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Edificio UNCTAD III: Construcción y consolidación de un espacio cultural y de sociabilidad popular (1972-1973)

UNCTAD III Building: Construction and Consolidation of a Cultural Space and Popular Sociability (1972-1973)

Yanny Santa Cru
Universidad de Santiago de Chile, Chile
Xaviera Salgado
Universidad Autónoma de Barcelona, Chile

Edificio UNCTAD III: Construcción y consolidación de un espacio cultural y de sociabilidad popular (1972-1973)

Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 42, pp. 129-143, 2022

Universidad Austral de Chile

Recepción: 29 Marzo 2021

Aprobación: 28 Octubre 2021

Resumen: El edificio UNCTAD III fue construido para acoger la Tercera Conferencia para el Comercio y el Desarrollo realizada en abril del año 1972 en Santiago de Chile. Esta construcción, que destacó por su originalidad arquitectónica, estuvo fundamentada en el ideario de cohesión social incorporada en el proyecto sociocultural de la Unidad Popular. En su construcción fue fundamental la participación y compromiso de los obreros, profesionales y trabajadores de la cultura, quienes lograron terminar la edificación en un tiempo récord de 275 días. Tal como había sido concebido en sus orígenes, una vez finalizada la conferencia, el complejo arquitectónico sería utilizado como centro cultural abierto al pueblo. A partir de lo anterior, esta investigación analiza la sociabilidad popular que se generó en las inmediaciones del edificio, tanto en su proceso constructivo (obreros, artistas, arquitectos y estudiantes) como en su uso posterior, donde convergieron diferentes sectores populares.

Palabras clave: edificio UNCTAD III, sociabilidad, integración social, Unidad Popular.

Abstract: The UNCTAD III building was built to host the Third Conference for Trade and Development held in April 1972 in Santiago, Chile. This construction that stood out for its architectural originality was based on the ideology of social cohesion incorporated in the Popular Unity’s sociocultural project. In its construction, the participation and commitment of the laborers, professionals, and cultural workers was essential, who managed to finish the building in a record time of 275 days. Once the conference was over, the architectural complex was used, as it was originally conceived, as a cultural center open to the people. Based on the above, this research analyses the popular sociability that was generated in the vicinity of the building, both in its construction process (workers, artists, architects, and students) and in its later use where different popular sectors converged.

Keywords: UNCTAD III, Sociability, Social Integration, Unidad Popular.

1. Introducción

La UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development) es un organismo perteneciente a las Naciones Unidas, que tiene como objetivo promover la integración de países en vías de desarrollo a la economía mundial. Fue creada en 1964 y su primera conferencia se realizó en Ginebra ese mismo año, mientras que la segunda tuvo lugar en India en 1968. Hacia 1971 la Junta de Comercio y Desarrollo se mostró interesada en celebrar la tercera reunión en América Latina, específicamente en Chile, motivación justificada en la atención que generó la experiencia política que se estaba desarrollando en el país. Tras el proceso de discusión y votación de rigor1, finalmente se acordó que la Tercera Conferencia para el Comercio y el Desarrollo sería realizada en Santiago en abril del año 1971.

La realización de la UNCTAD en Chile representó para el gobierno una oportunidad para el desarrollo de relaciones internacionales y un escaparate para dar a conocer internacionalmente el proyecto político y el modelo de desarrollo socialista impulsado por Salvador Allende. Además, se configuró un escenario propicio para demostrar la capacidad del país para la realización de la conferencia, con todo lo que material y políticamente implicaba dicha tarea, dejando “atrás la idea de que las grandes naciones entregaban al tercer mundo los medios para el desarrollo” (Maulen 2016: 69). Por otra parte, la reunión buscó analizar las problemáticas socioeconómicas de los llamados países tercermundistas, de modo que la temática principal del encuentro estaba en sintonía con la propuesta socioeconómica que la Unidad Popular (UP) estaba desarrollando.

Para asumir dicho desafío, el 2 de mayo de 1971, Salvador Allende firmó y envió al Congreso el Proyecto de ley destinado a crear la Comisión chilena para la UNCTAD III y un decreto de creación de la comisión provisoria a cargo del economista Felipe Herrera2. Para la realización de la conferencia fue necesaria la construcción de un edificio que albergará a los invitados y que, al mismo tiempo, pudiera enviar un mensaje internacional sobre la materialización del proyecto de la UP.

Entre las premisas que destacaron el diseño del edificio estuvo la idea original de albergar el Instituto Nacional de la Cultura, constituyéndose como un “símbolo” de “obra de uso para cultura de masas del Gobierno Popular”3, por ello, era indispensable que sus espacios estuvieran pensados para ser remodelados y pudieran ser utilizados para propiciar la creación artística y las diferentes manifestaciones de la cultura.

Esta proyección como centro cultural fue urdida en la lógica de integración social que predominó en el discurso de desarrollo cultural, particularmente en el plano artístico y arquitectónico de la UP. Por tanto, el edificio UNCTAD III fue considerado un espacio de sociabilidad donde los sectores medios y populares pudieran congregarse y dialogar, fue un:

pilar material que termina la pronta puesta en marcha de una política cultural nacional y popular destinada a crear un grado de conciencia profunda en nuestro proceso4

El triunfo de Salvador Allende en 1970 contribuyó a una nueva forma de entender la cultura en el país. La Unidad Popular no solo propuso un cambio político, sino que también realizó un llamado a la transformación cultural bajo el lema del “hombre nuevo”, apostando por una cultura que superara los valores burgueses y los fundamentos del capitalismo (Albornoz 2005) en concordancia con el proyecto socialista que se estaba gestando. En lo concreto, iniciativas como “El Tren Popular de la Cultura”, la compra de la Editorial Zig-Zag y posterior creación de Editorial Quimantú, la fundación del sello IRT (Industria de Radio y Televisión), entre otras, ayudaron a acercar el mundo cultural a las masas populares con el propósito de democratizar su acceso y animarlas “a convertirse en creador de cultura en vez de ser solo consumidor” (Winn 2013: 76), bajo el entendimiento que el gobierno de la UP tenía sobre la cultura.

Esta noción, también permeó a otras disciplinas como la arquitectura, lo que se vio reflejado en la construcción de espacios de integración social, destacando el rol de la Corporación del Mejoramiento Urbano (CORMU), quien materializó en el espacio urbano los cambios sociales y abrió una nueva dimensión en el proceso de producción del espacio (Raposo y Valencia 2004). Influenciada por el modernismo y la Bauhaus, apostó por un trabajo mancomunado entre los comités de vivienda y el Gobierno de Salvador Allende (Maulen 2016). Entre las iniciativas de la época se encuentran los programas de viviendas, los Balnearios Populares, la construcción de la emblemática Villa San Luis y el Edificio UNCTAD III.

Esta visión de integración social estuvo plasmada en el fenómeno de sociabilidad popular que se desarrolló una vez liberado el edificio UNCTAD III de sus funciones principales como centro de la conferencia, para dar paso a un espacio que pretendió convertirse en el “pilar material” de una política cultural nacional y popular5. Para dicho entramado, vamos a entender la sociabilidad popular como el encuentro e intercambio de diferentes experiencias y saberes, que pueden constituirse desde instancias más institucionalizadas como reuniones de organizaciones político-partidistas o gremiales a espacios más cotidianos como el casino, fiestas, o incluso la misma construcción del edificio (Vallejos 2012; Goicovic 2005; Agulhon 1977). En este sentido, la sociabilidad se manifiesta en el ethos colectivo y en el conjunto de experiencias sociales e identidades que los componen (Grez 2007).

Para el periodo en cuestión, la historiografía ha colocado especial atención a los espacios de sociabilidad partidista, relevando los discursos y acciones como ejes fundamentales de las culturas políticas, especialmente en la izquierda chilena (Palieraki 2014; Álvarez 2011; Moyano 2009; Corvalán 1978). A su vez, ha problematizado los espacios laborales y los procesos de sindicalización (tanto campesina como urbana), como ejes fundamentales en la construcción de la vía chilena al socialismo (Gaudichaud 2016; Tinsman 2009; Winn 2004). Sumado a lo anterior, el movimiento de pobladores y pobladoras ha sido objeto de estudio, problematizando constantemente en torno a la capacidad organizativa y de autonomía en tensión con los partidos políticos, siendo las poblaciones un territorio de suma relevancia para los sujetos populares (Garcés 2011; Cofré 2007; Cabrera 2007).

Esta investigación nos permite situar la sociabilidad popular no solo desde los partidos políticos, sindicatos o poblaciones, sino también comprender la construcción del edificio UNCTAD y su ocupación posterior, situándose como un eje de suma relevancia en los procesos políticos y sociales de la época.

En virtud de ello, sostenemos que el edificio UNCTAD representó un espacio clave dentro de las políticas de la Unidad Popular. Si bien tuvo como propósito original establecer un centro social, cultural y político, dicho objetivo se vio complementado por la apropiación y resignificación de espacios de sociabilidad popular, como lo fueron el proceso de construcción del edificio y la cotidianidad del casino. Ambos, se constituyeron como elementos claves que sustentaron y dieron vida a esta edificación, en el marco de la vía chilena al socialismo.

El ejercicio metodológico de este trabajo se centrará en las diversas coyunturas asociadas al edificio UNCTAD III, su proceso de construcción, uso posterior y apropiación por parte de los sectores populares que lo concurrieron, destacando los espacios y procesos de sociabilidad que se gestaron en su interior. Para ello, se revisó prensa nacional entre los años 1971-1972, tanto de diarios oficialistas como opositores al gobierno de la Unidad Popular, revistas de época especializadas en temáticas de arquitectura, cultura y contingencia, documentos oficiales y discursos de Salvador Allende, material audiovisual y documentación oficial relacionada con la construcción del edificio. De igual manera, se consultaron las diversas colecciones del Archivo Digital GAM.

2. Sociabilidad en la construcción del edificio: obreros, artistas, estudiantes y profesionales

El proceso de construcción del edificio quedó a cargo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), dependiente del Ministerio de la Vivienda y cuyo director ejecutivo fue el arquitecto Miguel Lawner, en conjunto con un grupo de arquitectos representantes de la Universidad de Chile y la Universidad Católica. El lugar escogido se ubicó entre las calles Lastarria, Villavicencio y Avenida Alameda Bernardo O’Higgins. El terreno ya se encontraba en construcción de una torre de departamentos de 22 pisos, que podía adaptarse fácilmente para los requerimientos del evento6. El programa de la UNCTAD III fue elaborado a fines de abril de 1971, lo que dejaba un plazo de solo 11 meses para la construcción del edificio7 y los espacios requeridos, tales como, una sala de reuniones plenarias con capacidad para 2 mil personas, un restaurant autoservicio para 600 personas, cafetería, tiendas, agencia de bancos, salón de delegados y espacio de oficinas8.

El trabajo fue presentado ante Chile y el mundo como un desafío contra el tiempo, pues el edificio debía construirse y habilitarse lo antes posible. Un equipo conformado por arquitectos, obreros y voluntarios desplegó todos sus conocimientos y esfuerzos para entregar a tiempo las obras. Los medios de comunicación de la época hicieron eco del proceso cubriendo con atención los detalles de la construcción, tanto así, que la prensa y diversas revistas especializadas en arquitectura, arte o viaje dedicaron sus páginas al proceso constructivo del edificio, el que fue considerado toda una hazaña: “Así, sencillitos no más, le entregamos a la NU la mediagua de 28 mil metros cuadrados para que funcione UNCTAD III”9; “Construir el edificio UNCTAD III en 245 días no fue un milagro, es el resultado del esfuerzo conjunto del gobierno y de la empresa privada”10; “Una maravilla arquitectónica en once meses”11; “Este es el esfuerzo y empuje de todo un pueblo”12.

Dada la magnitud de la construcción y el tiempo en que debía estar listo, fue fundamental contar con obreros capacitados, pero sobre todo comprometidos. Alrededor de 920 obreros trabajaron día y noche en tres turnos continuos por 270 días, hasta conseguir el “milagro chileno”13. Si consideramos ingenieros y profesionales, la suma asciende a alrededor de 1.300 personas. Salvador Allende visitaba la obra personalmente y no fueron pocas las ocasiones en que se le vio supervisando los avances del edificio. Demostró su agradecimiento con alevosía en el discurso de entrega del edificio a la UNCTAD, donde señaló:

Son los obreros de la construcción, son aquellos que durante muchos años han construido casas para otros, careciendo ellos mismos de viviendas a veces, los que han comprendido la significación trascendente de este torneo14.

Al ritmo que se fue construyendo el edificio para albergar la conferencia, también se fue desarrollando un espacio donde confluían personas de diferentes edades, cargos y roles para mostrar el esfuerzo y capacidad de las clases populares, a pesar del boicot propuesto y ejercido por la derecha chilena. Por esto también fue necesario una vigilancia de parte de los sindicatos para que las obras estuviesen activas constantemente, anulando cualquier intento de sabotaje: “los trabajadores de la UNCTAD se han transformados en los principales vigilantes de la seguridad de los edificios”15.

La prensa hizo referencia a la importancia de los trabajadores en las obras de construcción y en las fábricas que proveían materiales, destacando la responsabilidad que estos tenían en el proceso. La Revista Hechos Mundiales dedicó un reportaje sobre la trayectoria y desarrollo de las obras, señalando al respecto:

Miles y miles de obreros -en las obras de construcción y en las fábricas que proveían materiales- sabían que tenían en sus manos una gran responsabilidad; que su esfuerzo tenía un enorme significado social, económico y político; que es sus manos estaba la posibilidad de que Chile cumpliera con sus compromisos16.

A su vez, se instaló una idea de unidad nacional en la cual este proyecto se erigía como una muestra de confluencia y cooperación:

Esta no era la Torre de Babel, pues. Al revés de lo que cuenta aquella leyenda, en los edificios para la UNCTAD III todos éramos y somos obreros chilenos, esto es de una misma nacionalidad, de una misma clase17.

Esto conllevó participación, entrega y responsabilidad, lo que se manifestó cuando los propios trabajadores, según Miguel Lawner18, colocaron un cartel con la cuenta regresiva de los días faltantes para la entrega, como un recuerdo visible del deber adquirido:

Cuando el compañero Allende vino a visitar la obra en construcción… nos pusimos de acuerdo en levantar la obra entre todos, para eso nos comprometimos y de ahí vino la idea de poner el letrerito ‘Faltan 20 días’, ‘Faltan 100 días’… porque ese es el compromiso que teníamos de terminar la obra bien y mostrarle a todo el mundo que así era (Bascuñán 2017: 47).

Es decir, hablamos de un valor no solo monetario del trabajo, sino del proyecto socio cultural que se estaba construyendo. Incluso durante la construcción, un grupo de obreros de SEC Ingeniería se “tomaron” la maestranza de la empresa a cargo de la construcción y, pese a esta situación, sus labores en el edificio UNCTAD no se vieron afectadas por el conflicto laboral, cumpliendo con el acuerdo establecido (Valdivia 2005). La confianza depositada en los obreros y el compromiso que estos adquirieron con el gobierno de la UP fueron fundamentales en el resultado del comentado “milagro chileno”. Esto quedó reflejado en las palabras que un obrero dirigente entregó en un reportaje realizado por la revista En Viaje sobre la hazaña constructiva:

Cuando el compañero Presidente Allende nos lanzó el desafío de que deberíamos construir estos edificios en el plazo mínimo disponible, nosotros sentimos orgullo de ser trabajadores chilenos y nos dispusimos a cumplir. Cada uno de los mil trabajadores de la Torre y de la Placa incluyendo las muchas obras complementarias, plazas, torrecillas, túneles, etc., contrajimos este compromiso y lo compartimos con nuestras mujeres y con nuestros hijos19.

El tiempo de construcción no fue lo único que destacó del edificio, pues también se puso énfasis en la política establecida por el gobierno de la UP de “promover la industria nacional en lo posible, el área de la industria estatizada”20 junto con otorgarle al sector de la construcción un rol esencial en la reactivación económica y la generación de empleos (Arriagada 2007). Pascual Barraza, entonces ministro de Obras Públicas, señaló a la prensa que la construcción en un plazo récord constituía un ejemplo de los trabajadores que participaron del proceso, destacando:

(…) que ellos mismos discutieron las formas de llevarla a cabo, participando activamente en el proceso de control y avance, efectuando un trabajo colectivo, y en general, cumpliendo uno de los postulados básicos del actual gobierno, como es la participación de los trabajadores en la gestión productiva y administrativa del país21.

De igual manera, se desarrolló una alianza entre el gobierno y la empresa privada, encabezada por la Cámara Chilena de la Construcción, quien, una vez finalizado el edificio, destacó el esfuerzo conjunto del gobierno y el área privada. Participaron de todo el proceso dos empresas constructoras y más de 120 empresas de especialidades y proveedores22. En este contexto, uno de los hitos más simbólicos y recordados, fue la celebración de los tijerales23 en octubre de 1971, donde asistieron obreros, trabajadores, artistas, la comisión, el presidente Salvador Allende, todos acompañados de sus familias, tal como lo recuerda Miguel Lawner:

Eran mil los trabajadores que había en ese momento en la obra, con las mujeres llegamos a los dos mil, llegaron con los cabros chicos, con perros. Finalmente se programó un tijeral para tres mil personas, cerramos la Alameda un domingo desde Plaza Italia hasta la calle Portugal y se instalaron mesones transversales a lo largo para tres mil personas, se hicieron cinco parrillas, cada una con un animal completo. Las mesas estuvieron con sus manteles blancos, mozos, atendiendo a los trabajadores, fue una cosa indescriptible. El tijeral fue inolvidable (Bascuñán 2017: 40).

Sin duda alguna, la realización de esta celebración tradicional se realizó con el objetivo de un espacio de encuentro, pero también un impulso y reafirmación del compromiso para terminar en la fecha pactada.

2.1 Trabajos voluntarios y estudiantes

Los trabajos voluntarios y la participación juvenil fueron considerados elementos claves del proyecto de la Unidad Popular. En especial, los jóvenes fueron convocados a participar activamente y a involucrarse en los procesos de transformación políticos y sociales, siendo un tópico habitual en las palabras que constantemente Salvador Allende le dirigió al pueblo chileno, como el célebre discurso a la juventud en la Universidad de Guadalajara en el año 197224. No es casual tampoco que el 4 de septiembre, ante el triunfo electoral, Allende diera su discurso en la sede de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Los y las jóvenes no solo dieron respuesta a este llamado, sino que fueron parte de la experiencia revolucionaria “a la chilena” desde diferentes frentes, destacando la participación en los trabajos voluntarios en las poblaciones, minas, fábricas, entre otros. Estos fueron fundamentales para comprender la participación y compromiso de muchos jóvenes que creyeron fervientemente en el cambio político, pero sobre todo social de un país. En esta línea es que el historiador Rolando Álvarez plantea que estas acciones dieron cuenta de la construcción de una nueva cultura:

(…) los trabajos voluntarios fueron una de las principales instancias formadoras de una nueva <> en la sociedad chilena. Aspecto no medible ni cuantificable, la actividad voluntaria coadyuvó a generar en un sector de los habitantes del país la percepción subjetiva de ser partícipe de un momento histórico crucial en Chile (Álvarez 2014: 178).

Organismos como la FECH, Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES), Scouts, CUT, entre otras, fueron esenciales en la promoción y organización de estas labores, centralizado en la Oficina Nacional del Servicio Voluntario (ONSEV), donde no solo participaban militantes de la UP, sino que una gran masa de trabajadores y estudiantes (Álvarez 2014).

En este contexto, y debido al escaso tiempo para la construcción del edificio, sumado a las labores administrativas y de coordinación que hubo que efectuar para la realización de la UNCTAD III, el gobierno apeló al compromiso juvenil para participar en trabajos voluntarios (TTVV). Liderados por Alejandro Rojas - presidente de la FECH e integrante de la comisión chilena para la UNCTAD-, los jóvenes universitarios, secundarios, de brigadas como Ramona Parra y Elmo Catalán, las juventudes de la Central Única de Trabajadores (CUT), los Scouts y Demócrata Cristianos, fueron convocados a participar. La Subcomisión de Hospitalidad realizó un llamado para la colaborar con la limpieza de la cara visible de la capital; barriendo calles, lavando y pintando murallas, recogiendo basura y escombros, y “haciendo verdaderos milagros en viejos edificios como la Iglesia de la Veracruz” ubicada en las cercanías de la Placa del edificio UCTAD25. Los jóvenes firmaron el 19 de marzo de 1971 un “compromiso de honor” para realizar los trabajos con el presidente de la Comisión Felipe Herrera. Sobre dicho acuerdo, la Revista En Viaje comentó: “la tarea de limpieza comenzó aquel día con la furia de toda acción juvenil: generosa, entusiasta, cantando”26.

Los jóvenes no fueron los únicos que participaron de TTVV, pues obreros y trabajadores acudieron los fines de semana -sin recibir ningún tipo de remuneración a cambio- para finalizar las obras del edificio UNCTAD. Como forma de agradecimiento a la voluntad y compromiso del pueblo chileno, el artista Guillermo Núñez realizó en 1972 un mural titulado “Homenaje a los trabajos voluntarios”, consistente en una pintura con aplicación de figuras de acrílico –material moderno para la época- y madera que se ubicó en el hall de acceso del edificio.

2.2 Participación de Artistas y artesanos

Sumado a la participación de obreros y estudiantes, un grupo de trabajadores y trabajadoras del arte fueron convocados para intervenir con sus obras el edificio, como “expresión auténtica de nuestra plástica nacional”27. De esta manera, fueron incorporados murales, pinturas, tapices, esculturas, puertas y lámparas, entre otros. En este proceso, nada fue azaroso, pues la instalación de las obras formó parte del diseño del espacio “como parte integral del edificio, como complemento natural de sus diseños y formas”28, en el cual participaron el equipo de arquitectos y el asesor artístico Eduardo Martínez Bonati. Para Martínez, el trabajo de integración que se realizó entre arte y arquitectura fue muy relevante, ya que por primera vez en el país una obra consideraba “la incorporación de los artistas a la definición de los espacios arquitectónicos y al enriquecimiento del uso que el ser humano hará del edificio”29. Este hecho se vincula con la lectura que realizaron tanto intelectuales, como artistas de izquierda de la época, quienes hablaron de la condición de dependencia cultural y la necesidad de construir y desarrollar una que se encuentre en sintonía con la “movilización y politización de vastos sectores de la sociedad chilena” (Briceño 2020: 293). Así es como todos los artesanos y trabajadores del arte que participaron del proyecto recibieron el mismo pago: un honorario correspondiente al sueldo que se le pagaba a un obrero calificado de la construcción, en esa época, 15 mil escudos30. En esta misma línea las obras no debían ir firmadas, hecho fundamental que rompe con una tradición individual arraigada en las obras que se presentan en museos o salas de artes. En este sentido, la invitación a participar del edificio UNCTAD corresponde a una invitación a los artistas a salir de su espacio de trabajo tradicional y situarse en un ámbito público y popular.

Si bien uno de los objetivos trascendentales de la incorporación del arte en el edificio fue mostrar al mundo las características culturales de Chile y el proyecto de la Unidad Popular, esto debía expresarse a través de la arquitectura y la funcionalidad, es decir, no realizar un museo al interior del edificio, sino incorporar las piezas de manera integrada formando un solo conjunto. Para esto, se les otorgó a los artesanos y trabajadores del arte un espacio previamente definido que debían intervenir. A través del documental “Escape de Gas”31, se puede apreciar cómo el vínculo entre arte y funcionalidad logra una cohesión, materializada en la construcción de la “chimenea”, que fue pensada para liberar los gases del casino, al mismo tiempo que ser una obra escultórica creada por Félix Maruenda. Dicha escultura representa fielmente la superposición de objetivos estéticos y funcionales de las más de 30 obras que se encontraban en el edificio.

Por otro lado, nos parece relevante la incorporación de la artesanía en el proyecto artístico y político, como el tapiz realizado por las bordadoras de Isla Negra o el icónico pez de mimbre de Manzanito. Probablemente la incorporación de la artesanía también dice relación con el uso posterior al interior del edificio, ya que se consideraba la creación de un “supermercado de la cultura”, que pondría en venta artesanía (entre otros productos culturales)32.

3. Sociabilidad popular: uso y apropiación posterior del espacio

El 3 de abril de 1972 se inauguró el edificio para la UNCTAD IIII. A la ceremonia asistieron tres mil delegados de 140 países y, a modo de homenaje, estuvieron presentes los obreros de la construcción que participaron del proyecto representados en el escenario por “el maestro” Eulogio Maldonado, quien llevaba 35 años dedicándose a ese rubro33. La tarea titánica fue realizada con éxito por los trabajadores del país, quienes eran considerados como “la columna vertebral del progreso”34 y cuyo esfuerzo quedó plasmado en la placa conmemorativa de piedra tallada que daba la bienvenida al edificio: “Este edificio refleja el espíritu de trabajo, la capacidad creadora y el esfuerzo del pueblo de Chile representado por sus obreros, sus técnicos, sus artistas y sus profesionales”35.

Salvador Allende señaló en el discurso inaugural, que los delegados de la UNCTAD descubrirían en Chile un pueblo construyendo una revolución propia, “hecha con absoluto respeto a las personas, principios ideas de todos, con libertad y democracia plena”36. El edificio que logró una integración de los conceptos de ciudad, arte y arquitectura, fue considerado tanto en su estética como funcionalidad.

Un hito dentro de nuestra arquitectura. Responde a una nueva escala de una ciudad que se ha agigantado insensiblemente. Sus posibilidades de uso futuro son también una invitación a realizar actividades masivas, a buscar nuevas formas de comunión ciudadana y un punto de partida para modificar nuestra propia idea del uso de la ciudad37.

Es esa nueva visión de integración del espacio la que se dio los meses posteriores a la realización de la Conferencia, donde se consolidaron espacios de sociabilidad tales como el casino popular y el edificio de la FECH.

Al acordarse la construcción del edificio UNCTAD III se decretó que, posterior a su uso para la conferencia, el inmueble estaría destinado a actividades de fortalecimiento y difusión de la cultura popular. El edificio abrió al pueblo con el nombre de Gabriela Mistral, en honor a la poeta chilena, congregando actividades artístico-culturales y sociales, a cargo de gestión de Irma Cáceres hasta septiembre de 1973. El primer hito de su funcionamiento fue la “Torre de las mujeres” donde funcionó la Secretaría de la Mujer, que organizaba cursos de capacitación coordinados con universidades con temáticas variadas como economía, recursos naturales, electricidad y enfermería (Maulen 2011).

En octubre de 1972, Salvador Allende hizo oficialmente la entrega de la Torre a esta secretaría, haciendo un llamado a la participación de las mujeres en el proceso revolucionario:

(…) hoy empieza a caminar en esta torre, que con audacia insolentemente creadora se alzó para la admiración de los representantes de 142 países que llegaron aquí. Esa torre, como símbolo del mejor edificio, lo hemos entregado a la madre y al niño, a la juventud, muy limitadamente, y mañana a los pobladores. Desde aquí, en el edificio material más moderno, ha de levantarse por el esfuerzo de ustedes, con la generosidad de ustedes y el sacrificio de ustedes, el gran edificio de una vida distinta para la mujer chilena, en el campo de la cultura, de la ley, del derecho, del trabajo, de la salud y de la vivienda38.

Dentro del centro cultural, se realizaron actividades de los sindicatos, organizaciones estudiantiles y de trabajadores agrícolas, así como también reuniones nacionales e internacionales de científicos y actividades artísticas39. Para fines de 1972, La Revista En Viaje consignaba que las reuniones de carácter nacional alcanzaban más de setenta, entre ellas organismos tan diversos como el Consejo Mundial de la Paz, el Seminario Latinoamericano de Mujeres, la Organización Mundial de la Salud, Congreso de la Unión Deportiva Militar Sudamericana, 6° Jornada Iberoamericana de Derecho Aeronáutico y del Espacio, Sesiones Ordinarias de la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana de Estudiantes, Confederación Internacional de Cooperativas, ente muchas otras40.

El recinto que funcionaba desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche41, estuvo equipado con amplias salas de reuniones, teatro, música, cine y exposiciones42. Fueron precisamente estos espacios los que dieron vida al edificio UNCTAD, propiciando las tertulias y la participación popular. Sin ellos, el edificio carecería de toda significación. Es precisamente ese sentimiento de haber formado parte de un proyecto y hacerlo propio, lo que hizo que el edificio fuera considerado como un espacio de sociabilidad, reunión y colaboración:

Todo el mundo, cualquiera que fuera su condición social, sintió que este era su edificio. Todas las agrupaciones culturales de poblaciones, sintieron que este era su lugar, y rápidamente todo el mundo pedía turno para representar… Irma (Cáceres), que asumió como directora del edificio, tenía una presión enorme, porque sobre todo las dos salas, (…) tenían su entrada propia a la Alameda, ahí entraban en la tarde la noche, se instalaban y cobraban un valor mínimo… los sindicatos haciendo uso del salón plenario, las federaciones obreras, porque nada tenía el sentido comercial… es un mundo inimaginable (Bascuñán 2017: 41).

De acuerdo con las fuentes consultadas, en la memoria colectiva prevalece de idea de un lugar donde podían compartir obreros, estudiantes, trabajadores y profesionales sin distinción de clase, siendo el edificio en sí mismo una invitación al diálogo y a la participación de la efervescencia política del momento. Pero esta apropiación del espacio no estuvo exenta de complejidades. En un reportaje de la Revista Quinta Rueda sobre el funcionamiento del Centro Cultural, se realiza una crítica al uso y la naturaleza del edificio, señalando que, tanto en lo estético como en su funcionamiento, se acercaba más a los modelos estadounidense de edificios, sentenciando que “vivir estilo UNCTAD, con poco olor a Chile y mucho de película”43. Efectivamente, la modernidad y la suntuosidad del edificio, las obras que formaron parte de su diseño, los grandes ventanales y adornos que recubrieron sus paredes se alejaban de la realidad de los sectores populares:

Da gusto, compañera, que en Chile se hagan cosas lujosas y que los trabajadores no tengamos que mostrar credencial para entrar aquí. Pero...uno no puede sentirse dueño de esta mole, porque uno llega a dormir a una ranchita de población. Uno vive en al rancha. Y siempre ha sido igual. Los trabajadores de la construcción ya nos acostumbramos.

El espacio más concurrido y recordado por quienes frecuentaban el edificio fue el casino ubicado en el nivel -1. En este lugar se servían a diario menús a precios populares, siendo el primer restaurant autoservicio de Chile, llegando a servir seis mil raciones diarias de almuerzo44. El comedor popular formó parte de la esencia misma de la UNCTAD y de la idea de espacio que se quiso construir. Además, siguiendo la lógica de participación juvenil que alentó el gobierno de la UP, el casino fue entregado para su administración a la FECH. Su ubicación en el centro neurálgico de la ciudad propició una alta afluencia de gente de diferentes grupos etarios. Tal como lo esperaba el presidente Salvador Allende:

(…) pienso que esa cafetería, que tendrá el acento de hombres que traen un lenguaje distinto de otros países, será mañana el centro de atracción de miles de muchachos universitarios o estudiantes ya que es mi propósito dedicarlo a ellos, para que se reúnan e inviten a los trabajadores a algo más que un restaurante, para comer materialmente en un restaurante, donde encuentren, también, el pan espiritual45.

Cabe destacar que el casino fue construido con altos estándares de servicio, por lo que, para la época, era un lugar moderno al acceso de todos y todas. En él se ofrecía comida al desayuno, almuerzo y cena, y sus variados platos son recordados como sabrosos y contundentes. Por solo 25 escudos de la época se podía comprar un menú diario consistente en dos platos, postre y café46:

Yo no creo que exista en la ciudad de hoy día un lugar así: el casino. Mira, yo me casé a comienzos del ‘72, (…) era mi lugar ¡de comidas!, el almuerzo diario. Pero no sólo el almuerzo diario. Recuerdo que hicimos la celebración más íntima con algunos amigos del matrimonio acá… mi cumpleaños del año `72 acá. Porque era barato, porque lo podíamos pagar todos. Y, no sólo eso, sino que era estupendo. Yo nunca he vuelto a comer un congrio margarita tan sabroso, tan rico y tan abundante como el que había en el casino de la UNCTAD (Bascuñán 2017: 21).

La construcción del edificio UNCTAD y su uso posterior como centro cultural, despertó en el común de la población un sentimiento de orgullo y admiración por el trabajo realizado. Imponente y moderno, el edificio fue percibido como resultado de un trabajo colectivo (Quiroz 2011) que se vio recompensado con la entrega y su apertura al pueblo. En uno de sus tantos discursos, Felipe Herrera aseguró a los trabajadores y obreros que ellos serían los beneficiados con la realización de este edificio, pues a través de nuevas fuentes de trabajo y posibilidades de educación y cultura, serían las nuevas generaciones las que recibirían los frutos de esta obra colectiva47. El edificio fue recibido también como una forma de dar a conocer el país internacionalmente. Los cientos de delegados, políticos y periodistas que asistieron a la Conferencia habían tenido la oportunidad de disfrutar de las bondades del país, en un momento en que Chile y el proyecto de la Unidad Popular se daban a conocer al mundo:

De alguna u otra manera, el edificio era una muestra de lo que el proyecto de la Unidad Popular quería lograr, que era colocar a Chile en el mapa mundial, a pesar de ser tan pequeños e insignificantes en esta cola de América Latina (…) La generación mía, de aquella época, creía que podía construir un sueño o una unidad; en que se incluía a muchos. Yo después pienso que -a lo largo de los años-, era una gran utopía (Bascuñán 2017: 22).

4. Reflexiones Finales

Como bien ha mencionado David Maúlen (2016), el edificio UNCTAD posee características excepcionales, no solo por su originalidad en cuanto a proyecto original y las particularidades de su proceso de construcción, sino que también por su trayectoria posterior, enlazada estrechamente con la historia de nuestro país. El actual Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), es parte visible y monumental de la historia reciente.

El edificio UNCTAD congregó entre sus paredes a distintos sectores comprometidos con el proyecto de la Unidad Popular. Si bien su propósito original fue el de generar un espacio físico acorde a la realización de la Conferencia UNCTAD III, posteriormente se habilitó como centro destinado a la cultura. Durante los años del gobierno de Salvador Allende, se pudieron identificar dos instancias de sociabilidad popular en las que los sectores medios y populares resignificaron este espacio.

La primera de ellas corresponde al proceso de construcción del edificio, del cual participaron obreros, trabajadores, artistas, voluntarios y estudiantes, quienes compartieron la visión y el proyecto social y político que la Unidad Popular materializó, en parte, a través del inmueble:

El edificio era una muestra de lo que el proyecto de la Unidad Popular quería lograr (…) cuando se aúnan voluntades, cuando obreros organizados y profesionales sensibles presentan un proyecto y lo arman y lo articulan bien, es posible construir algo para todos. Y yo siento que eso fue algo para todos (Bascuñán 2017: 21).

Esto quedó expresado en los maratónicos 275 días de trabajo, en el esfuerzo de quienes hicieron posible esta obra, esencialmente, en el sentido de compromiso y deber que los obreros y voluntarios demostraron a lo largo de esos meses. Prueba de ello, fue la realización de trabajos voluntarios por parte de cientos de obreros quienes llegaban los fines de semana a participar de la obra, o los estudiantes y jóvenes que animosamente aportaron con sus labores a la preparación de la ciudad para la conferencia.

Posteriormente, durante su uso como Centro Cultural Metropolitano, se gestaron nuevos espacios de sociabilidad popular. Por su permanencia en la memoria colectiva, destacó el casino que diariamente ofreció menús a costos populares y que se consolidó como un lugar de reunión cotidiano para cientos de personas que acudían no sólo por su destacada gastronomía, sino también por el espacio de diálogo político, cultural y social que se gestó:

Veníamos al casino de la UNCTAD y era un placer, como ese gusto que te das, la comida era rica, muy barata, los precios eran populares, absolutamente. Eran almuerzos conversados, a veces discutidos, pero fundamentalmente eso. (…) Yo venía con amigos, con compañeros. Y se compartía mucho, porque dos mesas más allá había otro grupo de gente que se conocía, y si no los conocías también se producía esto del intercambio de conversaciones. Recuerdo este lugar, particularmente el casino, como un lugar lleno de vida, efervescente, también muy alegre, siento eso, muy libre y muy alegre (Bascuñán 2017: 66).

En consecuencia, fue la participación social la que le otorgó significado a este edificio, transformando el lugar en espacio con “aura pública e identidad ciudadana” (Sánchez 2017: 54). Si bien su propósito original estuvo ligado al establecimiento de un centro social, cultural y político, el desarrollo de otros espacios, como su misma construcción y el casino, contribuyeron como experiencias claves al desarrollo y trayectoria de este edificio. En este sentido, la UNCTAD III nos permite comprender la sociabilidad vivida por parte de algunos de los sectores que apoyaron al gobierno de la Unidad Popular, poniendo el énfasis en la experiencia y en la cotidianidad de un espacio que buscó congregar a diferentes sujetos bajo el paradigma del “hombre nuevo”.

Tal fue su relevancia, que inmediatamente después del golpe militar y producto del bombardeo al Palacio de La Moneda, el edificio fue ocupado como sede de la Junta Militar, sufriendo una drástica transformación: de centro cultural pasó a ser un espacio cerrado y, junto con ello, se modificó su decreto original y se le cambió el nombre a Diego Portales, anulando todo resabio de aquel lugar de encuentro y convirtiéndose para las generaciones venideras en un símbolo del régimen dictatorial (Maulen 2017).

Asimismo, y como parte de la estrategia de violencia del régimen, casi en su totalidad, las obras que formaron parte del proyecto del edificio como murales, tapices y esculturas de artistas tan renombrados como Roberto Matta, Guillermo Núñez, Marta Colvin, José Balmes y tantos otros, tuvieron un destino cruento después de 1973, cuando fueron algunas modificadas y otras hechas desaparecer del edificio para el cual fueron realizadas. Incluso hasta nuestros días, el paradero de casi una veintena de estas obras continúa sin conocerse.48 Según Elías Sánchez, en la memoria de los y las chilenas se comenzó a instalar el Edificio Diego Portales como símbolo de la dictadura. Cuando murió Augusto Pinochet el año 2006 “gran parte de la ciudadanía se sacó fotos frente al Edificio […] para celebrar la muerte del dictador en las mismas escalinatas donde este había dado sus discursos” (Sánchez 2018: 246-247).

Después del incendio que afectó al inmueble, el año 2010 se reinauguró como Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Allí se recreó la lápida conmemorativa de la construcción que fue tallada por el escultor Samuel Román y destruida luego del bombardeo a La Moneda. Esa misma frase fue grabada en una inscripción en braille en las barandas de las escaleras del centro, relevando así el carácter legendario de aquel fragmento de memoria. Sin embargo, fue durante la revuelta popular de octubre de 2019 que el edificio, en específico, su fachada, cobró una relevancia artística y popular al ser utilizada como soporte de múltiples manifestaciones. Sus paredes albergaron diversas intervenciones visuales con alusión a las demandas colectivas, denuncias de violaciones a los derechos humanos y mensajes de recuperación de los espacios por la ciudadanía. De esta manera, el GAM vuelve a ser un escenario de encuentro social y político, tal como lo fue hace 50 años.

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Notas

1 En dicho proceso Chile recibió 28 votos contra 14 a favor de Ginebra y 7 para México. En viaje, N 461, 1972, p.9
2 La Nación, 9 de abril 1972, p.9
3 Ibid., p.60
4 Revista de Educación, N 39, mayo 1972, p.21
5 Revista de Educación, N 39, mayo 1972, p.21
6 Revista AUCA (Arquitectura, Urbanismo, Construcción, Arte), N 22, abril, 1972, p.59
7 Cuando se haga referencia al “Edificio UNCTAD” estaremos hablando de los edificios “Placa” y “Torre” que formaron parte de la construcción.
8 Revista AUCA (Arquitectura, Urbanismo, Construcción, Arte), N 22, abril, 1972, p.59
9 El Clarín, 4 de abril 1972, p.4
10 El Mercurio, 14 abril 1972, p.25
11 Revista Rutas, N 218, abril 1972, p.16-17
12 La Tercera de la Hora, 4 abril 1972, p.5
13 El Siglo, 13 de marzo 1972. p.6
14 El Siglo, 4 abril de 1972, p.3
15 El Siglo, 13 de marzo 1972, p. 6
16 El desafío de UNCTAD en Chile. Véase: https://archivodigital.gam.cl/cd0000339
17 En Viaje. Trabajadores cumplieron con Chile y con su compañero presidente, p. 67
19 En Viaje. Trabajadores cumplieron con Chile y con su compañero presidente, p. 67
20 Revista AUCA (Arquitectura, Urbanismo, Construcción, Arte), N 22, abril de 1972, p.71
21 Revista En Viaje, N 461, abril de1972, p.13
22 El Mercurio, 14 de abril de 1972, p.25
23 En Chile los tijerales es la costumbre de celebrar la instalación de la estructura de cubierta en una construcción. Generalmente es el dueño de la obra quien organiza y paga la celebración a modo de agradecimiento a los trabajadores. Popularmente se cree que el no realizarlo traerá mala suerte tanto a la construcción como al propietario.
25 La Nación, 9 de abril de 1972, p. 6-7
26 En Viaje, N 461, abril de 1972, p. 68
27 Revista AUCA (Arquitectura, Urbanismo, Construcción, Arte), N 22, abril de 1972, p. 71
28 Revista Hechos Mundiales, N 54, abril de 1972, p. 58
29 La Nación, 20 de febrero de 1972, UNCTAD III: Fuente inesperada de trabajo para los plásticos chilenos, s/p
30 Revista Qué Pasa, N 1914, 14 de diciembre de 2017, p. 28
31 Bruno Salas. Escapes de gas. 2015.
32 Memoria para uso futuro del edificio UNCTAD III, Oficina Técnica UNCTAD III, 1972, p.9
33 Clarín, 4 abril 1972, p. 4
34 Revista En Viaje, n 461, abril de 1972, p.4
35 Fotografía de la placa de piedra grabada del artista Samuel Román. Archivo de Arte y Arquitectura de la UNCTAD III.
36 Clarín, 4 abril de 1972, p.4
37 Revista de Educación, N 39, mayo de1972, p.18
38 Oficina de informaciones y radiodifusión de la presidencia de la República. Palabras del presidente de la República compañero Salvador Allende Gossens, al hacer entrega de la Torre EX-UNCTAD a la Secretaría de la Mujer, 18 de octubre de 1972. Recuperado de Archivo Digital GAM: https://archivodigital.gam.cl/index.php/003-discurso-del-presidente-de-la-republica-traspaso-de-la-torre-unctad-iii
39 Vivir estilo UNCTAD. La Quinta Rueda, N 3, diciembre de1972, p. 5
40 En Viaje, N 466, noviembre-diciembre 1972, p. 55
41 Vivir estilo UNCTAD. La Quinta Rueda, N 3, diciembre de 1972, p. 5
42 Oficina Técnica UNCTAD III. Memoria uso futuro del edificio “Placa”. Centro Cultural Metropolitano, junio 1972.
43 Vivir al estilo UNCTAD, Revista. Quinta Rueda, N 3, diciembre de 1972, p.5.
44 Ibid., p.5.
45 Discurso inauguración del edificio UNCTAD III, Salvador Allende 1972, p.6
46 Vivir al estilo UNCTAD, Revista. Quinta Rueda, N 3, diciembre de 1972, p.5
47 En viaje, N 461, abril de 1972, “Trabajadores cumplieron con el compañero presidente”, p.68
48 Para mayor detalle véase “Las obras perdidas del Diego Portales”. Revista Qué pasa, 14 de diciembre de 2007
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