El activismo social y sus particularidades en la educación
Social activism and its particularities in education
El activismo social y sus particularidades en la educación
EduSol, vol. 17, núm. 61, pp. 39-49, 2017
Centro Universitario de Guantánamo

Resumen: El activismo, devenido proceso globalizador, se ha convertido en frente de lucha con intencionalidad política para lograr cambios y transformaciones a favor de intereses diversos, posicionándose de manera creciente en las redes sociales. En Cuba el activismo social es parte del proyecto social socialista, por ello es propósito de este trabajo caracterizarlo en el proceso de construcción de la sociedad cubana y analizar sus particularidades en la educación. Se emplearon métodos de investigación cualitativa, significándose el histórico - lógico, el análisis - síntesis, y la sistematización.
Palabras clave: Educación, Activismo Social, Educador Activista Social, Tecnologías de la Información y la Comunicación.
Abstract: Activism, which has become a globalizing process, has become the front of struggle with political intentions to achieve changes and transformations in favor of diverse interests, positioning increasingly in social networks. In Cuba, social activism is part of the socialist social project, so it is the purpose of this paper to characterize it in the process of building the Cuban society and analyze its particularities in education. Qualitative research methods such as the historical-logic, analysis-synthesis as well as systematization were used.
Keywords: Education, Social Activism, Social Activist Educator, Technology of the information and communication.
Introducción
La actividad humana debe ser entendida como aquel modo específicamente humano mediante el cual los hombres existen y se vinculan con los objetos y procesos que le rodean, a los cuales transforman en el curso de la misma, lo que también les permite transformarse a sí mismos y edificar el propio sistema de relaciones sociales en el cual desenvuelven su vida.
Como sistema complejo, la actividad humana se sustenta en la necesidad, base objetiva impulsora de la acción del hombre, y en la cual se integran el interés, el fin, los medios y las condiciones.
La historia de la humanidad demuestra objetivamente que el accionar de los hombres en sus luchas sociales conllevó a las transformaciones que en cada momento histórico concreto se promovió para el alcance de sus propósitos a tenor con los intereses de clases; en tal sentido la educación ha sido vehículo ideológico propicio.
El hombre desde esa perspectiva ha mantenido la certeza del poder de la educación y ha creído sinceramente que debe conducir al ser humano hacia el alcance de metas superiores. La función social de la educación, su contenido y esencia, han variado en el curso de la historia, determinados por las condiciones de la vida material y por las relaciones sociales; de ahí que toda nación decida el proyecto de desarrollo que aspira para la sociedad, cuya base es la educación de sus miembros.
El estudio en Cuba del origen y evolución de la educación revela el desarrollo de los procesos de formación de la nacionalidad, el patriotismo y la emancipación, elementos que influyeron, influyen e influirán en el sentido de pertenecía de los cubanos a su país, presentes en las ideas y acciones educativas que constituyen esencias de la pedagogía cubana provenientes de figuras fundacionales como Varela (1788-1853); De la Luz y Caballero (1800-1862); Martí (1853-1895); Valdés Rodríguez (1849-1914); Varona (1849-1933), entre otros, quienes ratificaron el valor de la educación como vía esencial para el desarrollo de la sociedad; ideas enriquecidas en el decurso hasta nuestros días.
Es significativo el hecho de que a partir de 1959 la educación propulsó como un verdadero motor la nueva ideología del país, con la intención definitiva de lograr cambios sustanciales en la nueva sociedad sustentada en la acción participativa del pueblo y sobre todo con un beneficio directo para los más humildes, hecho que evidencia un desarrollo socio cultural en ascenso.
La promoción, desarrollo y perfeccionamiento de un sistema educativo con una dimensión humanista, martiana, participativa y democrática, mantuvo y ha mantenido en sus esencias la formación integral de la personalidad, sintetizado en la cultura alcanzada por los ciudadanos como derecho de todos.
En esa intención se significa el compromiso asumido por el pueblo ante los líderes del proceso en transformación, lo cual conllevó al entendimiento y comprensión de lo que representaría para el mejoramiento humano dado el valor del pensamiento martiano, que de una manera u otra era del conocimiento de la mayoría de los cubanos. Esto permitió la incorporación masiva de muchos jóvenes dispuestos a hacer y a crear, lo que dejó huellas en la sociedad, en la comunidad y especialmente en los protagonistas que impulsaron cada proceso por los que ha transitado la construcción de la sociedad a nivel de país y a nivel territorial, solidificando sus cimientos.
De acuerdo con Castro (2002), la revolución cultural iniciada en 1959, se centró en la creación de conciencia mediante la educación ideológica, lo cual tuvo escenarios importantes en el tiempo como los contingentes de maestros, la campaña de alfabetización, el primer congreso de educación y cultura, los procesos de perfeccionamiento del sistema nacional de educación, la batalla de ideas.
Las mencionadas acciones pudieran ser relatadas mediante la participación activa y masiva de muchos de sus protagonistas en cualquier rincón del país, como evidencia la conjunción del pueblo con sus líderes. En correspondencia con lo antes expuesto este trabajo tiene como objetivo caracterizar el activismo social en el proceso de construcción de la sociedad cubana y sus particularidades en la educación.
Desarrollo
La actividad ha sido objeto de estudio desde diferentes aristas y puntos de vista. El término proviene del latín activĭtas y etimológicamente tiene varias acepciones, entre ellas, “Movimiento, acción, conjunto de tareas, de funciones, de acciones”, (Diccionario Básico, 2009, p.17). Ocupa la actividad un lugar importante en la psicología y particularmente en las de enfoque marxista, por cuanto no solo conforma el psiquismo del hombre, sino que también influye sobre el medio y en las demás personas.
Según Potrony (1989), “la actividad asume las siguientes formas: la actividad vital relacionada con lo económico, las modos de producción, los gustos, las valoraciones, en fin, el modo de vida; la actividad objetal relacionada con los procesos de objetivación y desobjetivación, con la relación motivo – objetivo; y el activismo, como mediación del reflejo de lo externo a nivel de la psicología de la personalidad como fuerza interna generadora de la orientación a fines” (p. 2).
De hecho, existe una relación estrecha entre las diferentes formas de actividad antes señaladas. Se coincide con Kagan (1989) cuando pondera el activismo sobre la actividad, pues el activismo incluye a la actividad como una de sus manifestaciones y no a la inversa, o sea que el activismo es lo primario y la actividad lo secundario.
Lo planteado sustenta las formas de manifestarse el activismo desde el punto de vista transformador, comunicativo y cosmovisivo, y su expresión en los más variados tipos de actividad, conducta y comunicación propios de la actividad vital y en consecuencia en la objetal.
El activismo social, por su parte, es relacionado generalmente con cuestiones de índole política pues en su esencia conduce a la educación ideológica de los ciudadanos; por ello es ampliamente utilizado en función del trabajo con las masas y asume diferentes formas para defender proyectos, enfrentar realidades, combatir situaciones.
Según Oliver (1984), el activismo social es capaz de promover la participación y la pluralidad hasta niveles necesarios para confrontar con resultados las tensiones y los desafíos del desarrollo en nuestros tiempos y, como resultado, libera un enorme potencial en beneficio del desarrollo humano.
En tanto Jvoschev (2008), considera que el activismo social es una estrategia importante para lograr la participación en los cambios sociales y el desarrollo. Puede ser determinante en la elaboración de políticas, toma de decisiones, pero también puede promover un cambio social al aportar elementos para la transformación individual, pues hace que las personas que han adquirido una mayor comprensión o conciencia de una situación modifiquen sus ideas, enfoques y conductas.
Las posiciones de ambos autores son concordantes con las esencias mismas de las estrategias de participación popular iniciadas en Cuba desde 1959, sistematizadas en el decurso y con lo cual se logró significativas transformaciones a nivel macro, a la vez que se fueron transformando los sujetos evidenciado en mayor compromiso y mejores resultados.
Es así como en este creciente proceso de construcción de un nuevo país se pueden identificar diversidad de formas de activismo: pedagógico, científico, cultural, de salud, deportivo, ecológico, en fin, en tantas esferas de la vida como necesidades de desarrollo existen y posibilidades de participación lo propicie. Sin embargo, el activismo social se ha ido modificando y actualizando en relación con el propio desarrollo científico, tecnológico, y las tendencias a la globalización.
En la actualidad los movimientos sociales en el mundo van ocupando mayores espacios en las redes sociales. Según Tascón (2011) las redes sociales (y los blogs) se han convertido en el polo de concentración de ideas, propaganda, citas, difusión de consignas. En tal sentido el activismo se manifiesta generalmente desde lo verbal, desde la incitación a que otros ejecuten; ese es mayormente el efecto mediático evidenciándose un divorcio entre pensamiento y acción.
Por otro lado, si se tiene en cuenta que el activismo social se asocia a la capacidad de las personas para promover y gestar beneficios que mejoren la vida de la población (Torres, 2008), y la participación popular como forma de democracia para contribuir a la solución de determinados problemas, o para impulsar determinadas políticas en dependencia del tipo de sociedad (Valdés y Toledo, 1999), entonces se estará de acuerdo en que al abordar tanto el activismo como la participación se hace con una intencionalidad política, visto en la actualidad desde organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
En Cuba, el desarrollo de políticas sociales dirigidas por el Estado y el Gobierno para elevar los niveles vida de la población en el decurso, se ha acompañado de un alto nivel de convocatoria que ha propiciado la participación del pueblo mediante organizaciones de masas surgidas del propio proceso de construcción de la sociedad socialista y el activismo social de muchos actores de organismos como la educación, que hicieron suyas esas políticas y las contextualizaron a su realidad.
Entonces se coincide con Fernández (2008) cuando cita a Castro (1981), al referir que “el educador debe ser además, un activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas (…)” (p.11), como expresión del contenido ideológico de la educación, encauzado a lograr la formación integral de los ciudadanos en correspondencia con los intereses de la sociedad socialista que se construye y defiende.
En este orden Carreño (1997) concibe la función política de la educación a partir de las “influencias dirigidas a la formulación de consensos, la aceptación de normas de convivencia, la promoción de líderes y dirigentes, la identificación de programas políticos” (pp. 113 - 115).
Por otra parte, Blanco (1997) refleja un análisis interesante acerca de las funciones del educador desde la perspectiva de la educación en su sentido más amplio, vistas las funciones como sinónimo de utilidad para la sociedad. Identifica la función política encauzada a la preparación de los estudiantes para el cumplimiento de sus derechos y deberes como ciudadanos y de las normas disciplinarias del sistema educacional, no solo en la escuela, sino en la sociedad en general “(…) como vehículos de la función política, puesto que contribuyen a educar a los niños, adolescentes y jóvenes en el sistema de relaciones sociales vigentes (…)” (p. 83).
Lo cual se refrenda en la Tesis sobre Política Educacional (1975) al referir que la educación político- ideológica responde a los principios de la educación, al partidismo como principio básico, el carácter científico de la enseñanza, la vinculación de la teoría con la práctica, la vinculación con las masas y el enfoque histórico concreto.
Por ello, se considera que el trabajo del educador es una tarea eminentemente política como representante en la escuela de los intereses y la ideología de la clase a la cual pertenece, en cada una de sus actividades debe ser consecuente con sus convicciones por la influencia que ejerce en la formación de la conciencia revolucionaria de sus educandos, de igual manera aprovechar las situaciones, las circunstancias, las vivencias para influir en esta esfera tan importante de la personalidad, la formación o reafirmación ética.
De hecho, acerca de la concepción de la educación en su sentido amplio, se coincide con Blanco (1997) pues, desde esta mirada:
(…) educar implica necesariamente «salir» del proceso de enseñanza-aprendizaje y por lo tanto del marco escolar, extendiendo las influencias educativas a otros contextos y niveles de participación, que lleva necesariamente a la ampliación de sus esferas de acción, sin que por ello tenga que asumir funciones y tareas de otros agentes educativos como pueden ser la familia, el grupo social, las instituciones estatales, que puede ser extraordinariamente útil y de un beneficio social inmediato (p.56).
Elementos que se aprecian en la obra educacional cubana porque ha sido constante en la vinculación de la escuela, la familia y la comunidad en el cumplimiento de objetivos educativos, propiciando que se involucren agencias y agentes socializadores de manera dinámica, creativa y utilitaria en la consecución de los fines planteados.
A propósito, Freire (1979), desde una visión sustantivamente política y adjetivamente pedagógica, deja claro el carácter político de la educación, y el partidismo del educador: “Creo, pues, que se plantea a los educadores en tanto políticos y a los políticos, en tanto educadores (…) reconocer qué espacios existen dentro de la sociedad que pueden ser llenados políticamente en un esfuerzo de educación popular (…)” (p. 132).
Lo anterior ubica a los educadores en la sociedad desde lo macro y en lo cual, a partir de su partidismo, influyen en la comprensión de los cambios necesarios para lograr la transformación sociocultural de las comunidades y de la sociedad en general.
De ahí que la actividad comunitaria de los educadores sea entendida por la autora de este articulo como un proceso de activismo social para el alcance de las metas que, a partir de los intereses de clases, contribuyeron y contribuyen a lograr la participación de otros agentes y agencias socializadoras en los cambios necesarios mediante una relación biunívoca entre la actividad social y las potencialidades educativas para el cambio social.
En este orden de ideas se coincide con Martínez (2004), al valorar que el sujeto es tanto más socializado cuanto mejor es la asimilación y objetivación de los contenidos sociales, lo cual permite que su personalidad sea más rica y desarrollada, que su vida sea más plena y feliz, a la vez que una sociedad es más rica en tanto más originalidad logre en cada uno de los sujetos, en tanto más reconozca las diferencias individuales y asegure las condiciones para su expresión.
De ahí que se considere que la educación puede contribuir decisivamente a lograr estas aspiraciones en beneficio de una sociedad más justa y de un hombre más culto y, por tanto, más libre.
La sistematización realizada permite concluir que el accionar de los educadores en correspondencia con los intereses de clase, tengan o no una militancia en un partido determinado, le convierten en agentes de cambio en la sociedad y en la vida de las personas, familias y comunidades, y son portadores de la política que conduce su accionar educativo en función del mejoramiento humano como fin.
De ahí que se signifique lo planteado por Drullet (2010) en el número dedicada al 50 Aniversario del llamamiento a los Maestros Voluntarios el 2 de abril de 1960, al reconocer que ese suceso fue “(…) una acción de masas sin precedentes (…), una inédita experiencia pedagógica (…) pero su huella más impactante estuvo en el enriquecimiento humano de los que participaron en esa revolucionaria cruzada sociocultural (…) (p.2).
En tal sentido es necesario reconocer que en el proceso de construcción de la sociedad cubana actual las acciones masivas desarrolladas como característica del propio sistema y en el cual se se dejar ver la participación popular como rasgo distintivo, el educador es un sujeto verdaderamente activo manifestado en el dinamismo que imprime a su actividad desde la creatividad mediante el empleo de procedimientos diversos en situaciones disímiles y condiciones distintas.
A partir de los argumentos expuestos se puede definir como un educador activista social “a las sujetos comprometidos con los necesarios cambios y exigencias sociales del momento histórico en que le tocó vivir desde una posición partidista y portadores de la ideología de clase; participantes activos en el logro de los objetivos conducentes a la transformación del contexto, conocidas y reconocidas por la mayoría como agentes de cambio dado el valor cognitivo, práctico y axiológico de su quehacer educativo y por el legado creativo, dinámico y utilitario de su accionar en el contexto escolar y fuera de él” (Reyes, 2017, p. 6).
De esta definición se distinguen como rasgos esenciales:
· el compromiso con los cambios y exigencias sociales del momento histórico.
· la participación activa en la transformación del contexto.
· el reconocimiento como agente de cambio.
· el valor cognitivo, práctico y axiológico de su quehacer educativo.
· el legado creativo, dinámico y utilitario.
Se acompaña la definición de elementos que particularizan las manifestaciones del activismo social en los diferentes momentos históricos por los que ha transitado la educación como fenómeno social, tomando en cuenta otros procesos sociales que emergen del perfeccionamiento y transformaciones de la política educacional, evidenciado en los cambios sociales que se relacionan con las agencias socializadoras (escuela, comunidad y sociedad) y que se expresa en el actuar de los educadores como pueden ser:
· La defensa de la Patria, la libertad y la soberanía nacional (mediante el actuar de los educadores en el país o fuera de él, en el cumplimiento de misiones internas o externas).
· La asunción de responsabilidades jurídicas, (a partir de acciones concretas desarrolladas en coordinación con el Ministerio de Justicia, sea durante la Campaña Nacional de Alfabetización o en la actualidad como miembros del Órgano de Justicia Laboral de Base (OJLB) en el centro laboral).
· La dirección de procesos a diferentes niveles en organizaciones sociales ( ya que muchos educadores, de manera paralela a su actividad docente dirigen procesos políticos en su centro laboral en organizaciones como el Sindicato o el Partido, y también porque se convierten en la principal cantera para ocupar cargos a nivel municipal, provincial y/o nacional en esas organizaciones sociales o en otras como la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Sindicato Nacional de los trabajadores de la Educación, las Ciencias y el Deporte (SNTECD), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), los Comités de la Defensa de la Revolución (CDR), Poder Popular.
Lo planteado distingue el activismo social de los educadores, no solo en los inicios del proceso revolucionario en el cual la significación de la obra desplegada, sedujo a una juventud enardecida para llevar a vía de hecho la materialización de las primeras medidas revolucionarias adoptadas por la dirección del país bajo el liderazgo de Fidel Castro y que marcan un hito en la Historia de la Educación Cubana, sino también en los procesos desarrollados para consolidar el proceso de construcción de la sociedad actual, como reza una de las ideas más agudas del concepto Revolución definido por el líder de la Revolución Cubana, relacionada con el sentido del momento histórico y los cambios que ello conlleva.
Idea que expresa claramente el movimiento como necesidad histórica en la modificación, actualización y contextualización de los procesos sociales a tono con las circunstancias, de ahí lo perdurable y trascendente, dada la posibilidad de ser aplicado a nuevas condiciones como las que marcan la Cuba del siglo xxi, con el propósito de avanzar y la seguridad de que los educadores siempre estarán activos con la tiza en una mano, el libro en la otra y la Patria en el corazón.
Consecuentemente, la globalización de las tecnologías de la información y la comunicación se constituye en una nueva forma de manifestación del activismo social, adecuándose a las demandas del nuevo siglo como protagonistas de los movimientos sociales, de lo que Cuba no se excluye, y sobre lo cual Castro (2002), reconoció los cambios en las últimas décadas y con ello el surgimiento de fabulosos medios de transmitir información y conocimientos, así como sus consecuencias entre otras cosas para deformar y enajenar las mentes, destruir incluso lo mejor que en niños y adultos siembran maestros, profesores y los propios padres, que son o deben ser los primeros educadores.
Si bien la guerra mediática de los que quieren imponer el poder por la fuerza, hegemonizar el mundo, muestran escenarios cada vez más presentes con modernas plataformas para la desvirtualización de la verdad, el acomodo del ingerencismo, y para fomentar cada vez con más fuerza la subversión ideológica particularmente hacia los jóvenes, entonces el reto para los educadores activistas sociales es cada vez mayor.
De ahí que su protagonismo, adaptado a las nuevas condiciones, debe manifestarse mediante una mayor presencia en las redes sociales: twiter, facebook, youtube, y otros cada vez más modernos que en el país van ganando mayores espacios. En este sentido se ha de considerar las consabidas consecuencias que tienen sobre todo para los jóvenes la imposición de los modelos capitalistas que tienen como propósito imponer la cultura del tener por encima de la cultura del ser; cuestión que requiere un elemental sentido de discernimiento para no dejarse confundir.
O sea, que los profesionales de la educación en ejercicio y los que están en formación tienen en las redes sociales un aliado permanente siempre y cuando logren:
· Actualizarse en relación con los adelantos de las ciencias informáticas y de la comunicación.
· Emplear los canales de información que le permitan hacerse una clara idea acerca de cómo el mundo ve a Cuba y cómo Cuba se ve en el mundo.
· Establecer puentes de intercambio de información que les permita divulgar la verdad de Cuba en momentos en que el país está estableciendo políticas de desarrollo económico y social hasta el 2030.
Lo planteado contribuirá, a ejercitar el sentido de responsabilidad sostenido en la acción participativa y en la convicción de ser un actor en el continuo proceso de transformación de la sociedad, y también a emplear las herramientas de un pensar en cubano, en consecuencia con Pogolotti (2012), y con ello potenciar al máximo sus potencialidades creativas, cultivar la mente y el corazón, hacer de la honestidad norma y brújula de vida para disponer de la valentía necesaria para el combate y así proteger la nación.
Conclusiones
El activismo social como movimiento político evidencia su fuerza transformadora para lograr beneficios en mejora de los ciudadanos, siempre que sea encausado con estrategias acertadas por activistas comprometidos con los cambios para bien.
En esa intención se puede asegurar que el activismo social en la realidad cubana se distingue por la permanencia y sostenibilidad, puesto que crear y construir en una sociedad que se renueva constantemente en medio de adversidades, pero también a tono con las tendencias del desarrollo socioeconómico, cultural, científico-técnico, de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la región y el mundo, requiere de dinamismo y creatividad sin olvidar las raíces que le distinguen, como lo han demostrado los educadores activistas sociales.
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