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Escala de Frecuencia y Respuesta a los Conflictos de Pareja: Fiabilidad y Validez
Frequency and Response to Conflicts in Couple Relationship Scale: Validity and Reliability
Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación - e Avaliação Psicológica, vol. 3, núm. 56, p. 47, 2020
Associação Iberoamericana de Diagnóstico e Avaliação Psicológica



Resumen: Se busca construir la Escala de Frecuencia y Respuesta a los Conflictos de Pareja, con el objetivo de ofrecer una herramienta sencilla y útil para evaluar la dimensión conflictos en las relaciones de pareja, y analizar sus propiedades psicométricas. Se contó con 620 participantes de Asturias y Málaga (España), que mantenían una relación de pareja. El 57.7% eran mujeres, el 54% estaban solteros, el 66.1% convivían con su pareja y el 57.9% no tenían hijos. Para el estudio de la estructura factorial se dividió la muestra total en dos submuestras aleatorias, llevando a cabo una validación cruzada consistente en un análisis factorial exploratorio (AFE) con la primera submuestra y un análisis factorial confirmatorio (AFC) con la segunda. Los resultados presentan una escala que, con siete ítems y tres factores (frecuencia del conflicto, respuesta positiva y respuesta negativa), explica el 68.5% de la varianza con una adecuada fiabilidad (α=.79).

Palabras clave: relación de pareja, conflictos, escala, validación de instrumentos, análisis factorial.

Abstract: This work aims to build the Frequency and Response to Conflicts in Couple Relationship Scale, in order to provide a tool which is clear and useful to assess the conflict dimension within couple relationships, and to analyze their psychometric properties. 620 persons from Asturias and Málaga (Spain), who were in a relationship, took part in this study. 57.7% were women, 54% were single, 66.1% lived with their partner, and 57.9% did not have children. The sample was divided in two random subsamples in order to study the factor structure; a cross-validation was used, consisting in an exploratory factor analysis (EFA) on the first subsample, and a confirmatory factor analysis (CFA) on the second one. Results showed a scale with seven items and three factors (conflict frequency, positive response and negative response) explaining the 68.5% of variance with an adequate reliability (α=.79).

Keywords: couple relationship, conflicts, scale, instrument validation, factor analysis.

Introducción

Al igual que ocurre con las personas, cada relación de pareja es diferente a las demás. Cada díada se constituye en base a una historia personal, en la que influyen, por ejemplo, los modelos educativos que han ejercido sus respectivas familias de origen, entre los que destacan los comportamientos paternos y la experiencia vivida en el hogar como aspectos básicos que condicionan la configuración de una relación de pareja. Por otra lado, el principal motivo por el que las parejas se mantienen unidas es el propio amor, cariño y respeto que se procesan, lo que convierte al componente afectivo y a la comunicación entre la pareja en los pilares básicos que sustenta la relación (Ruíz Becerril, 2001). Frente a esta idea, es evidente que no todas las parejas cuentan con un nivel óptimo de satisfacción que garantice el bienestar de sus miembros, pero sobre todo, dentro de una misma relación, se suelen dar fluctuaciones en aspectos como la comunicación, la confianza o el afecto, que pueden condicionar la satisfacción con la relación e, incluso, llevar a cuestionar la continuidad de la misma.

De forma general, se opta por una visión negativa del conflicto, viéndose como un aspecto a evitar y sobre el que se ha de intervenir con el fin de erradicar, pero como recoge Arranz Freijo (2002), desde que nacemos estamos expuestos al conflicto con nuestro entorno y esto supone una oportunidad para el desarrollo psicológico. Para este autor, el conflicto ha ejercido una función determinante como promotor de la evolución como especie y para la propia evolución como individuo, pues un contexto con cierto nivel de desafío es una oportunidad educativa para el desarrollo. Bajo esta premisa, parece claro que en el sistema de pareja van a existir diferencias, por lo que será fundamental un esfuerzo de ambos miembros por acoplar, ajustar y, sobre todo, por rentabilizar esas diferencias como oportunidades de crecimiento y desarrollo a nivel personal y como pareja (Capafóns & Sosa, 2015).

Para Castillo Lindel, Chaves Sánchez y Tomé Merchán (2011), esas diferencias o conflictos en las relaciones de pareja se presentan de diversas formas y se caracterizan por ser inevitables, aunque se pueden llegar a prevenir e incluso aplazar. Estos autores sitúan la importancia del conflicto en su gestión, pues suele conllevar una evolución en cuanto a que supone un aprendizaje importante a nivel individual y de pareja (el conflicto implica cambio, el cambio evolución, y la evolución está relacionada con el aprendizaje). A pesar de las oportunidades que puede conllevar un conflicto, es importante no olvidar que una exposición excesiva a él, o una mala gestión del mismo, puede suponer un grave escollo para la vida en pareja, así como influir negativamente en el resto de dimensiones que la configuran.

A la hora de intentar delimitar lo que puede entenderse por un conflicto, Paniagua Villarruel (2004) lo define como la dificultad para conciliar ideas, representaciones, intereses, valores o formas de ver, de vivir o de entender el mundo (p.19). Además, es posible agruparlos o establecer áreas de conflicto como las que presenta García Higuerón (2002) en base a los aspectos fundamentales que estructuran la relación de pareja: intimidad, referente a aspectos como la expresión de afecto; compromiso, entendido como los esfuerzos realizados para mantener o mejorar la relación por un lado y, por otro, para hacer feliz al otro; dominancia, balance entre el poder y control en la toma de decisiones; apego, cumplimiento de las expectativas que generan las peticiones del otro; y los problemas en la comunicación y resolución de problemas.

Más allá de la forma de definir o clasificar un conflicto, cada persona tiende a una forma particular de abordarlo y asimilarlo, pues diferentes características personales y sociales (género, edad, contexto cultural, etc.) influirán en cómo cada persona vive un determinado conflicto, e incluso una misma pareja podrá sufrir una intensidad diferente ante un conflicto en función del tipo de problema, las experiencias vitales anteriores o las circunstancias personales que les acompañen en ese momento. Independientemente de cómo cada persona y pareja se vea afectada por un mismo conflicto, se ha observado que aquellas parejas que utilizan un estilo para gestionar los conflictos basado en la colaboración de ambas partes, presentan mayores índices de satisfacción con respecto a su relación de pareja, mientras que cuando predomina un estilo de afrontar los conflictos basado en la competitividad se da el caso contrario (Greeff & de Bruyne, 2000).

En el plano concreto de la relación de pareja, destaca que, tanto para hombres como para mujeres, la calidad percibida en la relación de pareja puede predecirse en base a las respuestas negativas que se dan ante el conflicto (no perdonar, agredir y evitar), lo que a su vez está relacionado con el uso de una comunicación efectiva (Paleari, Regalia, & Fincham, 2010). El conflicto, además de afectar a la satisfacción y bienestar de la pareja, parece estar relacionado con la propensión a la infidelidad, pues parecer ser que cuando las personas tienen conflictos debidos a cuestiones como los celos, las relaciones sexuales o los hijos, es más probable que inicien una relación infiel, ya sea a nivel sexual o emocional (Rivera Aragón, Díaz Loving, Villanueva Orozco, & Montero Santamaria, 2011).

Si los conflictos no se llegan a resolver o no se hace de forma positiva y se transforman en una variable constante en una relación de pareja, es obvio que ambos miembros acaban sufriendo, de una forma u otra, sus consecuencias, pero esta situación se agrava cuando la pareja cuenta con hijos. Mientras que aspectos como la insatisfacción en la pareja en sí misma tiene pocos efectos sobre los hijos, el conflicto entre la pareja es un aspecto decisivo y negativo para los niños cuando se da con excesiva frecuencia, intensidad y duración, pues aquellos que viven como sus padres están en constante conflicto son los que presentan mayor tendencia a tener dificultades como problemas de conducta, desobediencia, falta de control, peores resultados académicos o menor integración en el grupo de iguales (Cantón Duarte, Cortés Arboleda, & Justicia Díaz, 2002; Ghazarian & Buehler, 2010; Golombok, 2006; Musick & Meier, 2010). En este sentido, Justicia Galiano y Cantón Duarte (2011), señalan que la frecuencia percibida por los hijos es el condicionante con mayor capacidad predictiva respecto a los problemas adaptativos y las conductas agresivas.

Como conclusión, es evidente que el conflicto es inevitable, ya que se encuentra presente en prácticamente todos los contextos de interacción humana, lo que debe situar el foco de atención en el modo en el que se afronta y maneja el conflicto, pues este modo, sumado a la calidad de la relación de pareja, ejerce, por ejemplo, un notable impacto en el bienestar de cada uno de los miembros de la pareja e, incluso, en el desarrollo y ajuste emocional de los hijos (Butt, Asif, Yahya, Fazli, & Hania, 2014; López Larrosa, Sánchez Souto, & Mendiri Ruiz de Alda, 2012; Schwarz, Stutz, & Ledermann, 2012).

Ante la relevancia de la dimensión conflictos en las relaciones de pareja y su impacto en la dinámica familiar, la presente investigación busca la construcción de un instrumento que resulte válido y fiable para determinar la frecuencia y el modo en que las parejas gestionan los conflictos. Esta herramienta puede ser de utilidad, tanto para el ámbito de la investigación como para la intervención, al detectar necesidades y potencialidades en las relaciones de pareja que sirvan para el diseño de propuestas de carácter preventivo o de programas eficientes para reducir las carencias actuales.

Método

Participantes

La muestra fue de 620 personas que mantenían una relación de pareja en el momento de participar en el estudio, las cuales colaboraron voluntariamente y sin recibir ninguna remuneración. Del total de participantes, el 57.7% eran mujeres, el 66.1% convivían con su pareja y el 57.9% no tenían hijos. Respecto a la edad, el 48.4% tenían entre 18 y 31 años y el 51.6% 32 años o más (media de 35.5 años y mediana de 35 años). Además, el 53% habían cursado estudios universitarios y el 52.3% tenían un empleo. En cuanto a las propias parejas, el 54.5% de las personas eran solteras y el 45.5% casadas o pareja de hecho. El tiempo que llevaban juntos como pareja en el 19.4% de los casos era de dos años o menos de duración, en el 20.6% entre 3 y 5 años, en el 18.7% entre 6 y 10 años, en el 17.4% entre 11 y 20 años y en el 23.9% más de 20 años (media de 12.1 años y mediana de 8 años).

Instrumento

La versión definitiva del cuestionario aplicado contenía 27 ítems con respuesta en escala tipo Likert de cuatro alternativas (desde 1=totalmente en desacuerdo al 4=totalmente de acuerdo), evitando así la tendencia a un valor intermedio. Este cuestionario presentó un valor de fiabilidad de .87 (entre bueno y excelente según George & Mallery, 2003). A estos 27 ítems, se añadieron otros dos (Estoy satisfecho con mi relación de pareja y Estoy satisfecho con la calidad de la comunicación en nuestra pareja), con el objetivo de que sirvieran de variables criterio y permitieran analizar, con posterioridad, la validez concurrente del instrumento obtenido.

Procedimiento

Para la construcción de la escala se han seguido las siguientes fases: elaboración del cuestionario inicial a aplicar; selección de la muestra; y aplicación del cuestionario a la muestra seleccionada.

Elaboración del cuestionario

Para construir el cuestionario se siguieron las fases recogidas en la literatura especializada sobre este tipo de técnicas (Gil Pascual, 2011; Muñiz, 2000), elaborando un cuestionario que reflejase la dimensión conflictos en las relaciones de pareja por ser una de las dimensiones de estudio más relevantes a nivel de investigación y práctica profesional. Para su diseño se optó por llevar a cabo un proceso sistematizado dividido en cuatro fases que garantizase un mayor rigor del instrumento planteado. En primer lugar, se confeccionó un cuestionario inicial basado en las principales variables de estudio indicadas en investigaciones previas. Seguidamente, fue revisado por un grupo de trabajo especializado en métodos de investigación de la universidad en la que se realizó la investigación. En la tercera fase, se contactó con expertos en relaciones de pareja, contexto familiar y construcción de instrumentos, a los que se envió el cuestionario junto con una plantilla para sistematizar la validación del mismo (las valoraciones, obtenidas con un intervalo de entre 1 y 4, y que reflejaban la adecuación, relevancia, coherencia y claridad, en ningún caso bajaron de 3.5 puntos). En la cuarta fase, se aplicó la última versión del cuestionario entre parejas que actuaron como grupo piloto para comprobar si el cuestionario resultaba claro, coherente y de fácil cumplimentación entre la población a la que iba destinado. En todas las fases las aportaciones permitieron clarificar y modificar la redacción de los ítems para ajustarlos a aquello que se pretendía medir.

Selección de la muestra

Puesto que no es posible acceder a un censo poblacional en el que estén recogidos todos los tipos de parejas (casadas, parejas de hecho, sin unión administrativa, etc.), se optó por el método "Bola de nieve" (Goodman, 1961) para acceder a la muestra, seleccionando personas con diversas características sociodemográficas que, además de participar cumplimentando el cuestionario, sirvieron de enlace al entregar copias a otras personas de su contexto, las cuales actuaron del mismo modo para alcanzar el mayor número de participantes posible. De forma complementaria, se optó por contar con muestra de dos provincias de España (Asturias y Málaga) con el fin de recoger diferencias culturales entre dos zonas geográficas (norte y sur), además de las diferencias propias correspondientes a la edad, la duración de la relación, el nivel de estudios, convivir o tener hijos.

Aplicación del cuestionario

Para recoger la información se emplearon dos medios. En un caso, se facilitaron los cuestionarios en papel, acompañados de dos sobres para asegurar el anonimato y que nadie, especialmente la pareja, pudiera acceder a la información facilitada. En el otro, se informatizó el cuestionario con el fin de llegar a más personas, utilizando las redes sociales como principal medio de difusión.

Análisis de datos

Para evaluar las propiedades psicométricas de la escala construida se han realizado los siguientes análisis: comprobación del cumplimiento de los supuestos para el análisis multivariado, estructura factorial o validez de constructo, fiabilidad, y validez concurrente.

Análisis previos del cumplimiento de supuestos para el análisis multivariado

Previo al estudio, se analizó la base datos para comprobar la ausencia de valores pedidos y casos típicos y el cumplimiento de los supuestos para el análisis multivariado en cuanto a distribución normal de los ítems, linealidad y ausencia de multicolinealidad (Martínez Arias, 1999; Pérez y Medrano, 2010). En primer lugar se exploró la base de datos para detectar casos atípicos o valores perdidos que podrían sesgar los análisis posteriores y se aplicó la prueba MCAR (Little, 1998) para analizar el comportamiento de dichos valores perdidos. En segundo lugar se analizó el grado de compatibilidad de los ítems con la curva normal (análisis de asimetría y curtosis), estableciendo como criterio que la asimetría se situara por debajo del valor 2 y la curtosis por debajo del valor 7 (Curran, West, & Finch, 1996) y eliminando aquellos ítems que no cumplieran dicho criterio. El supuesto de linealidad se evaluó examinando visualmente los diagramas matriciales de dispersión, observando si los puntos se distribuían a lo largo de una línea recta. Finalmente, se calcularon las correlaciones bivariadas inter-ítem para poder observar el grado y el sentido de las relaciones existentes entre los mismos, y se consideraron válidas aquellas que no reflejaran un r≥.90, para evitar problemas de multicolinealidad (Tabachnick & Fidell, 2001).

Análisis de la estructura factorial o validez de constructo

Para estudiar la estructura factorial o validez de constructo, se llevó a cabo un proceso de validación cruzada con análisis factorial exploratorio (AFE) y análisis factorial confirmatorio (AFC) dividiendo la muestra inicial en dos secciones equivalentes de 310 sujetos cada una. En primer lugar se separaron a los dos miembros de la pareja en los casos en que se contaba con la respuesta de ambos miembros (262 parejas) y después se distribuyeron aleatoriamente a las 76 mujeres restantes, de forma que quedaran la mitad en cada submuestra. De esta forma, la primera submuestra quedó compuesta por 262 hombres y 48 mujeres y la segunda submuestra por 310 mujeres.

Con la primera submuestra se realizó un análisis factorial exploratorio (AFE) utilizando el método de extracción de máxima verosimilitud, ya que la literatura sugiere este método cuando se cumple el supuesto de normalidad (Fabrigar, MacCallum, Wegener, & Strahan, 1999,) y el método de rotación promax, ya que los métodos oblicuos son los recomendados por la literatura actual (Ledesma, Pere, & Tosi, 2019; Lloret-Segura, Ferreres-Traver, Hernández-Baeza, & Tomás-Marco, 2014); los supuestos de aplicación se verificaron con la medida de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkim (Kaiser, 1974) y el Test de esfericidad de Bartlett (Bartlett, 1950).

Con la segunda submuestra se realizó un análisis factorial confirmatorio (AFC) utilizando la estimación de máxima verosimilitud, siguiendo las recomendaciones de Merenda (2007) para la validación de instrumentos. La bondad de ajuste del modelo propuesto se evaluó mediante una combinación de índices de ajuste absoluto y relativo. Entre los absolutos, se utilizó el valor p, asociado con el estadístico chi cuadrado y el valor de la ratio entre χ. y los grados de libertad (CMIN/DF), que es un heurístico que se utiliza para reducir la sensibilidad del χ. al tamaño de la muestra (Jöreskog, 1969). También se calcularon otros índices de ajuste absoluto, como el índice de bondad de ajuste (GFI) [The Goodness of Fit Index], la raíz cuadrática media de residuales (SRMR) [Standardized Root Mean Square Residual] y el error cuadrático medio de aproximación (RMSEA) [Root Mean Square Error of Approximation], así como los siguientes índices relativos: el índice de ajuste comparado (CFI) [Comparative Fit Index], el índice de ajuste normado (Normed Fit Index) [The Goodness of Fit Index], el índice de ajuste incremental (IFI) [Incremental Fit Index] y el índice ajustado de bondad de ajuste (TLI) [Tucker Lewis Index]. Se consideró que para que existiera un buen ajuste, el valor CMIN/DF debía ser inferior a 5 (Bentler, 1995); el valor de GFI estar por encima de .95 (Hoelter, 1983); los valores NFI, TLI, IFI y CFI debían superar el valor de .90, considerándose excelentes valores superiores a .95 (Hu & Bentler, 1995); y que los valores RMSEA y SRMR debían ser inferiores a .08 (Brown & Cudeck, 1993).

Análisis de fiabilidad

La consistencia interna o fiabilidad del cuestionario se estableció mediante el coeficiente alfa de Cronbach (Cronbach, 1951), calculándose también la correlación ítem-total corregido y el valor alfa de Cronbach si el ítem era eliminado.

Análisis de validez concurrente

Por último, se analizó la validez concurrente mediante la correlación de Pearson entre los factores resultantes y las variables externas seleccionadas previamente como variables criterio (Estoy satisfecho con mi relación de pareja .Estoy satisfecho con la calidad de la comunicación en nuestra pareja). Según la literatura revisada, se consideró que estos ítems podían utilizarse como indicadores o criterios externos de lo que el instrumento pretendía medir, esperando encontrar cierto grado de relación estadística entre las respuestas obtenidas en dichos ítems y los factores del cuestionario.

Resultados

Análisis factorial exploratorio

El porcentaje de valores perdidos se encontraba entre 0.6% y 3.5% y los resultados obtenidos en la prueba MCAR fueron χ.=959.728, DF=836, α=.002, por lo que concluimos que nuestros datos perdidos no son MCAR (Falta Completamente al Azar), y ha sido necesario utilizar la estimación EM (Expectation-Maximization), utilizando para ello el módulo de Análisis del Valor Perdido del programa SPSS, ya que este procedimiento tiene claras ventajas en contextos aplicados (Van Ginkel & Van der Ark, 2005). Todos los ítems cumplieron los supuestos de la curva normal, con valores por debajo del valor 2 en asimetría y por debajo del valor 7 en curtosis, con excepción de los ítems “Los conflictos suelen durar semanas o incluso meses” (asimetría: 3.40 y curtosis 12.14) y “La mejor forma de solucionar un conflicto con mi pareja es hablarlo” (asimetría: -2.24 y curtosis 4.67), por lo que han sido excluidos del análisis, quedando por tanto el número de ítems en 25. En ningún caso se observaron correlaciones entre los ítems superiores a .90.

Del análisis factorial exploratorio (AFE) realizado sobre la primera submuestra (n1=310) se obtuvieron tres factores que explicaban el 68.5% de la varianza. Estos factores estaban formados por 7 ítems de los 25 iniciales, ya que estos se fueron eliminando cuando su comunalidad era inferior a .40, o si su carga factorial era inferior a .40 o igual o superior a .40 en más de un factor (Mullan, Markland, & Ingledew, 1997). La medida de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkin ofreció un valor de .75, que se considera entre “mediano” y “meritorio” (Kaiser, 1974) y la prueba de esfericidad de Bartlett resultó significativa (c.=947.596; g.l.=21; .=.000).

Los factores resultantes se denominaron "Frecuencia del conflicto”, “Respuesta positiva al conflicto” y “Respuesta negativa al conflicto”. De forma generalizada, se ha considerado que sería conveniente incluir al menos tres ítems por factor, pero esta práctica puede ser contraproducente al poder condicionar la estabilidad de los resultados (Velicer & Fava, 1998), lo que ha llevado a diversos autores (McDonald, 1999; Raubenheimer, 2004) a sugerir la incorporación de un mínimo de dos ítem por factor, especialmente cuando los factores correlacionan entre ellos o la escala cuenta con más de un factor. En la Tabla 1 se muestra la varianza que explica, el número de ítems que incluye y la saturación en los factores para cada elemento.

En la Tabla 2 se muestran las puntuaciones medias, las desviaciones típicas y los índices de normalidad de los 7 ítems que componen la Escala de Frecuencia y Respuesta a los Conflictos de Pareja. En ella se puede apreciar como las medias más altas se corresponden con los ítems pertenecientes al factor de respuesta positiva ante el conflicto, mientras que las medias son considerablemente más bajas en los ítems que se corresponden con frecuencia del conflicto o respuesta negativa cuando surge. En relación a los supuestos de normalidad establecidos, en todos los casos los valores fueron inferiores a 2 para la asimetría y a 7 para la curtosis. La correlación entre los ítems no superó el valor de .90.

Análisis factorial confirmatorio

Los valores obtenidos con el análisis factorial confirmatorio sobre la segunda submuestra (n2=310) indicaron un ajuste óptimo del modelo, obteniéndose un valor de chi cuadrado significativo, χ.=23.539 (11), .<.015, CMIN/DF=2.140 y los siguientes valores en los índices calculados: GFI=.98, RMSEA=.061, SRMR=.026, CFI=.98, NFI=.97, IFI=.98 y TLI=.97. Los pesos factoriales encontrados en cada uno de los factores fueron estadísticamente significativos (.<.01) con valores estandarizados superiores a .70. La Figura 1 muestra los parámetros de la solución estandarizada, obteniéndose excelentes pesos de regresión de los ítems sobre cada uno de los factores (entre .73 y .87; .<.05).

Tabla 1
Estructura factorial del cuestionario

Tabla 2
Estadísticos descriptivos y normalidad univariada de los ítems


Figura 1
Análisis Factorial Confirmatorio (Submuestra 2)

Consistencia interna o fiabilidad

El coeficiente de fiabilidad Alfa de Cronbach del conjunto de los ítems fue de .79 y el de los factores resultantes fue de .86 (Factor 1), .83 (Factor 2) y .75 (Factor 3), valores que pueden considerarse entre aceptables y buenos según George y Mallery (2003). Se comprobó, además, que dicho valor no aumentaba si se eliminaba alguno de los elementos.

Validez concurrente

El análisis de la validez concurrente analizada mediante la correlación de Pearson entre los factores resultantes y las variables externas seleccionadas como criterios, indicó que el ítem Estoy satisfecho con mi relación de pareja resultaba un predictor moderado para los tres factores, ya que se obtuvieron unos valores en la correlación de Pearson de -.52, .44 y .39 respectivamente (.≤.00 bilateral en todos los casos). El ítem Estoy satisfecho con la calidad de la comunicación en nuestra pareja, también resultó un predictor moderado para los factores, obteniéndose unos valores en la correlación de Pearson de -.49, .49 y -.31 respectivamente (.≤.00 bilateral en todos los casos).

Discusión

Como señalan Correa Rodríguez y Rodríguez Hernández (2014), los conflictos son elementos habituales en la vida familiar, los cuales han de suponer una oportunidad para crecer a nivel personal y fortalecer la familia, siempre que sean abordados de forma constructiva, pues el uso de estrategias destructivas para intentar resolverlos puede contribuir al malestar de todos sus miembros e, incluso, a poner fin al propio proyecto como familia.

Aunando un adecuado desarrollo de las dinámicas familiares y el bienestar de las parejas, se ha observado que el uso de estilos de comunicación positivos y la ausencia de conflictos son factores que influyen positivamente en ambas, pues impactan directamente sobre aspectos tan relevantes como la satisfacción marital (Armenta Hurtarte & Díaz-Loving, 2008; Flores Galaz, 2011; Urbano-Contreras, Iglesias-García, & Martínez-González, 2019).

Además de la influencia del conflicto en el bienestar personal y como pareja, las investigaciones parecen coincidir al vincular el conflicto entre los padres y el incremento de problemas en los hijos, destacando cuestiones como una peor conducta de los hijos, su malestar emocional, mayores dificultades a la hora de relacionarse con el grupo de iguales o un peor ajuste en la escuela (Cosgaya, Nolte, Martínez-Pampliega, Sanz, & Iraurgi, 2008; Cummings, Goeke-Morey, & Papp, 2004; Madigan, Plamondon, & Jenkins, 2016; Martínez-Ferrer, Musitu-Ochoa, Murgui-Pérez, & Amador-Muñoz, 2009). A pesar de que los conflictos son parte de las relaciones humanas, cuando aparecen con frecuencia e intensidad en el seno familiar pueden acabar deteriorando la convivencia, lo que evidencia la necesidad de ofrecer a las familias las habilidades y estrategias necesarias para poder resolverlos constructivamente, por ejemplo, no empleando actitudes agresivas o potenciando la empatía (Save the Children, 2009).

Ante la importancia de identificar la presencia y frecuencia de conflictos, así como la forma en que se resuelven, el instrumento presentado, tras los correspondientes análisis factorial exploratorio y confirmatorio, permite medir conjuntamente ambos aspectos de una forma válida y fiable (α=.79 y el 68.5% de la varianza explicada). Además, como características positivas, también destacan: su brevedad (7 ítems); la inclusión de dos zonas geográficas; la participación de parejas desde una perspectiva de funcionalidad o normalidad, frente a otras investigaciones que tienden a centrarse en un plano más clínico y que pueden conllevar un sesgo importante al generar conocimiento vinculado a parejas que, de algún modo, ya presentaban dificultades (Fuertes Martín, 2000); y el tamaño de la muestra utilizada, pues la mayoría de investigaciones sobre relaciones de pareja tienden a incorporar menos de 500 participantes (Urbano Contreras, 2018).

Comparado con otros instrumentos, la dimensión conflictos parece contar con menos asiduidad en el desarrollo, adaptación o validación de instrumentos frente a otras dimensiones, como la satisfacción o la comunicación en la relación de pareja, entre las que resulta fácil encontrar escalas más actuales (García Meraz & Romero Palencia, 2012; Iglesias-García, Urbano-Contreras, & Martínez-González, 2019; Urbano-Contreras, Iglesias-García, & Martínez-González, 2017; Urbano-Contreras, Martínez-González, & Iglesias-García, 2018; Vidal González, Rivera Aragón, Díaz-Loving, & Méndez Ramírez, 2012). Asimismo, también se observa cierta tendencia a abordar esta dimensión de forma indirecta, por ejemplo, a través de la percepción del conflicto por medio de los hijos (The Children’s Perception of Interparental Conflict Scale de Grych, Seid & Fincham, 1992) o la evaluación del clima familiar (Escala de Clima Familiar de Moos, Moos & Trickett, 1995). Por último, entre los instrumentos que sí buscan medir factores similares (por ejemplo, la Escala de Tácticas de Conflicto de Straus, 1979, el Cuestionario de aserción en la pareja de Carrasco, 1996, o la Escala de Estrategias de Manejo de Conflicto de Arnaldo, 2001), se aprecia la necesidad de incorporar una visión más global, incluyendo en una misma escala la frecuencia y la respuesta a los conflictos, y, sobre todo, contar con instrumentos más breves y actuales (los tres ejemplos indicados cuentan con más de 30 ítems).

A pesar de que el instrumento presentado puede ser de utilidad para diversos ámbitos y contextos (prevención, investigación, detección de necesidades, ámbito clínico, etc.) debido a su brevedad y fácil aplicación, puede señalarse como limitación el no haber aplicado otros instrumentos ya validados para la evaluación de los conflictos en las relaciones de pareja, cuestión que se ha suplido con la selección de ítems que, por su contenido, están vinculados a la predicción de la calidad de las relaciones de pareja. Además, sería interesante que, una vez validada la escala, se aplique a diversos grupos de parejas con características sociodemográficas diversas (otras zonas geográficas, parejas de la tercera edad, personas que ya acuden a terapia por problemas de pareja, etc.), de tal forma que se deriven nuevas investigaciones y trabajos científicos que pongan de manifiesto las necesidades socioeducativas de las parejas en diversos contextos y etapas evolutivas, con el fin de diseñar acciones que contribuyan a mejorar las relaciones de pareja y que, por lo tanto, repercutan positivamente en la felicidad personal y el bienestar del contexto familiar.

Referencias

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