberviolencia, normalizada e invisibilizada y donde el género adquiere particular protagonismo.

Casos de ciberacoso: claro que se dan […]; yo no es que lo justifique, pero la niña igual es bien fotogénica por decirlo de alguna forma, publica fotos provocativas de alguna forma, o sea ella no lo hace con ninguna intención de llamar la atención de alguien, ya por su cuerpo puede ser, pero... (Leticia-17 años-).

O sea, como que cada cual está libre de hacer lo que quiere con sus cosas, pero creo que habría que tener como más, no sé cuál será la palabra, pero como ser más consciente o algo así; igual cuidarse uno mismo y respetar como su imagen porque por ejemplo igual hay niñas que se sacan fotos mostrando todo yo creo que eso como que no debería ser (Felipe -17 años-).

8. Conclusiones

El hacer político adultocéntrico, economicista y androcéntrico del sistema neoliberal parece no interesar y desalentar a las y los adolescentes chilenos en su implicación al debate y a la acción militante de la política normativa. Esto se refleja en una importante desafección y escasa legitimización hacia la política y el sistema de gobierno con el cual la ciudadanía y, en especial, las y los adolescentes, ya no se identifican. Sin embargo, la relación de la población adolescente con lo político no puede ser comprendida como un problema de despolitización (PNUD 2015), sino que el interés juvenil tiende a desplazarse desde el sistema político hacia lo social. Esta reformulación de la subjetividad política pareciese explicarse por una ciudadanización de la política, es decir, “la recuperación de la política como una capacidad propia de los ciudadanos” (INJUV 2017: 92).

El conocimiento de estas otras formas de subjetividades, organizaciones y acciones políticas permitiría describir la relación entre ‘las’ y ‘los’ adolescentes y la política de forma más completa y nos alejaría de hacer afirmaciones sobre su participación política sólo a partir de las actividades en la organización partidaria.

No es en la política institucional donde se refleja la mejor contribución de la práctica de la ciudadanía (Astelarra 2003) y de la ciudadanía diferenciada, sino en el marco de una democracia entendida como radical, que propicia un activismo y una militancia sentida y compartida. Tal activismo viene amplificado por los medios que, en particular para las y los adolescentes, representan un espacio privado y compartido, donde construirse como sujeto (adulta/o) y construir nuevas formas de relaciones personales y colectivas.

Por los hallazgos de nuestra investigación observamos cómo, por una parte, el ‘ser’ y ‘estar’ en y a través de la red, de las y los adolescentes chilenas/os, está teñido por las marcas características de su etapa de vida (la adolescencia) y que se evidencian en el afán de ser aceptadas/os, admirados/as y finalmente, destacar sobre el/la ‘otro/a’. Por otra parte, se observa como a estas marcas, en las y los adolescentes chilenos, se suman las marcas del individualismo neoliberal que se evidencian en las distinciones según clases sociales, capital cultural, edad, género, etnia, etc. Es así que, inevitablemente, la/el ‘otra/o’ se vuelve antagonista y, como tal, llega a ser seleccionada/o, discriminada/o, atacada/o.

Al mismo tiempo las RSV representan un espacio público (Dalton 2013) en el cual construir(se), conocer, descubrir y experimentar la política y lo político, convirtiéndose en plataformas que no solo superan algunas de las limitaciones del voto, sino que también permiten definir y sumarse a temas de interés, acciones y métodos para influenciar la gobernanza.

La tensión que se advierte entre lo que caracteriza la construcción de un sentido de lo común y subjetivo-relacional y lo que caracteriza su participación política y construcción de comunidad, nos habla de un ‘espasmo en la continuidad del sujeto’ adolescente que influye en la significación de los mismos conceptos de democracia y ciudadanía y que, finalmente, inmersos en un mundo OnLife desdibujan, una vez más, las tradicionales categorías interpretativas. Todo esto desafía las investigaciones empíricas a aplicar, desde una epistemología feminista, nuevas metodologías y perspectivas de análisis; dirigirse a nuevos sujetos de estudios; plantearse nuevas preguntas respecto a lo que entendemos por democracia y, finalmente, apuntar al desarrollo humano, el cual mira a la construcción de sujetos sociales capaces de transformar sus propias vidas y también de contribuir a transformar su entorno (Peña 2007).

El presente estudio contribuye a una comprensión crítica de las características que presentan los procesos de participación ciudadana entre adolescentes, si bien presenta la limitación de no haber podido profundizar en los discursos que se han generado durante y después de la primavera del 2019. Estas profundizaciones a nuestro entender, abrirían interesantes líneas de investigación dirigidas a identificar nuevas categorías interpretativas para conocer y caracterizar la participación ciudadana de las y los adolescentes OnLife.

Material suplementario
Agradecimientos

Se agradece el financiamiento del Proyecto Fondecyt No. 1160391 y del Proyecto PIA CIE 160009, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), Chile.

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Notas
Notas
1 Por “político” se entiende la capacidad de los y las ciudadanas para deliberar socialmente sobre aspectos de la política como expresión institucional (PNUD, 2015)
2 Sucesivamente a una validación por expertas/os de la formulación y consistencia de las preguntas y dimensiones, para evaluar la validez y la confiabilidad de las escalas de medidas, se analizó la consistencia interna y la estructura factorial de escalas, que fueron consideradas en el cuestionario mediante un Análisis Factorial de Componentes Principales con rotación Varimax y el Coeficiente Alpha de Cronbach, que sólo es válido en aquellas dimensiones que utilizan como respuestas variables ordinales y escalas tipo Likert.
3 Unidad de Estudio: se calculó la muestra con un error de estimación del 6, % y un nivel de confianza del 95% lo que dio como resultado una muestra de 226 estudiantes. de los cuales el 69% es representado por mujeres, el 22% es representados por hombre y el 9% es representados por los sujetos que no se adscriben en las anteriores categorías genéricas. Respecto a las dependencias de las escuelas, de las respuestas obtenidas 81 representan escuelas Municipales, 74 Particulares Subvencionadas y 68 Particulares Pagadas.
4 En Chile se entiende “flaite” como una persona con poca educación y vulgar.
5 Las entrevistas fueron realizadas entre abril y septiembre 2018, antes del estallido social de la primavera del 2019. Los cuestionarios fueron distribuidos entre noviembre 2019 y enero 2020.
6 Principales acciones: 52% protestar contra las prácticas del gobierno que no se comparten; 38% participar apoyando en actividades sociales en organización, asociaciones y campañas; 17% contactar a representantes públicos (locales o de gobierno), o partidos políticos, para pedir información o realizar alguna demanda concreta.
7 Entre los principales temas de interés: 82% temáticas asociadas al medio ambiente; 70% temáticas que abordan las desigualdades sociales; 69% equidad de género; 61% cuestiones económicas; 57% cuestiones raciales y culturales; 46% otras temáticas y un 22% cuestiones políticas.
8 El término pasarse de rollo alude a “imaginar problemas o situaciones que no son ciertas”
* Se agradece el financiamiento del Proyecto Fondecyt No. 1160391 y del Proyecto PIA CIE 160009, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), Chile
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