Estudios lingüísticos

La expresión del tabú de la muerte en español: metáforas conceptuales disfemísticas

The expression of the Death Taboo in Spanish: Metaphors Dysphemistic Conceptuals

Mehra Fakhreddine
Universidad de Monastir, Túnez

La expresión del tabú de la muerte en español: metáforas conceptuales disfemísticas

Lingüística y Literatura, vol. 45, no. 86, pp. 37-56, 2024

Universidad de Antioquia

Received: 28 January 2024

Accepted: 13 May 2024

Published: 20 July 2024

Resumen: En este artículo se expone lo referente al tabú de la muerte en español. Los datos se basan en el corpus de unidades idiomáticas del campo conceptual TOD/MUERTE elaborado por Carmen Mellado Blanco (2013), con el fin de abordar dentro del encuadre de la lingüística cognitiva de Lakoff y Johnson, las archimetáforas y metonimias conceptuales que se relacionan con el tabú de la muerte mediante disfemismos de carácter humorístico o burlesco.

Palabras clave: Tabú de la muerte, campo conceptual TOD/MUERTE, Lingüística cognitiva, metáforas conceptuales, disfemismos.

Abstract: This article discusses the taboo of death in Spanish. The data are based on the corpus of idiomatic units of the conceptual field TOD/DEATH elaborated by Carmen Mellado Blanco (2013), in order to address within the frame of the cognitive linguistics of Lakoff and Johnson, archimetaphors and conceptual metonymies that relate to the taboo of death through dysfemisms of a humorous or burlesque character.

Keywords: Death taboo, conceptual field DEATH, cognitive linguistics, conceptual metaphors, dysfemisms.

Meditar en la muerte por adelantado es meditar por adelantado en la libertad, y quien aprende a morir ha desaprendido a servir. No hay mal alguno en la vida para quien entiende que la privación de la vida no es un mal. El saber morir nos libra de toda sujeción y restricción (Montaigne, 1984, p. 53)

1. Introducción: ámbito de estudio

La muerte se admite como proceso natural e inevitable, pero en la mayoría de las civilizaciones y momentos históricos se la concibe como amenaza o angustia. Se niega constantemente la idea de morir, la muerte es la muerte de los ajenos no la nuestra, ya que «se vivencia en lo personal como un accidente, arbitrario e injusto para el que nunca se está preparado» (Lynch y Oddone, 2017, p. 132). Foucault precisa en el último capítulo de su La voluntad de saber que, en la época contemporánea, la muerte se ha convertido en una especie de tabú y haya quedado recluida dentro de los muros de la intimidad, de lo privado de lo poco visible (Foucault, 1989, pp. 167-168; y Foucault, 1992, pp. 256-257).

En todas las culturas la muerte forma parte integrante de la vida humana. Pero, hablar sobre la muerte siempre estimula sentimientos de miedo e incomprensión sobre este hecho. Una posible pregunta podría ser ¿qué pasa después de morir? Para Lynch y Oddone (2017), la muerte no es un fenómeno de fácil conceptualización, la acepción más aceptada, por lo evidente e innegable, es aquella que considera la muerte como la cesación o el término de la vida. Si bien es cierto, es en función del sentido del que se dote a la vida, el significado que adquirirá la muerte: como principio de una nueva existencia ―la del alma despojada del cuerpo que la aprisiona― o como final de una etapa de-trás de la cual no hay nada o, al menos nada conocido (Blanco Picabia y Antequera Jurado, 1998). Por otra parte, se niega a aceptar la muerte como un proceso natural, Kübler-Ross (1995, p.12) sostiene que «morir significa, simplemente, mudarse a una casa tan bella, hablando metafóricamente se sobreentiende» y añade ulteriormente que «la muerte no existe» (1995, p. 30).

Numerosos autores han tratado de definir el concepto de la muerte desde múltiples ópticas. Sin embargo, coincidimos con Mellado Blanco (2013) y otros autores (Marín Arrese, 1996; Bultinck,1998; Crespo Fernández, 2008) en que, el estudio de la muerte, desde la perspectiva lingüística ha sido últimamente una de las preguntas centrales de investigación de la lingüística cognitiva.1 Dicha lingüística, postula que el lenguaje no constituye una facultad cognitiva autónoma, sino que este va a depender de otras posibilidades relacionales entre las cuales sobresalen las facultades cognitivas de percepción, conceptualización, categorización y las sensoexperienciales, y, desde luego, su correlación en la aprehensión tanto de la realidad como del mundo (Moreno Mojica, 2016).

La metáfora como procedimiento tanto eufemístico como disfemístico ha adquirido gran interés en los estudios sobre la interdicción lingüística (Alonso Moya, 1978; Casas Gómez, 1986; Allan y Burridge, 2006; Crespo Fernández, 2008; Chamizo Domínguez y Sánchez Benedito, 2000; Fernández de Molina Ortès, 2014; etc.) y ha sido percibida no sólo como un rasgo del lenguaje sino también del pensamiento y la acción (Lakoff y Johnson, 1980; Lakoff, 1993; Gibbs, 2008; Turner 1991; Turner, 1996; Bustos, 2000).

El presente estudio propone describir la percepción conceptual de las metáforas disfemísticas utilizadas para sustituir la palabra tabuizada o innombrable ‘muerte’ (en el lenguaje cotidiano del español peninsular y de Hispanoamérica), cuya función no es sino mantener y acentuar la asociación entre el signo y su referente de manera que se permanece a su lado más embarazoso o inquietante, de acuerdo con el enfoque teórico de la metáfora conceptual planteado por Lakoff y Johnson (1980); un enfoque ya utilizado en muchos estudios para el análisis de eufemismos o disfemismos relativos al tabú de la muerte u otros ejes interdictivos (Marín Arrese, 1996; Piirainen, 2002; Piñel López, 2003; Chamizo Domínguez, 2004; Crespo Fernández, 2008; Miranda de Torres, 2011; Mellado Blanco, 2013; Navarro Atención y Villareal Gómez, 2014).

El corpus analizado se compone de las unidades idiomáticas plurilexemáticas reunidas en el campo conceptual TOD/MUERTE2, elaborado por Carmen Mellado Blanco (2013), y del que se ha seleccionado las expresiones referidas a ‘morir’ y ‘estar muerto’, así como del listado de léxico común de la ‘muerte’ acogido en Rabanales Ambrosio (1966-1968), y como instrumento de estudio el Diccionario de locuciones idiomáticas del español actual (DiLEA) en línea.

En el aspecto teórico, este trabajo se apoya, como hemos señalado más arriba, en el marco teórico de la metáfora conceptual presentado por los iniciadores de la lingüística cognitiva Lakoff y Johnson (1980) en su libro Metáforas de la vida cotidiana, en el que se propone una visión de la metáfora distinta a la postulada por la teoría clásica al establecer el denominado giro cognitivo (Steen, 2011).

El marco de énfasis en las reflexiones de la propuesta de Lakoff y Johnson es que la metáfora, más allá de ser un aspecto formal del lenguaje, nos permite estructurar conceptos a partir de otros. La forma en que realizamos este proceso depende de nuestra experiencia directa en el mundo, a través de nuestro cuerpo33 (Nicacio Tello, 2013). En otras palabras, Lakoff y Johnson (1980, p. 39), postulan que la metáfora impregna la vida cotidiana, no sólo el pensamiento o el lenguaje, sino también en la acción. Nuestro sistema conceptual, que guía lo que pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica. Opinan que «la esencia de la metáfora es entender y experimentar un tipo de cosa en términos de otra» (Lakoff y Johnson, 1980, p. 41). Así, la metáfora constituye un mecanismo cognitivo que permite establecer lazos entre dominios del sistema conceptual, de modo que un individuo pueda conceptualizar el mundo al dar un sentido metafórico a su experiencia social (Lakoff, 1993). Este razonamiento ha originado la teoría de la metáfora conceptual (tmc) (Cárcamo Morales, 2018).

Para Lakoff y Johnson, la metáfora conceptual es una proyección de conceptos de un dominio fuente sobre otro dominio meta. A manera de ilustración, la metáfora conceptual, el tiempo es dinero. En este caso, el dinero funcionaría como un dominio fuente, de naturaleza concreta y social, del cual se retoman conceptos para poder conceptualizar un dominio meta más abstracto, en este caso el del tiempo. Por esta razón, se pueden realizar expresiones metafóricas, tales como gastar el tiempo o perder el tiempo (Lakoff y Johnson, 1980)4. Asimismo, nuestros conceptos estructuran lo que percibimos, cómo nos movemos en el mundo, la manera en que nos relacionamos con otras personas. En esta línea, Moreno Mojica (2016) aporta que la metáfora se concibe una forma de pensamiento no literal, evidenciado también en el uso de la metonimia conceptual, en la cual un dominio conceptual es proyectado sobre otro en lo respectivo a fuente y meta. Con lo que se puede establecer que tanto la metáfora como la metonimia conceptual son fenómenos mucho más que lingüísticos en sí y por ende se enmarcan en los procesos de estructuración y cognición en lo referente a dominios cognitivos, funciones referenciales y no referenciales y proyecciones conceptuales en términos relacionados dados entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad.

Por su parte, Chamizo Domínguez (2004), partiendo del citado modelo de Lakoff y Johnson, postula que todas las características que describen a las metáforas son posibles de ser consideradas en el análisis de los eufemismos y a los disfemismos. Veamos, a modo de ejemplo, la siguiente: «consiste en dar a una cosa el nombre que pertenece a otra» (Aristóteles, 1974, como se citó en Chamizo Domínguez, 2004, p. 45), lo cual «conlleva característicamente una falsedad categorial» (Grice, 1989, p.34), y puede ser definida como una transferencia desde un dominio conceptual (el dominio fuente) a otro (el dominio meta). En tal sentido, Chamizo Domínguez concluye que los eufemismos y los disfemismos podrían ser concebidos como metáforas, o al menos, como un caso especial de metáfora. De hecho, el eufemismo no es otro que «el uso de un término en sentido traslaticio, esto es, conferir a un término, que tiene un significado literal tipificado por el uso de los hablantes, un significado distinto» (Chamizo Domínguez y Sánchez Benedito, 2000, p. 37).

Desde esta visión, y siguiendo a Mellado Blanco (2013), el mecanismo asociativo de la metáfora es el que explica el nacimiento espontáneo de nuevos disfemismos basados en modelos cognitivos preexistentes que son parte constituyente del lexicón mental de los hablantes de una lengua. Por tanto, la conceptualización de la muerte morir es marcharse/emprender un viaje ha originado sustitutos disfemísticos de matiz burlesco cuya función es acentuar la referencia a la muerte, a saber, ponerse el traje definitivo, tener listos los papeles; irse al otro barrio, liar el petate, etc. Se trata de expresiones que reflejan conceptos metafóricos sistemáticos en los que una actividad o una experiencia se estructura en términos de otra. Dicho en otras palabras que, en la metáfora morir es marcharse, el dominio abstracto de ‘morir’ se refleja o se conceptualiza en términos de otro, ‘marcharse’ (la despedida), que está mejor proyectado en la conciencia humana en virtud de la experiencia vital del hombre con su espacio. Efectivamente, según que afirma Crespo Fernández (2008):

la estructura cognitiva del dominio fuente permite categorizar el dominio término a partir de nuestra propia experiencia física o cultural. No es sino en esta correspondencia entre ambos dominios conceptuales donde la asociación cognitiva lleva a cabo la atenuación y, dependiendo del dominio fuente empleado en la categorización eufemística, [o disfemística, añadimos] estaremos conceptualizando el tabú de una u otra manera (p. 87).

2. El tabú de la muerte en español, ¿una conceptualización disfemística?

A muchas personas les resulta embarazoso hablar sobre la muerte hasta que no les queda otro remedio, y a veces no se permite comunicar el dolor que sentimos, ya que la muerte se considera como un incidente ajeno que se debe evitar, esconder y silenciar. Salomon (1966) reconoce que «en el momento en el que una palabra común reúne toda una carga de tabú o desaprobación social, muchos hablantes se resisten a usar dicha palabra» (p. 31). Recordamos que la interdicción decretada por el tabú afecta no solo a los individuos, animales u objetos sino también a las palabras que los mencionan. Alonso Montero (1967-1968, p. 113), citando a Jespersen y siguiendo a Knud Rasmssen, dice que, para los groenlandeses, la persona consta de cuerpo, alma y nombre, lo que quiere decir que el nombre, la palabra, es tan de la cosa, es tan la cosa, como su misma realidad física o espiritual. La palabra, de hecho, tiene poder extraordinario. Según aporta Gustavo Rodríguez (1987), el término tabú es una palabra o expresión que debe ser evitada por temor supersticioso o religioso, y en el sentido más amplio de evitar (por sustitución, alteración o modificación) voces o expresiones de dominios vulgares (obscenos, desagradables, penosos) en presencia de niños, personas del sexo contrario, etc., lo que lleva a la creación de voces no tabuizadas o inofensivas denominadas eufemismos, muchos de las cuales «demuestran un sorprendente ingenio» (Allan y Burridge, 2006, p. 236).

Para Kübler-Ross y Kessler (2002) todos los miedos del ser humano, tienen su origen en el miedo a la muerte y si aprendemos a mitigar ese miedo podremos enfrentarnos a todos los demás miedos con mayor tranquilidad. En tal sentido para evitar de pronunciar directamente el verbo morir, no es de extrañar que los usuarios de la lengua recurran a un amplio abanico de recursos lingüísticos con el objetivo de mitigar el hecho de la muerte, ofrecer consuelo a los deudos y elogiar al fallecido, satisfaciendo, de este modo, tanto los requerimientos personales como sociales tradicionalmente vinculados a la mortalidad humana (Crespo Fernández, 2008, p. 96).

Sin embargo, se cree que resulta positivo ‘matar’ el tabú de la muerte y minimizar su poder absoluto que dispone de nosotros; al fin y al cabo, el hombre no puede esconderse ni ocultarse de su fin. Quizás, en palabras de Poch (2009): «porque nuestra sociedad considera tabú la muerte, hay tanta necesidad de llenar este vacío, de hablar de ella, porque el no mencionarla la convierte en inquietante y el ponerle palabras resulta un alivio» (p. 29). En efecto, no siempre se ha visto la muerte como un hecho traumático, debido a que, en algunas sociedades, la muerte vive como tal y la ha convertido en un hecho social y cultural. En la cultura mexicana, en particular, la muerte forma parte de la vida y del ciclo de la naturaleza. El mexicano sabe que la muerte es inseparable de su ser a pesar de esto, ha sabido confraternizarse y convivir con ella haciendo bromas, fiestas5 y caricaturas de manera que se enfrenta a esa realidad haciéndola clemente y misericordiosa. Explica Romero Díaz (2013) que

el mexicano no es alguien que le tema en sí a la muerte, no por lo menos desde su cultura. Es un ser que se burla de ella y que piensa que la muerte se burla también de él. El mexicano no teme hablar sobre la muerte, es más, la busca, la celebra, la ridiculiza y la santifica (pp. 29-30).

Así, se inventa muchas metáforas y expresiones que, frecuentemente, resultan chistosas y hasta un poco ridículas o absurdas. Por lo tanto, la muerte se vuelve jocosa e irónica, cuando la llamamos “calaca”, “huesuda”, “dentona”, "la flaca”, "la parca”, y al hecho de morir, le damos designaciones como “petatearse”, “estirar la pata”, “pelarse”6. En España, asimismo, se dice “la palmó” o “palmarla’’ cuya expresión gemelar en México es “petatearse” o “estirar la pata”. La mayoría de estos sinónimos de muerte comprenden significaciones que se refieren, por lo general, a un adiós o a una característica «del imaginario real o ficticio del morir» (Guzmán Díaz, 2005, p. 42) y muestran, por tanto, que se trata de un ámbito interdicto en el que se intenta hablar de la muerte, pero sin tocarla.

Los disfemismos, aun teniendo como referente último la misma realidad que los eufemismos7 ―a saber, el fenómeno tabuizado de la muerte―, aluden a dicha realidad en un tono humorístico, lo cual provoca automáticamente una distancia con respecto al suceso, relativizando su importancia (Piirainen, 2002). Se entiende por disfemismo «el empleo en el texto de una palabra o expresión de estrato vulgar o cómico para sustituir a otra noble o, simplemente, normal» (Marchese y Forradellas, 1986, p. 104). De hecho, cuando se emplea la expresión «estirar la pata», verbigracia, en sustitución del verbo «morir» hay cierta actitud desafiante ante ese tabú: no solo se expresa abiertamente, sino que se ridiculiza a través de una expresión vulgar que lo banaliza y le arrebata toda su carga ritual, le niega el debido temor referencial que exige toda creencia o sistema de valores (Domínguez, 2005).

Por lo que atañe al lenguaje, la restricción o la prohibición establecida por el tabú de la muerte suscita el deseo de transgresión, buscando como lo indica Casas Gómez (1986): «no ya la mitigación o atenuación», sino la «motivación o reforzamiento del signo interdicto» (pp. 85-86). En cuanto al estilo de uso, en el campo TOD/MUERTE, siguiendo a Mellado Blanco (2013), la función primera del disfemismo sería la expresiva humorística y las implicaturas principales del hablante, según la teoría de los actos de habla de Searle (1969), serían las de ironizar y banalizar, pongamos por caso, fiambre para ‘muerto’, fiambrera, heladera para ‘cementerio’ y pijama de palo para ‘ataúd’.

Es muy evidente que estas expresiones dependen de la situación y del uso intencional del hablante, ya que, como advierte Chamizo Domínguez (2004), los eufemismos ―y los disfemismos― solo pueden ser detectados en el contexto de una proferencia, y su comprensión depende de los conocimientos, gestos, usos sociales o creencias de los interlocutores en el intercambio lingüístico. Por lo que es en función de esos elementos que una determinada proferencia puede ser entendida literal, metafórica, eufemística, disfemística o irónicamente.

3. Conceptualización metafórica en el disfemismo

Teniendo en cuenta las aportaciones de la teoría de la metáfora conceptual de Lakoff y Johnson (1980) y la taxonomía seguida por Mellado Blanco (2013) para el análisis de la conceptualización metafórica8 disfemística, examinamos dos tipos de motivaciones: En primer lugar, las motivaciones conceptuales de las metáforas y metonimias y, en segundo lugar, las metáforas basadas en marcos. Los ejemplos escogidos para referir al hecho concreto de morir son de origen ideológico y cultural, generalmente de valor negativo, cuya función muchas veces es la de echar el miedo de la muerte a través del humor negro.

3.1. Metáforas conceptuales y metonimias

3.1.1. Motivación metafórica conceptual

A continuación, presentamos algunas metáforas y sus motivaciones conceptuales.

3.1.1.1. Morir es apagarse una luz, el fuego

Se destaca también la expresión morir es quedar a oscuras, lo que implica concebir la vida como luz y la muerte como oscuridad. «Y la vida era la luz de los hombres»; «la región de las tinieblas y de las sombras de muerte» (Rabanales 1966-1968, p. 142). Metáforas conceptuales que proyectan sobre el dominio de la muerte el de la luz y la oscuridad. Encontramos, a modo de ejemplo, para un uso disfemístico, apagársele/ acabársele a alg. la candela. Y en el caso del eufemismo, por ejemplo, apagarse la vida de alg.; cerrar los ojos a la luz del mundo.

3.1.1.2. Morir es viajar

El viaje alude indirectamente al proceso de morir; estamos, pues, ante un tipo de metáfora que se enmarca en el «esquema de imagen»9 camino. El esquema del camino se compone de unos elementos estructurales básicos: un estado inicial (o punto de partida), una trayectoria (o camino) y un estado final (o destino). Las metáforas más comunes a las que se aplica este esquema hacen corresponder propósitos con destinos (lograr un propósito es llegar a un destino)10. Mellado Blanco (2013, p. 113) y otros lingüistas reconocen que la metáfora «Morir es viajar» es una variante de la archimetáfora más general muerte es movimiento, que relaciona directamente el cambio de estado de vivo a muerto con el de moverse físicamente del lugar de donde se estaba hacia otro lado (p. ej. irse al otro barrio). En el esquema del camino, se marca la archimetáfora morir es marcharse/emprender un viaje sin retorno. Esta se basa en la idea de que la muerte es la finitud trágica de la existencia del ser humano. Así se proliferan disfemismos de tono irónico como: emplumárselas (irse volando), irse de un viaje, (de una vez), liar el petate; estar listo de papeles; ponerse el traje definitivo; liar los bártulos; irse al otro barrio; llevárselo la pela (da), entre otros. La conceptualización eufemística de que la muerte es un viaje (junto a la muerte es subir al cielo), según aporta Crespo Fernández (2008, p. 93), entiende que el difunto es quien emprende el trayecto, y por ello, se le considera, de alguna manera, todavía vivo, lo que se demuestra en el uso de verbos de movimiento como ‘subir’, ‘ir’ y ‘volar’. Como ejemplos: ‘‘subió al cielo’’, ‘‘voló su alma’’ y ‘‘fuiste al cielo’’; a las que cabe añadir ‘‘subir a la Gloria’’; todas estas expresiones entienden la muerte como un viaje filtrado por creencias religiosas que tiene su destino en el encuentro con Dios en el cielo: «lo que me apacigua y tranquiliza mi dolor, es saber que estás con dios y con los ángeles del cielo».

3.1.2. Conceptualizaciones metonímicas

Las conceptualizaciones metonímicas se centran en los dos modelos cognitivos basados en la relación de contigüidad metonímica de causa-efecto: Morir es dejar de hacer una actividad humana y Morir es experimentar una reacción corporal. En ellas predominan los disfemismos que aluden a la muerte como paro o inmovilización de un proceso fisiológico.

3.1.2.1. Morir es dejar de hacer una actividad humana

3.1.2.1.1. Morir es dejar de hablar / Morir es callar

Se registran los disfemismos callar para siempre; cerrar el hocico; no decir ya ni mu; estar cerca del cortijo de los “callitos” (cementerio), y por un uso eufemístico se puede citar: no vivir para contarlo, más generalizada en México.

3.1.2.1.2. Morir es dejar de comer

De este grupo, se destacan las expresiones disfemísticas doblar la servilleta, entregar la cuchara. Sin embargo, en México se usa mucho la expresión “chupar Faros” porque, según el autor Prado Galán (2016), a los fusilados en ciertas latitudes de México en el siglo pasado se les ofrecía un cigarro de esa marca como última dádiva. Faros eran los cigarrillos de los pobres. Y se decía “chupar” porque, amarrados, tenían que consumir el cigarro hasta chuparlo íntegramente. En relación con este último caso, chupar flores es una variante léxica del dialecto potosino de la expresión chupar faros, que es más característica en el léxico estándar (Pérez Durán, 2012).

3.1.2.1.3. Morir es prescindir del calzado

Por ejemplo: ‘‘colgar los tenis”. Parece que se trata de una frase deportiva debido a que tiene su correspondiente en “colgar los guantes” para un boxeador. Se registran también expresiones disfemísticas hispanoamericanas, a saber, “parar (=levantar) las ojotas” (sandalias rústicas); “parar las chalupas” (zapatos grandes) o “parar los mocasines”, variante dialectal, tal vez powhatan.11

3.1.2.1.4. Morir es dejar de leer el periódico/ de ver la televisión

Es decir, quedarle a alguien dos/tres telediarios.

3.1.2.1.5. Morir es dejar de comprar

Es decir, dejar de comprar tabaco.

3.1.2.2. Morir es experimentar una relación corporal

3.1.2.2.1. Reacciones de las extremidades

Aquí surge, especialmente, el humor negro. Morir es quedar con los pies para adelante; quedar tapado con diarios (como suele ocurrir cuando alguien muere en la calle); quedarse seco; estirar la pata; se estiró la pata, que significa “quedó muerto como burro: con las patas estiradas y el hocico arrugado” (según algunos esta expresión acaso provenga de la antigua canción española “El burro de Villarino”); quedarse tieso; estar más tieso que una mojama; estar con la pata tiesa; quedarse más tieso que el ojo de un tuerto, y eufemísticamente, quedarse orgulloso (porque el orgulloso anda tieso); quedarse maquillado (como los payasos o los mimos); quedarse frito; quedarse fiambre; hincar el pico; quedarse como un pajarito.

3.1.2.2.2. Reacciones respiratorias

La visión universal considera la muerte como la cesación de todas las actividades fisiológicas del ser vivo. Existen eufemismos para referirse al momento de la expiración del alma, tales como dar/exhalar el poster aliento; dar/exhalar el último aliento/suspiro; dar la última boqueada; dar las últimas bocanadas de vida; olvidársele a uno respirar (“se le olvidó respirar, al pobre”). Y también fórmulas disfemísticas como: cortársele el resuello; cortársele el hilo (“como a un volantín”); no resollar más; echar el último resuello; e irónicamente estar olorosando (oliendo) las flores por la raíz.

3.1.2.2.3. Reacción de los ojos

Se ve en los siguientes ejemplos: cerrar los ojos para siempre; poner los ojos en blanco; cerrar la pestaña; torcer la pestaña; tornar los ojos.

3.2. Motivación metafórica basada en marcos

Los conceptos metafóricos basados en marcos o frames, según estiman Mellado Blanco (2013, p. 117), y Dobrovol’skij y Piiraninen (2009, pp. 24-27), no se apoyan directamente en la experiencia del hombre con su universo, sino que, de alguna manera, en conocimientos extralingüísticos aprendidos. En español se destaca el marco enterramiento, que nos proporcionan, a título de ejemplo, las archimetáforas siguientes:

3.2.1. Morir es irse a la tumba

Tumba es sin duda la voz que más impresiona negativamente, desde el punto de vista afectivo; sepultura y sepulcro son más neutras; sarcófago, voz culta poco usada; fosa, término literario; hoyo es un disfemismo (Rabanales 1966-1968, p. 147). De hecho, se emplean las expresiones irse al hoyo o acabar en el hoyo; y humorísticamente ponerse el traje (el terno, el piyama, el mameluco) de madera; hacerse un traje de pino.

3.2.2. Estar muerto es estar en el ataúd

Ataúd, cajón y urna se consideran como términos neutros. Según Rabanales (1966-1968, p. 145) féretro (ataúd) es un eufemismo culto (literario o periodístico) que impresiona como voz solemne. Oler el barniz de la caja; estar con el traje (de pino); salir con los pies por delante, o lo sacaron en los pies por delante, son denominaciones evidentemente disfemísticas. En las creencias del cristianismo, se supone que, solo los individuos bondadosos y compasivos (como los santos) tenían el privilegio de entrar al panteón con la cabeza por adelante y entrar dignamente al cielo. Para todos los demás, la entrada al panteón era con los pies por delante, para que no vieran al camino de regreso.

3.2.3. Estar muerto es estar en el coche fúnebre

Es decir, irse en la bicicleta de palo (vista por los costados, la carroza, con sus grandes ruedas radiadas, semeja fácilmente una bicicleta).

3.2.4. Estar muerto es estar debajo de la tierra

Idea expresada por medio de disfemismos de tono burlesco como: estar a dos metros bajo tierra; tener encima siete pies de tierra; comer/mascar tierra; estar bajo tierra; ver crecer las flores/ las margaritas desde abajo; enterrar boca abajo (es una expresión burlesca para referirse a la persona que ha fallecido, característica del dialecto potosino). Enterrar es el término normal, con cierta carga afectiva negativa (“al que se muere lo entierran” “con tierra queda tapado”) y quedar es un eufemismo frecuente por quedar enterrado o sepultado: ¿“Dónde quedó su marido?”, “Mi padre quedó muy lejos de la entrada principal, del cementerio, se entiende”.

3.2.5. Estar muerto es ser abono de plantas

Como por ejemplo en estar ya criando malvas/lilas; quedar para simiente de rábanos; irse al jardín; el patio de las malvas; tener ya un jaramago; criar gurumelos/jaramagos. Paro los mexicanos estar muerto es curiosamente andar echando flores por ombligo.

3.2.6. Estar muerto es ser comida de gusanos

Científicamente, explica la Dra. Saloña Bordas (2018), el proceso de la descomposición del cadáver, exponiendo que inmediatamente después de que morimos, las primeras moscas notan el olor a descomposición. Esas moscas pueden llegar en minutos hasta los cadáveres y ponen sus huevos en ellos, generalmente en los orificios y cavidades porque si los ponen en la superficie se pueden secar. De esos huevos nacen larvas, que parecen gusanos, pero no lo son, son larvas de mosca. De ahí viene el término cadáver. Cadáver significa datar la carne con los gusanos, carne data vermes. Así, disfemismos frecuentes que refieren a esa situación citamos, a manera de ilustración: dar de comer a los gusanos; ser pasto de los gusanos; quedar para comida de gusanos.Pérez Durán (2012, p. 148), señala que en México se usa a menudo la variante del dialecto potosino “engusanó”. Es una oración que infiere la acción que ejecutan los gusanos después de morir o cuando se encuentra el cuerpo en estado de descomposición, como variante de la misma oración se encuentra la expresión: ya está hablando con los gusanos, que a diferencia de la primera oración (en la que el vocablo gusano es utilizado como verbo y no como nominal), es una enunciación que remite al hecho metafórico de que la persona que fallece tendrá una plática con los gusanos, moradores de la tierra.

4. A modo de conclusión

En resumen, constatamos que, la conceptualización disfemística o burlesca del hecho de morir rompe con la religiosa, especialmente en la religión cristiana, cuyo objetivo es minimizar el impacto de la muerte negándola con la promesa de una vida eterna y un nuevo camino por recorrer (Mellado Blanco, 2013). Desde la óptica de la lingüística cognitiva, esencialmente desde los planteamientos teóricos de la metáfora conceptual de Lakoff y Johnson (1980), hemos visto, en este breve estudio, primeramente, que las sustituciones metafóricas del disfemismo de la muerte se notan en los modelos conceptuales morir es apagarse una luz y morir es viajar. En este último se destaca la archifonema morir es marcharse/emprender un viaje, en el que el proceso de morir se concibe como camino: un destino al más allá; este mundo es el camino para el otro (irse al otro barrio). Y, segundo, las sustituciones de base metonímica, a saber: 1. morir es dejar de hacer una actividad humana (morir es dejar de hablar/ morir es callar; morir es dejar de comer; morir es prescindir del calzado; morir es dejar de leer el periódico/ de ver la televisión; morir es dejar de comprar). 2. Morir es experimentar una reacción corporal (reacciones de las extremidades; reacciones respiratorias; reacción de los ojos), en la que se hace recurso a percepciones que exponen el tabú de la muerte de manera absurda, caricaturesca o irónica (p.ej. cerrar el hocico; estar más tieso que una mojama, etc.). Señal de que a la restricción que establece el tabú se contrapone rápidamente un deseo de transgresión que se rectifica lingüísticamente al nombrarla (Meléndez Zarco, 2019). Por otro lado, la motivación basada en marcos se destaca el marco del enteramiento, en el que se observan las archimetáforas que remitan a la muerte como fin dramático: Morir es irse a la tumba, estar muerto es estar en el ataúd, estar muerto es estar debajo de la tierra, estar muerto es ser abono de plantas, estar muerto es ser comida de gusanos. Aquí, la conceptualización disfemística de la muerte se dota de elevada dosis de realismo, a veces trágico, que alude sin rodeos a la desintegración de la materia corporal (Mellado Blanco, 2013). La visión disfemística de la muerte le otorga un aspecto “positivo” a la muerte, pues no duele, ni preocupa. Por el contrario, se burla de ella y convive con ella como reacción contra la negación y la inquietud acerca de nuestra finitud. Ello da cuenta, como afirma Poch (2009), de que es absurdo, e incluso ridículo, que nuestra cultura quiera esconder la muerte, porque con esto esconde el sentido de la propia vida.

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Notes

1 Respecto a los estudios pioneros de la lingüística cognitiva acerca de la muerte, ver a Mellado Blanco (2013, p. 106).
2 Según aporta Mellado Blanco (2013) se trata de «datos del proyecto interuniversitario del Ministerio de Ciencia e Innovación (HUM2007- 62198/FILO). La estructura idiomática del alemán y el español. Un estudio cognitivo a partir de un corpus onomasiológico, dirigido por mí desde la Universidad de Santiago de Compostela» (p. 106).
3 En Metáforas de la vida cotidiana, Lakoff y Johnson constatan que, para la mayoría de la gente, la metáfora es un recurso de la imaginación poética, y los ademanes retóricos, una cuestión de lenguaje extraordinario más que ordinario. Es más, la metáfora se contempla característicamente como un rasgo sólo del lenguaje, cosa de palabras más que de pensamiento o acción. Por esta razón, la mayoría de la gente piensa que pueden arreglárselas perfectamente sin metáforas (Lakoff y Johnson, 1980, p. 39).
4 A su vez, Sweetser (1990, p. 18) y Taylor (1989, p. 138) puntualizan que en la gran mayoría de las metáforas conceptuales el dominio origen es más accesible que el dominio destino, pues el pensamiento sigue la dirección de lo concreto a lo abstracto; es decir, que solemos usar aquellos dominios cognitivos que están bien delimitados en nuestra experiencia cotidiana para comprender otros dominios menos familiares para nosotros (Navarro Atención y Villareal Gómez, 2014, pp. 20-21).
5 La festividad según aporta Lope Blanch (1963), no resulta casual o inocente ya que: «el hombre se burla de la muerte para restarle importancia y poder, [y] de esa manera dominar el miedo que le produce» (p. 6).
6 Meléndez Zarco (2019) en relación con el vocabulario que se documenta en el español mexicano para aludir a la muerte, precisa que «su origen no solo es privativo de este país (como en la flaca, ‘la muerte’, de uso solo mexicano) sino que puede proceder de otras geografías y tener perfecta acogida en nuestra variante de lengua (tal es el caso de la huesuda, ‘la muerte’, empleada en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Caracas, Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Uruguay). Todo lo cual es absolutamente natural y esperado, ya que la historia tanto nacional como universal se ha fundamentado en contactos humanos y, con ello a su vez, en contactos lingüísticos» (p. 83).
7 Según Brown Gfrorer (1975, p. 95), la muerte es un tópico de misterio y por extensión de miedo y peligro para muchos. El resultado es una serie de eufemismos que permiten referencias indirectas al tópico: difunto, extinto, desaparecer, retirarse, irse, descansar, dormir, etc.
8 Mellado Blanco (2013) y Dobrovol’skij y Piirainen (2009) consignan en su clasificación la motivación simbólica, basada en creencias religiosas respecto a la muerte, para usos eufemísticos.
9 Según Mellado Blanco (2013): «Los esquemas de imagen son modelos recurrentes y dinámicos de nuestra experiencia corporal preconceptual y sensomotora, los cuales, por este motivo, son buenos candidatos a ser universales cognitivos y a servir de base de metáforas conceptuales y orientacionales» (p. 113).
10 Ver más detalles sobre las esquinas de imágenes en Fornés Guardia y Ruiz de Mendoza (1998, pp. 23-43).
11 La palabra mocasín viene del algonquino (powhatan) a través del inglés moccasin, que significa calzado o zapato y que se usaba entre las etnias endémicas de América del Norte. https://etimologias.dechile.net/?mocasin
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