Reseña

HISTORIA DE LA SOCIABILIDAD EN SINALOA, SIGLOS XIX Y XX. UNA APROXIMACIÓN

Hiram Félix Rosa 1
Universidad de Sonora., México
Heidy Anhely Zúñiga Amaya 2
Universidad Autónoma de Baja California., México

HISTORIA DE LA SOCIABILIDAD EN SINALOA, SIGLOS XIX Y XX. UNA APROXIMACIÓN

Ra Ximhai, vol. 14, núm. 1, pp. 185-197, 2018

Universidad Autónoma Indígena de México

Sánchez Parra Sergio Arturo, Brito Rodríguez Félix. 2015. 160pp.

Recepción: 20 Mayo 2018

Aprobación: 25 Junio 2018

La publicación de una obra siempre es motivo de celebración y reflexión. En muchos sentidos, es un corte de caja, un ejercicio con punto final en donde los autores exponen, desatan sus resultados y los someten a la crítica, misma que generará reafirmaciones, ajustes y ampliaciones. Historia de la sociabilidad en Sinaloa, siglos XIX y XX. Una aproximación, obra coordinada Sergio Arturo Sánchez Parra y Félix Brito Rodríguez, expone el producto del trabajo de investigadores sinaloenses con un interés temático derivado de una mesa desarrollada en el Congreso Internacional de Historia Regional, organizado por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Esta coincidencia los llevó a crear un seminario permanente de estudios sobre espacios públicos y sociabilidades locales, con el “auxilio y orientaciones” teórico-metodológicas de Jordi Canal y Sonia Pérez Toledo.

El historiador español Jordi Canal, profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y uno de los invitados frecuentes al congreso sinaloense, prologó el libro y escribió un atinado encuadre teórico de la socialibilidad como categoría historiográfica. Canal documenta la evolución de su significado, recuperando propuestas como la de Maurice Agulhon, autor del libro La sociabilidad meridional, editado en 1966. Las sociabilidades han generado obras en diferentes latitudes y temporalidades, con temáticas acerca del estudio de los cafés y las tabernas, pasando por la vida familiar, las plazas, las asociaciones, los salones, las organizaciones políticas, el deporte y un variopinto etcétera.

Por la amplitud y el alcance espacial, el prólogo de Jordi Canal recupera a Francois Xavier Guerra, para asegurar que la sociabilidad es una categoría historiográfica euroamericana. El análisis de las socialibilidades, desde el punto de vista de Canal, ha contribuido a la renovación de las historias política, social y cultural, especialmente a partir del último cuarto del siglo XX. La obra colectiva que hoy reseñamos forma parte de estas aportaciones y de manera concreta, estudia campañas electorales, redes familiares, conflictos religiosos, espacios de sociabilidad, sociabilidades femeninas y estudiantiles, todas ambientadas en el espacio sinaloense, durante los siglos XIX y XX.

Por cuestiones de espacio y en una suerte de radiografía fragmentada, comentaremos los aspectos centrales de cuatro de los seis capítulos, para identificar los hallazgos e invitar a la lectura completa de este provocador libro de 160 páginas, editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa en 2015.

La obra inicia con un estudio acerca de la socialibilidad y política en Mazatlán durante la campaña electoral del ferrelismo en 1909, de la autoría de Juan Luis Ríos Treviño. Sin demeritar al resto de los artículos, se trata de un producto bien logrado, con una importante dosis de intriga. Nos sumerge en un escenario caracterizado por reuniones exclusivas y secretas, protagonizadas por empresarios, profesionistas (médicos, licenciados y profesores), periodistas, sacerdotes y líderes obreros.

La investigación de Ríos Treviño revela las estrategias y mecanismos que ayudaron a José Ferrel a encabezar la candidatura impulsada por la Sociedad Aurora, espacio de sociabilidad moderna formado en 1890, para discutir temáticas literarias, filosóficas y políticas. Las acciones ferrelistas destacaron por una fuerte presencia en la prensa y en espacios físicos, como las paredes de las casas y comercios. Gracias a este relativo éxito, en agosto de 1909, Francisco I. Madero buscó acercamientos con sus integrantes, para que hicieran eco de sus exigencias. Las huellas de este coqueteo político están en el archivo particular del llamado “apóstol de la democracia”, pero se exponen tímidamente, para evitar desbordar los intereses del capítulo.

El texto recupera algunos discursos, en donde se evidencia -entre otras cosas- la percepción de la relevancia de la campaña de José Ferrel. Mencionaban que estaban “ante un momento histórico para Sinaloa al ser los ferrelistas los primeros en haberse puesto frente a frente con las clases adineradas con un candidato completamente popular” (p. 35). El uso del término “momento histórico” es una estrategia todavía vigente en la política mexicana; recientemente un aspirante a la presidencia de la república, mencionó que México ha experimentado tres momentos históricos: Independencia, Reforma y Revolución. Ahora, el 2018, se acercaba el cuarto, el movimiento de regeneración que él encabeza. Algo similar, pero en su versión sinaloense (modelo 1909) plantearon los ferrelistas.

La campaña, advierte Ríos Treviño, no sólo eran discursos y artículos en la prensa, también se recurría a “elementos simbólicos”, como los 100 mil puros y 10 mil sombreros que se repartieron durante las reuniones, marchas y mítines a favor de Ferrel. Pero el poder se impuso y todas las acciones fueron insuficientes para derrotar al porfirista Diego Redo. Sin embargo, el autor asegura que la lucha ferrelista representó el fortalecimiento de nuevos grupos sociales y la aparición de nuevas formas de socialibilidad política en Sinaloa, materializadas en clubes organizados formalmente y en la apertura de espacios públicos, más allá de la prensa local; esto significó la presencia de las ideas políticas en las calles, plazuelas, teatros y demás espacios, que se convirtieron en el conjunto de nuevos elementos simbólicos de la lucha electoral.

El capítulo “Redes familiares y sociabilidad en la política sinaloense: la fuerza de la sangre o la sangre del poder”, de Félix Brito Rodríguez, estudia, desde la óptica de las relaciones sociales y de parentesco, la conformación de una élite posrevolucionaria. Las redes familiares, entendidas como el conjunto de familias que configuran la élite del poder político del estado y que conforman un grupo oligárquico, están vinculadas por tres factores que enuncia el autor: 1) alianzas a través del matrimonio, 2) alianzas a través de los negocios, y 3) participación en asociaciones políticas o socioculturales.

La investigación expone las estrategias de sobrevivencia y consolidación de familias de cuño porfirista que quizá nos suenen conocidas: Almada, Bátiz, Barrantes, Salmón, Clouthier, Couret y Coppel. Específica, entre otras cosas, aspectos como la herencia, que no era exclusiva de bienes materiales sino también de relaciones familiares, amistades, alianzas y hasta antagonismos y rivalidades.

Muestra, aunque con pocos detalles, las características del mercado matrimonial y el papel que jugaban espacios de sociabilidad exclusiva como el Casino Culiacán, en la reproducción social de las élites sinaloenses, las de antaño (porfiristas) y las revolucionarias o emergentes. El texto nos dejó con ganas de observar las particularidades de estas uniones que se refieren, pero que no se documentan. Este faltante no debe atribuirse a Brito Rodríguez, sino a la acción que sigue después del punto final; representa un asunto pendiente para comprender la lógica de las uniones familiares, con toda su dosis de sentimiento y negociación.

Siguiendo la línea de los espacios de socialización, Francisco Bernal Padilla escribió un capítulo acerca del Casino de Culiacán, para recuperar las características de este lugar de encuentro de las élites sinaloenses. Documenta el proceso de consolidación económica de estos grupos ligados a las actividades agropecuarias e identifica tres tipos de sociabilidad al interior del Casino: negocios, estatus y promoción social.

Además de ser un espacio para el esparcimiento de los principales empresarios de la ciudad, era el escenario para realizar negocios, porque “con una copa en mano se podía llegar a más acuerdos y compromisos que en un espacio formal” (pp. 98-99). Podríamos clasificar como acciones encaminadas a fortalecer el estatus, al conjunto de bailes, festejos y festivales, que funcionaban como un escaparate para exhibir el glamour, el consumo ostentoso y la imitación de la moda internacional. En estos eventos, la prensa elogiaba sus joyas, vestidos y peinados, para reafirmar su estatus social y evidenciar prácticas que sólo la élite compartía. En el rubro de promoción social se agrupan los bailes, festejos y demás actividades que propiciaban cortejos y “alianzas matrimoniales económicamente ventajosas” (p. 100).

Gran parte de la vida social de la élite giraba alrededor de este espacio. Una práctica novedosa entre sus miembros fue el fomento de valores a través de la filantropía, realizando actividades de beneficencia y caridad. El declive el Casino sucedió hacia los años setenta, provocado, entre otros factores, por los elevados costos de mantenimiento y desinterés de los socios. El edificio terminó abandonado, sirvió de basurero y hasta de baño público. Sin embargo, en 1994 se recuperó el espacio y ahora se conoce como el Casino de la Cultura. Es evidente que el uso ya no es el mismo, pero la planta alta sigue empleándose como salón de baile.

El capítulo dedicado a las sociabilidades femeninas en Culiacán (1950-1960) de Eduardo Peña Carrillo nos brinda un acercamiento a las distintas organizaciones civiles dirigidas y administradas por mujeres, principalmente dedicadas a la filantropía y la caridad. El historiador refiere que Culiacán carecía de un espacio para la convivencia femenina, por lo que las reuniones generalmente se hacían en domicilios particulares, con una dinámica tradicional: comida, bebidas, música o lectura de un libro.

La necesidad de asociación dio como resultado la aparición de clubes exclusivos para mujeres. Los grupos tenían directrices distintas. La mayoría de ellos se dedicaban a la filantropía, pero también había los que sólo buscaban recreación y convivencia. Las asociaciones inscritas como filantrópicas se dedicaron a colaborar en problemas comunitarios. Sus objetivos eran combatir la pobreza, el rezago estudiantil, la marginación, los problemas de salud física y mental, de alimentación y vivienda, entre muchos otros. Las organizaciones se apoyaron a través de dos dinámicas: la caridad y la beneficencia. La iglesia, el vecindario y la convivencia entre sus familias propició la red de colaboración entre las damas “más distinguidas” de Culiacán.

Peña Carrillo señala la importancia de la prensa en los eventos que organizaban los clubes de mujeres. La sección de sociales no sólo se refería le fecha y a quién era destinada la caridad, sino se hacía énfasis en lo que se comía, bebía y en quién recaía la organización de dicho evento. Pero no todo era reconocimiento y acciones congeladas en las fotos de periodísticas, al mismo tiempo se criticaban las acciones de las asociaciones de mujeres, acusándoseles de brindar una caridad mediocre y utilizar la beneficencia como un pasatiempo, sin importar los resultados que obtuvieran.

A la par de las obras pías, Culiacán vio el nacimiento de clubes femeninos destinados exclusivamente al ocio y a la diversión. El club Chapultepec fue el primero de ellos. Para éste, el periódico utilizaba otros adjetivos tanto para la invitación como los resultados de sus eventos: “tarde de alegrías y satisfacciones divertidas”, “habrá torneo de canasta uruguaya”, “compitieron guapas damas de nuestra sociedad”, “se canasteó hasta las primeras horas de domingo”. El minucioso recuento de Eduardo Peña Carrillo acerca de las asociaciones de mujeres, da cuenta de la interacción social, en donde se dejaban de lado las actividades domésticas y los compromisos tradicionales como esposas y madres de familia.

Finalmente, luego de esta breve radiografía de las miradas a la historia de la sociabilidad en Sinaloa, nos parece necesario invitar a su lectura y contribuir, a través de la crítica académica, a la construcción de una historiografía regional. Aunque la obra es de carácter colectivo, guarda una interesante unidad teórica y conceptual, la cual fue posible gracias al trabajo y discusión en el seno del seminario organizado por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Esperemos que vengan resultados similares, tanto en este universo temático como en los muchos otros que están pendientes de explorar, pero que éstos sean producto de la reflexión que debe promoverse en los centros de investigación histórica.

Referencias

Agulhon, M., 1966. La sociabilité méridionale (Confréries et associations dans la vie collective en Provence orientale à la fin du XVIII e siècle). París: La Pensée Universitaire

Sánchez Parra, S. A. & Brito Rodríguez (coordinadores), F., 2015. Historia de la sociabilidad en Sinaloa, siglos XIX y XX. Una aproximación. Culiacán: Universidad Autónoma de Sinaloa.

Notas de autor

1 Hiram Félix Rosas

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora y Maestro en Ciencias Sociales por la misma casa de estudios. Licenciado en Historia por la Universidad de Sonora. Profesor de tiempo completo del Departamento de Historia y Antropología en la Universidad de Sonora. Entre sus temas de estudio aborda: epidemiología histórica, vida cotidiana, identidades, medios audiovisuales, divulgación histórica, así como enseñanza de la historia. Como parte de su publicación se encuentra: Cuando la muerte tuvo alas. La epidemia de fiebre amarilla en Hermosillo (1883-1885) (2010), El Colegio de Sonora/Universidad de Sonora.

2 Heidy Anhely Zúñiga Amaya

Estudiante del Doctorado en Estudios Socioculturales en la Universidad Autónoma de Baja California. Maestra en Docencia por la Universidad Autónoma de Baja California y Licenciada en Historia por la Universidad de Sonora. Actualmente se desempeña como profesora de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California. En su área de investigación destaca la enseñanza de la historia y la historia de la educación. Dentro de sus publicaciones destacan: Las escuelas lancasterianas en México. Una reflexión al sistema educativo de ayuda mutua (2014) y La enseñanza de la historia del arte: un acercamiento a través del enfoque constructivista (2014).

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