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El rol del fuego en los procesos de desterritorialización y reterritorialización de La Araucanía 1862 – 1930*

Fire’s role in deterritorialization and reterritorialization processes in La Araucanía 1862 – 1930

Viviana Sepúlveda-Granados
Universidad Católica de Temuco, Chile
Miguel Escalona-Ulloa
Universidad Católica de Temuco, Chile
Nicolás Morales-Figueroa
Universidad Católica de Temuco, Chile

El rol del fuego en los procesos de desterritorialización y reterritorialización de La Araucanía 1862 – 1930*

Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 45, pp. 119-136, 2023

Universidad Austral de Chile

Recepción: 30 Agosto 2022

Aprobación: 04 Agosto 2023

Financiamiento

Fuente: FONDECYT

Nº de contrato: 11200188

Resumen: Este artículo presenta un análisis de los procesos de transformación territorial vinculados a la desterritorialización y reterritorialización ocurridas en La Araucanía. A partir de la identificación de un agente común, el fuego, y utilizando un enfoque de análisis de contenido sobre fuentes documentales relacionadas a procesos históricos de ocupación, se identifican cuatro dimensiones claves: simbólica, cultural, política y técnica-productiva; las cuales permiten comprender el rol del fuego en los procesos espaciales de transformación. Los principales hallazgos permiten señalar que el fuego se encuentra vinculado constantemente en los procesos de desterritorialización y reterritorialización, formando parte de las prácticas de los habitantes como también siendo una herramienta de poder y control territorial.

Palabras clave: Fuego, Territorio, Desterritorialización, Reterritorialización, Araucanía.

Abstract: This paper analyses territorial transformation processes linked to deterritorialization and reterritorialization phenomena that took place in La Araucanía. Departing from the identification of a common agent -fire-, it applies content analyses approach over documentary sources associated to occupational historical processes, identifying four key dimensions that make it possible to understand fire’s role into the transformation of spatial processes. The main findings indicate that fire is constantly connected to deterritorialization and reterritorialization processes, being part of the inhabitant’s practices as well as a tool for territorial power and control.

Keywords: fire, territory, deterritorialization, reterritorialization, Araucanía.

1. Introducción

El “espacio” es la representación de un conjunto de sistemas de objetos y acciones que no son consideradas aisladamente, ya que de estos emerge el contexto único en el que se realiza la historia (Santos 2000). Se posiciona bajo una lógica de representación social que no es constante ni única (Aliste y Núñez 2015), sino que surge a partir de las influencias culturales y conceptuales que los diversos actores le otorgan, las que se ven plasmadas en representaciones políticas, económicas, sociales, culturales y naturales que se organizan y dan vida a lo que se conoce como territorio. Si el espacio es el resultado de las representaciones que ejerce la sociedad en el medio, el territorio pasa a ser una base material sobre la que se asientan las comunidades. Desde esta perspectiva pasa a ser un concepto multidisciplinario que se extiende hacia diversas ciencias sociales como la antropología, sociología o psicología (Vargas 2012), lo que genera que este concepto tenga la cualidad de presentar una multiplicidad de significados, comprendiéndose a partir de una modalidad práctica de aprehensión del espacio geográfico por parte los grupos humanos (Machado 2015).

Desde la perspectiva de la geografía política el territorio pasa a ser un objeto de estudio de suma importancia, ya que hace énfasis en las prácticas de poder. Se orienta hacia la crítica de los poderes que amenazan los fundamentos de la vida en el espacio, como los problemas del ambiente físico y humano, derroche de recursos y la gobernabilidad de las poblaciones (Raffestin 2020). En ese sentido la geografía política centra sus estudios en los procesos de toma de decisiones políticas (Gaete 1984), lo que permite que esta perspectiva de estudio comprenda como los procesos históricos de América Latina han provocado grandes divisiones a partir de la creación de los Estado nación que dieron origen a diversas entidades político – administrativas coloniales (Cairo y María 2014), lo que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se traduce en la definición de los Estados nacionales latinoamericanos (Zusman 2017).

En el caso de Chile, se asume que el colonialismo fue una etapa histórica marcada por la presencia hispana en América que culminó en los procesos de formación del Estado, en que se daba por sentado que la declaración de la independencia y creación de la república desraizaron las formas coloniales de gobierno y violencia. Sin embargo, estas no son más que lecturas que constituyen interpretaciones hegemónicas, en donde el fuego juega un rol fundamental en la búsqueda por visibilizar eventos históricos colonialistas muchas veces omitidos por las ciencias sociales (Chance 2015; Marder 2015; Clark y Yusoff 2014). Consecuentemente se evidencian los cambios territoriales a través del tiempo debido a los proyectos y procesos coloniales, los cuales han ido reinventándose y restructurando dinámicas políticas, sociales y económicas. La Araucanía anteriormente conocida como Wallmapu, corresponde a un espacio que integra dos macro territorios a uno y otro lado de la cordillera de Los Andes. Esta fue despojada del control que ejercía hasta mediados del siglo XIX la sociedad mapuche (Nahuelpan y Antimil 2019; Nahuelpan 2012).

La presencia del Estado chileno en este lugar desencadenó procesos de transformación y reconfiguración territorial (figura 1), de esta forma, la instalación del Estado generó levantamientos mapuche, cambios acelerados en el paisaje geográfico, la población, propiedad de la tierra y la economía fruto de la ocupación de nuevas tierras cultivables (Chihuailaf 2014). Esto condujo a que se produjeran procesos de desterritorialización y reterritorialización, la desterritorialización conlleva un cambio en el territorio ya habitado, modificando su curso e implantando nuevas formas de ordenamiento a partir de la reterritorialización, las que se vieron influenciados por la presencia particular de agentes que se utilizaron para generar cambios en este espacio que a lo largo de la historia ha promovido acciones tendentes a la explotación de la naturaleza (Escalona y Barton 2020).

Región de La Araucanía
Figura 1.
Región de La Araucanía
Fuente: Elaboración propia.

Los procesos de reconfiguración territorial en que se ve involucrado La Araucanía a manos del Estado chileno pueden comprenderse a partir de las relaciones de poder, que atraviesan, caracterizan y constituyen el cuerpo social. Estas relaciones no pueden disociarse ni establecer ni funcionar sin una producción, acumulación y circulación de un discurso (Colpas 2015). En este contexto, es posible señalar que la transformación ocurrida en La Araucanía a manos del Estado chileno surgió producto de la utilización de dispositivos de poder, en este caso el fuego, cuya expresión espacial es factible de reconocer a lo largo de la historia regional. De esta manera el artículo plantea una reflexión crítica respecto al fuego como un dispositivo que estructuró La Araucanía

El fuego, en tanto agente que estructura el espacio, generó procesos de desterritorialización del Wallmapu, a partir de la modificación del paisaje originario ya habitado, cambiando así sus lógicas de funcionamiento generando con ello un proceso de reterritorialización, en que se crea un nuevo territorio sobre las expresiones espaciales anteriores, y que es posible observar a partir de la creación de una nueva división política – administrativa, la región de La Araucanía.

Para analizar la influencia del fuego en estas acciones de transformación se ha establecido como dimensión temporal el periodo que abarca desde 1862 (Leiva y Pinto 2013; Aguilera 1953) a 1930, momento en el que comienza el proceso de ocupación progresiva del territorio mapuche que busca obtener el control y soberanía en este espacio (eufemística “pacificación de La Araucanía”), y se extiende hasta 1930 donde se establece a partir del decreto 8583 un nuevo orden comunal señalando lo siguiente:

Los departamentos en que se divide el territorio nacional constarán de las comunas que se indican a continuación correspondiendo cada territorio comunal a una subdelegación completa y equivaliendo la división administrativa denominada comuna a la división política llamada subdelegación (Del Congreso Nacional: s. f.).

Para analizar estos procesos el artículo parte con una argumentación conceptual sobre espacio, territorio, desterritorialización y reterritorialización. Luego se plantea una discusión teórica que reconoce al fuego como un agente estructurador del territorio. Posteriormente se presenta la metodología que se orientó al análisis de contenido (Andreu 2002) sobre diversas fuentes documentales del fuego como dispositivo político, cultural, simbólico y técnico–productivo que ha favorecido la territorialización y desterritorialización del Wallmapu.

Los principales hallazgos de esta investigación se orientan a reconocer que el fuego tiene diversas connotaciones para el ser humano.

Se constituyó en un dispositivo efectivo para el control territorial ya que su uso en distintos momentos de la historia regional gatillo procesos de desterritorialización y reterritorialización en este lugar. El histórico conflicto que ha enfrentado al Estado con el pueblo mapuche tiene hoy un nuevo intermediario: el fuego. En este contexto, es necesario develar el significado que tiene para ambos actores, su uso y apropiación, y sus consecuencias para el devenir La Araucanía.

2. El espacio como manifestación social en el medio natural

Durante muchos años el espacio se ha presentado como un receptáculo vacío e inerte, un espacio geométrico, euclidiano, que sólo posteriormente sería ocupado por cuerpos y objetos, este espacio se ha hecho pasar como intangible, completamente transparente, neutral, definitivo, que sin embargo oculta una determinada visión de la realidad social y del propio espacio a partir de la imposición de determinadas relaciones de poder (Lefebvre 1974). El espacio es relacional, donde se desafía radicalmente la imaginación sentenciosa de lugares que compiten, vencen y fallan como resultado único de sus características intrínsecas (Massey 2008).

Es sabido que la principal forma de relación entre la sociedad y el medio se plasma a través del espacio. Este siempre está presente, como una construcción horizontal, una situación única, así, las representaciones de las relaciones localizadas vienen dadas por el espacio que reúne esas formas de vida que le animan (Santos 2000). Considerando, de esta manera, el espacio como el conjunto de relaciones que se desarrollan a través de funciones y formas que representan una historia escrita por procesos temporales. Esta temporalidad histórica que contiene el espacio depende de las destrezas culturales, metafóricas e intelectuales, el tiempo y el espacio pueden ser “hechos de la naturaleza” (Harvey 1996). En consecuencia, las representaciones que se plasman en el “espacio” están ligadas al contexto cultural e histórico, entendiéndolo a partir de las percepciones y representaciones que la sociedad expresa en él.

Desde el espacio surge entonces, el territorio, comprendido como una manifestación de una determinada configuración social. Como un producto construido resultado de un proceso interactivo el cual es interpretado y reinterpretado de una forma compleja, debido a que al ser una representación siempre es susceptible de ser transformado (Arreola y Moreno 2017). Sin embargo, hay que comprender que el espacio no es el resultado de la suma de territorios sino una complejidad de relaciones (flujos, fronteras, territorios y vínculos), lo que implica que un territorio o “lugar” no sea algo simple, cerrado y coherente (Massey 2004).

Por lo tanto, el territorio, producto de este espacio de interacción social y natural, no debe entenderse como un telón de fondo estático o simplemente como el contenedor de las acciones políticas es algo moldeado por procesos continuos de regulación y gobernanza, siendo el efecto móvil de un régimen de gobernabilidad múltiple (Elden 2013). Interpretado de esa manera el territorio presenta un dinamismo constante y es producto de la soberanía que se ejerce sobre él. No se puede reducir el territorio y el espacio a una categoría de análisis neutra, el espacio se encuentra unido indisociablemente con el tiempo, que expresa y exhibe a cada momento las relaciones políticas, económicas y sociales que han forjado su heterogéneo origen (Talledos 2014).

El espacio pasa a ser comprendido desde una perspectiva semiológica, que incorpora las cuestiones simbólicas que dan forma al territorio, de esta forma, se concibe el territorio como la manifestación espacial del poder, que se fundamenta en las relaciones sociales, que se encuentran determinadas en diferentes grados y estructuras simbólicas (Altschuler 2013). David Harvey plantea que desde el punto de vista material la concepción objetiva de tiempo y espacio se han creado necesariamente a través de las prácticas y procesos materiales que sirven para reproducir la vida social. De esta forma, la objetividad del tiempo y espacio se encuentra dada por las prácticas materiales de la reproducción. En suma, cada modo de producción o formación social particular encarnará un conjunto de prácticas y conceptos del tiempo y espacio (Harvey 1990).

En palabras más concretas podemos entender que el espacio se encuentra dado por una dimensión material e inmaterial. Desde la dimensión material nos encontramos con las técnicas, modos de producción y reproducción de la vida social, siendo el resultado de la base espacial en la que se expresan los procesos sociales y la dimensión inmaterial es aquella que corresponde a las percepciones, expresiones culturales, políticas, sociales, de poder que son el resultado del dinamismo territorial y la manifestación de la existencia misma de la sociedad.

3. Desterritorialización y reterritorialización: el colonialismo y el poder en la conformación del espacio.

Los procesos de desterritorialización y reterritorialización (Deleuze y Guattari 1994) son producto de los constantes cambios y procesos en que se ve envuelto el territorio, el cual puede desterritorializarse, cambiar su curso habitual, destruirse, producto de la incidencia y el constante cambio de los seres humanos, y volver a reterritorializarse con nuevos agenciamientos (Herner 2009). Esto quiere decir, cambiar las “lógicas” por las cuales se rige desde su primera apropiación, hacía nuevos órdenes a partir de los que ejercen este nuevo dominio.

En el devenir histórico de América Latina la política ha incidido sobre estos espacios históricos, la articulación sistémica del mundo occidental en la región ha articulado los espacios mediante la explotación de la naturaleza y transformaciones en los espacios urbanos (Salas 2011). Se imponen nuevas formas de ordenamiento, fragmentando los espacios, cargándolos de condiciones sociales, económicas y culturales producto de la inserción de las lógicas coloniales las cuales eran los principales precursores de cambios territoriales para este periodo (Escalona & Peñaloza 2022). El territorio se ve influenciado de manera constante por el poder, el que permite controlar los procesos sociales mediante el control del espacio, así la desterritorialización no puede disociarse de la reterritorialización, por ende, el territorio debe ser comprendido como un producto del movimiento de ambos (Haesbaert 2013). Este poder que se ejerce no siempre es visible, tiene connotaciones simbólicas que se van construyendo a partir del dominio político, lo que conlleva a que se generen procesos de apropiación cultural. Los paisajes de poder que emergen en América Latina representan el imaginario de las élites respecto a comprender el territorio como una materialidad que puede ser modificado a partir de la vocación productiva que puede instalarse en el (Escalona 2019)

No se puede desterritorializar un territorio sin crear al mismo tiempo otro igual, no se puede desterritorializar relaciones sin reterritorializar simultáneamente otras (Mubi 2010). En esta relación entre modificación y creación del espacio; siempre está presente una expresión de dominación, donde un grupo ejerce poder sobre el otro insertando sus lógicas o formas de vida, su propia territorialización por sobre la que ya existía, así el colonialismo se convierte en un factor clave para evidenciar cómo operan los procesos de cambio en el territorio. El colonialismo es el poder ejercido repetidamente que construye a un “otro” a través del discurso colonial, en el que es negado de su existencia al no reconocer su diferencia (Bhabha 1994). Esta visión colonial solo ve los territorios desde la perspectiva del espacio como fuente económica, en las que pasa a ser un receptáculo en el que se implantan nuevas relaciones económicas (Hiernaux y Lindón 1993), buscando nuevos polos de concentración de recursos.

Los procesos de colonialismo tienen inserto el ejercicio del poder, que busca incorporar a las masas que habitan estos espacios hacia territorios demarcados con la finalidad de reunir bienes o riquezas, así se van inscribiendo dispositivos de control que se fundamentan en el sometimiento (Boccara 1999). Estos dispositivos, desde la mirada de Foucault, se sustentan en discursos y conocimientos disciplinarios, así el Estado que se instala en estos territorios colonizados, no es territorio per se, sino población conjunta con dispositivos de seguridad (Mubi 2010). Estos espacios colonizados conducen a conflictos territoriales, principalmente por los cortes coloniales, los que no borran patrones de uso anterior, siendo comprendido como una superposición de imaginarios geográficos, contribuyendo a una lógica de apropiación espacial al imponer una imagen mental de sociedad. Esto a partir de un carácter colonizador ante la creación de nueva propiedad impuesta por los colonos (Rausch y Ríos 2020).

Aunque la creación de propiedad mediante la identificación, limitación y separación del espacio actúe en la reestructuración, con la finalidad de tener el control total, no son limitantes para los colonizados, así, se emplean distintas formas y dispositivos para mantener el control del territorio los que supone violencia, acoso, persecución por parte de los colonizadores con el fin de “civilizar” el territorio inhóspito (Blomley 2010; Bengoa y Videla 2000). De esta forma durante el siglo XIX se esforzaron por modificar la identidad nacional, europeizándola, renegando de su origen indígena y mestizo, lo que conllevo a campañas de ocupación militar por la soberanía territorial a partir del imperativo económico, social, político y territorial (Otazo y Gallegos 2011). Involucrando de esta manera acciones que buscaron invisibilizar la cultura mapuche y reemplazarla a partir de otras lógicas de reproducción social, instaurando en el territorio límites y costumbres occidentales como nuevas formas de habitar, dejando en evidencia un proceso de reterritorialización marcado a partir de la imposición de un nuevo orden en el territorio, que posteriormente se visualiza en la territorialización que establecen los colonos.

La reterritorialización resulta ser uno de los aspectos más importantes en la discusión, ya que es desde este momento donde se identifican los conflictos que van creciendo entre el Estado y los mapuche, debido a que durante este proceso, que emerge posterior a una desterritorialización, se enmarcan dimensiones que permiten reconocer de mejor manera los cambios que comienza a experimentar el territorio.

4. El fuego como un dispositivo de poder.

Desde la apreciación de cómo los espacios se vuelven territorios delimitados por procesos de desterritorialización y reterritorialización, a partir del ejercicio del poder y la implementación de dispositivos de control, resulta interesante analizar como el uso del fuego tiene un rol en la construcción de un territorio.

Históricamente al fuego se le han involucrado diversos significados dependiendo de las percepciones que las personas tienen sobre este elemento. Así, el fuego es visto como un signo del mal, del pecado, como también visualizado como purificador, transmitiendo valores misteriosos, indefinidos (Bachelard 1966). De esta forma, el fuego puede ser representado como un símbolo de reposo, renovación, inicio, como también puede ser comprendido como abrazador, destrucción y castigo a la desobediencia.

Cuando hablamos del fuego frecuentemente representa a su vez un medio necesario para la renovación de la tierra, es una práctica cultural que adoptan indígenas que se encuentran familiarizados con él. Es el caso de los pemones en la Gran Sabana (Rodríguez y Sletto 2009). Desde su perspectiva, el fuego representa una carga ancestral de cuidar y mantener, no tiene solo fines materiales y prácticos utilizados por el ser humano, sino que resulta necesario para renovar los pastos, las plantas, ayudar a florecer nuevas especies y así moldear permanentemente el paisaje.

El fuego desde sus representaciones históricas y culturales tiene una doble carga, en el sentido de que representa para algunos algo negativo para el ecosistema, y para otros un equilibrio con la naturaleza. En este sentido Moura et al. (2019) indican que, si bien el fuego es utilizado aún por culturas tradicionales desde la perspectiva de renovación de tierra, la agricultura, la caza, las plantas, las ceremonias y rituales, los gobiernos impiden que estas tradiciones históricas sigan su curso, ya que imparten políticas centradas en la conservación de los recursos, específicamente forestales, para defender los intereses económicos.

La representación del fuego pasa a tener más que una carga simbólica y cultural y se convierte en una estrategia de control territorial. Estas cargas culturales asociadas al fuego se ven sometidas y expropiadas por quienes ejercen el poder para implantar su visión técnica/productiva en los procesos de “control del fuego”. Un ejemplo sobre esto es el expuesto en Solari et al. (2007) quién ejemplifica esta situación al sur del Chile, donde el uso del fuego pasa a ser una forma de explotación de los bosques, utilizando técnicas como el roce a fuego para habilitar campos agrícolas y ganaderos.

El fuego pasa a considerarse, entonces, como un dispositivo de poder de carácter simbólico-cultural. Sin embargo, existe también una dimensión de resistencia/dominio político, siendo este una metáfora del poder (Chance 2015). El fuego se constituye en una herramienta para el gobierno autorizador; el que arrasa la tierra como táctica militar, conlleva al progreso por medio de la producción industrial (maquina a vapor) y tiene relación con las quemas o barricadas como instrumento de revolución. De esta forma, se van generando distintas categorías para analizar el uso del fuego ya no solo como un símbolo de renovación, cultural, productivo, sino como un instrumento de revolución y resistencia por parte de colectivos que van en contra de las normas establecidas por el Estado. El fuego pasa por consiguiente a estar en el centro de las ideas de la pasión y la violencia. En casos como la India (Blom 2008), este tiene connotaciones y metáforas culturales densas desde la cosmología hindú y también se encuentra presente en las manifestaciones contra el Estado.

El fuego también es expresado a partir de connotaciones dicotómicas ya que provoca una sensación o experiencia a partir de categorías opuestas, haciendo juicios categóricos entorno a la sensación buena o mala, útil o inútil que este representa (Camacho 2000). Lo que concretamente se ve reflejado en la relación que se teje a partir de la experiencia negativa (utilización del fuego como herramienta de control, poder, dominación) y positiva (el fuego como simbolismo de lo divino, como la calidez del hogar).

En este artículo el fuego se constituye en un dispositivo de poder que cumple con una función reconfiguradora del territorio y que a su vez se encuentra presente en patrones de uso anterior, lo que conlleva a que este tenga un rol importante en los distintos mecanismos de ocupación territorial.

Este trabajo busca analizar las distintas dimensiones del uso del fuego y su rol en los procesos de desterritorialización y reterritorialización que ocurrieron en La Araucanía posocupación.

5. Perspectivas metodológicas:

Esta investigación utiliza una metodología cualitativa con enfoque en el análisis de contenido. Este permite interpretar una lectura a partir de una recogida de información de manera sistemática, objetiva y replicable permitiendo percibir un texto o imagen dándole sentido a partir de un contexto determinado (Andreu 2002).

En primer lugar, se realizó una búsqueda de palabras claves asociadas a: fuego, incendio, quema, roce, sobre fuentes históricas documentales que tuvieran relación con los procesos de ocupación de La Araucanía.

Posteriormente, mediante el análisis del discurso que permite examinar el lenguaje en los distintos ámbitos de conocimiento, se seleccionaron algunos párrafos que resultan representativos a la búsqueda de información. Luego se realizó realizar una interpretación sobre la base de su significado y lenguajes figurativos (tabla 1).

Tabla n°1:
Dimensiones, significados y lenguajes figurativos relacionados a la importancia discursiva de actores respecto al fuego y el territorio.
Dimensiones, significados y lenguajes figurativos relacionados a la importancia discursiva de actores respecto al fuego y el territorio.
Fuente: Paisaje, poder y transformaciones territoriales en La Araucanía, 1846-1992. Una ecología política histórica. (Escalona 2019).

A partir de lo anterior, fue posible identificar cuatro dimensiones que permiten comprender el rol del fuego en los procesos de desterritorialización y reterritorialización en La Araucanía, estas son: simbólica, cultural, política y técnico – productiva. La elección de estás cuatro dimensiones surge a partir del análisis de las citas textuales que poseen enunciados del uso del fuego a fin de agrupar la información para poder realizar un análisis pertinente.

La dimensión simbólica se asocia a la recreación de una realidad social, haciendo referencia a determinados objetos materiales, relaciones de intercambio entre personas y/o grupos a esquemas cognitivos o representaciones mentales de la realidad e incluso el lenguaje (Barbeta 2015), las que en el caso de La Araucanía se encuentran representadas por el fuego a partir de la percepción tanto del uso de este elemento, como también en los simbolismos que representa.

La dimensión cultural define los elementos que son percibidos por los individuos, la forma en que los utilizan y como llevan a cabo sus prácticas (Claval 2002), que en La Araucanía se encuentran inmersos en las prácticas, creencias y hábitos que el pueblo mapuche utiliza en su cotidianidad, manteniendo patrones de comportamientos con orientaciones valorativas sobre el uso del fuego.

La dimensión política alude a las relaciones que se forjan entre los individuos e instituciones (Kirby 1989; Santis 1989), que en el caso de este territorio han estado mediadas por el fuego el cual ha posibilitado el control territorial por parte del Estado, el desplazamiento mapuche de sus tierras y también algunas acciones de resistencia.

Finalmente, la dimensión técnico – productiva alude a las estrategias de producción utilizadas por los mapuche y posteriormente los colonos en La Araucanía (Inostroza L., 2016). En este sentido el fuego es utilizado como una herramienta para llevar a cabo la limpieza de tierras.

La información recopilada incluyó las siguientes fuentes:

- Crónicas de viajeros, se incluyen una serie de libros publicados a mediados del siglo XIX. Entre las crónicas se pueden encontrar Araucanía y sus habitantes escritas por Ignacio Domeyko (1846), Vida y costumbre de los indígenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX escrita por Ernesto Wilhelm de Moesbach (1936), La organización social y las creencias religiosas de los antiguos Araucanos de Ricardo E. Latcham (1924), Los araucanos o notas sobre una gira efectuada entre las tribus indígenas de Chile meridional por Edmond Rahuel Smith (1914), entre otras.

- Otros documentos, se incluyen libros publicados con información relevante para complementar la información obtenida destacando textos como Angol la ciudad de los confines de Víctor Sánchez (1953), Historia de Temuco. Biografía de la Capital de la Frontera de Eduardo Pino (1969), Comentarios del Pueblo Araucano (La Faz Social) de Manuel Manquilef (1911), Historia del Pueblo Mapuche de José Bengoa (1996), entre otros.

- Fotografías extraídas de Memoria Chilena.

6. Resultados y discusión: El uso del fuego en la trayectoria histórica del Wallmapu/Araucanía.

Cuando hablamos de elementos que componen el territorio no solo nos referimos a características tangibles o visibles que puedan encontrarse a simple vista. En ocasiones las particularidades que componen el espacio tienen una noción más profunda y significativa que permite comprender por qué se conforman nuevas territorialidades sobre otras, generando procesos de desterritorialización y reterritorialización. En el caso de la región de La Araucanía, se han movilizado diversas y profundas transformaciones que se relacionan con procesos coloniales que se han vivido en Latinoamérica a partir del siglo XIX (Botía 2019; Guerra Vilaboy 2017; Leveratto 1995; Santos 1972). Procesos que tienen como factor común al fuego como un agente que se presenta a partir de distintas connotaciones y que permitió “facilitar” los procesos de reconfiguración territorial.

6.1. La dimensión simbólica

La dimensión simbólica que surge a partir del análisis de fuentes históricas se encuentra cargada de significados en la forma de comprender el fuego desde un punto de vista material e inmaterial. El fuego es un elemento presente constantemente en la percepción de las personas, quiere decir que este representa algo que se encuentra oculto, pasa desapercibido, pero que vincula a las personas o grupos al representar un símbolo común (Yin 2016).

Lo simbólico recrea una realidad social. De este modo, los fenómenos sociales están de uno u otro modo siempre asociados con formas simbólicas que adquieren sentidos concretos para los sujetos. El simbolismo hace referencia a determinados objetos materiales, relaciones de intercambio entre personas y/o grupos, a esquemas cognitivos o representaciones mentales de la realidad e incluso el lenguaje (Barbeta 2015).

Desde esta perspectiva, el fuego emerge a partir de la percepción que se tiene sobre su uso. Al respecto Félix de Augusta describe el uso del fuego en actos de integración social en ese periodo en el siguiente poema:

(…) Aun se figura escuchar los hurras de sus vasallos, del incendio el crepitar, los disparos de fusil y el correr de los caballos cargados con el botín. Hoy está sólo, otro ambiente en torno suyo, se siente un extraño en su país y cortan su libertad un camino o una ciudad que ve de pronto surgir. Las pataguas y laureles que formaban los doseles de sus bosques, ya no están; y en lugar de la floresta, como en señal de protesta, solo negros troncos hay (Lillo 1908)

El logos expuesto en este fragmento se encuentra asociado a lenguajes figurativos sobre el antiguo habitar de los mapuche, aludiendo a un cambio en el territorio que se ve reflejado en el pathos nostálgico que relata el autor. El ethos que es factible reconocer en esta cita se posiciona a través de los recuerdos de un antiguo tipo de paisaje que ahora se ve totalmente transformado producto de la llegada de los colonos, en donde el fuego se identifica como un agente reestructurador que permitió que este cambio pudiera tener lugar al quemarse el bosque que antiguamente se encontraba en este espacio.

Otras formas de entender el uso del fuego se indican en otra crónica a través de lo que expone Félix de Augusta:

… lo mismo entienden por el Pillan, a quien también invocan, porque los volcanes que ay en este reyno, que son muchos y echan fuego, humo, azufre, dicen que son algunos de sus caciques difuntos que habitan en aquellos volcanes y arrojan fuego quando se enojan (De Augusta 1910).

El ethos que se reconoce en este fragmento permite vincular el fuego con la geografía de La Araucanía. En este contexto, el fuego se expresa como una manifestación natural que emerge desde el interior de la tierra a través del volcán. De alguna manera, esta descripción está asociada a un vínculo cercano del habitar en este lugar, ya que el fuego y humo que expulsa el volcán representa a los caciques difuntos.

La siguiente fotografía (figura n°2) forma parte de la geografía perteneciente a La Araucanía (Hume & Walker 1915 – 1920). Tal y como lo describe la cita anterior los volcanes son asimilados a los simbolismos mapuche debido a la existencia de estos por todo el territorio. De esta forma representan el pillan y sus caciques a través del humo y fuego, dejando en evidencia la existencia de una territorialidad mapuche que se vincula con las características que hay en el territorio.

Volcán Llaima.
Figura n°2
Volcán Llaima.
Fuente: Memoria chilena

Esta dimensión se encuentra relacionada con los procesos de desterritorialización y reterritorialización al expresar a través de la percepción el cambio y continuidad del paisaje de este territorio.

Al describir el volcán como parte del entorno natural del paisaje y a su vez como manifestación de sus caciques, se puede comprender la existencia de una territorialidad presente que posteriormente es destruida y sobre ella se impone una nueva configuración espacial, dando cuenta de los procesos de desterritorialización y reterritorialización.

6.2. La dimensión cultural

La dimensión cultural surge a partir de elementos que se encuentran presentes en la cotidianidad del Pueblo Mapuche, donde se menciona el uso del fuego como parte de las prácticas, creencias y hábitos, manteniendo ciertos patrones de comportamientos con orientaciones valorativas sobre el uso de este elemento. La cultura pasa a ser comprendida a partir de elementos que son percibidos por los individuos, la forma en que los utilizan y como a partir de esto se llevan a cabo prácticas (Claval 2002). Desde este plano “interaccional”, la cultura tiene la función de mantener temas disponibles para la comunicación, que a nivel de sistemas más complejos sirve para el mantenimiento de patrones y orientaciones valorativas.

En relación con las creencias, el fuego se presenta de la siguiente forma:

Para ahuyentar los espíritus malos, los brujos o huecuvu que podían venir en auxilio del que se exorcisaba, se colocaba en el dintel de la puerta y en el portillo por donde salía el humo de los fuegos, manojos de quellenlahuén, una yerba cuyo olor creían no poder soportar dichos seres (Latcham 1924)

El ethos que se reconoce en este argumento se posiciona en los relatos de la experiencia adquirida por las prácticas que llevaban a cabo para sanar al enfermo, además hace alusión a espíritus malignos que pueden ser espantados mediante el uso de yerbas y fuego.

La siguiente imagen extraída de un archivo histórico de Claudio Gay (figura n°3) representa un machitún, una ceremonia para curar a los enfermos donde el fuego tiene un lugar central (Gay C., 1800 – 1873).

Machitún, modo de curar enfermos 1854.
Figura n°3.
Machitún, modo de curar enfermos 1854.
Fuente: Memoria chilena

También el fuego está involucrado en otras actividades diarias del pueblo mapuche:

Si el visitante era mujer, se le arreglaba el asiento a orillas del fuego, si era hombre, se le hacía sentar más hacía la entrada (Moesbach 1936)

Después de éstas ceremonias, se hacen tres fuegos, dos para los capitanes i uno para el teniente. Cada jefe se reune a su jente para principiar a comer i a beber (Manquilef 1911)

El fragmento anterior da cuenta de las distintas experiencias y costumbres que comparten los mapuche en torno al fuego, constituyéndose en un elemento central que abre la puerta al mundo cotidiano del habitar en estos lugares.

También es posible encontrar menciones que asocian al fuego en estrategias de comunicación y defensa de su territorio, tal como expresa Ignacio Domeyko en sus primeros libros posterior al exilio, “La Araucanía y sus habitantes”, en el que deja en evidencia las formas del uso del fuego:

Ya desaparecieron aquellos célebres telégrafos de fuego, que repetidos de un cerro a otro, lograban en una sola noche poner en alzamiento a toda la tierra, i concentraban casi en un mismo día todas las fuerzas de los guerreros que el peligro común llamaba a la defensa del hogar doméstico (Domeyko 1846).

El pathos que se reconoce en esta cita se encuentra vinculado con la nostalgia de los cambios en las prácticas de comunicación que se tenía en el territorio. El fuego en la vida cotidiana permite reconocer la relevancia de este dispositivo para diversos fines, incluida la defensa.

La dimensión cultural expresa un habitar que corresponde a una territorialidad que poco a poco fue despojada. En las primeras citas se aborda cómo el fuego era un centro de reunión, de organización y encuentro, así como también un medio de auxilio para sanar al enfermo. La segunda alude ya a un proceso de desterritorialización debido a que una práctica comunicacional, donde el fuego nuevamente es utilizado como un medio que los mapuche utilizaban para alzarse en defensa de su territorio dejó de ser utilizada con la llegada de los colonos al comenzar los procesos de desplazamiento.

6.3. La dimensión técnica/productiva

Esta dimensión se refiere a aquellas estrategias de limpieza de tierras para la producción de cultivos, tanto por mapuche y colonos. La agricultura mapuche es una actividad histórica de larga duración, que se basa en una tipología productiva con base en el arado y el uso del suelo en dos campos de rotación agrícola y ganadera (Inostroza 2016). Este tipo de prácticas se extiende posteriormente a la explotación cerealera del trigo y monocultivo forestal por parte del Estado chileno.

De esta forma, el fuego surge como un elemento que permite llevar a cabo prácticas relacionadas con la limpieza de tierra. Esto es expresado en la siguiente cita:

Por el lado del camino, los indios habían quemado el pasto en grandes extensiones a fin de procurar un nuevo brote en los campos angostados por el sol de verano (Smith 1914).

El ethos que se reconoce en este fragmento relata cómo los mapuche llevaban a cabo estas prácticas para preparar el suelo.

La siguiente fotografía (figura n°4) representa la transformación territorial ocurrida en Traiguén. La imagen representa un paisaje en que se visualizan construcciones de casas, plantaciones de monocultivo, y zonas despejadas, lo que se vincula con las citas anteriores relacionadas con la limpieza de tierra.

Traiguén 1919. Fuente: Memoria chilena
Figura n°4.
Traiguén 1919. Fuente: Memoria chilena
Fuente: Museo histórico Nacional 1919.

Desde de la dimensión técnico - productiva el fuego permite visualizar los procesos de desterritorialización ya que como indica la cita, el terreno era utilizado por los mapuche para arar la tierra, sembrar y utilizar los campos, así, esta práctica fue adquirida por los colonos quienes limpiaron la tierra para asentar viviendas, caminos, y a su vez comenzar con su explotación productiva enfocada en el monocultivo. De esta manera, lo técnico - productivo se vincula a los procesos de desterritorialización y reterritorialización al despojar de prácticas a los mapuche (limpieza del terreno con el uso del fuego) y llevar a cabo a mayor escala la quema para organizar el nuevo territorio.

6.4. La dimensión política

La dimensión política se puede comprender como el conjunto de relaciones que se forjan entre los individuos, familias e instituciones que constituyen una interacción política real, es decir, lo político se manifiesta como un sentido común y práctico de relaciones basadas en elementos comunes a largo plazo (Kirby 1989). Este espacio político contiene una estructura que se encuentra inserta en una relación funcional entre la población, el territorio, la organización y los medios de poder, de esta manera la política logra alcanzar sus objetivos de bienestar y seguridad (Santis 1989). En este contexto lo político se comprende a partir de la relación que se produce entre el Estado y el pueblo mapuche, y cómo al darse estas relaciones influyen en los procesos de transformación territorial.

En esta dimensión se despliegan hechos como el desplazamiento producto del ejercicio del poder que el Estado arremete contra el por ese entonces era reconocido como L, el control territorial que hace hincapié a la forma en que el miedo impartido permitía el avance colonial y la resistencia como una expresión de lucha constante.

El fuego se involucra con las acciones de desplazamiento que son expresadas en la siguiente cita:

Varias espediciones entraron a la tierra en los años siguientes. Una llegó hasta chanco, donde vivía kilapan; le quemaron sus casas. Se trasladaba entonces a otro lugar (Guevara 1913).

El ethos que se retrata en esta cita se encuentra ligado un relato que alude a la ocupación de La Araucanía a partir de las estrategias de desplazamiento. El fuego es útil para quemar las casas y arrebatar la tierra.

Las acciones de desplazamiento conllevaron una transformación en el territorio que puede ser apreciada a partir de la siguiente fotografía (figura n°5), la que demuestra el rol del fuego ya no solo para generar miedo y terror, sino para limpiar la tierra y con ellos construir férreas líneas por donde cruzará el ferrocarril, ampliando el capitalismo en este (Alliende 2001).

“El desastre ferroviario de Nueva Imperial”.
Figura n°5:
“El desastre ferroviario de Nueva Imperial”.
Fuente: Revista sucesos, 1992.

El fuego también adquiere una función en el control territorial que se ejerce en La Araucanía, y se expresan en las siguientes citas:

Los indios tuvieron muchos muertos y prisioneros y experimentaron la pérdida de sus ganados, siembras y habitaciones, arrasadas por el incendio (Guevara 1898).

Este fragmento da cuenta de la utilidad que presta el fuego en la ocupación y expulsión de la población mapuche de estas tierras, con el propósito de instaurar una nueva forma de administración territorial.

La resistencia es otra acción en la que se utiliza el fuego. Este surge como respuesta ante las acciones que ejerce el Estado chileno que busca colonizar La Araucanía y que se expresa de la siguiente manera:

Epulef, empezó su arenga diciendo: que sus mayores, dueños de la ciudad, habian sido los más esclarecidos patriotas, i pelearon por su suelo hasta vencer a los huincas; que sus hazañas i titulos estaban escritos en las hojas de un gran libro que le habia sido legado como timbre de gloria i honor, pero que los calcús los habian arrojado al fuego, consumiendo las llamas de ese modo su encumbrada prosapia formalmente hacia saber al señor usía, como representante el señor gobierno, la resolución de no permitir que los soldados ni alma alguna salvase la línea que bondadosamente habia marcado el día anterior (Subercaseaux 1888).

El ethos que emerge de este párrafo anterior da cuenta de un relato de los procesos de reestructuración territorial que ocurren en La Araucanía a partir de estrategias de resistencia ante esta ocupación.

Otro ejemplo de aplicación de resistencia ante estos hechos de desplazamiento y colonización se encuentra en la siguiente cita:

En este momento acabo de recibir la apreciable nota de US. Fecha de ayer donde me dice que en Cholchol ha tenido lugar una junta de los indígenas para incendiar las plazas de Angol y Mulchén. Ahí mismo me recomienda que a la brevedad posible mande a la tierra, una o dos personas de mi confianza a indagar que es lo que hay sobre este particular, es lo que en el momento voy a hacer, con la mayor actividad (Guevara 1898).

El ethos en este párrafo también permite dar cuenta que los mapuche estaban tomando acciones de resistencia con el fin de evitar el desplazamiento forzado de sus comunidades, utilizando los mismos medios que los colonos, el uso del fuego.

En primera instancia se habla sobre el desplazamiento, que surge como una estrategia del Estado chileno que busca modificar y reestructurar el orden que los mapuche tienen preestablecido en su cotidianidad. El fuego resulta crucial para lograr que estos abandonen sus casas y se comiencen a movilizar y establecer en otros espacios. El control territorial que se comienza a ejercer producto de estos desplazamientos forzosos reconoce nuevamente el uso del fuego como una herramienta de poder para llevar a cabo la tarea que busca mantener un orden a partir de la implantación del miedo, quemando casas, arrebatando ganado, familias, siguiendo una lógica de actos violentos mediante los cuales se busca colonizar y lograr tener un control político – administrativo.

Ante estas acciones que lleva a cabo el Estado chileno se produce una resistencia, en las que también el fuego es utilizado como una herramienta que les permite responder ante la ocupación y usurpación del territorio, utilizando los mismos métodos que el Estado chileno ejerce sobre ellos.

El fuego en la dimensión política está presente a partir de hechos de violencia, control, desplazamiento y usurpación que se describen en esta época. Los eventos mencionados históricamente presentan un paralelismo con los procesos políticos/de resistencia actuales en la región de La Araucanía.

Conclusiones

Las dimensiones de análisis propuestas en esta investigación permiten señalar que el fuego se encuentra vinculado constantemente a los procesos de territorialización y desterritorialización que han ocurrido en La Araucanía. Desde diversas aristas el fuego ha incidido en la construcción de este espacio regional, formando parte de las prácticas culturales que los habitantes de este lugar han establecido con su entorno, así como también, como una herramienta de poder y control territorial.

El proceso desterritorialización y reterritorialización que vive este territorio ocurre a partir del ejercicio de poder que ejerce el Estado chileno hacia los Mapuche, de esta manera, se producen dinámicas en que el fuego es utilizado como un dispositivo que conlleva al desplazamiento y despojo de tierras, así como también es utilizado como un medio para la “creación” de nuevos espacios, y la llegada del progreso a través de la inserción del ferrocarril, caminos, centros poblados y actividades económicas a gran escala.

Por medio de las dimensiones investigadas se ha podido visualizar el alcance y el rol del fuego en diversas áreas, proporcionando ideas sobre las dinámicas y disputas sobre el territorio a través del tiempo. Estas interacciones han sido fundamentales para la evolución de la región, más no han obtenido la atención necesaria por parte de los investigadores. Esto realza la importancia de esta investigación, la cual entrega nuevas perspectivas respecto al uso del fuego en la historia y abre nuevas posibilidades a futuros estudios relacionados a este tópico.

Finalmente es importante señalar que los conflictos territoriales han permanecido patentes en la región. En este contexto, es importante reflexionar respecto al significado del fuego en actos considerados “vandálicos” o de “resistencia”. Por tanto, más allá del acto violento que ello implica, es necesario tener una mirada objetiva de cómo se da uso a un elemento como el fuego, el cual se presenta como un agente clave para comprender las demandas políticas y territoriales.

Agradecimientos

Este artículo se encuentra financiado por el proyecto de investigación FONDECYT 11200188 Wallmapu/Araucanía en llamas! El rol del fuego en la construcción social de un territorio. Departamento de Ciencias Ambientales. Facultad de Recursos Naturales. Universidad Católica de Temuco.

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Notas

* Este artículo se encuentra financiado por el proyecto de investigación FONDECYT 11200188 Wallmapu/Araucanía en llamas! El rol del fuego en la construcción social de un territorio. Departamento de Ciencias Ambientales. Facultad de Recursos Naturales. Universidad Católica de Temuco.
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