CARTA A LOS INDIGNADOS
| Dussel Enrique. Carta a los indignados. 2011. Ciudad de México. La Jornada Ediciones. 238pp. |
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Recepción: 02 Marzo 2018
Aprobación: 01 Junio 2018
Sin lugar a dudas esta obra representa uno de los libros más completos, serios y estimulantes acerca del fenómeno social de los indignados, en referencia a diversos movimientos de protesta que comparten varias características específicas, a pesar de estar radicados en ciudades de países diferentes, y conformados por personas de diferentes grupos sociales. El fenómeno social de los indignados, se refiere a este conjunto de movimientos de protesta que han ocurrido desde 2011 hasta 2016 en países como Túnez, Egipto, España, Estados Unidos, México, Turquía y Brasil, cada uno bajo un nombre local propio, pero que por sus prácticas, por sus ideas y sus propuestas, se asemejan implícita y explícitamente entre sí. Si bien es posible denominar al movimiento del 15-M de Madrid (en alusión a las protestas del 15 de mayo de 2011), como el inicio de las manifestaciones de los indignados, es claro que tienen como antecedentes a la Primavera Árabe, en la que fueron derrocados dictadores y se lograron reformas democráticas en estados monárquicos o sultanatos (National Public Radio , 2011); y el otro antecedente es el famoso panfleto del veterano de la resistencia francesa en la segunda guerra mundial, Stéphane Hessel titulado Indignez-vous! (¡Indígnate!) (2010), del cual evidentemente se toma el nombre de dichos movimientos, cuya idea central es que es preciso indignarse para poder lograr los cambios sociales y políticos que se quieren.
Jorge Alberto Olayo Valles
A todos los movimientos de indignados, a quienes Dussel engloba de manera general pero precisa como movimientos de los oprimidos y excluidos (2011, pág. 15), les dedica este libro, en el cual, explica de manera accesible las ideas más pertinentes de su Política de la Liberación, y recopila una serie de textos y artículos cuyo tema siempre es en relación a acontecimientos relevantes para o acerca de los indignados, de manera que sus participantes puedan tener un punto de vista muy sólidamente fundamentado acerca de los temas que les indigna, y quizás de manera no intencional, resulta también una obra que puede servir a la vez como introductoria y como estudio a fondo acerca de dichos movimientos.
Sobre el autor de Carta a los indignados
Enrique Dussel (24 de diciembre de 1934) nace en La Paz, Mendoza, Argentina. Es Licenciado en filosofía (Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina), Doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Doctor en historia en La Sorbonne de Paris y una Licencia en teología en Paris y Münster. Desde 1975 es exiliado político en México y actualmente es ciudadano mexicano. Es profesor en el Departamento de Filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM, Iztapalapa, Ciudad de México), y en el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, Ciudad Universitaria, Ciudad de México). Ha obtenido Doctorado Honoris Causa en Freiburg (Suiza), en la Universidad de San Andrés (Bolivia), en la Universidad de Buenos Aires (Argentina), en la Universidad de Santo Tomás de Aquino (Colombia), en la Universidad Nacional de General San Martín (Argentina) y en la Universidad Nacional (Costa Rica); Es reconocido junto con otros pensadores, como fundador del movimiento de Filosofía de la Liberación. En el año 2013 fue nombrado miembro del Comité Directivo de la FISP y se le otorgó la distinción de Investigador Nacional Emérito por parte del SNI. Fue también Rector interino (2013-2014) de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y trabaja principalmente el campo de la Ética y la Filosofía Política, con una producción bibliográfica de más de 60 libros y más de 400 artículos, Dussel es un intelectual consagrado como un referente necesario en la ética, la política y la filosofía a nivel internacional en temas de países en vías de desarrollo, y la liberación política, económica y cultural de las sociedades post-coloniales en todo el mundo (enriquedussel.com).
Sobre Carta a los indignados
Además del movimiento 15-M de Madrid, algunos otros movimientos de indignados son Occupy Wall Street en Nueva York, #YoSoy132 en la Ciudad de México, Passe Livre en Brasil y la Defensa del Parque Taksim Gezi en Estambul, Turquía, por mencionar los más conocidos. Cada uno de ellos tiene un origen netamente local, y en todos los casos, el actuar de las autoridades, sus declaraciones o actos de represión, son documentados y difundidos por medio de las redes sociales, de manera tal que se viralizan y generan un apoyo tan grande y rápidamente, pues causa indignación, que se vuelven un tema con presencia en los medios de comunicación, nacionales e internacionales. A partir de ahí, la agenda, las estrategias y los comunicados que cada movimiento decide hacer, pueden variar en lo específico, pero en lo general se pueden reconocer ciertas características comunes a todos los movimientos de indignados, como es el aprovechamiento del internet para su organización: la generación de contenidos, apoyos y difusión por medio de las TIC (tecnopolítica propiamente, más allá del clicktivismo); su naturaleza pacifista: todos sus actos y movilizaciones son siempre de manera pacífica; su conformación preeminentemente de jóvenes: aunque ninguno excluye a nadie, sucede que entre quienes más resuenan los motivos, los medios y las formas, es entre los jóvenes; también es común en todos ellos su insistencia a no tener liderazgos individuales: favorecen la conformación de identidades colectivas, desde las cuales articulan todos sus contenidos de manera colaborativa y en ocasiones anónima; y finalmente coinciden todos en identificarse como movimientos anticapitalistas o antineoliberales: parten de la indignación de que el 1% de la población concentra más de la mitad de la riqueza del planeta, y es la que realmente toma las decisiones político-económicas en el mundo, mientras que el 99% de la población es cada vez más pobre y sólo padece dicha toma de decisiones (eldiario.es / Gutierrez, Bernardo, 2013). De ahí la conexión con las teorías y el pensamiento de Enrique Dussel.
A diferencia de la mayoría de sus libros, en Carta a los indignados, Dussel escribe dirigiéndose a un sector de la población que no necesariamente está iniciada en el estudio de la ética o de la filosofía política, sino a la gran diversidad de personas que, por cualquiera que sea su motivo, participan o simpatizan con algún movimiento de indignados. Se trata de un trabajo para articular el fenómeno social de facto, con los conceptos fundamentales de su teoría de la Política de la Liberación; en el cual, aporta sus ideas, con la intención explícita de ayudar a esclarecer algunas posturas que comúnmente se manifiestan al interior de estos movimientos. En una primera parte del libro se avoca a exponer sus propuestas para superar algunas falsas contradicciones entre conceptos que se usan comúnmente en la reflexión política: como los de democracia participativa y democracia representativa; fortalecimiento del estado y disolución del estado; democracia participativa y liderazgo político. En una segunda parte del libro, titulada “Meditaciones desde coyunturas políticas”, el ejercicio reflexivo y su aportación de ideas, están ordenadas en torno a sucesos y referentes contemporáneos, sobre los cuales, Dussel expone cómo entiende estos hechos, con relación a los conceptos de su teoría política, y dedica 46 breves apartados en donde toca temas como la libertad de prensa, el estado de rebelión, política-espectáculo, la mediocracia, el partido político, educación política y la situación política de Colombia, Venezuela y Bolivia, entre otros temas.
Si bien la primera parte del libro llega a ser un tanto tediosa, por el inevitable rigor teórico con el que Dussel expone sus conceptos, si el lector es paciente, resulta sumamente interesante la forma en la que argumenta la articulación de conceptos que tradicionalmente son considerados como opuestos o antagónicos. Así pues, en un ejercicio bastante serio, con una fundamentación no sólo teórica sino también referida y aterrizada en hechos, Dussel argumenta cómo es posible y necesario relacionar la “democracia participativa articulada con democracia representativa, fortalecimiento del Estado desde el horizonte de la disolución del estado y ejercicio democrático participativo con liderazgo político” (2011, pág. 28).
Cualquier ciudadano ligeramente interesado en la situación política actual, seguramente se ha cuestionado en algún momento ¿cómo se podría recuperar la legitimidad en el actuar de los funcionarios elegidos como representantes de la voluntad del pueblo? especialmente a la luz de las noticias ya cotidianas de corrupción y de acciones políticas opuestas a los intereses de las mayorías. Posiblemente hemos llegado a la resignación de que los funcionarios representantes, son un mal inevitable, porque una forma de gobierno democrática sin representantes, es decir, lo que en algunas teorías políticas se denomina una democracia participativa, no es factible en nuestras sociedades integradas por un número tan grande de habitantes. Ante este panorama que parece no tener una solución satisfactoria, al igual que con las otras dos falsas contradicciones mencionadas, nuestro autor logra explicar cómo podemos entender cada uno de estos conceptos, y nos muestra cómo en realidad no son opuestos, sino que además, se debe buscar que las acciones políticas estén encaminadas de manera que articulen cada uno de estos binomios que en realidad son complementarios.
De ahí que caractericemos a esta obra como estimulante: la articulación de los conceptos que comúnmente se piensan como una contradicción, no está expuesta exclusivamente en conceptos de teorías políticas, sino que están referidos también a eventos y circunstancias reales, de las cuales es fácil que ya sepamos algo al respecto, o es fácil encontrar más información para completar la contextualización que Dussel hace de sus reflexiones. Si lo pensamos, es claro que la participación se debe ejercer de una manera mucho más decidida que solamente acudir a votar a los representantes, pero cuando Dussel explica cómo estos movimientos de indignados, son ejemplo de un grupo de ciudadanos que han encontrado la manera de ser un actor político determinante en la “construcción creativa de la historia” (Dussel, 2011, pág. 36), es una invitación a participar, tan atractiva y cercana como cercanos seamos a los problemas que han motivado la indignación de estos movimientos. Después de todo, es preciso indignarse, sólo así podremos “…dar lugar a la democracia real (representativa) y crítica (participativa)” (Dussel, 2011, pág. 20).
Otra reflexión sumamente interesante y provocadora es la articulación de las ideas de fortalecimiento del estado en oposición a la disolución del estado, pues ambas tienen ya a estas alturas una gran carga semántica en el ámbito de la teoría política, y eso comúnmente hace que, en un diálogo al respecto, cada una pueda ser descalificada en virtud de quienes la han apoyado o implementado, y quienes se han opuesto. Lo cual no es nada productivo si se tiene la intención de mejorar las cosas.
Dussel logra mostrar como ambas tendencias tienen un sentido mucho más amplio que el de cualquier descalificación reduccionista, y logra resaltar las virtudes de cada una para después proponer su articulación y la superación de su falsa contradicción: es necesario el fortalecimiento del estado, en el sentido de que es necesario que el estado tenga los recursos suficientes para garantizar las condiciones mínimas necesarias para el bienestar de sus ciudadanos, sin embargo se debe de fortalecer desde el horizonte de la disolución del estado, entendida como la disminución de la injerencia del estado, y reducir su papel intervencionista; se trata entonces de encaminar el fortalecimiento del estado de una manera tal que el estado ya no se perciba como ese otro actor diferente y ajeno al interés del pueblo, sino que se perciba como parte, o como una extensión, del pueblo mismo, “… haciéndose más liviano, más transparente, más público, y subjetivamente desde una cultura donde lo común sea considerado como lo propio –en cuanto a la responsabilidad mutua de deberes, de derechos y de acciones cotidianas” (Dussel, 2011, pág. 64). Esto es francamente brillante.
Y lo mismo con respecto a esa falsa oposición entre una organización democrática participativa, que rechaza el reconocimiento de un líder (tal como es el caso de los movimientos de indignados). Dussel propone que no todos los momentos políticos son iguales. Por lo que se debe reconocer el momento político en el que se encuentra un pueblo participando, de manera que cuando se trata de una verdadera transición, como búsqueda de finalizar un estado indignante de las cosas, es más benéfico contar con un líder, que pueda agilizar las acciones y darles un rumbo de manera más efectiva para lograr el interés de los participantes. Pero es claro que existe una forma de ejercer el liderazgo que no se contrapone a los intereses de la mayoría participativa, tal como en el ideario zapatista claramente queda enunciado de manera dialéctica: el líder debe de mandar obedeciendo, “manda mandando como obediencia; y el que obedece en primer lugar es el que ejerce el liderazgo” (Dussel, 2011, pág. 28). Si el momento ya es de consolidación de un nuevo orden establecido, es el pueblo mismo el que sabe que el liderazgo debe disolverse, para dar paso al funcionamiento de las nuevas instituciones, que ahora deben ser incluyentes de los intereses de los antes-indignados, y el verdadero líder obedecerá también la exigencia de abandonar el liderazgo.
A manera de conclusión, es necesario insistir en que el tema de filosofía política es el tema central de la vasta obra de Dussel, y su erudición hace a veces su discurso algo intrincado. Personalmente no soy muy afecto a su gusto por redactar notas al pie de página tan extensas, ni a su constante apertura de paréntesis, con comentarios que bien podrían ser parte integral de su texto. Sin embargo, como alguien que no es experto en el tema, cuyos únicos referentes acerca del tema de los indignados, eran algunas publicaciones en redes sociales acerca de la Primavera Árabe, del Occupy Wall Street, y del movimiento #YoSoy123; considero que la obra es sumamente interesante y enriquecedora. Quizás lo que me parece más interesante de todo el texto es la manera en la que Dussel aborda el tema de la tecnopolítica, y da cuenta del verdadero impacto que ha tenido el uso de las redes sociales, del hacktivismo de movimientos como Anonymous, y el impacto que ha tenido la información concentrada en sitios como WikiLeaks; todo lo cual está relacionado con el uso de las TICs e internet, como herramientas para contrarrestar la censura de contenidos, las restricciones de navegación, y la desinformación desde los medios de comunicación tradicionales, que los estados autoritarios y las democracias neoliberales han implementado.
En fin que podemos mencionar varias razones por las que esta obra vale tanto la pena: Siempre es buena idea informarnos un poco más acerca de la política contemporánea, desde fuentes de información serias y no oficiales; Es rara la ocasión en la que una obra logra conjuntar información tan sólidamente fundamentada, y está dirigida a los que no estamos iniciados en teoría política; Es extraordinario el trabajo tan actualizado de los temas de tecnopolítica y la profundidad con la que son expuestos; Pero quizás la más importante, es que en estos tiempos de transición política en México, Carta a los indignados es una lectura obligada para salir del nivel de argumentación tan superficial, que se evidenció en la reciente contienda presidencial, y que es necesario superar si aspiramos a ser un pueblo verdaderamente crítico de nuestros gobernantes.