Artigos Científicos

RURALIDADES TURÍSTICAS DEL CAMPO PAMPEANO-BONAERENSE [ARGENTINA]

Tourist Ruralities of the Pampeano-Bonaerense Countryside [Argentina]

CECILIA PÉREZ WINTER
Instituto de Ciencias Antropológicas, Argentina
MARINA GUASTAVINO
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Argentina

RURALIDADES TURÍSTICAS DEL CAMPO PAMPEANO-BONAERENSE [ARGENTINA]

Rosa dos Ventos, vol. 12, núm. 4, pp. 789-810, 2020

Universidade de Caxias do Sul

Recepción: 17 Abril 2019

Aprobación: 21 Junio 2020

Resumen: El objetivo general de este artículo es indagar cómo actores estatales y no estatales construyen versiones turísticas de lo rural. Proponemos identificar y examinar, mediante tres iniciativas orientadas por la Subsecretaría de Turismo de Provincia de Buenos Aires, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y establecimientos productivos privados: quiénes participan en la configuración de una ruralidad turística; qué elementos [lugares, sujetos, prácticas, versiones de pasado] se seleccionan; qué representaciones se construyen y difunden para orientar el consumo turístico del campo. Nuestro análisis nos lleva a considerar que estos diferentes actores construyen diversas versiones de ruralidades turísticas pampeano-bonaerense activando tanto prácticas y narrativas sobre el pasado agrario como del presente.

Palabras clave: Turismo, Ruralidad, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Abstract: The goal of this article is to enquire into how state and non-state actors configured tourist versions of countryside. We propose to identify and examine, through three initiatives oriented by the Sub-secretary of Tourism of the Province of Buenos Aires, the National Institute of Agricultural Technology and private owners of agrarian productive establishments: who are participating in the construction of a tourist rurality; what elements [places, subjects, practices, versions of the past] are they selecting; what kind of representations are they creating and disseminating to guide tourism consumption of countryside. Our analysis leads us to consider that different actors build diverse versions of tourist pampas countryside, evocating practices and narratives about the agricultural past and the present.

Keywords: Tourism, Rurality, Province of Buenos Aires, Argentina.

Introducción

El turismo rural[i] es una modalidad que, desde que emergió en Francia en la década de 1950, se ha diversificado y extendido (Velázquez Inoue, 2018). No solo se lo identifica dentro del denominado turismo alternativo (Santana, 2003), sino también como una actividad dentro del proceso de diversificación de las áreas rurales, que permite ampliar la renta de pequeños y grandes establecimientos agropecuarios (Craviotti, 2002a). Ambos procesos comparten algo en común, promueven una valorización de lo rural a partir de la selección de ciertos elementos, prácticas de productos/alimentos, lugares/paisajes y servicios asociadas a lo rural que ingresan al mercado turístico, colocando al campo como un nuevo espacio de consumo (Urry, 2002).

Estos procesos no son ajenos a la creación y difusión de representaciones idealizadas sobre esas geografías – y sujetos (Perkins, 2006) – con el fin de promocionar y configurar los ámbitos rurales como destinos/atractivos turísticos. Para ello, también se configuran discursos e imágenes textuales y visuales sobre lo rural para conformar una ruralidad turística. Así, se seleccionan elementos o recursos vinculados al lugar que se está visitando y que tengan – y a los que se les otorga – ciertas características como: autenticidad, belleza, exotismo, accesibilidad, visibilidad, entre otras. A este proceso de construcción social se lo denomina atractividad (Bertoncello, Castro & Zusman, 2003). Generalmente se crea y promociona una versión estilizada y simplificada del – ahora – lugar turístico rural, invisibilizando conflictos y tensiones o mostrando una lectura positiva de los mismos (Pérez Winter & Troncoso, 2019). Estos procesos de construcción de lugares turísticos no son espontáneos, una serie de actores estatales y no estatales [locales y extra locales] participan y lo orientan (Bertoncello, 2002), disputando/negociando sus intereses y necesidades.

Ante lo expuesto, nos preguntamos quiénes participan en la configuración de una ruralidad turística; qué elementos [lugares, sujetos, saberes, prácticas, versiones de pasado] se seleccionan para definir las ofertas del turismo rural; qué representaciones sobre lo rural se construyen para orientar el consumo turístico y qué versiones idealizadas del campo se difunden. Para ello, proponemos analizar y comparar algunas propuestas de turismo rural que se desarrollan – o se llevaron adelante – en la provincia de Buenos Aires, Argentina.

La elección de esta área radica en que, por una parte, las autoras venimos desarrollando el monitoreo de experiencias de gestión desde el 2006 e investigaciones académicas desde el 2012, lo que nos permitió tener un registro significativo de los cambios y transformaciones de los procesos turísticos. Por otra parte, porque es una provincia que comenzó a promover el turismo desde fines del siglo XIX y ello nos permite indagar diversos aspectos de los procesos turísticos que tuvieron lugar: el turismo como un privilegio de elite mediante el consumo de la costa atlántica; el turismo como un derecho y la inclusión de otros sujetos y destinos; el turismo masivo de sol y playa y los recientes cambios mediante la diversificación (Bertoncello, 2006; Pastoriza, 2011, entre muchos otros) y conformación de nuevas modalidades ‘alternativas’ como la rural (Schlüter, 2003). Ello permite indagar cómo se fue incorporando el turismo rural en la provincia y bajo qué características, posibilitando comparar con otras etapas de desarrollo turístico, un tema reciente y hasta ahora poco estudiado.

La provincia de Buenos Aires posee una extensión de unos 308.000 km2 con 15.625.084 habitantes[ii], siendo una de las jurisdicciones del país con mayor densidad demográfica. Está compuesta por 135 municipios y la ciudad de La Plata es la capital provincial. Se extiende en parte de la llanura pampeana, área histórica de producción agrícola y ganadera que también ha albergado otras actividades económicas como la industria y la minería a las que se suma el turismo (Quesada y Cadelli, 2012). La actividad turística de la provincia de Buenos Aires se ha concentrado desde sus inicios en la costa atlántica, siendo Mar del Plata una de las ciudades balnearias que mayor concentración de turistas recibe en el periodo estival (Pastoriza, 2011). Sin embargo, en estas últimas dos décadas el turismo rural ha ganado relevancia. Asimismo, la provincia fue una de las áreas protagonistas del modelo agroexportador durante el siglo XIX (Giberti, 1985); su paisaje rural ha sido activado desde la literatura costumbrista como el escenario del arquetipo nacional argentino, el gaucho (Montaldo, 1993). Es allí donde se creó, a fines de la década de 1930, el Día de la Tradición [Ley Provincial Ley 4756/1939], que luego pasó a ser declarado a nivel nacional [Decreto Nacional 34.548/1948]. En el Día de la Tradición – 10 noviembre, natalicio del escritor José Hernández – se reivindica la figura del gaucho, sus habilidades, valores, y los usos y costumbres rurales.

En este marco, planteamos un abordaje procesual, cualitativo[iii] en el que nos interesa indagar qué elementos son los que se están seleccionando – y por quiénes – para construir y difundir una ruralidad turística sobre la provincia de Buenos Aires. En particular, analizamos y comparamos tres iniciativas orientadas por diferentes actores estatales y no estatales: la Subsecretaría de Turismo [SECTUR] de provincia de Buenos Aires, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria [INTA] y establecimientos productivos privados. A partir de ellos, examinaremos qué lugares, prácticas/saberes y sujetos asociados a la ruralidad se seleccionan; qué ideas, valores se les otorga a esos elementos seleccionados; a quiénes están dirigidas las iniciativas y a quiénes esperan beneficiar; y cómo se promocionan. Ello nos permitirá analizar qué tipo de representaciones sobre la ruralidad pampeano-bonaerense se están configurando y difundiendo turísticamente. El recorte temporal que proponemos es desde la década de 1990, cuando comenzaron a definirse los primeros emprendimientos identificados dentro de la modalidad de turismo rural en la provincia de Buenos Aires, hasta el 2017, momento en que algunos programas e iniciativas mencionados dejaron de funcionar.

Las informaciones presentadas y analizadas en este artículo forman parte de las investigaciones que venimos desarrollando en diversas localidades de la provincia de Buenos Aires desde el 2006 en el que hemos realizado trabajos de campo en diversas localidades como Exaltación de la Cruz, San Antonio de Areco, San Andrés de Giles, Cañuelas, entre otras, en las cuales llevamos adelante: entrevistas a funcionarios de las áreas de turismo y cultura, representantes de diversos actores de las comunidades locales, como prestadores turísticos, residentes, artesanos, miembros de asociaciones; el seguimiento y sistematización de experiencias de turismo rural tanto de los programas impulsados por la SECTUR, las estancias y el INTA[iv]; la consulta de normativas, planes estratégicos y expedientes e informes de gestión local en los municipios; consulta de publicaciones en archivos nacionales, provinciales y locales vinculados a la gestión patrimonial y turística[v] [ej. Folletería, páginas web oficiales de turismo de los municipios]; el diseño e implementación de talleres de discusión y capacitación sobre diversas temáticas vinculadas a la gestión y generación de proyectos de turismo rural; registro fotográfico (Guastavino, 2019; Guastavino, Rozenblum & Trimboli, 2010; 2015; Guastavino & Pérez Winter, 2018; Pérez Winter, 2014, 2015, 2018, 2019a, 2019b, Pérez Winter & Troncoso, 2019, entre otros trabajos). En la Tabla 1 exponemos los tipos de materiales y fuentes que hemos consultado para cada caso.

El artículo está compuesto por tres partes: primero, se presenta un breve contexto histórico para introducir los casos seleccionados. Segundo, se discute la problemática planteada a la luz de los casos y finalmente se plantean las reflexiones finales a partir de indagar las características que fue adquiriendo el turismo rural mediante las propuestas implementadas en la provincia de Buenos Aires.

Tabla 1
Materiales y fuentes utilizados.
CasosMateriales y fuentes consultados
Páginas web oficialesEntrevistasNormativas, informes, expedientesPublicacionesFolletos, Guías
Emprendimientos privadosXXXX
SecturXXXXX
IntaXXXXX

contexto y desarrollo del turismo rural en la provincia de buenos aires

La provincia de Buenos Aires históricamente se caracterizó por la relevancia de su producción ganadera y agrícola que le favoreció su inserción en el mercado mundial (Giberti, 1985; Mayo, 2004; Barsky & Gelman, 2009). El modelo agroexportador implementado a fines del siglo XIX permitió a la clase dirigente terrateniente tomar control de importantes recursos como la tierra y su producción. Ello fue acompañado de un proceso de disciplinamiento de ciertos sectores sociales [inmigrantes, pueblos originarios, afroargentinos, etc.], provocando constantes tensiones y desigualdades -que aún persisten-, que consolidaron estrategias de acumulación de capital (Balazote & Radovich, 2013). En este marco, la figura del gaucho, junto a otros sujetos y prácticas que otrora eran un signo de ‘barbarie’ según el pensamiento de la elite liberal y debía ser erradicado mediante un proceso de ‘progreso’ y ‘civilización’ (Svampa, 2010), con el tiempo se consolidó como arquetipo nacional.

Si bien el proyecto inmigratorio de fines del siglo XIX - en pleno proceso de configuración del Estado Nación argentino - impulsado por la clase dirigente liberal permitió al país ingresar y posicionarse en el mercado económico mundial, desde lo social y político no alcanzó las expectativas deseadas por aquel sector. La ilusión de una identidad homogénea argentina de carácter ‘blanca y europea’ y liberal buscaba invisibilizar a las poblaciones afro y de pueblos originarios y ocultar las reivindicaciones que las colectividades de inmigrantes llevaban adelante sobre sus nacionalidades de origen. Ante esta situación y con el advenimiento de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo en 1810, la clase dirigente buscó construir ‘sentimientos nacionalistas’ (Bertoni, 1992; Svampa, 2010).

De esta forma, la elite liberal gobernante implementó diversas estrategias para homogeneizar la sociedad argentina: se reglamentó el uso de símbolos patrios en determinadas fechas y eventos; se revitalizaron las fiestas mayas; se favoreció el acceso a la educación [junto a la ritualización de celebraciones escolares y la enseñanza de una historia oficial]; se crearon escuelas, museos y monumentos con el fin de difundir y exaltar los símbolos patrios (Bertoni, 1992). En este marco, el paisaje pampeano [bonaerense] como escenario del gaucho, configurado como arquetipo nacional, se constituyeron elementos fundamentales de la identidad y tradición nacionales (Casas, 2018). Hoy la figura del gaucho y otros elementos asociados a ‘lo rural’ son resignificados desde la práctica turística en el país, particularmente en la provincia de Buenos Aires.

EL TURISMO RURAL DE ESTANCIA

Una de las primeras propuestas de turismo rural que emergieron en la provincia de Buenos Aires fue la apertura y refuncionalización de las estancias como lugares turísticos. Estos establecimientos se habían instalado durante el siglo XVIII mediante el ocupamiento y reparto de tierras -caracterizadas como extensos desiertos de llanura verde - habitadas por diversas comunidades indígenas. Durante fines del siglo XIX, pleno proceso de conformación del Estado-Nación argentino, éstas se consolidaron como enclaves estratégicos de comunicación y producción[vi], caracterizadas como ámbitos bucólicos, civilizados (Silvestri, 2008). La relevancia de las estancias en la historia agraria del país, junto a las apreciaciones estéticas sobre la arquitectura de sus cascos y jardines diseñados, le valieron a estos lugares el reconocimiento oficial como patrimonio. Así, encontramos 11 casos dentro de la lista indicativa de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos y 7 dentro de la lista del Instituto de Patrimonio Cultural bonaerense, solo 3 establecimientos aparecen en ambas listas[vii].

Asimismo, desde la década de 1980-90 – en un contexto de apertura económica en el país bajo políticas neoliberales tras el consenso de Washington (1989) – los dueños de las estancias comenzaron a ofrecer servicios de alojamiento, gastronomía y actividades recreativas (Vecchiet, 1991), pensados para visitantes de alto poder adquisitivo y/o extranjeros. Esta posibilidad les permitía obtener un nuevo ingreso. Así, se fueron refuncionalizando y reconvirtiendo para incluir esta actividad socioeconómica que configuró a las estancias como lugares turísticos (Craviotti; 2002b). Algunas de ellas también se promocionan actualmente como establecimientos aptos para celebrar casamientos y otro tipo de eventos[viii]. Como ejemplos de estancias turísticas podemos mencionar La Bamba, La Cinacina y La Porteña, ubicadas en el municipio de San Antonio de Areco, distrito conocido como la Cuna de la Tradición. Ello se debe a que fue declarada sede de los festejos del Día de la Tradición a nivel provincial y nacional y en el año 2015 fue reconocida como Capital Nacional de la Tradición (Pérez Winter, 2018). Los tres emprendimientos promocionan sus servicios y actividades principalmente en sus páginas y a través de otros sitios web oficiales de Turismo de la municipalidad de San Antonio de Areco como parte de la oferta de alojamiento [http://sanantoniodeareco.tur.ar/wordpress/estancias/].

En las páginas oficiales de las estancias se destaca la cercanía de estos establecimientos respecto a Buenos Aires y su localización a escasos kilómetros de la ciudad cabecera San Antonio de Areco [municipio homónimo]. Abundan detalles sobre sus instalaciones y descripción de los servicios y el tipo de actividades que se pueden realizar. La estancia La Bamba ofrece varias informaciones, legitimando su relevancia al ubicarse “en el corazón de la pampa” y por ser “una de las estancias más antiguas de la Argentina”. Así, se describe a la estancia como un lugar exclusivo: “[l] a sensación de ser recibido en una residencia privada, en el seno de una propiedad llena de historia y de tradiciones, confiere a este hotel el carácter de un lugar privilegiado” [http://labambadeareco.com/]. La estancia La Bamba también se presenta como un espacio de activación patrimonial de “las tradiciones gauchescas auténticas”. La página está dirigida tanto al turista nacional pero sobre todo al extranjero de alto poder adquisitivo, ya que está traducida al inglés y francés. De hecho, cuenta con un video promocional en inglés sin subtitulado. Además de su historia se menciona que fue locación de películas y programas de televisión conocidos a nivel nacional. En cuanto a la página de La Cinacina [https://www.lacinacina.com.ar/], presenta la estancia como una extensión de la ciudad de San Antonio de Areco al estar a 500 metros del centro histórico. Mientras que la página oficial de La Porteña menciona que la propiedad es un Monumento Histórico Nacional y fue residencia del escritor Ricardo Güiraldes, internacionalmente conocido por su obra Don Segundo Sombra [http://laporteniadeareco.com/]. A su vez, el logo de la estancia incluye el año de su creación, 1822, anterior a La Bamba. Se menciona la historia de la estancia y la vinculación del lugar con el escritor, la intervención del paisajista francés Charles Thays [1848-1934] en el parque y los invitados ilustres del ámbito cultural argentino que pasaron por allí como Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Victoria Ocampo, entre otros.

En los tres casos la atractividad de las estancias se construye a partir de configurarlas como espacios de activación patrimonial, cargadas de narrativas históricas y aspectos estéticos que se valorizan como características que hacen a la exclusividad y calidad del lugar y de los servicios ofrecidos. En los tres casos no faltan imágenes fotográficas que refuerzan y acompañan las informaciones de las estancias, como gauchos a caballos mirando un atardecer, el interior de las propiedades que permiten admirar los detalles de la decoración de las habitaciones y lugares comunes, y la belleza de la arquitectura y de los parques. A su vez, las tres estancias configuran una renta monopólica indirecta[ix], en términos de Harvey (2007), en torno a la ‘tradición’ que caracteriza a San Antonio de Areco. Así, este tipo de valorizaciones turísticas y patrimoniales, donde redundan narrativas sobre un pasado agrario pujante y la figura del gaucho como protagonista, configuran a esos establecimientos como emblemas de una nación y como ámbitos representativos de las elites y la “civilización” occidental (Carter, 2016; Smith, 2006; Zusman & Pérez Winter, 2018).

TURISMO RURAL DIVERSIFICADO: CAMPO, PUEBLOS Y ESTANCIAS

En la provincia de Buenos Aires, las playas han sido objeto de valorización turística desde fines del siglo XIX, visitadas por la elite socioeconómica argentina. Progresivamente, otros destinos y otros turistas fueron incorporándose al mapa turístico bonaerense (Bertoncello, 2006), aunque la costa atlántica no perdió su estatus como destino predilecto, especialmente durante el periodo estival. Sin embargo, entre los años 2002-2003, el interior de la provincia comenzó a ser promocionado con el propósito de ampliar la oferta turística desde el Estado bonaerense, como una forma de impulsar las economías locales, luego de la crisis nacional sufrida durante el 2001. Este proceso de diversificación turística se consolidó en la década de 2010 (Pérez Winter, 2014). La ruralidad de la provincia comenzó a ser objeto de valorización turística desde la SECTUR, mediante la configuración de la región turística Campo, la creación del programa Pueblos Turísticos y la Guía de Estancias[x]. Estas tres iniciativas se promocionaban desde la página web oficial, folletería, videos publicitarios y en las ferias de turismo, como la Feria Internacional de Turismo que se organiza anualmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Pérez Winter, 2014).

La región turística Campo se creó en el 2011 y se mantuvo vigente en la página web oficial de la SECTUR hasta el año 2016[xi], aproximadamente. Como ocurrió con las otras regiones, la SECTUR promovía la participación de los Estados municipales en el proceso de desarrollo turístico de la provincia. En el caso de Campo, se componía de 23 distritos localizados en las áreas de mayor producción agraria: Exaltación de la Cruz, San Antonio de Areco, San Andrés de Giles, Luján, Mercedes, Cañuelas, Brandsen, General Paz, Magdalena, Chascomús, Capitán Sarmiento, Carmen de Areco, Lobos, Monte, Castelli, Pergamino, Chacabuco, Bragado, Bolívar, Tapalqué, Saavedra, General Lavalle y General Madariaga. Campo proponía “vivir una tradición rural centenaria y peculiar en pleno siglo XXI […] [con] pueblos rurales […] que narran parte de la historia argentina, estancias que reseñan un pasado y un presente agrícola-ganadero” (Pérez Winter, 2015, p. 363).

El expresar que en la región Campo existe una preservación de una tradición rural agraria y la mención de elementos locales que conforman y rememoran una versión de pasado nacional, fue reforzado textual y visualmente en los folletos emitidos entre los años 2010-2015. Así, el dedicado a ‘mapa de rutas’ – y en la ex página web de la SECTUR –, la región Campo era descripta a partir de objetos y sujetos que constituían la tradición rural bonaerense que se presentaba como representativas de la identidad nacional: las ‘grandes estancias’, los gauchos, los pueblos “que narran una parte de la historia argentina” y los artesanos que realizan sus productos de cuero y plata. Ello se colocaba como lugares, sujetos y saberes que forman parte de la tradición rural en su expresión regional bonaerense.

Estas representaciones continuaron siendo evocadas en los folletos genéricos emitidos entre 2011 y 2012, en los que se incluían ­– y se daban mayor consideración a – otros elementos como los pueblos, el paisaje y las comunidades locales, sin dejar de colocar al gaucho como protagonista. De esta forma, los folletos reproducían la activación de una versión de pasado que reivindicaba el mito de la argentina ‘blanca y europea’, con una población descendiente de inmigrantes laboriosos y masculinizada. En menor medida se presentan – resignificados – elementos actuales del campo (ej. las granjas con innovaciones productivas), en orden de mostrar una ruralidad turística moderna que permitiría garantizar a ciertos perfiles de turistas, comodidades y servicios (Pérez Winter & Troncoso, 2019).

Así como la región Campo mencionaba los pueblos, pero destacaba principalmente las estancias y al gaucho, en 2008 la SECTUR creó el programa comunitario Pueblos Turísticos. En él participaron 28 pueblos de 27 municipios[xii] que debían tener menos de 2.000 habitantes. En este caso la SECTUR buscaba incorporar al proceso de desarrollo turístico a las poblaciones locales. Aunque esta participación estaba mediada por la orientación, experticia y capacitación de los técnicos que tenían una incidencia significativa sobre cómo orientar el proceso de desarrollo turístico (Velázquez Inoue, 2018). Las comunidades locales eran presentadas como ‘anfitriones auténticos’ ya que eran ellos quienes invitaban a los turistas a entrar en sus vidas cotidianas ofreciendo servicios personalizados. Así, se reforzaba la idea de comunidades homogéneas, solidarias y hospitalarias. no solo con los textos descriptivos sino también con las imágenes fotográficas, reproduciendo representaciones estereotipadas (Pérez Winter & Troncoso, 2019). Cabe señalar que la mayoría de los pueblos seleccionados en el programa fueron conformados entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y elementos como las estaciones de ferrocarril, las iglesias y almacenes de campo son los lugares que suelen identificarse como atractivos turísticos, además de la gastronomía y ciertas celebraciones locales. A su vez, la selección de pequeñas localidades no se debió solo por sus paisajes, historias y patrimonios culturales identificados como tales, sino también porque eran accesibles y cercanas a los grandes centros urbanos [Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata].

Si bien el programa hace mención a pueblos ‘no urbanos’, para dar cuenta de la diversidad paisajística de la pampa bonaerense, el símbolo que lo representa es un molino de viento. Esta tecnología de aprovisionamiento de agua fue incorporada al paisaje pampeano-bonaerense a partir del 1900. Ello significó un cambio importante en las prácticas agrarias (Silvestri, 2008), siendo resignificado como símbolo turístico. Asimismo, el criterio demográfico utilizado para seleccionar las pequeñas localidades que integrarían el programa, es el que el Instituto Nacional de Estadística y Censos/INDEC en Argentina utiliza para definir población rural. A su vez, el programa propone una definición tradicional sobre lo rural, a partir de conformar turísticamente al campo como antagónico de lo urbano, positivizando las características como atrasado, aislado, conservador mediante narrativas nostálgicas y románticas que permiten configurar la capacidad de atracción de los pueblos pensando en grupos de familias y parejas jóvenes o de adultos mayores (Pérez Winter y Troncoso, 2019; Velázquez Inoue, 2018).

Por otra parte, la SECTUR no dejó de dar relevancia a las estancias. Estas mantienen un lugar especial dentro de la promoción de la ruralidad turística del campo bonaerense. En la década del 2010, la SECTUR comenzó a promocionarlas como parte del proceso de diversificación de productos turísticos. Para ello, conformó una Guía de Estancias (SECTUR, 2011) que nos permite tener un registro de la cantidad y del tipo de servicios ofrecidos por aquellos 86 establecimientos[xiii] que fueron incorporados. Existe una mayor concentración en las áreas aledañas a las zonas metropolitanas como Buenos Aires, La Plata y Mar del Palta por su accesibilidad y porque, como los pueblos, las estancias están pensadas para turistas urbanos que buscan tranquilidad y ‘contacto con la naturaleza’. De hecho, varias de ellas se encuentran localizadas en el municipio de San Antonio de Areco.

En general, se incluyeron estancias que se establecieron entre mediados y fines del siglo XIX y principios del XX. Las características que se destacan de ellas son similares a las que realizan sus dueños de forma privada, como la calidad de sus servicios y propuestas recreativas. Las informaciones van acompañadas de imágenes fotográficas que no ocupan un lugar significativo, como sí se observa en las páginas oficiales de las estancias y que ilustran el casco de la misma. La relevancia está dada por las imágenes que se construyen textualmente. Así, la guía anticipa al turista que allí pueden:

[…] alojarse en las tradicionales estancias de anchas galerías y enormes ventanales […]; empezar el día con un buen desayuno repleto de sabores caseros; participar en las tareas típicas campestres; compartir fogones, guitarreadas, rondas de mate y peñas folclóricas; hacia la tarde, entre anécdotas gauchescas y alrededor de una picada, esperar la llegada del asado, típicamente argentino […] (Sectur, 2011, p. 3).

La promoción de estancias que se realiza de forma particular o desde la SECTUR solo varía en la ampliación de detalles que particulariza a cada lugar y la cantidad y calidad de las imágenes para construir su capacidad de atracción y posicionamiento en el mercado (nacional e internacional). Así, los dispositivos de promoción de las estancias turísticas ofrecidas por la SECTUR recuperan y difunden las historias de las familias que ocuparon esos establecimientos y los procesos productivos que otrora los posicionaron en el mercado económico o hechos significativos del pasado nacional (Zusman & Pérez Winter, 2018; Zusman, 2014). En este tipo de modalidad del turismo rural tanto la privacidad, la calidad de la atención, los servicios cuanto la estética visual del lugar, se configuran como elementos significativos que construyen una ruralidad turística exclusiva que activaría/rememoraría – aggiornada a las comodidades y los gustos actuales – la experiencia de estar en una estancia de la Campaña bonaerense en su edad de oro.

PROPUESTAS ASOCIATIVAS DE TURISMO RURAL

En la década de 1990, la Argentina se encontraba bajo la gestión de un gobierno neoliberal que, entre otras medidas, promovieron la desregulación de la producción agraria y un proceso de tecnologización del campo. Aquellos/as pequeños/as y medianos/as productores/as que no lograron adecuarse a esos requerimientos debieron buscar otras alternativas para subsistir. De esta forma, el turismo rural se presentó como una alternativa que permitiría generar una renta complementaria (Craviotti, 2002a; Vaquero, Ercolani, Busto Cara & Pascale, 1998). En este marco es que productores agropecuarios de Patagonia solicitaron la asistencia técnica del INTA[xiv] para dar inicio a esta actividad y ‘abrir las tranqueras’ de sus estancias a los turistas (Barrera, 2005).

Así, el INTA comenzó a orientar el turismo rural desde una modalidad asociativa y a partir del año 2004 se enmarcó en el Programa Federal de Apoyo al Desarrollo Rural Sustentable [PROFEDER]. Este programa tiene por finalidad promover la innovación tecnológica y organizacional, el desarrollo de las capacidades de todos los actores productivos a nivel regional y nacional, en un ámbito que busca promover la equidad social y la sustentabilidad ambiental en apoyo al desarrollo territorial. Asimismo, en ese año se lanzó el Plan Estratégico del INTA en el cual se institucionalizó el enfoque territorial, lo que implicó la apertura a demandas diversas. Algunas de ellas ya habían sido planteadas con anterioridad por técnicos/as y pequeños/as productores/as con los cuales el INTA venía trabajando. Entre ellos, el orientar proyectos de turismo rural para potenciar y aprovechar las capacidades y recursos locales con la finalidad de promover el bienestar de las comunidades, consolidar las economías regionales y las identidades locales.

En este marco, el INTA comenzó a acompañar proyectos de carácter colectivo y asociativo considerando a pequeños/as productores/as con diferentes grados de capitalización – en los que se incluyen campesinos/as, pueblos originarios, colonos, puesteros, feriantes, pescadores/as con técnicas artesanales, artesanos/as, etc. Con este sector productivo es que se conforman grupos de ‘emprendedores’ que se definen como aquellos sujetos que “se involucran en actividades de turismo rural, como productores agropecuarios, artesanos rurales, miembros de ʽescuelas granjasʼ, propietarios de museos rurales, operadores turísticos” (Guastavino et al., 2010, p. 4). Así, se propone que se articulen entre ellos/as para ofrecer diferentes servicios [alojamiento, gastronomía regional casera] y actividades [excursiones, juegos criollos, prácticas agropecuarias y ventas de artesanías y productos por ellos producidos como quesos, conservas, confituras], complementarios. En estos proyectos, al igual que el programa Pueblos Turísticos, se estimula la vinculación de organismos públicos y privados que puedan contribuir con el desarrollo del turismo rural local (Guastavino et al., 2010).

Las herramientas para abordar esta actividad fueron los Proyectos Profeder y Cambio Rural. Esta última, es clave para el acompañamiento de grupos de turismo rural, al que se adaptó su metodología para poder desarrollarlo, ya que inicialmente estaba pensado para acompañar procesos productivos agrícola-ganaderos y cuentan con financiamiento del Ministerio de Agroindustria de la Nación. Así, los proyectos encarados desde el Profeder como desde Cambio Rural permiten el acompañamiento técnico durante tres años, proponiendo espacios de construcción colectiva y participativa de los planes de trabajo para organizar la actividad turística, plantear obstáculos, necesidades y proponer soluciones entre emprendedores/as y técnicos/as. La finalidad del proyecto es que los grupos se consoliden y ganen autonomía una vez que el acompañamiento institucional termina.

En la década del 2000 el INTA acompañó las primeras experiencias de turismo rural en la provincia de Buenos Aires con el Grupo La Niña [Partido 9 de Julio] y Las Cortaderas [Coronel Suárez] (Guastavino et al., 2010; Rozenblum, 2006). Cabe señalar que es la provincia que concentra la mayor cantidad de proyectos de turismo rural promovidos desde el INTA. Desde el 2006 hasta el 2017 el INTA ha acompañado 72 proyectos en 53 municipios de la provincia[xv]. Estos eran de carácter asociativos, que ponían en valor prácticas, objetos y saberes vinculados con la historia y la producción agropecuaria pasada y actual de las localidades. Emprendimientos como Raíces de Campo, Museo Pampeano, Pampa Vasca, Senderos Ancestrales, Villa Lía pueblo de inmigrantes agrícolas, son ejemplos que destacaban la historia agraria y el rol de los inmigrantes en su desarrollo. Otros conjugaban el pasado y el presente - a partir de acentuar saberes y formas productivas actuales -, a la vez que identificaban lo rural con el ‘contacto con la naturaleza’, como Agustín Roca Sabores y Tradición, Gómez Tradición y Naturaleza, Tapalqué Natural, Verde Delta o Navarro Natural. Otros proyectos hacían más explícita la relación ruralidad y naturaleza al enfatizar rasgos del paisaje como las sierras o lagunas [ej. Entre el mar y las sierras, Aguas turísticas Villarino Sur, Paseos y sabores serranos, Sierras y Pampa turismo rural]. Mientras que Artesanos del Trato, Copetonas Productivo y Turístico, Pueblos Rurales Apícolas remitían a prácticas socioeconómicas actuales llevadas adelante en el ámbito rural.

Los proyectos de turismo rural promovidos por el INTA están destinados a familias agropecuarias poco capitalizadas y los emprendimientos que se definen y están pensados para satisfacer las expectativas de turistas que buscan experiencias más personalizadas, singulares, que tienden a identificarse como ‘alternativas’, ‘comunitarias’ – pero que en el INTA se presentan como asociativas –, al igual que la propuesta del programa Pueblos Turísticos de la Sectur ya comentadas. Sin embargo, el acompañamiento del INTA, mediante la interacción entre técnicos/as y emprendedores/as, construye una ruralidad turística amplia en las que se seleccionan diferentes aspectos materiales y simbólicos de la producción agraria tanto presente como pasada. Y aunque son emprendimientos diversos, todos ellos construyen su atractividad mediante la promoción de la idea del ‘retorno al campo’, un campo natural, moderno, pero también tradicional y pretérito con historias contadas por los propios protagonistas, lo que les otorga calidez, autenticidad y calidad a las experiencias, características similares a las que se plantean en el programa Pueblos Turísticos.

LA CONSTRUCCION DE UNA RURALIDAD TURÍSTICA PAMPEANA-BONAERENSE

En el proceso de construcción de una ruralidad turística podemos identificar diversos actores provenientes del sector estatal como no estatal: organismos públicos posicionados a nivel nacional y provincial, comunidades locales y el sector privado. En cada iniciativa estos actores tienen mayor o menor injerencia y relevancia, pero buscan construir una red de contactos diversos que contribuyan al desarrollo turístico planteado. A su vez, cada propuesta configura y difunde ciertas representaciones turísticas sobre la ruralidad pampeana-bonaerense a partir de la selección y estilización de elementos, lugares, pasados, prácticas, sujetos e idearios que se ofrecen y activan dentro de la experiencia turística. Con todos ellos se conforman, también, una diversidad de productos y formas de turismo rural: de estancia, comunitario, asociativo, en las que se incluyen diferentes actividades recreativas asociadas a la aventura, el deporte, acompañados de servicios, entre otros.

A su vez, si nos detenemos en qué representaciones turísticas se construyen sobre el campo pampeano-bonaerense, encontraremos algunas particularidades. En el caso de las estancias, estas son promovidas por privados que tienden a configurar una versión – ahora turística – sobre la ruralidad bonaerense estilizada y exclusiva, en la que se recupera el pasado vinculado a la etapa de la Argentina agroexportadora en la que la figura del terrateniente es la que predomina y la estancia era el lugar donde primaban los idearios de civilización (Svampa, 2010). Idearios que se encuentran legitimados en las declaratorias de patrimonio nacional y provincial.

A su vez, se presenta un gaucho elegante, sumiso, masculino, poseedor de una serie de habilidades ecuestres, como ocurre en San Antonio de Areco que reproduce a la figura del gaucho noble que construyó Ricardo Güiraldes en su obra Don Segundo Sombra (Pérez Winter, 2018), recordándonos por qué es el arquetipo nacional en las demostraciones que preparan para el visitante. Así, desde el turismo rural se representa lo que Ratier (2018) identificaría como ‘situación gauchesca’. Estas representaciones resultan, por una parte, atractivas, sobre todo, a los turistas extranjeros que buscan tener la posibilidad de interactuar con un personaje casi ‘mítico’ y tan difundido –inicialmente por la literatura costumbrista y, posteriormente, por los libros conocidos como ‘coffee table books’[xvi] – como el gaucho, observar sus habilidades ecuestres y tener la experiencia de cabalgar las llanuras infinitas de la pampa-bonaerense. Por otra parte, estas representaciones estilizadas del campo se mantienen efectivas para quienes abren sus estancias como una forma de consumo exclusivo. Sin embargo, el turismo rural de estancias tiende a omitir tensiones y conflictos que se generaron en la construcción del territorio argentino y ahora se resignifican como enclaves de lujo turístico. Estas ideas también aparecen en la Guía de Estancia de la SECTUR, aunque de forma más matizada al presentar diversos establecimientos productivos -con diferentes características- ahora refuncionalizados como lugares turísticos en los que se invita a familias y parejas a pasar un día de campo.

En las propuestas de la SECTUR, se destacan diferentes sujetos: el gaucho, artesanos y las comunidades locales. El gaucho, también reconocido entre las comunidades locales como ‘paisano’, forma parte de las comunidades locales. Ya no se representa de manera tan elegante como en las estancias, sino que es un residente del pueblo que nos recibe, nos cuenta historias del lugar, algunos de ellos danzan, otros preparan el asado o simplemente pasean a caballo como parte del paisaje local. Otros sujetos también adquieren relevancia, quienes confeccionan artesanías que se identifican como tradicionales, es decir, en cuero y plata, se destacan dentro de las informaciones que brinda la SECTUR mediante la folletería, ya que son quienes detentan saberes especiales. En cuanto a los y las residentes de los poblados, son representados/as a partir de estereotipos. La organización del turismo comunitario asume que las comunidades son homogéneas, carentes de conflictos, amables y serviciales (Pérez Winter & Troncoso, 2019), cuando en la práctica el mismo proceso de implementación del programa muestra lo contrario (Velázquez Inoue, 2018). Y aunque la SECTUR construyó una diversidad de productos turísticos vinculados a lo rural, en los que se difunden idearios vinculados a la estar en contacto ‘con la naturaleza’ y otras características asociadas a lo rural que ahora que son positivizadas por el turismo – como ‘aislado’, ‘atraso’ y ‘tranquilidad’ –, lo gauchesco se mantiene como la representación cultural hegemónica del campo pampeano-bonaerense (Ratier, 2018).

Por otra parte, tanto el programa Pueblos Turísticos como la modalidad asociativa del INTA, no solo colocan a diferentes sectores de las comunidades como destinatarias de esas políticas, sino que también las construyen como sujetos turísticos. En el caso del INTA, la modalidad asociativa restringe la participación a un grupo – que se reconoce como heterogéneo – de ‘emprendedores’, mientras que el programa Pueblos Turísticos toma a ciertos residentes de los pueblos rurales como representativos de las comunidades locales. Asimismo, los proyectos que acompaña el INTA bajo la tutela de técnicos/as del organismo -seleccionado por el grupo- pueden ser tan diversos como las ideas viables que surjan del trabajo conjunto entre el personal del INTA y los emprendedores.

Ya que, lo que el INTA propone es que los integrantes de los proyectos definan las características en relación con lo que consideran que los identifica, más allá de las recomendaciones técnicas. Sin embargo, estas no son infinitas, ya que existen tendencias en cuanto a qué se valoriza y comercializa dentro del turismo rural: servicios -cabalgatas, avistajes, alojamiento, gastronomía- actividades recreativas, productos -alimentos, artesanías variadas-, entre otras opciones. Ello pone, en mayor o menor medida, en juego ideas sobre lo rural asociado a la naturaleza o a la tradición o con aspectos cotidianos de cómo viven los pobladores actualmente y deciden compartir con los visitantes. En este caso, más que el INTA, son los ‘emprendedores’ quienes pueden llegar a -con apoyo promocional y técnico del organismo- configurar representaciones idealizadas o estereotipadas de sus propias identidades y prácticas socioculturales.

En estos dos últimos casos [Pueblos turísticos y proyectos acompañados por el INTA], estas representaciones más rústicas y sencillas del campo también son agradables para aquellos turistas y visitantes que presentan otro perfil, en el que buscan lo auténtico a partir de vivenciar el cotidiano de las comunidades, mediante el consumo de las comidas y sabores locales, participar de ciertas prácticas como los festejos populares y disfrutar del entorno. Algunos sectores de las comunidades se ven beneficiadas al promover este tipo de turismo como una actividad complementaria que les permite mejorar sus casas, acceder a otros servicios y actividades, además de sentirse valorados y reconocidos como portadores de saberes y prácticas. Sin embargo, algunas tensiones pueden emerger entre localidades que buscan promocionar algún elemento que las singularice para mantenerse en el mercado turístico (Pérez Winter, 2015). En otros casos, se dificultan las posibilidades de orientar ciertas actividades y servicios debido a la situación de precariedad en la que viven ciertas comunidades a partir de la falta de luz eléctrica, acceso adecuado al agua potable, cloacas, o por la poca accesibilidad de los lugares por la mala condición de los caminos y escasos medios de transporte, o por falta de financiamiento suficiente como para crear museos, restaurar edificaciones y garantizar su mantenimiento, por ejemplo.

Por último, lo que todas las propuestas aquí presentadas poseen en común es el reproducir la idea de un retorno simbólico ‘al campo’, en el cual la ruralidad pampeano-bonaerense emerge como un efugio de lo nacional (Castro, 2018; Nogué, 1988). En este marco, se estilizan pasados y sujetos, en particular un gaucho unívoco cuando existen diversas lecturas e interpretaciones (Casas, 2018; Ratier, 2018). Asimismo, se presenta una ruralidad pasada y actual armónica, carente de conflictos -en las que se diluyen las relaciones de poder e inequidad social, étnica, de género y económica- que generaron diversos procesos que llevaron a varios de los actores involucrados en el turismo rural a decidir reconvertirse o incorporar esa actividad como una renta complementaria justamente para atravesar las consecuencias de esas crisis y tensiones. Ello también es reproducido por libros de divulgación que contribuyen a configurar ciertas representaciones nostálgicas e idealizadas del campo (véase, Vesco, 2018).

Finalmente, para terminar este trabajo no queremos dejar de mencionar que aún quedan diversas temáticas para continuar indagando como líneas a futuro. Entre ellas esperamos abordar las problemáticas vinculadas con ciertas tensiones que emergen y se expresan en los proyectos de turismo rural obstaculizando su continuidad y persistencia como las cuestiones de género, el uso de agroquímicos; otras tensiones vinculadas a las apropiaciones y disputas en torno a la mercantilización de ciertos elementos asociados a la ‘cultura rural’ como los festejos populares y otros tipos de patrimonios; o el indagar el futuro del turismo rural en el ‘contexto pospandemia’ suscitado por dispersión de la Covid-19.

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Notas

[i] Definimos al turismo como una práctica socioeconómica en la que participan diversos actores que seleccionan y configuran atractivos y destinos turísticos que se legitiman a través de discursos, promoción, por ejemplo. En ese proceso se generan transformaciones materiales y simbólicas en el lugar mediante la construcción de imaginarios turísticos, la implementación de normativas e infraestructura (Bertoncello, 2002). Asimismo, entendemos al turismo rural, en un sentido amplio, como todas aquellas actividades y servicios asociados a lo ocio-recreativo que se ofrecen en las áreas que se reconocen como rurales (Craviotti, 2002a).
[ii] Disponible en: http://www.censo2010.indec.gov.ar/CuadrosDefinitivos/P1-P_Buenos_Aires.pdf.
[iii] Cabe señalar que es difícil realizar un trabajo cuantitativo debido a que la propia SECTUR fue cambiando los criterios de relevamiento estadístico sobre el desarrollo turístico en la provincia, cuando los genera y publica. Estas informaciones son difíciles de complementar con los pocos municipios que llevan adelante este tipo de registro y además articularlos con los datos que hemos construido a partir de los objetivos de nuestras investigaciones.
[iv] Para ello hemos elaborado tablas de Excel en las cuales registramos, por año, el tipo y nombre de emprendimientos, su ubicación, duración, entre otras informaciones.
[v] Entre ellos: la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en la ciudad de Buenos Aires, la Dirección Provincial de Museos y Preservación Patrimonial bonaerense localizada en la ciudad de La Plata, además de archivos y bibliotecas populares de las localidades visitadas.
[vi] Autores como Mayo (2004) señalan que es a partir de 1820 que la actividad agraria de la provincia toma impulso adquiriendo un rol protagónico en el ámbito económico nacional.
[vii] La valorización a nivel nacional se inicia en la década de 1940 –año que se inaugura la CNMLBH- e incluyen las estancias: Virrey del Pino (La Matanza, 1942); Sol Argentino (Benito Juárez, 1997); La Caledonia (Cañuelas, 1997); San Martín (Cañuela, 1997); La Porteña (San A. de Areco, 1999); Villa Nueva (Ing. Maschwitz, 2000); La Rica (Chivilcoy, 2010). Las tres primeras también fueron reconocidas por la Dirección Provincial de Museos y Preservación Patrimonial bonaerense (DPMPP) entre 1991-92. Asimismo, la DPMPP declaró como patrimonio provincial a: Talar (Navarro, 1989); San Juan (Berazategui, 1998); Santa Rosa (Berazategui, 2003); Laguna de los Padres (Gral. Pueyrredón, 2005). [viii] Este tipo de servicios por el momento se encuentran suspendidos debido al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que rige en Argentina por la Covid-19.
[viii] Este tipo de servicios por el momento se encuentran suspendidos debido al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que rige en Argentina por la Covid-19.
[ix] El autor sostiene que el control de algún recurso o lugar de “calidad especial” por parte de algunos actores les permite crear una renta monopólica, ya sea de manera directa, a través de la comercialización del recurso o lugar mismo, o indirectamente, a través de un servicio asociado a él (Harvey, 2007).
[x] Cabe señalar que los festejos locales también han tenido gran relevancia en la configuración de atractivos en la provincia. Algunos de ellos están vinculados con la ruralidad, como celebraciones en torno a la tradición, alimentos y platos típicos, jineteadas, etc. Este tema no se abordará aquí por cuestiones de espacio.
[xi] En diciembre de 2015 dio inicio un cambio de gobierno liderado por Eugenia Vidal (coalición política Cambiemos) como Gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Si bien mantuvo al Director de la SECTUR, Ignacio Crotto -quien renunció en 2017-, algunas políticas turísticas implementadas durante el 2007-2015 bajo el mandato de Daniel Sicioli (partido Frente para la Victoria), continuaron los primeros años, otras fueron interrumpidas.
[xii] Ellos son: Azcuénaga y Villa Ruíz en San Andrés de Giles; Carlos Keen en Luján; El Paraíso en Ramallo; Escalada en Zárate; Gouin en Carmen de Areco; Isla Santiago en Ensenada; La niña en 9 de Julio; La Paz en Roque Pérez; Pipinas en Punta Indio; Santa Coloma en Baradero; Uribelarrea en Cañuelas; Villa Lía en San Antonio de Areco; Villa Logüercio en Lobos; Villa Pardo en Las Flores; Villa de Obligado en San Pedro; Barker en Benito Juárez; Gardey en Tandil; Mechongué en General Alvarado; San Agustín en Balcarce; Bahía San Blas Los Pocitos en Patagones; Juan Eulogio Barra en Adolfo González Chaves; Copetones en Tres Arroyos; Dufaur en Saavedra; Garre en Guaminí; Indio Rico en Coronel Pringles; Saldungaray Tornquist; Santa María en Coronel Suárez.
[xiii] Las estancias se localizan en los municipios de: Ezeiza (1), Campana (1), Exaltación de la Cruz (5), Baradero (1), San Antonio de Areco (6), San Andrés de Giles (2), Luján (3), General Rodríguez (2), Mercedes (2), Las Heras (2), Cañuelas (1), San Vicente (1), Coronel Brandsen (1), General Paz (2), Magdalena (1), Punta Indio (1), Chascomús (9), San Pedro (1), Capitán Sarmiento (1), Lobos (3), San Miguel del Monte (2), Ramallo (1), San Nicolás (1), Castelli (2), Pergamino (1), Junín (1), Chivilcoy (1), 9 de Julio (1), Daireaux (1), Bolívar (2), Tapalqué (2), Olavarría (3), Azul (1), Dolores (1), Tordillo (1), Saavedra (3), Benito Juárez (1), Tandil (1), Ayacucho (1), Coronel Pringles (2), Tres Arroyos (1), Lobería (3), Balcarce (3), General Alvarado (1), General Pueyrredón (1), Coronel Dorrego (1).
[xiv] La creación del INTA en el año 1956 se produjo con el objetivo de promover la “investigación y extensión agropecuaria” a partir del mejoramiento tecnológico (Decreto Ley 21.680). Por lo tanto, fue una novedad que este organismo comenzara a incorporar el turismo rural como estrategia de desarrollo local y territorial.
[xv] Ellos son: Adolfo Alsina; Adolfo González Chaves; Bahía Blanca; Baradero; Benito Juárez; Berisso; Bolivar; Bransen; Cañuelas; Castelli; Chascomús; Coronel Dorrego; Coronel Pringles; Coronel Suárez; Escobar; General La Madrid; General Lavalle; General Madariaga; General Paz; General Pinto; General Pueyrredón; General Viamonte; Guaminí; Junín; Las Flores; Luján; Magdalena; Mar Chiquita; Miguel del Monte; Monte Hermoso; Navarro; Necochea; 9 de Julio; Olavarría; Patagones; Pergamino; Púan; Punta Indio; Rauch; Rojas; Saavedra; Saladillo; San Antonio de Areco; San Cayetano; San Fernando; San Pedro; Tandil; Tapalqué; Tigre; Tornquist; Tres Arroyos; Villarino.
[xvi] Estamos haciendo referencia a publicaciones como “Estancias argentinas” (1992) de la historiadora María Sáenz Quesada y “Los gauchos. Sus paisajes, costumbres, destrezas y lujos” (1997) escrito por Juan José Güiraldes -sobrino de Ricardo Güiraldes- con fotografías de Aldo Sessa.
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