Opinião
Capitalismo, Turismo y Terrorismo: Los Espectáculos Deportivos Internacionales
Capitalism, Tourism and Terrorism: The International Sports Events
Capitalismo, Turismo y Terrorismo: Los Espectáculos Deportivos Internacionales
Rosa dos Ventos, vol. 8, núm. 1, pp. 1-13, 2016
Universidade de Caxias do Sul
Recepción: 06 Junio 2014
Aprobación: 21 Mayo 2016
Resumen: Los mundiales y espectáculos deportivos internacionales son rituales de verdadero despliegue escénico, artístico que demuestra habilidad y fortaleza. Por ende, es importante para los grupos humanos reaunadar sus lazos celebrar este tipo de eventos en un lapso prudencial de tiempo. No obstante, muchas veces, diversos grupos pueden utilizar la vulnerabilidad del extranjero para establecer sus demandas al estado. La Copa del Mundo Brasil 2014 como evento deportivo a sido un ejemplo de lo expuesto anteriormente, y representa un gran dolor de cabeza para los planificadores y las autoridades brasileñas. Nuestra tesis apunta a que los turistas son empleados como rehenes en la negociación entre el estado y los disidentes debido a que el turismo moderno es el terrorismo por otros medios.
Palabras clave: Turismo, Eventos deportivos, Movilidad, Terrorismo Huelga.
Abstract: FIFA World cups and Olympic Games are rituals that trigger a stage of art denoting strength and ability in the participants. Thus, these events are very important to be celebrated by human groups within a specific lapse of time. Nonetheless, often, some groups may employ the vulnerability of tourists to impose their demands to state. FIFA World Cup Basil 2014 as major sport event has been a clear example of that, and represents a big problem for policy makers, and officials who devoted their time in the planning process. Rather, our thesis is that tourists are hosted to mediate in a negotiation between dissidents and states. This simply happens because tourism is terrorism by other means.
Keywords: Tourism, Sporting Events, Mobility, Terrorism, Strike.
Capitalismo, Turismo y Terrorismo: Los Espectáculos Deportivos Internacionales
INTRODUÇÃO

La imagen o mejor dicho, el declive de la imagen pública de la nación organizadora es uno de los efectos negativos que buscan ciertos grupos desestabilizadores o disidentes dentro de la misma nación. No es extraño observar a algunos grupos en disidencia, planificar atentados o ataques en medio de estos contextos festivos. Dañar a los extranjeros que gozan del derecho de hospitalidad equivale a generar verdaderas tensiones diplomáticas entre las naciones (Tarlow, 2006; Paraskevas, 2008). En vistas de ello, los especialistas sugieren que el terrorismo internacional aprovecha los estados de vulnerabilidad que despiertan esta clase de eventos para perpetrar ataques que ponen en juego la legitimidad del estado y al hacerlo sus demandas adquieren mayor probabilidad de no ser rechazadas. No huelga decir que diferentes riesgos pueden afectar la integridad de los turistas durante eventos de gran atractividad como los mundiales o los juegos Olímpicos, riesgos que van desde el crimen local, hasta los robos y/o ataques terroristas (Korstanje, 2011a, 2013; Álvarez de la Torre y Rodríguez Toubes, 2013).
Parte del descontento social y las condiciones laborales, entre muchas otras causas pueden deberse al resentimiento entre la ciudadanía y sus representantes. Los grupos radicales, de alguna forma que los expertos no pueden precisar, buscarían ahondar las diferencias entre estas demandas insatisfechas de la población para operar clandestinamente, planificar sus ataques contra el estado poniendo a los ciudadanos o turistas como rehenes. De hecho, en esto coinciden todos, el terrorismo moderno ha despertado un gran interés en perpetrar sus ataques contra blancos civiles que comprende turistas, hombres de negocios, periodistas y viajeros en general (Korstanje 2011b). Luego del 11/9 parece ser que la hostilidad se encuentra previamente asociada a la nacionalidad del extranjero, y no a sus actos. En este sentido, los americanos y británicos son más codiciados por los grupos terroristas que otras nacionalidades como argentinos o brasileros (Korstanje & Olsen, 2011). Cualquiera sea el caso, aún se necesita de mucha teoría para comprender la compleja pero persistente relación entre el turista y el terrorista.
El presente ensayo de revisión trata el aún hoy complicado caso de la organización del Mundial de Fútbol FIFA 2014 en el hermano país de Brasil. Según se observa y se sabe, miles de imágenes han recorrido el mundo, haciendo foco en el ‘descontento social’ respecto a los problemas de obra pública en materia de transporte, educativa y sanitaria en el país, los casos de corrupción de la administración Rousseff y la cantidad de partidas destinadas a la organización y posterior construcción de estadios para el mundial.
El proceso luego culmina con el intento de destitución y posterior juicio político bajo el cargo de malversación de fondos. Ello sugiere una pregunta por demás interesante, ¿se sienten los brasileros ciudadanos de segunda categoría respecto al turista internacional?, ¿puede soportarse desde la ética pública que el confort de unos pocos sea a costo de la privación del resto?.
Ello sugiere una pregunta por demás interesante, ¿se sienten los brasileros ciudadanos de segunda categoría respecto al turista internacional?, ¿puede soportarse desde la ética pública que el confort de unos pocos sea a costo de la privación del resto?
CRECIMIENTO ECONÓMICO Y GLOBALIZACIÓN EN BRASIL.
En las últimas décadas, la economía brasileña no solo ha logrado una consolidación dentro de las primeras a nivel mundial, sino que ha crecido en forma exponencial. Las reformas en materia agraria y financiera iniciadas por los gobiernos de Fernando H. Cardoso y Lula Da Silva [aun con diferencias sustanciales en sus programas de gobierno] sentaron las bases para la reorganización de un sistema de producción industrial que puso a Brasil en el mismo nivel de las economías centrales. Las medidas estuvieron orientadas a controlar la inflación acompañada de una alta tasa de crecimiento que mejoró notablemente la producción local sino la balanza comercial por el impulso a las exportaciones. Esta combinación de ayuda para el pequeño productor y para el gran exportador llevó a Brasil a integrar el podio de las economías emergentes integrando el BRIC [Brasil, Rusia, India y China]. No obstante, los efectos descapitalizadores de la crisis bursátil de 2008 produjeron serios problemas para todas las economías recientemente globalizadas luego del arribo del neoliberalismo que sedujo a las economías nacionales a endeudarse en los mercados de capitales internacionales. Los efectos colaterales de dicha crisis fueron absorbidos por su sucesora, Dilma Rousseff quien no solo tuvo serias limitaciones respecto a medidas eficientes de contención, sino que además se vio envuelta en una seria de denuncias televisivas y mediáticas que pusieron su credibilidad en juego.
Dilma fue acusada de esconder estadísticas que eran vitales para supuestamente afrontar la crisis y de esa forma fue acusada de mala praxis. Particularmente, el punto abre una discusión entre opositores y oficialistas respecto al rol del presidente y el derecho de la privacidad en las decisiones de gobierno. Una vez aprobado el Juicio político al conseguir la oposición los 342 votos positivos, el destino de Brasil parece incierto. Sobre todo, en momentos, en el cual su actual vicepresidente [Michel Temer] acusado por iniciar un intento de golpe de Estado a su favor, es seriamente investigado por la justicia. El mandato de Temer terminará en enero de 2019. Lo que ha comenzado como una ola de disturbios en vísperas de la organización del Mundial en 2014, dos años después toma una dirección que pocos esperaban. Y es por ese motivo, uno de los puntos que no ha sido observado por los especialistas es la relación entre el sistema capitalista y la extorsión, a un grado que sugiere que el espíritu del terrorismo no solo se encuentra inserto en el ethos capitalista, sino en la industria de la movilidad y el turismo.
Uno de los académicos que pronosticó el ‘efecto Jazz’, R. Rajan sostiene que la crisis se propagó por una combinación populista llevada a cabo por la administración Bush que contemplaba un recorte en la tasa de interés, que no supo interpretar el sistema globalizado de liquidación de divisas y exportaciones. Dentro de los Estados Unidos, la economía se encontraba en un estadio de híper-consumo, donde los bancos, sobreestimando el riesgo y ayudados por calificadores internacionales [que les otorgaron el rango de AAA], comenzaron a prestarle dinero a personas que no cubrían las características necesarias para acceder a esos préstamos en condiciones normales [tipo prime]. Estas medidas pudieron hacerse realidad debido a que la Reserva Federal presionada por el Gobierno, redujo sustancialmente las tasas de interés desde 2000 a 2003. En sus inicios, el negocio fue tan rentable que incluso muchas compañías vendieron sus bonos y acciones para intervenir en el mercado inmobiliario. Empero esa atracción de los mercados pronto desató la llegada de miles de dólares provenientes de los exportadores asiáticos. Este hecho creo el principio del fin.
Cuando la Reserva Federal sube la tasa de interés, los inversores de la burbuja financiera se ven en bancarrota. En líneas generales, Ranjan propone que la crisis fue una consecuencia de una forma de pensar, propia de los Estados Unidos, donde el riesgo comienza a ser sobreestimado en post de las cuotas de interés que genera. Centrados en el principio de especulación capitalista, los tomadores de crédito transformaron una cuestión de necesidad [que significa el pasivo que puede significar un crédito, una deuda] en un aspecto positivo a sobre-estimular, convirtiéndolo en un activo. Al margen de la polémica que puede suscitar, la tesis central de este interesante libro es que el crash inmobiliario, tema que la valió una fuerte crítica de los intelectuales de izquierda, es antes que nada una manifestación de la política y no una falla del sistema económico. Ante el alto grado de desigualdad económica y las crecientes tasas de desempleo entre las clases estadounidenses, el Gobierno debería de haber preparado en sus universidades a aquellas personas o clases excluidas del sistema económico, confiriéndoles mayores posibilidades en lugar de apelar a medidas cortoplacistas como el crédito masivo (Rajan, 2010). Las contribuciones del profesor Rajan son de vital ayuda, pues pone en el tapete el eje fundante del sistema capitalista, la competencia y con ella el concepto de plusvalía resultante del intercambio de mercancías (Korstanje 2015).
Por su parte, Zygmunt Bauman sostiene que el capitalismo se ha podido expandir por medio de la globalización. El sistema económico de nuestros padres y abuelos se caracterizaba por producir bienes duraderos, estables que no solo daban trabajo a muchas personas, sino que permitían un sostén y estabilidad por un periodo de tiempo más o menos prolongado. Empero, con el advenimiento de la postmodernidad o el capitalismo líquido, el trabajador se ha transformado en commodity, listo para ser consumido por las grandes cadenas productivas. El hombre actual se encuentra sujeto a una gran cantidad de incertidumbres que lo llevan a competir con otros en igual condiciones con el fin de obtener un puesto laboral. En este contexto, el trabajador ha pasado de ‘recurso humano’ a ‘commodity’ que debe vestirse, consumir, y comportarse como marca el sistema con el fin de ser aceptado dentro de la matriz de intercambio. El mundo experimenta formas paradójicas de relación donde la movilidad de una elite global se contradice con el estancamiento y la inmovilidad de una gran porción de la masa laboral (Bauman 1998; 2013; Warde, 1994).
Por su parte, Hardt & Negri (2001) sostienen que la corrupción es el engranaje que une la acción política entre la periferia y el centro que le permite al imperio poder funcionar. Los estados nacionales, desde su creación, no solo han monopolizado el uso de la fuerza para poder controlar la dispersión del capital excedente producido por la explotación de la clase trabajadora. A diferencia de otros pensadores marxistas que consideran al estado como el reducto que protege al ciudadano del mercado, Hardt y Negri advierten que el capitalismo se ha expandido gracias a dos elementos bien visibles, el primero y conocido es el mercado, y en segundo lugar, la ley que da al estado la posibilidad de coaccionar a quienes amenazan el orden económico vigente. Nicole Guidotti Hernández (2011) en su libro Unspeakable Violence nos habla de la necesidad de crear una nueva epistemología que explore los usos silenciosos del poder, el cual se inserta dentro del discurso de la nacionalidad. El estado, lejos de ser esa entidad protectora que nos enseñan en el colegio, se han fundamentado y expandido no solo luego de años de guerras internas y derramamiento de sangre, sino que silencia ciertas voces cuando le son disfuncionales al orden económico vigente. En tanto que socios, mercado y estado han homogenizado prácticas sociales disfuncionales dentro de una imagen unificada cercenada por la imposición de fronteras. Dentro de esos límites se impone una movilidad que es restrictiva, para ciertos grupos indígenas que no conocían el sedentarismo. De ello se desprende, que la conquista se realiza no solo con armas sino de forma narrativa y discursiva. Los estados fomentan la movilidad de ciertos grupos privilegiados, a la vez que cercenan las libertades de ciertas minorías a poder moverse. El poder disciplinario del estado toma un rol pasivo, en ocasiones, para generar un conflicto que tarde o temprano se definirá en favor de aquellas clases con mejores capacidades adaptativas, y al hacerlo, se permite crear una historia sobre los hechos sobre la cual no surgen cuestionamientos. Esta historia nacional producida por el estado para regular y legitimar las arbitrariedades del mercado es a lo Guidotti llama violencia silenciosa [unspeakable violence].
Uno de los grandes falsos preceptos de muchos intelectuales latinoamericanos, recordaba el profesor italiano Alberto Fillippi consistía en pensar al capitalismo exclusivamente como enmarcado en el libre mercado, liberando al estado nacional de su complicidad legal en la sustentación, configuración y expansión de capitalismo moderno y de todos sus flagelos (Fillipi 1988). En su reciente libro Counterfeit politics, David Kelman sugiere que la política postmoderna ha cambiado a formas donde el misterio es productor de duda, y porque lo hace, los bandos políticos pueden ganar una legitimidad que de otra forma no tendrían. A diferencia de una novela de misterio donde el detective debe investigar un asesinato y finalmente atrapa al responsable, en la política la duda jamás puede ser validada empíricamente y porque queda abierta especulaciones y conjeturas, ese significante vacío puede ser llenado por el poder discursivo. La teoría conspirativa, lejos de ser una patología como sostenían los padres fundadores de la ciencia política se ha transformado en la política misma. El juego consiste en producir un quiebre entre dos bandos, introduciendo un “significante vacío” en términos de Laclau, el cual será llenado por una teoría [plot] que no puede ser comprobada, ni comprobable. Este misterio, lejos de resolverse permite al líder político generar mayor legitimidad a políticas que de otra forma serían ampliamente rechazadas.
En resumidas cuentas, el gobierno de Dilma Rousseff fue seriamente cuestionado por no haber logrado estabilidad en la posición de Brasil en materia financiera internacional, llevando paulatinamente a la economía a un estado de recesión. Ello sentó las bases para la articulación de una gran cantidad de denuncias por corrupción en contra de sus ministros, y/o en donde [para bien o para mal] la prensa se hizo eco. Para fines de 2011, el ministro de Deportes, O. Silva renuncia luego de una arremetida mediática que lo involucraban en serias denuncias de corrupción que involucraban la organización de los JJOO y del Mundial de Futbol para 2014. Los excesivos costos en la construcción de estadios e infraestructuras, asociados a las denuncias de enriquecimiento de algunos funcionarios llevo a miles de personas [ciudadanos] indignados a protestar a pocas semanas del comienzo del mundial.
Si bien el contexto conflictivo no ha afectado el desarrollo de la Copa del Mundo, no menos cierto fue que la eliminación de Brasil en manos de Alemania generó desmanes en la mayoría de las ciudades brasileñas. Brasil, por desgracia, mostraba no solo una parte poco estudiada por expertos de turismo [turismólogos] sino ser una sociedad con grandes asimetrías solapadas tras el espectáculo deportivo. En su libro Touring poverty, Bianca Freire-Medeiros (2014) sostiene que deberíamos repensar seriamente la conexión entre el turismo y la pobreza, al punto que uno no puede existir sin el otro. Una nueva modalidad del turismo en lugares de extrema pobreza, conocido como Slum-tourism, permite hacer de la privación un commodity que si bien ayuda a los residentes los hunde aún más en su necesidad. En este sentido, la pobreza se transforma en el commodity más importante de las favelas y una fuente de atracción para la visita de miles de ciudadanos provenientes de ciudades pujantes que intentan conectarse, de alguna u otra forma, con el sufrimiento. Las narrativas que subyacen alrededor de estos espacios subyacen en una matriz que es forjada en las sociedades centrales y que les es ajena a los nativos.
En un reciente trabajo, A Difficult World: examining the roots of capitalism Korstanje (2015) explica que el capitalismo nacido del mundo de la reforma considera que el mundo está hecho ‘para unos pocos’, de la misma forma que el ‘cielo’ se reserva para unas pocas almas [las más virtuosas, puras y resistentes]. Esta forma de concepción promovida por la Reforma Protestante, asociada a una forma de darwinismo social donde todos compiten con todos por la ‘supervivencia del más fuerte’. Por ese motivo, el éxito de pocos implica la ruina de la mayoría. Los competidores en el mercado laboral no son conscientes de sus desventajas y porque creen en sus posibilidades entran en pugna con otros quienes como ellos desplegarán cursos de acción para subsistir. Esta forma de cosmología contrasta con el ethos católico donde la salvación no se encuentra determinada por los logros [achievement] sino por la tradición. No obstante, a medida que los países católicos adopten al industrialismo como su principal razón, la cosmología protestante tenderá a expandirse. En este contexto, como bien observa Tzanelli (2015), la globalización puede crear un espacio liminar de conflicto cuando choca con formas culturales no-industriales.
LA ORGANIZACIÓN DE EVENTOS
En contextos de crisis, la organización de eventos y celebraciones permite mejorar las economías locales por medio de la inversión endógena y de una demanda que traerá divisas frescas para el desarrollo interno. En los últimos años se ha visto en los eventos culturales un campo fértil para explotar ‘la tradición’, la cual no requiere grandes costos o riesgos de inversión, en pos del consumo turístico. La literatura especializada en organización de eventos, orientada a la producción de rentabilidad para los destinos turísticos, recomienda recurrir a la planificación racional para detectar y eliminar a todas aquellas variables que de alguna u otra forma atentan contra la imagen del destino y la experiencia derivada de éste; a la experiencia turística se la considera un bien intangible, muy sensible a noticias o eventos negativos (Getz, 1997; Sets & Fariley, 2004; Carlsen & Taylor, 2003). Como ya se ha mencionado, a las prioridades en materia de planificación se le suma el tema de la seguridad (Tarlow 2002). La credibilidad, la imagen y la confianza de una nación frente al mundo se encuentra asociada a la eficacia en su manejo de celebraciones y eventos mediáticos.
En su libro Media Events, Dayan y Katz (1994) explican la importancia simbólica que reviste para las sociedades la organización de ciertos eventos, considerados como el epicentro fundador del orden social. Los especialistas consideran que existen eventos mediáticos cuya influencia sobre los lazos sociales no solo es alta, sino que permiten afianzar la confianza en sus líderes. Estos eventos van desde casamientos reales, hasta espectáculos deportivos o paradas militares. En este sentido, cuestiono esta afirmación centrando su análisis en el caso del Bicentenario Argentino, donde el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner celebró una fiesta paralela de bicentenario de espaldas al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Este quiebre no solo evidenció que, en ciertas ocasiones de conflicto, los ‘media events’ no se corresponden significativamente como plataformas que revitalizan el lazo social, sino que además pueden empeorar la situación (Korstanje, 2012).

Ya en este sentido, no son los ‘terroristas’ aquellos grupos que pueden desestabilizar un evento mediático, sino la propia población cuando cree, o de hecho sus demandas no son satisfechas. En otras condiciones, conflictos latentes que no pudieron ser cicatrizados pueden reavivarse en contextos de celebraciones o festivas. Es el caso, por ejemplo, de las fechas festivas propias de comunidades que han tenido previamente episodios de violencia étnica, tema muy bien documentado por Comaroff y Comaroff (2009) en Ethnicity, Inc. Las comunidades étnicas ven al turismo como una forma de auto-gestión, lo cual despierta serias tensiones con grupos vecinos o con el mismo estado el cual ve en el impuesto un instrumento de recaudación impositiva. Sin formas conjuntas de regulación, estas tensiones internas pueden llevar a episodios de extrema violencia.
GLOBALIZACIÓN Y CONFLICTO
Luego de lo expuesto, algunas preguntas comienzan a orientar la discusión respecto de las demandas de la ciudadanía en Brasil y otros eventos similares: ¿es la disconformidad expresada por los brasileros una muestra de la explotación capitalista?, ¿o simplemente una realidad cultural propia de los latinoamericanos?, ¿Qué rol ha jugado la historia de Brasil en las asimetrías de clases que lleva a la gente a pedir más educación, seguridad y certezas?, ¿son estas campañas intentos desestabilizadores orquestados por parte de la elite financiera global?.
Una respuesta tentativa a todas estas cuestiones sugiere que, en parte, el contexto social e histórico de la nación influye en forma marginal ya que la evidencia sugiere similares protestas como las acaecidas en Brasil han sucedido por igual previo o durante la organización de celebraciones o competencias [como JJOO] de impacto internacional en naciones desarrollas y sub-desarrolladas por igual. No importa su lengua, o tradición, la modernidad avanza creando alegorías y al hacerlo, agrava o crea nuevos clivajes o episodios de violencia. No hace falta mucho para observar, los riots sucedidos en Londres (2011) antes de la organización de Los Juegos Olímpicos. Aun cuando las demandas pueden ser diferentes o tomar diversos canales, no menos cierto es que surgen formas organizadas de protestas las cuales toman a la organización de eventos deportivos como una plataforma para instalar un mensaje a la audiencia; y es sobre ese punto que intenta reflexionar el presente ensayo.
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Una de las cientistas sociales que mayor interés ha puesto en la relación de la modernidad con el conflicto y el poder mediático ha sido Rodanthi Tzanelli, profesora de la Universidad de Leeds en Reino Unido. Su tesis principal apunta a discutir la manera en que la modernidad y sus alegorías a medida que avanzan sobre sociedades con un pasado de violencia pueden crear clivajes o rupturas difíciles de subsanar. Siguiendo esta lógica, Tzanelli, sugiere que la organización de cualquier evento mediático deportivo tiene como objetivo desdibujar las asimetrías capitalistas entre explotadores y explotados. El capitalismo tardío explota la imagen de los nativos [anfitriones] para que sean observados por los turistas [huéspedes]. Esta cosificación que siempre alude a lo particular, a las características culturales, o a la tradición lejos de ser genuinas obedecen a un diseño [clonado] que aplica para todos los grandes centros urbanos y destinos turísticos. El turista produce la pobreza del otro [no-turista] porque exige que sus gustos sean satisfechos, invirtiendo miles de dólares y partidas en infraestructura. La organización de los eventos de este calibre borra ideológicamente todo tipo de conflicto pre-existente entre trabajadores y portadores del capital. Tzanelli (2004; 2006; 2014) reconoce que no se trata de un tema de centro-periferia, ya que Reino Unido fue el epicentro de sangrientos levantamientos momentos antes de la organización de los JJOO.
En su último trabajo, precisamente dedicado a la Copa del Mundo Brasil 2014, Tzanelli discute los orígenes discursivos alrededor de la idea de lo que significa ‘ser brasilero’. Para ello, se nutre de un análisis de los ceremoniales de apertura y clausura de la Copa del Mundo FIFA llevada a cabo en diversas ciudades del Coloso del Norte en 2014. Las protestas sociales en las calles de todo el país en contra el sobregasto, las denuncias de corrupción por parte de la administración se acoplan a una serie de demandas de la ciudadanía por una redistribución con mayor equidad en materia de educación y atención sanitaria. En los capítulos introductorios, Tzanelli explica que gran parte de la dualidad estructural de Brasil reside en su pasado colonial, un pasado marcado por la explotación, la exclusión y la subordinación de ciertas étnicas en favor de una elite blanca, y ésta última del imaginario europeo portugués.
En este sentido, se advierte en aquellos países marcados por el trauma de la esclavitud, la modernidad abre el juego para crear estados paralelos de consciencia donde se da un ‘disonance heritage’ o ‘disonancia patrimonial’ entre pasado y futuro. Estos paisajes de explotación, como bien lo distingue Reijinders con el nombre de ‘paisajes de culpa’ [guilty landscapes] se imponen para descargar un sentido de culpa por lo sucedido. Este sentimiento se cristaliza por el consumo cultural que ayuda al nativo a salir de la situación de atraso producida por la misma metrópolis de la cual el turista es oriundo, y en tal caso, da lugar a nuevas prácticas como el turismo oscuro [thana-tourism] o turismo en espacios de extrema pobreza [slum-tourism]. En contextos naturales, los rituales tienden a unir a las personas, pero eso no sucede con el avance de la ‘globalización’.
Por un lado, los discursos ‘imperiales’ son fijados en determinados puntos geográficos, la mayoría de ellos en los centros cosmopolitas del Norte para luego ser impuestos a los países periféricos. Siguiendo esta lógica, la autora acuña un neologismo que explica en parte el problema, la cosmografía de los ricos, la cual se explica cómo el proceso de jerarquización de discursos, saberes, y creencias fabricados en los centros imperiales para promover un cierto ‘progreso’ en la periferia. Estos discursos hegemónicos no pueden funcionar sino es con la complicidad de las comunidades periféricas las cuales desarrollan una suerte de ‘cosmología del deseo’ con el objetivo de ratifica la dominación. En este sentido, variables clásicas como raza, género y clase, largamente estudiadas por los sociólogos postmarxistas, representan una respuesta válida y exitosa que ayuda a la sociedad a comprender el sentido de lo que es el mundo. Cuando la periferia acepta estos discursos, se conecta con su necesidad de representación. Entonces, la globalización lleva a estas sociedades a exponer al mundo una forma sesgada de su cultura, una construcción diseñada para el gusto de una demanda [mayoritariamente turística] internacional. Luego del proceso de independencia, las sociedades periféricas se encuentran determinadas por la matriz cultural imperial.
Si todo viaje implica un desplazamiento o lo que el psicoanálisis conoce como ‘catexis’, tomar distancia implica disociarse del pasado autoritario que se intenta olvidar. Todo viajero quiere dejar algo atrás, para recuperar lo que se encuentra escondido. En perspectiva, Brasil condensa la violencia propia del arquetipo masculino [crimen] con la belleza femenina para dar nacimiento a nuevas narrativas estéticas orientadas al consumo. Una de las características esenciales de la globalización es que impone imperativos que reemplazan estos pasados trágicos por narrativas diarias del consumo que no solo reinventan la tradición, sino que fija un legado según las pautas culturales de la demanda, en este caso, los turistas internacionales.
Admite Tzanelli, en la ceremonia inaugural, la audiencia global es seducida por una alegoría del pasado africano tan para luego saltar a lo multi-cultural, la movilidad, lo turístico y al cosmopolitismo propio de la globalización. Se instala la idea de retornar a los valores culturales de las tribus indígenas del Amazonas en donde prima la armonía, la igualdad, y el respeto por lo natural. En paralelo, las protestas sociales se diluyen frente a las condiciones de juego que llevan no solo a Brasil a perder 7 a 1 con Alemania, sino a su archirrival Argentina a la fase final de la competencia. A este proceso de extrapolar las ambivalencias internas del país en pos de un enemigo externo, Tzanelli lo llama ‘Brazil plot’.
La paradoja radica en que el ‘hecho turístico’ además de ser usado como un instrumento de ideología, produce imaginarios construidos en base a ideas de supremacía y potencial político para diluir el conflicto en forma unidireccional. En parte, porque a diferencia de lo que se pensaba, el turismo no es una actividad afectada por el conflicto o el riesgo de conflicto, sino que se posiciona como el antídoto a las inequidades generadas por el sistema capitalista. Por ende, hace décadas los hacedores de políticas públicas invertían tiempo y dinero en planificar y controlar el conflicto como agente disgregador para el funcionamiento del destino, pues ahora esa relación ha sido invertida. El turismo es quien produce el conflicto, pero a la vez lo pacífica.
Aun cuando ilustrativo y sagaz, el argumento de Tzanelli requiere de algunos comentarios. Por un lado, consideramos que Argentina representa ese enemigo a vencer que permite al sistema social recobrar el equilibrio. Siguiendo la contribución de S. Freud, y de la lectura del presente trabajo, se lee que la demonización al otro nace de un miedo primordial que no es otra cosa que un intento desesperado por fabricar un objeto fobígeno [de temor] para poder recanalizar los sentimientos ambivalentes contra la autoridad. Freud emplea el término ambivalencia para aquellos sentimientos de amor y de odio simultáneo que Hans siente por su padre. Sin la fobia, Hans experimentaría una fragmentación de su personalidad producida por un efecto de ruptura. Al crearse un objeto externo al cual temer, el ego intenta por todos los medios evitar su encuentro y al hacerlo logra superar la ambivalencia. En este sentido, Argentina es a Brasil lo que la fobia a Hans. Sin la idea de una rivalidad frente a Argentina, el coloso del Amazonas podría experimentar una seria fractura por el conflicto dado entre sus propias etnias, problemas internos y asimetrías en la distribución de la riqueza. Por el otro, el capitalismo introduce una tradición inventada que intenta plasmar un mensaje político e ideológico, pero al hacerlo choca con las propias miserias que genera. La pregunta que Tzanelli tal vez no se plantea es ¿porque esta clase de episodios violentos emplea a los turistas como rehenes?

Veremos a continuación como postulaba Marx, que la explotación del otro es la lógica subyacente dentro del intercambio capitalista mismo. El economista alemán sostenía que la explotación y la posesión eran cuestiones culturales que estaban en la humanidad misma desde hace mucho tiempo. Empero, a diferencia de la edad media donde el granjero trabajaba el grano del señor feudal a cambio de su vida, en el capitalismo las mercancías se cambian a valor de una plusvalía. El capitalismo no funciona porque circula dinero, sino porque entre las mercancías intercambiadas el dueño del capital recibe un plus valor sin invertir trabajo personal (Marx, 1971). Para Marx, esta realidad se correspondía con el mayor de los ‘robos’ pues el trabajador perdía todo derecho de producción a través de un sueldo.
Siguiendo este mismo ejemplo, cuando la clase trabajadora recibe mejoras en el volumen de su poder adquisitivo, los fijadores de precio [capital-owners] mueven el precio de sus mercancías generando inflación. Al intervenir el estado en la regulación se crea mercado negro y desabastecimiento. Las presiones regulativas gubernamentales sobre el capital privado pueden generar despidos en la planta de trabajadores. El empleador, en todos los casos, pone al trabajador como rehén en su negociación con el estado. ¿Entonces no es el terrorismo una lógica propia del Capitalismo?.
TURISMO, CAPITALISMO Y TERRORISMO
Una de las cuestiones que más ha preocupado a la prensa y a las autoridades no han sido las protestas en las calles de las principales ciudades de Brasil, sino la posibilidad de que los sindicatos [en disconformidad] puedan ‘arruinar’ la copa del Mundo. ¿Y como podrían un grupo de trabajadores echar por la borda la organización de un mundial? La fuerza de trabajo de los sindicatos vinculados a la ‘movilidad’ y transporte público puede legalmente aludir a paros para evitar la accesibilidad de los turistas a los principales estadios. Si bien todo estado desde lo legal, se reserva mecanismos para regular este tipo de actitudes, siempre existe la posibilidad de paros unilaterales y no consensuados. ¿Acaso una huelga no es comparable a un ataque terrorista?

En abordajes posteriores, se ha explicado que el turismo moderno es el terrorismo por otras vías. Los estados nacionales han solidificado su poder gracias a dos elementos claros, la violencia y la imposición de la doctrina del libre tránsito. Cuando un grupo quiere atentar contra el buen funcionamiento del estado, veda el libre circular de los ciudadanos creando un ‘perjuicio económico’ [véase teoría de la hospitalidad y la conquista] (Korstanje, 2013a). Para poder responder a la pregunta anteriormente formulada, se recurre a la historia de la lucha sindical en los Estados Unidos. La tracción capitalista ha generado una migración forzada del campo a las grandes ciudades, y de esas ciudades a las metrópolis periféricas exportadoras de granos como ser Argentina, Estados Unidos y Australia. Pero lejos de lo que la opinión pública piensa, la vida de estos jornaleros no era simple ni sencilla. Ellos estaban sujetos a un sinnúmero de problemas materiales y laborales. La organización, post Acta Wagner, de ciertos grupos de trabajadores en América del Norte se llevó a cabo no sin pocos obstáculos. El anarquismo y el socialismo que había venido del otro lado del océano – traído por la migración – promovía cambios radicales que asustaban seriamente a los dueños de las fábricas. Estos cambios representaban una seria amenaza para el progreso de los Estados Unidos.
La ideología anarquista postulaba en forma radical atacar las bases de la desigualdad social. Muchos activistas comenzaron a perpetrar atentados contra dirigentes, personas de prestigio y policías para generar desestabilización política en la sociedad. Combatidos, encarcelados y perseguidos como terroristas varios de estos líderes fueron repatriados a Europa, mientras otros simplemente eran asesinados en el anonimato. En perspectiva, se dio una metamorfosis entre explotadores y explotados. Los anarquistas cambiaron el rumbo y vieron en la lucha sindical una forma más efectiva de cambiar la realidad. La organización de trabajadores comenzó lentamente a conformarse como un tema obligado en todas las reuniones anarquistas. Pronto, el estado y sus trabajadores se encontrarían las caras frente a frente, cuando a lo largo del territorio americano surgieran miles de protestas y reivindicaciones puntuales como ser mejoras en los salarios, y menos horas laborales (Korstanje, 2013c).
El estado, de esta manera, aceptó las demandas sindicales confiriéndoles a los trabajadores una protección ‘legal’ para articular sus pedidos, y a la vez, les dio sustanciales mejoras en lo laboral. El turismo moderno ha surgido como resultado de esta cruel y solapada negociación que ha desembocado en un aumento productivo orientado a tecnología, vacaciones pagas y menores horas de trabajo. No obstante, la violencia primigenia de la ideología anarquista no fue arrancada de raíz, ella fue disciplinada, transformada y transmutada en una nueva forma, la huelga. La nación se reservó para dentro el derecho a huelga, mientras empujó al terrorismo hacia fuera de sus fronteras.
Por ese y no por otro motivo, podemos afirmar que la ascensión del turismo moderno de masas es el terrorismo por otros medios. A pesar de sus diferencias, ambas y si se puede agregar, la huelga y el ataque terrorista mantienen similitudes de base. En primer lugar, aluden a la inmovilización del más débil para negociar con el más fuerte. Al hacerlo, ponen a la extorsión como elemento de cambio. Desde el momento en el cual, el otro no tiene fuerza ética más que su valor ‘instrumental’, el terrorista es insensible al sufrimiento ajeno. El otro queda sujeto a una función específica que permita articular mi propia demanda o la de mi grupo. En esencia, el terrorismo y la lucha sindical son instrumentalistas.
Por otro lado, el turista tampoco parece muy sensible a los sufrimientos y privaciones de los locales. En 2008 las noticias impactaron a la opinión pública mundial cuando se publica una foto de turistas en una costa italiana disfrutando del sol, a metros de un cadáver, seguramente de un inmigrante fallecido que quiso entrar ilegalmente al país. El tercer factor en común es el efecto sorpresa que descontextualiza los esfuerzos del estado por prevenir y mitigar los daños. Los sindicatos franceses y argentinos han sabido esperar pacientemente a las fechas claves de transito de personas para establecer paros sorpresivos, que en ocasiones fueron tildados de ‘criminales o terroristas’. El turista varado en un aeropuerto francés por una huelga sindical de aero-navegantes no es muy diferente [salvando la violencia] a un atentado suicida en Bali. Por desgracia, Brasil 2014 es un ejemplo [entre tantos otros] de que nuestra tesis es correcta. Los grupos en pugna emplean a los turistas (y a su accesibilidad) como armas de lucha frente a un estado que los silencia. El destino de cómo se van dando los eventos siempre es incierto, pero las causas del fenómeno son identificables.
CONCLUSIÓN
Se cree en forma romántica que la movilidad y el turismo generan por si mismos cambios positivos en la sociedad, ya que promueven el diálogo intercultural y afirman la tolerancia inter-étnica (Richards, 1996). No obstante, algunos eventos como los riots en Londres o las protestas en Brasil 2014 comienzan a cuestionar la idea de un turismo revitalizador para el residente local. Luego de la Masacre de Luxor en Egipto, los turismólogos confirmaron sus sospechas que empezábamos a vivir en un mundo donde el consumidor occidental debía ser protegido. Con el ataque a las Torres Gemelas, los expertos dieronse cuenta de un nuevo viraje que instaló un mensaje por demás inquietante: ‘nadie estará seguro nunca más en ningún lugar, ni en ningún momento’.
No obstante, quienes hemos prestado atención a la historia del capitalismo, la sindicalización, y la imposición del ocio como derecho legislado, nos hemos dado cuenta que seguramente el turismo y el terrorismo han estado históricamente ligados. En este punto de discusión se encuentra centrado el presente ensayo. Obviamente, Brasil en su organización de la Copa Mundial FIFA, no ha tenido ataques tildados como terroristas, pero si huelgas y protestas laborales que pudieron haber colapsado el evento. Lo que fuera de las fronteras del estado nacional se llama ‘ataque terrorista’, dentro es catalogado como ‘huelga’, o protesta. En el fondo, ambos [más allá del grado de violencia] mantienen características similares como ser, el factor sorpresa y la instrumentalización de los otros, ya sea porque se explota a un tercero para los propios fines, o porque los grupos en disidencia, ponen a los consumidores globales de rehenes para negociar con el estado. Lejos de cualquier valoración personal, los hechos sucedidos durante la organización de Brasil 2014 parecen validar esta hipótesis central de trabajo bajo el axioma que el turismo moderno es el terrorismo por otras vías.
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