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Ejes de la memoria obrera en la construcción social del barrio. Población Linos La Unión (1941-2004)*

Axes of Labor Memory in the Social Construction of the Neighborhood. The Settlement Linos La Unión (1941-2004)

Robinson Silva Hidalgo
Universidad Austral de Chile, Chile
Tirza Barría Catalán
Universidad Austral de Chile, Chile

Ejes de la memoria obrera en la construcción social del barrio. Población Linos La Unión (1941-2004)*

Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 42, pp. 185-202, 2022

Universidad Austral de Chile

Recepción: 31 Marzo 2021

Aprobación: 08 Octubre 2021

Financiamiento

Fuente: Este artículo se inscribe en el proyecto de investigación PIA-Conicyt

Nº de contrato: SOC1403

Resumen: El trabajo que presentamos se centra en la construcción social del barrio, analizada desde la memoria de las y los trabajadores de la Fábrica de Linos en la ciudad de La Unión, región de Los Ríos, Chile. En función de una revisión historiográfica desde disciplinas afines, como la arquitectura y los estudios urbanos, se aborda el impacto del paternalismo industrial en la comunidad, en tanto modelo de intervención social, económico y político. Proponemos, como hipótesis, que la acción empresarial definió las formas de habitar en clave paternalista industrial, pero las dinámicas políticas y sociales propias del siglo XX fueron modificando esas formas de habitar hasta clausurar el paternalismo. A partir de las fuentes y métodos como testimonios individuales y cartografías participativas, se relevan categorías como la vivienda, el trabajo, las celebraciones y la relación con la naturaleza, para explicar los ejes de la memoria obrera que definen este barrio obrero.

Palabras clave: Memoria obrera, Paternalismo industrial, Barrio Linos, La Unión.

Abstract: In this article, we analyze the social construction of a neighborhood from the memory of the workers of the Linen Factory in La Unión, Los Ríos region, Chile. Based on a historiographic review from related disciplines such as human geography and urban studies, we explore the impact of industrial paternalism and how memory manages to evaluate this regime of social, economic, and political intervention. We propose that entrepreneurial action defined the ways of life and inhabiting in an industrial paternalistic fashion, but the political and social dynamics of the twentieth century modified those ways of life and inhabiting until paternalism was brought down. Based on a review of the most significant elements that are observed through participatory cartography work and individual testimonies, categories such as housing, work, celebrations and the relationship with nature are defined to explain the axes of labor memory in this neighborhood.

Keywords: Workers’ Memory, Industrial Paternalism, Neighborhood Linos, La Unión.

1. Introducción

Las formas de habitar de las comunidades obreras del siglo XX han sido uno de los temas de la historiografía que, abordados desde disciplinas afines, han relevado aspectos transcendentales sobre el uso de los espacios y las relaciones sociales y humanas.

A partir de estas investigaciones, es sabido que muchas de estas comunidades, gestadas durante el proceso de modernización llevado a cabo en Chile desde la década del treinta, desarrollaron sentido de pertenencia e identidad con el lugar. En este sentido, la memoria obrera construida tras el impulso industrializador del siglo pasado ha guiado su desarrollo posterior y, en el caso de estudio correspondiente a la población Linos, ubicada en la ciudad de La Unión, región de Los Ríos1, constituye el eje del relato histórico que presentamos.

Relevamos la importancia de este caso como industria textil, que -por antonomasia- ha sido la generadora de la clase obrera en Europa y América. En Chile, la creación en 1941 de la fábrica de Linos de La Unión convocó a un contingente de hombres y mujeres que, como obreros especializados, produjeron telas y una variedad de productos relacionados.

En torno a la fábrica, se construyó un conjunto de viviendas, donde surgió una comunidad que definió, en la cotidianeidad, una forma de habitar particular y arraigada a las prácticas paternalistas de la empresa. Si bien la actividad laboral terminó en 2004, hoy podemos registrar ese pasado y sus particularidades a través de los vestigios materiales y de la memoria de la comunidad.

Situados en el caso, la hipótesis plantea que la acción empresarial definió las formas del habitar en el proyecto de creación del barrio, pero las dinámicas sociales propias de la comunidad construyeron el carácter definitivo de sus habitantes.

Es importante indicar que el cambio político y económico anexo a la dictadura cívico-militar terminó por sellar el devenir del barrio, eliminando las relaciones sociales paternalistas con la empresa. Ello fomentó acciones individuales, generándose la pérdida del sentido de colectividad. Sin embargo, pervive en la comunidad la resistencia al olvido y la convicción de transmitir sus vivencias como memoria colectiva.

A partir de lo anterior, se plantea como objetivo determinar los elementos significativos que constituyen el habitar, relacionando lugares, formas y prácticas, a partir del relato de sus habitantes. En consecuencia, se coloca en valor la memoria obrera en cuanto a su constitución y desarrollo como comunidad de origen industrial en la ciudad de La Unión.

Metodológicamente, y para afianzar el enfoque que ha guiado esta investigación, se ha trabajado con fuentes orales, corpus conformado por ocho hombres y mujeres ligados a la fábrica, ya sea como obreros o familiares cercanos. Sus testimonios fueron recabados mediante entrevistas semiestructuradas realizadas en terreno con el consentimiento informado de los entrevistados (Pozzi 2012).

Otros métodos desarrollados fueron talleres con la comunidad en los cuales se levantaron cartografías participativas, con el objetivo de espacializar las vivencias y profundizar en el espacio construido (Ares y Risler 2013). También se revisaron otras fuentes, que corresponden a hechos factuales que fueron publicados en el Diario de La Unión (Alía 2016).

De esta forma, el ejercicio de recuperación de la memoria abre el camino hacia la historicidad de esta comunidad, proceso por el cual puede llegar a constituirse como una construcción válida para la continuidad del barrio, pero también como un aporte a la historia urbana, reafirmándose el valor histórico y el reconocimiento público del barrio y su comunidad.

En este sentido, debemos hacer un especial agradecimiento al Centro Cultural de La Unión y al sostenido trabajo de archivos e investigación de la cultura e historia local.

Este trabajo contempla el desarrollo de una revisión de la literatura respecto a la memoria como articuladora de historicidad de comunidades obreras y de los trabajos relacionados con el paternalismo industrial en cuanto definición teórica. Posteriormente se hace revisión de estas categorías de análisis, definiendo su comportamiento en Chile y respecto al caso específico que estudiamos.

A partir de nuestras premisas teóricas y metodológicas presentamos los ejes relevados para el desarrollo de este trabajo. Los elementos significados como estructurantes de la memoria obrera que organizan nuestro análisis nos llevan a definir cuatro puntos que aparecen en los diversos relatos de distintos sujetos del espacio estudiado y que refieren posibles espacios y situaciones que son señalados por los y las habitantes, constituyéndose en los contenidos fundamentales de su vida comunitaria, la que se particulariza en razón de su carácter respecto a las relaciones sociales de producción. Entonces: la vivienda y el barrio, el trabajo y la fábrica, las celebraciones y el ocio y, finalmente, la naturaleza como territorio, conforman estos cuatro ejes.

A modo de conclusión, se ratifica la importancia de la construcción de la memoria local como ejercicio que visibiliza las historias ocultas de nuestras ciudades, las cuales, producto de la vida moderna, transitan al olvido. En este sentido, la reconstrucción de estos saberes y prácticas que se dieron en el espacio habitado, apuntan a construir políticas que consideren a sus vecinos y lugares como parte activa del desarrollo de la ciudad.

2. La memoria obrera en régimen paternalista industrial

Nos acercamos al problema histórico desde la posición de sujetos que emplean sus prácticas sociales del pasado, cuya memoria permite abordar el régimen de paternalismo que dio origen a la construcción social del barrio. A continuación, presentamos algunas aproximaciones teóricas que permiten comprender los procesos.

Desde el paternalismo industrial se llevaron a cabo maneras de construir espacios habitacionales que estuvieron marcados por relaciones sociales, bajo un fuerte control social por parte del empresario-patrón (Sierra 1990). Este control se incrementa en función del crecimiento de la actividad industrial, por lo cual la vida de lo obreros estaba sujeta a pautas éticas y morales. Sin embargo, el trabajo fabril fue produciendo un trabajador que encontró la posibilidad de integrarse al modelo (Vergara 2013).

Pese a las formas de control instaladas, la vivencia de los trabajos y experiencias comunes permitió la construcción de una memoria y un territorio común (Álvarez 2016; Álvarez y Tartarini 2008).

Estos procesos han sido acompañados desde cerca por la memoria de las y los obreras/os, puesto que las formas de control social en el periodo industrial fueron rígidas, la vivencia de los trabajos y experiencias comunes deben asumirse desde la duda planteada por Ricoeur

¿No existe entre los dos polos de la memoria individual y de la memoria colectiva, un plano intermedio de referencia en el que se realizan concretamente los intercambios entre la memoria viva de las personas individuales y la memoria pública de las comunidades a las que pertenecemos? Este plano es el de la relación con los allegados, a quienes tenemos derecho a atribuirle una memoria de una clase distinta (Ricoeur 2013: 171)

Esta duda, frecuentemente compartida respecto a la vida en el barrio, hizo que los recuerdos se expusieran en esa dimensión conflictuada entre la experiencia particular y el encuentro con la situación compartida. Ello ayuda a que las personas consideren y replanteen su rol como trabajadores y constructores de un relato mayor, incluso si este se encuentra conflictuado primero y luego reconocido por el Estado, aunque esa adscripción sea solamente como objeto de la acción de la política pública (Salazar 2017; Williams 2001).

La memoria traída al presente busca, en sus espacios cotidianos, los elementos que le dan historicidad al sujeto social. En este punto, cobra sentido el estudio de las relaciones sociales en el espacio situado del barrio, espacio concebido como propio y, al mismo tiempo, público. Sobre este espacio De Certeau sostiene que:

El barrio es el espacio de una relación con el otro como ser social, que exige un tratamiento especial. Salir de casa de uno, caminar en la calle, es para empezar el planteamiento de un acto cultural, no arbitrario: inscribe al habitante en una red de signos sociales cuya existencia es anterior a él (vecindad, configuración de lugares, etcétera) … siempre se trata de una relación entre sí mismo y el mundo físico y social (De Certeau, Giard y Mayol 2000: 11).

Por tanto, el planteamiento de la relación entre individuo y construcción social del barrio está determinada por la memoria que define y explica esa relación, generando la historicidad de un grupo, de una comunidad que se relaciona en torno a los ejes que la han conformado en el pasado.

Ese proceso se instala en uno más general que guarda relación con los sentidos materiales de esa historicidad, una concreción del espacio que explica una comunidad (Lefebvre 2013; Lindón 2012). En ese sentido, el grupo, la multitud (Rudé 2009), avanza y se transforma en sujeto histórico con un proyecto reconocible frente a sus interlocutores (empresa, Estado).

Desde esta perspectiva, el sujeto social obrero se vio fortalecido durante el siglo XX, instalándose como una pieza clave en el desarrollo del Estado nacional, tal como sucedió en los países europeos (Thompson 2012). Todo ello llevó a considerar nuevas formas de socialización, diseños de relaciones sociales (Simmel 2014) y de ciudades de nuevo tipo (Stavrides 2016).

En ese proceso, un punto interesante a plantearse es el de la memoria barrial, la que guarda y registra el surgimiento y desarrollo de esos barrios (Ballent y Liernur 2014). Esta memoria da cuenta de la fuerte participación de los trabajadores y sus familias, tanto en la articulación como en la consolidación de los diversos sectores habitacionales de origen industrial, y que, hacia los años cincuenta se hizo notorio por la construcción de viviendas, pero también por la acción de vida en común que desarrollaron los vecinos en los conjuntos habitacionales que se fueron construyendo.

2.1. La cuestión paternalista en Chile

Hacia fines del siglo XIX, en las principales ciudades chilenas, se observa un auge de la industrialización, tanto en la generación de nuevas industrias como el desarrollo de nuevas tecnologías (Cariola y Sunkel 1990; Meller 1996). Esta industrialización primaria, que se desarrolló fuertemente en las décadas posteriores, apuntaba hacia una forma de capitalismo local acorde a las políticas del Estado nacional-desarrollista, en cuanto a la expansión de sistemas de producción en el territorio (Cavarozzi 2017; Salazar 2003; Muñoz 1986).

El correlato a estas políticas generales respecto al desarrollo de las ciudades y pueblos chilenos fue la instalación de nuevos barrios urbanos y campamentos en zonas rurales, que debían satisfacer las demandas básicas de la nueva población, encargándose de empujar materialmente ese proceso que, en el caso de las ciudades del sur del país, fueron iniciadas por la empresa privadas, siendo anteriores a las acciones del Estado (Almonacid 2013).

Tras el golpe de Estado en 1973, la imposición de un nuevo régimen en cuanto a lo político y económico determinó que ciertas prácticas propias del paternalismo industrial fueran eliminadas, situación que influyó no solo en las relaciones laborales entre los trabajadores y la empresa, sino también en las dinámicas sociales entre los mismos trabajadores. Esto marcó el desarrollo del barrio en las décadas posteriores (Gárate 2012; Sunkel 2011).

Por tanto, podemos considerar que la definición de obrero, propia del desarrollismo, comienza a quedar atrás, incluidas las prácticas y regalías que provenían del empresario paternalista como del Estado protector. Por tanto, la desarticulación del régimen paternalista producto de las políticas neoliberales y, en particular la desindustrialización, dio paso al término del modelo anterior y junto a ello el cese las relaciones entre obreros y patrones (Gárate 2012; Garretón 2013).

En este sentido, el nuevo modelo neoliberal definió nuevas reglas y, en ellas, el trabajo industrial no se contempló como prioritario; ergo los trabajadores de estos rubros fueron prescindibles para las políticas públicas.

La literatura señala que el surgimiento del paternalismo industrial se entiende como constructor de relaciones sociales acordes al modelo de explotación económica y agencia moralizadora de cara a considerar el rol de patrones y empleados en ese régimen (Sierra 1990).

Si bien podemos considerar esta como la definición fundamental, el paternalismo industrial tiene fases históricas y diferencias. En el primer paternalismo se incorporan los valores tradicionales o cristianos y, en el segundo, de carácter más ideológico, se busca detener las influencias del liberalismo clásico y la difusión de ideas marxistas entre los trabajadores (Alemany 2005).

Este debate, surgido en Europa y Estados Unidos, desemboca en una definición similar, pero trabajada en Chile para su comprensión histórica específica. En este sentido Videla señala:

El objetivo de la estrategia paternalista estaba en recomponer las relaciones sociales deterioradas por el industrialismo impulsado a través de una matriz de naturaleza liberal que, de acuerdo con muchos contemporáneos, había conducido a un enfrentamiento social sin precedentes debilitando la Paz Social que debía recuperarse a todo trance. Para restablecer dicho equilibrio, correspondía a los patrones ejercer un rol protagónico (Videla, Venegas y Godoy 2016: 21)

Considerando el cariz que origina al régimen paternalista y, si bien los estudios se dirigen masivamente a la actividad salitrera del norte chileno (Artaza 2018; González 2002) y -en menor medida- a los establecimientos carboníferos de Concepción y Arauco (Godoy 2015; Venegas y Morales 2014), es evidente que el modelo de construcción del habitar con relación a la industrialización se extendió por el país y continuó hasta bien entrado el siglo XX. En este ámbito, destacan la minería del cobre, las instalaciones eléctricas, las textiles, acerías y los campamentos forestales, por mencionar algunos (Acevedo y Rojas 2015; Garcés 2003).

En ese sentido, la Villa Presidente Ríos, inaugurada en 1957 en Talcahuano, es un ejemplo de este tipo de políticas, en las que el programa global incluye no solo viviendas, sino también recintos para actividades deportivas (Campos deportivos de Huachipato), culturales (escuelas y liceos) y religiosas (parroquias católicas) que moralizan al trabajador siderúrgico y a sus familias (Brito y Ganter 2014). Por tanto, se puede afirmar que la modelación de los trabajadores es propia de un barrio paternalista y, a mediados del siglo XX, constituye un elemento esencial de su formación, situación que se analizará en el caso del barrio Linos de La Unión.

El siglo XX nos muestra matices respecto a la intervención empresarial del primer momento, pues el Estado, en su carácter desarrollista, va a mostrar interés por ocupase de las condiciones sociales y económicas de la clase obrera. Ejemplo de ello son las consecutivas legislaciones que buscan proteger a este sector; de paso, se involucrará en el desarrollo de vivienda y barrios para la población trabajadora (Brito et al. 2018; Silva 2018; Almonacid 2000). En estas décadas tanto los empresarios como el Estado buscan relacionarse para mejorar el modelo y hacerlo más productivo y justo (Silva 2020a, 2020b).

Respecto a la construcción de las viviendas y barrios populares, durante las primeras décadas del siglo XX fueron los empresarios privados dedicados a la industria quienes llevaron la delantera. Paralelamente, el Estado promulgó una serie de leyes, como la Ley de Habitaciones Obreras en 1906, que fue fortalecida décadas más tarde con la creación de instituciones como la Caja de Habitación Popular en 1936 y la Corporación de la Vivienda (CORVI) en 1953, organismos que antecedieron al Ministerio de Vivienda y Urbanismo creado en 1965 (Castillo e Hidalgo 2007; Hidalgo 2004).

Si bien lo apuntado es de vital relevancia, no podemos dejar de subrayar que el paternalismo industrial sigue teniendo como foco el control social sobre los trabajadores y sus familias, que habitan las viviendas y hacen uso de los demás espacios que son propiedad de la empresa. Este aspecto negativo del paternalismo tiene una segunda mirada, pues esta política logró también generar barrios cuyas comunidades establecieron fuertes lazos sociales y humanos (Rodríguez et al. 2008).

En este punto es donde queremos insistir, planteando la construcción de un relato que nos permite entender el cómo y en qué condiciones se forjó el barrio, qué dota de sentido a esa comunidad y qué políticas estaban dirigidas para moldear a lo que Sierra llama el “obrero soñado”, es decir, al buen ciudadano moderno que aporta a la empresa y al Estado.

Pero, en esa misma línea, debemos apuntar a la desarticulación del régimen paternalista construido durante el siglo XX, producto de la implantación de políticas neoliberales a fines de este (Gárate 2012; Garretón 2013). Al respecto, creemos que la propia definición e impulso de políticas neoliberales provocó el término del modelo anterior, en particular la desindustrialización terminó con las relaciones entre obreros y patrones y desde allí se provoca una serie de modificaciones en la forma de habitar que revisaremos en los cuatro ejes relevados.

2.2. Población Linos, un barrio de origen paternalista

Como se mencionó anteriormente, es escasa la literatura que da cuenta sobre barrios obreros del sur del país, en las cuales se releven y relacionen aspectos espaciales y sociales que sean explicativos de su forma de habitar. En relación con ello, justificamos el estudio del caso de la Población Linos, ubicada en la ciudad de La Unión, dando cuenta de las particularidades de su origen y desarrollo, en el contexto de ciudad intermedia, cuyo auge industrial está asociado inicialmente a la empresa privada y, posteriormente, al Estado (Barría, Rodríguez y Silva 2018).

Para contextualizar el caso, la literatura indica que la actividad linera en el sur de Chile comienza a principios del siglo XX, organizándose en 1932 al alero de la Sociedad de Lino de Chile, creada el 3 de noviembre2. En la zona sur, las plantaciones de Linum usitatissimum, planta de origen mediterráneo que origina la fibra, cuyas semillas eran entregadas a los campesinos por la Sociedad del Lino, estaban distribuidas en zonas como Río Negro, Purranque, Casma, Fresia, Llanquihue, Osorno y Tegualda. Estas cosechas abastecían el establecimiento fabril ubicado en la ciudad de La Unión (Ramírez 1983).

Las instalaciones correspondientes a la fábrica textil en La Unión comenzaron sus actividades en 1941, fecha significativa si pensamos en el desarrollo de la Corporación de Fomento (CORFO) durante aquellos años (López 2008). La línea de producción requirió de un número significativo de obreros, tal como lo señalaba el Diario de La Unión, prensa local que, en una extensa nota, informaba sobre la inauguración de la empresa linera.

En las distintas faenas de la industria, tanto en fábricas como en oficinas, se ocupa un personal de empleados y obreros más o menos de 600 personas, entre hombres y mujeres, las que representan casi a otras tantas familias que viven de esta nueva industria, gozando del bienestar que les brindan los buenos jornales y las leyes sociales, las que se cumplen rigurosamente (Diario de La Unión 27-9-1941)3

Es relevante indicar que, desde el inicio, la empresa contempló el trabajo de hombres y mujeres, cuestión que ya define un rasgo modernizador en su acción. Por otra parte, la alusión a las leyes sociales pone en línea la actividad empresarial con los avances propiciados por el Estado chileno en materia de protección a la clase obrera, independiente de lo real de su cumplimiento. Por tanto, ya en el discurso como acción política, se reconoce la acción afirmativa del Estado para con las y los trabajadores, el cual se traduce en la instalación de la planta de linos en La Unión, esa acción afirmativa del Estado es vital para entender el origen de esta industria:

La primera hilandería de lino se ha instalado en La Unión, mediante el aporte monetario de la Corporación de Fomento de la Producción y de inversionistas particulares. Su finalidad es el aprovechamiento de la estopa y fibra de lino que se obtiene de la abundante cosecha de las provincias de Llanquihue y Valdivia. La ayuda de la Corporación ha sido de un gran significado para esta industria (Toledo 1948: 61-62).

Efectivamente, la actividad debe su inicio a la acción del Estado que compró acciones de la Sociedad del Lino, constituida años antes y donde destacan los capitales de inversionistas como Augusto Grob y Julio Buschmann. Por tanto, la fábrica es un paradigma de la política pública desarrollista, en el sentido de la colaboración del empresariado con un Estado comprometido en la industrialización.

La actividad linera se desarrolló plenamente hasta alcanzar su máximo esplendor en los años sesenta y setenta. En la década posterior, la situación cambió drásticamente cuando la producción industrial nacional se vio afectada por las nuevas políticas económicas signadas por la ideología neoliberal, siendo uno de sus principales problemas la fuerte competencia con las telas importadas, cuyo valor era menor a los textiles locales.

Los obstáculos económicos terminaron por imponerse y la empresa determinó un primer cierre en 1995, el cual duró dos años. En 1997, volvió a reactivar su funcionamiento hasta el 2004, año de cierre definitivo de la planta.

En el mejor momento de la actividad fabril linera, trabajaban un total aproximado de 1.500 trabajadores (Leal 1971). El barrio Linos, construido durante la década del cincuenta, albergó una reducida parte de estos trabajadores. Estas viviendas eran asignadas a obreros contratados, todas ellas eran controladas por la empresa. Tal como señala un vecino, esto provocó complicaciones en el habitar:

Esta población era así: eran 42 vecinos, esa parte de ahí (la bocacalle) estaba cerrada con tranca y con llave. La primera casa tenía la llave pa’ abrir, porque este recinto pertenecía a la industria. No había calle tampoco, había una pasada con barro no más y yo empecé a organizar aquí gente como le digo yo, empecé a meterme, de tal forma que hablé con el gerente, con el caballero que le mostré… En cierta oportunidad señor, le dije yo, se nos enfermó una persona en el fondo y tuvimos que sacarlo en camilla de allá y estaba lloviendo y teníamos que pasar al enfermo por arriba de la tranca, le dije yo. El que tenía la llave no estaba, por qué no se, declara abierto eso, ya está miércale, echamos abajo la tranca, hicieron pedazo la tranca y la echamos al fuego, partieron las tablas y se hicieron pa’ la estufa, ya está (Haroldo Sandoval 01-07-2017).

Efectivamente, el barrio se tensionaba en su relación con la empresa y es ese conflicto el que indagaremos en la memoria obrera del barrio, para conocer su construcción social.

Por otra parte, el equipamiento y la infraestructura pública, suministrada por la empresa o por el Estado, fueron determinantes a la hora de instalar en zonas aledañas al barrio, escuelas, postas y retenes, como también la locomoción colectiva. Tales servicios permitían la integración del barrio, a las dinámicas de crecimiento y expansión urbana.

3. Ejes de la memoria obrera del barrio paternalista

Para desarrollar lo ejes de la memoria barrial, se realizó un taller con los principales actores que construyen este relato: obreros y trabajadoras de la fábrica Hilandería La Unión. Este ejercicio permitió identificar las categorías que definen la forma de habitar en el barrio Linos.

El ejercicio contempló la elaboración de una cartografía que representa diacrónicamente los elementos materiales e inmateriales asociados a la vida cotidiana de sus habitantes. Ello permitió el análisis histórico de la construcción social de este barrio obrero. En este mapa presentamos el resultado de las vivencias, puntos de encuentro y consenso de los participantes del taller.

Metodológicamente se marcó en azul los elementos del presente y en rojo los del pasado, lo cual permitió diferenciar espacios y usos. Por ejemplo, respecto a las actividades de ocio, se identificó dónde se paseaba, qué actividades se realizaban y cómo cambió aquello, qué nuevos lugares y acciones surgieron, reemplazando o agregándose a otros existentes. De esta forma, los elementos del pasado y del presente se fueron cruzando con las memorias colectivas e individuales de los habitantes del barrio Linos.

El mapa del barrio muestra el polígono de este, en cuanto unidad residencial construida, pero, como vemos en la imagen 1, la memoria de la comunidad incorpora una serie de actividades y programas que sobrepasan los límites del área correspondiente a la industria. Otro factor de interés es que las diferentes actividades ancladas a espacios específicos se trasladan a otros sectores, como resultado de cambio en la política empresarial con respecto al uso de los espacios.

Mapa que muestra la distribución de las actividades y usos, tanto en el presente
Imagen 1.
Mapa que muestra la distribución de las actividades y usos, tanto en el presente
Fuente: Elaboración propia.

Las categorías más relevantes, producto de este ejercicio, fueron las de: vivienda y barrio como hito constructivo; la vida en el trabajo y la fábrica; celebraciones y ocio; y la relación con la naturaleza del entorno.

3.1. Vivienda y barrio

La vivienda, tanto en sus elementos constructivos, como en su significado social refiere el nudo central de la memoria colectiva del barrio Linos4. Las casas, en lo relativo a la disposición espacial, construcción y posterior gestión para la adquisición de los títulos de dominio, aparecen fuertemente en el relato de los trabajadores lineros.

En cuanto a su arquitectura, corresponde un volumen de dos pisos, seccionado en viviendas pareadas. Como se observa en la imagen 2, este volumen se reitera en distintas longitudes, los cuales se enfrentan paralelamente, generando calles que estructuran el ordenamiento del conjunto.

Grupo de viviendas pareadas.
Imagen 2.
Grupo de viviendas pareadas.
Fuente: Elaboración propia.

Respecto a aspectos constructivos y materiales de la vivienda, estas cumplían con varios aspectos valorados en la época, señalando:

Las casas del Lino eran construidas con madera nativa y subterráneo, porque en esa época de los sesenta no existían los refrigeradores entonces los subterráneos se ocupaban para guardar la carne porque de esa forma no podían ingresar las moscas y la carne se mantenía (Honorino Contreras 27-4-2017).

Apropiadas para el clima sureño, estas viviendas rescataban, en la disposición de sus recintos, las características del habitar obrero, por tanto, eran valoradas y requeridas por los trabajadores.

Junto con lo anterior, esta comunidad construye una identidad de barrio, en función de la vida cotidiana, compartiendo no solo en el ámbito del trabajo en la fábrica, sino también en los espontáneos encuentros en los antejardines, en las labores de mantención de los patios y en los trayectos diarios a la fábrica. En estas instancias se fraguarán relaciones muy cercanas de un grupo que se convirtió en comunidad.

La vecindad -al cabo del tiempo- se transformó en una gran familia extendida que se denomina así misma como “linera”, constituyendo una cohesión que se evidencia en la forma de pabellón que agrupa las casas del barrio.

Por otra parte, ha quedado en la memoria el control ejercido por la empresa en cuanto a los requerimientos necesarios para acceder a vivir en estas casas, entendiendo que eran escasas y solo para “empleados”. En este sentido, se distingue la división de clases entre empleados y obreros, razón por la cual, se construyeron otras viviendas para empleados calificados, ubicadas en el Maitén, las cuales fueron desmanteladas décadas más tarde. Al respecto, en uno de los relatos se señala:

Entonces se construyeron casas en el sector del Maitén, y porque los que aquí vivían no eran propietarios. La empresa tenía esto para sus empleados, entonces como nosotros teníamos recién familia, se privilegió a los otros con las del Maitén y esta casa quedó desocupada y ahí nosotros nos venimos para acá (Sara Carrasco, 15-7-2017).

Tras la instalación de la familia en la vivienda, la empresa mantenía un férreo control de la casa y reglas de uso. Para ello, disponía de la “visitadora social”, la cual realizaba inspecciones regulares para observar las normas impuestas. Junto al empleador, podían expulsar a una familia, si esta no se comportaba en función del marco moral impuesto por la empresa, sobre todo si la familia ocupante no pagaba arriendo, ni tampoco los servicios básicos como electricidad, agua potable y las reparaciones necesarias para su mantención. Al ser estas casas propiedad de la empresa, esta se encargaba de ello, según expresa el siguiente relato:

Cuando entregaron la población la asistente pasaba revisando, las casas tenían que estar todas impecables. Si se echaba a perder algo la fábrica lo reponía, por ejemplo, mandaban gasfíter o reponían los vidrios que se quebraban pagando todos los costos la fábrica (Sonia Ojeda 22-7-2017).

Es así como, no solo la vivienda y el entorno, sino también las conductas de sus trabajadores estaban sujetos al control y al poder de decisión de la empresa.

La vivienda, en tanto núcleo fundamental del nuevo espacio creado -el barrio-, proyecta una forma de habitar que da cuenta de una nueva condición del obrero en la ciudad, en el entendido de que este es parte fundamental para el desarrollo de la industria del país.

3.2. Trabajo y fábrica

Muchas de las empresas e instalaciones que dieron vida al habitar obrero del sur de Chile desaparecieron, también en el caso de la fábrica de Linos La Unión, pero el trabajo en la textil fue virtuoso en el recuerdo de las y los trabajadores. Una cuestión que expresa el valor de este trabajo es la gran fractura en el relato de los testimonios, el antes y después es inevitable, con el trabajo y sin él, la narración cambia.

Si bien el trabajo linero fue apreciado y recordado con orgullo por hombres y mujeres, ello no significa que las biografías no estén marcadas por dificultades en relación con las situaciones que llevaron al ingreso al trabajo textil. En el caso de las mujeres el relato está marcado por la obligación respecto al cuidado de la familia, como históricamente está asociado, y las dificultades que comportó aquello cuando la situación social y económica empeoraba. Al respecto se relata:

Si, en ese entonces ya estábamos casa dos y yo estaba embarazada de mi hijo mayor que hoy tiene 57 años más o menos. Entonces él se fue por que quedó mucha gente cesante entonces por medio de la gobernación hizo contacto con Valdivia para ir a buscar víveres para los trabajadores… Yo entro a trabajar a la industria el año 1962 porque mi marido se enfermó porque tenía pus en el pulmón, entonces el doctor dijo que él ya no iba a poder seguir trabajando, se tuvo que retirar siendo jubilado por invalidez, luego fue trasladado a Santiago, allá estuvo dos años hospitalizado y le extrajeron el pulmón (Sonia Ojeda, 22-07-2017).

Una gran fábrica cerrada en La Unión, que muestra su chimenea inerte por encima de la línea de casa bajas de la ciudad, hoy ocupada por la nueva actividad lechera, define el recuerdo del trabajo asalariado que primó en el siglo XX, como señala uno de ellos:

Los sueldos no eran na’ muy buenos. Pero teníamos trabajo, el sueldo no era bueno, pero ahí nos pagaban semanal, de ahí mensual, pero todos nos arreglamos y educamos a los niños hasta donde se pudo, y nosotros por lo menos educamos a todos los chicos, todos tiene la enseñanza media, todos tienen más que la enseñanza media (Clenardo Matus 15-7-2017)

Como vemos, el relato no es el de un pasado glorioso, pero sí el de una vida tranquila que se sustenta en la regularidad, en la forma planificada de la vida que permite proyectar la familia. Esta situación se identifica en todos los testimonios y refleja la construcción de un sujeto social que entendía lo esencial del trabajo industrial y el hecho de prestar la fuerza para obtener algunas ventajas y con ello mejorar su calidad de vida.

La posibilidad del progreso prometido por los gobiernos desarrollistas del siglo XX se expresa en esa plataforma que entrega el trabajo industrial linero, independiente del rol que se ejerce al interior de la máquina productiva.

Trabajaron dos hermanos, tres, cuatro hermanos trabajaron, nosotros éramos nueve, aquí somos dos profesoras y el resto eran lineros, les decíamos nosotros, pero igual po’, eran, ya después estudiaron, ya fueron empleados, ya no fueron obreros como el papá, por ejemplo, el papá fue obrero casi toda una vida, después ya, estuvo como unos diez años después como empleado, los empleados son lo que mandan, es decir en todas partes po’, empleado es el que manda al obrero y está a cargo de una sección, con más responsabilidad (Elisa Insunza, 31-5-2017).

Como se representa en el mapa, la fábrica es significada de manera central en la vida del pasado, es referencial respecto a las “trancas”, casas de empleados e infraestructuras como estadios y sedes. En cambio, en el presente, la empresa Colún, lejana a ellos en la materialidad del trabajo, es definida como un espacio de “mal olor”, sin otorgarle mayor valor que ese carácter negativo.

Directiva sindical, 1963
Imagen 3.
Directiva sindical, 1963
Fuente: Archivo personal de la familia Sandoval.

3.3. Celebraciones y ocio

Uno de los elementos importantes de la identidad obrera es el ocio. Desde los relatos que sugieren el ocio controlado y planificado por la empresa, pasando por el que se autoconstituye por los grupos de trabajadores y hasta los que emergen a finales del período como industria masiva de entretenimiento, que podemos llamar cultura popular, son parte significativa del habitar obrero.

Esta idea del ocio está en la memoria, como cuando se señala que:

Bueno, aparte de que una vez al año, se organizaba un baile, y quedaban todos curados como penca, digamos, y después llegaba al sindicato. Allá mismo se hacían todas las fiestas, pero entre ellos no más, los puros trabajadores (Elisa Insunza, 31-5-2017).

En efecto, la cuestión del descontrol se encuentra disociado, incluso opuesto al quehacer de la empresa; se identifica como un tema aparte, incluso como un momento de libertad.

Por otra parte, y en el ámbito del ocio controlado e impulsado por la empresa, está la práctica futbolística, asociada históricamente a los obreros industriales. El club deportivo de la fábrica estuvo presente en la vida barrial, siendo fuertemente apoyado por las y los vecinos, prueba de ello son las canchas y estadios que pueblan la zona circundante al barrio, incluso con pista atlética, como en el caso del estadio de la empresa, el más importante de estos recintos.

En los relatos de los trabajadores, son permanentes las referencias a las cenas, kermeses y fiestas de obreros, así como los paseos por el río o la turbina, o las navidades y celebraciones del 18 de septiembre. En este tipo de actividades siempre contaron o con el apoyo o la anuencia de la empresa. Como señala uno de los vecinos, es interesante observar la integración de adultos y niños en estas festividades, indicando el tono familiar y unido del barrio.

Claro, se terminó todo eso, yo era tan entusiasta que yo antes de las fiestas de navidad, corría casa por casa con … redondo, qué es lo que van a aportar pa’ darle a los niños, va a haber trigo mote con huesillo para los adultos ¿ve?, pa’ los padres, y pa’ los niños eran lápices de escribir, cuadernos, pero los hacía competir, ya poníamos dos listones así, unas manzanas colgando ahí y al que le pegué una mascá de manzana con el brazo aquí atrás, el que se come la manzana y ese tenía premio, o bien que cante, yo le daba su premio, escogíamos un fin de semana, claro (Haroldo Sandoval 24-6-2017).

La importancia del ocio radica en la integración al calendario civil por parte de los trabajadores, esto quiere decir que los días festivos, definidos por el Estado, vinieron a marcar los ciclos de trabajo y descanso, cuestión que caracteriza al régimen asalariado de trabajo. Ahora bien, el contenido de esas fiestas: lo que se come, se canta, se baila o se hace, es parte del patrimonio de la comunidad que ejercita ese asueto y que, si bien escapa a este trabajo, profundizaría en su identidad.

Por último, es relevante señalar que, en la cartografía, la situación de adentro y afuera marca profundamente la diferencia que se establece entre trabajo y ocio, separando esos mundos de manera radical, hay lugares donde cumplir con la responsabilidad encargada por la empresa y otro donde ser libre y ejercer esa libertad, ya sea para festejar o descansar de ese compromiso adquirido.

Bueno, el parque todavía existe, pero ahora es de Colún, porque el parque antes era de la Linos, aquí se llegaba bañar mucha gente por los dos lados, parque municipal y acá era el lado nuestro, era nuestro balneario. Pero ya la gente lo usa como parque y ahora el acceso es privado, todo, está todo cerrado, lo van a abrir cunado crezcan los árboles parece, debiera estar abierto, nosotros nos vamos a ir y esa cuestión no vamos a alcanzar a meter las patas ahí, el terreno era de nosotros, de la Linos, de toda la población, teníamos acceso nosotros, teníamos acceso por que los dueños de la Linos eran dueños del parque, ahí pololeábamos nosotros (entrevista colectiva, 24-6-2017).

En el sentido manifestado por los vecinos y vecinas, la impronta del espacio de ocio para el baño de verano o para el “pololeo” se asocia fuertemente a esa libertad, pero dentro del marco del espacio reconocido como propio, es el patio del barrio el que se disfruta y que se añora en el presente cercado, el pasado de libertades controladas es pensado como mejor, más divertido, que entrega más espacio al goce vital que se encuentra con el río Llollelhue, después de la jornada laboral en la fábrica.

Actividades para las celebraciones de las fiestas en la fábrica
Imagen 4.
Actividades para las celebraciones de las fiestas en la fábrica
Fuente: Archivo personal de la familia Sandoval.

3.4. Naturaleza

Un elemento que caracteriza al sur de Chile es la exuberancia natural del territorio, las industrias se hacen parte de ese paisaje, muchas de ellas instaladas cerca de cursos o cuerpos de agua dadas sus necesidades productivas. Las viviendas se construyen cerca de la fábrica y, por lo tanto, industria, barrio y naturaleza conforman un todo indisociable en los conjuntos sureños.

En este sentido, hay dos aspectos que llaman la atención: en primer lugar, el que expone a los espacios naturales como lugares para el goce y el descanso. Por otra parte, se asocia estos lugares a un relato del peligro y de la utilidad ante la catástrofe, como veremos a continuación.

Los espacios naturales circundantes al barrio son la forma de extrañarse de la máquina productiva industrial, es una otredad en la memoria de los trabajadores, un lugar para escapar, asociado al disfrute y el descanso. En ese sentido, el paseo de mayor relevancia es el que ofrece la zona de La Turbina que, aunque sea una instalación industrial, igualmente es una gran área verde:

Vivíamos por allá, claro, paseo po’, toda la cabrería de aquí, (lleno de rocas). Lo otro que fue muy bonita la niñez nuestra porque era un tipo, bueno todo partió de la construcción que es tipo alemán, las instalaciones de tubería, abajo mismo acá lo que soporta la casa (su casa) (Raquel Insunza, 1-7-2017)

El sector de La Turbina y el estadio son relevados por los y las vecinas como el espacio de ocio más relevante, aunque se considera como una actividad de las personas más jóvenes del barrio, espacios de socialización muy valorados en el pasado y que hoy se encuentran menos considerados. Cabe señalar que La Turbina no se reconoce como parte del barrio, ni antes ni ahora, es un paseo considerado como un “afuera” del ámbito de la población linera.

En el mapa se identifica otro espacio natural significativo: la pampa aledaña al río Llollelhue, que divide el recinto linero de la ciudad de La Unión. Este espacio, referido para paseos diarios y para la tradicional crianza de animales domésticos y aves de corral, nos habla de esa transición tan evidente entre el origen campesino y la vida industrial. Pero este espacio fue significativo para el terremoto de 1960, como lo recuerda un testimonio:

Pasaron muchas cosas, hubieron, unas experiencias que, nosotros estuvimos afuera en la pampa, por el temor de mi señora que decidió… sacamos la familia e instalamos una carpita afuera, no nos atrevimos, porque la casa esta se descuadraba así ve, así, caía polvo de las esquinas, me acuerdo que subí con dos niños, los niños agarrados con -yo tenía un par de mellizos-, agarré, ¡oh, papito! las cosas cayéndose aquí, y yo me fui subiendo como pude para arriba a buscar, que estaba, una guagua arriba, la guagua que estaba en la cuna corría pa’ allá y pa’ acá, así es que yo, y miré por la ventana y vi un cerezo que se movía así, afuera, está bueno ya, dije, y me agarré del pasillo (Haroldo Sandoval 24-6-2017).

La memoria obrera que puebla estos paisajes y los constituye, registra usos y ocupaciones de gran relevancia para los espacios naturales, los respeta -como en este caso de catástrofe sísmica-, por ello, se tiene conciencia del cuidado que se debe tener para con ellos. De esta forma, la visión de peligro o inutilidad respecto a los espacios naturales no se aloja en la memoria del barrio, es más bien un discurso que proviene de la lógica empresarial.

La categoría de relación con la naturaleza es muy relevante para considerar el conflicto entre adentro y afuera del barrio, cuestión fundamental para el programa paternalista y que se rompe, de alguna manera, con la circulación de las personas en esos espacios no controlados por la empresa, es una forma de escapar del orden impuesto por el régimen de relaciones sociales.

Debe señalarse que estos miembros de las comunidades industriales saben y conocen acerca de los ríos, bosques y humedales del sur, es por ello que son un elemento que se integra en su memoria y que nuestro análisis aprende a valorar y destacar en el presente. Es más, relevan dentro de ese ambiente, catalogado negativamente por el discurso oficial, la belleza del espacio.

También íbamos a cazar ranas, andaban todos los cabros ahí metidos, eso lo rellenaron, por ahí bajando al ladito, ese era el pantano, después me decían a mi que iba a ser como la flor de loto, ¿por qué? Porque eso crece en lugares sucios prácticamente, pero ella es una flor tan linda que todo lo sucio se borra con esa hermosura, son bien bonitas las flores (Entrevista colectiva 24-6-2017)

Sin duda, ese encuentro con la naturaleza y el establecer relaciones con ese entorno hizo del régimen paternalista algo más suave, más amable, que la comunidad reconoce amenazada hasta hoy, ya no por la industria, sino por las lógicas de mercado que rellenan espacios naturales en función de proyectos inmobiliarios o comerciales.

4. Consideraciones finales

Llegados al punto de concluir, es importante considerar el valor histórico de las comunidades surgidas al calor de la actividad industrial del siglo XX, sin duda fueron relevantes en dar sentido y materialidad al proyecto estatal, además de cumplir con las expectativas del empresariado, en su afán de generar riqueza en las nuevas relaciones sociales de producción que proponía el industrialismo propio del capitalismo anterior a la propuesta neoliberal.

En nuestra hipótesis planteamos que la acción empresarial definió las formas del habitar en el proyecto original de la creación del barrio, esto efectivamente se comprueba en el empuje inicial de la construcción y gestión de las viviendas y de infraestructura que acompaña al barrio. Es la empresa linera quien impone las formas del habitar, considerando que la propiedad le pertenecía y, con ello, genera las pautas morales y éticas para ocupar ese espacio, en calidad de “padre proveedor”, cumpliendo con el paradigma del paternalismo industrial descrito en la literatura y que, además, se alinea con los casos de paternalismo industrial relatado en Chile para el mismo momento histórico en que se desarrolla el barrio linero de La Unión.

Por otra parte, las dinámicas sociales propias del devenir histórico de la comunidad fueron las que dieron el carácter definitivo al barrio; ya sea por los cambios políticos y económicos de los años sesenta y setenta, como por el proyecto neoliberal anexo a la dictadura cívico-militar, que terminó por sellar el carácter de la población linera, clausurando las relaciones sociales paternalistas, incluidas en la desaparición de la fábrica. En este sentido, nuestra reflexión acerca de la pérdida del sentido de comunidad se conecta con la imposición neoliberal que, por la clausura de la empresa, desarma la estructura social construida, impulsando la individuación de las relaciones en el barrio.

De esta forma, nuestra hipótesis se valida y reconoce las transformaciones en el barrio, desde el régimen paternalista a una descomposición de este, los cuatro ejes descritos confirman ese proceso y conectan con los estudios acerca del impacto del neoliberalismo en la sociedad contemporánea.

El objetivo que nos propusimos guarda relación con revisar los elementos más significativos que arroja la memoria obrera del barrio, para ello se articularon diversas categorías de análisis, tanto la vivienda y el barrio, el trabajo y la fábrica, como la celebraciones y el ocio y la relación con la naturaleza, todas ellas hacen un dibujo que permite acercarnos al habitar, obrero y moderno de este barrio en concreto. Ello nos proporciona una comprensión de este momento de la historia obrera sureña y nos convoca a indagar otros espacios similares que ayuden a profundizar en el problema.

Una cuestión que aparece potentemente hoy en el sector tiene un importante vínculo con la patrimonialización del barrio, definiendo una posibilidad para contar la historia obrera y, mediante aquello, dar sentido al relato de su memoria, enfrentando así la generación de áreas turísticas o de servicios que afectan a las y los vecinos, cuestión que debe quedar para la definición de las políticas públicas, dada la inversión que ello significa. Respecto a este último punto debe darse una apertura hacia el pasado que relatan las comunidades, permitiendo que los significados de los valores del barrio y las amenazas que lo ofenden sean considerados en el habitar del presente.

Por último, no es menor señalar que reducir la memoria/historia obrera al relato de la máquina o, en este caso del pasado productor, tiene un valor parcial. Las comunidades definen espacios más amplios y complejos, como sus relaciones sociales, su forma de habitar, que incluye el barrio y todo lo que se contiene ahí, también el río y espacios naturales, podemos decir que es un universo plural el que define el pasado del habitante-trabajador y así debe ser relatado por el museo o los textos. Hay que señalar también que el rescate de las celebraciones, en todas sus formas y dimensiones, ayuda a ese relato polifónico que debe dinamizar un pasado de los obreros industriales, si bien ese es un patrimonio inmaterial, el registro existente en distinto formato puede ayudar a dar cuenta de ese universo cuestionado, desvalorizado, desechado por la necesidad de generar nuevos productos en la industria cultural. Dar cuenta de una época es también relevar cómo se disfrutaba y se sufría la vida en ese momento.

En definitiva, la relevancia del proceso de industrialización en el sur del país durante el siglo XX se demuestra en la construcción de espacio social habitado, en aspectos como el desarrollo urbano y las relaciones sociales modernas. Es a raíz de ello que se impactó el territorio en cuestiones como las relaciones capital-trabajo, en las de género y en la constitución de familias obreras. Lo anterior se desarrolló a partir de la aplicación de dispositivos de control social de la mano de obra propias del siglo XX.

Estas miradas son posibles gracias a un trabajo interdisciplinario que incluye a la historia social y su caracterización de los sujetos, la geografía humana y sus técnicas, así como los estudios urbanos y su aporte a la morfología de los lugares. Así, se vincularon las formas particulares de habitar, que conformaron la proletarización e incorporación a la vida moderna que el Estado perseguía.

Agradecimientos

Este artículo se inscribe en el proyecto de investigación PIA-Conicyt SOC1403 “Patrimonio industrial: formas de habitar colectivo en el sur de Chile. Aportes para una política pública de recuperación integrada”. Agradecimientos a los ayudantes Fernando Flores, Nicolás Toledo y Daniela Figueroa

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Notas

1 La ciudad de La Unión concentró una gran cantidad de industrias, cuestión poco común para una urbe pequeña del sur de Chile. Además de la instalación linera férrea, existió un importante molino triguero y una refinería de azúcar, también una importante manufactura de productos lácteos (Brito et al. 2018).
2 Pabla Toledo (1948) establece que la producción de lino en Chile comenzó en la colonia en establecimientos jesuitas, luego, en tiempos republicanos, el cultivo retornó en zonas de Quillota y La Ligua, hacia fines de los cuarenta había 7 establecimientos en el país dedicados a su explotación.
3 “Con gran solemnidad fue inaugurada en la tarde de hoy la Hilandería de Lino” Diario de La Unión 27 de septiembre de 1941.
4 El barrio Linos de La Unión, conformado por 40 viviendas en siete bloques continuos, fue construido en terrenos de la familia Grob, se construyeron viviendas entre 1952 y 1962 a cargo del arquitecto Carlos Buschmann (Barría, Rodríguez y Silva 2018)
* Este artículo se inscribe en el proyecto de investigación PIA-Conicyt SOC1403 “Patrimonio industrial: formas de habitar colectivo en el sur de Chile. Aportes para una política pública de recuperación integrada”. Agradecimientos a los ayudantes Fernando Flores, Nicolás Toledo y Daniela Figueroa
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